"Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado para siempre"
Gabriel García Márquez
Capítulo 6
Padre
Hace un par de horas que no avanzaba en su trabajo, sus ojos azules no se despegaban del cuerpo de su hijo, lo miraba jugar, romper peluches y autos, chillar y reír, ajeno al miedo que sentía. Estaba intranquila, sabía por Jaco que el rey había asistido como de costumbre a esa jornada del comité, junto a su reina, y que en esos instantes se discutía la continuidad del OIC, sin embargo, lo que a ella le inquietaba, fue su ausencia en la noche anterior. Era el quinto día del comité, y desde que él se había enterado de todo-casi-que la visitaba, tenía una extraña sensación rondándole, le buscaba un significado a su ausencia y no podía evitar relacionarlo con ella y Trunks.
En cada noche que compartieron, sentía que él podía enterarse del origen de su hijo y la idea la descompensaba, intentaba por todos los medios alejar al niño del saiyajin, pero Trunks cada vez que lo veía, le buscaba pelea y no lo perdía de vista, su concentración infantil se enfocaba al 100% en el rey, inevitablemente peleaban, pero era interactuar, al fin y al cabo. Y por cada cruce de miradas, palabras, intentos de manotazos por parte del niño, sentía que se le iba el alma del cuerpo. No lograba imaginar qué podía pasar si Vegeta se enteraba de su mentira, sabía que, si eso pasaba, sus pasajes a Vegetasei eran de ida y sin retorno, sin embargo, no quería imaginarlo. Si eso pasaba, Trunks crecería como saiyajin, su peor pesadilla se haría realidad.
Podía soportar-lo estaba intentando-el tener que ir con él, volver a ser quien le calentara por las noches, pero Trunks no podía estar en ese escenario. Ya lo había decidido, si Vegeta quería llevársela, no se negaría, era la solución que había encontrado para mantenerlo lejos de su hijo. Sería doloroso, probablemente entraría en una depresión severa sin su bebé, no podría criarlo ni estar ahí para él, pero lo prefería a que creciera como saiyajin, que conociera el infierno para convertirse en un ser despiadado y sin escrúpulos, y encima, heredar todo un legado de masacres. No, su hijo no sería parte de ello y si era necesario entregar su cuerpo cada noche para mantener al rey alejado de su niño, lo haría sin miramientos. Tenía miedo, y sentía que estaba cayendo en un pozo sin fondo, oscuro y que no podría salir de el jamás.
―mama―meció su cabeza, como si con eso pudiera borrar sus pensamientos fúnebres y le prestó atención al niño. Trunks se había acercado a ella y apoyaba sus manitas en sus rodillas, sus pequeños dedos no cubrían sus articulaciones. Posó las suyas sobre las de él, y se perdió en el contraste de color de piel, tragó en seco, ver sus manitos bronceadas y las suyas blancas como la leche, le recordaron a la piel del rey. Las muchas veces que se tomaron de la mano a escondidas en su habitación, mientras tenían relaciones sexuales. Su pecho se comprimió, sintió una ola de calor llena de culpa invadirle al mismo tiempo que sus ojos escocían, miró hacia el cielo de su laboratorio, intentando controlar el llanto que la amenazaba. Quería derrumbarse, encerrarse en su dormitorio, romper todo y llorar, llorar y llorar hasta cansarse, pero no podía. No debía, su hijo la necesitaba fuerte. ―quiedo galletash―le sonrió al menor, acarició su mejilla regordeta y se inclinó hacia él, lo tomó entre sus brazos y le besó la frente. El niño se apegó a su cuerpo como un koala bebé.
Se quedó unos minutos de pie, meciéndose de lado a lado inconscientemente, mientras besaba la frente de su hijo, y el pequeño se quedó tranquilo en su abrazo. Su hijo era inquieto, violento y travieso, pero entre sus brazos se calmaba, casi podría creer que lo que decían de su hijo era mentira si solo considerara esos momentos, pero lo conocía más que nadie. La diferencia era que, con ella, era un angelito y aunque le hacía rabietas, no era tan brusco y nunca la golpeaba como a Jaco o a Raditz, o a cualquier desconocido.
Tomó su nuevo móvil y lo echó en su bolsillo trasero del overol, Trunks le pidió un dinosaurio que tenía la cola maltratada, se lo pasó y salieron del laboratorio. No tenía mucho sentido seguir escondiéndose después que el mismo Vegeta la había descubierto, por lo que ya no se mantenía recluida a las alas privadas del castillo. Sabía que su hijo tenía hambre, que su maña por galletas era la interpretación de ello, habían comido hace poco en su laboratorio, pero el apetito del pequeño se volvía cada vez más terrorífico. Lo había consultado con su pediatra, y su apetito era normal, pues el niño era mitad saiyajin, desde entonces, que su dieta había cambiado, incluyó platos entre medio de su desayuno y almuerzo y almuerzo y cena. No le restringía tanto su alimentación, si los condimentos y dulces, aunque le costaba, pues todos en el palacio intentaban darle siempre en el gusto al menor, no sabía si por consentirlo o porque le temían, el asunto era que, si no estaba encima de lo que Trunks comía, el niño terminaba comiendo alimentos que ella no los tenía incluido en su dieta y eso no lo permitiría.
Caminó a paso lento por los pasajes, oía a Trunks mordisquear algo y cuando lo vio, entendió qué le había pasado a la cola del dinosaurio, aun le faltaban dientes, pero el pequeño se las ingeniaba para hacerle daño al juguete, no se lo quitó, suspiró y se concentró en el camino. Iría directamente al comedor, no tenía ánimos de lidiar con servidumbre ni con nadie, menos con su madre, por lo que le prepararía ella misma el alimento, no tenía mucha experiencia en el terreno, pero no tenía nada mejor que hacer, no podía concentrarse en el trabajo y era una buena idea para distraerse. Bajó por las escaleras con cuidado de resbalar, llegó a la pausa entre los eslabones y escuchó la voz de su madre desde el segundo piso.
― ¡Trunks! ―exclamó con júbilo, el menor al verse aludido, dejó de morder la punta de la cola del dinosaurio y miró hacia abajo― ¡Mi niño hermoso!
―Abeda―respondió risueño, y la princesa suspiró por segunda vez, un suspiro de cansancio y fastidio, había evitado a su madre desde que ideó todo ese plan retorcido en que la delató de forma "accidental", la reina madre intentó varias veces acercársele, incluso la fue a visitar varias ocasiones al laboratorio, cuando la mujer no se metía ni siquiera en el de su padre, la rechazó en todas las oportunidades. Sabía que no podía ignorarla para toda la vida, pero no estaba con el ánimo para hacerlo ahora. Siguió bajando y antes de poner un pie en el suelo, su madre llegó a donde ellos.
―Mi niño hermoso―murmuró acercándose―te extrañé―los ojos de la mujer adulta buscaron los de la princesa, pero la joven madre desvió la mirada sin ocultar su molestia, sus cejas delgadas fruncidas y una mueca decorando sus labios rosas―Ay Bulma ¿Hasta cuándo seguirás molesta?
―No lo sé―respondió de mala gana―hasta que sepa que mi hijo está a salvo―susurró mirando hacia todos lados, cuidando de que nadie la escuchara.
―Cariño, si les hubiera querido hacer daño, ya lo habría hecho―le respondió segura de sí misma. Bulma le frunció el ceño, en ese momento le envidió su optimismo. Ella conocía a Vegeta, y en parte su madre tenía razón, pero su intuición no la dejaba descansar y pensar con esa positividad, era absurdo que ella como científica lo pensara así, pero desde hace un tiempo, que empezó a hacerle caso a su intuición, a menudo fallaba, debía trabajar en eso, porque hasta el momento solo cometía errores.
―Claro―respondió alzando las cejas―me voy―dio por finalizada la "plática", pero su madre no lo entendió o ignoró su decisión-como siempre-y la siguió― ¿A dónde ibas, mamá? ―preguntó, conteniendo las ganas que tenía de gritarle que se fuera.
―No lo sé, lo olvidé ¿Tú a donde ibas? ―preguntó sonriéndole. Bulma alzó una ceja esta vez, ¿Cómo podía actuar como si nada hubiera pasado? ¿Realmente sentía que todo estaba bien, o estaba actuando? La menor de las Briefs empezó a creer que su madre era más compleja de lo que siempre pensó.
―Al comedor…―susurró, rechinando los dientes.
― ¡Excelente! Te acompaño―suspiró por tercera vez. Trunks soltó la cola del dinosaurio y se la ofreció a su abuela, quien recibió el juguete sin asco y lo sacudió, quitándole la baba.
Bulma guardó silencio el resto del trayecto, su madre le comentó todo lo que tenía guardado en esos cinco días, desde situaciones con gobernantes, chismes y hasta conversaciones triviales con su padre, la joven no le prestaba oído, en lo único que pensaba era en como podía hablar tantas cosas en tan poco tiempo, Trunks aportaba al dialogo de su madre, con algunos "no" y "podques".
―Y estaba este joven… Nate―seguía diciendo―es muy apuesto y se ha acercado bastante a Tight por lo del OIC, y Raditz empezó a acompañarla al comité―soltó una risa cantada, que cubrió delicadamente con su mano derecha―estoy segura que está celoso, y bueno ¿Quién no lo estaría? Nate es un encanto, es alto y guapo, y muy educado―
―Mamá―interrumpió hastiada― ¿No tienes nada qué hacer? ―la mujer rubia dejó de sonreír, al contrario de lo que muchos pensaban, no era tonta. Podía ver la incomodidad y molestia de su hija por solo tener que compartir unos minutos con ella, se sentía dolida y a la vez, la entendía. Había hecho algo que la joven madre les había dicho en muchos tonos, que no quería que pasara, cruzó la línea e hizo algo que no le correspondía, pero no podía hacer nada ahora, ya la había hecho enojar y sus disculpas no repararían ningún daño, que, aunque aún no pasaba nada, todos sabían que tarde o temprano, algo cambiaría. Nadie decía nada, y no era necesario pues conocían la fama del rey, ella como madre y mujer adulta, reconocía a un hombre enamorado y a eso sumarle orgullo, arrogancia y poder sobrehumano, no era una buena combinación, todo eso y más encarnaba al rey saiyajin. Entendía que su hija estuviera enojada, si su ex esposo decidía llevársela, nadie podría impedírselo y recién comprendía, que la princesa no estaba despechada con el saiyajin, que si no había querido regresar no se debía a la presencia de la reina como siempre creyó, sino a que simplemente no quería estar con él.
Ingenuamente, siempre pensó lo contrario. Que Bulma era demasiado joven para saber lidiar con lo que había pasado, nunca pasó por su mente que la princesa no quisiera volver con él por algún otro motivo, verla romper en llanto esa tarde después que el rey se había marchado, le hizo comprenderlo. Ella siempre vio en Bulma y Vegeta, una pareja consolidada y enamorada, pero ese llanto en su hija le reveló algo que se le estaba escapando y que no conseguía entender del todo, la joven no les había contado su historia con el saiyajin, quizás había muchos detalles de ésta que hacían que no quisiera regresar y al ser así, ella había expuesto a su hija al saiyajin y la culpa después de eso, no la dejaba tranquila.
―Ay Bulma―se quejó, actuando como siempre lo hacía, sin demostrar realmente lo que sentía al respecto, lo cierto era que moría de ganas por sentarse con ella y hablar del asunto, quería entenderla―un día voy a morir, y te sentirás mal por no haber aprovechado los minutos con tu madre.
Suspiró por cuarta vez, odiaba cuando su madre apelaba al remordimiento para salirse con la suya, empezaba a pensar que de ella había aprendido a manipular a las personas. Claro, por ser su madre, su juego era efectivo sobre ella, decidió dejar esa actitud, no tenía caso, ella seguiría haciendo como si nada había pasado, y seguramente seguía sin comprender a fondo el error que había cometido. Además, en cierto aspecto, sentía que estaba dejando todo el peso de sus errores sobre los hombros de la mujer rubia, cuando todo ello se pudo haber evitado de tantas formas.
―Tú ganas, madre―murmuró en voz alta. La mujer no se sintió mejor al oírla, fingió con su mejor sonrisa, como si no se enterara de nada, pero sabía que la joven no había olvidado lo que había hecho ni mucho menos, la había perdonado. Al menos le dirigiría la palabra, era un avance, pensó.
―Tuns, quiede galletash―repitió el menor, aburrido por la demora.
― ¿Quieres una ensalada de frutas? ―ofreció, debía empezar con su persuasión antes de prepararle un bocadillo, o ardería troya si no conseguía lo que quería. Su hijo no respondió, se llevó a la boca la cola del pobre dinosaurio y lo movió en su brazo para llamar nuevamente su atención― ¿Trunks?
―Tuns, quiede galletash―insistió el niño.
―Ay, dale galletas al niño―defendió su madre―nunca come ¿Qué podría pasar con una vez? ―Su madre entró animada al cuarto de cocina, Bulma le siguió con una mueca en sus labios, ahí estaba otra vez, todos buscaban contradecirla con la crianza de su hijo, en algo tan mínimo como sus comidas ¿Qué podía esperar a futuro? No quería que se involucraran más de lo necesario, estaba agradecida del apoyo que tenía, sin embargo, no por ello permitiría que la contradijeran en su crianza.
―No se trata solo de eso―comentó, miró hacia al centro del cuarto y notó a Raditz sentado junto a la mesa de la sala y no estaba solo, vio a su amigo y se paralizó en la entrada. ―Goku…―al ver al saiyajin de melena alborotada, fue como si de un golpe vinieran todos sus recuerdos vividos en Vegetasei, se sintió mareada, por un momento pensó que iba a caer desmayada y al recordar a su hijo en brazos, se recompuso―hola.
―Hola, Bulma―le sonrió el saiyajin, pero para la joven princesa, esa sonrisa no fue sincera y eso no era común en su amable amigo. No supo interpretar su reacción, ¿Estaría molesto con ella? Lo entendía de ser así, sabía que fue egoísta al esconderse y fingir su muerte, pero siempre se excusó en que estaba pensando en ella y en su hijo, nunca se arrepintió, al ver a su amigo nuevamente, empezaba a lidiar con la duda, ahora cuestionaba sus actos, aunque su orgullo no la hacía querer reconocer que lo que hizo, estuvo mal. Asumía que había errado en muchas cosas, se cuestionaba sus errores, pensaba que pudo hacerlo mejor y así evitar esos encuentros, pero ver la sonrisa actuada del saiyajin, le inquietó.
―No… esperaba verte por aquí―comentó acercándose, Trunks miró al saiyajin y luego a su madre, el niño al ver al desconocido con su tío Raditz, no lo vio como una amenaza, pero le llamó la atención su vestuario, observaba su armadura y se tocaba su propia ropa, comparándolas, nadie lo notó, estaban más concentrados en el encuentro.
―Eso pensé―murmuró, se encogió de hombros y le sonrió―pero quería verte. Ver con mis propios ojos, que el reporte que envío la reina Riander, era real.
Bulma asintió, Trunks se sacudió en su abrazo, entendió rápidamente su mensaje y se agachó para dejarlo caminar por la cocina. Era extraño, porque cuando estaba Vegeta al acecho, evitaba que se acercara al saiyajin por todos los medios, que no hablaran, que no se miraran y si fuera por ella, que no respiraran el mismo aire. A menudo se dijo que solo permitiría que Raditz estuviera cerca de su hijo, pero no sintió ningún temor al dejar libre al niño en la misma habitación que su amigo. Quizás era por eso, por ser un saiyajin de confianza, como la pareja de su hermana, que, sin siquiera pensarlo, dejó a su hijo recorrer su espacio cerca del guerrero.
―Es mi hijo―comentó, al ver al saiyajin mirar al niño con atención―se llama Trunks.
―Si me contaron de él―sonrió amigable―hola Trunks―el niño iba a seguir de largo en su recorrido por el comedor, pero al oír su nombre se detuvo y lo miró de frente―vaya… es enojón para ser tan pequeño ¿Qué edad tiene?
―1 año―respondió de forma automática, y caminó hacia la nevera, tratando de cortar el tema. Su madre estaba curiosamente silenciosa, apoyada en un mesón cerca de los saiyajin.
―Nuestro pequeño es muy malhumorado―comentó la mujer rubia―pero ya nos acostumbramos, ¿Cómo esta su mujer e hijo?
―Chi-chi está muy bien―soltó sonriendo, esta vez una sonrisa genuina. Bulma lo miró por el rabillo del ojo, atenta a sus gestos y palabras―Gohan, empezó a entrenar hace un año y medio. No le―
― ¿A entrenar? ―interrumpió alterada― ¡Es un niño! ¿Cómo permites eso? ―preguntó angustiada. No pudo evitar verse reflejada con lo que su amigo les contaba, Gohan era mayor que su hijo, pero tenía la misma peculiaridad, ambos eran medio saiyajin. Era un niño pequeño y ya estaba entrenando, le fue imposible no imaginar a Trunks en esa situación, y al hacerlo, sentía que los nervios se le descompensaban. Ser madre le había hecho madurar a la fuerza, antes era despreocupada y al nacer su bebé, eso había quedado en el olvido, a veces creía que ahora era amargada, quizás se le pasaría cuando sintiera que su hijo ya estaba a salvo, o cuando creciera un poco.
―No tengo mucho que decir al respecto…―comentó inseguro. Ver su reacción le hizo recordar a la de su mujer, a la que tuvo que convencer de las tradiciones saiyajin para que permitiera al niño acceder a esa peculiar educación―así se educan los niños saiyajin. Gohan debió estar en una incubadora los primeros 3 años, pero no lo hicimos así, accedimos a que entrenara desde los 4.
―Aun así…―comentó angustiada. Su hijo se acercó a la superficie del mueble a mirar lo que había sacado de la nevera―es un niño.
―Se les enseña según su estilo de aprendizaje―interrumpió Raditz, mirándola fijamente. Bulma le frunció el ceño, le molestaba la presencia de su cuñado en ese momento, era el único saiyajin que entendía su reacción y sentía que la catedra que le estaba dando ahora, tenía dobles intenciones―si son lentos, empezamos con lo básico, por el contrario, si son más aptos para el combate, se avanza de nivel. Ahora es así, antes era más… drástico.
―De todos modos, ¿Cómo es que Chi-chi, lo permitió? ―preguntó sin dejar de mirarlos con preocupación. Volteó casi al instante cuando vio a su hijo sacudir las bolsas con su manito, estaba de puntitas para poder asomarse al mueble―no, cariño. ―se acercó a su hijo y alejó las bolsas de frutas, y antes que le reclamara, sacó de un cajón un paquete de galletas. El niño aplaudió feliz al verla, sacó un platillo y echó cuatro galletas―come esto mientras esperas la merienda. Ven.
Lo tomó de la mano y lo guío hacia la mesa del centro, donde estaban los saiyajin. Trunks eligió la silla entre su tío y el recién llegado, Bulma no vio peligro en la cercanía de su amigo, por lo que lo tomó en brazos y lo sentó entre ambos. El niño se sentó sobre sus propios pies para poder quedar a la altura de la mesa, la joven madre le dejó el platillo con galletas y le besó la frente.
―Es que no se trata de lo que nosotros queramos―comentó mirando al menor―es el régimen saiyajin, se debe cumplir. Claro, no estuvo de acuerdo, pero no había mucho que hacer al respecto.
― ¿Y porqué no volvieron a la tierra? ―preguntó, volviendo al mesón, tomó un par de manzanas y comenzó a pelarlas.
―No siempre se puede huir de lo que no nos gusta―respondió Raditz por su hermano menor y el silencio se prolongó unos segundos, que parecieron minutos pues todos en la habitación, sintieron la tensión, a excepción del menor.
Bulma contuvo la respiración, su mano comenzó a temblar ligeramente y mordió su labio inferior para no responderle a la pareja de su hermana. Sentía que, desde hace algún tiempo, que el saiyajin no perdía oportunidad para molestarla, enrostrarle que lo que había hecho estaba mal, o que había tomado malas decisiones, y no necesitaba eso en su vida, el papel del juez se lo podía ahorrar. A menudo se repetía para defenderse de todas esas críticas, que nadie estuvo en su propio pellejo como para opinar, y más importante aún, era su vida. Nadie tenía el derecho de opinar o juzgar, hace mucho que dejó de considerarse como princesa, ya no estaba atada a la realeza humana y se creía libre de tomar sus propias decisiones, de cometer sus propios errores, y aunque lo hiciera, lo estaría haciendo por su propia cuenta, porque valía la pena experimentarlos. Siempre se lo recordaba en momentos como ese, para calmarse, para convencer al resto y a ella misma, que no le afectaban esos comentarios, pues estaba muy segura de lo que hacía. No podía estar más equivocada… su terquedad le ayudaba a demostrarse segura, y a no dudar tan seguido, pero esa semana en la que había vuelto a ver a Vegeta, había puesto su mundo de cabeza.
―Si no tienes coraje, difícilmente podrás huir―respondió volteando a verlo. Tanto los saiyajin como su madre, estaban al tanto de toda la historia de su viaje sin retorno, su amigo había leído el reporte donde informaban que ella estaba viva y lo que había pasado, pero al oír a su hermano y ver a la joven, podía inferir que la princesa no había regresado por algo más profundo de que el actual rey hubiera roto el compromiso al casarse con la reina Riander. Bulma no había querido regresar, ella había huido de algo y no entendía de qué. Su vida en el planeta rojo no fue mala, Vegeta la había llenado de lujos y siempre le daba en el gusto en todo, cada vez que los vio juntos en celebraciones o actos públicos, parecían una pareja consolidada ¿Qué la pudo hacer cambiar de opinión de forma tan radical? Bulma no era de esas personas que se rendían fácilmente, la presencia de la reina no era su excusa, había algo más. Miró al menor que comía entusiasmado, sin tomar en cuenta a los presentes que se miraban con sospecha.
―Oh por dios―interrumpió su madre―mira―todos miraron hacia donde apuntaba la mujer rubia, y vieron a un Trunks comer alegre sus galletas―le agradas, Goku.
― ¿Cómo dice? ―el aludido miró confundido a la mujer y luego al niño, quien no le prestaba atención a nadie en la sala más que a sus galletas―pues… no pareciera.
―Más que agradarle―comentó Raditz, mirando al menor―no le desagradas. Si fuese así, ya te lo habría hecho saber. Le eres indiferente―asintió mientras lo miraba.
Bulma medio sonrió, aunque no estuviera en tan buenos términos con Raditz, le gustaba oírlo hablar de su hijo, lo hacía con admiración. No sabía si tenía que ver con su linaje o porque lo había visto crecer, quería creer que era la segunda opción, el mayor de los saiyajin se preocupaba por su niño, y lo conocía lo suficiente para saber qué le gustaba, lo que no quería hacer o entender sus balbuceos y palabras mal dichas. Su hijo tenía una relación estrecha con todos los miembros de su familia, él era feliz en el castillo.
―Ah… es bueno saberlo―carcajeó el menor de los hermanos, la mujer rubia no tardó en unírseles. Goku llevó su mano a la cabeza del menor y revolvió sus cabellos con entusiasmo, Trunks interrumpió su merienda y giró hacia él. El saiyajin de raza pura, lo quedó viendo unos segundos y soltó una risa nerviosa―creo que no le gustó―al ver sus ojos azules y sus cejas lilas fruncidas, sus mofletes inflados con comida y sin emitir ningún ruido, todos en la habitación pudieron notarlo.
―Así es mi bebé―dijo sonriendo, mientras cortaba la fruta y dejaba los trozos en un bol―un poco gruñón. Pero si te ve más seguido, puede que le simpatices.
―Lo veo difícil―comentó girando hacia ella―apenas termine el comité, debemos volver. ―Bulma asintió sin voltear, sintió que su pecho se oprimió ante la idea y no estaba segura del porqué. Creía firmemente que se debía a la amenaza del rey, aunque no sabía si podía tomarla como tal, en parte porque recordaba haberle dicho que no se iría y él no había dicho nada para oponérsele después de acordar el compromiso de ser suya por esa semana, también, no sabía si tomárselo como amenaza, pues si Vegeta decía algo, lo cumplía. Él siempre obtenía lo que quería… el compromiso no se había cumplido del todo, el rey no la había visitado la noche anterior, y en ninguna noche se había concretado lo que él buscaba. Sentía que se le estaban escapando detalles, le parecía extraño el actuar del saiyajin, sería acaso ¿Qué ya no estaba interesado en ella? La punzada en su pecho le dolió más de lo que debiera, no quiso prestarle atención, en parte porque sabía la respuesta y, además, no era el momento para tener esas crisis.
Combinó un par de frutas diferentes y le agregó yogurt, revolvió el contenido y se lo llevó a la mesa justo a tiempo. Trunks ya había terminado la última galleta, le pidió el platillo y el niño se lo entregó sin problema, atento al nuevo recipiente que su madre le traía. Dejó el bol junto al menor y le entregó una cucharita, iba a buscar un paño para ponerle bajo su cuello regordete, pero su madre fue más rápida y se acercó a ponerle la tela, el bebé se dejó cubrir sin prestar atención, estaba más concentrado en su merienda que en lo que pasaba a su alrededor.
―Podrías venir con Chi-chi, en algún momento―se encogió de hombros y buscó un asiento, como su hijo estaba entre los saiyajin, se sentó en frente de los tres.
―Me gustaría―asintió, observó su cabello corto y su rostro unos segundos. Su amiga había cambiado, sentía que hablaba con una desconocida, no estaba muy cómodo. ―pero con Gohan entrenando, y con mi trabajo, no creo que sea posible.
―Me imagino―murmuró. Miró a su hijo comer con entusiasmo, y luego al par de hermanos que también lo miraban, al verlos así, era imposible pensar que era uno de ellos, sus colores destacaban demasiado y a su parecer, no tenía rasgos de saiyajin, como Gohan… tenía que calmarse, nadie se daría cuenta.
―Mama, sed―Bulma se paró al instante, caminó hacia el lavaplatos y buscó un vaso―no ¡Jugo!
―Mucha azúcar―le respondió pensativa, más para ella que para el niño. Trunks hizo un ligero puchero que la conmovió más de la cuenta, suspiró nuevamente y buscó entre la alacena lo que el bebé pedía.
―Hace siempre lo que quiere―soltó entre carcajadas su madre, Goku la imitó y sonrió mirando al menor.
Bulma encontró un jugo en cajita personal, le quitó el sobre a la bombilla y lo incrustó en el agujero en la parte superior, ese tipo de recipiente era el más practico cuando tenías un niño inquieto, evitaba que dejara todo esparramado, y su hijo ya había aprendido a tomar las cosas suavemente, por lo que no era un problema que apretara la caja con el líquido de frutas. Le entregó la caja y el niño llevó la bombilla a su boca, lo vio sorber el contenido con demasiada rapidez y trató de quitarle la caja, pero el pequeño príncipe se escondió de ella y volteó hacia el lado de su amigo, como si con eso pudiera evitar que su madre le quitara la caja.
―Trunks, bebe despacio―miró preocupada al menor, que se le escabullía en el asiento para tomar el jugo. Cuando terminó, soltó la bombilla con exceso de saliva y lanzó la caja a la mesa. ― ¡Trunks! ―exclamó molesta, alzando su voz y haciéndolo respingar en su asiento. El resto miraba en silencio la escena madre e hijo― ¡Eso no se hace! No lo vuelvas a hacer ¿Me oíste?
