Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.

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Vínculos

XXIV

Sanando más de una herida

Royal Woods, Michigan

10 de abril de 2022

8:23 am

El departamento Loud

La mañana trajo consigo, contra todo pronóstico, buenas y malas noticias. Más buenas que malas, pero que por la magnitud de las últimas pesaban tanto como las primeras.

Debido al resultado positivo de su padre, todavía debían mantener distancia de la casa Loud hasta el viernes si los síntomas que presentó (leves, pero al fin síntomas) remiten o la prueba casera da un resultado negativo por tres días seguidos. Fuera de ello, ya podían salir con toda normalidad. Tanto mejor para Lucy, pues esta ya se encuentra harta del encierro y de Jordan, lo que lleva a una que, invariablemente, desagradó a las chicas Loud.

-No puedes irte -gimoteó Lucy, sosteniendo su pony de peluche.

-Tengo que hacerlo -escribió Lincoln en un pizarra-. La señora Rosato y mamá lo discutieron antes que conmigo.

-¿Por lo menos puedes dejar esa pizarra y decírmelo a la cara? -suplicó.

-Idea de Leni -escribió de nueva cuenta Lincoln, borrando y repitiendo el proceso-. Tengo que descansar la boca para que mis muelas se fijen.

-A veces actúas como un niño -dijo Lucy, quejumbrosa.

-Nadie dijo que crecer sería fácil para nadie.

Con semejante frase escrita, Lucy comprende que esa es una batalla perdida de antemano.

Una mala noticia vino no tanto con los contagios en si, sino con lo que provocó. Tener el restaurante operando solo con entregas a domicilio, con el dueño infectado y la administradora en cuarentena haciendo trabajo a distancia no solo no era barato, sino que se incorporó a una deuda derivada de la oxigenación de Lily. Con Lisa teniendo que adaptar un tanque que Luna consiguió rentado -y por el cual tuvieron que pagar una reposición-, el relleno de este provocó que la cartera familiar se viera comprometida, ni hablar del restaurante, que quedó en un ingreso bastante mermado para mantener intactos los salarios del personal.

-No, papá -corrigió Lori-. No nos conviene en lo absoluto declararnos en bancarrota. No aplicas para el capítulo 13, el 7 es de muy alto riesgo familiar y el 11… ugh, no quiero hablar de eso.

-Cariño, ahora que cerraron los botaderos tenemos que afrontar costos de otra manera -sentenció Lynn, luciendo en pantalla un poco más cansado de lo usual-. Además, ¿qué tan malo es declararse en bancarrota?

-Te lo voy a resumir -explicó Lori mientras se lleva una mano a la frente-. Para declararnos en bancarrota, el capítulo 7 obliga a ventas de bienes no exentos, el 13 a necesitar asesoría y muchísimo papeleo, y el 11 nos obliga a negociar con acreedores e inversores, entre otras cosas. En cualquier caso, se perderá más de lo que se recupera.

-Podríamos reducir costos, ya sabes. Rebajar un poco la carne o usar más conservas e instantáneos.

-Si, supongo que eso puede funcionar -medita Lori en voz alta-. No mucha gente se da cuenta.

-Le podemos preguntar a Tim.

-Eso no asegura nada. Si viene, se dará cuenta de eso.

Por último, y eso animó un poco a Leni, Lily. Dos días seguidos con pruebas en negativo sencillo le dieron algo de certeza a la familia entera. Aunque si llegó a requerir oxígeno y estuvo a nada de ser hospitalizada, la mejora a partir del martes fue palpable, y esta mañana, aunque debilitada por su convalecencia, pudo levantarse de la cama y entrar a la tina del baño.

Por primera vez en mucho tiempo, Leni siente que está siendo por completo desplazada. No se da el lujo de culpar a nadie, pero a la luz de los hechos recientes y dadas las confesiones no siente ganas reales de hacerlo aunque los implicados lo merezcan con todo el peso que les fuera posible colgar.

Tuvo una mala noche. Entre escuchar la conversación de Lincoln y Jordan en la madrugada y el dormir en el sofá, siente que la espalda la está matando. Durmió sin descansar, atribulada y con pocas ganas de ver a nadie.

Mirando a la cocina, ve a Lori hablando con su padre. A decir verdad, la nota tan agotada como a si misma, lo que le confiere un aspecto tan deprimente como el suyo.

No se dio cuenta del momento en que Lucy se sentó hasta dejarse caer sobre ella. Tal parecía que ella tampoco pudo dormir bien, pero en ella es normal. Quizá… demasiado normal para una chica linda de su edad. Con esas ojeras, fácilmente se parecería a aquella mujer vampiro de Vampiros de Melancholia, Hilda, Zelda o como sea que se llame terminado en "elda", y con unas patas de gallo que la hacen ver todavía mayor, duda muchísimo que llegue a tener novio.

-Lincoln se va con esa bruja -susurró Lucy.

-Lo sé -respondió Leni, haciendo lo posible por ignorar el peso de su hermana.

-Y hablar con él y esa estúpida pizarra es un fastidio -añade la gótica.

-Pensé que…

-Se toma su tiempo en escribir -dijo Lucy, quejándose.

-Es mejor así que hacerlo malgastar su plan telefónico -replicó Leni.

-¿De quién fue la idea?

-Mía.

Bufando, Lucy solo se levantó y se fue de ahí.

Pocas horas después, el ver desde la ventana de la habitación de Lincoln cómo este se iba con Jordan y Luna en una minivan fue un duro golpe para Leni. Lori no está nada convencida, pero la nula capacidad de la castaña para soportar el cuidado médico y su frustración por no ser de mucha utilidad en la casa convencieron a Rita -mas no a la señora Rosato, a pesar de tener que aceptarla- de que lo mejor que podrían hacer con lo sucedido en horas previas era mantener al chico lejos un tiempo de ambas hermanas mayores, y que estas no tengan más remedio que cohabitar.

Por si fuera poco, la visita que les hizo Rita -en vista que Lynn se quedó en casa pese a lo débil que se sentía- no fue muy grata para las dos. Después de un regaño severo para ambas, la distribución de los cuartos no pudo ser más contundente. Lana y Lola instalarían cámaras con sensores de movimiento que estarían enlazadas vía internet con el sistema de seguridad de Lisa, con el fin de que estas se vieran obligadas a estar en el mismo lugar 24/7 los próximos cuatro días. Fuera de eso, Myrtle seguirá ocupando el cuarto de invitados y Lucy se quedará en el de Lincoln

.

La casa de la familia Rosato no había cambiado mucho desde la última vez que estuvo allí, salvo que la piscina está cubierta -comprensible, dado que el clima ha estado horrible para nadar- y la cerca ahora tenía por encima una malla ciclónica de la que se sostenían enredaderas variadas. Fuera de eso, para Lincoln solo había un inconveniente, de esos que se tradujo en una serie de ladridos bastante animados y el sonido de garras acercándose a toda velocidad sobre la duela. Inconveniente que, una vez, lo dejó en ridículo.

"Ay, ¡¿sigue vivo ese maldito?!", se preguntó Lincoln al ver esa forma compacta de nariz puntiaguda y pañoleta roja en el cuello que reconoció al instante.

Ajax.

-¡Hola, chiquito hermoso! -saludó eufórica Jordan, recibiendo a su pequeño pastor australiano y acariciando su barriga- ¿Me extrañó mi bebé? ¿Quién lo quiere? ¿Quién lo quiere?

-Oh, no -escribió Lincoln.

-¿Qué tienes contra los perros, viejo? -cuestionó Luna, soltando su maleta y el estuche de su guitarra acústica- Charles estaría molesto.

En cuanto Ajax se percató de Lincoln, una mirada que parecía de divertida malicia se fijó en él. Sin perder tiempo, escribió y mostró a Luna la pizarra.

-Ese pequeño idiota me odia. La última vez que lo vi masticó mis zapatos cuando vine a hacer una tarea de Química.

-¿Ese perrito te odia? ¡No me hagas reír!

Acercándose, Luna quiso imitar a Jordan, pero de forma inesperada el perro se incorporó y salió corriendo.

-Es algo tímido -excusó Amaris, un tanto incómoda con el equipaje de Jordan en mano-. No le gustan los extraños.

-Se nota -escribió Lincoln, con un gesto bastante irónico en su cara.

-Es un perro bastante organizado -añade la señora Rosato-. Me enteré que varios chicos se quejaron de que Ajax rompió su ropa.

-¡No me diga! -escribió Lincoln con evidente sarcasmo.

-Ropa que ve en el suelo, la recoge -señaló Jordan-. Solo da un aviso. La siguiente, adiós.

-Así que por eso encontré pedazos de ropa aquella vez… -dijo Amaris, nada sorprendida por ello-. Jordan, ¿ cuál es la regla cuando tienes invitados?

-No… ¿andar descalzos? -respondió Jordan, encogida de hombros.

-Sobre Ajax -corrigió Amaris-. La ropa en el cobertizo o en mochilas si no quieren irse desnudos.

-Ajá, claro -sonrió nerviosa la adolescente.

-Jordan, se buena chica y ayuda a… ¿Selene? -duda Amaris.

-Luna -corrigió la rockera.

-Si, eso… ayuda a Luna a instalarse contigo. Lincoln, ¿podrías ayudarme en la cocina, por favor?

Tragando saliva, Lincoln dejó su maleta en uno de los sofás de la sala y siguió a la madre de Jordan hasta la cocina, pieza que definitivamente sería la envidia de sus padres por lo realmente espaciosa que es. Con facilidad, calcula a ojo de águila que allí cabrían sin problemas su cuarto en casa, el de las gemelas y el de Luna y Luan. Todo con tapizado a franjas rosas y blancas, como una bolsa de malvaviscos.

Sentándose en la barra, Amaris invitó con un gesto a que él hiciera lo mismo en una silla.

-Tu madre me dijo lo que pasó en el departamento donde vives -empezó Amaris, con un todo franco-, y Jordan me puso al corriente de lo que han estado haciendo. Así que, solo por si acaso, tengo algunas reglas que quisiera dejar en claro, aprovechando que vas a estar aquí, ¿entiendes?

Lincoln asintió.

-Para empezar, solo pueden invitar a un amigo a la vez. Los dos. Golpea la barra una vez si estás de acuerdo, dos si no -indicó la mujer, en tanto que él dio un golpecito con la nudillos-. Arreglé el estudio de… ugh… mi exmarido… para que te puedas quedar allí. No sobrecargues la decoración, que sabes que esto es temporal.

Otro golpecito.

-¿Tienes trabajo? -Lincoln asintió- Avisa que tu hora de llegada es a las nueve, nueve y media a más tardar. No necesitas darme nada, eso guárdalo para el bebé -dos golpecitos-. ¿Algún pero?

-El segundo turno acaba a las once -escribió Lincoln.

-¿Dónde?

-La Hamburguesa del Eructo.

-Hablaré con el gerente, es amigo mío -promete Amaris, retomando de inmediato-. Este es un vecindario tranquilo, así que por favor no hagan mucho ruido entre semana. Supongo que tú y Jordie, ya saben… tienen intimidad, ¿no es así?

-Solo hablamos y dormimos -se apresura a escribir Lincoln, sonrojado.

-¿En serio? ¿Nada que yo no haya hecho a su edad?

Avergonzado, Lincoln no calculó que la madre de Jordan pudiera ser tan ligera con ese tema en particular.

-No temas. No soy una predadora sexual, y desde esa noche en la comisaría sé perfectamente que no eres de ese tipo. Mientras yo o tu hermana no estemos, pueden hacer lo que quieran, pero no boten su ropa o Ajax la haría pedazos -dijo Amaris, sonando otros tres golpecitos, lo que dejaba lugar a una duda-. ¿Si?

-Solo fue una vez. Espero que no tenga cámaras como mis hermanas.

-Una en la entrada, dos en la sala, una en la cocina y una más en el corredor del piso de arriba, ¿conforme?

Lincoln asintió de nueva cuenta.

-Y dos cosas más -añadió su anfitriona-. Los jueves tengo mi noche de cartas con algunas amigas. No bajen a menos que sea necesario. Y aquí observamos Semana Santa. No esperes carne roja del miércoles a la Pascua. Jennifer vuelve de la Escuela de Diseño de Chávez el martes, las comidas tienen un horario y no tardamos en el baño.

-¿Algo más?

-Pueden usar la piscina solo el fin de semana, pero nada de fiestas. ¿Quedó claro?

Un último golpecito a la barra fue la respuesta del chico.

-Instálate y ve a lavarte -indicó Amaris-. Cenaremos en cuarenta y cinco minutos.

Volviendo por sus cosas, Lincoln razonó un poco. La madre de Jordan es bastante más relajada de lo que él esperaba, pero no le inspira mucha confianza. En especial saber de esas cámaras le da un cierto temor de su parte de que Lincoln quiera propasarse. Empero, por el otro lado suena mucho menos razonable que su propia madre. Quizá por eso Jordan le tiene bastante más estima de la que Pansy le tuvo a sus padres cuando ella lo presentó el día del cumpleaños de la Reina.

Viendo la recién acondicionada habitación, pareciera que todo estuviera preparado para la llegada de un bebé y, por consiguiente, la mudanza de Jordan al mismo. Le sorprende sobre todo ver juguetes de ese conejito de internet, Usagyuun, adornando la cuna que ya está armada y lista para usar.

Suspirando, solo espera a que den las seis para tomar el analgésico que le recetaron y se acuesta.

~o~

La noticia de que Lincoln se golpeó la boca el fin de semana en una larga caída por las escaleras lo tiene preocupado. Tanto más porque lleva a Liam tan a cuestas como le es posible, mas su decepción es palpable en cuanto le abren la puerta.

-Que cosas -dijo Lucy al abrir-. Ahora el movimiento LGBT es como los testigos de Jehová.

-¿Está Lincoln? -pidió Clyde, un tanto incómodo con la afirmación de la chica.

Sin más, Lucy deliberadamente estaba por cerrar la puerta cuando la voz de Lori se dejó escuchar.

-Deja que pasen.

Mascullando insultos, Lucy los dejó atrás.

Encontraron a Lori en videoconferencia con su padre (en casa) y Grant (en el restaurante), sentada en la cocina. Esta les hizo una seña para acomodarse y esperar unos minutos en lo que terminaba con sus asuntos.

-La próxima vez ten cuidado -dijo Liam, llevándose las manos a la espalda baja después de quitarse la máscara que usa, una de tela en color aguamarina-. A mi papá le urge que vuelva a caminar antes de junio para separar a los lechones.

-¿No le has dicho nada? -preguntó Clyde.

-Peor -respondió el granjero-. Se lo dije y lo tomó muy mal. Dijo que debería habérmelas arreglado con tres personas sin problema.

Liam le cuenta, a grandes rasgos, de la paliza verbal que le endosó su padre. Siendo un hombre de paz, no obstante Liam le había contado que las últimas veces que volvía de los campos. Bebía una cerveza antes de recordarle que de ser el chico más útil de la granja pasó a ser tan útil como una sanguijuela, y que con la fuerza que tiene pudo haber hecho polvo a la pandilla de Drew.

Eso, últimamente, había hecho decaer a Liam, o mejor dicho, lo hizo caer. Justo ayer, sus calificaciones estaban ya en caída libre. Podría librar sin problemas la mayor parte de las materias cursadas, pero perdiendo ya su lugar en el equipo de baloncesto (y la temporada en su recta final) por los golpes recibidos y las lesiones está claro que lo dicho por su padre era una realidad muy apelable. La propia enfermera de la escuela lo había dejado muy en claro. Aún en el caso de que Liam pudiera volver a caminar, deberá de estar sometido a una terapia y evitar cargar objetos pesados o conducir.

