Disclaimer: Esta historia y sus personajes no me pertenecen. La historia es de Brigid the Fae y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.
Capítulo 4
—He dicho: ¿qué coño estás haciendo?
El Inuyasha humano retrocedió un paso hacia el lateral del escritorio. Ese tono, ese gruñido… eso no era normal, incluso para el youkai que ahora estaba sentado en la cama. Y por la expresión de alarma de su rostro, él también lo sabía.
El Inuyasha youkai salió de entre los brazos de Kagome y se puso de pie, situándose entre el hanyou y su compañera.
—Sabes perfectamente qué estábamos haciendo —dijo con calma. Se aseguró de recalcar el plural en esa frase para hacerle saber al hanyou que no iba a hacer que Kagome hiciera nada que no quisiera. Sabía que el hanyou era lento en ocasiones (joder, incluso él tenía sus momentos), pero tenía que saber que nunca la obligaría a que se acostara con él, ¿no? El gruñido proveniente del hanyou inmediatamente después sugirió lo contrario, o al menos que no quería oírlo—. Pero ahora mismo, creo que tienes que calmarte, hanyou.
Ese fue otro traspié.
—¿Que me calme? ¡¿Que me calme?! ¡Imbécil! —soltó Inuyasha, estirándose para agarrar al youkai. Puede que estuviera dividido en tres, pero todavía era capaz de ver rojo y en ese momento quería arrancarle a su lado youkai todo lo que colgase. El youkai sabía que no debería haber tocado a Kagome, y aun así lo había hecho, ¿y ahora tenía los cojones de decirle a él que se calmase?
Lo que pasó a continuación fue estrambótico, por decirlo claramente. El youkai utilizó todo el espacio disponible en la habitación para evitar al hanyou. Inuyasha parecía como si estuviera a un paso de destrozar la habitación. Mientras tanto, Kagome estaba sentada en la cama, intentando llamar al dúo para hacer que parasen y averiguar lo que estaba pasando.
El humano junto a su escritorio esquivó la persecución y ayudó a Kagome a levantarse de la cama, negando con la cabeza en su dirección cuando ella intentó preguntarle qué había provocado que se volvieran a dividir. A él no le correspondía decírselo y sabía que el youkai tampoco lo habría hecho… aunque sí hubiera ido en contra de los deseos de Inuyasha. También sabía que a ella no le haría daño en la persecución, pero aun así se interpuso entre ella y ellos mientras Kagome se ponía ropa limpia delante de su armario. Solo porque no fueran a hacerle daño a Kagome, no significaba que no hubiese la posibilidad de que cualquiera de ellos fuera a usar algo como proyectil. Mejor prevenir que curar.
O sentar.
Inuyasha al fin agarró al youkai por el pelo, tirando de él hacia atrás con fuerza. El Inuyasha youkai estiró una mano hacia atrás y agarró la hombrera de la rata de fuego y, con un rugido, levantó al hanyou por encima de su cabeza y lo clavó al suelo. Inuyasha forcejeó en todo momento, pero el youkai tenía una rodilla entre sus omóplatos y había retorcido sus brazos hacia atrás con un doloroso agarre. Entre los dos, estaba haciéndose cada vez más complicado saber quién gruñía y escupía más.
—Suéltame para que pueda matarte.
El Inuyasha youkai se inclinó y le dijo entre dientes al oído al hanyou:
—Escúchame. No le he dicho nada a Kagome.
El forcejeo persistió hasta que asimiló sus palabras. No es que importase, pero era un pequeño alivio.
—Aun así te acostaste con ella… ¡después de todo!
—Sí y si vuelves a actuar con normalidad, lo explicaré, idiota. —El Inuyasha youkai no iba a soltar al hanyou hasta que lo aceptara. Pasaron momentos antes de que Inuyasha mascullase un «vale» y liberó su agarre lentamente. El youkai se cruzó de brazos mientras Inuyasha se ponía de pie, todavía mirándolo con furia—. Puedes mirarme mal todo lo que quieras, pero eso no cambiará el hecho de que no hice nada malo.
El hanyou parpadeó y escupió. Joder, le iba a dar una de esas apoplejías que le había mencionado Kagome una vez. O al menos se iba a herniar algo. Estaba bastante seguro de que le había empezado un tic en su ojo izquierdo.
