La mujer que amé se ha convertido en fantasma.
Yo soy el lugar de las apariciones.
Juan José Arreola.
Capítulo 5
Mentiras
Las palpitaciones en su sien se hicieron cada vez más insistentes, como un zumbido de abeja que golpeaba en su frente que terminó por hacerla despertar. Se sintió desorientada, sus ojos no dolieron cuando se enfrentó con la tenue oscuridad de la habitación, tardó unos segundos en procesar donde se encontraba. Vio el cielo de su cuarto como si fuera lo más interesante, su mente estaba apagada, solo concentrada en calmar el dolor, esperando que fuera solo un malestar por el sueño. Por un momento, que no fueron más que segundos, la joven madre no estaba consciente de ella misma, simplemente sentía y respiraba, como si fuera un cascarón vacío. Después de unos segundos, su ceño se frunció sin aparente motivo, sus ojos miraron a su alrededor a pesar de la poca luz, como si buscara algo, pero no sabía qué. Entonces su cuerpo se estremeció como si un choque eléctrico lo recorriera, recordándole quién era, qué importaba, dónde estaba y qué buscaba.
Se reincorporó bruscamente, sentándose en su cama, el movimiento le provocó un mareo que ignoró, buscó en su habitación de extremo a extremo hasta que sus ojos se fijaron en lo único que importaba, la cuna de Trunks. Se iba a levantar, pero la voz grave y autoritaria, que le recordó qué no estaba sola, habló.
―Está respirando.
Bulma contuvo el aliento. Reconocía esa voz, fue como estar dentro de una pesadilla, a oscuras a merced del asesino, pensó. Su pecho se comprimió al recordar qué había pasado, su "conversación", su propuesta y desmayo. Relamió su labio inferior y volvió a mirar hacia su hijo, sin pensarlo demasiado se quitó la manta de encima y se bajó de la cama. Caminó hacia la cuna y se asomó, vio al niño destapado, medio roncando de espaldas y cruzado en la colchoneta. Sonrío, él era ajeno al peligro que había pasado y al que se exponían con tener al Rey en la misma habitación, es más, en el mismo planeta. Soltó un suspiro cansado, lo acomodó con cuidado en su cuna y lo cubrió nuevamente, el pequeño soltó una queja no comprensible más no despertó.
Una vez confirmado su bien estar, la joven pensó en sus opciones. Fue como poner un paño frío a la situación, sus rasgos se volvieron más serios e impasibles, y sin voltearse aún, pensó en cómo salir viva de esa situación. Sabía qué era lo que él quería, pero estaba casi segura que no iba a poder dárselo, no como se lo había prometido al menos. No podía controlar sus emociones y reacciones, no esperó que con solo tenerlo cerca se desmayaría. ¿Qué estaba mal? Era la forma de calmar al saiyajin peligroso que respiraba sigiloso al otro lado de la habitación, siempre fue la forma, se dijo.
De pronto la idea le hizo sentir vergüenza, recordaba claramente que la mayor parte del tiempo juntos la pasaban revolcándose, sus mejillas se incendiaron por la culpa y la pena. Disfrutaba eso, lo recordaba bien. Se avergonzaba tanto de sí misma, pensó en su hijo, en su adultez ¿Sería capaz de contarle su historia? No creía, no podía confesarla, aunque quisiera. Esas palabras nunca habían salido de su boca, ni con su madre ni con su hermana. No era por timidez, esa palabra no estaba en su vocabulario, era por mera culpa. La culpa se había vuelto la protagonista en su vida desde que se había alejado de él, también, aunque le costara asumirlo, todavía no podía superar lo que vivió con él, no del todo al menos. Reconocer que lo que sintió estaba mal, había sido el primer paso, pero no se sentía rehabilitada y sabía por qué, más no quería prestarle atención.
―L-lo lamento―murmuró, volteó hacia él. Podía distinguir sus formas, estaba sentado en una butaca a unos metros de su cama. Veía su cabello y hombreras sobresalir del mueble, su forma se veía más oscura-siniestra-que cualquier cosa en el dormitorio. Casi podía ver un ambiente lúgubre a su alrededor ¿O lo estaba imaginando? Cuando se trataba de él, ahora, todo lo veía en el extremo de lo malo que había en el mundo, todo él, su voz, su desplante, su actuar. Él. Era como si fuera la encarnación de todo lo maléfico, en su pequeño universo al menos.
El Rey, en su rincón, no se perdía movimiento de la joven princesa. Podía oler su ansiedad, la asociaba a la preocupación por su criatura, trataba de ignorar eso. Ya era bastante humillante la situación como para seguir enfocándose en el crío, por ahora. Tenía la mejilla izquierda apoyada en el dorso de su mano, sus ojos miraban crítico toda la situación, en todo momento su bestia le susurró explicaciones ponzoñosas y empezaba a estar de acuerdo con él, no quería preguntar por qué se había desmayado, y su bestia le había gritado la respuesta, pero no quería creerlo, su ingenuo ego no quería creerlo. ¿Cómo él Vegeta IV, rey del imperio Saiyajin, iba a ser rechazado así? No quería seguir dándole golpes a su maltratado ego, el saber que ella se había ido por su voluntad y que decidió mantenerse oculta de él, y encima parir un demonio que él no procreó, ya era demasiada humillación para encima, pensar que ella se había desmayado por el asco que le provocaba estar cerca, no podía ser así, quería convencerse de que no era esa la respuesta.
No sabía qué hacer o decir. Sus pensamientos lo torturaban con lo que había pasado y no se atrevía a decir o preguntar, aparentaba estar atento a lo que ella hacía, imponente en su porte y actitud, pero estaba inseguro, ella lo había destruido de tantas formas posibles que se sentía perdido. No quería lanzarse sobre ella, no creía poder resistir otro rechazo. Y, aunque su bestia le había propuesto otro camino, no quería tomarlo. Hace mucho que había dejado el actuar salvaje y sin consideración con ella, su Bulma no se merecía esos tratos. Había prometido no hacerle daño, y mantendría su promesa.
― ¿Cuánto tiempo… estuve dormida? ―preguntó sin alejarse de la cuna. Inconscientemente, su cuerpo no quería separarse de su hijo, era como una madre que cuidaba la madriguera de su cría de un peligroso depredador.
― ¿Es importante? ―respondió, sin dejar de mirarla. Podía oler su ansiedad, pero la actitud protectora de madre no le gustaba. En parte eran celos, no solo porque era por una criatura que él no fecundó, sino que verla tan preocupada y desvelándose por otro ser que no era él, le carcomía los nervios. Durante su charla en la tarde se mostró en todo momento altanera y distante, fría, y apenas aparece el crío en escena, Bulma había cambiado completamente. Era su debilidad, y no podía ocultarlo.
― ¿Estás molesto? ―no necesitaba que respondiera para saberlo, pero debía hacer tiempo. Se sentía como una mujer inexperta, no sabía qué paso dar ni cómo dejarlo satisfecho, en parte se sentía insegura y por otra, no quería hacerlo. Sentía que sus pies tenían un imán al suelo, no se movía.
―Basta de preguntas estúpidas―dijo y se puso de pie, el vientre de la joven princesa se tensó al ver su silueta al mismo tiempo que los latidos de su pecho se aceleraron―ven acá.
Su orden era clara y debía cumplirla, no porque él lo dijera, sino que fue el compromiso al que habían llegado, le había dado su palabra. Sexo a cambio de la seguridad de Trunks, parecía tan sencillo decirlo, pero el pensarlo y hacerlo eran pasos difíciles de dar para la joven. Lo vio acercarse a su propia cama, quitarse su armadura sin preámbulos y sin darse cuenta, comenzó a temblar, giró hacia la cuna de su hijo, lo vio mover su boquita como si estuviera lactando, medio sonrió. Él estaba era ajeno a todo el lío en que lo había metido, sabía que la única culpable era ella, por no hacer las cosas bien. Debió hacerle caso a Tight, debió irse apenas supo que los saiyajin irían, pecó de arrogante, en ningún momento pasó por su cabeza que el haberse mantenido oculta de los saiyajin fue una mala idea, seguía firme en que era la única solución para alejarse de ellos, de él.
― ¿Qué mierda estás esperando? ―ladró, haciéndola sobresaltar en su posición.
―N-no me siento bien―murmuró sin pensarlo. Vegeta ya se había quitado la remera y tenía el borde de su pantalón sujetado con sus manos, lo vio detener sus movimientos y acercarse a su velador derecho, encendió la lámpara y se sintió expuesta a su luz. Tragó saliva, sintió el nudo en su garganta como si estuviera resfriada, la iluminación no llegaba a todos los espacios de la habitación, pero era suficiente para sentirse juzgada en su posición.
Bajó la mirada como una niña que es sorprendida en su travesura, no fue capaz de enfrentarse a sus ojos negros. Se sentía diminuta en frente del saiyajin y no le gustaba, ni siquiera cuando llegó al planeta rojo por primera vez se sintió de ese modo. Su adolescencia y rebeldía le había ayudado a enfrentarse a él en muchas ocasiones, pero ahora, se sentía en notoria desventaja. No solo era por el trato, también era la revelación de enfrentarse a él después de entender todo el daño que le había hecho y que encima, creyó amar. Todavía no lo superaba, sabía y reconocía el daño, pero no podía dar vuelta la página del todo, quería ser fuerte por su hijo, quería ser valiente pero ahí estaba, temblando y agachando la mirada. Incapaz de negarse. Quería creer y afirmarse en que ella no tenía oportunidad para ir en contra de él, el trato había sido la única solución para que no le hiciera daño a su hijo, y era lo más beneficioso para ambos, era un hombre poderoso que podía poner en peligro a su planeta entero, por eso había tenido que ceder, por eso estaba allí expuesta para él. Pero no, eso era solo una parte de la situación, lo cierto era que él tenía poder sobre ella, quisiera o no, el miedo que le provocaba la paralizaba y le hacía sentirse una niña otra vez.