―Hija―la ex reina pensó cuidadosamente sus palabras, pero no encontró nada que pudiera decir para no molestar a la princesa, por lo que decidió hablar de todas formas―es un bebé, es normal que actúe así.
―Ya, mamá―levantó su mirada hacia la mujer, la vio agachar la cabeza y recordó que no estaban solas. Odiaba que le dijeran como criar a su hijo, y su madre lo sabía y aún así insistía siempre en meterse, empezaba a pensar que sería una buena opción irse a vivir fuera del castillo.
―Creo―comenzó diciendo Raditz―que ya es hora de volver al trabajo―se puso de pie con movimientos perezosos, Goku tomó la cajita que había lanzado el niño y leyó la etiqueta― ¿No vienes? La jornada de hoy está por terminar.
―Sí―asintió imitándolo―tienes razón. Bulma, fue un gusto volver a verte―la joven le sonrió en respuesta, no era el encuentro que esperaba con el saiyajin, las cosas ya no eran como antes y nunca lo serían. No se atrevía a preguntarle si estaba molesto por lo que había hecho, o a pedir disculpas, prefería actuar como si nada hubiera pasado o como si hubiera sido normal su decisión, no quería seguir dándole vueltas al asunto, estaba harta de dar explicaciones y pensar en el que dirán.
―No te pierdas―respondió después de unos segundos―me alejé de los saiyajin, pero―su corazón latió rápido al hablar sobre su huida, era como si se expusiera. Era extraño, porque con Goku no se sentía a la defensiva, y aunque él no le hubiera preguntado por lo que había pasado, y no la tratara como antes, sentía que no la juzgaba―puedo acercarme a ustedes, a Chi-chi y Gohan… vengan a visitarnos algún día.
―Estoy seguro que le gustará la idea―su amigo le sonrió ampliamente y salió de la sala junto a su hermano. Sabía que quedaban, contando ese día, tres días para terminar el comité, pero los saiyajin y todos los asistentes a la reunión, tenían todos los días ocupados y sería difícil volver a encontrárselo en algún pasillo.
Miró a su hijo que ni siquiera se había molestado en mirar a los saiyajin, seguía concentrado en su plato al que le quedaba notoriamente menos, miró la mesa buscando la caja de jugo pero no la encontró, se acercó a su hijo y se sentó junto a él, acarició su cabello lacio y el niño la miró, le ofreció su cuchara con un trozo de fruta, Bulma le sonrió en respuesta y aunque no le apetecía, lo recibió. Era como la muestra de afecto más profunda del bebé, compartir de su comida, miró a su madre que preparaba un poco de té y decidió acompañarla unos minutos.
(…)
Podía imaginar lo que estaba pensando la mayoría, y le importaba nada. Sabía que, aunque dieran el discurso que fuese, mostraran los argumentos más sólidos, su imperio no iba a ceder. El comité tampoco podía obligarlo a disolver el OIC, ser parte de la comisión intergaláctica incluía regirse por las 3 leyes básicas del universo, no crear vida artificial, no viajar en el tiempo, y no atacar planetas que estaban en la federación intergaláctica. Para Vegeta, era una mafia legal, donde se respetaban las leyes particulares de cada planeta, los derechos humanos, pero solo de los que estaban en la comisión, el resto podían ser víctimas de un genocidio en ese mismo instante y la comisión no interferiría. Lo que les molestaba de tener funcionando al OIC, era la notoria ventaja y dominio que estaba acaparando el imperio saiyajin en comparación al resto de planetas. Antes con Freezer al mando, nadie se atrevió a poner en palestra el control de la organización, ahora que se había hecho cargo del lagarto, no perdían oportunidad de intentar razonar con ellos para disolverlo, sabía que su interés era poder conquistar uno que otro planeta que ahora estaban en su poder. Había escuchado silencioso todo el debate que se había formado el día anterior en el Comité, ahora había sido el turno de ellos de dar su postura.
Habían sido claros, no disolverían el OIC a pesar de todos los argumentos de paz falsa que expusieron, hicieron uso de su libertad política para seguir con sus prácticas de purga y comercio de planetas, y nadie podía hacerlos cambiar de opinión. La jornada del quinto día del comité se había tratado de eso, persuadirlos para eliminar el OIC, el sexto día era exponer su respuesta y a los dirigentes de la comisión no les quedaba más opción que rendirse con sus intentos. Eran el imperio más poderoso de la galaxia, no permitiría que por nada eso cambiara. Se había dedicado a estar concentrado y alerta a las jornadas de ambos días, solo para distraerse. Ahora en el receso del sexto día de comité, sus pensamientos volvían a atormentarlo.
Estaba nervioso, no quería seguir pensando en la marca que le vio al demonio, no quería saber la respuesta a ello, estaba aterrado pues sabía que, si Bulma le había mentido, ya no tendría nada de misericordia con ella. Podía tolerar su huida y su actitud, pero no las mentiras y menos una tan importante como esa, de solo pensarlo los pelos de su cola se erizaban. Quería creer que estaba actuando con paranoia, no la creía capaz de semejante teatro, estuvo por matar al niño, en un momento así debió decirle ¿No? Nada tenía sentido, quizás era su ilusión la que lo hacía dudar, porque en parte, le gustaba la idea de que ella no hubiera sido tocada por nadie más que él y encima, tener un hijo con ella, pero la ilusión era rápidamente opacada por lo que significaba aquel engaño.
Sentía que estaba dando vueltas sin ningún paradero, estaba confundido y a la vez, le molestaba sentirse ignorante frente a un tema, más aún cuando del que se trataba ahora podía cambiar para siempre su vida. No era menor lo que intentaba averiguar, si confirmaba que tenía un hijo, su imperio ya tendría un heredero legítimo a pesar de estar con Riander, pues el niño había sido concebido antes de que ella se fuera y que se comprometiera con la actual reina, y eso le dejaba en la duda de si era una excusa suficiente como para anular su compromiso con su prima. Aunque se obligaba a mantener la cabeza fría, no podía, su relación con Bulma estaba en juego y no podía evitar pensar en opciones para estar con ella de forma legal. Su bestia se molestaba, y lo entendía, la joven le había hecho daño en tantos sentidos y en lo único que pensaba era en estar con ella, en darle otra oportunidad cuando la princesa no la había pedido ni lo quería. Su orgullo estaba demacrado, y todo por ella, se había rebajado una y otra vez a su merced, y seguía rechazándolo, seguía bajo su embrujo, estaba por descubrir una escalofriante mentira y lo único que hacía era pensar en soluciones para su relación.
Quizás era su ilusión de hombre enamorado que lo hacía pensar en ello cuando aun no tenía la respuesta, tal vez eso cambiara cuando la tuviese. Lo podía sentir, su bestia movía las cadenas y en parte, no quería que fuera así, no quería ser el padre de esa criatura, prefería que todo lo que Bulma le había dicho fuese verdad, no sabía como reaccionaría si se enteraba que había escondido a su propio hijo de él. La revelación de poner en duda su historia lo atormentaba de sobremanera, no había podido lidiar con la duda esa noche y tuvo que alejarse de ella, temía por su propio actuar y no quería lastimarla, prefería tomar distancia antes que cometer alguna idiotez de la cual se arrepentiría. Podía hacer uso de su autocontrol ahora, pero… ¿Podría hacerlo si se enteraba que le había mentido? No quería reconocer la respuesta, se conocía lo suficiente como para poder responder esa pregunta y era por lo mismo que prefería centrarse en otras cosas, como en qué haría después de enterarse de que tenía un hijo, era como enfocarse en lo positivo del asunto. El tema era que incluso pensar en ello le afectaba, se había perdido tanto de ese niño y… era culpa de ella, entonces la semilla de rencor alimentaba a su bestia y las cadenas estaban oxidadas, en cualquier momento se rompían.
Después del receso, la jornada se reanudó. Como la discusión del OIC se vio terminada, procedieron con otros temas como conflictos inminentes entre planetas que no le importaban. Riander a su lado, prestaba atención a cada discusión diplomática, la vio tomar notas y enviar reportes a su planeta, lo cual valoraba. Normalmente era Kakarotto el que enviaba reportes, pero dentro de la sala no podían ingresar consejeros ni guardias, era exclusivo para dirigentes, por lo que su prima se hacía cargo de todo ello, no le importaba no ser el encargado de ello, no estaba en condiciones para prestar atención a esas trivialidades, y aunque lo estuviera, no le interesaba. Nunca se preocupó de dirigir realmente, para eso tenía al consejo y recién ahora empezaba a inmiscuirse en todo ello, y volvía a retroceder por culpa de la princesa. Bastaba con solo verla y respirar su aroma para lanzar a la basura todo ese avance que había conseguido en las últimas semanas, y veía difícil poder seguir progresando si no resolvía su tema con ella.
