Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
Disclaimer 2: Los materiales referidos y/o parodiados son propiedad intelectual y material de sus respectivos creadores.
Vínculos
XXII
El miedo bajo la armadura
Royal Woods, Michigan
1ero de abril de 2022
7:23 pm
La sala de los hermanos Loud
Horas después de hablar con Lucy, la llamada de Maggie era toda una sorpresa. Estando a nada de terminar con la cena -un intento de albóndigas con la receta de la abuela Casagrande que terminó siendo una especie de picadillo con papas, chícharos y zanahorias cortados en cubos-, esta le comentó que Luan está de camino a Royal Woods, añadiendo que no está haciendo el viaje porque la resaca de la última vez que soportó de Luan apestaba a ron y ginger ale.
El resultado de ello fue que el arroz integral que estaba cocinando terminó por empezar a quemarse, y dado que nadie salió a darle una mano, tuvo que improvisar una sopa de fideos que tuvo un resultado aceptable.
Una vez satisfechos -esta vez con Jordan y Lincoln en la mesa y Lucy y Leni en el cuarto del chico-, la sobremesa no pudo ser más incómoda para la pareja.
-Eso me recordó la primera vez que salí con su abuelo -rememora Myrtle, sentada frente de los restos de lo que fue ese picadillo y después de escuchar de nuevo cómo pasó todo entre los dos adolescentes-. Sé que no es educado ir a la cama con alguien en la primera cita, pero…
-¿Podrías omitir los detalles, por favor? -pidió Lori, algo escandalizada.
-Oh, por favor. Como si nadie en esta mesa lo hubiera hecho -negó Myrtle, con un evidente sonrojo en las caras de todos-. En fin, Albert era todo un caballero. No hicimos nada de lo que yo no quisiera, y lo último que hicimos esa noche fue dormir.
-O sea que… -preguntó Lincoln, pareciendo ya un tomate crudo bañado con bechamel.
-Si -afirmó Myrtle, sin perder la expresión en su cara-. Jamás había visto a un hombre ser tan paciente como para recibir un masaje con piedras calientes después de una tarde de baile.
-Creí que sería algo no apto para menores -suspiró aliviada Lori.
-Y después me tomó y me hizo montarlo como loca por horas -añadió Myrtle como remate.
-¡Abuela! -exclamó Lincoln, ya muy incómodo.
Para ser francos, les costaba a todos mantener una postura decente. Mientras que los hermanos estaban avergonzados por semejante revelación, a Jordan le provocó una sonora carcajada que, fácilmente, podría haber despertado a algunos de los vecinos.
-Sé que no es una charla de sobremesa -dijo Myrtle, aún con aire despreocupado antes de dirigirse a Lori-, pero creo recordar que me dijiste que no hay secretos en esta mesa.
-¿Por qué no…? -preguntó Jordan, aún atacada de la risa- ¿por qué no nos cuentas de tu primera vez?
-Por favor, no -rechazó Lincoln-. Es algo que prefiero que se quede así.
-Temo que es imperativo el voto de la mayoría -replicó Lucy tras él, provocando un susto entre los presentes-. Mientras menos se sepa, mayor será el impacto cuando lo sepan todos.
-Por fin alguien decente en la mesa -suspiró aliviada Lori.
-No omitas ningún detalle -pidió Lucy, sonriendo de forma tenebrosa, rompiendo todo alivio en la mayor, sentándose sobre el regazo de Lincoln.
Sonriendo nerviosa, Lori se siente acorralada. Todo cuanto las chicas hasta Luan, Lincoln y sus padres sabían de su primer relación sexual es que fue con Bobby, y lo más que su hermano supo tenía que ver con el auto de la señora Santiago, un poco de crema batida si entendió bien y el mirador a las afueras de la ciudad. Y esperaba hasta esa noche que se mantuviera en secreto.
Lincoln definitivamente no quería escuchar algo así, pero con el proceder de Lucy no tuvo de otra. Interpretó dicha acción como un signo inequívoco de que su hermana tiene un complejo de hermano, sobre todo porque esta eligió dicha posición más por causar celos que por comodidad.
-Bien… -dijo resignada Lori-…, fue antes de que los Santiago se mudaran a Great Lakes. La mamá de Bobby lo mandó por crema batida, y como me encontró en la tienda de Flip, pues…
Avergonzada, Lori ya vería la forma de compensar semejante ridículo.
Nadie le prestaba atención a Leni. Esta, de forma que nadie se diera cuenta, entró a la habitación de Lincoln y se asomó por la ventana que daba a la escalera contraincendios. Prestó atención a las macetas de su hermano, un poco vacías salvo por un brotecito aquí y allí, y sin miramientos decidió tomar un poco de la nieve del marco de la ventana para ponerla sobre la tierra.
Sonriendo con algo de ingenuidad, ignora el bochorno y las risas que la confesión de su hermana mayor provocaban. Deseaba que las cosas hubieran tomado otro rumbo, pero el mero hecho de estar apenas conviviendo con nadie solo la hace sentirse, por raro que suene viniendo de ella, aliviada.
De hecho, Lucy le recomendó, poco después de que Lincoln dejara el país por última vez, que si sentía la necesidad de estar sola, lo hiciera. Las primeras veces lloró hasta caer dormida, aunque una charla en Navidad le dejó en claro que esa costumbre no es tan mala, que inclusive podría tomarse un tiempo para pensar las cosas.
Entretenida viendo cómo la nieve se derretía sobre la tierra, sintió vibraciones en la estructura. Volteando, vio a un chico subir por la escalera, como si quisiera evitar ser visto por cualquier persona.
El chico que subía era castaño. Vestía una chaqueta morada y jeans, usa unos lentes rectangulares y despide un olor a pimienta y limón como el filete de pescado empapelado de la abuela de Bobby. Por la cara que tiene, no ha tenido un buen día, menos con un par de agujeros en la ropa que dejaban ver que tuvo un encuentro con animales.
-¿Te pasa algo? -preguntó Leni.
-Eres… ¿una hermana de Lincoln? -preguntó Trent, agotado por el día que tuvo- Cabello blanco, polo naranja sobre manga larga blanca…
-Si -respondió apenas le mencionaron lo del cabello.
-¿Cuántas más son? -preguntó Trent, más por hastío- ¿Cinco? ¿Seis?
-Somos once, contándolo a él -corrige Leni.
-Necesito que me hagas un favor -pidió el chico-. ¿Podrías decirle a tu hermano que venga?
-¿Quién lo busca?
-Dile que su vecino de arriba. Necesito dejarle unas tareas -respondió Trent-. Me dijeron que Clyde estaba indispuesto, así que…
-Ya voy.
-Gracias.
~o~
Acostado junto a Jordan, medita un poco por lo que le pasó con sus amigos. En cuanto le entregó los pendientes por los que tiene trabajo extra, Trent le contó lo que le contó Richie cuando este fue a buscar a una tal Rachel al estadio y de cómo encontró a Clyde y a Liam.
Por lo que su vecino le describió, Clyde tiene varios golpes contusos, al menos un par de dientes rotos y la nariz desviada, además de una fuerte irritación en los ojos que, quiere evitar pensar en ello, debió haberlo dejado ciego. En cuanto a Liam, no la pasó mejor, pues este tenía varias costillas rotas, un pulmón perforado y, peor para alguien que goza del aire libre y el trabajo pesado, existe la posibilidad de que ya no pueda caminar por el resto de sus días, habiendo caído como seis metros escaleras abajo y golpeándose la columna en varios puntos.
Siente cómo todo se ha ido al infierno en menos de una semana. Su hermana menor y la madre de su hijo en una calma demasiado tensa; dos familiares contagiados, una de ellos Lily; ningún movimiento posible ni a su propia ventana si quiere salir; y la joya de la corona, no puede hacer nada ni por sus amigos ni por el resto de sus hermanas menores. A unos los golpearon, solo Dios o quien sea sabrá quien, a las otras posiblemente el mismo pequeño bastardo -sin morderse la lengua- que tiene a su padre con una saturación de oxígeno cercana al 80% y a Lily a nada de requerir una cama de hospital.
Volteando hacia Jordan, esta tampoco luce bien. Aunque las ojeras de ella no son tan marcadas como las propias, el tener que soportar su estado y hostilidad de parte de Lucy no le dan comodidad. Ya después de la cena, poco antes de bañarse, la chica se encontró con que su botella de shampoo estaba abierta y a una cuarta parte de su contenido. Por coincidencia, el cabello de Lucy olía a durazno, aroma del que Jordan gusta en la regadera, y no a coco y guayaba como a su familia.
Ello, sumado a que ya no tiene tanto problema con la situación de Mollie, le ha dado una perspectiva poco menos que halagadora sobre sus hermanas, misma que le comentó poco antes de caer dormida y de la que tuvo que conversar con el resto de sus hermanas mayores.
Luna, desde luego, es quien más la trató por poco. El mero hecho de saberse tía tan pronto la tiene bastante dividida. Está feliz por él, pero también un tanto decepcionada porque no se ha sabido manejar como ella cree que debería haber manejado toda esta situación.
Lynn, aunque aprecia que esa vez se haya ofrecido a cocinar para todos, se tomó demasiado personal el jamás haber sido enterada de ello, y lo último que recuerda de su charla por teléfono es que dijo que le rompería todos los huesos si no le cuenta hasta el más mínimo detalle que logre recordar.
En cuanto a Luan, esta no sabe bien cómo tomar a Jordan. De hecho, la única ocasión que cruzaron palabra fue para que la comediante sacara un chiste muy vulgar sobre una ensalada de frutas con crema que terminó peor que como debió de empezar.
Sumido en su preocupación, quiso levantarse, mas el agarre de Jordan sobre su persona se hizo notar.
Se maldijo por haber cedido esta noche. Pensó, de la manera más ingenua, que Jordan lo dejaría dormir en la bolsa de dormir, pero apenas pasó una hora y le pidió que subiera porque tenía frío en los pies. No quería -ni tenía fuerzas para ello- discutir al respecto con ella o con Lucy, por lo que en cuanto se acostó con Jordan procuró que ella no empezara con ciertos toqueteos que serían bastante incómodos.
Sintiendo sobre su ropa el cuerpo de la chica, hace lo posible por alcanzar la laptop que ella ocupa para tomar clases, la enciende y se topa con que tiene que dar una contraseña para iniciarla.
Indeciso, escribe las tres primeras cosas que se le vinieron a la mente (contraseña, la fecha de cumpleaños de Jordan y la palabra "mantequilla" en lenguaje leet). Ninguno de los tres funcionó, por lo que optó por pedir una pista.
Nombre de casada
Riendo ante la posibilidad, fue demasiado fácil poner Lincollierdan Norsatoud y tuvo acceso a lo que esta ocultaba.
No era gran cosa. Dibujos digitalizados, bocetos, tareas… algunos sí superaban por mucho lo que tenía en sus cuadernos, e incluso un esbozo de su proyectada boda doble dejaban claro que sigue un tanto esperanzada con la posibilidad de ser los tres una familia.
Tratando de ser imparcial, decidió pensar en los pros y contras de esa hipótesis.
Más allá del sexo, que podría ser extraño a dos bandas para él, no ve mucho qué rescatar. Incluso sería inconveniente, por no decir muy incorrecto e ilegal en el estado, tener dos parejas. Entre una chica elegante y otra rebelde, el resultado de aquello no podría ser peor que una erupción volcánica en la tabla de coeficiente de riesgos de Lisa. Peor incluso, con todo el movimiento feminista a rabiar era posible, más bien factible, que vaya ahora sí a prisión y se quede allí más de una noche.
-Te estás haciendo mucho daño -susurra para sí refiriéndose a Jordan.
Antes de apagarla, del navegador surgió un aviso del servicio de mensajes de Swiftipic.
-Es tarde, escribe la solicitante, que en el recuadro aparece con el nombre Dilim Zhau.
Sin interesarle demasiado la privacidad de Jordan, abre el navegador y responde al mensaje inicial.
-Creí que no te molestaría -se apresura a escribir.
-Hace rato dijiste que tenías sueño.
-Fui por agua -escribe rápido Lincoln.
Dejando en suspenso su continuación, Lincoln no siente ya muchas ganas de dormir.
-¿Y por qué no te duermes?