—¿Nada malo? —dijo entre dientes—. ¡Fuiste en mi contra! ¡Te acostaste con Kagome sabiendo lo que sabemos! ¿Y si se queda encinta? ¿Has pensado en eso?
—Tengo fe en la medicina de nuestra compañera —replicó el youkai—. Confío en que Kagome tenga fe en ella, pero al parecer tú no. Si se quedase embarazada de nuestro cachorro, los querría a los dos. Cuidaría de ella, como debo hacer. Encontraríamos la manera de hacer que funcione. ¡No voy a abandonar a Kagome porque yo tenga miedo!
—¿Abandonar? De dónde diablos…
—No —lo interrumpió el Inuyasha youkai—. No puedes hablar. Vas a escuchar por una vez en tu maldita vida. Es evidente que lo que te contó Kikyo te entró por un oído y te salió por el otro, así que deja que lo simplifique: Te estás comportando como un gilipollas. Como apartas a Kagome, ella cree que te ha molestado. Cree que ha hecho algo para hacer que ni siquiera quieras besarla. Cuando vine aquí, ¿sabes lo que vi? Se estaba dando placer porque tú no estabas para cubrir sus necesidades. Te desea a ti. Te estaba llamando a ti. Cuando me vio de pie junto a la cama, ¿sabes qué pasó entonces, hanyou? Lloró. Lloró porque pensaba que era un jodido sueño, ya que no has mostrado ningún interés en besarla siquiera últimamente. Así que sí, le di a nuestra compañera lo que necesitaba. Le borré a besos las lágrimas. Me disculpé con ella por estar equivocado. Le di el placer que había estado ansiando. Le dije que la amaba, porque yo soy su compañero y lo siento así. No viste sus ojos, hanyou. Parecía tan afligida. Si no lo supiera, pensaría que cree que ya no la amas.
Inuyasha sintió que se le apretaba el pecho. Kagome no… ¿o sí? No había un matiz de broma en el tono del youkai y, por una vez, deseó de verdad que estuviera bromeando. Miró más allá del youkai para ver a Kagome poniéndose una camiseta. Su lado humano abrió los brazos hacia ella y Kagome se deslizó en su abrazo, enterrando su rostro en la curva de su cuello. La mirada que le lanzó el humano… no era tan letal, pero aun así no parecía contento. Al menos con su lado humano tenía algo de comprensión, incluso si se equivocaba en esto. Inuyasha maldijo en voz baja, pasándose una mano por el pelo.
Así no era como había planeado contarle a Kagome la verdad.
—Kagome —llamó en voz baja—. Puedo explicarlo. —Sabía que no debía decir las palabras «tenemos que hablar» por experiencias pasadas. La primera vez que se las había dicho sin ir seguidas inmediatamente de la razón, lo había sentado. Repetidas veces. Era más seguro no empezar una conversación así.
El Inuyasha humano soltó un suspiro cuando el hanyou intervino. Al fin el youkai le había hecho entrar en razón. Ahora, si pudiera hacerlo Kagome, ¿volverían a la normalidad? La sintió girarse en sus brazos y aflojó su agarre cuando ella retrocedió un paso. Cuando fue a sentarse en el borde de la cama, no quiso más que seguirla. Sentarse con ella mientras el hanyou explicaba por qué se estaba comportando como un estúpido, ofrecerle alguna suerte de consuelo. Casi lo hizo, si no fuera porque el youkai había movido la cabeza sutilmente en dirección al escritorio donde estaba. El hanyou no necesitaba que ahora estuvieran en medio.
Kagome se sentó en la cama, preparándose en silencio para lo que fuera que Inuyasha estuviera a punto de decirle. Un mes sin afecto y entonces, de repente, quería… Pues claro. Tenía que haber más de lo que se esperaba. Siempre lo había. No podía haber tenido tanta suerte como para que fuera algo sencillo. Que su marido quisiera darle afecto como había ansiado después de habérsele negado incluso un pequeño beso. Antes de que hubiera dicho nada siquiera, ya estaba sintiendo una ola de ácido estomacal ascendente. Kagome tragó saliva, diciendo:
—Sea lo que sea que me vas a decir, Inuyasha… no me voy a enfadar contigo.
A Inuyasha no le gustó el tono plano que salió de ella mientras se sentaba en el suelo a sus pies.
—No te culparía si lo haces. La… la he fastidiado, Kagome. —Resopló, moviendo su brazo hacia atrás para señalar las pruebas—. Evidentemente.
