Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
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Vínculos
XXVIII
Lo bastante bueno es bastante bueno
Pt. 1: El final de la pesadilla
Royal Woods, Michigan
9 de mayo de 2022
10:30 pm
La habitación de Lucy Loud
En cuanto pudo sacarse a su padre y a Lana de encima, Lincoln subió al baño. Tenía una idea de qué tan pesado se podía poner su Lynn sr. por su "bebé", pero ¿Lana? Los insultos contra su trabajo los pagó siendo solo el mensajero.
En suma, no solo le tendrá que pagar al mecánico que lo atendió en Ypsilanti, sino que también tendrá que pagarle a su padre por las piezas, el servicio y algunas cosas extra "para compensar". Siente, y lo es, que es un trato injusto para lo que pasó.
Mirando al espejo del baño tiene una vista a su antiguo cuarto. Ese armario adaptado en su momento, ahora que lo piensa, es demasiado infantil. Cargado aún con esos viejos posters y con una nueva repisa que Leni debió poner después de Acción de Gracias, no lo echa de menos, menos todavía desde que lo que sucedió con Mollie hace tiempo.
Se imagina cómo podría ser el reparto de cuartos si no se hubiera ido y si Leni no abandonara sus estudios. Tendría su armario un año más hasta que ella se fuera, y como Lynn podría reclamar un cuarto más amplio tomaría posesión del que las dos mayores dejaran. ¿Remedio? Si todo salía bien en ese plano, Luna y Luan se mudarían para tener todavía más espacio y él por fin tendría un mayor lugar para él solo? Y sin pandemia en medio, en cuanto las artistas se fueran Lynn tendría por fin el espacio que quiere a costa de tener poco espacio por sus juegos de pesas.
Avanzando, caminó sobre el pasillo hasta que Lucy salió en dirección opuesta. Esta, vestida en pijama, chocó con él.
-¿No puedes fijarte por donde sales? -cuestionó Lucy.
-Pues yo no salí de la nada para tropezar -respondió Lincoln-. ¿Estás ocupada?
-¿Ya terminó tu farsa para abandonar a esa plástica? -preguntó la gótica.
-¿En qué idioma quieres que lo diga? -cuestionó a su vez Lincoln.
-En el único que conozco -respondió Lucy-. No curso ningún idioma.
-No pienso dejarla como… como un desobligado cualquiera -continúa Lincoln-. Es complicado cómo nos vamos a arreglar, pero no voy a dejar solo a mi hijo ni…
-Me estoy cansando de esa cantaleta -expresó Lucy, tirando de su hermano a su habitación.
Salvo por el hecho de que esta ya solo tenía una cama y el espacio que ocupara Lynn estuviese ocupado en su totalidad por la gótica, el ambiente de tensión que se respiraba allí fe continuo no ha cambiado en lo más mínimo. Donde estaban los trofeos y medallas, así como sus revistas, almanaques deportivos y aparatos ligeros, ahora reposan un par de ataúdes puestos en vertical tras otro que cuelga suspendido del techo. La repisa de los galardones más importantes ahora está tapizada con objetos de lo curioso a lo repulsivo, destacando un par de muñecas vudú con blusa rosa y falda roja una y camiseta amarilla y jeans la otra, ambas con cabello que, deseó Lincoln, esperaba no fuera de quien cree que son los escasos mechones.
-¿Por qué no te haces un favor y la haces a un lado? -desafió Lucy, continuando- Todo lo que tienes que hacer es…
-Te estás pasando de la raya -advierte Lincoln.
-No es como si te merecieras lo que no buscaste, menos de una oportunista.
-Jordan no es ninguna oportunista.
-Entonces demuéstrame que no tomó tu dine…
Para su horror, Lucy se cortó y llevó las manos a la boca. Lincoln, ya con la sangre cada vez más caliente, recordó lo dicho por Lori. El dinero que estaba guardando, no sus ahorros personales sino lo que estaba destinando al bebé, desapareció del frasco donde este lo tenía. Tenía pensado decirle a Nikki que tenía sus sospechas sobre ella, y ahora sale esto. La persona de quien menos había sospechado, su primera hermana menor, confesó un crimen del que iba a preguntarle última de su lista de sospechosos.
-N-no es lo que…
-¿Por qué tomaste ese dinero? -preguntó Lincoln, conteniendo su ira como le era posible.
-Este, bueno…
-No me digas… ¿el incendio que dicen provocaste hace semanas en el salón de arte con el señor Mu? ¿O el rayón en el auto de la señora Salter por negarse a llevar al grupo a una morgue? ¿O es que no le puedes pagar a Lola por un préstamo?
-No es lo que parece -dijo aterrada Lucy, perdiendo cada vez más la compostura.
-¿Qué tanto te costaba pedírmelo prestado? -dijo Lincoln, soltando a Lucy y yendo a la ventana- ¡Te pude haber prestado sin cobrar intereses!
-¿Y dárselo todo a esa…? -espetó Lucy, abriendo a la puerta en el peor momento posible.
-Lincoln, que bueno que… -dijo Jordan al ver al chico.
-¡Que no es una cualquiera! -exclamó Lincoln, descargando un puñetazo con la izquierda.
El golpe que iba a ser para la puerta no pudo caer en peor sitio, pues al darse cuenta de que Lucy abrió ya era tarde para desviar a la misma, estrellándose el puño en la cara de Jordan. Esta, a causa del golpe, cayó de espaldas al suelo, inconsciente.
En ese segundo, el respeto que le tenía a Lucy se fue por completo al caño.
Previendo el escenario, y habiendo tenido experiencia con Lynn en el pasado, Lucy pasó directamente a la ofensiva, golpeando en el torso a Lincoln. Este, sin perder el tiempo, le dio un recto al ojo izquierdo y quiso aprovechar esa ventana para someterla, pero su hermana no cayó tan rápido, soltando algunos golpes más y rasguñando su cara antes de mandarlo al suelo.
-¡Intenté protegerte cuando pude! -escupe Lincoln- ¡Ahora te haré añicos!
Tan pronto como gritó eso, Lucy tomó un calcetín y, cual garrote vil, lo usó para ahorcar a su hermano. Forcejeando, el peliblanco tomó los brazos de su hermana e intentó separarse de ella para tomar una mayor ventaja.
No lo haría.
-¡¿PERO QUÉ RAYOS LES PASA A USTEDES DOS?!
El estruendo de la voz de Lynn sr. les tomó por sorpresa. Si bien Lucy lo ignoró, Lincoln se debatía entre seguir en su contraofensiva y ceder.
-¡Se supone que son hermanos! -continúa el padre de familia, tomando a Lucy y forzando a que rompiera todo contacto.