-Solo pensaba -escribió.
-¿Cómo va todo en casa? -preguntó su interlocutora.
Decide dejar pasar al tanteo unos diez minutos. En ese tiempo, revisó las conversaciones que Jordan tuvo con aquella chica. El nombre, más bien el seudónimo de esta, le era ya vagamente familiar, así que no le prestó atención hasta dar con una fecha en especial. No era demasiado tiempo, pero con un archivo relativamente grande no podía dejar pasar su curiosidad.
Entre 2018 y 2019, la comunicación estaba apenas salpicada, y más ahora. No obstante, dar con una foto del cumpleaños 12 de Stella le cayó como balde de agua helada.
Ese pequeño recuerdo hizo conexión con los pocos recuerdos que tuvo de su antigua amiga. Solo dos invitadas, siendo estas Mollie y Jordan, y con la foto fechada a mediados de noviembre de 2017, parecía la última vez que la filipina reía de forma genuina o algo similar. Esa vez, Lynn le dijo que tuvo que encerrar juntas, en sus palabras, a una larguirucha de sexto en su casillero por correr en el pasillo y a una compañera de su clase por mascar goma, y que había una fiesta para ese fin de semana que estropeaba el inicio de la temporada de soccer a nivel de secundaria.
Recordando también ello, Clyde le contó algo parecido, salvo que esos días La mesa de Lynn ofreció un descuento generoso si las Canguros vencían a las Amazonas de Tomball. Diez por ciento con cada gol anotado. Con el resultado quedando 7-0 para el cuadro marsupial, ¿quién no resistiría una oferta así de generosa?
Revisó la conversación más inmediata después de esos días. Para entonces, ya era Navidad, y se limitó a un escueto "Feliz Navidad" de Jordan y un "Púdrete" como respuesta. Sin novedad, regresó al principio. Dilim, o mejor dicho Stella, ya se había desconectado, por lo que buscó entre noviembre pasado y ese momento.
Un breve "vino ese idiota" de parte de Stella en noviembre, una discusión algo acalorada, meses de silencio y hasta apenas hace tres semanas otro mensaje breve y una foto de su prueba de embarazo bastaron para que la oriental empezara a soltar alguna frase de apoyo y, no podía ser de otra forma, insultos hacia él.
Cansado, apagó el equipo y lo devolvió como puso a su lugar. Tuvo muchísima suerte de que Jordan no despertase en todo ese tiempo, pero al moverse esa sensación de pies fríos casi le hace caer de la cama.
Cerrando los ojos, nota que el agarre de Jordan se aflojó lo suficiente para poder estar un poco más cómodos los dos. Una pena, pues le está dando vueltas a algo que, se había prometido a sí mismo, no le afectaría.
Cambiando de lugar hacia la pared, la acuesta sobre su lado izquierdo, la toma por la espalda antes de poner a Bun-bun contra su pecho y se acomoda tras ella lo mejor que puede, entregándose a los brazos del sueño y a un abrazo tibio que su acompañante, inconsciente, disfrutó.
~o~
Como si pareciera todo una obra de pésimo gusto escrita por Luan, el sábado le trajo esa sensación de incomodidad al tener a Lucy de compañera. Dado que su hermana no se mueve al dormir si no sueña, Lori no tuvo de otra que despertarla al más puro estilo de Lynn contra su voluntad.
-¡Sabía que no eran… tus zapatos! -tosió Lucy, asqueada de recibir un "horno danés" por despertador.
-Fue mi ropa de yoga -acusó Lori, levantándose y tomando la ropa sucia-, la puse al lado de la cama porque es día de lavandería.
Mirando por el borde de la cama, Lucy notó que el olor que desprendía la ropa de su hermana era, cuando menos, no tan potente como el tufo que emanaba de debajo de las mantas. No olía nada tan pútrido, hasta donde se puede acordar, desde que Lana retó a Lynn hace tres años a comerse un emparedado con carne que empezaba a echarse a perder. Dos semanas de aguantar una dieta vegetariana de desintoxicación y otras dos para devolverla a su normalidad que apestaron incluso peor que los calcetines sudados de Lincoln tras los días de gimnasia en la primaria, y eso ya es bastante pestilente para sus estándares, fueron demasiado incluso para sus propios límites, teniendo en cuenta que una vez comentó que el aliento de su cohabitante de cuarto apestaba a cadáver.
-Si, como no -dijo la gótica a regañadientes.
-Tienes suerte de que sea yo y no Lincoln quien se hace cargo de tu ropa -repuso Lori, gruñendo-. Él ya tiene suficientes problemas solo como para dejarle tu ropa y la de Leni.
-¿Y qué hay de la abuela?
-Me pidió que no la tocara, no le gusta que nadie más la lave. ¿No les contó de la vez que mandó a la enfermera Sue al hospital usando una llave de lucha por eso en su primera semana como residente en Sunset Canyon.
Sin una respuesta que Lucy pudiera darle, Lori se levantó para intentar darle vida a lo que se ha vuelto su rutina en estos días. Levantarse, lavar la ventana, arreglarse, desayuno, un poco de oficina en casa, un par más de cosas, cena… todo lo mismo desde la semana pasada.
Con un gesto bastante apagado, Lori fue a pedirle a Lincoln veinte dólares, tomó una máscara KN-95 de la caja junto a la puerta, unos guantes y bajó al sótano.
De común acuerdo dentro del departamento, solo Lori y Lincoln con Myrtle bajarían los fines de semana para realizar aquella labor. Lori con su ropa y la de Jordan, Lincoln con la suya y la del resto de sus hermanas y Myrtle con la propia. En cuanto a los vecinos, todos con la excepción de los Gagnon accedieron a que los Loud tuvieran al menos cuatro horas para ellos solos. La medida no agradó a muchos, pero con tal de que se mantuvieran silenciosos aceptaron semejante "favoritismo".
Una vez en el sótano -el único sitio que el conserje deja con la luz encendida las veinticuatro horas, aunque la señal de internet o de teléfonos no llega por el grosor de las paredes-, empezó a separar por color y dueño y empezó a releer su última conversación por mensajes con Bobby.
Esta había empezado a las 11, justo después de que Jordan le pidiera permiso para cambiar de cuarto con Lucy.
