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Capítulo 14
Egoísmo
Bulma miraba aburrida como le explicaban a su hijo las bases de un combate saiyajin, de defensa o ataque, no lo sabía, no puso atención. Estaba sentada en una banca, mirando incrédula, como el rey junto a Tarble, intentaban lidiar con el niño de dos años. Era inútil, era demasiado pequeño para aprender esas cosas, intentó advertirles, pero la ignoraron. Ambos parecían demasiados entusiasmados con darle clases ellos mismos al niño. Había oído de Laurel, que el mismo Vegeta y Tarble, fueron entrenados por otros saiyajin, no por su padre, pero ambos insistían con ser ellos quienes se encargaran del entrenamiento de Trunks. El príncipe y el rey lucían solo un traje azul, el de Tarble con mangas y el de Vegeta, sin ellas, solo con guantes y botas. A Trunks intentaron dejarlo en las mismas condiciones, pero no dejó que le quitaran su capa. Y así, príncipe y rey junto a su hijo, ella en una banca y los escoltas del príncipe heredero en la puerta, habían iniciado hace más de dos horas, el primer entrenamiento del príncipe heredero. Y estaba resultando fatal.
Suspiró por quinta vez esa mañana, observó como Vegeta miraba ceñudo a su hijo, le hablaba y no paraba, no recordaba haberlo escuchado hablar por tanto rato, pero con Trunks tenía que hacerse el tiempo y paciencia, y parecía que ya iba mentalizado con ello, pues no veía ningún rasgo de molestia en él. La joven se dedicó a estudiar cada rasgo del rey, movimiento de su cola que seguía anudada en su cintura, pero la punta se movía de lado a lado. Tarble parecía cansado, se reía del niño, pero miraba a su hermano mayor un poco derrotado.
―Mira ―insistió el rey―es importante que tengas el cuerpo entrenado, tanto como la mente ―hablaba, Bulma rodó los ojos. El niño jamás entendería con ese lenguaje. Trunks se movía de lado a lado, meciendo sus hombros mientras tomaba cada extremo de su capa, la recogía y se la pasaba por la cabeza―durante tus primeras jornadas, te incomodará la capa. Mira ―dijo y se apuntó a su espalda―yo no traigo la mía.
―Quizá deberíamos darnos un descanso ―suspiró Tarble, mirando al menor que los escuchaba, pero no emitía palabra alguna. Su hermano había insistido en organizar los entrenamientos del niño desde hace una semana y se sorprendió cuando pidió su ayuda. Eso decía mucho de él, no quería equivocarse con su hijo, buscaba ser lo más pedagógico posible lo que era digno de admirar en él. Siempre pensó que sería un padre como el que tenían, pero su hermano estaba superándolo en todos los sentidos. Habían estudiado, planificado e incluso hecho un calendario para sus jornadas de entrenamiento, y hoy era la primera clase. Pero el niño no parecía entender lo que hablaban.
―Tarble ―llamó Bulma. Ambos miraron en su dirección, pero la joven solo le dirigió la mirada al príncipe―muéstrenle lo que dicen.
―¿Cómo? ―preguntó el príncipe―¿un vídeo? ―la joven blanqueó los ojos, parecía igual de cansada que ellos. Estaba sentada con las piernas cruzadas, llevaba una mini falda que hacía que sus muslos se lucieran más que de costumbre, al punto que era difícil concentrarse cuando la mirabas, pero había aprendido hace mucho, que a la pareja de su hermano debía mirarla solo a la cara, incluso ahora que no estaban juntos. El rey parecía ignorar su presencia, no sabía muy bien qué pasaba entre ellos, pero el ambiente no era molesto.
―Hagan lo que le dicen ―dijo y bajó su pierna derecha de la izquierda, se puso de pie y bajó un poco la falda que se le había subido, caminó hacia ellos y Trunks soltó su capa y corrió hacia ella. La joven se inclinó un poco para poder atrapar su abrazo―¡Qué bien lo haces! ―le halagó y lo tomó en brazos, el niño rodeó su cintura con sus piernas y abrazó su cuello―insisto que es muy pequeño para aprender estas cosas, pero si están tan esmerados en empezar, sean más visuales. Vuelen, muéstrenle como pelean entre ustedes ¡algo básico! ―advirtió.
El rey la miró por el rabillo del ojo, luego a Tarble. El príncipe lucía pensativo, Vegeta contuvo el suspiro y volvió a mirar a la joven, sin premeditarlo, casi por costumbre, sus ojos negros la miraron de pie a cabeza, y desvió la mirada rápidamente ¡odiaba que se vistiera así! Pero no podía decirle nada. Sus piernas estaban cubiertas por una delicada pantimedia, que dejaba ver el tono claro de su piel, que le invitaban a tocar sus muslos redondos. Había decidido enfocarse solamente en su hijo, ignorar a la joven en todos los aspectos, pero era difícil, sobre todo con ella luciendo siempre tan atractiva para él. Hacía uso de toda su fuerza de voluntad y empezaba a tener avances, al menos por las noches ya no sufría por su ausencia, aceptaba rápidamente que no podía ir a buscarla, su orgullo estaba primero.