En el acto, tanto Rita como Amaris auxiliaron a sus respectivos hijos. El resto, con la excepción de Lisa, hizo acto de presencia para no perder detalles o socorrer en lo posible.
La siguiente hora, ya con las caras amoratadas y, para desgracia de Lucy, una confesión que a todos tomó por sorpresa sobre el incidente, los tres padres de familia se sentaron avergonzados. En todo caso, y en esto no dudaron en acordar de muy mala gana, los futuros padres fueron víctimas de su propia confianza en ellos.
En lo que sus padres hablaban con Lucy, si es que los gritos desaforados de Lynn y Rita y las llorosas disculpas de la chica se podían considerar un diálogo, Lincoln se ofreció a acompañar a las Rosato al auto de Amaris.
-Quiero saber una cosa, Lincoln -dijo Amaris, una vez que Jordan fue recostada en el asiento trasero del sedán de la familia Rosato-. ¿Por qué tenías que meterte en problemas con tu hermana?
-Cosas de hermanos, no lo entendería -respondió Lincoln, cansado y sin ganas de discutir.
-Si fueras el bruto neandertal que fuiste esta noche y no te tuviera respeto alguno, créeme que llamaría a la policía para que te arresten por agresión -dijo Amaris, torciendo los labios en una mueca despreciable.
-¿Gracias? -repuso Lincoln, dudando de si la vio cerca o si corrió con demasiada suerte.
-Tienes suerte de que tu hermana tuviera una cámara instalada en el pasillo y me comprobara que no fue adrede, pero la próxima vez piensa en buscar un abogado.
-Como si me faltaran más problemas -minimizó el peliblanco, dando algo de importancia en el fondo y pensando en hablar con Lisa sobre tener cámaras hasta en el baño de nuevo.
-¿Y qué era eso tan importante que querían decirnos? -preguntó Amaris, viendo que eso había quedado pendiente.
-¿Por qué quiere saberlo?
-Jordan cree que necesitará tomarse un año para… ya sabes… terminar bien su embarazo.
-Ah, eso -dijo Lincoln con la cabeza gacha-. No voy a mentir. Ese es el plan. Que ella descanse lo que sea necesario mientras se recupera del parto en un año, y yo voy a estar trabajando a tiempo completo mientras.
-Es bueno que digas eso -suspiró la mujer-. Fuera otro, no sé, el chico McCann o Gideon, se haría el desentendido y se iría a la primera.
-Ajá.
-Voy a ser directa contigo, Loud -advierte la señora Rosato-. Vuelve a pasar algo así con Jordan, y yo misma me encargaré de que no veas ni a Jordan ni a mi nieto.
-Estoy consciente de ello -aceptó Lincoln-, y si hay algo que debe saber es que me voy a hacer responsable en lo que pueda y como deba.
Mirando al chico con inicial enfado, al ver la expresión sincera de su rostro le recuerda un poco a ella misma cuando tenía su edad. Alguien cuya relación con la madre de su entonces novio no era nada buena y tenía que cuidar las formas. Le agrada pese a sus evidentes diferencias, y el que se disculpe con sinceridad por todos los problemas ocasionados esta noche le hace entender lo difícil que sería para él cuando le toque enfrentar a sus padres en privado.
-No me queda de otra más que aceptar los hechos -dijo Amaris.
-¿Qué?
-Tal vez me estoy excediendo un poco, pero espero que esta sea la última vez que le tocas un cabello a mi hija y la lastimas. Capisci? ¿Queda claro?
-Transparente.
Una vez que las Rosato dejaron la propiedad, Lincoln asume que no le fue tan mal. Punto a su favor, con la madre de Jordan quedó en una advertencia tan clara como la que Lucy le dedicó a Jordan, si es que hay comparación posible entre eso y una amenaza de muerte. Punto en contra… invariable tendrá que confrontar a sus padres. A su madre, por raro que suene, en el mejor de los casos, y a ambos en el peor.
Otro tanto a en contra, y este le va a doler, Lucy. Después de esta noche, va a hacer lo posible por tener de vuelta ese dinero, así le tenga que cobrar intereses sin importar que sea su hermana. Tal vez exageró, ahora que lo piensa, pero si algo aprendió en Canadá entre muchas otras cosas fue a tener en cuenta la separación de familia y negocios, especialmente cuando de dinero se trata.
Sin esperarlo, ya sentado en el porche de la entrada, Lisa se sienta a su lado.
-Supe del bochornoso espectáculo que diste en el piso habitacional -dijo esta con voz cansina.
-Ni me lo digas -suspiró Lincoln-. ¿Sigues todavía con las cámaras? ¿lectores térmicos? ¿micrófonos en el techo? ¿o preferiste insertar chips con micrófono en el…?
-Lola me contó -respondió Lisa-. La última vez que hubo limpieza profunda, mamá me hizo retirar todas mis cámaras y micrófonos, a los pocos días de que ustedes estuvieran en cuarentena.
-Oh, si… Lola.
-Supongo que Lucy llevó tu paciencia al límite -teorizó Lisa-, y en su defensa…
-¿También tú? -cuestionó Lincoln- ¡Ay! ¡Esta noche no puede irme peor!
-Solo trato de decir que ella últimamente no ha estado bien en la escuela para lo que es ella -corrige Lisa, removiéndose un poco-. Desde que volvió se tornó muy conflictiva, y quizá esa manía que tiene por cavar tumbas desató algo en ella… ¿sabes lo que es la sublimación cognitiva?
-No estudio psicología -dijo Lincoln.
-Bien, me haces manita de puerco -dijo Lisa, torciendo un poco los ojos-. Supongamos que tienes, en el caso de Lucy, ese desagradable hábito de excavar. Moral y socialmente reprobable, sobre todo si tienes una manifiesta tendencia a profanar tumbas.
-Oye, despacio, cerebrito -dijo el peliblanco.
-Ahora. El tiempo que estuvo allá, ¿no percibiste algún cambio inusual en ella?
Haciendo memoria, Lincoln no tardó en dar pie a que su hermana estaba realmente estresada. Sin cavar, todo lo que había hecho hasta entonces era por demás inusual. Entre las amenazas de muerte a Jordan, el que -con más calma- descubriera que el vello en sus navajas era de color negro y que incluso dejara en la comida cualquier cosa de color verde fueron hechos que pasó por alto.
Lo que si no pasó por alto es que, en una de esas, el cesto de basura de su cuarto amaneció limpio cuando Jordan pasó a vomitar de nuevo en una de esas noches difíciles. Preguntó a Lori, quien esa vez le respondió que Lucy se mantuvo despierta hasta las cinco y escuchó arcadas proceder de su habitación y el baño, así como también desapareció un par de broches de la embarazada y, cosa que le parecía muy rara, un mechón de su propio cabello.
