Capítulo 4

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Hijo

Su cerebro trabajó rápido. No necesitó muchos minutos para darse cuenta que estaba en el peor escenario, no quiso voltear... no quiso hacerle frente, al menos por unos segundos más, tenía que buscar una excusa lo suficientemente creíble para el saiyajin furioso que tenía detrás. Tenía muy presente que no podía revelarle que era su hijo pero ¿Se lo creería? Ese era su temor, que Vegeta fuese lo suficientemente astuto para darse cuenta que le mentía. Había trabajado mucho, se dijo, en ser una buena mentirosa. Era ahora que debía usar todas sus herramientas para que fuese una actuación sublime. Por su hijo, por ella. Debía hacerlo.

Debía reaccionar, debía mentir. Debía sobrevivir. Estaba por cambiar todo, no quiso pensar en que aquella situación se pudo evitar si tan sólo hubiera escuchado a su hermana mayor, no era el momento de lamentarse, debía actuar. Debía proteger a su hijo de él. Sentía su corazón latir a mil por hora, era un manojo de nervios y creía que en cualquier momento se desmayaría pero no podía flaquear, no podía caer. Necesitaba fuerzas, suplicaba internamente por fuerzas pero no las encontraba. El calor de la mejilla de su hijo la hizo volver en sí, Trunks restregó su carita infantil en su cuerpo, buscando cobijo. Suspiró profundamente, botando toda la inseguridad y el miedo. Miró en dirección hacia la puerta, donde su madre seguía de pie mirándola con pánico, como si recién se diera cuenta del error que había cometido. Tragó saliva, el trago le supo amargo y en vez de humedecer su garganta, sintió como el ardor se abría paso mientas el líquido bajaba.

Mientras los segundos pasaban eternos para la joven, el saiyajin sentía que todo estaba detenido. No pensaba, sólo podía observar a la que una vez fue su mujer-porque ahora ya no sabía quien era esa persona que tenía a unos metros de distancia-estaba de pie sin mover un músculo, mirando como la princesa protegía al crío con su tierno abrazo. Y lo envidió. Lo odió. Quiso derramar sangre y había encontrado su víctima. De pronto, su instinto se hizo presente, sentía sus venas arder, su sien palpitar y su ojo izquierdo tiritar. Sintió la profunda necesidad de abalanzarse en contra de ese pequeño intruso y hacerlo desaparecer si lo que creía era la verdad. Estaba a punto de estallar si ella no hablaba, si no le daba una buena explicación. «¿Qué explicación puede darme? Está claro...» pensó, con una mezcla de derrota y furia latente.

―Habla―ladró impaciente. Su corazón latía deprisa, ansioso y con una pizca de esperanza. No podía evitar querer que la respuesta fuese otra, pero su bestia se lo susurraba, le hacía mirar esa cabeza lila y le cuchicheaba miles de explicaciones en donde cada una era peor que la anterior y su ilusión se desvanecía poco a poco.

―Es mi hijo―la oyó decir bajito, «¿Y tú altanería? ¿Dónde está tu valentía ahora?» pensó, mirándola extrañado.

― ¿Tú... Tú hijo? ―preguntó, haciendo énfasis en "Tú". Su corazón no podía later más deprisa, sentía que el sudor frío recorría su espalda y lo hacía temblar. Hace unos segundos se moría por conocer la respuesta y ahora, ahora que la estaba oyendo y que podía inferir una explicación que no le gustaba, ya no quería escucharla. No quería oír más, no creía poder soportarlo.

―Sí. Es mi hijo―volteó hacia él al mismo tiempo que se reincorporaba con el niño en brazos, posó su mano sobre su cabecita a pegándolo a su pecho, evitando que viera su rostro.

―No―lo vio negar. Bulma sintió una punzada en su vientre, podía ver la incredulidad dibujada en sus rasgos, y creía entender el porqué. Él siempre fue posesivo, si hace sólo unos minutos quería llevársela de vuelta a su planeta, enterarse que tenía un hijo cambiaba su panorama. Si estaba leyendo entre líneas, si le estaba siguiendo sus intenciones, había entendido que el niño sólo era de ella. Y eso lo estaba descompensando.

Lo conocía, sabía en el embrollo que se estaba metiendo pero prefería eso que asumir su condición. Si reconocía que él era el padre, su pasaje a Vegetasei estaba asegurado con solo "Ida", no habría retorno y lo peor era que su bebé crecería para ser como él. Y eso no lo podía permitir, podía acceder a irse con él en contra de su voluntad pero a Trunks no lo sometería a ese calvario, lo había decidido hace mucho. Se puso tantas veces en infinitos escenarios, lo había imaginado muchas veces y era la alternativa más sana para su hijo. Si... ella podía volver a ese infierno pero Trunks nunca lo conocería y con eso estaba conforme.

Vegeta nunca se llevaría un hijo ajeno, lo sabía. Pero empezaba a dudar, sus ojos negros impávidos la estaban llenando de miedo. Estaba segura que Trunks podía salir ileso, pero no pensó en lo que le afectaría al saiyajin el saber que había tenido un hijo de otro hombre, «Su orgullo... su orgullo de hombre está herido» se respondió y todo encajó para la joven. Los saiyajin eran una especie machista, violenta y orgullosa, y Vegeta era la encarnación de todo eso. Para un hombre como él, saber que su antigua mujer estuvo con otro debía ser un golpe a su masculinidad, lo vivió cuando estuvo con él. Las tantas escenas de celos y lo posesivo que era, lo recordaba bien para su mala suerte. Y entonces la inseguridad se abrió camino con fuerza. Su idea ya no le pareció tan buena. El Rey podía reaccionar de cualquier forma, ya no estaba en sus predicciones. Se sentía frente a un abismo, estaba frente a un hombre violento, infinitamente fuerte y rencoroso, que estaba herido. Una ecuación que podía tener un impredecible resultado, ya no sabía qué esperar y eso le aterraba.

―Tiene un año―murmuró, esperando que con esa información él entendiera la situación. Ya había empezado con su actuación, no podía detenerse ahora.

―Estás mintiéndome―susurró él, negando sin dejar de mirarla.

No quería creer. Tenía muchos motivos para no hacerlo, si lo que decía era cierto... ella había, ella lo había traicionado en muchos sentidos y no lo podía creer. No, en ninguna parte de su cabeza esa explicación tenía cabida. Pensarla e imaginarla con otro hombre no se lo esperaba ni en su peor pesadilla. Tragó en seco, miró al mocoso y se dijo-su bestia se lo dijo-que al final, estaba viendo el resultado de lo que no quería creer. Sus ojos negros se fueron llenando de rencor mientras miraba al engendro-cada vez se le ocurrían más sinónimos para referirse al crío que le había arrebatado su cordura-eso, "eso" que miraba sin poder asumirlo, se acurrucaba en los brazos que alguna vez lo cubrieron, disfrutaba del calor que era suyo, el crío tenía lo que él añoraba con todas sus fuerzas.

El amor de Bulma.

Lo podía ver, no necesitaba compartir más minutos con ella y el niño para entenderlo. Bulma moría y vivía por el crío, en ese simple abrazo que seguramente tantas veces lo cobijó, podía ver el amor y conexión que tenían, la complicidad que transmitían lo hacía sentir fuera de lugar. Sólo eran ellos dos, no había espacio para él. Bulma tenía las puertas cerradas para él y ahora entendía porqué. Entendió también, el porqué lucía tan diferente. Bulma ya no era su mujercita, era una mujer. Era madre y él no la había hecho mujer, fue otro. Él no había participado en el cambio más importante de su vida y eso lo tenía desdichado. No había otra palabra para definirlo, sus vidas habían cambiado y habían seguido direcciones muy diferentes y sentía, en lo profundo de su ser, que ya no había espacio para él y no podía concebir esa idea. En menos de una hora todo lo que había sentido desde su muerte había dado un vuelco que no podía procesar y ahora, la revelación de que ella no sólo había seguido su vida sino que había hecho su vida, lo destruía por dentro.

Lo había traicionado en tantos ámbitos, se sentía humillado y dolido, cada bocanada de aire que daba era mecánica, siempre pensó que con su muerte él se había ido con ella pero ahora, Bulma estaba viva y él, él seguía en el fondo de un pozo, pudriéndose y llenándose de mierda que no lo dejaba avanzar. Sentía que todo lo poco que había progresado en las últimas semanas se había ido a la mierda con todo lo que estaba viviendo ahora. Ella estaba viva, lo dejó y había continuado, tenía un hijo y no lo quería.