―Pero para que empiece su entrenamiento, debe conocer lo básico y eso no se lo podemos mostrar como tal ―se quejó el príncipe―¿Qué hacemos?
―Insistir ―murmuró el rey―no me rendiré tan fácil y no vuelvas a interrumpir ―dijo sin mirarla.
―Como usted diga, alteza ―respondió con ironía la joven, se inclinó y dejó al niño en el suelo. Trunks dio un brinco antes de tocar el suelo y exclamó alegre cuando sus botas chocaron con el azulejo. Corrió hacia el rey y extendió sus brazos hacia él, sorprendiéndola. Su pecho se apretujó al verlo, el niño cada vez estaba más cercano a su padre y sabía que no era algo malo, pero le dolía y a la vez, preocupaba. Desvió la mirada y caminó de regreso a su banca, aunque el menor cada vez la necesitaba menos, no quería dejarlo.
Suspiró profundamente al llegar al asiento y volvió a su posición anterior, cruzando las piernas y mirando todo con aburrimiento. Trunks seguía en los brazos de Vegeta, la joven no dejaba de estudiar el comportamiento del rey, si veía algún rasgo de incomodidad por la cercanía del niño. Cuando estaban juntos, nunca demostraron cercanía en público, a veces se tocaban por debajo de la mesa, todo a escondidas, pero con Trunks era diferente, era fácil de entender. El rey no se avergonzaba por tener esa cercanía con el niño, supuso que se debía a que era un bebé después de todo y, sobre todo, nadie en ese planeta tenía experiencia tratando con niños, no podían juzgarlo, pero creía que lo que más influenciaba en Vegeta, era el simple hecho de que se trataba de su hijo. La culpa se apoderó de su cuerpo con rapidez, de pronto ya no le enorgullecía el haberle ocultado sobre Trunks, veía que el rey no era un mal padre, que se esforzaba y más importante, él tenía derecho a estar con él. El rey era considerado con su hijo, se preocupaba por él. Entendía ahora que, si los primeros meses no se le acercó, era por ella y como ahora ya habían sobrepasado todos los límites habidos y por haber, ya no le importaba estar en la misma habitación con ella, estar sin discutir o sin follar. Él no había vuelto a acercársele desde esa noche en que le dijo que no era una mujer para él, de eso ya un par de semanas, tampoco la evitaba, simplemente mantenía una relación distante, pero si era necesario interactuar por Trunks, no se limitaba. Y era lo que le sorprendía, sabía que él la aborrecía, pero delante del niño nunca la insultó o la trató mal, y, por consiguiente, ella también evitaba discutir. Se sentía un poco más tranquila al respecto, no menos incómoda, tampoco era como que confiara en él, pero al menos sobre su relación con Trunks, estaba aliviada.
La mano del rey estaba debajo de su trasero, y con una sola podía sostenerlo. Evitaba tocar la zona sensible del niño, donde su cola crecería en cualquier momento. Bulma no alcanzaba a oír qué le decía, pero parecía que el niño le escuchaba y respondía solo cuando el rey se callaba. Vegeta no pudo esconder su asombro cuando el menor sujetó su rostro con ambas manitos y le besó la mejilla, como lo hacía con ella. La joven sintió sus ojos humedecerse, y no sabía si se debía a emoción sana al ver a su hijo interactuar con su padre, o a celos porque el rey ya se había ganado su confianza absoluta. El rey actúo nervioso, el menor parecía querer que le devolviera el beso, y Bulma sabía que no se atrevería delante de tantas personas. Tarble se rio alto al verlos, y el rey le insultó avergonzado. Los pasos fuertes que se oyeron en la entrada, le distrajeron del momento y giró curiosa a ver al recién llegado. Su semblante se ensombreció al ver a la reina Riander y volvió a mirar a su hijo.
―¿Qué haces aquí? ―preguntó la reina. Bulma no la miró, pero sintió el desagrado en su voz. Evitó sonreír, sabía que la mujer andaba vigilando a Vegeta, lo que no tenía sentido. Le preocupaba que se involucrara con el rey, pero si él quería hacerlo, nadie lo haría cambiar de opinión, al final, estaba pasando un mal rato que se podía evitar, si realmente conocía a Vegeta, debía saber que nadie podía interponerse en sus intereses. Para fortuna de la reina, el rey estaba concentrado solo en su hijo.
―¿No deberías estar haciendo reposo? ―respondió ignorando su pregunta. No necesitó girar a verla para saber que se había molestado. Podía escuchar el ruido de la tela de sus guantes al estar apretando sus manos, intentaba controlarse. Sabía que, para las saiyajin, aquello era una muestra de debilidad y no le importaba su estado, no era su problema. Si empezaba a fastidiarla, no se contendría.