-Hola Bobby -saludó.
-Ahora no puedo -escribió Bobby como respuesta-. Asaltaron el mercado en la noche y Sid salió herida.
-¿Quién es Sid? -preguntó-. ¿Es guapo?
-Es la amiga de Ronnie Anne, ¿recuerdas? -respondió el chicano, añadiendo emoji de pistola, enfermo y Cruz Roja.
-Perdón.
-No te culpo. Ronnie Anne ahora está en la estación de policía porque fue en su turno y casi mató al ladrón.
Añadió un sticker de un conejito simpático agitando el trasero en gesto burlón.
-¿Y tú dónde estabas?
-Fue en el cambio de turno -contestó Bobby.
-¿Cómo siguen tus abuelos?
-Los rechazaron del hospital San Antonio, el Universitario y el Memorial Rubiner-Grandes Lagos -pausado para un nuevo mensaje-. Están en el Santa Cruz.
-Ojalá que se recuperen -había escrito Lori, añadiendo un par de gatos gorditos con bata, cofia y estetoscopio.
Luego de eso, habían pasado unos veinte minutos entre esa respuesta y otra.
-Acban de legar -escribió Bobby, al parecer con prisas.
-¿Alguna noticia? -preguntó Lori, impaciente.
-Van a dmndr a los Chang y Rnie Anne -respondió Bobby, dando paso a un nuevo mensaje- demandar. Intnt d omicidio.
Después de eso, no hubo nada hasta después de las siete, momento en que se dio un nuevo cambio de turno y Ronnie Anne entró, y ella terminaba sus huevos duros con queso cottage. Para entonces, ya fue una videollamada en la que le dijo que ya quiere verla y escuchar todo lo que ella hizo. Y al decir "por todo" él se refería a todos los detalles de con quién se fue a la cama.
Dejando eso de lado, se apresuró lo más que pudo para terminar con su ropa mientras meditaba lo de Bobby. No lo odió por pedirle que hiciera eso, sino por pedirle, en líneas generales, que violara esa devota fidelidad de la que se suponía él le era objeto. Salvo un caso y condiciones muy especiales, no ha tenido ojos para nadie más, lo que le quitaba totalmente de opciones.
Tomando ya la última prenda de la secadora, un par de horas después de haber revisado sus mensajes y con tres de haber empezado, estuvo a nada de salir cuando llegó alguien que no esperaba.
-Agh… ¿en serio tengo que esperar? -dijo quejumbroso Trent, cargando una cesta de ropa.
-No, no, yo… ya me iba -respondió Lori.
-Creí que…
-Yo ya acabé aquí, así que ya me voy.
-¿Ya pasaron tus cuatro horas, Loud? -preguntó el chico, impaciente por lavar.
-No, solo ocupé tres. No es mucho lo que tengo que lavar.
Tomando su propia cesta, Lori decidió que, si Bobby hizo lo que hizo por su "tiempo fuera", no había motivos para que ella no lo hiciera. Si esa era la idea que su "Osito Booboo" le quiso dar a entender, pensó, al fin tiene una buena justificación para faltarle al menos una sola vez.
Tomando de su contenido una pantaleta de Jordan, la dobló y, en cuanto el chico se descuidó, la arrojó a la tina de la lavadora, aunque tuvo tan mala puntería que cayó junto a la máquina. Como si de uno de los videos sucios de Lincoln se tratara, cerró la puerta, echó el pasador y ajustó su blusa de modo que el escote se viera más pronunciado.
Entre tanto, Trent no se dio cuenta de lo que ella tramaba. Concentrado más en elegir un suavizante, apenas cayó en cuenta cuando escuchó el ruido de la tapa de la lavadora caer tras él.
-Me falta una pantaleta -dijo Lori, categórica.
-Debiste dejarla en la tina -respondió Trent, indiferente.
-Está junto a tu pie -señala esta, acercándose y dejando tras de sí la cesta..
-Mira, si quieres actuar como una cualquiera, te informo que soy ga…
El beso que Lori le dio fue un choque brutal para sus sentidos. Con franqueza, el chico admite que es bastante más experta que Jordan y Mona juntas, aunque también un poco desagradable. En parte, porque sentía las manos de la rubia bajar sobre su ropa hasta llegar al pantalón. Apenas siente manos en el cierre del mismo, la empujó con todas sus fuerzas.
-¡¿Qué crees que haces?! -gritó Trent en cuanto rompió el contacto.
-Besarte, ¿qué otra cosa? -respondió Lori, desairada tras caer en el suelo.
-¡¿Y por qué se te ocurrió besar a un gay?! -berreó Trent.
-¡¿Eres gay?! -preguntó Lori, sorprendida- Ay, ¡rayos! ¡¿Por qué nadie me dijo que eras gay?
-¡Te lo estaba diciendo!
-¡La única vez que me permito ser fácil con alguien y resulta que es gay! -maldijo Lori para sí, pateando la cesta de Trent antes de tomar la pantaleta de Jordan y su propia ropa limpia.
-¡Echaste el pasador! -aclaró el chico cuando Lori tiró de la puerta.
-¡Eso ya lo sé! -gritó Lori, quitando el pasador de la puerta y tomando su ropa de nuevo, dejando solo al perturbado chico.
~o~
Para cuando vio regresar a Lori, Lincoln notó que esta se veía perturbada, aunque esa podría no ser la expresión que él utilizaría. Preocupado por ella, apenas y logró darle alcance en el pasillo que separaba las habitaciones y el baño entre sí.
-Lori, te ves… -empezó a decir Lincoln.
-¡No me molestes! -bramó Lori, arrojando la ropa limpia y azotando su puerta.
Comprendiendo que no tiene deseos de hablar, abandonó su curiosidad.
A pesar de que ahora necesita un momento a solas, lo cierto es que ni en su habitación tendría esa privacidad que tenía. Leni está en la sala con Lucy viendo una repetición de Vampiros de Melancholia, Jordan está haciendo una tarea de cálculo en su cuarto y Myrtle está a media sesión de ejercicio… odiaba reconocer que lo último que quiere ver es a una anciana en pantaloncillo, cosa que tuvo el dudoso privilegio de ver en primera fila apenas abriera la puerta. Peor para sus ojos todavía, la prenda se le metía a Myrtle de tal forma que parecía una especie de coraza de aspecto quitinoso, como si sus posaderas fueran las alas exteriores de un enorme escarabajo.