¿Y los responsables de ello? Impunes. Uno de los pocos beneficios que ser amigo de ese patán era una cierta inmunidad. Dado que cierto funcionario justificaba la entrada de ingresos a la escuela como donaciones, la familia de Drew se encargaba de proveer de una buena entrada, lo que al chico le da la única ventaja que Chandler no puede presumir. Drew solo tiene que asistir a clases, usar máscara y lo que fuera necesario, y sus desmanes quedarían impunes, salvo si implicaba meterse con propiedad privada.

Entre su llegada y el tiempo que a Lori le tomó atender su trabajo, pasó al menos hora y media más. En ese rato, Lucy solo salió una vez, y Leni lo hizo al menos para pasar por una caja con galletas saladas y otra con queso crema.

-¿Cómo que no está? -preguntó Clyde, sorprendido.

-Está desde ayer con Jordan -respondió Lori, repasando la alacena buscando frituras de alga tras ofrecerles una bebida.

-¿Y por qué estaría con ella? -cuestionó Liam.

-Si él tuviera algo serio entre manos nos lo diría -secundó Clyde.

-Escuchen. Lo que voy a decir -dijo Lori, sentándose frente a ellos- es serio. No sé si hayan escuchado algo de ellos dos.

-No escuchamos nada de él desde que Mollie lo hizo trizas en el estadio -mintió Clyde, sabiendo tanto él como Liam lo que se había rumorado en clases.

-Y alguien dijo que Jordan estaba embarazada de un perdedor -completó Liam, nervioso, atendiendo a algo que escuchó decir a Rusty semanas antes.

-¿Y él no les ha dicho nada? -inquiere Lori.

-De hecho casi no nos veíamos por su trabajo.

-Oh… bueno, entonces seré directa -respiró Lori, tomándose su tiempo en lo que Clyde bebía-. Ellos… están esperando un hijo.

Clyde no se esperaba eso y escupió su jugo. Liam, por su parte, solo se lleva la mano a la cara.

-¡¿Desde cuándo sabes eso?! -preguntó Clyde, aterrado.

-No es algo tan malo -reparó Lori-. No como lo creen, pero…

-¿Por eso no nos ha visto mas que en la escuela? -cuestionó Liam, más dudoso que molesto.

-No saben lo que ha sido para él tener que aguantar una vida así -explica Lori-. ¿Creen que entró a trabajar a La Hamburguesa del Eructo solo por descuentos y cosas así? Él quiso ahorrarle a mis papás un gasto más. Llegó Jordan mientras yo no estaba y… y… y ella sólo se metió a su cuarto…

Tal y como Lori esperaba, las reacciones de Clyde y Liam pasaron de la sorpresa a la meditación para luego tener un rostro pensativo. Quizás un poco rebuscado decir que Liam sonrió un poco divertido, pero de ahí él pasó de nuevo a pensarlo un poco. Con el cómo fue el encuentro entre ambos -omitiendo los detalles sucios, por pedido de Clyde en un determinado momento-, el anuncio de parte de Jordan y una muy particular reacción que solo le confesó a esta, ambos chicos solo callaron.

-… por eso es que no tuvo tiempo ya casi para ustedes -terminó Lori-. Ustedes le importan tanto como mis hermanas o yo, pero con esto él no ha tenido nada de tiempo.

-O sea… -pensó Clyde en voz alta-…, solo no sabemos que hacer.

-No es muy difícil, en realidad -replicó Lori-. Algunas amigas en Canadá pudieron ir a clases embarazadas, y no es el primer embarazo con el que he tratado.

-¿El primero? -dudó Liam, recibiendo una palmada de Clyde en la nuca.

-Sus hermanos… -reprochó Clyde.

-No voy a decirles que haga como si no supieran -pidió Lori-. A estas alturas, ya toda la escuela debe saberlo.

-No hemos escuchado nada.

-Si no, no se sabe todavía o, peor, se la han estado guardando.

Ninguno de los tres consideró que Leni se hizo presente.

Leni ahora sí comprende la magnitud de lo que ella permitió que pasara. Esa noche, recordó, se quedó dormida con Lisa después de ver una maratón de Operación: Tormenta de Postres y haber tenido una cena algo ligera. Primero Lisa cayó en sueño, luego ella tras escuchar a Lincoln anunciarse y sin devolver el saludo. Después de eso, no recuerda qué fue lo que pasó, mucho menos por qué Lisa encontró un par de calcetas que no correspondían a nadie y entregó a un vecino que, simplemente, las arrojó a la basura.

No queriendo que la vieran, solo entró a la habitación de su hermano, vuelta ahora una sucursal de la de Lucy en casa. Con cortinas oscuras, un par de veladoras dando la única iluminación y con una calavera de resina en la mesa, lo que más resaltaba allí era que, bajo dicho adorno, había un dibujo de un lobo blanco montado por un murciélago de aspecto siniestro y un cuaderno forrado en pasta dura con una etiqueta recortada y la impecable caligrafía de su hermana señalando su propiedad.

En ese momento, deseó como nunca jamás haber golpeado a su hermano ese día. Tomando el cuaderno, se puso a ojear sin pretender leer hasta toparse con una foto que la movió hasta lo más hondo que podía hallar.

En dicha foto, con la fecha de dos días después de la paliza que acusaron le dio Mollie, Lucy leía, engolosinada, un libro de La Princesa Pony para Lincoln, que tenía una sonrisa bastante bobalicona. Estando los dos en pijama, a Leni le costaba creer que sus hermanos tuvieran un poco de intimidad a ese nivel. Obviamente era estúpido hasta para Leni misma que un hermano quisiera a su hermana (a cualquiera) en un modo romántico, pero ambos se veían felices. Tanto como ella misma y Lori lo fueron hace un tiempo.

No fue hasta que Clyde entró junto con Liam que su contemplación se vio cortada de raíz.

-Perdona, creí que estaba vacía -dijo Clyde, disculpándose por entrar.

-Si, eh… -titubeó Liam-… mejor nos vamos. Dejé mi medicina en la camioneta de los McBride, y tengo que tomarla cuando mi papá no está mirando.

-¿Los puedo acompañar? -preguntó Leni, viendo lo agotado que estaba Clyde por cargar con su amigo.

En el camino, primero escaleras abajo y luego a la granja de los Hunnicut, Leni no mostró incomodidad alguna por cargar con Liam y mucho menos su silla de ruedas. Incluso se mostró lo bastante amable como para darle masaje al pelirrojo alrededor de la espalda baja, uno de los puntos más resentidos por la agresión sufrida hace un tiempo. Por ello, para cuando llegaron, Leni incluso había olvidado a dónde se dirigían, motivo por el que se sorprendió de ver un paraje tan poco frecuente en su vida.

-¿Aquí vives? -preguntó Leni.

-No es mucho, pero es mi hogar -dijo Liam con modestia.

Al ver cada detalle de la granja, le pareció gracioso que los animales le resultan. No entiende por qué Luna detestó el sitio cuando fue aquella competencia, pues para cuando ella misma y Lori fueron ambas terminaron cubiertas de plumas antes de ir a la última estación. Lori, de hecho, no soportó que una de las gallinas terminara por perseguirla cuando tomó a uno de sus pollitos, y si no fuera porque ella misma atrapó sin querer al ave lo más seguro es que ambas habrían quedado cubiertas de lodo, plumas y otras cosas.

-¿Qué es ese olor? -preguntó Leni.

-Ah, mi má está curando tocino -respondió Liam.

-¿No se saca de los cerdos?

-Si -afirmó Liam, ignorando que Clyde está palideciendo-. Tomas algo de la panza o el espinazo, lo frotas con sal, lo apilas, lo cubres con sal gorda por diez días y...

Un ruido sordo sobre la tierra le dio a ambos la impresión de que a Clyde, sencillamente, no le habría gustado saber cómo y con qué se hace una conserva.

-¿Qué dije? -preguntó Liam.

Leni, dejando de lado sus recuerdos, no evitó reír un poco antes de entrar a ambos chicos y atender el teléfono.

~o~

Las primeras dos noches en casa de los Rosato fueron de verdad un dolor de cabeza para Lincoln. De hecho, ni bien pasaron de las once de la mañana del lunes que Luna abandonó por lo, dicho en sus palabras, mirones que eran los vecinos.

Si bien no viven lejos de los Loud, el estar en una zona bastante acomodada fuera de los residenciales de Huntington Manor, razonó, trae más desventajas que las ventajas que reporta. Así, cuando Luna salió a asolearse frente a la piscina sorprendió a un antiguo compañero de escuela tomando fotografías de ángulos bastante específicos. El escándalo por ella provocado terminó siendo suficiente motivo para que esta abandonara y llamara a Leni y le diera una buena advertencia al respecto.

Entre los problemas que ha tenido Lincoln, ninguno ha sido tan agradable como los horarios del baño. Lo malo de ello es que tenían deferencia por él, y con la llegada de una chica muy parecida a Jordan (aunque era más justo decir que Jordan era casi una copia de esta, la cual asumió debía tratarse de Jennifer) estos podían tardar hasta una hora entera.

La lavandería, por el contrario, fue un verdadero dolor de cabeza.

-¿Es que no te han enseñado a separar por telas y colores? -reprochó Amaris, bastante desesperada por el modo en que el peliblanco separaba la ropa.

-¿Y cree que no? -cuestionó Lincoln, viéndose sorprendido en cuanto estaba revisando sus propios bolsillos por si encontraba algo- Lo tengo por color, ¡es más complicado de lo que parece!

-Ibas a meter a la lavadora licra con algodón -detalla Amaris, sosteniendo unos leggins pardos que, por suerte, le ha visto puestos y no se transparentan-. La licra se estira más de lo que debería si lo metes en el mismo ciclo que el algodón.

Molesto, Lincoln estuvo a nada de dejar dicha labor, mas se recordó a sí mismo que estaba en casa ajena. Peor aún, no está en casa de Clyde, donde Howard podía recibirlo con toda la cortesía y amabilidad del mundo, o con Liam, a donde lo esperaba algo de trabajo duro y alguna bebida antes de la comida. Está en la casa Rosato, donde las quejas sobre algunas conductas son constante y nada tiene que estar tan fuera de lugar por seguridad, mucho menos apelar.

Doliéndose de la mandíbula, prefirió callar y, hasta las próximas dos semanas, decidió no hablar más de lo necesario y ocupar la pizarra de Leni.

Lo peor del asunto, y no podía quejarse mucho, la comida. Dado que la señora Rosato trabaja y Jordan no ha tenido muchas mejorías, solo hay dos opciones. Comprar congelados y conservas, lo que es relativamente una ventaja para cocinar con prisas, o de plano pedir a domicilio. Con las opciones limitadas al no consumir de La Mesa de Lynn -que Amaris cree un tanto abundante para lo que ordenaron una vez, que estuvieron cenando pollo al jengibre por tres días seguidos-, lo que quedaba era tener que aguantar un poco, como supuso que hizo Jordan cuando ella se quedó en el departamento.

Por lo menos, estando ya de camino a La Hamburguesa del Eructo y confiado en que nadie lo habrá extrañado, no se dio cuenta de que alguien tiró de él estando a poco de llegar. En cuanto se percata de que algo podría ir mal, ve a cierta chica en la acera.

La cara de Taylor luce bastante más demacrada. No se presentó el lunes y el martes por enfermedad, y apenas está saliendo de una fuerte gastroenteritis, pero no es por esa razón que está tan mal. Recargada contra la pared junto a la puerta de una casa, lo que deja ver es una rabia de aquellas que quiere descargar contra el primer idiota que se le cruce en el camino.

Evitando el menor sonido posible, no obstante la chica lo detuvo en seco poniendo su brazo en el pecho.

-Tú -musitó Taylor-. Mi auto. Ya.

Sin chistar, Lincoln pensó en lo peor y en cualquier posibilidad. Conociéndola, Taylor podría ser de todo, menos una mujer fácil, pero el que vistiera de camiseta negra bajo una camisa blanca a cuadros y un pantalón corto rojo sobre unos leggins negros, muy distintos del uniforme del restaurante, no le da buena espina.

En cuanto ella abrió la portezuela trasera de un viejo Tsuru pintado en blanco con algunas grietas en la carrocería, lo hizo entrar primero. Acto seguido, entró tomando el asiento del conductor y puso el vehículo en marcha. Lincoln estuvo a punto de escribir algo en la pizarra, pero el gesto en su rostro lo hizo detenerse.

El auto se detuvo a los veinte minutos de marcha. Para entonces, habían salido ya de la ciudad y estaban en un lote de casas rodantes que a menudo se usaba para los festivales en el parque Troncos Altos.

Deteniéndose frente a una de las casas, esta se ve entera pese al deterioro. Sin esperar indicaciones, Lincoln bajó del auto y observa la hierba, creciendo como si nada de modo que podría atorar las ruedas.

-No entres -advirtió amenazante Taylor-. Seguro que mi mamá está durmiendo la borrachera.

-¿Qué? -escribió Lincoln, dudando.

-Tuvo una noche pesada, ¿si? -observó la chica, dejándose caer sobre un champiñón gigante que de todas las veces que fue usado como asiento luce ya una buena decoloración, sorbiendo un poco los mocos- El idiota de mi novio me cortó. Y deja esa pizarra.

-¿Tenías novio? -se apresuró a escribir Lincoln, ignorando a la chica.

-No sé para qué te cuento esto -dudó Taylor-, pero él… lo sorprendí tomándole fotos a una zorra en la tienda. Ese… pedazo de mierda tenía toda una carpeta en su nube, y tenía de todo. Porristas, feministas, clientes… yo… y-y las vendía -añade-. ¡El muy idiota las vendía por internet! ¡Ese estúpido me tomó como una idiota! Después de todo este tiempo ¿de qué le sirvió salir conmigo, si el cabrón prefirió a una cincuentona que lo sorprendió? ¿Y qué hay de todo lo que hicimos con el tarado de Pablo en la secundaria y la preparatoria? ¿Cómo pudo hacerme esto?

Pensando cada palabra de lo que ella dijo, Lincoln solo llegó a una conclusión. Si el novio de Taylor resulta ser el encargado de la tienda de Flip, y no hay duda de que lo fuera, tenía solo una palabra para él.

-Es un cretino -escribió Lincoln, mostrando y después borrando la pizarra para volver a escribir-. Ni siquiera te mereces a alguien tan estúpido.

-Odio que tengas razón.

-¡Taylor! -llamó una voz tras la puerta- ¿Acaso te despidieron otra vez?

-¡Es mi día libre, carajo! -respondió Taylor, ofendida.

-¡Más te vale que así sea, porque no quiero tenerte en casa ni ir con la policía de nuevo!

-Una mujer encantadora, ¿no? -repuso Taylor con ironía- El viejo se fue, apenas me veía en casa… solo no quiero terminar como una ¡bruja amargada y ebria! -añadió despectiva.

-Bah, ¡ya cállate!

-Por eso me desquito con el resto de idiotas -añadió la chica-. Los aguanto allá, la aguanto aquí. No todos tenemos suerte de tener familias como en televisión.

-La mía tampoco es perfecta -escribió Lincoln, chupando al terminar la tapa del marcador.

-¿Ah, si? ¿Por qué lo dices? ¿Por qué tuve que aguantar a la idiota de Lynn por lucirse en las visorías de las Red Stars de Chicago? ¿Por qué Luan se la pasó haciendo chistes estúpidos de lo ebria que la gente se pone si paso junto a ella en clases? ¿De lo perfecta que era Luna? No, no lo sabías, pero todo lo que quería hacer el año pasado era salir de este cuchitril, ¿y sabes por qué? Porque no soportaba la idea de que alguien tan… perfecta -escupió Taylor, añadiendo un fuerte desprecio- me quitara lo que ni siquiera tuve. Por eso me ensañé contigo hasta que vi para qué me podrías ser útil.

Levantándose de su asiento, Taylor tomó el champiñón y lo lanzó por los aires hasta que se estrelló contra el camino, saltando hecho mil pedazos.