―No es asunto tuyo ―respondió Riander, mirando su atuendo. Estaba convencida de que la joven había empezado a vestir más provocativa que antes, y creía que se debía a Vegeta. Sus informantes le habían indicado que, hasta el momento, ellos no se habían acostado otra vez, lo que le hacía pensar que la princesa intentaba seducirlo. No le creía que ya no quisiera estar con él, no desde que los había visto juntos esa noche, ella no era indiferente a sus caricias y sabía cómo tratarlo, él le permitía hacer y deshacer, y sabía que era muy fácil manipular a un hombre. Estaba alerta por eso, no se fiaba de la joven.
―Lo mismo digo ―respondió y giró a verla. Sus ojos azules la miraron con desinterés, no alcanzó a decir nada más cuando oyó la risotada de Trunks y ambas miraron hacia el medio de la sala. Vegeta se había elevado un metro y medio del suelo, seguía cargando al menor, el rostro de su hijo estaba iluminado y no paraba de reír y aplaudir al ver lo que sucedía, el rey lo miraba sonriendo con disimulo y se movió por el resto de la habitación, hacia donde su hijo le apuntaba, él le daba en el gusto. Bulma mordió su mejilla interna derecha, no lograba acostumbrarse del todo a verlos juntos.
Riander frunció el ceño y resopló. No le gustaba como actuaba con el crío, pero no podía decir ni hacer nada al respecto. Le incomodaba verlo con actitud tan dispuesta siempre que se trataba del mocoso o la humana, pero lo que más le disgustaba era que no estaba actuando como debería. Si quería entrenar al niño, debía ponerle un tutor ¿por qué hacerse cargo él mismo? Tomarlo en brazos o sonreírle, eran actitudes que no eran propias de saiyajin y mucho menos de él. Su tía le había excusado con que no podían tratarlo como saiyajin, si no lo era del todo y que el rey hacía bien a tener ese comportamiento con su primogénito, no era válido para ella. Sentía que todos estaban siendo flexibles con el niño, y a menudo se preguntaba si era por ser el primer hijo del rey, o por su poder de pelea, y si tratarían igual al suyo. Tragó con dificultad, incluso su tía defendía al mocoso y empezaba a sentirse sola enfrentando la situación que le molestaba. Relamió su labio inferior y giró hacia la princesa, lo que más le aterraba era que Vegeta volviera con ella, y que le quitara su cargo para dárselo a la humana. Su tía había sido enfática, su hijo jamás haría algo así porque iba contra las leyes saiyajin y, sobre todo, porque la princesa lo había traicionado y su orgullo estaba herido. Pero su tía no había visto como él la miraba, como la tocaba y hacía suya, ella sí. Ahora entendía que no importaba lo que Vegeta dijera o como actuara frente a los demás, cuando lo que sentía por la humana era tan fuerte como para no tocar a nadie en dos años y medio, y nuevamente caer en ello ahora. El rey no visitaba a nadie, parecía enfocado solo en su hijo y por ahora a ella le parecía que era el mejor panorama, pero no podía fiarse con la humana dando vueltas por el palacio como si fuera una invitada de honor. Necesitaba que se fuera, si ella no estaba en el planeta, podría estar tranquila, su embarazo no correría riesgos. Giró hacia la joven que seguía observando a su hijo reír idiotamente junto al rey.
―¿Por qué sigues aquí? ―preguntó sin mirarla. La princesa la observó unos segundos y luego siguió atenta a su hijo.
―¿Y tú? ―cuestionó―deberías cuidarte y estar en tu habitación.
―No me refiero justamente aquí, a la sala de entrenamiento ―murmuró con el ceño fruncido, molesta por su comentario―sino aquí, al planeta. El príncipe ya no te necesita, deberías irte. Es lo que quieres ¿no? Irte de este planeta.
Bulma no respondió, selló sus labios con fuerza, intentando no caer en su provocación, porque así lo sentía viniendo de ella. Enrostrarle que su hijo ya no la necesitaba había sido astuto de su parte, quizá se lo merecía después de burlarse de su embarazo riesgoso, pero no por ello molestaba menos. Vio como Vegeta aterrizaba con delicadeza en el suelo e intentaba bajar al niño, pero Trunks se apegó a su cuello y exclamo fuerte "no, papa, no". La reina tenía razón, su bebé no la necesitaba como antes, era cuestión de tiempo para que el rey le diera su ultimátum y la echara del planeta ¿qué haría después? Tenía presente que apelaría por visitas o la custodia de Trunks, lo más probable era conseguir lo primero, pero para ello, debía esperar y no estaba dispuesta a estar tanto tiempo sin su hijo. Sintió sus ojos humedecerse, agachó la mirada unos segundos, para después alzar la vista como si nada pasara, giró hacia la reina y la vio sonreírle con burla. La joven frunció sus cejas, dispuesta a contestarle alguna pesadez peor, pero se distrajo con la mirada de Alek, que la observaba desde la puerta.