Sin embargo, ya no era una niña. Aunque su pecho latía con fuerza y su vientre seguía pesado, levantó la mirada hacia él y lo enfrentó, respiró profundamente y caminó hacia la cama. El silencio predominaba en la habitación, a momentos oía los débiles ronquidos de Trunks, recordándole que debía ser fuerte, que debía salir de esa situación triunfante, que él la esperaba.
Observó al saiyajin, se obligó a hacerlo. Había prometido que pondría de su parte, debía acostumbrarse a su mirada y no huir de ella. Sus ojos negros eran tan fríos como los recordaba, su rostro seguía igual a hace dos años y medio, bajó su mirada hacia su torso, no había ni un gramo de grasa extra y eso inevitablemente la hizo sentir insegura. Ella no era la misma joven que se alejó de él, en muchos sentidos, ya no pensaba que eran una pareja perfecta ni que su relación basada en sexo y lucha de poder era normal, su cuerpo no era el mismo. Ya no tenía el mismo físico que cuando lo conoció, había sido madre e incluso tenía una marca en su abdomen bajo ¿Le parecería igual de atractiva?... la respuesta le llenaba de ansiedad, fueron segundos en que la joven llenó su cabeza de pensamientos negativos sobre su cuerpo, pensando solo en la aprobación del saiyajin, pero no duró demasiado ¿Qué importaba lo que él pensara? Aunque su ego le gritaba que la opinión de él era la que menos debía importarle, una parte de ella, la dañada, no dejaba ir la idea.
― ¿Y qué pretendes? ―Bulma detuvo su paso, sabía a qué se refería. Estaba poniendo excusas-que eran ciertas-para no concretar su encuentro, y el no hacerlo tendría sus consecuencias, no era necesario que él se lo recordara para saberlo.
―Nada―respondió de mala gana, dejando en una caja su inseguridad y miedo, no era el momento de sentirse inferior, no debía demostrarle lo mucho que le afectaba, su orgullo la empujaba a fingir seguridad. ―estoy diciendo lo que siento solamente ¿O debo ser una muñeca que no hable y solo abra las piernas? ―preguntó cruzándose de brazos―dilo, y lo hago.
Vegeta respiró profundamente, intentando controlar la ira que amenazaba con dominar su cuerpo. Su Bulma estaba más insufrible que cuando la conoció, cada vez se convencía más de que aquella joven con melena corta y actitud arrogante y desvergonzada, no era su esposa. Ella había cambiado demasiado en dos años y medio, no sabía si tenía que ver la maternidad, pero su actitud lo empezaba a fastidiar y ni siquiera había pasado un día conviviendo con ella. Eran muchos aspectos que debía considerar, la princesa no estaba en condiciones de mostrarse altanera, lo había humillado, mentido y traicionado y encima se negaba a estar con él y le ponía condiciones ¿Cuánto más bajo podía caer por ella?... no quería saber la respuesta, pero lo que sí tenía claro era que no toleraría todo ello, no lo merecía y ni siquiera se había disculpado por todo el daño que le había hecho. De pronto, el saiyajin tuvo una dura revelación, por mucho que la amara, ella debía disculparse, no podía dejar las cosas como si nada hubiera pasado, lo sabía.
―Primero que nada―comenzó diciendo, mientras reanudaba sus movimientos y bajaba sus pantalones, dejando su cuerpo desnudo―me bajas el tono. No estas en condiciones para hablarme así, he sido bastante paciente. Y mi misericordia tiene un límite, lo sabes. ―la vio medio sonreír y eso le molestó más de lo que debiera, ya se sentía humillado por estar allí y verla con esa actitud, creía que se burlaba y eso no lo toleraría de nadie―No estoy jugando, Bulma. Tú propusiste esto―murmuró apuntándose y luego a ella―sé madura una vez en tu vida y cumple con tu palabra.
Quiso estallar, gritarle y lanzarle algún perfume para quebrar su cabeza. Pero solo pudo esconder su sonrisa y mirarlo con recelo, no quería oír aquello y menos de él, se sintió expuesta y no le agradó. Ser adulta era difícil, ser madre lo era todavía más y que él, entre todas las personas la llamara inmadura le hizo hervir la sangre. No respondió, mordió su lengua y contuvo todo el veneno que tenía para lanzarle, en cambio, sin dejar de mirarlo, imitó sus movimientos y se quitó su pijama, a diferencia de él, quedó solo con sus bragas puestas mientras que él estaba completamente desnudo. Hubiera preferido que la luz estuviera apagada, evitar mostrar las imperfecciones de su cuerpo, pero se repetía que no importaba qué pensara el saiyajin, avanzó rápido a la cama y se sentó, ignorando la mirada del rey.
La erección fue instantánea. Olvidó el monólogo que tenía preparado por su actitud, en cuanto vio su piel expuesta lo único que quedó presente en su mente fue el deseo. Quedó idiotizado mientras la veía caminar y sus senos moverse al compás de sus movimientos, lucían diferentes. Ya no estaban del mismo tamaño, recordaba que cuando menstruaba sus senos se hinchaban, ahora lucían similar, pero podía notar que se debían únicamente a la lactancia, sus pezones estaban notoriamente más grandes, y el calor en su cuerpo creció. Ya no era una adolescente, era una mujer en todo el sentido de la palabra, quedaban muy pocos rasgos de la Bulma que había conocido, su rostro redondo y sus ojos grandes la delataban, pero su cuerpo no era el mismo, había crecido, tenía en frente a la mujer con la que había soñado muchas veces, que la imaginaba, pero en sus memorias era la misma chica que se había ido. No fueron los dos años y medio los que habían hecho ese cambio, había sido el embarazo y él no había sido parte de eso.
―No sé si pueda hacerlo―murmuró dándole la espalda.
―Deja de dar excusas―respondió en un susurro mientras se acercaba, se subió a la cama y gateó hacia ella.
Se quedó admirando su espalda menuda y su pequeña cintura, era extraño poder verla sin su cabello largo, pero le gustaba. Podía admirar cada rincón de su cuerpo, veía su cuello expuesto sin su marca y pensó en dejarla allí nuevamente, pero se detuvo, algo en su interior le obligó a pensarlo con más detenimiento, no quiso centrarse en ello en ese momento y siguió con su estudio que no duró demasiado, quiso tocarla. Las ansias estaban recorriendo cada parte de su cuerpo, su cola se movía de lado a lado impaciente. Posó sus manos en sus hombros y la sintió tensarse, pero su excitación ignoró aquella señal.
Sentía su respiración chocar en su cuello, cerró sus ojos intentando controlarse, ella había propuesto aquello, ahora pensaba que era más sencillo que él la forzara, no tendría que lidiar con fingir que le gustaba y sería más rápido, pensó. Lo próximo fueron sus labios en su hombro, un escalofrío la estremeció y sintió sus mejillas sonrojarse cuando pasó, quiso convencerse que se debía a que no había sido tocada hace mucho tiempo, pero la culpa empezó a dominar su cuerpo, gritándole que no era esa la razón. Las manos del saiyajin recorrieron desde sus hombros hasta sus senos, los agarró con firmeza que le lastimó, soltó un quejido al mismo tiempo que intentaba quitarse sus manos de encima.
―No…―gimoteó en un susurro, él no detuvo su toque ni los besos en su cuello. El calor empezó a invadir su cuerpo, pero por vergüenza, se sintió sucia de pronto y la culpa no la dejaba descansar ni un segundo. Cuando él se apegó más a su cuerpo sintió su erección en su espalda baja al mismo tiempo que las caricias demandantes y los besos se volvieron más bruscos.
Estaban cargados de ansiedad, podía percibir el control que en ese momento tenía el saiyajin, él solo quería follarla sin más, pero intentaba tener un juego previo para prepararla, en otro momento de su vida, hace años atrás para ser exactos, se hubiera conmovido, ahora solo le provocó repulsión. Una mano del guerrero bajó por su vientre hasta su pelvis, cerró sus piernas con fuerza, impidiendo su invasión, olvidando por completo su trato.
―Abre―exigió, sin dejar de mordisquear y succionar su cuello, subió por su mejilla y luego hasta su oreja―ábrelas―gruñó impaciente.
―No me siento cómoda―murmuró más para sí misma. Sus ojos se cerraban, sentía que se desmayaría en cualquier momento.
Las manos del saiyajin se quedaron en su vientre, la jaló hacia él, haciendo que el espacio entre ellos se redujera al mínimo. Estaban en medio de la cama, con el movimiento las piernas de la princesa se estiraron y así, se hizo el espacio para que la mano derecha del guerrero invadiera su monte de venus, antes de bajar, la yema de sus dedos sintió un relieve desconocido entre el monte y su vientre bajo, con su dedo índice y del medio palpó lo que reconoció con rapidez como una cicatriz. Detuvo sus movimientos, sorprendido por la revelación e inquieto por la idea de que la hubieran herido, alejó su rostro de su cuello y volteó a verla, pero por la posición no podía ver su cara. Se separó de su espalda al mismo tiempo que sostenía su hombro izquierdo y en un movimiento certero, la empujó hacia la cama, quedando boca arriba. Ella se quejó por su brusco actuar, pero la ignoró, en cambio se hizo un espacio entre sus piernas y estudió su torso desnudo.
