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Vínculos

XXIX

Farsa y mentira

Pt 2 La decisión de Lucy

Royal Woods, Michigan

16 de mayo de 2022

5:58 pm

La habitación de Clyde McBride

Desnudo, agotado y francamente agobiado. Así se siente Clyde con respecto de lo que acababa de pasar. Y sin embargo, no puede darse el lujo de dormir a la primera. Como siempre, quiere procesarlo todo antes de dormir.

La sola idea de tener sexo solo porque si se le antojaba más de algo ficticio, propio de los delirios de un escritor de fanfiction empeñado en emparejar a un villano con una de las razones por las que cree que el mundo es un estercolero o de un guionista de Hollywood, no precisamente de los buenos. Y ahí estaba, después de los veinte minutos más agotadores de su vida. Ni siquiera las clases de Pacowski o Keck lo habían dejado tan cansado, y eso que ambos son un par de cretinos en sus clases.

A su lado, veía a Emma, despeinada y, como si fuera poco, cubierta solo por una sábana que dejaba ver su torneada figura. Nunca negó que fuera hermosa, pero con ese aspecto bajó, no obstante, su propia evaluación. Más que nada porque ella lo prefirió como amigo en su momento, y ahora lo primero que se le ocurrió frente al despecho de Chloe fue llevarlo a su propia cama, cerrar a cal y canto y darle la sesión más intensa que había recibido en toda su vida. Tal fue el vigor con que la chica se desempeñó que su mente se perdió lo suficiente como para ponerse un poco salvaje.

Tratando de levantarse sin despertarla, falló en su cometido, pues esta se giró al no sentirlo y cayó de la cama, lo que provocó una risa involuntaria de parte de Clyde.

-¿Ya es de mañana? -preguntó aturdida Emma, desperezándose.

-De hecho van a dar las seis -respondió apenado Clyde-. Oye… yo…

-Si, no hay problema -cortó Emma, tomando su blusa-. Entiendo un poco por qué Chloe no quería dejarte ir.

-Eso es privado -dijo Clyde, cubriendo su entrepierna pensando que estaba viendo hacia esa parte.

-Eres muy tierno para ser un chico -halagó Emma, intentando acercarse.

-Uh… ¿gracias? -repuso Clyde, tomando un gato de peluche para cubrirse mientras busca sus calzoncillos.

-Que raro. No te apenaste cuando nos sacamos la ropa -apuntó Emma.

-Creí que mi papá estaría en casa cuando llegamos.

-¿Qué si estaría? -terció una voz jocosa tras la puerta al abrir y revelar a Tiago- Clyde, lo hiciste llorar.

-Explícate -pidió Clyde mientras Emma saltaba tras la cama hecha un manojo de nervios.

-Bueno, venimos hace media hora del centro comercial y vimos que uno de los jarrones del pasillo estaba en el suelo hecho pedazos. Abrió la puerta y, bueno, ya sabes lo que piensa del sexo heterosexual.

-Oh… -suspiró Clyde, recordando las relaciones que Howard tuvo antes de conocer a Harold, todas mujeres y por presión de sus padres.

-Intentó hornear madalenas para bloquear esa imagen, pero solo logró panqués feos -dijo Tiago-. ¿Quieren que les traiga unos?

-No, gracias -rechazó Clyde.

-Ya tengo bastante dulce aquí -replicó Emma.

-Bueno, se lo pierden -dijo despidiéndose Tiago, cerrando la puerta.

Dudando un poco, Clyde siente un hormigueo constante en la cadera, muslos y pantorrillas. Moviéndose con lentitud debido a eso, toma algo de ropa al azar.

Minutos después, en la parada del autobús, ambos caminan bastante adoloridos, pero con sendas sonrisas. Trataban de distraerse del dolor bromeando entre sí, pero lo cierto es que su velocidad los haría ver como una pareja muy añosa de no ser por el largo cabello de Emma y la cabeza afeitada de Clyde.

Con la tarde cayendo, era evidente que al chico se le haría un tanto difícil aceptar que quien fuera causa de su segundo enamoramiento ahora fuera quien salió como plato de segunda mesa. No solo eso, sino uno que superó por mucho al principal.

A su lado, pasó un Tsuru destartalado cuyos pasajeros eran bastante reconocibles para él. Eso no pasó desapercibido para Emma, a quien Clyde solo miró.

-No creo que debas ir a terapia por eso -dijo.

-¿Perdón? -cuestionó Clyde.

-Creo que sé que piensas en ir a decirle esto a un psicólogo, y no te culparía -dijo Emma-, pero créeme que quiero que esto quede entre nosotros.

-Entiendo.

-Lo hice solo porque te veías peor cada vez que querías hablar con Chloe, y aunque tú y yo no avancemos mucho si somos pareja, eres… importante para mí en cierta forma.

-¿Importante como para qué?

-Ya sabes, importante -respondió Emma, nerviosa, viendo llegar el autobús-. Tengo que irme.

-¿Mañana en el almuerzo? -preguntó Clyde.

-Mejor en Literatura -respondió Emma, subiendo la escalerilla del autobús-. Y Clyde…

-¿Si?

-Gracias -dijo sonriendo la chica, antes de que se cerraran las puertas.

De ver cómo se alejaba el transporte, Clyde se sintió ligero. Era una paradoja que la chica que lo rechazó esa vez que armó todo un circo para invitarla a un baile de quinto grado lo llevara a la cama, mientras que quien había salido para que él no se sintiera tan miserable lo terminó hundiendo por celos plenamente injustificados.

~o~

A pesar de la "ofrenda de paz" que Lincoln le hizo, Lucy lo rechazó tajante. En cosa de segundos, ni bien había empezado a recoger las golosinas, Lucy le asestó un golpe al pecho que lo mandó contra una lápida coronada por una esvástica vandalizada en una deforme Estrella de David bajo el nombre de una tal Henrietta Matilda Schiller, fallecida en agosto de 2020. Una corta persecución y el cuerpo de Taylor bloqueando la salida este terminaron con los sueños de fuga de la gótica.

Cansada, la antigua bravucona los dejó frente a la casa del señor Grouse. Antes de poder bajar, sujetó a Lucy y le hizo una seña a Lincoln de que debía esperar unos minutos.

¿De qué hablaron? Podría saberlo, igual ignorarlo, pero en cuanto Lucy bajó del auto de Taylor no se detuvo siquiera. Enrojecida como nunca la vio desde que ella conociera a Rocky Spokes, Lucy entró a la casa, pero no bajó a cenar ni la encontró en el baño o ningún lado en la casa.

En los días siguientes, ni siquiera coincidían, pero lo cierto es que por las mañanas los trastes que Lucy ocupaba ya estaban escurriendo en el fregadero, y las noches que bajó para beber algo de madrugada la comida estaba intacta sobre la mesa o Lynn ya estaba dando cuenta de ella.

Fue el sábado que la futbolista se fue para reportar con el primer equipo cuando por fin hubo contacto, aunque este fue demasiado esporádico como para contar siquiera. A pesar de que esta tuviera ya un permiso, prefirió que él fuera su chofer. Labor a la que añadió el trabajo de cargar sus maletas. Empero, cualquier intento suyo por hablar con Lucy Lynn lo cortaba de tajo. Ya sea haciéndole parar en La Hamburguesa del Eructo para una sola comida o en el aeropuerto para pedirle consejos bastante subidos de tono.

Una vez que Lynn se despidió de ambos, Lucy quiso irse por su lado, cosa que Lynn notó.

-Ahora escúchenme -ordenó Lynn, tomando a ambos por los hombros a pesar de la acusada diferencia de estaturas entre sus dos hermanos menores-. Mamá y papá los vieron salir juntos, y tienen que volver juntos. Voy a llamarlos en conferencia en cinco y quince minutos en lo que revisan mi equipaje, y no quiero que estén separados.

-¿Y eso a ti qué te importa? -cuestionó Lucy, recibiendo un fuerte apretón del que no pudo zafarse.

-Me entero que no llegaron juntos, y yo misma voy a hacerlos entrenar tan fuerte bajo el sol que…

-Entiendo el punto -minimizó Lincoln-, que nos hagas vomitar las tripas.