Giró rápidamente hacia su hijo, al mismo tiempo que sus mejillas se sonrojaban ¡que tontería! No era una niña para avergonzarse por sus acciones ni reaccionar con timidez, pero ver al escolta era rememorar cada beso que se dieron. La escena seguía fresca en su memoria, no podía olvidarlo con facilidad, después de todo, era primera vez que besaba a alguien que no fuera Vegeta, que dejaba que otro hombre la tocara y, no había sido tan malo. Su corazón latía deprisa cuando lo pensaba, los labios de Alek eran delgados, y le costó seguirle el ritmo y aprender a besarla como a ella le gustaba, pero no dejó de hacerlo y siguió intentándolo. Sus movimientos eran un poco bruscos, algo torpes, creía que se debía al calor del momento, a la prisa por concretar aquello. Sus manos eran grandes y cada vez que la tocaba, se sentía diminuta bajo su palma. Cuando la tomó y llevó a la colchoneta, estaba segura de lo que quería hacer con él, pero al sentir su erección sobre su ropa interior y oír sus jadeos, se arrepintió. De pronto sintió vergüenza y se desconectó del momento, los deseos de huir se apoderaron de su cuerpo y también el miedo a su reacción, a cuando le pidiera que se detuviera ¿qué pasó? Él se detuvo "no estoy lista" se había excusado, y él lo había aceptado. Dejó de tocarla y se bajó de su cuerpo y la joven no dejaba de pensar en ello. Pudo ver la frustración sexual en los ojos del saiyajin, pero respetó su decisión y no la presionó, no insistió «es como debe ser» se dijo, sin embargo, no dejaba de sorprenderle y admirarlo por ello. Estaba tan acostumbrada a que su opinión al respecto no fuera considerada, que había olvidado como deben ser las relaciones entre dos personas, siempre consensuadas «estoy rota» pensó.
No había repetido aquello. Intentaba no estar a solas con él, pero el saiyajin buscaba momentos para hablarle o ayudarla en lo que necesitara y la joven no dejaba de sentirse avergonzada cada vez que lo veía. A menudo se sorprendía pensando en volver a su cabaña y terminar lo que habían empezado, pero sus miedos e inseguridades le detenían. No sabía a ciencia exacta a qué le temía, estaba segura que no era a Vegeta, si sabía hacer las cosas, él no se enteraría, a pesar de que no debería ser de su incumbencia, con el saiyajin nunca se sabía y era mejor evitar. Su problema era algo mental y netamente de ella, si daba un paso más con Alek, significaba que se estaba alejando de Vegeta, como siempre quiso, entonces ¿por qué dudaba? Temía que, en el fondo, la respuesta fuera a que no quería superar al rey ni dar vuelta la página como le había aconsejado Iris. No se trataba de usar a Alek para olvidarlo, ni ella misma sabía qué sentía por el rey, pero si sabía que sentía por el soldado, le atraía. Y desde que la había tocado, el deseo se había encendido en ella y no se apagaba.
Alek le había ayudado a retomar su confianza, su arrogancia natural que hace tanto tiempo estaba escondida en su interior. Había conseguido que un saiyajin prefiriera correr riesgo con tal de estar con ella, que el rey no pudiera tocar a su reina, porque era ella a quien deseaba, aunque evitaba pensar en ello, pues creía que lo de Vegeta tenía que ver con su orgullo más que con un deseo puro, a diferencia de Alek que estaba poniendo su vida en peligro, solo por estar con ella. A menudo su mente le jugaba malas pasadas y venía a su memoria las palabras de Vegeta, que al final, para lo único que podía servir era para satisfacer con su cuerpo, sin embargo, el trato que le daba el escolta le hacía olvidarlo. Ya fuese porque era una princesa, o la madre del futuro rey, él la respetaba y lo hizo desde el minuto uno en que la conoció. Pensar en Alek la calmaba en cierta medida, dejaba de pensar en sus emociones cotidianas al menos, lo miró de soslayo y lo sorprendió observándola, esta vez no apartó la mirada.
―¿Qué se supone qué estás haciendo? ―la voz de Vegeta le hizo brincar y girar rápidamente hacia el frente. El saiyajin, con el niño en brazos, se había elevado nuevamente a petición de su hijo, se acercó levitando y descendió a unos cuantos metros de distancia. El corazón de la princesa latió con fuerza ¿la había visto? «no tiene nada de malo» intentó convencerse «no estaba haciendo nada» se dijo. ―Riander. ―Casi se le escapa un suspiro de alivio al oírlo, a los segundos, prestó atención al cruce de palabras. Giró hacia Riander, la reina lucía incomoda y molesta.
―¿No puedo mirar el entrenamiento? ―preguntó la reina, sin poder ocultar su molestia. Bulma miró de soslayo a la saiyajin, parecía que en cualquier momento se ponía a gritar, y no sabía si tenía que ver con que andaba emocional por el embarazo-no estaba segura que las saiyajin pasaran por eso-o simplemente le molestaba que el rey la excluyera.
―Si no tuvieras un embarazo riesgoso, no habría problema ―Bulma alzó ambas cejas al oírlo ¿la estaba cuidando? Se sintió incómoda de repente, como si esa conversación tuviese que darse entre ellos solamente. Miró a Tarble, el príncipe observaba en silencio la situación, giró hacia Riander y aunque pudiera molestarle, no desvió la mirada. Estudió cada reacción de la reina, notó su vergüenza y es que enrostrarle su situación delicada era como una ofensa para la reina, pero al venir de Vegeta, no podía hacer mucho.
―Estoy bien ―respondió mirándolo seria. El rey alzó una ceja y giró hacia el príncipe, que se había metido tres dedos dentro de la boca y miraba atento la conversación.
―No te estoy preguntando, vete a descansar ―insistió, giró hacia ella y con su mirada inexpresiva de siempre y su ceño arrugado, continuó―no me interesa como te sientes, pero si algo le pasa a mi hijo, me enojaré. Y mucho.
Bulma apartó la mirada en ese momento, no solo por querer pasar desapercibida en la tensa discusión entre monarcas, también porque no sabía con exactitud como sentirse. La reina obedeció a Vegeta, tardó unos segundos en marcharse, se contuvo en girar a mirarla, tenía muchas ganas de disfrutar esa situación, pero burlarse de la reina se podía aplazar cuando lo único que tenía en mente, era lo diferente que podía ser Vegeta cuando se trataba de sus hijos.
(…)
La imagen se veía pixelada, Bulma esperó a que se estabilizara antes de iniciar la comunicación. Mientras, ordenaba unos juguetes que Trunks había dejado sobre el tocador. El niño estaba aún en la tina, no quería salir de la bañera, le había quitado el tapón y lo dejó a solas, con la puerta abierta y se paraba a cada cierto minuto para mirarlo. Lo escuchaba reclamar, últimamente estaba más mimado que de costumbre y estaba segura que se debía a la atención que le daba su padre. El rey pasaba bastante tiempo con él durante el día. Seguía intentando entrenarlo, el único avance real era que le habían podido quitar la capa durante el par de horas que le dedicaban a su entrenamiento.
―¿Bulma? ―oyó la voz con un ligero turbo. Se acercó al mueble y movió algunos datos en la computadora.
―Hola Tight ―saludó mientras arreglaba el audio―¿me oyes?
―Sí, ¿Cómo están? ―su hermana lucía su cabello suelto, por la diferencia horaria, estaba preparándose para iniciar su día, mientras que ellos se arreglaban para dormir.
―Bien ¿y ustedes? ―lucía cabizbaja, al punto que no lograba esconderlo. Bulma frunció el ceño y continuó―¿Estás bien? ¿pasó algo? ―la reina dio un largo suspiro y con los ojos humedecidos, habló.
―El tratamiento no funciona ―se encogió de hombros―probé medicina de otros planetas, y son más pesimistas que acá en la tierra.
―Tight ―murmuró con el nudo en la garganta. Sabía la importancia política que tenía el que no pudiera tener hijos, pero a su hermana le afectaba a nivel emocional y para ello no había muchas soluciones―¿puedo ayudar de alguna forma? ―su hermana negó con rapidez y le sonrió, tardó unos minutos en volver hablar.
―La única forma que me ayudes sería como vientre de alquiler, y en ese sentido, seguiría siendo un hijo tuyo. Por lo que mejor espero a que tengas otro, ya me rendí…―la vio suspirar y mirar su reloj de pulsera―¿cómo están las cosas por allá?
―Mejor ―reconoció―eh… con Vegeta nos ignoramos la mayoría del tiempo, pero si se trata de Trunks, podemos conversar como adultos ―asintió para sí misma―ha sido… es… es un buen padre ¿sabes? Me ha sorprendido bastante.
―Vaya… que tú lo reconozcas, quiere decir que es bastante prometedor ¿y Trunks? ¿Cómo actúa con él? ―Bulma frunció el ceño y se levantó de su asiento, rápidamente fue a ver al menor al baño, lo encontró estirado en la bañera, de espaldas mirando hacia el techo, con un poco de agua a su alrededor, había puesto unas esponjas en el alcantarillado para evitar que siguiera drenándose el agua. Suspiró y volvió al cuarto, se asomó a la pantalla y negó para ambos lados.
―Lo adora ―murmuró de mala gana―le gusta estar con él, le pide brazos y Vegeta le da en el gusto. Últimamente está más mimado que cuando vivíamos allá.
―Vaya… tendría que verlo para creer ―la reina volvió a mirar su reloj e hizo una mueca de desagrado―tengo un comité con los ministros en una hora y aun no me baño ¿hablamos más tarde? ―Bulma asintió y se despidió con la mano―cuídate ¿sí? no hagas tonterías.
―S-sí, claro ―titubeó―saludos a los demás. ―Cuando la llamada se cortó, se quedó viendo la pantalla donde antes vio el rostro de su hermana, quizás estaba siendo paranoica, pero las palabras de la reina cobraron mucho sentido para ella «no es una tontería querer vivir mi vida» pensó con el ceño fruncido.
Se puso de pie y estiró los brazos hacia arriba, haciendo sonar su espalda. La puerta se abrió en ese momento, y se quedó inmóvil a ver a Alek en el umbral, mirándola serio. No alcanzaron a decirse algo, lo vio hacerse a un lado y dejar entrar al rey, lo reverenció y salió del dormitorio, cerrando la puerta detrás de sí. Bulma agachó la mirada, al mismo tiempo que bajaba sus brazos.
―¿Y mi hijo? ―cuestionó Vegeta, mirando por la habitación.
―Nuestro hijo ―le corrigió Bulma y caminó hacia el armario―está en la bañera, no quiere salirse.
―¡¿Y lo dejaste solo?! ―exclamó con preocupación, caminó rápido hacia el cuarto de baño, sin esperar una respuesta de la joven e ingresó al sanitario. Se acercó a la bañera y se encontró con el niño estirado en el suelo de la porcelana, mirando el techo. Lo miró extrañado, iba a hablarle, pero la mirada aburrida que le dio el niño lo distrajo.
―Oye ―la voz de Bulma lo sacó de sus pensamientos y giró hacia ella, la joven estaba parada en la entrada con las manos en su cintura, su ceño fruncido y las mejillas tenían un leve tinte rosa―tú eres padre desde hace unos meses, yo soy mamá desde que me embarazaste, sé cuidar de Trunks. ―El rey iba a protestar, pero la vocecita infantil los interrumpió.
―¡Papa! ―el rey se acercó a observarlo, el niño estaba desnudo, le rodeaban juguetes de diferentes tamaños, seguía acostado de espaldas. Levantó su brazo derecho y le apuntó hacia la llave―¡agua! ―pidió, y él quiso darle en el gusto. Caminó un par de pasos, no alcanzó a poner su mano en la válvula cuando la mano delicada de la joven se posó sobre la suya.
―No ―exigió―ya le dije que debe salirse. ―Dijo seria y lo miró desafiante. Vegeta alzó la barbilla, pensativo, la mano de la joven no le impediría abrir la llave, pero por alguna razón que no quería reconocer, quiso ver hasta donde llegaba su determinación.
―Quiere seguir bañándose ―dijo con un tono de voz firme, que le pareció demasiado viril. Bulma levantó su mano de la suya y negó, miró al niño y habló sin dejar de observarlo, Trunks al verse sorprendido por su madre, desvió la mirada y se puso a susurrar mientras tocaba el azulejo con dos de sus dedos.
―Quiere jugar y debe dormir, ya es tarde. Lleva más de una hora haciendo este berrinche ―explicó rápido―sabe que contigo puede conseguir lo que quiere. ―Vegeta alzó ambas cejas y giró hacia su hijo, que fingía no prestarles atención―que no te engañe su carita linda, es muy manipulador para ser un bebé.
―De quién lo habrá aprendido ―soltó sin pensar y un silencio incómodo se instaló entre ambos. Fue un reproche, ambos lo notaron y ninguno sabía cómo lidiar con ello. Llevaban una buena racha de cordialidad como para romperlo justo delante del príncipe, Bulma prefirió callar, fingir que no había oído aquello y él, actúo como si nada hubiera dicho.
Bulma regresó al dormitorio, dejando al rey junto a su hijo. Sentía su corazón latirle deprisa, era más sencillo gritarse e insultarse que actuar como adultos. Suspiró, llevó su mano a su pecho y caminó hasta la cama, donde había dejado la muda que le pondría al niño. Se sentó en el borde y dejó caer su espalda sobre la colchoneta con suavidad. Observó el techo del dosel, intentando distraerse, pero era difícil escuchando sus voces desde el baño. Vegeta intentaba convencerlo para salir de la tina, al menos no la contradijo con el niño, un punto para él. Le costaba creer que pudiera actuar tan diferente cuando se trataba de Trunks, era otro hombre. Aceptaba sugerencias, respetaba sus horarios y métodos de crianza y parecía querer aprenderlos, para mejorar su experiencia con el niño. Tanto avance en unas semanas le asustaba, sin embargo, aquello auguraba que Trunks tendría una crianza amena conviviendo con el rey.
Pasaron unos diez minutos y el rey salió del cuarto con Trunks en brazos, cubierto por una toalla demasiado grande para el niño, pero no le llamó la atención. Eran detalles que se podían pasar por alto. La princesa se puso de pie y esperó que dejara al bebé en la cama, Trunks no la miró, evitaba sus ojos y la joven lo observó extrañada.
―¿Estás enojado con mamá? ―preguntó, el niño no respondió.
―No dijo mucho en el baño ―murmuró Vegeta, observándolo. El bebé bostezó y se tiró de espaldas a la cama, tal cual como estaba antes en la bañera―quizá tiene sueño.
―No… ―murmuró la joven―está actuando raro ―susurró. Se inclinó acercándose al niño, tocó su frente y luego la suya, comparando temperaturas―parece que tiene fiebre. Tiene la frente caliente y el agua estaba fría ―giró hacia el rey que la observaba atento, pero nervioso, Bulma lo notó en el brillo de sus ojos, que se movían inquietos entre su rostro y el niño―ve por Iris. ―Vegeta no cuestionó a la joven, asintió y caminó a paso rápido hacia la salida, casi trotando.
Ninguno pensó en ello, en la actitud obediente del rey. Estaban más preocupados en el estado del niño, que decaído miraba el techo. Bulma aprovechó de secarlo con la toalla, le puso el pañal y Trunks no protestó como lo hacía normalmente. No quiso vestirlo, si estaba afiebrado, prefería dejarlo así. La joven miró la hora, hace solo unos minutos que Vegeta había salido, se impacientó, ver al niño normalmente inquieto y alegre, decaído y silencioso le angustiaba. Se recostó a su lado y acarició su frente, el bebé giró hacia ella y cerró sus ojos cuando su mano peinó su cabello aun húmedo, debía secarlo, pero no quería molestarlo. Tampoco quería que durmiera aún, si estaba enfermo debía revisarlo la doctora primero. La puerta se abrió de golpe y la joven levantó la mirada esperanzada con ver al rey.
―Viene en camino ―habló Vegeta apenas entró―¿cómo lo ves? ―cerró la puerta y caminó hacia la cama.
―Decaído ―susurró. Vegeta observó su semblante, lucía preocupada y angustiada. Sus ojos azules estaban brillantes, parecía que en cualquier momento se pondría a llorar. Él ya estaba inquieto por la situación y verla así lo dejaba peor, no sabía cómo lidiar con su hijo enfermo, qué hacer o como ayudarlo. Miró la hora en su comunicador y luego a la joven. Bulma acariciaba el pelo del niño, concentrada, como si estuvieran solo los dos, el bebé respiraba suavemente y la miraba con aparente aburrimiento. Le gustaba ver la dedicación con la que Bulma lo cuidaba, le distraía.
Dos golpes en la puerta interrumpieron, Vegeta habló alto autorizando la entrada. El escolta de turno abrió la puerta y dejó pasar a Iris, que venía con un maletín y agitada por la prisa. La doctora apresuró el paso hasta la cama, el saiyajin que le abrió la puerta la cerró apenas ella ingresó al dormitorio.
―¿Qué pasó? ―preguntó, reverenció al rey y continuó caminando hasta Bulma y el niño. Observó al menor, tenía los ojos brillosos, parecía cansado y tranquilo, no le prestó atención cuando llegó junto a ellos.
―Creo que tiene fiebre ―habló la joven, el rey miraba atento la situación, la reacción de la doctora, la mirada de Bulma, no se perdía detalle. De pie al lado del pilar del dosel, observaba como trataban a su primogénito. ―Y está decaído.
La doctora abrió el maletín, un poco nerviosa, no todos los días tenía al rey vigilando su trabajo, porque sí, eso hacía. Podía sentir sus ojos negros fijos en sus movimientos, estudiando cada acción. Tragó saliva con disimulo y buscó el termómetro. Bulma ayudó al niño a sentarse, mientras que Iris puso el aparato digital bajo su axila.
―Esto será breve ―explicó mirando a la joven madre. Pasaron un par de segundos, Trunks no hizo el intento de quitarse el termómetro, estaba más dócil que nunca y eso solo preocupaba a sus padres. La doctora, con suavidad, levantó el brazo derecho del niño y sacó el aparato―tiene 40° ―murmuró y la princesa exclamó angustiada―tranquila, al ser mitad saiyajin, es normal que su temperatura esté un poco alta, sus genes le ayudan a sobrellevarlo.
―Pero se siente mal ―insistió Bulma, mirando preocupada al niño―¿será un resfrío? ―Vegeta se acercó un par de pasos, para mirar más de cerca lo que pasaba con su hijo.
―No ―negó la mujer, giró un poco al niño, el príncipe se apegó al pecho de su madre dejando que la doctora le viera la espalda―esta es la culpable ―confirmó mirando su zona lumbar―crecerá esta noche, fíjate ―apuntó a la parte baja, donde la zona estaba levantada y enrojecida, mucho más que antes―con la pomada que te di bastará para calmar los dolores.
―Esta reacción no es común en los saiyajin ¿por qué le pasa? ―habló Vegeta, su voz se oía calmada, pero la princesa notó que seguía ansioso y nervioso, demasiado como para ella notarlo.
