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Vínculos

XXVIII

Lo bastante bueno es lo bastante bueno

Pt. 2: Aurora tras el eclipse

Royal Woods, Michigan

13 de mayo de 2022

12:30 pm

La habitación de Leni Loud

Estaba hecho.

Con la preventa hace una semana, Leni se tomó el tiempo suficiente para pedirle prestada a su padre la tarjeta de crédito -a pesar de su reticencia a cobrarse en efectivo por ellos de una vez- y comprar un par de boletos, aunque el hecho de tener que descargar un par de códigos para poder recibirlos en taquilla le parece un sinsentido engorroso. Tanto más difícil fue hacer una cuenta de lo que podría gastar esa noche.

Estaba haciendo en la cocina dicha revisión por quinta vez, calculando el costo de bebidas y lo que podría ahorrarse si Lisa le ayuda a meter algunas botellas de sangría o lo que pudiera ocurrírsele cuando escuchó a alguien en la entrada.

Sin darle demasiada importancia, vio entrar a Lucy y a Lola. Sabía que era demasiado temprano para que las niñas volvieran de la escuela, pero de ver el aspecto de ambas, como si se hubieran peleado por evitar que les sirvieran gulasch en el almuerzo del Día de Pizza.

-No preguntes -advirtió Lola, con la cara amoratada y con una hinchazón que la hacía recordar de la peor forma a la tía Ruth.

-Ya somos dos -secundó Lucy, que presentaba un ojo morado y la falta de varios mechones de cabello, sobre todo al frente.

-¿Otra vez pelearon en clases? -preguntó Leni sin mucho interés.

-Me rompieron los dientes en Gimnasia -dijo Lola, entre maldiciones.

-Rompí a Salter y Jessica Borutski me golpeó por eso -admitió Lucy.

-¿No puedes solo admitir que incomodas a la gente? -cuestionó Lola.

-¿Y por qué la rompiste? -preguntó Leni, molesta.

-Ella pidió una maqueta del sistema a elegir por equipos -alegó Lucy-. ¿Quién diría que el sistema cardiovascular era tan aterrador.

-¿Y la maqueta?

-En la oficina de Ramírez -sonrió Lucy con satisfacción morbosa.

-No me dijiste que fue solo eso -susurró Lola.

-¿No fue solo eso? -inquirió Leni.

-Traidora… -murmuró Lucy-. No hubo nada más.

-¿De verdad?

Por unos segundos, hubo un duelo de miradas entre ambas hermanas. Desde que Leni se acostumbró a los ojos de Lucy, y todavía más desde que ella provocó que golpeara junto con Lori a Lincoln, se ha esforzado en intentar verse lo suficientemente intimidante para que Lucy le tenga aunque sea un poquito de miedo sin mucho éxito realmente. Sin embargo, era extremadamente inusual que su hermana recién entrada en pubertad se levantara así, y la razón es más que obvia.

No culpa a Lincoln tanto como su paternidad. Durante la cuarentena con Lori se dio cuenta, aunque por otras cosas lo relegó a un rincón en su mente, que la paternidad del hijo que espera con Jordan no es sino el causante de que la relación entre sus hermanos se haya fracturado sin remedio con toda seguridad. Y por lo que escuchó aquella vez que Lincoln regresó de ver a Ronnie Anne, lo que Lucy siente por la chica Rosato son simples celos que degeneraron en un odio basado en dependencia.

Si. Podrán llamarla tonta, pero con las cosas del corazón ha sabido manejarse mejor que nadie, así sea que Lana quiera ocultarle a Lola que Lisa ha estado viendo a escondidas películas para adultos -supuestamente como objeto de estudio social- o que Lily empieza a verse un poco más gordita porque la comida, pese a la terapia, apenas y tiene sabor, ya ni hablar de cosas varias.

Después de la cena, y en el momento en que Luna avisó que saldría por una tocada -cosa de la que dudó si era algo serio en un restaurante o algo más íntimo con alguien en particular-, Leni, salió primero a la cochera y encontró a su hermano tratando de rearmar la vieja cuna, aunque sin mucho éxito.

No tiene muchas ganas de hablar con él. Por experiencia, sabe lo que puede pasar cuando se frustra, y más cuando es en alguna actividad que siempre fue un dolor de cabeza.

Algo así pasó con la maestra Johnson cuando ella misma tuvo problemas con la escalera. Por entonces, su madre estaba con ese extraño antojo de algas y nuggets de pescado, y a nada de cumplir los once llegó la semana de carpintería en clase.

¿El pero? Era demasiado perfecta para que un niño la hiciera. Ni siquiera usó clavos para ensamblar, y las uniones tenían una precisa capa de pegamento que casi nadie notaba bajo el barniz. Tanta desconfianza le tuvo la pelirroja que su madre le pidió, estando a nada de estallar, que hiciera una casa para aves sin usar clavos o pegamento. Trabajó hasta el cansancio improvisando con detalle un sistema de caja y espiga que funcionó al final de la mañana siguiente, pero cuando Luan arrojó un balón al jugar con Lynn y este rebotó contra el pasamanos de la escalera de la puerta trasera, estrellándose contra la ventana y la mesa de trabajo, destruyendo el proyecto. Todo eso acabó en que Leni se encerró en su habitación por días, Lori se quedó con Luna y Luan y esta última sencillamente se desentendió del asunto.

Mirando a su hermano cómo se desquicia tratando de ensamblar la vieja cuna de Lily, termina por aceptar los hechos. No le gusta la idea de ser tía tan joven, pero ver que Lincoln lo está pasando muy mal aquí, allá y en todas partes la detesta todavía más. Le había preguntado antes de irse a dormir aquella noche sobre lo que sucedió, y para cuando sintió que se desahogó por completo ya estaba por completo dormido.

Con la conmiseración ganando a su sentido común, estuvo a nada de entrar cuando Lincoln aventó la cabecera a un lado, dañándose el panel sin remedio.

-Esto es inútil -maldijo Lincoln, viendo el panel destrozado de la cabecera.

-¿Y tienes que desquitarte con una cuna? -cuestionó Leni, molesta de ver años de recuerdos hechos astillas y acercándose veloz a su hermano.

-Tú no sabes de mis problemas -lamentó Lincoln, con un perceptible tufo etílico, antes de beber de una pequeña licorera de acero.

-¿Y de dónde sacaste esto?

-Estaba entre las cosas del abuelo -hipó Lincoln, abrumado y dejándose caer contra la pared-. Lola me dijo… me dijo que era algo de muy mal gusto si está vacío.

-Y vaya que lo quieres vaciar -objetó Leni con gesto reprobatorio-. ¿Para qué destruyes la vieja cuna?

-Quería armarla… para que supieran que no soy tan idiota con… con esto -farfulló Lincoln-. Así ya no tendría p-problemas con… con nadie -volvió a hipar.

-Ven acá, tontito -dijo sonriendo Leni.

Forcejeando un poco, Leni no se contuvo de soltarle un par de sopapos a Lincoln. Este, ya de por si aturdido por la bebida, termina enterrando la cara en el pecho de su hermana mayor.

