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Capítulo 10

Ayuda

Abrió sus ojos de inmediato al oír ruido de interferencia, se paralizó en la cama e intentó agudizar sus sentidos, el sonido se repitió y al instante, su cerebro trabajó a gran velocidad, entendiendo lo que estaba pasando. El monitor de audio estaba captando frecuencias, pero no lograba descifrarlas ¿Alguien estaba en la habitación de Trunks? Su corazón latió deprisa, empujó las sábanas con sus pies y se levantó bruscamente, no tardó en encontrar la bata, se cubrió con ella y salió del cuarto, sin molestarse en apagar la lámpara o ponerse pantuflas.

Caminó casi trotando, subió la escalera saltándose eslabones, incluso a esa hora de la madrugada, aun podía oírse la música desde el salón principal. Su respiración se agitó por el esfuerzo, pero cuando llegó a la segunda planta aquello no le importó y siguió su recorrido. Vio a lo lejos a un par de guardias escoltando la puerta de la habitación de su hijo, frunció el entrecejo confundida ¿Qué pasaba? Corrió hacia ellos, reconoció al saiyajin de antes, junto a otro calvo con una trenza, fue notorio la diferencia en sus reacciones, mientras que el saiyajin calvo la miró con rencor, el saiyajin alto de melena larga la observó de pies a cabeza, estudiándola, se sintió desnuda de repente ante su mirada, pero no le prestó atención, al menos no por el momento.

―¿Quién está adentro? ―Cuestionó con la respiración entrecortada.

―Nadie, princesa ―respondió confundido el saiyajin cortés. La joven madre arrugó el entrecejo y sin dar explicaciones, posó su mano en el pomo de la puerta, pero el otro saiyajin le impidió la entrada, interponiéndose entre ella y la madera.

―El príncipe Vegeta no la necesita, váyase. ―Bulma entreabrió la boca sorprendida, eran el ejemplo perfecto de opuestos, mientras uno era educado y cordial, el saiyajin que le impedía pasar era grosero y arrogante.

―¡Tuce! ―Exclamó el saiyajin educado―dejala pasar, ella es su madre, sabe qué es lo mejor para el príncipe.

―¿Qué diablos pasa contigo, Alek? ―Cuestionó el otro saiyajin―El rey fue claro con sus órdenes.

―Solo apartate ―exigió el saiyajin, que ahora sabía se llamaba Alek. Bulma lo observó pensativa, era extraño sentirse protegida por un saiyajin que no fuera Tarble o Laurel. El otro escolta, el tal Tuce, terminó obedeciendo a Alek volviendo a su posición.

Ella no agradeció, giró el pomo y abrió con rapidez, quedándose paralizada en el umbral al ver una silueta de pie junto a la cama de su hijo. Respiró profundamente, intentando con ello ganar fuerzas que no sentía, en su garganta había un nudo que le dificultaba hablar, entró sintiendo sus movimientos pesados y lentos, cuando realmente estaba reaccionando con gran velocidad. Buscó el interruptor de la luz y la encendió al instante. Sus labios se abrieron formando una pequeña "o", había olvidado a aquella mujer desagradable, con la que tantas veces se palabreó en las cenas, la que estaba de pie al lado de la cama de su hijo, observándolo.

―Es la reina madre ―oyó a su espalda―no entró por acá ―susurró confundido Alek.

Bulma se estremeció cuando sintió la corriente de aire chocar con su piel, notó entonces el ventanal abierto, y aunque no se sentía segura con ella, cerró la puerta detrás de sí, evitando que su público presenciara aquel encuentro. Caminó hacia las puertas de cristal y las cerró con rapidez, sin dejar de mirar a la reina de pie, la que no movía ni un músculo, ni siquiera cuando había entrado al dormitorio. Parecía una estatua siniestra de algún cementerio, pensó la joven.

Una vez que cerró las puertas del ventanal, caminó hacia la cama de Trunks, parándose en el otro lado, ambas de pie, cada una en un costado rodeando al bebé. Bulma notó que la reina Keel no había envejecido nada, su pelo no tenía canas y en su rostro no lucía ninguna arruga se veía seria y despiadada, como recordaba. La saiyajin no despegaba la mirada de su hijo, sus ojos negros parecían de un depredador, no podía sentirse tranquila con ella en la habitación, le recordó a Vegeta cuando intentó asesinarlo, se estremeció al recordarlo.

―Creí que por fin me libraría de ti. ―Habló la reina madre, después de unos minutos de tenso silencio.

―Me hubiera encantado que fuera así ―respondió sin dejar de mirarla, atenta a cualquier movimiento, como si pudiera hacerle frente a un saiyajin.

―Eres como… una plaga ―continuó diciendo la saiyajin, sin apartar la mirada del menor―cuando crees que ya se extinguió, vuelve a aparecer otro brote.

Bulma tragó con disimulo, sus palabras estaban cargadas de hostilidad y a eso sumarle sus ojos fríos, no le ayudaba a calmarse. Se sentía en desventaja, no sabía qué podía ayudarla en ese momento, y la imagen de Alek vino a su mente ¿Sería tan rápido para impedir que la reina hiciera algo, si la oía gritar?

―No estamos aquí por elección ―terminó diciendo.

―Lo sé ―respondió, y la miró por primera vez desde que entró al dormitorio. La princesa contuvo la respiración cuando sus ojos negros se posaron en ella, Vegeta se parecía demasiado a su madre, aunque físicamente fuese como su padre, sus miradas, gestos e incluso su actitud, era igual de fría y desagradable a la de la mujer que tenía en frente. Tener su atención le hacía recordar al rey, y no podía evitar temblar al hacerlo.

―… ―Bulma no sabía qué decir o hacer, no podía irse, no dejando a su hijo con esa mujer, y a la vez, se decía que aquella cruel saiyajin era abuela de su bebé, no debía correr algún riesgo con ella en la habitación, pero su intuición le gritaba lo contrario, si tuviera buenas intenciones, habría entrado por la puerta principal, se dijo. ―¿Qué es lo que está haciendo aquí? ―Se atrevió a preguntar.

―Es mi castillo ―dijo, y volvió a mirar al niño que respiraba plácidamente, ignorante del par de mujeres que lo rodeaban―puedo estar en donde se me plazca.

―Sí, lo es ―asintió, relamió su labio inferior, algo nerviosa―pero, es algo perturbador que esté a estas horas en el cuarto de mi hijo, y entrando por la ventana ―arrugó su entrecejo, mirándola con desconfianza. La reina madre volvió a mirarla, y esta vez estaba preparada mentalmente para ello, por lo que no se alteró cuando sus ojos negros la estudiaron.

―Tienes miedo ―dijo, y la joven princesa quedó muda―te ves como un animal en su madriguera, que prefiere ser el señuelo antes de que ataquen a sus crías ―Bulma guardó silencio, su pecho subía y bajaba con intensidad entre cada respiro, nerviosa y atenta a la peligrosa saiyajin―te ves como una madre.

La princesa no respondió, se quedaron en silencio, observándose. No recordaba haber estado tanto tiempo a solas con Keel, es más, siempre compartió con ella de forma obligada durante la cena, casi nunca cruzaron palabras más que para insultarse de forma disimulada.

―Haces bien en desconfiar ―continuó diciendo la reina―no vine hasta aquí con buenas intenciones ―Bulma se abalanzó sobre su hijo y lo tomó en brazos, su corazón latió deprisa, cada latido más intenso que el anterior, la adrenalina recorría rápido por todo su cuerpo, ayudándole a reaccionar. Se alejó de su posición con el niño de dos años en brazos, quien ni siquiera se quejó al ser levantado de su cama.

Tragó con dificultad, sudaba frío y lo único que rogaba era por alguien que viniera en su ayuda, no tenía las fuerzas para gritar, solo podía abrazar con fuerzas a su hijo. La reina la observaba fijamente, sin mover un centímetro de su cuerpo, supuso que para ella no sería un problema arrebatarle al bebé de sus brazos, es más, podía terminar con ambos al mismo tiempo, el pánico se apoderó de su menudo cuerpo, la desesperación hacía estragos en ella, no dejaba de temblar y mirar horrorizada a la saiyajin.

―Yo ordené aquel ataque ―murmuró inexpresiva, como si no estuviera confesando aquel crimen y hablara de algo cotidiano―le dije a esa amante de mi hijo que te matara, pero la inútil no lo consiguió. Sabía que estabas embarazada en ese entonces, lo noté con solo verte.

Abrió sus ojos de par en par, su cuerpo entero se tensó, el sudor frío recorrió su espalda y sin notarlo, comenzó a temblar. Había olvidado ese suceso, a su memoria le vino una lluvia de imágenes, desde el enfrentamiento con Paprika hasta el tiempo que estuvo en cama, fue como si un balde de agua fría le cayera encima. Estaba en frente de la autora principal de su ataque, y ni siquiera podía gritar. Alguien, Tarble, Alek o Vegeta, quien fuera, necesitaba ayuda. Su respiración se tornó intermitente, de pronto todo empezó a dar vueltas y tuvo que afirmar con más fuerza a Trunks, pensando que en cualquier momento se caería.

―¿Le dirás a mi hijo? ―Preguntó Keel, sin dejar de mirarla. Bulma arrugó el ceño, confundida, sin saber qué responder. ―Yo lo haría, si fuera tú.

La princesa no entendía la situación. De pronto la madre del rey le confesaba aquel delito, como si fuera una plática normal, le afirmaba que no había ido allí con buenas intenciones, pero lucía, aparentemente, tranquila. No le coincidía lo que le decía con su actuar, se sentía amenazada frente a cualquier movimiento que hiciera, pero a la vez, no veía del todo peligro, ya la habría atacado ¿No? O tal vez, buscaba primero disfrutar el momento, confesándole todo lo que había hecho para que se asustara, a los psicópatas les gusta infundir el miedo.

―V-Vegeta no quiere verme, mucho menos escucharme ―dijo después de un silencio de casi un minuto, intentando esconder el nerviosismo.

―Es la única buena decisión que ha tomado ―asintió la saiyajin.

Más silencio. Por más que la observaba, no veía sus intenciones, no la conocía lo suficiente. Su intuición le susurraba que no estaba allí para matarla, no perdería el tiempo de esa forma, tenía la ligera sospecha de que solo había ido a conocer a Trunks, su nieto. Giró su cabeza un poco para poder ver el rostro de su hijo, que estaba apoyado en su pecho, con casi toda la mano derecha en su boca, chupando y succionando, relajado en su descanso.

―No entiendo porque me contaste eso, lo del ataque ―confesó rompiendo el tenso silencio.

―No dejo de pensar ―murmuró sin mirarla. Bulma tragó en seco, ansiosa por sus palabras, cada vez que la mujer abría la boca, la dejaba más pensativa que antes, confundida y curiosa. Pasaron varios minutos, en que esperó paciente porque continuara, la saiyajin no la miraba, parecía querer esconder el rostro o eso le pareció. Como si le costara hacerle frente o le apenara―… en que, si no hubiera hecho aquello, él habría nacido antes ¿Cómo saber… si era él? ―susurró.

Culpa. Keel se sentía culpable. Todo encajó de repente para Bulma, su actitud, sus palabras, su presencia allí, la reina intentaba ¿Disculparse? No, tal vez un consejo o simplemente soltar todo lo que llevaba escondiendo.

―Creo entender tus motivaciones, las de aquel entonces ―dijo, con un poco más de confianza, al sentir que no corrían peligro, al menos por ahora―yo no era lo que querías para tu hijo, y con un hijo en camino, no podrías deshacerte de mí.

―Y aquí estás ―soltó una sonrisa cansada―de regreso en mi planeta y con un cachorro en tus brazos, de mi hijo. Mi nieto.

―¿Venías… a dañarlo? ―Preguntó, expectante, con el corazón latiéndole rápidamente, casi sintiéndolo en su garganta.

―Sí ―reconoció y Bulma contuvo el aliento, el peligro volvió con fuerza, y el miedo hizo estragos en su menudo cuerpo―pero no pude… y no podré.

―E-es bueno saberlo ―dijo entre tartamudeo―pero ¿Cómo puedo estar segura de que dices… la verdad? De que… ya no tienes intenciones de matarme o a mi hijo.

―No te confundas ―se apresuró en decir―no tengo problemas con matarte aquí y ahora ―Bulma abrió los ojos con sorpresa al oírla hablar con tal honestidad―es a mi nieto, a quien no le tocaré un solo pelo.

―¿P-por qué? ―Preguntó, abrazando al bebé con más fuerzas.

―Al verlo… ―dijo, volviendo a susurrar―vi a mi hijo. Tal vez su pelo y colores no son los de un saiyajin, pero su rostro, su semblante, su presencia, son como las de Vegeta a su edad ―dio un profundo suspiro y alzó la mirada hacia el techo, buscando las palabras adecuadas, tardó unos segundos en continuar―puedo ser despiadada, pero no con mi propia sangre y, tú debes saberlo ¿No? Lo fuerte que es el sentido materno, incluso en las saiyajin está presente, no puedo dañar a un ser que es igual a mi hijo, es como hacerle daño a Vegeta.

Suspiró ruidosamente, como si dejara salir su miedo en esa profunda espiración. Relamió sus labios y se sentó en el borde de la cama, sintiendo de golpe todo el cansancio, el esfuerzo de tener en brazos a su niño de dos años, que ya estaba algo pasadito de peso. Lo acomodó en su cama, levantando las cobijas y abrigándolo, algo más tranquila al saber que la peligrosa saiyajin no le haría daño.

―Confías rápido ―escuchó a su espalda.

―No ―dijo sin mirarla, centrada en su hijo―te creo, porque me recuerdas a mi madre. No siento que me mientas, no necesitas apelar a mi sensibilidad para que baje la guardia, no puedo hacerte frente, es ilógico.

―Pero a ti si quiero matarte ―dijo sonriéndole. Bulma alcanzó a ver su macabra sonrisa al girar hacia atrás, pero no demostró miedo, al menos la reina no lo percibió.

―Muchos aquí lo quieren hacer ―comentó encogiéndose de hombros―empezando por Vegeta, tú hijo. Uno más en la lista, o menos, ya me da igual ―mintió―mientras que Trunks esté a salvo, no importa que me pase.

Keel guardó silencio. La observó acariciar la frente del niño, alejar algunos mechones de su rostro, y estuvo tentada a sentarse del otro lado para poder admirarlo de cerca, y tocarlo, como ella lo hacía. Su pecho se oprimió ¿Qué pasaba? Ni siquiera con sus hijos buscó esa cercanía, eso no estaba bien, se dijo, suspiró y se dio media vuelta, para poder salir de aquel cuarto.

―Puedo asegurarte una cosa ―dijo dándole la espalda a la princesa―por mi parte, él no correrá peligro y velaré de que siempre esté a salvo.

Bulma no alcanzó a responder, a dar las gracias, aunque fuera por algo que debía ser natural, pero viniendo de ella, era una sorpresa y digno de valorar, sin embargo, la reina madre se apresuró en salir y lo último que vio fue el perfil de Alek al reverenciarla cuando salió del dormitorio.


(…)


El manotazo en su frente le hizo despertar de golpe. Se reincorporó con rapidez, sentándose en la colchoneta, pero al moverse con esa velocidad, sintió una ola de mareo. Tuvo que afirmarse a las suaves sábanas para buscar soporte, entonces observó a su alrededor, encontrándose con un dormitorio que no era el suyo, pero que le era familiar. Los muebles finos fue lo primero que llamó su atención, pero cualquier confusión quedó en segundo plano cuando Trunks se le abalanzó encima, abrazándola con fuerzas, rodeando su cuello con sus regordetes brazos.

―Buen día, cariño ―dijo sonriéndole.

―Día, mama ―saludó el menor.

Primer día en Vegetasei, el primer día amaneciendo allí de su hijo. Su pecho se oprimía de solo pensar que sería el primer día de toda su vida, él ya no regresaría a la tierra, lo habrían proclamado como el sucesor de Vegeta, el heredero de la corona, no lo soltarían. Era la vida que llevaría su hijo y tenía que aceptarlo, porque de nada servía lamentarse.

No alcanzó a levantarse cuando la puerta se abrió de golpe, y en el umbral, un par de criadas de una especie que no reconoció, ingresaron.

―¿Tan temprano está usted aquí? ―Dijo una mujer de voz ronca, su piel era rosácea, su cabello marrón amarrado en una coleta alta, usaba el vestuario de la servidumbre.

―¡Oye! ―Se asomó un guardia al oír a la criada, un saiyajin que no era ni Alek ni Tuce―Ella no entró en la madrugada ―dijo con recelo y tono de sospecha―¿Cómo Alek no nos avisó que ella estaba aquí?

Alek otra vez. Ese nombre se le repetía a menudo, o más bien, el saiyajin. Recordaba que no debía quedarse a dormir con Trunks, la idea era que estuviera allí en caso de que el niño lo necesitase, no fomentar su dependencia, pero no recordaba en qué momento se había quedado dormida.

―Le informaré a la Mano ―escuchó decir al otro saiyajin, que no pudo ver.

―¡No! ―exclamó intentando levantarse, pero Trunks no se separó de su cuello, y tuvo que tomarlo para poder hacerlo―no es necesario, lo que pasó fue… que anoche sentí un ruido y entré a ver a mi hijo.

―No se entrometa ―respondió el primer saiyajin, un sujeto tosco con una cicatriz en la frente, de cabello corto e inclinado hacia la izquierda―retírese.

Bulma mordió su mejilla interna, empezaba a molestarle la actitud y poco respeto que le profesaban, sabía que lo merecía, pero no estaba acostumbrada a esos tratos, ni siquiera cuando llegó por primera vez. Era la mujer del príncipe después de todo, casi no se atrevían a dirigirle la palabra y ahora no perdían oportunidad para menoscabarla, suponía que el mismo rey estaba detrás de ese trato. Suspiró ruidosamente y dejó a su hijo sobre la cama, el niño comenzó a saltar alegre en la colchoneta y sin despedirse-para evitar que llorara o hiciera algún berrinche-caminó hacia la salida.

Se arregló el nudo de la bata antes de salir, pasó por la puerta después de que la servidumbre entrara, y miró de soslayo al par de saiyajin, Alek no estaba allí. Alzó la barbilla, orgullosa y caminó con calma hacia la escalera, pero no alcanzó a avanzar dos metros cuando oyó un grito femenino y segundos después, el alarido de su hijo. No se detuvo, siguió caminando, sabía que estaba pasando sin siquiera estar allí, Trunks no dejaría que desconocidos lo tocaran, lo bañaran o vistieran, no compartiría con nadie que no fuese ella o alguien que le agradara, la necesitaban. Los gritos no pararon, y ella no detuvo su andar, oyó pisadas acercándose, en un trote y el ruido de las armaduras chocar, medio sonrió, victoriosa y continuó avanzando.

―¡Hey! ―Oyó, dio un paso más y una mano fuerte la detuvo desde su hombro y la giró de golpe, como si fuese una muñeca de trapo. Arrugó el ceño, esos tratos tenía que aguantarlos-no tenía alternativas- viniendo de Vegeta, pero no lo toleraría de un simple escolta. Antes de que pudiese hablar el saiyajin, empujó su mano con todas sus fuerzas, pero no pudo mover la del guerrero, ni siquiera un centímetro.

―¡Suéltame! ―Exigió, arrugando el entrecejo―suéltame en este instante ―dijo rechinando los dientes, intentando sonar amenazante, lo consiguió a medias. El saiyajin la soltó, observándola confundido―no vuelvas a tocarme.

El escolta tardó unos segundos en procesar la actitud de la princesa y pensar en su propia respuesta, nada se le ocurrió ante sus determinados ojos zafiro, que parecían tener un fuego azul en el centro, le intimidó. Tragó saliva, nervioso, aclaró su garganta y murmuró, con actitud derrotada, su petición.

―E-el príncipe ―murmuró nervioso―está gritando.

―Lo oigo ―dijo asintiendo, alzó la barbilla y continuó―pero, creí haber oído que no me entrometiera y que informarían a la Mano que me quedé en la habitación de mi hijo, que me necesitaba, como ahora.

―¡Es su hijo! ―Exclamó perdiendo la paciencia, y el chillido que se oía de Trunks, aumentó abruptamente sus decibeles, sobresaltándolo―¿Qué no lo escucha? ¡Vaya a verlo!

―Claro que lo escucho ―murmuró con calma―y pronto, hasta el rey Vegeta lo escuchará ¿Qué crees que dirá, cuando sepa que sacaron de la habitación a la madre de su hijo, y que al instante rompe en llanto y gritos? ―el color se le fue del rostro al saiyajin, había dado en el clavo.

―P-pero es su madre, debe ir a verlo.

―¡Claro que lo soy! ―Exclamó alzando la voz―así que no vuelvas a hablarme así y exigirme que me aleje de mi hijo, imbécil ―soltó con rabia y regresó a la habitación, no hizo más que asomarse por la puerta, para que el llanto y los gritos cesaran.

―¡Mama! ―Gimoteó el bebé, gateando hasta los pies de la cama, para alcanzarla. Bulma le sonrió y antes de hablarle, notó que una de las criadas tenía el rostro hinchado y la otra, el brazo mordido, que revisaba con espanto la zona dañada.

―Aquí estoy, amor ―dijo sonriéndole―no vuelvas a pegarle a las niñas ¿Está bien? ―Le regañó con dulzura, tomándolo en brazos―a ellas les duele, como a mí.

―No ―negó meciendo su pelito, y Bulma no sabía si decía su "no" era un "no lo volveré a hacer" o un "no sienten como mamá", era difícil comunicarse con un bebé de dos años.

―Lo siento ―dijo mirando a las criadas―no le gustan los desconocidos, y es algo agresivo, con todos. Menos conmigo… ―susurró avergonzada.

―D-descuide, princesa ―respondió la criada que tenía la mejilla hinchada―permítanos ayudarle.

Estaba algo cansada para negarse, así que aceptó la ayuda. Mientras que entretenía al niño, una de ellas preparó la tina y la otra, su ropa. La acompañaron durante el baño, se sintió algo incómoda, como si la vigilaran y a la vez, como si quisieran aprender el cómo hacerlo para cuando ella ya no fuera necesaria, se le hacía un nudo en la garganta de solo pensarlo.


(…)


Un sinfín de platos para iniciar el día con energías, un sinfín de variedades y para todos los gustos culinarios, y no se le antojaba nada, ni un grano de fruta. Sus labios encorvados hacia abajo, su mirada esquiva y su postura tensa, alertaba a quien fuese de su humor, no le importaba a esas alturas, que se notara que estaba enojada ni que especularan los motivos, no estaba dispuesta a prestar atención a chismes ni tenía ganas de hacerlo, tenía en su cabeza muchas cosas con las que lidiar como para importarle una más. Miró de soslayo al rey, que lucía igual o más distante que ella, liderando la enorme mesa del comedor, comiendo sin aparentes preocupaciones.

¿De verdad que se sentía así de tranquilo? Se preguntó, después de lo que había pasado la noche anterior, le costaba creer que no estuviera molesto, o al menos preocupado.

¿Qué pasaba por su cabeza? No dejaba de cuestionarse, el rey era un libro sellado con un enorme candado y nadie tenía la llave para abrirlo, casi al segundo de pensarlo, le vino la imagen de la princesa terrana. Arrugó el ceño, como si la tuviese en frente y mordió su mejilla interna ¿Ella podría abrirlo? Volvió a mirar al rey, justo en el momento en que él levantó la mirada hacia ella, se observaron unos segundos, casi desafiándose, o tal vez intentando leerse, fue Riander quien agachó la mirada y le molestó ceder ante él ¡Ella no tenía de qué avergonzarse! Era él quien no había cumplido las expectativas… no, quizá no era del todo cierto ¿Si hubiera sido ella quien lo seducía, se le habría parado? Se mordió tan fuerte la mejilla interna que se sacó sangre, de solo pensar en que esa respuesta fuese afirmativa.

Pasos acercándose, firmes y seguros, la distrajeron de sus pensamientos. Levantó la mirada a tiempo para ver a su tía llegar a la sala y caminar hacia la mesa. No había podido verla desde que anunciaron que el mocoso iría a vivir al planeta, su tía se había descompensado y encerrado en su habitación. Era una de las más interesadas en que la estirpe real se mantuviera pura, y bien sabía que siempre le desagradó la humana, y ahora, tendrían que tolerar que el crío de la princesa fuese el heredero, nada estaba bien para ellas y la oposición del imperio saiyajin.

―Madre ―oyó la gélida voz del rey. Sintió sus tripas revolverse, aquel tono le provocó escalofríos y eso que ni siquiera era dirigido a ella. Observó a su tía con disimulo, intentando captar si estaba intimidada.

―Alteza ―respondió con su tono monótono habitual. Todos en la mesa se quedaron en silencio, observando el intercambio de miradas y palabras cortantes.

―Siéntate ―habló después de unos segundos, el padre del rey. Pero Keel no cedió, solo miraba a su hijo en silencio, Riander se sentía algo confusa, no lograba entender aquel intercambio, sabía que el rey estaba molesto por la ausencia de su propia madre en la ceremonia del heredero, y era consciente de los verdaderos motivos de la reina madre para no asistir, pero la mirada que le daba esta última era extraña, no supo descifrarla.

―¿Por qué no te presentaste ayer? ―Preguntó el rey con aparente calma, pero sin dejar de emanar esa presencia fría y distante.

―No quería ―reconoció la reina madre y se sentó junto al padre de su hijo, se sirvió alimentos en el plato y continuó―¿Estoy en problemas, alteza?

―Tal vez. ―Dijo el rey. El ambiente casi se podía cortar con un cuchillo, Riander observaba a su tía, luego a su rey, a Tarble y Laurel y luego a su tío, el silencio era incómodo, pero cuando se hablaban se volvía aun mas tenso.

―Alteza ―la voz de una criada interrumpió la guerra fría que había iniciado entre madre e hijo, la joven se acercó caminando rápido, pero dando pasos cortos, se paró a tres metros de distancia del rey, reverenciándolo y habló―el príncipe no quiere alejarse de su madre. Lo hemos intentado persuadir, pero rompe en llanto.

―¡Es un crío! ―Exclamó el padre del rey, antes que el mismo rey pudiese decir algo―él no manda, tráiganlo ahora.

―E-es que no deja que nadie se acerque ―murmuró afligida la mujer.

―No sabe de disciplina ¿Qué le enseñó esa mujer? ―Soltó con desprecio la reina y miró a su primo, esperando alguna respuesta. Tuvo que esconder su sorpresa al verlo por primera vez dudoso, observaba a su padre, luego a ella y a la sirvienta y Riander lo supo allí, en ese momento, que ni él mismo sabía como lidiar con la situación que empezaban a vivir.

―Es un bebé ―dijo la reina madre, sorprendiéndola. Riander le arrugó el entrecejo, esa simple frase le alertó de una posible defensa a la criatura―no pueden separarlo de su madre, si no quiere alejarse de ella, déjalo.

―¿Estás diciéndome, que lo deje hacer y deshacer a su antojo? ―Cuestionó el rey, igual de confundido que todos en la mesa, pero a la vez, atento a la respuesta, como si quisiera una guía para decidir.

―No es que lo dejes hacer lo que le plazca, Vegeta ―dijo, y Riander se congeló ¿Qué diablos le pasaba a su tía? Defendía al mocoso de la perra humana y ahora llamaba a su rey sin su título, miró boquiabierta a la saiyajin, sin esconder su sorpresa―es un bebé ¿Cómo puedes guiarlo o pedirle que obedezca o sepa de disciplina―dijo y la miró a ella, como si la enfrentara―si ni siquiera sabe hablar? No sabe ir al baño solo, no se viste solo y aun amamanta, no puedes pedirle nada ahora, hazte la idea de que necesita a su madre más que a nadie. ―Murmuró, haciendo énfasis en la palabra "necesita".

―Estoy de acuerdo con mi madre ―habló Tarble, igual de sorprendido que el resto al escuchar decir aquel discurso, de la mujer que tenía fama de despiadada―te dije antes, los bebés humanos son muy dependientes, e incluso durante el resto de etapas en su crecimiento… debemos hacernos la idea de que lidiaremos por primera vez con un bebé.

El rey guardó silencio, pensativo, como si procesara la información que su madre y hermano le habían dicho y asintió hacia la criada, Riander lo observó atenta, sin querer perderse ninguna expresión de su rostro, pero solo vio duda.

―Entiendo, atiéndanlo como es debido ―asintió y levantó su mano, ordenándole que se retirara, la criada asintió y reverenció con rapidez, para luego salir, casi corriendo del comedor. Una vez que la mujer salió del salón, Vegeta volvió su atención a su madre y frunció el ceño, sus gestos se pintaron en desconfianza―Estoy confundido ―reconoció, y medio sonrió hacia la mujer, que dejaba de beber té para observarlo―creí que no estarías de acuerdo con mi hijo aquí, que serías la primera en buscar excusas para que se fuera.

La reina madre se tomó su tiempo para responder, relamió sus labios y luego observó a Riander, la joven reina tragó en seco y esperó por su respuesta, por su argumento.

―Es mi nieto ―dijo y volvió su atención a su plato―a ella la puedes enviar de regreso a la tierra o matarla de la forma más despiada posible y exhibir su cadáver en la plaza de la capital, pero cuando el príncipe Vegeta ya no la necesite, antes no.

La sonrisa que a continuación exhibió el rey fue macabra incluso para ella. Debía estar feliz, o tranquila por su actuar y las palabras que soltaba respecto a la humana, pero algo, intuición quizá, le advertía que todo era una farsa, que era un esfuerzo del rey por aparentar indiferencia ante la presencia de la madre de su hijo, cuando en la realidad, le afectaba y mucho, la noche anterior era un ejemplo de ello, estaba casi segura ¡Oh, si tan solo hubiera correspondido a su acto sexual! No desconfiaría en lo absoluto si la noche hubiese terminado como las previas al estallar la mentira de la humana.

Su inseguridad no le ayudaba a enfrentarse a la situación. Mientras toda la familia real comía sin apuros, la reina no dejaba de cuestionarse ¿Cómo se iba a preñar si él no podía tocarla? Él tenía la intención de dejar descendencia con ella, se lo había dicho, pero no pudo cumplirlo… se sentía derrotada, pero una parte de ella quería creer que lo de la noche solo había sido un hecho aislado, después de todo, Vegeta ya no era un adolescente, y había pasado por días difíciles, era esperable que no rindiera. Quería creer que las cosas cambiarían en los siguientes días.


(…)


Hubiese querido postergar esa visita la mayor cantidad de días posibles, pero tarde o temprano debía enfrentarla. Casi dos semanas ya habían pasado desde que llegó a Vegetasei, y aunque no había sido tan terrible a como imaginó, no se sentía cómoda ni tranquila. La servidumbre del palacio era distante, solo el par de criadas que la ayudaban con los asuntos de Trunks eran cordiales con ella, Virgin y Mona, ambas eran un aporte fundamental en su estadía. Como el niño no quería alejarse de ella, y Vegeta no la quería ver, casi siempre pasaba encerrada en los aposentos con su hijo, Virgin y Mona la atendían siempre con una sonrisa en sus rostros, siempre y cuando no tuvieran que ver a su hijo. Posiblemente eran atentas porque era su trabajo, pero no estaban obligadas a tratarla con respeto, eso lo sabía de antemano gracias a sus interacciones con diferentes saiyajin.

Era despreciada por la mayoría, no le importaba, pero era nuevo para ella. En su planeta siempre fue respetada, e incluso se atrevía a asegurar que querida, y cuando llegó por primera vez a Vegetasei, por ser la futura reina, era tratada con preocupación. Todo eso había quedado en el olvido, solo Tarble, Laurel e incluso Goku, la trataban igual que antes-no tanto la Mano-pero con eso le bastaba. Era incómodo, no podía negarlo, pero al final, si contaba, aunque fuese con dos personas, ya no se sentía tan desamparada.

Y ahora, debía enfrentarse a Chi-chi. Goku le había dicho el segundo día de su estadía, que su esposa quería verla. Recordaba bien el camino hacia la casa de la pareja, pero fue postergando aquella visita, y ya para le segunda semana, la Mano empezó a hostigarla con el encuentro, y creía que detrás de todo ese interés estaba su mujer, que era la temida morena quien le insistía al saiyajin para verla.

―¿No quieres verla? ―Le había preguntado el día de ayer, se defendió con rapidez y se excusó con alguna mentira, para finalmente aceptar derrotada la invitación a almorzar.

Laurel no había querido acompañarla, según la saiyajin se debía a que quería darles espacio a solas, pero creía seriamente que se debía a su estado físico. La pareja de Tarble empezaba a cansarse seguido, y el príncipe le había confesado que había optado por una rutina de descanso por las tardes. Ella comprendía bien la situación, pero para una saiyajin, sobre todo como Laurel, aquellas demostraciones de debilidad le herían el orgullo. Suspiró ruidosamente y presionó el botón de encendido de su aeronave.

―¡Vola, vola! ―Exclamó su hijo aplaudiendo, que estaba en una silla de seguridad a su lado, bien sujetado por el cinturón.

―Sí, no tardaremos mucho ―dijo, e hizo despegar la máquina, un modelo reciente de su creación, una avioneta compacta, con seguridad a prueba de niños. Desde que era madre, que se había dedicado a crear toda una línea de transportes y mejoras para hacer la vida más simple a las madres jóvenes como ella.

Había sido toda una odisea sacar a Trunks ese día. Lo había arreglado para el paseo, puesto un trajecito azul, unos pantalones cortos, sandalias que se sujetaban con velcro, una remera blanca, su fiel babero con el logo de la corporación, y un sombrerito azul marino. Había preparado su mochila, su bolso y antes de salir, se encontró con Goku.

―No puedes sacar al niño ―le había dicho, menos sin pedir autorización al rey.

Tuvo que morderse la lengua para no reclamar y tragarse el grito de rabia ¡Era su madre! No tenía que pedir permiso para sacar a su propio hijo, pero no tenía su tutela, tuvo que esperar por la respuesta, que fue negativa en un comienzo, pero como su viaje era a la casa de la mujer de la Mano, este último intercedió por ella para que le permitiesen salir, no sola. Los cuatros escoltas de turno la acompañarían, y ahí los veía, por el espejo retrovisor, cada uno posicionado alrededor de la nave, como si formaran la constelación de un cuadrado. Al menos Alek iba entre ellos.

La primera semana el saiyajin amable había tenido turnos nocturnos, por lo que no pudo interactuar con él, quería darle las gracias por la primera noche en que no le obligó a irse ni la acusó con nadie por quedarse en el cuarto. Era muy notorio que el guerrero no se dejaba embaucar por la opinión pública e incluso, que no estaba siguiendo órdenes. Sus compañeros se lo habían cuestionado un par de veces, pero la educación que el saiyajin profesaba los terminaba cansando, y dejaban de llamarle la atención. Por su parte, para ella era cómodo cuando Alek estaba cerca, se sentía más protegida, realmente protegida, al punto que, si debía pedirle ayuda con algo, creía que el saiyajin la socorrería, en cambio con el resto se sentía en desconfianza. Era extraño, a pesar de conocerlo hace muy poco, cada breve interacción entre ambos le hacía confiar en él.

El paisaje que se levantaba ante sus ojos no había cambiado demasiado. Los territorios cercanos al castillo mantenían sus inmensos bosques y la dimensión del lago, una ola de recuerdos le asaltaron, y no sabía si sentía vergüenza o nostalgia, o ambas, una mezcla de emociones difíciles de entender. No había nubes entorpeciendo el camino de su nave, era más bien un día soleado, como la mayoría, despejado y sofocante. Era pasado el mediodía, y ya podía sentir el calor acumularse dentro de la nave, encendió el aire acondicionado. Media hora más tarde, pudo ver la residencia de Goku, se sorprendió al ver lo cambiada que estaba, la pequeña casa ahora tenía segundo piso y la habían ampliado, un gimnasio a unos metros de distancia, un par de vehículos estacionados en frente de la casa y un bello jardín con un huerto. Las cosas para la familia Son iban bastante bien.

Estacionó con cuidado, evitando dañar el jardín y el huerto. Respiró profundamente y desabrochó el cinturón de seguridad. No alcanzó a tomar su bolso, cuando su hijo se quejó impaciente para que lo bajara, le quitó los cinturones y revisó su pañal, que no estuviese mojado ni lleno, afortunadamente parecía ir en orden. El bebé corrió entusiasmado por el espacio de la nave, mientras que ella recogía sus bolsos.

―Debí encapsularlos… ―susurró. Tomó la mano del niño y caminó hacia la puerta de la nave y presionó el botón, cuando la puerta se deslizó por completo hacia el costado, se quedó viendo la pequeña escalinata de metal que se le anteponía. Tenía ambos bolsos cargados en un hombro, y por el otro lado, tomaba la mano de su hijo, dudó unos segundos, pensando en cómo bajar.

―Déjeme ayudarle ―Pegó un brinco en el umbral de la puerta cuando se asomó por el costado, aun volando, Alek. Sonriéndole, estirando sus manos hacia ella.

―Gracias ―susurró apenada, le entregó los bolsos y tomó en brazos a Trunks, quien le gritó un fuerte "no" al saiyajin, cuando se le acercó a su madre―no, cariño. No grites.

―Mama, no ―murmuró negando, meciendo el flequillo que no cubría su gorro. Bulma iba a responderle, pero la puerta de la casa que se abrió de golpe y Chi-chi en el recibidor, esperándola con una sonrisa despampanante, le sorprendió.

―¡Bulma! ―Exclamó y corrió hacia ella―¡Estúpida! ―dijo al llegar a su lado y con las manos en su cintura―¿En qué estabas pensando? ¡Tienes que contarme todo! ―De todas las reacciones, era la que menos esperaba. Quizás el tiempo que tardó en ir a verla le ayudó a que calmara su enojo, pensó la princesa.

―Sí ―dijo sonriéndole―él es Trunks, saluda hijo ―la morena exclamó alegre al ver al niño, y Trunks le hizo una mueca de desagrado, arrugándole el entrecejo―no deja de hacer eso ―se quejó cansada, y con su dedo índice derecho tocó el ceño del bebé y lo estiró hacia arriba, intentando borrar la arruga.

―Ni lo intentes ―resopló Chi-chi―es igual al rey.

Bulma mordió su mejilla interna, ignorando a propósito sus palabras e insistió con su dedo. Después de unos minutos, ambas entraron a la casa, Alek le llevó los bolsos, una vez dejándoselos en el interior, el saiyajin salió a tomar posición junto a los demás guerreros.


(…)


―Alek ―dijo asomándose por la puerta de la nave―¿Podrías subir, por favor?

Ya estaba oscureciendo cuando llegaron al palacio. La tarde con Chi-chi había sido más agradable de lo que pensó, la esposa de la Mano no la había juzgado, es más, habían comentado la situación como si fuera un chisme. Claro que no estaba de acuerdo con lo que había hecho, pero la comprendía hasta cierto punto, tenía la ligera sospecha de que Laurel había hablado con ella antes.

Trunks se había dormido de regreso, no podía bajar los bolsos y el niño, quizá se la podría ingeniar de alguna manera, pero le pareció innecesario teniendo a Alek cerca. Cuando el saiyajin ingresó a la nave, tuvo que encorvarse para que su cabeza no chocara con el techo, era bastante alto, quizá más que Goku. Observó en silencio como el saiyajin se inclinaba para tomar sus cosas, su cabello negro se hizo a un lado por el movimiento, y en el proceso, la joven madre no pudo evitar perderse en su musculatura, observó su espalda amplia y se imaginó lo difícil que sería rodearla con sus brazos, al darse cuenta, tragó en seco y desvió la mirada hacia su hijo, y lo acomodó para tomarlo.

