Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
Disclaimer 2: Los materiales referidos y/o parodiados son propiedad intelectual y material de sus respectivos creadores.
Vínculos
XXV
Remanentes a purgar
Royal Woods, Michigan
15 de abril de 2021
1:58 pm
La sala de los Nordberg
Para cuando los obligaron a entrar, las paredes de la casa ya estaban vacías. Los cuadros que antes adornaban esas paredes ya estaban empacados en cajas, así como los muebles ya lucen impecables protectores de lona blanca. Todo lo que quedaba por empacar, apreciaron ambos adolescentes, eran solo las cajas y los muebles de los ocupantes de la casa.
Con una cara bastante agria, como si oliera estiércol fresco, Helen se apresuró en ofrecerles agua en vasos de unicel mientras sus -muy a su pesar- invitados tomaban asiento.
-No sé por qué rayos los tengo aquí -gruñó Helen con hostilidad-, pero quiero, ¡por una vez! Quiero entender por qué mi hija tuvo el desatino de meterse con dos personas tan poco gratas al Señor como ustedes dos.
-Yo… no tengo nada qué decir -dijo evasiva Jordan, a la par que Lincoln escribía en el teléfono-. Mollie debió de contarle lo que pasó esa noche del torneo de lucha de la escuela, y yo no podría decirle nada que ella no dijera nada ya.
-Lesbianas, bisexuales… ¡Todos son lo mismo! -dijo Helen, tomando como válido el argumento de Jordan-. Peor si quieren seguir esa… moda… de amar a dos parejas al mismo tiempo. ¿Y qué puedes decirme, Loud? -retó, cruzando los brazos para darle mayor gravedad al asunto.
-Tiene una férula dental -observó Jordan-. Tuvo un, eh… accidente.
-Siendo sus hermanas unas salvajes, no lo dudo.
-¿Quiere, por favor, no insultar? No puede hablar sin tener algún dolor -objetó la chica.
Sin darse cuenta las dos, Lincoln le tendió el teléfono a Jordan, y esta a su vez lo ofreció a Helen.
-Léalo en voz alta, por favor -pidió Lincoln a través de la pizarra.
Resignada, Helen no tuvo de otra que complacer al chico.
Nunca le falté al respeto.
Mollie era una chica genial que no se merecía lo que le hicimos. Jordan me contó lo que pasó con sus papás cuando me dijo que estamos esperando un hijo…
-¡Oh, por Dios! ¿Un hijo? ¡¿Es en serio?! -maldijo Helen, interrumpiendo su lectura.
-Por favor… -insiste Lincoln.
-Bien…
Jordan me contó lo que pasó con sus papás cuando me dijo que estamos esperando un hijo -señaló Helen con desdén al leer eso último-. Nunca encontramos la forma de contarle algo tan serio, y quiero saber quién fue quien le dijo esto.
Peor para usted, ella me buscaba. Yo no quería tener novia. No al menos sin tener ciertas seguridades. La noche que Jordan y yo hicimos eso me asaltaron y la encontré con mi cuarto a oscuras. Yo no quería, pero el cansancio de ese día aceleró todo, y quiero que sepa una cosa. En ningún momento, ni a mis hermanas, ni a Jordan, ni a Mollie o las chicas con quienes salí en Canadá, les falté al respeto. De todas ellas, Mollie es quien menos merecía eso hasta ese día del estadio.
Queríamos decirle. Cuando Mollie me mandó a la enfermería, supe que no podría hacerlo. Todo lo que supimos es que, terminando el año escolar, se irán lejos. Solo quiero, y también hablo por Jordan, que vaya a donde vaya Mollie sea feliz. Solo que no olvide que, aunque sea por un tiempo, la chica en quien más confió y algo de nieve en el tejado la hicieron feliz.
Los chicos veían que la cara de la señora Nordberg tornaba la cara con diferentes expresiones que reflejaban lo que pasaba. Decepción, ira, satisfacción, desdén, pesar… solo para terminar con la duda reflejada en su cara, pálida por la impresión que dio paso a la más brillante rabia que jamás hayan visto o verán en su vida.
-Váyanse… de mi casa -ordenó Helen.
-Como diga -balbuceó Lincoln, sintiendo ya una molestia menor, antes de tomar su teléfono.
-Bien -secundó Jordan.
-¡Váyanse ya! -gritó Helen- ¡Largo de mi casa! ¡Ahora! ¡LARGUENSE!
Sin dudarlo, apenas la vieron tomar el rifle y ambos salieron en estampida, escuchando tras de sí una serie de disparos contra la chimenea.
Ambas partes lo ignoraban, pero Mollie, quien a esa hora aún vestía el camisón de la pijama, estaba en la cima de la escalera cuando su madre empezó la lectura. Atenta al cuadro cuando se asomó y supo que no podía ser vista, escuchó cada palabra.
No se molestó en calmarse. Lo supo el mismo día que la invitaron a un chat en swiftipic pero se negó a creerlo y Artie logró hacerle olvidar eso, aunque siempre tuvo sus dudas. Sólo cuando Jordan la besó y, peor aún, le dijeron de nuevo lo que pasó, a solas y presentando pruebas, toda razón la abandonó e hizo lo que juzgó necesario. Romper toda relación con ambos y dejarle un mensaje muy claro a Lincoln de lo que le pasaría si volvía a dirigirle la palabra.
Para cuando su madre los echó, ella misma comprendió el daño que se hizo. Nunca se dio el tiempo de pensar las cosas con ella y de escucharlo a él. Ahora, gracias a su propia testarudez, se condenó a una vida donde la única felicidad que le espera es la de servir a Dios por obligación y devoción. Lo único realmente positivo que podría tener, en pocas palabras, ni siquiera le pertenecerá.
.
Los días pasaron, y así como en el confinamiento que pasaron en el departamento, las cosas con las chicas Rosato y los Loud se volvieron una especie de guerra fría. A Jordan no le parecía que Leni apartara a Lincoln a la habitación que le fue cedida a él mientras ella y Jenny lo pasaban bien, y a esta última le agrada poco la idea de que su hermana está embarazada de un chico al que tiene por adorable.
De hecho, la primera en estallar fue Jordan, y no precisamente por uno de sus cambios de humor.