Por un segundo extrañó su privacidad. Apenas se cumplirá una semana de encierro, y ya siente como si el mismo hubiese empezado hace meses. Para efectos prácticos, no puede dormir sin que Lucy quiera leerle algún cuento corto o un fanfic de una tal Lucenda usurpando el lugar de Griselda en los brazos de Edwin antes de acostarse, entrar al baño sin notar que Leni ocupó su shampoo o que entre Lori y Jordan tomaron sus botanas para una tarde de película entre ellas.
Hasta cierto punto, eran solo dos, ocasionalmente hasta cuatro. Podía soportar que Lori le tome la comida o use sus cosas, pero de ahí a tener que aguantar las cosas del resto, está llegando a su límite.
Y lo hizo. Su límite fue alcanzado apenas recogía la ropa que Lori tiró. Entre las blusas de su hermana y Jordan encontró un repuesto de su rastrillo, gastado y ya sin la tira lubricante. Ello lo hizo molestar, pues apenas el jueves le pidió a Grant que se los trajera, y ni siquiera los había abierto.
Cortándose con las melladas navajillas, pasó entre sus hermanas y el televisor y sacó su cabeza por la ventana para soltar un grito tan potente como podía.
-¿Te ocurre algo, hermano? -preguntó Lucy.
-¿Todavía preguntas? -dijo sarcástico Lincoln- ¿Qué crees que sea esto? -cuestionó, mostrando el repuesto gastado y lleno de sangre y un vello fino.
-No sabía que te afeitas las piernas -dijo inocente Leni.
-¡Afeitarme! -escupió Lincoln- Hay dos reglas aquí que nadie aquí respetó. Nadie entra con Lori sin su permiso, y nadie se mete con las cosas de nadie, sobre todo las personales -añadió arrojando por la ventana las navajillas-. ¿Saben que alguien se puede enfermar de lo que sea si sus cosas fueron usadas por alguien de quien no conozco sus hábitos de higiene? ¡Y todavía dicen que me afeito las piernas!
Tomando por el pasillo, busca entrar, mas Leni lo detiene.
-¿A dónde vas? -preguntó la rubia.
-Con la única persona que puede aguantar mis idioteces.
-¿Y quién es? -preguntó Lucy.
-¡Yo, por supuesto! ¿Con quién más? -respondió el peliblanco- ¡Ni en mi cuarto tengo privacidad!
Avanzando, replicó la acción de Lori. Ni bien entró a su habitación, cruzó veloz hacia la ventana, la abrió, salió y bajó la persiana antes de cerrarla.
Miró por unos segundos las macetas que tenía en ese tramo de la escalera. Sintió un fuerte impulso por arrojarlas, mas el viento frío que sopla del norte le dio a entender que será tremendamente estúpido si lo hace. En parte por el impulso que necesitaría, en parte por el espacio disponible y la superficie de donde podría intentar sujetarse. Ambos factores que le jugarían muy en contra. Primero, porque las plantas que hay en ellas empezaron a dar muestras de vida, y segundo porque el espacio para tomar vuelo es muy reducido, la fuerza sería excesiva y existe el riesgo de que su familia pague dos tratamientos contra covid, el hospital para cuando Jordan dé a luz y un funeral, el suyo.
Dejándose caer sobre el entramado del rellano de la escalera, mira al vacío del cielo, a esas horas despejado y con un tono rojizo por el smog del ambiente. Piensa, sin cuidarle la idea, que nadie tiene en realidad culpa alguna de lo que pasó para ponerse en un plan posesivo. Tal vez sean sus cosas y tal, pero si no puede negarles nada por un descuido, no tiene mucho más que plantarse y dejar las cosas en claro o aguantar una semana más para tener su privacidad casi intacta.
Mirando cómo se oscurecía y sintiendo cómo el aire baja aún más su temperatura, no se percató del momento en que Lucy se acostó a su lado.
-Quiero estar a solas -dijo Lincoln, arrugando un poco la cara.
-Hay pesos que nadie debería cargar sobre su alma aunque lo merezcan -dijo Lucy, salmodiante.
-Lucy…
-¿Es por lo de tu rasuradora?
-No quiero…
-Es por algo más -deduce Lucy.
-¿Desde cuándo te volviste más insistente?
-Desde que supe que mi hermano se metió con una cualquiera -respondió la chica de secundaria-, pero no quiero hablar de eso.
-Y yo no quiero hablar de nada. ¿Quieres dejarme solo, por favor? -pidió el chico de forma grosera.
-¿Cómo me dejaste sola por cuatro años? -cuestionó Lucy, conteniendo un jadeo por haber picado bastante el avispero.
-Ya te dije que…
-No, Lincoln -cortó Lucy-. No me vas a convencer de no hablar. ¿Tienes miedo?
-Lucy… -insistió Lincoln, sintiendo tentación por acabar de un golpe al levantarse.
-Así como me abrí con lo de… -detiene Lucy, queriendo evitar que haga una tontería grande.
-Lucy, detente ya.
-Solo se honesto conmigo.
-¡Lucy!
-¿Lo tienes?
-Ya basta.
-¿Tienes miedo?
-¿Y tú qué crees? -respondió por fin Lincoln, calmado y acallando las ganas que tenía ya de estamparle el puño a su hermana-. Tengo miedo, ¿querías escuchar eso? No por mi, por mi hijo o por nadie aquí. Lo tengo por las chicas, por papá, por… mamá
-Es de esperarse que…
-Y también que me oculten cosas. Cosas que… que no quieres que entienda.
-No entiendo de qué hablas -dijo Lucy, buscando disimular y preparando cualquier posible tema que él saque.
-Sé que hablaste con Leni -continuó Lincoln, componiendo un poco su semblante-. De Jordan, de lo… lo que hice. ¿Cuáles fueron las palabras que usaste con ella? ¿Qué Jordan fue lo más egoísta que hice en mi vida? ¿Con todo y haberme sacrificado aunque sea una vez por todas y cada una?