—¿Puedo preguntarte algo antes? ¿Por qué hizo falta que pasase esto de nuevo para que me lo contases?
—Porque yo… tengo miedo —murmuró. Inuyasha metió las manos en las mangas, dejando que sus garras se enterrasen en la piel de sus brazos. No iba a evitar esto más tiempo. No podía. Después de lo que le había contado el youkai, Kagome de verdad necesitaba oír la verdad—. Tengo miedo de que te quedes embarazada antes de que termines el instituto. —Bajó las orejas mientras continuaba, mirando hacia los pies de Kagome. Tenía miedo de mirarla a los ojos—. Tengo muchas ganas de tener una familia contigo, pero no a riesgo de tu honor, Kagome. Así que pensé que, si me apartaba, no me vería tentado a ponerlo en riesgo.
Hubo una pausa mientras ella le daba vueltas en su mente a lo que había dicho y fue casi ensordecedor en la habitación mientras esperaba su respuesta. Inuyasha usó su nariz para comprobar si estaba molesta antes de atreverse a levantar la mirada. Olió el débil aroma de lágrimas, pero eso era de antes, cuando ella había pensado…
—¿Ya está? —Su expresión no era de tristeza, ni siquiera de enfado, como había esperado. Parecía perpleja—. Te hablé de los anticonceptivos. ¿Por qué? Estabas bien hace meses. ¿Qué ha provocado esto?
Inuyasha vaciló y fue su lado youkai el que respondió.
—Puedes echarle la culpa a esa maldita pulga por meterle en la cabeza al hanyou que ser el hijo de un daiyoukai significa que su semilla es ultrapotente. Cree que es más fuerte de lo que pueden hacer tus hierbas modernas.
—¿Y qué hiciste tú? —ladró dicho hanyou, girando la cabeza para mirar con furia al youkai—. Fuiste y… ¡y le hiciste lo que le hiciste a Kagome! Después de que te dije…
Kagome se estiró, deslizando las manos bajo las mangas de la rata de fuego para agarrarle las manos. Había visto el movimiento bajo la tela y no le sorprendió ver una débil traza de sangre en las puntas de sus garras. No le regañó por hacerse daño, se limitaría a decir que se curaría en unos minutos, en cualquier caso. En cambio, cogió el pañuelo doblado que tenía en la mesilla y le limpió las garras en silencio.
—Llevo tomando mucho tiempo este anticonceptivo —señaló—. Todavía no me he quedado embarazada, ¿no?
Las mejillas de él se acaloraron ante las palabras no dichas. Habían sido… entusiastas sería ponerlo suave… desde que se habían marcado y habían formado la unión.
—N-No, pero…
—Entiendo por qué estás nervioso, Inuyasha… pero no pasa nada. —Kagome debatió intentar explicar que todavía haría falta un tiempo para que los efectos de la píldora pasasen por su sistema, pero sabía que solo lo confundiría—. Si… si algo ocurriese, encontraríamos el modo. —La idea de quedarse embarazada antes de la graduación no era una que le causara emoción, pero ni de broma iba a dejar que Inuyasha se culpase completamente si eso pasara. Aunque, dependiendo de cuándo, si llegaba a pasar no tendría que preocuparse de que el bulto fuera un problema para su uniforme…
—¿Ves? —dijo el humano desde su lugar en el escritorio—. ¡Es lo que hemos intentado decirte! ¡Nunca entenderé por qué has decidido hacerle caso a Myoga precisamente ahora!
—Me equivocaba —resopló Melocotón—. Si hay alguien con quien enfadarse, es con esa pulga. ¡Podríamos habernos quedado ciegas haciéndolo mucho antes si no fuera por él!
Kagome negó con la cabeza para eliminar los pensamientos de Melocotón. Su lado cachondo tenía que detenerse. Había tenido su recreo, no había razón para que interviniera con su opinión. Después lo que había pasado antes con el youkai, debería haber estado saciada, pero al parecer no era así.
—¿Por qué no viniste a hablarme de esto antes?
—Pensaba que te enfadarías conmigo. —Se encogió de hombros—. Sí que… vine una vez para hablar de ello, pero estabas en clase y… —Joder, esto iba a volverse muy incómodo—. Quería hablar con tu madre de esto, pero no estaba y… terminé hablando con el anciano.
Oh. Oh, no. Kagome se mordió el labio al darse cuenta de que su marido había acudido a su abuelo para hacerle una pregunta sobre sexo. No puedo reírme. Sin importar cuánto lo desease, no podía… ¡pero era muy gracioso! Respirar hondo por la nariz no iba a conseguir parar las risitas, aunque probablemente pensaría que estaba intentando no explotar contra él. Intentó no mirar directamente a Inuyasha. Lo que acabó haciendo fue tener contacto visual con su lado humano o con el youkai y, antes de que pudiera contenerlo, soltó un bufido. Él frunció más el ceño mientras se le empezaban a enrojecer las mejillas.
—Lo siento, Inuyasha, pero es un poco gracioso. ¿Qué dijo el abuelo?
Al menos el anciano no se rio. El abuelo había tratado sus preguntas como lo habría hecho Kaede si hubiera sido en relación con la medicina de su época. Inuyasha sintió que incluso tenía las orejas calientes mientras Kagome intentaba reprimir su risa. Era vergonzoso, pero tal vez más tarde le vería la gracia.
Tal vez con Miroku en su lugar, haciendo preguntas incómodas. Sí, eso sería gracioso.
—Dijo que la única forma segura de evitarlo era no hacerlo. No dijo nada en contra de esas cosas que te tomas, pero con lo que dijo Myoga…
La abandonó toda la diversión de la situación cuando bajó las orejas.
—Estabas preocupado porque no fuera suficiente. —Su pequeño asentimiento le hizo doler el corazón—. Oh, Inuyasha —suspiró. ¿Cómo iba a hacérselo entender?—. De verdad que no pasa nada. Si quisieras, podríamos intentar otras cosas como medida de protección extra.
Inuyasha no estaba seguro de a qué se refería con protección extra, pero todavía no se decidía.
—Yo… no sé, Kagome…
—Entonces, tú… ¿no quieres? —La forma en que movió la cabeza hizo que se le encogiera el estómago. No estaba intentando hacer que se sintiera culpable ni nada. No iba a discutir con él en esto. Si de verdad no quería tocarla durante el tiempo que fuera, respetaría sus deseos. No iba a ser egoísta con este tema. El «oh» que siguió momentos más tarde debió de hablarle de su decepción a la respuesta de él, porque levantó la cabeza rápidamente para mirarla.
—¡Sí que quiero, Kagome! ¡Créeme! —Inuyasha le cogió el pañuelo olvidado y lo tiró sobre la cama, apretando sus manos entre las suyas. Esa expresión, la forma en la que su aroma estaba cambiando rápidamente… el youkai tenía razón y tenía que arreglar esto y pronto. No podía soportar la idea de que ella pudiera pensar que había cambiado de idea sobre ellos—. Kagome, te amo… con toda mi alma. Quiero hacerlo… tengo muchas ganas, pero no confío en mí mismo. Nunca tuvo nada que ver contigo, Kagome. No has hecho nada mal. Nunca tuve intención de hacerte daño.
Sabía que llevarla a su regazo iba en contra de lo que estaba intentando decir que no podía hacer, pero a la mierda. No podía soportar verla llorar. Kagome dejó que la rodeara con sus brazos mientras la apretaba contra su pecho y ella lloraba en su hombro. Inuyasha bajó las orejas cuando sus lágrimas se convirtieron en sollozos, pero fueron las palabras rotas que el youkai le había dicho antes las que le rompieron el corazón.
—Si no lo supiera, pensaría que cree que ya no la amas.
Lo único que pudo hacer fue abrazar a Kagome con más fuerza y susurrar cuánto lo sentía, repitiendo que la amaba, y mucho.
Kagome pensaba que ya había acabado de llorar. Entre llorarle a Kikyo, luego al youkai y ahora a Inuyasha… le sorprendía que le quedaran lágrimas por derramar. De todos modos, ni siquiera era que dijese que no quería iniciar un contacto físico nunca más. No, lo que abrió las compuertas esta vez fue que le dijese que la amaba… tal como había hecho el youkai. Eran lágrimas de alivio, sabiendo que sus oscuros pensamientos no eran tan fundados como estaban intentando hacerla creer. Era una ola de consuelo saber que sus sentimientos no habían cambiado, que el miedo que la había perforado tanto estaba siendo curado.
Le molestaba que estos pensamientos fueran peores que incluso los que había tenido hacía años, cuando pensó que escogería a Kikyo sobre ella al final. Ahora sabía que no era así, por supuesto. Kikyo no sentía interés por su marido. ¿Podría ser que estos pensamientos fueran desproporcionados a causa de su enlace? ¿Se habían estado infundiendo las seguridades del otro todo este tiempo?
Kagome sintió que la tocaban en más sitios y levantó la cabeza para ver que el lado humano de Inuyasha estaba apoyado contra su espalda. El Inuyasha youkai se había puesto de rodillas y había apoyado la cabeza en sus muslos. Incluso el hanyou que la sostenía estaba creando un ruido sordo dentro de su pecho para calmarla.
Si entonces no estaba convencida de que Inuyasha la amaba, entonces sí que era una tonta.
Se movió en el abrazo para secarse las lágrimas con el dorso de la mano.
—Lo siento —dijo sorbiéndose la nariz. Tal vez era una tonta. Después de todo, ¿quién se pasa un mes sin sexo y llega inmediatamente a la conclusión de que su marido ya no la quiere? Inuyasha ni siquiera había indicado que se le desviaran los ojos, era demasiado leal como para hacer eso, en cualquier caso. Suspiró, recordándose que a quien estaba unida no era a un hombre moderno. Era a un hanyou de hace siglos que se oponía a la mención de la infidelidad. Incluso si estaba dividido ahora en tres partes. Kagome se sorbió una vez más la nariz y bajó la mano con aire distraído para frotarle las orejas al youkai. Si iba a quedarse tumbado en su regazo, iba a jugar con ellas.
—¿Puedo preguntar por qué estás dividido otra vez? —dijo finalmente.
El ruido sordo contra su pecho paró, pero el youkai en su regazo no dudó en empezar mientras ella acariciaba los peludos apéndices. Inuyasha frunció el ceño, más en dirección al youkai, que se estaba comiendo la atención, que a ella.
—Es por estos dos idiotas —dijo al final—. Estaban de acuerdo con que yo me comportaba como un idiota al evitarte.
El Inuyasha humano se movió y apoyó la barbilla en el hombro de Kagome, rodeándole la cintura con los brazos.
—La única razón por la que nos quejábamos era porque estabas evitando a Kagome por completo —señaló—. Solo porque eres un gallina ante la mínima posibilidad de dejarla embarazada.
Kagome intentó no estremecerse cuando su aliento le acarició la oreja al hablar. No es el momento, se recordó. Definitivamente, no es el momento. Tragó saliva, intentando seguir concentrada en la conversación.
—Supongo que hay que culpar a Myoga de eso, ¿o al abuelo?
—A n-ninguno. A mí —admitió Inuyasha—. Nadie dijo que me mantuviera alejado de ti, Kagome. Eso fue todo culpa mía. Incluso… incluso Kikyo me gritó por ello.
—¿Sí?
—Oh, sí. —El Inuyasha youkai le sonrió—. Fue encantador. Acorraló al hanyou contra la estructura de la cabaña y le dio una buena regañina a tu favor.
El Inuyasha humano se rio disimuladamente.
—Has conseguido que diga que es tu amiga, Kagome. Solo hizo falta que el hanyou se comportara como un idiota.
Una pequeña parte de ella quiso chocarle los cinco a la otra mujer cuando volviera al pasado, pero todavía estaba intentando comprender.
—Eso no explica por qué te dividiste.
—Adelante, hanyou, dile a Kagome por qué estamos aquí, en este proverbial montón de perros.
Inuyasha miró con furia al youkai.
—Diría que tus acciones de antes deberían haberlo dicho todo.
—Nuestra compañera necesitaba atención y no me parecía bien quedarme ahí y observarla hacerlo ella misma cuando yo era perfectamente capaz de…
Kagome chilló e intentó taparse la cara, pero el humano detrás de ella le agarró las manos.
—Oh, ¿de verdad? —bromeó, dejando un beso en su hombro. El Inuyasha humano solo pudo sonreír mientras ella resoplaba en respuesta.
El hanyou y el youkai siguieron discutiendo sobre si lo que había hecho estaba mal o no y Kagome solo quería desaparecer. No es que Inuyasha no hubiera sabido que se tocaba en el pasado, era la vergüenza de ser descubierta haciéndolo la que la hacía querer esconderse. Por supuesto… la única vez que decidía hacerlo sola era la vez en la que la descubría su marido. No era como si él fuera a hacerlo, en cualquier caso… mierda, ¿lo había dicho en alto?