Aunque la panorámica era bastante tentadora, se concentró en su vientre, bajó su ropa interior sin cuidado y la vio, la cicatriz rosada que adornaba el comienzo de su pubis y el final de su abdomen, era pequeña, no medía más de diez centímetros y había que observarla con cuidado para notarla, la acarició con suavidad y buscó su mirada. La joven no lo miraba, parecía más concentrada en el cielo de su habitación a lo que le estaba haciendo.
― ¿Quién te hizo esto? ―preguntó con el ceño fruncido. Bulma volteó a verlo, pensando en qué responder. Tuvo que dejar de lado la respuesta irónica y la pesadez que en ese momento sentía. Sin dejar de mirarlo buscó su ropa interior que estaban atoradas entre su cadera y la subió, escondiendo su marca.
―No es de tu incumbencia―respondió, y al ver sus ojos negros estrecharse, se apresuró en continuar―pero te lo diré de todos modos. Tuvieron que hacerme esa incisión para sacar a mi hijo.
― ¿No lo pariste? ―preguntó extrañado. Todas las saiyajin parían a sus cachorros, los que pasaban a una incubadora por los próximo años según el crecimiento del niño. Recordó cuando la joven había perdido a su primer hijo, y entonces asumió una realidad que no le gustaba reconocer.
―No… era muy grande y yo muy estrecha, no me dilaté lo suficiente―ella era débil. Su primer hijo lo había perdido, y aunque siempre quiso pensar que se debió a que tenía poco tiempo de gestación, si hubiera sido una saiyajin hubiera resistido el ataque. Saber que no había podido dar a luz al demonio que dormía a unos metros de ellos lo inquietó, cuando la preñara ¿Sería igual? Seguramente y la idea no le gustaba del todo. Por primera vez, desde que la había conocido, que pensó que el mestizaje no era una consecuencia que le gustara, sabía de varias criaturas que habían nacido sin problema, pero las madres eran más fuertes.
Volvió su atención a la cicatriz y bajó un poco la tela para verla, era pequeña ¿Por ahí habían sacado a la bestia? ¿Cómo es que no había podido dilatarse diez centímetros para poder parirlo? Prefirió no seguir pensando en ello, bajó la prenda sin más preámbulos y se alejó lo suficiente para poder quitársela por completo.
―Entonces tu coño sigue del mismo tamaño―comentó ajeno a su mirada―se sentirá igual que siempre.
―Eres despreciable―soltó, pensando en voz alta. Cuando se dio cuenta que lo había dicho, ya tenía los ojos fríos del saiyajin fijos en los suyos. Aunque sintió temor, sus palabras eran el reflejo de lo que sentía, pero la honestidad con el saiyajin nunca era una opción.
Algo se quebró en su interior, recordó casi al instante las palabras de uno de sus sueños, "te odio" ¿Era acaso una premonición? No creía en esas cosas, pero lo que estaba viviendo en ese momento le hacía pensar tonterías, buscar culpables y excusas para poder sobrellevar lo que estaba sintiendo. Su rechazo. Ya se lo había dicho antes, no quería irse con él, no quería que la tocara, no quería nada de él y ahora, le soltaba semejante declaración. Había que ser un idiota para pensar que ella no le había dado las señales, y quería serlo un poco. No podía aceptar que ella lo odiara cuando antes de separarse, le decía que lo extrañaba y le hacía rabietas por no estar juntos ¿Cómo podía cambiar tanto su relación en dos años y medio? Quería hallar explicaciones, la única que encontraba más fiable era que ella le mintió siempre, que fue una actuación lo que vivieron esos cuatro años, y eso destrozaba su pecho con solo pensarlo. Quiso creer entonces, que le habían convencido de que él no era un buen prospecto en esos años que estuvieron separados, quizás su hermana o… el padre del mocoso. Sería acaso que ¿Ella estaba enamorada de alguien más? Apretó sus manos en puños, comenzó a temblar ligeramente y su cola se sacudió un par de veces, no podía tolerar aquello. El rey simplemente no aceptaba su rechazo ni sus palabras, para él no había otra salida que estar juntos, en ese momento no le importaba la opinión de nadie más. Él no había sufrido tantos años para después encontrarse con esa respuesta, no se lo merecía.
― ¿Tú también lo piensas? ―preguntó sin esperar respuesta. Su voz fue un gruñido fúnebre en medio de la habitación, ella no tenía que temblar para demostrarle que le temía y a esas alturas no le importaba, no podía seguir conteniéndose por alguien que no le retribuía de la misma manera, le susurraba su bestia. ―hay una larga fila, de quienes creen que soy un ser despreciable. No creí que estarías en ella, no después de todo lo que vivimos juntos. ―le reprochó.
Ella sabía a qué se refería. Eran esos momentos en los que vivía bajo un embrujo, su embrujo, donde creyó que eran una pareja normal y feliz, que siempre estarían juntos y que nada los separaría ¡Qué tonta fue! No podía negar que en esos momentos se sintió feliz, pero eran construidos en una falsa mentira, lo sabía ahora. No era normal, nunca lo fue, su relación inició mal y terminaría mal… no podía darla por finalizada, lo veía ahora que lo tenía encima, mirándola con recelo. Creyó ingenuamente que podía librarse de él en algún momento, quizás con terapia, pero enfrentarle ahora hacía las cosas muy difíciles para la princesa.
―Estoy dentro de las primeras, en esa fila―susurró, tragó en seco cuando él se acercó a su rostro. Sus perfiles quedaron a solo unos centímetros, sintió como sus pelvis encajaron como un rompecabezas, como si se atrajeran, su erección quedó descansando entre su carne, sus pechos chocaron y tuvo que contener el quejido al sentir sus duros pectorales aplastar sus senos.
―Es bueno saberlo―murmuró, el movimiento de sus labios la distrajo unos segundos y volvió a centrarse en sus ojos negros, que estaban fijos en los suyos― ¿En qué más me has mentido?
Abrió su boca para responder, pero su voz no salió. No pudo defenderse de su acusación, porque estaba en lo cierto. Fueron segundos en que sintió que él sabía todo de ella, en que todas sus mentiras fueron expuestas ante sus fríos ojos negros, su paranoia la congeló. No sabía que responder, que decir… que mentira inventar ahora, pero la mentira habló por sí misma. Después de cinco segundos en que el saiyajin había lanzado aquella pregunta, el llanto de Trunks la respondió. Bulma sintió que un balde de agua fría caía sobre su cabeza, sabía que era absurdo que él supiera, no tenía como saberlo, pero a esas alturas, sus mentiras la estaban enredando más y más y se sentía atrapada. Siempre creyó que era una buena actriz, pero estar frente a él hacía las cosas más complicadas. Él todo complicaba.
Por inercia movió sus manos sobre su pecho e intentó empujarlo, él no se movió. Bulma frunció el ceño sin dejar de mirarlo, el rostro del saiyajin seguía estoico, observándola con detenimiento, como si pudiera leerla y temía que lo consiguiera. El llanto de su hijo seguía haciéndose oír, pero el rey no parecía prestarle atención.
―Hazte a un lado―exigió―mi hijo está llorando―dijo, como si él no pudiera oírlo por su cuenta.
―No es mi problema―soltó con sorna. Bulma iba a responder, pero el saiyajin levantó sus caderas, acomodándola para él y entendió su actuar con rapidez, su cuerpo recordaba sus movimientos, muy para su desgracia.
―No―dijo, al mismo tiempo que sus manos trataban de detener las de él. Vegeta no la escuchaba, o parecía no hacerlo. La angustia le carcomió el pecho y creyó que terminaría como tantas veces, abusada. Y era extraño, porque hace unos minutos creía que era lo más rápido y ahora que estaba por pasar, entró en pánico. Seguramente nunca se acostumbraría… pero la pena con la que lloraba Trunks, la hizo pelear. O intentar defenderse al menos, no podía dejar que aquello pasara y menos en frente de su hijo―después…―pidió, esperando llamar su atención.
―Estoy cansado de tus mentiras y excusas―respondió sin mirarla, creía que, si lo hacía, perdería por completo la compostura. No podía seguir soportando todo ello, su rechazo, sus palabras, el llanto del bastardo… estaba en su límite.
―Vegeta―el saiyajin no pudo evitar levantar la mirada, su nombre saliendo de sus labios era lo que había querido escuchar, lo que soñaba y añoraba. Estaba pasando, ella era real. ―por favor. Te dije que lo haría, pero debo ver a mi hijo.
―Maldición―exclamó con furia, se bajó de su cuerpo y desvió la mirada, se sentó en el otro extremo de la cama, dándole la espalda―cállalo o lo hago yo.
―Eso no sube mi libido―se quejó. Vegeta volteó a responder, pero guardó silencio y observó sus movimientos. La prisa con la que se vistió y corrió hacia la cama del crío le conmovió, era esa bestia el centro de su universo y lo envidió, pero a la vez, empezaba a dudar de concretar lo que había ido a hacer.
Pensó que podía lidiar con su odio si se deshacía del chiquillo, pero verla ser madre le empezaba a remover la consciencia. Era como quitarle lo que más amaba, sintió que le haría vivir el mismo calvario que él sintió cuando la creyó muerta, y él no quería ese sufrimiento para su Bulma. Se sentía un imbécil en tantos sentidos, ella lo engañaba, le mentía, lo traicionaba, humillaba y aun así la amaba, creía que nunca podría dejar de hacerlo y no tenía como salir de aquello más que aceptándolo. No podía ser un saiyajin en ese momento, se sentía avergonzado, toda su raza estaba siendo humillada al dejar vivo al crío o a no castigarla a ella por lo que había hecho, pero no podía hacerlo.