-Veamos… cosas desaparecidas, amenazas, usó mis navajas…
-Lo diré en forma clara y directa, primate. Lucy reprimió por mucho tiempo el extrañar a Lynn -declaró Lisa, limpiando sus lentes-. Al perder a su "compañera de vida" (aunque el término no me gusta por su romanticismo bobo e insufrible), Lucy buscó razones para discutir, pero nadie llenaba el perfil que le dejó Lynn. Reprimió esa necesidad suya de buscar conflictos y se enfocó en tratar de ser la misma Lucy de toda la vida, pero en cuanto se vio sujeta a confinamiento por culpa de Lily y posteriormente mía y de papá, dicho en un lenguaje coloquial y figurativo, estalló la burbuja.
-Amenazó de muerte a Jordan.
-En parte fue por el acoso que recibió de Kari Wahlgren por asociación -acotó Lisa-. El parecido fisionómico de ambas es impresionante si las comparas.
-No tuve el gusto.
-En cuanto a tus ahorros, en parte fue por esta sublimación cognitiva y por haber incendiado por accidente el gimnasio frente a la directora Ramírez. Era pagar y reparar los daños o ser expulsada por ello.
-Pues ¡felicidades! -dijo Lincoln, sarcástico- Pagó sus desastres y ahora tengo que ver cómo demonios me las debo arreglar para no depender de nadie. Sin préstamos, sin trucos…
-Yo podría…
-Y nada de tratar de invertir en una Bolsa de Valores -añadió Lincoln-. No tengo ni la más remota idea de cómo sobrevivir a un día en Wall Street.
-Bien, ese era mi plan B por si el restaurante era cerrado -atajó Lisa, acostándose en el piso del porche-. El plan B contigo es algo más, digamos… cuestionable.
-¿De qué se trata?
Adentro, tanto Lynn sr. como Rita escucharon atentos hasta la parte de Wall Street, dejando que el chico se intente explicar.
-Así que dijiste que no se las podría arreglar solo -reprochó Lynn, sacándose la corbata.
-No saques mis palabras de contexto -reprochó Rita, volviendo a la mesa del comedor para alzar la vajilla-. Tú fuiste el que dijo que Lori no se las iba a arreglar sola con él. ¿O te tengo que recordar que la primera semana me estuvo rogando para convencer a Lincoln de volver?
-Si, bueno, un error lo tiene cualquiera -dijo Lynn, excusándose.
En el acto, Lincoln entró hecho de nuevo una tromba con Lisa tras él.
-Solo sería un breve resumen -dijo Lisa.
-¿Y porque me crees un ingenuo crees que voy a caer en eso? -preguntó retórico Lincoln- Gracias, pero no, gracias.
-¿Ahora qué? -preguntaron ambos padres.
-Tres palabras que mantienen a cualquier adolescente lejos de ciertos bancos -dijo Lincoln alzando la voz-. Muestras de semen.
-¡Lincoln! ¡Esa no es forma de…! -exclamó Rita, renovando su enojo de horas antes.
-¡Me voy a la cochera! -anunció el adolescente, yendo por unas mantas y, en cosa de segundos, tomando rumbo hacia allá para sacar a Luan de dicho lugar.
-¿No van a decirle nada? -cuestionó esta, entrando molesta.
-Creo… que lo dejaremos pasar por hoy -anunció Rita-. Ya tuvimos suficiente con que golpeara por accidente a esa chica y… lo otro. Hablaremos con él en la mañana.
-Pero mamá… -protestó Luan.
-Ya escuchaste a tu madre -cortó Lynn-. Mañana hablaremos con tu hermano. ¿Puedes dormir en su cuarto?
-Eso es un asco.
-Es eso o Lola.
Con su molestia en manifiesto, Luan concluyó que era peor idea desafiar a sus padres y soportar los ronquidos de Lola.
~o~
Clyde no podía estar mejor.
No era tanto por la noticia de que la pandemia entró en el país a nivel de endemia, cosa que sus padres temían mucho más que la posibilidad de un contagio, sino porque por fin hay oportunidad de que muchos dejen de considerarlo como el hospital andante a sus espaldas.
Y se pone mejor, pues luego de semanas a la baja en contagios y sin registrar muertes, ya era justo para muchos que la dirección de la escuela tomara la decisión (para muchos imprudente, para otros más que justa, para varios más una prueba irrefutable de que tenían razón todo el tiempo con el "coronatimo") de dar por hecho que habrá un baile por el fin de cursos.
En otras circunstancias, Clyde habría rechazado ir, pero lo que le sacó de sus casillas es que muchos de sus compañeros y él mismo, cosa última sorprendentemente, están bastante animados como para ofrecer sus servicios como acompañantes para quienes no tienen pareja.
Lo único que enturbia el hecho son tanto Liam como Lincoln. El peliblanco definitivamente no podrá asistir, en vista de los hechos recientes, mientras que las cosas con el cobrizo no hacen sino irse más al demonio en esa silla de ruedas. Es como si su orgullo por intentar moverse y buscar tareas donde pueda ser considerado útil o adaptar las mismas a su, así lo ve, patético estado.
Nada más los ve llegar, Liam tiene bastantes problemas para subir por la rampa y entrar, y lo último que quiere tener en mente es la recatada y alocada noche que todos esperan, maestros la primera y estudiantes y chaperones el resto. Es, por desgracia, uno de los dos discapacitados de toda la escuela, contando a Hassan, y el único que necesita esa rampa, misma cuyo punto más alto está ocupado por Rusty y compañía. Habría pasado todo sin incidencias, de no ser porque el larguirucho cobrizo puso un palo de escoba a modo de pluma de estacionamiento.
-Jódete -dijo Liam, viendo cómo Rusty le tiende la mano en ademán codicioso.
-Oye, ¡es para una buena causa! -replicó Rusty- Drew necesita salir bajo palabra por los supuestos embarazos que le colgaron encima.
-¿Y te parece justo lo que ustedes y él me hicieron? -preguntó molesto el granjero.
-Ya déjalo, Liam -animó Lincoln-. La escalera no es tanto problema.
-¿De verdad? -preguntó Papa Ruedas, dejando una grasienta hamburguesa con doble carne y tocino- Entonces pagarán igual si entran por donde quieran.
-Sin libertad de paso, idiotas -secundó Llanta Ponchada, animado por la noticia del baile-. O nos pagan o…
-¿O qué piensas hacer? -cuestionó con severidad Liam- ¿Lanzarme por las gradas del estadio de nuevo?
-Es una buena idea -dijo Rusty para sí, sonriendo.
-¿Y por qué mejor no mejor te vas al cuerno? -intervino Clyde, indeciso entre retirarse con sus amigos y plantar cara.
