N/A: Entre Alpha y Beta, hay medio año de diferencia. En total, han pasado dos años y medios desde los eventos de GTC.

Advertencia: lenguaje vulgar.


En ti vacilo, caigo

y me levanto ardiendo.

Tú entre todos los seres

tienes derecho

a verme débil.

Y tu pequeña mano

de pan y de guitarra

debe tocar mi pecho

cuando sale al combate

El daño, Pablo Neruda

Capítulo 2

Inevitable

Los soldados todavía se movían de aquí para allá cuando la nave aterrizó en el puerto espacial de la Tierra. Riander miraba con ojo crítico por las ventanitas circulares, notando la gran conmoción que había afuera, a la espera de que salieran. Cada ser humano con una vestimenta en particular, un uniforme supuso, se paseaban por el lugar con maletas y más maletas. No eran los primeros en llegar al Comité de relaciones Interplanetarias ni los últimos, parecía que el día había iniciado hace muchas horas en el pequeño planeta. Estaba nerviosa, o quizás expectante era la palabra que lo definía mejor, el asunto era que aquél viaje no le era indiferente. Miró de soslayo a su Rey, lo vio ponerse de pie con su porte de siempre, gallardo e intimidante, acomodando sus guantes como si nada pasara y no podía evitar preguntarse si realmente se sentía así. Había estado durante todo el viaje-que duró unos cuantos días por las tormentas solares-pendiente de él, de sus reacciones, de su comportamiento, de todo. Nada se le escapó a la Reina saiyajin. A su parecer, se veía más molesto que otras veces pero podía atribuirlo al hecho de que a Vegeta le molestaban ese tipo de eventos.

―La Reina Tights nos espera abajo―comentó Kakarotto al llegar al lado del Rey.

―Pareciera que hace calor afuera―murmuró Riander alejándose de la ventana. Caminó de regreso al puesto de control donde Vegeta seguía arreglando sus guantes, frunció el ceño al verlo, pues ella no veía ninguna imperfección en ellos.

―No más que en los veranos de Vegetasei―respondió Kakarotto, mirando lo mismo que la Reina, a Vegeta "pelear" con sus guantes.

El Rey sabía que era estudiado o eso creía, a esas alturas estaba totalmente perseguido con lo que pasaba a su alrededor. Creía que estaba en la boca de todos y a pesar de que nunca le importó, ahora era diferente. Se sentía frágil, demasiado y no era una sensación que le agradara ni muy familiar para él. Estaba susceptible a todo, y eso no era bueno, sabía actuar y contenerse, toda su vida fue así, desde niño, solo con eso podía defenderse de su paranoia y armarse de seguridad que no sentía. Estaban a la espera de su orden, lo sabía, pero no quería bajar de su nave… al hacerlo, todo le recordaría a ella. Ya era un tormento no poder deshacerse de su fantasma en esos dos años y medio que habían pasado tras la muerte de ella y, tener que revivir tantos recuerdos que intentaba olvidar, no le parecía una buena idea. Pero ya estaba allí, y debía dejar su cobardía, porque para él eso era, estaba siendo cobarde y él no era así. Respiró profundamente de modo imperceptible, no respondió a ninguna palabra de su Mano ni de su Reina y salió en dirección a la puerta de la nave.

Su séquito se movió sin tener que dar la orden, grupos de soldados se enlistaron alrededor de él y Riander se posó a su lado. Tragó saliva cuando la portezuela ronroneó y se deslizó con suavidad hacia afuera. Entrecerró sus ojos, molesto por los rayos del sol que se filtraban; apenas la rampa tocó el suelo, salió de la nave. No quiso mirar hacia arriba, siempre hacia el frente. Sentía su corazón latir con fuerza, chocaba contra su pecho y sabía que era por puro nerviosismo pero ¿Nervios porque? ¿Por enfrentarse a sus recuerdos de modo tan directo? Era casi como el entrar a su cuarto, cosa que nunca hizo desde su muerte. Enfrentar que el tiempo había avanzado sin ella.

¿Qué pensarían sus seguidores? Era un saiyajin que no aceptaba una muerte, cuando había crecido en ella. Molesto consigo mismo, prefirió centrarse en el presente, dejar de pensar en tonterías que lo harían sentir más miserable y patético de lo que ya se sentía. Dio una última mirada hacia atrás, adentro de la nave, pero volteó hacia el frente con rapidez al verla allí, en su asiento jugando con la silla. Su fantasma no lo dejaba nunca, lo sentía más persistente que otras veces pero podía atribuirlo a la culpa, a la culpa por intentar olvidarla, por dar vuelta la página, por empezar su vida marital como debía ser. Era como si fuera una prueba difícil de aprobar, donde ahora que quería seguir adelante, ella le hacía más compleja la tarea.

Fue el primero en dar un paso en frente, Riander le siguió de cerca, un paso detrás. Al ir bajando, notó la comitiva que lo esperaba, entre un grupo de personas que no conocía, liderándolos estaba la Reina Tights, frunció el ceño al verla, en su rostro estaba dibujado el horror, lo reconocía, muchas veces lo vio en sus víctimas pero ¿Por qué en ella? para su asombro, no sólo ella estaba igual de aterrorizada, el grupo en sí parecía sorprendido y apestaban a miedo. Sonrió, hace mucho que no disfrutaba causar eso en otras especies y naturalmente, ver el miedo ajeno calmó el suyo propio y le recordó quién era. El Rey saiyajin, quien había vencido a Freezer, el ser más fuerte del universo, no podía seguir estancado en la mierda que estaba por culpa de ella.

Al llegar junto a los humanos, asintió en dirección a la Reina, la mujer correspondió a su gesto y fingiendo su mejor sonrisa-cosa que él notó-habló con su educación y elegancia innata.

―Bienvenidos―su voz femenina incomodó a Riander. La Reina miró de pies a cabeza a la rubia, se fijó en su piel lisa y perfecta, sus cabellos dorados firmemente amarrados, y su menudo pero bien formado cuerpo―es un honor tenerlos en esta nueva jornada del Comité de relaciones Interplanetarias.

― ¿Sí? Pareciera todo lo contrario―respondió mordaz. La vio incomoda, notó como su garganta se movía de arriba abajo, y podía suponer que la Reina humana estaba haciendo su mayor esfuerzo para mantener el protocolo.

―Lo lamento―dijo sonriendo―no esperábamos ver al mismísimo Rey Vegeta, creímos que el príncipe Tarble sería quien asistiría.

―Así veo―sus ojos negros dieron una rápida repasada al lugar, servidumbre acarreando equipaje, más naves, más humanos, cielo azul, nubes blancas… tranquilidad. Fue como un Déja vu, la extraña sensación de paz ya la había vivido antes cuando pisó por primera vez la Tierra, cuando la eligió. Se sintió asqueado, pensó en darse media vuelta y largarse de allí, pero su orgullo lo movía y jamás demostraría que se sentía afectado por todo ello, por ella. Actuar era algo que se le daba igual de fácil que entrenar, en su rostro y actitud no había rastros de molestia o incomodidad y es más, ver el miedo de los humanos lo hacía retomar su postura altiva, le recordaba que era superior a esa especie débil e inútil.

―El Comité, oficialmente comienza mañana―habló la Reina, intentando pasar por alto la actitud déspota del saiyajin―pueden quedarse en el palacio o en algún Hotel cercano―Vegeta la miró unos segundos al oír ambas opciones y sin siquiera pensarlo, optó por la segunda.

―Un Hotel estaría bien―murmuró en respuesta. Se percató del alivio en los rasgos de la mujer rubia pero le restó importancia.

―Soy Riander―habló la Reina, después de perder la paciencia por el cruce de palabras y no poder se participe y encima, ni siquiera haber sido considerada ni presentada, pero sabía guardar las apariencias y no se le notaba su mal humor―Reina del Imperio Saiyajin.

―Mucho gusto―asintió la mujer rubia en su dirección, como si recién se percatara de ella―Soy Tights Brief, Reina del planeta Tierra. Él es Miles―comentó apuntando a un hombre a su lado, un sujeto alto de tez morena y cabello platinado―los guiará a su Hotel y les entregará la información pertinente, será su guía en su estadía en la Tierra―Riander asintió conforme, Vegeta no dijo nada ni movió ningún músculo, pero su silencio fue la respuesta, el Rey parecía de acuerdo―nos vemos mañana, en la primera reunión.

―Hasta mañana―se despidió la Reina, Vegeta simplemente se puso a caminar, por lo que Miles se adelantó para poder serle de utilidad. El grupo de saiyajin pronto se disipó, los soldados a sus naves y los que tenían más confianza con la pareja, los siguieron.

Tights observó al grupo alejarse, pero no pudo reaccionar hasta que los perdió completamente de vista. Se aseguró de que ningún soldado saiyajin estuviera presente y perdió la serenidad. Cubrió su boca con su mano para silenciar su grito desesperado, su mano libre abrazó su vientre plano y se encogió en su lugar, uno de los miembros de su consejo se acercó a ella y la contuvo, pero no supo quién, estaba más concentrada en su angustia. La joven Reina sentía todo su cuerpo temblar, no dejaba de pensar en esos ojos negros fríos y ese ceño arrugado, ese semblante que había atormentado tanto tiempo a su hermanita. El peor de los escenarios había resultado, su afán de mantener el protocolo y que el Comité fuera desarrollado con eficacia quedó en segundo plano, lo único en lo que podía pensar era en su familia, su hermana y su sobrino. Se reincorporó a duras penas y antes de que alguien le hablara, ella exclamó con desesperación, una faceta desconocida de la rubia que sorprendió a sus consejeros.

―Avísenle a mi hermana―escupió con rapidez― ¡Ahora! Díganle que no salga del Palacio.

―De inmediato, Alteza―asintió Mike, un sujeto de estatura promedio, de cabello castaño―debería descansar…

―No―negó sin mirarlo―debo quedarme aquí ¡Rápido! Envíenle el mensaje a la princesa. ―Liliam fue quien la obedeció al ver que nadie se movía, la mujer se dio media vuelta y corrió hacia el interior del aeropuerto espacial. Tights observó fijamente su espalda, respiró profundamente y se alejó de quien la sostenía―doblen la seguridad del palacio, notificar cualquier avistamiento de los saiyajin en las cercanías y resguardar a mi hermana y mi sobrino. ―su mano en su vientre subió hasta su pecho, intentando calmar sus latidos, estaba asustada. Cuando lo vio salir de la nave, sintió que todo se desmoronaba ¿Y si Bulma hubiera estado allí? Su hermana menor a veces se paseaba por allí, revisando naves o mecanismos gravitacionales, sudaba frío de solo imaginar un escenario donde él la viera. Se sentía mareada, pero no podía irse de allí, debía darle la bienvenida a cada gobernante y mantener las apariencias. A pesar del dolor de estómago, del miedo y de la histeria que la amenazaba con perder la calma, controló todos sus sentires y mantuvo su faceta de Reina, sin dejar de pensar en su hermana y su sobrino, sin olvidar esos fríos ojos negros.


(…)


Con la yema de sus dedos, frotaba el cuero cabelludo, el bebé se sacudía intentando alejarse, pero sus manos contenían a la perfección su pequeña cabecita. Trunks se quejaba con insistentes "No", pero ya estaba acostumbrada, prefería concentrarse en que su poco pelo lavanda quedara limpio. Cuando se formó suficiente espuma, lo liberó y el niño se alejó rápidamente de su abrazo, como si fuera un monstruo en la bañera. Lo miró resentida por un momento, pero se le pasó rápidamente, tomó la botella con shampoo y se echó en su propia cabeza.

―Juega con el pececito―le indicó mientras frotaba sus dedos en su cabeza y enredaba su melena. Sonrió divertida al verlo nadar como perrito, sacudir sus bracitos gorditos con dificultad debido a los flotadores, a Trunks le gustaba la hora del baño pero últimamente, no enjabonarse ni que le lavaran el poco pelo que tenía. Disfrutaba del agua y de sus juguetes pero no de la limpieza.

Tuvo que quedarse más tiempo dentro de la tina incluso después de haber terminado de bañarse, su hijo no paraba de disfrutar del agua y hundir juguetes, se preocupaba de que no se comiera la espuma y la esponja, pero cuando el agua se volvió fría, y tanto ella como el menor comenzaron a temblar, quitó el tapón y así, el agua se fue drenando de a poco y el bebé accedió a que lo sacaran. Envolvió a su hijo en una toalla con capucha, lo dejó en la alfombra felpuda del baño mientras ella se envolvía en una toalla rosa con dibujos de fresas. Alcanzó a atajar su huida y lo tomó en brazos, Trunks se llevaba un pez de la tina, el que sacudía y apretaba sin dejar de mecerlo en el aire. Al llegar a su habitación, lo dejó sobre la cama y el niño se puso de pie rápidamente, antes de poder tomar el pañal, su hijo saltaba en medio de la cama.

―Hijo―habló intentando llamar su atención―debes vestirte.

―No queye―respondió sin mirarla. Bulma mordió la mejilla interna izquierda, ahora su hijo formaba frases y era un poco más sencillo comunicarse con él pero a la vez, más difícil entenderlo. Era terco, caprichoso y egoísta; había estado leyendo sobre el comportamiento de los niños a su edad y él estaba actuando con normalidad, pero su personalidad parecía más marcada, como si lo que habían vivido antes hubieran sido pinceladas de su carácter solamente. Estaba más violento, más porfiado y gruñón, todo tenía que hacerse como él quería y cuando quería; intentaba ponerle atajos pero todos en el palacio le daban en el gusto y al final, la única que trataba de mantenerlo a rayas era ella y se veía envuelta en discusiones con su propio hijo de sólo dos años. Estaba cansada… le costaba adecuarse al bebé y hacía su mayor esfuerzo, su paciencia no era mucha y con Trunks tenía que sacarla de cualquier lado, con tal de no cometer alguna estupidez.

―Entonces no te vestirás―afirmó sin mirarlo, el bebé volteó hacia ella y detuvo sus brincos. Bulma, sabiendo que tenía su atención, se alejó de él y caminó a su armario, sacó las prendas que usaría y volvió a la cama, el atuendo del niño ya había sido elegido antes y ahora estaba todo revuelto por los saltos del bebé.

― ¿Pod que?―preguntó con su vocecita infantil que la llenaba de ternura cada vez que lo oía preguntar algo, pero mantuvo su indiferencia.

―Por qué no dejas de saltar―le contestó― ¿Quieres vestirte?―lo vio asentir y soltó un suspiro, así eran sus momentos juntos, entre "si" "no" "tal vez", el niño era fácil de engañar, era a lo que había recurrido para poder conseguir que le obedeciera, que comiera y durmiera a la hora, engañarlo, hacerlo creer que se salía con la suya, porque ir de modo directo con órdenes con Trunks no funcionaba―deja el pez en la cama y ven―le dijo mientras estiraba su brazo y le pedía la mano. Pero el niño abrazó al pez con fuerza y negó meciendo sus mechones mojados, salpicando gotas de agua en la cama y en el rostro de su madre.

―Mío―demandó frunciéndole el ceño―mío, no de mamá―alegó alzando su vocecita.

―No te lo quitaré―respondió, apoyó su rodilla en el borde de la cama, dispuesta a atajarlo pero ruidos en la puerta la interrumpieron. Eran toques firmes y exigentes, algo fuertes. Bulma frunció el ceño por la aparente urgencia y afirmó su toalla en su cuerpo, buscó su bata que estaba a los pies de la cama pero que ahora por los saltos de Trunks, había caído al suelo. La tomó y sacudió con rapidez.

― ¡Ladgo!―gritó el niño y Bulma mordió su labio inferior al oírlo, eso lo había aprendido de ella, cada vez que iban a buscarla, gritaba un fuerte "Largo" y la dejaban en paz.

No se sintió con moral de regañarlo, después de todo era ella quien le había enseñado de modo indirecto eso, por lo que sin amarrar su bata, se apresuró en ir hasta la puerta donde no dejaban de tocar. Abrió de golpe y parpadeó sorprendida al ver a Liliam jadeando agotada, apoyada en la pared y con una mano en su pecho.

―Liliam… ¿Qué pasa?―preguntó a la consejera de su hermana.

―P-princesa―soltó con la voz entrecortada―vengo por órdenes de la Reina.

―Pasa―habló haciéndose a un lado― ¿Qué es lo que quiere Tights?―preguntó mientras giraba hacia su hijo, frunció el ceño al verlo jugando con la toalla en su cabeza dejando al descubierto su cuerpo gordito. Caminó hasta su hijo y lo atrapó en un abrazo, el niño se quejó entre risas, pero aprovechó de pasar la tela por cada rincón de su piel.

―La Reina me ordenó informarle―comentó mientras cerraba la puerta―que los saiyajin han llegado a la Tierra―los movimientos de la princesa se detuvieron unos segundos, pero continuó con su tarea rápidamente. Liliam frunció sus delgadas cejas, incomoda, no sabiendo muy bien qué palabras usar. Sabía que el tema era delicado, cuando la princesa había llegado al planeta, se había iniciado un arduo proceso de encubrimiento de la información y sólo los más cercanos a la familia real conocían la situación. La población era leal a la corona, más los trabajadores del palacio por lo que la verdad detrás de la princesa estaba segura y ahora que los saiyajin volvían a pisar la Tierra, entendían la importancia de proteger a la princesa y a su hijo, y eran fieles a la causa. Esperó que la joven dijera algo, pero eso no pasó, observó quitarle la toalla al príncipe y restregarla en su cabello―el Rey Vegeta llegó junto a su séquito…

Y el silencio se volvió pesado y tenso. Liliam tragó saliva nerviosa, miró atenta a la princesa que nuevamente detenía sus movimientos. Más esta vez, no parecía reaccionar rápidamente; el bebé abrazó a su madre y balbuceó algo que no comprendió pero ayudó a que la joven reaccionara, sintió su estómago revolverse cuando la vio corresponder al abrazo del príncipe y no querer soltarlo, como si lo contuviera o quisiera protegerlo de algo en la habitación cuando solo estaban ellos tres, pero era consciente de lo que le pasaba a la princesa y qué lo causaba. Se acercó lentamente, midiendo sus pasos y buscando las palabras adecuadas, era una situación delicada y no podía fallarle a la familia Real.

―La Reina ha ordenado doblar la seguridad del Palacio; se dará aviso de inmediato si se ve algún saiyajin en las cercanías y tendrá guardias escoltándolos a ambos.

―B-bien―asintió sin mirarla―muchas gracias, Liliam. Puedes retirarte. ―La consejera se quedó mirándola, luego al príncipe que estiraba su cuellito grueso para poder verla y de paso, mirarla con enojo injustificado. Pero así era el príncipe, a todos les fruncía el ceño y los miraba de mala gana, como el Rey saiyajin, ahora podía pensarlo, ahora que lo conocía. Asintió a la princesa y giró sobre su talón―Liliam…―llamó Bulma antes de que caminara hacia la puerta― ¿Podrías decirle al Rey que me acompañe en el laboratorio?

―Por supuesto, princesa―vio a la mujer salir rápidamente de su habitación y entonces pudo descompensarse sin temor a ser descubierta.

Abrazó con más fuerza a Trunks, besó su frente y contuvo el llanto. No podía perder la calma delante de su hijo, su respiración agitada le estrujaba el pecho y sentía sus ojos arder, luchando por no derramar ninguna lágrima ¿Realmente las cosas serían así? ¿Por qué de todas las reuniones, precisamente la que sería en la Tierra, él asistía? No podía tragar, le costaba respirar y cuando menos se dio cuenta, estaba jadeando de puro miedo. Empezó a temblar, sin soltar al niño, no le importó su pelo mojado o la usencia de pañal, lo único que quería era proteger a su bebé. ¿Y si se iba? Podía irse hasta que el Comité terminara… debía alejarse de la mínima posibilidad de que la descubriera, tenía que ¿Huir? ¿Realmente huiría? Era cuestión de seguridad, se dijo, debía velar por Trunks y ella pero ¿Por qué tenía que escapar de su propio hogar? No se le hacía justo.

―Fio―balbuceó el niño―mamá, fio―entró en sí cuando oyó las quejas del niño, se alejó rápidamente y lo sentó en la cama. Agachó la mirada justo a tiempo, al pestañear se le escaparon un par de lágrimas pero el bebé no lo notó. Se secó los ojos con el dorso de su mano derecha e intentando no pensar en otra cosa que no fuera vestir a su hijo, buscó sus ropas.


(…)


La incomodidad no se iba, por más que pasaban las horas, no podía acostumbrarse a esa sensación molesta que le carcomía por dentro. Era extraño porque todo se le hacía familiar, había algo en el aire que sentía que conocía pero el no poder identificarlo le irritaba y a la vez, seguir atado a algo tan tonto como eso le molestaba. Sus tripas le advertían de algo, algo que definitivamente no era hambre porque acababa de comer, era algo diferente, una sensación familiar que su cuerpo creía ya olvidado pero que al volver a tenerlo tan cerca, podía reconocerlo más no él como tal. Su cuerpo lo reconocía, pero el Rey no lograba clasificar sus sentires y eso lo ponía de más mal humor.

Riander lo observaba desde la cama, la habitación que les habían entregado era elegante y amplia, suplía con las necesidades de ambos y eso le había agradado pero el semblante sombrío y pensativo del Rey la inquietaba. Estaba por oscurecer, y el Rey no paraba de mirar por la ventana, y ella no se perdía detalle de sus reacciones. No sabía si estaba sobre reaccionando, pero a su parecer, Vegeta actuaba más extraño que de costumbre. Giró hasta quedar mirando hacia el techo, el color blanco marfil era pulcro en su totalidad, cada detalle era bien cuidado y minucioso en su habitación, la colchoneta era increíblemente cómoda, mucho más que la suya propia en Vegetasei. Volvió a mirar al Rey, habían pasado solo unos días después de pasar la noche juntos y el sexo se había repetido desde entonces pero para Riander era un logro a medias, sentía que su primo se acostaba con ella por cumplir con sus deberes maritales, no porque realmente lo quisiera. Ya no había rastros de ese adolescente lujurioso y salvaje, sólo un adulto frío y mecánico. De todas formas, le gustaba hacerlo con él, el saber que se acostaba con el saiyajin más fuerte la excitaba y encima Rey, aquello le prometía siempre un buen resultado cuando follaban.

Sonrió maliciosa al pensarlo, y sin dejar de mirarlo, comenzó quitarse su armadura. Quedó completamente desnuda en la cama, y a pesar del ruido que hizo mientras se desvestía, él no volteó hacia ella ni una sola vez. Pero no se desanimó, ya estaba acostumbrándose a esa indiferencia del Rey, por lo que sin pudor comenzó a tocarse. Pronto su respiración se volvió pesada y los gemidos se hicieron presente e inevitablemente llamó la atención de él. Vegeta giró hacia la cama y alzó una ceja, Riander estaba estirada en medio de la colchoneta, con las piernas abiertas, tocándose un seno y con dedos introducidos en su intimidad. Entendió el mensaje, no era tonto, y a pesar de que seguía irritado e incómodo, creyó que liberar estrés follando sería una buena alternativa. Se alejó del ventanal, y sin dejar de mirarla, empezó a quitarse los guantes. Casi por inercia desvió la mirada hacia la alfombra de la entrada, tragó saliva con dificultad al ver a su fantasma estirado en el suelo, jugando con las hebras sueltas del tapiz. Miró a Riander otra vez, y entre la saiyajin desnuda y su fantasma, comprendió que su atención se iba de modo inconsciente hacia la joven que era su perdición. Ignoró su presencia, pero cuando llegó donde la saiyajin y comenzó el juego, sus ojos negros se perdían en la cintura y el cabello suelto de su mujer, y así, nuevamente, folló pensando en ella. Y su estrés no disminuyó ni un poquito.


(…)


Movió la oveja como si se escondiera dentro de las cobijas, y Trunks sacudía al leopardo como si tuviera ataques epilépticos. Ambos vestían su pijama, y jugaban sobre su cama, aunque el niño estaba más concentrado que ella. Se la había pasado todo el día en su laboratorio junto a su hijo y a Jaco, necesitaba apoyo moral y el patrullero era el indicado para hacerla olvidar sus líos emocionales, pero ahora a solas en su cuarto junto a su hijo, nuevamente se hundía en sus pensamientos.

Trunks le quitó la oveja, enojado y le gritó "mío", no lo regañó por gritarle ni por la brusquedad de sus movimientos, abrazó sus piernas y lo miró jugar solo. Había pedido la cena para su cuarto, que más que cena fueron puras golosinas, pero las necesitaba y su hijo rara vez comía chucherías por lo que no le vio lo malo en salirse de su dieta. Y después de toda esa azúcar, era difícil hacer dormir al bebé, no le quedó otra opción que jugar con él. Observaba su tez bronceada, su poco y lacio pelo lavanda, y su semblante fruncido mientras hacía chocar a la oveja y al leopardo, y el miedo la consumía. Sus cejas pobladas y arrugadas le recordaban lo que quería olvidar, él, saber que estaba quizás a solo unos kilómetros de distancia la tenía aterrada, estaba segura que no iba a conciliar su sueño, que nuevamente tendría pesadillas, las que habían vuelto desde que le avisaron que los saiyajin asistirían al Comité, y es que en muchos escenarios se había imaginado un resultado fatal, donde él se enteraba y la obligaba a irse, alejándola de su hijo. Su plan era que bajo ninguna situación él se enterara que Trunks era su hijo, si eso pasaba, su boleto a Vegetasei estaba firmado y no habría ticket con retorno. Sudaba frío de solo pensarlo y su piel se erizaba, tenía ganas de romper en llanto, pero no quería ceder.

Sabía que su miedo e histeria controlada se debía a que él seguía teniendo un poder sobre ella, un control dañino, pero estaba latente; cualquier sentimiento que había nacido en ella para él, había muerto y lo único que sentía era miedo, terror para ser exactos. Su imaginación terminaba en los hipotéticos casos en que tuviera que volver a Vegetasei, pero no lograba ni quería pensar en qué le depararía su vida en esa situación. Conocía lo suficiente a Vegeta para saber que lo que había hecho, él no se lo tomaría bien y tener a Vegeta molesto, nunca era agradable.

― ¿Mamá?―miró a su hijo que había dejado de jugar para mirarla― ¿Duce?―Bulma giró hacia la mesita viendo lo que había quedado de golosinas, volteó hacia el niño y negó, Trunks frunció más el ceño e infló sus mofletes dispuesto a iniciar una rabieta que ya le eran tan familiar y que eran difícil de controlar.

―No quedan, cariño―mintió―te los comiste.

―No―negó poniéndose rojo de rabia―No ¡No!―exclamó poniéndose de pie soltando la oveja con rabia, Bulma supuso que lo que el menor haría sería buscar por su cuenta, abrió los ojos de par en par y alcanzó a sostenerlo para evitar que viera la mesita, iba a regañarlo cuando la puerta se abrió bruscamente y por microsegundos, la joven sintió su corazón detenerse, su estómago pesado y su cuerpo entero estático, pensando que era él. Volvió a respirar cuando vio a su hermana entrar y cerrar la puerta a la brevedad― ¡Tia Tai!―la saludó Trunks, olvidando los dulces.

― ¡Bulma! ¿Por qué sigues aquí?―preguntó preocupada, llegando al lado de ambos― ¿Por qué Trunks sigue despierto?―dijo mirándolo extrañada al mismo tiempo que se sentaba al borde de la cama.

―Comió chatarra―comentó mirándola, estudiando su semblante igual de aterrado que posiblemente tenía ella―no me iré, Tights.

― ¿Pero cómo dices eso? ¡El peor de los casos pasó! Él está aquí ¡Deben irse!―Bulma agachó la mirada, tomó la oveja que su hijo había olvidado y la estudió como si fuera un objeto muy interesante. ― ¡Bulma! ¿Por qué no quieres irte? ¡Estás aterrada! ¿Qué pasa contigo?

―N-no lo sé―se encogió de hombros sin mirarla, Trunks le quitó el juguete de un tirón y le dijo un claro y fuerte "mío", se alejó gateando de ambas y se quedó con el resto de la cama, para él y sus juguetes―no quiero escapar, no tengo porque irme de mi propio hogar.

―Estás aterrada―repitió, inclinándose para poder verla a la cara pero la joven evitó a toda costa sus ojos azules oscuros― ¿Te das cuenta lo que podría pasar si él te ve?

―Escuché que venía con su Reina―comentó girando hacia su hermana― ¿Qué podría pasarme, si su mujer está acompañándolo?

―No se trata de eso, Bulma―insistió―le mentiste, te escapaste de él y… lo engañaste ¿Qué crees que pasará?

―Tights―dijo seria, endureciendo sus rasgos―antes de que llegara aquí, él ya se había casado. Yo no lo engañé, nuestro matrimonio terminó por uno u otro motivo, el punto es que acabó. No tengo porque esconderme.

―Pero Bulma…―susurró angustiada―él es capaz de hacer cualquier cosa. Es impredecible.

―Lo sé―asintió girando hacia Trunks, pero no lo vio en la cama. Lo buscó con la mirada por la habitación hasta que giró hacia el lado opuesto de la cama, detrás de ella, y allí estaba, listo para sacar un chocolate― ¡No!―exclamó molesta por su astucia, se adelantó a los movimientos del niño y sacó todas las golosinas―Te dije que no, Trunks.

― ¡Míos!―chilló rompiendo a llorar. Bulma ignoró su rabieta y le pasó los dulces a su hermana, Tights miró confundida las golosinas sobre su regazo y luego a su hermana, quien se apresuraba en tomar al niño en sus brazos y sentarlo en sus piernas mientras le acariciaba la espalda― ¡Míoooos!―repitió con más pena que rabia, escondiendo el rostro entre el pecho de su madre.

―Tranquilo―susurró, besó su frente y miró a su hermana―tengo miedo, no lo puedo negar. Pero si no enfrento esta situación ahora ¿Cuándo? No puedo vivir siempre así, Tights. No digo que me levante mañana a buscarlo, pero a lo que voy es que no quiero huir ni esconderme. Lo único que me preocupa más, es que se entere que Trunks es su hijo.

―Bulma…―susurró preocupada―se están arriesgando demasiado.

―No pasearé por las salas públicas, me mantendré en las alas privadas del palacio. Tampoco andaré provocando un encuentro con él, pero no quiero andar como una criminal, no del todo al menos…―susurró pensativa, alejó un poco su rostro para poder ver a su hijo que poco a poco disminuía su llanto, lo vio chupándose el dedo y con su mano libre, enredando un mechón de su pelo en su dedo índice. Sonrió conforme, al fin le daba sueño―habla con Raditz, por favor―Tights la miró confundida, iba a hablar pero su hermana continuó―me preocupa que le diga a alguien.

―No dirá nada, está advertido―murmuró, suspiró y se puso de pie sosteniendo las golosinas, agarrándolas contra su cuerpo para no dejarlas caer. Miró a su sobrino que seguía sollozando a pesar de estar medio dormido, sentía un nudo en su garganta de sólo pensar que pudieran arrebatarle a su hermana e hijo. Desechó esa idea y miró a la princesa―estate atenta al móvil, cualquier cosa te avisaré por allí. Doblaré la guardia.

―Sí, gracias―asintió conforme―Tights…―su hermana estaba a punto de caminar cuando la oyó, giró hacia ella atenta, pero la princesa negó meciendo su cabello―olvídalo… descansa.

―Buenas noches―se despidió la rubia, la observó salir y una vez sola, suspiró con fuerza al mismo tiempo que sentía sus mejillas sonrojarse ¿Por qué diablos iba a preguntar por la mujer de él? No tenía importancia, pero al parecer una parte de ella pensó lo contrario, la curiosidad por saber qué tipo de mujer era la Reina saiyajin le jugó en contra, no pudo evitar sentirse avergonzada y molesta consigo misma.

Volvió su atención a su hijo, había dejado de llorar y se había quedado dormido ¡Y sin pedirle pecho! Era todo un logro. Levantó las cobijas de su cama, esta noche tenía la necesidad de tenerlo cerca, quería protegerlo y a la vez, necesitaba sentirse acompañada, Trunks le daba fuerzas, le daba esa energía para mantenerse cuerda, esas ganas por seguir adelante por pura fortaleza mental y emocional, tenía que estar bien por él. Una vez acostado, se acomodó a su lado y apagó la luz de su lámpara, al estirar las cobijas cayeron los juguetes que Trunks se había esmerado por llevar a la cama, el ruido fue molesto pero el niño no despertó. Se acercó al cuerpecito de su pequeño y lo abrazó, pareció que el bebé reconoció el calor de su madre y correspondió su abrazo de forma inmediata. Con el calor de su hijo, la joven poco a poco fue cayendo al sueño, dejando por un momento de lado su miedo y concentrada únicamente en lo agradable que era estar así con su bebé.


(…)


Se quedó mirando la guía que Miles le había entregado, cada reunión y punto a tratar estaba estipulado en el tríptico de papel couché, el horario e incluso sus puestos a ubicarse en el gran salón dentro del palacio. Contuvo el suspiro lleno de decepción que quiso soltar, se levantó pensando ingenuamente que quizá los terrícolas tuvieran un edificio administrativo donde se llevaran a cabo las reuniones y así, no tener que volver a pisar el palacio. Pero ya era tarde, estaban en frente a la gran entrada del castillo y solo podía aparentar calma e indiferencia, cosas que no sentía pero que le servían para cuidar su imagen. Alrededor de Riander y de él, habían otros gobernantes que los miraban con atención, algunos desviaban la mirada rápidamente al verse sorprendidos, otros más valientes y educados, se atrevían a saludarlos.

Hace mucho tiempo que no hacía acto de presencia en ningún evento, ni formal ni festivo, ni siquiera en su planeta, entendía que lo miraran como si fuera un gran fenómeno, pero no podía evitar que la situación lo irritara. Miles les indicó la entrada, y sin decir una palabra, ambos, Reina y Rey, lo siguieron. Al entrar al palacio, contuvo la respiración, como si hubieran rastros de su aroma todavía, después de pensar en lo tonto y patético que estaba actuando, respiró de modo consciente pero con disimulo, frunció su ceño automáticamente y todo su cuerpo se estremeció, con solo inhalar pudo sentir ese toque tan familiar… dulce y delicado, que ella siempre emanaba incluso con todos los perfumes empalagosos que usó. Tenía razón, todavía había rastros de ella incluso en ese desagradable edificio, para su mala suerte.

Se fue refunfuñando, mirando las puntas de sus botas, evitando que alguien viera sus muecas pero le fue imposible disimular ¡Todo parecía una mala broma! De por sí ya le era molesto vivir con ese dolor latente por su partida, que el maldito Comité fuera en la estúpida bola de lodo y que encima, todavía hubieran rastros de ella… era una muy mala jugada del destino, definitivamente no le agradaba a los dioses. Sentía una presión constante en su pecho, aquella sensación familiar que le costaba reconocer y que ahora era tan molesta, se había intensificado y era difícil de ignorar. Levantó la mirada con precaución, como si en cualquier momento apareciera su fantasma haciéndolo sobresaltar, querer pillarlo de sorpresa, pero él quería adelantársele, quería ser él quien diera un paso en frente antes que ella. Tuvo que golpearse mentalmente por la desilusión que sintió al no verla, era curioso, porque sufría cuando la veía y todavía más cuando no, la extrañaba, había iniciado una relación extraña con el fantasma, y así como le pasó con ella, a veces la odiaba y otras la amaba y anhelaba.

Miró con ojo crítico a su alrededor, los pasillos iluminados por amplios vitrales, cortinas finas y coloridas, lámparas colgantes, el tapiz caro que silenciaba sus pisadas… todo sacado de un puto cuento de hadas, recordaba con exactitud que fue eso lo que más detestó de su primera visita, la segunda vez lo ignoró, era más importante dar con ella. Su risa burlesca murió al recordarlo, al recordar lo que vivió con ella, cuando se casaron y cuando se disculpó con ella por primera vez, y juró protegerla. Sintió su cola cosquillear, la presión en su pecho crecer y su cuerpo entero completamente frío, fue como si le hubieran lanzado una cubeta con hielo, su juramento que no pudo cumplir le pesaba cada día desde que la perdió y cada vez que lo recordaba, se sentía más miserable.

Levantó la mirada dispuesto a dejar atrás esos pensamientos, pero perdió el hilo de su motivación e incluso de sus ideas cuando al mirar al frente, se encontró solo. Detuvo el paso, miró hacia atrás y luego otra vez al frente, no había nadie más que él en medio de un pasillo. Frunció el ceño ¿En qué momento se había perdido? Si antes se sentía miserable y patético, a eso le sumó la idiotez. Suspiró fastidiado, de aquí a un tiempo nada le resultaba como debía ser. Sintió rabia consigo mismo y contra Riander y el tonto que los guiaba ¿No deberían estar atentos a él? ¿Cómo lo dejaban a su suerte? Haría el ridículo cuando llegara tarde a la sala, o peor, cuando interrumpiera la reunión después de haber iniciado. Sintió sus mejillas sonrojarse de solo imaginarlo. No sabía por cual camino seguir, ni mucho menos en qué momento siguió de largo y cuando los demás habían doblado, no conocía esa parte del palacio. Nuevamente miró hacia atrás y luego adelante, lo más sensato era devolverse. Buscar a algún guardia o seguir a otro gobernante. «Debería haber un puto mapa en esta mierda» pensó mirando el papel couché entre sus manos enguantadas.

Dio media vuelta y caminó de regreso, dando pasos firmes y a pesar de la intensidad con la que pisaba, el maldito tapiz reducía cualquier ruido. Siguió avanzando, hasta encontrar un cruce de pasillos pero pronto continuó su camino, ignorándolo, no había soldados ni nada que le delatara ser la vía correcta. No alcanzó a avanzar dos metros cuando oyó pisadas, pero extrañas para su oído saiyajin. Detuvo su marcha, y se concentró en oír, las pisadas eran repetitivas, como si el sujeto en cuestión corriera, pero el ruido que hacía parecía ser al chocar contra el azulejo, miró el suelo, comprobando que el tapiz solo cubría el centro del pasillo pero el espacio libre de alfombra no era demasiado. Los sonidos se hicieron más fuertes, tanto que lo hizo voltear hacia atrás y levantar la mirada y entonces lo vio, un niño. Frunció el ceño, ahora esas pisadas calzaban con las de un mocoso y sobre todo, entendía que pudiera pasar por el pequeño espacio del piso libre de tapiz sin problema.

Iba a seguir su camino, pero el mocoso al verlo detuvo su paso y a la vez, llamó su atención. Lo miró con sus cejas arrugadas y ocultó el asombro que sintió al ver que el crío no se asustó por su mirada, se dedicó a estudiarlo. El chiquillo estaba de pie a solo un metro de distancia, parecía venir del pasillo que descartó, era pequeño, medía menos que un metro. Los ojos negros se fijaron en su pelo lila, luego en sus ojos azules, su ceño se arrugó más al verlos. Un azul tan intenso que lo desconcertó y a eso, le sumaba la mirada penetrante que para ser un mocoso, intimidaba bastante, no a él, pero el crío tenía potencial. No sabía de niños, pero estaba seguro que era demasiado pequeño para andar por allí paseándose solo, sin embargo no era su problema, lo miró con desprecio y se dio media vuelta. Antes de dar un paso, oyó al crío correr hacia él, iba a voltear pero fue sorprendido con un golpe en su pantorrilla, alzó ambas cejas y miró perplejo al mocoso. Notó que el niño llevaba en su mano un martillo, y supuso que con eso lo golpeó pero lo que más lo sorprendió fue que lo sintió y encima, que el pequeño demonio se atreviera a tocarlo. Con toda la indignación que sintió en el momento, miró al mocoso, le frunció el ceño y trató de infundirle todo el temor que pudo, pero nuevamente el crío lo sorprendió al mirarlo de la misma forma.

No supo cuando tiempo pasó, antes de poder formular algún regaño, se quedó mirando al crío, ambos igual de molestos y desafiantes. Entrecerró sus ojos, pensando en sus opciones, no podía deshacerse de él así simplemente, era un pequeño diablo que no le importaba en lo más mínimo, no podía perder ni tiempo ni esfuerzo en él, y a la vez, sentía esa necesidad de salir victorioso en esa lucha de miradas. Cuando se dio cuenta de su actuar, se avergonzó profundamente ¿Tan bajo había caído para desafiar a un mocoso? Suspiró resignado y le regaló una última mirada fría, giró sin prestarle más atención pero otro golpe en su pantorrilla lo detuvo.

― ¡¿Qué demonios te pasa, mocoso de mierda?!―gritó volteando bruscamente hacia él. El chiquillo retrocedió pero sin bajar su mano con el martillo, frunció el ceño y a pesar de mirarlo con odio, no pudo negar que le fue curioso que con una sola mano alzara la herramienta, más allá de sus intentos de amenaza, el crío era un completo misterio para el Rey.

El bebé movió el martillo de lado a lado, amenazante, Vegeta alzó una ceja mirándolo con extrañeza, parecía que el chiquillo tenía nulo sentido común y no podía sentir el peligro que corría al estar molestándolo, tenía entendido que los animales tenían ese instinto y creyó que los niños también, pero no era su área ni le interesaba, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando lo vio impulsarse hacia él, con todas las intenciones de golpearlo otra vez, y en su defensa, su pierna seleccionada para el golpe, la hizo hacia atrás esquivando el martillazo.

― ¡Nooo!―exclamó el bebé, sorprendiéndolo, pero no se rindió, iba dispuesto a hacerle daño pero el chillido agudo que se oyó no muy lejos de ambos, los desconcentró. Tanto el saiyajin como el bebé giraron hacia atrás para ver a Jaco, con las manos en su rostro y exclamando dramáticamente en medio del cruce de pasillos.

― ¡Trunks, no!―chilló angustiado y corrió hacia ellos, el niño le frunció el ceño al patrullero y lo ignoró, volteó nuevamente hacia el Rey e intentó volver a pegarle, pero Vegeta no dejaba de mirar al ser morado, que reconoció al instante. Salió de su trance cuando la punta del martillo le golpeó en la rodilla, haciéndolo sobresaltar.

― ¡Mocoso de mierda, yo lo mato!―se quejó perdiendo la paciencia. Jaco llegó junto a ellos y alcanzó a agarrar al bebé entre sus brazos, con una mano sujetar el martillo, alejándolo de la víctima del príncipe, el saiyajin.

―Disculpe al niño―pidió entre suplicas sin soltar al bebé―no sabe lo que ha―sus palabras fueron interrumpidas por el impulso que Trunks hizo al tirarse hacia delante, para alcanzar al Rey con su martillo―Trunks, basta―sollozó asustado.

―Cría bien al pendejo de mierda―escupió con sorna, antes de seguir, volvió a mirar al niño, que al igual que él, no dejaba de mirarlo. Azul y negro se enfrentaron a la distancia, una rivalidad peculiar para el Rey, quien nunca había tratado con niños ni mucho menos imaginó que resultaría así. Le regaló una última mirada de desprecio al patrullero y al diablito, se dio media vuelta y siguió su camino.

El Rey terrícola suspiró aliviado, vio su vida en un segundo, no recordaba lo terrorífico que era estar cerca del saiyajin, tomó en brazos al niño que no dejaba de mirar hacia el Rey, parpadeó confundido y lo imitó, entonces notó que lo que miraba era la capa escarlata sacudirse al ritmo de los pasos del saiyajin. Alzó una ceja y le quitó el martillo, el niño gritó un fuerte "No" y sin darle en el gusto, caminó de regreso. Vegeta volteó hacia atrás al oír el grito del chiquillo, bufó indignado y continuó su marcha.

Para su suerte, cuando llegó a la enorme aula magna, la reunión aun no empezaba. Tuvo que seguir a un tipo alto, de túnica blanca y cabello largo, liso de color platinado, para poder dar con la sala. No le costó encontrar a Riander, sintió como los murmullos de algunos presentes se detenían cuando pasaba al lado de ellos; todos los ojos de la habitación estaban en él y no podía evitar sentirse perseguido al pensar que lo miraban por ser el ex esposo de la princesa de la Tierra. En ningún momento pasó por su cabeza que lo estudiaban por ser el guerrero más fuerte del que se tenía conocimiento, aquél que había derrotado a Freezer, no, todo lo relacionaba con ella.

Se sentó junto a Riander, la Reina no lo miró ni habló, intentando disimular que estaba igual de curiosa que el resto por saber dónde había estado, por qué había tardado en llegar. No supo en qué momento se alejó, tuvo que llegar sola al aula y hacer uso de su fuerte personalidad para enfrentar las miradas perspicaces de los presentes. Después de la llegada del Rey, no pasaron más de diez minutos para que la Reina terrícola llegara. La saiyajin la miró de pies a cabeza, fijándose en el vestido que usaba y como se adhería a su cuerpo esbelto, cada humana que había visto las había encontrado aceptables, pero la rubia tenía otro nivel de belleza y elegancia y eso la quemaba por dentro, muchas veces oyó que la hermana menor de la Reina era más hermosa, se moría de ganas por saber qué clase de mujer había estado con Vegeta, necesitaba explicaciones a su comportamiento, quería entender qué tan maravillosa era como para hacerlo cambiar tanto.

Los miembros del Comité guardaron silencio cuando la joven Reina subió al estrado y se paró en frente de un pequeño pero potente micrófono. Tights esperó que el silencio fuera adecuado y habló, con su elocuencia propia y voz fluida, demostrando lo bien preparada que estaba para ello. Era primera vez desde que su planeta se había inscrito en el Comité de relaciones Interplanetarias, que les tocaba ser los anfitriones, tenían que estar a la altura y sobre todo, demostrar su grandeza en todos los aspectos, que ningún detalle opacara la jornada. Les dio la bienvenida a todos los miembros, comenzó dando una pequeña introducción de su planeta, agradeciendo la oportunidad y esperando que la estadía fuera acogedora para todos. A su espalda, comenzó una presentación holográfica, señalando cada punto del que estaba hablando pero que ella no necesitó voltear para respaldarse, se sabía de memoria el discurso.

Mientras la Reina daba la charla de bienvenida, les mostraba los puntos a tocar para los siguientes días, el contenido programado, el horario e incluso los recesos, pero Vegeta no prestaba atención. No porque no le interesara-un poco-más bien porque no lograba concentrarse, la sensación extraña que lo atormentaba había vuelto con más insistencia desde que entró al castillo, lo olvidó por un momento cuando se encontró con el pequeño diablo, pero ahora ya superado el tema del chiquillo malcriado, la sensación se había hecho más molesta, como si de golpe hubiera vuelto. Más que soportar ese malestar, lo que lo incomodaba era reconocerlo de algún lado pero no poder identificarlo, el desconocimiento lo enojaba más que sentir aquello, estaba acostumbrado a soportar toda frecuencia fastidiosa desde que la conoció, una más, una menos, no era un real problema para el saiyajin.

Cuando menos lo esperó, oyó aplausos a su alrededor, frunció el ceño al mirar hacia ambos lados, volvió al frente y notó que la Reina asentía a su público, entonces supuso que su discurso había terminado y no había escuchado ni una puta palabra. Contuvo el suspiro de rabia, fue viendo como algunos gobernantes se ponían de pie incluso Riander, entonces entendió que la jornada, del al menos hoy, era por mera bienvenida. Imitó a la saiyajin, notó en su puesto una carpeta que antes no había visto, miró nuevamente a su alrededor, vio a varios sosteniendo una carpeta similar y algunos revisándola, la tomó sin pensarlo más y comenzó a bajar por las gradas. No sabía si era cosa suya, pero desde que había entrado al aula que se sentía observado, más no quiso prestar atención y siguió caminando con la misma actitud de siempre.

― ¿Volvemos al hotel?―le preguntó Riander, asintió sin mirarla al mismo tiempo que salían de la sala, antes de poder doblar hacia la salida, fue atajado desde su brazo. Abrió los ojos de par en par, sacudió su brazo con rapidez y giró hacia su izquierda, completamente sorprendido. Alzó ambas cejas al ver a la mujer rubia, quien se acariciaba la mano por el movimiento brusco en que se alejó de ella.

―Auch―se quejó la mujer mientras mimaba el dorso de su mano―lamento haberlo sorprendido―carcajeó con su voz melodiosa, y Vegeta no pudo evitar fruncirle el ceño a la madre de la Reina. La saiyajin a su lado la quedó mirando confundida, entre la humana y el Rey, no entendía la situación ni conocía a la mujer, pero le era extraña esa osadía con la que la mujer había llamado la atención de su primo―pero parecías tan pensativo que no creí que me oyeras.

― ¿Qué quiere?―preguntó molesto, con su tono de voz golpeado y su ceño arrugado, sus labios fruncidos hacia abajo, demostrando su mal humor.

―Estás muy guapo, príncipe Vegeta ¡Rey! Perdón, mi error―se disculpó cubriendo su boca sin dejar de reír―tú debes ser su esposa ¿Riander?―preguntó mirando a la saiyajin, la Reina, al verse por fin tomada en cuenta, le sonrió orgullosa y asintió―eres muy hermosa, espero que tengan un matrimonio feliz―Vegeta sentía una vena palpitar en su sien, no creía poder contenerse más y soportar las palabras ni el tono de voz de la fastidiosa señora. Quiso seguir caminando, pero nuevamente fue atajado por la mano de la ex Reina. Esta vez fue más considerado para quitarle su brazo y alejarse de su agarre, era una señora de la edad de su madre y que a pesar de ser molesta y entrometida, no merecía ser tratada con violencia.

― ¿Qué?―preguntó girando hacia ella, mirándola visiblemente enojado. Pero la mujer no se daba por aludida y lo miró con una sonrisa boba en su rostro.

― ¿Piensan hacer algo?―preguntó mirándolos, sin dejar de sonreírles―quería invitarlos a almorzar con nosotros.

― ¿Por qué?―preguntó sin pensarlo, estudiando fijamente a la mujer risueña. Riander por su parte, frunció el ceño a la invitación, no conocía a la extraña y por el trato que tenía con el Rey, podía suponer que había una historia detrás y estar excluida de ello le molestaba.

―Fuiste un miembro de mi familia―le respondió sonriendo―es lo mínimo que puedo ofrecerte.

Sintió que su cara se había estirado por la sorpresa, como sus rasgos cayeron desde el desconcierto hasta la indignación, Riander mordió su labio inferior, buscando la calma que no sentía al oír la declaración de la humana. Al entender que era la madre de la ex mujer de Vegeta, comenzó a estudiarla tal como lo hizo con la Reina Tights, a la conclusión que llegó fue que la genética de la realeza humana era bastante llamativa, no quiso reconocer que eran afortunadas.

Vegeta por su parte, no pudo responder. Se quedó de pie, estático, mirando a la madre de ella, pensando en sus palabras. Llamó su atención la poca tristeza con la que la señora se expresaba, como si ya hubiera superado la muerte de su hija menor, y ¿Por qué no? Él era el único imbécil que seguía pegado a un capítulo tan antiguo e irremediable.

―Entiendo si no quieres ir―siguió hablando la ex Reina, mirándolo con comprensión que Vegeta no logró captar en el momento―debe ser difícil para ti estar aquí otra vez, y comer en nuestra mesa. Tantos recuerdos…―y fue allí que entendió su mirada, fue allí que percibió su lastima y lo hizo arder de furia. Se sintió pasado a llevar con esas simples palabras y mirada burlesca-a su parecer-no fue sólo que lo que decía era verdad, la furia emergió al pensar que se le notaba, que su vulnerabilidad estaba expuesta y todos la habían visto.

―No es un problema―se obligó a responder, en contra de su deseos, conteniendo las ganas de gritar, hacer estallar algo y huir. Tragó saliva con dificultad, perdiéndose la amplia sonrisa de la madre de la Reina, perdiéndose de la sorpresa con la que Riander lo miró. Sabía que lidiar con todo lo que la mujer había dicho le sería difícil, pero no podía permitir que su orgullo se viera manchado por esas tonterías, no quería dar rienda suelta a ese tipo de pensamientos, alimentarlos ni mucho menos que surgieran otros más perjudiciales que esos.

Desde la perspectiva de Riander, Vegeta estaba aceptando una invitación con la que no tenía ningún compromiso real, que no le debía respeto ni mucho menos consideración y el hacerlo, hablaba más que su indiferencia. Tal vez era intuición femenina, pero la saiyajin consideraba que todo lo relacionado a la humana, era un traspié importante, que no debía restarle importancia porque para Vegeta era más profundo que eso. Si al menos pudiera meterse en la mente de su primo, si al menos él fuera sincero o más expresivo, no estaría pensando ni viendo amenazas en donde no la había, porque ella estaba allí con él, era su mujer y pronto sería la madre de sus hijos, la humana era polvo espacial, no era ningún peligro para su estatus.

―Madre―la voz delicada pero firme de la Reina los interrumpió, tanto los saiyajin como la aludida voltearon hacia Tights, quien los miraba seria desde el umbral del aula, como si interrumpieran el paso. Los rasgos de la joven Reina estaban fríos como un tempano, sus cejas rectas e inmutables, sus labios en una línea escueta y sus ojos fijos en su progenitora― ¿Qué estás haciendo?―preguntó pausadamente, haciendo énfasis en su pregunta.

―Oh cariño―exclamó fingiendo inocencia―oí tu discurso, te luciste allí. Estabas esplendida―soltó con la mano en su pecho, como si intentara controlar el orgullo que sentía. Pero Tights no era tonta, no se dejó embaucar en adulaciones y no quitó sus ojos azules oscuros de los claros de su madre.

―Madre―repitió con tono severo― ¿Qué estás haciendo aquí?

―Nos invitó a comer con ustedes―se adelantó Riander en responder, curiosa por la actitud esquiva de la antes cordial anfitriona.

―Los invitaste…a comer―repitió mirándola fijamente, la mujer rio sin culpas ni nerviosismos, como si lo que acababa de hacer fuera lo más sensato y esperable.

―Por supuesto―asintió la señora―ahora, vengan. Hemos preparado un banquete digno de ustedes. Ya que son tres saiyajin que tendremos en la mesa, Raditz siempre nos acompaña… ¿Recuerda a Raditz, Rey Vegeta? El saiyajin alto y…―se fue transmitiendo, mientras los guiaba hacia el lado derecho del palacio, adentrándolos en vez de dejarlos salir, como habían pensado al principio la pareja.

Riander no se perdió de la reacción de la Reina, fue notoria su incomodidad y oposición a lo que hacía su madre, pero algo le advertía de que era más profundo que eso. Siguió a la señora rubia de cerca, al igual que Vegeta, pero éste último no iba pendiente de lo que la loca mujer hablaba. Iba en piloto automático, pensativo y ausente.

Tights esperó que se alejaran lo suficiente para tomar su móvil personal y con velocidad magistral, tecleó a su hermana menor avisándole de la situación, rogándole que no se apareciera a almorzar. Sentía su corazón latirle a mil por hora, envió el mensaje y trató de aparentar calma, cosa que no sentía, pero las apariencias debían mantenerse y nada podía alterar la jornada. Apresuró el paso y siguió a su madre junto a la pareja de saiyajin, le enviaba dagas con los ojos a su madre, no entendía cómo había hecho semejante tontería, lo que menos necesitaban era adentrar al Rey Vegeta en las salas personales del palacio, todo lo contrario, mientras antes saliera de su hogar, mejor. Pero su madre parecía ser la única en su sano juicio que pensaba todo lo contrario, que quizá ni siquiera estaba pensando con claridad y no entendía lo peligroso que era. Rápidamente desechó esa idea, y a su cabeza vinieron cada platica que tuvo con la mujer sobre Bulma y Trunks, sobre el error de esconder al niño del Rey… y las fichas calzaron. Sintió sus tripas revolverse y tuvo que cubrir su boca para no vomitar, palabras o su desayuno, porque las ganas de insultar a su propia madre se la comían viva.

El trayecto al comedor principal no fue largo, pero para la Reina fue eterno e incómodo. Entraron al salón, donde los puestos ya estaban listos sobre la larga mesa y Tights supo reconocer el puesto de su hermana y el de su sobrino, sudó frío al verlo, giró con rapidez hacia el Rey Vegeta, pero el saiyajin parecía más atento a la comida que se exhibía en medio de la mesa y a los presentes. Su padre miró confundido la escena, y trató que con una sola mirada de desprecio a su madre, comprendiera la situación. Raditz al ver al Rey, se arrodilló y saludó según el protocolo. Le molestó verlo así, pero era lo que correspondía, su pareja no era más que un soldado desertor y aun así le debía lealtad al su pueblo y su Rey. Miró su móvil antes de sentarse, ajena a la plática que comenzaba en el salón, más preocupada de la respuesta de su hermanita.


(…)


Bulma movió el núcleo gélido cerca de su oreja para poder escuchar si alguna pieza estaba suelta, frunció el ceño, atenta, más nada oyó. Se encogió de hombros y lo hizo a un lado, continuó con la caja de cables pero la puerta se abrió rápidamente, haciéndola brincar de susto. Sabía que era Jaco, sólo él tenía la clave de acceso a su laboratorio personal ya que le llevaba a su hijo cuando estaba muy mañoso y no podía lidiar con él, por lo que fue fácil suponer que por eso estaba allí. Giró hacia la puerta al mismo tiempo que soltaba la caja y levantaba sus lentes de seguridad y los dejaba sobre su cabeza, algunos mechones de su flequillo se recogieron junto con la banda, pero no le dio importancia. Alzó una ceja al verlos entrar, Trunks venía reclamándole al patrullero a pesar de llevar sus manos ocupadas con una cucharita y un bote de helado, mientras que Jaco venía con una mano en su pecho-como cuando dramatizaba su vida, y se compadecía de él mismo-y con la otra su martillo. Alzó ambas cejas y parpadeó confundida.

―Oye… ¿Por qué te llevaste mi martillo?―preguntó confundida, su hijo caminó hasta ella y se apoyó en una de sus espinillas, ya que al estar sentada en un piso alto, no pudo escalarla para sentarse en su regazo como solía hacerlo.

―Fue Trunks―jadeó cansado―no vas a creer lo que nos pasó…

― ¿Qué…?―fue casi instinto, ver su rostro petrificado y visiblemente afectado la alertó, sintió su vientre tensarse y su pecho comprimirse, miró atenta al patrullero que no paraba de respirar agitado, como si hubiera corrido para llegar al laboratorio.

―Él lo vio―dijo Jaco, sin mirarla― ¡Él lo vio!―exclamó alterado, girando hacia ella mientras alzaba sus manos con dramatismo. Bulma no necesitó preguntar de quien hablaba, todo en el patrullero le gritaba que se refería a un ser desagradable y temido, y solo conocía a una persona con esas características.

― ¿Cómo? ¿Qué pasó? ¿Vio a Trunks?―preguntó angustiada, su corazón latía con tal ímpetu que dolía, pero no podía darse tiempo ni le interesaba en ese momento, de calmarlo, de calmarse. Ver a Jaco así de alterado le producía pánico.

―Sí… se me escapó mientras lo llevaba por helado y cuando lo encontré, estaba con él―dijo con su voz ahogada, la princesa cerró sus ojos llamando a la calma, sentía que todo a su alrededor daba vueltas ¿El primer día y veía a su hijo? ¿Por qué tenía tan mala suerte?―llegué justo a tiempo, Trunks lo amenazaba con el martillo, aunque le pegó de todas formas.

―Por dios…―susurró volviendo a verlo, buscó a su hijo con la mirada, intentando asegurarse de que estaba sano, que no tenía hematomas o algún rasguño después de aquél fatídico encuentro.

―No alcanzó a hacerle nada… tranquila―murmuró Jaco, adivinando sus pensamientos―Trunks estaba furioso con él, fue extraño―murmuró mirando al niño que había lanzado el bote de helado vacío al suelo y recorría el laboratorio como si fuera su jardín infantil. ―Creo que no deberías salir de aquí. Quédate en el laboratorio o en tu cuarto.

Bulma iba a responder cuando un fuerte estruendo los interrumpió, ambos miraron hacia el ruido y alcanzaron a ver el móvil de la princesa caer al suelo hecho añicos, la joven suspiró rendida, con sus cejas encogidas y una mueca de resignación, buscó a Trunks, quien estaba arriba de la silla de su escritorio, con una mano apoyada en el mesón y la otra todavía en altura, delatándolo.

―Es el tercero en este mes―murmuró la joven. Volteó hacia Jaco cuando lo oyó suspirar y girar hacia la puerta― ¿Te vas?―preguntó angustiada y antes de que el patrullero pudiera responder, volvió a hablar―no me dejes sola…

―E-está bien―respondió sorprendido. Bulma no solía demostrar algo que no fuera enojo e inconformidad, ver el miedo y la necesidad de compañía era algo nuevo, pero la entendía. Desde que se habían enterado que el Rey saiyajin había aterrizado que la joven era una gelatina viviente.

Bulma pasó un par de horas más revisando unos proyectos que habían durado muy poco en funcionamiento, mientras que Jaco entretenía al príncipe con algunos bloques de colores, que armaba y el niño derrumbaba. Cuando Trunks comenzó a quejarse por todo, a lanzar y romper cosas, comprendieron que debían salir, el niño tenía hambre y no pararía hasta almorzar y tomar una siesta. Bulma miró la hora en su reloj de pulsera, asintió conforme al comprobar que habían pasado solo unos diez minutos desde la hora formal en que se servía el almuerzo, su hijo era como un reloj, con su horario ya establecido, iba asimilando su comportamiento con cada comida o momento del día.

Salieron los tres del laboratorio, con Trunks en brazos de su madre caminaron con calma por los pasillos, Jaco se aseguró de comprobar para ella al revisar el itinerario del Comité, que la primera reunión ya había terminado por ende, no había riesgos con ir a comer todos juntos al comedor principal. Pero para la joven no fue suficiente, sentía un nudo en el estómago y si había recordado que debía comer se debía únicamente a su hijo, porque ella no tenía ni una pizca de apetito desde que supo que él estaba en la Tierra. Tenía miedo, mucho, mientras caminaba no oía lo que su amigo hablaba, tragaba saliva con dificultad por el nudo en su garganta que la amenazaba con perder la calma en cualquier momento y romper en llanto, tenía frío constantemente, a pesar de que el clima fuera del castillo era cálido y que en interior el aire acondicionado fuera el adecuado.

Al llegar al comedor, Jaco entró primero, ella ingresó mirando el suelo por unos segundos hasta que levantó la vista y se congeló en el umbral. Por unos segundos su corazón se detuvo, no fue consciente que su hijo al ver la mesa y la comida lista se desesperó en su abrazo y exigió bajarse, y que ella se agachó lo suficiente para permitírselo. Entreabrió su boca de modo inconsciente, sus ojos zafiro miraban a su padre, madre, hermana que al verla, había cubierto su boca, mirándola aterrada, a Raditz que quieto, miraba la escena. Jaco se detuvo a mitad de camino al ver a los invitados, haciendo que todos en la mesa voltearan hacia ellos. Trunks corrió hasta su abuela, quien lo recibió con un abrazo y antes de sentarlo en su sillita, levantó la mirada hacia ella y habló.

―Hija, ¿Qué haces allí parada? Ven a sentarte―se sintió desnuda automáticamente, expuesta, vulnerable y pequeña. Todo por verse sorprendida de repente por culpa del llamado de su madre.

Sus ojos viraron de inmediato hacia él, quien al igual que ella, la observaba boquiabierto y mudo, como si solo existieran ambos en el salón. Sintió que todo daba vueltas, que si hablaba, vomitaría su corazón. La risa infantil de Trunks se oyó haciéndola brincar, quien reía en brazos de su abuela y después de eso, silencio.

El silencio reinó en el salón.

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N/A: Creí que actualizaría la otra semana, pero anoche me quedé hasta pasadas las 3 am terminando el capítulo, estaba inspirada. Las fichas están en el tablero, justo para que se enfrente, pero bueno, eso pasara en el tercer cap oficialmente, porque de esta ni Bulma se arranca ni Vegeta lo deja pasar. El próximo cap será puro vegebul. Me emociona esta historia, tengo tanto preparado que igual me inspira pero a la vez me pone ansiosa. Quizás eso me juega en contra a la hora de avanzar otras historias, a diferencia de GTC, esta secuela me gusta más.

Gracias a quienes dejan rw, quedo atenta a sus opiniones!

*La imagen de Trunks amenazando a Vegeta con un martillo la tengo hace meses! espero que se haya entendido xD averigüe sobre el comportamiento de niños de 24 meses, y con eso pude ir armando la personalidad del enano pero igual, consideré que está más avanzado para su edad (para algunas cosas porque no ha dejado los pañales xD es mamón)

En fin, gracias y nos leemos.

Buen fin de semana a todos!