Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
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Vínculos
XXIII
Deuda inexistente, pago reclamado
Royal Woods, Michigan
7 de abril de 2022
7:23 am
La habitación de Lincoln Loud
Con la novedad de que Luna está en la ciudad, a todos les resulta extraño que a Lincoln le pareciera eso una mala noticia. No era para menos, pues cuando se enteró lo más que el chico hizo fue lanzar su almohada por la ventana. Todavía menos con Luan quedándose en la cochera, y la perspectiva de que la rockera haga lo mismo para aliviar la carga de su madre.
La noche anterior, durmió con Lori. Esta, impaciente por sus sospechas de lo que Lincoln podría estar haciendo con Jordan en el baño, escuchó al menos la última parte de la conversación de su hermano y ella, y lejos de pensar en cómo lo tomaría, debió hacerlo en el momento en que debía decirlo.
Como se había vuelto costumbre, empiezan el día relativamente tarde. Ya que era cosa de trabajo de oficina, a Lori no le importó que Lincoln la viera cambiarse o que él se sacara todo para ir a bañarse. A efectos prácticos, era evidente que si la gente del edificio no los conociera parecerían una pareja de novios bastante joven, pero lo cierto es que, por obvias razones, ese exceso de confianza mutua tenía ciertas reservas. No podían hacerse comentarios a menos que uno de los dos lo pida, nada de espiarse y, al menos de parte de ella, mantener su zona genital lo más cubierta posible.
Empero, apenas se levantó, Lori notó la carpa que se formó en la trusa de Lincoln. Sabe que no era porque tenía complejos de hermana mayor o algo así, sino algo más natural. Así despertó un par de veces con Bobby o las noches de su más tierna infancia que ella y Leni iban a dormir a la cama de sus padres cuando una tormenta causaba estragos en sus sueños. Asqueroso, pero natural.
Habló en la noche con él, cuando se aseguró de que todas estuvieran dormidas (Myrtle tuvo que dormir con Jordan, mientras que Lucy y Leni compartieron en la habitación de Lori). Para esas horas, lo que Lincoln le había dicho la perturbó bastante, más allá de confirmar lo que escuchó. La sola idea de dejarlo ir a casa de otra persona le parecía una completa locura, sobre todo desde que Bobby le había contado de una de sus parientes de Los Angeles que pasó exactamente lo mismo que a su hermano le ofrecieron. Embarazada, se fue a vivir con la familia de su novio y apareció en los tabloides amarillistas como una víctima de esclavitud, con tres años encadenada, desnutrida y con dos abortos consecutivos después de un primer hijo saludable que ni siquiera la reconocía como su madre.
Todavía con el torso desnudo, Lori fue a la regadera y dio inicio a la misma rutina a la que se ha visto sujeta.
Durante el desayuno, el ambiente luce lóbrego pese a la llegada de dos de las chicas a la ciudad. No lóbrego del gusto de Lucy, sino solo lóbrego.
Entre los huevos de distintos tipos, Lincoln de verdad parecía algo aturdido. Así, sirvió una tortilla de yemas a Leni, huevos benedictinos a Jordan, huevos quemados a Lucy -más de lo que a ella le gustan-, duros a Myrtle y un burrito de huevo y papa para Lori, quedándose con una omelette de claras con hongos. Salvo por Leni y Lucy, no hubo muchas quejas al respecto.
Antes de que los menores pudieran entrar a tomar clase (cosa que obviamente a Lincoln se le dificulta por razones ya conocidas), Leni alcanzó a Lincoln antes de entrar a su habitación.
-¿Podemos hablar un segundo? -pidió esta.
-Leni, tengo clases, pero Clyde no me ha conectado en estos días y siempre me dan nervios cuando entro a la sesión de alguien más -respondió Lincoln, evasivo.
-No tomará más de un minuto -insistió Leni, entrando con él.
-¿No sabes lo que es privacidad?
-No con un Loud -remató Leni, cerrando la puerta y cayendo sobre la cama-. ¿Cómo que te vas?
-¿De qué hablas?
-Los escuché anoche que salí al baño -gimoteó Leni-. Le dijiste a Lori que te mudarás con ella. ¿Por qué no me lo dijiste?
-Por que no quería que todas se alarmaran de nuevo -respondió el chico, respirando profundo antes de continuar-. ¿Recuerdas lo que me dijiste de la primera semana que estuviste a cargo? ¿Qué tuviste que sacar a Lana de esa madriguera de zorrillos?
-Si.
-¿Qué me dijiste que pasó después?
-L-Luan convirtió la casa en un club de comedia -respondió Leni, un poco pausada-, y Lynn y Lola pelearon.
-¿Y qué hiciste?
-Nada.
-Te quedaste congelada, sin saber qué hacer -corrigió Lincoln-. No supiste qué hacer, y para cuando mamá y papá llegaron les pediste otra oportunidad.
No le gustaba recordar eso. A pesar de la ayuda recibida, y a resultas de ese pasmo inicial, su autoridad como hermana quedó mermada. Como se había dicho, Luna le había apartado con suavidad, pero hasta que Leni reprobó su último año de educación media lo más que sus padres pudieron salir y dejarla a cargo fue siempre que las niñas -y solo por cortos períodos de tiempo- no tuvieran alguna actividad. Ya cuando tocó asumir a Luan y a Lynn, el escaso cargo de responsabilidad que pudo haber tenido se redujo a nada.
Leni siente que su hermano le está refregando todos y cada uno de sus errores, como si estos fueran un estropajo seco en la cara, desgarrando la piel sana y la enferma de la cara hasta quedar enrojecida e irreconocible. Hasta donde sabe, sería lo peor que él le está haciendo, y todo por una cara no tan bonita que solía recibir con una sonrisa sincera en la tienda a la que le dio los que deberían ser los mejores años de su vida.
-Sé que no querías recordar eso, y lo siento mucho -continuó Lincoln.
-Está bien -minimizó Leni, aunque esta sabía que el daño ya estaba hecho.
-Leni, te prometo que nada malo me va a pasar -juró Lincoln-. No supe lo que hacía, en realidad, pero… me cuesta mucho pensar en eso.
-¿En qué?
-A estas alturas, creo que deberías saberlo.
-¿Tu hijo?
-No solo eso, sino todo -dijo Lincoln, primero empático con ella y luego mirando a la ventana antes de llevarla a su habitación, misma a la que tuvo que cerrar la puerta-. Cuando… supe que voy a ser papá… lo primero que pensé cuando Jordan me enseñó esa prueba de embarazo fue "¿qué acabo de hacer? ¡Mierda! Le acabo de arruinar la vida a una amiga", y ella se resistió a colapsar, Leni. ¡Jordan me lo dejó claro y recuerdo sus palabras! "Nos acabamos de destruir la vida", me dijo. ¡Cree que el bebé que esperamos nos arruinará! Y ¿qué ha cambiado en realidad? ¡Casi nada! ¡Todo sigue casi igual que siempre!
Bajando la mirada, Lincoln se siente bastante avergonzado. No sabe si debía hablar de ello con nadie o si era mejor hacerlo a guardarse de ello.