«Nunca te quiso... recuerda. Su llanto, sus pataletas, sus quejas cada vez que la intentabas tocar cuando la conociste. Con el tiempo te dejó hacerlo porque le convenía. Es una zorra sin sentimientos que sólo te utilizó, y caíste. Caíste en sus redes y ya no puedes salir. Destruye, destruye lo que te tiene mal... no puedes permitir que te humillen así.» le susurró una voz maliciosa en su cabeza, ah... la conocía. Era su bestia más mordaz que nunca, el veneno que despotricó le carcomía la carne y empezaba a coincidir con él. Se sentía usado en muchos aspectos y no lo merecía. La cuidó, la amó. Le dio lo que quiso... hizo cosas que por nadie había hecho y ¿Qué obtenía a cambio? abandono y traición. Humillación y culpas que no merecía.

― ¿Cómo pudiste? ―preguntó sin hacerlo realmente. Soltó sin esperar una respuesta, intentaba entender. Quería entender cómo permitió que ella lo destruyera, trataba de buscar una explicación que lo hiciera sentir menos imbécil por caer en toda su mierda. Buscaba una respuesta con la cual defenderse, pero no hallaba ninguna. No había excusas para su comportamiento, había actuado como un imbécil al enamorarse de ella y al sufrir por ella. Ahora comprendía porqué su raza no se relacionaba con sentimientos, no servían. No tenían ninguna otra utilidad que destruirse así mismos. Y él, como el Rey de su especie había cedido a lo que siempre le inculcaron no hacer, había sido criado para ser un líder fuerte e indestructible y era una farsa. ¿Qué sacaba con ser el más fuerte del universo si una simple hembra lo había derrotado sin siquiera un golpe? ¿Cómo podía volver a ser el de antes después de conocerla? ¿Cómo la sacaba de su mente? ¿Qué tenía que hacer para recuperar su orgullo? ¿Cómo podía continuar... después de tantas humillaciones?

―Continuamos nuestras vidas―respondió ella, besó la cabeza de su hijo y siguió―sé que hice mal al no volver―asumió sin mirarlo―sé que con unas disculpas no quedarás conforme. Pero... no es bueno que sigamos dándole vueltas a esa historia.

―Historia... ―repitió al oírla. Dejar de darle vueltas a esa historia para ella parecía sencillo ¿Por qué para él no lo era? había obrado mal en el pasado y lo habían hechizado o los dioses le odiaban, eso creía, porque no encontraba otra razón para merecer todo lo que estaba viviendo ahora.

―Ambos seguimos―Vegeta frunció el ceño, pero no por enojo como ella pensó al verlo, sino por mera vergüenza. Ella era la única que había avanzado, él seguía estancado en la miseria―creo que deberías bajar con ella.

―Lo justo sería que te arrancara la cabeza ahora mismo―dijo mirándola serio, sin ningún rasgo que delatara sus verdaderos sentimientos. Bulma se quedó en su lugar sin parpadear, esperando que lo hiciera. La mujer en el umbral quería chillar pero su voz no salía de su garganta. Y Vegeta realmente pensó en hacerlo, pero para su propia vergüenza, no pudo, ni siquiera hizo el intento de moverse. ―pero no mereces ni mi esfuerzo, zorra.

Sus mejillas se incendiaron, no quiso defenderse de su insulto, sentía que lo merecía pero al mismo tiempo no. Esa Bulma ingenua y estúpida seguía allí, arrepentida y con ganas de romper en llanto, como si con eso pudiera solucionarlo todo, pero la madre era la que dominaba ahora y se sentía conforme con ello. La madre podía cometer errores, pero velaba por lo único importante que tenía, su hijo. Era valiente por él, se podía someter por él, podía caminar sobre vidrio y nadar en un mar de lava por su hijo. Era quién no se avergonzaba de ser.

―Bien―fue lo único que pudo decir. Trunks se inquietó en su abrazo y entendió que quería bajar, pero no lo soltó. No estaban seguros con él en el mismo cuarto―comprendo si piden una indemnización por daños y perjuicios. No nos negaremos a pagarla.

Una sonrisa ladina se dibujó en sus labios, soltó un bufido burlesco ¡Qué ironía! había destruido su vida entera y ¿Creía que con dinero lo repararía? Quería arrancarle la lengua, cada palabra que salía de su suaves labios lo enfermaban de los nervios, la miró con genuina burla pero no hacia ella, para él mismo. Creía que ella estaba burlándose de él y eso le causaba gracia porque a fin de cuentas, su tragedia ya se había vuelto cómica. Un Rey que lo había perdido todo y que no le faltaba nada... Un hombre incompleto. Un ser que respiraba, en eso se había convertido gracias a ella ¡¿Y le ofrecía dinero para recuperar su honra?! ¿Dinero para recuperar su vida? ¿Y para recuperarla a ella?...

Se quebró. A pesar del odio, a pesar de la humillación, a pesar de su tristeza y horror, la quería de regreso. No la quería dejar ir, no la quería volver a perder. Ella estaba viva, su piel debía estar tibia y sus labios húmedos... Era una vergüenza de saiyajin ¿Dónde estaba su dignidad?

―Tu vida―respondió. Bulma lo observó sin miedo aparente, pero tampoco altiva. Fue una posibilidad que consideró, tenía miedo pero comprendía el error que había cometido desde el punto de vista de él―ni siquiera tu vida es lo suficiente para pagar por la humillación que me haz hecho pasar. ―miró al crío entre sus brazos y frunció el ceño―quizá la de él sí.

―No lo metas en esto―respondió aterrada―él no tiene nada que ver en lo que hice―Vegeta asintió, caminó hacia la salida y su madre se hizo a un lado en silencio. Bulma no se perdió de cada movimiento, esperando que en cualquier momento se lanzara sobre alguno de ellos y quebrara su cuello, pero no fue así. Incrédula lo vio marcharse sin romper nada, absolutamente nada.

Se dejó caer de rodillas al suelo sin soltar al niño, lo abrazó con más fuerza y hundió su nariz en su pequeño cuello, y rompió en llanto. Sintió a su madre acercarse, su mano acariciar su hombro y al instante la empujó con su propio cuerpo, la mujer se sobresaltó por su reacción, pero Bulma no le dio tiempo para preguntar y la miró con profundo odio.

―No me toques―dijo―no quiero verte.

―P-pero Bulma―respondió acongojada―no sabía que―

―Ese es tu problema―interrumpió―nunca sabes y actúas igual. No tenías ningún derecho. Es mi vida... y la de tu nieto. Si algo le pasa a mi hijo, no te lo perdonaré nunca. ―murmuró rechinando los dientes. Soltó al niño de sus brazos y se puso de pie al mismo tiempo que secaba sus lágrimas, no tenía tiempo para derrumbarse. Su bebé debía ir a la cama. ―Trunks debe dormir, vete.

―Bulma... hija―se lamentó―lo siento mucho―cubrió su boca para ahogar su llanto, al ver que su hija menor no reaccionó a su escena, asintió y caminó en dirección hacia la salida―doblaremos la seguridad, lo siento mucho.

Cerró sus ojos al oír la puerta, respiró profundamente y tocó su pecho, su palma sintió como sus latidos chocaban estrepitosamente con su mano, negó meciendo su cabello haciendo que las puntas rozaran el borde de su rostro, sin poder creer lo que había ocurrido. A pesar de que estaba viva y su hijo también, y que él finalmente no la obligó a irse, y que se podía decir que al final no había salido tan mal como esperó, algo en su interior no la dejaba calmarse, no estaba tranquila. Quizás era su intuición, la que le gritaba que no bajara la guardia. Se sentía insegura, como si en cualquier momento la puerta se fuera abrir y Vegeta entraría a ahorcarla.

―Mama―bajó la mirada hacia el niño, que la miraba serio, como si supiera la importancia de lo que acababa de pasar―tío Jaco es toto―Bulma sonrió y asintió. Era absurdo pensar que el bebé se diera cuenta de lo que estaba pasando, su inocencia la trajo de vuelta a la realidad.

―Estoy de acuerdo, pero ¿Por qué lo dices ahora? ―preguntó agachándose a su altura, tocó su mejilla regordeta y le acarició con suavidad, el niño cerró sus ojos dejándose mimar.

―Dice chitoso―soltó una carcajada sin dejar de mirarlo con extrañeza, no comprendía del todo sus palabras pero estaba de acuerdo en que Jaco era tonto―come yoguñuño.