-¡Jennifer! -bramó Jordan, reclamando a voz pelada mientras entraba a la habitación de esta el lunes- ¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no es el masticable de Ajax?!
-Dile eso a Linc-a-Linc -respondió jocosa Jennifer, que estaba arreglando su trenza-. En serio tiene un problema crónico con dejar botadas sus cosas botadas por ahí. ¿Por qué no se lo dices?
-Porque acaba de salir del baño con sus cosas, ¡por eso!
-Cuida tus palabras, enana.
-¿Enana?
Bufando, Jordan bajó a la cocina, mascullando insultos que prefería no escuchar antes de buscar en la alacena un paquete de tartas de tostador.
Ese mismo día, al menos una hora después, Ajax ya presumía de poder morder un nuevo "juguete", es decir un pantalón de Lincoln que tenía una pierna fuera del cesto de la ropa sucia. El chico se vio tentado de hacerle entender al pastor australiano como mejor le quiso dar a entender desde el primer segundo, de no ser porque Jordan intercedió por él de forma súbita y contundente como es tragarse la sonrisa del can como signo de culpa.
Agradecen que el autobús no pasó cerca. De todos modos, a Jordan jamás le ha gustado mucho el transporte público, y menos con la posibilidad de no verse con alguna cara conocida allí. De todos modos, la única preocupación que tenía era llenar el tanque de gasolina antes de volver, y eso implica tener que dejar a Lincoln antes.
-… y es por eso que no me gusta mucho Metal Family -añadió Jordan, una vez que estaban llegando al estacionamiento para alumnos de la preparatoria-. Victoria me parece demasiado tosca y estúpida si no saca la cabeza del casco, y no me hagas hablar de la banda sonora.
-No es como si esos tipos pensaran en algo más, digo… Luna y yo la vimos, y no es la porquería que ella dijo que era -respondió Lincoln, tomándose un poco a risa la personalidad tan "plana y sin chiste" como lo fuera Dee en el segundo capítulo de la segunda temporada-. Aunque todavía me pregunto ¿qué había en la caja 37?
-Recuerda que era esa maqueta que Glam estaba haciendo -afirmó Jordan-. ¡No es la gran cosa a la que todo el mundo le da vueltas!
Tan enfrascados estaban en su conversación que no se dieron cuenta de que algunas miradas les eran dirigidas. Algunas con algún comentario, burla o simple desdén, otros con cuchicheos demasiado irrelevantes o un corto "vaya puta descarada" o "si es cierto les invito una ronda".
La primera en desatar el infierno, sin embargo, fue Cristina. Esta, a nada de tenerlos a tiro en el corredor, solo le metió zancadilla a Lincoln en cuanto pasó a su lado.
-¿Qué te pasa, tarada? -preguntó Jordan, molesta.
-Lo siento -dijo cortante Cristina-, no hablo con mentirosas ni violadores.
-Vamos, Cris -secundó Paige, no menos a la ofensiva-. Dejemos que Loud se le insinúe a la siguiente fulana que emborrache.
-Déjalas -pidió Lincoln, algo adolorido-. No lo valen.
-Ah, claro -reprochó Paige-, como el fenómeno de cabello blanco que drogó a Rachel cuando fue la graduación del año pasado.
-¡Ni siquiera estuve allí! -objetó Lincoln.
A partir de ese momento, su día estuvo salpicado de insultos, bravatas y, al menos de parte de Jordan, un par de chicos en los basureros y la propia Cristina acusando a Lincoln de haberla violado e inducido a un cuadro de síndrome de Estocolmo. Esto, lejos de desmoralizarlos, tuvo justo el efecto contrario. Así, para cuando llegó turno de tomar Química, el propio señor Vickers se puso de lado del peliblanco solo para que lo dejaran dar su clase en paz.
Recogiendo sus cosas al final de dicha clase, no pasó mucho para que las bocinas en la escuela resonaran.
-Lincoln Loud y Jordan Rosato, por favor pasen con la señorita Takiguchi -llamó la vos de Oliver, sonando cansino-. Loud, Rosato, con la consejera escolar.
-Genial, lo que faltaba -maldijo Jordan por lo bajo.
-¿A la amargada le gusta el tarado de Loud? -preguntó burlón Chandler desde la entrada al salón.
-Señor McCann, hágame el favor de salir si no va a entregarme sus tareas pendientes -dijo Vickers sin cuidado-. Gracias al señor Loud y a la señorita Rosato tengo demasiado trabajo que hacer.
-Debo decir que te ganaste mi respeto, Larry -continuó Chandler, continuando con su mofa y haciendo caso omiso del docente-. En serio, justo cuando pensaba que eres gay…
-McCann, te lo advierto -amenazó Vickers.
-… ¡te llevaste a la cama a la lesbiana! Y Jordan, me sorprende que tengas tan mal gusto con los chicos. ¿De verdad? ¿Loud? ¿Por qué no vienes a mi casa y lo hablamos como Mollie y yo lo hicimos.
-No metas a Mollie en esto -dijo Lincoln con hastío.
-No… te atrevas -añadió Jordan, apretando el puño con que sostenía un bolígrafo.
-Señor McCann, insisto -insiste Vickers-. Largo de aquí si no tiene nada que hacer.
-A usted no le interesa, solo quiero hablar con ellos -desdeñó Chandler-. Felicidades, Lincoln, te ganaste una novia de alto mantenimiento.
Soltando una carcajada, Chandler jamás vio venir un vaso térmico volando a su cara. En el momento en que este hizo impacto, el líquido se derramó, pues dicho contenedor ya iba abierto.
-Se lo advertí, McCann -dijo calmado Vickers-. No me haga llamar a la directora Rivers. Ahora, largo de aquí.
-Buena puntería -dijo Jordan, felicitando a Lincoln.
-Quería darle más abajo -lamentó Lincoln.
-Será mejor que vayan con la consejera -dijo el docente-. Esa mujer es un dolor en los testículos, y lo último que quiero es que mi esposa diga que tengo un amorío con alguien que fácilmente podría ser mi nieta.
-No tenía que decir eso -reprochó Lincoln.