Las cejas de Inuyasha casi le llegaron a la línea de nacimiento del pelo cuando las palabras salieron de sus labios. Inuyasha sabía que no estaba enfadada con él. Estaba más impactado porque lo dijese en alto.
—Di… digo… podría, pero… —¿De verdad era necesario repetir que le asustaba que no pudiera controlarse?
Kagome respiró hondo antes de hablar.
—No lo decía en ese sentido, Inuyasha. Sé por qué… ahora, en cualquier caso. Pero… te necesitaba y tú no parabas de alejarme, así que… pensé que si te estabas esforzando por evitarme, entonces podría encargarme yo. —¿Por qué se estaba sonrojando por esto? Estaban casados. Unidos. Las parejas hablaban de estas cosas—. Te… ¿te molesta?
—¿Eh?
—Que estuviera… ya sabes. —El hecho de que se estuviera esforzando por pronunciar las palabras le hizo preguntarse si se habían apresurado hacía cuatro meses. Una ola de pánico la golpeó en el pecho cuando se asentó la idea y no pudo dejarla estar—. Inuyasha, ¿crees que nos apresuramos con las marcas? ¿No estamos tan preparados para esto como pensábamos?
El Inuyasha youkai gruñó cuando los dedos que habían estado acariciándole la cabeza se detuvieron. Parpadeó y levantó la mirada hacia el hanyou y su compañera. Los dos parecían preocupados y él tenía la sensación de que uno de ellos estaba a punto de sugerir que era un error. No iba a soportar esto.
Otra vez no.
—No es un error —dijo—. Estamos destinados a estar juntos, Kagome. Entonces decidimos que era el momento. Todas esas tonterías no son más que vuestras emociones alimentándose de las del otro y empeorando las cosas. Al hanyou le preocupa no poder controlar su pene si ve siquiera tus muslos con esa falda, y la charla sobre dejarte encinta solo lo ha empeorado. Por eso nos dividimos, porque el humano y yo tenemos más fe en tus hierbas modernas que esa maldita pulga. No sabe tanto como piensa que sabe.
El Inuyasha humano asintió.
—El youkai tiene razón. Especialmente en lo de la falda. El color te sienta bastante bien. Hace que sea difícil pensar cuando en todo lo que puedo pensar es en que esas piernas me rodeen…
—Como iba diciendo —interrumpió el Inuyasha youkai—. Todavía estamos en las fases iniciales de estar unidos, Kagome. Es normal sentirse así. Nunca nos cortejamos como es debido en los años que nos conocimos. Con el tiempo, haré que me cuentes tus fantasías más sucias, compañera.
Inuyasha gruñó. Había días en los que no podía decidir qué lado suyo necesitaba más que le dieran una patada en el culo. Tanto su lado humano como el youkai estaban actualmente empatados por el título de quién podía irse más de la lengua.
—Kagome… yo… sabes que se me da fatal hablar, pero si… si esto es algo de lo que deberíamos hablar, lo intentaré. Por obsceno que sea mi lado youkai, tenía razón. No quiero que pienses que nos apresuramos porque no estemos acostumbrados a hablar de esto.
—¿Estamos bien, entonces? —preguntó. A Kagome le parecía bien intentarlo, mientras eso significase que él tampoco pensaba que hubiesen cometido un error. Cuando Inuyasha asintió en ese momento, soltó un suspiro de alivio—. Entonces… ¿te dividiste porque tus lados youkai y humano estaban cansados de no hacerlo? —Otro asentimiento, aunque más lento, su rostro empezaba a volver a ponerse rojo—. No tenemos que hablar de todo inmediatamente, Inuyasha —le aseguró—. No siquiera tenemos que forzarlo. Puede pasar cuando tenga que pasar.
El hanyou estaba aliviado de que Kagome estuviera ahora más calmada. Sí, se le daba fatal hablar de sus sentimientos, pero ¿más cosas íntimas entre ellos? Eso estaba fuera de su alcance por el momento. Pero eso no significaba que no fuera a intentarlo por ella. Haría cualquier cosa por Kagome si eso significaba que no iba a llorar. Al menos por el momento, cualquier cosa que se sintiera cómodo haciendo.
—Yo… —empezó, frunciendo el ceño—. Kagome, yo… no puedo… no puedo dejarme llevar ahora mismo. No hasta que hayas terminado el instituto. Lo siento, pero no puedo darte lo que necesitas de esa forma.
