Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
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Vínculos
XXIX
Farsa y mentira
Pt 1 Nuevos vínculos
Royal Woods, Michigan
16 de mayo de 2022
6:34 am
Las habitaciones de Lori y Lincoln Loud
Le resulta raro ver todo el departamento vacío. Admite que hay cosas que no extrañará, por lo pronto, pero todavía no tiene idea de cómo es que Lincoln no ha tenido tiempo para venir por sus cosas. El problema es que ya en unas horas tiene que recibir a los de la mudanza y llevar a unas bodegas la mayoría de sus cosas.
Extraña tenerlo allí. Acostada en la cama, desnuda y mirando al techo mientras Leni hace lo propio en un colchón inflable, extraña los pocos ratos de tranquilidad que pudieron tener. Noches de películas, sesiones de spa que improvisaron si había oportunidad… era lo mismo que pasaron hace cuatro horas ella misma y su hermana. Como si en una noche se diluyera (ahora sí) todo resentimiento hasta ser apenas una manchita en la superficie que ya no tiene importancia.
Sin importar su aspecto actual, toma un cigarrillo del bolso de Leni. Le sorprende saber que allí había escrito una fecha que, a resultas de su conversación pasada, debió ser fuerte.
4 de Abril de 2018
Por asociación, cree que es la fecha es del día en que se enteró que Chaz le vio la cara de estúpida como nunca. Y dado el sabor que tenía el que empezó a fumar, debió comprar esa cajetilla cuando ella misma estaba viendo su admisión a la universidad en Windsor.
Mirando al este, sabe que el día está todavía lejos de terminar. Ya solo le queda ver a dónde podrá mudarse.
A esa misma hora, Lincoln tenía el sueño agitado. Apenas durmió a las dos y editar un video porno para que pareciera que era Lynn quien tenía relaciones con el exnovio de Taylor.
¿De dónde habrá sacado Lynn ese video? Quien lo sabe. Si Luna le consiguió material "por si los deportes ya no la llenan y quiere un ejercicio diferente" (palabras que Lynn le aseguró eran de Luna), era lo de menos. Las cosas podrían haber sido peores. De todos modos, la tarde del día anterior pasó por una situación bastante traumática como dar atenciones a una persona que, aunque agradable, le dio motivos para dejar de fantasear con ella mientras se toca a solas en el remoto caso de que quisiera hacerlo.
Mirando a la luna en el oeste desde un resquicio en la puerta de la habitación de las gemelas, tiene una idea de cómo sus problemas podrían tener solución. No algo sin plan o demasiado trabajado, sino más bien tener una idea base y reforzar sobre la marcha.
Mirando sobre su situación con Lucy, cae en cuenta que las cosas con ella debían de Estar mejor. Acepta que no reaccionó como debiera haberlo hecho. Se dejó llevar y la única víctima aquí, al menos en su percepción hasta ahora, fue Jordan. La discusión sobre ella se salió de control, y lo más probable es que Lucy lo repudiaría si sigue viéndose don su amiga, la señora Rosato le prohibiría acercarse a Jordan y, con ello, a su hijo o hija.
Volviendo al viejo armario acondicionado, se resigna a tener la visión de Lynn, toda desparramada sobre la cama. Tanto trabajo que le costó zafarse de su abrazo, y ahora se arrepiente de haberlo hecho.
Tomando la ropa del día anterior, fue a la cochera y montó su bicicleta. Sabe que tiene que resolver sus problemas más inmediatos ahora mismo, y a pesar de que ya no puede entrar a la tienda de Flip, sabe que no es la única en Royal Woods.
~o~
Clyde se la pasó aporreando la almohada hasta dormir, y ahora se encuentra rodeado de todos sus viejos animales de peluche. Con lo pasado ayer, no debería de sorprender a nadie, pues no solo Penelope invadió de forma realmente agresiva y desagradable su espacio personal, sino que sus oportunidades de explicarse con Chloe se fueron sencillamente al demonio. Y la peor parte, a ella parecía importarle demasiado poco lo que él ya tenga que decirle.
Sentado en la barra, le pidió a su padrastro que arreglara lo mejor que pudiera su cabello. Tarea imposible, pues el tinte que Tiago le consiguió era barato, lo trató con mucho peróxido y muchas raíces ya estaban afectadas en la nuca, y la única solución a la mano fue afeitar su cabeza. Cuelga decir que ambos están complacidos del resultado actual.
Es la primera vez en semanas que prepara el desayuno. Huevos pochados con pan tostado, jamón cocido y mermelada de limón casera para Howard, tortilla de jamón y cheddar para Tiago y huevos revueltos para él, todo acompañado con fruta picada, café flojo y, en el caso de su padrastro, media taza de leche de almendras, a consecuencia de años de haber irritado su estómago por su luto.
Resultó incómodo tener que desayunar solo. No queriendo importunar a ambos, apuró su comida y llevó a la lavaplatos los trastes, los que ocupó para cocinar y los usados para comer. Acto seguido, salió mientras escucha a Howard y Tiago desperezarse.
Le tomó un rato alcanzar la parada de autobús. Si bien es lunes, acepta que puede hacerse tiempo para recoger a Liam en su casa. No tiene ningún inconveniente en empujar su silla por terreno accidentado, si eso le ayuda a no pensar en su ex. Dando un rodeo alrededor de la avenida Franklin, no espera encontrarse a Lincoln. Él ya tiene, considera, demasiado de qué preocuparse, y más si no le pide ayuda de alguna forma.
En el camino, forzosamente debía sortear la entrada del cementerio de la calle Oak, sitio que preferiría no visitar en ese momento debido a la bruma matinal que emana del césped y las fosas. Sin embargo, se encuentra con una figura negra frente a la puerta que, en principio, creyó era un cuervo, pero resultó ser bastante más grande.
