Disclaimer: Todos los personajes de Naruto y Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.

Pareja: SasukexNaruto

Summary: En un mundo donde todos nacen con un alma destinada a acompañarlos por el resto de la vida, todos esperan conocer algún día a su alma gemela.

Almas gemelas hay de muchos tipos, y hay más de una forma de identificarlas, pero hay un par de almas que fueron las primeras en enlazarse al inicio de los tiempos. Aquellas que son dos partes de una misma alma, como las fuerzas del yin y el yang. Las almas del sol y la luna.

Cuenta la leyenda que ambas almas se amaban tanto que renunciaron a su inmortalidad para reencarnar eternamente como humanos, con la esperanza de, en cada nueva vida, poder estar juntas.

Claro, para la mayoría esto son solo puros cuentos de hadas. Y así parecía, hasta que un día Sasuke conoció a Naruto.

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Cuentan los mitos y leyendas que hace muchos, muuuuchos años, mucho antes de que existiera la humanidad y el mundo como lo conocemos, el sol y la luna cuidaban de la Tierra y la vida que había en ella desde la distancia, protegiendo el presente y el futuro de un planeta prometedor.

Ambos se turnaban. Cuando el sol salía todo se iluminaba, los animales despertaban y la flora se regocijaba, y cuando él se iba aparecía la resplandeciente luna, como un farol en la oscuridad que cuidaba de los sueños de quienes descansaban bajo su manto.

El sol y la luna trabajaban juntos para mantener el delicado equilibrio del que dependían todas las criaturas, mas nunca se habían visto, puesto que en cuanto el sol salía la luna se escondía, y cuando el sol se despedía la luna aparecía. Sin embargo, ambos mantenían una poderosa conexión, siendo ambos una cara de la misma moneda, dos almas opuestas que se complementan la una a la otra, como las fuerzas del yin y el yang.

Ambos comprendían cuál era su posición y el rol que debían cumplir, que su deber era trabajar juntos, estando separados. Pero un día la lejanía fue demasiada para ellos. Deseaban conocerse y, sin planearlo, se encontraron.

Ese día desde la Tierra pudo observarse como el sol era lentamente ocultado por la luna a pleno día, dejando ver solo un halo de luz a su alrededor, oscureciendo temporalmente el día. Así ocurrió el primer eclipse del planeta, durando solo algunos minutos antes de que el sol y la luna tuvieran que despedirse nuevamente antes de atentar contra el frágil equilibrio que tanto se habían esforzado en mantener. Sin embargo, esos pocos minutos fueron suficientes para que se enamoraran y que sus almas añoraran cada vez más volver a estar juntas.

Desde entonces, aproximadamente cada 300 años, el sol y la luna se encontraban de nuevo en un eclipse solar, por solo unos minutos, y luego se separaban una vez más, para seguir cuidando de su planeta adorado.

Así pasó el tiempo, hasta que un día el ser humano apareció junto a las otras criaturas y el sol, maravillado por la singularidad de las personas, se dedicaba a observarlos durante su turno. Él veía como los humanos interactuaban entre ellos, como formaban diferentes tipos de lazos entre sí. De amor, de amistad, de odio, de fraternidad… Y vio también como todos y cada uno de ellos tenía un par que les complementaba, con quienes se asentaban y compartían su vida.

Entonces bajó a la Tierra. Tomó forma humana y se coló entre la gente. Quería ver por sí mismo aquello que los humanos veían, todo lo que, por miles de años, se había dedicado a cuidar junto con la luna. Vio los prados, los bosques, las llanuras… Vio a todas las distintas criaturas que habitaban el planeta y, de pronto, su existencia se sintió vacía al saberse privado de la libertad que las criaturas de la Tierra gozaban. El sol también quería ser libre, quería formar su vida y estar junto a aquel a quien más amaba.

Y justo en medio de esos pensamientos cayó la noche. La luna notó como el sol había bajado a la Tierra tomando una apariencia humana y decidió seguirlo…

—Esto suena mucho más cliché que cualquier telenovela que haya visto. —se escuchó una voz en medio del salón de clases, interrumpiendo la historia que les estaba siendo contada.