-Como tampoco debía decirle que está a nada de reprobar esta clase, Loud.
-¡Agh, por favor! ¡Entregué todos mis trabajos!
-Si, es cierto -alegó Vickers, sentándose-. Entregó sus trabajos, pero lo hizo fuera de tiempo. Algunas Bs se convirtieron en Ds por eso, y agregue que ni usted ni la señorita Rosato -señala a Jordan- presentaron un examen sorpresa que contaba como el 50% de su calificación en la unidad pasada.
Camino a ver a la consejera, Jordan trató de concentrarse. Las miradas de varios de sus conocidos se tornaron en acusaciones, insinuaciones y desprecio por sus acciones. Por lo visto, todos esos rumores sobre ellos se volvieron un semillero de chismes, del tipo de chismes en que es preferible evitar a toda costa.
No sabe lo que pasa por la mente de Lincoln. Si es preocupación de que tanto ella como él están en peligro de cursar escuela de verano o si su embarazo le complicará las cosas como para tomar el siguiente semestre a ambos, es evidente que no lo entiende.
Ya frente a la oficina de la consejera, Jordan se detiene en seco. Esto no pasa inadvertido, por lo que Lincoln se contuvo de abrir la puerta.
-Si… en algún momento llegué a faltarte al respeto -dijo Lincoln, tanteando un poco-, lo siento. En serio.
-No eres nadie que me deba una disculpa -murmuró Jordan, bajando la mirada.
-Tú misma lo dijiste, arruiné tu vida.
-Si te sirve saberlo, solo fuiste la cereza del pastel -excusó Jordan, bajando la mirada-, pero ¿sabes? No tienes que estar tan pegado a mi.
-Tengo que. No por mi… por nosotros -dijo sonriendo Lincoln.
-¿Nosotros?
-No quiero ser un padre desobligado como muchos quieren creer. Además, ya me escuchaste cuando hablé con tu mamá, solo nos ayudará el primer año y no quiero que dependas solo de eso.
-Oh… supongo que es confortante escuchar eso.
Dudando todavía de entrar, Jordan se tienta un poco de salir huyendo de allí. No quiere que aquella mujer le de ese sermón tan clásico y tan cliché de "uno tiende a hacer estupideces sin medir las consecuencias", y menos con público presente.
-No confío -agregó Lincoln, también bajando la mirada al piso y tomando la mano de la chica-, pero quiero hacerlo.
-Lo dijo porque no quiere dejarme tan sola como la abuela lo hizo con ella un tiempo -respondió Jordan.
Correspondiente al agarre, Jordan se limitó a abrir la puerta. Y si a Lincoln la vista no le fallaba, en cuanto ella giró la perilla tenía una sonrisa.
~o~
Con la instalación de Luna, Lori tuvo que tomar bastantes precauciones. No porque fuera a temer que tomaran los ahorros de Lincoln (los personales y el "fondo del bebé"), sino porque este se había vuelto un poco celoso de su privacidad en ese sentido. Lo aprendió por la mala en esas semanas de encierro, pues el incidente con las navajas fue por su culpa al creer que eran para Lucy. Esta, sin empacho, le había dicho que detestaba cierto vello, lo que explicaba por qué luego trataba de rascarse al cuarto día durante la cena.
Sinceramente, no quiere pasar por eso de nuevo.
Una vez acomodadas las cosas de Lincoln en cajas como si fueran a mudarse, Luna no tardó mucho en hacer de esa habitación una suerte de refugio para sí misma. En menos de lo que se instaló, Lori se enteró de que Luna había encontrado trabajo fuera del restaurante para no depende tanto de la familia y, debía pensar, contribuir un poco.
El problema fue que, desde el incidente con Shannon, los pleitos entre ambas eran una constante. Luna de plano había renunciado a cocinar, y a juzgar por el hecho de que Lori es quien llega tarde y el departamento se queda solo hasta que la rockera llega de una tienda de música en el centro comercial. Por consecuencia, o Myrtle lo hace -lo que a Lori le disgusta más por consideración a la anciana- o terminan cenando lo que Lori lleva del restaurante, cosa con la que la recién instalada está más que contenta.
Por otro lado, Luna sigue sin estar convencida de cómo fue que sus hermanas mayores se hayan reconciliado. Tal vez Lori admite que ya no quiere asesinar a Leni a la primera oportunidad, pero el que ambas hicieron frente común la tomó por sorpresa. Ello, lo dejó muy en claro, no le es prueba suficiente para dar por bueno que su pleito es agua pasada.
Así, al viernes Luna no solo había tenido una semana relativamente libre de tareas, sino que la habitación de Lincoln se convirtió, cosa que Lucy no tardó en decirlo un día después de que la echaran de ahí, una pocilga digna de un músico callejero. Un lugar que a menudo suele tener por mucho una ocasional bolsa de papas o un papel fuera de lugar ahora abunda de ropa desperdigada, un par de latas de cerveza y -lo que más incomoda a Lori- un par de juguetes que su hermana consiguió en el campus.
Inspeccionando la habitación, se percató de que la laptop de su hermana está en sesión abierta del navegador y en MuseScore, un programa de edición de partituras que descargó a una pen drive apenas entró a la banda universitaria. La partitura estaba a medio escribir. Por lo que parece, y la letra que le acompaña lo remarca tanto como el título de la pieza a media escritura.
-La rabiosa Laurie -leyó Lori para sí-. Ja, como si eso fuera posible.
Para su desgracia, si fue posible. Hasta donde pudo entender la letra, y le puede constar que leyó de arriba abajo y entre líneas, hablaba de dos perras callejeras que solían trabajar en conjunto hasta que la más tonta, temiendo que una familia rica la recogiera para hacerle pelear con otros perros, muerde al hijo de esta, provocando que la lista, la llamada Laurie, se le fuera al cuello a la tonta.
Lejos de molestarse, Lori soltó una carcajada. La letra, aunque incompleta y con numerosos huecos, le dejaba mal parada. La historia de la canción terminaba en una muy dudosa tregua por la camada de Laurie y los esfuerzos de la otra perra por agradar a su antes compinche mientras una gata se dedica a maullar sobre un tejado.