Bulma se acercó a la cuna y vio a su hijo sentado llorando, lo tomó y tocó su pañal, no estaba lleno por lo que no era el motivo de su rabia.
―Tranquilo, cariño―le murmuró, usando el tono de voz que era solo para él―mamá está aquí.
―mama―sollozó, hundió su carita en su cuello y la abrazó, ajeno a los ojos negros que los observaban a la distancia.
― ¿Qué pasa? ¿Soñaste algo feo? ―preguntó, besó su frente y lo meció, tratando de calmar su llanto.
El niño no respondió, Bulma creyó que ya se había dormido y se alejó un poco para observarlo, pero sus ojos celestes estaban fijos en un punto detrás de ella. Volteó para verlo y el niño la imitó, girándose de frente para seguir observando, Bulma tragó con disimulo, intentando no demostrar la ansiedad que sentía al estar los tres en aquella habitación. Trunks no despegaba su mirada del rey, ni él del niño, la ansiedad hizo estragos en su menudo cuerpo, sentía que, si seguía exponiéndolo al saiyajin, tarde o temprano se daría cuenta y eso sería su ruina.
―Venga, a la cama―murmuró, se giró hacia la cuna y se inclinó para recostarlo, pero el niño se puso tenso y chilló un claro "no" en protesta―hijo, debes dormir. Es tarde.
―Con mama―soltó entre llanto, haciéndole un puchero que rompió su corazón. Eran esos momentos en los que su hijo la dominaba por completo, creía que el niño lo sabía, que sí le mostraba una carita angelical y un poco de lágrimas, ella hacía lo que quería, pero si era violento y hacía rabietas, no funcionaba, no con ella al menos.
Suspiró cansada, ni siquiera había visto la hora y por uno momento olvidó la presencia del saiyajin y eran solo los dos, madre e hijo. Buscó en su cuna un peluche, y volteó hacia su cama, se encontró con los ojos depredadores del rey al instante y recordó rápidamente, lo que estaban por hacer, con Trunks ahí sería un problema, lo sabía. Sentía que estaba entre la espada y la pared, por una parte, su hijo con su berrinche manipulador, y por otro, él.
―Solo será hasta que se quede dormido―explicó, adivinando sus pensamientos al ver sus rasgos fríos y déspotas. Caminó hacia su cama, no soltó al niño al llegar, se sentó en medio de esta y dejó a su hijo al otro extremo de la cama, como si con eso pudiera esconderlo del saiyajin.
―Lo que me faltaba―maldijo el rey. Entendió la actitud defensiva de la princesa, ella era el muro que protegía al niño y aunque sabía era una tontería pues si quisiera, eso no sería un problema para atacar al demonio llorón, no dejó de admirarla por ello. Se había vuelto una madre protectora y cariñosa, le dolía que fuera con un bastardo, pero verla así le hacía convencerse más de que ella era la mujer para él.
Bulma le dio la espalda, la vio cubrirse con las mantas y al niño, él la imitó y se acostó en el otro extremo de la cama, pero antes de poder apoyar su espalda en la marquesa, el crío se asomó por el costado de su madre, sorprendiéndolo. Tenía los ojos hinchados y la cara roja por el llanto, pero su ceño fruncido y sus labios en una mueca de desagrado se lo decían todo, no era bienvenido. La joven madre lo regañó y volvió a acostarlo, la escuchó hablarle, pero no le prestó atención, se quedó pensando en el rostro del niño, había algo que le inquietaba, pero no sabía qué. Se quedó demasiado tiempo pensando, en ella, en él, en qué haría a partir de ahora con toda la situación que se tejía entre sus manos, y antes de darse cuenta, oyó la respiración tranquila de la joven y del crío.
Se asomó con cuidado sobre los hombros de la princesa, guardó su indignación y contuvo su respiración pesada, ella se había dormido, se sintió estafado. Miró al niño que estaba de espaldas con las manos abiertas, respirando por la boca, su cabello lacio esparcido en la almohada, parecía que era el que más espacio usaba en la cama.
―Maldito demonio―susurró. Rendido, se recostó y trató de dormir, pero no lo consiguió, creía que, si cerraba sus ojos, ella podía irse otra vez. Se quedó toda la noche cuidando su sueño, pensando en ellos, en su futuro y en qué hacer con la criatura que estorbaba en su relación.
(…)
Era absurdo caminar con miedo por los pasillos, cuando había pasado la noche con él. Daba pasos mirando al suelo, evitando entrar en contacto con quien sea, sentía que todos sabían lo que había pasado y le avergonzaba. Llegó a su laboratorio con el niño en brazos, había decidido que no se separaría de él en todo el tiempo que durara el Comité, pero también, porque tenía la sensación de que serían los últimos días juntos. Él había sido claro, se la llevaría como amante y su decisión no era importante, aunque su planeta intercediera por ella, Vegeta podía hacer lo que se le antojara.
Cuando había despertado esa mañana, el saiyajin ya no estaba en su habitación. No planeó dormirse, se sentía mal por ello y a la vez, aliviada, al final no había tenido sexo con él, pero sabía que se lo debía. Y si él cumplía su palabra y se la llevaba, eso sería pan de cada día, estaba aplazando lo inevitable.
Pasó la tarde intentando avanzar proyectos y poniéndole atención al niño. Le habían llevado todas las comidas a la sala, no quería salir del laboratorio. Su hermana no pudo ir a visitarla, pues empezaba oficialmente las jornadas del Comité. El que si la acompañó un par de horas y le trajo las noticias de último minuto fue Jaco.
―Me encontré con tu amigo saiyajin―comentó mientras fingía que jugaba con Trunks, pero para el niño era suficiente que moviera el auto para él poder chocarlo con un dinosaurio―el hermano de Raditz.
―Kakarotto―murmuró pensativa. Cuando decidió seguir adelante con su vida, no solo le había mentido a Vegeta, sino a toda su especie, empezaba a entender la gravedad del asunto, su hermana se lo repitió muchas veces, y su terquedad nunca cedió. Todas las cosas la habían empujado a lo que se enfrentaba ahora― ¿Qué te dijo?
―Me preguntó por ti―dijo, soltó un chillido alarmante cuando el niño dejó de chocar su auto y le aventó el dinosaurio en la cabeza― ¡Así no! ―exclamó sobándose la frente―le dije lo mismo que a la reina esa… pero él se veía genuinamente interesado en tu versión.
―Le debo unas disculpas a Kakarotto y a Chi-chi―susurró mientras atornillaba una placa de acero.
― ¿Y al Rey Vegeta? ―preguntó sin mirarla―creo que a toda la especie. Si Kakarotto sabe, seguramente ya todos en el planeta Vegetasei también.
No quería reconocerlo. Era extraño porque sabía su falta, lo que había ocasionado y el significado de cada error que había cometido, pero reconocérselo al Rey, disculparse y agachar la cabeza, no quería hacerlo. Sentía que no correspondía disculparse por querer alejarse de él, después de todo lo que había vivido con él, le parecía incluso irónico el llegar a pensarlo.
(…)
Sentía que debía discutirlo, que correspondía hacerlo, pero no se atrevía. Su corazón latía a toda prisa, vio al saiyajin levantarse de su puesto junto a su reina y caminar hacia la salida, al igual que muchos gobernantes. Su mano temblaba apoyada en el borde de su tarima, lo vio salir y se quedó allí, sola.
Mordió su labio inferior, y decidió en el último momento, hacerlo. Salió rápidamente de la sala y los siguió, sabía que debía ser prudente al hablar sobre su hermana en pleno pasillo, pero debía conversar con el saiyajin, de reina a rey. Debía hacer uso de todo el entrenamiento diplomático que tenía, por su hermana y sobrino, debía hacerlo.
―Rey Vegeta―habló a un par de metros de distancia. El saiyajin se detuvo, y con él su reina, ambos voltearon hacia ella, la reina la miró con sospecha mientras que el ex esposo de su hermana, con su rostro serio y distante de siempre―quisiera conversar un par de palabras con usted, si me lo permite.
― ¿Sobre el Comité? ―preguntó alzando una ceja, la joven reina negó, meciendo su cabello rubio―entonces no me interesa. ―lo vio girar hacia delante y seguir su paso, Tight frunció el ceño sorprendida en primera instancia, pero quiso insistir, no podía rendirse con tanta facilidad.
―Es sobre mi hermana―murmuró sin avanzar. El saiyajin se detuvo nuevamente, volteó hacia ella y fue su turno de mirarla con sospecha, la reina a su lado la observó seria, pero atenta a la platica que estaba por comenzar― ¿Podemos platicar, a solas?
― ¿Por qué debe ser a solas? ―preguntó Riander, su tono de voz fue golpeado y la joven reina se sobresaltó al escucharla.
―Lo lamento―dijo sonriéndole con cortesía―pero es algo que debo tratar con el rey Vegeta.
―No tengo nada que hablar con usted, reina Tight―respondió el saiyajin. Ambas mujeres lo miraron confundidas―menos sobre su hermana―Riander sonrió satisfecha, en cambio la humana lo miró acongojada, el rey supo interpretar esa mirada, en otra ocasión simplemente la hubiera dejado con la duda, pero cuando se trataba de ella, prefería dejar las cosas claras―si lo que le preocupa es la integridad de su hermana, descuide. No tomaré represalias.