-¿Ves? Él si entiende -dijo Lynn, dirigiéndose a Lucy-. Y necesita un copiloto. Tienen que estar los dos juntos cuando los llame… ¡Golpes de despedida! -agregó animosa Lynn, descargando sendos puñetazos sobre ambos.

Hasta que esta se perdió de vista antes de la zona de salidas regionales, Lucy intentó separarse, a lo que Lincoln se negó en redondo bajo el pretexto de acatar órdenes ni bien abordaron Vanzilla. Sumando a eso que hubo una llamada adicional, en líneas generales el traslado fue silencioso.

-¿Tienes algo qué decir? -preguntó Lincoln, una vez que terminó la última llamada que tomaron, estando a poco de llegar a casa.

No hubo respuesta.

-Está bien, lo entiendo -continuó Lincoln, cerrando los ojos y poniendo las manos sobre el volante-. ¿Quieres escucharlo de mi? Bien. Tú ganas. Apenas cobre mi siguiente cheque, dejaré de ver a Jordan. Haré como si nada hubiera pasado y olvidaré que le arruiné la vida a una chica que solo pasaba por un muy mal trago. Chica con una familia rota que hace lo que puede por mantenerse a flote. Tú tendrás toda mi atención, y si alguien quiere discutirlo, ¡que importa! Tendrán que esperar en la fila hasta que me desocupe antes de irme a la universidad comunitaria porque tendrás hasta mis fines de semana para ti. Incluso dejaré que te quedes en el dormitorio o donde sea que me aloje, y si es posible, tener una cita doble con alguna amiga tuya.

-Eres un grandísimo idiota -susurró Lucy.

-¿Perdón? -preguntó Lincoln, creyendo haber escuchado algo.

-No, nada -mintió Lucy, un tanto nerviosa dentro de su neutralidad, antes de bajar de Vanzilla.

Desconcertado, Lincoln no entiende bien a su hermana. Tanto presionó al punto de fracturar su relación para que él cediera y ella se fuera sin decir nada. De verdad que él quiere entender, pero si lo que Lucy quiere es que él retome las cosas con sus hermanas menores donde las dejó al costo de no ver por su hijo… cualquiera habría podido aceptar semejante ganga. Hacer a un lado su sentido de responsabilidad por ceder al capricho de sus hermanas, cualquiera de ellas.

Pensando con seriedad, no se percató del peso de alguien que acaba de subir a la van familiar.

-¿No habían salido a dejar a Lynn? -preguntó Rita.

-No tiene mucho que volvimos -respondió Lincoln, aún agobiado por sus ideas.

-Y supongo que decidiste tomarte el día libre.

-¿Cuánto tiempo llevo aquí?

-Ya son las siete.

-Entonces tendré que llenar solicitudes en un rato -dijo desanimado el chico.

-¿Hay algo que quieras hablar?

-No quisiera, pero…

-¿Pero?

-Es Lucy, ¿bien? -respondió exaltado Lincoln- Le dije cosas que de verdad no quería decirle, le dije que la semana que viene sería la última vez que vería a Jordan y tendrá todo mi tiempo… le prometí que…

-No he querido decirle esto a nadie -interrumpió Rita, comprensiva-, y quiero que esto se quede entre nosotros. ¿Crees poder ir a algún estacionamiento?

Mientras Rita hablaba, su padre salía por la puerta principal. Sin verlo, Lincoln arranca Vanzilla y sale de nuevo a la calle, entre los gritos de Lynn sr.

Mirando por el retrovisor, veía a su madre. Rita viste como en sus noches de cita, con el acostumbrado vestido salmón de manga larga y un collar que en esta ocasión es de perlas de imitación. Empero, no la veía muy entusiasmada de salir.

Esperaron al menos hasta llegar a la primaria. Metiéndose en un cajón con el letrero Reservado para K. Allegra, Lincoln apagó el motor y esperó a que Rita se cerciorara de que no había nadie escuchando. Ya que era temporada de exámenes finales, no muchos maestros se quedaban más allá de las siete.

-Cuando estuve embarazada la primera vez -empezó a contar Rita-, estaba aterrada. Estábamos a semanas de casarnos, tu papá seguía viendo casas y mi suegro nos dijo que no iría a la boda por estar a doce días de Chesapeake. Cuando me enteré, no se lo quise decir a nadie, y tu tía Shirley a menudo me asustaba con la idea de que podría vivir en una casa rodante con un perfecto idiota.

-Eso debió doler -replicó Lincoln, sin intención de burlarse.

-No quise decirle nada a tu papá -continuó Rita-, y tu abuelo… cuando lo supo, estuvo a nada de echarme de casa. Confiaba en él entonces y todavía lo hice mientras él estaba… con nosotros, pero se enfadó tanto que la tía Ruth echaba espuma por la boca. Fue a la boda, si, pero tuve que tragarme bastantes insultos de su parte, y mi papá no hizo nada. Solo cuando la recepción terminó… bueno, estuvimos a nada de quedarnos sin luna de miel porque uno de sus gatos tuvo sarna y quiso que lo cuidáramos.

-¿Y la tía Shirley?

-Ella solo no fue, pero porque decidió casarse el mismo día que yo e hizo que papá pagara todo. ¡Como si ella olvidara que tenía una hermana mayor!

-Eso no es justo de tu parte -dijo Lincoln, tratando de entender lo mejor que podía-.

-A lo que voy es que no vas a estar peleando siempre con alguna de tus hermanas, y la verdad he escuchado a Lucy en sus pijamadas en casa decir que no tiene hermano.

-Eso no es novedad.

-Hace unas semanas me dijo que, en el quinto grado, decía que le daba vergüenza decir que tenía un hermano estudiando en Canadá y una chica no le creyó. Un día te llamó y, como no contestabas, terminó a golpes en la oficina del director Huggins. Desde entonces te niega con casi todo el mundo, y más desde que supo que serás padre.

-¿Y qué con todo lo que hizo?

-Son solo… eso ya pasó -minimizó Rita, pensando en hablar más tarde con Lucy-. Lo que importa es que hables con ella, y a como están las cosas lo mejor es que seas directo. Estará molesta, pero ya no depende de cómo lo vas a decir sino de lo que vas a decir.

Quedándose en blanco por unos segundos, Lincoln pensó con algo de ironía para sí. Ha calculado siempre cada situación (aunque sea que lo hiciera mal), y a como todo se había prestado, todo lo hizo fuera de momento. Fue lo que creyó brutal cuando debía ser un negociador, un negociador cuando debía de ser conciliador y un conciliador cuando debía ser directo. Ahora que debía de serlo, necesita evitar cualquier duda.

-¿Crees que pueda ir a casa? -preguntó Lincoln.

-No veo por qué no -respondió Rita, mirando por el retrovisor-. Tenía una cita esta noche y veo que alguien -añade con sorna- está listo para ir al plato principal. ¡A mover el bote, bebé!

-¡Mamá! -exclamó escandalizado Lincoln.

-No me reproches algo que ya hiciste -recriminó Rita, imaginando cómo debió ser esa noche que Lincoln dejó formalmente de ser su bebé para empezar a hacerse hombre.

-¡Solo no quería tener la imagen en mi cabeza!

-¿Ne puedo quedar eso? -preguntó Rita, señalando la bosa que iba a ser para Lucy.

-Unas dos o tres cosas y ya -respondió Lincoln, incómodo por la charla.

Asqueado y con la imagen de sus padres teniendo relaciones a bordo de Vanzilla, Lincoln bajó del asiento del conductor y regresa a casa.

En el camino, pensó las posibilidades que tendría de calmar las hostilidades con Lucy…

~u~

Humillarse antes de hablar ya le había funcionado en el pasado, pero con lo mucho que pasó desde que lo hizo con el director Marshall antes de su primer clásico en Mapleton. Le quedó claro que el soborno no funcionará con Lucy ni aunque lo quisiera, halagarla es algo que jamás funcionó y negociar no es, valga la redundancia, negociable. Por el otro lado, el tener que hacer de policía malo nunca ha sido su estilo desde que dejó de lado el disfraz de Ace Savvy, ser persuasivo últimamente le reportó problemas que no contempló, y las posibilidades de hablar con franqueza son altas pero igual de riesgosas.

-¡Oye, Lincoln! -llamó la voz de Jordan tras él cuando pasó por su casa- ¿No me oyes o qué?

-No quiero sonar grosero -dijo Lincoln-, pero no es el momento.