Desde luego, había secciones donde, a su juicio, la letra no quedaba bien con la melodía. Sabe bien que a Luna le molesta tanto que se metan con sus canciones como a Lincoln con sus juegos, pero donde decía la perra del tejado debió pensarlo reconoció que no le quedaba nada bien. Había rabia en esa letra, pero no era nada como lo que está leyendo. Ni siquiera a Doug y Michelle, los productores y presentadores de aquella telerrealidad musical, les dedicó cosa parecida.
Dejando ya la laptop donde estaba, hace de cuenta que no la vio. De todos modos, si algo tuvo que aprender a su hermano fue a no dejar pruebas si no respeta su privacidad por un hecho bastante tonto poco antes de la graduación que implicó el diario de Luna, queso para nachos, cabras y que el copete de Liam estuviera extrañamente más corto de lo usual cuando este le prestó a sus cerdos premiados.
En cuanto dio la vuelta, pisó algo de textura y sonido viscoso. Mirando a su pie, cayó en cuenta que la Luna ordenada que conocía se fue para volver hecha un desastre imperdonable. Asqueada, miró para notar que bajo ella hay un sándwich con jamón tipo Virginia que ya está algo baboso bajo la lechuga y, por tanto, pasado.
Empezando una limpieza profunda, todavía encontró más cosas un tanto cuestionables. Abunda la ropa interior de otras parejas que ha tenido recién, pero también había otro sándwich (este de jalea con crema de avellanas) sin tocar en el cesto de la ropa sucia, un six-pack de cervezas bajo la cama y una botella de whisky escocés nada barato.
Al menos llenó una bolsa mediana con la basura encontrada. Las botellas que no estaban abiertas las guardó y etiquetó, puso aparte los "trofeos" de su hermana (mismos que irán a la basura) y dejó en una repisa la única botella con escocés abierta sobre la repisa junto a un vaso bajo. Se vio tentada a hacerlo con una menta en el escritorio, pero algo en su mente le dijo que era preferible en la almohada.
Viendo la hora, decidió que no iría a trabajar. Eran ya más de las cuatro y Lucy podría llegar en cualquier momento.
~o~
Una de las cosas que más quería Leni era que Lori le perdonara. Empero, había mentido cuando le dijo a esta que solo escuchó la parte de la diarrea verbal. Incluso le sorprendió que Lori le salvara de aquél conocido de Lincoln. Por lo que este le contó en la noche, él era el responsable de que Liam esté atado a una silla de ruedas, lastimó a Clyde y encima se diera el lujo de aprovecharse de cuantas chicas confiaran en él.
No le contará, y así lo juzgó después del incidente, sobre lo que ocurrió. Quiere que sea sorpresa.
Las pijamadas en casa de la familia Rosato le encantaban. No por la posibilidad de usar la piscina o porque fueran ricos, sino porque Jenny no se guardaba nada sin perder amabilidad. Inclusive las pocas veces que la dejaban a cargo se tomaban las suficientes libertades como para invitar a algunas amigas de Jordan (y a esta) para ser sus conejillos de Indias. Eso fue antes. Ahora, después de casi cuatro años de no estar allí y con su amiga estudiando en Great Lakes City, las cosas no podían ser mejor… si no fuera por la menor.
Era evidente. Para Leni, Mollie pudo haber sido una novia excelente para su hermano. Le sorprendió saber, luego de semanas de relativo silencio, que ella fue quien lo mandó a Urgencias por lo que ella entiende todavía como una acción baja de su parte. Por unos minutos no lo bajó de patán, pero ahora que está en aquella casa prefiere estar lejos cuando Jordan se queda en casa, y sobre todo lejos de ella.
Al cumplirse ya dos semanas desde la paliza a su hermano, se encargó de llevarlo a consulta. Sin embargo, no hablaron en todo el camino. Lincoln no tenía nada que decir, y Leni solo quería pasar el rato, pero en cuanto salieron con nuevas recomendaciones decidió hacer una visita sorpresa en lo que Lincoln iba con Clyde por unos apuntes.
Nada más llegar a casa, se topó con que el búnker de Lisa está sellado con una burbuja, un arco de desinfección y etiquetas con el símbolo de "alto riesgo biológico" a los laterales. Por lo visto, el que Lily haya tenido dos días seguidos de pruebas en negativo fue un espejismo que todos vieron como una buena señal.
-Leni -llamó Lisa a través de un comunicador instalado apenas junto a la puerta, al lado de una cámara de seguridad y una pantalla-, no tenías por qué venir.
-¿Y por qué lo dices? -preguntó Leni.
-Porque la enfermedad presentó complicaciones en Lily y terminé contagiada -respondió Lisa, visiblemente preocupada-. Saturación de oxígeno estimada al 70% y descendiendo cada día, mucosidad excesiva… es algo que de verdad no quiero que veas por tu seguridad y estabilidad mental.
-Lisa…
-Entendido perfectamente que desees verla, pero dados los hechos del día que iban a inocular en nosotras el antiviral de Moderna -continuó Lisa-. De hecho tratamos de todas las formas posibles evitar una hospitalización.
-¿No puede venir un doctor?
-Claro. Porque a todos les encanta que su pediatra se ría como un zopenco o el médico de cabecera deje traumatizado a papá con un examen de la próstata no significa que minimice su trabajo.
-¿Y el resto?
-Aisladas y con papá a cargo.
-¿Puedo hacer algo por ti?
-Nada que implique un estrecho contacto.
-¿Con quién hablas? -preguntó Rita, bostezando.
-Leni a la puerta -respondió Lisa.
-¿Estás bien? -preguntó Leni, dirigiéndose a su madre.
-Solo necesito quitarme esta… cosa -jadeó Rita, apareciendo en pantalla con un traje de seguridad-. ¿Cómo estás?
-Bien, solo salí a pasear un poco.
-¿Y Lincoln?
-Sigue recuperándose de su accidente -mintió Leni.
-Todavía sigo sin entender cómo fue que Lucy dejó ese cráneo en el piso.
Hablaron por media hora. Dejando de lado a Lincoln, Leni le contó cómo eran las cosas con la familia de Jordan. Ciertamente no solo le disgusta estar cerca de donde esté la adolescente, sino que incluso hace alarde de aguante a la hora de cenar. Tal es el repelús que le ocasiona que, al menos una noche, el tacto de pies fríos la despertó.
