Disclaimer: Esta historia y sus personajes no me pertenecen. La historia es de Brigid the Fae y los personajes son de Rumiko Takahashi, yo únicamente traduzco.

Capítulo 5

La comida permaneció de algún modo en la cesta que le había llevado. Era un milagro que no se la hubiera tirado, incluso si ahora eran tres. Había más que suficiente para golpearlos a los tres, incluso si no se sentía tan confiada sin un arco a su disposición.

Se había dividido. Otra vez. Un poco como estaba llevando la comida de regreso a la cabaña de Kaede, caminando como si el amo del infierno le estuviera haciendo cosquillas en los tobillos.

Kikyo se preguntó si esto era lo que significaba la afirmación de «cuesta arriba a la ida y a la vuelta» que Kagome hacía de broma sobre los dichos de su abuelo. Solo que no había nieve. Bueno, todavía no, pero no faltaría demasiado…

—¡Arg! —soltó un gruñido poco característico y debatió lanzar la cesta de comida directamente al aire. Puede que consiguiera alzarla lo suficiente para que se la llevaran las estrellas, para que no tuviera que regresar con ella y tener que explicar por qué el hanyou no se la había comido. Kikyo no quería explicar eso porque significaba tener que dar un paso al frente y explicar todo lo que había ocurrido en el área en construcción.

Y eso significaba admitir que ella había… que había…

—Kagome me va a matar cuando lo descubra…

—¿Cuando descubra qué? —Kaede no se había esperado sorprender a su hermana, pero tuvo que deleitarse un poco viendo a Kikyo levitando del suelo sin el uso de los recolectores de almas que una vez había tenido—. Kagome es muy indulgente, Kikyo. Sea lo que sea, dudo que, si llegara a enfadarse, le durase mucho tiempo.

Kikyo se aferró el pecho con su mano libre, casi con tanta fuerza como el asa de la cesta. No había oído a su hermana pequeña acercándosele por detrás y, cuando miró a su alrededor, se dio cuenta de que había caminado más de lo que se había esperado. De verdad esperaba que nadie hubiera oído su ataque de momentos antes, si tan cerca estaba de la aldea. Al parecer, todavía tenía la reputación de ser serena y de modales tranquilos, incluso tras cincuenta y algo años.

—Inuyasha ha vuelto a dividirse.

—Oh, cielos —dijo Kaede con un suspiro—. No puedo imaginar por qué, ya que ahora están unidos.

—Inuyasha… explicó por qué ha estado actuando así. —Se sentía fuera de lugar hablando de esto, porque debería haber sido el hanyou el que lo explicase, pero como se había llevado a su lado humano y se había ido corriendo hacia el pozo…—. Tiene miedo de poner en riesgo el honor de Kagome en su época. Con las obligaciones que tiene que cumplir para con su familia, a él le preocupa que pueda… —Maldita sea, ¡por qué se estaba sonrojando! ¡Ella no se sonrojaba!—. No quiere arriesgarse a que ella se quede embarazada de su hijo antes de que esté preparada —terminó apresuradamente.

Mirar a su hermana fue mala idea, porque ahora le estaba dirigiendo una mirada analítica con su ojo bueno.

—¿Por qué te sonrojas, Kikyo?

—¡No es nada! —No ayudó a su causa que se le quebrara la voz en ese momento.

—Mm. Si no fuera nada, todavía estarías blanca como la nieve, pero tienes las mejillas rosadas. —Entonces, bajó la mirada a la cesta y Kikyo realmente quiso lanzarla hacia el sol—. ¿E Inuyasha se comió su comida?

—… No.

—Bueno, supongo que Shippo se ofrecerá voluntario para comerla antes de que se estropee. —Kaede se encogió de hombros como si no le sorprendiera. Dado lo que había ocurrido, probablemente así fuera—. No creas que te vas a librar de mi pregunta, hermana.