Tight no alcanzó a responder, el guerrero siguió adelante y avanzó con rapidez, como si quisiera alejarse a toda velocidad del castillo, Riander tardó en seguirle el paso, como si tampoco entendiera sus palabras, o al menos no comprendiera sus motivos ¿Realmente el guerrero más fuerte y despiadado de todo el universo, iba a perdonar la vida de su hermana, quien lo había traicionado? No entendía, y tampoco confiaba en su palabra, era como si todas las historias que sabía del saiyajin fueran falsas, no tenía sentido su actuar. Debería sentirse más tranquila, pero algo en su pecho, le inquietaba, sentía que se le estaba escapando algún detalle, que en cualquier momento el saiyajin iba a sorprenderlos con su venganza.
(…)
Lo miró quitarse la ropa, observó su cuerpo desnudo y lo siguió con la mirada hasta que se encerró en el cuarto de baño. Se sentó en el borde de la cama, cubrió su rostro con sus manos y movió sus pies nerviosamente, no sabía qué decir o como actuar ahora frente a su primo. Se había dado cuenta que no pasó la noche con ella, le había dicho a la reina humana que no tomaría represalias contra la humana, había que ser ingenua para no entender el porqué y ella no lo era.
Debía hacerle frente, necesitaba conversar con él al respecto, saber qué haría, su rol como reina estaba en juego. Temía que el guerrero decidiera romper su juramento y tomar a la humana nuevamente, no creía poder soportarlo. No sabía como dirigirse al saiyajin, comunicarse con él era lo más difícil. Todo el avance que había conseguido en las últimas semanas se había ido a la basura por llegar a ese estúpido planeta, ahora se arrepentía seriamente por el escándalo que había hecho para que Tarble no fuera quien asistiera al Comité, si él hubiera ido, nada de eso estaría pasando ¡Había sido una idiota! Todo por aparentar que estaba bien con el rey, para callar los rumores… para sentirse una verdadera reina. La puerta abrirse rompió sus pensamientos, Vegeta salió desnudo y secándose con una toalla el pecho.
― ¿A dónde fuiste anoche? ―partió mal. Sabía que no debía ser de esa manera, pero no pudo evitarlo, la pregunta salió como vómito verbal y cuando sus ojos negros se fijaron en los de ella, supo que no era el momento ni el lugar, y quizá nunca lo fuera. Tragó en seco―no intento controlarte, jamás lo haría―se defendió―pero no entiendo nada, y necesito entenderte.
―Sabes la respuesta―optó por decir. No tenía ánimos de responder, ni menos platicar con ella ni con nadie, pero entendía sus palabras. Sentía en cierto aspecto, que el no hacerlo era demostrar que lo que estaba pasando con Bulma le afectaba más de la cuenta, ya lo había demostrado en exceso con el cambio de actitud que tuvo en esos dos años y medio, no podía seguir demostrando debilidad.
―Con ella―asumió asintiendo para sí misma. Él no lo negó, sintió sus ojos escocerse, pocas veces se había sentido humillada en su vida, y siempre estaba Vegeta involucrado. No era el engaño lo que le importaba, no del todo al menos, estaba acostumbrada a compartirlo, él nunca fue suyo, cuando eran jóvenes, Vegeta compartía cama con muchas saiyajin, eso fue cambiando con el tiempo, empezó a elegir calidad antes que cantidad y ella siempre estuvo en la lista. Pero podía lidiar con ello, ahora era diferente, no porque fuera la reina, sino que el factor princesa hacía la diferencia. Ella significaba que su puesto corría peligro, su ego se sentía herido, había tenido que hacerse a un lado cuando el compromiso con los humanos surgió como una alternativa para librarse del OIC, ahora ella volvía a aparecer y sentía que perdía todo nuevamente. ― ¿Qué harás con ella?
―No―
― ¡No lo digas! ―lo interrumpió, sorprendiéndolo. Vegeta la observó perplejo, Riander jamás le había levantado la voz, sabía como podía hacerlo enojar y siempre le daba en el gusto en todo. Había estallado, intentaba contenerse, pero la situación se le escapó de las manos, lo podía ver, en su rostro enrojecido por la rabia y su cola meneándose de lado a lado―es mi asunto, si me concierne.
Sabía que tenía razón, pero no quería abrirse con ella. Guardó silencio y caminó hacia el mueble que guardaba su ropa, se vistió sin mirarla, pasaron minutos en que solo podía oír su respiración pesada y el ruido que hacía su cola cuando se sacudía violentamente, estaba molesta y la entendía, pero no le importaba. Estaba demasiado ocupado lidiando con sus propios sentimientos y pensamientos como para preocuparse de los de alguien más, en ese momento solo pensaba en qué hacer con Bulma, entonces una revelación le sacudió.
¿Estaría Bulma, igual que Riander? Es decir, podía ver en su prima que lo que le importaba era seguir siendo reina y estar con él, si ahora estaba perdiendo la calma, intentando enfrentársele y demostrarle lo que pensaba abiertamente sin temor a que la juzgara, era porque le preocupaba seguir con él. En cambio, Bulma no demostraba nada de ello y, por el contrario, buscaba quitárselo de encima a toda costa, no buscaba seguir con él, lo quería lejos ¿Por qué entonces alejaba a la mujer que sí lo quería en su vida? Se sintió culpable, Riander no se merecía ese desprecio, no podía pagar la lealtad con indiferencia.
―No lo he pensado aun―comenzó diciendo, volteó hacia ella y la vio de pie, con los puños temblando y su rabo sacudiéndose, sus mejillas rojas de rabia y sus ojos vidriosos, oh conocía esa sensación. Se sentía humillada y estaba furiosa por ello, él se sentía así a menudo por culpa de Bulma.
―Pero no la matarás―asumió, rechinando los dientes.
―No―negó, se mordió la lengua para no decir que no podía hacerlo, que jamás le haría daño porque la amaba, que por ella bajaría la luna por solo verla sonreír.
―Sé… que entiendes la situación―murmuró, intentando calmarse. Respiró profundamente y dejó su rabo caer inerte―me encantaría saber porqué ignorarás semejante humillación a ti y a tu pueblo, pero no me lo dirás. ―no obtuvo respuesta, pero el silencio le dijo mucho.
Lo vio terminar de vestirse, ninguno habló. Se desplomó en la colchoneta, por una extraña razón ese día le pareció incomoda, oyó la puerta del ventanal abrirse, no tuvo que levantarse a ver para saber que el rey se había ido, seguramente para ir con ella.
―Esa mujer es tu perdición―murmuró, y no sabía si se lo repetía a sí misma o se lo decía a un Vegeta que no alcanzó a escucharla.
(…)
Trató de ordenar por cuarta vez la ropa que tenía sobre la cama, pero el niño volvió a quitarle las fundas de la almohada, para luego salir corriendo por la habitación. Trunks estaba más inquieto que de costumbre, como si su sangre saiyajin estuviera haciendo estragos, diciéndole que tenía compatriotas en el planeta, sabía que era una estupidez, pero a esas alturas cualquier cosa se esperaba. Lo vio correr y chillar mientras levantaba la tela haciéndola estirarse por su movimiento, suspiró derrotada y se sentó en la cama.
―Va a venir el tío Raditz a quitarte eso―murmuró sin mucho ánimo, después de todo las amenazas no servían con el niño de dos años.
Trunks la ignoró, se detuvo en medio de la alfombra e intentó meterse el borde de la funda en su remera. La princesa frunció el ceño al verlo, el niño metió casi la mitad de la tela dentro y la otra mitad, quedó chueca chocando con su pequeña espalda, pero para él funcionaba y siguió corriendo. Se levantó sin dejar de mirarlo, ver la alusión a una capa en su espalda no le gustó, su estómago se tensó al verlo, imaginó casi al instante verlo con una tela roja y armadura saiyajin y tembló de solo pensarlo. Alcanzó a dar dos pasos hacia él cuando oyó un ruido en su balcón, volteó hacia la puerta y vio la silueta de Vegeta.
Vio la manija de una de las puertas girar, no había dejado seguro puesto, no servía de nada, la noche anterior lo había hecho y él entró de todas formas, además, sabía que volvería, no había cumplido con su palabra después de todo.
―Trunks, ven―llamó al menor, como si en sus brazos pudiera estar más seguro. Al saber que él estaba allí, inmediatamente quiso tener cerca al menor. El niño la ignoró, caminó hacia él y la puerta se abrió por completo, no volteó a verlo, prefirió seguir a su bebé que, al oír el ruido, detuvo su trote―ven.
―No―negó sin mirarla, Bulma se percató que su negación y ceño fruncido no iba para ella, el niño miraba fijamente al recién llegado. Volteó hacia atrás y vio a Vegeta caminar hacia ella, vestía su capa y su armadura real, como si el evento en su habitación fuera una reunión importante.
No lo saludó, él tampoco a ella, solo se miraron. No necesitaron hablarse para saber qué pasaría esa noche, pero su atención se vio interrumpida cuando el niño entró en escena. Trunks caminó hacia el saiyajin con el ceño arrugado, una mueca de enojo y buscó con dificultad, la punta de la tela en su espalda y la levantó, enseñándosela al saiyajin. La movió varias veces y balbuceó algo incomprensible incluso para ella, Bulma observó la interacción con el corazón apretado. Su hijo estaba enfrentándose al saiyajin, y no entendía por qué, recordó a Jaco y los golpes que antes le había dado al rey, a Trunks no le agradaba Vegeta. Miró al saiyajin, quien lo miraba con el mismo recelo que el niño hacia él, el sentimiento era mutuo, pensó.