En ese momento, se sintió un poco abrigado. Sin pensarlo dos veces, Leni lo rodea con sus brazos y lleva sus manos a su espalda y cabello. Perdidos en esas sensaciones, no se percataron que la clase ya hacía rato que empezó, sacando al peliblanco de la sesión en Zoom, y mucho menos que Lori los estaba observando, un tanto celosa.
-Sé que todos fallamos… -continuó Lincoln, abriéndose un poco-…, siempre. No importa mucho lo que hagamos, siempre hay algo que nos falla. Y tenemos que vivir con eso.
-¿Y cómo puedes hacer eso? -preguntó Leni, sentándose en la cama.
-Lo aceptamos, lo negamos o… solo reaccionamos -dijo el peliblanco, tragando saliva-. Casi nadie lo acepta y les asusta pensar que viven con eso.
Frente a esa respuesta, Leni no tiene una opinión siquiera honesta. No entiende como fue que en su último año de preparatoria tomó Filosofía, si las ideas de otras personas le parecen más bien como si usara ropa ajena y no le termina de gustar por alguna razón.
~o~
El breve descanso en la habitación de Lori lo aprovechó para masajear sus pies. Aunque las primeras clases se aligeraron, la clase de ciencias la tuvo que tomar soportando que Lucy entrara a buscar algunas cosas antes de dirigir un par de miradas que parecían cuchillos oxidados y serrados.
Mirando al reloj de la pantalla de la tablet, nota que tiene un pequeño espacio de cinco minutos adicionales. No es mucho, pero con alguien dentro aprovecha para ir a la cocina por un bocadillo y al baño para evacuar.
Con Lori sentada en la mesa de la cocina haciendo trabajo remoto, sería algo difícil. No cuando su abdomen está apenas abultado. Entró con cuidado de no interrumpir, buscando en la alacena primero unas papitas y, al no encontrarlas, unos palitos de pan, aunque en un último momento sintió antojo de algo más dulce.
En cosa de segundos, tomó un frasco con jalea de fresa etiquetada con su nombre para bañar los palitos cuando Lucy salió del cuarto de huéspedes. Esta sólo se había puesto una sudadera blanca y se arregló el cabello y la cara de forma impecable, dejando de lado que debajo de la cintura solo está usando una pantaleta de encaje negro.
-Vacío -murmuró Jordan por lo bajo, mirando el frasco.
Así como Lincoln y Lori, ella había dejado en claro sus reglas. Si querían algo de ella, tenían que pedirlo. Si iba a dormir con Lincoln, no haría nada a menos que todos de verdad estuvieran durmiendo y, en lo que toca a sus cosas en la cocina, nadie podía meterse con ella a menos que aplicara la primera regla. Solo Lucy y Leni impugnaron la segunda por obvias razones, muy a pesar de que Myrtle fue bastante comprensiva en un inicio.
Ni bien la miró por el rabillo del ojo, Lucy regresó al lugar del que salió. Por lo visto, aún sigue sin soportarla, y el que ahora se lo deje más que patente a Lori -quien le tiene por lo menos una opinión honesta- solo podría significar que esperará al día que los Loud temen, y más Lucy que nadie.
-Pierdes tu tiempo -espetó Lori sin perder de vista la pantalla-. Leni la tomó anoche.
-Se supone que hay reglas aquí, ¿no? -replicó Jordan.
-Tuvimos algo parecido antes de que papá abriera su restaurante en el local original -dijo Lori-. Cuando estuvo buscando inversionistas, hasta mamá guardaba sus sobras. Todos íbamos sin respetar la comida de los demás y, bueno, Lincoln tuvo la brillante idea de dividir el refrigerador en zonas para cada quien. Créeme, no querrás saber los detalles, pero el caso es que papá consiguió que Timothy McCole lo viera como una inversión segura.
-¿Ese patán relamido? -preguntó Jordan, sorprendida- Mamá quiso que él invirtiera en su primer café hace años.
-¿Y qué pasó?
-No funcionó porque se le ocurrió servirle una crepa con mantequilla y azúcar y un huevo benedictino con trufa rallada.
-Ouch.
-Desde ese día le escribe al menos una carta con su más florido lenguaje.
-Ah… -dijo Lori, un tanto confundida.
-Y… -dudó Jordan, dejando su frasco en la barra.
-Si tienes problemas con tu jalea, hace tiempo que me resigné a no tener orden en casa antes de irme con Linc. Sólo cuando lo hicimos hubo algo más de orden. Así que no te acostumbres a que alguien respete tu comida.
-¿Puedo preguntarte algo más?
-¿Por qué Lucy te odia? -resolvió Lori.
-¿Cómo lo sabes?
-Es lo que sentí en un principio cuando llegaste esa noche aquí. Kotaro, luego hablamos de los faldones -confiesa Lori, interrumpiendo su charla y bajando la pantalla de su laptop-. Tenía ganas de matarte al principio, pero después de saber cómo fue que pasó y, bueno… tal vez intenté ponerme en tus zapatos.
-¿Cómo?
-Solo imaginé qué pasaría si Bo… mi novio… -corrigió Lori, algo apenada-… me dejaba como a ti. Intentaría ir a su casa, y aunque me aceptaran nunca faltará quien me tenga en la mira o me odie.
-¿Odiarte? No lo creo.
-La hermana de mi novio me tiene cierto rencor porque creyó que le robaba su tiempo con él.
-Eso no suena grave.
-Dime eso cuando se me ocurrió una doble cita para tratar de volver con su hermano -reprochó Lori-. Tal vez las cosas entre ellos fueron lindas al final, pero Lincoln, a veces, lo echa a perder de formas que solo él mismo puede arreglar. Así como tú tendrías que hacer las paces con Lucy.
-No creo que me deje acercarme.
-Tal vez no tengas que hacer mucho.
El resto de la mañana pasaron conversando. Ya dejando de lado el asunto de Lucy, Jordan le contó de su familia, la poca comunicación que tenía en estos días con su hermana y cómo es que terminó por detestar los hornos daneses. Por su lado, Lori se contuvo de revivir cómo se desvivía por Bobby, así como narró sus intentos por hacerse respetar por ser la mayor en una casa con once menores, las veces que ella y Lincoln tuvieron que arreglárselas para no volver a casa por un buen tiempo y de cómo se tomó que el chico tuviera novias mientras ella se conformaba con una videollamada a las cuatro y alguna cita virtual los fines de semana.
-Si -respondió Lori, llevándose una papa frita a la boca-, la primera Navidad allá fue un asco. Después de que mi pelea con Leni en Acción de Gracias con los Casagrande, mis papás y yo nos pusimos de acuerdo en que lo mejor que podíamos hacer era quedarnos allá.
-Y yo que me quejaba de que papá no me… dejó ir con Ra… alguien a esquiar ese año -lamentó Jordan, corrigiéndose de último segundo.