Oh, bien, el tono autoritario que ella solía usar para hacer valer su rango con Kaede ahora le venía devuelto. Era justo lo que necesitaba en ese momento. Técnicamente, seguía siendo la hermana mayor. Los cincuenta años muerta debían de contar para algo, incluso si había vuelto a nacer con aquella astilla del alma de Kagome.

—V-Vale. Cuando fui a llevarle la comida a Inuyasha, lo encontré en el suelo. No respondía… y los otros dos tampoco…

Kaede curvó los labios ligeramente hacia arriba.

—¡Pensaba que pasaba algo malo! Pensé que había atacado un youkai, así que empecé a llamarlo a gritos mientras iba corriendo hacia allí. Esperaba ver trozos de un youkai asesinado… no encontrar a uno desnudo estirado en la hierba…

Kaede perdió el control. Paró de caminar y se dobló de la risa ante la imagen que describía su hermana.

—¡¿Por qué te ríes?! ¡Esto no es gracioso, Kaede!

—¡Sí que lo es!

—¡No, no lo es! ¡Lo vi desnudo! ¡Vi eso! —No se atrevía a decir «pene», así de alterada estaba. O su miembro… podría haber dicho eso. En cambio, su cerebro quiso que su habla revirtiese a la de una niña que pensaba que ciertas partes del cuerpo eran palabras sucias.

Nunca entendería por qué su hermana pensaba que era lo más gracioso del mundo. No ayudó a su situación cuando Kaede se calmó lo suficiente para responder.

—Venga ya, Kikyo. Has visto a hombres desnudos con anterioridad, cuando les has tratado las heridas. Sabes perfectamente bien que eso no es lo que muerde…

—¡Por supuesto que lo sé! —Ahora estaba de un rojo intenso y los dioses se estaban riendo a sus expensas junto con su hermana—. ¡Pero era lo suficientemente grande como para que pudiera hacerlo!

Kikyo no recordaba que Kaede tuviera una risa tan sucia de pequeña y se preguntó si este era un desarrollo que había tenido lugar con la edad. Por humillante que sería hablar con Kagome y confesar que había mirado (múltiples veces, para asegurarse de que no estaba teniendo visiones), solo podía esperar que Kaede tuviera razón en cuanto a la capacidad de perdón de la mujer.


Mamá se asomó silenciosamente al salón, tomando nota de lo callados que estaban los cuatro mientras estaban sentados viendo la televisión, viendo el telediario de la noche. A juzgar por la parte de atrás de sus cabezas, era difícil saber si seguían de mal humor o si simplemente estaban absortos con las noticias. Volvió a la cocina para seguir con la cena, habría que poner más puestos en la mesa. ¿Durante cuánto tiempo?, se preguntó, cogiendo el cuchillo para cortar las verduras. Hay algo distinto esta vez y no estoy segura de si Inuyasha lo ha resuelto.

Oyó los pisotones antes de los gritos y supo que era su yerno antes de que empezaran siquiera los gritos. Por supuesto, hubo otros sonidos que fueron ahogados antes de eso, y que ella desconectó de inmediato poniendo una lavadora. Básicamente, eran adultos y estaban estúpidamente enamorados. Al menos, eso asumía, incluso con los gritos y… ¿eran eso golpes? No parecía una puerta…

Tan pronto empezó, se detuvo. Michiru se cruzó de brazos y miró hacia el techo, preguntándose si debería subir arriba y comprobar cómo les iba. Sabía que sería mejor dejarles solucionar sus problemas por su cuenta, pero como madre, quería ir y arreglar lo que fuera que pasara. Cuanto más permanecía el silencio encima de ella, más se preocupaba. Algo no iba bien. Nunca se olvidaban de sus discusiones tan rápidamente, no sin que una u otro hiciese una aparición en su cocina. Discutían, llegaban al punto de ebullición, explotaban, se separaban, se calmaban y volvían a la normalidad. Así era como había sido durante los últimos tres años y una unión youkai no debería haber sido tan radical como para cambiar eso.

Michiru descubrió que su intuición había dado en el clavo cuando su hija bajó las escaleras seguida de Inuyasha… y del Inuyasha humano… y del Inuyasha youkai.

Oh, cielos —suspiró, viéndolos entrar en fila en la cocina—. Creo que ahora entiendo qué era todo ese ruido arriba.

Entre la mirada de furia del hanyou dirigida al youkai y la forma en que Kagome se sonrojó y apartó la mirada, sus instintos también estuvieron acertados en relación a otra cosa. El cambio de ropa fue otra pista. No era asunto suyo, así que compuso una expresión felizmente ignorante mientras esperaba a que uno de ellos se explicase.

Ha habido, eh… una complicación. —Kagome parecía avergonzada. Todos sabían que había un lío—. Inuyasha…

El youkai y yo tenemos opiniones discrepantes de la del hanyou y nos… dividimos —intervino el Inuyasha humano—. El hanyou tiene… miedo…

Espero que no sea miedo al compromiso —bromeó, esperando aliviar el ambiente. Hizo que el youkai y Kagome se riesen, al menos. Michiru suspiró, deseando poder encontrar una forma de consolar a Inuyasha. Estaba claramente molesto—. ¿Esto tiene que ver con Kagome y contigo?

El hanyou asintió, bajando la mirada a sus pies.

Eso no bastaría en absoluto.

No os voy a pedir que expliquéis todos los detalles —les aseguró a los cuatro—. Creo que esto podría ser algo que no quiero saber. En cambio, quiero que vosotros, todos, entendáis que podéis venir a hablar conmigo en cualquier momento. No penséis que solo porque sea vuestra madre no os voy a ayudar si tenéis problemas. ¿Queda claro?

No sacaba a menudo la «voz de madre» como la llamaba Souta, porque en general sus hijos se portaban bien. Pero en casos como este… bueno, a veces necesitaban un recordatorio. Inuyasha en particular, que todavía se quedaba paralizado al llamarla «mamá» de vez en cuando.

Dicho eso —añadió, cruzándose de brazos—, de adulto a adulto, entiendo que haréis y que habréis hecho cosas de adultos. Sin embargo, como vuestra madre, creo que es importante recordaros que esta es una casa familiar. Por favor, sed discretos con lo que hacéis, ¿vale?

De los cuatro, el único que no estaba sonrojado era el Inuyasha youkai. Michiru no estaba segura de si era capaz de sonrojarse y, francamente… probablemente era mejor no saber qué podía provocarlo en él, si es que había algo que pudiera hacerlo.

Echó las verduras en rodajas en la olla y la removió. No les llevaría mucho cocinarse, así que esperaba que al menos uno de sus hijos estuviera disponible para ayudar a poner la mesa. Le daría unos minutos más.

—El chico ha vuelto a liar las cosas, ¿no?

Michiru se giró y vio que su suegro entraba en la cocina negando con la cabeza.

—Mm, no. Creo que… esta vez creo que estaba velando por el bien de Kagome. —A decir verdad, eso había sido lo que había ocurrido la primera vez, pero no estaba segura de si él quería o necesitaba oír eso. Sin duda, no iba a contarle lo que había generado esta ronda de caos. No habían dicho mucho en voz alta, pero entre las expresiones y el lenguaje corporal, no fue difícil comprender qué le preocupaba a Inuyasha—. No se lo vas a hacer pasar mal, ¿no? Está bastante molesto por todo el asunto.

El anciano suspiró, soltando un gruñido mientras tomaba asiento a la mesa.

—Las manos extra vendrán bien por aquí, si necesita distraerse.

Sí, una distracción puede ser buena para los tres él, convino en silencio, volviendo hacia la puerta para llamar a la acción para cenar.


Kagome estaba de nuevo en su habitación, completando los deberes que debería haber estado haciendo antes. Si no fuera por ti, Melocotón, podría haber terminado esto ya. Era estúpido mirar mentalmente con furia a su libido, lo sabía. Le daba una vía de escape.

¿Culpa mía? Oh, no, no, no. —Podía imaginarse a sus hormonas riéndose nerviosamente si tuvieran forma—. No soy yo a quien tienes que echarle la culpa. Ya hemos hablado de esto antes de que tuvieras tu o…

¡Y mira en qué lío resultó! Inuyasha está enfadado, y discutimos.

Está enfadado porque sabe que está equivocado. Fue él el que se retiró. No es culpa tuya que su youkai estuviera dispuesto a enterrar la espada primero.

Hizo falta mucho para no gemir, y tenía múltiples razones para hacerlo. Una, por vergüenza porque su libido lo expresase así. Otra era por saber que Melocotón tenía razón. Había probado de nuevo lo que era estar con Inuyasha y había una pequeña parte de ella que quería hacerlo otra vez. Inuyasha ya le había dicho que no la detendría si buscaba afecto de cualquiera de sus lados, pero… también le había dicho que le molestaba.

Esto era diferente de la primera vez. Antes, la cuestión era que Inuyasha no estaba seguro de si ella sentía lo mismo. Ahora, estaba asustado por si le estropeaba sus planes de terminar el instituto. ¿Por qué no podía entender que tenía medios para protegerse? ¿Era porque se habían pasado tres años con él escudándola de la muerte? ¿Veía un embarazo como…? Pero ¡ese no era el caso en absoluto! Podía haber complicaciones, claro, pero… tal vez estaba pensando demasiado literalmente en esto. Él quería que terminase el instituto para que pudieran tener una boda humana para la familia de ella. Quería darle un hogar, luego podrían empezar a pensar en formar una familia.

Quería hacer las cosas en un determinado orden y la idea de que tuviera que dejar de lado sus planes le aterraba.

Kagome podía entender eso. Había sacado notas altas antes de verse arrastrada al pasado… por lo general, salvo por Matemáticas. Encontrar el equilibrio para estudiar y buscar fragmentos había hecho que sus notas bajasen al principio, e incluso los exámenes de recuperación no pudieron subirle la media sin un gran trabajo. Pero por cada herida, seguía trabajando hacia su objetivo, y fue capaz de volver a donde estaba al principio del instituto. ¿Por qué no podía Inuyasha mirarlo de esa forma? Si algo perturbaba el plan, no era como si todo se hubiera terminado. Podían reevaluar la situación y hacerlo funcionar.

—¿Sabes? Si hubieras dejado en paz a Kagome, no tendríamos que estar callados —le siseó el Inuyasha humano al youkai.

—No estás muy callado, humano —le siseó en respuesta. El Inuyasha youkai se reclinó en la cama, enfatizándolo al darle una patada al humano en la pierna con su pie—. Estás muy llorica.

—Vete a la mierda.

—Uh, parece que he metido el dedo en la llaga —dijo el Inuyasha youkai sonriendo.

Inuyasha gruñó desde algún lugar detrás de ella.

—Los dos me estáis sacando de quicio —advirtió—. Y ahora, callaos de una maldita vez para que Kagome pueda concentrarse…

—Hará un día frío en el infierno antes de que él tenga la última palabra. —El Inuyasha humano pinchó al youkai con el pulgar.

—Parece que así es, humano. Al igual que cuando tuve…

Kagome soltó un chillido mientras se levantaba de golpe de la silla, girando sobre sus talones y viendo que los tres Inuyasha se sobresaltaban visiblemente. Había sido capaz de verlo todo desde el pequeño espejo de su escritorio que tenía en la esquina y había tenido suficiente.

¡¿Queréis dejarlo ya?!

—Pero él…

—Me. Da. Igual. —Los deberes ya la habían irritado, los problemas del libro de ejercicios tendían a ser monótonos, pero sumar sus discusiones y las palabras de Melocotón fue demasiado. Tener sexo puede que le hubiera hecho algún bien al youkai, pero por parte de ella, lo único que estaba haciendo era empeorar las cosas—. Ya he tenido suficiente con todo esto…

—Kagome…

—No. Tengo un examen el viernes para el que tengo que estudiar y, si los tres no os queréis quedar bloqueados al otro lado del pozo durante los próximos cuatro días, tenéis que llevaros bien y dejar que me concentre.

En cuanto se había dado la vuelta para volver a sentarse a su escritorio, empezaron de nuevo. Inuyasha se había quedado callado, pero sus lados humano y youkai no paraban sobre aquella tarde. No había estado de broma cuando dijo que no podía aguantarlo más. Kagome se dio la vuelta y fulminó al humano con la mirada.

—¡¿Solo quieres tener sexo, Inuyasha?! —soltó—. Ahora mismo. Aquí mismo. Escritorio, suelo, pared, me da igual. Dilo ya para que podamos hacerlo y luego no podrás decir que has tenido que aguantarte sin eso, porque ha sido muy duro, ¡¿no?!

Sus palabras salieron goteando sarcasmo, pero estaba tan enfadada que no le importaba. Era como si hubieran olvidado que hacían falta dos personas para esa clase de baile, pero estaban tan concentrados en cómo les estaba afectando a ellos que no se daban cuenta de cómo podía haberse sentido ella. Su diatriba debió de hacerlo encajar, porque el Inuyasha humano tenía una expresión especialmente culpable.

—Lo siento, Kagome —dijo, pronunciando sus palabras en voz baja—. No estoy enfadado porque el youkai tuviese… es decir, sí, a mí también me gustaría mucho, pero ¡eso no es lo que me ha molestado tanto! Yo… No es por el sexo, Kagome. Echo de menos cómo… cuando… es… poder tenerte cerca. Es nuestro momento que no puede tener nadie más. No tengo que contenerme cuando podemos tener ese momento.

Era su forma indirecta de decir que echaba de menos la intimidad de cuando estaban juntos. Rememorando cómo la había abrazado el Inuyasha youkai, la forma en que le había asegurado que la amaba, cómo estaba decidido a hacerla feliz a ella primero… ahora Kagome podía ver por qué estaba molesto el Inuyasha humano.

—No estoy cabreado por eso —intervino Inuyasha—. ¡Estoy cabreado porque no hizo la marcha atrás!

Kagome se frotó la cara, toda ira se vio reemplazada por agotamiento.

—Inuyasha… juro que tendré cuidado. —De verdad que no quería entrar en toda la mecánica de su anticonceptivo o en que hacer la marcha atrás no era siempre efectivo. Todavía tenía que estudiar. En cambio, miró al humano y dijo—: Encontraremos un poco de tiempo solo para nosotros, ¿vale?

El hanyou soltó un «keh» en voz baja y se recostó contra la pared mientras Kagome volvía a su trabajo. A él seguía sin gustarle este acuerdo, pero no solo le afectaba a él. No podía castigar así a Kagome y eso era lo que lo había metido en el lío actual en primer lugar. Ella no se lo merecía, pero tampoco se merecía que su vida se arruinase si se quedaba encinta. Era confuso y le daba dolor de cabeza intentar encontrarle el sentido a todo. Simplemente era más fácil confiar en que sus lados humano y youkai fueran a tener cuidado. Preferiría ver a Kagome feliz y satisfecha que molesta como había estado.


Nota de la traductora: La expresión «cuesta arriba a la ida y a la vuelta» (uphill both ways, en inglés) es una frase humorística que se le dice normalmente a alguien más joven que el hablante para darle énfasis a retos que una generación más reciente no tiene que soportar. Es una frase con muchas variantes, a la que normalmente se le añaden más detalles para agregarle todavía más énfasis.

Un ejemplo que encontré en Internet es: «¡Los niños de hoy en día están muy consentidos! ¡Cuando era niño, iba caminando al colegio cuesta arriba a la ida y a la vuelta en la nieve, sin zapatos ni chaqueta!». De aquí la referencia a la nieve que se hace en el capítulo.