-¿Y cuál sería el momento? -dijo Jordan, que en fechas recientes ya comienza a verse un poco más abultada en el vientre, usando un vestido a la rodilla blanco y azul.

-Tal vez cuando… -dudó Lincoln, pensando en lo que prometió a Lucy-… por favor, no me hagas decirlo.

-¿Decir qué?

-Jordan… -inhaló Lincoln, calculando cualesquiera de las reacciones que Jordan pudiera tener-…, hablé con Lucy, y… bueno…

-Te convenció de mandarme al cuerno -dedujo Jordan-. Si, es de esperarse de alguien que trate de quedar bien con todo mundo menos a quien debería interesarle.

-¿Qué te hace pensar eso? -preguntó Lincoln con seriedad.

-Lincoln, te conozco desde el jardín de niños. Tal vez ignoré muchas cosas desde el tercer grado, pero hay cosas jamás van a cambiar.

-¿Ah, si? ¿Cómo cuáles?

-El pastel de uva que Erin quiso darle a la maestra Allegra en el primer grado y resultó que ella era alérgica a las uvas, la vez que Zach llamó "mami" a la maestra Johnson y lo cubriste… -enumeró Jordan-…, o la vez que hablamos con la señora Nordberg.

-Ah, si… claro.

Sentándose ambos en la acera, ambos se quedan un rato en silencio. Jordan solo se queda mirando sus manos, con las piernas entrelazadas, mientras que Lincoln sopesa sus pensamientos y las palabras de la chica. Le sorprende que ella haya podido adivinar qué iba a decirle pero, contrario a lo que cabría esperar de cualquier chica o mujer que conociera, pareciera que se lo está tomando con calma.

Recuerda cada uno de esos incidentes. La charla con la madre de Mollie es un hecho que fue un desastre monumental. El pastel para la maestra Allegra, eso fue involuntario, pese a que ambos tenían entonces un timbre muy similar y le ganó burlas. ¿El día incidente que llamó "mami" a la maestra Johnson? Asumió toda la culpa, costándole lo suficiente esa tarde como para que un "Mostrar y Contar" se convirtió para él en su primera visita a la oficina del director Huggins, pero detesta recordar que ese año él se llevó toda la humillación poco antes de pasar al quinto grado.

-Lo…

-¿Echaste a perder? -interrumpió Jordan- Eso sería novedad viniendo de tu familia.

-No es así -dijo Lincoln-. ¿Recuerdas que tu mamá estuvo como juez en un concurso de belleza infantil? ¿Antes de que ese amargado de Donnie Dufresne se volviera Danna Dufresne?

-¿Cuál?

-Uno que en el show de talentos hizo algo con números y sonidos del cuerpo.

-¿Ése? Gracias por arruinarme los concursos.

-Después de eso, Lola me tuvo dos meses en fiestas de té. Dijo que si quería ganarme el pase a Lactolandia que ya me había ganado, tenía que cumplir con eso.

-Auch.

-No dije que fuera fácil.

-Estuve… pensando un poco -dijo dubitativa Jordan-. Lance me dijo en Francés que habrá una fiesta en su casa, y… ya sabes, "junior" no me dejará ir -acaricia de forma inconsciente su vientre.

-¿Quieres que vaya? -preguntó Lincoln, incómodo.

-Pensé que querías relajarte un poco antes.

-Ya encontraré otras formas de ocupar mi tiempo -repuso el peliblanco-. Mis días de fiesta terminaron cuando traté de armar la cuna de Lily y solo logré romper varias partes estando borracho.

-¿Cómo así? -preguntó incrédula Jordan.

Narrando lo mejor que podía, Lincoln solo recordaba estar ebrio cuando empezó con el zumbido en los oídos. Todo detalle que pudo recordar fue, según lo requería, minimizado o exagerado, pese a que la constante fueron el estado en que lo encontraron y la resaca que tuvo al día siguiente.

/

Clyde. De todas las personas, es tal vez a la que más le debe en todo el mundo, quitando a sus padres y a tres de cinco de sus hermanas mayores y a Lola. Tanto así que desde los cinco y hasta que las clases obligaron al grupo a abandonar los intercambios de almuerzo internacionales después de que la maestra Salter les pidiera de la forma más educada posible que dejaran las cosas como estaban porque el paso por la frontera, el camino a Mapleton y el tiempo que les toma ir y regresar basta tan solo para perder la segunda parte de la jornada escolar.

Lo encontraría preparando masa madre. Las veces que lo ha visto cocinar siempre termina con resultados satisfactorios, aunque esta ocasión es la excepción, pues es la primera vez que lo ve con afán.

-Evita abordar el asunto de forma directa -le dijo Clyde, azotando la masa que ya tiene para el brioche sobre la mesa.

-¿Qué no es algo que la doctora López no diría? -preguntó Lincoln, desconcertado.

-Te estarías aproximando a una crisis en el desarrollo social y cognitivo de Lucy -aseguró Clyde, quitando de sus dedos los restos de masa-. Una reversa emocional no sería tan efectiva como un flanqueo.

-¡Ay, vamos! ¿Es lo mejor que me puedes decir?

-Lo siento, pero fallaste tanto al no estar para ella como estando en momentos y condiciones nada propicias. Si ambos no se amoldan a sus situaciones personales, lo más seguro es que la relación de su familia termine por colapsar de formas inimaginadas.

-¿Es que siempre tiene que ser el peor escenario?

-No -negó Clyde antes de continuar-. El peor escenario es uno donde la familia se desintegre por culpa de una relación malinterpretada y sacada totalmente de contexto. Ahora, si me disculpas, tengo que ver a Chloe en mi cuarto.

~u~

Ambas ideas le parecieron algo absurdas. Sabe que Jordan y Lance no se llevan bien desde inicios de año, y desconoce por completo la situación amorosa de Clyde y Chloe. Todo cuanto le había logrado sacar a Liam es que las cosas entre ambos se habían ido definitivamente al infierno, mas nada le había logrado sacar de ninguna manera. Peor todavía, Clyde había estado cortante los primeros tres días, y apenas le dirigió la palabra. Eso ya le es bastante preocupante por sí solo, lo que, no obstante, no le prepararon para encontrarse con Chloe. La chica luce bastante ojerosa, y con lo poco que supo de lo ocurrido sería impensable pensar que tuvo una buena semana. No la culpa, pero sabe que, como muchos, podría no merecer lo que le haya pasado.

Lo extraño es que, desde Química, no se le había despegado mucho. Después de todo, era natural que tuviera alguna duda de esa clase o Literatura, y si tal vez cometió un error al encerrarla en ese cobertizo con Clyde, la realidad es que también podría ser conveniente tener un punto de vista hasta incluso neutral, sobre todo con el conveniente caso de que es de las pocas personas, fuera de su círculo más cercano, la única que tiene hermanos menores.

Por ello, al día siguiente se enfocó en buscarla. Ya los exámenes finales están azotando con todo lo que tenían a los cursos superiores, pero para su desgracia Bolhofner tomó en cuenta para la calificación de este que su proyecto estuviera terminado. Se maldijo por haberlo olvidado, por lo que podía decirle adiós a una calificación aprobatoria en Economía Doméstica, el primero de todos.

Para el almuerzo del martes, que tenían ya el final de Literatura, a Lincoln se lo veía más preocupado que a nadie, cosa que alguien aprovechó como nunca en su vida.

-Estás hecho una piltrafa, Loud -escupió Helmsley, con su habitual tono desagradable, antes de dirigirse al resto-. Gente como el señor Loud son la razón por la que se dio el 9/11. Imbéciles indolentes que se sientan cómodos, agradeciendo de que el viernes sea su único descanso real. Gente que no sabe ni siquiera del valor que tiene un cuerpo sano y se la pasa dejando que la gente los imite. ¿Algún comentario?

-¡Que perdedor! -voceó Chandler, satisfecho por haber exentado el examen.

-Y lo peor, se enorgullece de ser un haragán bueno para nada -continuó Helmsley-. Hay dos formas de no presentar examen conmigo. La forma de los ganadores como el señor McCann, siendo parte de uno o más equipos… o la forma Loud. Presentarse como triunfadores, o ser un perdedor que solo tuvo suerte de llegar a donde llegó o lo hizo besando traseros. Los que van a presentar examen -ordena-, a calentar, diez vueltas por fuera a la pista. Los que exentan, los veré el próximo año. Los que no, a correr hasta el final de la clase -nadie responde-. ¿A qué esperan, haraganes? -sopla su silbato con furia- ¡A mover esas piernas, perezosos! ¡Loud, Pessin, Gagnon, Parson, Smith! ¡Andando!