-No me gusta decirlo, pero tengo que -admite Lori- La gente que se quedó en el dormitorio no fue muy amable, y lo peor vino cuando volvimos de la tienda -hizo una pausa para comer otra papa con aderezo-. Nos exigieron que no hiciéramos ningún ruido porque "los estuvimos aguantando desde septiembre, ahora se aguantan" -remedó-. Esos desgraciados nos hicieron aguantar sus parrandas los fines de semana, las fiestas deportivas y sus "novatadas". Y el único escándalo que hicimos provocó que le cortaran la energía por una semana a todo el piso, sólo porque pedimos silencio para llamar a casa. Dime, ¿crees que a alguien le hubiera gustado tener que pasar las fiestas lejos de casa y… sin hacer nada?
-Lincoln o tú podían tragarse su orgullo y volver.
-Cuando lo hicimos, ¿tú qué crees que pasó?
-Lo siento.
-Tal vez lo único bueno que tuvo el que Lincoln tuviera novia -rememoró Lori, mirando al techo- es que las dos nos invitaron a sus casas.
-Debió ser horrible estar así -murmuró Jordan, entrecerrando los ojos e imaginando a Lincoln con aquella rara y el clon de Sadie.
-No era tan malo -dijo pensativa Lori-. Antes de la cena, todo se resumió a los chicos viendo los juegos de los Senadores o de los Canadienses, los mayores en la cocina o adornando y hablando de cualquier cosa.
-Y de seguro Lincoln dormía con ellas -teorizó Jordan.
-Nos quedábamos en la sala a dormir -respondió Lori-. No querían que nada pasara entre ellos.
-Perdón si pensé mal.
-Claro, eso fue ya después de que empecé en la universidad local.
-Oigan, lamento interrumpir -dijo Lincoln junto al refrigerador-, pero si no les molesta creo que alguien tenía que verse conmigo y Bolhofner. Acaba de reventarnos en el examen por parejas.
-¡¿Hubo examen?! -exclamó Jordan, sorprendida de mala manera.
-Fue sorpresa -replicó Lincoln-. Dice que espera tenernos en el presencial para una reposición con dos puntos menos, y Vickers quiere que…
-¿Y por qué no me lo dijiste, tarado? -reprochó Jordan, molesta y sin importar que estuviera en casa ajena.
-Porque Hof no dio tiempo de darle explicaciones y…
-¡Me importa un carajo lo que ese demente quiere!
En medio de ese arranque, Jordan salió hecha una tromba al cuarto de Lori, cerrando con un fuerte azote. Lori estuvo a punto de decir algo cuando Lincoln la calló.
-Te lo dije con Ronnie Anne, te lo digo con Jordan -espetó el peliblanco-. Jordan no es mi novia.
-Es la madre de…
-¡Ya lo sé! -cortó Lincoln- Es muy distinto.
En silencio, Lincoln optó por no decir nada más. Mirando la cara de Lori, se percata de que algo había entre ellas, cosa que ya no le sorprende. Incluso, se atreve a pensar, no le importaría conocer a su hermana con Jordan como amiga.
~o~
Con la llegada de otro fin de semana, Clyde tuvo que volver al plan original de la última vez. Visitar a Lincoln a toda costa, así sea que Howard se entere después.
Habló con Trent antes de salir. Todo cuanto este le comunicó fue de un incidente de lavandería que en otras condiciones había deseado y que ahora le provocaría un fuerte ataque de risa. Tal vez por el mero hecho de haber fantaseado con un escenario similar, quizás menos rudo, pero fantaseado al fin y al cabo.
Pensando mejor, hasta se sintió mal por Trent. Que Lori se le ofreciera de buenas a primeras en la lavandería del edificio era algo que sólo fantaseaba hasta que empezó a salir con Chloe, y el hecho que esta hace meses le mandase con Lincoln una memoria con nada menos que material pornográfico solo podría significar un claro "confórmate con una probada de quien no tendrás".
No prestando atención a sus alrededores, tuvo poca concentración para pasarse dos semáforos en rojo seguidos y, en el tercero, recibió un bocinazo de parte de una conductora bastante agradable de ver… si no fuera porque estaba mal y de malas.
-¡Oye! ¡¿Qué no ves por dónde caminas?! -llamó la conductora, a la que Clyde creyó reconocer como Luan en cuanto la vio.
-¿Perdón? -dijo Clyde, sobresaltado, hasta darse cuenta de que quien le soltó el bocinazo tenía lentes y el cabello rozado y castaño claro, lejos del canela de Luan.
-¡Que te muevas! -dijo la conductora- ¡Estorbas el tráfico!
Sin darse cuenta hasta ese momento, Clyde cayó en cuenta. Aquella chica estaba sumamente estresada, y aunque se hiciera a un lado eso no mejorará su humor de lejos. No tiene ganas de perder su tiempo con algo tan trivial como una discusión de vialidad con alguien tan prepotente.
No le tomó mucho llegar al teatro de la ciudad, mismo que tenía una cartelera paupérrima tanto en calidad como en cantidad, y tres carteles anunciando diferentes monólogos de la maestra Bernardo no son precisamente un atractivo, a menos que fuera gente sin más que hacer. Lo mismo para otros anuncios, más discretos, de un show de Joannie Sassafras programado para los miércoles, una obra de la secundaria basada en Liga de Leyendas y -este totalmente ajeno, ya muy gastado- el prostíbulo donde varias mujeres de la ciudad, incluyendo a la maestra DiMartino, trabajaban en completa clandestinidad.
Aunque las funciones se habían retomado hace un tiempo, la verdad a poca gente le quedaban ánimos de acudir a una obra desde principios de año. Así sea una obra escolar, no muchos espectadores buscaban asientos como antes, en parte, debido a la pandemia, pero también a la poca calidad actoral de los últimos tiempos.
De allí, no le toma demasiado alcanzar La Mesa de Lynn, lugar del que vio salir a la señora Bernardo. La antaño docente, mandil en mano, está visiblemente airada por un exabrupto que muy probablemente ella misma ocasionó. Tras ella, Luan la siguió hasta unos pasos.
-¿Y por qué no lo piensa? -dijo Luan, bastante preocupada y con unas más que notables ojeras, vestida de blusa sin mangas blanca, delantal verde y pantalón amarillo canario.
-Lo siento, Luan -externó la señora Bernardo, azotando el mandil y con una expresión bastante forzada incluso para una actriz-, pero la gente se ha vuelto muy voluble con lo que le cree del servicio al cliente, y además son todos unos ingratos -añadió alzando el puño mientras que se llevó la otra mano al cuello en actitud lastimera-. El servicio a clientes ya no es lo que era, pero velo por el lado amable. Así tendré tiempo para escribir otro monólogo.
-¿Si sabe que casi nadie va al teatro estos días? -preguntó retórica Luan.
-No tengo muchas opciones más allá de ser conserje, mesera o lavaplatos con mi formación -alegó la mayor, levantando de nuevo el mandil y entregándolo a su antaño favorita-. ¿O contratarías a una actriz con treinta años de carrera?
Sin obtener respuesta, Luan recibe un abrazo corto y un beso en la frente antes de que la señora Bernardo diera la vuelta y se fuera tan teatral como le es posible. Clyde, por su lado, trató de alejarse sin que la comediante siquiera intente verlo, lo que no tuvo mucho éxito.