-Solo quiero… dormir -arrastró Lincoln, buscando dar un último trago a la licorera.

-Ni una más -reparó con ternura, quitándole la licorera y tapándola.

Con dificultad, Leni alzó a Lincoln por encima de sus hombros, tarea nada fácil porque en estos meses él ganó peso y ella no se acostumbró a llevar pesos mayores a los rollos de tela que solía transformar en ropa.

Entrando a la casa con dificultad, se había cruzado con Myrtle, enseñando a Lily a tejer con gancho en la cocina, y a Lynn Sr, sorprendido de ver borracho a Lincoln cuando se levantó del sofá para ir por botana a medio juego entre Bucks y Celtics.

-¿Qué le pasa a Lincoln? -preguntó este, dejando el tazón de frituras.

-No te metas, papá -cortó Leni.

-¿Está borracho? -preguntó Lynn mientras olía de cerca.

-No, él solo se pasó con el solvente de mamá -mintió Leni-, el que dices que no toque si no está nadie cerca.

-Leni, huele a mi…

-¡Acaban de meter la pelota en el aro! -exclamó Leni, queriendo distraerlo.

Viendo como su improvisado ardid dio resultados, Leni pudo seguir con lo suyo, llegando incluso a evitar a Lisa y a Lana, discutiendo por algo que no le concierne en lo más mínimo como lo es la posesión de una rata de pruebas.

Una vez alcanzaron el tiro de la escalera, Leni lo entró a su habitación y, con tanta tranquilidad como el resto de sus hermanas le permitían, lo acostó en la vieja cama de Lori y le sacó la camisa y el pantalón.

-Extrañaba… -hipó de nuevo Lincoln, viendo ya que estaba recostado y en una penumbra que no podía identificar-… extrañaba estar en casa.

-Si, lo sé -replicó condescendiente Leni.

-Oye, Leni…

-¿Si?

-Lo… Lori te echaba mucho de menos en… realidad -hipó Lincoln de nueva cuenta.

-¿Qué?

-N… nunca se lo dijo a na… -intentó añadir Lincoln, cayendo dormido y empezando a roncar.

Aprovechando eso, Leni se decidió a beber un poco de la licorera de Lincoln. El líquido no solo quemó su garganta, sino que tenía un sabor -para ella- horrible a madera remojada y material de curación, muy distinto a un aroma como a perfume de madera de roble. No entiende, ni quiere hacerlo, por qué demonios a la gente le gusta algo con tan espantoso sabor.

Resuelta a tirar el contenido nauseabundo de esa licorera estuvo a nada de alcanzar la puerta cuando su madre sale del baño.

-¿ Qué haces con la licorera de…? -preguntó, conteniéndose antes de seguir- ¿qué haces con eso?

-Iba a vaciarla -confesó Leni-. Lincoln estaba bebiendo de ella.

-¿Y qué hacía con ella?

-¿Qué te acabo de decir?

Pensando antes de responder ante lo que en otros tiempos habría sido un despliegue de insolencia, Rita recordó cuando tenía veintiuno. La universidad no funcionó, pasó bastante más tiempo en los hangares con su padre aprendiendo a pilotar un F-15 por las mañanas y escapándose con Shirley los fines de semana para regresar el domingo justo antes del oficio al que estaban obligados a acudir.

"No olvides que tus hijos pueden hacerte lo mismo", recordó las palabras de Albert cuando la sorprendió en cama con Lynn la última vez que se fugó. "Querrán salir a divertirse y estarás con el pendiente de lo que pueda pasarles. Si te di esas libertades un tiempo no fue para que te fueras de juerga con el primer tipo que te encuentres, pero mientras sigas viviendo en mi casa seguirás mis reglas… ¿Ya ganas tu dinero? No digo que no te diviertas, pero piensa en cómo te mantendrás cuando ya no esté, en el ejemplo que les des a mis nietos… y sobre todo piensa en cómo te vas a arreglar con ellos cuando hagan tus mismas estupideces".

Ese sermón se lo endosó mientras se arreglaba, café en mano y vestido de forma rigurosa para la iglesia, con Lynn ya en camino a casa. No estaba molesto, sino confundido de ver que su niñita crecía a pasos agigantados, y hasta ahora notó el paralelismo. Solo que el de las estupideces fue Lincoln, habiendo pasado de un chico un tanto sociable y casi sin preocupaciones a esperar a su primer hijo y empezado con la bebida a la misma edad que ella misma.

-Bueno, será mejor que devuelvas ese licor a su lugar y le dejes la licorera -decidió Rita.

-Pero mamá, yo…

-Igual iba a venderla porque fue un regalo de la tía Ruth cuando le presenté a tu papá -aclaró Rita-, pero si se va a quedar en la familia, que sea un recordatorio.

-¿Recordatorio de qué?

-Tu hermano ya sabrá de qué cuando se la lleve después de hablar con él -respondió Rita con seguridad, tomando la licorera y cerrando la puerta.

Cerrando la puerta, Leni escuchó que su madre bajaba la escalera. Escuchando a su hermano roncar, pensó en hacerlo un poco a un lado y dormir con él. Se cambió por el camisón y, apenas se acomodó al lado, algo en su cabeza le alertaba de que hay una cosa que no andaba bien.

Por reflejo, Lincoln intentó sacudirse de las sábanas y, desconociendo donde está, se levantó sobre Leni y, sin mediar palabra alguna, le descargó el contenido de su estómago antes de caer al suelo, inconsciente.

Asqueada, Leni solo se levantó a tomar un largo baño y limpiar el desastre.

~o~

Durante el desayuno, Leni no veía bien a Lincoln. Era evidente el porqué, pero para suavizar los hechos a casi todas las niñas se les dijo que se desvelaron toda la noche viendo películas de romance. Lo que no bastó para justificar que la cuna estuviera destrozada y mal armada en la cochera, lo que Rita alegó que estaban necesitando el espacio para una nueva mesa plegable ahora que en las próximas fiestas patrias la familia esté de nuevo reunida como antes.

El chico, como si de algo sin importancia se tratara, veía con desagrado el plato que tenía enfrente. Siendo que los sábados pasaron a ser los Días de Burrito, se dio cuenta de lo mucho que cambiaron las cosas en casa. Al menos en su percepción, mientras que sus hermanas se la pasaban bien con un desayuno estupendo que solo competía con los domingos de panqueques, él y Lori se las arreglaban con un recalentado o lo que fuera más rápido de preparar, normalmente waffles de tostador o algún sándwich.

La rutina del baño… empeoró. Lori le daba cierta preferencia por las noches, pero la regla del baño matutino en casa se mantiene todavía. Peor aún, las gemelas pasan ya más tiempo allí por las mañanas, algunos experimentos de Lisa requerían de un alto grado de descontaminación, y Lily, en una gradual recuperación después de haber estado enferma un tiempo más o menos largo, entraba a casa hecha una verdadera cerdita que al menos requiere de una limpieza a conciencia. Eso lo dejaba en apretar veinte minutos a menos de dos si quería mantenerse impecable en casa.