-Ya déjenlo -murmuró Lincoln a ambos con tono sombrío-, no valen la pena.
-Pero miren quienes vinieron arrastrándose a mis pies -saludó irónico Rusty-, el gay, el chico estiércol y el imbécil.
-Ahora menos lo vale -murmuró Clyde a Lincoln.
-¿Qué? ¿Ahora el hombre del plan se hizo el imbécil incestuoso?
Habiendo dado la vuelta e intentar hacer a Llanta Ponchada a un lado, Lincoln paró en seco. Los intentos de matones no se dieron cuenta, pero Liam y Clyde vieron como el peliblanco apretó los puños antes de relajarse.
-Creo que me quedé sordo, Rusty -dijo Lincoln, tratando de sonar calmado-. ¿Me lo puedes repetir a la cara.
-Y hasta para eso es un retrasado -celebró Rusty, sonriente-. ¡Quiere que se lo repita!
-¿Por qué no vienes y me lo repites? -insiste Lincoln.
Sin intención de dar respuesta, Rusty descargó el puño sobre la nuca de Lincoln, mandándole al suelo. Haciendo segunda, sus compinches redujeron en lo posible a Clyde y tiraron a Liam de su silla, huyendo como si tal cobardía fuera una hazaña.
-¡Nos la quedamos como pago, retrasados! -gritó triunfante Rusty, esperanzado de ver cuanto dinero sacarían por vender la silla.
Maldiciendo, Liam se arrastra un par de metros, aquejado por el dolor en la espalda por un golpe que recibiera. Clyde, por su parte, hace un intento por ponerse en pie y perseguir a su antiguo amigo.
Era imposible que viera algo así. Con lo que sabe ahora de él, lo podría colocar sin problemas en una situación complicada, peor si incluye lo que le comentó cuando tomaron el autobús en casa. Planes en riesgo de colapso, esperando a ser padre y con su relación con Lucy a nada de volverse el mismo cóctel que Lori y Leni se sirvieron hace ya cinco años, todo agravado por un golpe que, espera, no tenga consecuencias severas.
Resbalando un poco, apenas y alcanzó la esquina de la cuadra cuando chocó con Emma.
-¿Qué rayos te pasa? -preguntó molesta la chica, viendo sus libros y cuadernos en el piso.
-Rusty y sus idiotas, ¿qué esperabas? -respondió molesto Clyde.
-¿Y por qué tienen una silla de ruedas?
-Se la robaron a Liam.
-Pues denla por perdida -resolvió Emma, alzando sus cosas-. Escuché que la madre de Drew no pagaría la fianza.
-Pues que mal, porque no dejaré que la paguen.
Ignorando los llamados de Emma y el timbre de la escuela, Clyde reemprende la caza hasta que, a tres cuadras de allí, una cara no tan conocida que no esperaba ver de nuevo. Reconoce la cara pecosa, pero el semblante de ese rostro moreno claro es más bien el de alguien abatido por las circunstancias.
-¡Clyde! -llamó Emma, no menos agitada que él- ¡Vas a hacer que Vickers te eche de su clase!
-¡No puedo… más! -jadeó Clyde, volviendo un poco a la realidad.
-No ibas a alcanzarlos de todos modos -dijo la chica.
-¡Tú qué te metes! -respondió Clyde con un empujón sin ver de quién se trataba al dar la vuelta.
El resto de la mañana no le fue tan bien como quisiera ni tanto como debería de haberle ido. Como un oráculo, Emma tuvo razón al decir que Vickers lo echaría de su clase. Con lo que no contó fue que en gimnasia Helmsley se ensañó con él y con Liam. Clyde por tener, fiel a su costumbre, un desempeño decepcionante, mientras que con el granjero por estar incapacitado para practicar cualquier deporte. Sobre todo desestimando que hace un tiempo había un programa de baloncesto en silla de ruedas previo a la pandemia que llamaba con absoluto desprecio "pseudodeporte". ¿Almuerzo? Chandler de nuevo le hizo el favor de ahorrarle el peso de dos pechugas Cordon Bleu, puré de camote y tartaletas de manzana. Y el resto de la mañana le pareció que jamás iba a terminar.
Lo peor vino en su única clase de la tarde, Literatura. Un examen de prueba y pareciera que todo sería un desastre de jornada. Al terminar, la maestra encargada de dicha materia le extendió una serie de libros "políticamente correctos" para presentar un reporte a modo para exentar los finales.
-Tienes que relajarte un poco -dijo Lincoln, sacando cosas de su casillero mientras Cristina le tiraba una bola de papel a la espalda.
-Para ti es fácil decirlo -acusó Clyde-. Es tu día libre y la pasarás cuidando a tus hermanas.
-Corrección -objetó Lincoln-. Volví a casa, estaré encerrado hasta fin de año y tendré que avisar cada hora los lugares a donde voy si no estoy con las niñas. No quieren que se repita lo de Jordan.
-¿Y?
-¿Y? No quiero ni ver a Lucy, Lola va a querer que la lleve al centro comercial, Lisa querrá hacerme su conejillo de Indias si no le dejo ayudarme a recuperar el dinero que Lucy me robó.
-¿Y qué hay de Lily?
-Mamá la llevará a recoger su terapia. Aún sigue sin poder oler nada y dice que todo le sabe a papel de baño mojado o a tierra seca. No preguntes.
La obviedad de la situación de la familia Loud era evidente en ese apartado. Por lo que el peliblanco le contó en el almuerzo (más bien descanso y comida a expensas de él), en este momento no están en una posición ni conveniente ni mucho menos boyante. Entre los gastos del restaurante por las alzas de precios en mercancías e insumos, la deuda por gastos médicos que padecen y la sucesión de pequeños incidentes con Lucy en la escuela y en casa, amén de que por fin pagaron la multa de Lola y se le está cobrando a Lincoln un arrastre desde Ypsilanti del que no quiso hablar.
-¿Y qué hay de Lana? -preguntó Clyde.
-Dijo que papá la dejaría en el refugio de animales y yo pasara por ella en cuanto llegue Leni.
-Es una lástima -dijo pensativo Clyde-. Si uno quisiera, podría hacer extracurriculares allí y evitarse ciertas clases.
-Lo hablé con Puga en la mañana y dijo que es poco probable que el programa se mantenga con ese voluntariado en especial -lamentó Lincoln-. Hasta el club de gomitas ha tenido más miembros en activo, y son solo cuatro personas.
-Las cuales nos odian.
-¿Y qué hay de…?
-Clyde, hazme un favor y no empieces con los "¿y qué hay de…?" o "¿qué tal si…?" porque eso es estresante -pidió Lincoln-. Lori le pidió a Ronnie Anne que...
-¿Ronnie Anne? -exclamó Clyde, sorprendido.
