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Capítulo 13
Envidia
No recordaba haber transitado por ese sector del palacio antes. La reina Keel le había dado las indicaciones, de no ser así, no hubiera conseguido llegar sola. Era extraño platicar con la madre de Vegeta, como si siempre hubiesen tenido una relación cordial. Sabía que, si la relación ahora era grata, se debía a Trunks, miró al niño que caminaba lento a su lado, tomado de su mano derecha, balbuceando algo incomprensible. Era difícil no imaginar su vida si las cosas hubieran sido diferentes, como se había preguntado Keel antes, si no hubiera planeado ese ataque en su contra ¿Trunks habría nacido antes? No le gustaba la idea de ser madre adolescente, pero no dejaba de pensar que quizá, si hubiera sido así, seguiría junto a Vegeta y Keel habría cambiado de actitud «deja de pensar tonterías» se dijo, no se daba cuenta cuando su mente le jugaba esas malas pasadas, y se veía a sí misma imaginando como sería su vida si hubiera tomado otra decisión o si las cosas se hubieran dado de otro modo. Y lo que le molestaba, era el seguir pensando en una vida al lado de él, porque eso dejaba expuesta una verdad que dolía, que no había superado su relación enfermiza y que, si Riander no hubiera aparecido en la ecuación, habría vuelto a él.
Le daban ganas de vomitar.
Suspiró con pesadez y miró al niño, Trunks daba pisadas sonoras, le gustaba el ruido de la suela de sus botas al chocar con el azulejo, ninguna zapatilla con luces lograba eso. Siempre le costó vestirlo, desde que habían llegado a Vegetasei, que eso había cambiado. Le encantaba usar su trajecito azul, y si fuera por decisión del menor, no se quitaría la capa jamás. Quizá lo asociaba a un héroe, o tenía pésimo gusto, pero ayudaba a no pelear con él por las mañanas, aunque sus discusiones habían cambiado de horario, y el problema era en la noche, cuando debía bañarlo y ponerle el pijama.
La sala de incubación estaba cerca del aula médica en donde trabajaba Iris. Para ser un sector del palacio donde las paredes estaban resguardadas de acero frío, no se sentía el ambiente fresco ni incómodo. Estaba más iluminado de lo que recordaba, miró atenta cada detalle de la infraestructura, en el techo pudo ver el aire acondicionado y las tuberías apiladas ordenadamente en las esquinas.
―Debe ser por aquí ―susurró. Siguió las tuberías unos minutos más, hasta doblar hacia la izquierda, por un pasillo espacioso avanzó unos cinco metros hasta encontrarse con dos puertas de acero con un pequeño ventanal y un letrero decorándola que decía "cuarto de incubación". Se asomó por la orilla del vidrio, pero no consiguió ver mucho. Abrió la puerta con suavidad y antes de entrar, Trunks soltó su mano y trotó hacia el interior―¡Trunks!
Su voz se oyó con eco entre el silencio de las paredes. El niño no le prestó atención y siguió su recorrido, curioso revisando todo a su alrededor. Bulma entró rápidamente y antes de ir por su hijo, notó a los tres saiyajin de pie en el centro de la sala. Se quedó estática por unos segundos, los ojos negros del rey la intimidaron, pero actuó con calma y asintió hacia ellos. Laurel la miró entusiasmada y Tarble le sonrió orgulloso, seguramente sabían el motivo de su presencia allí. No quiso centrarse en Vegeta, en cambio, miró el resto de la habitación, así como lo hacía Trunks. Había al menos unas diez incubadoras en el cuarto, solo una en uso. Las demás estaban vacías, llenas de cables y electrodos de salud, listas para usar.
―Hola ―saludó después de dar una rápida mirada a la sala―Trunks, ven ―le llamó. El menor tocaba el vidrio de una incubadora que se encontraba en el fondo, le daba palmadas como si midiera su resistencia―no hagas eso ―murmuró y fue tras de él.
―¡No, mama, no! ―exclamó cuando la joven lo tomó en brazos y lo alejó de su diversión. Por inercia, se abrazó como un koala a su cintura y rodeó su cuello con sus bracitos cortos―¡Mama! ―gimoteó, queriendo que lo bajara.
―Siento eso ―murmuró apenada, caminando hacia ellos. Se sentía extraño compartir en la misma habitación con Vegeta, aunque fuera ignorándose. El solo hecho de estar juntos en un mismo cuarto, después de todo lo que habían vivido, se le hacía incómodo.
―¡Descuida! ―exclamó alegre Tarble. La joven sonrió al príncipe, no lo veía así de feliz desde la celebración del festival por la luna―es normal.
―La reina me dijo que la bebé ya nació ―soltó ansiosa, queriendo ver al recién nacido.
―¿Qué reina? ―preguntó Vegeta. Su voz seria resaltó entre tanta alegría y cambió el ambiente de repente, tensándolo. Bulma lo miró con calma, sabía que no era el momento de discutir ni provocarlo, y estaba cansada de todo eso.
―La reina madre ―murmuró y guardó silencio unos segundos, y sin pensarlo, continuó―bueno, ahora la reina regente también será madre. La madre de ustedes, Keel. Ella me lo dijo. ―cuando se percató, ya había soltado todo ello. Tragó con disimulo, esperaba no haber sonado celosa o malintencionada, prefirió cambiar de tema con naturalidad y sonrió hacia Tarble y Laurel―Bueno ¿Qué tal todo? ¡Cuéntenme!
―Ven a verla ―murmuró ansiosa Laurel, haciéndole señas con la mano. Bulma sonrió contagiada de su alegría, cualquier rastro de la saiyajin seria y disciplinada había quedado en el pasado, tenía en frente a una mamá orgullosa―¡Su nivel de pelea es muy alto! ―y la princesa frunció el entrecejo sin dejar de sonreírle, quizá no todo había cambiado.
―Oh… me alegro ―susurró y se acercó a la incubadora. Abrió sus ojos de par en par cuando la vio. Era grande, aparentaba ser un bebé humano de dos meses aproximadamente, le pareció incluso que era más grande que Trunks cuando nació. ―Que… grande ―susurró―¿Qué diablos pasa con su cabello? ―preguntó con espanto. La bebé tenía el pelo largo para ser un recién nacido, su flequillo estaba separado en medio, las puntas bien definidas caían sobre sus cejas y el resto caía como una melena corta, más que la suya, hacia los lados donde las puntas eran las más largas.
―¿Qué tiene? Es hermoso ―se acercó Tarble―Es como el de Laurel.
―Pareciera que pasó al salón de belleza ―murmuró sin dejar de mirarla. Tenía una mascarilla sobre la boca y nariz, muchos electrodos pegados al cuerpo. El líquido aguamarina llenaba el recipiente, abajo, en la base, había cuatro círculos con rejillas, de donde salía y se filtraba la solución acuosa. La cola de la bebé se mecía de lado a lado por las corrientes del agua, hacía movimientos con su boquita y encorvaba las cejas. Bulma reconoció ese gesto, Trunks lo hacía cuando quería amamantar―¿Cuánto tiempo, estará aquí?
―Hasta que se desarrolle lo suficiente ―habló Laurel, tocando el vidrio―que pueda caminar y comer sola.
―Entre tres a cuatro años ―dijo Tarble―a veces menos, depende del ritmo de su desarrollo.
―Trunks hacía eso ―dijo, y el menor al escucharla, giró hacia la incubadora y balbuceó participando de la plática―movía su boca, un acto reflejo. Busca a su madre para amamantar. ―Y apuntó a la bebé.
―No ―negó Tarble―los saiyajin no pasan por eso. Trunks es mitad humano, por eso en él tiene sentido, pero en Ery, no tiene mayor significado. ―Afirmó.
―¿Ery? ―Preguntó mirando al príncipe―¿Así la nombraron?
―Así se llamaba mi madre ―murmuró Laurel sin dejar de mirar a la bebé. Bulma le imitó y sonrió con nostalgia, toda la situación la dejó un poco más sensible. No hablaba con su madre desde hace unas semanas, y ver a Laurel con su hija, aunque la saiyajin no la estaba amamantando como lo haría un humano, le recordó su experiencia con Trunks. Cuando no sabía qué hacer con él, porqué lloraba o se quejaba, qué quería y como cumplir con sus requerimientos sin que llorara, su madre le ayudó en esos días oscuros. Lo había pasado mal, tener que cuidar otra vida no era sencillo y sobre todo cuando dependía completamente de ti, a pesar de tener el apoyo de su familia en ese momento, se sintió profundamente sola y lloraba todo el tiempo.
Iba a comentar algo, cuando vio a Tarble acercársele a Laurel y poner su mano en su hombro derecho, la saiyajin no lo apartó, al contrario, su mano izquierda se posó sobre la del príncipe y para la joven, fue una escena agradable de ver. Giró hacia Vegeta, desvió la mirada rápidamente hacia el bebé cuando notó que él la miraba, no se dio tiempo para estudiar su rostro amargado, suspiró profundamente y miró a la pareja. Tarble lucía feliz ¿cómo no estarlo? Había tenido un hijo con la mujer que amaba, y Laurel ¿qué sentiría por él? Debía interrogarla, pero por lo que podía apreciar, parecían una bella familia. Volvió a mirar a Vegeta, esta vez el rey no la miraba, algo en su pecho dolía, ver a Tarble con Laurel le hacía sentir fuera de lugar. Ella no encajaba en esa sala y sintió la necesidad de salir de allí, pero la mano de Trunks sobre el cristal la sacó de sus pensamientos.
―No, cariño ―murmuró―no toques, solo mira. Ella ―le apuntó al bebé―es tu primita, debes cuidarla ¿sí?
―No, a mama ―Bulma abrió los ojos con sorpresa ¿entendía lo que le pedía? Le sonrió con ternura y le besó la mejilla con efusividad. Eran esos momentos en los que valía la pena cada sufrimiento que arrastró al ser madre primeriza, Trunks le hacía olvidar lo malo. El niño soltó una risotada por su ataque repentino de besos, y tomó su rostro para imitarla, y así, olvidando que no estaban solos, juguetearon un par de minutos.
―Viendo a Bulma con el príncipe ―habló Laurel, llamando la atención de la princesa―creo que hubiera sido agradable criar a Ery…―Tarble encogió las cejas y le sonrió, la saiyajin estaba más sensible que con el embarazo ¿era eso normal? Le preguntaría a Iris más tarde. Giró hacia la princesa que había parado su juego, pero su sobrino seguía dándole besos y riéndose solo.
―¿Y no la puedes sacar? ―preguntó curiosa, intentando desviar la atención de su escena vergonzosa con su hijo. Había olvidado que no estaban solos y, sobre todo, quienes los acompañaban, ni siquiera quiso mirar la reacción del rey, fingió que no estaba allí.
―Es que, las saiyajin no producen leche ―explicó Laurel―y, nuestra fisionomía está preparada para que después del parto, podamos seguir combatiendo ―Bulma y Laurel se concentraron en la plática ignorando a los hermanos, Tarble se alejó de ambas y se acercó a su hermano, que silencioso, observaba toda la interacción.
El príncipe, sin dejar de sonreír, miró a Laurel y luego a su hija en la incubadora. No había sido fácil llegar hasta allí, a lo que tenía, lo que habían construido, pero había valido la pena. Sabía que la historia personal de la saiyajin no era simple, se lo había dado a entender muchas veces, y aunque siempre quiso saber el porqué, no quiso presionarla y la dejó solucionar sus asuntos. Una vez que estuvo lista para él, la recibió con los brazos abiertos. Ahora estaban allí, mirando con admiración lo que habían creado juntos. La veía platicar y preguntar entusiasmada a la princesa, era como si para lo único que hubiera nacido la saiyajin fuese para ser madre, lo que realmente la llenaba como individuo. Desde que se había embarazado, que lo quería saber todo, cualquier anécdota le ayudaba a comprender por lo que estaba pasando. Por eso le divertía verla ahora, interrogando a la princesa sobre su embarazo y sobrino. Verlas platicar le agradaba, podía quedarse todo el día escuchándolas, suspiró profundamente y giró hacia su hermano, que, con los brazos cruzados, miraba la escena.
―Verlas así… ―murmuró a su hermano―es como si Bulma, nunca se hubiera ido ¿no te parece?
―Pero no fue así ―respondió sin mirarlo―se fue, traicionó a nuestro imperio. ―prefirió decir, en vez de "me traicionó". Intentó que en su voz no se percibiera el rencor, en parte porque todavía se esmeraba en demostrar que, para él, Bulma no tenía ninguna importancia a esas alturas y a la vez, no solo se trataba de convencer al resto, sino que también a sí mismo.
Después de la noche vergonzosa que había pasado con ella y Riander, había concluido que la culpa era suya, por dejar que la princesa se tomara atribuciones sobre él, que si ella se había dado cuenta de la influencia que tenía, era porque él mismo se lo dejó entrever al recaer una y otra vez por su deseo. Eso debía cambiar, de alguna manera había conseguido no ir a su habitación a pedir más atenciones, pero había costado. Cada noche, maldiciendo, obligándose a concentrar su energía en otras cosas, y ahora verla allí, platicando y riendo como si no estuviera, le parecía una burla de muy mal gusto. No quería reconocer que, él pensaba similar a su hermano, con la diferencia, que sus sentires se mezclaban con reproches, lo que le enfurecía ¿algún día dejaría de importarle? Estaba todo muy reciente, se dijo, después de todo, aunque le costara asumirlo, Bulma había cambiado su vida en muchos aspectos, su paso por ella y luego su huida, lo había marcado y eso no se borraría fácilmente.
Contuvo el bufido y miró a su hijo, que seguía en brazos de la princesa. El niño balbuceaba y movía sus manitos, como si participara de la plática, y se le escapó la sonrisa al verlo. Ahora que Bulma transitaba por todo el castillo, ya no tenía caso seguir evitándola, era el momento de acercarse a él ¿no? De ser un padre para él. Su corazón latió con fuerza al pensarlo, el nerviosismo fue inmediato ¿cómo era ser un padre? ¿dónde leía indicaciones? Así como su sobrina, Ery, y él mismo y toda la población saiyajin, los niños de la edad de su hijo no se relacionaban con adultos hasta que pudieran comunicarse, entonces ¿cómo lo hacía con su hijo? ¿cómo partía? ¿a quién podía pedirle un consejo? Se sentía confundido, pensar en su primogénito era igual de complejo que pensar en su madre, a diferencia de que a él quería acercarse y de Bulma, quería levantar una muralla de 60 metros a su alrededor y no verla nunca más
―Hay reunión ―oyó detrás. Giró solo su rostro, para ver a Riander de pie en el umbral. No la sintió llegar, estaba tan sumido en sus pensamientos que bajó la guardia. Su voz se hizo notar en la sala, se oyó solemne y segura, tanto que Laurel y Bulma detuvieron su platica para verla.
―¿No habías visitado a mi hija? ―preguntó Tarble, intentando apaciguar el ambiente. Incluso él podía notar que la reina venía con cierta hostilidad, y no sabía como iba a reaccionar Bulma. No solo quería que las cosas fueran amenas para ahorrarse un mal rato, también porque no quería que Ery sintiera un ambiente tenso a su alrededor, había leído que los bebés eran sensibles a su entorno.
―No ―negó adentrándose a la sala―no había tenido la oportunidad. ―Miró al rey, quien había vuelto su atención en la incubadora o en la princesa, no lo podía adivinar en su totalidad. Pero la idea no le agradaba, era absurdo que lo celara, ya había conseguido embarazarse, sin embargo, no dejaba de preguntarse si ahora ellos mantenían una relación y la idea le revolvía las tripas. Saber de Vegeta con otra hembra no le quitaba el sueño, pero si era con la humana las cosas cambiaban.
―¿Te incomoda? ―preguntó Tarble a su hermano, al ver a la reina caminar hacia Laurel y Bulma. Miró al rey atento a sus rasgos, el mayor se encogió de hombros y no respondió―lo digo porque… ya sabes, estar en la misma habitación que Bulma y Riander… no lo sé, a mí me resulta incómodo, pensé que para ti sería peor ―vio al rey fruncir el entrecejo, la comisura derecha de su labio temblar, así que decidió callar.
¿Qué si le incomodaba estar en la misma habitación que Bulma y Riander? «al menos ahora están vestidas», pensó. No era fácil de soportar, a su memoria venían recuerdos de esa noche, pero lo que realmente le irritaba era que las cosas se hubieran dado de ese modo. Aunque le había demostrado a la joven que no tenía problemas de erección, seguía avergonzándose por el que lo supiera, más aún cuando el real problema era que quería hacerlo con ella y no con Riander, y ambas lo sabían. Quizá debería salir de allí, pero era humillante hacerlo.
―¡No! ―la vocecita infantil de su hijo lo salvó de sus pensamientos, alerta miró en su dirección y lo vio forcejar con los brazos de su madre―¡baja! ¡Tuns quede baja! ―repetía, pero la joven seguía platicando con Laurel―¡Mama! ―exigía su atención. Bulma lo miró por unos segundos y se inclinó hasta dejarlo en el suelo, dándole en el gusto. Solo se perdió unos cuantos segundos en el pantalón apretado de la princesa, y se concentró en su hijo.
El príncipe heredero aplaudía mientras avanzaba. El rey lo estudió en silencio, intentando comprender sus acciones y conocerlo un poco antes de acercarse. Lo vio dar pisadas medidas, como si admirara sus propios movimientos, hacía sonar fuerte las suelas de sus botas en el azulejo y aplaudía con más intensidad cada vez que lo hacía. Su melena lacia se mecía con cada movimiento, se detuvo unos minutos y se rascó arriba del trasero, donde debería ir su cola. Vegeta frunció el entrecejo, y sin siquiera pensarlo, caminó hasta él. El niño al verlo aproximarse hizo el intento de huir, pero luego cambió de opinión y se quedó en su sitio, como si quisiera hacerle frente. Todos en la habitación miraron la interacción de ambos, algunos sorprendidos, otros, alertas como su madre.
Se agachó a su altura, lo miró a los ojos y notó que el color azul de su hijo era más claro que el de Bulma, casi color cielo, los de su madre parecían dos zafiros. Trunks lo miró con desconfianza, arrugando sus pobladas cejas y con sus labios encorvados hacia abajo, intentando intimidarlo. Medio sonrió al verlo, le tomó la punta de su capa y el menor se la arrebató con fuerza, y la recogió para abrazarla a su pecho.
―No te la quitaré ―le explicó, pero el niño no respondió, solo lo observó fijamente, casi sin parpadear. ―Déjame ver acá atrás… ―murmuró, acercándose con lentitud hacia su pantalón azul. Trunks no se perdía detalle de lo que hacía, lo dejó tocar la tela, pero no bajarla, cuando lo intentó, se apartó rápidamente y gritó fuerte.
―¡No! ―exclamó a todo pulmón, sobresaltando a los presentes. Bulma corrió hacia el niño y llegó con él para calmarlo. Se agachó a su altura y lo abrazó, pero Trunks no soltó su capa ni dejó de mirar al rey en ningún momento.
―¿Qué estás haciendo? ―le preguntó la joven, Vegeta la miró por breves segundos y volvió a intentar bajar sus pantalones―todavía usa pañales… ―le explicó.
―Que voz más molesta ―dijo la reina, mirando la situación. Bulma giró hacia ella con el ceño arrugado y habló sin esconder su rabia.
―Así son los niños ―habló rápido―bueno, lo sabrías si ya tuvieras uno. Pronto lo entenderás. ―Se perdió la mirada llena de odio de la reina, en cambio, giró con rapidez hacia Vegeta que seguía intentando bajar sus pantalones―si me explicas qué quieres hacer, te puedo ayudar.
Vegeta frunció el entrecejo y levantó la mirada hacia ella, le hubiera gustado gritarle que sabía cómo tratar a su propio hijo, pero no era así «y es por tu culpa», se respondió. Creyó que vería soberbia o burla en su rostro, pero no fue así, la joven lo miraba con atención y curiosidad en sus rasgos, desvió la mirada al ver sus ojos fijos en él, no caería en su trampa tan temprano por la mañana.
―Se rascaba ―murmuró mirando el pantalón del bebé. Su pelvis se veía inflada, no acorde al cuerpo del niño ¿era a lo que se refería con "pañales"? intentó acercarse nuevamente, pero esta vez Trunks le lanzó un manotazo al aire, para que no lo tocara. Se le apretó el pecho, ver su rechazo le dolió en tantos sentidos que no lograba procesarlo del todo. Debía ser paciente, el niño no se había relacionado con él desde que habían llegado. En dos meses recién se acostumbraba al palacio y su gente, no podía pedir que confiara tan rápido en él «pero no debió ser así» se lamentó y miró a la joven, resopló con rabia. Si no se hubiera ido y escondido a su hijo, no estaría pasando por esos malos ratos ¡la odiaba tanto por eso!
―¿Sí? ―cuestionó la joven y volteó al menor para ver su espalda. Vegeta miró con rabia como la princesa podía mover al menor, tocarlo y quitarle prendas sin que se quejara o intentara golpearla. Observó mudo como Bulma le bajaba el pantalón, alzó una ceja cuando vio lo que parecía ser ropa interior, blanca y de un tipo de plástico cubrir su trasero. La joven despegó uno de los broches delanteros del pañal y le bajó levemente, evitando mostrar sus partes íntimas a los presentes, hasta ver arriba de su trasero, la zona enrojecida y un círculo de tono claro sobresalir «su cicatriz» pensó y tragó en seco.
―Es su cola ―susurró el rey, se quitó el guante derecho e intentó tocarlo. Su mano temblaba ligeramente, escuchó los pasos de Tarble a su espalda. Su hermano se inclinó para observar cuando llegó a su lado, mientras que el niño se abrazaba al cuello de su madre, dejando que le vieran el final de su espalda.
―¡Dijeron que en unos meses volvería a crecer! ―exclamó alegre el príncipe y Bulma frunció el entrecejo. Acercó su mano izquierda para revisar la zona, pero antes de tocarlo, chocó con la mano del rey. Separó su mano de la suya con rapidez, una estupidez, pues él había tocado mucho más que su mano en innumerables ocasiones, pero la joven lo sentía diferente… un beso, tomarse de las manos, esos actos demostraban afecto y ninguno lo sentía por el otro.
―¿Cuándo dijeron eso? ―preguntó Bulma, actuando con normalidad después del roce de sus dedos. Vegeta ignoró su pregunta, y decidió tocar la protuberancia con suavidad, nunca se le había arrebatado su rabo, pero sabía que era doloroso para el saiyajin el proceso de corte y crecimiento. Pasó la yema de sus dedos por la zona, la piel estaba enrojecida y levantada, y en el punto más alto, se asomaba un pequeño círculo claro para ser una cola ¿tendría rastros de piel? Estrechó sus ojos mirando con atención, fue palpando la zona hasta llegar al círculo bien formado, abrió sus ojos de par en par al sentir la textura.
―Es pelo… ―murmuró anonadado―¿De qué color era su cola? ―preguntó a la joven.
―Como su cabello… ―comentó sin mirarlo―¿te duele, cariño? ―le preguntó al bebé, alejó su rostro unos centímetros para poder observarlo. Trunks tenía el ceño arrugado, los mofletes inflados y no la miraba―¿Trunks?
―¡Una cola clara! ―exclamó Tarble―¿su forma ozâru será del mismo color? ―Vegeta no respondió. Se quedó pensativo mirando la cicatriz abierta con la punta de la cola del bebé. No debía de ser un problema que fuera de otro color, pero ¿morado claro? Era extravagante, no sería sencillo para su hijo llevar esa carga. Era sabido que, a lo diferente, se le juzgaba y su hijo era diferente a un saiyajin promedio en muchos aspectos. No quería reconocerlo, pero empezaba a preocuparse por su futuro.
―Lo llevaré con Iris ―anunció. Acomodó el pañal de regreso a su sitio e intentó poner el broche, pero la mano de Vegeta la detuvo. Se congeló por unos segundos, levantó la mirada hacia él, intentando no ruborizarse, no era el momento para ello. El rey la miraba frío, como solía hacerlo con todo el mundo y por un breve instante, la joven creyó que vería esos ojos negros más accesibles, como cuando compartían en las noches ¿por qué lo pensó? Fue una confusión tonta, compartir con Laurel y Tarble y Vegeta en la misma habitación, le hizo recordar el pasado, como si los últimos dos años y medio no hubieran sucedido. El rey no quitó su mano sobre la de ella, no parecía darle la importancia que ella le estaba dando.
―No le cubras ―dijo severo―le molesta, llévalo así. ―Bulma le arrugó el ceño, relamió su labio inferior preparándose para discutirle, pues ella era su madre, sabía como cuidarlo, pero a los segundos lo descartó. No conseguía nada con comenzar un breve palabreo con él, más que incomodar a todos en la sala. No respondió, pero le hizo caso.
Tomó en brazos al niño, Trunks se aferró a ella y la joven se reincorporó soltando un quejido por el peso extra. Resguardó su espalda con una de sus manos y la otra en su pañal abultado, giró hacia Laurel y habló sonriéndole.
―Vuelvo después, o podríamos tomar el té ¿qué te parece? ―preguntó, la saiyajin le sonrió en respuesta y caminó hacia ella para acompañarla a la salida.
―Me llamas ―le dijo―estaré con Ery todo el día. ―Bulma asintió y salió de la habitación, pero se detuvo en el umbral y giró a verlos, se fijó en Riander que la observaba fijamente, los ojos negros de la saiyajin no se perdieron detalle de su paso por la sala, pudo sentir su mirada puesta en ella todo el tiempo, luego miró al rey, que la observaba con hastío, como si quisiera que se marchara pronto.
―Felicidades ―soltó sonriéndoles, Tarble le sonrió en respuesta―altezas, por su futuro hijo ―y la sonrisa del príncipe se borró. Riander estrechó los ojos al oírla, y Vegeta cambió su peso de pie, incómodo―espero puedan tener muchos más. ―Hizo énfasis en sus últimas palabras y les sonrió con arrogancia. ―Me alegro que Ery esté bien, luego hablamos ―le dijo a la otra pareja, que mudos contemplaron la escena.
Sabía que fue bajo, que las felicitaciones habrían bastado, pero no podía dejar de sentirse molesta con la noticia y necesitaba sacar de alguna forma ese enojo. Enrostrarles que sin ella no habrían podido concebir, y que probablemente sería el único que tendrían, ayudaba a inflar su ego, pero el de Vegeta y la reina, lo hundía «se lo merecen» se consoló. Siempre le palabreaban y le intentaban hacer sentir inferior, su comentario no se comparaba a todo el daño que ellos buscaban hacer simplemente por ser desagradables.
(…)
Iris examinaba al bebé en la camilla. Trunks estaba desvestido, se tocaba el pecho y pellizcaba los pliegues extra de piel, sin dejar de mirarse y balbucearle a la doctora. Bulma sonrío al verlo, ahora ya le tenía confianza a la mujer mayor y le dejaba tocar siempre y cuando, le explicara qué estaba haciendo, aunque no lo entendiera. Le gustaba que lo tomaran en cuenta para todo, creía que era algo normal en un bebé de dos años. Vio a la doctora escribir en su tableta digital, luego la dejó sobre la camilla y Trunks se agachó para recogerla, pero su madre fue más rápida y la tomó primero.
―¡No! ―negó el bebé―mía. ―Bulma miró la pantalla y frunció el ceño, estaba en otro idioma, pero reconoció el formato como una ficha médica.
―¿Es la de Trunks? ―preguntó mirando a la mujer de piel amarrilla. Iris asintió y tomó lo que parecía ser un termómetro, y sin tocar la piel del niño, la sobrepuso al final de su espalda, justo donde empezaba a crecer la cola.
―Sí, debía actualizarla ―murmuró―la única información recabada, es la de cuando llegó. ―La voz de la doctora se oía cansada, Bulma no dejó de estudiar sus rasgos, de repente notó que la antes seria mujer, había envejecido como cinco años en unas semanas.
―¿Te pasó algo? ―se atrevió a preguntar, mientras la doctora palpaba el borde de piel que le abría paso al rabo. Iris giró hacia ella unos segundos y luego hacia el bebé―te ves cansada.
―Siempre hay mucho trabajo ―confesó―con el parto de Laurel, no dormí demasiado. La reina Keel exigió que yo la asistiera, y ahora con la reina Riander, que por fin quedó encinta, tuve que hacerle muchos controles esta mañana.
―¿Y está todo en orden con la reina? ―preguntó curiosa. Sentía el corazón latirle deprisa y sólo por saber un poco de la situación ¿qué esperaba? ¿qué el bebé fuera inviable? ¿Qué no llegara a termino? ¿en qué clase de monstruo se había convertido? No es que quisiera que el embarazo tuviera problemas, se dijo, solo tenía curiosidad, el conocimiento te daba cierto poder frente algunas situaciones.
―Es un embarazo delicado ―confesó la doctora―aunque es joven, su aparato reproductor pareciera avejentado… ―susurró pensativa―antes me había visitado buscando respuestas, el porqué no se embarazaba.
―¿Y qué le dijiste? ―Iris dejó de estudiar al menor, y Trunks aprovechó para robarse el estetoscopio de la doctora y colgárselo en el cuello como ella, pero lo arrastró solo de la cuerda, dejando la parte útil en su espalda, aunque bastaba para hacerlo feliz.
―Que debía seguir intentándolo… ―murmuró―pero, no estaba funcionando. Así que estudié un poco más su ciclo reproductivo, y encontré que había días en que era más propensa a preñarse y le resultó ―asintió para sí misma―pero, es muy probable que sea el único que puedan concebir.
―¿Por qué lo dices? ―se sentía como una espía, pero no le importó, quiso seguir indagando, ahora se sentía un poco mal por haberle dicho que tuviera más hijos, parecía una burla maliciosa y a pesar de todo, no quiso burlarse de ello, es más, no consideraba que fuera un tema para mofarse.
―¿Por qué quieres saber? ―le sorprendió Iris. Bulma alzó ambas cejas y giró a ver a su hijo, con las mejillas sonrojadas de vergüenza, se le pasó a los segundos al ver al menor pasarse el estetoscopio por la cabeza, quiso quitárselo, pero el menor se alejó un poco y gritó "mío" ―déjalo.
―No lo sé ―confesó―si te soy sincera… ―se quedó pensando en qué responder, Iris le había ayudado otras veces, sin embargo ¿podía confiar del todo en ella? No podía vivir sospechando de todos, no era sano y ya tenía muchos aspectos en su vida que hacían daño, suspiró profundamente y murmuró sin mirarla―en parte quiero saber porque… no dejo de compararme con ella, es tonto ¿verdad? Pero… no es por él ―dijo frunciendo el ceño―es por mí, por mi ego. Inconscientemente, busco ganarle en lo que puedo competir con ella.
―¿En ser la mujer del rey? ―cuestionó la doctora. Bulma negó sin espantarse por su pregunta. Era fácil platicar de sus emociones con Iris, no la juzgaba y era neutral frente a todo lo que había pasado.
―No. Si quisiera serlo, ya lo sería ―Iris abrió los ojos con sorpresa al mirarla y oírla. No fueron sus palabras las que le asombraron, fue su mirada en la que no vio ningún rastro de la Bulma que conocía, le pareció calculadora y arrogante, una mujer que, si decidiera ser así la mayoría del tiempo, ya habría cumplido lo que afirmaba―no es que lo haga apropósito, es solo que… no quiero sentirme inferior a ella.
―Bulma, eso no te hace bien ―murmuró―ninguna comparación es buena y si no quieres regresar con el rey ¿por qué te esmeras en ser mejor que ella? ―la joven guardó silencio, sabía que Iris tenía razón, sin embargo, no podía decirlo en voz alta―a menos que… ¿sigues pensando en él, como una pareja?
―No ―se apresuró en responder, seguía sin mirarla―no lo sé ―terminó diciendo―sé que no quiero estar con él, pero… no quiero que se olvide de mí ―susurró avergonzada. ―Sé que no le intereso, son pensamientos tontos ―agachó la mirada, conteniendo el suspiro, platicar con Iris se le daba más sencillo que con su madre o amigas, bastaba que la mujer indagara un poco y se soltaba.
Iris guardó silencio, contempló su cabello corto que parecía ser suave. Miró al menor que a esas alturas, se había cubierto con la toalla desechable que estaba en la camilla, y cantaba una nana infantil, todavía tenía el estetoscopio en la cabeza. Suspiró profundamente y habló con un tono suave.
―Es normal ―dijo y posó su mano en su hombro derecho, reconfortándola―eres joven, tienes cosas que experimentar y aprender. Estás pasando situaciones nuevas, pero, debes dejar las cosas de tu pasado, en el pasado y seguir adelante.
―Es difícil cuando ves tu pasado en cada esquina ―susurró―estoy cansada… necesito terapia.
―Sé que tu historia con el rey sigue fresca ―murmuró―y que, no es fácil de olvidar, sobre todo cuando lo ves a diario y tienen un hijo en común, pero si te decidiste y ya no quieres estar con él, deja de pensar en él. No estás avanzando.
―Sí ―asintió y giró hacia ella, suspiró cansada―pero para ello, ambos debemos soltarnos.
―Y ninguno quiere hacerlo ―terminó diciendo la doctora. Bulma la miró en silencio y luego hacia su hijo, que cantaba emocionado, usando el estetoscopio de micrófono―a él le interesas más de lo que piensas.
―El deseo no cuenta ―respondió con rapidez―lo puedes liberar con cualquiera.
―Es cierto ―asintió pensativa. ―Te daré un consejo, tú ves si lo tomas ―Bulma miró a la doctora con atención―haces bien al querer saber de Riander, nunca le saques el ojo de encima ―la joven sintió su estómago revolverse, de repente el consejo le supo a advertencia y no necesitaba preguntar más, para considerarla válida, relamió su labio inferior, con nervios―nunca confíes en ella. Ni la vuelvas a ayudar.
―¿Eh? ―la princesa sintió su rostro enrojecer, como si la doctora supiera todo lo que había pasado y la vergüenza fue inmediata―¿por qué me dices eso?
―La reina Keel es cercana a la reina Riander, es su tía después de todo ―explicó―y le contó el como consiguió que el rey la tocara. Antes vino a mí pidiendo ayuda médica para que el rey tuviera una erección ¿por qué crees que acudió a ti? Porque el problema del rey no era biológico, sino que mental. ―La joven a esas alturas, tenía el rostro completo ruborizado, sus orejas y nariz, mejillas, un rojo vivo, sus ojos azules resaltaban aún más.
―No tuve elección ―murmuró, pero la mirada perspicaz de la doctora le expuso sin siquiera hablar―¡esta bien! Creí que sería útil, que, si tenía un hijo, había posibilidad de que dejaran a Trunks irse conmigo…
―Eso te quiso hacer creer la reina Riander ―habló Iris―pero eso no va a pasar, Bulma ―la joven frunció el entrecejo y la miró expectante, pero su atención se la llevó rápidamente su hijo, cuando se le acerco para envolverla con la toalla desechable mientras le cantaba. Ambas sonrieron al verlo, le quitaba lo tenso al ambiente―no soltarán a tu hijo ―giró hacia el menor que seguía haciendo babosadas―tiene el poder de pelea altísimo para ser un hibrido y ya lo presentaron como Vegeta V.
―¿Qué sentido tiene, entonces, que ella tenga un hijo? ―preguntó con el ceño fruncido y los labios arrugados, haciéndolos lucir pequeños. Buscó la ropa del niño con la mirada, llevaba mucho rato desnudo y temía que se enfriara.
―Afirmar su posición como reina ―explicó la doctora y volvió a revisar la cola del príncipe―poder pelear por el título de siguiente rey ―se estiró un poco para alcanzar al bebé, Trunks al sentir sus manos en su cadera, intentó escapar, pero sus piecitos se hundían en la colchoneta y no lo consiguió a tiempo, la doctora lo tomó y arrastró con cuidado a la orilla, cerca de ellas y palpó nuevamente con su mano, y con la otra, untaba los dedos en un frasco azul―lo que hiciste fue descuidado, Bulma. Tú hijo corre peligro ahora, si ese bebé llega a termino, ten por seguro que ella o la oposición, buscará sacar al príncipe Vegeta de la ecuación.
―Vegeta lo protegerá ―afirmó con convicción―él no dejará que nadie lo toque.
―Oh ―alzó ambas cejas la doctora―estás muy segura de eso, confías en él después de todo ¿eh?
―Como padre… ―susurró sorprendida de sus propias palabras, simplemente escupió lo que sentía y pensaba, sin siquiera analizarlo debidamente―creo que Vegeta lo protegerá. Es su hijo después de todo, si me protegió cuando éramos pareja ¿cómo no lo haría con su hijo?
―Él debe saber los peligros que corre su primogénito, es el heredero del imperio más importante actualmente…―rápidamente pasó su dedo lleno de analgésico en crema, sobre la cicatriz del bebé. Trunks pegó un brinco cuando sintió los dedos fríos de la doctora, iba a arrancar, pero a los segundos, sintió como su herida dejaba de doler y picar―esto te aliviará, bebé.
―¿Qué es? ―preguntó y tomó el frasco para leer el nombre―¿Con eso se le aliviará la picazón?
―Sí, y no le dolerá cuando siga creciendo ―comentó―debes untárselo cada dos horas, no le pongas parche. Hay que modificar sus pañales―dijo pensativa, mientras miraba el plástico desechable―hay que agujerearlos, todos. En un par de semanas, su cola estará creciendo. ―Bulma asintió y tapó el frasco―respondiendo a tu pregunta, la reina tiene los ovarios avejentados a pesar de que, a su edad, debería seguir siendo fértil. Su embarazo es delicado, tendrá que hacer reposo la mayor cantidad del tiempo y si es que consigue parirlo, su aparato reproductor dejará de producir hormonas de forma recurrente, tarde o temprano, dejará de producirlos. La infertilidad es inminente.
―¿Ella lo sabe? ―preguntó―¿Cuál es la posibilidad, de que ese niño nazca?
―Si toma mis indicaciones en cuenta, la probabilidad es alta, un 85% diría. Y sí, lo sabe, ya se lo advertí. No es bien visto que una saiyajin se cuide en su embarazo, normalmente pueden continuar con su vida diaria e incluso entrenar, pero la reina tendrá que elegir entre su orgullo, o su hijo.
―A pesar de ser una mujer desagradable, no deja de darme lástima ―susurró―ven cariño, a vestirte ―le mostró la capa y su traje, para entusiasmarlo con la idea. El menor aplaudió feliz y caminó hacia ella.
―No seas tonta ―dijo Iris―lo que menos debes sentir por ella es lástima. Ten cuidado, no confíes en ella ni vuelvas a ayudarla ―le advirtió y antes de seguir hablando, oyó como agua salpicaba sobre la camilla, ambas miraron con rapidez para ver a Trunks de pie, mirándolas serio, casi con timidez, mientras terminaba de orinar―nos demoramos mucho…
―Diablos ―murmuró la princesa, pensando en el desastre que debían limpiar, pero al ver el rostro de su hijo, que parecía cohibido, algo inusual en él, mirándola con culpa, le hizo soltar una risotada que no pudo controlar.
―¡No! ―se quejó Trunks, pensando que se burlaban de él. La doctora también se rio―¡No ríe! ―exclamó y su madre lo tomó en brazos, entonces hundió su carita en la curva de su cuello y sollozó apenado.
(…)
Mientras ordenaba los juguetes de su hijo, no dejaba de pensar en las palabras de Iris ¿había cometido un error tan grande en ayudar a la reina? Lo que le preocupaba era Trunks, no quería desear que el embarazo de Riander tuviera complicaciones, pero estaba asustada y si ese futuro hijo implicaba que el suyo corriera peligro, prefería que no naciera «esto está mal» pensó. Vivir y relacionarse con los saiyajin sacaba lo peor de sí misma, se veía pensando y deseando cosas que antes jamás habrían pasado por su mente. Quizá siempre fue así, quizá solamente estaba dejando salir su naturaleza podrida «no, yo no era así», sus rasgos se ensombrecieron, sabía exactamente cuando todo había cambiado para ella. Cuando dejó de ser la niña mimada y caprichosa, que en lo único que tenía en mente era crear objetos novedosos. Ahora, con un niño que dependía de ella, lo único que estaba en su mente era que su hijo creciera en un ambiente sano y que fuera una buena persona, pero eso no lo conseguiría estando en Vegetasei. No quería que se contaminara con lo que provocaban, con la inseguridad, el deseo de supervivencia que te hacía cometer tonterías, ir en contra de tus ideales y caer bajo… no quería eso para él. Suspiró con pesadez y giró hacia su bebé, que corría por toda la habitación, mientras jugaba con su avión que imitaba a la nave de Jaco.
―Trunks ―le habló, cerró el baúl donde guardaba sus juguetes y caminó hacia él―es hora del baño.
―No queye ―respondió sin mirarla―¡Ya hizo! ―Bulma alzó ambas cejas al oírlo, dejó sus manos en su cadera y lo miró en silencio. No sabía si lo estaba idolatrando por ser su hijo, pero consideraba que el menor era bastante astuto para su edad.
―Porque te habías orinado ―le explicó―y has corrido todo el día, debes bañarte otra vez ―el menor no respondió. Siguió jugando como si no le hubiera dicho nada, había descubierto que era más fácil hacerse el sordo en algunas ocasiones, le daba más tiempo para salirse con la suya. Bulma suspiró nuevamente y miró la hora en su reloj de muñeca―bien, solo diez minutos más.
Se sentó en la cama y lo dejó jugar unos minutos más, sin dejar de mirarlo pues, bastaban tres minutos en que no lo vigilara para que el bebé hiciera de las suyas. Trunks al verla sentada, corrió hacia ella y la escaló, hasta sentarse en sus piernas y la abrazó. Bulma sonrió conmovida y le regresó el abrazo. Se quedaron un rato así, la joven olfateó su cabello y arrugó la nariz, a pesar de ser un bebé, su aroma a transpiración era fuerte. Aprovechó el momento, y se puso de pie con dificultad por su peso, y lo llevó al baño.
El cuarto de baño del príncipe era igual de grande que el de Vegeta, a veces, prefería darse una ducha allí en vez de su cuarto. Dejó al bebé en el suelo y comenzó a desvestirlo, lo último que le quitó fue el pañal, observó el agujero que le había hecho esa tarde junto a Mona, y luego lo envolvió y lanzó al basurero.
―¿Con mama? ―preguntó mientras se rascaba la panza. Bulma le sonrió y asintió con la cabeza, el menor aplaudió y apuntó a la tina―llena ¡Llena! ―la princesa le dio en el gusto y se acercó a la bañera, puso el tapón y giró la llave de agua fría y caliente, hasta encontrar el punto de temperatura ideal. Y la dejó llenarse, mientras se desvestía. Trunks se acercó a la orilla de la porcelana y de puntitas, se quedó viendo como se iba llenando con gran velocidad.
Cuando el agua llenó la tina, cerró las llaves y se metió con cuidado. Antes de sentarse, tomó al bebé que daba brincos, entusiasta y lo entró a la tina con lentitud, siempre le daba nervios hacer ese simple movimiento, temía soltarlo o resbalarse con él en brazos, por lo que medía muy bien sus movimientos antes de dejarlo en el agua. Cuando Trunks sintió el agua en sus pies, los movió inquieto, salpicando, pero la joven no le llamó la atención, prefería que la hora de baño fuera un momento divertido para él, así no le costaba asearlo seguido. Una vez lo soltó, Trunks se lanzó a nadar, como un perrito. La tina que tenía en su habitación en la tierra, era eso, una tina, en cambio, la que el príncipe tenía parecía una pequeña pileta de profundidad de un metro, por lo que nunca la llenaba demasiado, lo suficiente para que el niño pudiera ponerse de pie y nadar a gusto. Sin dejar de vigilarlo, comenzó a lavar su cabello y cuerpo, una vez aseada, siguió con él.
Salieron de la tina cuando el agua se volvió fría. A Trunks lo envolvió en una toalla con capucha, y ella, con una bata de tela absorbente. El niño salió corriendo del cuarto de baño hacia su dormitorio, ella con más calma, secando su cabello con una toalla mientras acomodaba la tela que se pegaba a su piel desnuda, le siguió. No hizo más que poner un pie en la alfombra de hebras finas, para darse cuenta que no estaban solos. Se quedó quieta en su sitio, con la mano en la toalla sobre su cabeza y miró al rey de pie cerca de la cama del niño. Vegeta lucía su uniforme habitual, parecía que aun no se preparaba para dormir, y venía de alguna reunión o de la cena. Su semblante era inexpresivo, como siempre, pero a diferencia de otras ocasiones, no se centró en ella cuando salió del cuarto, en cambio, siguió con los ojos al niño que correteaba por el cuarto, con la capucha de la toalla puesta, sin darse cuenta que su padre estaba observándolo.
―¿Qué haces aquí? ―cuestionó con un tono hostil, le salió sin esfuerzo. El rey levantó la mirada hacia ella y alzó una ceja, al mismo tiempo que se cruzaba de brazos y ladró distante.
―Es mi palacio ―respondió―puedo transitar donde me plazca. ―Bulma le frunció el entrecejo y continuó su camino hasta el armario, buscó un pijama limpio para el niño, ignorando la presencia del rey. ―Y no tengo que pedirte permiso para ver a mi hijo.
―Tú hijo duerme a esta hora ―contestó y giró el rostro para verlo. Vegeta bajó los brazos y los puso en su cadera, y fijó sus ojos negros en ella y luego el niño, cuando Trunks detuvo su trote y se paró a un metro de él para observarlo.
―Lo veo bien despierto ―murmuró sin despegar la mirada del niño.
Bulma sacó el enterito de color crema de un tirón de su cajonera, ¿por qué estaba tan molesta con que él estuviera allí? no tenía ánimos de verle la cara, era como si tuviera un rencor puntual en su contra, aparte de toda la historia que tenían en común, pero ¿qué? No lograba explicarlo, el solo verlo le hacía fruncir el ceño y actuar a la defensiva. Era curioso, pues después de la noche en que estuvieron los tres, se preparó mental y físicamente todos los días por si él volvía a ella, y ahora, que estaba allí de pie observándolos, no lo quería cerca «es por ella» se respondió. Su vientre se tensó al pensarlo ¿por qué le molestaba tanto que haya embarazado a Riander? ¡Ella los había ayudado con ese fin! «estúpida» se dijo. Debía hacer caso a Iris, debía dar vuelta la página y dejar de pensar en la reina, en ser mejor que ella, o en él ¿cómo lo conseguía? Suspiró profundamente y caminó hacia la cama.
―Ven, cariño ―dijo sin mirar al rey―a ponerte el pañal y el pijama ―se sentó en el borde de la cama y esperó por el niño, que seguía mirando al rey, sin moverse. ―Trunks.
―No queye ―respondió unos segundos después, sin quitarle los ojos de encima al rey. Vegeta estaba un poco nervioso, no sabía como mirarlo, no quería asustarlo, pero tampoco tenía experiencia con niños.
―¿Te harás pipí en la alfombra? ―preguntó mirándolo. El niño giró hacia ella con rapidez, Vegeta le imitó y ambos la observaron. El rey con curiosidad y el príncipe molesto, con los mofletes inflados y sus cejas arrugadas.
―¡No diga! ―exclamó avergonzado y corrió hacia ella. Bulma, olvidando la presencia del rey, soltó una carcajada fuerte, y Vegeta desvió la mirada como acto reflejo, queriendo evitar ver aquella escena que le traía mil recuerdos―¡No ríe!
―¡Entonces ven a ponerte ropa! ―el bebé balbuceó molesto y se lanzó contra el borde de la cama, subió una de sus piernitas regordetas, pero el peso le hizo caer a la alfombra. Bulma sonrió divertida y se inclinó para tomarlo, ajena a los ojos negros que no se perdían detalle de la interacción entre madre e hijo.
Era un vínculo tan especial. No recordaba a su propia madre actuar así con él, jamás lo preparó para dormir o rio con él de ese modo, mucho menos le regaló una mirada llena de amor. Porque los ojos de Bulma, cuando miraban a su hijo, expresaban el más puro y profundo afecto «jamás me miró así» pensó. Un sentir incómodo se instaló fuerte en su pecho, miró a su hijo dejarse vestir por su madre sin protesta, mientras le hablaba en un lenguaje que ni siquiera ella lograba entender, no pudo evitar sentirse en desventaja frente a ambos. En ella porque, su hijo recurría a su madre y a él le evitaba, a él, porque tenía toda la atención y amor de ella «que mezquino» pensó, estaba celando a su propio hijo por el amor de una mujer que le había traicionado en infinitas formas ¿por qué seguía anhelando el amor de una bruja como ella? «no lo hago» se respondió con rapidez, «solo… lo comparo». En el tiempo que vivieron juntos, ella jamás lo miró de ese modo, y el niño no llevaba ni dos años con ella, y se había ganado todo. Desvió la mirada hacia la alfombra, no podía seguir pensando así, no podía seguir pensando en lo que ella no le dio, eso era parte el pasado y aunque se lo ofreciera ahora, nada repararía todo el daño y humillación que le había hecho pasar. Llevó su mano hasta su cadera y sintió la bolsita que cargaba, los nervios volvieron a su cuerpo y miró a su hijo, mientras la joven le aplicaba una pomada en su cola que aun no crecía.
―¿Qué te dijo la doctora? ―preguntó acercándose. Notó el cuerpo tenso de la princesa, y aunque fue por breves segundos, lo percibió, la incomodidad entre ellos era mutua. Su voz bastaba para molestarla.
―Creí que le preguntarías a ella directamente ―murmuró cerrando la pomada, al mismo tiempo que se alejaba del menor, que quería untar los dedos en el interior del frasco. Dejó la pomada en el buró, lejos del niño y le acomodó el pañal―dentro de dos semanas le crecerá, hay que untarle ese analgésico cada dos horas.
―¿Es primera vez que le vuelve a crecer? ―preguntó, su voz se oyó hostil y no quiso esconder el enojo que la situación le provocaba.
―Sí ―respondió sin mirarlo―creímos que no le crecería, quizás el estar aquí rodeado de saiyajin, le aceleró el proceso ―se encogió de hombros y abrochó los últimos botones del enterito que usaba como pijama, de mangas cortas y sin pantalones, que solo afirmaba su pañal. ―Debería romper esto… ―susurró mientras miraba que la tela cubría la zona de su cola―Iris dijo que debía mantener la zona libre de ropa…―y levantó la mirada hacia él. Los ojos negros del saiyajin observaban sus manos sobre el niño, atento a cada movimiento con su hijo, por un momento, Bulma sintió que la vigilaba y la idea le molestó. No dijo nada, buscó las tijeras que antes usó con Mona en el cajón del buró, tardó un par de segundos en encontrarlas.
Vegeta miró como la joven rompía con cuidado, la tela sobre la cicatriz de su cola, y el menor ni siquiera hizo el intento de moverse. Había oído muchas veces que su hijo tenía una personalidad explosiva y complicada, pero con su madre parecía otro niño. Era lo que quería conseguir. Tragó saliva con disimulo, vio como Bulma arreglaba los últimos detalles de su ropa y lo dejaba libre.
―Príncipe Vegeta ―le llamó, pero el niño lo ignoró, como si no hubiera hablado. Frunció el entrecejo, y carraspeó su garganta―príncipe.
―Llámalo Trunks ―murmuró Bulma, observándolo―no te hará caso si le llamas así.
―Ese no es su nombre ―respondió molesto, levantando su voz y el menor giró hacia él al oírlo―debe empezar a saberlo, así que llámalo de ese modo.
―No ―negó sin dejar de mirarlo, levantando la barbilla. Sentía el corazón latirle deprisa, el miedo fue automático, pero no pudo dejar pasar aquello. Su determinación salió a luz sin meditarlo, no fue precavida y su personalidad impetuosa se expuso apenas oyó su orden―siempre será Trunks, te guste o no. ―giró hacia su hijo sin esperar una respuesta del rey―ven cariño, a dormir.
Vegeta miró mudo a la joven, sentía sus manos temblar de la rabia que le carcomió. No solo fueron sus palabras y actitud desafiante, sino que el ver esa faceta nuevamente en ella, le provocó más que rabia. El deseo fue inminente y se enfurecía consigo mismo por sentirlo. Ella ya era consciente de lo mucho que provocaba en él, seguir dándole atribuciones era irresponsable y estúpido. Respiró profundamente y miró al niño, que caminaba con dificultad sobre la colchoneta hacia su madre, Bulma estiró sus brazos hacia él, esperándolo.
―Hijo ―dijo en voz alta, llamando la atención del menor, pues su madre le llamaba igual en ocasiones. Bulma borró su sonrisa, Vegeta lo notó, pero decidió no prestarle atención, era el momento en que debía lanzar sus fichas y ganarse a su hijo. Trunks giró hacia él, serio, le miró con atención. El rey buscó entre su armadura y pantalón, la bolsita de color rojo sangre que anduvo trayendo desde la mañana―ven, toma. ―le habló, mientras desanudaba el cordón del bolsito con cuidado para luego extenderla hacia él.
―¿Mi? ―preguntó el bebé, y caminó hacia él. Vegeta medio sonrió al tener su atención y abrió la bolsa, sacando una cajita que Bulma reconoció con rapidez, una joya.
―Sí ―respondió y se sentó en el borde de la cama. El niño llegó a su lado, curioso extendió sus manitos hacia él y el rey le entregó la cajita en su mano derecha. Vio como el príncipe daba vueltas la caja y la sacudía, intentando oír su interior―debes abrirla ―le dijo y se acercó a ayudarlo. Trunks, que normalmente gritaría si le quitan el objeto de su atención, le permitió recuperar la caja y observó atento, como el rey abría la pequeña cajita de terciopelo―es para ti ―dijo mostrándole la joya, el menor exclamó sorprendido al ver el dorado reflejarse en su piel―es el emblema de tu familia, debes llevarla siempre contigo ―explicó y sacó el dije de oro macizo, con cuidado entre sus dedos y lo acercó al pecho del niño, lo miró con atención, buscando incomodidad o rechazo en sus rasgos, pero solo vio curiosidad y emoción. Con más confianza, abrió el engranaje del dije y lo enganchó en la tela de su enterito, justo en el lado izquierdo, sobre su corazón―¿Te gusta?
―¡Mío! ―exclamó alegre el niño y brincó un par de veces mientras miraba la joya pegada a su ropa. Bulma quedó con los brazos estirados, esperando por su hijo. Miró congelada, la interacción entre padre e hijo. Sintió el calor recorrerle el pecho, subir por su cuello hasta quedarse en su rostro, frunció el entrecejo con rabia y miró encolerizada al rey.
―No es un regalo para un niño ―le reprochó con rabia―lo perderá en dos días.
―Le compraré los que hagan falta ―respondió con calma. Bulma respiró profundamente, intentando llamar la calma que no sentía. Trunks se acercó al rey, y apuntó hacia su collar, balbuceando y con la otra mano, se señaló a sí mismo. ―¿Esto? ―preguntó sujetando su collar que simbolizaba su cargo, el que había heredado su padre.
―¡Mío! ―repitió el menor, saltando en la cama un par de veces hasta que cayó sentado en la colchoneta. Vegeta lo miró pensativo, no podía quitarse el collar a no ser que fuera a dormir o ducharse, mucho menos entregárselo a alguien más antes de heredarlo, pero los ojitos celestes de su hijo lo miraban con tanto anhelo que lo convencieron, no quiso pensar que tenía el mismo poder de manipulación que su madre.
―No puedo dártelo ―comenzó diciendo, mientras lo tomaba con sus manos y lo levantaba, sacándolo por su cuello y cabeza―solo por hoy ―Trunks gateó hacia él y estiró sus manitos, esperando por el collar, sonriéndole ansioso. Dejó que el rey le colocara el collar―es pesado ―le comentó, sin querer soltarlo del todo, pero el niño le empujó la mano con la suya, haciendo que la joya cayera abruptamente sobre su cuerpo. El bebé se fue hacia delante por el peso de los emblemas, pero no se quejó. Vegeta observó con cautela su reacción, preparándose en caso de que tuviera que intervenir. Lo vio intentar reincorporarse, con mucho esfuerzo, después de un par de intentos, el bebé se puso de pie, luciendo el collar que le llegaba hasta la cintura y sonrió orgulloso por su logro. Vegeta le imitó, miró con el pecho inflado a su hijo, era tan pequeño y a la vez, no dejaba de demostrar, con su personalidad y acciones, el buen saiyajin que sería. Era curioso, por primera vez en su vida sentía orgullo por alguien más que no fuera él mismo, levantó la mirada hacia Bulma, inconscientemente queriendo compartir el logro de su hijo con alguien, pero solo pudo fruncir el ceño al ver su rostro serio, casi sombrío, que miraba la interacción entre ambos. Estaba seguro, que, si la joven fuera una saiyajin, en ese momento estaría desprendiendo intenciones asesinas. Lo entendió ahí, que Bulma no solo no lo quería cerca de ella, sino que también del niño y la idea le fue más frustrante que molesta.
―¡¿Mío?! ―le sacó de sus pensamientos el niño, mientras se acariciaba el collar y sonreía pomposo.
―Lo será, cuando seas mayor ―le dijo y, aunque por dentro estaba nervioso, estiró su mano hacia él y le acarició la cabeza, moviendo su cabello de un lado para otro, era suave, como el de ella. Trunks lo quedó viendo, aceptando su gesto―soy tu padre. ―le dijo, y el niño no respondió. Entonces se apuntó a su propio pecho y continuó―papá ―se presentó―soy tu papá. ―El bebé miró el collar y luego su mano en su pecho, Vegeta tragó saliva con disimulo―papá ―repitió apuntándose.
―Tuns ―dijo el menor, apuntándose a sí mismo y luego le apuntó a él―papa.
Vegeta tuvo que abrir sus ojos e intentar no parpadear, los sintió escocerse con rapidez, y a la vez, en su pecho el calor se dispersó por todo su cuerpo. Lo que su hijo le hacía sentir era incomparable, entendió entonces, que lo que él sentía por su primogénito era igual de especial que lo que Bulma sentía cuando lo miraba. Medio sonrió, triunfante con su logro en solo unos cuantos minutos y se quedó ahí, sentado junto a él, mientras Trunks balbuceaba cosas que no comprendía, pero fingía que sí y asentía, a veces el niño parecía que le preguntaba cosas, entonces él respondía con "¿sí? ¿por qué?", y el pequeño príncipe continuaba con su relato.
Bulma, completamente excluida, miró con recelo la interacción entre padre e hijo. No recordaba haberse sentido así antes, no solo era odio hacia el rey, había algo más. Veía a su hijo hablarle y tocarlo, como si lo conociera desde hace mucho y en su pecho se instalaba un sentir dañino. A ella le había costado aprender a llevarse bien con su hijo, no hacerlo enojar y, sobre todo, entenderlo y él ¿veinte minutos? ¿qué clase de broma era esa? Se sentía tan bien cuando Trunks le ignoraba o buscaba alejarlo con manotazos, no le gustaba que fuera violento, pero si se trataba de correr a Vegeta, lo valoraba y ahora ¿lo llamaba papá? El rey sabía jugar sus cartas, acostumbraba a dar obsequios para ganarse el perdón o la aprobación de su sujeto de interés. Tenía un joyero en su antigua habitación en el palacio, lleno de collares y anillos que él le traía cuando sus misiones se demoraban más de lo que habían pronosticado, aquello era una costumbre de Vegeta. Y ganarse un niño con regalos era más simple, pero no solo se estaba ganando la confianza de Trunks, podía verlo, el niño lo miraba con admiración, tocaba su armadura y piochas que afirmaban su capa y le hablaba sin parar. La atención que el niño le daba a ella era diferente, dependía de ella y la buscaba siempre que tenía problemas o quería algo, no la miraba así. Se sintió desplazada de repente, que si a Vegeta se le antojara echarla del planeta, Trunks no la extrañaría ni haría esa pataleta que hizo en la nave. Se desesperó, respiró con dificultad, sentía que cada minuto que su hijo pasaba con el rey, lo alejaba de ella, frunció el entrecejo y sin mirar a Vegeta, habló.
―Trunks, es hora de dormir ―Vegeta la miró por el rabillo del ojo, notó su olor a miedo, estaba ansiosa y nerviosa de repente ¿era por él? ―ya es tarde, devuelve el collar a… ―se quedó muda unos segundos, tragó en seco y desvió la mirada―…devuelve a tu padre su collar.
El menor no le hizo caso, en cambio, se subió a las piernas del rey y estiró sus brazos para tocar su cabello en forma de flama. Vegeta, nervioso, lo dejó tocarle y estudiarlo. De cerca podía oler su esencia suave, y a artículos de aseo personal. Miró su color de piel, igual al suyo, su carita regordeta que hacía muchos gestos por minuto, y recordó a Ery en la incubadora, de repente sintió que la comparación le ayudaba a entender lo distante que era el método de crianza de los saiyajin, porque si le hacían elegir entre tener a su hijo en una sala fría de última tecnología, y sentirlo así, invadiendo su espacio personal, prefería mil veces tenerlo así, sintiendo su calor y oyendo su vocecita que no paraba de hablar.
―Vegeta ―la voz de Bulma le hizo mirar en su dirección, esperó atento por sus palabras. Su rostro lucía serio, casi inexpresivo, pero seguía sintiendo su miedo y desesperación―es tarde, debe dormir. Mañana pueden seguir conociéndose…
El rey miró a su hijo y sin pensarlo demasiado, lo tomó en brazos y se puso de pie, caminó un par de pasos y llegó hasta la cabecera de la cama, donde Bulma los esperaba. Le entregó el niño con cuidado, y la joven sin mirarlo, lo recibió entre sus brazos. No hizo más que tenerlo junto a ella y quitarle el collar del rey, frunció el entrecejo al sentir la cadena pesada entre sus manos, su hijo la cargaba como si fuera un babero. Se lo devolvió al rey evitando sus ojos negros, y cuando el niño quiso reclamar, la joven lo distrajo haciéndole cosquillas en la panza. Trunks se lanzó de espalda a la cama y carcajeó fuerte, mientras se sacudía de un lado a otro, y cuando Bulma paraba, el niño pedía más. Estuvieron así unos minutos, Vegeta de pie al lado, observando todo y la joven madre se sintió bajo vigilancia en todo momento.
―Deberías irte ―dijo mientras hacía reír al niño―no dormirá contigo aquí ―Vegeta se alejó un poco de la cama, Bulma respiró con alivio, pero se tensó al instante cuando lo vio sentarse en una butaca a unos metros de ellos. Resopló con fastidio, y detuvo sus cosquillas al menor, levantó las cobijas y lo hizo entrar. Trunks le susurró unos cuentos, y la joven se dedicó a acariciar su frente, sus cejas, relajándolo, mientras el niño seguía susurrando, pues era hora del sueño, y sabía que no debía haber ruido. Bulma le susurraba preguntas y Trunks respondía en el mismo tono, Vegeta desde su silla, los oía a la perfección. Admiraba en silencio la relación entre ambos, la complicidad y confianza que tenían, pero, sobre todo, no podía dejar de pensar que la maternidad le sentaba demasiado bien a la que una vez fue su mujer. Era amable con su hijo, comprensiva y cariñosa, se preocupaba por él. Era irónico estar presenciándolo, pensando en que solo podía mirar en silencio y no estar sentado junto a ellos, participando activamente.
Vio como la joven se bajaba un poco la tela de su bata, desde su hombro derecho hasta dejar libre uno de sus senos, que no alcanzó a ver del todo, pues se cubrió con rapidez con la sábana. Estiró su cuello para ver a su hijo amamantar, pero la tela no se lo permitió. Oía el sonido que hacía su boca, que poco a poco, fue bajando la intensidad, hasta quedar en silencio. No habían pasado más de cinco minutos desde que Bulma lo empezó a amamantar, y el niño cayó en un profundo sueño. La vio quedarse junto a él unos minutos más, quizá diez, para asegurarse que el bebé no se despertaría. El silencio no fue incómodo para el rey, pero podía notar que para ella lo era. Desde que había entrado al cuarto y se vieron, que Bulma no dejaba de enviarle señales, que él no era bienvenido en la habitación de su hijo. La joven princesa se levantó con cuidado, al mismo tiempo que cubría su desnudez, alcanzó a ver la curva del nacimiento de su seno y hombro, contuvo la respiración unos segundos. Observó como la joven recogía algunas cosas del suelo, se devolvía al sanitario y salía minutos después, se acercaba al buró y encendía el aparato con el que oía al niño si despertaba ¿esa era su rutina? Dejó el aparato cerca del niño, se inclinó hacia él y lo besó en la frente, acomodó sus ropas de cama y suspiró.
―¿Qué pretendes? ―preguntó la joven, girando hacia él, su voz se oía hostil a pesar de estar susurrando. El rey frunció el entrecejo y la miró confundido―con venir aquí.
―Soy su padre ―respondió igualando su tono de voz―debo asegurarme de que esté bien. ―La vio bufar sonriendo con burla, y él frunció aún más su ceño ¿a qué jugaba? Bulma caminó hacia la salida y antes de abrir la puerta, le habló sin mirarlo.
―Es tarde, deberías irte ―y salió sin esperar respuesta.
Sentía su pecho arder de rabia, cada palabra, cada gesto y estúpida acción del rey, le molestaba. Si antes se sentía en una especie de guerra fría con él, ahora creía que estaba declarada con todas sus letras. Era tonto competir por el afecto y atención de Trunks, pero no podía evitarlo. Él quería quitárselo, se lo había dicho muchas veces y cuando el niño no la necesitara más, tendría que irse. Si Vegeta continuaba acercándose así y ganándose su confianza a esa velocidad, su estadía en Vegetasei no sería larga. No es que quisiera quedarse en el horrendo planeta, pero no quería alejarse de Trunks y si tenía que soportar al rey y a toda su desagradable familia-a excepción de Tarble y Laurel-lo haría. Suspiró con pesadez mientras caminaba por el pasillo, oyó pasos detrás de ella y el frío le recorrió la espalda. Fue su instinto la que le alertó, la que le hizo temer de lo desconocido, aunque fuera una sobrerreacción, giró lentamente hacia atrás. Vio a lo lejos al par de guardias escoltando la puerta, y a dos metros de distancia, el rey, siguiéndole los pasos. Contuvo el aire en sus pulmones por unos segundos y volvió a mirar hacia el frente ¿la estaba siguiendo? ¿pensaba castigarla por su comportamiento? Aceleró el paso. Era tonto, seguramente él iba a sus aposentos, siguió caminando hasta llegar al pasillo en que estaba su cuchitril, los pasos ya no se oían y volvió a mirar hacia atrás, pero el rey le seguía de cerca, ahora a solo un metro de distancia y fue evidente, él no pretendía ir a su cuarto elegante, sino que a su cuartucho de criada.
Bulma llegó a su dormitorio y abrió la puerta con torpeza, como si el simple acto de girar una perilla fuera sumamente difícil. Entró con rapidez, iba a cerrar, pero la mano del rey sobre la orilla de la madera se lo impidió. La joven se hizo para atrás y le permitió entrar, no tenía sentido echarlo después de todo. Vegeta se quedó de pie junto a la puerta y la observó serio. La joven le frunció el ceño y sonrió soberbia.
―Ahora entiendo ―dijo la princesa, sin dejar de mirarlo con burla―no querías acercarte a Trunks, querías molestarme.
―Me da igual lo que pienses ―murmuró en respuesta, con calma. Bulma borró la sonrisa y le miró con desconfianza, el rey se acercó a ella al mismo tiempo que cerraba la puerta detrás de sí y la joven contuvo la respiración, él no estaba allí para conversar―¿estás cómoda aquí? ―la princesa alzó ambas cejas al oírlo, confundida por el repentino cambio de conversación―¿necesitas algo?
―¿Por qué la cordialidad? ―preguntó sin esconder la confusión. El rey se acercó un poco más y se paró a solo unos cuantos centímetros de distancia, Bulma miró su mano moverse hasta el borde de su bata, se quedó tensa viendo como la jalaba hacia abajo con suavidad, dejando ver su hombro desnudo y parte de su pecho. Su respiración se profundizó, con cada inhalación intentaba calmar los nervios que le revolvían el estómago.
―Siempre te dejas follar, si necesitas algo a cambio ―el calor le encendió el rostro. Se quedó viendo el pecho del rey, cubierto por su armadura y hubiera deseado tener un cuchillo a mano y enterrárselo con fuerzas. Su inferencia le enfureció en tantos sentidos, no solo porque era cierto, sino que también, porque era a la única alternativa que podía recurrir cuando se trataba de él. No podía amenazarlo con su cargo, él era el rey de la potencia número uno de la galaxia ¿qué podía hacer su reino en su contra? A nivel económico y militar, nada. No tenía fuerza suficiente para enfrentársele, no podía ofrecerle nada para contentarlo. Debía depender de su humor y tratarlo con el respeto que no sentía ¿qué le quedaba por hacer? Recurrir a lo que sabía que él deseaba, y era vergonzoso hacerlo y que él se lo enrostrara, era humillante.
―No ―susurró, comiéndose la rabia que sentía, relamió su labio inferior y actúo con normalidad―estoy bien, gracias. No necesito nada, te lo haré saber si eso cambia. ―Vegeta la miró serio, bajó la vista hasta su piel desnuda y se acercó un poco más, para admirarla. Bulma sentía su corazón latirle deprisa, el miedo fue arrasando poco a poco en su menudo cuerpo y ya no soportando el silencio que se había instalado, susurró―¿no me obligarás? ―preguntó extrañada, el rey levantó la mirada hacia ella, sus ojos negros lucían extraños, la joven no supo descifrarlos ¿era deseo o rencor? Quizás ambos―es extraño que no lo hagas, acostumbras a abusarme cuando digo que no ―y soltó una risa sin fuerza.
―No se le puede considerar abuso, el tomar lo que es mío ―respondió con un tono de voz grave y viril. Bulma se alejó, dando unos pasos hacia atrás y se cubrió la piel, dejando la bata en su lugar.
―No ―negó mirándolo sin dejar de sonreír―quizás antes, cuando era tu mujer, podías considerarlo así, aunque seguía siendo violación ―se encogió de hombros―pero ya no soy tu mujer, no tienes ningún derecho sobre mí. ―Vegeta no volvió a acercarse, en cambio, le sonrió burlesco, casi con malicia. Mirándola con desprecio y sin dejar de sonreírle, habló.
―Es mejor así ―asintió para sí mismo―tener cerca a una mujer como tú, que no tiene más que ofrecer que su cuerpo, no es bueno para nadie ―Bulma levantó la barbilla, intentando aparentar que no le afectaban sus insultos, luciendo orgullosa―es mejor frecuentarte cuando hay ganas de sexo, es para lo único que sirves.
Sus labios se amurraron en una escueta línea, sus ojos azules lucían más expresivos que nunca, y es que no pudo esconder la rabia que le invadió. El rey la miró de pies a cabeza, y asintió nuevamente, sin esperar respuesta, giró y abrió la puerta, para segundos después, salir del cuarto, dejándola sola. La joven respiró profundamente, una, dos, tres veces, y el odio y resentimiento que se instaló en su pecho no se calmó. Agarró una almohada, la pegó a su rostro y gritó con todas sus fuerzas. Pero su rabia no se iba, lanzó la almohada hacia la pared y siguió con el buró, empujó todo lo que había sobre él al suelo, y ni así su enojo se disipaba. Respiraba agitada, se acercó a su armario y tomó unos pantalones cortos y una remera holgada. Se puso solo bragas, luego el pantalón y la remera. Tomó un chaleco en caso de que estuviera fresco afuera, se puso las zapatillas y tomó su bolso de capsulas. Antes de salir, sincronizó la radio de Trunks con su reloj, en caso de que el niño despertara, enviaría una notificación al aparato de su muñeca.
No se peinó, tampoco se preocupó de que alguien la viera salir a esas horas. Solo necesitaba aire fresco y poder gritar en el bosque, la rabia la hacía temblar, tenía las mejillas rojas y no dejaba de respirar agitada. Salió del palacio después de unos cinco minutos, se topó con algunos criados en el camino, nadie la cuestionó y los saiyajin que estaban en la entrada, actuaron como si no la hubieran visto. Al salir, sacó su capsula 3, la presionó y lanzó al jardín. La nube de humo se esfumó unos segundos después, dejando ver una aeronave pequeña, personal. La joven se subió con rapidez, revisó que tuviera combustible y la encendió, minutos después, estaba sobrevolando cerca del bosque.
Se detuvo en la laguna, donde antes había conocido a Goku. Aterrizó con torpeza, sin preocuparse si dejaba alguna huella o dañaba algún árbol en su intento, lo único que tenía en su mente era liberar la rabia que sentía. Al bajar, caminó un poco hasta la orilla, inhaló profundamente y soltó un grito desgarrador.
―¡Maldito hijo de puta! ―le insultó después de gritar, su pecho subía y bajaba, sentía su garganta quemar, pero no le importó―¡Me cagaste la vida, maldito bastardo! ―no tenía tristeza, o arrepentimientos, ni culpas, solo un profundo rencor ¡nadie podía insultar a Bulma Brief! Menos él. Respiraba por la nariz y exhalaba por la boca, casi parecía que gruñía.
―¿Está bien? ―volteó hacia atrás dando un brinco del susto, su mano en su pecho intentó calmar sus latidos, frunció el ceño al ver al saiyajin escolta de su hijo.
―¿Qué haces acá? ―le interrogó, mirando hacia todos lados―¿estabas siguiéndome? Hoy no estuviste de turno…
―No ―negó meciendo sus mechones largos de color marrón―… yo, vivo cerca.
―¿En el territorio del palacio? ―cuestionó con desconfianza. Alek se rascó la cabeza y miró hacia el lago, nervioso―me estabas siguiendo ¿quién te mandó?
―¡No! ―negó nervioso―de verdad, que solo pasaba por acá y bueno… la vi aterrizar y decidí venir a verla ¿prefiere que me vaya? ―Bulma frunció el entrecejo y lo miró con desconfianza, suspiró a los segundos después y volvió a mirar el lago.
―¿De verdad vives por aquí? ―preguntó luego de unos minutos de silencio. Los pasos del saiyajin se aproximaron, pero no le incomodó, le ayudó a distraerse de su furia.
―Sí, todos los escoltas del príncipe tenemos casas en estos sectores ―asintió hacia ella, agachó la mirada hasta su pecho, notando como la tela se levantaba por sus pezones erizados y tragó en seco. Ella lo notó, pero no se avergonzó, en cambio, se quedó estudiándolo. Su rostro era cuadrado, varonil, pero tenía un semblante sereno, no como la mayoría, pero tampoco amable como el de Goku. Era como un sujeto simpático. Sabía que él la miraba como mujer, lo que era todo un logro en ese planeta, al ser la ex pareja del rey, tenía una etiqueta en su frente que decía "no mirar ni tocar", pero a Alek no parecía importarle.
―Alek ―dijo seria. El saiyajin levantó la mirada hacia su rostro, un poco nervioso y alzó las cejas, expectante―¿crees que es inapropiado, si me invitas a tu casa a tomar té o algo?
El saiyajin le sonrió, no amable, tampoco burlesco, era una sonrisa seductora y a ella le gustó. Alek asintió sin hablar y se dio media vuelta, Bulma encapsuló su nave y le siguió. Era temerario seguir a un hombre que no conocía en profundidad, por el bosque de noche, pero no le importó y no quiso pensarlo demasiado. Solo quería distraerse, olvidar el embarazo de Riander, a Vegeta como padre y como el ser más desagradable que conocía. Solo quería relajarse y hablar con el saiyajin le haría bien, salir de su rutina le ayudaría a mantenerse cuerda en ese infierno de palacio.
Caminaron en silencio, la joven se dedicó a mirar a su alrededor, los árboles eran cada vez más grandes y frondosos, y la oscuridad pronto se fue aclarando cuando las luces artificiales de la casa del saiyajin, le saludaron. Era una cabaña pequeña, para una persona, pero bien equipada. Alek se apresuró en abrir la puerta y se quedó de pie, esperando que entrara.
―Está desordenada ―se excusó antes de que entrara. Bulma se quedó mirando en la entrada, era como una casa de una sola habitación. Por un lado, tenía la cocina, en medio de la sala, la cama y algunos muebles. Y la única puerta que se exhibía al fondo, supuso que se trataba del sanitario. Había ropa y platos en el suelo, cerca de la cama―lo siento ―murmuró apenado el saiyajin, detrás de ella.
Alek cerró la puerta y se apresuró a recoger la loza sucia, Bulma caminó por la casa, examinando sus objetos personales, pero no había nada que delatara el tipo de hombre que era el saiyajin.
―Tengo café ―dijo el saiyajin desde la cocina, mientras ponía la tetera a la estufa encendida. Bulma giró a verlo, lo notó nervioso, sus movimientos eran torpes y tenía una sonrisa boba en el rostro ¿era por ella? Su corazón latió deprisa, por un momento se sintió como la que tenía el control de la situación, que era ella quien intimidaba a los presentes y le gustó.
Sentía el estómago pesado, a pesar de demostrarse con calma, por dentro se sentía nerviosa, era primera vez que visitaba el hogar de un hombre soltero, y sabía que Alek sentía atracción sexual por ella, ¿y ella? A ella le gustaba que la deseara, que la tratara con cordialidad y que se pusiera nervioso solo por platicar. Relamió su labio inferior y se acercó, dando pasos lentos, el saiyajin levantó la mirada hacia ella y la joven le sonrió.
―Te ayudo ―dijo, y se paró a su lado. Alek era mucho más alto que ella, por lo menos una cabeza más, miró por el rabillo del ojo su hombro grande y brazos musculosos y se sintió tentada a tocarlos. En vez de tomar una taza, posó su mano en su ante brazo, con delicadeza y el saiyajin detuvo sus movimientos, levantó la mirada hacia ella y la contempló silencioso. ―Alek… ―susurró.
―¿Princesa? ―preguntó, igualando su susurro.
―¿Me deseas? ―levantó la mirada hacia él, y el saiyajin abrió la boca para hablar, pero no dijo nada, entonces ella continuó―¿tienes miedo? ―ambos sabían a qué iba dirigida esa pregunta, y el saiyajin prefirió que su cuerpo expresara lo que pensaba, no era bueno con las palabras. Dejó la loza sobre la mesa y se paró en frente de la joven, que, al sentirlo, giró hacia él para quedar ambos viéndose. La cercanía era peligrosa, el saiyajin olfateó el aire, para asegurarse de que no estaba imaginando cosas, de que ella también quería que eso pasara, y al corroborarlo, se le lanzó encima.
Bulma jadeó cuando las manos del saiyajin la rodearon por la cintura y la subieron de golpe sobre la mesa, alcanzando su rostro a la misma altura. Observó fijamente al saiyajin, el deseo había nublado sus sentidos, podía verlo, él no se detendría ahora y era lo que necesitaba. La joven tomó su rostro, llamando su atención y antes de que pudiera pensarlo, lo besó y el saiyajin, sorprendido, jadeó en su boca, al mismo tiempo que sus manos comenzaban a tocarla.
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N/A: Dos actualizaciones de VAM en el mismo mes, merezco un premio (?) quiero terminar pronto este fic, pero tampoco quiero hacerlo a la rápida. Sé que puede parecer que no avanza, pero necesito profundizar en los pensamientos y emociones que pasan los personajes con todo lo que está pasando en sus vidas. De aquí en adelante, empieza a moverse más rápido los cap y habrán saltos de tiempo dentro de los mismo cap, espero que no sea enredado y que se entienda. Sobre todo, espero mejorar con cada cap. Estaba calculando, y quiero que sean no más de 30 cap, pero quizá se extienda, a veces tengo todo planeado y van surgiendo cosas mientras escribo, perdón.
No quiero avanzar otro fic que no sea VAM y JAT, quiero terminarlos pronto y aprovechar esta situación del Covid-19, es un buen momento... Espero que estén todos muy bien, de verdad lo deseo. La situación a nivel emocional y económica, es super delicada en todas las familias de todos los países u-u
Lamento mucho las palabras revueltas, si faltan letras o sobran, la falta de ortografía, quería actualizar pronto y me duelen los ojitos.
Respecto al cap... No sé qué decir hahaha, quería escribir pronto de Trunks y Vegeta y lo que le provocaría a Bulma esta relación. Espero sus opiniones :B llegaremos a los 1000 rw con este cap? e.é
Muchas gracias por su apoyo, por las lecturas y espero sus rw :X
Nos leemos y que estén super duper, mis buenos deseos y ánimo para todas c:
