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Capítulo 11
Necesidad
Quizá fue la intensidad de su mirada, probablemente su agitada respiración, lo que la hizo despertar abruptamente. Su cuerpo percibió la inseguridad en ese dormitorio, pero era una mente científica y no podía seguir permitiendo que su miedo mandara sobre ella, por lo que decidió asegurarse de que todo estaba bien, encendiendo la luz de la lamparita de mesa. Sus movimientos eran torpes, sus extremidades al igual que su consciencia, seguían adormiladas, su mano tanteando la superficie del velador parecía una ardua tarea, se sobresaltó cuando pasó a llevar un objeto haciéndolo caer.
―Diablos ―murmuró, cerró sus ojos unos segundos y cuando los volvió a abrir, la luz de la lámpara le golpeó fuerte en el rostro, haciendo que sus ojos se cerraran violentamente. Confundida, se esforzó por acostumbrarse a la iluminación y giró sobre su propio cuerpo reincorporándose, intentando comprender la situación.
Su cuerpo se paralizó al ver al rey de pie, a unos cuantos centímetros, mirándola con desprecio desde su posición. No lograba captar si su corazón latía deprisa o los latidos eran lentos e intensos, quizás era su pulso el que se había acelerado al saberse en peligro, cada célula de su cuerpo reaccionaba ante su inminente muerte. El miedo creció rápidamente, arrasando en su interior, dominando todos sus sentidos, apagando su mente. Sus ojos negros no brillaban, lucían fríos y distantes, no había ningún rasgo en su rostro que le ayudase a descifrar al imponente saiyajin. Entreabrió sus labios, para intentar hablar, buscar algún acuerdo para que postergara su muerte, pero su lengua estaba pegada a su paladar, negándose a cumplir con su orden, lo único que consiguió fue que su mandíbula inferior temblara notoriamente.
Él hizo un movimiento, ella contuvo la respiración y aunque se gritó mil veces que se moviera, que se alejara, o que pidiera ayuda, su cuerpo no reaccionó. Estaba congelada sobre la cama, observándolo hacia arriba, vulnerable ante él. Vegeta apoyó su rodilla en la colchoneta, pudo volver a respirar, pero solo para hacerlo de forma acelerada, con cada segundo que pasaba y él acortaba la distancia entre ambos, se sentía más pequeña en su sitio. Fue encogiéndose a medida que el rostro del rey se le acercaba, sintió de golpe el fuerte olor a alcohol, pero no lo consideró relevante en el momento. Las manos de Vegeta sujetaron con firmeza sus hombros, no fue consciente de la presión que él ejercía, aquello pasó en solo unos cuantos minutos, pero para la princesa fueron momentos lentos y tortuosos, cuando se percató de su empuje, ya estaba recostada nuevamente sobre la cama.
―No me rechaces ―su grave voz le sobresaltó, esperaba cualquier juego de palabras, insultos, amenazas, pero no aquella frase y antes siquiera de poder pensarlo, o preguntar algo, él la besó torpemente.
El choque de sus labios fue sorpresivo para la joven madre. Se quedó tensa en su posición, intentando comprender qué estaba pasando, era fácil de suponer a qué había venido el rey, pero su mente no trabajaba rápido y a la vez, su inseguridad no la dejaba aceptarlo. Porque aceptar que él estaba allí por ella, por su cuerpo, era retroceder. Estar en Vegetasei no era sencillo de manejar, pero cuando se enteró de las condiciones de su estadía, el que no debían verse ni cruzarse en los mismos espacios, le había ayudado a calmarse. Fue un completo alivio, que las noches pasaban y podía dormir "tranquila", sin interrupciones ni visitas inesperadas, ahora todo se derrumbaba ¿Cuánto había tardado en caer a su dormitorio? ¿Dos semanas?
Sentir los labios del rey sobre los suyos le congelaron, no solo por la sorpresa, también por el miedo. Sus manos fuertes sujetaban sus hombros con firmeza, y a su memoria vino una lluvia de imágenes, de sensaciones, de temores. Lo primero que pudo comprender fue el pánico, él había intentado matarla la última vez ¡La había abofeteado! ¿Qué le haría ahora? Si pudiera mirarse en un espejo en ese momento, en que él la besaba, vería el terror reflejado en sus ojos azules. Pero los segundos pasaron, y el beso del saiyajin fue tomando forma de a poco, ya no era un torpe movimiento, sus labios fueron abriéndose paso entre los de ella, pronto su lengua se unió al momento y el sabor del alcohol le invadió en cada papila gustativa, y aunque fue repulsivo al principio, se concentró más en el actuar del rey, que le confundía cada vez más.
―No me rechaces ―repitió entre besos, un grave susurro que le estremeció, que le hizo aterrizar a lo que estaba pasando entre ellos en tan solo un par de minutos. El miedo no se fue del todo, tampoco la confusión, pero volvió una sensación que hace mucho no sentía: el deseo.
Las manos del saiyajin bajaban y subían en movimientos lentos pero firmes sobre sus hombros, una caricia. Él la tocaba y ella lo permitía «no tengo otra opción», se dijo mentalmente, «él es fuerte, yo débil. No puedo pelear», se decía, justificándose consigo misma, porque lo necesitaba, era necesario para su consciencia el buscar excusas a lo que hacía, o más bien, a lo que no hacía. El permitir que aquello pasase hablaba más de ella que de él. Vegeta era un hombre, con cualquiera estaría bien, ya fuese con Riander o ella, él simplemente buscaba liberar sus deseos primales ¿Y ella? ¿Por qué se dejaba usar?
―N-no ―murmuró débilmente, casi inaudible, más para ella que para él. Quizás el rey la oyó, o tal vez no, pero la única respuesta que obtuvo fue el cese de sus besos en sus labios, para bajar a su barbilla con suavidad, rodeando su mandíbula, deslizándose por su cuello, entre besos y lamidas, y Bulma se rindió.
Se rindió a lo que estaba pasando, a sus caricias, a sus besos, al odio y rencor con el que recordaba siempre lo que había pasado entre ambos, sucumbió al deseo, cayó en la red de su seducción, su cuerpo recordaba su calor, su piel, sus tratos, sus buenos tratos como los malos, y fueron los buenos los que la tuvieron en una ilusión por años, los que le hicieron creer que lo de ellos era real. Se dejó sentir una vez más, porque sus labios en su piel le alertaron que aquel hombre que estaba sobre ella no era el saiyajin despiadado que la había despreciado y maltratado antes, era su esposo, el que la mimaba y tocaba con pasión, el que hacía lo que le pedía cuando tenía tiempo para ella.
Poco a poco, el saiyajin fue levantándose de su cuerpo para poder apartar las cobijas y meterse debajo de éstas junto a ella. La joven no se movió de su posición, y un escalofrío le recorrió cuando la armadura fría chocó con su torso cubierto por su camisola, sin embargo, lo olvidó con rapidez cuando él volvió a sus labios. Lo sintió sacudirse, al intentar quitarse sus guantes, pero la embriaguez entorpecía sus movimientos. No quiso ayudarlo, a pesar de estar de acuerdo con lo que pasaría, el miedo que la sometía no la dejaba moverse, aunque recordara sus caricias y besos apasionados, no se sentía del todo segura con él, estaba alerta en todo momento.
Después de unos minutos, el rey consiguió quitarse los guantes y de paso, aprovechó la instancia para deshacerse de su armadura y botas. Bulma observó de arriba hacia abajo sus músculos tonificados que traspasaban la tela, contuvo la tentación de lanzarse a tocarlos, en cambio, se quedó recostada admirándolo en silencio, mordiendo con disimulo su labio inferior. Sus ojos azules se desviaron a su cara cuando él volvió a inclinarse hacia su rostro, vio la mano derecha del rey acercarse a su mejilla y por reacción involuntaria, cerró sus ojos con fuerza, tensando el cuerpo completo. Sin embargo, al sentir el roce de su palma ahuecando su mejilla, con tal suavidad que le descompensó, volvió a abrirlos justo a tiempo para encontrarse su perfil, que se acercaba para concretar otro beso.
Su corazón latía a toda prisa, era un sentimiento extraño, sentirse en peligro bajo el cuerpo del rey, y a la vez, desear sus caricias. Sus tripas se revolvían ante la ansiedad y el deseo, el miedo y la inseguridad ¿Cuánto más extraña era la relación entre ellos? Dejó de preguntárselo cuando volvió a besarla. La mano izquierda del saiyajin siguió en su hombro, dando caricias y entre toques, fue bajando el tirante de su camisón, quizá de forma intencional, o una coincidencia a la que supo sacarle buen provecho. Sus labios bajaron nuevamente, entre su cuello y clavícula, se quedó unos segundos demás, haciéndola suspirar. Arqueaba su espalda levantando su pecho para él, ansiando más y el rey no tardó en complacerla.
«Esto está mal», pensó. Cerró sus ojos y mordió su labio inferior, intentando contener su jadeo cuando el rey recorrió su pecho derecho con besos ansiosos, hasta llegar a la cúspide que se echó a la boca. Al sentir la calidez y su lengua húmeda sobre su pezón, se le escapó un gemido agudo, casi como una queja por la escasez de aire. La mano que reposaba en su mejilla fue recorriendo su forma femenina hasta colarse entre ambos cuerpos, centrándose en su cadera, adueñándosela mientras que, con la rodilla derecha, se abría paso entre sus piernas. El espacio que le dio al rey para entrar fue estrecho, de unos quince centímetros aproximadamente, sin embargo, el saiyajin se hizo el camino forzándola a abrir más sus piernas para su cadera, se sintió invadida por su cuerpo varonil, pero aquella sensación no le molestó, al contrario, solo provocó que su deseo y ansias de tenerlo en su interior aumentaran ¿Cómo podía anhelarlo si hace unas horas atrás le había dicho a Riander que no quería verlo ni tocarlo? «Es que no me está tratando mal», se defendía de sí misma ¿Solo por eso podía hacer como si nada hubiera pasado? ¿Olvidar su golpe, sus humillaciones, su abuso? «No, pero ahora quiero olvidarlo». Y lo hizo, se centró en lo que estaba permitiendo que sucediera, en la piel caliente y dura del saiyajin, que la tocaba con cuidado y a la vez en movimientos llenos de ansiedad, podía percibirlo, él estaba igual o más deseoso por lo que estaba por pasar. Aquella decisión, le pesaría a la mañana, estaba segura de ello, pero la joven princesa estaba nublada del mismo deseo que al rey le había empujado a ir hacia su habitación.
La mano en su cadera se fue deslizando con seguridad hacia su pubis, lo que le ayudó a dejar en pausa su mente, se cuestionaría después, se reprocharía después, sentiría culpa después. Con tal determinación, la joven movió sus manos con timidez hacia el cuello del rey, rodeándolo, recibiéndolo entre sus brazos al mismo tiempo que los dedos del saiyajin rosaron su intimidad vestida. Cerró sus ojos, preparándose para su caricia, él tocó con su dedo medio y anular, tanteando con suavidad, pero firme en el tacto, desde su apertura, entre sus labios hasta reposar en su punto más sensible. Era una caricia simple, que duró no más de tres segundos, y fueron suficientes para que ambos se impacientaran. Ella no lo demostró, se mantuvo serena debajo de su cuerpo varonil, esperando por más. Sin embargo, el rey se detuvo unos segundos, cuando no concentraba sus movimientos, su cuerpo entero se mecía levemente de lado a lado por la embriaguez.
―L-lo siento ―murmuró entre dientes, y Bulma abrió sus ojos de par en par al oírlo, sintió su corazón latirle deprisa ¿Estaba pasando?, respiró profundamente, buscando la calma, ya se había disculpado antes y sus palabras no habían servido de mucho en su situación, aunque en el momento en que las dijo, las cumplió, pensó―no puedo esperar más.
Y el aliento que contuvo, se le escapó con desilusión. Presenció ausente como le quitaba su ropa interior y se desvestía para dejar libre su erección ¿Por qué seguía esperando una reconciliación entre ambos? «no lo hago» se dijo, entonces ¿Por qué mantenía la ilusión? No lo sabía. No era algo que buscara, sin embargo, cuando percibía señales de ser el Vegeta de antes, se rendía a sus caricias, a sus deseos y esperaba de él, tenía expectativas que, a la larga, le hacían mal. ¿Qué podía esperar? Él era un ser inestable, ahora la acariciaba, le pedía disculpas por no tocarla más, y la última vez que la tocó, intentó matarla, abusó de ella estando inconsciente y la lanzó fuera del cuarto ¿Qué podía esperar de un hombre así? Nada, lo sabía ¿Por qué seguía ilusionándose?
Soltó su nuca, dejando caer sus brazos a la cama con suavidad y esperó a que todo terminara. Él volvió a besar su cuello, cerró sus ojos deleitándose con su calidez, dejándose engañar por unos minutos no le haría daño. El rey subió lentamente desde la curva de su cuello hasta su barbilla, para encontrarse nuevamente con sus labios. Respondió a su beso, el sabor del alcohol ya lo había neutralizado con su lengua, no había nada que entorpeciera el momento. Sintió como sus manos la tomaban de la cadera, jalándola hacia el centro de la cama, acomodándola para él. El encuentro de sus intimidades fue lento por unos segundos, Vegeta frotó su miembro entre sus labios un par de veces, la joven estaba lo suficientemente húmeda como para recibirlo, la ansiedad y el deseo los llenaba por igual.
No dejaron de besarse mientras el rey guiaba su erección hacia su apertura, Bulma se sobresaltó cuando lo sintió entrar, pero el cuerpo del saiyajin hizo presión sobre el suyo, como si evitase su escape. No era necesario, la joven estaba completamente sometida a él, y no quería huir, no esta vez. Vegeta se meció sobre ella a ritmo suave, con ambas manos sujetó las muñecas de la princesa, apegándolas a las sábanas, buscando tener el control absoluto de la joven.
El beso que compartían fue interrumpido por el saiyajin, quien se alejó levemente de su rostro y torso, para mover sus caderas con mayor precisión, no soltó sus manos, a medida que sus movimientos se aceleraban, apretaba ligeramente sus dedos sobre la piel de la joven, quien mordía su labio inferior buscando contener sus débiles jadeos. Podía sentir como su único seno descubierto se sacudía con libertad, por breves segundos pensó en cubrirlo, no quería que viera su flacidez por la maternidad, pero lo descartó al instante, el rey estaba más concentrado en penetrarla que en el estado de su cuerpo.
Parecía que se controlaba, la joven observaba fijamente sus facciones, su ceño fruncido, pero no de enojo, sino más bien de concentración. Su sien brillaba de sudor por el esfuerzo, y sus ojos negros estaban fijo en su cuerpo. Por unos minutos, le hubiese gustado saber qué pasaba por su mente ¿Estaría tan confundido como ella? Después de exigir que no se le cruzara por el camino, de insultarla y decirle que nunca dejaría que volviera a ver a su hijo, ahora estaba sobre ella, follándola con el mismo ímpetu de hace unos años atrás, como si nunca se hubiesen separado ¿Qué pasaba por su cabeza? ¿Era solo un arrebato nocturno provocado por la bebida?
El rey liberó su muñeca derecha, para poder tomar su muslo derecho desde abajo y empujarlo hacia arriba, buscando acortar el espacio entre sus pelvis, entrando con mayor facilidad en su intimidad, y bastó un par de embestidas más para que eyaculara en su interior. El calor de su semilla le recorrió el cuerpo, y meneó su cadera sobre su erección aun palpitante, alcanzando el mismo placer que el saiyajin. Vegeta se dejó caer sobre su cuerpo sin energías, y Bulma respiró con dificultad por el peso del rey, pero no se quejó. Parpadeó tres veces seguidas, como si eso le ayudase a corroborar que no era un espejismo lo que había pasado, que era real, permitió que pasase, y aunque no lo hubiese querido, habría pasado. Al pensarlo, su semblante se ensombreció y de forma inmediata, intentó empujar al rey que descansaba tranquilo sobre su cuerpo. Él entendió sus empujones, y lentamente se bajó de su cuerpo, dejándose caer de espaldas a su lado. La cama era demasiado pequeña para ambos, pero al saiyajin de la realeza no le importó.
Bulma se levantó con cuidado, y caminó hacia el sanitario. No tardó en limpiarse, pero perdió varios minutos observándose en el espejo. Sus mejillas estaban enrojecidas, sus labios seguían hinchados después de los besos del rey, de forma inconsciente, tocó el arco de cupido y su labio inferior con dos de sus dedos, rozándolos con suavidad y cerró sus ojos. «¿Qué fue que lo hice?», tragó con dificultad al preguntárselo y mantuvo sus ojos abiertos, evitando que las lágrimas cayeran cuando parpadease. Optó por restregarse con el dorso de la mano en cada ojo, sacudió su cabeza de lado a lado, dio una profunda respiración y salió del cuarto de baño. Tenía una vaga esperanza de que, cuando saliese, él ya se estuviera vistiendo para irse, sin embargo, se encontró con el mismo saiyajin que había dejado antes de levantarse y en la misma posición.
Apagó la luz antes de acostarse, caminó alrededor de la pequeña cama y escondiendo la culpa, se metió entre las sábanas, dándole la espalda al saiyajin que ya dormía, podía suponerlo por su respiración pausada. Intentó que ninguna parte de su cuerpo, tocara la de él, era absurdo, sin embargo, ahora que el deseo se había saciado, ya no deseaba estar cerca de él. El rencor e inseguridad volvieron con más fuerza, también el asco, hacia sí misma, pensó en volver al sanitario y darse una ducha, pero lo descartó. Su cuerpo aún estaba resentido por el reciente placer, y al irse las hormonas que la habían ayudado a elevarse, ahora solo quedaba la fatigues y ganas de dormir, y las ganas de olvidar lo que había hecho.
(…)
Quizás fue la incomodidad de la colchoneta, o el punzante dolor en su sien, lo que le hizo abrir los ojos y cerrarlos repetidas veces, hasta despertar de forma definitiva. Sus ojos negros podían ver sin problema aun con la escasez de luz del cuartucho, y se encontró abrumado con lo que vio. No reconoció el lugar, por segundos se quedó quieto en su sitio, intentando recordar como había llegado allí y porque no lo recordaba. La noche seguía en su curso, lo último que recordaba era estar bebiendo en su estudio, frunció el ceño, al rememorarlo, era volver al problema que quiso evitar al beber: su desempeño sexual con Riander. Resopló molesto consigo mismo, y al inhalar, su nariz fue invadida por diversos aromas, y el que más destacó fue la acidez del sexo, que conocía muy bien. Se quedó tenso, aquello era una clara señal de que, en esa habitación, alguien había follado y estaba casi seguro, que él había participado. Tragó en seco, volvió a olfatear, intentando buscar pistas y su cuerpo se paralizó al instante en que descifró la mezcla de olores.
Su olor jamás lo olvidaría, pasaran los años que pasaran, se distanciaran el tiempo que fuese, pero aquella fragancia dulce y femenina, resaltaba entre todos los olores, y se había calado profundamente en su inconsciente, tal como ahora. Tardó un par de minutos en procesar que la habitación estaba completamente invadida por su fragancia, y eso solo tenía una explicación: era el cuarto de ella. Volvió a tragar en seco, estar en su habitación, con el olor a sexo en el aire, no era difícil de entender qué había pasado entre ellos, y no podía asumirlo. Se reincorporó con lentitud, en parte porque se sentía como una presa que se esconde de su depredador, y en este caso, el depredador sería ella, y a la vez, porque su cuerpo se sentía pesado, aun con síntomas de su embriaguez, a la que no estaba acostumbrado.
No alcanzó a sentarse, cuando miró hacia su derecha y vio su melena corta esparcida en su almohada, y sus hombros desnudos ¿Si levantaba las sábanas, vería su piel expuesta? Se le formó un nudo en la garganta difícil de tragar, se quedó segundos pensando, luchando con sus propios deseos, entre el quedarse un poco más y sentir su calor, o el salir huyendo.
Decidió huir.
Se levantó de un salto y salió de la cama, no sin intentar ver que había debajo de las sábanas, se puso de pie decepcionado al ver una camisola que escondía sus curvas, tuvo que sacudir su cabeza, en negación, como si eso le ayudase a borrar esos pensamientos. Era absurdo estar incluso en esa situación, y querer tomar un poco más de ella ¡Cuanta confusión! Como siempre sucedía cuando ella estaba en la ecuación, la odiaba tanto. Buscó su ropa con rapidez, solo sus guantes y botas estaban esparcidas, las tomó y salió sin mirar atrás, claro, abrió la puerta y la cerró con suavidad, intentando pasar desapercibido.
Una vez en el pasillo, se quedó de pie tras la puerta, mirando la punta de sus pies desnudos. Acarició su frente con pesar ¿Qué diablos había hecho? Había anunciado orgulloso que no quería verla, que la única condición para que ella estuviese en su planeta era el que no se le cruzase en su camino, y ahora iba directo a su habitación a follarla ¿Qué mierda tenía en la cabeza? Era culpa de ella, se respondió casi al instante. Era ella la culpable de todas sus miserias, con Riander no podía responder como se debía, sin embargo, el olor en el cuartucho de ella gritaba a los cuatro vientos que habían follado sin problema alguno ¿Por qué? Estaba ebrio y aun así pudo desempeñarse bien ¿Por qué? Era un mal chiste de rey.
Derrotado, se puso las botas y caminó hacia la escalera. A esa hora, no había sirvientes circulando, lo que era perfecto, nadie sabría de su error. Porque lo era, había sucumbido a la tentación en un momento de debilidad, seguramente había ido a su cuarto para deshacerse de ella, sí, tenía sentido ¿Por qué terminó follándola entonces? No lo recordaba, lo último que le venía a su memoria era él maldiciendo en su estudio, con las cajas abiertas de ese maravilloso alcohol, que había valido cada pieza de oro, consiguió emborracharlo por unas cuantas horas, eso era bastante para su condición física de saiyajin.
¿Debía culpar al alcohol por lo que había hecho? El alcohol y a ella, porque Bulma siempre era el motivo de sus desgracias. Desde su primer encuentro, hasta lo que acababa de pasar, esa maldita humana le había destrozado la vida, si tan solo no hubiera caído en su embrujo, su huida y engaño no habría significado nada. Se hubiera enterado y la habría matado sin problema alguno por su traición, y si no, hubiera seguido con su vida sin inconvenientes. Ahora, sin embargo, estaba amarrado a un pasado que lo engatusaba, que le hacía recordar incluso en sus momentos más oscuros, invadido por el odio y rencor, lo bien que se sentía enredarse en sus piernas suaves. Y no podía permitir que eso sucediese, desearla no estaba permitido en su maraña de odio ¿Podía separar lo que sentía por ella de su deseo? ¿Odiarla y a la vez, querer follarla? ¿Era eso posible? Volvió a tragar en seco.
Llegó a su habitación más perdido que antes, más desdichado y queriendo otra botella de aquel maravilloso brebaje. Quizá debió ir a su estudio a buscar una, suspiró derrotado y hundió su perfil en su almohada, casi al instante, a su memoria vino su melena esparramada como un abanico y giró hacia el lado vacío de su cama, imaginando aquella postal en sus propios aposentos. Frunció el ceño, aquello no estaba bien, no podía seguir imaginando y pensando en la zorra que le había destruido la vida, era más humillante aún, la comisura izquierda de su labio subía y bajaba repetidamente, de forma inconsciente, intentando lidiar con sus sentimientos contradictorios.
―Maldita bruja ―susurró y se recostó de espaldas, mirando el techo de su dosel. Cerró sus ojos, segundos después, vino a su mente la imagen de su rostro iluminado por una luz de mala calidad, haciendo que su piel lechosa se viera en tonalidades amarillentas, sus ojos zafiro casi verdes asustados, y sus labios entreabiertos, temblando, su cabello cayendo por sus hombros, invitándolo a tocarlos. Abrió los ojos de golpe, respiró algo agitado, aquella imagen era nueva, reciente pues su cabello estaba corto ¿Era un recuerdo de lo que había pasado hace unas horas? Mordió su mejilla interna derecha, y cubrió sus ojos con su antebrazo izquierdo.
¿Qué había hecho? Bien, sabía que se había acostado con ella, pero, ¿Cómo? ¿Qué le había tocado? ¿Qué le había dicho? ¿La habría besado? ¡Oh, sus labios dulces y expertos! De solo recordar aquella sensación, relamió ansioso los suyos, como si se preparase si los tuviese en frente, al hacerse todas esas preguntas, volvió a su mente su rostro sorprendido y asustado, de verlo supuso «tenía miedo» pensó, entonces, vino a su mente una pregunta que evitaba desde hace mucho tiempo ¿La había forzado?, el nudo en su garganta volvió a molestarle. Era extraño preguntárselo, antes de saber que le había mentido y engañado, recordar que lo había hecho en varias oportunidades, le avergonzaba y le hacía querer remediarlo. Después de enterarse de su hijo, en el mismo Iuris, lo había vuelto a hacer y no había sentido ni un ápice de culpa o arrepentimiento «se lo merecía», se repetía. Ella había perdido cualquier beneficio con él después de su mentira, y, por el contrario, se arrepentía de haber sido amable en algún momento de su relación, pues era uno de los principales motivos del porque le había afectado tanto su separación. Y ahora, nuevamente se lo preguntaba, pero no sabía qué sentir al respecto.
«Solo quiero… saber», bajó su brazo de su rostro y volvió a observar el techo del dosel, sentía los ojos arder, debía dormir un poco. Se desvistió con movimientos pesados, y se recostó debajo de las sábanas. Estaba cansado para ducharse, quería convencerse de que era por ello y no por no querer quitarse su olor de encima. Cerró sus ojos, buscando conciliar el sueño, pasaron unos minutos en que su mente se apagó por completo, pero al acomodarse con su estómago hacia la colchoneta y su cabeza de lado, y hundir su rostro en su almohadón, recordó la textura blanda de su pecho, abrió los ojos abruptamente y se reincorporó, sentándose, con una mano limpiando el sudor de su frente. Giró hacia su buró y apagó la luz, volvió a recostarse y suspiró profundamente. Tenía la ligera sospecha de que no podría dormir, y en parte, quería que fuese así, quería recordar qué había pasado, no porque quisiera deleitarse con ello, no, solo se sentía en desventaja, debía saberlo todo, intentaba convencerse de que era así.
(…)
Trataba de no pensar en lo que había pasado. Se había dado un baño más largo que lo normal, y había sacado la ropa de cama acomodándola y revolviéndola, convirtiéndola en un nudo de sábanas y mantas, esperando que, con ello, la servidumbre no se percatara de la suciedad particular de la tela. No quería por nada en el mundo, que se supiera lo que había pasado entre el rey y ella. Estaba segura de que se metería en más de un problema, y ya tenía suficiente con el trato que le daban por ser una traidora, para que también la tacharan como una ramera. Suspiró pesadamente y se sentó en el borde del colchón descubierto, sujetando con cuidado la toalla alrededor de su pecho. Giró levemente y miró el centro de la pequeña cama, le parecía curioso que ahora la encontrase chica, estando el rey junto a ella no se sintió con poco espacio.
El rey. Había huido en medio de la madrugada, intentando no meter ruido, pero ella estaba alerta, por lo que al primer movimiento del saiyajin, se había despertado. Lo había oído recoger sus pertenencias y salir silencioso del diminuto dormitorio, se había llevado todo, excepto la botella en el suelo. Se inclinó para poder recogerla, le quedaba un poco de líquido en su interior, el resto se había esparramado en el suelo, frunció el ceño, estaba segura de que la criada que fuera a limpiar, lo notaría. Dejó la botella sobre el buró y se encogió de hombros ¿Qué importaba? Un comentario más, un comentario menos, ya daba igual a esas alturas. Si todo el planeta se enteraba, el que estaría en problemas sería él, pues había sido infiel a su reina, ella no tenía compromisos con nadie, era él quien debía ser precavido, molesta dejó caer el nudo de sábanas sobre la cama.
Su reina. El día anterior le había dicho que Vegeta no estaba cumpliendo su deber marital, pero con ella no había tenido problemas de disfunción eréctil ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo pudo acostarse con ella si tenía ese tipo de problemas? No tenía sentido, su ego de mujer vanidosa le gritaba insistente la respuesta, pero su inseguridad le hacía ignorarla.
Se vistió con rapidez, su hijo despertaría en cualquier momento y prefería estar allí antes de que despertara. Aun no se acostumbraba a dormir en habitaciones diferentes, y cada vez que despertaba solo, hacía un escándalo difícil de calmar, que lo dejaba sensible el resto del día, por lo que había optado por estar allí antes de que se diera cuenta de que se había ido. Se vistió con un pantalón de jeans ajustado a la cintura, y un top de escote V de color burdeos con mangas cortas. Peinó su cabello, cepilló sus dientes, se echó perfume y desodorante, se puso unas zapatillas de lona y salió del cuchitril que tenía de habitación. Aun no comenzaba el ajetreo en el castillo, no del todo al menos, sabía que en la cocina la cosa era diferente, pues funcionaba desde el alba hasta un poco más del anochecer, a esa hora los pasillos se encontraban despejados, y los pocos saiyajin que se podía encontrar, eran guardias estáticos vigilando puertas, como las del aposento del príncipe heredero.
Cuando se encontró con el par de saiyajin de turno, tuvo que agachar la mirada, y avanzó observando la punta de sus zapatillas. No tenía que conocerlos, para saber que ya se habían dado cuenta de su presencia y normalmente no le importaría, pero incluso desde la distancia pudo reconocer la melena de Alek, y no se atrevía a mirarlo a la cara. Sus mejillas se sonrojaron de pudor, la tarde anterior se había percatado del interés que él tenía en ella, y le había gustado ¿Y ahora? Había permitido que el rey la tocara, se sentía sucia de algún modo e incluso culpable por lo que había pasado, «aunque no hubiera querido, él lo habría hecho de todos modos» se dijo, buscaba cualquier pretexto para sentirse menos culpable, sin embargo, no estaba segura del todo, con el hecho de que la hubiera forzado.
"No me rechaces" le había dicho, algo en aquella combinación de palabras, le alertaba de que lo que tenía en mente el rey, nunca fue el forzarla ¿Por qué ese repentino cambio? ¿Tenía que ver con su borrachera? Más importante aun ¿Recordaba lo que había pasado? El calor aumentó en su cuerpo al rememorar los besos que respondió, el deseo que le surgió con cada caricia y lo decepcionada que se había sentido cuando le había pedido disculpas, por no prepararla debidamente para la penetración, suspiró ¿Qué es lo que esperaba?
―Buenos días, princesa ―la voz de Alek la sacó de sus pensamientos y por inercia, le hizo levantar la cabeza y mirarlo. Sus ojos negros, amables, casi compasivos en comparación a cualquier otro saiyajin, la observaban fijamente con un brillo inusual, y la joven madre se sintió pequeña de pronto, los nervios le asaltaron, preguntándose si acaso él ya sabía lo que había hecho y al mismo tiempo ¿Por qué le importaba? Tragó en seco, sintiendo aun sus mejillas acaloradas y asintió en su dirección.
Era el único que le hablaba, que le saludaba y era atento con ella, por lo que cuando llegó junto a ellos, le abrió la puerta del dormitorio y se hizo a un lado para dejarla pasar. Bulma volvió a asentir, a su modo queriendo darle las gracias, y al hacerlo levantó nuevamente la vista hacia él y giró rápidamente hacia el frente cuando le sorprendió mirándole el escote. Apenada, entró caminando a paso rápido, esperó que cerrase la puerta y suspiró agotada ¡Y el día recién comenzaba! Mordió su mejilla interna derecha y caminó dando pisadas suaves sobre la fina alfombra, hasta llegar al borde de la cama de su hijo, amarró los extremos de la tela delicada del dosel, despejando la entrada y se sentó con cuidado, observándolo. Trunks estaba esparramado de espaldas en el lado izquierdo de la cama, con piernas y manos abiertas, su nariz hacía un ruido chistoso, seguramente por su peso. Su bebé era un niñito sano, pero regordete, creía que cuando diera su primer estirón, eso cambiaría. Esperaba en el fondo, que sacara la altura de su abuelo paterno, tanto ella como Vegeta eran bajos, su hijo debía superarlos en todo ámbito, rogaba porque fuera así.
Después de verlo dormir unos minutos, se puso de pie y buscó la ropa que le pondría ese día. No tenía claro los planes, quizás un paseo por el jardín estaría bien. A ella le pondrían problemas si iba sola, pero si el heredero a la corona era quien visitaba el jardín de la realeza, tendrían que aguantarla.
―Pero tendría que cruzar todo el castillo para ir por la parte trasera, y así no pasar por los pasillos en que transita Vegeta ―susurró para sí misma, mientras recogía un babero y un traje azul corto de saiyajin. Observó el feo atuendo y suspiró, a su hijo le gustaba el estilo de ropa, era quisquilloso incluso con la ropa y cuando debía ponerle ese horrible traje, saltaba feliz y lo modelaba vanidoso, lo que le apretaba el pecho cada vez que lo veía.
Parecía que su hijo estaba orgulloso de su cultura saiyajin sin siquiera conocerla, al final, la única que no estaba de acuerdo en que creciera en ese ambiente era ella. Económicamente e incluso políticamente, actualmente, ser el heredero del imperio saiyajin era una oportunidad que cualquiera desearía. El imperio se había vuelto la mayor potencia galáctica, era tener un futuro asegurado de comodidades y prestigio, y Trunks representaría todo eso en algún momento, le dolía el alma cada vez que lo pensaba.
―Mama ―giró hacia la cama al oír la vocecita infantil, donde el niño sentado y restregándose los ojos, la miraba―mama, ven.
―Buen día, amor ―dijo sonriéndole. Obedeció la petición del menor sin pensarlo y llegó a su lado, alcanzó a poner la rodilla sobre el colchón y el bebé se le lanzó encima. Lo tomó con dificultad sobre sus piernas y se sentó en el borde, besó su frente, luego su mejilla izquierda y derecha, repitiéndolo un par de veces, haciéndolo reír a carcajadas. Cosas tan simples como esas, a Trunks le encantaban.
Después de darle un baño, ponerle un pañal limpio y aplicarle loción, las criadas aparecieron con los alimentos del menor. Insistían en llevarle un variado menú, casi igual que el de un saiyajin adulto y aunque les había dicho en reiteradas oportunidades que la alimentación de su hijo no era tan extensa, seguían trayendo enormes bandejas con frutas, carnes y cereales. El menor, apenas vio el carro con comida, aplaudió enérgico y quiso lanzarse a sacar la pierna de un animal, pero Bulma fue más rápida y lo alejó a tiempo. Trunks se sacudió entre sus brazos, gimoteando y exigiendo la comida que él quería, pero la joven madre ignoró sus quejas, en cambio, descargó su rabia-controlada-con las criadas.
―¡Les he dicho que no traigan esas cosas! ―Exclamó molesta, la primera criada, Mona, asintió en su dirección, pero no retiró la bandeja.
―Lo siento, princesa ―dijo con un tono suave de voz―pero del departamento de salud, enviaron una lista de alimentos que el príncipe Vegeta debe consumir. Solo estamos siguiendo las indicaciones.
―¿Del departamento de salud? ―Preguntó confundida―¡Pero si es un niño de dos años! traen un banquete como para un adulto ¿Estás segura que lo envió el departamento de salud? ―Preguntó frunciendo el ceño, Virgin que llegó a su lado, asintió y comenzó a trozar la carne para dejarla en un plato―¿Iris sigue al mando del departamento?
―Sí, princesa ―respondió Mona―¿Qué desea desayunar? ―Bulma no respondió, en cambio, observó a su hijo que seguía haciendo escándalo entre sus brazos, hablar con Mona y Virgin era como hablar con una muñeca, tenían solo respuestas automáticas, no había una conversación real. Recordó a Lila, la criada que le ayudó tantas veces cuando llegó al planeta, y una ola de culpa le invadió. Desde que se había ido, pocas veces pensó en ella y mucho menos desde que regresó, llevaba un poco más de dos semanas en el planeta y no la había visto ni una sola vez ¿Seguiría allí? de pronto, sintió la necesidad de saberlo. Era extraño, desde un comienzo le fue imposible no recordar situaciones de su pasado, pero hablar de Iris y recordar a Lila, se sentía como si fuera esa misma Bulma de 15 años, que las necesitó, y la ayudaron siempre que pudieron. Ahora las necesitaba, sonrió sin ganas «soy una mierda, solo por eso pensé en ellas».
―¿Lila, sigue trabajando aquí? ―Preguntó, ambas criadas se miraron entre ellas y fue el turno de Virgin de responder, algo dudosa en opinión de la joven madre.
―No la conocemos ―Bulma asintió sin responder y tomó un plato de cereales, y se los ofreció al menor.
―Necesito ir a hablar con Iris ―murmuró sin mirarlas, insistiéndole a Trunks que le recibiera el platito, pero el niño quería el trutro de animal e intentaba botar el plato que le ofrecía―¡No! Eso no se hace, hijo ―le regañó frunciéndole el ceño―Trunks, no sigas ―le advirtió, pero aquel tono de voz no le provocó nada al menor y se inclinó hacia delante, logrando su cometido, dándole un fuerte golpe a la muñeca de la joven y de paso, haciendo que botara el plato. Bulma se quejó, no solo por el actuar del niño, también por el golpe, hacía tiempo que el niño no le golpeaba, sus ojos se llenaron de lágrimas, dejó al niño sobre la cama y se puso de pie, sobándose la zona dañada.
―¡Princesa! ―Exclamó Mona―iré por ungüento ―Bulma negó sin dejar de acariciarse la mano, y antes de poder hablar, oyó el llanto explosivo del bebé. Giró confundida a verlo, pero el niño seguía en su sitio y la miraba sin dejar de chillar y llorar, con los mofletes rojos por el esfuerzo y su entrecejo arrugado. Reconocía ese berrinche, era la culpa, su forma de lidiar con sus sentimientos, pero en ese momento no se sentía capaz de calmarlo, no podía concentrarse con el punzante dolor de su mano.
―N-no ―negó―iré a ver a Iris ―insistió, y al ver el rostro de sorpresa de las criadas, supuso el problema enseguida―siento pedírselos, pero ¿Pueden ver a Trunks, mientras? ―sus rasgos pintados de pavor fueron la respuesta y Bulma medio sonrió, las entendía, ya habían tenido un encuentro desagradable con el menor, no quería exponerlas―bien… ―murmuró pensativa.
Era sencillo pedirles que la llamaran, así Iris llegaría con sus herramientas y le revisaría la mano, pero quería algo más de la mujer experta. Se había acostado con el rey, y necesitaba urgentemente prevenir consecuencias. No podía tomar anticonceptivos mensuales, pues seguía amamantando-no constante, pero lo hacía-y debía ver alternativas, sin embargo, no creía adecuado pedirles que le dijeran que trajera ese tipo de materiales, y no se atrevía a enviar una nota, no confiaba del todo en ellas. Suspiró cansada, era temprano para tanto problema, entrecerró los ojos cuando el bebé gritó más fuerte, como queriendo llamar su atención, claro, aun no le decía "que todo estaba bien, que no le había hecho daño", y así el menor seguiría con su infantil vida y se olvidaría del daño.
―Trunks ―le llamó, el menor olfateó el aire y dejó de chillar por un momento para escucharla―no… ―sentía la necesidad de regañarlo, pero sabía que, si lo hacía, el llanto sería peor―n-no llores, mamá está bien ¿Sí?
―N-no ―gimoteó, dando saltitos al ritmo de su respiración―mama lele ―Bulma parpadeó sorprendida ¿Su llanto no era una actuación para que lo perdonara? Parecía realmente preocupado por ella, y no pudo evitar sentirse conmovida. Volvió a sentarse, esta vez a su lado, y soltó su muñeca golpeada, que ya se había hinchado y la piel estaba verde y morada. Con su mano sana, rodeó su pequeño cuerpecito y la acercó hacia ella―no hace más ―dijo sollozando y Bulma soltó una carcajada―¡No ríe! ―Se quejó molesto, dando un manotazo a la cama, intentando hacer énfasis en su protesta.
―Esta bien ―dijo―espero que no lo hagas de nuevo ―murmuró, repitiendo sus palabras a su manera―necesito que traigan a Iris, para que me revise la mano ―habló mirando a las criadas.
―Iré por ella ―Dijo Mona.
(…)
Sus pasos se oían ruidosos comparados a los de la criada. En el camino hacia el sector privado del castillo, se vía bastante servidumbre por el pasillo, Iris creía que no era buena idea estar paseándose en ese momento. Era la jefa del departamento, sí, pero quien la llamaba era catalogada como traidora al imperio, y si se le mantenía a salvo era exclusivamente porque el príncipe la necesitaba, estaba segura que le traería problemas el atenderla. Sin embargo, la sirvienta había sido clara, el famoso heredero había golpeado a su madre y necesitaba que la revisara, además, sentía curiosidad por verla. Ya había escuchado muchos rumores, como que la antes joven elegante, era ahora una mujer desvergonzada que vestía atuendos provocadores para llamar la atención, que era arrogante y desagradable.
Cuando llegaron a las enormes puertas de los aposentos del príncipe, la sirvienta fue rápida en abrirlas y dejarle pasar. Iris pocas veces visitaba las habitaciones de la realeza, recordaba vagamente la del rey, en ese entonces príncipe, cuando tuvo que revisar a la princesa. La habitación que se le había asignado al próximo rey era muy similar a la que había visitado por aquel entonces, la principal diferencia era la gama de colores, que la del pequeño príncipe tenía tonalidades claras, pero la calidad en los muebles y alfombras, cortinaje, era la misma. Pudo ver entre la delicada tela del dosel, la silueta de la joven.
―Iris ―le oyó decir―por favor, acércate ―su voz se oía quebrada, supuso que se debía al golpe. ―Hola, luces cansada.
―Hola ―le saludó cuando llegó a su lado, le dio una mirada rápida. Notó su cabello corto, lucía como una joven normal, vestía ropa diferente, cualquier rastro de la princesa que se paseaba por los pasillos saludando a todo el mundo, se había esfumado. Su rostro aun tenía rasgos infantiles, pero su mirada había cambiado, era como si observara todo desde las alturas, podía estar a unos centímetros de distancia, sin embargo, le pareció distante y esquiva.
―Déjennos a solas ―ordenó Bulma, mirando a las criadas. Virgin y Mona se observaron la una a la otra, después de dudar unos segundos, terminaron asintiendo. La princesa esperó a que cerraran la puerta, giró hacia Iris y habló con rapidez―siento mucho pedirte que vinieras, pero si iba a tu laboratorio, todo el mundo se enteraría.
―Un golpe en la muñeca no es la gran cosa ―dijo, encogiéndose de hombros―déjame ver ―murmuró, acercándose a la zona dañada, pero antes de tocarla, oyó un gruñido suave y se percató del pequeño que estaba apegado al brazo de su madre. Tenía los ojos celeste fijos en ella, analizándola, decidiendo si era una amenaza o no, podía notarlo en el brillo de sus bellos ojos. ―H-hola, príncipe Vegeta.
―No le llames así ―se quejó Bulma―tranquilo, Trunks. Iris viene a curar mi mano ―dijo sonriéndole, mientras levantaba la zona dañada y se la mostraba. El bebé hizo un par de pucheros y soltó su brazo, para dejar a la mujer actuar.
―Debes acostumbrarte ―dijo la doctora, mientras abría su maletín―es el próximo rey, quieras o no, es el príncipe Vegeta V. ―Bulma no respondió, en cambio frunció el entrecejo y arrugó los labios, mostrando su enojo de forma inconsciente.
―Como sea ―refunfuñó―necesito pedirte un favor ―susurró, como si alguien más pudiera oírlas. Tragó en seco cuando Iris tomó su muñeca y palpó la zona, los dedos de la doctora hundiéndose en su piel fue difícil de soportar, la vio alzar ambas cejas mientras examinaba su mano, y Bulma solo podía morder su labio inferior para aguantar el dolor. Trunks acarició su brazo y le dio un par de besitos llenos de baba.
―¿Cómo te hizo esto? ―Preguntó sin esconder la sorpresa―creo que te dejó un esguince.
―Quería comer carne ―murmuró sin sorpresa, no era la primera vez que le pasaba después de todo―le ofrecí un plato de cereal, quiso empujarlo y me pasó a llevar ¿Puedes sanarlo pronto? ―Preguntó, Iris la miró seria y Bulma medio sonrió nerviosa―quiero decir, un tratamiento rápido.
―Sí ―asintió buscando un frasco con un contenido aguamarina y vendaje―en unas horas sanará, quizá cinco o menos.
―Genial ―murmuró―pero, el favor que quería pedirte, se trata de otra cosa ―susurró mirando hacia la ventana, no lograba ver a los guardias que escoltaban las puertas del ventanal―necesito un tipo de anticonceptivo que no afecte la lactancia, Trunks aun no deja el pecho ―Iris detuvo sus movimientos y la observó fijamente, dejando los guantes a medio camino de sus dedos―¿Qué?
―¿Estás saliendo con alguien? ―Le preguntó con sorpresa. Bulma iba a responder, pero al ver que sus rasgos antes de asombro, cambiaban rápidamente a temor, guardó silencio. ―Bulma ―dijo con en tono severo, casi como una advertencia.
―No, no salgo con nadie ―murmuró confundida―pero, ¿Por qué reaccionas así? ―Iris se quedó pensativa, insegura de hablar, miró hacia afuera y luego hacia la puerta, la joven entendió su preocupación y habló con rapidez―no te oirán.
―No te metas en problemas ―dijo, casi en tono maternal―si el rey te descubre saliendo con alguien… puede correr sangre, y seguramente la tuya ―retomó su labor y terminó de poner sus guantes quirúrgicos.
―A Vegeta no debe porque interesarle si salgo con alguien ―comentó conteniendo la rabia. Le costaba trabajo desprenderse de sus propios pensamientos sobre él, era consciente de que con la existencia de Trunks, siempre tendrían algo en común, pero no era motivo para que se metiera en su vida, sus mejillas se enrojecieron al pensarlo.
―Sabes muy bien que no se trata de interés ―dijo, y tomó una gasa para humedecerla con el líquido colorido―fuese cual fuese el problema entre ustedes, fuiste su mujer y él no tolerará una falta de respeto así.
―Él está con su reina, y nuestro matrimonio fue cancelado de forma legal ―dijo orgullosa―por lo que no tiene ningún poder ni puede opinar al respecto sobre lo que haga o deje de hacer ―Iris tomó su mano con fuerza y la joven se quejó, Trunks gritó un fuerte "no", la princesa le sonrió al menor y besó su frente―todo está bien, hijo.
―Estás siendo muy temeraria ―murmuró―tus argumentos son sólidos, pero estamos hablando del rey ―no necesitaban explicarlo, ambas sabían a qué se refería, específicamente a los defectos de éste. Y Bulma, era mucho más consciente de lo que Iris creía sobre ello. ―Claro que te puedo ayudar, pero debes ir al laboratorio, no tengo nada aquí que te sirva.
Bulma asintió, pensativa, hubiera sido mucho más simple decirle que si iba a cuidarse en ese ámbito, era por culpa del mismísimo rey, pero prefirió guardar silencio. En parte, porque le apenaba, y a la vez, era su privacidad y no quería que siguiera divulgándose más su vida personal. Ir al laboratorio de Iris sería un problema, pensó, el único camino hacia el recinto de salud era por los pasillos principales y tenía prohibido transitar por allí. Arrugó el entrecejo ¿Qué sentido tenía evitarlo por los pasillos, si después él la buscaba para acostarse con ella? Al diablo, iría al laboratorio y no se escondería. No tenía porque hacerlo.
―Bien, ¿No hay problema con que me acompañe Trunks? Las criadas no pueden ni quieren quedarse con él ―Iris la miró sorprendida y negó, sonriendo.
―Imagino porque no quieren quedarse con él ―soltó riéndose, y miró al menor, que seguía mirándola fijamente, sin perderse detalle de sus movimientos, intimidándola―tiene dos años, e intimida más que un animal salvaje. Es igu―decía sin dejar de observarlo, sentía que en cualquier momento se le lanzaría encima y sería ella quien quedaría con más de un esguince.