Lincoln saborea esas palabras. En todo el curso, las pocas veces que había sido forzado a participar de algún equipo terminó saliendo herido o inconsciente, y aún así lo desprecian.

Queriendo golpear a ese hombre, se contiene de hacerlo. Junto con él, están Lance, Richie, Trent y, cosa nada sorprendente, Penelope. Los dos primeros, como él, tuvieron sus propios problemas en clase, mientras que con Trent fue una venganza personal. En cuanto a Penelope, el entrenador no cree en el asma, razón por la que suele decomisar los broncodilatadores que encuentra y los destruye al terminar las clases bajo el supuesto de que "son drogas hechas por los mexicanos y los europeos ".

Con el sol en pleno, no pasó mucho tiempo para que se dieran los primeros caídos. Era ya de por sí sorprendente que durara al menos una milla corriendo, pero viendo caer primero a Richie y a Penelope sintió pena por ellos. Cristina se había acercado con una botella de agua, pero el entrenador la detuvo en seco.

-El agua es para quien se la merece -instruyó Helmsley-. Y ni crean que irán a las regaderas, que ellos van a levantar el desastre.

Contenido, trata de mantener la respiración.

Al terminar, el grupo de Chandler se encargó de hacer más ameno el trabajo de los rezagados volcando bastantes materiales, entre balones, colchonetas, pesas a las que rociaron con grasa y redes que, para colmo, enredaron adrede.

En toda la jornada no vio a Jordan y a Liam por ningún lado. Como ella tenía hoy revisión con el pediatra y el granjero está en trámites para darse de baja, la perspectiva no se antoja muy halagadora.

Una vez que terminaron de guardar (y remendar y limpiar) la utilería de gimnasia, a Lincoln se le hizo fácil buscar a Clyde, pero este se veía muy acaramelado con Emma y tomado de su mano. Se alegró por ellos, pero tuvo un acceso de envidia al ver que ellos, por lo menos, son por ahora más estables.

Estando todos exhaustos, uno diría que cada quien se fue a casa, pero la verdad es que, salvo por Lincoln y Penelope, vinieron por ellos. Ni siquiera Chloe les hizo mucho caso, siendo la directora Rivers la única que se apiadó un poco al llevarles a la calle Olmo. No era una cercana a su casa, pero era eso o sufrir de una síncope por agotamiento y un golpe de calor.

Haciendo ya un esfuerzo casi sobrehumano, Lincoln apenas y logró llegar a la vereda que Lola había hecho con su jeep antes de colapsar.

.

De visita en el nuevo departamento de Lori, Lucy se siente demasiado fuera de lugar. A pesar de los tonos sombríos de las paredes, tapizadas de color perla y hueso, tanto su anfitriona como Leni se esforzaron en hacerlo un reducto de la habitación que ambas compartieran con un par de añadidos. Esta vez la que se supone sea la habitación que ocuparía Lincoln en otra situación ahora está tapizada con varias de las cosas de Leni, aunque la verdad es que esta no tiene intenciones de quedarse tanto tiempo, a diferencia de la verdadera dueña.

Ronnie Anne no estaba. En el transcurso de la semana, estuvo flotando entre su ahora antiguo empleo en aquél restaurante de Beaverton y uno más accesible en una tienda no lejos del departamento que, para contrapesar, la tiene a destajo en turnos de doce horas que al menos ayudan a pagar el alquiler.

-¿Otra vez con invitados, Loud? -preguntó molesto el casero desde el rellano de la escalera del primer piso.

-Sabe que tengo diez hermanos -respondió Lori, cargando algunas bolsas.

-Que sea la última vez -advierte el casero.

-Maldito infeliz -masculla Lori por lo bajo mientras sube-; donde vuelva a insultarme así… ¿Qué haces aquí? -preguntó al ver a su hermana frente a la puerta.

-Pensé que aquí estarías -mintió Lucy.

-No es necesario que me mientas -dijo Lori-. Lo volveré a preguntar, y quiero la verdad. ¿Qué haces aquí?

-Escapar de un parásito y de las chicas.

La respuesta no fue sino un resumen muy conciso, para Lori, de lo que había en la mente de Lucy respecto de su relación familiar. Con las chicas, sigue siendo distante sin perder la cordialidad, a menos que se trate de Lily, pero tocante a Lincoln, es evidente que no cambiará su postura sobre Lincoln.

Sin pensarlo, Lori se llevó una tira de goma de mascar a la boca.

-¿Por qué haces eso?

-Eso no te incumbe -respondió Lori, increpando la conducta de su hermana-. Quiero que me hagas un favor.

-Ni muerta -dijo contundente la gótica.

-No te pido que lo hagas por mi -dijo Lori, cambiando el tono por uno más serio y formal-. Quiero que reconsideres cómo tratas a Lincoln de una vez, y eso se extiende a Jordan.

-¿Y qué te hace pensar que lo haré?

-No pienso que lo vas a hacer. Lo vas a hacer, y no me importa que tus amigos te busquen o tengas algo que hacer. Vas a dejar de tratarlos peor que basura.

-Te comportas como una hipócrita cuando lo ordenas así.

-Una cosa es que haya tenido algo parecido con Leni, pero el motivo fue muy distinto -dijo Lori,.

-¿Tanto le preocupa el dinero que le da a esa

-¡Ya no hablarás de nadie así en tu vida, Lucy! -bramó Lori, empezando de verdad a enfadarse-. No es por él, no es por Jordan o el dinero que le tomaste, ni siquiera por mi o por mamá y papá. Lo harás por ti, y si me entero que no haces nada… no, ni siquiera sabré cómo tratarte.

Abrumada. Así se siente Lucy en ese momento. Buscaba evitar tener que tocar el tema de Lincoln, evadirse hasta llegar a las diez de la noche y simplemente cenar frío antes de irse directo a la cama. Lo que ahora tiene es algo que abiertamente choca con todo lo que dispuso para sí, y aún más. Algo que atenta al corazón de sus creencias.

-Bien, lo prometo -dijo Lucy, buscando no parecer tan agobiada sobre su asiento-, prometo no maltratar a Lincoln y a la zorra.

-No tienes excusas -prosigue Lori-. Él supo tratar de perdonarte, pero tus acciones te llevarán a

-¡Dije que dejaré de hacerlo!

-Las palabras ya no bastan, Luce. Necesito acciones -sentenció Lori.

Llegando al tope, Lucy se empezó a estremecer. No puede concebir ceder a alguien mayor desde que Luan estuvo a cargo, pero para sí agradece, muy en el fondo, que algo del viejo sistema volviera a funcionar como debiera funcionar. No por miedo, sino por respeto. Uno que ya de entrada estaba más que ganado y asentado.

~o~

Un despertar como ese es algo que jamás olvidaría. Aturdido, sentía que algo de aroma refrescante le había sido aplicado por todo el cuerpo, el cabello húmedo y, cosa que le extraña, un bulto a su lado, todo ello antes de ver en la penumbra una figura sentada sobre la silla.

Palpando el bulto, tuvo una ligera sensación de asco cuando la mano que hacía el sondeo empezó a ser lamida poco a poco. Sabía que no era Charles, que por su peso ya no podía subirse ni al regazo de Rita, y definitivamente no era Cliff. Pese al tiempo, ese gato lo sigue odiando como el primer día que ambos estuvieron solos en un cuarto.

En un descuido, terminó con el pulgar metido en la boca de ese bulto. Iluminando con la pantalla del teléfono, descubre que se trataba de Penelope. Apuntando a la silla, era la ropa y cosas de ambos, pues lo que se le figuró como una trenza resultó ser una bufanda que estaba atada a la silla para que no cayeran las cosas.

Tratando de no despertar a la pelirroja, sacó el dedo y lo limpió con el cobertor antes de tomar un pantalón corto y ponérselo.

Bajando a la cocina, no necesitó encender las luces. Por lo visto, casi todos están dormidos, con la evidente -e incómoda- excepción de sus padres, que tal parecía que estaban de humor para sus "cariñitos".