-Clyde… -saludó esta con voz algo ronca, en parte por lo recién sucedido, en parte por tener la garganta seca, y provocando un sobresalto en el chico-… no hay mucho tiempo para explicarte.
Una vez que tiró del cuello de su camisa, en un principio Clyde pensó lo peor de Luan. El primero de mes ya había pasado, pero siempre quedaba algún vestigio de lo sádica que puede llegar a ser.
Sin contemplaciones de ninguna clase, lo llevó a la cocina, y ahí temió lo peor. Viéndola tomar un cuchillo, Clyde empezó a sudar en frío, ganas de orinarse encima y tuvo el impulso de salir corriendo, como si de un maniaco que le haría comer sus propias piernas tras horas de tormento se tratara. Con el utensilio en el aire, Luan lo deja caer sobre la mesa con un movimiento y fuerza…
-Tengo una oferta que no puedes rechazar -dijo Luan, todavía con ronquera y sedienta.
… para cortar una naranja por la mitad.
Bien puede respirar tranquilo, pero la verdad es que a Clyde las cosas no pudieron ponérsele peor.
-Necesitaba que alguien me echara una mano -continuó Luan, partiendo en ocho la fruta sobre la tabla-. No sabes lo pesado que es llevar el restaurante encima con papá enfermo o Lori en cuarentena con Lincoln.
-M-me puedo… hacer una idea -se limitó a decir Clyde, no tan aliviado como quisiera.
-La paga no es mucha por ahora, pero papá procura tener sitio para alguien que sepa lo que hace -especifica Luan, sin dar tiempo de pensarlo siquiera y tirándole un delantal-. Ten, necesito dos docenas de madalenas con glaseado y una mousse de fresa para el superintendente Huggins.
"Pensando bien, creo que no es tan buena idea", dedujo Clyde mientras tomaba algunos utensilios.
~o~
Las primeras lluvias del año se hicieron sentir bastante frescas, aunque por toda la ciudad el desánimo habitual que las acompaña dese hace dos años se hizo más que opresivo. Sobre todo contando con que este era el último día antes de las vacaciones de primavera.
Por lo general, Lori tenía un plan para pasarla con su hermano hasta apenas 2020. Los días de Semana Santa para ellos eran, lejos del silencio y sobriedad que se exige en la iglesia, la perfecta oportunidad para darse una escapada a alguna piscina pública o darse el lujo de salir al cine. En el mejor de los casos, significaba la visita de los hermanos Santiago y el agregado cultural, Carlota (quien prefería quedarse solo hasta el jueves porque no pocos chicos querían llegar a algo de una noche con ella). Aprovechaban para salir a algún lugar o, sin reparar gastos como en otros momentos del año, se daban el lujo de ir a un centro comercial en Niagara Falls.
Con el eventual encierro y el cierre de fronteras, el hartazgo de estar obligados a permanecer en el edificio casi obligó a Lori a ser de quienes salieron a protestar, por estúpido que suene, por un corte de cabello decente en abril. El haber tenido que pedirle a Lincoln que fuese su estilista solo terminó, falta de práctica mediante, un desastre lo bastante bueno cuando hizo que su cabeza pareciera un nido de ave. Y no precisamente de los bonitos y tejidos, sino de aquellos como los que solo generaciones de cigüeñas pueden construir.
Sentada en el retrete, Lori repasa de nueva cuenta las utilidades del año pasado para presentar la declaración fiscal del restaurante y la propia. Teniendo ya esta muy avanzada, ni se inmutó del momento en que Leni entró.
Por su lado, a Leni la Semana Santa solo le decía que era el inicio formal de la temporada Primavera Verano, y hasta donde leyó en 16 1/2 las tendencias apuntan hacia tonos vibrantes entre rojos, fucsia, verdes y azules claros. Casi lamentó que no saliera de casa sin su máquina de coser o algún rollo de tela en esos colores para tener algo en qué ocuparse.
Leni ni siquiera notó a su hermana. Desde su último encontronazo, la situación entre ellas se relajó lo bastante como para que pudieran pasar de largo en el mismo lugar, aunque la verdad siguen sin hablarse una a la otra.
No le tomó mucho tiempo a Leni. Apenas y entró a quitarse algunos vellos que sobresalían de la nariz, conteniendo tanto como pudo que tirar de algunos de ellos dolía como pocas cosas en el cuerpo. Afuera, haciendo fila, Myrtle y Lincoln tomaban nota de ello, pues al terminar la última clase del día el chico tuvo algo de tiempo para intentar aprender a tejer con gancho.
-¿Han visto mi delineador? -preguntó Leni al salir.
-No, para nada -responde Lincoln.
-Creo que lo dejaste en tu estuche -replicó Myrtle, entrando.
-¡Un poco de privacidad, por favor! -protestó Lori, sacando a Myrtle y cerrando la puerta.
-Perdona, no sabía que estabas allí -dijo excusándose Myrtle antes de hablar al chico-. Hace dos semanas que empezó esto y no podemos hacer nada por ellas.
-Me pregunto por qué será -ironiza Lincoln.
-No sé que pensó Rita cuando las encerró en la cochera -recordó Myrtle-, pero empecé a creer que ellas ya no se llevarán nada bien.
-¿Cómo que las encerró?
-Bueno, cuando Leni y yo llegamos le pedí una pomada que Luna solía esconder en la cochera, y creo que Lori fue por algo de arena, no sé.
-Yeso -corrigió Lori desde dentro.
-¿Podemos ir a mi cuarto? -ofreció Lincoln, luego de escuchar una sonora flatulencia con cierto chapoteo que a ambos les dio asco.
Luego de minutos de conversación, al chico le quedó claro cómo estaban las cosas hace casi dos semanas.
~x~
Cansada de su caminata con Leni, Myrtle se había repantigado en el sofá de la sala. Con el paso de los minutos, y sin ver a su nuera, tomó de nuevo su bolso y rebuscó entre sus cosas hasta dar con un cubo de Rubik que hace tiempo abandonó por lo difícil que es armarlos.
Mirando por unos segundos, ve que solo tenía dos caras, la blanca y la naranja, resueltas, y la amarilla tenía solo un cuadro rojo en el azul. El resto, todas revueltas. Llegó a pensar, cosa absurda, que la relación entre todos los chicos estaba rota por la necedad de Lori y las buenas intenciones de Leni, y eso era algo que, concluye, no podría dar ayuda aunque quisiera sin que las dos sigan en un plan tan inmaduro.
Dejó tal pensamiento para luego, pues viendo primero pasar a Lori y luego entrar a Rita a los diez minutos entre cada una le dejó confundida. Hasta donde sabía, Lori no se acercaría a la casa mientras Leni estuviera en ella, y Leni no se iría hasta que su hermana mayor escuchara todo lo que debería escuchar. Por lo menos, así se lo dejó entrever Lynn antes de irse en Acción de Gracias.
-¿Síntomas moderados? -oyó preguntar a Rita- Se supone que iban a vacunarse… ¡S-sabes que no nos podemos permitir enfermarnos! ¿Cómo se lo decimos a Lo-Lori y a Lincoln? ¿Pensaste en eso…? Ok, ok, también Kotaro y Grant, ya les estoy llamando… si, mañana les diré que se hagan pruebas por anti… ¡Si, Lisa! Sé cómo decir antígenos! Es… está bien, ya le diré a las chicas y a Myrtle…, ¡si, si! También a Lori… le diré que quienes están con ella tomen algunas cosas que puedan cargar y se van con ella… te veo en la noche -colgó.
-¿Todo está bien? -preguntó Myrtle.
-No -responde Rita, visiblemente alterada y tomando su cabello-. Nada. ¡nada está bien!
-¿No dijiste que las llevaron a vacunar?
-Les ofrecieron pru-pruebas -dijo Rita en su alteración-, y Li… Lily…
Sin tiempo qué perder, la sentó y obligó a respirar hondo.
-Vamos, querida, respira, inhala, exhala… -instruyó Myrtle por diez minutos enteros-. Ahora, ¿qué te tiene tan alterada con Lori y Leni?
-Quería… quería que ya, dejaran su pelea y… y entonces Lynn me llamó.
-¿Y qué quería Lynn?
-L-Lily… mi bebé salió positiva a covid -responde Rita en voz baja-, les dije a las niñas que no fueran a la calle Oak, que no la llevaran con los LeBlanc en el cumpleaños de los mellizos Bartels y… y…
~x~
-Eso la ha traído muy nerviosa -concluye Myrtle su relato-. Rita quiso decirme mientras nos pusimos a limpiar como locas la casa, e incluso tuvimos que hacerles entender a esas… esas cabezas huecas.
-O sea que mamá quiso encerrarlas en la cochera sin pensar rápido y…
-Si, lo hizo sin pensar.
Pensando en ello, Lincoln trazó un pequeño plan que, determinó, sonaría a una medida que iría sobre la marcha. Habría bastante en juego, pero de funcionar es más que probable que tengan que manejar algo serio, bastante más de lo que ya era, entre manos.
Saliendo a la habitación que Myrtle ocupa, Lincoln encontró a Leni viendo un tutorial de tejido con bastidor. No era algo que ella misma viera por gusto, pero el ver la ropita que estaba tejida en la caja al pie de la cama le dio una idea más o menos clara de lo que va ese asunto en específico.
-Oye, Leni -dijo Lincoln, sonando casual-, veo que necesitas hablar un poco.
-¿De qué?
-Verás, el proyecto final para Economía Doméstica tiene que ver con trabajo de telas, y pensaba que podrías ayudarme un poco.
-¿Qué clase de telas? -cuestiona Leni.
-Trabajo con lana de oveja.
-No vamos a trabajar con lana -protestó Leni-, ¡estamos en abril!
.
-Ahora no, Lincoln -respondió Lori en cuanto Lincoln se ofreció a calcular los deducibles para la declaración fiscal-. No has llevado bien cálculo avanzado y te ofreces como si fueras un banquero, ¡mejor ve a tu habitación!
-Bueno, le pediré ayuda a Leni.
.
-Bueno, iré por Lori.
.
-Como quieras -respondió Leni, volviendo a lo suyo.
No contó con que ambas responderían con desdén. Leni porque prefirió aprender a tejer con un punto que siempre le fue problemático, y Lori acusando que está aprobando Cálculo apenas con lo justo.
Esperaba que con esa propuesta, sus hermanas por fin reaccionarían.
-Solo te queda resignarse a vivir con una familia partida a la mitad por egoísmos -dijo Lucy tras él, sobresaltando al chico.
-A menos que se me ocurra algo -apeló Lincoln, respondiéndose apenas del susto.
-Linc, ya basta, ¿quieres? -pidió Lucy.
-No.
-Hagas lo que hagas, no va a funcionar si no es algo de verdad grave.
Así como vio frustradas sus esperanzas iniciales, la idea le vino rápido. Lucy dijo algo que funcionará y es a prueba de tontos. Especialmente si es un tonto el que lo ejecuta.
-¿Puedo pedirte algo? -preguntó Lincoln mientras Jordan se abría paso al cuarto de Lori.
-¿Sobre qué? -preguntó Lucy, volteando y dudosa de lo que la mueca descompuesta de Lincoln le quiso decir.
-Pues… lo acabas de decir -responde Lincoln, aterrado por lo que planea-. Algo gordo.
-Dije grave.
-Ok, ok, cambio de enfoque -recapacitó Lincoln-. ¿Quieres que haga algo estúpido para sacrificarme?
-¿Qué clase de sacrificio?
-Solo digamos que haré algo estúpido, como un… agh… esos degenerados del porno japónes -tanteó Lincoln con algo de repugnancia por la idea.
-Hum… entiendo eso -dijo Lucy, sonriendo un poco perversa y tomando las manos de su hermano- Luego me agradeces...
-¿Qué?
-¡Por favor no me odies por esto! -exclamó contenida Lucy.
Lincoln solo recuerda los segundos inmediatos. Cerrando los ojos, agarró contra su voluntad el pecho de Lucy, quien soltó el chillido más agudo de cuantos haya escuchado en toda su vida. Entre eso, lo mal que se sintió tocarle el pecho a su hermana menor y los golpes que recibió de tres pares de puños y algunos pies.
.
Aturdido, Lincoln está consciente de sus acciones. Con Lucy en el pasillo y Jordan viendo desde la puerta del cuarto de Lincoln cómo a él se lo comían vivo -en un sentido figurado-, a este solo le queda esperar para hablar, lo que
-¡Es tu hermana, por el amor de Dios! -repetía Leni, desaforada por la ira.
-¡¿Cómo se te ocurre manosearla, idiota?! ¡A Lucy! -secundó Lori, que está por completo roja de las ganas de matar, revivir, volver a matar y revivir y esclavizar a su hermano por semejante acto- ¿Tienes idea de qué peligroso es eso para ella?
-Yo creí que eras mucho mejor que Chaz, ¿y yo soy la tonta?
-En cuanto se entere mamá, tendrás suerte si no te declaran agresor sexual en el país, ¡y nadie sale de esa lista!
-¡Sin mencionar que es tu hermana!
-¿Qué tienes que decir al respecto? -cuestionaron ambas al mismo tiempo con un tono de verdad aterrador como nunca.
-Todo fue una trampa -confesó Lincoln, mitad avergonzado, mitad resuelto.
-¿Y quién te va a creer eso? -retó Lori.
-Yo -dijo Lucy, saliendo un poco a la defensa.
-¡Tú no te metas! -dijo contundente Leni.
-Tenía un plan B a medias -continuó Lucy sin importar lo que dijera Leni-. Tomé sus manos y las llevé a mi pecho, ¿conformes?
Incrédulas, las dos mayores perdieron todo el color de la cara y lo recuperaron. De toda la ira asesina que sentían por su hermano, ahora es un sonrojo avergonzado por su hermana. Peor todavía, algo tan bajo funcionó mucho más que meses de terapia.
-Su pelea tenía a Lincoln harto hace tiempo, pero no actuó porque a ambas la respetaba -siguió Lucy-, y la única vez que lo hizo antes de esta semana Leni lo mandó al suelo.
-Así es… -balbuceó Lincoln, con la cara inflamada.