Todavía pensaba en llevársela, sabía que nadie se opondría más que ella. Podía iniciar un conflicto bélico con la tierra y no tendría mayores repercusiones, sería sencillo hacer estallar el planeta desde su nave, pero no quería que fuese así, porque hacerlo le recordaba al modo de actuar del tirano del frío, y porque ella lo odiaría toda su vida. Creía que podía volver a engatusarla, a consentirla lo suficiente para que dejara esa actitud déspota con él, podría tardar lo sabía, pero lo haría por ella. Sabía que sus padres y los de ella se opondrían, pero no le importaba la opinión de nadie, ni siquiera la de ella. Volver a verla y saberla viva, era como una segunda oportunidad, no la dejaría ir nunca, no volvería a caer en ese abismo de soledad y tristeza por no estar con ella. El meollo del asunto era que con la investigación que estaba haciendo, todo eso cambiaba, necesitaba una respuesta pronto, le gustaba organizarse con tiempo, tener todo planeado de forma meticulosa y como no podía hacerlo ahora sin tener los resultados, la ansiedad lo impacientaba y lo ponía de mal humor.
Miraba a cada minuto su comunicador, esperando ver un mensaje de su mano del rey para salir huyendo de esa sala, pero nada llegaba a su lente. No entendía qué podía demorarlo tanto, su vientre estaba tenso y lo sentía pesado, cuando no había probado bocado ese día, desde que había iniciado con esa investigación que no se alimentaba bien, Riander ya lo había interrogado pues no se había ido de su cuarto en el hotel dos noches seguidas, y no estaba comiendo como de costumbre, además de todas esas pistas, su rostro lucía más sombrío de lo habitual, no había dormido por las noches y su humor era delicado. La reina sabía leerlo, por lo que no insistió demasiado y prefirió seguirlo en silencio en cada jornada.
Presenció inquietó el resto de la jornada, su mente ya había perdido el hilo de la conversación en aquella sala. Cuando se dio por terminado el sexto día, se puso de pie agotado, física y mentalmente. Había estado sentado por más de 8 horas, y su mente había trabajado en tantas opciones y situaciones para su problema, que estaba cansado, a eso le sumaba que no se estaba alimentando bien en los días anteriores y que no estaba durmiendo, el rey lucía sombrío. Incluso alguien que no lo conociera, sabría que no era un buen momento para hablarle, muchos dirigentes quisieron acercarse a felicitar al rey después del lío con el OIC, con tal de agraciarse con el imperio más poderoso de la federación, no sería un sacrificio en vano, pero a la distancia podían notar que no era un buen momento, por lo que muchos prefirieron hacerle espacio para que pasara en vez de interrumpir su camino.
―Rey Vegeta―el aludido detuvo su paso y volteó ligeramente para ver de quién se trataba, giró por completo al ver al tipo de melena plateada que había hablado antes con él, para decirle que discutirían sobre el OIC el día anterior. Era extraño, pues el tal Nate había sido uno de los más interesados en disolver su organización y el que dio los argumentos más sólidos, y aun así se había tomado la molestia de "advertirles" antes, quizás advertencia no fue, y solo cumplía con informarlo. Pero el rey no se sentía en confianza con el tipo alto, le era difícil de entenderlo y no podía evitar desconfiar por parecer una persona leal y directa. Hoy en día ya no existían individuos así, incluso su Bulma había traicionado…
―No recuerdo tu nombre―lo normal era disculparse por algo así, pero no le importaba ni el protocolo ni seguir perdiendo tiempo con él.
―Nate, soy canciller del cuadrante 28 X―no vio rasgos de molestia por su descortesía―a pesar del resultado de la jornada de hoy, quería felicitarlos.
― ¿Por qué? ―buscó en su mirada algún rasgo de burla, pero no encontró nada. Demostraba ser correcto y eso le irritaba, no le gustaba lidiar con tipos como él, todos tenían algo que ocultar y cuando se esmeraban por esconderlo tan bien como lo hacía Nate, le hacía sospechar todavía más. Creía que no era alguien de fiar, y que sus intentos de acercarse tenían segundas intenciones.
―Los saiyajin han cambiado bastante―asintió serio―antes no se hubiera pensado en discutir algo así con su imperio, hoy en día podemos tener una relación diplomática bastante cortés y eso es digno de felicitar―entendía a lo que se refería, y concordaba bastante. A pesar de que sus costumbres salvajes seguían latentes en su cultura, ahora se habían abierto a las conversaciones y tratados desde que estaban inscritos en la federación, todavía les era difícil tener que llegar a consensos con palabras y no con guerras, pero iban bien encaminados.
―Entiendo―asintió en su dirección y miró hacia la salida, ya no aguantaba estar en esa sala y necesitaba hablar con su Mano, saber si había alguna respuesta o información que le aliviara la consciencia.
―Veo que tiene prisa―comentó el hombre, Vegeta no lo negó―no lo interrumpo más, que tenga una buena tarde.
―Igual―no se le daba bien ser cortés, y no trataba de mejorarlo. Asintió en su dirección y caminó hacia la salida, oyó a Riander cruzar un par de palabras más con el canciller, pero no le prestó atención.
La reina no tardó en llegar a su lado, caminaron en silencio hacia el vehículo en que los esperaba Miles. Volar era más rápido, pero la recepción de los terrícolas era igual para todos los dirigentes y estaba cansado para hacerlo en ese momento. El trayecto hacia el hotel fue rápido para el rey, apenas se sentó, cerró sus ojos y dormitó en todo el camino, por lo que cuando el auto se detuvo, ya estaban en la entrada del edificio. Seguía sin tener apetito, era como si tuviera un nudo en su estómago que le impedía pensar en comida, sabía que se debía exclusivamente a sus emociones, no era primera vez que le pasaba y siempre tenía un único culpable, ella. No había día que no lo hiciera sentir débil, no sabía si era normal, pero cuando se trataba de ella, no dejaba de sentirse inferior, como si fuera una falsa. Su poder y fuerza se veía opacado por todo lo mal que le hacía sentir.
Al llegar a su habitación, lo primero que pensó fue en lanzarse a la cama y dormir una siesta, pero su cuerpo no se movió. Se quedó de pie en medio del cuarto, sin mirar realmente a ningún lugar. Tomó su comunicador y revisó la bandeja de entrada, no había señales de Kakarotto, y su paciencia se agotó, escribió rápidamente un mensaje y se lo envío. A los minutos después recibió respuesta, el saiyajin iba en camino a su habitación.
― ¿Qué quieres para comer? ―preguntó la reina mientras tomaba el teléfono para comunicarse con la recepcionista.
―No me interesa, decide tú―respondió sin mirarla y fue hacia el baño.
Sentía que cada movimiento que daba, le ardía. Era como después de un largo día de entrenamiento sin descanso, y lo que más le fastidiaba era que se debía únicamente a su agotamiento mental y emocional, estaba afectándole y pasándole la cuenta, era como si hubiera envejecido de repente. Tenía 31 años y sentía que su cuerpo respondía como el de un anciano de 90 años, o más, no lo sabía, ni su padre se sentía de ese modo y ya era viejo, era uno de los beneficios de pertenecer a la especie saiyajin y que en ese momento no lo sentía. Desde que ella había entrado a su vida, se sentía cada vez menos saiyajin, no era justo en ningún aspecto y ahí estaba, débil y humillado, pensando en nada más que en ella. Había sido criado para ser un líder, tener una compañera en su vida era únicamente para dejar descendencia y asegurar el trono a su familia, pero todo se había tergiversado en niveles críticos. Había permitido que eso pasara, no fue lo suficientemente fuerte para atajar lo que ella le provocaba y debía asumir las consecuencias, sentía que el abismo que ella había causado con su muerte, seguía sin dejarlo salir. Habían cambiado las fichas del juego, su fantasma ahora era real y su tormento no se había ido.
Se desvistió con pereza, dejó el agua correr en la bañera mientras se miraba al espejo. Tenía cercos oscuros bajo sus ojos, se sentía y veía demacrado y todo eso lo había provocado la duda en solo dos noches y casi dos días. Su vida estaba por dar un giro de 180° y estaba… asustado. No sabía como lidiar con la posible respuesta que en ese momento Kakarotto estaba por traer, insistía que prefería no ser el padre de la criatura, no creía poder controlar su ira si sabía de su mentira. Se metió a la bañera con movimientos perezosos, cuando el agua tibia tocó su piel bronceada, se quedó unos minutos bajo el líquido, cerró sus ojos y trató de dejar su mente en blanco. No lo consiguió, apenas cerraba sus ojos venía a su mente los ojos azules y fríos de la princesa y con ello, los del niño. Recordaba su mirada como si lo tuviera en frente, el color de sus orbes era más claro que el de ella, pero eran intensos, antes incluso de dudar de la procedencia del niño, ya lo había pensado, entonces venía a su memoria cada encuentro con el niño y se le revolvía el estómago. Sintió que escupiría la bilis, tuvo que cubrir su boca con su mano, tratando de calmar las nauseas que lo amenazaban. Pero no podía evitarlo, la repuesta estaba allí y no quería verla, lo sabía, un niño humano no podía haberlo golpeado y que lo hubiera sentido, debió darse cuenta apenas lo había visto ¿Por qué estuvo tan cegado? La humillación de su traición, de su escape, de haberlo dejado solo y que hubiera sufrido tanto por su abandono, le distrajo de la verdad que estaba frente a sus narices. Ese niño era medio saiyajin, la marca de su coxis no era una casualidad, era la cicatriz de su cola, se la habían quitado y la ira crecía al pensarlo.
Su cuerpo temblaba, el pecho lo sentía tan oprimido que le costaba respirar, en su vientre el nudo y el revoltijo hacía estragos, sentía sus ojos escocer, estaba en el límite, ella le había hecho tanto daño… ¿Cuánto más bajo debía caer para darse cuenta? Ella le hacía mal.