Y entre menos hable el chico del reparto de tareas, mejor. Ahora no solo se encarga de sacar la basura antes de la escuela (otros diez minutos menos en el desayuno), sino que ahora pasó a lavar los platos -labor que Lucy le dejó solo para dejar patente su naciente desprecio hacia él-, recoger los desechos de Charles y Cliff (idea también de Lucy, para rabia de Lana- y aspirar la alfombra los sábados -ya que Luna trabaja por el día y sale a altas horas de la noche-, lo que merma su tiempo incluso para la escuela.

En su tazón, veía un caldo de aspecto repugnante. Apenas y logra reconocer trocitos de papa y zanahoria, y quizás algún hueso en un caldo rojizo tirando a marrón, pero el olor, aunque para muchos agradable, a él le quema las fosas nasales por un ingrediente puesto especialmente para él.

Cayena.

-¿Por qué Lincoln tiene que comer ese gulasch? -preguntó Lana, sentada a la izquierda del chico.

-No es gulasch -aclaró Lynn-, es un caldo especial de su abuelo para… poder despertar mejor.

-¿No puede beber café o algo?

-Sigue sin gustarme el café -respondió Lincoln, bostezando.

-Pues debería -expresó Luna, quien acabó rápido y está igualmente apurada-. Nos vemos.

-Tiene que -declaró Rita, usando un delantal como muy pocas veces y con una expresión de pocos amigos pese a la sonrisa-. Ayer se pasó un poco con su hermana en la noche de películas que improvisaron y está a horas de trabajar -añade sirviéndose a sí misma un cucharón del caldo.

-¿Y tú por qué comerás esa bazofia? -preguntó Lily.

-Porque tomé algo del "agua mágica" de papá.

En cuanto respondió, Rita se quitó el delantal y se sentó a comer el -para Lincoln- desagradable potaje.

No pasó mucho para que Lucy entrara al comedor. Echando un vistazo, puso un gesto desdeñoso tanto por los burritos como por quien estaba presente, en particular por cierto adolescente sentado en la cabecera junto a Lana.

-Regreso en la noche -dijo Lucy-. Aquí apesta a traición.

-¿A dónde vas? -preguntó Rita con severidad.

-Eso no le incumbe a los traidores -respondió Lucy, azotando la puerta.

-¿Por qué tenías que pelear con Lucy? -acusó Rita.

-Ella sabe bien por qué -contestó Lincoln.

-¿Y no se te ocurrió que…?

-Mira, mamá, si vas a defenderla te juro que me…

-No hablaba de defender lo que hizo o el porqué -excusó Rita con firmeza-. El día que me llamaron de la escuela porque quemó el gimnasio, el psicólogo le hizo dibujar a su familia. ¿Y sabes qué puso? Te dibujó como si fueras su héroe, ¡más de lo que yo lo seré en su vida!

-Pues hace tiempo debió acostumbrarse a no depender tanto de mi -dijo Lincoln, esperando que toda la discusión acabara mientras el resto de sus hermanas menores tomaban la misma previsión de hace años-. ¿O no decía que era muy independiente? ¿Por qué crees que yo le daba su espacio?

Tomando su plato, Lincoln bebió de golpe el caldo y salió tras su hermana mientras que el resto solo se quedó viendo cómo se retiraba, ahogándose un poco con lo que él debía de masticar.

~o~

Las pocas veces que Tiago prepara el desayuno resultaron ser algo por demás decepcionantes. No por el esfuerzo, sino porque, Clyde odia admitirlo, su sabor le queda bastante flojo. Insípido, si fuera a hacerlo o todo al vapor o todo a las brasas, pero siempre con esa notable falta de sabor.

Justo esa misma mañana, hasta el pan tostado se sentía como hume espuma. Crujiente pero sin más sustancia. Y no es que Tiago eche de menos Brasil, pero si ha notado en los últimos tiempos que su amigo (todavía se resiste a verlo como un hermano, pero ya han hecho bastantes progresos) se pone un tanto melancólico y escucha a algún cantante del cono sur. Cosa que hoy, sin embargo, no sucede.

Lo encuentra en la cochera, sitio al que generalmente Clyde tiene prohibido entrar, frente a una pizarra y cinco personas del vecindario.

-Não, não é assim, senhor Sullivan -corrige en portugués a un hombre calvo, castaño y calvo de camisa de algodón verde y lentes rectangulares-. Así van a pensar que va a querer una temperatura do porco y no un carne de porco temperada

-¿Perdón? -dijo el llamado Sullivan.

-Está tomando temperatura y no temperada, No son lo mismo.

-Tiago… -llamó Clyde, golpeando un poco la pared opuesta a la pizarra.

-Terminaremos mañana -anunció Tiago, prestando atención a Clyde-. Mañana tenemos práctica de conversación. ¿Qué tal?

-¿De dónde sacaste esto? -preguntó Clyde.

-La nueva vecina de enfrente me dijo que había materiales de desecho en la primaria -respondió el brasileño, señalando a la casa de al lado-, y creyendo que yo soy mexicano me pidió que los arregle para la semana que viene, para unos cursos de verano.

-¿Por qué lo haría?

-Es maestra de primer grado.

-Oye, estuve pensando -dijo Clyde, mirando un poco a la acera mientras veía pasar a la maestra Johnson y a su madre en la acera-. Tal vez deba de hablar con Lincoln sobre… Chloe.

-Es curioso que lo digas -sonríe Tiago, sentándose en uno de los pupitres-. Sus papás están tomando clase aquí, y quieren ir de vacaciones a Rio… no les mentí -añadió-. Mi ciudad es un asco si quieres hacer un recorrido por los barrios bajos, Copacabana y demás.

-Creí que te gustaba vivir allí.

-Si, me gustaba, pero la vida allí es tan aburrida cuando vives con comodidad. Envidié un tiempo a quienes viven en las favelas, como en Cidade de Deus, hasta que a mi tía Julie se le ocurrió meterse a Rocinha cuando tenía trece.

-¿Y qué le pasó a tu tía?

-La asaltaron y alguien le pasó encima una motocicleta sobre el pie -confesó Tiago-. Le dije eso a los papás de Chloe para convencerlos de no ir allá.

-Eres algo retorcido -acusó Clyde.

-Perdón por eso.

-Y… ¿no te preguntaron por mi? -preguntó Clyde.

-Trato de no tocar ese tema, pero si -contestó Tiago, incómodo-. Lo saben.

-Oh…

-No sé si te sirva saberlo, pero creo que al menos unas cuatro chicas quieren algo contigo.

-¿De verdad?

-Supe de una pelirroja en Reininger's y una tal Amelia, de tu clase de Cálculo -detalla Tiago-. También una chica de secundaria, una emo, y creo que una Rachel, Rachelle, Rochelle… algo por el estilo.

-¿Y cómo sabes eso?

-No sabes de qué se entera uno cuando se es cajero en una tienda de ropa.

-¿Es en serio?

-Tan en serio como que te apellidas McBride.