Buscando agua, se sirvió directo del fregadero. En ese momento, nada importaba, pues la última sensación en mente antes de colapsar era una sed apremiante.

Ni bien nota el agua helada correr por su garganta, escuchó pasos veloces y casi silenciosos. Pensando que podría ser Lucy, se giró solo para descubrir que era Lola.

-Ah, solo eres tú -suspiró desanimado Lincoln, volviendo a lo suyo.

-"Solo eres tú" -remedó Lola, mofándose-. Lori decía que eras más maduro que eso.

-No te esperaba a estas horas -repuso Lincoln-. ¿No tenías tu sueño de belleza?

-Solo tengo sed, tonto -dijo Lola, ufana, al sentarse-. Mamá dijo que quien se despertara le diera estas a ti y a esa chica -señala un par de aspirinas en la mesa.

-Ah, pues… gracias.

-Yo no fui -dijo Lola-. Apenas estaba despertando hace dos minutos. Hay una nota de Lucy.

Señalando un papelito bajo el blíster de las aspirinas, lee lo que está escrito en él.

Toma dos.

L

-Odio que haga eso -señala Lola-. Es obvio que no tiene clase.

-Entonces, si no tienes nada que hacer aquí, mejor subamos -bostezó Lincoln, mostrando el relativo efecto de meses de trabajo-. Mañana…

-Vas a descansar mañana -interrumpió Lola-. Mamá llamó a tu directora y a tu trabajo y pidió permiso para que faltes el resto de la semana.

-Oh.

-Casi te mueres -repuso Lola-. Tú y el espantapájaros que trajiste van a pasarlo bien.

-Lola, no quiero empezar contigo lo que tengo con Lucy.

-Descuida, sabes de primera mano que soy peor que la Reina de los Condenados -dijo burlona Lola-. Será mejor que busques tu saco de dormir, no quiero que otra loca te asalte mientras duermes.

-Vaya forma de decirlo -concluyó Lincoln, tomando a Lola y cargándola de la nada lo mejor que podía.

-¡Ten más cuidado, gorila! -protestó la rubia.

-Considera eso como un abrazo de buenas noches.

Riendo para sí, Lola se mostró satisfecha, al menos hasta que Lincoln provocó que se diera un golpe en la cabeza del que, cosa extraña, ambos rieron, ignorando la actividad en el cuarto de sus padres.

Con la mañana en pleno y la casa vacía después de que las niñas y Lucy se fueran, ambos adolescentes estaban desayunando en silencio. Lincoln todavía se siente algo mareado, mientras que Penelope tuvo que necesitar ayuda para bajar la escalera y aún para vestirse. Como nadie sabía qué era lo que le gustaba (y a que los Pessin se mostraron reacios a decir nada hasta que Lisa pudo convencerlos de que ella tendrá que quedarse hasta las tres bajo ciertos cuidados), sus padres dejaron avena, al menos media docena de huevos preparada de distintas formas que desdeñó y un par de burritos hechos con sobras de pollo de la noche anterior que ella consideró bastante pasables para ser sobras.

Una vez comidos, ambos adolescentes trataron de descansar, aunque el aburrimiento habría hecho mella de no ser porque Lincoln tuvo la idea de ir al sótano.

En mucho tiempo, desde que volvió en cabalidad, no había visitado esa zona de la casa a profundidad. Por mucho, y es cosa que lamenta un poco, no prestó atención a los rincones más oscuros del sitio, ya que la vieja caldera ya empezó a estar carcomida por el óxido en los laterales de la boca de esta, y las cajas con cosas variadas que antes debían de apilarse en el ático ahora lo hacen en aquellas profundidades.

Entre estas, cosa curiosa, estaba un ataúd que reconocía bastante bien. Era un modelo Malach 530, hexagonal hecho en madera de roble rojo con molduras realizadas en altorrelieve, agarraderas de acero templado y forro acolchado de terciopelo blanco. Nada fuera de lo común, pero en él había, nada más abrirlo, algunas cosas que en su momento no tuvieron mucho sentido. Resaltan de entre todas ellas un pequeño crucifijo de plata bastante sencillo en su fábrica, un libro de La Princesa Pony, cuyas hojas estaban endurecidas por un imprevisto paso en el agua, un cadáver desecado de murciélago -algo extraño, pues este pareció haber pasado por alguna sal- y, lo que más extraño le pareció, unos viejos cuadernos de pasta dura, cuya primera anotación del volumen más añejo está fechada en septiembre de 2017.

Reparando en ese detalle, empezó a leer una página al azar, poniéndose cómodo sobre la lavadora.

Para Albert

27 28 de septiembre de 2017

Me disculpo por no estar contigo la última semana. Lynn te arrojó con su ropa sucia y tuve que robar el perfume caro de Lola para enmascarar el olor.

Papá de nuevo se olvidó de no preparar el burrito de huevo, frijoles y pollo de Lincoln. ¡Es frustrante no tenerlo cerca para nada! Intenté pintarme las uñas de la mano derecha, pero el desastre que dejé sobre el sofá me ganó un castigo en la tarde. Se suponía que iba a ir con los chicos a buscar cráneos de ganado en las granjas cercanas. Será otro día.

También echo de menos a Lori. Será una loca, pero prefiero tener que oler sus gases a bordo de Vanzilla a tener que presenciar el bochornoso espectáculo que los amigos de mi hermano provocaron.

¿Qué espectáculo? Te preguntarás. Respondo.

Ese idiota de Ryan Miller mandó a la estirada de Stella Zhau al fondo porque le gusta ir delante de la rueda trasera izquierda. No prestamos atención a lo que pasó, pero apenas Lola volteó, vi que al fin alguien la puso en su lugar por querer tomar a un chico ajeno. Ya que las cosas no se ven bien entre ella y los chicos, es un hecho que debió de merecer que a todos les hicieran calzón chino como solo Lynn podría resistir a hacerme. Y en el camino de regreso, no les fue mejor. Ella terminó atada al hermano de Rocky y al pelirrojo de lentes… nunca me acuerdo de su nombre.

Semejante tensión no la vi desde que Lori se fue de casa con

Ahí terminaba la nota del día. Los dos siguientes días fueron quejas contra la maestra Johnson porque el aire acondicionado se descompuso y el entrenador Pacowski sobre un callo que se le estaba infectando después de pasar el fin de semana en un minigolf.

Mostrando interés en ello, Lincoln se preguntó qué fue lo que escribiera Lucy antes de esa nota y empezó a ojear hacia atrás.

Lo que escribió no le gustó nada.

12 de septiembre de 2017

Albert

Lincoln se fue a Canadá.

No tengo mucho tiempo. Las chicas y yo intentamos pasar un rato con él, pero él insistía en pasarlo con sus amigos.

Llegó golpeado, pero no parece haber ido con nadie. Lori se negó a dar explicaciones, tomó su equipaje y el de Lincoln y se fueron.

No puedo seguir escribiendo. Siento que una parte de mi acaba de morir de la peor forma.

Revisó fechas al azar sin encontrar más menciones en ese volumen, salvo por una pequeña anotación en que culpó a Clyde del fiasco del laberinto del maizal en Halloween, evento que marcó el inicio del distanciamiento entre Loud y McBride. En el de 2018, se quejaba de cómo sus padres reclamaban que una mochila de Rip Hardcore se había perdido en el correo, coincidentemente con una anotación inmediata donde decía que un idiota de secundaria obtuvo dos de esas en un accidente del camión de correos; en primavera escribía furiosa porque Lynn destruyó su ataúd favorito por perder a Liam para las juveniles de béisbol y satisfecha de que Lola perdiera un premio por trayectoria en favor de Lindsey Sweetwater, eterna segundona que se mudó al año siguiente; y para rematar no halló nada interesante en 2019 más allá del abuso que sufría en la escuela por culpa de unas bravuconas que evitaba nombrar fuera de "wicca hipócrita", "karma inexistente" y "cadáver corrupto"

-Lincoln, que bueno que te veo -dijo Penelope desde lo alto de la escalera, tomando un broncodilatador y aplicando una dosis de él-. Ya son 3:05 y mis papás me acaban de llamar. ¿Qué estabas haciendo?