-Largo de aquí, McBride -silbó Lucy, tratando de sonar amenazante y sin voltear siquiera.
-Ni siquiera estaba de paso -respondió Clyde, incómodo por el tono de voz.
Si las sesiones con la doctora López le dejaron algo, fue saber cómo reconocer ciertas señales. Aunque Lucy suena a que quería que la dejaran sola, hay algo más. De hecho, a juzgar por lo poco que Lincoln le había dicho en los días previos, le tomó dinero y por eso están en una situación extremadamente delicada.
¿Qué haría Lucy allí? Todo cuanto sabía por Lincoln era que es su camino habitual a casa cuando iba a dormir con amigas antes de la pandemia, su lugar de sesión y, en fechas más recientes, un territorio prohibido por varias incursiones que hiciera.
No logró llegar a la esquina. Ni veinte pasos dio, y un gruñido de Lucy le hizo detenerse, seguido por un sonido metálico que le hizo voltear.
-¿Qué fue lo que acabo de decir? -insistió Lucy- ¡Largo!
-Liam puede esperar -musitó para sí Clyde-. Sé que tienes problemas con Lincoln.
-¿Y eso qué? Eso no te incumbe.
-Si, no me incumbe desde tu punto de vista -afirmó Clyde, acercándose de a poco-. Pero si él me lo contó, entonces me importa tanto como a él.
-Entonces ya sabes que se metió con una cualquiera -dijo Lucy, sintiendo de la nada que la cara le ardía.
-Pies para tu información -expuso Clyde, pretendiendo sonar molesto-, conozco a las "cualquieras" de mi clase. ¡Y sorpresa! La chica con quien se metió Lincoln no era una cualquiera. Si acaso -añade-, tuvo problemas en casa que sacó a flote y terminó como una bomba.
-No suena a que la estés defendiendo -dijo Lucy, no muy convencida. Mucho menos al idiota.
-No, tienes razón -ironizó Clyde-. No la defiendo. Pero por lo menos ella es honesta sin tener que irse a los golpes si no se los ganan.
-¿Y por qué ese idiota la prefiere a sus hermanas? -cuestionó Lucy, guardando para sí un agrio "¿a mi?"
-A eso se le llama crecer -respondió Clyde, mirando primero al suelo y luego buscando de dónde aferrarse para no salir corriendo-. Temes que todos te dejen por algo o por alguien más, te aferras y odias perderlo por miedo a… no sentirte bien -añadió, cambiando "fracasar" por lo dicho-. Temes desprenderte de algo que tiene que desprenderse, y aún así lo haces por su bien o el tuyo.
-El mismo sermón que escucharía de un psicólogo.
-Es lo mismo que le pasó a Leni con Lori en realidad -recordó Clyde, en voz baja que Lucy pudo oír con claridad antes de seguir-. Las pocas veces que Leni habló del tema se detuvo cuando quiso hablar de su dependencia de Lori, y ahora es lo mismo que tú estás pasando.
-Sigue insultándome y aparecerás en la esquela de los obituarios -amenazó Lucy.
-Él no va a esperarte en la puerta por siempre -advirtió Clyde-. No lo alejes aunque él esté para ti. Tu inseguridad estaba justificada, pero lo que le hiciste lo está contaminando sus lazos contigo.
Cayendo en cuenta, Lucy ahora empieza a ver el daño que provocó con su proceder. Ella, de todas, fue la que más alejó a Clyde, y la que más se empeñó en hacerlo sentir incómodo. Lo hizo para no tener que pensar demasiado en su hermano, recluyéndose cada vez más en el Club Fúnebre. Cuando no bastó, intentó salir con alguien de la clase de Lincoln en primaria, Arthur o como sea que se llame. Las cosas no funcionaron, se había vuelto más hostil hasta que se enteró que Lincoln volvía, y aunque intentó ser la de antes lo cierto es que el día en que Chandler lo apaleó empezó a sentir cosas que realmente no debía de sentir hacia él.
¿Enamorada de su hermano? Lisa le explicó que la idea podía ser descartada, pero le había sugerido tomar terapia para tratar su complejo de hermano mayor. Hizo caso omiso, controlando el impulso como pudo, pero en cuanto se enteró de la paternidad de él, el pedestal donde lo tuvo fue destruido. Hizo un esfuerzo por reprimirse, y lo único que logró fue una pequeña oleada de vandalismo en la escuela que requirió de una medida muy desesperada, un odio que, aunque justificado, no valía la pena y, lo peor de todo, que su relación con Lincoln se haya dañado. Quizá de forma irreparable.
Dejando atrás a Lucy, Clyde reanuda su marcha a casa de Liam.
Evitando la casa de cualquier conocido, se percata de que la casa de Emma ya está vacía. No le sorprende, pues con sus padres ocupados y ella en camino a casa de Chloe, es justo la última persona que quisiera ver en este momento.
Pensando un poco en su amigo, sabe que los siguientes años será muy difícil para él siquiera vivir en forma plena. Tal vez pueda ir recuperándose poco a poco, pero en un terreno accidentado como lo es su granja, lo mejor que le puede esperar a Liam es estar condenado a pasar el resto de sus días a caminar con un bastón y a tomar fármacos como cierto doctor ficticio. ¿El peor de los casos? Tener que acostumbrarse a la silla de ruedas, lo que para el padre del chico de granja equivale a ser un inútil.
Esperando no encontrarse con el señor Hunnicut, llega a la granja y no ve michas señales de vida. Tal pareciera que los residentes estuvieran fuera de casa por alguna razón, misma que a los animales tiene sin cuidado… al menos, cosa evidente, hasta que sea hora de alimentar, ordeñar, recoger huevos o esquilar. Todavía recuerda esa ocasión que hizo lo posible por ayudarle con la granja un fin de semana del séptimo grado, teniendo resultados apenas aceptables y jurándose que no volvería a meterse jamás a un granero si no fuera necesario.
