Disclaimer: Esta historia y sus personajes no me pertenecen. La historia es de Brigid the Fae y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.

Capítulo 2

Kagome salió del pozo sintiendo que la recorría una ola de nostalgia mientras se ponía la enorme mochila sobre los hombros. Cuatro meses atrás habría creído surrealista venir a la época feudal y no ir cargada con multitud de material de primeros auxilios y comida rápida para sus viajes. Ahora, en su lugar, su mochila estaba llena de aperitivos modernos, baratijas variadas y objetos que había querido enseñarles a sus amigos, así como cosas que había escogido para ellos «solo porque sí».

A veces era una prenda de ropa. A veces era un producto aromático de baño. A veces eran incluso pequeños juguetes nuevos que valían diez céntimos la docena en su época y que eran ampliamente ignorados. Pero para aquellos en su círculo íntimo, eran fascinantes. Incluso Kikyo estaba interesada en las cosas que traía y la joven había dicho abiertamente que no tenía deseos de aprender sobre los tejemanejes del futuro. En múltiples ocasiones.

Kagome estaba decidida a hacer que Kikyo se sintiese incluida, sin importar cuánto se resistiera la mujer. En su mente estaban a medio camino, con sus mismos fines (deshacerse de Naraku y de la perla) completados. Ahora solo tenía que hacerle ver que no tenía que repetir su antigua vida si no era feliz. Kaede seguía manteniendo la posición como sacerdotisa principal y entrenaría a Kagome según le permitiera su horario. Nadie esperaba que Kikyo volviera a asumir sus deberes, especialmente cuando con solo mencionarlo la luz desaparecía de sus ojos. Kaede había entendido que su hermana no había sido verdaderamente feliz cuando le habían confiado la perla.

Deberías ver esta segunda oportunidad como un regalo —le dijo Kaede a su hermana—. Puedes vivir tus días como una mujer normal, de la forma que veías que otros lo hacían cuando estabas atada a la responsabilidad.

¿Y qué podría hacer? Soy demasiado mayor para que me vean como una novia adecuada. No tengo habilidades que sean beneficiosas como ama de casa.

Kagome no había sido capaz de contener su lengua.

No pareces más mayor que Sango o que yo. Si lo que te preocupa es tener hijos, te quedan años antes de que tengas que preocuparte de no poder concebir.

A mí me criaron para exterminar youkai y solo sé un poco de labores domésticas —ofreció Sango—. Solo lo sé porque mi madre falleció y tuve que cuidar de mi padre y de mi hermano. Miroku me pidió la mano sabiendo todo esto y eso no significa que me ame menos.

¿Ves? ¡Ahí lo tienes! Cuando llegue la persona correcta, no importará que no sepas tanto sobre ciertas cosas, porque va a querer estar igualmente contigo. Nadie tiene que saberlo todo antes de echar raíces. Siempre estamos aprendiendo.

Kagome agradeció inmensamente que los chicos no estuvieran rondando cerca. Habían ido a la aldea más próxima para ocuparse de un youkai que estaba causando un leve caos. Era una de las pocas veces justo después de la última batalla en la que podían hablar así. Podía ver a Kikyo reflexionando sobre las cosas que le habían contado. Se solidarizaba con ella. Kikyo ahora no tenía ni idea de cómo funcionar. Antes de su muerte, su vida estaba atada a la perla. Cuando la trajeron de vuelta, seguía atada a la perla. No era extraño que se viera alterada ante la idea de tener una vida normal. No tenía ni idea de cómo podía ser una vida normal.

Kaede se ocupó de preparar tazas de té.

Tampoco hay nada que diga que tengas que renunciar a tu vida anterior —añadió—. Si deseas continuar con tus deberes como sacerdotisa, nadie se opondrá…

¿No estás entrenando a Kagome? Creo que tener tres sacerdotisas en la aldea sería demasiado… —Kikyo se interrumpió, dándose cuenta de lo resentida que sonaba. Carraspeó y explicó—: No pretendo ofenderte, Kagome. Simplemente creo que mi presencia podría ser innecesaria.

Kagome descartó su disculpa. Lo entendía y, de todas formas, no era lo peor que había dicho Kikyo.

Seré una aprendiza un tiempo, Kikyo. No me molestaría que quisieras intervenir cuando quieras.