―Yogurt―corrigió―le gustan los lácteos. Pero eso no lo hace tonto. Ven―dijo poniéndose de pie―vamos a darnos un baño. Lo necesitamos.

El bebé saltó entusiasmado, corrió hacia el baño a buscar sus juguetes y esperó paciente por ella. Bulma caminó cansada hacia él, no podía seguir pensando en lo que acababa de ocurrir, debía centrarse en el presente. En Trunks.


(...)


Nadie comía ni decía nada. Riander los estudiaba fijamente, no se perdía detalle de movimiento alguno. A pesar de que la historia que le había contado la Reina Tight no parecía ser una amenaza para su reinado, su intuición le hacía estar alerta. El nerviosismo y el miedo que se podía palpar en el ambiente no podía ser por nada. ¿A qué le temían? Ah, claro, a la ira de su primo. Pero lo que a ella le preocupaba era que Vegeta la perdonara.

Su reacción, o más bien su no reacción, la tenía acongojada. Lo que habían hecho los terrícolas era una ofensa gravísima, Vegeta no podía perdonarlos, al menos no sin darles una lección, eso dejaría claro a nivel galáctico que a su raza no se le podía humillar en ningún aspecto pero por lo poco que vio del Rey, no le pareció que tuviera ánimos de darles una lección. Sentía una opresión en su pecho que era difícil de ignorar, tenía... miedo. No sabía que esperar del Rey.

Oyó tantas veces a su tía quejarse de la relación de Vegeta con la humana, que por lo mismo nunca quiso acercarse al palacio desde que ella llegó a Vegetasei. E incluso cuando ella "murió", su primo ya no era el mismo. Ahora que estaban bajo el peor de los escenarios, no podía imaginar qué haría su primo ¿Y si la dejaba por ella? ¿Sería capaz, de romper su juramento ante su dios y toda la dinastía real, por ella?... ¿Qué era lo que le deparaba si él la dejaba?, esas preguntas se repetían como eco en su cabeza, no conseguía calmarse.

No sabía cuanto tiempo había pasado, cuando la mujer rubia que los invitó a cenar-que recordaba era la madre de la princesa y Reina-se puso de pie con el niño en brazos y caminó hacia la salida. Vio como el crío escalaba el cuerpo de la mujer y asomaba su cara por la curva de su cuello, le frunció el ceño. La historia que le habían contado no le resultaba convincente pero no quería cuestionarla, quería creerla. Tenía todo lo que le servía para conservar su posición, pero no era tonta, y su astucia le susurraba las dudas que no planteaba en voz alta. El niño.

El niño. No tenía el cabello oscuro para creer que fuera un saiyajin pero su rostro le era muy familiar, no quería reconocer que se le parecía a su primo, no podía ni siquiera pensarlo porque era doloroso en muchos sentidos. Le falta la cola, se decía y repetía para calmarse, ese niño no podía ser saiyajin, no podía ser el hijo de su hombre porque tenía un año ¿Por qué mierda se le parecía tanto, entonces? no quería asumir la respuesta, la explicación de los terrícolas le era de utilidad y si se la cuestionaba, estaría lanzando dagas en su propia contra.

Bebió un sorbo de vino sin ganas, se quedó mirando la tela manchada con líquidos y comida, ni siquiera tenía apetito. No dejaba de imaginar escenarios de ella y su Rey a solas, ¿Y si estaban follando? el calor encendió sus venas al preguntárselo, ¿Y si ya la había matado? suspiró aliviada al pensarlo, no comprendía porqué le había dado la oportunidad de explicarse. Debieron ir directamente al Juzgado Galáctico a interponer la denuncia, porque lo que les habían hecho no podía mediarse de otro modo. Tener un conflicto de intereses con la Tierra tampoco era algo grave, se dijo, era un planeta que tenía influencia tecnológica pero no tenía un buen poder militar, su imperio podía destruirlos con facilidad y era por eso que le incomodaba que Vegeta no hubiera reaccionado como debía.

Siendo el Rey, debió actuar según los protocolos, pero era por eso mismo, porque era el Rey, que podía hacer lo que se le diera en gana. Y era lo que la impacientaba, la joven tenía un poder sobre él que ella no había conseguido nunca. ¿Bajo qué encanto tenía a su primo? ¿Su coño era mágico? ¿Tenía senos especiales? eran grandes, sí, pero había muchas hembras de distintas especies con senos igual o más grandes ¿Qué tenía Bulma Brief, que su Rey prefería dialogar antes que asesinarla? no tenía otra salida la traición que había cometido, pero ahí estaba su primo, haciendo quizá qué cosa con ella. Mordió su labio inferior tan fuerte que se hirió, sintió como un hilo de sangre corría casi hasta llegar a su mentón, fue rápida en lamerlo. No alcanzó a parpadear cuando de pronto se abrieron las puertas con violencia.

Se puso de pie de un salto al ver a su Rey, no le vio la armadura ni los guantes ensangrentados, frunció el ceño molesta, iba a hablar pero se quedó perpleja intentando descifrar su humor. Vegeta lucía sombrío pero a la vez, inexpresivo. No podía leerlo, era como una caja cerrada e indescifrable.

―Nos vamos―ladró mirándola. Riander no dijo nada y corrió hacia él, no la esperó.

Trotó para alcanzarlo, los pasos del saiyajin eran sonoros y fuertes, todo en el emanaba furia. Quiso preguntar, quiso indagar en lo que había pasado pero no se atrevió. Su instinto de supervivencia se lo gritaba, no era el momento para hacer una escena. Guardó silencio, el séquito de saiyajin que los acompañaban no tardaron en seguirlos y como una marcha fúnebre, salieron del palacio.

Cuando llegaron a su habitación en el hotel, lo vio sentarse en la cama con los puños apretados y mirar el vacío sin ningún punto fijo. Tragó saliva en seco, se acercó poco a poco, se sentó a unos metros de él en la misma colchoneta pero no pudo decir nada. Sabía que él no hablaría por iniciativa propia, pero merecía una explicación ¡Era su Reina! al final, la princesa le había mentido a toda su raza y era ahora ella la mujer oficial de Vegeta, debía saber qué había pasado. Reunió fuerzas y valentía que no sentía en ese momento y habló con sutileza. Porque si se alteraba, o si hablaba cosas innecesarias, no sabía como podía reaccionar la bomba latente que tenía cerca.

―...¿Qué fue lo que te dijo? ―preguntó con calma que no sentía. Pasaron unos minutos antes de que respondiera, pensó por un momento que no diría nada, que nuevamente la dejaría hablando sola, pero no pasó.

―Da igual―respondió sin mirarla.

―Deberíamos ir a Iuris. No podemos permitir que nos ofendan así―murmuró, no con insistencia, sino que con genuina indignación. No sólo habían ofendido a su Rey, también a su especie. Y como nacionalista que era, no lo podía permitir.

―Da igual, dije―sentenció y supo que no podía hablar más del tema.

A pesar de que estaba molesta, que quería gritar y patalear por su no reacción, no pudo hacerlo. Podía ver en su semblante, en sus ojos negros y en lo erizada de su cola, que Vegeta era un volcán en erupción. Cualquiera podía ser el detonante y no quería ser ella. Podía ver que le afectaba la situación pero lo que le molestaba era que, la reacción no era por la humillación a su especie, era algo más que no sabía identificar del todo ¿Era por su abandono? No se le ocurría otra cosa, el Rey se sentía traicionado como hombre, más aun con la presencia del mocoso, supuso. Pero que no estuviera haciendo nada, era en parte bueno, se dijo. Si tuviera las mismas sospechas que ella, si dudara de la versión de los terrícolas, no estaría sentado tranquilo como si nada pasara.


(...)


Corrió por los pasillos sin importarle que dijera la servidumbre, irónico, toda su vida le importó el qué dirán. Ahora sólo le importaba que su hermana y sobrino estuvieran bien. Subió la escalera saltándose eslabones, de dos en dos o tres en tres, ahorrando todo el tiempo posible para llegar lo antes posible al dormitorio de su hermanita.

Cuando llegó, su cuerpo se paralizó al ver a su madre salir del cuarto sollozando. Sintió que el mundo se le vino encima, algo en su interior se quebró en miles de pedacitos, no se dio cuenta que sus ojos comenzaron a derramar lágrimas de forma automática. Abrió su boca para hablar, para preguntar. No quería entrar y encontrarse con alguna escena que nunca sacaría de su cabeza. Al ver al saiyajin llegar al comedor y llevarse a su Reina, temió lo peor y ahora al ver a su madre llorar-nunca lloraba, no tenía recuerdos de su madre que no fueran sonriendo y cantando feliz-estaba por desmoronarse.

― ¿Qué hiciste? ―preguntó en un susurro ahogado. Su madre levantó la mirada al verla, y soltó un gemido dolido.

― ¡Creí que sería lo mejor! ¿También me odiarás? ―preguntó con indignación― ¡Nadie me comprende! ―exclamó y salió corriendo, alejándose.

Tight, extrañada y volviendo a la realidad, la vio marcharse. Tardó unos segundos en reaccionar y atar los cabos sueltos, si su hermana hubiera sido dañada, su madre no reaccionaría así ¿Verdad?, retomó su impaciencia por verla y se apresuró en abrir la puerta. Entró a toda prisa a la habitación, la observó cuidadosamente, no vio nada fuera de su lugar. No había desastre alguno, oyó el agua caer en el baño y la risita infantil que tanto atesoraba, sonrió aliviada y un par de lágrimas más rodaron por su mejilla enrojecida.

Pensó en esperarlos afuera, pero no pudo contenerse más y fue directamente al cuarto de baño, entró sin golpear, olvidando por completo el protocolo y educación, aspectos tan característicos de la Reina. Al entrar, se encontró con su hermana dentro de la bañera junto a su sobrino, ambos desnudos giraron hacia ella al oírla entrar. Trunks volteó curioso, pero su hermana había dado un respingo del susto cuando entró que cambió por sorpresa cuando la vio.

―Tight―dijo al verla. La mayor, cerró la puerta y caminó lentamente, recuperando la calma al verla sana y salva, llegó hasta el borde de la bañera, se dejó caer de rodillas en la alfombra de baño y rompió a llorar. ―Tight... no llores―murmuró asustada.

La joven reina cubrió su rostro y sollozó ruidosamente, asustando al menor. Trunks se cubrió los oídos, molesto y con temor al ver la escena. El niño tenía poca tolerancia con lo que no le gustaba, cosa normal pues era un niño de dos años. Pero Bulma temía que fuera por su poca empatía, creía que el menor no entendía de emociones, de lo bueno y lo malo, como un humano normal y lo atribuía a sus genes saiyajin. Con ella era considerada, pero con el resto no. El bebé frunció sus pobladas cejas y se quejó en voz alta, queriendo que su tía parara de llorar pero no porque le importara, sino que el ruido le incomodaba.

―Bata―ordenó molesto―pada.

―Trunks―dijo llamándole la atención―la tía se siente mal. Lo que estás haciendo es feo―advirtió. El niño hizo un puchero resignado y se alejó de las mujeres para jugar con su nave espacial que a esas alturas había convertido en submarino―Tight... ¿Qué pasa? ¿Les hizo algo? ―preguntó con profundo temor.

―Tonta... ―respondió entre llanto―tú eres la que debería responder eso.

―Estoy bien―mintió―no me hizo nada. ―Murmuró al pensar en lo qué pudo haber pasado si se hubiera vuelto violento. Frunció el ceño al pensarlo, lo vio molesto y en muchos escenarios imaginó resultados bastantes sangrientos, al final, nada salió como pensó. Tenía una extraña sensación que no la dejaba tranquila y seguramente se debía a que el peligro todavía continuaba. Él seguía en su planeta e incluso aunque se marchara, no creía poder estar en calma. Temía que hiciera estallar el planeta cuando saliera de su atmósfera, después de todo ¿Cuántos planetas había vuelto polvo espacial? sabía que la lista era larga. La tierra sería uno más... y, aunque le costara asumirlo, tenía más motivos que nunca para hacerlo.

Con Vegeta nunca se sabía, muchas veces creyó premeditar sus acciones y no siempre se podía adelantar, él le resultaba en ocasiones bastante impredecible, como hoy. El reencontrarse había sido extraño en muchos sentidos, y ahora que no lo tenía cerca, podía analizarlo con mayor detenimiento.

―Bulma... debiste irte―interrumpió sus pensamientos, volteó hacia su hermana mordiendo su labio inferior, notablemente afligida―sé que no necesitas escuchar esto ahora pero ¡Te lo advertí! Esto estaba dentro de la posibilidad y ¡Pasó! ―exclamó con un toque de incredulidad.

No respondió. Ella tenía razón y aunque quisiera excusarse o defenderse de sus palabras, nada salió de su boca. Estaba cansada para pensar en una respuesta, él se había marchado hace menos de una hora y no conseguía procesar del todo lo que había ocurrido y lo que no.

― ¿Estás bien? ―preguntó al no verla reaccionar. Bulma parecía mirar el agua que cubría su cuerpo, giró hacia Trunks que las ignoraba con maestría. Respiró profundamente y volvió a centrarse en su hermana pequeña pero no parecía estar prestándole atención. Miró sus rasgos, tratando de descifrarla pero no leía nada. Bulma siempre fue una joven expresiva e intrépida, y ahora solo veía una mujer reservada que lucía deprimente.

Nunca supo detalles de la relación que tuvo con el saiyajin. No porque no le interesara, simplemente no se sintió con la confianza de preguntar. Sabía que el tema "Vegeta" era delicado, podía notar lo que le afectó el desenlace que tuvieron aunque no lo dijera ni la viera llorando por los rincones, pero había un antes y después desde que ella había regresado. Comprendía el dolor de la "separación", y separación a medias porque ella se había marchado y si había preferido ese camino, el de no volver, era netamente porque él ya tenía un reemplazo. Bulma se sintió despechada, eso lo sabía o creía saberlo. Pudo verlo cuando su decisión cambió al saber que tenía una Reina y no era ella, sin embargo, siempre creyó que había algo más.

A menudo se preguntó qué tipo de experiencias vivió con él. Ella había vuelto cambiada y no podía culpar solamente a la maternidad. Su esencia no era igual, estaba más seria pero a la vez, más desconfiada con todos. Era eso, esa extraña precaución con la que se movía continuamente, la que la hacía pensar sobe ella y Vegeta. Más de una vez le preguntó a Raditz pero el saiyajin no decía nada relevante, era demasiado leal al imperio incluso aunque ya no les sirviera. Verla así, asustada y silenciosa, le hacía pensar en ello. Después de todo, si él no le había hecho nada y tampoco había dicho nada, ese no era un mal resultado ¿Por qué no lucía tranquila entonces?, sentía que se le escapaba información.

― ¿Qué pasó? ―preguntó, no por curiosidad sino que por preocupación. Quería entenderla, protegerlos y ayudar en lo que más pudiera y escucharla, que se desahogara. Le haría bien.

―No lo sé realmente―respondió sin mirarla―pasó todo muy rápido. Aun no creo que esté aquí, contigo.

―... ¿Creíste... que te mataría? ―preguntó, sabía la respuesta pero diferente era escucharla. Siempre fue ese su temor, después de todo no lo conocía y la fama del despiadado saiyajin era sabida por muchos sistemas. Nunca estuvo de acuerdo con las decisiones de su hermana, no siguió el protocolo e incluso, rompió un tratado. Era grave en muchos aspectos, recibió desde temprana edad la preparación adecuada para convertirse en reina y sabía lo delicada que era la situación en la que se había metido su hermana, ahora bien, lo que había hecho era grave pero con cualquier otra raza podrían llegar a algún acuerdo pero con los saiyajin lo veía difícil. Una especie violenta que hace solamente algunas décadas empezaban a involucrarse en tratados de libre comercio y ser parte las Naciones interplanetarias, era difícil imaginarlos ser diplomáticos en esa situación.

―No lo sé... ―repitió, abrazó sus piernas y miró a su hijo. El niño jugaba y salpicaba con la nave, concentrado en su movimiento―imaginé muchas situaciones, y ninguna es igual a la que pasó.

― ¿Qué fue lo que te dijo? ―preguntó con preocupación―él bajó de la nada a buscar a la Reina y se marchó. Sin decir nada. ―dijo pensativa, perdiéndose del brillo de suspicacia de la joven princesa.

«Fue a buscarla», pensó. Quiso borrar esa idea rápidamente de su cabeza pero se quedó archivada en un rincón, esperando salir cuando estuviera a solas, y así que nadie viera su vergüenza. Un leve espasmo la hizo sacudirse, y fue consciente de que el agua antes tibia, estaba volviéndose fría para ella y para su bebé. Movió sus brazos con pereza al mismo tiempo que se acercaba a su hijo, éste no le prestó atención cuando sintió las manos de su madre en su cabecita, dando masajes y mojando su cabello. Sin dejar de restregar la yema de sus dedos en el cuero cabelludo, habló.

―Solo me insultó... ―respondió sin mirarla―me pidió explicaciones.

― ¿Qué le dijiste? ―murmuró mirando sus movimientos, una sonrisa se dibujó en sus labios al verla bañar al niño. Su hermana era una buena madre, preocupada y cariñosa, no se imaginaba la vida en el castillo sin el niño, todos atesoraban al heredero a la corona. Cuando la recordaba diciendo que no lo quería tener, le entristecía. Sabía que Bulma había sido madre por obligación, ella nunca lo quiso tener y fue la labia de su madre quien la convenció, y claro, el hecho de que ella no podía ser madre... Se sentía culpable por ello, al final, la menor había cargado con bastantes obligaciones que habían arruinado en muchos sentidos su vida. Pero Trunks-quería creer-había hecho todo lo contrario.

«Es tan... pequeño.» había dicho la princesa cuando lo vio por primera vez, con el rostro pálido y los ojos más azules que nunca. Supo ahí, en ese minuto, que su hermana a pesar de que se había visto obligada a continuar con el embarazo, sería una madre excepcional. Nunca la había escuchado quejarse sobre ser madre, o imaginando su vida sin el niño, no sabía si realmente estaba conforme con el cómo había avanzado su vida, al menos se esforzaba por hacer lo mejor.

―La verdad... a medias―respondió―que me fui por el tratado que hizo con Freezer. Que pensé en volver cuando llegué, pero que como ya estaba con otra mujer, preferí quedarme.

― ¿Y sobre Trunks? ―frunció sus delgadas cejas al escudriñarla, no sabía si la joven estaba escondiendo algo, pero no la sentía presente. Respondía por inercia a su parecer.

―Sólo le dije que tenía un año y que era mío―comentó pausando sus movimientos, volteó a verla. Su rostro parecía inexpresivo pero sus ojos grandes la miraban minuciosamente, como si intentara leer sus pensamientos, Tight alzó una ceja expectante, esperando su interrogatorio que creía venir― ¿Ella les preguntó algo? ¿Qué le dijeron? ―sus preguntas estaban cargadas de impaciencia pero lo que le llamó profundamente la atención a la reina, fueron sus ojos azules que la miraban como si estuviera a punto de atacarla si diera la respuesta que no quería oír.

―Sí. Preguntó por lo que pasó―contestó asintiendo―Jaco fue el que habló.

― ¿Jaco? ―preguntó extrañada― ¿Qué le dijo? ―el niño al escuchar el nombre de su criada favorita chilló exaltado repitiendo el nombre del patrullero.

―Le hizo un resumen. Creo que había planeado ya una historia realista que contar. Dijo que habías estado con un guardia del palacio, y que de esa relación fugaz nació Trunks. Lo comentó sin detenerse, para no darle tiempo de preguntar supongo. Le salió creíble―sonrió al recordarlo. Bulma se contagió de la sonrisa y enjuagó el cabello del pequeño.

―Con un guardia... ¡Qué tonto! ¿No se le pudo ocurrir una historia más impresionante? está leyendo muchas novelas de mamá.

―... ¿Qué le dijiste a mamá? Salió afectada de acá... ―susurró al recordarla.

―Tight. ―habló, la reina pudo notar su tono de voz más grave, como si se contuviera―esto lo planeó mamá ¿O tú sabías algo?

― ¡Por supuesto que no! ―exclamó ofendida―te avisé que ellos iban a venir a comer porque mamá los invitó, ¿Por qué no viste tu móvil? ―Bulma abrió los ojos de par en par y volteó hacia su hijo, mirándolo con decepción.

―Trunks lo rompió esta mañana. Lo lanzó contra la muralla―susurró. Le inquietó, la sensación de inseguridad creció, su intuición le estaba alertando en todos los idiomas que todo ello no era normal―mamá planeó esto... y el universo conspira para que se salga con la suya. ¿Qué pretende?

―Se veía arrepentida―no estaba de acuerdo con lo que había hecho, pero la comprendía en cierto aspecto. Si los saiyajin se enteraban más temprano que tarde de la traición, quizás el castigo sería menor pero algo no encajaba. Parecía que lo que su madre quería, era que su hermana volviera con el Rey. Eso no tenía ningún sentido. La menor había sido bastante clara en que no quería regresar con él, y estaba el factor Trunks. Sin mencionar que el niño era amado por todos en el palacio, en lo protocolar, era el heredero al trono, no podían dejar que los saiyajin se lo llevaran. Una parte de ella quería creer que su madre había actuado sin pensar, pero la conocía. Su madre parecía ser lenta e ingenua, pero no tenía ni un pelo de tonta.

―No me importa si lo está. ―arremetió con rabia contenida―expuso a su nieto como si nada. Si no hubiera visto la reacción de Vegeta cuando supo que era madre, se lo hubiera presentado como su hijo―dijo entre dientes―no sé qué pretende.

―Quiere que vuelvas con él―asumió la mayor, poniéndose de pie― ¿Qué harás ahora?

―Nada―contestó sin mirarla―ya no hay lugar al que ir. Si él quiere, me encontrará en cualquier parte―eso último lo dijo con un hilo de voz mientras no perdía detalle de los movimientos de su hijo, casi como en trance―debes prometerme algo.

― ¿Cómo? ―la miró confundida y curiosa a la vez, la menor volteó hacia ella y con la angustia visiblemente pintada en su rostro, rogó.

―Prométeme que lo cuidarás―pidió mirándola fijamente a los ojos. La reina abrió la boca por la sorpresa, no fue la promesa en sí, sino que su significado. Lo que se podía inferir de esas cuatro palabras la quebró―pase lo que pase, no dirán nada de él. De su origen―aclaró.

― ¿De qué estás...? ¿Qué intentas decir? ―preguntó, igual de afligida. Sintió sus latidos acelerarse, y su pecho más pesado, como si los movimientos de su corazón se volvieran cada vez más molestos y difícil de tolerar.

―Si Vegeta quiere, puede llevarme con él. Si él quiere, puede matarme. Estoy en sus malditas manos―murmuró, con la voz entre cortada―por eso. Pase lo que pase, no puedes dejar que él se entere de Trunks. Puedo asumir lo que él decida sobre mí, pero Trunks no puede caer en sus manos. Prométemelo, Tight―rogó. La reina sintió sus ojos arder, las lágrimas comenzaron a desbordarse sin siquiera darse cuenta, solo podía ver los ojos grandes y vidriosos de su hermana, que al igual que ella, también derramaban lágrimas de angustia. ―Prométemelo, Tight.

La reina asintió sin decir una palabra, secó sus lágrimas y salió de la habitación, tratando de contener su pesar. Mientras se alejaba, sentía que todo daba vueltas a su alrededor, no podía siquiera pensar en le hecho de que él la dañara, y lo peor de todo era que su hermana tenía razón. Independiente de sí era legal o no lo que tramara el saiyajin, no había poder ni ley que pudiera oponérsele. No solo Bulma, toda la tierra estaba en su poder. Estaba hecha un manojo de emociones y cuando pensaba en lo mal que se sentía, al imaginar que su hermana se estaba llevando la peor parte, se deprimía más.

«¿Cuando se terminará todo este calvario?...» se preguntó, conteniendo las lágrimas. Oyó a guardias acercarse, sabía que irían a escoltar la puerta de su hermana pues lo había ordenado hace unos veinte minutos.

«No servirán de nada... Si esa bestia vuelve, no hay nadie que nos ampare»


(...)


Las horas habían pasado y él ni cuenta se dio. Cuando decidió actuar, la noche ya había caído. Toda la habitación estaba a oscuras, Riander se había acostado hace un rato, quizás una o dos horas, no lo sabía, no le prestó atención. Vio su silueta sobre la cama cubierta por las sábanas, pensó en lo que había dicho, el acudir a Iuris. Ella pensaba como una verdadera reina, pero él no era un diplomático. Era un hombre que buscaba recuperar el equilibrio en su vida, y para ello sólo había una cosa por hacer.

El traer el equilibrio implicaba muchas reacciones. Debía restablecer su dignidad, hacer pagar la traición y limpiar su honor. Después de pensarlo, y ponerse en las distintas situaciones y reacciones que traerían sus actos, se decidió por la más sana para todos.

Tenía la mente más fría. La ira y el dolor seguían latente, pero su cabeza ya estaba más en calma, sabía que no perdería el control si actuaba ahora. Acomodó su guante, como si tuviera alguna arruga que lo incomodara, cada movimiento que hacía lo realizaba con calma, como si tuviera todo el tiempo del mundo para su acto. Tuvo cuidado de no despertar a la saiyajin, no le interesaba responder su cuestionario y estaba ansioso por salir de la habitación de hotel. Prefirió salir por el balcón, con su traje formal. Armadura brillante, capa larga que cubría sus hombreras y tocaba el suelo, el collar que adornaba su pecho, heredado de Reyes anteriores. Nada podía opacar esa noche, su sentencia era una demanda real, debía estar a la altura.

Cuando abrió a puerta, una fría brisa chocó con su mejilla. Las hebras de su cabello se sacudieron al ritmo del viento, no había luna. La noche estaba pintada con sombras oscuras y misteriosas, como si quisieran darle un buen escenario a su acto. Medio sonrió, la oscuridad siempre fue su momento preferido, después de todo era una bestia nocturna. Levitó con suavidad dos pies sobre el suelo, inhaló profundamente, contuvo y exhaló. No es que se sintiera inseguro, simplemente quería disfrutar del momento.

Voló en dirección al palacio, no había necesidad de buscar su ki o revisar un mapa para llegar, el ostentoso edificio se veía a lo lejos. La corriente de energía lo cubría por completo y servía de escudo contra el viento y el polvo que pudiera interrumpir su vuelo, sus ojos negros no perdían de vista su objetivo. Se detuvo a unos diez metros de distancia, pensando en su entrada. Seguramente habría guardias, no eran un problema pero quería evitarlos ¿Por qué? para ahorrarse el escándalo y las miradas intrusas, era un momento que no debía presenciar nadie más que los involucrados, y quería que saliera perfecto. No podía permitir que su plan se viera opacado por gritos o interrupciones banales.

Se concentró en sentirla, y en medir su entorno en unos veinte metros a la redonda. Había 6 guardias cercanos a ella, supuso que en la puerta. No fue difícil de encontrarla, cuando llegaron a la tierra no supo reconocer su energía, ahora que había estado a unos centímetros de distancia la podía percibir donde fuese. Su habitación estaba en el ala oeste del palacio, miró los jardines y patios traseros desde la altura, esperando vigilancia y no se equivocó por lo que prefirió moverse con agilidad. La noche era su aliado y su velocidad y notoria superioridad, era su ventaja. Estaba convencido de que su sentencia se dictaría tal cuál como lo planeó.

Sabía que podía dejarla en manos de su servidumbre, que no era necesario que se ensuciara las manos, pero si quería que saliera como lo había planeado, debía ser él. Además, era su deber limpiar su nombre, no estaría tranquilo sabiendo que alguien más haría su trabajo y, después de todo, sería algo entretenido por hacer y una buena anécdota que contarle a sus críos. Al pensar en críos, su ceño se frunció desfigurando su rostro. Se calmó rápidamente, ya podría dar vuelta la página como ella le había dicho, ya podría avanzar.

Se movió como un animal salvaje por la noche. En dos minutos llegó al ventanal que separaba a la princesa de él, que la protegía de los peligros. Creyó que habría muertes no planeadas esa noche, que se toparía con más guardias pero una vez más, los humanos lo decepcionaban. ¿Cómo no se les había ocurrido vigilar los aires y no dejar escolta en el balcón?, negó con falsa indignación, haría su trabajo más simple. Sus movimientos eran sigilosos, como un felino astuto que intentaba colarse a una cocina a robar algún alimento. Las suelas de sus botas no hicieron ruido cuando chocaron con la baldosa, sus pasos eran mudos, como si flotara cuando realmente no lo estaba haciendo. Sus manos se posaron en el pomo de la portezuela y con un movimiento certero y preciso, empujó hacia abajo, rompiendo el seguro.

Se quedó quieto esperando alguna reacción, más en los siguientes 10 minutos no hubo ruido dentro del dormitorio. Ella seguía teniendo el sueño pesado, sonrió malicioso, todo estaba a su favor esa noche. Ya era hora, pensó, que las cosas le salieran como lo planeaba y que se hiciera justicia divina, entendió que al final él mismo debía reclamar por sus derechos.

Estaba al acecho, era una bestia salvaje con un objetivo en mente y que no descansaría hasta conseguirlo. Su cuerpo se movía por inercia, mecánico y su mente no estaba premeditando sus movimientos, era su instinto que se había apoderado de su cuerpo tal cual lo había planeado hace unas horas. Entró dando pasos firmes, las luces estaban apagadas pero para él eso no era un problema. Miró a su alrededor, distinguiendo las formas y adaptándose a su escenario. Sus ojos se detuvieron en el cuerpo que dormía en la cama, era ella. El cosquilleo de su cola se lo advertía, sentía sus pelos erizarse y su corazón latió con rapidez, como si fueran las alas de un ave que aleteaba alborotada. Respiró profundamente, queriendo guardar su esencia pero arrugó su nariz al hacerlo, había un olor que no reconocía y que automáticamente le hicieron actuar con precaución, como si de un enemigo se tratase.

Y era así. Fue fácil distinguir que el olor pertenecía al mocoso, su sangre comenzó a hervir tan pronto lo reconoció dentro del dormitorio. Era de suponer que compartiera cuarto con ella, mordió su mejilla interna derecha, buscando contención. Caminó lentamente hacia la pequeña prisión que escondía a la criatura, era una caja con rejas altas que suponía evitaban que se cayera. Una mueca de molestia se dibujó en sus labios, su comisura izquierda tembló brevemente al mismo ritmo que un tic nervioso de su ojo izquierdo. Le molestó el resguardo con el crío, cualquier preocupación que podía ver que ella tenía para el mocoso, le fastidiaba.

Era su enemigo. Era un obstáculo. Era lo que debía eliminar. Su existencia le ofendía, su estirpe debía desaparecer. La adrenalina comenzó a recorrer cada recoveco de su cuerpo, dio un paso, dos, tres, hasta llegar frente a frente a la cuna del niño. El rey se quedó quieto, mirando a la criatura. El niño dormía de espalda, con el ceño fruncido y las piernas y manos abiertas usando todo el espacio de la colchoneta. Para el saiyajin era bastante sencillo lo que debía hacer, borrando ese error que respiraba, recuperaría su orgullo, recuperaría su honor y la recuperaría a ella.

Sin el cachorro, ella podría rehacer su vida, junto a él. Tendrían sus propios hijos, y la existencia del engendro que respiraba plácidamente era un hecho que no podía tolerar, insultaba su herencia. No podía permitir que su primogénito tuviera un medio hermano, una criatura que era el resultado de todos los errores que había cometido su madre, no dejaría que su heredero pasase por esa vergüenza. Eliminaría a la criatura, y así ella podría gestar un hijo de estirpe real, con sus colores y una cola gruesa como la suya, un cachorro que nadie dudaría de sus genes.

Era su sentencia.

Levantó su mano derecha, la diminuta esfera violácea que se formó en su palma iluminó toda la habitación, el rostro del infante se arrugó por la luz pero no hizo ademán de despertar, antes de poder mover su muñeca para dar con su blanco, sintió un leve empujón en contra de su costado izquierdo. No necesito voltear para saber de quién se trataba, la había oído correr hacia él.

Contaba con que ella despertase, pero no le importaba. Era su sentencia y debía cumplirse, lo que opinara o pensara, no cambiaría nada. No la miró, al contrario, prefirió concentrarse en su víctima, volvió a empujarlo y eso lo enfureció todavía más. Ella estaba usando toda su miserable fuerza porque podía sentir sus empujes aunque no lo movían ni un centímetro y eso le indignaba.

―Vete a dormir―le ordenó con voz grave.

― ¡Estás enfermo! ―gritó ella, y siguió intentando empujarlo con su cuerpo―¡No a él, no a él! ―gimoteó, intentando hacerle entender.

Había despertado hace tres minutos, o quizá menos. La corriente de aire que entró fue su alerta, no alcanzó a reincorporarse de su cama cuando la energía en la mano del saiyajin iluminó su dormitorio y salió de la somnolencia al instante. Se movió con tal velocidad que no procesó, dio un salto de la cama y zancadas largas para cruzar el cuarto y llegar lo antes posible a su verdugo. Sentía su corazón en la garganta, la angustia era tal que no podía tragar saliva, no tenía tiempo para pensar en cómo había entrado, el cómo había saltado la escolta, o qué hora era, solo sabía que su hijo corría peligro y debía evitarlo a toda costa.

