Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de DaniDarlingxx, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from DaniDarlingxx, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Sesenta y cuatro

Ya sabes lo que dicen sobre la curiosidad. Que mató al gato. Entonces, ¿qué le haría al idiota agente del FBI enamorarse de su sujeto, que puede o no ser una asesina en serie?

Todo lo que pretendía hacer era controlar a Bella y asegurarme de que estaba bien. Me siento como un idiota por dejarla básicamente en la estacada, pero también me alegro de haber tenido la fuerza para alejarme de ella. No me puedo imaginar todas las consecuencias que se habrían producido al hacer lo que ella y yo queríamos... necesitábamos...

Pero existe esta extensa lista de razones por las que no podemos ir tan lejos.

Verla ahora se siente diferente. Es una sensación extraña: una mezcla de culpa, saber que ni siquiera debería tener acceso a esto, y mucho menos aprovecharlo, familiaridad, conocerla como la conozco ahora, y deseo puro y sin adulterar.

Nunca he querido algo tanto como quiero a Isabella.

Puedo decir que está inquieta en sus movimientos. Está inquieta, cambiando su posición en su cama con demasiada frecuencia, mirando la computadora portátil a través de la cual la estoy mirando sin hacer nada en realidad. Ha sacado el documento que inició todo esto, así que estoy ansioso por ver si hace otra entrada en el diario sobre mí antes de irse a la cama.

En su lugar, arroja la computadora portátil a un lado y mi vista cambia... drásticamente.

Está inclinada sobre el borde de su cama, buscando algo. Estoy en ascuas, preguntándome qué es ese algo, pero también estoy jodidamente distraído porque la forma en que se retuerce enfatiza hasta la última de sus curvas y empuja su trasero hacia mí.

Quiero decir, hacia la cámara...

Es el tiro perfecto; sus mejillas redondas abrazadas por el algodón delgado de sus bragas, las nalgas asomándose. Sus muslos apretados, y que me jodan si no puedo ver también el contorno de los labios de su coño.

La sangre corre a mi pene tan rápido que casi me marea.

Una parte de mí anhela conducir hasta su apartamento y hacer todas las cosas que sé que ambos queremos hacer. Una parte de mí sabe que debería apagar la cámara y seguir con mis asuntos y prometer dejar de mirarla y de verdad cumplirlo esta vez.

Es una batalla mental de proporciones épicas. Una bifurcación en el camino. Un diablo en un hombro y un ángel en el otro. Un cuento tan viejo como el tiempo.

Pero cuando se vuelve a sentar en la cama, sosteniendo una especie de juguete que, francamente, parece un poco intimidante, me roba la elección.