Consciente de que su madre necesita descansar, Leni no tiene de otra que entrar a la casa.
En la sala, se encuentra con que Luan, ya instalada en la que fuera su habitación, está viendo en el televisor una grabación de la última obra de teatro a la que fue Lincoln, justo unas dos semanas después de que Lori saliera del cuarto que compartían y se instalara en la cochera. Vistiendo un pantalón de gabardina amarillo y una remera blanca, la chica veía el desastre que resultó ser la adaptación de El Conde de Montecristo tanto como obra adaptada (ya que Shannon se olvidó de un par de sus líneas como Danglars y el Jacopo Manfredi de Rex sonaba más a Hugh Jackman luego de inhalar óxido nitroso) como por la calidad de la grabación (Leni operó la cámara y la mayoría del tiempo luchó por tener una buena toma por sentarse tras la amiga del señor Bernie).
Por suerte, ya había llegado a un momento en que Lincoln estaba operando la cámara, el secuestro de Alberto de Mondego a manos de Jacopo. Este, interpretado por un compañero de clase de su hermano, daba una actuación bastante más que aceptable, y eso lo supo debido a que la toma era mucho más nítida y el dicho anciano cambió su lugar con el señor Seymour, dormido antes de dicho acto por las actuaciones infames de otros de sus compañeros, Stella (como la viuda del Barón Nargonne) y Zach (como un menguado Gérard de Villefort).
-No te vi -saludó Luan en cuanto sintió a Leni sentarse-. ¿Cómo estás?
-No quiero hablar de eso de nuevo -respondió esta, poniendo la mirada en la pantalla.
-Problemas en el paraíso, ¿eh?
-¿Paraíso? Ni loca lo llamaría así -suspira abatida Leni-. Hay demasiadas reglas, ¡tantas o más que con Lori y Lincoln!
-Eso no te impide verlo o hablar con él -razonó Luan.
-Él es el problema.
-¿Por qué piensas eso?
-Si no está trabajando, Lincoln está con esa… esa…
-Puedes decirlo -animó Luan.
-Es que suena horrible -dijo apenada Leni.
-No es nada que Lola no haya dicho.
-¡Zorra come vergas! -explota Leni, sonrojada.
-Como sigan con ese lenguaje obsceno, mamá subirá a castigarlas -advirtió Lisa desde el sistema de sonido que habían instalado hace poco.
-Como si tú fueras una chica decente -discute Luan.
-No tengo tiempo para tus sandeces, mujer -evade Lisa, molesta por llegar a eso y cortando la comunicación.
-Su mamá es todo reglas -continuó Leni-, y encima tienen una piscina que no podemos usar mas que el fin de semana.
-Se oye como si esa chica es todo un parto -dijo burlona Luan, queriendo animar el ambiente-, ¿entiendes?
-¡Ahora no! -dijo Leni, matando el chiste- Lo peor de todo es que Lincoln no quiere nada más que a esa… ya sabes qué.
-Lo mismo decía la mamá de Maggie cuando empezamos a salir.
-¿Qué?
-Ella siempre se queja de que eché a perder a "su nenita" -empezó a describir Luan-, que la obligo a tener toda su atención y a cortar comunicación con ella. Para empezar, ella quería que Maggie se quedara aquí o mudarse con ella a cualquier lado que no sea Florida. ¿Qué hizo? Maggie me siguió hasta Tallahassee. ¿Qué pasó en nuestra primera Acción de Gracias? Papá y yo peleamos porque yo no quería que pensaran mal de él. ¿Y qué hay de su graduación? Le dije a mamá que me tomaría un semestre como sabático para ir por la Costa Oeste y terminé haciéndolo para emparejarme en el mismo semestre que Maggie.
-Genial. Por lo menos ustedes se llevan bien -bufó Leni.
-No todo es mezclilla y algodón en verano -arguye la comediante, recargando su cara contra la mano en el sofá y celebrando para sí misma la metáfora que eligió-. A Maggie no le gusta que use cominos cuando cocino paletilla o pechugas, y a m me desagrada que deje solo un trago de lo que sea cada que va a la cocina todas las noches o que use mis videos como material de apoyo para sus clases. ¿Le desagrada que no tienda la cama con sábanas de algodón? A mi me disgusta el camisón de seda que Lori le mandó hace dos años por Navidad.
-Oh.
-Por cierto, ¿cómo va todo con…?
-Si vas a molestar con eso de nuevo, si. Ya estoy bien con Lori, pero sigo sin entender por qué fue por mi el otro día. Me quitó de encima a un chico que quería que le diera todo aunque me robaron el bolso, mis diseños y… y… ¡Agh!
Con el rostro pálido, Luan no esperaba esa respuesta tan explosiva.
Viendo a su hermana levantarse, decidió darle su espacio, lo que las gemelas consideraron demasiado tarde cuando Leni fue al baño.
Frente al espejo, y con la puerta cerrada y el seguro echado, a Leni le dio por abrir el botiquín y limpiar su maquillaje hasta quedar por completo al natural. Lo último que necesita, y eso lo ha tenido en claro desde hace ya casi cinco años, es que le echen en cara que luce por completo espantosa.
Ignorando a las gemelas, hace un minucioso estudio de su propia cara. Apenas y escondía unas patas de gallo, las ojeras son algo notables, las arrugas en sus pómulos apenas y se ven… y eso, para ella, es un desastre.
-¿Está todo bien ahí dentro? -preguntó Luan.
-¡Si! -mintió Leni.
-Entonces voy al centro comercial -anunció la universitaria-. Necesito comprar un par de cosas para Maggie.
Decidió quedarse un poco más en la casa. Viendo la hora, sería el momento en que Jenny bien podría invitarla a pasear, pero ya que no está Lincoln, es justo ella a quien se le pega Jordan como una etiqueta mal colocada a una góndola donde no debería de ir.
Por lo menos cree entender a Lucy pero a diferencia de su hermanita gótica, ha visto bastantes más embarazos salvo por Lori, lo que le da una excusa más que genuina para, cosa que jamás esperó en su vida sobre nadie, sentir asco. Su hermana podrá alegar cuanto quiera del odio y desprecio que siente sobre las personas falsas, aquellas que volvieron a tomar como modelo a seguir a chicas engreídas, mentirosas e hipócritas que bien ostentan autos bonitos como toda chica suburbana no perteneciente a minorías, presumen sus bebidas de tiendas aún más caras de otros lugares y prácticamente tienen a sus padres comiendo de su mano a la vez que son, como le dio a entender a Luan lo que es Jordan, una "zorra come vergas".
~o~
No puede decir que el trato que le dispensa Taylor haya cambiado mucho. Si bien por dentro del restaurante lo trata apenas mejor que al resto de sus compañeros en el turno, por fuera se ha estado ofreciendo para llevarlo de regreso hasta una cuadra cerca de la casa de Jordan. Y a diferencia de su anfitriona, Taylor supo de forma más directa y nada convencional donde estaba pintada la línea que él mismo dibujó. Tanto así, que el fin de semana alguien hizo la observación a mitad del descanso de la supervisora y, para no complicar las cosas, al terminar la jornada esta ya lo esperaba en un punto ciego de la cámara del autoservicio y quedó molido a golpes.
De tal forma, Lincoln se excusó el domingo para salir temprano y alegó que iría al supermercado por algo de espuma de afeitar. No la necesitaba tanto realmente, pero tenía que reponer el juego de trusas que Ajax destrozó en cuanto su mochila cayó al suelo de la habitación que le fue cedida, y algo así no es algo que quiera admitir de buenas a primeras frente a las chicas del turno.
El supermercado no había cambiado mucho. Si bien el gerente seguía siendo el mismo amargado que los echó a él y a sus hermanas, este se mostró reacio a creer que ese "vándalo" había crecido.
-¿Te conozco de algún lado? -preguntó este bajo una máscara de tela con el logo de los Osos de Chicago en cuanto lo recibió.
-Uh… no -mintió Lincoln, ya sin molestias para hablar.
-¿Puedo ver su lista? -cuestionó prepotente el gerente.
-Solo vine por unos calzoncillos -declaró Lincoln.
-Bien, pero te estaré vigilando, chico listo -gruñó intimidante el gerente.
-Gracias -devolvió irónico el chico.
Una vez que alcanzó el departamento de ropa, buscó un paquete de talla mediana. Agradece que, entre el trabajo, la escuela y la rutina de ejercicios que Jordan ha estado tomando casi no ha tenido tiempo de engordar ni por asomo, incluso engrosar un poco brazos y piernas, algo que le alegra un poco dados sus antecedentes de la secundaria y el tiempo que había estado fuera de circulación en cualquier deporte desde el incidente del equipo de lucha.
Eligiendo un paquete donde los tonos naranjas eran dominantes, pensó en comprar un detalle para Leni. De hecho, hacía tiempo que no pensaba en ella, y con el tiempo que estaba al pendiente de Jordan apenas y ha contado con muy pocos momentos para hablar con su hermana. Menos para tomarse un tiempo.
Ahora que hace memoria, casi todas las veces que la ha buscado está ocupada con Jennifer o ya está dormida, y el que apenas y se vieran en la comida es francamente inaceptable, pues de una charla animada como antes o cenar aparte como en semanas pasadas ahora es de comer y levantarse. Sin conversar, sin escuchar, solo eso.
Sus pasos lo llevaron a la dulcería. Conociendo a todas sus hermanas como él solo, cualquier cosa con chocolate es un buen punto de partida. Quizá no tanto con Lola, que se aficionó a los confites europeos que empezó a comprar para sí cuando cumplió nueve y ahora protege como si la vida le fuera en ello, pero el resto era tan deliciosamente fácil de convencer con una barra o incluso un beso, así sea chocolate amargo.
"Perfecto", pensó en cuanto vio el anaquel vacío. "Lo que venía a comprar y ya se terminó".
Molesto, estuvo estrujando el paquete con sus nuevas trusas todo el camino a la caja. Todo lo que pudo conseguir fueron un paquete de galletas integrales y unos malvaviscos. Algo ajustado, pero que a Leni podría gustarle.
En la fila para la caja tres, se encontró con tres personas a las que no veía fuera de la escuela hace tiempo. Clyde y Tiago por un lado -cargando un carro con las compras de la semana- y Mona por el otro, con una canasta a rebosar con chocolate amargo y semi-amargo. Soltando un suspiro, se formó justo detrás de la repostera, que puso una cara más bien aburrida. Tanto mejor para ella, pues había roto con Chandler el martes luego de que él la abofeteara en el cine.
-Es mucho chocolate para una sola persona, ¿eh? -dijo Lincoln con evidente desinterés.
-Ah. Eres tú -resopla Mona, ninguneando al peliblanco.
-¿Algún plan?
-No contigo de nuevo, Lincoln -respondió Mona-. La última vez que alguien te invitó a salir está en camino, aunque igual debo de darte las gracias por eso.
-Si no sabes cómo pasó… -replicó Lincoln, pausando y poniendo su dedo índice sobre sus labios-. Así me evito de problemas.
-Oh, como si no supieras el trauma que le hiciste pasar a Mollie cuando se enteró de tu amorío con Jordan.
-No me obligues a hacer algo de lo que me arrepienta -advirtió Lincoln, estrujando aún más la ropa interior que tiene en las manos.
-Supe que le disparó a sus padres cuando fueron a visitarla y disculparse con su mamá -picó todavía más la repostera-. No es que me importe, pero para la próxima dile a Jordan que no quiero volver a verla cerca, ¿si? Lo perra se puede conta
-Estoy así -advierte Lincoln con contundencia, tomando su mano y estrechando el índice y el pulgar frente a Mona- de echarte en cara las veces que te veías con medio mundo antes de hacerlo con Chandler de un solo golpe. Deja de hablar idioteces… o no respondo.
-Pues yo respondo por ella, vándalo -dijo siniestro el gerente-. ¿Hay un problema?
-Ninguno que amerite golpear a nadie, señor -respondió Lincoln.
-Más te vale.