― ¡Baja tu mano―demandó alterada―¡No sigas con esto! ¡Mi hijo no es culpable de nada! ―terminó diciendo acongojada, no se había dado cuenta que estaba llorando, solo se movía por el pánico. Trataba de correrlo con su peso, pero el saiyajin era como un roble impasible.

―Bulma―al oír su nombre se detuvo, lo miró expectante. La angustia no dejaba su cuerpo, sentía que temblaba pero no le daba importancia, su sangre caliente alteraba su respiración, sentía su corazón latir a toda prisa y su pecho encogerse intentando contenerlo―no creo quieras ver esto.

El calor que antes recorría sus venas se esfumó. Un escalofrío le sacudió el espinazo y su boca se abrió por inercia pero nada salió de allí. En breves segundos comprendió sus intenciones, no era venganza. Él iba a asesinar a su hijo por muchos motivos pero lo espeluznante era su actuar. Cuando vivía con él, intentaba siempre no pensar en lo que hacía cada vez que salía de misión, era consciente que su esposo era un asesino, que extinguía especies todo el tiempo pero era más fácil ignorar aquello ¿Cuántas veces mató a niños y madres? infinitas seguramente. A Vegeta no le importaba matar a sangre fría a un niño, a su niño, más aun cuando podía sacar provecho de eso. Era lo que buscaba, lo podía ver en sus acciones. Iba a eliminar a su hijo por que le humillaba su presencia, era la estirpe de otro hombre y eso lo denigraba, borraría su existencia para dejar su propia descendencia. Debía actuar, debía decirle, pensó.

Debía decirle que mataría a su propio primogénito pero no salían las palabras de su boca, no se movía, su cuerpo pegado al de él, sus ojos fijos en su rostro iluminado tenebrosamente por el halo violeta.

―Cierra los ojos―dijo sin mirarla―a las hembras les cuesta esto.

―Si lo tocas―susurró sin vida, entendiendo que no podía detenerlo por la fuerza, sólo con sus palabras. Su cuerpo estaba inerte, como si la que estuviera por morir fuera ella―te odiaré el resto de mi vida.

―Lo sé―y giró hacia ella. Sus ojos se encontraron, los de él la inmovilizaron. No había un ápice de sentimientos en su mirada, no expresaba nada. Había un brillo de indiferencia que la aterró, supo que nada de lo que dijera, la salvaría ni a ella ni a su bebé. Sus ojos se llenaron de lágrimas, su voz no salía y sentía que se desmayaría en cualquier momento―aprenderé a vivir con eso.

Vio como la mano del saiyajin se acercaba a su hijo, cerró sus ojos derrotada. Sintió como se le escapaba el aliento y junto con el, su vida. Se derrumbó en el fuerte brazo izquierdo del Rey en un abrazo, se afirmó de su fuerte cuerpo y ahogó un desgarrador grito en contra de sus músculo. Él se detuvo.

Su grito mezclado con llanto, no lo conmovió. Le sorprendió e incluso le molesto verla así, pero fue su toque, su piel contra su cuerpo, quien lo interrumpió. Cualquier rabia que sintió en contra del crío por provocar semejante actuar de su madre pasó a segundo plano, solo pudo concentrarse en su toque. Para Vegeta, el abrazo de la princesa fue eso, un abrazo. No vio que la joven solo buscaba un soporte para no desmoronarse, giró hacia ella al mismo tiempo que la pequeña esfera de energía se extinguía, la observó en la penumbra. La oyó sollozar y sintió sus puños golpeando su espalda y abdomen a la vez, no tenían fuerza física pero el significado emocional que contenían lo decían todo.

Jamás había visto esa faceta. Quedó perplejo, miró con el ceño fruncido sus movimientos, no se había arrepentido de su plan pero no pudo dejar de admirar su reacción, será una buena madre para mis hijos, pensó. Quiso retomar su ataque, pero su cercanía, su calor y su olor estaban alterando su sistema. Olvidó su traición, olvidó su humillación e incluso su abandono, solo eran él y ella. Su cuerpo y el suyo. Tragó en seco, y sin pensar sus movimientos, actuó.

Sus brazos la agarraron de la cintura, la pudo cubrir sin problema alguno y la levantó acercándola aun más, ella exclamó sorprendida. Levantó la mirada perpleja y entonces notó que ya no estaba esa luz amenazante, no le prestó atención al agarre del saiyajin, se preocupó de mirar hacia la cuna de su bebé y buscar alguna señal de ataque, alguna herida, intentaba ver si respiraba pero la oscuridad no se lo permitía. Trató de soltarse pero no consiguió romper el abrazo fuerte y demandante del rey.

―Mi hijo―murmuró sin mirarlo, intentando llegar al niño.

―Está bien, por el momento―le susurró con voz ronca en su oído. Sintió que el alma le volvía al cuerpo, no alcanzó a procesar lo que estaba pasando, no estaba pendiente de sí misma, solo de la integridad física de su bebé.

― ¿Por el momento? ―preguntó girando hacia él― ¿Qué estás...?

―Te follaré primero, luego me ocuparé de él―sentenció sin espacio para la duda. Bulma iba a quejarse pero entonces se dio cuenta de lo cerca que estaba. Fue tal la preocupación por su hijo que no se percató de cuando fue que se acercaron tanto, sus frentes casi se tocaban si no fuera porque ella inclinaba el cuello hacia atrás para poder verlo y a la vez, evitar cualquier intento de beso. Fue consciente de su cintura apresada por sus vigorosos brazos, estaba apretada en contra de su cuerpo, sus pies no tocaban el suelo, sus rostros estaban frente a frente. Se sintió amenazada, él se lo estaba advirtiendo, no. No era una advertencia, lo estaba confirmando, como si su opinión no tuviera importancia, sintió el calor en sus mejillas, la vergüenza recorrer su pecho y una mueca de indignación decoró sus labios.

―No―dijo tajante. Él frunció el ceño, sabía que no era la respuesta que quería escuchar, no le importó pero antes de dejar clara su posición, sus palabras rebotaron en su cabeza como si fuera un bumerán. Tragó saliva, miró por el rabillo del ojo a su hijo, ahora sus ojos se habían acostumbrado a la penumbra, pudo notar su pecho subir y bajar, plácido, ajeno al peligro que corría. Su pecho se oprimió "Te follaré primero, luego me ocuparé de él". Vegeta seguía teniendo esa aberrante intención, sintió asco al estar tan cerca de un ser sin escrúpulos, antes había sido tocada sin su consentimiento pero ahora era distinto. La repulsión que sintió al sentir su aliento chocar con su piel le provocó un rechazo automático, ahora que era testigo en primera fila de su naturaleza no podía ignorarla, más aun cuando el objetivo era su hijo.

Hubiera querido insultarlo. Decirle lo mierda que era pero no podía arriesgar la vida de Trunks. Pensó entonces en ceder... cuando la idea se cruzó por su cabeza por sólo dos segundos quiso vomitar ¿Cómo pudo acostarse tantas, tantas, tantas veces con él antes? sabía la respuesta. Estaba cegada de amor, un amor enfermizo y dañino, se avergonzó de sí misma. No creía poder soportar que la tocara pero por su hijo podía hacerlo, debía intentarlo se dijo sin embargo, su cuerpo no podía actuar.

Pensó en sus opciones, miró a su hijo nuevamente... si le decía la verdad, sus vidas se volverían un infierno, estaba segura de ello. Trunks se convertiría en el próximo Rey saiyajin, y ella estaría condenada a tener el título de su mujer pero que en el fondo solo sería el coño que utilizaría siempre. Sintió pánico al imaginarlo, no podía decirle. Debía irse con ello a la tumba, pero con eso, sólo podía salvar a uno de ese destino. Prefería mil veces ser ella la perjudicada, eso lo tenía más que claro pero su lado egoísta no la dejaba someterse al deseo del saiyajin.

―No puedes esperar que acepte eso―sabía que Vegeta no tenía intenciones de transar con ella pero debía hacer tiempo hasta que se le ocurriera una salida, hasta que pensara en como salir lo menos perjudicada posible.

―No estoy pidiendo que lo aceptes―respondió, acercó su nariz a la curva de su cuello, dio un profundo respiro y soltó todo el deseo que tenía reprimido. Se pegó más a su cuerpo, su pene ya se había despertado, sentía su erección doliente contra su pantalón, estirando la tela que lo contenía. Restregó su hombría contra su vientre, ella dio un respingo al notarlo pero él solo se concentró en amainar el calor de su deseo y el roce con su cuerpo lo hacía sentir tan bien. A esas alturas, Vegeta ya había perdido todas las intenciones de castigar a alguien, sólo quería estar dentro de ella. Pensaba en follarla nada más.