-¿Esto? Ah, bueno, estaba leyendo los diarios de mi hermana. Lucy -respondió Lincoln, cerrando de golpe el ejemplar que estaba leyendo.

-¿No te hacen nada por meterte donde no des hacerlo?

-Para lo que sirve -minimizó Lincoln-. Las únicas mayores que yo que siguen en la ciudad están lejos, y las niñas están en la escuela.

-E… -estuvo por replicar Penelope, repensando sus palabras un instante-… ok, tienes un punto, pero igual eso es grosero.

-¿Al menos quieres dejarme terminar?

-No hasta que me digas por qué lo haces.

-Y especialmente -terció tenebrosa una voz tras la pelirroja, que sintió helar su sangre-, por qué esa necesidad de meterse en mis asuntos.

Volteando, Penelope vio los ojos grises de Lucy. Dado que ella jamás los había visto, colapsó y estuvo a nada de rodar escaleras abajo, mas la principal interesada la detuvo a duras penas.

-¿Qué haces leyendo mis diarios? -preguntó Lucy, tronando sus nudillos.

-Lo que haga o no haga no es asunto tuyo -respondió Lincoln, preparando alguna defensa convincente.

-Será mejor que te alejes de mis cosas antes de que yo misma te arranque la espina con todo y cráneo -amenazó la gótica, tirando de la desgarbada humanidad de Penelope antes de dejarla sobre la alfombra.

-No me hables con ese tono, Luce -advirtió Lincoln, buscando sonar racional-. ¿Crees que porque uno se fue para volver y encontrar todo cambiado es excusa para meterte de lleno?

-Dame -dijo Lucy, usando un tono de ultimátum-. Mis diarios.

-No hasta que escuches.

-El tiempo que tuviste para tus mentiras terminó, Lincoln. Último aviso.

Sin pensar, Lincoln retomó el diario de 2017 y buscó las páginas de septiembre mientras Lucy le daba alcance.

De un salto, Lincoln se hizo a un lado, provocando que Lucy cayera sobre el ataúd. Esto lo aprovechó para leer la anotación del día que él y Lori partieron a Mapleton.

- Lincoln se fue a Canadá. No tengo mucho tiempo. Las chicas y yo intentamos pasar un rato con él, pero él insistía en pasarlo con sus amigos.

-¡Dame ese diario! -exigió Lucy, alcanzando a Lincoln por el brazo y queriendo arañar su cara al menos.

-Llegó golpeado -continuó Lincoln, aprovechando su alcance de brazos-, pero no parece haber ido con nadie. Lori se negó a dar explicaciones, tomó su equipaje y el de Lincoln y se fueron. No puedo seguir escribiendo. Siento que una parte de mi acaba de morir de la peor forma -concluyó Lincoln, empujando a Lucy y tirándole el diario al pecho-. ¿Quieres saber qué pasó ese día?

-Eres un maldito asno, Lincoln -insultó Lucy, subiendo por la escalera, indignada.

-Fue por Lori -dijo Lincoln, parando en seco a su hermana menor a medio camino-. Nos fuimos desde temprano a Great Lakes City, para que ella pudiera despedirse de Bobby un tiempo. Le dije que quería ir con mis amigos, pero me convenció de ir con ella.

-Mientes -silbó Lucy, tambaleando en sus recuerdos.

-De regreso nos habían asaltado -continuó Lincoln, avanzando hacia Lucy-. Ella tenía mucho más que perder que yo, ¡y aún así le di tiempo! Salté sobre el tipo que nos asaltó, quise golpearlo y me estrelló contra la pared. ¡Tuve el hombro inmóvil dos semanas! ¿Y qué fue lo primero que hizo Lori cuando nos libramos de él? Me llevó al hospital. Por eso nuestra urgencia por irnos ese domingo antes de que oscureciera. ¿Crees que te mentiría con algo así de delicado?

-Lo hiciste con esa puta -replicó Lucy.

-No. Si les mentí con algo fue muchas otras veces, pero nada sobre lesiones o embarazos -admite Lincoln-. No te mentí cuando me pediste que te contara por qué parecía que un demonio estaba creciendo dentro de mamá, no te mentí cuando me preguntaste por qué me inculpé de tapar el inodoro, y no te he mentido desde que volvimos de Canadá. Así que dime de una vez, y sin mentirme. ¿Qué rayos pasó contigo?

Sin respuesta, Lincoln dejó su asiento en la lavadora y tomó hacia la escalera para recoger a Penelope.

-Cuando te decidas a madurar sobre las personas, me avisas -dijo Lincoln, dejando a Lucy sola con sus cosas, sus recuerdos y el daño que hizo.

Por la noche, había optado por visitar a Jordan para pedirle ayuda con los finales, pero Amaris le pidió que se mantuviera lejos hasta el fin de cursos para no interrumpir sus estudios. Lo mismo con Clyde y Tiago, pero ambos estuvieron renuentes a hablar. El primero por estar en sesión de estudios con Emma en casa de esta, el segundo por estar indispuesto.

Sin muchas opciones, fue con Lori, aunque dar con su nueva dirección no fue nada fácil. Si en el primer departamento era sencillo llegar por la salida a Pontiac, este resultó ser bastante más inaccesible, cercano a Beaverton y por tanto a la frontera con Canadá sobre la calle Cadillac.

Nada más llegar, no se sintió más seguro que con aquellos perros cuando se creyó la gran cosa por el paseo en la limusina. Inseguro de preguntarse qué pasaría si tocaba a la puerta, apenas y alza la mano esta se abre.

-¡Fíjate por donde…! -insultó una chica que, por la oscuridad, no reconoció, aunque por la voz sonaba a Ronnie Anne-… ¿Lincoln?

-Hola -saludó Lincoln-, ¿sabes si Lori está…?

-Sí, está bastante ocupada -respondió la latina-. Ella y Leni están con alguien y pensé que podrían

Mientras hablan, un joven de unos veintitantos salía del tiro de la escalera, sujetando su ropa.

-¡Ustedes dos están locas! -dijo, reconociendo Lincoln en ese joven a Hugh, su antiguo tutor, antes de reemprender la carrera, para estupefacción de ambos adolescentes.

-Por favor, ¡dime que no todos son iguales! -suspiró Ronnie Anne, esperando que la respuesta la tranquilice.

-Él sí -dijo Lincoln-. Ser anglófilo o inglés entre mis hermanas te puede ganar una orgía.

-Mejor no les presento a Laird -dijo Ronnie Anne, soltando una sonrisa triste-. De todos modos, necesitaba salir. ¿Vienes?

-Claro, ¿por qué no? -aceptó Lincoln, ignorando las súplicas de sus hermanas mayores hacía Hugh.

El parque más cercano estaba a diez cuadras, justo frente a la ribera occidental del río Detroit. Contrario a lo que pareciera, ese no era un vecindario tranquilo, aunque a esa hora está bastante solitario.

El sitio no es lo que podría llamarse agradable, pero con el hecho de que no hubiera ni un alma era más que suficiente para que dos viejos amigos se pusieran a hablar, ya fueran dos ancianos tras años de no verse o, como ahora, un par de adolescentes buscaban reír un poco de sus problemas.

-Y yo me quejaba del entrenador Crawford en la secundaria antes de su retiro -dijo burlona Ronnie Anne, sujetando una botella de soda de uva a la que metió un poco de tequila que Lori le facilitó-. Al lado de ese tipo, era un santurrón.

-¿Tanto así?

-¡Es en serio! Nos hacía correr al mediodía, pero al menos no nos cortaba el agua caliente a mitad del baño.

-Por lo menos -dijo Lincoln-. A los que no presentamos examen nos negó una ducha porque "el agua es para quien la merece" -añadió, imitando el tono con que Helmsley les negó el líquido en ciernes.

-Podrían demandarlo por negligencia.

-No con alguien que le ganó a Flip una demanda por lesiones hace un par de meses.

-¡Es un abuso!

-Lo es, le importa un carajo.

-Razonar no está en su diccionario, ¿verdad?

-Prefiere estar con la cabeza metida en un trofeo antes de perderlo y culpar a medio mundo a aceptar los hechos -expuso Lincoln, arrebatando a Ronnie Anne la botella.

-Deja algo de bebida a quien la trajo -dijo irónica esta, sonriendo.