-Si, Ronnie Anne -respondió Lincoln-. Mamá le pidió a Lori que le pidiera a ella o a una amiga que vieran que no me esté saltando clases o me meta en problemas.
-¿Y qué está haciendo aquí?
-Se peleó con su mamá y se está quedando con Lori.
Conforme iban avanzando sobre la calle hasta dar con la casa Loud, la pasaron hablando. Ya fuera de Tiago y el hecho que volviera la casa McBride un pequeño remanente boreal de Río de Janeiro, esa tarde con Taylor primero en su remolque y luego a las afueras o, más recientemente, las pocas veces que ha podido charlar con Chloe sin la amenaza de mandarlo de nuevo -y permanentemente- al carajo.
En cuanto llegaron al 1216 de la avenida Franklin, la cosa como se la describió Lincoln se complicó un poco. Por lo que ambos podían apreciar, las niñas todavía no llegaron y Lucy, apenas los viera desde la ventana, se fue aún más adentro.
-Creo que es mejor que me vaya -dijo Clyde, aprehensivo-. No soporto estar en medio de una guerra civil.
-Clyde…
-Estoy contigo en espíritu… a salvo… en mi casa -agregó nervioso Clyde-. Ya sabes, por si…
-Lo sé, lo sé -minimizó Lincoln-, por si algo me pasa. Nos vemos -añadió, despidiéndose y corriendo a la entrada.
Si, definitivamente su amigo es todo un caso perdido. No piensa eso a la ligera, pues en cuanto dejó el lugar el ambiente calmado pasó a uno muy opuesto a lo que recordaba de los días anteriores a su partida a Canadá. Ruidoso, si, pero esta vez el posible ruido que haya en cosa de minutos será recibido con abierta hostilidad.
Dichos pensamientos fueron acallados por un olor algo rancio. Como si algo se estuviera pudriendo, agrio y pastoso desde la casa de al lado. No la del viejo Grouse, que esta semana ha estado vacía por las vacaciones familiares del dueño, sino de la otra, la de Ryan Miller.
En otros tiempos, su curiosidad lo habría contenido y Lincoln se habría animado a entrar. A inspeccionar, incluso, pero ya que no está y algo le dice que debía hacerlo. Quiere entrar y preguntar, pero lo más probable es que se trate de cosas que no le importan en lo más mínimo.
Haciendo caso omiso a su razón, Clyde fue a la entrada. El olor era un poco más penetrante, al grado de provocarle una ligera náusea. Sabe que debe alejarse lo más pronto posible, aunque también quiere satisfacer su curiosidad. Después de todo, llegó a tener presente, apelando a un viejo refrán, que la curiosidad mató al gato.
Le sorprendió ver que, para ser una familia encabezada por un agente de la CIA retirado, la puerta principal no tenía seguros, pasadores, pestillos ni ninguna otra protección puesta. Era raro de ver, sobre todo con una familia que entre los vecinos de la avenida Franklin ya se habían hecho de una reputación tan mala como los Loud. Si la familia de al lado tenía fama de escandalosa para los propios estándares del vecindario, los Miller la tenían por ser excesivamente herméticos en todo lo que hacían dentro de la casa. Toda la cuadra tenía conocimiento de que los tres odian las intromisiones tanto como las cerezas, tenían ya el traspatio con algunos árboles de durazno y, al menos hasta donde Ryan les había dejado entrever, les gustaba hacer extensos y aburridos estudios de meteorología.
Estuvo a punto de tomar una de las hojas de la impresora al lado de un avanzado equipo de cómputo cuando sintió un tirón del hombro.
-¿Qué demonios haces aquí, McBride? -cuestionó inquisitivo Ryan, oliendo un poco el aire.
-Me llegó un aroma raro de aquí -respondió Clyde.
-Que raro. Salí de aquí esta mañana y no había olor alguno.
-Eso es raro.
-Y si no quieres que se ponga más raro, mejor vete -despidió Ryan, apuntando a la puerta.
Haciendo caso de eso, Clyde desiste de su investigación.
Lo que a ese chico, pensó, no le atañe en lo más mínimo. Sabe que su familia y los Loud se odian mutuamente, y más desde que acusaron que Lynn jr. destrozó con un balón de fútbol mal pateado equipos de monitoreo climático costosos. No se los cobraron, pero el caso es que, desde entonces el punto en que su propia relación con la familia de Lincoln empezó a enfriarse, no hay día en que Ryan no acusara algún sabotaje o interrupción, Carly podara "por accidente" las rosas de Rita o Jeff insultara la comida de Lynn sr. Del mismo modo, no faltaba ocasión para que algún Loud pasara por el inmaculado césped e hiciera una vereda, Lola ventilase algún chisme del chico Miller o Luna los dejara sordos.
Pensando en eso, no se alejó ni veinte metros cuando escucha un grito desesperado seguido de un llanto desgarrado. Como si de un impulso se tratara, en cuanto dio la vuelta y avanzó unos pasos y razonó. No tiene sentido ir a un lugar del que echan a uno, menos si quien lo hace es una persona altanera, prepotente y mentecata como para alegar que su jalea de cereza negra es una porquería que no debería ser llamada comida.
Volviendo hacia su destino original, apenas y vio salir a Lincoln. Él, al no tener antecedentes muy negativos, podría decirle más tarde lo que había sucedido en esa casa si es que se acordaba de preguntarle.
~o~
Para tener por primera vez el departamento para ella sola, Lori lo siente muy desolado, y no era para menos. Con Lincoln y Luna definitivamente de vuelta en casa, Luan apoyando mientras se queda en un hotel y con Ronnie Anne y Nikki trabajando ("si es que lo hacía realmente", pensó), el silencio se hizo de verdad opresivo en el ambiente.
Razones para pensar eso no le faltaban. Más allá de lo contaminado que se percibe al estar en la salida a Pontiac, la poca luz solar que entra en esta época del año es tan deprimente que hasta Lucy se sentiría un poco agobiada por lo mismo. Y eso sin mencionar que, pese a estar casi al corriente con la renta, se debían todavía un mes y el mantenimiento de otros tantos cuatro. No entiende cómo fue que sobrevivió a Windsor, y menos cómo fue que ella y su hermano se acostumbraron a un lugar donde, al menos a ella, la hicieron ver como un bicho raro. Más allá todavía, los pocos amigos que hiciera apenas y la reconocieron la última vez que visitó el estudio de los Lancers.
Por una hora intenta combatir el vacío que se siente allí. Prendiendo el televisor, poniendo en YouTube algunos videos de Luan e incluso llamó a Jordan sin éxito -ya que su madre intervino la llamada y, de forma lo más amable posible, le dijeron que ni ella ni Lincoln podían llamarla hasta nuevo aviso-. Todo ello sin resultados que llenaran bien ese vacío.
Sin idea de qué más hacer, y ya con las tareas hechas, se pone a mirar páginas en internet sin propósito alguno. Un video de un eclipse solar de hace solo días, una página donde avisan de otro eclipse lunar, una estupidez deportiva que a Lynn le interesaría si quiere estudiar en el extranjero como lo es que dos jugadores de soccer ecuatorianos admitieran farsa de nacionalidad antes del Mundial de dicho deporte, la suspensión del Masters de Ciudad de México por mal tiempo o recorrer el Museo del Louvre para encontrarse con "la tal Mona Lissa" con quien Bobby la engañaba supuestamente e incluso, harta de su propia soledad, un video porno que filtraron a Bobbie Fletcher.
Definitivamente llamar a sus amigas de la preparatoria no tenía sentido. Apenas dos días hace que Rusia declaró la guerra a una organización paramilitar neonazi interviniendo en Ucrania y ello hizo que Becky se quedara estancada en Moscú, Carol consiguió empleo en un hotel en Orlando, Whitney dejó de hablarle tras la graduación al igual que Dana, Teri y Rhonda, Lauren se fue a vivir a México y, de verdad, no quiere hablar con los chicos después de enterarse, en fechas recientes, de lo de Chaz, el lío en que se metió Joey con una maestra y el que de Tad se perdiera todo rastro.
Contra todo pronóstico, sus opciones se acabaron antes de lo pensado. La mayoría de sus contactos la mandaron al carajo después de los recortes a clubes de la preparatoria, y con razón. A muchas personas les parecía una pelea de hermanas magnificada, pero dado que no hubo quien supiera después de ese asunto con Leni más allá de Carol, Roger y quizás algunos amigos de ella, era una suerte que no supieran más allá de eso.
Acostada sobre la cama de Lincoln sin razón aparente, recordó uno de los días que cambió su vida. Encontró a sus padres discutiendo sobre quién iría a Canadá y por qué. Toda esa discusión en la que tenían reservas y temores, y ella optó por lo que creyó sano en su momento para evadir su responsabilidad por el daño que le hizo a Leni meses atrás.
Estando a nada de caer dormida, sintió un fuerte golpe en el vientre que le sacó el aire.
-Lo siento, no te vi -dijo Ronnie Anne mientras quitaba su mochila.
-¿Qué hora es? -preguntó Lori, aturdida.
-Pasan de las nueve si quieres saberlo -respondió la latina, dejándose caer sobre la cama-. ¿Te puedes hacer salir? Necesito sacarme el olor a aceite de sésamo.
Levantándose con dificultad, Lori sintió un leve mareo.
-Nikki dijo que no llega hoy -continúa Ronnie Anne-. La invitaron a una fiesta y ella nunca le dice que no a una.
-¿Es en serio? -cuestionó Lori, molesta.
-Ella nunca le dice que no a una fiesta, ¿qué esperabas? -dijo la adolescente, remarcando con ironía- ¿Por qué estás aquí?
-Solo no quería sentirme tan sola -aclaró Lori, acostándose de nueva cuenta.
-Sabes que cambié las sábanas, ¿o no?
Hasta apenas ese momento lo notó. Las sábanas no olían como su hermano, con un aroma de suavizante de lavanda (cosa suya) mezclado con grasa de papas fritas de La Hamburguesa del Eructo, clavo y naranja valenciana producto de una colonia que le encontró hace tiempo, menos a mantequilla dulce que desprendía Jordan las veces que se quedaban juntos. Eso olía, por no decir que apesta, a aceites de argán (por el suavizante que a Ronnie Anne le gusta con su ropa- mezclado con sésamo, jabón para trastes y tantas cosas más que era imposible reconocer si eran fideos, salsa agridulce o algún plato abandonado que se derramó por accidente antes de ir a dar a fregadero.
Cayó en cuenta. Si temía quedarse sola en la cochera cuando tenía diecisiete, su peor temor se acababa de confirmar. Tiene el departamento para ella sola, pero no lo disfruta realmente. Si antes podía darse el lujo de dormir con su hermano cuando se sentía sola, ahora ni siquiera le queda eso.
-¿Cómo te las arreglas? -preguntó Lori, alzándose de la cama pese al mareo.
-¿Arreglármelas? ¿Para qué? -cuestionó Ronnie Anne.
-Para estar casi por tu cuenta.
-¿por qué lo dices? -cuestionó Ronnie Anne sin recibir respuesta- Como sea, solo acéptalo.
Sin darle tiempo de recuperarse del mareo, Ronnie Anne sacó a Lori de la pieza. No lo hizo porque quisiera tanto su privacidad como porque es algo tan ajeno a sus problemas de familia como lo es que su padre se haya casado y esté ya a nada de irse a Perú con Bobby y su medio hermano.
Durante la noche, las pesadillas acudían a su mente con rapidez, al tiempo que de cada una despertaba. Así, en una terminó estrangulando a Lincoln y rompiéndole a alguien que no pudo reconocer en la oscuridad, en otras prestándole dinero a su hermano a regañadientes, siendo golpeada por un montón de mujerzuelas o dando a luz en medio del tránsito y en hora pico.
Para cuando despertó definitivamente, lo único que recordaba era un albondigón agusanado y picante por el que Leni lloraba. De tal manera se levantó del suelo que pateó su teléfono debajo de la cama y le costó trabajo alcanzarlo.
Tanteando casi a ciegas, da primero con un sobre con una carta que creyó haber tirado después del rechazo definitivo en Fairway, un cepillo con el dibujo gastado de un gatito y, cosa extraña para ella, una mascada rosada.
Sabe de quien es, ya que ella las detesta. Como la corbata, no le encuentra ninguna utilidad, en especial cuando el calor se torna sofocante y termina toda sudada, o en invierno, que como protección sirve de muy mal ejemplo de cómo vestir en exteriores en épocas de frío.
Mirando a la ventana, no pudo evitar pensar en lo que pasó con Leni desde que ese fulano quiso propasarse con ella. Si bien ya no eran tan unidas como antes, lo cierto es que la ha venido tratando mejor que cuando llegaron a los golpes en Acción de Gracias con los Casagrande, la pasada Acción de Gracias en familia o en su cuarentena. No había sido muy amable, pero al menos en el encierro llegaron a su límite y se los hicieron ver de la forma más estúpida, artera y, sin embargo, funcional que se les pudo haber ocurrido. Y todo al costo de la dignidad y la integridad física de Lincoln.
Sin pensarlo dos veces, decidió darse un tiempo breve para descansar de toda esa rabia que había ido acumulando por años, tomar algo que la relaje y, ¿por qué no? Echar todo eso por la borda y empezar desde cero, aunque no sepa cómo demonios hacerlo por ahora.
~o~
Impaciente, Lincoln por fin cedió tras una semana de insistencia -y un cuantioso soborno en bocadillos para la semana entrante- de lo que sucedió esa tarde en la casa de su ahora exvecinos los Miller. Todo se limitó a que el padre de Ryan se pegó un disparo por accidente hacía unas horas y estaba desangrandose, y dado que Jeff se había hecho de enemigos por todo el país salvo su natal Georgia y Alaska, no era de extrañar que los Loud fueran sospechosos a priori.
Que el chico haya salido en descargo de ellos y el padre de familia admitiera cometer un error de novato al limpiar un rifle de asalto con el silenciador puesto empezando por la culata apoyando el cañón contra el pie parecía rebuscado, pero al ver la cámara de seguridad instalada en el estudio significó una obvia exoneración para la familia más ruidosa de la cuadra, mas no así el inicio de una relación fría como tal. Más bien, el fin a toda relación. En lo que a los Miller concierne, el vecindario resultó ser tan partidario de los Loud tanto como de tener un arma de alto poder en un lugar tan seguro como un falso cajón en el sofá. Así hayan agradecido que el escándalo se redujera al mínimo por la pandemia.
Terminando el primer bloque de clases del viernes, tanto Lincoln como Clyde enfilaron con Liam a la tribuna sur del estadio de fútbol. Los padres del cobrizo se resignaron a tener que comprar otra silla de ruedas cobrándose la mitad de la misma con los ahorros del chico, pese a lo cual se mostraba de buen humor.
Evitaron ir tanto a la zona alta como debajo del palco de prensa. La primera por las obvias dificultades para trasladar una silla de ruedas, la segunda porque a Lincoln le trae muy malos recuerdos. De tal forma, se sentaron en las primeras filas de la citada tribuna, más o menos a resguardo del sol.
-¿Seguros que quieren estar aquí? -preguntó Clyde- Es la primera vez que vemos una práctica antes de unas finales y no me gusta la cara que puso esa chica -añadió, señalando a la chica de las luces rosas, que estaba practicando tiros de penal.
-Estamos lo bastante lejos de ellas, viejo -respondió Lincoln, sacando los restos de lo que era una ronda de alas de pollo con salsa de rosas, idea de Lola.
-No lo sé -dudó Liam, saltando de la silla a la grada-. He visto partidos de soccer y el balón puede llegar hasta el palco.
Como si la respuesta de Liam fuera escuchada, una de las chicas más nuevas -rubia, corte pixie y actitud bastante ingenua- estaba probando a hacer unos regates a Margo y terminó tan mal que prefirió sacar el balón del campo, acertando a Richie en la cara, justo debajo del palco.
-Pudimos ser Jordan o yo -murmuró Lincoln.
-¿Dijiste algo? -cuestionó Liam.
-¿Ah? Ah, no -mintió Lincoln-, no es nada.
-¿Quieres hablar de lo que pasó? -ofreció Clyde.
-No -respondió Lincoln.
-Amigo, eso no es sano -alegó Liam-. ¿Recuerdas a mi prima?
-¡Como olvidarla! -replicó Lincoln, teniendo todavía mal sabor de boca por su encuentro el día anterior.
-La semana pasada la encontré escribiendo en un diario, y lo que leí fue algo raro.
-¿Qué tanto?
-"Querida Katyusha -remedó Liam, haciendo memoria de lo que alcanzó a leer antes de que su abuela lo sorprendiera y le pidiera ayuda en la cocina para que no se sintiera tan inútil como su padre le hace ver-, soñé con el raro amigo de Liam de nuevo. Ese sexy pedacito de chocolate se ve como si rogara a una niñita inmadura para salir con él. ¿Por qué lo haría teniéndome…."
-Chicos, ¡ya basta! -dijo quejumbroso Clyde.
-¿Ves? Por eso no es sano guardarse nada -atajó Liam-. ¿Recuerdan a Renee, la amiga de Zach?
-¿Y qué tienen que ver tu prima y esa chica? -inquirió Lincoln.
-No se los había dicho, pero no soy virgen.
La expresión de incredulidad de Clyde contrasta con la cara burlona de Lincoln. Mientras uno se sorprendía, el otro sencillamente echó a reír.
-¿Tú, en serio? -preguntó riendo Lincoln.
-Si fuéramos los seis, y por los seis ya saben a quien me refiero -replicó Liam-, el único virgen aquí sería Rusty.
-Liam, si estuviéramos los seis completos Stella se habría hartado de salir con nosotros como amigos y habría jugado a la ruleta rusa con todos -expuso Lincoln-. Hasta Rusty.
-Chicos, de verdad -insiste Liam-. No se los dije, pero me acosté con ella hace un par de semanas.
-¿Ah, si? -preguntó seseante Clyde.
-¿Ven? Si les confieso algo así de gordo como un cerdo para concurso como si nada, puedes decirnos lo que sea que pasa entre ustedes.
-¿De verdad estás seguro? -cuestiona Clyde- Porque la doctora Lóp… -alegaba, siendo interrumpido por Liam.
-La verdad no estoy seguro si decirles, y creo que así debe quedarse -interrumpió Lincoln, decidido al levantándose de la grada-. Creo que es mejor que se lo diga de frente. Solo -añadió, viendo que Clyde ya ayudaba a Liam a subir a la silla de ruedas.
Sin probar bocado, Lincoln dejó a sus amigos. No quiere que Jordan pase exactamente por lo que pasó Mollie, menos en su estado actual.
El resto de las clases las llevó confuso. Apenas con la suficiente paciencia para tener que repasar para los exámenes finales, Clyde se muestra impaciente porque el día termine y acompañe a Lincoln a La Hamburguesa del Eructo. Era un hecho que Lincoln sigue trabajando allí, pero con su situación, piensa, lo mejor que podría hacer es tratar de disfrutar lo poco que le queda de libertad para sí antes de que Jordan dé a luz.
Poco antes de irse, Clyde vio salir a Emma de la cocina. Por lo visto, la intervención que tanto ella como Lincoln tuvo resultados que no esperaba. No hablaba mucho con Lincoln fuera de la escuela, pero allí la comunicación era más fluida.
-Oye, si vienes a babear por alguien, asegúrate de quedarte poco tiempo -espetó Taylor, molesta.
-Ah, no, so… yo solo estaba… -empezó a balbucear Clyde.
-Mira, no me importa que vengas a hacer aquí o si vienes a ver a tu novia, pero si trabaja aquí espera a que salga. ¿Te quedó claro?
En cuanto la encargada lo dejó, fue a la caja y pidió una Eructo sencilla con pepinillos agridulces y unas papas en espiral. Dicha comida no estaba tan mal, pero siente que le sobra algo muy pequeño, por no decir demasiado largo, algo que los códigos de salubridad habrían tomado como una seria infracción del tipo que podría clausurar negocios.