―Vegeta―dijo en tono de advertencia― ¿Qué es lo que quieres de mi? ―el saiyajin alejó su rostro de su cuello y la miró, alzó una ceja confundido con su pregunta. Estaba seguro que sus intenciones estaban más que claras, ella se aclaró la garganta―no puedo darte lo que quieres.

―No hace falta. Lo tomaré yo mismo―Bulma negó y antes que pudiera continuar, ella lo interrumpió.

―No me iré contigo―entonces comprendió a qué se refería la joven, el Rey iba a objetar pero ella no le dio tiempo―sabes que no puedes romper tu compromiso con tu Reina.

―Soy el Rey, puedo hacer lo que quiera―dijo inflando el pecho de orgullo. Bulma frunció el ceño, se le empezaba a agotar la paciencia y no podía ceder a su impulso de querer gritarle e insultarle para que la soltara y que los dejara en paz.

―Incluso un Rey se rige de las reglas de su planeta―le recordó―no puedes deshacer ese compromiso, y yo no quiero volver. No quiero ser tu mujer―vio su rostro ensombrecerse, relamió sus labios y se apresuró en hablar antes de que la situación se le escapara de las manos. Escuchó un quejido de su hijo, recordó que el niño estaba en pleno sueño y que no podía arriesgarse a despertarlo, volvió a hablar pero esta vez bajando el tono de su voz, en un susurro íntimo pero que él comprendió que se debía al sueño del crío, lo que hizo crecer su malestar pero que contuvo―pero puedo serlo esta noche.

Vegeta guardó silencio, entendió su juego y a pesar de que por una parte quiso aceptarlo solo para llevarla a la cama y follarla hasta el amanecer, no pudo aceptar sus palabras. Se harían las cosas como él quería, ella no estaba en posición de disponer nada, él era quién diría cuando y bajo qué circunstancias. Sin embargo, también debía ponerle un paño frío a la situación, ella tenía razón, no era tan simple deshacer su compromiso con Riander, había jurado frente a sus ancestros y toda la corte. Sabía que si quería podía hacer lo que se le plazca pero en el fondo, respetaba profundamente las tradiciones de su imperio e incluso, ahora que lo veía, no sabía si era tan bueno romper aquellas tradiciones por ella. El paño frío logró que viera todas las aristas, que recordara el porqué estaba allí a esa hora, lo que le había hecho y la humillación que no podía soportar ¿Qué dirían en su planeta si dejaba a Riander por la mujer que lo había traicionado en tantos sentidos?, no era un buen prospecto, lo sabía. Pero la quería. La quería y no tenía intenciones de ceder ¿Entonces? Las dos. Podía quedarse con las dos, se dijo. Riander para la corte y su imperio y en su cama, ella. Estaba decidido.

―Esta noche y todas las que quiera―propuso, la vio entrecerrar sus ojos, sintió como su cuerpo se tensaba y era fácil de reconocer su incomodidad―te llevaré como mi amante.

Su rostro enrojeció al escucharlo, sintió sus lágrimas asomarse por sus ojos. Estaba frustrada, no le sorprendía su respuesta pero no estaba preparada para asumirlo. No quería llorar en frente de él, se sentía vulnerable pero una lágrima traicionera se le escapó, desvió la mirada. Sabía que estaba perdiendo, pero no podía controlarse, se sobresaltó cuando la lengua húmeda del rey lamió su solitaria lágrima, la culpa invadió su pecho y no entendía porqué. ¿Culpa? él estaba tan cerca, sentía su erección en contra de su cuerpo y sabía qué era lo que él quería, no conseguía lidiar con el rechazo a su toque y el tenerlo tan cerca y no poder hacer nada, le hacía sentir la única responsable. La vergüenza y la culpa no eran una buena combinación, y la joven no conseguía lidiar con aquello. No quería estar con él, sentirlo cerca ni mucho menos que la tocara. No se imaginaba pasando su vida al lado de él, prefería... prefería. No. No tuvo el coraje de pensarlo.

―Por esta semana―accedió en un susurro débil―con la condición de que no le harás daño a mi hijo.

―Sigues sin entender―soltó con un suspiro de resignación.

―Puedes violarme las veces que quieras―dijo y volteó a mirarlo. Vegeta arrugó sus cejas al escucharla, molesto con la palabra y era irónico porque ya había establecido que la follaría sin tomar su decisión al respecto, era una violación pero no quería reconocerlo. Se ofendió, fue su turno de avergonzarse―o aceptas mis términos, y... pondré de mi parte para que quedes satisfecho.

No se atrevió a decir "hacer el amor", porque no era amor ni tampoco sexo consensuado. Accedería sí, pero no por eso significaba que quisiera pero actuaría, se esforzaría en que él sintiera que estaba disfrutándolo. Podía hacerlo por su hijo y sin saber, dio en el clavo. Vegeta pensó en todas las opciones, era consciente de que ella no lo quería cerca y ahora culpaba al mocoso de ello, ya que las hembras cuando criaban no tenían deseos sexuales como cuando están en período de fertilidad, pero ella estaba dispuesta a ceder con tal de que le perdonara la vida al engendro y no solo eso, le proponía que fuera sólo por esa semana en que duraría el comité. Que desfachatez, pensó y aunque molesto, comprendió que era lo más favorable para él por el momento, ya pensaría como llevársela de vuelta. Prefería follarla con sus condiciones, sabía que lo disfrutaría de verdad.

Ya pensaría en cómo abordarla para llevársela, porque ella no se quedaría en la tierra. No tranzaría con eso. Se la llevaría y no la dejaría ir nunca. Asintió y le molestó ver la sorpresa mezclada con ilusión en su cara bonita pero lo ignoró, por fin tendría lo que añoró por tantas noches de insomnio y desdicha. La tendría una vez más.

Ya no le importaba su traición, no en ese momento al menos. Ya pensaría después, ya vería después. Acercó su boca a la de ella, impaciente por besarle y Bulma se congeló.

Sintió que todo daba vueltas a su alrededor, lo tenía a sólo unos centímetros, cerró sus ojos, tratando de controlar sus náuseas y poder asumir el compromiso que ella misma planteó, más no los volvió a abrir, todo se fue a negro. Él no alcanzó a besarla, se percató que su cuerpo se volvió inerte de repente y no tuvo que pensarlo demasiado para entender lo que pasaba, Bulma se había desmayado.

En el silencio de la habitación, completamente indignado, su bestia le susurró «No quiere que la toques. Mátala».

.

.

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N/A: Ya sé que no valen las disculpas, pero lo siento de todos modos. Sé que en la página de Facebook dije que seguiría con los demás fanfic, pero éste era el que me emocionaba por avanzar y entre actualizar y no actualizar, preferí actualizar.

Espero poder recuperar el ritmo de antes, de verdad que lo deseo porque me gusta esto. Sé que muchas están en desacuerdo con Bulma, pero quería plantear la situación desde el punto de vista del abuso, después de todo, ella lo fue y por más que haya pensado que lo amaba, eso era enfermizo. No es normal. Vegeta por su parte, es una animalito xD, desde niña que veo documentales en el Animal planet, y recuerdo que me dejó muy sorprendida que algunas especies macho mataban a las crías para poder procrear nuevamente con la hembra, o para dejar su descendencia. Es algo que imaginé creíble con los saiyajin, pensándolos tan primales como los tengo planteados en mi historia. Y por si no se entendió, con ese fin Vegeta pensaba matar a Trunks. Ahora, sé que puede parecer ilógico que no se de cuenta que es suyo, pero los hombres son bobos xD y la verdad, a menos que sean un calco, es difícil reconocer los parecidos entre personas o al menos me pasa.

Estoy contenta con el resultado, es decir, me gusta la forma que va tomando es como la imaginaba.

*Cuando las hermanas están hablando, y Bulma pide que le prometa que cuidará de su hijo, lo hice inspirada en Lyanna y Ned, de Game Of Thrones, y la verdad, me emocionó mientras lo hacía x')

Bueno, espero que ésto sea una mándala de fin de año y así, que el próximo año poder empezarlo con estas mismas ganas de escribir y actualizar.

Muchas gracias por el apoyo y la preocupación, deseo en el fondo de mi kokoro, que este capítulo sea de su agrado y que esté a su altura.

Les deseo un muy feliz fin de año, y que podamos seguir esta aventura :)

Felicidades y nos estamos leyendo!