Le fue extraño verlos juntos, a pesar de que nunca pensó que a su hijo le faltara la imagen paterna, pues Jaco, Raditz y su padre, no dejaban de prestarle atención y la ayudaban con él, no pudo evitar pensar que Vegeta era su padre y que solo él podía llenar esa imagen. Sacudió su cabeza intentando borrar ese vago pensamiento, era lo que menos necesitaba, culpa. Ya tenía muchas cosas en su mente para añadirle algo como ello, su hijo no necesitaba de Vegeta, se convenció, no estaba haciendo nada malo…
― ¡Vete! ―exigió el niño, con las manos en su cintura regordeta, dejando la tela en su espalda en paz.
― ¿No debería estar dormido la bestia? ―preguntó, ignorando al niño y su demanda. Volteó hacia ella y luego hacia el menor, el mocoso tenía el carácter de ella, apenas hablaba, pero intentaba enfrentarlo, como si defendiera su territorio.
Podía leer su postura, no era bienvenido, ni por la madre ni por el hijo. Sabía que si Bulma no lo echaba en ese momento se debía al compromiso acordado, para proteger al diablo que le buscaba pelea. Estaba más que seguro en qué hacer con el niño, se lo dejaría a los humanos, sin embargo, no sabía qué hacer con Bulma. No le había mentido a Riander, no estaba seguro aun de qué hacer con ella, o más bien, cómo hacerlo. Sabía que se la llevaría, pero no tenía claro si volver hacerla su mujer o llevarla con categoría de amante. El consejo no permitiría que ella volviera a ser su mujer, lo sabía, no solo porque había jurado ante todo el imperio con Riander como pareja, también por la traición de Bulma. Su raza no iba a dejar pasar algo así, como él, pues pensaban con claridad y el orgullo de su especie estaba primero, en cambio él, no estaba pensando. Se movía por sus sentimientos, o caprichos.
―Se llama Trunks―se quejó, caminó hacia el niño y lo tomó en brazos. ―vamos a la cama.
―No―gimoteó, tratando de no llorar mientras miraba al rey. Bulma observó confundida su reacción ¿Intentaba competir con Vegeta? Había escuchado de Raditz, que su hijo a menudo buscaba ganar en tonterías, el niño ni siquiera sabía lo que era competir o ser el mejor, pero siempre buscaba sobresalir y que no lo molestaran, hacer siempre lo que quería, de lo contrario tiraba cosas o golpeaba. Siempre lo consideró normal, pues los niños no sabían lidiar con sus emociones y hacían berrinches por todo, y Trunks solo era más violento de lo normal por sus genes, pero verlo ahí, tratando de ser fuerte delante del rey cuando en realidad quería estallar en llanto porque no quería irse a la cama, fue una dura revelación.
― ¿Podrías irte? ―preguntó, mirando a su hijo.
― ¿Cómo? ―miró estupefacto a la princesa, la joven abrazaba a su hijo y trataba de consolarlo y no entendía por qué, no lo veía llorando ni gritando ¿Por qué debía mimarlo? ¿Se le estaba escapando algo entre madre e hijo que él no comprendía? Miró al niño, quien estaba rojo y lo miraba fijamente con el ceño fruncido y negaba entre gimoteos.
―No le agradas―dijo levantando la mirada hacia él―no se dormirá contigo aquí.
―A mi tampoco me agrada―soltó con recelo―pero, adivina qué, mocoso. ―murmuró mirándolo, se inclinó a su altura y Bulma lo alejó un poco de él, pero Vegeta habló de todas maneras, pues el niño seguía prestándole atención―no me importa. No se consigue siempre lo que quieres, bestia.
Bulma guardó silencio, vio al saiyajin reincorporarse y caminar hacia su cama ¿Estaba Vegeta, peleando con su hijo? Ella también lo hacía a veces, pero sentía que lo que pasaba entre el saiyajin y su hijo era algo un poco más profundo, no se simpatizaban en serio, Vegeta creía que era el hijo de alguien más y por ser fruto de un supuesto engaño-porque en teoría no lo era, pues había pasado cuando ya estaban separados-lo detestaba, pero a Trunks no le agradaba y no tenía motivos para que fuese así. Lo vio quitarse las botas, se sacó la capa y se lanzó a su cama, en completa confianza y Trunks estalló en llanto al verlo.
― ¡Lo hiciste llorar! ―exclamó indignada― ¡Bájate de mi cama! ―exigió caminando hacia él―vuelve después, Trunks no te quiere aquí.
―Me importa una mierda―respondió, cerró sus ojos y fingió descansar, lo cierto era que ya se estaba arrepintiendo de hacer llorar al demonio, los chillidos eran insoportables.
Trunks se inquietó en su abrazo, Bulma lo acercó a la cama y éste se bajó de sus brazos con maestría. Miró atenta a que no se acercara al rey, pero el niño tenía otras intenciones, se bajó de la cama y la bordeó hasta llegar al lado más cercano del saiyajin, corrió tras él, pero se detuvo cuando lo vio tomar la capa de Vegeta. Se quitó la tela de funda en su cuello y la lanzó lo más lejos que su fuerza le permitió, y trató de ponerse la del rey, cubrió su boca para evitar exclamar y llamar la atención del guerrero. Pero Vegeta ya estaba observando lo que hacía el niño, el ruido de sus pasos acercándose lo alertaron y prefirió evitar un golpe de él, pues no creía poder soportar no responderlo esta vez.
El peso de la tela y el largo de esta, hizo que el niño rabiara con la prenda. No lograba encajarla en su remera, se salía a cada rato, y no tenía paciencia para conseguir lo que quería. Chilló molesto, el trozo de tela que podía tomar no quería quedarse quieta y poco a poco comenzó a llorar de frustración.
―Eso no es tuyo, cariño―dijo con calma que no sentía, cada vez que Trunks estaba cerca del saiyajin, para Bulma era como si le costara respirar, ahora quería usar algo de él y sentía que se desmayaría en cualquier momento. Se agachó para poder tomarlo, pero el niño se alejó rápidamente de ella y le gritó su frase favorita. Antes de poder responder, Vegeta se asomó por el borde de la cama, tomó su capa y se la quitó de un tirón, el niño cayó al suelo por el movimiento, el pañal amortiguó su caída y se quedó viendo al rey, sin entender qué había pasado.
―No la toques―murmuró, mirándolo con recelo. Trunks observó la capa en sus manos, y estalló en llanto. Un grito desolador que lo hizo cerrar los ojos, como si eso le ayudara a soportarlo.
― ¡No es la forma de tratar a un niño, idiota! ―defendió a su hijo, lo tomó en brazos y se alejó del saiyajin antes que pudiera responderle.
Pasaron por lo menos tres horas hasta que logró hacerlo dormir, Vegeta estaba más irritado que antes, se había ganado un reclamo que no merecía y el llanto del niño lo dejó de pésimo humor. Vio a la princesa dejar el demonio en su cama, la oyó suspirar, podía entender su cansancio. No entendía como no estaba feliz con la idea de alejarse de esa bestia, y que lo defendiera a cualquier costo si tampoco lo soportaba, o eso creía al verla así de cansada. La joven volteó hacia él, mirándolo con furia contenida, su ceño estaba fruncido y en sus mejillas un bello tinte rosado se dejaba ver.
― ¿Nunca habías tratado con niños? ―preguntó en un susurro, acercándose a él.
―El tuyo es horrible―comentó, mirándola a los ojos. Notó que sus palabras le habían molestado, pero no dijo nada. La vio recoger la tela que antes tenía el niño y doblarla, juntarla con otras prendas y caminar hacia el armario―pronto descansarás de él.
― ¿Se supone que eso debe alegrarme? ―preguntó, mientras guardaba la ropa.
―Sí―murmuró no muy convencido. Su actitud le extrañó, la sintió más relajada que la noche anterior, como si ya se hubiera rendido a lo que pasaría. Quiso preguntarle, pero no se atrevió, no quería escuchar una respuesta que le siguiera maltratando el ego.
La vio ordenar la habitación como si él no estuviera allí, no quiso interrumpirla, no porque tuviera paciencia, sino que se vio engatusado en sus movimientos, casi podía fingir que era parte de su rutina diaria y la idea le gustaba, aunque fuera vergonzoso el pensarlo. Creyó que estaba cómoda con su presencia, la miraba guardar objetos de colores, recoger ropa y sacudir cosas, no la recordaba tan hacendosa, medio sonrió al pensarlo. Cuando vivían juntos, a veces le servía el vino y con eso paraban sus quehaceres.
― ¿Cuánto más tendré que esperar? ―preguntó, para romper el silencio que había en la habitación. La joven no lo miró, recogió el último juguete y lo guardó en una cesta en un rincón de la habitación.
―Me daré un baño―murmuró. No quería dejar al niño solo con él, pero sabía que, si hubiera querido hacerle daño, ya lo habría hecho. Parecía que el saiyajin ya se había rendido con su intención horrible de eliminar a su hijo, no se sentía segura del todo, pero debía hacerlo.
No esperó respuesta y fue al sanitario, se dio la ducha más corta de la vida, salió en bata de baño a su habitación y antes de mirar donde estaba el guerrero, se acercó a la cuna, se aseguró de que estuviera respirando y sin ninguna herida, acarició su mejilla y se inclinó, besó su frente y lo dejó descansar. Volteó hacia su cama, el saiyajin parecía dormido, estaba estirado con los brazos detrás de su nuca, con los ojos cerrados y respiraba plácidamente. Si olvidara por un momento el contexto que estaba viviendo, pensaría que eran una pareja normal con un hijo. Tenían un hijo, pero no eran una pareja, ni mucho menos normal.