Y siempre están los servicios de curandera —señaló Sango—. Podrías seguir ayudando a la gente de vez en cuando y no sentir que estás atada a ser una sacerdotisa si quieres forjar una nueva identidad.


Dos semanas antes le había contado a Inuyasha que estaba intentando formar una especie de amistad con Kagome. Por mucho que odiase admitirlo, esperaba con ganas las visitas de la miko nacida en el futuro. Cuando no le contaba cosas del futuro, escuchaba una variedad de historias de los viajes del grupo. Kagome tenía un don para hacerle sentir incluida. Y si no lo hacía con la forma en que la trataba, era con las pequeñas cosas que le regalaba. Tan pronto Kikyo hizo saber que quería que se la tratara como a una mujer normal, Kagome había sido incansable.

Primero habían sido cosas pequeñas. Un conjunto de peinetas. Color para los labios. Pulseras de cuentas pulidas. Incluso le había dado jabones de baño perfumados. Y entonces… entonces Kagome le trajo ropa. También le traía estas cosas a Sango, pero eso era de esperar. Sango era su mejor amiga. Ella era la predecesora de la chica, que había intentado matarla.

Dijiste que querías ser una mujer normal, ¿verdad? —preguntó Kagome momentos después de la primera vez que les había regalado un conjunto. Kikyo había intentado rechazar la oferta, pero Kagome no lo aceptó—. No os puedo llevar a ninguno a mi época, así que quería traeros algo de allí.

De forma indirecta, Kagome le había dicho ese día que era una de su grupo y que nada que pudiera decir iba a cambiarlo. Todo lo que había ocurrido antes para ella era agua pasada. Cómo podía ser tan indulgente era algo que Kikyo no podía comprender. Era simplemente… inconcebible.

Y a pesar de ello observó que la fachada alegre de Kagome cayó cuando Sango le preguntó cómo estaba, Kikyo sintió la aplastante necesidad de salir en su defensa.

Mierda. Kagome que se había convertido en amiga suya. ¿Cuándo diablos había ocurrido?

—¿Inuyasha ha hecho algo para molestarte? —Sango frunció el ceño.

Kagome negó con la cabeza.

—No. Ese es el problema. —Negó con la cabeza de nuevo y ambas mujeres oyeron el característico sonido de sorberse la nariz—. Perdón…

—No lo entiendo. Pensaba que erais felices. —Kikyo apretó su agarre sobre su taza cuando la mujer que tenía enfrente levantó la mirada. A Kagome le tembló el labio inferior mientras las lágrimas que había contenido rodaban por sus mejillas. ¿Qué había hecho ese hanyou?

—Lo somos —empezó a decir—. ¿Creo? No… No sé qué ha pasado. Especialmente durante el último mes… no hemos… no hemos… —A Kagome le ardía el rostro mientras mascullaba lo suficientemente alto para que la oyeran—:… tenido intimidad.

Sango se mordió el labio en contemplación.

—Bueno —razonó—, ¿habéis estado ocupados? —Sería comprensible, teniendo en cuenta que había habido la batalla final contra Naraku, su regreso a sus estudios en el futuro, la cabaña que él estaba construyendo…

Kagome negó con la cabeza, esta vez con más ímpetu.

—Incluso con todo esto, aun así encontrábamos tiempo para hacer… cosas. —No iba a explayarse sobre qué hacían—. Pero de repente es como si Inuyasha no quisiera tocarme. Hizo lo mismo antes de dividirse, pero ¡no entiendo por qué lo está haciendo ahora! —Las lágrimas de Kagome se habían convertido en sollozos estrangulados mientras se abría la presa—. ¡Cada vez que intento besarle, se aparta! ¡Ni siquiera me quiere decir por qué! ¡Ni siquiera sé qué he hecho mal!

La exterminadora se acercó para consolar a la sollozante mujer y a Kikyo le estaba haciendo falta toda su fuerza de voluntad para no tirar la taza que tenía en las manos. Sango le había contado el daño que le hacía a Kagome cada vez que Inuyasha iba a verla. Al principio, se había sentido indiferente. ¿Por qué debería haberle importado? Tenía un objetivo en mente en aquel entonces y los sentimientos de una chica cualquiera estaban al fondo de su lista de preocupaciones. Ahora… Ahora descubría que no podía soportar el sonido de Kagome desmoronándose. La desgarraba, la hacía enfadarse.

—No has hecho nada mal, Kagome —afirmó con firmeza—. Está claro que es culpa de Inuyasha.

—Tal vez —canturreó Sango mientras le frotaba suavemente la espalda a Kagome. Sabía perfectamente que el hanyou tenía la culpa, como había dicho Kikyo, pero también sabía que tenía que tener una buena razón. Llámala ilusa, estaba intentando buscar cualquier cosa para no pintarlo como el malo. Por molesta que estuviera Kagome, no quería eso—. Tal vez solo… ¿tiene la cabeza en otra parte? Miroku dijo que está intentando acabar la estructura de la cabaña antes de que haga demasiado frío para pedir ayuda. Puede que Inuyasha esté estresado por eso. Quiere que sea bonita y no puedo culparlo por eso. Probablemente sea el primer hogar de verdad que ha tenido desde antes de que muriese su madre.

Kagome se volvió a sorber la nariz, secándose los ojos.

—Le he preguntado si podía ayudar, es decir, es nuestra casa, pero ¡se niega! —Su voz se endureció mientras su humor pasaba a una pura cólera. Al parecer estaba saliendo todo—. ¡Ni siquiera me quiere decir dónde está la cabaña! Me dice que no vaya a buscarlo si no está en la aldea. Es decir, ¡¿os lo podéis creer?!

Kikyo tenía que admitir que era mejor oírla enfadada que llorando. Se puso de pie y recogió las hierbas necesarias para un remedio contra el dolor de cabeza. Una vez que Kagome se calmase, iba a tener un dolor de cabeza tremendo inducido por el estrés. También le daba algo en lo que centrarse hasta que ella volviera a controlar su temperamento, porque en ese momento estaba sumamente tentada a encontrar una forma de maldecir la estampa de Inuyasha.


—¡INU-YASHA!

El hanyou casi soltó el árbol cortado que estaba sosteniendo. La última vez que había oído su nombre gritado en ese tono, había acabado sellado en el Goshinboku durante cincuenta años. Se giró hacia el sonido mientras Kikyo emergía en el claro. Bueno, había visto aquella expresión en aquel entonces. Incluso su lado youkai se puso tenso. Joder… ¡no había estado tan enfadada cuando le dijo que iba a sangrar aquella primera vez! ¿Qué diablos pasaba? Dejó el árbol y se cruzó de brazos. Pasara lo que pasase, no iba a huir. Era un youkai poderoso. No iba a dejar que una sacerdotisa renacida lo intimidase.

—¿Qué? —Y a juzgar por la forma en la que le tembló la voz, el hombre que había en él reconocía que la había fastidiado de algún modo.

—¡Cómo te atreves!

—¡¿Cómo me atrevo a qué?!

Kikyo entrecerró más los ojos mientras lo estudiaba.

—¡Eres increíble! —dijo entre dientes—. Kagome estaba inconsolable por tu culpa y tú aquí actuando como si no supieras nada…

—¡De verdad que no lo sé! —insistió Inuyasha—. ¿Qué le pasa a Kagome? ¿Está herida?

—Piensa que estás descontento con ella, serás… serás… ¡imbécil! —Empezó a avanzar hacia él, con cada paso que daba hacia delante, Inuyasha daba uno hacia atrás. Kikyo no paró hasta que sus piernas chocaron contra el lateral de la cabaña y él cayó entre los soportes de las paredes que conectaban con sus cimientos—. ¡Kagome nos contó que la rechazas cuando quiere darte afecto! ¡Nos dijo entre lágrimas que cree que ha hecho algo mal!

—¿Qu…? ¡Si no ha hecho nada! —replicó.

—¡Entonces por qué estaba llorando, Inuyasha!

—¡Porque es por mí! —gritó, encogiéndose cuando Kikyo retrocedió un paso. Había estado acostumbrado a estar cerca de Kagome durante tanto tiempo que ya no pensaba en ello. Kikyo seguía intentando aclimatarse a cómo era él de verdad y hablarle así no ayudaba. Cuando volvió a hablar, fue más suave—. Me… Me preocupa… diablos, me asusta, mejor dicho… hacerle a Kagome un cachorro antes de que esté preparada, ¿vale?