―No lo digas ―la interrumpió con tono monótono―por favor, no lo digas ―y sonrió sin ánimo.
(…)
Tarble caminaba a su lado, leyendo desde su tableta digital un importante documento que le había enviado un general del cuadrante sur del imperio, a su otro lado, Kakarotto le seguía el paso, anotando las cosas importantes que decía y haciendo pequeños comentarios, y él en silencio, sin prestarles la atención que correspondía. Su mente seguía en aquel encuentro nocturno, recordando vagos momentos, y le desesperaba no saber más. Necesitaba todos los detalles, no solo porque se sentía en desventaja al escasearle información, también para su deleite personal. De forma inconsciente, el rey anhelaba saber qué había pasado para alimentar su ego masculino, ella había sido suya una vez más, aunque renegara de su presencia, y lamentara haberla visitado después de vociferar en su contra cada vez que tenía oportunidad, no podía negar el hecho de que se había acostado con ella, y para él, eso solo reafirmaba su poder sobre la princesa.
―¿Qué deberíamos hacer? ―Oyó a Tarble, giró hacia él y estrechó sus afilados ojos, como si eso le ayudase a entender el contexto de su interrogante. En cambio, su hermano menor, lo miró con sospecha y antes de que el rey pudiera mentir y actuar como si nada pasara, el príncipe le reprochó―no escuchaste nada ¿Verdad?
Vegeta no tuvo tiempo para mentir, o inventar alguna excusa. Iba a hablar, sin embargo, un destello turquesa que se le hizo familiar, llamó su atención. Detuvo su andar de forma inconsciente, entreabrió los labios, preso del asombro no pudo decir ni una palabra, solo observar a la distancia, a nada menos que la princesa caminando de la mano con su hijo. Fueron un millar de pensamientos los que se le cruzaron por la cabeza, desde el indiscutible orgullo que sintió al ver a su cachorro caminar por los pasillos de su palacio vestido con su traje real, hasta preguntarse ¿Qué mierda hacía la zorra paseándose por su castillo, cuando dio órdenes claras de que no la quería ver? Inhaló lentamente, y a medida que su pecho se inflaba de aire, sentía que la ira crecía y crecía, empuñó sus manos al mismo tiempo, temblando y su cola se desanudó desobediente de su cintura, sacudiéndose, haciendo que su capa se moviera sola por culpa de la extremidad felpuda. Pero su ira no fue solo por su desobediencia, verla allí tranquila, como si no estuviera haciendo nada malo le indignó en más de un sentido, se estaba tomando facultades que no le correspondían y eso no lo toleraría de nadie, menos de ella.
Antes de poder reclamar, o estallar en furia, sus ojos le prestaron atención innecesaria a su figura femenina. El atuendo vulgar que usaba le espantó, pero no porque se le viera mal, sino por el descaro de su parte de vestirse así y pasearse por el castillo, permitiendo que cualquier macho la viera ¡Era inaudito! ¿No tenía vergüenza? Era una princesa, no podía vestir ropas tradicionales y menos ella, exhibiendo sus cuerpo de esa forma era una falta de respeto, según el monarca. Se quedó congelado observándola, su ropa parecía pegado a su cuerpo como una segunda piel, sus curvas estaban allí, para quien las quisiera apreciar y debajo de esa tela, muchos podían imaginar lo que había, pero él lo sabía, y lo único que podía sentir-muy a su pesar-eran celos. No quería que nadie la viera así, que nadie imaginara sobre su cuerpo ni mucho menos que la miraran con deseo, que supieran de sus dotes femeninos, sentía la sangre hervirle con solo mirarla. Fue tanto su silencio e intensa mirada, que el par de saiyajin que lo acompañaban no tardaron en notar sus facciones de rabia y mirar hacia la dirección en que se encontraba la joven.
―Mierda ―murmuró Kakarotto―iré a hablar con ella. ―Y corrió hacia donde se encontraba la princesa junto al príncipe heredero.
―No puedes prohibirle transitar por el palacio, hermano ―habló Tarble, sin dejar de observarlo. Vegeta no se perdía detalle de la interacción entre su Mano y la joven, quien, al escucharlo, giró hacia donde se encontraban el par de hermanos y medio sonrió alzando una ceja, como si se burlara de él y Vegeta contuvo la respiración, intentando contener el grito de rabia que quedó atorado en su garganta.
―Claro que puedo, es mi castillo ―dijo entre dientes―y esa zorra no tiene ningún derecho a hacer lo que quiera, solo debe acatar ―terminó diciendo, mientras no despegaba la mirada de ella.
Tarble suspiró profundamente y le imitó, vio que Kakarotto asentía hacia la joven y volvía con ellos, en un trote suave que no requirió esfuerzo alguno para el saiyajin. Bulma en cambio, se quedó en su sitio esperando por la respuesta del guerrero.
―Dice que debe ir al departamento de salud ―murmuró―es el único camino, debe transitar por acá. ―Se excusó la Mano, encogiendo las cejas a modo de disculpa.
―Me importa una mierda ―soltó mirándolo con severidad y luego miró donde la princesa, e inhaló profundamente cuando la vio inclinarse para hablar con el bebé. Incluso desde la distancia pudo ver un poco más de su escote, como sus voluptuosos senos chocaron entre sí al apoyar sus manos en sus muslos, no pudo evitar desconcentrarse, el brillante-según él-argumento que tenía para quejarse, se le olvidó por completo y solo pudo bufar, molesto consigo mismo por caer en su embrujo. Era por ese mismo motivo que no quería verla, hacerlo era sucumbir a sus instintos primales a pesar de estar furioso con ella y odiarla.
―¿Por qué debe ir allí? ―Preguntó Tarble.
―El príncipe le golpeó la mano ―dijo y se apresuró en explicar al ver el rostro sorprendido del hermano menor del rey―no fue apropósito. Debe ir a que le revisen si ya puede quitarse el vendaje.
―Vegeta ―dijo el menor, pero el rey no le oyó. Estaba concentrado en mirar a la princesa junto a su hijo, carraspeó la garganta buscando su atención, no funcionó―¡Vegeta! ―el rey giró hacia él sin sobresaltarse, no dijo una palabra, solo le observó atento―Debe ir a revisarse la mano, solo será esta vez.
―Se está tomando atribuciones que no le corresponden ―dijo, y antes de continuar, oyó pasos acercarse y los tres giraron hacia el frente, justo a tiempo para ver a la princesa caminar hacia ellos. El rostro de la Mano palideció, giró hacia el rey alerta, en caso de tener que intervenir, Tarble también estaba en la misma posición. En cambio, el rey aparentaba una rabia silenciosa, sin embargo, estaba completamente embobado con la mujer culpable de sus desgracias. Sus ojos negros viajaban por todo su cuerpo, su rostro, su cabello, su sonrisa pedante y sus ojos engatusadores, lo que menos hizo fue mirar a su hijo que caminaba junto a ella, tomados de la mano.
―Iris no puede ir a mi cuarto ni al de Trunks ―explicó, deteniéndose a un par de metros de distancia, hablándole a Kakarotto. Vegeta frunció el entrecejo, esa actuación de hacer como si no existía no le gustó para nada, y antes de que la Mano pudiera responder, lo hizo él.
―Creo haber sido claro ―dijo, su voz se oyó gélida, un poco siniestra, pero la joven no se vio intimidada y eso le molestó aun más―no quiero verte en ningún rincón de mi castillo, como si no existieras ―terminó diciendo, con una sonrisa ladina. Sin embargo, los ojos zafiro de la joven lo inquietaron, ella alzó una ceja, casi mirándolo con incredulidad y él lo supo, entendió al instante su sonrisa sarcástica ¿Cómo podía escupir esas palabras, cuando en la noche había ido a su habitación a follarla? Su hipocresía le avergonzó, pero no lo demostró. Borró su propia sonrisa, y la miró con frialdad, intentando dar énfasis a sus palabras y antes de seguir hablando, una pregunta lo desestabilizó ¿Ella recordaba lo que había pasado? Seguramente, la joven no estaba ebria.
―Hermano ―intervino Tarble―es una excepción, yo te acompaño. ―dijo, suspirando. Pero la joven negó rápidamente, sacudiendo su melena de lado a lado, necesitaba ir sola a ver su asunto con Iris.