Viendo al gerente retirarse y a Mona avanzar en la fila, Lincoln no puede evitar sino hacer un esfuerzo casi inhumano para aguantar decirle a Mona todas y cada una de las horribles cosas que se había ganado hace tiempo. Según recuerda, la señora Nordberg había hecho esos disparos, no Mollie, y todos al interior de su casa, no Mollie. Los diarios y blogs con noticias locales no hacían más menciones a los Nordberg que un punto final a una columna en la sección de opinión y el anuncio de una casa en venta. Fuera de todo ello, no había, ni hay, nada que valga la pena si se busca sensacionalismo barato.
Con su compra hecha (más una barra de chocolate oscuro, todo para lo que alcanzó casi todo el cambio), se vio tentado de irse rápido. Lo haría, pero de ver a Clyde y a Tiago batallando para subir sus compras. Ambos se veían agotados, y lo menos que podría hacer es darles una mano.
-Hola, chicos -saludó Lincoln, notando que, por lo visto, parecían haber comprado bastante más de lo que necesitarán para la semana.
-Oye, ¡con cuidado! -maldijo Clyde sin voltear al cargar un par de charolas con solomillo y otras tantas de lomo antes de meterlas a los asientos traseros de la van McBride.
-¿Y no pensaron en una hielera? -cuestionó Lincoln por detrás del chico de color.
-¡No! -reprochó Clyde, creyendo que era alguien más- ¡Y no necesi…!
-Hola -saludó Tiago, habiendo acabado con el detergente y subiendo.
-Ah… hola, Lincoln -aclaró Clyde, reparando en cuanto dejó su carga en el asiento-. Tenemos que hablar.
-Escucha, si es sobre cómo están las cosas con…
-Lo sabemos -dijo Clyde, un tanto incómodo.
-¿Qué tanto saben? -cuestiona Lincoln.
-Lori nos contó lo que necesitábamos saber -respondió Clyde-. ¿Sabes que eso califica como violación?
-Es lo que pensé en un principio, pero…
-¿Pero qué?
-Ah… yo… mejor enciendo el auto -dijo Tiago, incómodo con la charla.
Con el carioca ya dentro del auto, Lincoln se sintió más incómodo, si eso cabía.
-¿Por qué no nos dijiste nada? -preguntó Clyde, al fin de un largo minuto.
-No sabía hasta que Jordan se apareció en la puerta con una prueba de embarazo -contestó Lincoln-, sentándose en el asfalto y recargando su espalda contra la van.
-¿Y aún así nada?
-No me di tiempo para eso y, la verdad, no supe cómo se lo tomarían todos.
-Muchos se lo tomaron como si fuera una hazaña en cuanto se enteraron.
-¡Ahora resulta que soy un maldito héroe! -exclamó Lincoln, levantando una piedra suelta del asfalto- ¿Y por qué? ¿Por joderle la vida a una chica que solo quería a su papá de vuelta? Entonces quiero una estatua. Con una placa que diga "le arruinó la vida a Jordan Rosato" en letras doradas. ¿O tienes idea de las burlas que recibí de Chandler y Mona? ¿De los celos de Lucy?
-¡Tranquilo! -calmó Clyde, tomando asiento junto al peliblanco- Ya fue bastante por lo que dices.
-De verdad, Clyde. Lo último para lo que tuve tiempo es para mis amigos -objetó Lincoln-. Jordan no cuenta mucho ya por, bueno… tú me entiendes.
-Como no tienes idea, amigo -acota Clyde-. La doctora López atendía a varios chicos que pasaron por lo mismo que tú, y créeme que no serás ni el primer ni el último papá adolescente.
Calmado, Lincoln se siente un poco más ligero. No por la culpa que se fue por esa charla o porque el aire cálido empezó a remitir un poco por el cobijo de una nube que se cruzó, sino por ese extraño y calmante sabor del aire húmedo que se percibe en el ambiente. Refrescados por aquello, Clyde y Lincoln se levantaron y se sacudieron el polvo.
-¿Tienes planes para la noche? -preguntó Clyde.
-Tengo que estar en casa de Jordan a las ocho -excusó Lincoln-. Terminé mi turno y necesito descansar un poco.
-Tiago y yo podríamos ir a cenar.
-La señora Rosato tiene algunas reglas.
-No creo que una visita le haga daño -estimó Clyde, animado por la idea.
-¿Hacerle daño a quién? -preguntó una voz tras ambos chicos.
Volteando tras de sí, vieron que Ronnie Anne cargaba una mochila tras ella. La latina se veía bastante mejor de como Lincoln la viera la última vez, dejando las ojeras y con una expresión más animada.
-¿No se supone que debes estar en casa? -preguntó Lincoln, gratamente sorprendido.
-Tuve una pelea con mi mamá por Arturo -respondió Ronnie Anne, bajando su mochila-, y pensé que ya había tenido suficiente de mi familia un tiempo, ¿y qué mejor que mi mejor amigo para darme refugio?
-Es… complicado.
-¿Tiene que ver Jordan chica en eso?
-Se está quedando con ella unas semanas -respondió Clyde.
-Pero te puedes quedar con Lori hasta que se calmen las cosas -ofrece el peliblanco.
-¿En serio? -dudó la latina.
-Mientras no te metas con mis cosas, adelante -aceptó Lincoln-. Espero que hayas venido sola y sepas cómo llegar.
-Sobre eso… Nikki vino conmigo. La mandé a tu antigua casa.
Tomado por sorpresa, Lincoln solo se lleva las manos a la cara.
~o~
La presencia de Ronnie Anne y su amiga en el departamento fue tomada por Lori con reservas. Para no entrar en muchos detalles, Luna se molestó bastante cuando vio que su privacidad le era una vez más arrebatada, y Lucy le espetó que no debía quejarse porque ella invadió primero un cuarto que, para empezar, no era ni de lejos una pocilga.