-Él no supo qué hacer, y lo último que él quiere es tener que aguantar la escuela, ser padre… tener hermanas que actúan peor que niños. Y de todo, eso es lo peor. ¿O vam a amenazarnos a todos con dejarnos de hablar cuando sepan que fuimos a la boda de la otra?
-¿O escuchar a Lori hablar pestes de ti cuando no nos demos cuenta? -remató Lincoln, dirigiéndose a Leni antes de volver a las dos- Si quieren… -escupe algo que resuena pastoso en el piso-…, solo sigan actuando como el par de niñitas que son, así que o se disculpan o yo me largo esta noche y tres semanas con Jordan.
-¡¿QUÉ?! -exclaman las dos mayores y Lucy.
-Iban a ser… dos semanas -escupe Lincoln de nuevo-, pero… creo que tres están mejor para que se calmen.
Con semejante baldazo de agua helada, Lincoln hizo un enorme esfuerzo por levantarse e irse a su cuarto.
-¡Y para que sepan -añade Lincoln-, el libro que atoró esa vez el baño era de Lucy! -remató, azotando su puerta antes de dejarse caer contra el piso.
-Me quedo con la abuela esta noche -secundó Lucy sin miramientos, tomando un peluche de pony del sofá y encerrándose de igual manera.
Perplejas, tanto Leni como Lori se miraron a los ojos. Por primera vez, comprendieron lo que todo este tiempo tenía la segunda en mente y ninguna quiso ver.
Mirándose extrañadas una a la otra primero y luego buscando a donde más ver sin incomodidad, Lori se dirige al sitio donde estaba Lincoln y recoge algo con evidente repulsión.
-Iugh, ahora sí mamá nos va a matar -lamentó Lori, avergonzada por ver las dos muelas de su hermano en su mano.
-Y yo que creí que Lincoln no podía ser más tonto -imitó Leni, rehusándose a tocar los dientes.
Reparando que es la primera vez que se hablan sin intercambiar insultos ni nada, cada quien fue por su lado. Lori al fregadero a enjuagar las muelas y meterlas a un vaso con leche, y Leni directamente a la habitación de Lincoln por unas cobijas.
En el fondo, Leni apreció que a sus hermanos se les ocurriera algo así de estúpido. Si algo así las unió, espera a preguntarse qué es lo que pasará si empieza a ser bastante más abierta, como antes de haberse metido donde jamás fue llamada. Todavía se quedó un poco más oyendo a Lori hablar con su madre para preguntar si podía pedirle de favor a algún compañero que pudiera venir a realizar una reinserción molar doble.
Por unos segundos, a Lori le pareció extraño que sus hermanos se unieran de forma extrañamente destructiva para un objetivo común, pero lo que más le desconcierta es tanto el que su hermano sacara a relucir algo tan antitético como mezclar a Lucy con ponis melosos hasta lo cursi como el que tomara un peluche como si fuera un tesoro.
~o~
Con el último envío del día, a Clyde se le olvidó incluso a qué iba en un principio. No era de extrañar, pues la comida que llevaba para el departamento se quedó olvidada en un rincón, y Luan estaba bastante extenuada como para que le importe un carajo.
Para cuando Luan le dijo que ya era hora de cerrar, pasaban de las diez. Era lógico que pasaba de su hora de llegada por mucho -considerando que esta cambió y se redujo bastante desde que Chloe lo terminó- y tenía como treinta llamadas perdidas cuando al fin pudo descansar un poco.
-¿La misma hora? -preguntó Luan, bebiendo una copa de vino blanco.
-Se suponía que iba a ver a Lincoln hoy -respondió Clyde, un tanto abrumado por el cansancio.
-No podías hacerlo de todos modos -dijo Luan, no menos agotada-. Hablé hace cinco minutos con Lori y me dijo que no estará disponible para visitas un largo tiempo.
-¡¿Qué?!
-No es nada de qué preocuparse -continuó la universitaria-. No me dijo gran cosa, pero no es covid.
-¿Entonces…? -cuestiona preocupado Clyde.
-Paliza que creyeron que se merecía por pervertido -respondió Luan-. Oye… gracias.
-¿De qué?
-Por cruzarte cuando ya no teníamos personal.
Sin perder tiempo, Luan sacó del mandil un fajo de billetes que no metió a la registradora, tomando de ahí algunos de ellos y dándole este al chico luego de hacer un cálculo a simole vista.
-No sé si tengas novia -continuó Luan-, pero llévala a algún lado.
-Gracias, pero… la doctora López y Liam me dijeron que no pensara en eso.
-¿Voto de celibato? -preguntó Luan- No eres el único que conozco.
-En realidad, me dejaron por celos.
-¿Y por qué estabas celando a tu novia?
-Ella los sentía de un amigo.
-Ah, por eso ibas a ver a Lincoln -dijo sorprendida Luan.
-No es que Lincoln fuera el problema -contestó Clyde-. Él no es "ese amigo" del que tu novia sienta celos, sino… -tragó saliva-… alguien más.
-Creo conocer a alguien que te puede ayudar.
.
Sigue extrañando a Luan, aunque para serle sincera le encanta cuando se dan sus tiempos fuera. No porque le encanta que salga con alguna tontería o similares, pero con el tiempo que tiene de estar saliendo con ella algo tenía que pegársele.
Mirando al Señor Cocos, Maggie siente que al cuarto que comparten en el dormitorio le falta algo. Una risa aquí y allá, el aroma de brownies espaciales de los sábados, ese enervante aroma de coco y guayaba de su shampoo o el aroma natural que ella despide.
Si. Maggie echa muchísimo de menos a su novia.
Recordando ese intento de baile privado que tuvo la noche de su graduación, con la casa sola y a puertas más que cerradas, le dolió confesarle que no sabía bailar. ¿Su respuesta? Luan le enseñó lo básico y de ahí al menos le dedican a eso media hora.
Lo detesta. Estar sola después de años de tener compañía prácticamente toda su vida no es lo que imaginó. Todo ese silencio, el tener que haber gastado la mitad de sus ahorros en comida porque para cocinar depende siempre de Luan… alguien pagará muy caro por venderle la idea de que vivir sola es lo más genial que podría hacer.
Mientras pule al Señor Cocos, Maggie no presta atención a una cierta vibración en el bolsillo. Por un momento, cree que es la mano de su novia acariciando su pierna con una masajeadora portátil… aunque eso suele ser más de los viernes.
Tomando el teléfono, al ver que es Luan quien llama se apresura a contestar, ansiosa.
-Hola, labios diabéticos -saludó Maggie.
-Necesito que me hagas un pequeño favor.
La expresión melosa que suele tomar cada que escucha a Luan se convirtió en una de desencanto cuando esta le explicó qué necesita.
.
Sentado frente al teléfono de Luan, veía a aquella chica de piel pálida y cabello negro. Apenas y la recordaba de la secundaria y del año pasado en la preparatoria, pero nunca por su nombre o algún apodo agradable. Si acaso, escuchaba que le llamaban simplemente "Ubres" o "Vaca". Nervioso, decide solo no hacer un comentario sobre su prominente busto o lo enferma que se ve.
-No voy a disfrutar esto, niño -dijo desdeñosa Maggie, viendo perdida su noche de cita virtual-, así que al grano. ¿Cómo se llama?
-C-Chloe -contestó Clyde, incómodo con aquella mirada penetrante,
-¿Te dijo por qué mandó al botadero?
-¿No está siendo un poco dura? -cuestiona Clyde, dudando abiertamente.
-¿Quién hace las preguntas aquí? -increpó Maggie.
-Lo siento.
-Sentirlo no hará que tu exnovia te vuelva a dar credibilidad. Ahora, ¿algún motivo por el que te dejó?
Estuvo tentado de mencionar a Tiago, pero él no tiene en sí la culpa. Sería descargar su frustración sobre alguien que lo ve como él veía a Lincoln, y ninguna amistad valía que él le diera una puñalada así.
-Dijo que un amigo estaba acaparando todo mi tiempo -respondió Clyde-. Él… no tiene mucho que llegó al país y necesitaba que alguien le hiciera sentirse bienvenido.
-¿No le reprochaste eso?
Clyde lo recordaba bastante bien. Lejos de reprochárselo, incluso se rebajó a arrastrarse a sus pies, suplicando por una oportunidad para Tiago. Se explayó lo suficiente, pensó Maggie, como para poder armar una tesis sin esfuerzo alguno.
Conforme la sesión de terapia avanzó -pues en esto se convirtió la charla-, le explicó cada detalle de su vida reciente. Luan, un poco apartada, bebía una taza de café solo mientras escuchaba atenta a todo lo que allí se decía. Incluso se sintió mal cuando el chico le dijo que las cosas con su familia se enfriaron con la excepción de Lana, que pasó por un enamoramiento infantil, y Leni, que solo estaba siendo Leni todo este tiempo incluso en tiempos como estos.
Al otro lado de la pantalla, Maggie había imitado a Luan. En cierto momento, prestó atención a la información que Clyde le daba al mismo tiempo que intentó preparar un capuchino de sobre que terminó siendo un desastre espumoso.
-… y todavía le pedí a mi amigo Liam que me hiciera trabajar en su granja -terminó Clyde-. Eso sólo lo empeoró.
-O sea que estás diciendo que le diste… prioridad a tu vida social y manteniendo un equilibrio con tu vida sentimental -razonó Maggie.
-Algo así.
-Apenas estoy en mi primer año, pero déjame decirte que no eres el primer idiota que veo en esa situación -dijo Maggie, dejando de lado su taza-. Cosas de la pasantía en el Centro de Tratamiento de Broward. Uno se cela, siente que es desplazado, como si pasara a segundo plano. ¿Sabes cómo termina? -cuestionó, negando Clyde con la cabeza- Horas de papeleo para la policía, sesiones por agresión y posiblemente un trauma de por vida en el peor de los casos. En el mejor, solo el papeleo y el susto -añade con algo de cinismo-. Para la próxima, sólo hazle saber que así como ella te dejó avanzar en su vida social a lo sentimental, debe reconocer que una relación es de dos, simple reciprocidad. Por ahora, necesitas liberar algunas tensiones, así que no lo eches a perder en el futuro. ¿Puedes decirle a Luan que venga un momento, por favor?
-¿Algo privado?
-Ya discutiré con ella mi paga.
Una vez que salió de la cocina, por respeto a la privacidad de Luan se apartó a la entrada del local. En cosa de diez minutos, esperaba, ya tendría una muy buena explicación para dar en casa sobre por qué llegó tan tarde. Con lo comprensivo que suele ser Howard, no le extrañará que se pueda ocupar en las vacaciones haciendo algo que le gusta.
Estaba a punto de quedarse dormido en una de las cabinas cuando salió Luan.
-¿Ya nos vamos? -preguntó esta, con la blusa abierta un par de botones.
-Pensé que nunca lo dirías -bostezó Clyde.
-¿Te llevo a casa o prefieres ir… solo?
La pregunta, hecha con un tono presuntamente sensual, desconcierta al chico. Hasta donde Lincoln le puso al corriente, ella y Maggie empezaron a salir desde el confinamiento, poco después de que el novio de la comediante dejara Royal Woods. Nervioso por ello, no supo cómo responder, y en respuesta Luan soltó una risita.
-¿Qué es tan gracioso? -preguntó Clyde.
-Debiste ver tu cara -dijo riendo Luan-. Lo… lo siento, pero… ¡no pude evitarlo!
Aún más desconcertado, Clyde se limitó a reír con ella. Era más que claro que ella iría a dejarlo a casa, y más todavía porque, en el camino, Luan evitó tocar el tema de Chloe.
~o~
Bastó un par de horas para que Lincoln pudiera tener de vuelta las muelas en su sitio. No podrá masticar bien por un tiempo, y dado que fue por ambos lados se verá obligado a tener revisiones en tres semanas, uno, tres y seis meses y dentro de un año para asegurar que las piezas estén en su lugar.
Sólo para asegurar, Lori se quedó a su lado por un buen rato. Todo el día, salvo por el hecho de no poder tomar nada dulce. Lincoln se sintió como un bebé, aturdido por la anestesia y luciendo una férula quirúrgica que le hace ver más inflamado de lo que debiera.
-Sobre todo -señala Brandon, aquél fornido compañero de Rita- procura que tenga una dieta blanda a partir de la tercera semana. Hasta entonces, solo purés y batidos.
-Entendido.
-Bien, el doctor Feinstein los verá la próxima semana -agregó el dentista-. Retrasé demasiado mis vacaciones en Puerto Vallarta y quiero presumir estos bebés -señala a su propia dentadura, sonando jactancioso e insensible-. Ah, y algo más.
-¿Si?
-Flippees -señaló Brandon-. Sé por el doctor Feinstein que Lincoln es fanático de ellos. En cuanto se le pase la anestesia, dile que esos días de raspados y granizados se acabaron por este año.
-¿De verdad? Él esperaba ir por uno el lunes.
-Es más que nada para cuidar esas cavidades en recuperación. Si les sirve de consuelo, pueden entibiarlo lo suficiente para poder beberlo en dos meses. No será lo mismo, pero con una rigurosa higiene ése es el plazo que doy para ello.
-Claro.
-No le diré nada de su incidente a Rita y ustedes no hablarán de mis "pendientes" con el instructor de baile de salón para mi aniversario.
Una vez que volvieron al departamento, Lincoln solo decía una sarta de idioteces a causa del sedante que le inyectaron antes de acostarse. A la entrada de su cuarto, Lori reunió a todas.
-Solo les pido, de la manera más atenta -dijo Lori, una vez acostado su hermano-, que no hagan ruido. Entre la… partida de dominó extremo y la caída de la cama -añade con reservas, mirando de reojo a sus dos hermanas menores- la anestesia lo dejó molido, así que hagan el menor ruido posible.
-¡Miren! -oyeron a Lincoln, riendo como tonto- Mis manos tienen serpientes.
-¿Qué no lo golpearon entre las tres? -cuestiona Myrtle, frunciendo el ceño.
-Nadie dirá nada -remarca Lori- sobre eso. Hasta donde saben, tú -señalando a Lucy- dejaste un cráneo de resina con el que se golpeó, tú -dirigiéndose a Leni- ni siquiera estabas, y yo solo jalé de él para poder terminar de preparar la cena.
-Eso explica uno ¿pero qué hay del otro? -preguntó Lucy, sintiéndose un poco mal por lo bajo que fue.
-Golpe con la puerta al jalarlo. ¿Hay preguntas?
Sin negativas, todas fueron cada quien por su lado. Jordan, en particular, fue al baño a lavarse los dientes, teniendo cuidado de no atorar las cerdas del cepillo a los frenillos.
A la chica le cuesta mucho creer lo que Lucy hizo. En cierto modo, empieza a creer que esa chica está algo dañada de tantas novelas de vampiros que ha leído, de Bram Stoker a Stephanie Meyer pasando por la difunta Anne Rice y varios autores de fanfics. De hecho, para cuando se enteró que Lincoln la recogía junto a Lori y Leni la gótica solo llevaba una muda de ropa, su pijama y sendos ejemplares de Vampiros de Melancholia y La Reina de los Condenados consigo.
Hacer que él la manosee… recordó aquella fiesta en su casa. Por alguna razón, que ella hiciera lo mismo no se sintió tan mal en su momento, pero ver Lucy lo obligó para tratar de poner un alto a las disputas entre Leni y Lori… eso le pareció algo que los tíos de su abuela hicieron una vez durante la Segunda Guerra. Por alguna razón, a su madre le da vergüenza cada que ella se atreve a preguntar por ellos al punto de hacerse la loca.
Siendo lo más imparcial que pudo, Jordan concluyó que apenas y está en mejor posición que Lucy de criticar lo que hace. Podría ser a ojos de los Loud una cualquiera que se aprovecha del pobre diablo que la escuela ve en él, pero eso no quita que al menos una de diez hermanas le da su espacio.
Aunque por seguridad de Lincoln se quedó con Lori, esperó a que esta durmiera para tomar su bolsa de dormir y su almohada e ir donde Lincoln sin hacer ruido. Le sorprende que, para estar expuesta a una rutina que obliga a quedarse despierta aún a altas horas de la noche, ella caiga dormida en cosa de segundos, todavía más después de haber bebido suficiente agua como para levantarse en la madrugada e ir a evacuar.
Con cuidado, evita despertar a quien sea, Jordan va a la habitación del peliblanco. Este sigue despierto, pero solo se entretiene mirando un cómic bastante subido de tono con una mirada poco menos que reprobatoria. A juzgar por dicha expresión, el efecto del anestésico usado en él está remitiendo.
-¿Puedo entrar? -pidió Jordan, a pesar de tener ya toda la cabeza dentro. El peliblanco ni siquiera se inmutó- ¿Estás mejor?
-¿Tú qué crees? -cuestionó Lincoln, más bien para lidiar con las punzadas a ambos lados de la boca que por sarcasmo-. No puedo creerlo…
-¿Qué tienes?
-Un tal Napatu182 está haciendo comisiones del Mazo Completo -respondió Lincoln-. Parecen copias baratas de una de sus series. Mira, ¿crees tú que Club Nocturno tiene un trasero así? Además, ¿por qué demonios tendría sexo con Reina de Diamantes? ¡Esas dos se llevan fatal!
-Tu hermana está loca -dijo Jordan, un tanto molesta por la causa de la postración del chico.
-Loca ¿cómo? -preguntó el peliblanco, dejando de lado su laptop.
-Si no es actuando como una obsesionada de los vampiros, lo es con todas esas ideas locas que tiene -dijo Jordan, sentándose sobre la cama.
-¿Es por lo que me mandó a cirugía?
-Si.
-Mi culpa, lo sé, pero en mi defensa…
-Linc, ella está zafada.
-¿Quieres dejarme terminar? -pidió molesto Lincoln- En mi defensa, yo tuve la culpa por no pensar rápido en qué hacer. Tuve varias ideas en el momento y… ¡ay!
-Descansa esa boca, Linc -cortó Jordan al ver que Lincoln se dolía de la mandíbula.
-¡Maldita… férula! -gimió Lincoln, apretando los dientes lo más que podía.
Tomando a Lincoln por la cabeza, Jordan se plantó cara a cara. Lo último que ella quiere ver, por lo menos hasta que pase todo, es a un amigo sufrir. Así sea que él se ofreciera para remediar un pleito que no conoce bien y menos le concierne a ella.
-Escúchame con atención porque solo lo diré una vez -indicó Jordan, decidida a pasar allí la noche-. No me interesa que me sigas viendo como una amiga, Lincoln. No me importa que hagamos cosas estúpidas que al final nos obliguen a lamentar o de las que la gente se invente cualquier rumor tonto. ¡Ya ni siquiera me importa que tus hermanas me odien o lo que ellas piensen de mi o de nuestro hijo o si te arruiné la vida por él! Eres lo mejor que me ha pasado hasta hoy, maldita sea. ¿Quieres salir con alguien más? ¡Puedo esperar! ¿Hacer familia o probar suerte en la escuela nocturna? Solo… no nos olvides, pero en esto estamos juntos. Juntos, ¿me entiendes? ¡Juntos!
Estrechando el contacto con él, Jordan entierra la cabeza del peliblanco en su seno, no importándole ya que pudiera tener público o no.
Desde la puerta, Leni veía la escena con total estupefacción. La misma mirada que a menudo suele ver en sus padres cuando ellos creen que nadie se da cuenta es la que Jordan tiene en ese momento, la misma que, al menos hasta que dejó de ver a Mollie, esta tenía cada que hablaba de su hermano.
Tiene demasiado en qué pensar lo que resta de la noche. Tal vez ignore el hecho de que empezó a llover afuera, pero a su vez siente que la lluvia que representa su lagrimeo empieza a caer.
~o~
Febrero 13 de 2022
Día del Super Bowl LVI
Las noticias que me han llegado son bastante contradictorias. De hecho, una ha sido de un tratamiento que a fechas recientes se puede ya catalogar como crimen de lesa humanidad. ¿Por qué?
Entre los tratamientos prescritos hasta hace poco en México, concretamente en la capital, se brindó Ivermectina, un desparasitante de uso veterinario, se había ido suministrando no solo como medicamento de primera línea contra covid, sino que incluso hubo estudios "serios" (recién desacreditados y retirados) de gobierno que le daban aval. Esto, lejos de ser una solución, le echa más sal a la herida en un país que lo mismo recorta presupuesto de educación y salubridad que destina lo recortado de otras áreas a obras surgidas de un capricho bien intencionado.
Las otras noticias... ok. Son relativamente alentadoras, pero para nada hay que bajar la guardia. Entre lo de Noruega y Suecia, que eliminaron restricciones, e Italia, que se prepara para los carnavales como el de Venecia, me deja preocupado. Peor todavía, esto es bandera verde para muchos iletrados de mandar al carajo precauciones y decirles "oye, viejo, terminó la pandemia".
Espero que hayan disfrutado esta cita. Es un claro aviso de que estamos en la recta final de este pasquín. Por ahora...
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Sam the Stormbringer