Iruka, el maestro encargado de ese grupo, alzó la vista del libro que estaba leyendo a sus alumnos y frunció el ceño, fijando su vista en la persona que lo había interrumpido.

—Estamos estudiando la historia de las almas gemelas y todo lo que veamos vendrá en su examen, así que les recomiendo que pongan atención.

Dicho esto, el salón volvió a quedar en silencio y el maestro retomó su lectura, no sin antes haber lanzado una mirada de advertencia a sus alumnos para que dejaran de quejarse sobre lo meloso de la historia y pusieran atención a lo importante.

La luna bajó a la Tierra y se encontró con el sol, donde al fin pudieron estar juntos más de unos cuantos minutos y, al haber adaptado forma humana, pudieron tocarse por primera vez. Esa noche se amaron bajo las estrellas y su lazo se volvió inquebrantable y tan poderoso que no ha existido unión alguna que se le pueda comparar. Mas, a pesar de todo, cuando llegó la hora de que comenzara un nuevo día, la mera idea de separarse de nuevo les resultó impensable y sumamente dolorosa.

No podrían separarse nuevo luego de saber cómo era estar juntos y al fin sentirse completos. El dolor por estar tan lejos y añorarse mutuamente no se los permitiría.

Entonces, el sol y la luna renunciaron a su inmortalidad y, al tiempo que al sol le tocaba salir en el horizonte, sacrificaron sus vidas con la esperanza de reunirse en la próxima, como humanos libres de las ataduras que antes los mantenían separados.

Ese día en que el sol salió alumbrando el día, lo hizo como un cuerpo vacío cuya alma le había abandonado. Lo mismo con la luna. Dejaron a la Tierra con la responsabilidad de cuidarse y velar por sí misma, siempre teniendo por seguro que el día y la noche les darían la oportunidad de un nuevo mañana.

Y así es como el sol y la luna se volvieron humanos, con la esperanza de que, en cada nueva vida, pudieran encontrarse y estar juntos, reencarnando una y otra vez sin descanso y siempre buscándose el uno al otro, por la eternidad.

—Y esa es la historia de las almas gemelas ancestrales del sol y la luna. —concluyó Iruka, dejando el libro que estaba leyendo sobre su escritorio y volteando a ver a su grupo de alumnos de primero de preparatoria.

No le sorprendió de ver a uno de sus alumnos más brillantes, Nara Shikamaru, completamente dormido sobre su pupitre por quién sabe cuánto tiempo ya. O a Inuzuka Kiba escribiendo como loco, probablemente tratando de terminar alguna tarea para la clase siguiente que se le olvidó hacer en casa.

Un grupo de chicas murmuraba por lo bajo, hablando probablemente de lo romántico de la historia y cómo les gustaría tener un lazo así de grande con sus propias almas gemelas, cuando las encontraran.

Y es que, aunque las almas gemelas ancestrales del sol y la luna fueron las primeras almas gemelas en existir, y las más poderosas, cada persona tenía su propia alma gemela. No siempre eran en sentido romántico, pero si eran almas que se complementaban y que estaban destinadas a estar juntas.

Normalmente, había dos maneras de reconocer a tu alma gemela: ambas podían tener una marca idéntica en alguna parte de su cuerpo desde su nacimiento y debían encontrarse utilizándola como indicio, o la marca se formaría en el instante en el que sus miradas se cruzaran, reconociendo a su alma gemela al instante.

Probablemente la segunda manera era la más sencilla de encontrar a tu alma gemela, puesto que, si ya nacías con la marca y esta se encontraba en algún lugar no fácil de identificar a simple vista, podrías encontrarte con esa persona sin darte cuenta de que están destinados y perder la oportunidad de crear un lazo con ella.

También había otros rasgos que algunas almas gemelas compartían, pero que dependía del tipo de vínculo que había entre ellas. Por ejemplo, algunos, al conocerse, podían sentir lo que su alma gemela estaba sintiendo emocionalmente por medio de la marca. Otros, podían sentir donde se encontraba su alma gemela y saber si estaban cerca de ellos. Incluso había algunos que tenían el don de comunicarse telepáticamente o escribiendo sobre su propia piel de manera que el reflejo de lo escrito apareciera en su alma gemela.

Cada pareja de almas gemelas eran diferentes y podían tener características diferentes.

Todas las personas esperaban el día de poder conocer a su alma gemela. Aquellos que estaban destinados a acompañarlos por el resto de sus vidas, aquellos que los harían completos.

Aunque, claro, siempre había alguna que otra excepción a la regla.

— ¡Sasuke-kun! ¿No crees que la historia del sol y la luna es de lo más romántica?

Uchiha Sasuke, un chico de cabello azabache y penetrantes ojos negros dirigió su mirada durante unos segundos a la joven de cabellos rosa y ojos verdes que le hablaba. Luego, la desvió sin dirigirle ni una sola palabra, centrándose en observar el cielo que se veía a través de la ventana, haciendo una mueca de fastidio ante la muchacha.

Haruno Sakura, quien había intentado llamar la atención del chico del que estaba enamorada desde la infancia, arrugó el ceño decepcionada y bajo la mirada en un gesto de aflicción ante su rechazo.

—Deja de molestar a Sasuke-kun, frentesota. —le habló su compañera Yamanaka Ino, una chica rubia de pálidos ojos azules que se sentaba delante de ella. Ambas eran amigas y rivales por el amor de Sasuke al mismo tiempo. Cómo exactamente funcionaba su relación, pocos lo entendían.

—Sasuke-kun es mi alma gemela, ¡y yo no lo molesto! —exclamó indignada la pelirrosa. —¿Cierto, Sasuke-kun?

El pelinegro ni se dio por aludido e ignoró a la chica. Siempre insistía en que ellos eran almas gemelas a pesar de ya haberle dicho que él no había nacido con ninguna marca, mientras que ella tenía la suya en su hombro. Por lo tanto, era imposible que fueran almas gemelas a menos que él hubiera nacido con la misma marca que ella, o que al verse sus marcas hubieran aparecido al mismo tiempo.

Sakura era, sin embargo, más terca que una mula y se negaba a aceptar que no estaban hechos el uno para el otro.

Para ser honestos, a Sasuke realmente no le importaba demasiado si encontraba o no a su alma gemela. Si la encontraba bien, si no, también. Puede que hasta le pareciera más agradable la idea de no encontrarla, puesto que lidiar con la gente era bastante fastidioso a veces para él. Prefería mantenerse enfocado en sus propios asuntos y no involucrarse en las cosas de los demás. No le encontraba la gracia a tener que estar relacionándose con los demás. Ya tenía a su hermano y, para él, eso era más que suficiente.

— ¡Silencio todos! —el llamado de atención del profesor se escuchó por todo el salón. —Todavía tenemos media hora de clase y me gustaría poder terminar de explicar el tema y resolver dudas para no tener que dejarles tarea extra para que se pongan al día, ¿les parece?

Todos escucharon la disimulada advertencia en las palabras del maestro y voltearon hacia adelante, otorgándole su atención.

—Y que alguien despierte a Shikamaru, por favor.

Se escuchó un "Psss, Shikamaru" y unas palmaditas antes de que el aludido bostezara y se irguiera en su asiento, apoyando la barbilla sobre su mano con una expresión que delataba que aún se encontraba más del otro lado que de este.

Viendo que todos sus alumnos le dirigían la mirada, Iruka decidió proseguir con su lección del día.

—Entonces, como ya sabrán, las almas ancestrales son las almas gemelas más antiguas de la historia, las primeras. Se dice que al día de hoy, las almas del sol y la luna siguen reencarnando para volver a encontrarse y estar juntas una vez más.

Un joven de cabellos blancos llamado Suigetsu levantó la mano, pidiendo la palabra.

—Pero esa es solo una leyenda, ¿no? —preguntó con un gesto que denotaba desinterés. —Digo, si en realidad existieran y siguieran reencarnando nos daríamos cuenta, ¿no? Ya que supuestamente son tan poderosas…

—Es una buena pregunta. —contestó su maestro. —Hay algunos registros a lo largo de la historia que sugieren que se han podido identificar el momento en que el sol y la luna se encuentran. Como probablemente ya sabrán, la reacción que ocurre cuando se encuentran es diferente que a las de las almas gemelas comunes. —carraspeó un poco para aclarar su garganta. —De acuerdo con los registros de los testigos que han sido lo suficientemente afortunados para ver el encuentro en el pasado, ambas personas se reconocen al verse a los ojos y, como consecuencia, se produce una especie de transformación.

Se oyó una risa socarrona.

— ¿Tipo Sailor Moon o cómo?

Hubo un par de risas disimuladas a lo largo del salón por el comentario realizado por Kiba, quien aún seguía trabajando en una tarea correspondiente a otra clase al tiempo que escuchaba (a medias) lo que Iruka intentaba explicar, pero la mirada que les dirigió el profesor los hizo guardar silencio casi de inmediato.

—Como les decía…—prosiguió con un tic visible en el ojo. —En primer lugar, aparecen unas marcas en sus palmas que representan al sol y la luna respectivamente, —alzó sus manos, mostrando sus palmas, para hacer énfasis a lo que decía. —Luego se dice que, al unir estas marcas, se produce una luz enceguecedora y que, al disiparse, quien esté presente puede observar las formas originales del sol y la luna de antes de que decidieran morir y renacer como humanos. —se giró y caminó hasta su escritorio, tomando asiento de manera que quedara a vista de todos sus alumnos, y continuó. —Se dice que su encuentro es la escena más romántica que los ojos de cualquiera puedan ver.

Hubo unos suspiros soñadores provenientes de algunas chicas, un par de risitas burlonas provenientes de algunos varones, e incluso algunas muecas de asco y desinterés. Claro, cada quien tenía su propia idea de lo que podía ser romántico sin llegar a ser empalagoso.

—También se dice que las almas ancestrales tienen conexiones entre sí que ningún otro par de almas gemelas posee. —prosiguió con su clase Iruka. —Por ejemplo, dicen que pueden recordar todas y cada una de sus vidas pasadas al momento de encontrarse, y que cuentan con otros tipos de habilidades las cuales muchos creen que son las que algunas almas gemelas compartes, como poder sentir lo que el otro siente o comunicarse telepáticamente, y otras que son propias solo de ellos.

Hubo un pequeño silencio.

— ¿Cómo cuales, sensei? —la voz de Sakura lo cortó.

Iruka se llevó una mano al rostro de forma pensativa mientras observaba el rostro lleno de curiosidad de su alumna.

—Pues nadie sabe con seguridad. Habría que preguntarles si tenemos la suerte de encontrarlos algún día. —Se encogió de hombros al dar su respuesta y les regaló una sonrisa divertida a sus estudiantes.

Hubo algunos reclamos de parte de unos tres alumnos por la falta de una respuesta convincente.

— ¿Y haber tenido esta conversación sobre cuentos de hadas sirve para algo, sensei? —preguntó de manera malhumorada Suigetsu, con un gesto de fastidio ante el tema. Mucho romance y muy poca realidad.

Iruka soltó un suspiro cansado y respondió:

—Pues considerando que está en el plan de esta asignatura y que tendrán un examen al final de la semana, yo de ustedes lo consideraría importante.

El salón se alborotó al momento en que se escuchó la palabra "examen", pero el profesor, al ver que solo faltaban un par de minutos para que se hiciera la hora del almuerzo, se concentró en unos papeles que tenía sobre su escritorio y les permitió a sus alumnos entrar en pánico sin prestarles demasiada atención. Ya si luego había más dudas, él las contestaría.

Uchiha Sasuke rodó los ojos al observar a sus compañeros de clase hacer escándalo por la mención de una evaluación y volvió a dirigir sus ojos a la ventana, observando al sol que brillaba en lo alto. La luz que expedía era cálida y siempre le había brindado una extraña sensación de paz y bienestar, por alguna razón.

Escuchó que Haruno volvía a llamar su nombre, pero no le prestó atención. Ni siquiera comprendía por qué las chicas estaban fascinadas por él. No es como si intentara llamar la atención de nadie. Si le iba bien en sus clases era porque le gustaba enfocarse en lo que tenía que hacer, no porque realmente fuera un genio como muchos decían. De hecho, si había un genio dentro de ese salón sería Nara Shikamaru, pero el tipo era tan perezoso que nadie jamás lo notaba.

Siguió contemplando la vista del exterior, preguntándose de nuevo cuál era el problema de aquellos que se mostraban tan obsesionados con llamar su atención, cuando escuchó la voz de la directora de la escuela hacer un llamado a todos los presentes.

—Directora Tsunade. —Saludó Iruka al ponerse de pie para recibir a la directora.

Hizo un gesto para que todos los estudiantes se pusieran también de pie e hicieran una reverencia a la mayor autoridad de la escuela.

—Permítame un segundo, Iruka-sensei. —habló la directora rubia de ojos marrón claro, haciendo un gesto para que el profesor la siguiera fuera del salón.

—Discúlpenme un segundo, muchachos. —y se retiró junto a la directora.

Todos se quedaron callados, curiosos de lo que se hablaba justo al otro lado de la puerta. Unos volvieron a sentarse y otros se acercaron a la puerta para saber qué ocurría. Se oían tres voces. La de la directora, la del maestro Iruka y una tercera que nadie era capaz de reconocer.

Sasuke negó con la cabeza y suspiró, no estaba interesado en ser cotilla como todos sus demás compañeros, así que se dedicó a cerrar su libro y guardar sus apuntes para poder ir a almorzar. La comida que su hermano le preparaba diariamente siempre le levantaba un poco el ánimo, incluso si nadie lo notaba.

Justo en el momento que bajó la vista para acomodar sus cosas dentro de su mochila y sacar su almuerzo, oyó un conjunto de choques apresurados de sus compañeros regresando a sus lugares, y luego unos pasos entrar al salón y la voz de su profesor interrumpir el silencio.

—Bueno, chicos, desde hoy tendrán un nuevo compañero, así que espero que todos le den la bienvenida. ¿Te gustaría presentarte?

Hubo un pequeño silencio que duró solo unos segundos hasta que una voz alegre y energética lo interrumpió.

— ¡Buenos días! Soy Namikaze Naruto. Acabo de mudarme a Tokio por mi cuenta, y espero poder hacer muchos amigos aquí. ¡Es un placer conocerlos!

Sasuke se quedó paralizado en su pupitre al oír esa voz que, a pesar de estar seguro de no haberla oído jamás antes en su vida, se le hizo tremendamente familiar hasta el punto de sentir como su pecho se contraía, como si alguien se lo estrujara por dentro.

Sintió como se quedaba sin aire y como todo su cuerpo se tensaba.

—Bueno, Naruto, puedes sentarte en el asiento libre detrás de Sasuke en lo que volvemos a reasignar los pupitres. —la voz de Iruka claramente hizo referencia a que Sasuke levantara la vista.

Y lo hizo. Lentamente, con el rostro lleno de estupefacción.

Vio a su profesor señalando la silla detrás de él con su mano extendida mientras le sonreía al nuevo estudiante para que este fuera a tomar su asiento.

Este dio un asentimiento con la cabeza, haciendo que sus cabellos rubios se mecieran ligeramente, y murmuró un "gracias" antes de girarse y enfocar sus ojos azules en la dirección que le indicaban.

Entonces, en el momento en que negro y azul se encontraron, Sasuke sintió cómo todo lo que era y todo lo que conocía era absorbido por esos profundos ojos como zafiros, más brillantes que el mismo cielo y más expresivos que los de cualquiera que jamás hubiera visto.

Eran como dos lagunas profundas en las cuales se reflejaba el mismo shock que él mismo estaba sintiendo.

Eran unos ojos que podían ver a través de su alma hasta lo más profundo y a los que supo que pertenecía.

Unos ojos que, él sabía, ya conocía y llevaba conociendo por milenios.

Unos ojos que lo habían acompañado por toda su existencia, en cada una de sus vidas.

Eran los ojos de la otra mitad de su alma.

Y el caos se desató.

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N/A: Bueno, esta es mi primer historia dentro de este fandom. Espero sea de su agrado.

No será una historia larga, aunque no estoy segura de cuántos capítulos escribiré.

Acepto críticas constructivas, comentarios y opiniones.

Saluditos.

:)