-Eres… eres el único chico que me aguanta sin problema, Loud -añadió la chica, dejándose caer sobre la hierba-. Eres lo más cercano que tengo a un amigo.

Dejando un poco la pizarra, tomó su teléfono y empezó a escribir en el bloc de notas. Al cabo de dos minutos, se lo tiende a Taylor.

-Si, sé que mis hermanas no son perfectas -escribió-. Podrán ser insoportables a veces. Podrán ser demasiado intensas, pero ellas saben dónde parar. Dices que eres mejor que esto, no lo digas. ¿Quieres salir de aquí? Hay cosas peores que mis hermanas. Así que deja de llorar por ese idiota, de autocompadecerte y empieza a ser tú. No a la idiota que creen.

-¿Y por qué quieres ayudarme?

-Yo tampoco soy perfecto -escribió retomando la pizarra-. Solo quiero ayudar.

-No sé qué quieras de mi, pero… gracias por intentarlo.

Tomándose la libertad de hacerlo, Taylor se levantó y tiró de Lincoln hasta su auto, sentándose en el asiento del conductor y manejando todavía más lejos de Royal Woods hasta llegar tras un anuncio del canal 3, distinguible por la omnipresente cara de Katherine Mulligan. Acto seguido, se estacionó y se sacó la camisa, mas no la camiseta.

Temiendo lo que podría esperar, Lincoln solo traga saliva y mira el reloj de la pantalla de su teléfono.

-Tenía que haber entrado hace una hora -alegó Lincoln, nervioso, mientras escribía.

-Igual puedo inventarles algo -replicó Taylor, sacando una tira de condones mientras el chico está distraído-. ¿Tienes novia o algo?

Aprovechando esa pequeña ventana que le daba, Lincoln sacó su teléfono y le mostró la pantalla de bloqueo. La cambió hace apenas dos días por una captura de una grabación suya con Jordan mientras ambos veían Megalodon en su laptop, justo en el momento en que el enorme protagonista daba cuenta de un ballenato. Ambos buscaban abrazarse, pero al hacerlo chocaron de lleno las cabezas.

-Es una amiga -se apresura a escribir, tomándose un tiempo para que Taylor lea y borra para repetir-. Vamos a tener un hijo. Por eso empecé a trabajar en La Hamburguesa del Eructo.

-¿Crees que tenga problema conmigo? -cuestionó Taylor, sonando un poco extraña.

Nervioso, Lincoln buscó abrir la puerta. No tuvo éxito, pues su acompañante puso los seguros a las puertas.

Taylor, por su lado, estaba sacándose de encima el pantalón, luciendo todavía los leggins.

-No se va a enterar -animó Taylor, bajando una mano para romper sus leggins, apartar la tanga roja que viste y tomando al peliblanco por la nuca con la otra.

Todo habría salido a pedir de boca para Taylor, de no ser porque, metiendo la lengua con todo, tocó una de las muelas del chico, provocando que la mordiera.

-¡¿Qué rayos te pasa?! -gritó la chica, molesta y con la lengua adolorida.

-O… operación en la dentadura -respondió Lincoln, un tanto gutural por la molestia que este sentía por la férula-. Doble reimplante molar… duele al hablar.

-Ah… oh… bien, eso no lo esperaba -dijo sorprendida Taylor-, yo no lo… sabía.

-¿Me puedes llevar de regreso? -preguntó el peliblanco.

-Solo dime a donde te dejo -ofreció apenada la latina.

Durante el regreso a Royal Woods, el silencio incómodo se apoderó del destartalado auto. Lincoln, de nuevo, se encontraba sopesando lo que ocurrió a las afueras y la posibilidad de que Jordan lo trate igual o peor que Mollie. Tanto más con esos cambios de humor.

La sola idea de recibir una nueva paliza no le gusta nada. Salvo por los partidos en Windsor y el incidente con el oso en Churchill, no padeció tanto con los matones en Canadá. Se sintió mal por sus amigos, que tuvieron que padecer a la pandilla de Taylor en su momento hasta que estos se fueron a la preparatoria, y a Chandler y a Drew toda la secundaria y parte de la preparatoria mientras que él la pasó de maravilla al otro lado del río Detroit.

Frenando, Taylor vio lo opulento que se veía la casa de las Rosato, y en su mente no evitó hacer la comparación. Casa bonita para una remilgada estirada, un cuchitril hecho remolque para ella. Allí podría vivir como toda una reina, holgazanear y hacer fiestas como si la vida le fuera en ello, mientras que en la casa de su madre solo encontraría, por mucho, una lata de cerveza que no debe tocar, media lata de sopa aguada de la tienda con carne enlatada que aprendió a aceptar en su vida y, si acaso, algún insulto si es que su madre estaba despierta. Incluso llegó a fantasear con la posibilidad de ver si podría dejarle quedarse un tiempo. Un muy, muy… largo tiempo.

-¿Aquí vives? -preguntó Taylor, sorprendida.

-Solo unos días -escribió Lincoln-. Es la casa de ella.

-Ella, la chica que rellenaste.

-No usaría ese lenguaje, pero sí -reprochó Lincoln al responder antes de bajar.

-No se ve tan mal -dijo Taylor, fingiendo desdén hacia la casa.

Bajando del auto, y luego de un corto "te veré mañana, Rata Blanca", Taylor puso el auto en primera y Lincoln vio cómo se perdía en el camino.

Desde la puerta, Jordan había visto ese último cuadro. Si no es algo de su interés, prefiere pasar de largo, pero tratándose de a quien viera, no le tomaría mucho darse la idea de que él prefería algo más dominante.

-¿No se supone que ibas a trabajar? -preguntó Jordan, fingiendo a su vez y mal despreocupación.

-Se me cruzó y me llevó fuera -respondió Lincoln, tomándose su tiempo para escribir, borrar y repetir la operación-. ¿Quieres ver una película?

-¿Y por qué no mejor me cuentas de tu "aventura"? -picó Jordan, ya con algo en los ojos antes de apretar el trasero del chico para acercarlo- No te habrás metido con ella.

-Le mordí la lengua -replicó Lincoln con trazo un tanto errático.

-Perfume barato -susurra Jordan, olisqueando la ropa del peliblanco-, sudor…

-Lo intentó antes de la mordida -admitió el chico.

-Pues sé de una chica que le encanta que le den mordisquitos en los pezones -sonrió Jordan, tirando de él.

Dudoso, Lincoln de verdad ya entendió una frase que le repetía mucho la señora Borutski en la secundaria en temporada de exámenes. Se las arregló para zafarse de un asalto con Taylor, solo para descubrir que, con Jordan, era imposible salir quemado. En otras palabras, saltó del sartén al fuego. Había visto esas actitudes con sus padres, pero jamás se había imaginado que era por eso que él escuchaba esos "aplausos" desde la recámara cuando esperaban a Lisa.

~o~

Cuando Lincoln se fue con Jordan, en cosa de horas echó de menos la relativa paz que tenía con él, pero cuando Lucy le comunicó que Luna vendría a quedarse porque no aguantó ni un día las condiciones con la señora Rosato, lo primero que hizo fue sacar, a la sala y como si nada pasara, las cosas de Leni en cuanto esta salió a buscar trabajo.

Por lo pronto, estará con Myrtle y Lucy de aquí al jueves, pero pareciera que ambas tienen más ganas ya de irse por la tensión que se respira que de quedarse en el mismo sitio que Lori. De la anciana, es más que evidente el porqué, pero Lucy, ella no revelaría sus razones. En especial, cuando ella misma las deja bien claras y aún así cree que no la entienden del todo.

En cuanto terminó de empacar las últimas cosas de Leni, tuvo una fuerte sensación de vacío como no había experimentado en su vida. No el vacío que una salida con Bobby pudo haber llenado, sino algo mucho más desagradable, más propio de alguien que lo tendría todo y no tiene nada en realidad.

Mirando dentro de la habitación de Lincoln, era un hecho que allí solo quedan un par de posters burdamente cubiertos por otros, tanto de Lovecraft como de Stephen King, así como un reloj de pared de Muscle Fish y una pila de historietas metidas sin orden en uno de los cajones de la cómoda, cubierta ya por varias cosas de la propia gótica.

Con una sonrisa nerviosa en la boca, se dirigió al baño para enjuagar su cara un poco y verse al espejo. Aunque el espejo le devolvía la misma cara todos los días, en esta ocasión sintió que algo, más bien alguien muy diferente de ella le devolvía el gesto con un frío desdén y una mueca de rechazo.

Enjuagando de nuevo la cara, miró de nuevo al espejo, solo para ver su mismo rostro y la misma ropa de todos los días. Tal vez está algo más onerosa que de costumbre, pero sabe que no es excusa de ninguna manera de llegar tarde al restaurante.

Secando la cara, da media vuelta y casi logra retirarse, de no ser por una pequeña cosa.

-Con que arrastrándote a la porquería que llamas vida, ¿eh?

Volteando a ver, no logra divisar que nadie esté con ella. Sabe que Myrtle fue a verse con una amiga que conociera en el asilo, y Lucy le dijo que no la espere hasta la noche. El lugar, estimó, se quedaría solo todo el día.

-Que patético -escucha a la voz, que suena exactamente igual a la -. La misma Lori Loud que lloriquea porque Leni le cerró las puertas de Fairway, durmió en ropa interior con su hermano y se quejaba de todo en Canadá.

-¿Q-quién eres? -preguntó Lori, aterrada.

El reflejo que veía ya no tenía esa camiseta celeste y el pantalón de gabardina arena, sino algo más formal, un traje sastre de dos piezas en azul ultramar y una camisa blanca que realzaban su porte y talle, así como un peinado más corto del que llevaba en ese instante.

-Digamos que soy tú -respondió el reflejo-. Más bien, lo que quisiste ser. Y donde quieras llamarme "Irol" o alguna estupidez semejante, ¡te voy a…!

-Si, si, el pretzel humano, conozco la amenaza -minimizó Lori.

-No, pero tal vez te haría pasar un mal trago.

-Estás loca, Lori… -mantuvo Lori-… solo… respira profundo… solo es una alucinación del pastel que dejó Lincoln por su accidente…

-Claro, evade tus responsabilidades para con todos, imbécil -insultó el reflejo-. ¿No recuerdas el día de limpieza que le cargaste tu trabajo a Lincoln? ¿O cómo casi matas a Leni en esa piscina? ¿La vez que no tapaste los agujeros de Lucy y terminaste destruyendo la podadora por tu estúpida selfie de tractor?

-¿Quieres parar ya?

-No hasta que aceptes tu error, cabezota.

-¿Cuál error?

-Romper a tu hermana hasta hacerla polvo, escudarte con Lincoln y echarle la culpa a alguien más, como si de tus propios gases se tratara. ¿Quieres que siga? -retó el reflejo con desprecio.

-¡No son mis gases! -esgrimió Lori en defensa propia- ¡Y yo no soy tan pusilánime como crees!

-¿Ah, si? -ironiza el reflejo- ¿Y qué tal tus celos por Roberto? Tarde o temprano él te engañaría, pero ¿Alisa Barela? ¿Esa estrella pop? ¡Dios! De verdad que eso superó mis expectativas. ¡Y los medios la creían lesbiana por salir con Carlota! -añade sardónico el reflejo-. ¿Y qué puedes presumir tú? ¿Solo un asalto a un menor? ¡Ja! Qué patética.

-¿Y crees que me afecta?

-Creo que la pregunta es, querida… ¿qué no te ha afectado desde ese día?

Cansada de las mofas y el sarcasmo del reflejo, Lori hizo acopio de toda su fuerza bruta y estrelló su puño contra el espejo, haciéndolo mil pedazos.

-¡Basta! -gritó Lori a todo pulmón, viendo docenas de sí misma en cada pedazo de espejo, cada una en diferentes actitudes y acciones- ¡Ya déjame sola!

-¿Cómo siempre quisiste? -reparó uno de los reflejos, con un traje, avejentada en sus cincuenta y luciendo en los puños del saco sendas banderitas estadounidenses.

-Deja de lloriquear, perra -secundó otro reflejo, vestida como el primer reflejo y posando junto a Lincoln, con quien compartió, acto seguido, el más obsceno beso que jamás haya visto en su vida, así como una chica parecida a ambos con el cabello rubio disparejo como paja, antes de acusar-, ¡tuviste la culpa todo este tiempo!

-Eres una sombra de lo que fuiste -terció una Lori más, "vestida" con un desgarrado traje de porrista sexy, hambrienta y sucia de diversas cosas de lo que era mejor no hablar.

-Eres horrible -señaló una versión infantil de ella-. ¿Por qué le gritaste groserías a Leni?

Cada una de las Loris, creyó, se apiñó sobre ella. Acusándole de ser la peor de las basuras, en un momento vio cómo todas pudieron acabar. Ya sea en una crisis en un lugar que no conocía, el torneo de golf donde Leni la llamó idiota por única vez, muriendo sola y hambrienta en el desierto o apuñalada en prisión, temió todo posible destino, hasta que todos los reflejos se condensaron en una horrible posibilidad. No la que creyó cuando conociera por primera vez al entrenador Niblick, casada con un hombre gordo, calvo y torpe, sino algo todavía peor, mucho peor.

Se imagina ya empujando un carrito de supermercado, demente y vistiendo ropas estrafalarias, rechazada por todos sus hermanos e incluso sus padres, hablando con un muñeco de trapo y, en los pocos momentos de lucidez que tiene, vendiéndose por comida o drogas en algún cuchitril, y eso si la gente se apiada de una loca.

-¡BASTA! -gritó de nueva cuenta, cansada de todo el asunto.

Como alma que lleva el diablo, Lori tomó sus llaves y bajó a toda prisa.

.

Sentada en una de las bancas del parque Ketcham, Leni mira desganada el cono de yogurt helado que compró tras ser rechazada en el sexto negocio a donde pidió empleo.

Decaída ante su suerte, repasó mentalmente los sitios a donde fue rechazada.

El hotel y spa de la ciudad tenía cubiertas las plazas de recepcionista -para la que pedía estudios de turismo- y camarera. La tienda frente a Reininger's, Suedes for Dudes, tenía un dueño bastante empecinado en sentirse el vendedor del año y la hizo sentir incómoda al extremo. El resto, solo buscaban edecanes o trabajadores temporales, y ella es más de crear modelos, no de usarlos. Incluso, en su ingenuidad, presentó en una tienda de telas su última carpeta, dejando de tonta que le sacaran fotografías "para referencias" y despidiéndole con una sonrisa, solo para ver que, segundos después, alguien ganó bastante a costa suya.

"¿Yogurt helado? Más bien leche pasada y congelada", pensó con amargura tras pasarle solo una lamida al postre. El sabor, en otras condiciones más agradable por el endulzante y la cubierta de pistache tostado, chocolate y ositos de goma, hoy le sabía justo como su día. Agrio, acartonado y sin chiste.

No dudó en botar el cono. Al levantarse, sintió un tirón por detrás, mismo que cambió la dirección y en lugar de hacerlo tras ella, se dirigió sobre ella para revelar una pantaleta blanca con encajes en verde pastel. Acto seguido, sintió un fuerte empujón que la envío al suelo.

En la confusión, una vez que logró bajar el vestido, reconoció al chico que le hizo aquella broma como ese pesado que acosó a Lucy y era amigo de Lincoln, mismo que pudo escapar en una bicicleta.

Molesta como pocas veces, no tarda en darse cuenta de que su carpeta y su bolso fueron robados.

-¿Estás bien? -preguntó alguien tras ella.

-¿Cómo voy a estarlo? -lamentó Leni- Me acaban de robar.

-Pero ¿no te hicieron nada? -insiste la voz, tendiendo una mano bronceada.

-No, solo me… me robaron -respondió Leni, alterada por el asalto.

Mirando a su inesperado héroe, le parece recordarlo de alguna otra parte. Con ese cabello rojizo tirando a castaño, una camiseta tipo Henley y ese corte, bien podría pasar como una versión rebelde y no rubia de Blake Bradley.

-¿Quieres algo? -ofreció el chico- ¿Agua? ¿Comida?

-No, gracias -rechazó amablemente Leni-. No suelo tomar nada que me ofrezca alguien en la calle.

-Por favor, insisto -animó el chico tendiendo una botella.

-No, en serio, gracias -rechazó de nuevo Leni.

-Y menos la acepta -terció tenebrosa la voz de Lori tras ambos- de alguien de quien me advirtieron.

Tomando al chico, Lori lo arrastró un par de metros tirando de la espalda. En cosa de segundos, Drew quedó de espaldas sobre el suelo, ante la mirada de los transeúntes.

-¡Déjame en paz, mujer! -exigió este, altanero y dejando a un lado el semblante amable con que se presentó a Leni.

-Como si mi hermano no me pusiera al tanto de ti, embustero -dijo Lori, tomándolo por el cuello de la camiseta-. Me dijo que la venías acosando desde hace meses, y créeme. A ninguna persona le gustan los acosadores.

-¿Sabes quién soy? -retó altanero el chico.

-El mismo patán que golpeó a un amigo de mi hermano, ayudó a dejar inválido a otro de ellos y un cerdo que dejó embarazadas a varias chicas de la preparatoria sin hacerse cargo de ellas, ¿O me equivoco?

-¡Piérdete, perra! -maldijo Drew, atrapado, soltando un escupitajo a la cara de Lori.

La chica, sin miramientos, se quitó la máscara, limpió la saliva y, en un acto por completo impensable, lamió su mano como si de un patán se tratara, con actitud desafiante.

-No sabes con quién te metes -silbó Drew.

-No eres el primer imbécil que conozco que monta esos teatros, ¿eh? -soltó Lori, amenazante como nunca- No eres mas que un muchachito riquillo, soberbio, que solo vive impune porque papi y mami salen a limpiarte el trasero. ¿Quieres saber cómo acaban los chicos como tú cuando no hay dinero en medio?

-Mamá hará que no pise el correccional -sonrió confiado el chico-. ¡La demandará por todo lo que tiene!

-¿Unos muebles de segunda mano, un teléfono, casi mil doscientos dólares en una cuenta de banco y lo que llevo puesto? -respondió Lori, tomando la libertad de aplastar la mano derecha del chico con el pie- No me hagas reír.

Afianzando más la pisada, Lori soltó al chico después de romperle la nariz con el puño, algo costroso por haber roto el espejo del baño minutos antes.

Asombrada, y sobre todo asustada, Leni presenció el espectáculo sin pronunciar palabra alguna.

-Ven -llamó Lori-, nos vamos.

Sin chistar, Leni echó una última mirada a Drew. Patético, tendido en la acera, veía como un oficial de la policía se acercaba con duda primero y luego con un gesto triunfal.

-Sea quien sea quien te hizo esto -alcanza a escuchar al policía-, me ahorró mucho trabajo, pequeño bastardo.

-¿Eh? -gimió aturdido Drew.

-Quedas arrestado por tres cargos de corrupción de menores, pequeño idiota…

El trayecto al departamento fue más que vergonzoso para ambas. Lori había tenido noticia de Drew Gideon por las veces que Lincoln y Clyde hablaban de él. Redes, desmanes, familia, todo lo que ambos chicos supieran de él, por lo que no tardó mucho en ir a los lugares a donde Leni fue a solicitar trabajo. Que la haya encontrado en el parque fue cosa de suerte, mas no esperaba encontrarla en un estado de shock así.

Leni se siente de verdad estúpida. Por primera vez en mucho tiempo, hasta donde recuerda de estos años, no había hecho nada tan estúpido como intentar contender por la alcaldía de la ciudad sin tener veinticinco años. Eso, admite, fue porque Lynn la convenció de ello, pero si lo compara con algo de iniciativa propia… no. No se acerca ni de lejos a aquella tarde.

En cuanto a Lori, no tiene idea de cómo procesarlo. Si había ido por ella, fue más bien para intentar hablar con ella. Podría odiarla por arruinarle su futuro, pero no tanto como para permitir que un patán bien vestido y peor educado le pusiera las manos encima. Quiere desprenderse de ese odio, pero en serio desconoce cómo aún si le da muchas vueltas al asunto.

Deteniéndose, Lori tensó los brazos, teniendo las manos aún sobre el volante de Lydia. Cerró los ojos y meditó por diez segundos que se le hicieron tan eternos cono si todo fuera una película de suspenso. Nunca nada se le hizo tan eterno, y menos buscar las palabras que necesitaba sacar en ese instante.

-Yo… -empezó a hablar, respirando hondo y sosteniendo el volante con los brazos estirados, cerrando los ojos-… sentí que era mi… obligación… ¡Forma! De decir que… lo siento -bajó la cabeza tras corregirse-. Escucha, tuve mucho tiempo para pensarlo, demasiado, y, la verdad… Lincoln me enseñó bastante. No es lo mismo dejar que tu hermano conozca hasta el último lunar de tu cuerpo y viceversa a que lo hagas tú, y, bueno, yo… lo que quiero decir es que… ay… no quiero sonar tan cliché, pero ¡es difícil no hacerlo! Y menos cuando tienes una diarrea verbal, y…

Su discurso se cortó de tajo. Una estridente risotada desde afuera. Más en concreto, junto a su ventana.

-Leni… -llamó Lori, perdiendo todo aire que pretendía sonar formal.

-¿Cómo…? ¿Cómo puedes decir eso? ¡Diarrea verbal! -rió Leni, sin entender nada- ¡Ay, di… diarrea! ¡Sé que… que no es gracioso! ¡Pero mira tu cara!

Al hablar, Leni se dejó caer sin importar lo nublado que se puso el cielo y la lluvia comenzando a caer.

-¿Terminaste? -preguntó Lori, resignada a un acto tan prosaico como tonto.

Con la cara enrojecida por la vergüenza, esperó bastante tiempo hasta que Leni terminó con su efusiva risotada. La menor de las dos había bajado en lo que Lori se despedazaba tratando de disculparse, y todo lo que logró escuchar fue "una diarrea verbal". Eso le habría incomodado, de no ser porque en al menos un par de veces Luan armó en los cumpleaños de Fiona y Dana una rutina de humor simple que degeneró por accidente en la primera como comedia de retrete con la primera y un incidente que los padres de Morgsn Nordberg censuraron por inmoral la segunda a media actuación.

-¿Qué era…? -preguntó Leni, aún agobiada por la carcajada y apenas cayendo en cuenta de su situación- ¿Qué estabas diciendo?

-Olvídalo -renegó Lori, tendiendo su mano con algo que Leni extrañaba de su hermana mayor-. Vayamos dentro, no quiero que te resfríes.

Subiendo las escaleras, ambas intentaron hablar como si los restos de lo que fue una ciudad antigua, dañada por odios, mentiras, rencores y lágrimas fueran encontrados por algún pueblo y este empezó a limpiar los escombros de lo que una vez fue una edad de oro.

Al entrar, oyeron ruidos procedentes de la habitación de Lincoln. Inquietas, abrieron la puerta y se toparon con que Luna estaba en una posición bastante incómoda para ambas. Apenas tapada y a horcajadas sobre una chica castaña, de lentes y con una pierna de esta sobre el hombro.

-¡Luna! -exclamó Leni, molesta.

-¡¿Cuáles son las reglas que te dimos la última vez que viniste aquí?

Viendo cortado su acto, la chica (a la que reconoció Lori como Shannon, la hermana de Whitney) tomó su ropa y salió a cambiarse al baño.

-¿No meter a nadie a la casa?

-¿Me ayudas a recordar cómo se hacía un PRETZEL HUMANO, hermana?

-Lo que tú digas -sonrió Leni.