Preocupada, Lori prestó atención a los motivos por los que Ronnie Anne volvió a Royal Woods. El pleito de esta con su madre, tal y como Clyde y Lincoln escucharon hacía días, tuvo su origen en la propuesta de esta de ir a Perú en las vacaciones de verano, cosa que a la adolescente no le agradó ni de broma. Tal fue la falta de respeto que ella sintió con la sola idea que abiertamente deseó que el doctor Santiago estuviera muerto antes de haber salido con una cualquiera a la que prefirió antes que a su propia hija. Por diez días, además de enfrentar una denuncia por intento de asesinato que quedó en nada por ausencia de los supuestos afectados -a estos les buscaban en tres estados por robos variados-, estuvo viviendo en la bodega del Mercado y, como cualquier otro inquilino, pagaba renta y mantenimiento, además de tener permiso de Bobby para tomar lo que necesitara.
Al llegar el undécimo día, su madre había llegado con la convicción de intentar convencerla de que eso no sería tan malo ir a Perú los tres, más la decisión de Ronnie Anne era tal que, para variar, hubo un ultimátum de que iba porque iba sin discusión, así le tocara viajar con una aeromoza, dopada y adormecida con destino a Lima. Ello acabó con una respuesta tan sencilla y, a sus ojos, cobarde como lo es dejar una nota sin decir a dónde iba y llevar a una amiga solo para no estar tan sola unos días.
Se lo dejó en claro. Hasta que no arregle nada, no puede meter a nadie (al igual que Luna), tendrían que hacer alguna tarea y, si están en posibilidad, cooperar para el mantenimiento. Por lo demás, pueden estar cuanto necesiten dentro de un mes.
Ronnie Anne no tenía problemas para hacer su parte, pero los problemas con Nikki empezaron justo el lunes. No solo Nikki se acabó el agua caliente, sino que el baño terminó hecho un desastre, desapareció un paquete de pantimedias y el maquillaje de Luna amaneció desparramado sobre el lavamanos.
-¿Está bien que sea tan desordenada? -preguntó Luna en cuanto salió del baño sin arreglarse.
-¿Y qué sugieres? -cuestiona Lori.
-Que eches a la rubia y nos quedemos con Ronnie Anne -propuso Luna, limpiando su oreja con un hisopo-. Cocina mejor de lo que tú lo harías aunque no huela nada.
-¿Tanto aprecio le tienes aunque te quejas de que le apestan los pies?
-Lo dices porque ella no huele nada.
-Eres peor de lenta que Leni.
-Lo que digas, Lori -dijo Luna, condescendiente-. Lo que digas. No la he visto por aquí.
-Pues te tengo noticias -dijo cortante Lori, tomando una botella de shampoo de manos de Luna-. He estado hablando con ella… poco a poco.
-¿Tanto así empezamos a romper el hielo? No lo creo…
Buscando caminar hacia la habitación de Lincoln, Lori cortó su paso en cuanto vio que la botella que tenía Luna en manos era suya, está vacía y el cabello de esta olía a mandarina, el mismo shampoo que ña rubia había comprado cuando su hermano se fue con Jordan.
-¿Qué les he dicho de usar las cosas del resto? -cuestiona Lori.
-No tenía tu nombre en él.
-Tiene una etiqueta en la tapa.
Señalando esta, el nombre Lori es lo que indica la botella con escritura clara.
-¿Me decías? -cuestiona esta, dibujando una media sonrisa con ironía.
-¿Te digo? Bien -observó Luna-, pero sé que no te va a gustar. Le voy a tener el mismo respeto a tus cosas como tú se lo tuviste a Leni cuando se quedó aquí. Así que ponte cómoda, porque va para largo.
-Ya veremos… -replicó Lori, rompiendo todo contacto con Luna y deja do que esta se fuera.
Entre tanto, Ronnie Anne hizo acto de presencia. La latina se había conseguido un puesto como lavaplatos en un restaurante chino de Beaverton. La paga no era mucha y el seguro médico brillaba por su ausencia para quien no tuviera ascendencia china, pero ya era más de lo que le pidieron para estar en turno de la noche.
-¿Qué le pasa a tu hermana? -preguntó Ronnie Anne.
-Cree que las cosas con Leni siguen mal -respondió Lori, tirando la botella vacía
-Te entiendo, pero lo último que quiero justo ahora es escuchar quejas de cualquiera por aquí -bostezó la adolescente, estirando los brazos-. Eso… e imaginar que apesto. ¿Está libre? -señala al baño.
-Luna se quejó de que Nikki se acabó el agua caliente del baño.
-O sea que solo hay agua fría.
-Si.
Resignada, Ronnie Anne solo se metió y dejó correr el agua un momento.
-¿Por qué no la invitas a salir? -preguntó antes de meter un pie bajo la corriente- ¡Su puta madre!
-Me vería rara -desestimó Lori por pena.
-¡Eso fue lo que dijo Carlota cuando Alisa la invitó a salir! -chilló la latina bajo la corriente.
-¿Alisa?
-Esa cantante, la favorita de Bobby -observó la adolescente-. La chica con que mamá lo encontró.
Soltando un gruñido, Lori solo azotó la puerta del baño y fue directo a su cuarto, repitiendo el movimiento. Ronnie Anne, dudando un momento, recordó que Bobby y Alisa tuvieron un fugaz romance antes de que esta volviera a salir con Carlota, mismo por el que terminó en el inicio de sus hostilidades.
~o~
Marzo 12 de 2022
Año 2 más 1 día de la declaración de la
covid-19 como
pandemia
Al cierre, es todo. Ya no hay más capítulos en reserva. A partir de este punto, Luanny Week mediante, tendré suerte si a la quincena termino un capítulo, aunque para lo que falta...
Ciertamente no son muchos los tiempos en que algo nos distrae de la pandemia. Es como si la Guerra Ruso-Ucraniana hiciera que todos los "pandemiólogos de escritorio", entiéndase todo el mundo, fuesen graduados de academias militarizadas y supieran de pronto qué es un convoy, qué se juega en el Donbás, por qué Putin es el hijo de Lucifer y Hitler (ok, eso no...) o la OTAN subió el pasado martes una foto con una soldado con un Sol Negro (importante símbolo de la religión pagana germana tomado por los nazis).
Lo cierto es que esta semana el presidente de la OMS señala que estamos lejos del final. Y en palabras de un familiar que está de acuerdo con ello, faltarán unos tres o cuatro años más. ¿Qué es lo que nos deja?
Esa es pregunta para otro día.
Sigan sintonizados
Sam the Stormbringer