—Por esto es por lo que la has estado evitando.

Inuyasha se encogió de hombros.

—Kagome dice que con esa medicina que se toma se supone que no debería pasar. Yo soy un hanyou y no de los débiles. ¿Cómo puedo estar seguro de que esa medicina funcionará? Quiero… Quiero hacer las cosas bien. No tuve una vida normal mientras crecía, pero quiero asegurarme de que mi cachorro sí la tenga.

Kikyo suspiró y él inclinó las orejas. Su ira estaba menguando ininterrumpidamente, maldita sea. Había reunido un buen enfado y él se estaba desmoronando delante de ella.

—Así que esta es la auténtica razón de tu prisa por construir tu cabaña. —Se movió para sentarse en el borde de los cimientos, en el espacio vacío que estaba al lado de él—. ¿Por qué no se lo has dicho a Kagome?

—Me diría que me estoy preocupando por nada.

—Kagome piensa que te ha molestado de algún modo, ya que la rechazas —continuó Kikyo—. Y por lo que parece, este miedo que tienes ha de haber aparecido de repente. Por la forma en la que hablaba, encontrabais formas de atender las necesidades del otro.

A Inuyasha se le encendió el rostro.

—Dime que no te ha contado todo.

Ella se rio.

—No, pero no hizo falta. —Kikyo volvió a fruncir el ceño, mirando hacia el bosque—. Kagome está sufriendo, Inuyasha. Tienes que hablar con ella. Cuéntale que tienes preocupaciones…

—Contarle qué. ¿Que me asusta que sus hierbas modernas no eviten que vaya a dar a luz antes de que termine el instituto?

—Tiene que saberlo…

—¡Keh! No sabes lo mucho que la avergonzaría ese mundo futuro si estuviese ahora encinta, Kikyo. Kagome dijo que deshonraría a su familia si da a luz antes de terminar. Dijo que a las chicas a las que les pasaba las menospreciaban. Que las insultaban. No quiero eso para ella.

Kikyo volvió a suspirar, rodeando el soporte de la pared y dándole una palmadita en la mano.

—¿De verdad crees que esconderte de tu mujer va a mejorar las cosas?

Él se encogió de hombros.

—Pensé que, si construía la casa, al menos tendríamos eso para nosotros. No tengo mucho que ofrecer, así que quiero que la casa sea perfecta para Kagome.

—Inuyasha, a veces de verdad que eres imposible.

—¿Qué?

—Kagome no quiere un palacio. Quiere un hogar. Contigo. Ahora tienes que contarle la auténtica razón para tu reciente comportamiento.

El hanyou suspiró.

—Lo haré. —Cuando Kikyo le dirigió una mirada de escepticismo, lo repitió con fuerza—. Arg, ¿cuándo te has convertido en la defensora de Kagome?

Ella se puso de pie, estirando la espalda.

—Desde que Kagome se convirtió en mi amiga —dijo con tono mordaz—. La acompañé al pozo antes de venir a verte. Kagome dijo que tenía tareas que necesitaba completar antes de mañana, así que caminé con ella porque estaba exhausta después de su agitación emocional. Voy a regresar a la aldea. Kaede tendrá pronto la comida preparada. ¿Pretendes regresar a la época de Kagome o te unirás a nosotras?

Del murmullo incomprensible proveniente del hanyou, Kikyo interpretó que Inuyasha probablemente se pasaría la hora de comer trabajando. Se dio la vuelta y caminó de regreso a la aldea, sin sentir en absoluto que hubiera logrado nada. Como mucho, había conseguido que dijese por qué estaba evitando las atenciones de su mujer. Menudo imbécil insufrible, pensó. Ni siquiera puedo decir que sea el youkai de su interior el causante.


Nota de la traductora: ¡Muchísimas gracias a Chechy14, Pucca0805, yancyarguetaf y AkiraB por haber venido a apoyar la traducción de la secuela con vuestros reviews! Y por supuesto, ¡también muchas gracias a todos los que habéis puesto la historia en favoritos y alertas!

Espero que os guste mucho el capítulo, yo ahora me voy a traducir el siguiente para poder tenerlo listo para el lunes que viene.

¡Hasta la próxima!