―Entiendo ―dijo, mirando al rey―solo será esta vez ―no esperó una respuesta y se dio media vuelta. Se inclinó para tomar al menor y lo apegó a su cintura, donde el niño la rodeó con sus propias piernitas y se asomó por el borde de su cuello sujetándose con sus brazos, para mirar a los tres saiyajin, estudiándolos en silencio. Sus ojos celestes pararon en cada uno, y volvió hacia su padre, no dejó de observarlo hasta que se perdieron en el pasillo. Eso le sirvió a Vegeta para dejar de mirar su trasero cuando se volteó, tragó en seco y resopló molesto por la situación.
―Maldita bruja ―dijo entre dientes―adviértele ―habló mirando con rabia hacia su Mano―es la última vez que le tolero esto, y si no hice nada ahora―mintió―fue porque estaba mi hijo.
―El príncipe… ―murmuró Tarble, ignorando la pataleta de su hermano―intimida bastante para tener dos años.
―Es mi hijo ―dijo con orgullo el rey― ¿Qué esperabas?
(…)
Observó su brazo derecho con recelo, recordaba haber usado el mismo dispositivo anticonceptivo cuando estuvo junto a él. Resopló al recordarlo, porque hacerlo era pensar en él, y no podía evitar enojarse al hacerlo ¿Cuánto más descarado podía ser? ¡Le exigía no verla durante el día y después iba a su cuarto! ¿Pretendía esconderla? Frunció el entrecejo al pensarlo, no quería que lo de la noche se repitiera, pero no podía evitar pensar en la reacción de Vegeta, actuando como si nada hubiera pasado ¿No lo recordaba? Sonrió sin ganas, seguramente era así, estaba borracho cuando llegó a su lado suplicándole que lo recibiera ¡Ahora todo tenía sentido! Él no hubiera actuado de esa forma estando sobrio, no habría sido amable ni mucho menos dedicado, pues estaba furioso con ella.
―Mama ―la joven madre giró hacia su hijo justo a tiempo para verlo asomarse por la puerta del sanitario, se quedó de pie en el umbral, vistiendo solo su pañal y arrastrando la toalla infantil―no domid.
―Ya voy ―respondió, enjuagó sus manos y cerró la llave.
Volvió con él en brazos hacia la cama. El niño se acostó sin poner excusas y se tapó con torpeza, se acomodó a su lado antes de que ella le imitara y tocó su pecho, Bulma sabía lo que quería, y no quiso negárselo. Si seguía buscándola así antes de dormir, su dependencia aumentaría y eso significaba que pasaría más tiempo con él. Lo amamantó unos diez minutos antes de que se durmiera, se quedó junto a él acariciando su cabello limpio después del baño y observando sus pestañitas, sus mofletes estaban acalorados, podían notarse a pesar de su tono de piel bronceado. Era difícil reconocer que se parecía a él, desde que había llegado al planeta, no paraba de oír la maldita frase "¡Es igual al rey! Solo que tiene el pelo de color raro ¿Por qué salió con ese color de pelo?" y ella fingía una sonrisa y explicaba que se debía a su padre.
Esperó unos diez minutos más antes de moverse, para evitar que despertara. Ordenó un poco la ropa del niño, que había quedado esparramada por el suelo. Sonrió al ver las manchas de suciedad en el traje, el niño había quebrado un montón de vasos precipitados en la oficina de Iris, pero la mujer no dijo nada ¿Qué podía decir? era el príncipe heredero después de todo. Lo que no le tenía muy conforme era la explicación a su dieta alimenticia, le habían indicado que al ser medio saiyajin necesitaba más nutrientes provenientes de proteínas animal, por lo que debía comer sí o sí carne y en grandes porciones, no como un adulto, pero más que un bebé humano.
Después de ordenar, besó la frente de su hijo, revisó la radio y apagó la luz de la lámpara. Salió de la habitación encontrándose con el par de saiyajin, Alek estaba de pie en el lado izquierdo, y giró hacia ella cuando la vio salir. Bulma le medio sonrió, en modo de despedida y caminó a paso rápido, intentando evitar su mirada a toda costa. Desde que había notado su interés en ella, había pasado por un par de sensaciones confusas, entre agradarle porque le subía el ego, e incomodarle al saber que la veía como una mujer, y que su trato se debía a eso, a la vez, se sentía extraña con él, después de lo que había pasado con Vegeta y era ilógico, pues con Alek no había cruzado más de veinte palabras, o tal vez un poco más, pero no podía comparar el vínculo que tenía con el rey-muy a su pesar-con el que tenía con un sujeto que recién conocía. Quizás era el saberse deseada, después de tanto tiempo sintiéndose miserable, saber que la veían con otros ojos no se sentía tan mal.
Se apresuró en ir a su habitación, y a medida que se acercaba, recordó al rey ¿Y si estaba allí otra vez? su corazón latió deprisa y su respiración se volvió pausada ¿Y si la trataba mal por su actitud de la tarde? O ¿Si buscaba otra noche de sexo? ¿Qué debía hacer? «Negarme, por su puesto ¿Por qué siquiera lo pienso? La respuesta es obvia» y tragó con dificultad. Suspiró con pesadez y aminoró el paso, intentando postergar el encuentro imaginario.
Cuando llegó a su cuarto, se quedó de pie unos minutos, pensando en sus opciones según los diversos escenarios con los que se podía encontrar, era absurdo pensarlo, después de todo, si él estaba allí esperándola o si la visitaba más tarde, todo lo que había planeado lo olvidaría al verlo. Suspiró nuevamente, y abrió la puerta, aun no encendía la luz cuando notó la silueta de una persona sentada en su buró, tragó en seco. Sintió su corazón latirle deprisa, casi en la garganta, su pulso entero se aceleró y respiró con dificultad, buscó el interruptor con torpeza, después de unos segundos, logró encontrarlo y presionarlo. Su ansiedad se vio truncada cuando vio a la reina Riander, sentada con los brazos cruzados y con los ojos cerrados. Los abrió lentamente y la observó con frialdad y Bulma se quedó paralizada.
«Ella lo sabe. Me va a matar». No quiso entrar, se quedó de pie en el umbral, pensando que sería más sencillo escapar o pedir ayuda desde allí.
―Entra ―ladró la saiyajin. Bulma no se movió―¿Qué estás haciendo? Entra.
―¿A qué viniste? ―Interrogó con desconfianza, pero su temor desapareció paulatinamente cuando se percató de su postura, y analizó mejor la escena. Si quisiera matarla, no se hubiera mostrado. se habría escondido, la habría sorprendido o ya lo habría hecho.
―El rey te folló ―respondió y Bulma se congeló. ―Me ayudarás a follar con él.
No fue una petición, fue una orden y la joven princesa sintió que todo daba vueltas a su alrededor, entró al dormitorio con movimientos lentos, un poco torpes, cerró la puerta detrás de sí y se acercó hacia la reina. Sería otra noche extraña, solo esperaba no arrepentirse después.
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N/A: Ufffff! quería actualizar hace semanas, pero por un montón de problemillas, no pude hacerlo... Espero que hayan pasado lindas fiestas :3
No sé qué decir al respecto del cap... mm solo advertir que se viene complicado, e insisto, aun le queda por recorrer al fic, de hecho, he pensado en dividirlo en dos partes, pero dentro del mismo fic. En fin, emm Bulma esta muy confundida (yo también lo estaría), quiero decir, es consciente de lo mal que le ha hecho Vegeta, pero a la vez, le cuesta desprenderse de los recuerdos "buenos", es enfermiza la cosa. Vegeta para qué hablar, la odia, le tiene rencor, pero la desea y es la peor combinación para él, a mi me encanta hahaha.
Me costó escribir, tengo muchos problemas en la vida real hahahah xD pero, espero que no tenga muchos errores ortográficos y gramaticales, y sobre todo, que les guste (quizá no tanto como avanza la trama xD pero si la redacción y lo que les hace sentir xD no sé si se entiende)
Bueno, espero que estén muy bien, nos leemos!
PD: como saben, sigo sin trabajo y la situación en mi país está pésima :c se reciben donaciones po , a las que han donando antes, se lo agradezco infinitamente, me ha sido bastante útil u-u