Oyó golpes en la puerta que le distrajeron, sirvió para prestar atención a algo más que su deteriorado estado. Cortó el agua y esperó, pasaron unos minutos para que volvieran a oírse.
― ¿Rey Vegeta? ―frunció el ceño al oírla―la comida ya está aquí, se enfriará si no sales pronto.
No respondió, terminó su baño con calma, apagó su mente unos minutos y se concentró solamente en el agua que recorría su piel. No se quedó demasiado tiempo, secó su cuerpo con movimientos lentos, buscó una bata y se cubrió antes de salir. Miró al espejo otra vez, pero su reflejo se vio empañado por el vapor, no le dio más importancia y salió del cuarto. Abrió la puerta y se quedó de pie en el umbral, al ver a Kakarotto de pie con una carpeta en sus manos y conversando con Riander. Sus nervios volvieron con más fuerza, tuvo que forzarse a caminar, sentía que cada paso que daba, era premeditado, sino lo hacía, se caería en cualquier momento.
―Rey Vegeta―asintió en su dirección su mano. Riander giró hacia él al oír al saiyajin.
― ¿Hace cuanto llegaste? ―preguntó rechinando los dientes, sus emociones estaban más cambiantes que el clima en una cordillera.
―Hace unos minutos―comentó el hijo de Bardock, mirando a la reina para corroborar su información.
― ¿Por qué no me llamaste? ―preguntó a Riander al oírlo. Eran minutos de congoja que pudo haberse ahorrado.
―No me tomaste en cuenta con la comida, no creí que con Kakarotto sería diferente―murmuró insegura al ver su rostro pintado por la rabia. No entendía el humor de su primo, hace días que estaba distinto sería acaso ¿Qué ella lo había rechazado? La idea le hacía ilusionarse, quizás el rey estaba lidiando con el despecho, por eso no había salido las noches anteriores y estaba de pésimo humor.
― ¿Lo tienes? ―le preguntó esta vez al recién llegado, el saiyajin asintió y levantó la carpeta que tenía en sus manos, mostrándosela―Riander, déjame a solas con Kakarotto.
― ¿C-cómo dices? ―la reina miró confundida al rey, no había nada que no debiera saber a su parecer, era su compañera después de todo. Miró hacia la mano del rey, quien agachó la mirada al oír al monarca, miró la carpeta que traía en sus manos y trató de leer el eslogan, pero no entendió su significado.
―Riander―ladró nuevamente, haciéndola respingar en su posición. La saiyajin se puso de pie sin decir una palabra, no quería demostrar lo mucho que le afectaba que la excluyera, pero tampoco quería parecer hostigosa para su rey. Por lo que asintió sin mirarlo, tomó un plato con panecillos y caminó hacia la salida, Kakarotto la reverenció en el camino.
―Lamento haber demorado―comenzó diciendo, cuando la reina ya había salido. Sabía que el rey no entendería sus razones, pues para Vegeta no había explicaciones coherentes que calmaran sus nervios. Incluso él lo estaba, desde que el rey lo había visitado a horas de madrugada hace dos noches, pidiéndole que iniciara esa investigación, que estaba casi igual de nervioso y ansioso que él. Todavía no podía creer lo que le había pedido, lo que creía, si su teoría era cierta, tendría un gran impacto para el imperio e incluso para los humanos. La situación era delicada, entendía que estuviera alterado y no quería seguir atormentándolo. El rey estaba pasando por mucho en poco tiempo, se había enterado que su antigua mujer seguía con vida, que se había ido por su propia decisión y que posiblemente, huyó embarazada. Bulma era su amiga, pero no estaba de acuerdo con todo lo que había hecho, y verla hace dos días atrás le hizo corroborar que la joven no estaba ni un ápice de arrepentida. Tampoco le parecía justo, el rey se había sumido en una profunda depresión por su muerte, y resultó ser una farsa y encima, había un posible niño de por medio.
El rey había sido claro, debía buscar evidencia para demostrar la paternidad del niño. Se la pasó esa noche buscando información al respecto, dio con un laboratorio donde podía hacer exámenes de ADN al niño y al rey. No sería sencillo, pues lo que necesitaba para poder hacerlo era sangre o alguna muestra biológica del menor, así que decidió acercarse al castillo, tuvo suerte de encontrarse con madre e hijo el mismo día, el resto era cuestión de sutileza. Se quedó con algunos cabellos del niño y complementó la muestra con una bombilla que había usado para beber un jugo de frutas, el laboratorio se lo aceptó y Vegeta solo fue a dejar su muestra sanguínea ese mismo día. Los resultados los tendrían en 72 horas hábiles, pero el rey pagó una gran suma de dinero para que apresuraran los resultados, lo que pudieron hacer en 24. Y ahí estaba, con la carpeta en manos, mirando a un rey rabioso y nervioso. Le extendió los documentos sin decir una palabra, sabía que seguir prolongando aquello era tentar a su suerte. En parte se sentía mal por hacer eso a espaldas de su amiga, pero debía seguir órdenes y, sobre todo, a esas alturas, ser mano del rey lo había convertido en un saiyajin leal a la corona y leal a Vegeta.
― ¿Está todo aquí? ―preguntó, le temblaba la mano, la carpeta se movía y casi no podía leer ni sabía por donde empezar. Se sentó en el borde de la cama y levantó la cubierta.
―Sí, en la última hoja, dijo el médico, que estaba más claro el resultado. ―vio al rey pasar directamente hacia esa plana, él no había intruseado en los documentos, no lo encontró pertinente, así que estaba igual de curioso que él por saber los resultados.
Miraba las letras, pero no las leía. Veía todo borroso, no alcanzaba a comprender nada, levantó la mirada y se encontró con el saiyajin que lo observaba curioso, estuvo a punto de pedirle que le leyera los resultados, pero aún le quedaba orgullo, por lo que desistió rápidamente. Volvió a intentarlo, sentía que los minutos pasaban lentamente y que el tiempo se detenía de pronto, respiró profundamente, su pecho se infló y dejó ir el aire, no le importó verse afectado por el papel en frente del hijo menor de Bardock, en ese momento lo único que quería era calmarse para poder saber lo que lo estaba atormentando y así tomar una decisión de una vez por todas. Cerró sus ojos unos segundos, intentando recolectar toda las fuerzas y la calma que necesitaba, los abrió de golpe y miró nuevamente el papel. Sus manos seguían temblando, pero esta vez pudo controlarlo un poco más al punto de poder leer el documento. Leyó la fecha, el nombre de la institución, y el enunciado como si fuera lo más interesante hasta que llegó a la fatídica frase.
Su pulso se detuvo unos segundos, o quizás lo imaginó. Sudó frío de pronto y sintió que todo daba vueltas a su alrededor. Levantó la mirada hacia la mano del rey, como si él pudiera decirle que lo que decía en el papel estaba mal, volvió a mirar el documento, releyó el párrafo una y otra vez, procesaba lo que leía, pero no lo quería creer. Al leerlo por quinta vez, su vista se volvió borrosa, sentía sus ojos arder y entendió con rapidez que estaba llorando, no le importó. Estaba como ausente, su cuerpo parecía reaccionar a la verdad, sin embargo, su mente estaba apagada. No se dio cuenta cuando el papel en sus manos, cayó al suelo. Se quedó inerte en su posición mirando al vacío, todo se había vuelto lento para el rey, cada idea que pasaba por su cabeza, cada sentir, lo procesaba sin prisa.
Kakarotto se agachó y tomó el papel de forma sutil, al ver que el monarca no se lo impidió, procedió a leer. Necesitaba entender qué le había afectado tanto al rey, era como ver a un muerto en vida, si no fuera por su débil respiración podría asumir que ya no seguía vivo. Leyó ansioso, tenía prisa por llegar a lo que realmente importaba.
― "El presunto padre, no puede ser excluido como el padre biológico del menor probado. Basándose en el análisis de muestras, la probabilidad de paternidad es de 99,99999999%." ―leyó en voz alta, tardó un minuto en entender lo que analizaba, abrió los ojos de par en par y levantó la mirada hacia el rey, pero el rey ya no parecía un muerto viviente, sus rasgos se habían endurecido, ya se había limpiado las lágrimas del rostro y sin darse cuenta, dio un paso hacia atrás. Lucía sombrío, no recordaba haberlo visto así antes, ni siquiera cuando lo conoció, en ese momento se arrepintió de haber sido parte de aquello, si el resultado iba a transformar así al monarca, hubiera preferido no saberlo nunca.
―Prepara las naves―murmuró sin mirarlo. La mano del rey frunció el ceño confundido, lo vio ponerse de pie y caminar con aparente calma hacia su armario y sacar sus vestimenta―nos vamos.
― ¿A dónde? ―se atrevió a preguntar―el comité aun no termina. ―el rey no se molestó en responder, guardó silencio y observó nervioso los movimientos del saiyajin.
El rey dejó su armadura real sobre la cama, su capa y su traje habitual. Desanudó su bata y giró hacia el saiyajin que lo miraba confundido, suspiró débilmente para no gritar y perder la paciencia.
― ¿Ya están listas las naves? ―preguntó con ironía. El saiyajin se sobresaltó en su puesto y negó, tomó su comunicador y tecleó con rapidez―que se preparen todos los saiyajin, nos vamos en media hora.