Se fue mirando el suelo en todo momento, evitando mirar al saiyajin que lideraba el grupo, ella entre los cuatro escoltas, la guiaron hasta los aposentos de su hijo. Alek dejó sus bolsos en la habitación, ella susurró un tímido gracias y cerró la puerta. No quiso despertar al menor para darle un baño, por lo que solo le quitó la ropa y le cambió el pañal, le puso el pijama y lo acostó. Se quedó unos minutos con él, observándolo, le quitó el flequillo de la frente y le besó. Se había portado mal en la casa de Chi-chi, pero la morena había sido paciente y no le hizo sentir incómoda en ningún momento, incluso cuando el niño había roto un cuadro y luego sacó la tierra de los maceteros, fueron descuidos de minutos, su hijo no perdía su alma destructiva. Era increíble pensar que, el bebé que dormía plácidamente, que le acariciaba y se reía alegre con ella, era un pequeño diablillo que golpeaba y gruñía a desconocidos, rompía y lanzaba cosas, como si tuviera dos caras. Suspiró profundamente, era normal, quiso creer que lo era, su madre de lo había dicho muchas veces, era un bebé, los niños eran así.

Le dio un último beso y arropó, verificó que el comunicador tuviera baterías cargadas, la estación sintonizada y encendido, una vez comprobado, salió de la habitación. Observó a los escoltas en sus posiciones, y antes de alejarse, miró de soslayo a Alek, y él a ella. No se dijeron nada, pero Bulma lo vio, supo descifrar su mirada, y entendió que él no era cordial por ser un buen samaritano, él la estaba viendo como una mujer, y la revelación le provocó un cosquilleó en el vientre, bien abajo. Caminó con cuidado, evitando tropezar mientras él seguramente la veía alejarse, el pudor se le subió al rostro, enrojeciéndolo, sin embargo, en vez de apresurarse, caminó más lento y meneó sus caderas con seguridad, seguridad femenina o porque no decirlo, con sensualidad. Su ego se alimentó de esa simple mirada, le recordó que era una chica joven y guapa, al menos para algunos y para Alek lo era, y la idea le gustaba.

Llegó cansada al cuartucho que llamaba dormitorio, abrió la puerta mirando el suelo y encendió la luz, sin mirar a su alrededor. Caminó hacia el sanitario y antes de abrir la puerta, notó una silueta de pie, cerca de la ventana con barrotes. Su pulso se aceleró, sintió su cuerpo tensarse y un escalofrío le recorrió el espinazo, tragó en seco y giró lentamente, esperando, rogando, que fuera otra ilusión suya provocada por la paranoia. Abrió la boca por el asombro, cuando notó que no era una ilusión y que la persona que menos esperaba encontrarse, estaba en su dormitorio.

Riander estaba apoyada en la muralla, con los brazos cruzados y observándola con rasgos de aburrimiento. La reconoció al instante, era curioso, pues la había visto una vez y luego de ello, no lograba recordar su cara y ahora al tenerla en frente, la imagen se armó enseguida en su cabeza. Su piel era más clara que la de Vegeta, como la de Tarble, su cabello parecía una estrella con las puntas caídas hasta sus hombros, su cola estaba anudada en su cintura, pero la punta se meneaba de un lado a otro, como un gato cuando esta de malhumor. Bulma se sintió inferior al instante en que vio sus tonificadas piernas, el ego que antes se había inflado se achicó en seguida al ver la seguridad de la reina.

―¿Qué estás haciendo aquí? ―Se felicitó internamente por no titubear. La saiyajin suspiró ruidosamente y le apuntó a su cama, Bulma arrugó el ceño, confundida, miró la colchoneta y luego hacia la saiyajin―¿Quieres que me siente?

―Vaya, los rumores eran ciertos. Eres inteligente ―dijo con ironía.

―¿Qué es lo que quieres? ―Repitió, ignorando su tono burlesco, sentía como un calor extraño le nacía desde el abdomen, recorriendo lentamente por su pecho, cada vez que la reina la miraba con superioridad ¡Lo reconocía! Estaba desafiándole, a pesar de sentirse inferior, su tenacidad inherente no le dejaba agachar la cabeza ante ella, y creía saber bien porqué.

―Siéntate ―ordenó entre dientes. Y ella medio sonrió, devolviéndole la mirada arrogante y en cambio se apoyó en el marco de la puerta del sanitario―es una orden.

―Tú no eres mi reina ―dijo alzando la barbilla―no tengo porque obedecerte, dime que quieres.

Riander respiró profundamente, intentando contener las ganas que sentía de lanzársele y quebrarle el cuello. Tenía un remolino de emociones golpeándola, estaba furiosa por estar allí, soportando la actitud de la humana, y más por sus motivos. Estaba avergonzada, se sentía derrotada y, sobre todo, humillada, pero no lo demostraba. En cambio, le devolvió la sonrisa a la joven, y antes de responder, la observó de pies a cabeza. Lucía un pantalón extraño que le llegaba un poco más abajo de las rodillas, apretado, marcando sus voluptuosos muslos, que se abrochaban en su menuda cintura. Sus senos despampanantes estaban apretados en un top ajustado y mordió su labio inferior, lo reconocía, tenía un buen cuerpo.

―Mira ―comenzó diciendo―no vine aquí a discutir contigo, solo quiero preguntarte unas cosas. ―Bulma arrugó el ceño, con extrañeza, intentando calmar la curiosidad, no podía negar que la situación le provocaba interés.

―Bien ―dijo, y se cruzó de brazos―dime.

―No quieres estar aquí ―murmuró con convicción, la princesa alzó una ceja―me refiero al planeta, no solo a este… cuarto. ―Soltó dando una mirada a los muebles, arrugó la nariz olfateando el aire y siguió―quizá yo pueda ayudarte.

―Qué amable ―dijo encorvando los labios, mientras asentía moviendo la cabeza, meciendo su melena, como si le creyera―¿Me ayudarías porque…?

―No quiero que estés aquí ―dijo y se miraron en silencio. Bulma tragó con disimulo, aquel sentimiento era mutuo. Ninguna tenía intenciones de soportarse, por diferentes razones y en todas era por culpa de Vegeta. La joven madre frunció el ceño, molesta consigo misma, no era posible que después de todo lo que había pasado, siguiese sintiendo aquel despecho por la mujer que la había reemplazado.

―Tampoco quiero estar aquí ―concordó―pero no me mantienen cautiva ―murmuró mirando la punta de sus zapatillas―me veo obligada a estar aquí por mi hijo.

―Lo sé ―asintió la reina―hay una manera en que puedan irse ambos. ―La joven alzó la mirada expectante, sin poder esconder la ilusión en su mirada―actualmente tu cachorro es el único descendiente del rey ―dijo―necesito preñarme, una vez que le dé un heredero fuerte, tú y tu hijo pueden salir de la ecuación.

Las palabras quedaron atoradas en su garganta. Aquella frase le quedó dando vueltas una y otra vez y tuvo que concentrarse en mantener la calma ¿Por qué le afectaba esa información? Ella era su mujer, naturalmente debían tener hijos, pero la idea no dejaba de punzarle en el pecho, y no quería reconocer el porqué. Ahí estaba otra vez, aquel sentimiento toxico que le hacía sentir miserable, atada a una relación inestable y enfermiza, que a todas luces no era buena, pero ella seguía pensando, recordando, anhelando aquellos momentos, y a la vez, sabiendo que todo estaba mal, que aquellos momentos no eran más que una falsa felicidad.

―¿Crees que Vegeta lo deje ir? ―Preguntó con genuino interés―lo reconoció ante un montón de gente, le hizo una fiesta, lo bautizaron como Vegeta V.

―Puede ser complicado ―concordó―pero entre un mestizo y un hijo de sangre pura, nuestro hijo sería mejor aprobado por el consejo.

Mordió su mejilla interna, ella tenía razón, era consciente del grupo opositor y aquellos podían servir ahora, pero la idea de que despreciaran a su hijo solo por ser mestizo le enfurecía, sabía que para su situación era lo mejor, pero que alguien hablara así de su hijo, o lo pensara, le molestaba.

―No es nada seguro ―murmuró―pero no entiendo porque me dices esto ¿Cómo me ayudarías?