Encuentra a la abuela de Liam desbrozando la entrada del corral de Carol Anne. La robusta mujer se limita a dirigirle la mirada y dejar su trabajo solo para decirle que su yerno y los hermanos de Liam se irían a una convención de la Nacional del Rifle, y él está desayunando o algo así. Lo último que le pidió fue que se quitara los zapatos al entrar, más que nada por haber lavado la alfombra de la sala.
Por extraño que sonara, para él es toda una sorpresa lo que acaba de escuchar.
-No volveré el año que viene -declaró Liam, bajando la taza con café cortado.
-¿Qué? -dijo sorprendido Clyde, luego de toser su fajita con tocino y huevo por unos segundos.
-Mi papá dijo que, con todo que gastaron en mi para terminar como un… inútil… -añadió Liam, con un dejo de desprecio a su último agregado-…, no debería de estudiar. No con la deuda que adquirió la granja.
-Pero si han estado bien todo este tiempo -apuntó Clyde-, ¿cómo pueden decir eso?
-Hasta apenas ayer me enseñaron las cuentas que se acumularon -dijo apenado Liam, sacando del costado de su silla un pequeño y más o menos organizado montón de recibos y facturas vencidos-. Electricidad, gas, derechos de uso de tierra, una cirugía el mes entrante para intentar arreglar mi columna, cuotas escolares… ya tuvo que vender a Virginia solo para pagar el combustible del tractor, y casi nadie ha querido comprar si no es debajo del costo de producción esta temporada.
-No puede hacerte esto -dijo Clyde, apretando impotente los puños.
-Puede, lo va a hacer y me lo recordará.
-¿No hay nada más que hacer?
-La directora Rivers anunció que el próximo año escolar será presencial al cien por ciento, y como el viejo no cree que eso me haya servido, decidió que mi educación era ya un desperdicio de dinero.
-Es el colmo.
-Le dije que hay rampas, pero prefiere que me encuentre algo que hacer para no ser un lastre.
-Bueno, siempre puedes llevar las cuentas, ¿no?
-Lo cree su trabajo -objetó Liam-. Dice que eso cuenta como suyo.
-¿Puedo revisar eso? -preguntó Clyde.
-Claro…
Por media hora, era un hecho que perdería al menos las primeras dos clases, tomando en cuenta la separación entre la granja y la preparatoria.
-Lamento decir esto, amigo -dijo Clyde, limpiando el sudor de su frente-, pero creo que los estafaron.
-¿Por qué lo dices? -preguntó Liam.
-Las últimas dos personas a quienes les vendieron pagaron menos que el costo de producción por algo recién recogido. Por casualidad, ¿a quiénes proveen?
-Ya discuten eso en la tarde, niños -dijo la abuela de Liam, entrando y quitándose las botas con que salió para calzarse con unas sandalias-. ¿No se supone que tienen escuela?
Sin ganas de debatirle eso a nadie, ambos adolescentes tomaron sus cosas y salieron como pudieron del ligar, con todo y que el terreno está embarrado.
Clyde lo notaba. Liam está perturbado por el simple hecho de ser en parte responsable de la situación actual de su granja, más no responsable absoluto como se lo echaron en cara. En el trayecto a la escuela, la poca charla que hubo después de dejar el tema de lado fue escasa y, más bien, digna de olvidarse por completo.
En el camino, agradecían que no se les cruzara nadie conocido, y aunque una oficial de la policía les reconoció, esta no les hizo más señas en cuanto bajaron del autobús en la línea morada. Ya era lo bastante tarde para que pudieran recuperar el día, por lo que no tenía sentido que se presentaran a clases. Ello los orilló a ir a La Hamburguesa del Eructo, en parte a matar el tiempo que debían cumplir en la escuela, en parte para terminar lo que empezaron en la mañana.
-¿No es muy temprano para que los bebés estén fuera de su cuna? -preguntó Taylor, que parecía haber salido de una noche de bar.
-¿No es temprano para aguantar tus tonterías? -preguntó Liam.
-Touché.
-Escucha, solo queremos terminar nuestra comida y nos vamos, ¿de acuerdo? -dijo Clyde, conciliador- Ya nos molestaron tú y tus amigos en secundaria como para que lo sigas haciendo ahora.
-Pues te tengo noticias, chocolate -dijo Taylor, tomando del cuello a Clyde-. Supe que armaste una escenita de telenovela barata hace tiempo, y te diré algo. ¿Lloras por una enana celosa? No lo vale ni en un millón de cadenas perpetuas.
-¿Cómo te enteraste? -preguntó Liam.
-Niño, me enteré al día siguiente, y todavía Rata -respondió Taylor, refiriéndose a Lincoln aunque ellos no lo sabían- me lo contó. Una a veces se pregunta cómo es que alguien puede ser amigo de ustedes -añadió, soltando a Clyde y alzándose-. Si te sirve saberlo, conozco un par de chicas que podrían hacerles el favor. Asegúrense de llevar gorro, ellas lo hacen en la primera cita.
Viendo a esta retirarse, Clyde se ruboriza tanto por la idea de una noche loca como de verla contonearse al caminar, mientras que Liam solo atina a llevarse la palma a la cara, molesto de ver que su antigua acosadora les daba en bandeja de plata el segundo paso del sistema NBP.
-Ni se te ocurra -dijo Liam.
-No pensaba aceptarle la oferta -replicó Clyde.
-¡Ya las estoy confirmando, y quiero que vayan arreglados mañana al centro comercial, par de idiotas! -avisó Taylor, pendiente de los cuchicheos de ambos.
Tanto Liam como Clyde decidieron que eso podría ser peor, con ánimos de no contradecir al universo.
~o~
Para cuando habían dado las ocho, Lincoln no se había dado cuenta que no llevaba su mochila. Por ello, al encontrarse con Jordan saliendo de la cochera de su casa respiró profundo y corrió hasta casi dejarse arrollar por ella. Entre disculpas mutuas y un golpe al estómago para Lincoln -que admitió, sorna aparte, se lo merecía-, este la invitó a desayunar algo en la escuela, aunque el plan se trastocó a un lugar que él conoce al otro lado de la frontera en cuanto se enteró que no llevaba nada más que la cartera y el pasaporte encima.
Agradecido de que ya se eliminaran muchos filtros sanitarios tanto en el ferry como en la frontera, el tiempo del traslado se hizo tan corto que pareciera el viaje final que tomaron los altos elfos en El Rey de los Anillos casi al final.
Ahora, habiendo perdido ambos el día, estaban sentados en una de las mesas de una cafetería en Windsor. Con sendos platos de poutine y colas de castor esperando, ambos parecían bastante incómodos. Lincoln trataba de disimular aparentando tranquilidad, mientras que Jordan ataca con ímpetu su porción de papas.
-Tienes algo de salsa en la cara -señaló Lincoln, tomando una servilleta y extendiendo el brazo para limpiarla.
-¿Y?
-Ah… es que nunca te vi comer así -mintió el chico, recordando cómo dio cuenta ella sola de tres porciones de pastel hace un mes antes de dormir.
-No sé por qué tenía antojo de papas fritas con salsa de carne -comentó Jordan-. Detesto la salsa de carne.
-¿No has… tenido algún apetito más allá de eso?
-De nuevo me volvió el antojo de chucrut. Con crema de maní -respondió Jordan, un tanto perturbada-. Y no sé por qué hace dos noches tuve antojo de chiles rellenos de frijoles con chorizo. ¿Sabes lo difícil que es encontrar un restaurante abierto a las cuatro de la mañana?
-¿Qué si lo sé? Te recuerdo que muchas veces vi a mi papá salir por sandía a las tres con las gemelas, buscar a quien le pudiera vender algas frescas con Lisa y sándwiches de queso feta asado. Y créeme. Un queso de cabra es algo más caro que el de vaca.
-Dejé de comer esa cosa -objetó Jordan, llevándose a la boca otro par de papas con más calma-. Me provoca gases.
-Y… ¿cómo has estado? -preguntó por fin Lincoln, un tanto cohibido.
-Mamá si se molestó cuando me golpeaste -respondió Jordan, recordando el incidente-. Y todavía me debes eso.
-Pensé que una visita aquí serviría como disculpa.
-Las papas fueron un buen comienzo, ¡pero no creas que estás libre de eso!
-La verdad, también vine a hablar de otra cosa.
"De esa psicótica", pensó Jordan.
-Gracias a lo que pasó… aquella noche… -continuó Lincoln, evitando aludir el asunto del puñetazo-…, ella me odia. Me trata como basura, sencillamente me manda al carajo.
-¿Y así te dices hermano mayor? -cuestionó Jordan, tomando algo de salsa con queso en una papa frita.
-Casi cinco años fuera, ¿te dicen algo?
-La verdad, no, pero en ese tiempo muchas cosas pueden cambiar -aseguró Jordan, evitando que Lincoln limpie una nueva mancha de salsa de sus labios-. ¡Deja de hacer eso!
-Perdona.
-Mira, si quieres que tu hermana al menos te respete, déjale las cosas en claro -dijo Jordan, agitando su tenedor al aire-. Llévala a ver una película, cómprale un libro y escribe una nota en la portada interior o algún dulce, ¡yo que sé!
-Pero…
-Me lo dejaste en claro a mi sin eso -externó Jordan-. Entendí el mensaje, y es duro al principio si lo ves desde dentro. Que ella menos que nadie lo tome ya es asunto suyo, y por desgracia también lo es tuyo. ¿O no te recuerda a alguien?
-Oh, mierda…
-Al fin y al cabo, no soy yo quien debía decirlo, pero que más da. Si tanto te preocupa nuestro hijo, entonces…
-¿Entonces qué?
-Entonces creo que sabes por qué está furiosa contigo.
-Oh…
-Oye, cambiando el tema
-¿Si?
-… ¿vas a comerte eso? -preguntó Jordan, señalando a su poutine, apenas empezado.
-Podría pedir algo más -respondió Lincoln, picoteando con el tenedor por encima del queso, mismo que ya hizo algo de costra.
-Mamá llamó a un pediatra, y le dijo que cuidara mi dieta. Sin excesos de grasas, énfasis en los lácteos y
-Pero ella no está aquí, ¿cierto?
Sonriendo jocosa, Jordan se levantó un poco y le arrebató el plato a Lincoln. Este, captando la indirecta, hizo lo mismo con la cola de castor de su acompañante antes de que se acercara una mesera.
-¿Algo más, Chico Maple? -preguntó esta.
-¿Cree poder traer dos poutine más para llevar y algo de chocolate caliente, por favor?
En cuanto la mesera se retiró, Jordan lo mira, extrañada del mote.
-¿"Chico Maple"? ¿En serio?
-Luego te lo explico.
El resto de la mañana, después del almuerzo y de recoger la Vespa de Jordan de la aduana -ya que aún no era mayor de edad y su permiso no tenía validez en la ribera oriental del río Detroit, dieron un repaso a algunas tiendas de Hazeltucky, evitando el patio de comida rápida del centro comercial. Unas por ropa para bebé a partir de los seis meses, otras por algún detalle, teniendo muy en consideración lo hablado horas atrás.
Lincoln, desde luego, no reparó aún en gastos hasta llegar a una confitería que Jordan conoce bastante bien, ya que allí era donde solía trabajar Emma hasta hace poco por descuidar sus calificaciones. En eso, por lo menos, Jordan se mostró comprensiva y la pagó de su propia cartera.
Con miras a lo que podría ser una transición bastante más rápida de lo que el fin de la pandemia ha resultado hasta ahora, Lincoln la despide antes de bajar de la Vespa y regresa cargado a casa con lo que, espera, sea una ofrenda de paz.
~o~
Le tomó al menos un par de horas entre las góndolas y anaqueles de Reininger's encontrarse con lo que pudiera serle de ayuda. Después de la charla con Liam y Taylor, Clyde está bastante más que decidido.
Viendo en el teléfono la hora, supuso que esta vez no podría salir mal. Tal vez porque la hamburguesa que tomó con Liam y esa charla le dieron ánimos renovados o porque esperaba que todo saliera bien, tiene fe de que su plan funcione.
Definitivamente no quiere encontrarse de nuevo con Penelope. Desde que esta lo abordó, la ha querido evitar como si fuera un apestado, y eso era justo lo que ambos son ya. A ella la despidieron una vez que Tiago se explicó -y cuelga decir que a él también le informaron de su baja-, no la ha querido ver ni en sus peores pesadillas, lo cual ya es decir mucho para alguien como él.
Una vez salió, se dirigió a casa de Chloe a intentar explicarle lo que viera y tal vez, solo tal vez, quedar en buenos términos. No lo lograría, pues en el camino se encontró con Emma.
-¿De dónde vienes? -preguntó Clyde.
-Venía de hacer una tarea con Chloe, ¿por qué lo preguntas?
-Iba a pedirte que me acompañaras.
-Clyde, intenté hablar con ella de eso -dijo Emma-. De verdad no quieres saber qué piensa de ti después de verte con Penelope.
-No me importa -dijo contundente Clyde.
-Bien, no me digas que no te advertí -suspiró Emma antes de seguir-. Piensa que eres el más miserable idiota que pudo tocarla siquiera. Cuando vine, la encontré llorando y me dijo que no era nada, pero cuando le toqué el tema me dijo que no quiere volver a verte.
-Entonces que me vea por última vez.
-Clyde, estás actuando como un idiota.
-Pues este idiota hará algo bien al menos.
Entre protestas, ambos guiaron sus pasos a la casa de Chloe, en lo que sonaba un teléfono.
-¿Clyde?
-Ahora no, Lincoln -cortó Clyde, colgando.
-Escucha, necesito que nos recojas en la front…
Sin pensarlo demasiado, Clyde tocó a la puerta, siendo recibido por una niña de unos ocho años, vestida con blusón lila y peinada con un par de coletas altas.
-¿Está tu hermana? -preguntó Clyde.
-¡Chlo-Chlo! -llamó la niña- ¡Te busca el idiota!
-Gracias -repuso Clyde, tragándose su orgullo antes de recibir un pisotón.
-¡Cierra la puerta en su cara! -oyó desde dentro.
Dicho y hecho, la niña azotó la puerta.
-Te dije que era una mala idea -dijo Emma, visiblemente cansada.
Minutos más tarde, en casa de los McBride, Emma se sentía un tanto cómoda. Para ella, era la primera vez que entraba en casa de Clyde. Este, sin embargo, está desconcertado por algo para lo que no estaba preparado. O mejor dicho, algo para lo que debería de haber estado preparado en retrospectiva.
-Siempre supiste, ¿verdad? -preguntó Emma, tentada de tomar un sándwich que Clyde dejó en una pequeña fuente.
-¿Saber qué?
-Que las cosas entre tú y… Chloe… no saldrían bien de nuevo.
-Eso no debió de haber pasado -contestó Clyde con un deje de amargura-. Al final, ella tuvo razón. Siempre la tuvo.
-¿Razón en dejarte?
-Obviamente.
-A todos nos ha pasado al menos una vez.
-Ni me lo recuerdes -pidió Clyde, acordándose de cierta mancha en su pasado más remoto en el quinto grado.
-Míralo por el lado positivo -animó Emma, tomando un control remoto y sacando del interior una batería, señalando literalmente el polo positivo.
-¿Esa es tu idea de animar a alguien? -increpó molesto Clyde.
-Solía funcionar con Chloe -respondió Emma, cayendo en desánimo antes de mirar a un minibar rebosante en etiquetas con recordatorios de venta que, por suerte o desgracia, no se concretaron-. Oye…
-Ni lo pienses -advirtió Clyde.
-Ni siquiera sabes en qué pensaba.
-¿Y qué pensabas?
-Tal vez que… -titubeó Emma, tardando un poco en recomponerse-… no, sería algo estúpido.
-¿Qué tan estúpido?
-A tu cuarto, ya.
Tomando a Clyde por la espalda, este de verdad teme lo que fuera a pasar. No se le pasó por la cabeza la idea de que, al menos a partir de lo que queda por esa tarde, ambos darían un paso de gigante.
~o~
Llamando por tercera vez, no podía creerlo. Lincoln de verdad está frustrado por tener que esperar en la aduana de la frontera, cargado con las compras que ambos hicieron allí y con la Vespa de Jordan ya sin el inmovilizador para que Clyde los recogiera. Por alguna razón que desconocían ambos, el tanque ya no tenía mucho combustible. Algo extraño, considerando que la entregaron con tanque a tres cuartos de su capacidad. Y tanto Lori y Leni como Luna y Luan están ocupadas. Desconoce lo que las dos mayores están haciendo, y sabe que las otras están en el restaurante.
Sus únicas opciones reales serían Lynn ("Ni lo sueñes", pensó con amargura al imaginar que la futbolista se empezaría a recorrer todo el camino tirando de la motocicleta), sus padres -que no sabían que hoy se tomó el día- y Ronnie Anne, si es que no estaba ocupada, cosa más que probable.
El traslado a pie hasta Huntington Oaks no fue para nada llevadero, y la bomba de la estación local apenas está siendo surtida por una pipa. Para empeorar un poco las cosas, había llamado una última vez a Clyde solo para tener la voz de su amigo en el buzón de voz. Eso ya era mucho más de lo que pudiera aguantar, así fuera de Lola o de Lisa si tenía que recogerlas en casa de una amiga de estas.