Esperando a que el asco se le pasara, llegó a la conclusión de que ese cabello no era de nadie desconocido. Lacio, de color marrón, casi chocolate, definitivamente bien cuidado… no le caben dudas de que Chloe tenga que ver. Estuvo a nada de quejarse cuando una voz en la cabeza lo detuvo.
"¿Para qué te rebajas a esto?", pensó. "Chloe es especial, pero ya es hora de darle vuelta a la hoja. ¡Hay muchas chicas en la escuela que querrían salir contigo! Cualquiera que no sea Penelope está bien; no hay que ser demasiado generalistas pero tampoco esperemos una modelo o una actriz de Hollywood".
Volteando un poco a la cocina, su temor inicial se confirma, pues Chloe está frente a la plancha. Si Lincoln le guardó eso, debió tener un buen motivo, pero a estas alturas le importa demasiado poco ya. Admite que sus amigos se pueden guardar secretos o que incluso tengan una vida sin problemas, incluso.
Haciendo definitivamente caso omiso al cabello de Chloe una vez que lo puso en una servilleta, Clyde se decidió a terminar con su comida y dar borrón y cuenta nueva. Adiós Chloe, hola lo que venga.
~o~
Una vez que terminó con sus pendientes, Lori todavía sigue indecisa sobre lo que pensaba decirle a Leni. Después de todo, que Lincoln pase un poco en casa antes de trabajar es prácticamente como si sus padres tuvieran una extensión y ella un breve descanso antes de tener que lidiar primero con Lily y Lisa, las gemelas y Lucy. Tanto más porque Luna se está quedando con una amiga para ahorrarse el motel, Luan tuvo que mudarse de nuevo a su antigua habitación -misma que ocupará hasta antes del verano para volver con Maggie- y, de mala gana, Leni estará ayudando a su hermano a adecuar la cochera como una habitación más.
Sonriendo un poco al pensar en su hermano, le parece algo gracioso que a él prácticamente toda su vida le tocaran improvisaciones desde que él puede recordarlo, y apenas tuviera oportunidad de tener un ambiente mucho más tranquilo, de la nada tenga que hacerse a la idea de tener que compartir la cama con dos personas más, una de ellas en camino.
Con todo, no envidia que su hermano pudo adaptarse mejor a los cambios que ella, pero también admite que muchos de estos no fueron tanto para bien. Para muchos, Lynn incluida, sigue siendo un enclenque, debilucho y perezoso, pero no puede negar que tiene lo suyo. Tal vez, incluso si no fuera su hermano, no lo conociera y fuese mayor de edad, intentaría algo hasta descubrir sus malos hábitos.
Escucha unos golpes a la puerta. Pensando que sería Lincoln, se topa con que es el portero. Este, silencioso, le entrega una carta de la administración del edificio.
Estimada señorita Loud
En vista de la falta de pago del mantenimiento y algunos hábitos de sus compañeros/as (pone esto de forma apretada), nos vemos en la necesidad de pedirle que, por favor, se ponga al corriente con el citado pago esta semana y conmine a las personas referidas a acatar lineamientos que, de lo contrario, provocarán su desalojo por faltas administrativas.
La Administración
Ya tendrá oportunidad de hablar con Ronnie Anne y Nikki. Por ahora, todo cuanto se le ocurre es pasar la tarde viendo alguna película o llamando a Bobby solo para saber cómo está, lo que ocurra primero. No tiene intención de discutir sus problemas con sus padres, ya que a pesar de lo vivido hace unos días las cosas con su padre no han sido precisamente para mejor.
"Por lo menos puede venir a visitarme o a recoger algunas cosas", pensó dejando a que se enfríe una botella de soda de naranja en el congelador. "Al fin y al cabo, ¿no tiene un cuarto aquí? O puede llamarme siquiera. No es como si él fuera tan descortés, pero… si, también podría visitarlos. Ojalá que no esté Leni todavía. Con ella podría hablar después".
Con cierta reticencia, pensó, entre otras cosas, en cómo habría sido si al menos Lincoln se hubiera quedado. Ella, por supuesto, se habría amargado -tratando de ser lo más imparcial que fuese-. Lincoln podría haber mantenido a sus amigos, pero ¿a qué precio? ¿Años de descargas de su frustración por un año malo seguido de otros peores? ¿Alguna idiotez de la que se hubiera arrepentido como en esa novela que leyera hace meses? ¿Un pleito todavía peor que ninguno de los dos podría evitar?
No pasaron ni diez minutos de que metió la botella al congelador cuando recibió un mensaje, mismo que leyó en el acto.
Teatru de Royal Woods il
domengo por la noche
Adjunto, venía un código QR que, luego de escanear, resultó ser para la compra de boletos para un concierto. Boyz Will Be Boyz, en su gira de despedida, en la zona VIP, dos entradas. Sabía que el número era el de Luna, pero la ortografía… si, delataba a su remitente.
Sin más opciones, sacó su bebida y le dio un trago, aunque no fue a la temperatura que esperaba.
~o~
Mayo 30 de 2022
17 días desde el primer contagio oficial de covid-19
en Corea del Norte.
Entre los territorios que se mantenían libres de covid-19 hay dos extremos. Naciones que, aunque pequeñas, tuvieron todo lo necesario para ponerse a resguardo, caso de Tonga, Tuvalu o Nauru (que vacunaron al cien por ciento a su población, para estar prevenidos en caso de tener su primer contagio por importación), y naciones y territorios que, aunque tienen contagios no reconocidos, son (o eran) negados. Del gobierno de Kim Jong-Un se decía que, extraoficialmente, enviaron a campos de prisioneros a sus enfermos por covid y los dejaban a su suerte.
De la regencia de Serdar Berdimuhamedow, se ha ido a un extremo mucho más extremo. Prohibió cualquier mención a la pandemia, salir con cubrebocas aún siendo médicos fuera de trabajo (¿debo recordar que Ashjabat es la única ciudad con servicios hospitalarios en Turkmenistán gracias a su anterior presidente, Saparmyrat Attayewic Nìazow?) o cualquier noticia referente a ello.
Si. Estamos ya en el último suspiro. Y es gracioso, porque anoche estuve muy ocupado con cierto proyecto que se reveló en la madrugada. Iba a ser primero esta actualización y luego No muevan un músculo, pero ciertamente la emoción me ganó... igual que el hecho de que hoy se cumple un año de esa noche de dejar de voltear santos, si saben a qué me refiero y el que Atlas lograra su bicampeonato.
En fin. Los veo la próxima vez, que calculo será este finde.
Esta historia continuará...