Kagome se mordió el labio. Entendía lo que Inuyasha estaba intentando decir. Quería contenerse con el sexo hasta que se graduase. Eso era comprensible.
—¿Al menos puedo besarte? —preguntó en voz baja—. ¿O es demasiado? No quiero forzarte si ni siquiera quieres hacer es… —Soltó un pequeño gimoteo contra sus labios. Solo era un simple beso, pero no le importaba. Solo necesitaba esa pequeña garantía de que Inuyasha todavía la deseaba. Si unos pequeños besos eran todo lo que podía conseguir hasta su graduación, estaría satisfecha.
Melocotón, sin embargo, estaría cabreada.
Inuyasha se echó hacia atrás, apoyando la frente contra la de ella.
—Puede… puede que una vez que estés más cerca de terminar el instituto pueda relajarme —ofreció—. Pero ahora mismo, por mucho que odie decirlo, no puedo arriesgarme a que te quedes encinta, así que creo que es mejor que no tengamos relaciones. —Ya. No había sido tan difícil. Había hablado de intimidad. Kagome tampoco estaba molesta. No podía encontrar una traza de tristeza en su aroma.
Kagome estaba a punto de decirle que lo entendía, pero el repentino «¡¿QUÉ?!» de detrás de ella hizo que le pitaran los oídos. No tenía ni idea de que el Inuyasha humano pudiera llegar a una nota tan alta. Ni en un millón de años habría adivinado que pudiera llegar al nivel de un soprano.
El Inuyasha youkai frunció el ceño desde su posición en el regazo de Kagome.
—Por Dios, humano. ¿Crees que podrías chillar un poco más alto? ¡No creo que te haya oído todo Japón esa vez!
—¡De qué te quejas! ¡Tú tuviste suerte!
—¡Me quejo porque me sangran los oídos!
—No están sangrando —interrumpió Kagome.
—¡Como si lo estuvieran!
—Eres un bebé —resopló el Inuyasha humano.
—¿Me frotas las orejas, Kagome? Me duelen por culpa del humano insensible.
—¿Ves? Eres un bebé.
Inuyasha respiró hondo mientras los dos lados seguían discutiendo. Kagome estaba intentando apaciguarlos a los dos, pero él sabía que era una batalla perdida.
—Dije lo que dije —dijo entre dientes.
—Eso no significa que tenga que gustarnos —comentó el Inuyasha youkai. Kagome había empezado a frotarle de nuevo las orejas y, en ese momento, era lo único que necesitaba. Aunque el humano tenía razón y había conseguido más que frotarle las orejas, así que puede que eso tuviera algo que ver.
Kagome los miró uno por uno.
—¿Dijiste que te dividiste porque tus lados youkai y humano tenían una opinión diferente sobre que nosotros tengamos intimidad? —se atrevió a decir, escogiendo con cuidado sus siguientes palabras—. ¿Iría en contra de tu elección que tus lados escogieran hacer lo contrario?
El hanyou tuvo la sensación de que sabía a dónde quería llegar.
—El youkai ya lo hizo —gruñó.
—¿Te molestaría?
—Kagome, ¿estás sugiriendo lo que creo que estás sugiriendo? —preguntó en cambio.
Se le enrojecieron a las mejillas y su aroma le dijo lo que no estaba diciendo con palabras. Inuyasha suspiró. Se preguntó si se habría dividido si se lo hubiera contado a Kagome desde el principio. Aunque habían ido en su contra y se habían obligado a separarse de él porque había estado conteniéndose más que con solo la charla que habían tenido. No tenía sentido preocuparse ahora por las posibilidades. Había metido la pata y las consecuencias estaban sentadas a su alrededor.
Sabía que no podría vigilarlos a ambos durante el tiempo que estuvieran divididos esta vez y tenía una cabaña que terminar. Tal vez… tal vez podía salir algo bueno de esto. Le vendrían bien los pares de manos extra, incluso si eran suyas…
—¿Inuyasha?
—Hanyou, te está hablando nuestra compañera.
Apartó de un manotazo la mano que el youkai había levantado para darle toquecitos en el brazo mientras estaba sumido en sus pensamientos. Inuyasha bajó la mirada hacia Kagome y se esforzó por unir lo que le había preguntado de último.