Suspirando un tanto abatido, Clyde se sabe algo abrumado. No ha querido saber nada de Penelope desde el incidente de la bomba apestosa en el primer baile de secundaria. ¿Amelia? Es linda, pero como pasó con los padres de Mollie hacia Lincoln, él no tiene buenas referencias con sus padres. Haiku, ni loco, por mucho que le agrade, y en cuanto a Rachel, solo supo de ella ese día que a él y a Liam los atacaron en las gradas del estadio, y tener relación con Jordan no le da buenos puntos con ella hasta donde sabe.

-Y yo que pensé que Chloe se tomaría un tiempo desde que nos encerraron en ese cobertizo.

-Pues te tengo noticias. Una buena y dos malas, ¿cuál quieres? -ofreció Tiago, a lo que Clyde no responde- Ok, las malas, no quiere saber de ti por un tiempo y cree que necesita un tiempo para que vuelva a dirigirte la palabra, así quiera salir conmigo… y si, quiere salir conmigo.

-¿Y la buena? -ironizó Clyde.

-Que ella no es mi tipo. Prefiero que gaste su tiempo contigo a que vaya por mi. ¿Qué rayos le puedo ofrecer que tú no le puedas dar?

-¿Cómo que no es tu tipo?

-Prefiero que sean más arriesgadas. Chloe en realidad es… ¿cómo lo digo sin que te ofendas? Es muy dominante para mi gusto.

-Y eso es… ¿malo?

-No quiero lucirme como todo macho latino, pero la verdad a las mujeres aquí les gusta tener algo de variedad, si me entiendes.

-La verdad, no entiendo.

-¿Por qué crees que evito tratar con ellas si es posible?

Dudando por un segundo, a Clyde la posibilidad de que Tiago sea gay le pareció ridícula. Él, mejor que nadie, sabe que su amigo es precisamente lo más lejano a un homosexual de lo que él jamás estará para ser criado en una familia homoparental. Tanto así que no ha dudado en espiarlo mientras cree que nadie lo ve, y es un hecho que lo ha escuchado y visto sostener alguna llamada con alguien en la ciudad. La mayoría de las veces de esas llamadas que suelen ser muy privadas y propias de una película para adultos.

-¿Por qué no me ayudas con esto? -pidió Tiago, alzando una botella con limpiador de pino y una franela- Al rato vamos por yogurt helado y, ¿por qué no? Invitamos a alguien al cine.

Con los nervios a flor de piel, Clyde solo toma la botella y empezó a rociar el líquido, notando bajo la franela numerosas asperezas, todas ellas tallas de quienes las ocuparon en su mayor parte. Entre frases como "La maestra Allegra apesta" y "Marcy tiene piojos", era infame verlo antes de tallar con una lijadora.

~o~

Le llevó toda la tarde, pero en las casas donde supo vivían los raros del viejo Club Fúnebre de la primaria tuvo resultados mixtos. Aunque sabedor de que no iban a hablarle de buen grado, lo cierto es que Haiku solo le dio una cortés negativa a cambio de un poco de sangre virgen -lo que, Lincoln alegó con sobrada razón, dejó de tener en enero- o unos mechones de cabello. No así en casa de Dante, que se había mudado al otro lado de la ciudad, o Morpheus y Persephone, abiertamente hostiles hacia él. El primero por haberle hecho perder una apuesta, la segunda por tener una historia bastante distorsionada de lo que fue el encierro en el departamento.

Con los demás chicos del Club de Escritura que conoció por su hermana, no tuvo mejor suerte. Una chica bajita, de nombre Sasha, no supo decirle que no sabía dónde estaba, añadiendo una cortés y tímida invitación a salir, mientras que el otro, un chico moreno de tez morena llamado Amir, se limitó a decirle que podría estar en la sección de jóvenes adultos de la biblioteca, donde tuvo algo de fortuna pese a obligarse a pagar un par de multas atrasadas.

Pudo decir que la suerte estuvo de su lado, pero ni bien la vio esta decidió que la tarde no es lo bastante buena para estudiar a solas.

-Óyeme, ¿qué te pasa? -preguntó Lincoln, molesto.

Lucy solo lo ignoró y murmuró algo a la bibliotecaria Wetta, quien a los pocos segundos se le acercó.

-¿Cómo te atreves a acosar a tu propia hermana? -preguntó indignada Molly.

-¿Perdón?

-Acosas a tu hermana, pequeño degenerado -continuó la bibliotecaria, tomando al chico de la polera y tirando hacia la salida-, ¿Cómo te atreves?

-Escuche. No sé que le dijo mi hermana, pero no es cierto -objetó Lincoln, conteniendo las ganas de empujarla y salir corriendo.

-Me dijo lo suficiente como para llamar a la policía.

-Yo nunca tocaría a mis hermanas. No por mi gusto.

-Sigue hablando, Loud, y cada palabra te ganará un año en la prisión estatal.

-¿Y qué quiere que haga para que me deje ir? -ofreció Lincoln.

-¿Qué? -preguntó la bibliotecaria, cambiando su tono.

-¿Qué debo hacer para que me vaya?

-Ah, ¡ahora lo aceptas!

-¡No!

-Y supongo que tu oferta no es para que guarde silencio.

-Está bien, se lo diré -dijo Lincoln, ya cansado de la situación actual-. No acoso ni abuso de mi hermana. No soy un ladrón, acosador, mirón ni nada que se le parezca, pero si tengo que hacer algo para poder irme pronto, estoy listo.

-Me alegra que digas eso -apuntó la rolliza mujer.

Volviendo a tirar de Lincoln, fueron esta vez a su oficina. Además del mobiliario usual (muebles de acero, aglomerado y cojines, había un par de perchas y, cosa que le extraña, el aroma que allí prevalece no es otro que el de una mezcla de café recién molido y donas recién hechas y rellenas con mermelada de manzana y canela.

Sin darle oportunidad de salir, Molly cerró la puerta y echó el seguro, soltó a Lincoln y se empezó a desvestir, lo que provocó en este una reacción bastante incómoda.

-Ni creas que vas a tocar más de lo que yo permita -advirtió Molly-. Está bien que tus hormonas se pongan como locas cuando ven a una mujer desnuda, ¡pero no será lo que piensas!

-¡Uff! Menos mal -respira aliviado Lincoln, pensando antes que la bibliotecaria Wetta le pediría sexo. Idea que ya puede ir desterrando al no sentir especial predilección por las mujeres con sobrepeso.

Limpiando de un barrido el escritorio, Molly saca de uno de los archiveros una toalla blanca, una botella con aceite para bebé y un par de velas aromáticas de, pudo apreciar, manzana con canela. Tendió la toalla y, con el torso desnudo, se acostó sobre la mesa boca abajo.

-Puedes empezar por mi espalda baja, no más abajo -instruye la bibliotecaria-. Acomodar libros y estar frente a un escritorio la mitad del día no es cosa fácil.

Para su horror, si Lincoln esperaba que mínimo las mujeres rellenitas tuvieran cierto atractivo, tal esperanza se fue por la cañería. Estrías, algo de vello sobre el cuerpo, pero lo que le provocó verdadera repulsión fue encontrar sendas matas de vello rojizo en las axilas.

Ahogando un gemido por el asco que le daba, trató de buscar en su mente algo todavía más grotesco, entre sus propias heridas por el incidente de Churchill, la tía Ruth, la verruga con vello que a la tía de Ronnie Anne le salió en la base del cuello… o la horrorosa visión que tuvo de las primeras vacaciones familiares sin él y sin Lori, en que la tía Ruth los acompañó que le contó Lana semanas atrás. Con el pavor y el asco que le ocasionó recordar la foto de la anciana obesa en tanga, Lincoln pudo trabajar con cierta comodidad.

-Taylor… -dijo, llamando a su supervisora-…, ¿crees poder cubrirme una hora? Llegaré con una horrible imagen en la cabeza.

~o~

Clyde no solo estaba cansado por pulir, barnizar y secar los muebles que Tiago recibió de encargo. En retribución, el brasileño le preparó algo de ropa con la que podrían salir de una forma que, hasta donde puede recordar, no salió con la pandilla desde la segunda semana después de que se fueran los Santiago. Elegante e informal son conceptos que, para él, son totalmente antitéticos, pero cambiando el estilo de camisa de Polo de manga larga a Henley, arreglar sus mocasines y usando un pantalón bastante más abrigado para los días nublados que han dominado la semana, parecía otro, y más si hacía algo que jamás se atrevió a hacer.

-De ninguna manera saldré así -protestó Clyde, cuya cara estaría bastante enrojecida por el bochorno.

-Está empezando a hacer calor -señaló Tiago, viendo cómo su trabajo está siendo menospreciado-. Un cabello como el tuyo te haría resaltar si fuera un corte más atrevido.

-¿Atrevido? ¡Parezco un vándalo! -insistió Clyde, mirándose al espejo.

La crespa cabellera que antes cubría su cabeza ahora es cosa del pasado. La parte superior de su cabeza todavía ostenta unos rizos que le caen por los bordes, pero los laterales y la nuca están por completo afeitados. Para colmo, las puntas del cabello lucen un profuso tono rubio, casi blanquecino, tal y como dictaban las tendencias de estética de los futbolistas al lado sur del continente. Más en concreto, era el mismo estilo que el mayor ídolo del carioca, un cierto jugador que se había hecho célebre por las juergas que se corre y, peor todavía, fingir faltas graves para tomar toda ventaja posible.

-Es lo mejor que pude hacer -dijo Tiago, encogido de hombros y con una sonrisa franca-. Habría hecho más si tuvieras barba.

-Has visto que me afeito cada tres días -señaló Clyde.

-No te ves tan mal -animó Tiago, palmeando la espalda de su posible víctima.

-Si mi papá me viera…

-Clyde, cariño -llamó Howard, sosteniendo la impresión de lo que pareciera ser un reporte escolar-, necesitamos hablar sobre tus calificaciones y… ¡Ay, por Dios! ¡¿QUÉ TE HAN HECHO, BEBÉ!?

-Solo fue un cambio de imagen -aclaró Tiago-, ¡como Neymar dos Santos!

-¡Y encima con la facha de un delincuente! -sollozó el viudo, corriendo a su recámara- ¡¿Por qué me persigue la desgracia?!

-¿Me decías? -preguntó irónico Clyde.

-Solo relájate. ¿Qué podría salir mal?

-"¿Qué podría salir mal?" -remedó Clyde, viendo salir a Tiago y tentado de golpearlo- Odio cuando alguien pregunta eso.

Para su desgracia, la mayoría de las vistas sobre él fueron, más que de reproche o de extrañeza, fueron cautivadas. Peor todavía para Clyde, algunas de sus vecinas llegaban incluso a morderse un labio con un gesto que solo puede calificar de "pervertido". Ni las actrices que vio en aquellos videos que Liam y Lincoln le enviaron después de su encerrona en el cobertizo de Chloe se veían tan dispuestas a meterse con él, y veía, por ejemplo, a Teri, su vecina de enfrente, voltear apenas pasó a su lado junto a su novio y hacerle un gesto para invitarle algo a espaldas de su chico, o a la señora Yates, una vecina de la avenida Franklin, caer de bruces en el interior de un bote de basura de ver lo ajustados que está su pantalón.

El centro comercial, sin embargo, fue una verdadera prueba de fuego. Desde que puso un pie dentro, el camino al patio de comidas fue llevadero, casi hipnótico para quienes los veían. Sobre todo algunos de los conocidos de Clyde lo veían como toda una novedad.

-¡Se los dije! -celebró Chandler, en la fila del puesto de pretzels- ¡A McBride se le contagió lo gay!

-Ei bruto! Pelo menos ele é mais homem do que você, bolas caídas! -insultó Tiago, a quien Chandler no tenía tampoco en muy buen concepto.

-¿Qué dijiste de mi madre, mono? -preguntó retador Chandler, avanzando en la fila sin ver quién estaba tras él.

-¡Que cierres tu maldita boca! -gritó Trent, dos lugares atrás, tirando de la camiseta del pelirrojo para empezar a darle a su antes amigo la paliza de su vida.

-No tenía necesidad de ver o escuchar eso -dijo Clyde, escuchando a su vez alguno que otro cuchicheo.

-Escuché que dejó a su novia porque la encontró en su cama -escuchó a Tabby, de su clase de Química, mirando con cierto deleite a ambos.

-¿Bromeas? -añadió una chica morena de suéter cuello de tortuga verde, pantalón amarillo y cabello corto y crespo- Supe por Dawn Hoskison que…

-¿Ese no es el hijo rarito de los McBride? -señala una mujer de cabello rubio rizado y blusón violeta.

-Tiago, creo que nos estamos pasando de listos -dijo Clyde, temiendo que alguna de ellas se saltara encima de ambos.

-Oye, la señora Carmichael no es tan fácil de convencer -dijo Tiago, resuelto-. De hecho, te traje por una sencilla razón.

Tragando saliva, a Clyde le cuesta imaginar el escenario más probable por el que Tiago quisiera traerlo a Reininger's sin avisar. Si es lo que creía que era, solo tiene la sensación de que algo le irá muy, muy mal…

.

La entrevista duró realmente poco. Dado el escaso antecedente entre ambos, no tenía mayores referencias, pero en cuanto Clyde le hizo el comentario de que debía usar una mascada verde para contrastar la blusa y hacer juego con sus ojos, la señora Carmichael no tuvo de otra más que darle el empleo.

Por ahora, tendría que planchar los atuendos de la exhibición para los maniquíes del escaparate. Con el extremo cuidado que suele caracterizarlo, prendas sobre todo de algodón, rayón, lino, seda y poliéster se sucedieron primero en pilas ordenadas de forma meticulosa y luego adornando, en actitudes más que casuales, a los maniquíes.