Caminó hacia su cómoda, abrió la cajonera y buscó ropa interior, sabía que él se la quitaría pronto, pero no estaba en confianza como para caminar desnuda en frente de él, ya no eran una pareja. Ese hecho lo tenía más que presente, le era difícil tratar con él, convivieron juntos y aquellos ritos tan cotidianos como el bañarse y vestirse, ya no eran lo mismo. Y ahora iba a tener sexo con él ¿Qué excusa podía inventarse ese día? Sonrió a su reflejo en el espejo, se puso sus bragas y buscó su pijama, sin quitarse la bata, comenzó poniendo sus pies por la parte de arriba del camisón, y logró vestirse sin que se viera una parte desnuda de su cuerpo.
― ¿Para qué te preocupas? Conozco tu cuerpo de memoria―sus mejillas enrojecieron al escucharlo, sabía que no mentía y eso la avergonzaba todavía más.
Se quitó la bata, la dejó sobre una butaca cercana a su tocador y suspiró. Se dio una última mirada en el espejo, su cabello estaba desordenado y mojado en las puntas, había unas cuantas gotas traviesas que caían sobre sus hombros, sus mejillas seguían sonrosadas, miró su busto y lo vio caído, ya no tenían la misma forma natural y eso le inquietó, nuevamente la inseguridad se hizo presente. Ella los veía más caídos de lo que estaban realmente, en ese momento, la joven veía más imperfecciones que nada en su cuerpo, sentía que la maternidad no le quedaba nada bien. No quería pensar si era del agrado del saiyajin, se había convencido que su opinión no importaba, pero no dejaba de pensarlo. Era la única opinión masculina que tenía, pero el que estuviera allí, esperando por acostarse con ella, significaba que seguía siendo atractiva ¿No? No se acostaría con una mujer que no deseara ¿Verdad? Volteó hacia él y lo miró con sospecha, él pareció notarlo, la observó con una ceja alzada y sin decir nada, se miraron. Como si sus ojos pudieran hablarse y entenderse.
En ese momento, el saiyajin tuvo una dura revelación, en los ojos de la princesa no encontró nada más que incertidumbre, no pudo leerlos como lo hacía antes, la comunicación que alguna vez existió, donde con solo mirarse o hacerse algún gesto se entendían a la perfección, ya no estaba. Se sentía nadando en el mar a la deriva al observar fijamente a sus ojos. Ella por su parte, nunca supo leerlos del todo, para la joven, el ahora rey siempre fue un enigma, que podía manipular, pero en el fondo, nunca supo lo que pensaba o sentía, no del todo al menos.
Caminó hacia él, sabía que no podía seguir aplazando aquello y el rey había sido bastante paciente para su sorpresa. El saiyajin se reincorporó en la cama, sentándose la esperó sin dejar de mirarla, se fijaba en su piel lechosa, imaginando lo suave que seguramente se sentiría al tacto, observó sus labios rosados y se relamió los suyos en reflejo. No parecía estar feliz, podía verlo en su rostro serio, pero tenía mejor actitud que la noche anterior en todos los sentidos. Se subió a la cama y gateó hacia él, quedó en medio de esta y no pudo seguir moviéndose.
Su cuerpo ya no respondió, tenía a solo unos centímetros de distancia al protagonista de sus miedos y pesadillas, no podía seguir actuando como si nada pasara, como si no le temiera, como si fuera normal tenerlo en su cama y discutir como si todo siguiera igual. Su respiración se tornó pesada, su pecho subía y bajaba, intentando hacer un esfuerzo en llenar sus pulmones, entró en pánico. Sudó frío cuando Vegeta se le acercó, el guerrero tocó sus hombros con suavidad y bajó los tirantes del camisón al mismo tiempo, dejando sus senos al descubierto y sintió que vomitaría en cualquier momento. Tembló, un escalofrío la recorrió desde la punta de sus pies, se estremeció notoriamente, pero el saiyajin no lo vio como algo negativo, no estaba atento a las señales de la princesa.
Sintió como las yemas de la mano derecha del saiyajin, bajaban con calma por su pecho. Lo oyó respirar con pesadez, levantó la mirada hacia él y dejó de temblar. Por un momento sintió que estaban en una noche más… ver sus ojos negros mirarla con deseo, sin un rastro de rabia, frialdad o indignación, como cuando vivían juntos, le confundió. Su mente le recordó de golpe que estaba haciendo eso en contra de su voluntad, pero su cuerpo recordaba sus caricias, cuando la palma ahuecó su seno izquierdo y lo palpó con firmeza que la hizo jadear de dolor, a su mente vinieron todos esos momentos juntos, y con ello, también las veces en que fue tomada en contra de su voluntad, fue el paño de agua fría que necesitaba. Él masajeaba su seno con fuerza, o quizás estaba sensible, como resultado no podía evitar quejarse en gemidos suaves que solo conseguía encender la libido del rey.
Su mano no cubría el tamaño, hundía sus dedos en su carne blanda y sentía que se le hacía agua la boca por probarlos. Se inclinó hacia el seno desamparado, y lo tomó con suavidad para llevárselo a la boca, pero las manos de la princesa lo alejaron, alzó la mirada confundido, vio sus mejillas sonrojadas y sus labios sellados en una mueca de molestia, sus ojos brillaban suplicantes y no entendía el motivo.
―Me duele―murmuró, explicándose―no lo hagas―los ojos negros del saiyajin pronto dejaron ese brillo lascivo, Bulma captó rápido que empezaba a molestarse por su actitud, pero no quería seguir exponiéndose―sigo… Trunks sigue―sentía vergüenza, y era tonto porque por lo que su cuerpo estaba pasando era algo normal, pero estar frente al rey cambiaba las cosas, no se puso nunca en ese escenario, y lidiar con la culpa y la vergüenza no era sencillo para la princesa―amamantando. ―escupió en un susurro. Se sintió vulnerable, no quería mirarlo, pero evitar sus ojos la harían sentir peor, inferior. Y su orgullo no se lo permitía, enfrentó su mirada fría y tragó saliva con disimulo, tratando de esconder su pavor.
―Tendrá que compartir―respondió sin tapujo, Bulma abrió la boca para quejarse, pero se quedó muda presa del asombro. Sabía que los saiyajin no sentían vergüenza por sus cuerpos y reacciones naturales de su fisionomía, y Vegeta no era la excepción, sin embargo, no dejó de inquietarle sus intenciones. A esas alturas, sus mejillas, nariz y orejas estaban de color rojo intenso, lo vio inclinarse nuevamente y llevarse su pezón izquierdo a la boca y se quedó quieta en su posición, tensa y sin respirar.
― ¡Mama! ―el grito del niño los interrumpió de golpe, Vegeta no alcanzó a probar de su seno cuando el monstruo gritó. Ambos miraron hacia la cuna, donde el niño estaba de pie, apoyado en el barandal y mirándolos con recelo. Sus cejas pobladas y lilas fruncían su ceño, y sus ojos celestes estaban chiquitos, seguía somnoliento, pero los enfrentaba con determinación.
―Trunks…―murmuró sorprendida, alejó a Vegeta de un golpe, el saiyajin cayó sentado en la cama y antes de reclamar, la joven ya se había acomodado el camisón. ―deberías estar durmiendo, cariño.
La vio levantarse de golpe, ignorándolo por completo. Tuvo la leve sensación de que esa noche terminaría como la anterior, su ojo derecho tembló nerviosamente, tratando de contener la rabia que sentía en ese instante, miró a la princesa tomar al niño en brazos y mecerlo, de la curva de su cuello se asomó la cara del niño, solo pudo ver sus cejas y ojos celestes, que lo miraban fijamente y Vegeta dudó un momento, de que el mocoso fuera tonto. Parecía que sabía lo que hacía, a esas alturas, el saiyajin imaginaba conspiraciones en su contra y estaba casi seguro que el demonio estaba detrás, no era normal que los interrumpiera dos noches seguidas, pensó. Esperaba que no se repitiera, no creía seguir soportando estar cerca de ella y no poder tocarla.
(…)
Era el cuarto día del Comité, estaba más irritado que de costumbre. Riander hacía todas las diligencias, él solo presenciaba las reuniones. Se habían acercado unos cuantos gobernantes para proponerles tratados, la reina se había encargado de recibirlos y coordinar alguna cita a futuro. No habían vuelto a conversar del tema, él salía todas las noches a ver a Bulma y Riander no se lo cuestionaba, lo que agradecía mentalmente, a esas alturas no tenía paciencia para lidiar con una reina histérica y una princesa egoísta y caprichosa.
Bulma lo tenía al borde del colapso. La joven seguía igual de distante y desagradable, no daba su brazo a torcer, no lo recibía con un mísero saludo ni era afectuosa. Tenía que lidiar con su fría actitud, sentía que ya no le quedaba orgullo, cada vez que la perseguía, lo perdía un poco. Su familia ya se había enterado de la traición, los gritos habían estallado al segundo día del Comité, donde exigían desde la muerte en público de la princesa, hasta la destrucción del planeta. El ingenuo de Tarble había sugerido una indemnización por daño a la imagen y unas disculpas públicas, nadie le prestó oído. Su padre estaba enfurecido, como todos, incluyéndose, se sentía humillado y pasado a llevar, a menudo pensaba en querer ser como ellos, era lo más simple, lidiar con aquello como un verdadero saiyajin, castigar a quienes le ofendieran y seguir con su vida. Pero hace mucho que no era un verdadero saiyajin, y solo podía esconder la cara para no demostrar sus sentimientos.