-¡Ah! Es algo fuerte -reconoció el peliblanco, dando un trago un tanto generoso-, pero es mejor que nada.

-Oye, me puse a pensar un poco -meditó Ronnie Anne en voz alta.

-¿Ah, si? ¿En qué pensabas?

-Mamá me llamó ayer -anunció Ronnie Anne, tomando de nuevo la botella y vaciándola de un golpe antes de mirar al cielo-. Me contó que Arturo se fue a Perú con… con su nueva conquista -dijo, aún negándose a aceptar la boda de su padre-, y quieren que vaya el verano con ellos.

-Debe ser una patada.

-Lo es -respondió la latina, todavía paladeando el cóctel improvisado-. Pero ella, mi mamá, insiste en que yo regrese a casa.

-¿Por fin se calmó tu problema con ella?

-Quiere que regrese, pero ya no está molesta conmigo -afirmó Ronnie Anne-. Dice que espera a hablar conmigo.

-Pues ¡bien por ti! -celebró Lincoln-. Al menos te tomó algo de tiempo aceptar tus problemas.

-¿Y qué hay de ti? -preguntó un tanto intrigada la chica- ¿Hablaste con Lucy?

-Ella se resistió cuando le di la oportunidad -contestó Lincoln, bajando la cabeza-. Ahora que quiere hacerlo, se la estoy devolviendo.

-Eso no es muy maduro de tu parte -replicó la chica.

-¡Mira quien lo dice! -intentó bromear Lincoln, aunque un crujido le hizo dudar sobre lo que estaba por decir.

-¿Quién dice qué?

-No te hagas. Vamos -animó Ronnie Anne, un tanto caldeada por la bebida-, ¡Escúpeme lo que ibas a decir!

-No es nada importante -minimizó Lincoln, todavía indeciso.

-¿No confías en mi?

-A veces uno se cansa de confiar, más cuando lo presionan -respondió Lincoln-. En serio, no tiene importancia.

-Entonces dime. ¿Hizo algo o te causó problemas?

-Ella es el problema.

Sorprendida, Ronnie Anne intentó reír, pero la gravedad del tono la hizo callar.

-Se metió en problemas en la escuela, me robó, hizo que golpeara a Jordan en la cara cuando teníamos algo por anunciar… -enlistó Lincoln-… ahora actúa como si fuera una galleta mala.

-No hay galletas malas.

-Una echada a perder.

-Oh.

-Y la única vez que intenté allanar el camino, me topé con sus diarios, ¿y sabes de qué me enteré? Que mi estancia en Canadá le hizo bastante mal.

-Vaya noticia -ironizó Ronnie Anne sin querer.

-Dímelo tú -contraatacó Lincoln, ahora sí dando en el clavo-. Ahora eres una hermana mayor y la tienes contra un bebé. Alguien que todavía no puede limpiarse solo, ya ni hablemos de nada todavía. ¿Eso tiene sentido? ¿O tomarla con tu papá solo porque te sentiste traicionada? Por lo menos él tiene bastantes cosas qué decirte…

-Yo no tengo que decirle nada.

-… pero ¿un bebé? ¡Ni siquiera cuando me enteré que Lily hizo bromas un día y Luan fue culpada! ¡Ella tenía dos años, casi tres! ¡De haberme quedado, no sé pasaría, pero no pasó! De estar en tu lugar, hablaría con tu papá y pondría todo sobre la mesa, se lo dejaría en claro y…

-¡Bien, entendí el maldito punto! -explotó Ronnie Anne- ¡No tengo que ser tan estúpida como Lincoln Loud para tener una respuesta a todos sus problemas bailando… desnuda frente a él! ¡Y yo apenas caigo en cuenta!

Callado, Lincoln solo tuvo una idea en mente a partir de ahí.

"Hazla escuchar y entender. Ella tiene la culpa y el remedio, pero no quiere aplicar el segundo por hacerte retorcer del primero".

-Ah… ¿y cómo es que puedes beber algo si no percibes sabores? -preguntó incómodo el chico.

-Trato de recordarlos -dijo airada Ronnie Anne-. No es fácil recordar lo que ya no se siente.

Para cuando regresó a la avenida Franklin, estaba a poco de llegar donde los Yates cuando Lucy se cruzó en su camino. Esta venía sobre la vereda de la entrada, por lo que no le costaba mucho pensar en el por qué. A juzgar por los panfletos que tenía entre manos, era evidente que estaba realizando algún voluntariado como castigo.

Contra lo esperado, Lucy se detuvo en seco, mientras que Lincoln siguió su camino, esperando a ser detenido.

-¿Vas a casa? -dijo Lucy, cansada.

-¿A dónde más? -devolvió Lincoln-. ¿Qué hay de ti?

-Era la última casa que tenía que ver hoy -respondió la gótica-. La señora Salter me condicionó hacer esto para no reprobar y llevar escuela de verano. Tenía que buscar firmantes para una carrera por algo que no me interesa.

-Oh -suspiró Lincoln, tomando a casa hasta ser detenido, ahora por la mano de su hermana.

-Yo… siento mucho el cómo te traté -dijo esta-. Admito que obré mal, pero nunca fue con malas intenciones la mayoría del tiempo.

-Lucy, es…

-Te voy a compensar el dinero que tomé, y si puedo enmendar algo más, dile a la… la… -dijo Lucy, cortándose por no querer tragarse su orgullo-… a esa mujer… que iré a trabajar a su casa los fines de semana.

-¿Quieres callarte por un segundo? -pidió Lincoln, desconcertado- Tú solo… tratas de comprar algo que ya no puedes.

-¿Qué?

-Mira, seré realista. Ninguno de los dos hemos sido tan maduros como para razonar. Perdí… perdí bastantes cosas que no supe cuidar, y actué como todo un patán.

-¿Eso suena a una disculpa?

-Más que eso, Luce. Yo… lo lamento -respondió suspirando Lincoln-. Tuve demasiado que hacer antes de ver lo que pasaba aquí mientras no estaba.

Tsn desconcertado el uno como el otro, Lincoln reparó en cómo había crecido su hermana. Todavía le saca un buen trecho, pero al tener siempre una mayor estatura a la de Lynn desde los siete ya prometía ganar una buena altura, y ahora está a nada de poder verlo a los ojos. En cierto modo, está molesto consigo mismo por perderse prácticamente el crecimiento de toda la familia.

Lucy, en contraparte, vio más allá del mero crecimiento físico y mental. Aunque está a nada de alcanzarlo, todavía le tiene un amplio trecho por alcanzar más allá de lo que ve. Más todavía, verlo tan ojeroso como nunca lo viera antes deja ver que el brillo en sus ojos luce ya bastante apagado por todo lo vivido.

Como si algo cortara el momento, el teléfono de Lincoln sonó y el chico contesta.

-¿Lincoln? -preguntó Leni- Hablo del teléfono de Lori. ¿Crees poder sacarnos de un pequeño problema? Estamos en la estación de policía, y Lori me dijo que su dinero está en

-El segundo cajón de la cómoda, la cama a la izquierda, lo tengo -respondió Lincoln, colgando.

-Pero

-¿Quién era? -cuestionó Lucy.

-Leni -respondió Lincoln-. Están algo ocupadas. ¿Tienes tiempo para algo? Ellas pueden esperar.

Emprendiendo el camino a casa, Lucy por un momento sintió cierta calidez que no había recibido de nadie, más bien no quiso recibir, en mucho tiempo. Bajando un poco la mirada, notó que es la primera vez desde que llegó que le estrecha la mano.

~o~

La noche anterior había sido un verdadero dolor en el trasero para ambas. Siendo la primera vez que dormían en las celdas de la estación de policía, tanto a Lori como a Leni les costó asimilar que sus padres casi se infartaron por ver qué tan problemática fue la situación por la que pasaron. Cuando las chicas descubrieron que Hugh vivía allí, a Lori se le hizo una buena idea invitarlo a pasar porque su conexión a Netflix estaba caída, Leni ya esperaba en traje de cumpleaños mirando a la pantalla y, en un segundo, el antiguo tutor tuvo que ceder. Lo feo para él fue cuando, luego de una hora Ronnie Anne había llegado, y el joven interpretó eso como si fuera a meterse con una menor. Y aunque no se presentaron cargos ni fue necesario pagar una fianza, tanto Lynn como Rita concluyeron que era imposible que ambas estuvieran por su cuenta. Especialmente Lynn sr, pues en todo el tiempo que estuvo en conflicto de verdad no quería que nadie se fuera. Por tanto, las dos mayores tendrán que volver a casa.