De hecho, lo relaja tanto como cocinar. Ese esquema mecánico de rociar, pasar la plancha, ajustar, doblar, desdoblar y vestir le es bastante sedante. Inclusive puede atreverse a decir que obligarse a trabajar con guantes para evitar intoxicaciones cutáneas bajo ese esquema puede ser algo muy relajante.

Lo que no se esperó es que, en menos de tres horas, ya tenía un pequeño corrillo de seguidoras. Entre clientes habituales, estudiantes y alguna mujer mayor, le sorprendía que Tiago hiciera un buen trabajo, para hacerle parecer un vándalo. El único problema le llegó cuando alguien a quien no alcanzó a ver le soltó una buena nalgada.

-Voy a necesitar un abogado -anunció Clyde en la sala de empleados.

-Al menos te estás divirtiendo, ¿no? -preguntó Tiago, mordiendo un cuernito de la máquina expendedora.

-Tiago, esto es serio -objetó Clyde-. Creo que no me han dejado de llegar mensajes en Swiftypic desde que tomaste mi teléfono y subiste esa foto -añadió, sacando su teléfono y poniendo la galería de imágenes hasta dar con una- donde estaba vistiendo un maniquí.

-Tienes que darme crédito, cara. ¿Cuántos números no sacaste de eso?

-Me nalguearon y provocaron que tirara ese maniquí al que se le cae la cabeza -expuso Clyde, molesto, sacando entre recibos, servilletas y papeles varios con distintos mensajes de su pantalón, de los que merecía mención especial una foto impresa de una mujer pelirroja que reconoció como la maestra Allegra, su nueva vecina, vistiendo atrevido corpiño azul rey y negligé en una posición más que sugerente.

-Solo espera a la reacción que busco de alguien en especial.

Tomando a Clyde de su asiento y llevándolo al piso de ventas, Tiago cerró la puerta y Clyde cayó en cuenta.

En la entrada de la tienda, Chloe estaba acompañada por Emma y alguien fornido que no podía reconocer, de piel bronceada, chaqueta de un tono verde parduzco y cabello castaño rojizo. Parecían muy animados, pero con la cara nerviosa que ese chico esboza, lo más seguro es que él tenga que cargar con eso.

-Vaya -dijo una voz melosa pero insoportable para él detrás-, entonces las chicas no mentían.

-¿Penelope?

La pelirroja no había tenido mucho tiempo de arreglarse. De hecho, el conjunto con el que salió es de todo menos atrayente, pues el suéter holgado rosa opacaba demasiado las pecas de su cuerpo, y el pantalón acampanado la hace ver demasiado poco sexy. No solo eso, sino que arreglar su cabello en un moño alto como siempre la hizo solo menos linda.

-Hola, Clyde -saludó Penelope, pretendiendo sonar sensual, logrando solo escucharse algo nasal-. ¿Vienes a ver o solo… vienes a ver?

-N-n-no es nada de eso -alegó Clyde-, solo estoy t-t-tra-trabajando.

-Mmm… me gusta como suena eso.

-¿Podrías dejar de invadir mi espacio? -pidió Clyde, nervioso, retrocediendo hasta que no tuvo espacio para retirarse- Hoy tuve de-demasiadas intrusiones, y de verdad…

-¿Ajá…?

-… ¡de verdad! Tengo demasiado quehacer, lugares que conocer, gente que ver, cosas q-que… ¿ro… bar?

"¡Bien hecho, McBride!", reprocha para sí en su mente. "No tenías ni siquiera que decir eso! ¡Solo dile que quieres tu espacio y ya!

-Oh. Créeme -dijo intimidante Penelope, bajando de a poco el volumen de su voz y acorralando al chico-. Sé bien de… lo… que… ha-blas.

Apresándolo contra la pared junto a la registradora, Penelope lo besó con fuerza, metiendo su lengua en la boca de Clyde con todo el deseo que tenía por él. La mente del chico no se fue desvaneciendo, como muchos se lo quisieron vender y como le llegó a pasar con Chloe.

-¡MENTIROSO! ¡Eres un MALDITO MENTIROSO!

El grito de Chloe bastó para hacer que Clyde rompiera todo contacto. Viéndola correr, Clyde buscó algo de conmiseración, pero era casi imposible encontrarla. Ignoraba la verborrea de la señora Carmichael a Penelope sobre relacionarse entre empleados, a Emma tratando de digerir lo sucedido y a Hannah, su hermana, con cara de preguntarse qué demonios ocurrió.

Último de todos, Tiago. El chico salía de la sala de empleados y solo tenía ganas de preguntar una cosa.

-¿Qué tal? Funcionó, ¿eh?

Encogiéndose de a poco, Clyde solo reprimió con todo las ganas que tenía de golpearlo.

~o~

Después de haberse ocupado de empacar, Lori no podía creerlo. Ver pelear a esas dos por una insignificancia como el pago del mantenimiento no era lo que esperaba, pero tanto Nikki como Ronnie Anne acabaron bastante mal, lo suficiente como para que la rubia se fuera justo antes de que llegara el portero con un aviso de desalojo.

No tiene más opciones. Busca algo más barato para seguir aplicando para el programa a distancia de la universidad, regresa a casa (desconociendo los términos en que lo haga,y si es que tiene las puertas abiertas a ello) o volver a Windsor, aunque quedándose ya más por su cuenta y sola. La idea ya se le antoja como un panorama desolador, incluso si va Leni con ella.

-Gracias por ayudarme a empacar -dijo Lori, incómoda de ver ya todo listo para salir mañana por la tarde.

-Es lo menos que podía hacer -respondió Ronnie Anne, apilando su maleta en el sillón envuelto con una manta blanca-. Eso… y pagarte el flete.

-Seguro ya no importa -dijo Lori, mirando un poco por la ventana y suspirando-. Fue lindo mientras duró.

-Oye, ¿no tenías un concierto hoy? -preguntó la latina.

-¿Cómo supiste eso? -dijo sorprendida Lori.

-Sé que te gusta Boyz will be Boyz. Bobby tenía una canción suya como tu tono.

-¿Y?

-Las entradas se vendieron, y no sé, quise comprarte una solo para…

-Gracias, Ronnie Anne, pero ahora no puedo andar de concierto en concierto -detuvo Lori, señalando las maletas y las cajas-. Hay cosas que todavía tengo pendientes.

Dejando a Ronnie Anne tras ella, Lori sube a la azotea, quizá por última vez, y se dedica a mirar al horizonte.

La azotea no le gusta mucho, realmente. Con la vista obstruida por el distribuidor de la salida a Pontiac, se puede hacer a la idea de cómo fue que semejante sitio pudiera tener un alquiler barato para sus prestaciones. Considerando que estaba bien comunicado, tiene sus servicios en orden y una buena conexión de internet, no da con el motivo de lo bajo del costo. Dos años más trabajando, podría comprarlo sin problemas si convence al dueño.

Mirando a lo poco de atardecer que el distribuidor le permite, no quiere tener nada en mente. Solo vivir su presente y quedarse un poco para sí. No quiere pensar ni en Leni, sus hermanos, Bobby o trabajo, nada de nada. Solo estar allí.