Él había sido claro, no tomaría represalias físicas en contra de la princesa ni el planeta, cuando intentaron sacarle información al respecto, solo obtuvieron una respuesta vaga, pero cierta, no conseguiría nada con matarla o destruir el planeta tierra, se excusó con que debían sacar provecho de alguna forma, no dijo que se la llevaría de vuelta, pero tenía la sensación de que ya lo sabían. Fue Riander quien dio el aviso a su familia, y no la culpaba, tarde o temprano debían saberlo y era lo razonable. Todavía no tenía claro qué hacer con la traición, debía tomar una decisión, un castigo y no quería hacerlo. Estaba molesto consigo mismo, le habían dañado de tantas formas y ni así quería tomar represalias en contra de la culpable, él más que nadie era consciente de todo lo que había hecho la princesa, y ni así podía pensar en un castigo, sabía que no podía dejar impune su traición y nada lo convencía demasiado, la idea de Tarble empezaba a simpatizarle.
― ¿Cómo se encuentra? ―la voz masculina y desconocida, interrumpió sus pensamientos. Levantó la mirada y frunció su ceño al sujeto que no conocía y que le sonreía como si fueran grandes amigos. Era un hombre alto, joven, su cabello era largo platinado y lacio, sus ojos eran verdes y su rostro era cuadrado. Lucía una túnica blanca, con un obi morado en su cintura, su vestimenta era casual, pensó, para ser un gobernante. No era humano, su altura estaba sobre los estándares de la especie.
―No te conozco―pensó en decirle que se largara, pero la curiosidad fue más grande. No cualquiera se acercaba sin temor, debía darle puntos por eso.
―Soy Nate―dijo, mientras estiraba su mano para saludarlo. Vegeta conocía el saludo, lo imitó de mala gana y lo miró con sospecha―Canciller del cuadrante 28 X.
―Rey Vegeta―respondió―IV en su nombre, líder del imperio saiyajin.
―Lo conozco―asintió―mañana es la junta de la paz entre naciones―comentó―quería informarle, que expondré el tema del OIC. Para que esté consciente de que lo discutiremos. ―Vegeta lo miró con los ojos entrecerrados, buscando algún motivo adicional a su plática. No le parecía normal el actuar del sujeto, si quisiera conseguir lo que buscaba, abolir el OIC, no debería avisarle, como para que preparara una defensa, le llamó la atención. Nate no parecía un hombre mal intencionado como él, pero sabía que algún defecto debía tener, nadie era tan benevolente como aparentaba ser. Le sonrió en respuesta, una sonrisa arrogante como solo él sabía dar y asintió.
―Lo estaré esperando―respondió sin dejar de sonreír, desafiándolo. Nate le devolvió la sonrisa, pero la del hombre de cabello platinado era agradable y parecía genuina.
―Me parece―asintió―lo dejo, que tenga un buen día―lo reverenció y se alejó por donde había llegado. No dejó de observarlo, había llamado su atención, pero no sabía por qué.
― ¿Qué te dijo? ―preguntó Riander al acercarse―ese es Nate.
― ¿Lo conoces? ―estaban en un descanso de media hora, volteó hacia la reina que miraba al Canciller a lo lejos, que conversaba con unos dirigentes del Comité―me dijo que expondría el tema del OIC, el disolverlo supongo.
―Es un pacifista―soltó con desprecio―el consejo comentó que discutirían esto, ya tengo preparada la defensa, deberías leerla.
No respondió, sabía que tenía razón, pero no tenía tiempo para eso. Después del consejo iría al hostal, se daría una ducha y volvería donde Bulma, como lo había hecho las tres noches anteriores. No creía poder seguir aguantando estar cerca de ella, respirar su aroma, compartir sábanas y no follarla. Su libido había empeorado, antes añoraba tocarla porque ya no la tenía, pero ahora ella estaba viva y podía sentirla, y no había podido tocar más que sus senos y hombros en esas tres noches por culpa del diablo que tenía de hijo. El mocoso se había encargado de interrumpir cada momento con ella, estaba colapsando por culpa de ambos, de la actitud distante de la princesa y del desagradable crío.
Su paciencia era poca, pero hacía uso de ella para poder aguantar a la bestia, no soportaba su llanto, su olor, sus miradas y su vocecita irritable. Odiaba que quisiera estar todo el tiempo en brazos de Bulma, parecía que lo hacía apropósito para que no pudiera acercársele. Costaba que se durmiera, cuando lo hacía, la joven terminaba de ordenar su habitación, se daba una ducha y volvía a la cama, y antes de poder tocarla, el niño estaba de pie en su cuna exigiendo brazos. Lo peor era que el niño no seguía durmiendo en su cuna, hacía un berrinche que lo dejaba temblando de ira, para poder compartir cama con su madre, y se terminaba su noche.
El mocoso exigía dormir en medio de ambos, Bulma lo abrazaba, suponía que, para alejarlo de él, y se quedaba esperando ilusionado, que el crío se durmiera y pudieran pasarlo a su cama, y poder follar tranquilo a la joven, podía hacerlo en media hora, necesitaba media hora en que el crío no los molestara, pero no había caso. El niño no dejaba a su madre, a veces le buscaba pelea, intentaba darle algún manotazo o le quitaba las sábanas, y con la mirada reprobatoria de la princesa fija en él, no podía devolverle el manotazo o un golpe en la cabeza para dejarlo fuera de escena por un momento.
No creía poder soportar mucho más, tenía pensado hablar seriamente con la joven. Que llevara al mocoso a otro lado esa noche, ¿Acaso no tenían servidumbre que lo cuidara? Necesitaba estar dentro de ella y no aguantaría una noche más. Cuando llegó al hostal, se bañó con rapidez y vistió, antes de salir, miró en su velador la tableta digital, la tomó y salió por el balcón. Podría leer el discurso mientras la joven se deshacía del monstruo.
Llegó a la alcoba de la princesa y entró como si fuera bienvenido, estudió la habitación unos minutos al no ver ni al diablo ni a su Bulma. Oyó a los segundos después ruido en el cuarto de baño, caminó hacia la puerta, se asomó por el umbral y vio a la joven inclinada en el borde de la tina.
―Ya no hay agua―la oyó decir, se asomó un poco más y vio al crío dentro de la bañera, salpicando con unos juguetes―te vas a enfermar, anda, salgamos. ―el niño no se negó, dejó que su madre lo sacara de la tina y lo cubriera con una toalla de colores. Vio como la joven lo secaba en la alfombra de baño, pasaba la tela por su cabello y cada parte de su cuerpo antes de tomarlo. El niño se separó un poco de ella y se asomó a la bañera― ¿Buscas tu nave? ―preguntó y lo imitó, ambos se acercaron al borde de la tina, Bulma se inclinó un poco para poder tomar el objeto y el niño desnudo la miraba. Vegeta iba a alejarse, no le interesaba ver como consentía al diablillo, pero volteó nuevamente a la escena casi por inercia, miró el cuerpo pequeño y regordete, abrió la boca ligeramente cuando notó una marca oscura entre su espalda baja y el trasero.
Tenía forma de círculo, era una cicatriz, la podría reconocer desde esa distancia, tenía familiaridad con ellas, y como las conocía, sabía que ese círculo perfecto en su coxis no era común, no había una explicación razonable detrás de aquella cicatriz. Sudó frío, miró al niño unos minutos más, el bebé volteó hacia él como si hubiera notado su presencia y lo miró como solía hacerlo, con enojo mal fundado, su ceño arrugado y sus ojos sin miedo sobre él, tratado de intimidarlo. Y esta vez lo consiguió, el rey dio media vuelta y caminó hacia el balcón, necesitaba aire, necesitaba pensar, necesitaba una explicación.
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N/A: Holi :) cinco meses han pasado... que vergüenza xD ,pero hay unos que están peor, como JAT que lleva un año sin actualizar, de lo que no me enorgullezco... pero esta semana lo haré, si o sí.
Respecto al capítulo... ehm sé que tengo team Vegeta en su mayoría, yo me declaro imparcial, pero hay algo que me gustaría entiendan de Bulma, y creo he repetido, es una mujer abusada, no le pidan que lo perdone o que quiera estar con él, a futuro ahondaré más en eso, como en ciertas consecuencias o actitudes que tengan y el porqué. Quiero que sus reacciones, pensamientos o sentimientos, tengan argumento, intento dárselos, espero de verdad que se note y que sientan que cada cosa que dicen o hacen, tiene un porque y no es sacado de la nada.
No sé si se entendió, pero a Trunks le gusta la capa de Vegeta xDD aunque no le agrade él. No sé si alguna creció como madre soltera, y cuando vio a algún hombre cortejar a su madre no le gustó, bueno, al bebé le pasa igual, la diferencia es que a Trunks no le agrada casi nadie pero ver a Vegeta cerca de Bulma, encima en su cama, le dio ataque xDDD en fin, me entretiene escribir de él. Me gusta que los interrumpa xD pasa mucho en la vida real, no?
En fin, espero que les guste el cap, si tienen alguna crítica, los leo :)
Que tengan una muy bonita semana, que estén muy bien y nos leemos :3
Lamento las palabras revueltas, letras faltantes o sobrantes y los errores ortográficos, si ven alguno, me avisan :B
Gracias por sus RW y 3 este fic es el que más sencillo se me da avanzar porque me gusta la historia y ya quiero que quede la cagá xDD (caos ?) necesito escribir ranciedaaaaadddddddd, zeus apiádate :v