―Puedo mover influencias ―se encogió de hombros―lo principal es que estés de acuerdo con esto ―apuntó a sí misma y a ella con su barbilla―con esta conversación. ―Bulma cambió el peso de un pie al otro, acomodándose, aquella frase no le agradó. Estaban conspirando, y eso era peligroso para ambas, para una más que otra.

―Claro que estoy de acuerdo, con cualquier opción que ayude a llevarme a Trunks, sin problemas y que sea legal ―susurró rodando los ojos―no puedo arriesgarme a que Vegeta nos persiga por engañarlo y huir de él.

―Ya saliste libre de una huida ―dijo sonriéndole con malicia―seguramente no tendrías suerte la próxima vez.

―¿Y bien? ―Soltó ignorando sus mordaces palabras―¿Quieres mi cooperación cuando llegue el momento? Lo tienes ―Riander desvió la mirada, el primer atisbo de duda en su rostro y Bulma lo notó, esperó unos segundos para que hablara, pero los segundos se volvieron minutos y la reina no parecía querer irse ni hablar―necesitas que te ayude en algo más ―afirmó mirándola con los ojos estrechados.

―Sí ―reconoció sin mirarla―no he podido preñarme. ―Tragó con dificultad y giró hacia ella―no podré hacerlo si no me ayudas.

―Habla con Iris ―dijo extrañada, encorvando las cejas―pregunta si tienes algún problema o si pueden recurrir a inseminación, no lo sé. ―Se encogió de hombros y la miró con aburrimiento, estaba cansada y necesitaba dormir un poco, Trunks se despertaba temprano todos los días―¿Iris sigue siendo jefa del departamento de salud, no?

―Está todo funcionando ―dijo entre dientes―y no recurriré a esas cosas antinaturales ―Bulma no pudo contener la risa, se retorció unas tres veces en su sitio y se obligó a entrar sus propios labios, sellándolos para ayudarse a no reír. Aun con todos los avances tecnológicos, los saiyajin no dejaban de ser arcaicos para muchas cosas.

―Ok ―dijo después de unos segundos―¿Entonces?

―… ―Riander sintió como una ola de vergüenza le invadió, se sentía humillada, tener que estar allí y recurrir a su enemiga era difícil de tolerar, pero lo hacía por un bien mayor, debía embarazarse a cualquier costo y si eso significaba tener que humillarse y dejar su orgullo de lado, lo haría―no hemos copulado desde que llegaste.

Bulma se congeló. Su corazón latió deprisa, una mezcla de ilusión camuflada de incredulidad le durmió el cuerpo, entreabrió los labios para decir algo, pero sus neuronas no hicieron sinapsis, no podía pensar en otra cosa que no fuese en la declaración de la reina ¿Ellos no habían tenido sexo desde que ella había llegado? ¿Qué significaba eso? Su pecho parecía comprimir su corazón o era su corazón el que se agrandaba, haciendo que su espacio se redujera, un nudo se le formó en la garganta y tuvo que obligarse a reaccionar cuando la reina la miró con el ceño fruncido y con desprecio. Lo entendía, seguramente creía que se burlaba de ella, pero no era así, también, podía comprender lo mal que se sentía por estar allí diciéndole eso. No se agradaban, era mutuo el desprecio y despecho, reconocer semejante situación delante de ella no debía hacerle gracia, lo podía confirmar al ver su cola sacudirse inquieta, con fuerza.

―No te embarazarás si no lo hacen ―soltó alzando ambas cejas, y se lamentó al decirlo―quiero decir, si no… ―suspiró ¿Qué podía decirle? ―¿Por.. qué me cuentas esto? ¿Qué tengo que ver?

―Creo que mucho ―dijo y mordió la mejilla interna derecha, esperó unos segundos y dijo―él no ha estado con otras mujeres en estos días, creí que te estaba visitando, pero la servidumbre me confirmó que no. Cada noche hemos intentado follar, pero… no se… no se puede.

―No tengo nada que ver ―dijo a la defensiva―seguramente… está cansado, no lo sé ―se encogió de hombros―averigua si tienen días en tu ciclo que son más fértiles, e intenta esos días acostarte con él.

―Oye ―soltó arisca―no es fácil decir esto, así que lo diré solo una vez ―advirtió, Bulma tragó en seco y asintió―necesito que me acompañes en las noches, que lo seduzcas y… ―murmuró angustiada, relamió sus labios y siguió hablando sin esconder la desesperación en su voz―ayúdame a que… a que se le pare ―soltó avergonzada―yo me acostaré con él, pero puedes excitarlo, entre las dos puede funcionar. ―Dijo convencida y Bulma la miró boquiabierta.

Su cerebro no lograba procesar la información, se quedó en blanco. Eran demasiadas cosas que considerar, el problema que tenían era de ¿Disfunción eréctil? Su cabeza trabajó rápido, intentando recordar de todas las veces en que tuvo sexo con él, si alguna vez presentó ese problema, no encontró nada, algunas veces duró poco, casi siempre sucedía después de no haberse visto por un tiempo.

―No creo poder ayudar ―murmuró después de unos minutos en tenso silencio―él no quiere verme. Hay una advertencia bastante siniestra de por medio ―soltó sonriendo sin ánimos―lo único que puedo aconsejarte, es que averigües si tienes días más fértiles que otros.

―Bien ―dijo asintiendo―si no funciona, necesito que lo intentemos.

―No ―negó―yo no quiero que él me vea ni me toque ―murmuró hablando rápido―lo siento, no te puedo ayudar con eso.

―¿Entonces dejarás que tu hijo viva aquí? ―Preguntó molesta, se reincorporó y caminó hacia la salida―piénsalo.

Bulma la vio salir con rapidez, como si huyera de lo que acababa de pasar, por su parte, no se dejaba de preguntar ¿Qué diablos había sido todo eso? Su cabeza daba vueltas por tanta información, muchas preguntas sin respuesta. Se sentía confundida, con desconfianza y a la vez, con una pequeña esperanza… ¿De qué exactamente? ¿De poder irse con Trunks… o de que él siguiera deseándola? ¿Qué estaba mal con ella? Llevó sus manos a su rostro y se restregó los ojos y la frente, intentando calmar el inminente dolor de cabeza. Suspiró profundamente y entró al sanitario, necesitaba con urgencia una ducha y aclarar sus pensamientos.


(…)


Un trago al seco, se sirvió otro. Empezaba a ver borroso, por fin, después de diez botellas de aquel brebaje que le quemaba la garganta. Los saiyajin eran resistentes a muchas sustancias, el alcohol era uno de ellos, podían beber sin restricciones, si se emborrachaban, duraba unas horas y después podían seguir bebiendo. Pero aquella botella afirmaba ser el mejor y más potente brebaje de la galaxia, no había dudado en encargarlo, un pedido exprés, pero lo necesitaba, le urgía embriagarse y no pensar, olvidar.

El rey estaba en su estudio, bebiendo sentado frente a su escritorio, con un par de cajas en el suelo, cerca del mueble, selladas, mientras que una vacía estaba destrozada a sus pies. Se servía en un vaso grande, hasta el tope de la copa, el líquido era incoloro, cualquiera que se encontrara con las botellas podría pensar que era agua, podía servirse a temperatura ambiente o con hielo, ya se le había acabado los cubos fríos, a partir de la cuarta botella que lo bebía a temperatura ambiente y no estaba mal, o no le importaba. El brebaje era algo espeso, más que la consistencia de un vino, menos que una salsa que decora un trozo de carne, tenía un ligero sabor dulce al tocar su lengua, pero a los segundos se volvía amargo y se deslizaba caliente, casi hirviendo, por su garganta, adormeciéndole la boca. Duraba unos segundos, o tal vez minutos, no lo sabía con exactitud.

Había oscurecido hace más de cuatro horas, mucho más, después de cenar se encerró en el estudio, evitando enfrentar a Riander y a sí mismo. No quería estar consciente, no quería pensar, no quería seguir lamentando sus desgracias, porque sabía quién era la culpable y pensarlo era recordarla, era cuestionarse, imaginarla, saber que estaba dos pisos más abajo, y su sangre hervía al pensarlo. No era justo, nada de lo que estaba viviendo era justo ¿Cuánto más bajo debía caer? Otra copa.

