Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de DaniDarlingxx, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from DaniDarlingxx, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Cincuenta y cinco

¿Qué diablos estás haciendo? ¿Qué diablos estás haciendo? ¿Qué diablos estás haciendo?

Es todo lo que puedo pensar mientras camino hacia el apartamento de Isabella. Siento como si estuviera a dos segundos de salirme de mi piel por los nervios. Pero me enseñaron cómo manejar esto, cómo educar mis emociones y poner cara de póquer para hacer el trabajo.

Ella no tiene idea de que no necesitaba enviarme la dirección, por supuesto. Ni idea. Sé exactamente dónde encontrarla, cómo es cada centímetro de su apartamento e incluso cómo es ella en sus momentos más privados. Incluso sé cómo se ve cuando está excitada y justo después de correrse, aunque todavía he sido cortés y de alguna manera me he abstenido de verla en el acto.

Diría que merezco una medalla de oro por mi moderación, pero ya me he equivocado demasiado para aceptar eso.

Mis nudillos golpean la madera de su puerta, y puedo escuchar algunos movimientos del otro lado, seguidos de un apresurado:

―¡Solo un segundo!

Asiento como si pudiera verme, respiro hondo y meto las manos en los bolsillos de mis pantalones. Mis dedos rozan el pequeño regalo que compré para ella, y de repente me siento tonto por ello. Bella simplemente no parece del tipo que aprecia las flores, y seamos sinceros, yo no soy del tipo que las regala.

No, Bella no. Isabella. Mierda.

Mis ojos están fijos en el piso cuando escucho el clic de la cerradura y la puerta abrirse para revelar su pequeño cuerpo envuelto en un simple vestido negro que puede o no hacer que se me haga agua la boca.

―Hola ―respira, su pecho agitado por el esfuerzo. Me hace preguntarme qué ha estado haciendo, además de prepararse para nuestra cita. Seguro que ponerse un vestido no puede ser tan difícil―. Adelante. Tardaré solo un segundo.

Me quedo sin palabras cuando paso por encima de su puerta. Es surrealista estar dentro de su espacio de esta manera, rodeado por su aroma de una manera que es a la vez familiar y desconocido. Cuando regresa, se ha retorcido el cabello para revelar la larga pendiente de su cuello, y no considero ni por un segundo cómo se sentiría debajo de mi lengua.

―Te ves increíble. ―Dijo cada tonto encaprichado en cada novela romántica en una primera cita―. Yo, eh, tengo algo para ti.

La púa de guitarra que hice grabar para ella no es nada espectacular. Solo un pequeño trozo de madera de cerezo con sus iniciales grabadas en un lado y las palabras "Cada respiración que tomas" en el otro. Pero la expresión que pone en su rostro cuando lo ve hace que valga la pena sentirse como un idiota.

Ella la mira fijamente, con la boca ligeramente abierta como si estuviera tratando de encontrar las palabras.

—Pensé que no parecías una chica que prefiera las flores —me apresuro, preocupado de haberla ofendido de alguna manera―. Solo pensé que ya que tocas la guitarra y…

―Edward, detente. ―Parece que está a punto de decir algo, pero luego su frente se arruga―. ¿Cómo supiste mis iniciales?

Mierda.

Mierda, maldición, joder.

¿Puedo llamar a un amigo?

―Yo, eh…

Mierda, mierda, mierda.

»Puede que haya llamado al bar y le haya preguntado a tu amiga.

Oye, buen trabajo con la mentira rápida.

―¿Vick? Joder. ―Su voz es apenas un susurro, sus dedos girando la púa entre ellos. No puedo decir lo que está sintiendo o si la he ofendido de alguna manera.

―Lo siento si me excedí de alguna manera o…

―No, no, Edward. Esto es... bueno, es perfecto, sinceramente. ―Caminando hacia la esquina de su sala de estar, desliza la púa en una bolsa en el costado de su estuche de guitarra, y cuando se vuelve hacia mí, sus labios se tornan en una sonrisa que aún no he visto en su rostro.

Apenas está allí, pero es suave. ¿Sentimental, tal vez? Y hay algo en sus ojos que tampoco he visto nunca antes.

De nadie…

―¿Podemos irnos ahora, antes de que salte sobre ti por ser absolutamente adorable?

―¿Adorable? ―Me río, aunque debo admitir que todavía estoy un poco atrapado en la parte de saltarme encima.

―Ajá, ahora toma tu hermoso trasero y sal de mi apartamento antes de que te monte como la nueva bicicleta de princesa que me regalaron para mi octavo cumpleaños ―indica, haciéndome señas con el dedo para que me dé la vuelta.