Para cuando oscurece, Lori ni siquiera se había dado cuenta de que hace un frío casi invernal. Había salido usando una polera celeste y un pantalón corto arena, y el tiempo que pasó apenas y lo notó. Por ello, le extrañó que Leni saliera con una chaqueta.

-¿No se supone que estabas en un concierto? -preguntó Lori, volviendo de nuevo la mirada al oeste.

-Por eso vine, para recogerte -respondió Leni, abrigada en su habitual chaqueta rosa pastel y mallas térmicas blancas antes de preguntar-. ¿Por qué empacaste?

-Aviso de desalojo por falta de mantenimiento -dijo Lori, sin voltear-. Creí que no podían desalojar a nadie por eso.

-Y no pueden.

-Como sea, mañana podría volver a…

-¿A casa?

-No -dijo Lori, bajando la mirada-. No creo que papá me reciba en casa como a Lincoln.

-Lincoln no la está pasando tan bien como crees -dijo Leni, poniéndose al lado de su hermana-. Ya sabes, desde… Lucy.

-Ah.

-¿Sabes? Lincoln me dio una cuponera por mi pasado cumpleaños -dijo Leni, mostrando una cuponera con fecha de vencimiento del mes entrante-. Podríamos ir para darles la noticia.

-Bueno… supongo que nada se pierde con intentar -titubeó Lori-. Espero que tengan ensalada todavía.

-La quitaron del menú en 2019 -respondió Leni-. Becky se enfermó de salmonela porque alguien no lavó bien la lechuga en sus vacaciones.

-¿Tienes alguna otra idea?

-El concierto empieza en dos horas. Tal vez si…

-Los de la mudanza llegan mañana temprano y no quiero recibirlos desvelada.

-¡Ya acepta y ve de una vez! -gritó Ronnie Anne desde la puerta.

-Vamos, ¡será genial! -dijo animada Leni- Será nuestro primer concierto desde 2017.

-Los conciertos se acabaron para mi -apeló Lori-. No quiero tener que ir sobre sopas instantáneas un mes de nuevo.

-¿Y eso cuándo pasó?

-Enero de 2020, la última gira de Smooch. Lincoln y Sadie se quedaron afónicos. Su novia por entonces… apenas había recuperado mi permiso, y todavía tuve que pagar cuentas esa semana.

-Oh…

Pensativa, Leni apenas y comprende lo difícil que debió ser para Lori estar casi por su cuenta. Todo el tiempo que estuvo lamentando su situación, y no pensó demasiado en cómo debían de pasarlo.

El rato que se pasaron conversando solo tuvieron una breve interrupción de Ronnie Anne, que tuvo que pagarle por los boletos sin cargo extra. Conversaron, pero no repararon que esa noche era de luna llena… una que empezó a oscurecer hasta enrojecer.

~o~

Toda la tarde, después de haber dado ese repulsivo masaje, hizo lo que pudo para compensar a Taylor por el retraso. Incluso tuvo que editar algunas fotos para que pareciera que él mismo estuvo en el asilo Cañón Sunset como parte del "voluntariado" de la preparatoria.

Teniendo que quedarse una hora más, aceptó que Taylor lo llevara a casa, pero no contó con que alguien lo estaba esperando afuera, evidentemente molesta.

-Así que engañas a tu noviecita con tu jefa -ironizó Ronnie Anne, cruzada de brazos.

-No es mi novio, pero quisiera darle el trabajo -objetó Taylor, burlona.

-Preferiría que no -intervino Lincoln, incómodo con la última parte.

-No voy a golpearte por eso, Patético -dijo Ronnie Anne-. Solo vine porque tengo una pequeña propuesta que no puedes rechazar.

-Mira, solo quiero llegar a casa, ¿si, Ronnie Anne?

-Entonces supongo que tendré que hacerlo por la mala.

Conociendo las intenciones de Ronnie Anne, dio un paso al costado y emprendió una carrera corta. No vio una lata aplastada que alcanzó a pisar, cayendo sobre su espalda y golpeándose la nuca.

-¿Crees que esté bien? -alcanzó a escuchar a Taylor, mientras su visión se hace borrosa.

-Ya me haré cargo -respondió Ronnie Anne.

Desubicado, pero sin cerrar los ojos, llega a sentir distintos movimientos, algo de traqueteo en el camino y algo de frío en la cabeza (desconociendo en qué parte, ya que el aturdimiento era notable). Lo extraño es que, en lugar de escuchar solo las voces de ambas latinas y de alguien más, veía colores y formas abstractas.

No puede ni hilvanar un pensamiento, menos articular palabra alguna si es que está consciente. No sabe ni siquiera qué está diciendo, y lo primero que ve es el techo de la cocina en casa. Sin embargo, está oscuro, y la única luz que reconoce es la de la luna, extrañamente menguante.

Sintiéndose rígido por el tiempo aturdido, se dirige al refrigerador y toma un puñado de lo primero que palpa. Firme, de textura aparente crujiente un poco reblandecida, no le importa si es una milanesa o una pieza de pollo frito, lo muerde y ni siquiera se da tiempo de apreciar en sabor. Con que sacie su hambre, le basta.

Yendo a la sala para subir a su vieja habitación por un cobertor y una almohada, ve que el televisor está encendido. Al parecer, Lynn llegó por el fin de cursos en Chicago, y es la primera vez que no huele a pies o come algo grasoso como cerdo. Eso, la verdad, es un cambio bastante bien recibido.

-Ni un paso más, Apestoso -dijo esta, en medio del estrépito de un tazón cayendo al suelo-. Tu novia dijo que se quedaría esta noche aquí.

-Disculpa, pero yo no tengo novia -reprochó Lincoln.

-Oh, si, es cierto -dijo sardónica Lynn-. Lucy me dijo que cambias de zorra como de calcetines. Sus palabras.

-A ver si esto se mete en tu cabeza, Lynn -dijo Lincoln, dando leves golpecitos en la cabeza de su hermana-. La última chica con la que salí como novio vive en Canadá.

-Pff, claro, y seguro no robaste tercera con esa chica, ¿eh?

-Habla así y verás que…

-¡No te lo tomes a mal! -contuvo Lynn, cortando la amenaza de tajo-. Digo, fuiste un idiota, pero no digo que esa chica me desagrade, Joyce, Eunice, Clarisse, como se llame.

-Jordan -corrige Lincoln, aún ofendido.

-Si, ella. No tengo nada contra ella si no es Rosato, y aún así -continuó Lynn- es algo solo deportivo por lo que sigo esperando revancha.

-Si hablas así de ella, debe ser algo de lo que no estuve enterado.

-La semana de quemados de 2018, gracias por recordarme mi peor derrota -recriminó Lynn, soltando un puñetazo al hombro de su hermano, que se quejó-. Escucha, esa chica solo ha tenido dos o tres buenos acercamientos aquí, y Lucy es la única que de verdad la odia.

-¿Cómo sabes eso? -preguntó Lincoln, sorprendido.