Lucy no sabe lo que acaba de hacer. En todo el tiempo que llevaba tratando a Lincoln, lo ha tenido dos veces tan aplastado que se abra.
La primera, después de la Pascua de 2012, año en que le negaron entrar a la cacería de huevos solo porque el siguiente mes cumplía ya el límite de edad para participar y alguien, no recuerda quien, dijo que tenía nueve. Por entonces, lo más que hizo, amén de solo haber encontrado un par de huevos antes de que Lynn se los quitara, fue intentar ayudarle a encontrar otro sin éxito.
La segunda, siendo pocas horas después de volver de aquél campamento espacial antes del cumpleaños de Lisa. A pesar de que la regla era invitar solo a los amigos de la festejada, la verdad fue que la banda de Luna amenizó la fiesta, lo que invariablemente terminó por convencer al resto de invitar a varios sus amigos bajo el pretexto de que Sam, Sully y Mazzy acudieron por invitación. Por desgracia, muchos de los de Lincoln no volvían de sus vacaciones, los de Lori ya estaban camino a sus nuevas vidas en todo el país y Clyde no asistió por una infección en el pie.
En vista que Lola hizo un cambio de último momento tirando la decoración y trayendo -siendo franca- un verdadero toque de distinción y refinamiento, este le advirtió que podría haber algún incidente ya que la temática elegida fueron insectos. El resultado es que Lana confundió insectos reales para la decoración del pastel y una de las invitadas de Luan terminó hospitalizada por una infección estomacal debida a una cucaracha del drenaje real al confundirla con una de Madagascar moldeada en gomita.
-Sé que no he sido la mejor persona -continuó Lincoln-, pero creo que sé lo que es sacrificar algo por alguien a quien le importas. Hice lo que hice solo porque me interesaba, pero si eso afecta a los que me importan, ¿qué sentido tiene disfrutarlo?
Respirando hondo, Lincoln sacó su teléfono y fue a la galería hasta dar con un álbum con un cómic cuyos trazos eran al mismo tiempo similares y distintos a algo que ella recordaba apenas.
-Es tu cómic -añadió el peliblanco.
-¿Y qué tiene que ver? -cuestionó Lucy, sorprendida.
-Tuve que digitalizarlo.-añadió Lincoln-. Cuando Lisa y yo intentamos cambiar las habitaciones de las demás, supe que varias de mis cosas se dañaron, el cómic incluido. Algunos colores se diluyeron, se perdió la portada, pero el resto se salvó y tuve con qué trabajar.
-O sea que…
-Nunca dejaron de importarme -respondió el peliblanco-. Tal vez hubo conciertos que Luna se perdió, bromas que a Luan le habría gustado ver que sufra o noches que Leni necesitaba de un chico como modelo, pero no dejaron de ser importantes para mi. Solo… tuve que enfocarme en el momento.
Rompiendo su natural propensión a evitar el contacto, Lucy se fundió en un abrazo con Lincoln, sin importar que el flash de un teléfono los iluminó por un segundo.
Tras la ventana, Jordan se prometió a sí misma que esa foto no saldría de ella. No a menos que él haga algo gordo y se le ocurra chantajearla.
~o~
Cargando un pequeño contenedor con una sopa de hongos, tanto Clyde como Tiago hacen una de dos visitas que tenían planeadas.
El brasileño, más que por gusto, lo hace con reservas. Tenía una orden más que explícita para salir con Clyde solo a lo esencial si tenía que hacerlo, y esto definitivamente distaba mucho de ello. En su defensa, no obstante, puede decir que la gente está actuando como mejor le da por entender. Estando ya la mayoría vacunados, que el resto se arregle como puede hasta que lo haga.
Recién dejaron la granja de los Hunnicut. Después de la paliza que Liam recibió, lo encontraron en una silla de ruedas un tanto improvisada que, en honor a la verdad, era más un estorbo -si eso era posible- que una ayuda para alguien del medio rural. Con sus hermanos haciendo el tonto, ello todavía afecta más a su amigo que otra cosa.
Con la firme intención de desobedecer a Howard, ambos adolescentes se detuvieron en un parque en cuanto regresaron a Royal Woods. Dicho sitio hervía de gente, entre paseantes, algún vendedor ambulante e incluso algún sentenciado a servicio comunitario realizando limpieza allí.
No les tomó ni mucho menos sorprendió demasiado encontrarse con Luna. La rockera lucía ya algo más de cabello donde antes lo tenía afeitado, pero la cabellera tuvo que ser emparejada con una rasuradora. Dado que la casa y el departamento Loud están en cuarentena, esta lleva algunas maletas encima. No carga ya ningún estuche, cosa extraña de ella con cada salida si no fuera a salir con su pareja.
-Creí que estabas encerrado en casa -saludó Luna después de dar un trago a una licorera que guardó en la chaqueta.
-También es bueno verte -respondió Clyde cortésmente.
-¿Y quién es el nuevo? -preguntó la rockera.
-¿Quién?
-El chico.
-¿Yo? -preguntó Tiago.
-No, el que está atrás de ti -dijo burlona Luna
Mirando ambos tras de sí, solo veían a un chico muy pálido de unos nueve o diez años que viste una bata y pantalón marrón.
Cayendo en cuenta, Clyde echó a reír por la pena y los nervios a los que fue sometido, en tanto que Tiago no se explica si hubo chiste alguno o, de haberlo, lo entiende.
-Te lo presento -dijo Clyde, terminando con su acceso de risa-, él es Tiago. Vino desde Brasil.
-¿Brasileño?
-¿Por qué? -cuestionó Tiago- ¿Tienes algún problema?
-Por nada -respondió Luna, relajada-. No le dije a mis papás que me fui a Recife en 2019. Supongo que conoces Recife.
-El que sea de Brasil no significa que conozco todo el país -acusó Tiago-. Y para tu información, eu sou carioca.
-¿Cairota? -dijo dudosa Luna.
-Carioca, de Rio de Janeiro.
-Como sea, chico -retomó la rockera-. Las peores vacaciones de mi vida.
-¿Por qué lo dices?
-Quemaduras de sol, mosquitos, casi me come un tiburón –enumera Luna-. El caso es que vine a ver a los viejos.