—Yo… —¿Qué podría molestarle? Oh… oh—. En cierto sentido, sí, pero… no es solo decisión mía, Kagome. Cometí ese error una vez y mira lo que pasó. Creo… creo que es decisión tuya. —¿Le molestaría saber que su lado youkai o su lado humano fueran a darle a ella lo que necesitaba y a lo que él se negaba? Sí, sí que lo haría. Pero que se le negase por completo le molestaba mucho más y, si ella quería afecto que estuvieran dispuestos a darle, lo soportaría. Tendría que hacerlo.
La pequeña sonrisa que estaba intentando ocultarle le hizo sonreír a pesar de sí mismo. Ya sabía su decisión. Valdría la pena escuchar a esos dos lados suyos jactándose durante el tiempo que fuera a durar esto, siempre y cuando ella siguiera sonriendo. Se inclinó hacia delante y depositó un casto beso en sus labios, murmurando otra vez que la amaba. Si iba a intentar hablar de cosas, más necesitaría sentirse cómodo diciéndole sus sentimientos.
Hubo un cómodo silencio hasta que el youkai intervino otra vez.
—¿Estoy oyendo que no te vas a enfadar si consigo que nuestra compañera se desnude y vuelva a gemir en la cama?
—¿Quién dice que vayas a hacerlo tú? —soltó el Inuyasha humano.
—No pudiste atraparme la primera vez.
—Disculpa… ¡estaba intentando no pellizcarme con la cremallera de estos vaqueros porque tú te llevaste los calzoncillos! ¡¿Y por qué sigues desnudo?!
Kagome parpadeó, olvidándose de que el Inuyasha youkai estaba perfectamente expuesto sentado en el suelo. Se había girado y había apoyado la espalda en algún momento y se alegraba mucho de haber cerrado antes la puerta con llave. Puede que su hermano no hubiera estado en casa, pero su madre sí y ya había tenido un buen espectáculo la vez que Inuyasha se había dado un baño con Souta. Entonces se dio cuenta de lo que había dicho el Inuyasha humano.
—¿Qué quieres decir con que se llevó los calzoncillos? ¿Estabais en el pasado? ¿Dónde conseguisteis ropa moderna?
—Eh… K-Kikyo la trajo de la cabaña de Sango y Miroku —masculló el hanyou. Cuando el youkai empezó a reírse entre dientes, le pegó en el hombro.
—Entonces… ¿Kikyo os vio divididos…?
—Y desnudos —se rio el youkai.
Inuyasha empezó a entrar en pánico por cómo se había quedado en silencio. Sabía que había aceptado a Kikyo como a una amiga, pero había algunas cosas que una amiga no debía ver. Sango incluso le había dicho en cierto momento que la primera vez había pasado esto. Había visto perfectamente la exposición del youkai cuando se había librado de la manta para ir de caza una mañana. Estaba a punto de disculparse otra vez. Aunque la división había provocado que se desmayase, todavía se sentía culpable por no haberlo anticipado y no haber hecho algo por taparse. Era un pensamiento estúpido, por supuesto. ¿Cómo diablos iba a saber que sus lados youkai y humano iban a hacer un motín y a escapar?
Pero entonces, Kagome empezó a reír. Inuyasha se relajó un poco, agradecido de que no estuviera molesta con el desastre, pero igual de confundido por su reacción. A su favor, ella tampoco sabía por qué la situación era tan graciosa.
¿Por qué se estaba riendo hasta el punto de que se le saltaran las lágrimas? No tenía ni idea. Tal vez era el estrés de todo, que la estaba alcanzando. Tal vez era la imagen de Kikyo encontrando a Inuyasha como le había pasado a ella cuando se había despertado aquella mañana de hacía cuatro meses. De verdad que Kagome no podía precisar la razón, pero se sentía bien riéndose.
—Lo solucionaremos —dijo de nuevo, una vez que pudo calmarse—. Al menos esta vez no hay que reemplazar la cama.
Nota de la traductora: Con este capítulo nos ponemos al día con la versión en inglés. Finalmente he podido tenerlo para hoy, aunque hubo momentos en que lo dudé.
¡Muchísimas gracias a Pucca0805, Paula Valadez, Rodriguez Fuentes, Ferchis-chan y naomi-nakuru, que dejaron reviews en el capítulo anterior! Ahora toca tener paciencia con la autora.
En cuanto a la compilación de relatos que me falta por traducir, espero empezar a publicarla en noviembre. Probablemente iré avisando en mi página de Facebook.
¡Hasta la próxima!