Para bien o para mal, la distribución de habitaciones quedó casi como antes, salvo por Lucy -que mantiene su cuarto para ella sola excepto por los días que Lynn regrese de Chicago-, con la excepción de Lincoln. El chico tendrá que mudarse sí o sí a la cochera hasta nuevo aviso, pero se va a ajustar por ahora a tener que ayudar en lo que pueda con una ampliación de la que él es relativo beneficiado.

-Ese maldito zumbido… -parloteó Lincoln, nervioso de estar sobre la estructura que va a contar con un piso de uso habitacional.

Si… todavía tiene problemas con la carpintería.

-Es solo un clavo -animó Lori, sujetando la escalera-. No es la gran ciencia.

-¡Tú no tienes problemas con eso! -protestó Lincoln-

-¡Bien! Yo lo hago -maldijo Lori, al tiempo que subía la escalera y le arrebata a su hermano el martillo.

-¡No! -cortó Lincoln- Puedo hacerlo

-Literalmente dijiste que el zumbido te molesta!

-Que yo puedo…

-No, ¡déjame… hacerlo! -dijo Lori al lograr quitarle el martillo.

No debió hacerlo. Al momento de tender el martillo hacia atrás, la inercia del peso de ambos se volvió energía cinética que bastó para hacerlos perder el equilibrio e ir hacia atrás, cayendo sobre la entrada de la cocina. Habría sucedido sin inconvenientes, de no ser porque Leni estaba de salida con una jarra de limonada. Es evidente que el desastre se resumiría en los tres hermanos en el suelo, con un revoltijo de vidrios rotos, algunas heridas de los tres y una mezcla un tanto pegajosa.

-¡Niños! ¡¿Están bien?! -preguntó Lynn sr. entrando desde la sala.

Lincoln y Lori solo alzaron el pulgar, heridos y magullados.

-Creo que me rompí algo -gimoteó Leni.

-No creo que tu brazo deba girar así -señaló Lucy con voz inusualmente nasal, sentada en la mesa y viendo a Lori.

En cuanto esta viera su brazo, notó que su pulgar estaba hacia abajo cuando debería apuntar en sentido opuesto, causando que se desmayara.

Al mismo tiempo, el teléfono de Lincoln sonaba.

-¿Diga? -contestó el peliblanco.

-Lincoln, ¿puedes venir? -escuchó a Jordan al otro lado de la línea- Es urgente.

-Ando algo ocupado -dijo Lincoln, adolorido.

-Ok, no importa. Mamá me dejó en tu entrada y di la vuelta.

Apenas se escuchó la voz de Jordan tanto en la cocina como en el teléfono de Lincoln, Lucy se puso en retirada. Las cosas entre ambas siguen sin ser neutrales todavía, pero que la mayor golpeara a la gótica en la nariz fue, a juicio de Lincoln, un buen inicio.

-Vine del ultrasonido -anunció Jordan.

-No tenías que decirme eso.

-Bueno, como sea -minimizó un tanto Jordan, tendiendo una carpeta con unas placas-. Tendremos que acostumbrarnos a estar desvelados más de lo normal.

Abriendo la carpeta, e ignorando lo que sus hermanas querían saber como todo buen entrometido, vio los resultados de este.

-Solo por si querías saber el sexo del bebé -añadió Jordan, llevándose las manos al vientre y mostrando en la izquierda un vendaje, producto del golpe que le diera a Lucy.

-¿Me disculpan, Leni? -pidió Lincoln- Esto es privado.

-Lo que digas -gimoteó Leni, aún adolorida y cargando con Lori a la habitación de Lisa.

-Oye, creo que se equivocaron de placa -dijo Lincoln, notando un pequeño error de vital importancia-. ¿Quién es Emma Domenicus? ¿Y por qué pone en la fecha de concepción el 16 de mayo?

-Ni idea. Creí que venía mi placa.

-Si hubiera sido así, habría sido un horrible regalo de cumpleaños -dijo Lincoln, asustado de la idea de haber cumplido ya diecisiete y haberse metido con Emma, aunque sabe que no es posible que hiciera eso con ella.

Jordan quiso guardárselo. No creyó que fuera conveniente hacer saber que se encontró con Emma.

.

Al mismo tiempo, Emma estaba de visita con Clyde. Los McBride (y Tiago), de verdad, no se tomó a bien la pequeña sorpresa que ella les preparó.

Los sorprendió tomando el desayuno, y en cuanto le dio un sobre a Clyde, la sonrisa de Emma fue bastante nerviosa.

-¿Qué es eso, cariño -preguntó Howard, dejando su huevo a la diabla a la McBride, es decir, sin picante y con pimentón dulce para dar color.

-Es que, bueno… -empezó a explicar cuando vio la reacción de Clyde. El chico, para su desgracia, se desvaneció sobre el tazón de avena que tenía antes su atención. Con algo de apuro, Howard toma la hoja que venía dentro y, después de un chillido digno de cualquier soprano, se derrumbó en el suelo.

-Lo siento -dijo Emma, atribulada-. No sabía que se pondría así.

-En defensa de ambos -respondió Tiago-, creo que estarán bien cuando se recuperen. ¿Qué era eso?

-Se suponía que era un negativo de embarazo -respondió Emma-. ¿Por qué?

-Ten -dijo Tiago, tendiendo la hoja con una radiografía y fue por un frasco de sales.

-"Rosato, Jordan, veintiún semanas de gestación, sexo…" -leyó Emma, inquieta, solo para recibir del brasileño una mirada desconcertada- Nada importante. Debieron cambiar mis resultados por los de Jordan.

Nerviosa, Emma al menos sabe que, fuera de ella y los McBride, tiene información privilegiada.

~o~

Octubre 3 de 2022

Perdón por fallar con el día de subida de este final. Admito que no ha sido mi mejor trabajo...

¡¿Cuándo tuviste uno?!

..., pero en mi defensa debo decir que me consumí por causas fuera de mi control personal.

Es curioso cómo un virus cambia vidas. Tal vez debía decirlo en algún lado, pero aquí va algo personal.

Cuando se desató la influenza A-H1N1, yo ni por enterado. Recuerdo que fue un viernes, yo terminaba con tareas de un curso de regularización en el bachillerato y me tomé un día para salir a algún parque. Tomé a la vieja fiel (mi bicicleta, una de las pocas cosas buenas que saqué de mi padre) y salí como si nada. Fui a un parque vecino al entonces complejo de la refinería 18 de Marzo, candados. Fui a otro más al norte, candados y un anuncio de emergencia sanitaria. Volví frustrado a casa, ¿saben que ví en televisión cuando vi a mi madre allí? A un presentador local dando informe de un brote de neumonía atípica.

¿Qué andaba haciendo yo cuando vi una noticia similar casi once años después? Escribiendo Viaje para dos. Los que me sigan ya hace tiempo sabrán de qué fue. Se hablaba de una enfermedad nueva, rara, cuyos síntomas eran parecidos a la neumonía. Dross Rotzank,, a quien ya cité hace casi dos años, publicó videos dando fe y testimonio, tiramos de loco y... bueno, tal parece que una maldición atribuida a Confusio nos alcanzó.

Ojalá que vivas tiempos interesantes.

Como un último extra, algunos títulos los tomé de canciones. La cita anterior y la actual procede de Shamandalie, de unos viejos conocidos de Finlandia, por ejemplo. Caso similar con Coartada secreta (Secret Alibi, de Helloween). No los instona buscar esas canciones o a que las escuchen si no quieren, pero si tuviera aue buscar una banda sonora, no me opongo a contemplarlas.

*revisa las reviews y solo cae una*

Pep delgado 99, en esta línea Lori no es fumadora habitual. Lo hace sobre todo por relajarse.

Solo tenemos una parada más, queridos amigos. Y si, estos son tiempos interesantes para estar vivo. Ya que estamos en una fase de "sálvese quien pueda", ¿por qué no hacerlo? Solo nos queda esperar a que todo termine para llorar a los caídos y celebrar que seguimos con vida. A no ser...

Sigan sintonizados

Sam the Stormbringer