FIC
Historias de Albert y Candy
El Beso del Highlander
Por Mayra Exitosa
El paseo de William con la joven inquietaba a Lady Elroy quien cuestionaba la integridad, nobleza así como el prestigio de la dama, la creía muy por debajo del estatus social al que estaban acostumbrados, además que no tenía las rigurosas etiquetas establecidas de la corona, pues no se había dado tiempo para ir a saludarla a ella que era la dama principal del castillo, cuando apenas llegaban y era Lady Stamford quien debía estar visitándola, más ellas no pertenecían al estatus y nivel de la corona, por lo que no estaban adoctrinadas a esos menesteres, eso le agradaba en cierta forma a William, quien sabía que su tía daría cualquier cosa porque él no contrajera nupcias y diera el lugar a su esposa que ella tomaba al no haber una dama en el castillo.
- ¿sabes de donde son? - ingleses mi Lady, son familiares de Lord Cornwell. - No tuve el gusto de asistir a la boda, más siento que esa mujer no tiene el nivel que pueda formar parte de una futura esposa para mi sobrino y llegar a ser la dama que ostente el título de Lady Andrew. - Supongo que no, nuestro Laird debe saberlo, pues no ha venido a presentarla con usted como si quisiera su aprobación. - Sabe que no la tendrá, una hija de un militar no puede aspirar a ser la mujer del Laird William Andrew. - Tal vez sea una concubina para el señor, mi Lady. - ¿una concubina? no lo había pensado, mi sobrino nunca ha tenido una mujer para sus menesteres personales. - Tal vez ahora desee una al no tener una lady adecuada todavía. - Si, supongo que es eso, procura que no se me acerquen, no quiero tener que lidiar con esa clase de personas, ya cuando sepa que mi sobrino tiene un agrado para esa mujer, buscaré ayudarla para que se quede estéril y no engendre bastardos mi sobrino. Mientras ella hablaba confiadamente con su asistente, alguien escuchaba todo eso, incluso lo ultimo y sin que lo notasen salía silenciosamente dejando en su lugar a uno de los mayordomos, por si se les ofrecía algo, no tener que ir hasta el panel de los sirvientes del castillo.
Rita seguía a dos metros de distancia a la pareja, estaba fascinada con las pinturas de paisajes hermosos, los largos y elegantes pasillos colmados de bellezas en candelabros exóticos, de oro y algunas piezas de cristal que nunca había imaginado que existieran, pero en un giro por los pasillos de la mansión, los perdía de vista y se devolvía a buscar el camino correcto, el cual no encontraba. Alarmada se preocupaba quedándose ahí en espera de alguien que pasara y la guiara, al sentirse perdida.
Por su parte el coronel miraba un plano de piel de cerdo encurtido donde había propiedades marcadas notando la distancia que había entre el Duque de Albany y teniendo un recuerdo vivido en su mente de Beatriz y su petición para que la aceptase como su esposa, - Mi Lord, considere que estaría muy feliz siendo una mujer amada, que una comparada con una docena de ladies desconocidas de hijos bastardos de un hombre que esta obligando a la corona con sus intrigas para que me despose con él. - Estaría usted dispuesta a ¿huir conmigo? - Lo que sea que me pida, siendo mi estatus consanguíneo, no perderé mi título, pero algo si le puedo asegurar, a ningún hombre he amado y usted me ha ayudado incondicionalmente en tantas formas, que no es solamente agradecimiento lo que siento, sino que valoro el honor, la ética y la propiedad con las que se expresa usted cada que me mira de esa forma. - No puedo evitarlo, me inspira usted a muchas cosas. - Creo que eso también lo compartimos. - No lo creo, usted no sabe a lo que me refiero. - Si es un poco similar, su mirada se amplia y el aliento espeso se comparte, me seca los labios y mi corazón se agita. - ¡mi Lady! - Mi Lord… solo piénselo, cásese conmigo y hágame suya solo suya para la eternidad. - la eternidad la desconozco. - Le diré un secreto, le entregarse mi amor y le juro a usted que nadie lo amara mas que yo. La escena de esa ocasión los hizo violar todas las leyes de la cortesía, pro la entrega de un amor que recién surgía, después de eso, jamás volvió a amar a una mujer
Su regreso a la realidad coincidía con una imagen erótica de una pareja besándose, mostrando el hombro descubierto y el tobillo de una dama, siendo esto algo inapropiado para cualquiera, más esa pintura estaba discretamente colocada en un plano simple, pero a la vez más que pasión otorgaba ternura.
Entre los pasillos por fin llegaban a un tragaluz de cristales en una bóveda antigua con paredes blancas y luces del cielo de manera intrigante brindando un jardín oculto dentro del mismo castillo - Que precioso lugar. - Si, y lo mejor, ni la lluvia ni el viento lo terminan de vencer, quedó genial la idea de mi madre de tener un lugar para plantas que no pueden estar en el exterior, y que requieren luz indirecta. - Es grandioso. - Como ve, estamos solos, solo le pido que no se escandalice. - ¿porque habría de hacerlo? Este lugar es muy bello, me siento privilegiada al estar aquí, siendo de su madre. - Nadie lo ha visto, solo vengo aquí y uno de mis hombres revisa los cabales de agua para que pasen estratégicamente sin saber que alimentan esta parte del castillo que es oculta a la vista de todos. - Me quedaría aquí por días si pudiera. - Yo lo he hecho, todos piensan que he salido y me quedo aquí como un refugio para meditar. Venga por favor. Candy coloco su mano sin guantes sobre la de él y una situación que nunca había pasado se dio en esos instantes, al subir unas escaleras de piedra su vestido subía mostrando sus pequeños pies y él la observaba embebido en su belleza. - No me juzgue duramente Mi Lord, o debo decir mi Laird. - No me atrevería a juzgarla, sé que es una dama dulce e interesantemente lista, me ha cautivado sobremanera desde la primera vez que la vi al chocar conmigo y quisiera que solo a mí se aproximara de esa o de otras maneras para siempre. - ¿a que otras maneras se refiere? luego de la accidentada con la que nos conocimos. - A estas, donde puedo mostrarle mi lugar más personal y secreto, donde siento que es usted la flor más delicada que hacía falta en este lugar y donde nadie puede interrumpirnos si usted me aceptara como su compañero de vida. - ¿compañero de vida? Nunca lo había escuchado de esa forma, ¡me agrada! - Tanto para poder aceptar mi mano ¿si le propusiera que compartiera sus días y noches conmigo? - ¿Me lo está proponiendo, mi Lord? - Solo a usted me atrevería a proponérselo. - Entonces esperaré a que lo haga para emitir mi respuesta. - Venga, acérquese a mí. Al hacerlo quedo tan junto a él que su pecho estaba unido al de él en una especie de cubículo entramado con dos escalones de diferencia a su estatura y sin mas preámbulos, tomo su boca ávidamente tocando la piel de su nuca y ajustándola a él, para que ella se ajustara a su cuello inconscientemente dejándose llevar por ese aroma en el que mágicamente se habían envuelto dentro del jardín privado de la mansión.
Continuará...
Gracias por sus comentarios en esta y todas mis historias, espero sea de su agrado hasta concluir cada una de ellas.
También agradecida por no tomar mis escritos, ni adaptar ni utilizar por ningún medio auditivo
o plataforma alterna, en parte o completa ninguno de estos.
Con sincero aprecio,
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
