FIC

Historias de Albert y Candy

El Beso del Highlander

Por Mayra Exitosa

Él rubio molesto por que ella no supiera su título, por escucharla como se menospreciaba y que se guardara el secreto para mantenerla segura y alejada de los descendientes bastardos de ese hombre que solo la verían por sus propiedades y no por lo que ella valía, así como el Duque de Albany le intentó hacer daño a su madre, cualquier hombre con tal de hacerla suya podrían dañarla. Solo opto por colocarle un dedo en su boca y negó con su cabeza, para agregar un beso de nuevo esta vez sus manos acariciaron el cuerpo virginal de la preciosa doncella que estaba en espera de su matrimonio y que él ansiaba a tales cotas hasta no poder dormir, anhelarla con esa cercanía de su presencia, procurarla y besarla ya eran parte de sus pensamientos casi constantes en el día entero. Las respiraciones de ambos se volvieron espesas y agitadas, el deseo se manifestaba de muchas formas, a lo que ninguno de los dos se negaba al tratarse mutuamente del placer de sus caricias y ese beso que la hipnotizaba como solo él sabía hacerlo, le brindaba caricias que jamás había sentido y descansó en ella aun sin introducirse en ella, tan solo uniéndose como amantes ocultos, dejándose llevar y conteniéndose para que ella no saliera dolida de su encuentro, solo le manifestó de una manera sutil su amor, por lo que se ambos sintieron la satisfacción de amarse con recato. - ¿ahora soy su mujer? - Desde el día que usted cruzo en mi camino, es usted mía y estas caricias lo comprueban, solo mía, mi lady, solo mía, la hare todavía más mía el día de mañana, llegue o no el mensajero usted será mi mujer. Ella asentía mirándolo con sus ojos brillosos con la pupila extendida por la excitación y sus labios sueltos agonizantes deseosos luego de haber ablandado su cuerpo a voluntad por esas muestras ardientes que le proporcionaban sus manos entre sus piernas y que hizo que él también se liberara de esa tensión en la que se encontraban por la larga espera al no casarse todavía y tener que esperar a que se aprobara su matrimonio.

El pecho endurecido del rubio fue acariciado y masajeado por las delicadas manos de su mujer, a la que deseaba hacer suya y que solo por ahora podía acariciar en la espera de su matrimonio que se iba alargando tanto como la pasión que sentían en la obscuridad de la noche cuando el castillo entero descansaba, ellos se mantenían despiertos entregándose delicados toques cautelosas que de alguna forma simulaban la pasión que auguraba su unión.

- Le juro que no le he dejado ninguna marca, aunque desee hasta morderla suavemente, mi Lady. - Si desea que lo llame por su nombre, creo que cuando estemos solos podremos decirnos nuestros nombres por igual. - Por supuesto Candy, es usted tan apasionada como vigorosa y eso me enardece tanto que deseo hacerla mía, aunque… - A mí no me importaría, al final usted y mi padre han firmado el convenio y yo…

Fue entonces que él no la dejo terminar, despojo de sus prendas y habiéndola preparado de tales maneras, por fin se dio la entrega que ambos amantes ansiaban ardientemente, ese encuentro que suplicaba a gritos que la amara y la hiciera completamente suya y no la dejara pensando en cómo sería y cuando podría…

El movimiento lento y rasgado se daba, dejando en ella un dolor que tanto deseaba ocultar, pero él la sentó completa sobre su cuerpo y beso delicadamente ahogando entre sus labios su grito con ese beso que ella sabía que la hechizaba. Luego de la calma comenzaron las agitaciones mismas que no se detuvieron en ningún instante, parecían incrementarse más y más trasportándola a una elevada sensación que nunca había creído capaz de sentir y él se dejaba ir en su pequeño cuerpo, culminando no una sino dos, tres y hasta una cuarta ocasión, alegando por la mañana que hoy no molestaran a su Lady y que nadie ingresara a su habitación para que se mantuviera tranquila antes de que se realizara el matrimonio, en la larga víspera de un mensaje que los estaba haciendo tensarse y esperar aun más de lo necesario.

El mensajero habiendo sido retenido y retardado por las tierras de los Mc Millán, por orden de la tía Elroy, más los guardias del Laird sacaron armas, dejando claro que quienes intentaran detener al mensajero morirían, así dos hombres estaban tirados con heridas mortales, mientras el mensajero real continuaba su camino, sin ver a los hombres que intentaron detenerlo, solo recordando su encomienda de llevar un mensaje real y dar aviso del intento de retención cuando regresara, por las tierras donde lo habían intentado asesinar.

Lejos de ahí, los hijos del Duque de Albany se enteraban que todo lo acordado con el título había sido recogido por la corona, incluso las tierras, como el castillo ya no les pertenecían, dejando a los tres hombres sin nada, una misiva que ya esperaban al no haber encontrado a la joven que su padre deseaba contrajera matrimonio con uno de ellos, asegurando que ya se había casado y que la corona no les daría el título al no contar con un nacimiento formal de la primer esposa y por el decreto que dejará su padre, ellos se habían quedado solo con las tierras que les dio en vida, unas parcelas lejanas que podrían servir para subsistir así como los pocos bienes que ahora tenían. - Debieron haberla casado con alguien en Londres. - Si, la corona no iba a dejar que nos dieran el título a ninguno de nosotros aun siendo de la misma edad, mucho menos a los menores que se quedaron sin nada. - Nuestro padre fue un mal hombre, si no hubiera estipulado ese acuerdo, al menos nos hubiera mencionado a uno de nosotros por ser los mayores. - Su amor por esa tierra y por la Duquesa de Argyll lo hizo un soberano tonto.

Ya sin posibilidades, desconociendo quien era la hija de la Duquesa y habiendo perdido el castillo junto a las propiedades que llevaban el título de Albany, por fin los bastardos hijos del Duque de Albany regresaban con su prole y contraían nupcias con las mujeres que los habían aceptado antes sin tener nada gozaban de ser amantes al ser hombres mayores, aun condicionados a casarse, no fue necesario que los demás descendientes indirectos al no tener una madre como esposa, se fuera el título de Albany devuelto a la corona.

Continuará...


Gracias continuar leyendo y comentando la historia, deseando con su atención llegar próximamente a su culminación.

También agradecida por no tomar mis escritos, ni adaptar ni utilizar por ningún medio auditivo o plataforma alterna, en parte o completa ninguno de estos.

Con sincero aprecio,

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa