Había escuchado las historias y del como vivía su adorado diablillo, le daba risa saber que no había cambiado en nada, siempre había sido un desastre en ciertas aéreas pero ese era su encanto, también comprendía su fascinación por resolver crímenes, ella sabía bien que todo empezó por lo sucedido ese día.
Le enorgullecía que nunca se dejó doblegar por nadie, lo había creído para ser alguien fuerte.
Había ayudado el que fuese un genio de pequeño, también le habían comentado algunas cosas sobre su otro pequeño pero comprendía con ciertas situaciones en su vida debieron haber cambiado las aspiraciones y sus sueños, sabía que eso debió ser por culpa de sus padres y de cierto hombre.
No pregunto más ya que al parecer sus niños eran muy reservados en aspectos de su vida privada, y aunque esa mujer llevará tiempo conociendo su pequeño niño, no lo conocía lo suficiente para haber notado algunas cosillas y ni hablar del compañero que tenía, tenía una gran admiración pero también era inconsciente de que esa admiración se había vuelto algo más, pero quién era ella para hacerlo cambiar de opinión cuando la felicidad era lo primero.
Si ellos no estaban juntos era por algo, se despidió de ellos y decidió ir directamente a ver a su niño más grande.
Podría haberse ido caminando pero se habían ofrecido a hacer que llegara en carruaje y se los agradeció.
Ahora veía el camino y los recuerdos volvían a ella.
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Flash back.
Durante bastante en aquella mansión las cosas no eran como todo pensaban o imaginaban que eran, en ese lugar la discriminación hacia los Omegas era muy obvio, el único Omega que era adorado como un príncipe y cuidado era el sobrino de cierto Alfa de mucho poder quien hace unos años había dado a luz a sus tres hijos y quién ahora solo se le veía pasear en el jardín con su primogénito el cual al parecer sería un Alfa, estaba tan orgulloso de él y no le interesaba más que el, ni siquiera le prestaba atención a su esposo quien en esos momentos debía estar con el Duque como su perrito faldero y el solo había conseguido lo que quería, un bello niño al cual ahora podía cuidar y amar.
Había expresado su deseo de casarse con ese Alfa solo como un capricho más, pero como siempre el Duque le cumplía todo. Obtuvo lo que quería por bastante tiempo, a excepción de ese hombre, por eso hizo que se decidieran de el y de su asquerosa familia, no podía permitir que el quedará en ridículo y ellos felices, sería una burla, todo fue para bien, luego llegó su esposo y su vida volvió a ser la de siempre.
Nadie le decía nada, menos cuando tuvo a su pequeño.
Después vino el siguiente y el último.
Una feliz familia.
O eso creían todos lo que no vivían ahí y sabían lo que pasaba.
Pero en la casa, había otro pequeño niño, que miraba a su hermanito recién nacido en su cuna y solo mostraba curiosidad por el, entrando al cuarto una mujer de cabellos cafés y ojos verdosos, traía consigo una biberón que había preparado, y traía el cambio de ropa para el bebé quién solo agarró la mano de su hermano y rio.
Joven Mycroft—le extraño un poco que el estuviese ahí.
No hagas escándalos Nana—sin tomarle importancia pero no quería que otro sirviente entrara y le informará lo que sucedía al Duque.—Es curioso como algo tan pequeño y feo se puede mostrar tan feliz.
Es por qué los bebés no nacen con malicia y el no percibe alguna amenaza a su alrededor—era lo bueno de los recién nacidos.—Debería estar en clases.
Podría pero no es como si escuchará algo diferente, es siempre lo mismo y estoy cansado de escucharlos—como si aprendiese algo nuevo –Aparte haga lo que haga, Steve se llevará los elogios.
No es cierto—ella dejo el biberón y la ropa para acercarse a el.—Se que llegara a ser alguien importante. No pierda sus clases solo por ello.
Nana siempre eres optimista pero la realidad es otra—sin apartar la mirada de su hermanito.—Un día me iré de aquí y me llevaré a Sherlock.
Lo susurro sin que ella lo escuchará o eso creyó, ella lo escucho claramente y no dijo más, se hizo cargo de su trabajo, cambio al bebé y le dio su comida, mientras el otro pequeño leía un libro más de los cuales ya había leído.
Así eran algunos días.
Un día común, ella se encargaba de terminar de ordenar la ropa, cuando se hizo un escándalo mayor, ella puso un pie fuera cuando solo pudo atrapar al bebé antes de que cayera la piso al ser lanzado hacía ella por quien era su madre y quién solo estaba furioso.
¡Lárgate con ese fenómeno de mi vista!—alterado a lo grande y detrás venía el otro pequeño quien se acercó a ver su hermanito.
Ella no entendía nada, era muy común que de repente el Omega le dieran ataques de rabia o sus famosas rabietas pero jamás lo habían visto de ese modo, hasta que ella aferró al pequeño que lloraba y lo llevaba adentro, pero fue seguida por el Omega que solo se dirigió al armario y comenzó a lanzar toda la ropa de bebé al piso, entro otra sirvienta que corrió de nuevo en busca del Duque.
Este no tardó en llegar, se acercó y tranquilizó al Omega quién solo hipaba y decía incoherencias.
Ya más tarde supo lo que pasó.
Su hijo mayor hizo llorar al bebé en una especial de broma, otra Duquesa lo reprendió y se había llevado al bebé a quien muchas les causó ternura pero como se habían metido con el hijo adorado este enloqueció y se llevó de manera brusca al bebé, esto fue vista por ellas quienes empezaron a hablar (lo que llevaría a qué más tarde la madre de Mycroft y Sherlock no apareciera tanto en público).
Por eso fue todo el espectáculo que dio, y cuando un médico lo reviso les aseguro que el Omega llevaba bastante tiempo sufriendo depresión posparto y que lo mejor sería alejarlo del bebé o en otro caso sería fatal, así que el Duque lo hablo con el esposo y estuvieron de acuerdo en mandar lejos al bebé pero obviamente no esperaron que cuando los preparativos se hicieron, el segundo hijo se fuera también, ni siquiera pudieron detenerlo.
Mycroft déjate de…..—callándose al ver su mirada.
Me voy con mi hermanito, es mi deber como hermano mayor—notando que su hermano se burlaba.—Así no tengo que soportar a mocosos que ni pueden avanzar en su nivel académico. Cuando madre esté mejor, tal vez regrese.
Se subió al carruaje sin mirar.
El cochero tenía órdenes de sacarlos lo más rápido posible y ya no pudo hacer nada.
Ella se preguntó si se arrepentiría de irse con ella.
Se equivoco.
En el momento en que abandonaron la mansión y se instalaron, se sintieron más en casa.
Así los años pasaron entre ellos.
Ella busco a un antiguo profesor que había impartido clases en la Universidad de Cambridge, el mismo decidió hacerle una visita a ambos pequeños y acepto darles clases gratis a los dos, el no le importaba mucho el dinero, tenía de sobra y le gustaba enseñar, en ambos hermanos descubrió a dos genios, ella había hecho un gran trabajo con lo poco que recordaba de las veces que ella estuvo presente en aquellos días que le enseñaron a cierto Omega que le importo poco su educación.
Sus momentos en familia, la sonrisa de ambos, como ambos siempre eran tan abiertos, unidos, y como cada vez que faltaba algo en caso no les importaba, siempre eran ellos tres, solo ellos tres y la felicidad que sufrió al escuchar como la llamaban mamá, debía haber evitado eso peor no lo hizo, no tenía que arrepentirse de ser su madre, era egoísta y con muchas razones lo eran.
Ellos eran sus hijos.
Sus niños, los mismo que ella crío y estuvo para ellos en los momentos difíciles, en sus momentos buenos.
La última vez que recibieron la visita del profesor fue cuando esté le advirtió que el Duque vendría pronto, un amigo suyo reconoció a los niños por los nombres y por el parecido que había con el padre de ellos, también este sin querer le insinuó al Duque que debía sentirse orgulloso de sus otros nietos y como este se enteró por un error, así que el día en que murió un niño del barrio en extrañas circunstancias, eso destrozó a su , eran compañeros de juegos y entre sus conversaciones se la pasaban platicando de que ellos serían detectives y harían un mejor trabajo que ellos y no se que más, eran lindo verlos tan felices hasta que al final acabo por llegar a ese día donde el murió y su pequeño se negó aceptarlo y aunque hubiese querido ayudarlo, no pudo hacerlo.
Ese día estaba lloviendo, ella estaba comiendo con los niños cuando irrumpieron unos hombres y al verlos, se acercó para agarrarlos, ella trato de detenerlos, en el proceso la golpearon y la dejaron tirada mientras escuchaba sus gritos, entro un hombre con una capucha, el la bajo para solo mirarla y sabía quién era perfectamente.
Hiciste un trabajo excelente, su madre ya está estable y es hora de que vuelvan con ella—tirándole una bolsa con monedas de oro.—Este es tu pago. Tus servicios ya no son necesarios.
Por favor permita estar con ellos—aunque fuese su último ruego.
Por eso odio a la gente como tú—se acercó a ella de nuevo para agacharse y solo levantar su rostro con fuerza.—Deberías entender tu lugar. Tu familia se fue a la quiebra y perdieron todo. Yo te di un lugar pero ahora te crees con el derecho de ejercer algún derecho.
Estás loca. No te preocupes me encargaré de que no te vuelvas a cercar a ellos.
Soltándola y levantándose para hacer que uno de sus hombres se acercará y se quitará la capucha.
Te prometí que tendrías una esposa, te la presento—sacando otra bolsa con dinero.—Ahora encárgate de ella. Te seguiré pagando mientras cumplas tu trabajo.
Al darle la bolsa, este agradeció y se acercó a ella para agarrarla de los caballos, miro a la puerta como ese hombre salía sin mirar atrás aún cuando ella gritaba.
Fin del flash Back.
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Trato de detenerlo, le imploro que la dejase seguir siendo su nana pero eso lo enojo, sus años en esa casa, con ese hombre al cual fue vendida y quién odiaba, rogaba por qué un día solo se muriera y no podía escapar porque la gente del pueblo estaba muy coludida con el Duque, ellos le informaban siempre lo que ella hacía para evitar que un día se le ocurriese ir por sus niños o hacer algo más imprudente hasta el día en que se olvidó de ella.
Fue lo mejor, su esposo ya no recibía el dinero y le costaba trabajo buscar trabajo, muchos lo odiaban, no era para menos y ella por otro lado hacia lo posible para mantener su postura como su esposa y lo ayudaba en el trabajo, a ella le dieron oportunidades, era su modo de pedirle perdón, y poco a poco empezaron las oportunidades para el día en que se fue.
Su esposo se metió en problemas y los hombres a los que les debía dinero lo fueron a buscar, ella estaba en la calle cuando uno de ellos la encontró, pensaron en cobrárselas hasta que ella se impuso y les dijo dónde encontrarlo hasta le hacían un favor, para dejarla en paz y cuando lo encontraron muerto fue lo mejor que le pasó.
Ya no tenía quien la mantenía en ese pueblo.
De vez en cuando había noticias de la ciudad y una vez le llegó sobre un famoso detective, su nombre la sorprendió tanto que ya sabía dónde ir, vendió su casa, vendió las cosas innecesarias y consiguió dinero suficiente para irse, aún debía encontrar donde quedarse. Había esperado bastantes años para ver de nuevo a sus pequeños, a sus queridos niños, le gustaría recuperar todo ese tiempo perdido, aunque sea ver los siguientes años de sus vidas y estar a su lado apoyándolos, sabía en el fondo que ellos de seguro habían puestos barreras que era imposible conocerlos a menos que existieran los milagros.
No tardó en llegar al lugar que quería ir, sabía que era imposible entrar sin cita pero hace tiempo sabía hacer cosas y la mayor parte del tiempo cuando iba acompañando a su ex señor estando embarazado siempre fue a este tipo de sitios, por eso fue fácil entrar, había un hombre mayor que salía y la reconoció para mostrar alegría, siempre supo que ese hombre era alguien importante y en alguna ocasión había mostrado interés en ella antes de casarse con otra mujer por la familia, la llevo directamente a la oficina de su pequeño, aunque se sorprendió que su puesto fuese uno de los importantes, la secretaria la dejo pasar siempre siendo amable con ella y espero a que llegase.
No tardó mucho en aparecer, cunado le dieron aviso, el se retiró lo más rápido posible y eso extraño a todos ya que el no era de esos y al entrar a su oficina y mirarla, era casi imposible que el no reconociera a la mujer que fue su madre y de quién no había podido encontrar nada, ni una sola pista pero ahora estaba frente a el.
Se acercó ella al verlo inmóvil.
Ya que práctica mente estaba viendo un fantasma al creerla muerta.
➖Mycroft—le hablo con ese tono de voz maternal que siempre uso en su niñez.—Mírate. Ya eres todo un hombre.
➖Cómo es que…..—callo un poco pero no hizo nada menos cuando ella lo abrazo.
➖Podemos hablarlo con calma, no me iré a ningún lado—y eso lo cumpliría.