Hasta entonces, Lincoln se limitó a escuchar música para intentar sacarse el mal trago que ello le dejó. Jordan, por su lado, se dedicaba a mirar con hastío tanto al chico como las maniobras de los rescatistas. Era evidente que los cambios de humor de nuevo le llegaron, aunque no con la virulenta fuerza de los primeros meses; más aún, llegaron renovados porque en las últimas semanas no ha tenido cierta actividad como ella quisiera. Por añadidura, para su madre era un riesgo potencial tanto convencer a alguien más en la escuela de hacerlo o a Lincoln (bajo el riesgo que entrañaba que la calificaran de depredadora) como pagarle a un gigoló por ello.
-¡Ya pueden avanzar! -anunció el gerente de la estación, un hombre barbado y calvo de baja estatura con cara de pocos amigos- ¡Avancen ya! ¡Los vehículos pesados tendrán prioridad, pero avancen en fila!
-¡Por fin! -suspiró cansado Lincoln, tirando de la Vespa (y de Jordan, que subió solo por comodidad) hacia la bomba para llenar el tanque..
-¡Ten cuidado! Llevas pasajeros -objetó Jordan, viendo rota una fantasía donde se vio a sí misma con Lincoln y una rubia con un mechón celeste que conociera ayer en El Grano Quemado.
-Es que no sé como ese tipo -señaló al dueño de una furgoneta con una espiral y las palabras difuminadas y mal escritas Mystica Espiral que logró adelantarlos- pudo ser tan estúpido como para reclamar que le faltaba cambio para no pagar el tanque completo.
-¿Y yo tengo la culpa? -cuestionó Jordan- A ver, dímelo en la cara.
-Si la tuvieras, no te lo diría.
Con las palabras muriendo en la boca, Jordan estuvo a nada de echarle en cara su situación con Lucy. Sabe que es un tema delicado, y si lo tocó hace rato fue para desahogarse.
-Lo siento -dijo Lincoln, un tanto molesto-, no debí decirlo.
-No, tú discúlpame -negó Lincoln, quitándose el casco pensando que el visor se estaba empañando-. Yo… no debí ser tan impulsivo. Solo estoy algo nervioso.
-No puedo decir que todo saldrá bien -afirmó Jordan, indecisa entre decirle una verdad o animarlo-. Seguro que esos nervios son solo… algo temporal. Ya sabes, como los finales.
-Ya me da bastantes nervios hablar con Lucy que los finales de Bolhofner. Y es bastante malo -añadió Lincoln- que no hayamos entregado ese estúpido proyecto.
-Todavía tenemos una semana.
-Es lo que me da miedo.
-No. Lo que te da miedo es decirle a tu hermana la verdad.
-¿Quieres parar? -pidió Lincoln- Ahora mismo tengo la cabeza hecha un manojo de nervios.
-Solo trata de hablarle como si le pidieras disculpas -dijo Jordan-, me servía cuando… cuando tenía que escuchar las disculpas de papá.
¿Y crees que eso me va a funcionar?
-No puedes hacer nada más que probarlo.
En ese punto, Jordan mintió. Usaba ese tono, no cuando su padre quería disculparse con ella, sino para excusarse con Mollie de alguna cosa que pudiera romper su amistad antes de que Lincoln volviera a sus vidas.
En el camino de regreso, el chico se despidió de ella en La Hamburguesa del Eructo, prometiéndole todos los detalles en la noche. Durante toda la jornada, no pasó ni un solo momento en que Taylor lo picoteara para que le explicara por qué llegó con hora y media de retraso.
Para cuando llegó la hora de salir, prefirió ir al cementerio de la calle Oak. Cargado como estaba, había desechado una idea inicial de pedirle a su supervisora que ella la citara en uno de los gabinetes, resolviendo que sería en el único lugar a donde Lucy podría estar. Demasiado inapropiado, mucho menos seguro para su gusto… es tarea fácil entender dónde podría estar justo ahora.
-Espero que esa chica lo valga, Rata -dijo burlona Taylor, arreglada y maquillada como si saliera para algún evento.
-La chica de la que hablas es mi hermana -replicó Lincoln, tomando la bolsa con golosinas que había conseguido en Windsor-. Mi hermana menor.
-Me tiene sin cuidado que sea o no tu novia o tu mamá -sonrió Taylor-. Mientras creas que te funcione, no me puedo meter.
-¿Crees que te quiera con un soborno?
-Tiene que funcionar, pero necesito que estés aquí por si acaso pasa algo.
-No quiero tener que golpear a nadie si no se lo gana, Rata -dijo resuelta Taylor.
-No quiero que le hagas nada si todo sale mal -indicó Lincoln.
-¿Crees que mantengo un empleo de mierda por gusto? -preguntó Taylor, golpeando el brazo del chico al bajar.
Con un movimiento veloz, Taylor alcanzó a tomarle una barra antes de apagar el motor y bajar. Maldiciendo, Lincoln solo trata de hacer de tripas corazón.
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El cementerio nunca es un buen lugar en casi ninguna época del año desde que se abrió un terreno adyacente como fosa común. Sobre el túmulo que se alzó sobre esta, no solo ha crecido la vegetación, sino que hay algunos memoriales muy discretos de acuerdo a la tradición. Si bien la mayoría de los muertos en las oleadas iniciales de la pandemia fueron ancianos, otros -como fue el caso de los padres de Dante, antivacunas convencidos, y la tía de Bertrand- mantuvieron ciertas ideas hasta el final, así fueran personas que a la vista de todos eran de reputación intachable.