-No puedes -acotó Clyde-. Ahora mismo todos están en cuarentena.
-Si, lo sabía. Mamá fue quien me dijo. También me dijo -añadió Luna- que necesita al menos dos pares más de manos.
-Creí que el servicio médico te daba asco.
-Y lo sigue dando -afirmó Luna con convicción-. Pero en vista de las circunstancias, lo mejor será que estemos pendientes a lo que mamá necesite.
-Y ¿sabes dónde te vas a quedar?
-Cuidado con las preguntas, niño -sonrió amenazante Luna-. No soy como algunas chicas que se quedan en un motel de paso para verse con algún vejete.
-Lo siento.
-¡Sólo bromeaba! -rió de nueva cuenta Luna, viendo lo abochornado que ambos chicos estaban-. Veré cómo me arreglo con mamá. Luan dijo que no quiere arriesgarse mucho y se quedará en la cochera, y no quiero pasar por ese trauma fuera de Navidad.
Tomando sus cosas, Luna decidió hacerles un poco de compañía.
-¿Y dónde dejaste la guitarra? -preguntó Clyde, un tanto incómodo.
-Me la dañaron en el aeropuerto y no puedo reclamar -respondió Luna.
En el camino, Clyde resintió un poco los golpes recibidos de parte de Drew la semana pasada. Habiendo hecho una pequeña parada en El Grano Quemado, Luna se sorprendió poco de enterarse que Lincoln no solo no había estado yendo a clases presenciales, sino que incluso el viernes y el lunes ni siquiera pudo tomarlas en línea, así como el motivo -aparente- de ello.
Por consecuencia, cosa poco usual, Luna le invitó a ambos un sándwich y una ronda de cafés irlandeses, ya que ambos chicos no frecuentaban ese lugar y los tomaron por mayores. Hablando un poco de su vida en la universidad y otras cosas, Clyde se enteró que, a raíz del ataque que Luna pasó en Recife y su respuesta nada ortodoxa al sacar al escualo del agua ("no era tan grande", minimizó Luna, mostrando una foto suya al lado de un cazón) ya no es bienvenida en el país sudamericano.
A contraparte, Clyde le puso al tanto de su situación personal. Entre lo que para todos ya era lo más obvio, al chico se le fue la lengua cuando le contó lo de Chloe y de sus esfuerzos para ya dejarla en el pasado.
-Ella se lo pierde -respondió Luna, pensativa tras dar un trago generoso a su bebida-. No me malentiendas. Chicas como ella valen la pena, pero si se ponen pesadas sin decir nada lo mejor es que abras tus alas y vueles lejos antes de intentar algo de nuevo.
-Ajá -musitó Clyde, un poco afectado por el café.
-Oye, ¿me sigues?
-Ah, si, si, te sigo -contestó ofuscado Clyde-. ¿Qué tiene el café?
-Crema batida, azúcar, whisky irlandés…
-¿W-whisky?
-Si, ¿por qué…?
-Me dijo que no aguanta mucho las bebidas fuertes -dijo Tiago, quien no había dado un solo trago a su bebida.
-Solo tiene dos onzas por taza -aclaró Luna-. ¿Cómo puede no aguantar mucho?
-Tal vez porque él no bebe a menudo.
-¿Y a dónde tenían que ir?
-Con… con Lincoln -balbuceó Clyde, perdiendo toda coordinación.
-Creo que mejor nos vamos a casa, Clyde -sentenció Tiago, tomando a este hasta ponerse bajo su brazo.
-¿Y por qué iban a verlo? -cuestionó Luna.
-Ni idea, pero es mejor que volvamos a casa.
-Bueno, supongo que desviarme un poco de casa no me hará daño.
Pagando la cuenta, Luna pidió un taxi para los tres y no tuvo empacho en dejar que Clyde se recueste sobre su regazo.
En su mente, nublada por los vapores del alcohol y la cafeína en lo que consideró una mezcla atroz, creyó ver algunas siluetas. Empezó a ver, cosa rara para él, al dinosaurio Blarney y a una Lori demasiado surreal hablando entre sí.
-¿Te imaginas si este chico se pasa de tragos en una fiesta? -preguntó Blarney con voz redonda y muy melosa, dando una calada a una pipa que sacó de su chaleco.
-Lo he visto -respondió Lori, vestida como a sus diecisiete-. Así ¿cómo espera gustarles a las chicas? ¿No sabe que incluso ellos pueden ser idiotas y meterles cosas en el…
-Todavía es un niño, ¡cuida ese lenguaje, mujer! -pidió Blarney.
-Ya ha visto porno a escondidas -reprochó Lori-. Hasta Lincoln le dio mis fotos y videos.
-¿Y qué crees que hizo? Solo rechazó la memoria que le ofreció y le pidió que la ocupe para otras cosas. Él seguro la está usando para la escuela. Apenas estamos por llegar a las vacaciones de primavera y…
-Ya llegamos -escuchó a Tiago, sobre quién recayó pagar el taxi.
-Despierta, viejo -dijo Luna, abofeteándolo un poco.
-C-claro, Lori -respondió Clyde con torpeza, saliendo a trompicones de la unidad.
-Son treinta más por el lavado de la tapicería -dijo quejumbroso el taxista.
Turbado aún por el licor, su mirada se despejó un poco más, tomando a Luna por Chloe. Parecía que tenía los labios dispuestos para besarlo. Por fin lograría algo con ella… al menos hasta que unos dedos se cruzaron en su camino.
-Será mejor que descanses, viejo -indicó Luna.
Y entonces, la visión de su ex cambió a la hermana de su mejor amigo.
-¿Qué… qué haces aquí? -preguntó el chico.
-Acabamos de llegar a tu casa -respondió esta.
-Quedaste peor que futbolista en día de paga -secundó Tiago.
-¿Qué tenía ese café? Me duele la… cabecita.
-¿Le dices tú o le digo? -preguntó Tiago.
Todo, al final, se resumió en que el plan original se fue al demonio por culpa de un irlandés.
~x~
No ha podido evitar escuchar la charla entre Lucy y Lori. Un par de horas después de ello, durante la cena, ambas se excusaron con que querían cenar a solas, y el haber pedido ir al baño fue un buen distractor. Ya que el pasillo no se ve desde la sala-comedor, creyó prudente el darse tiempo de escuchar.