―O-ok―asintió, aunque estaba confundido y aterrado, prefirió obedecer y no volver a preguntar. Dio la alerta a todos los miembros del sequito que los acompañaban, de carácter urgente, debían estar todos en la zona de despegue y preparar la salida. ― ¿Necesita algo más?
―Sí―asintió―que hagas tu trabajo ¡Muévete! ―ladró haciendolo respingar, el saiyajin asintió y reverenció con rapidez, lo vio salir del cuarto y suspiró nuevamente.
Se vistió con movimientos automáticos, antes de encajar su capa a la piocha de su armadura, entró abruptamente la reina. La miró unos segundos y siguió, sin prestarle demasiada atención.
― ¿Cómo es eso de que nos vamos? ―preguntó alterada. El rey se acercó a la mesa con alimentos y tomó un trozo de carne, ahora que sabía qué haría, el hambre había vuelto a su cuerpo.
―Nos vamos―repitió sin mirarla, le dio una mascada al pedazo ahora frío, pero apenas el trozo de animal tocó su paladar, el hambre lo golpeó con fuerza. Lo devoró con tres mascadas, estaba molesto, se había privado de algo tan normal como comer por ella, se sentía el imbécil más grande.
Riander lo miró comer en silencio, si antes lucía de mal humor, ahora parecía que iba a atacar a alguien en cualquier momento. Lo pudo reconocer, verlo comer sin tomarla en cuenta, era como ver al saiyajin de antes. Su mirada lucía distante, pero había algo en lo que proyectaba, que le hacía recordarlo. El rey nunca fue cercano a nadie, siempre hacía lo que él quería y la fama que tenía era bien merecida, pero desde hace un tiempo que estaba más accesible, y sabía que estaba de la mano con la aparición de la humana. Después de que se declaró como muerta, el cambio fue aun más radical, su primo no tenía contacto con nadie, y ahora… ahora veía al saiyajin frío, orgulloso y cruel. Debería sentirse aliviada de verlo como antes, pero la reina no pudo sentir más que miedo. El rey no había sido desagradable con ella, pero podía sentirlo, su intuición le advertía, que, si daba un paso en falso, le quebraba el cuello. Se sintió una presa, el monarca era un ser impredecible en ese momento y no quiso tentar a su suerte.
Sin decir una palabra, preparó sus cosas. Quiso preguntar, necesitaba saber porque se iban tan repentinamente, y estaba casi segura que la princesa humana tenía algo que ver, y eso la llenaba de más curiosidad. Después de su comportamiento tan esquivo con el tema, sus ausencias y luego dejar de visitarla, la reina creyó que lo de ellos había llegado a su punto final, pensó que su primo lidiaba con el despecho por su rechazo. Ahora no estaba tan segura de lo que estaba pasando, quería saberlo por todos los medios, pero valoraba su vida. Pensó que quizás los habían llamado de Vegetasei, pero no había ninguna alerta en su comunicador aparte de la que había enviado la mano el rey. No la había dejado escuchar la conversación de ambos y ahora debían irse, sin más explicaciones… recordó la carpeta que el hijo menor de Bardock le había traído al rey, y la buscó por la habitación. La encontró en la cama, había unos papeles revueltos y antes de acercarse, el rey la tomó y ordenó los documentos.
― ¿Deberíamos avisar al comité? ―se atrevió a preguntar. El rey se aseguró que no faltara ninguna hoja en la carpeta, dio una última mirada a la habitación, buscando si algo se le quedaba y negó. Después de mirar todo el cuarto, posó sus ojos negros en los de ella y la reina sintió que todo su cuerpo se paralizaba. La presencia que el rey estaba proyectando era siniestra, ni siquiera Freezer la había hecho sentir así. Algo muy grave estaba pasándole.
―No―dijo, miró la cubierta de la carpeta y levantó la mirada hacia ella―vamos.
Riander se encargó de dar como finalizada su estadía en el hotel, firmó los documentos y salió del edificio. No encontró al rey por ningún lado al salir, supuso que había volado hacia la zona de despegue y decidió hacerlo también. En quince minutos estaba en el aeropuerto espacial, fue fácil distinguir su nave y los saiyajin subiendo por la rampa. Eran la única nave funcionando, uno que otro trabajador del lugar se acercó a interrogar, fue la mano del rey quien se encargó de darle las noticias. Al llegar al lado del hijo menor de Bardock, lo miró unos minutos y luego buscó a su primo entre la multitud.
― ¿Y el rey? ―preguntó sin mirarlo. El motor de la máquina ronroneaba hace minutos, lista para despegar.
―Adentro―comentó sin mirarla, mientras escribía en su tableta.
― ¿Qué fue lo que pasó? ―Kakarotto detuvo sus movimientos y giró hacia ella, la reina tuvo que mirar hacia arriba pues el saiyajin era más alto, lo vio negar y luego volver a mirar su tableta―Es una orden. ¿Qué fue lo que pasó?
―No puedo decirlo, alteza―respondió con calma. Riander frunció el ceño al oírlo, si estaba ignorando su orden, significaba que el mismo Rey estaba detrás de sus acciones. Empezaba a hartarle ser siempre la última en enterarse de las cosas, o en ser considerada, aunque su tía y Vegeta le hubieran repetido que el recordarse que era reina, la hacía menospreciar ella misma su cargo, no podía evitarlo. Su inseguridad estaba a flor de piel, cada acto, palabra o gesto que tenía el rey para con ella, la hacía dudar.
― ¿Está ella, en la nave? ―preguntó, y solo decir esas palabras en alto le provocó un espasmo. La mano del rey no necesitó preguntar a quien se refería, negó sin mirarla y guardó su tableta.
―No―dijo y giró hacia ella―es hora. El rey no está de ánimos para seguir haciéndolo esperar.
Concordaba con él. Subieron por la rampa y cuando el último saiyajin se vio dentro, la puerta se cerró. La nave despegó minutos después, no alcanzaron a ubicarse en sus asientos para resistir el movimiento abrupto, Riander tuvo que apoyarse en una muralla para no caer y algunos soldados no tuvieron esa suerte, iba a quejarse. A gritar al idiota que se había atrevido a despegar sin avisar, pero al ver a su primo sentado junto al piloto de la nave, se quedó callada. Una vez en órbita, la nave se estabilizó y pudieron moverse con naturalidad.
Tanto ella como la mano del rey, caminaron hacia él. Lo vieron aparentemente tranquilo, leyendo unos manuales de la nave. Riander miró hacia la pantalla de centro de comandos y vio las coordenadas, frunció el ceño al no reconocerlas y giró hacia su primo.
― ¿A dónde vamos? ―se atrevió a preguntar.
―A Iuris―respondió sin mirarla, atento a un inútil manual de funcionamiento y uso de la nave.
El rostro de la reina se iluminó, miró sin dejar de sonreír al rey y asintió. No sabía qué había cambiado el humor del monarca, o de opinión al respecto, pero si se dirigían al planeta de leyes intergalácticas se debía a una única cosa, tomarían acciones en contra de los humanos por la humillación, y eso implicaba que Vegeta estaba superando lo que pasó con la princesa, quizás volvería a ser el de antes, y aunque le aterraba un poco, era mejor que lidiar con el fantasma de una humana débil rondándole a su cargo. Sin dejar de sonreír, lo reverenció para ir a su habitación, pero antes de hacerlo vio nuevamente la carpeta que traía antes Kakarotto, esta vez, al lado del puesto del rey. Se acercó sin disimulo y la tomó, miró hacia Vegeta, esperando que la interrumpiera, sabía que el saiyajin se había dado cuenta de lo que hacía, al rey no se le pasaba nada por alto. Separó la tapa de los documentos y comenzó a leer, iba a desistir, pues no entendía la mayoría, pasó de largo las hojas con combinaciones químicas hasta llegar a la última plana, y la sonrisa se borró de sus labios al leer.
(…)
Los golpes en su puerta la hicieron sobresaltar en su cama, Sentía los latidos acelerados de su corazón y lo primero que hizo, antes de encender la luz, fue buscar a su hijo a su lado. Desde hace días que dormía con él, desde que él había llegado al planeta para ser exactos y empezó a visitarla. Cuando los golpes volvieron a insistir, encendió la luz, Trunks no abrió los ojos, pero si refunfuñó, se puso de pie rápidamente antes de que despertaran a su hijo, la primera idea que pasó por su mente fue que Vegeta estuviera detrás de la puerta, pero la desechó rápidamente, pues el rey entraba por el balcón y no necesitaba golpear para romper la manija de su puerta. No podía evitar pensar en el rey, ya eran tres noches contando aquella, en que no la visitaba, y eso no era normal a su parecer, cada vez se convencía más de que ya no era del interés de él, y eso la inquietaba. Era lo que buscaba sí, pero su ego de mujer le hacía deprimirse, pensar que no era atractiva y era contradictorio, porque se había repetido muchas veces que la opinión de él era la que menos importaba, pero allí estaba. Pensando en agradarle, nada tenía sentido para la joven madre.
Abrió la puerta bruscamente y se encontró con Liliam. La joven miró confundida el rostro angustiado de la consejera de su hermana, pero la angustia se borró al ver a la princesa y la vio suspirar aliviada, al mismo tiempo que enviaba un mensaje con velocidad desde su móvil.