Es extraño entrar por primera vez en años. Aunque tuvo que soportar el oficio que ella misma diera docenas de veces cuando tenía un pequeño emprendimiento para funerales de mascotas, la verdad es que intentó entrar docenas de veces por la noche y los veladores incluso tuvieron que llamar a la policía para dejarle en claro la prohibición que la gente tenía de entrar.
Fue en una de estos arrestos, que Lucy cayó en cuenta que no era la primera en ser detenida. La mayoría de emos y góticos de los que tuvo noticias habían pasado ya al menos un buen tiempo fuera en el asiento trasero de una patrulla, y el que a estos se les diera fama de irresponsables no les ayudó en nada. Algunos, incluso, terminaron en el correccional bajo el cargo de "invasión de propiedad del condado", y la propia Loud no fue la excepción.
Con todo, no hay muchas tumbas que le interesen en particular, y la que quiso visitar en particular está en una fosa con perpetuidad que quedó a título de Rita hasta nuevo aviso, ya sea que se divorcie y vuelva al apellido de soltera o la tía Shirley se case y lo mantenga.
Sin embargo, a diferencia de sus hermanas o incluso de su madre o su tía, Lucy tiene un interés más bien ritual. No es amiga de dejar flores o fotos en una tumba, sino que ella prefiere venir a buscar consejo, así sea trastocando su propia sabiduría para hacerla pasar por la de su abuelo. Es más bien de hacer una leve oración, permanecer por una hora bien escondida y salir como si nada.
Lo curioso es que, a diferencia de otras ocasiones, el cementerio ya dejó de considerarse como zona de riesgo de contagio de SARS-CoV-2 dada la suerte que se ha tenido de que la vida del virus, si es que la existencia de algo tan simple como una cadena de ADN o ARN encerrada en una cápsula proteínica puede considerarse propia de un ser vivo, no se haya prolongado o (peor aún) modificado para resistir en un cuerpo muerto el tiempo suficiente para representar un peligro significativo. Eso, para las autoridades, fue tomado como señal de que el acceso de grandes multitudes pudiesen entrar ya con normalidad, bajo la normativa previa a la pandemia.
Sentada frente a la lápida de su abuelo, Lucy se limitó a decir una oración por demás breve. Había visto la gran cantidad de nuevas lápidas, entre las que reconoció las de la madre de una tal Karen Price, la señora Jellinski, la madre de la maestra Johnson y, cosa que le extraña, una muy reciente con el nombre "Dana Hirsch", amén del amplio espacio que en principio se destinaría para una mayor afluencia de muertos que ya se esperaba.
Conocía a esa mujer de oídas, pues era la actriz vocal de Bright Opal, una de las antagonistas de la serie animada de La Princesa Pony. En fechas recientes, como otras celebridades de la talla de 12 is Midnight o Novak Djokovic, se negaban a creer en nada que sus ojos no vieran o su mente concebía como un plan. La recortaron del personal en la quinta temporada del programa y habló algo de contratos amañados y explotación durante la etapa de trabajo en casa, cargos que la prensa sensacionalista minimizó al grado de negarse a dar siquiera por existentes. Al final, como muchos otros negacionistas a los que imaginó, terminó en la esquela de los obituarios de forma discreta, aunque vio que la mayoría del fandom de su serie en otros rincones del país le hicieron un pequeño favor al mundo al deshacerse en llantos como plañidera en funeral.
Se quedó mucho más tiempo del que hubiese querido. Entre ella y los inquilinos de las fosas, cuando el sitio está nublado no es tan agradable como en las noches despejadas o de luna llena. Siempre ha sido creyente de que la noche, per se, necesita de un mayor dominio de la oscuridad por encima de la luz, y el cielo nocturno limpio es el mejor momento para apreciar ese contraste y señorío.
Embebida en sus pensamientos, llegó un momento en que maldijo que regaran el césped. Si bien eso juega bastante a su favor cuando llega en cualquier plan, también le ha jugado en contra. Sin olores a reconocer, sonido de pasos o alguna otra señal, primero oyó una ligera respiración contenida, seguido de lo que pensó era una lluvia por demás extraña. Smarties, barras Nanaimo, gomitas Maynard's, pasitas Glosette, aunque también cayeron una caja de donas de Tim Horton y, cosa que le dolió mucho, una botella de Ginger Ale de un litro.
Pensando que por un momento podría ser Haiku o Persephone que pensaron en hacerle compañía, la breve sonrisa que esbozó dejó de existir luego de ver el rostro de Lincoln.
-Hola, Luce -saludó este, nervioso.
~o~
La mudanza se había llevado a cabo sin prisas. Dejando las cosas que Lincoln le dejara en un almacén cercano, su nuevo domicilio resultó ser más barato todavía, aunque a decir verdad el tamaño no es precisamente lo que pensó que valdría.
Dos habitaciones (más bien armarios habilitados), medio baño, cocineta y regadera. Sin balcón o escalera contraincendios. Todo en un edificio de departamentos justo frente al parque Ketcham, del lado de la calle Oak. Es todo lo que pudo conseguir, aún a merced de la ayuda que Carol le dio al respecto. A decir verdad, no es ni por asomo lo mejor que podía permitirse, mucho menos lo que quisiera.
Mirando el espacio, resulta de verdad incómodo. Todo en menos de veinte metros cuadrados, aparentemente acogedor pero que en los hechos es muy problemático, en especial cuando de las visitas se trata. La renta, accesible, pero se echó encima un gasto que no quería ya que las cosas en la casa paterna ocupan ya demasiado espacio, aún con la última venta de jardín que tuvieron hace unas semanas. Y no hay mucho de ella en este punto ni por asomo. Casi todo lo vendido fueron cosas de las niñas, y lo que no pudo irse, es decir nuevos equipos de Lynn, disfraces tanto de actuación como de Negocios Graciosos de Luan, algunos instrumentos de Luna, casi todos los aparatos y muebles de Lincoln e incluso el viejo jeep de Lola, ocupa ya casi todo el espacio disponible.
En cuanto al casero, definitivamente no le gusta. Para ser de aspecto bonachón y regordete, resultó ser desagradable a la hora de poner condiciones. Sin fiestas, no puede meter a nadie si no contribuye o se va el mismo día, no puede bañarse en la noche ni a primera hora y mucho menos tener mascotas y plantas.
Una vez que el casero se fue, avisó a Ronnie Anne y, en respuesta, esta le dijo que iría a hablar con Lincoln en cuanto pudiera y no tardará.
-Creo que esto es todo -dijo para sí, tratando de palmearse la espalda sin éxito-. Al menos de aquí a agosto.
-El que te rentó esto es un perfecto desorganizado -resuella Leni, cargando un baúl con las últimas cosas que Lori le permitió cargar-. ¡No puedo creer que tuviera algo apenas más grande que la cocina y el comedor!
-Es lo que me puedo pagar -lamentó Lori, sentándose en el sillón que ahora es la pieza más grande de la sala, con la cabeza gacha.
-No puede ser peor que otra cosa -animó Leni, bajando el baúl y soltando un aullido por ver que lo dejó caer sobre su pie izquierdo- ¡Tonto departamento!
-¡Oigan! -gritó alguien del piso de abajo, en medio de desaforados golpes- ¿Quieren callarse? ¡Algunos tratamos de vender drogas!
-No sé cómo puede Bobby hacer eso -secundó Leni en sus lamentaciones-. Vivir en un… armario, sin plazas cerca, con vecinos que deben de ser molestos… sin tiendas
-Leni, abajo hay una tienda. Supongo que me puedo arreglar con eso.
-Ni siquiera el tío de Fiona fue tan duro cuando pasé Año Nuevo con ella.
-¿Qué?
-Fiona, mi vieja amiga de Reininger's. Su tío pasó por el ejército, esas cosas.
-Ah… y… ¿cómo dices que está ella? -preguntó Lori, más por llenar el vacío que allí se siente pese a lo estrecho.
-Hace poco tuvo un bebé -respondió Leni, un poco mejor-. Por ahora se están quedando en un hotel desde que su tío los echó de casa por ser ella una perezosa.
-Bueno, espero que estén bien.
-Hasta que encuentren en donde rentar o el banco les devuelva la casa a sus papás…
Tomando su bolso, Lori saca un cigarrillo y un encendedor, mismos que Leni tira de un manotazo.
-¿Y ahora qué te pasa? -cuestionó Lori, molesta.
-¿Olvidas el daño que eso te hace? -preguntó a su vez Leni- ¿Por qué crees que no fumo?
-Es mi a… -replicó Loroz cortándose al tener en mente lo absurdo de la presente situación-… mejor lo guardo para después.
-No después -aseveró Leni con firmeza-. Jamás.
En el acto, Leni tomó tanto el cigarrillo como la cajetilla, fue a la ventana y las arrojó tan lejos como la altura y su propia fuerza se lo permitieron. En seguida, le explicó a Lori que encontró al menos un par de cajetillas en la casa, en la alacena donde su padre tiene una pequeña cava en desuso -cosa que, aunque Leni quiso decirle, era de su madre- y en la mochila de Lola, ahora que está por buscar entrar al equipo de porristas de la secundaria.
Mientras esto le era explicado, a Lori ya no le quedaban dudas. Todo el tiempo que estuvieron lejos de casa, Leni estuvo al pendiente aunque ella no se diera cuenta de lo que estuviera tomando nota de lo que podría pasar aunque, por desgracia, nunca pudo evitar del todo que algo pasara.
-¿Por qué crees que no me gustó enterarme que Lola empezó a fumar? -añadió Leni, un tanto molesta- Dijo que era algo de peso, pero vi la semana pasada los avisos en la secundaria que las audiciones serían en septiembre. Lola ya de por sí es delgada, y entrar como porrista así es
-¡Está bien, entiendo tu punto! -protestó Lori-. Lo hago para relajarme.
-Hay otras formas para hacerlo -replicó Leni, sacando su teléfono y llamando a Miguel- ¿Miguel? Cancela todoa tus planes. Alguien aquí necesita un spa completo… y cárgalo a la cuenta de mi hermana, Luan -cuelga.
-¿Por qué a cuenta de Luan?
-¿Recuerdas que Luan te contó de la fiesta que le hizo al hermanito de un novio que tuvo?
-No presté atención.
-Bueno, solo prepárate para toda una tarde para relajarte.
-¡Ya búscate un novio, amargada! -gritó la vecina de arriba.
-¡Eso planeo! -respondió Lori, cerrando la ventana.
~o~
Septiembre 26 de 2022
Al día de hoy, con todo lo que ha venido sucediendo, podría considerar que, dejando de lado el anuncio de Joe Biden de que la pandemia terminó, esto resultó, más allá de todo lo acontecido, un interesante experimento social de gran magnitud. ¿Por qué?
Pasa y resulta que las generaciones que nacimos en Occidente entre 1985 y 1999 es muy difícil que nos adaptemos a una situación difícil. Salvo pequeños incidentes nacionales, no hay mucho que pudiera formar carácter fuerte. En Oriente, la gente se endurece, y el que psicológicamente digamos en Ucrania, la Franja de Gaza o Afganistán estuvieran mejor preparados que en Estados Unidos, la Unión Europea o Latinoamérica para un confinamiento total o parcial compensa en gran medida el desigual avituallamiento que a este lado del mundo hubo.
Señores, debido a que esto se me escapó de las manos, el final será a dos partes siempre. Hoy entrego la primera dosis, el viernes justo a las 6:30 entrego la segunda y última parte, aprovechando el impulso que dará el estreno en Latinoamérica de Save Royal Woods, capítulo especial de la sexta temporada. Por ahora...
Esta historia se concluirá...