-Me lo dijo Luna la semana pasada, cuando terminaron mis finales.

-Ah.

-El punto es que la única persona que la podía controlar eras tú, Apestoso -aseveró Lynn.

-¿Quieres dejar de llamarme Apestoso? -pidió Lincoln- Ya eres mayor, ¡madura!

-Madurar es para las frutas -negó esta, encogiéndose de hombros-. Te decía, Lucy se quedó sin alguien sensato o arriesgado cuando nos fuimos. ¿Te dijo de la vez que se cayó de las barras y se dislocó un hombro?

-¿Cuándo fue eso?

-Hace tres años. Sus amigos fenómenos la dejaron a su suerte, y yo estaba recorriendo el campus. Las siete horas mejor invertidas de mi vida hasta ahora.

-Eres una insensible -espetó el peliblanco, tomando el control y cambiando el canal hasta darle la vuelta completa.

-¿Y tú qué eres, tontolón? -retó la castaña- Hablé con Lucy en la cena y me dijo todo.

-Entonces no hay nada qué explicar -dijo desdeñoso Lincoln, levantándose y yendo a la escalera.

-¿Cómo los cuarenta que me pediste prestados para el ferry antes de irte? -empezó a enlistar Lynn, cansada del asunto- ¿O los doscientos que supuestamente iban a ser para su cena en Navidad el segundo año que tú y Lori no vinieron?

-Esos te los pagué -observó Lincoln-. Lola me dijo que te los iba a dar.

-Esa rata… -maldijo Lynn entre dientes, respirando hondo-… como sea. Si no fuera porque te operaron hace poco, te golpearía en la cara. Ahora quiero que me digas una cosa. ¿Tanto te importa lo que te tomó la Duquesa de la Oscuridad?

-No solo me importa. Me importa que ella lo haya hecho sin decir nada.

-Entonces eres un grandísimo tarado. Por darle importancia a una chica que se metió a tu cama, por embarazarla y por

-¿Por qué? -cuestionó Lincoln, desafiante.

-… ¡Por darle prioridad a ella y no a tus hermanas, a tu familia! -respondió Lynn, haciendo que las paredes se cimbraran un poco.

-¡Lynn jr! ¡Deja de gritar como loca! -exclamó Lynn sr. desde la recámara.

-Pues quieran o no, van a ser tías. No va a ser distinto a como si Lori o Leni fueran la madre, y es más. Podrías dar gracias a quien sea que no soy el exnovio de Leni.

Si Lynn pensó que el puñetazo que iba directo al hígado de su hermano daría de lleno a sacarle el aire, peor puntería no pudo tener. Por reflejo, Lincoln retrocedió un par de pasos y metió la mano izquierda como si fuera a recibir un disco directo en el pecho. Ello provocó una sorpresa negativa en la becada, pues entre el abuso de su amiga y la mención al hoy ex convicto su piel palideció como si de Lucy se tratara.

-Lo mismo que le dije a Lucy te lo voy a pedir -dijo Lincoln, retirando la mano del puño de Lynn-. Al menos dale una oportunidad a mi hijo, ¡por favor!

-Lincoln, no va a… -dijo Lynn, viendo que su hermano ponía una mirada de cachorro… uno que tuvo días bastante malos-… ay, ¡no la mirada! ¡La de perrito abandonado no…! -insistió el chico con su mirada- ¡Bien! Tú ganas, pero tendrás que tragarte tu orgullo si ese chico no me venera.

-Gracias, Lynn -jadeó aliviado Lincoln.

-Oye… estoy pensando en algo tal vez un poco arriesgado.

-¿Qué?

-Veras, las chicas en el equipo B se burlan de mi porque sigo siendo virgen -expuso Lynn-, y quiero que me hagas un favor.

-¡Que asco! -exclamó Lincoln.

-No ese favor, idiota -espetó Lynn-, no de ti. ¿Crees que Liam o Clyde estén disponibles?

-Liam no puede -respondió Lincoln-, lo tiraron de las gradas del estadio hace semanas, y Clyde, bueno… no sé qué pasa con él y Chloe.

-¿Quién Chloe?

-Una chica con quien salía.

-Bien -dijo Lynn, cansada-, plan B. Solo necesito que edites una foto con uno de los dos.

-Solo si me ayudas a convencer mañana a Lucy -accedió Lincoln-. Solo necesito una foto tuya, ya hablaremos de eso luego… y un video de alguien parecida a ti.

-Y yo soy la asquerosa.

-Solo es edición de video, no es nada que Lori no me enseñara.

-Tengo que saber una cosa más -dijo Lynn, siguiendo a Lincoln escaleras arriba.

-¿Qué?

-¿Cómo lograste parar mi golpe?

-Fui portero en un equipo de hockey, ¿recuerdas? -respondió Lincoln-. Un reconocimiento al Juego Limpio en el octavo grado es mi aval.

-Oh…

Pensando que ya tenía a Lynn en el bolsillo, Lincoln cree que la manera de abordar a Lucy es dejar que su hermana mayor tomara cierta iniciativa. Actuar mientras planea sobre la marcha no es su fuerte, pero como le dijera la señora Borutski, uno nunca pierde con probar un pensamiento paralelo.

~o~

Agosto 15 de 2022

Se siente extraño volver a prestarle atención a este pasquín después de dos ship week y el estreno de una película que me dejó un tanto insatisfecho. En fin, ¿qué le hacemos? *ve el anuncio de otra Ship Week para septiembre* No sé, dudo de participar para una Lunacoln Week. Ya solo tengo presupuestada la Luaggie Week y quizá una más antes de que el año termine.

Una de las consecuencias inmediatas de la guerra actual en Ucrania ha sido el relativo desabasto de la vacuna Sputnik V. Digo, ¿quién manda a Putin a "auxiliar" a las regiones separatistas del Donbass, léase Lukhansk y Donetsk, de población rusa mayoritaria? No voy a negarlo. La creación del instituto Gamaleya ha sido, en mi opinión, una de las mejores inoculaciones. Muchos lados ya conocemos la historia. Apenas se dio el primer disparo en febrero, las compras cesaron y se dio una condena casi global. Digo "casi", porque ha habido poco respaldo al Kremlin (en Latinoamérica, Venezuela, Nicaragua y hasta cierto punto Argentina, que sepa), y llamados conciliadores de México. ¿Saben qué es lo más gracioso? Que aquí, oficialmente, la explicación es que ya la cobertura con dicha vacuna estaba cubierta, aunque lo cierto es que se ha pactado ya una nueva adquisición por, al cierre, 7.4 millones de dosis. Y más curiosidad me da saber cómo demonios se logró eso, con el bloqueo al que Rusia está sometida, y más todavía saber si el pago se efectuó en rublos.

Tendré que ampliar un capítulo más. No por mis nueces, sino porque el asunto con Lucy me se me prolongó, el de Clyde ya no tiene remedio y los problemas de Lincoln, bueno... se hicieron algo abrumadores a dos flancos.

Ya no queda decir nada. En todo el mundo entramos en una fase de "sálvese quien pueda", así que...

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