Lucy sigue sin inspirarle confianza. Era comprensible después de aquella bonita charla donde la amenazó de muerte, y verla preocupada por su hermano… no sabe si es lindo o aterrador. No obstante, la curiosidad de lo que Lori pudiera responder le picaba, pero todo se fue al traste cuando sintió la vibración de su teléfono.
-¿Hola?
-¿Cómo estás, amor? -preguntó su madre al otro lado de la línea.
-Ahora no, mamá -respondió Jordan, susurrando y entrando al baño-. Estoy en el baño.
-Está bien pero, cuando salgas ¿me puedes pasar a Lincoln, por favor?
-¿Por qué tanto interés?
-Solo quiero hablar con él.
-Mamá…
-Descuida. No me parece tan atractivo -espetó Amaris-, y en el caso de que lo fuera no te lo pediría aunque sepa que puedo ir a prisión.
-Mamá, no quiero esos detalles
-¿Me lo puedes…?
-¿Vas a salir pronto? -preguntó Lincoln.
-Si, ya salgo -respondió Jordan.
-Jordan…
-Si mamá -contestó Jordan antes de abrir y darle su teléfono a Lincoln-. Mi mamá quiere hablar contigo.
Sin decir nada, Lincoln aceptó el teléfono y entró al baño, solo para asomar un poco la cabeza.
-¿Me puedes pasar un manos libres que dejé en la cómoda, por favor? -pidió el peliblanco.
No le tomó demasiado encontrarlos junto a una caja de tampones. En cuanto lo trajo, Lincoln cerró la puerta.
No escucha demasiado, pero si su intuición no le fallaba, debía sonar serio. Entre algunos "si, señora", había pausas. Unas cortas, otras largas, pero las aceptaciones eran constante en esa charla, a todas luces incómoda.
Haciendo un esfuerzo por imaginarse las cosas que su madre le estaría diciendo. El temor a una videollamada erótica quedaba de plano descartado por obvias razones, y el que este relatara con todo detalle lo que le pasó esa primera noche que compartieron antes de pausar en los detalles que a ella le parecieron deliciosos le hizo pensar un poco en él por primera vez, no como una potencial pareja sino como alguien con sus problemas.
Después de eso, escuchó un "gracias, señora" y un "entiendo… buenas noches". Acto seguido, cosa que no le agradó mucho, fue una fuerte descarga por parte de Lincoln y el sonido del retrete vaciando su tanque antes de abrir y verle una expresión un poco inusual en él, como si hubiera pasado por la tortura que para ella significó recibir un horno danés en la primaria.
-Genial -suspiró Lincoln-. Ahora solo me falta que un perro quiera orinar sobre mi.
-¿Qué pasó? -preguntó Jordan, recibiendo su teléfono y entrando al baño.
-Tu mamá… Amaris -corrigió Lincoln-, ella sabe cómo están las cosas aquí.
-No me sorprende -dijo Jordan-. Le conté lo que pasó con tu hermana.
-Si, y no te culpo -continuó Lincoln-. Mira, yo no quería otro encierro como en Canadá, pero estamos aquí. Estoy seguro de que esto terminará el lunes, y… si te sirve de consuelo saberlo, eres una gran amiga a la que le pasaron cosas que no debían pasarle.
Deteniéndose, Jordan entrecerró sus ojos y estudió un poco a Lincoln, palpando su frente para ver si no tenía fiebre y mirando a los ojos del chico para comprobar que estaba bien.
-¿Te sientes bien?
-Tu mamá quiere que, en cuanto termine el encierro, vaya a vivir un tiempo con ustedes.
La sonrisa en su cara lo dijo todo. La mitad de cuanto quiso, pero eso la cegó de lo que Lincoln había escuchado en cabalidad. Idea que se le quedó en mente hasta que se apagaron las luces y bajó sus párpados.
Les echaré una mano hasta que mi nieto cumpla un año. Después, a menos que les pase algo, estarán por su cuenta.
Por ahora, solo espera al momento de hablar con Lori. Espera que no lo tome tan mal, pero conociéndola lo más seguro es que se niegue en redondo.
Lo que no esperaban es que había alguien escuchando en el pasillo.
~o~
Enero 30 de 2022
Año 1 de la primera publicación del presente fanfic
De acuerdo a lo señalado por especialistas de la OMS, es probable que la variante Omicron sea el inicio del fin de la pandemia, tanto por vacunación como por relativo debilitamiento (es decir, mantiene síntomas atenuados en contraposición de una mayor virulencia en su contagio). Empero, estamos siendo testigos de dos eventos masivos de gran escala.
Por un lado, la cantidad de muertos por Covid-19 en los países tercermundistas es relativamente alto a comparación del primer mundo. No obstante, es porque los gobernantes fueron negligentes, tibios o, cuando menos, idiotas, o bien porque sus poblaciones resultan sentirse lo suficientemente letradas como para tragarse el primer ensayo antivacunas como si fuera una telenovela o un partido de cualquier deporte. Ya he visto a muchos de ese último grupo, que aducen creencia religiosa o conspiración. Por el otro, protestas en el primer mundo contra las restricciones, ya sea en la Unión Europea (contra los confinamientos) o en Canadá (contra vacunas y pasaporte sanitario que impulsa Trudeau, ya caído de gracia del pueblo canadiense).
Carajo. Aquí va otro fanfic que ya rebasa la frontera del año desde su estreno y en activo. 6k visitas, 12 seguidores y favs... sé que no estoy en mi mejor forma, pero hago lo que puedo. Para cuando escribía este y el siguiente capítulo ya era diciembre, y toda esa tensión por las fiestas me tuvo casi de paro. Ahora, con los problemas de mi hermana con su cuñada... dudo de poder escribir al ritmo que tenía hasta hace ocho días. No viene a quedarse, pero con el pandemónium que armó en casa haciendo su tradicional purga de trastes... ¡Dios me ayude a soportar sus críticas mordaces!
mr fic, gracias por decirlo. Espero no poder bajar la calidad, si la hay.
Como dijera el difunto Gustavo Cerati, ¡gracias totales! Ahora...
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