Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de DaniDarlingxx, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from DaniDarlingxx, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Sesenta
El auto se detiene frente al edificio de Bella, y su mano instantáneamente vuela hacia la manija.
―No te atrevas. Soy un caballero, y los caballeros no dejan que las mujeres abran su propia puerta —le digo, mi mano en su brazo más cercano a mí para detenerla.
Baja la mirada a mis dedos y luego vuelve a mirarme a mí.
―Y soy una mujer que es capaz de abrir su propia puerta. ―Quiero quitarle la sonrisa de los labios a besos por ser tan insolente.
Sin otro momento de vacilación, sale del auto, forzando más de esa extraña risa de mi garganta.
Esta chica tiene huevos más grandes que los míos, y es jodidamente aterrador pero emocionante al mismo tiempo.
Tengo que correr delante de ella para abrir la puerta de su complejo de apartamentos, mis piernas largas y el hecho de que no soy ajeno a correr, ganando contra su ritmo de caminata rápida. Sus grandes ojos marrones se clavan en mi pecho como un maldito tren de carga cuando ve que tengo bloqueada su entrada.
―¿Recuerdas lo que te dije sobre mi madre? ―pregunto, una sonrisa levantando la comisura de mis labios.
―Sí ―asiente, momentáneamente luciendo un poco confundida.
―Bueno, ella me mataría, más de lo que tú jamás tendrías la oportunidad de hacerlo, si no abro la puerta para una dama. Sé que eres capaz, y sabes que no se trata de eso, pero por una vez en tu maldita vida, Swan, déjame hacer esto por ti. ―Me inclino junto a su oreja para pronunciar las últimas palabras, encantado cuando veo que se le pone la piel de gallina en la columna del cuello. Quiero saber cómo se sentiría debajo de mis labios. Mi lengua, incluso.
Por una vez, Bella no tiene nada que decir. Abro la puerta, ella respira hondo y se dirige al edificio. Sigo detrás de ella, prácticamente flotando en el suelo con la forma en que me hace sentir.
Operación Pichón. No te olvides de la puta Operación Pichón.
Como si no lo hubiera olvidado en el momento en que abrió la puerta con ese vestido negro ajustado luciendo como mi muerte real.
Joder, tengo miedo de volver a la oficina. Angela definitivamente me va a dar mierda, pero creo que soy lo suficientemente encantador como para calmarla.
Llegamos a la puerta de Bella y, por primera vez, cuando se da la vuelta, parece un poco tímida. Me recuerda lo dulce que puede ser. Qué dulce suele ser cuando no está lidiando con mi manera de actuar como imbécil.
―Entonces ―arrastra la palabra como si no estuviera segura―, ¿esta es la parte incómoda en la que decimos buenas noches?
—Lo es —ofrezco, metiendo mis manos en mis bolsillos y apoyando un hombro contra la pared junto a su puerta.
―Digo que la pasé muy bien, ¿y prometes llamar?
Ella es tan jodidamente adorable, toda dulce e insegura.
―Ajá, y te digo que yo también la pasé bien. Y prometo llamar.
Bella mira al suelo, luego vuelve a mirarme. Soy un par de pulgadas más bajo con la forma en que me inclino, pero ella todavía tiene que estirar el cuello.
―¿Vas a llamar? ―prácticamente susurra las palabras. Me pregunto brevemente si es bipolar. Eso explicaría mucho. Pero esta no es la Isabella luchadora y que no acepta mierda de nadie, que podría absolutamente arrancarme las pelotas de mi cuerpo. Si no la hubiera visto tan a menudo a través de mi vigilancia, me preguntaría si es la misma mujer que he estado observando.
Y podría tranquilizarla tan fácilmente, pero es divertido verla retorcerse, para mí ser el gato persiguiendo al ratón por una vez.
Al menos en lo que va más allá de la pantalla.
―Hm. ―Empujándome de la pared, me acerco, viendo cómo su ritmo cardíaco aumenta en la base de su garganta. Es solo un lugar más que agrego a mi lista mental de dónde me gustaría colocar mis labios―. No sé. ¿Quieres que lo haga?
―No. ―Está tan segura, hay un dolor agudo que me recorre el pecho. Pero ese fuego está de vuelta en sus ojos, diferente esta vez. Impulsado por la necesidad y el deseo, y sí, tal vez un poco de ira. Irritación. Vulnerabilidad―. Porque preferiría que entraras y terminaras lo que empezaste.