No dieron tiempo de explicar nada hasta que, amenaza cumplida, Luna les explicó que fue lo que pasó para su instalación allí. Un pleito con un vecino de las Rosato, un par de cervezas en un bar de motociclistas, su encuentro con Shannon en el estacionamiento y, en menos de media hora de charla, la situación caldeó lo suficiente como para buscar un lugar más privado, y por simple reflejo el primer sitio que pensó para ello fue la habitación de su hermano en el departamento.

Mientras Leni aceptaba la oferta de Lori, a un lado de donde esta yacía no se habían percatado de que algunos tréboles estaban ya en flor. Había uno de cuatro hojas cuyos botones no se desplegaron sino hasta la mañana siguiente, abriéndose el botón en una flor de color lila que parecía no ser nada especial.

Por lo que les dijo, y en resumen, Leni al fin se salió de una para caer en otra, pues tendrá la -para Luna- nada grata tarea de quedarse con su hermano en terreno de verdad hostil.

~o~

Las consecuentes llegadas de Jennifer por la tarde, o Jenny para los amigos, y Leni en la noche del martes, no fueron tan bien recibidas por Jordan. Su hermana -media hermana, de hecho- parecía una versión unos años mayor que la chica, salvo que se tiñó de rubio platinado, y por suma saludó de beso y patada (en ese orden) a Lincoln. En cuanto a Leni, su relación con la segunda hermana mayor del peliblanco es de todos conocida. Peor todavía, para el jueves, día que arrastró a su cuarto a Lincoln e hizo con él lo que su supervisora no logró ese día, Leni volvió de otra entrevista de trabajo y los encontró desnudos y en plena acción sobre la cama y, de forma nada sutil, les pidió que ya no "hicieran más bebés" porque con el que ya estaba en camino era suficiente.

Estando ya en el consultorio del doctor Feinstein, Brandon realizaba una última inspección a la férula. Jordan podía verlo desde la ventana de la puerta, y le sorprende que el proceso no le incomoda para nada. La medicina le da bastante flojera, tanto más como el hecho de que Jenny está considerando cambiar de aires porque el diseño jamás ha sido como ella lo esperaba.

-Voy s ignorar quien es tu madre, Lincoln -dijo Brandon en cuanto abrió la puerta-. No me gusta nada tener que haber cancelado mis vacaciones por no tener mi esquema completo para cruzar la frontera sur, pero dadas las condiciones… además, Puerto Vallarta no se va a mover de ahí, ¿no? -palmea la espalda de Lincoln al rematar su chiste- También voy a ignorar que quien te trajo fue tu novia.

-No es mi novia -reiteró Lincoln en la pizarra, cansado de eso.

-Ok, solo bromeaba -continuó el dentista-. Solo mantén esa boca limpia. Ya empezaron a asegurarse los capilares, así que dos semanas más aquí y en dos meses y medio será tu siguiente revisión.

-Claro.

-Ya le daré tu cuenta a Rita… Señora Lewis, su turno -llamó Brandon-. Su dentista me mandó las radiografías. ¿Ve al chico que acaba de salir? A su lado, él tuvo un paseo en el parque. Nos vemos en ocho días, chico.

Alzando los pulgares, de inmediato vio al profesional dejando la sala de espera delante de una cierta presentadora de televisión que luce de verdad luce miserable por los gemidos de dolor que emite.

-Estoy segura de que tuvo un peor día que tú -dijo Jordan, un tanto insegura.

Dicha aseveración fue confirmada cuando, a los pocos segundos, un chillido amortiguado por el chirriante sonido del taladro y una silueta a contraluz de la paciente aferrándose a la silla para resistir su tortura dejaba ver el posible horror al que casi todos rehuyen.

-Si, un peor día -remató la chica-. ¿Qué quieres hacer?

-Sabes qué quiero y qué me prohibió el dentista -escribió Lincoln.

-¿Algo más?

-No.

-¿Ni siquiera ver a Clyde?

-Te vi anoche escribiéndote con Stella -escribió Lincoln.

-No es ella -dijo evasiva Jordan-, ¿Quién te dijo eso?

Dejando la pizarra y tomando el teléfono, se apresuró a escribir.

-Después de cenar dejaste el teléfono sin bloquear. Vi el apellido Zhau y solo sé de una persona que se apellida así. Fui a su casa en noviembre y aunque intenté hablar con ella solo me estampó la puerta en la nariz y me la rompió. Le conté lo que pasó conmigo, lo que quise decirle por lo que hice mal y le pedí perdón. Hasta le dejé una nota.

»Vi que nada de eso sirvió. Lo poco que me dejaste ver fueron quejas e insultos que debí merecía escuchar. Me convenciste al fin que ella jamás me necesitó en su vida después de irse y que fui un tonto por creer que ella y los chicos podíamos llevarnos bien.

-Te daría una llave americana por no respetar mi privacidad -reprochó Jordan-, pero lo que hiciste… ¡Uy! -gruñó- Eso me gano por tener prisas para ir al baño más seguido.

-Nadie dijo que el embarazo fuera fácil -escribió Lincoln ya en la pizarra-. Cambios de humor, ganas de ir al baño, ganas de sexo -se sonrojó al escribir eso último antes de borrar-, algunos desórdenes hormonales.

-¿Qué desórdenes?

Sin perder el color, Lincoln señaló justo al pecho de Jordan al salir mientras caminaban. La blusa de esta, por desgracia, ya lucía a cada lado manchas que tenían un olor ligeramente agrio.

-¡Oye! -protestó Jordan, haciéndose un poco la ofendida- Esas ya tienen dueño.

-A mamá le pasaba mucho con las gemelas -respondió Lincoln, aderezando con un gesto despreocupado.

-Y supongo que no era solo engordar como loca.

-Cada trimestre tiene sus cosas. Lo sé bien.

-¿Sabes? Si no te conociera diría que me da miedo preguntar de dónde sacas toda esa información.

Sobre la acera, ambos se la pasaron bromeando un poco. Con la Vespa de Jordan en reparación por una fuga en el inyector, no importaba que en dos horas a Lincoln le toca entrar a trabajar, pero parecían bastante más entretenidos como para hacer caso siquiera de a dónde los guiaban sus pasos.

Un disparo que dio en la vereda frente a ellos los sacó de las risas. Con un rifle de caza en las manos, ambos voltearon para darse cuenta de que fueron a dar a casa de Mollie.

-Espero que los dos tengan una buena explicación, par de pecadores -amenazó Helen, un poco más canosa-. Por gente como ustedes nos iremos de aquí, así que quiero que me digan qué le hicieron a Mollie.

Para empeorar las cosas, Jordan, que sentía ya un poco de ganas de ir al baño, de la nada ya no tenía esa necesidad, sino la de cambiarse de ropa.

-¿Puedo usar su baño, por favor? -pidió esta.

Viendo un poco la micción en el pantalón de Jordan, Helen no tuvo reparos en maldecirse por compadecerse de una pequeña desgracia.

~o~

Febrero 28 de 2022

Año 2 de la pandemia en México/día 4 del conflicto ruso-ucraniano

Es innegable que las cosas, en este punto, llegaron a tener una extraña cotidianeidad. Apenas el jueves a las 8:00 pm UT-6 pensamos que todo estaba bien, y resulta que tenemos casi abiertas las puertas a una Tercera Guerra Mundial. Citando un meme, salen los expertos epidemiólogos, entran los expertos militares.

Dejando eso de lado, en México ya hay especialistas que están, al fin, de acuerdo con algo que venía pensando. ¿Recuerdan lo que dije de países que están levantando medidas? Aquí los expertos asumen que demebos mantener la guardia alta un tiempo más. Y si debo de ser franco, yo esperaría a que de verdad todo esto pase.

Buena noticia, el conflicto entre Leni y Lori dio el primer paso en aras de su cese al fuego. Buena noticia, Lincoln está asumiendo que su vida ya no puede sino mejorar. Mala noticia... quedan escollos por salvar y estamos en la recta final.

Por ahora...

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Sam the Stormbringer