― ¿Qué significa esto, Liliam? ―preguntó en un susurro, aunque no tenía sentido pues su bebé no se había despertado con los golpes de la puerta. Era raro, pues cuando el rey la visitó, el niño despertaba a cada rato y cuando estaban solos, dormía toda la noche sin interrupciones, como si supiera cuando no estaba con el rey.
―Lo siento mucho, princesa―habló con la respiración agitada―me enviaron de urgencia para ver si se encontraba en su dormitorio.
― ¿De urgencia? ―frunció el ceño y la miró con suspicacia, esa prisa la veía solo cuando se trataba de los saiyajin, y al pensarlo su vientre se tensó― ¿Qué pasó?
―Los saiyajin se marcharon esta madrugada―respondió, abriendo los ojos lo que más pudo para hacerle énfasis a sus palabras―no le dieron el aviso al comité, solo se marcharon. Los trabajadores del aeropuerto dieron el aviso, y―hablaba rápido, Bulma apenas alcanzaba a entenderle, pero no la interrumpió, en ese momento su impaciencia agradecía el ritmo de la joven―no se quedó ningún saiyajin. Todos se fueron. Entonces, pensamos que se la habían llevado…
―Ya veo―fue lo único que pudo decir. ―gracias, Liliam. Buenas noches.
La consejera no alcanzó a responder cuando cerró la puerta detrás de sí. Se quedó de pie, apoyada en la madera y miró hacia la cama de su hijo. Él se había ido… y no la llevó consigo, debía estar feliz, se dijo, al final todo había salido bien ¿Por qué sentía una punzada en su pecho? Sintió sus ojos escocer, sabía la respuesta, sin embargo, no quería asumirla. Se sentía la mujer más imbécil del planeta ¿En serio estaba lamentando que la dejara, después de todo lo que le había hecho? Era absurdo, había pasado por ese calvario y no había ninguna consecuencia hacia ella o su hijo, o su pueblo, debía estar feliz, pero no podía evitar sentirse deprimida. Él la había superado, en muchos sentidos, y no sabía de qué se sorprendía, fue él mismo el que se casó con su reina a solo dos meses de su supuesta muerte ¿Qué más podía esperar de él? Era una tonta, lo sabía, una parte de ella seguía pensándolo y sabía que era la parte que debía ir a terapia, la que no quería que la olvidara o que estuviera con esa saiyajin de cabello negro, y ojos pequeños, la que le hacía sentir celos cada vez que oía alguna historia de ambos en las jornadas del comité.
Estaba enferma.
Después de todo lo que había pasado, de las decisiones que había tomado, seguía pensando en querer estar con él, el solo reconocerlo le daba nauseas. Ahora entendía el calor que le recorría cada vez que él la tocó, ese sentimiento contradictorio que sentía, el calor del deseo y las náuseas de ser tocada por él. Se decidió, debía buscar ayuda, sabía qué estaba mal, en todos los sentidos lo sabía, pero aun estaba esa niña idiota e ingenua que quería agradarle, que quería satisfacer al monstruo que la había creado. Sintió ganas de vomitar. Tocó su sien y la acarició con calma, tratando de amenguar el dolor latente que la amenazaba, respiró profundamente y caminó hacia el baño, tomó un vaso de agua y volvió a la cama. Miró a su hijo y sonrió, después de todo estaban a salvo, ambos, ya no se alejaría de él, sintió sus ojos humedecerse y besó su frente. El escenario con resultado más fantástico había ocurrido, todavía no lo creía. Él se había ido, no se la llevó y su hijo estaba a salvo. Apagó la luz y se acurrucó junto a su hijo, buscaría algún terapeuta de confianza y haría algo para mejorar, no podía seguir así. No pasó mucho antes de dormir, y por primera vez después de tantos días, la princesa durmió tranquila.
(…)
Sonrío divertida a Jaco que le contaba una anécdota de la patrulla galáctica. Giró hacia su hijo y le dio una cucharada de su papilla dulce, estaban desayunando todos juntos después de tanto tiempo. Tight había tenido que seguir haciendo gestiones por el comité incluso dos semanas después de haber terminado, por lo que era primera vez que podía encontrarla en la primera comida del día junto a los demás.
―Y desde ahí, que el rey galáctico recuerda mi nombre―dijo soberbio el rey, todos en la mesa rieron, menos Raditz y Trunks, ambos concentrados en comer, sin escuchar al patrullero.
―Aun no entiendo, como sigues en la patrulla―dijo Tight, mientras echaba crema a su té―si yo fuera el rey galáctico, te habría desvinculado y sin pensión, hace tiempo.
―Pues no todos saben valorar a sus súbditos―le respondió frunciendo el ceño―el rey galáctico está a otro nivel, los humanos no pueden compararse.
Bulma negó sin responder, iba a darle otra cucharada a su hijo, pero el menor le quitó la cuchara con el ceño fruncido y la echó dentro del bol con su alimento.
―Yo―exigió sin mirarla, mientras hundía el utensilio y lo sacaba, no conseguía echarle mucho contenido y se quejaba molesto, Bulma intentó ayudarlo, pero el niño se escabullía en su asiento y no se lo permitía― ¡No! ¡Yo! ―se quejaba.
―Déjalo―le comentó su madre, sin dejar de mirar y sonreírle al menor―está en esa edad… quiere hacerlo todo solo.
―Ojalá que le dure―comentó rodando los ojos―y que sea independiente.
―Los primeros hijos nunca lo son―respondió, revolviendo el contenido de su taza―Tight cuando era niña no se despegaba de mí, estuvo así por lo menos hasta los cinco. Tú siempre fuiste más independiente, vivías en tu mundo de fantasía.
―Ojalá que se parezca a mí, entonces―murmuró. Tomó un panecillo dulce y le agregó mermelada de fresa, oyeron unos golpes suaves en la puerta y una sirvienta se acercó a la brevedad. Bulma miró la interacción, la criada giró hacia la mesa encontrándose justo con su mirada, y luego volver su atención hacia la persona detrás de la puerta. La princesa dio una mascada al panecillo, pero no dejó de prestar atención a la reacción de la sirvienta. Volteó hacia la mesa para buscar la mermelada y agregarle más, y notó que no era la única que miraba hacia la puerta. Lo entendía, pues no era normal que los interrumpieran tan temprano, a menos que fuese un tema de urgencia. Oyó la puerta cerrarse y volvió a mirar hacia la sirvienta, la joven tenía un sobre en su mano y sin perder tiempo, se acercó hacia la mesa.
Bulma frunció el ceño, curiosa se quedó mirando, esperando deducir a donde caminaría la joven con el sobre, pero fue fácil reconocer la dirección cuando la vio doblar hacia su lado de la mesa, dejó el panecillo en la mesa, y limpió sus manos en una servilleta antes de que la sirvienta llegara. Giró hacia su derecha y se encontró de frente con la mujer.
―Princesa―reverenció la joven―tiene correspondencia.
―Gracias―asintió extrañada. Miró el sobre y le dio vuelta, para ver el remitente. Leyó impaciente y sintió un sudor frío recorrerle la espalda. Dejó la calma a un lado, e impaciente rompió la orilla y dejó caer la cubierta, sacó el papel en su interior y lo leyó con rapidez. Al terminar, sus manos temblaban, sintió todo el cuerpo frío y dejó caer la carta a la mesa sin mirar a nadie en la mesa, ajena a los rostros pintados de preocupación de su familia.
― ¿Qué dice, Bulma? ¿De quién es? ―preguntó Tight al ver el rostro pálido de su hermana, como la menor no respondió, y solo miraba el papel en frente, se paró y se cruzó por la mesa para tomar el sobre, lo volteó y leyó en voz alta el remitente―Es… del juzgado de familia del planeta Iuris… ¿Qué dice la carta? ―preguntó conteniendo la angustia. Levantó la mirada hacia su hermana y la vio llorar en silencio. ― ¡Bulma! ¿Qué dice la carta?
―Vegeta…―murmuró sin mirarla, entre sollozos―lo sabe. ―y Raditz dejó de comer, su madre dejó de sonreír, Jaco dejó de cortar queso, su padre la miró con atención, solo el bebé seguía intentando comer―me demandó por la tuición de Trunks.
Y el silencio se prolongó en el comedor principal.
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N/A: ¡Dos actualizaciones en un mes de VAM! xDDD
Muchas gracias por leer y dejar rw :) creo haber contestado todos los que son cuenta, gracias por su apoyo.
Muchas estaban pensando que Vegeta creería que era de otro saiyajin xDD pero nunca lo pensé así xD se fue a la segura, examen ADN y se acabó la duda. Estuve leyendo sobre lo que se necesita y todo eso, fue chistoso igual, mi navegador tiene cada historial de búsqueda por este fic xDDD
Cuando escribí a Vegeta decirle a Goku que hiciera su trabajo, me recordó a Miranda Presley de el diablo se viste a la moda xDDDD 3 amor eterno a Miranda y Meryl Streep xD
Bueno, se supo la verdad y se viene complejo, mucho, y me pone ansiosa xDDD mis dedos pican por escribir ranciedad, pero debía dejar todo claro antes.
Gracias por su apoyo, por sus rw, en serio lo aprecio :)
Nos estamos leyendo :D
Saluditos,