Estaba avergonzado, a pesar de que Riander no le cuestionó en ningún momento, ver su cara de decepción, afligida, y frustración, le herían. No solo la defraudaba a ella, a todo su imperio ¿Cómo era posible que no pudiera cumplir sus deberes? ¿Qué estaba mal con él? No quería saber la respuesta, ni siquiera pensarla, pues en el fondo sabía, sabía cual era su problema, qué pasaba con él y no podía reconocerlo sin sentirse humillado y un completo imbécil ¿Qué más debía pasar para entender que ella era una calamidad en su vida? Nada, nada debía pasar pues ya lo sabía ¿Entonces? ¿Por qué ella seguía atormentándole? ¿Por qué demonios, ella seguía arruinándole? No era justo.

Sus sentimientos eran claros, la quería lejos de su vida, si fuese posible muerta, no quería saber nada ella, verla, respirarla o escucharla, absolutamente nada. El rencor y odio hacia ella no lo podía contener, entonces, si la odiaba tanto ¿Por qué permitía que le siguiera atormentando? ¡Era el problema de raíz! Él permitía que le afectara su presencia, debía conseguir que ella no le provocase nada, indiferencia total, pues el odio era tanto o más fuerte que el amor, y no quería sentir nada más por ella. No podía seguir ignorando su situación, algo andaba mal, desde que despertó su madurez sexual, nunca tuvo problemas de desempeño ¿Por qué ahora? Antes de saber que ella le había mentido, había dado vuelta la página y se había acostado con Riander muchas veces, y ahora ella regresaba a su vida, y no podía volver a tocar a su reina ¿Por qué? ¿Su fantasma había regresado en carne y hueso? Otra copa.

Agarró la onceava botella, bebió el contenido de su copa y salió tambaleante del estudio. Le costó romper el sello, sus sentidos estaban lentos, su vista era borrosa y todo giraba a su alrededor, el piso se le movía y tuvo que detenerse en medio del pasillo, apoyarse en una muralla y respirar. Después de cinco minutos, se concentró nuevamente en la tapa, finalmente, tardó otros cinco minutos en abrirla. Dio un largo trago, se le escapó un poco por la comisura izquierda de sus labios, se limpió con el dorso de su mano enguantada y siguió caminando.

―No quiero verte ―susurró, su pecho se oprimió, todo el alcohol que había bebido le estaba jugando en contra, le revolvía el vientre, pero lo más perjudicial era lo que estaba a punto de hacer por culpa del alcohol, pues sabía lo que haría, estaba en desacuerdo, pero se excusaba consigo mismo, no era él realmente, era porque estaba bajo los efectos del alcohol ¡Sí! no era su culpa.

―No quiero verte ―repitió, y se respondió mentalmente:

«¿Entonces por qué voy a tu habitación?» se detuvo. Respiró profundamente y levantó la mirada hacia el techo, relamió sus labios y tomó otro sorbo, tosió segundos después, escupiendo la mitad de lo que había bebido, usó su otro guante para limpiarse la barbilla. Caminó lento, midiendo cada paso, sus botas eran silenciadas por la fina alfombra que cubría aquellos pisos, cuando llegó a la escalera tuvo que afirmarse del barandal, estrechó los ojos, intentando controlar su vista nublosa y bajó con cuidado al segundo piso, luego al primero, se tropezó en los últimos peldaños.

No sabía cual era su cuarto, pero se concentró lo suficiente para averiguarlo sintiendo su energía. Un par de minutos después, retomó su camino, ¿Qué estoy haciendo? Se preguntaba, ¿Qué es lo que quiero?, medio sonrió al preguntarse eso último. Probarse, se respondió, probarse que ella no le provocaba nada, que sus problemas con Riander no tenían nada que ver con ella. Y con más confianza, continuó avanzando. La habitación de Bulma se encontraba casi al final del pasillo, aquel sector del castillo estaba deshabitado, los criados se quedaban en la otra ala, y no supo bien porqué aquella información, el saberse solos, le fue relevante en ese momento. Respiró profundamente otra vez y posó su mano en el pomo de la puerta, relamió sus labios y dio otro sorbo de la botella, consumiendo hasta la mitad del brebaje. Giró la manilla, no tenía seguro «grave error», se dijo. Tragó en seco y se asomó por el umbral de la puerta.

Estaba todo a oscuras, pero podía distinguir una silueta en medio de la pequeña cama. Era ella. Su olor estaba impregnado en la habitación, arrugó la nariz y entró cerrando la puerta detrás de sí. Se quedó de pie observando el lugar, realmente era un dormitorio pobre y pequeño, lo que ella merecía. Otro respiro, otro trago, y caminó hacia la cama. Se detuvo en frente del buró, dejó la botella en la superficie y observó a la joven princesa, la madre de su hijo, dormir plácidamente, ajena al peligro. A pesar de su embriaguez, podía ver a través de la escasez de luz, podía contemplar su rostro redondo, apenas cambiado por la madurez, ya no era una adolescente, era adulta, era madre. Resopló, así dormida la había visto muchas veces en el tiempo que estuvieron juntos, justo como ahora, no era la misma mujer que le encaró en la tierra ni le suplicó hipócritamente en Iuris, sus labios se curvaron hacia abajo al recordarlo. Era injusto verla como antes, cuando esa Bulma ya no existía y ahora era una perra caprichosa desconsiderada y mentirosa.

Su respiración se agitó a medida que su rabia aumentaba, el ruido del aire resoplar lo delató, despertándola. Se quedó quieto en su sitio, la vio revolverse entre las sábanas de mala calidad y estirar su brazo delgado hacia el buró, tanteando entre la superficie, pasando a llevar la botella que cayó ruidosa sobre la madera, rodando hacia el suelo.

―Diablos ―susurró somnolienta. Y Vegeta se inclinó para encender la luz que ella buscaba. La joven se giró sorprendida cuando se iluminó la habitación, pero su sorpresa mutó a miedo cuando lo vio de pie al lado del borde de la cama. Él en cambio, la observó serio unos segundos, su pelo corto desordenado, sus ojos grandes y azules oscuros por la luz amarillenta, su piel lechosa y sus labios carnosos que temblaban, apagaron su mente. Su orgullo, su rabia, lo que fuese, todo se apagó. Apoyó su rodilla derecha en el borde de la pequeña cama, que crujió al sentir el peso del rey, y se inclinó hacia ella, quien tensa y paralizada, se lo permitió. Posó sus manos sobre los hombros de la joven y la empujó hacia la cama y susurró:

―No me rechaces. ―Y la besó.

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N/A: Disculpen la demora! ha sido horrible estos días, el humor no me ha acompañado para escribir, pero estoy esforzándome para cambiar eso. Muchas gracias a quienes siguen el fic y me dan ánimo por la página de face, o en rw, en serio lo valoro e incluso, me han ayudado mucho a seguir avanzando, a no estancarme.

Espero que este cap sea de su agrado, disculpen si hay errores ortográficos o de redacción, me duele la cabeza y edité rápido, lo siento!

PD: Comenté antes que estoy pasando por un muy mal momento económico, estoy sin trabajo desde marzo, y las cosas en mi país (Chile) están pésimas... hace unos meses me hice una página en la que se pueden aceptar donaciones con la temática de invitar un café, es decir, que la donación no supera el valor de 3 dólares, si usted quiere y puede, lo invito a entrar a la página y donar. FF no permite ingresar el link, pero esta es la página k o - f i inaminina. Si quieren aportar, deben seleccionar la opción Suportt, y ahí poner el nombre, algún mensaje si quieren y poner la cantidad de tazas, es importante porque si ponen 3 por ejemplo, serían 9 dólares, si ponen 1, serían solo 3 dolares y las redireccion , si no tienen cuenta, se puede con una tarjeta de crédito, se completa la información de la tarjeta, se aceptan las condiciones y se paga :c Cualquier ayuda es inmensamente bienvenida! espero no molestarlas con eso, pero a estas alturas ya no sé qué hacer para producir.

Reitero mis gracias, por seguir y leer, espero poder subir algo pronto.

Nos leemos!

Mucho amor y paz para todas! espero que todo prospere y estén bien!

Bye bye