―Es por su parte humana ―respondió mirando al niño, que a esas alturas se había abrazado a su madre, apoyando su cabecita en su pecho, mientras chupaba tres dedos de su mano derecha―hace fiebre porque desconoce las células de su cola. Pero al ser mitad saiyajin, puede soportar esa temperatura ―miró a Bulma―no hay de qué preocuparse, así que no te angusties. Solo sigue aplicando la pomada.
―¿No le recetarás algún jarabe por la fiebre? ―preguntó la princesa. Vegeta cambió su peso de pie, miraba a Bulma y luego a la doctora, sentía que estaba en desventaja, la joven se manejaba bastante bien en la salud del niño, y él no comprendía demasiado lo que debía hacer, pero quería aprender.
―No ―dijo guardando el termómetro―creo que llenarlo con químicos es innecesario. Estará tranquilo hasta que la cola crezca, pero no le hará daño la temperatura alta, descuida. No le pongas ropa, dejalo dormir con sólo el pañal y lo cubres con las sábanas ―Bulma asintió pensativa, acarició la espalda del bebé con suavidad y giró hacia el rey, quien la miraba serio.
―Me quedaré con él esta noche ―dijo mirándolo con determinación. Iris miró a ambos en silencio, intentó no hacer ruido, pasar desapercibida en la interacción de ambos. Miró de soslayo al rey, esperando encontrar enojo o disconformidad, en cambio, lo vio asentir de acuerdo con la princesa. La doctora miró extrañada su reacción, sabía que el monarca se estaba comportando por el niño, pero la actitud de Bulma siempre podía ser un detonante para una tragedia entre ellos.
―¿Me necesitan para algo más? ―preguntó, queriendo salir pronto de esa habitación.
―No, puedes retirarte ―dijo el rey, mirándola unos segundos, asintiendo en su dirección, era lo más cercano a un agradecimiento de su parte. La doctora se despidió de la princesa y el niño, reverenció al rey, y salió rápido del dormitorio.
Bulma observó la espalda de Iris al salir, suspiró profundamente y miró al niño. Parecía tener sueño, besó su cabeza y lo apartó un poco de ella, Trunks no dejó de lamer su mano, la joven se bajó de la cama y sin mirar al rey, se desabrochó su pantalón corto. Vegeta alzó ambas cejas al verla bajar su ropa, aunque pensó en apartar la mirada, no pudo hacerlo. Su pulso se aceleró ligeramente al ver sus piernas desnudas, su ropa interior era blanca con lunares rosados, la vio dejar la tela en el suelo y luego llevar sus manos hacia su espalda, sabía lo que hacía, a menudo la vio quitarse los sujetadores de ese modo. Una vez el broche suelto, metía sus manos a las mangas de su remera y quitaba los tirantes por sus brazos, para finalmente meter la mano por debajo de la tela y quitárselos sin sacarse la playera. Observó mudo el espectáculo, no se atrevió a preguntar y solo parpadeó cuando la vio sentarse en la cama. Se preparaba para dormir con su hijo, era normal, pero no dejó de llamar su atención que se desvistiera con esa soltura delante de él. El menor gateó hacia su madre y tocó su pecho.
―Mama ―habló por fin desde que salió de la bañera―cheche ―pidió en su lenguaje infantil. La joven se cubrió con las sábanas y empujó las mantas hacia atrás, pero no con la suficiente fuerza, quedando solo a mitad de la cama. Vegeta se acercó y tomó las frazadas y las ordenó a los pies, sorprendiéndola. Cuando lo hizo, el niño giró hacia él y dio palmaditas en la colchoneta―papa, ven. ―Vegeta alzó ambas cejas, miró a la joven que acomodaba las sábanas, inconscientemente buscando su aprobación.
―Te está invitando ―dijo sin mirarlo. Era difícil actuar como si entre ellos, las cosas estuvieran conversadas, resueltas y bien, pero por el niño que tenían en común, ambos lo hacían sin siquiera llegar a ese consenso. No podía seguir pensando en apartar a Trunks de Vegeta, cuando ambos se mostraban tan dependiente del otro. El niño lo había aceptado rápido, y Vegeta no se escondía para interactuar con él, y era lo que a ella le hacía aceptar la situación, aunque le molestara, no podía interferir en la relación de ambos.
Vegeta se quitó las botas sin dejar de mirar a la madre y al hijo. Veía en ella incomodidad, pero no dejaría de estar cerca de su primogénito por ella, más cuando el niño lo estaba invitando. Se quitó los broches de la capa y la dejó caer al suelo, se quitó los guantes, los dejó en el buró izquierdo y aceptó la invitación de su hijo, se recostó en la orilla, intentando no usar mucho espacio, dejando a Trunks en medio de ambos. El rey se sentía inquieto en esa situación, era cierto que mantenían una relación cordial desde hace semanas, pero diferente era tener esa cercanía. Saber que la joven estaba medio vestida a solo medio metro era una prueba difícil de soportar. Giró a ver al niño, Trunks esperó que su madre acomodara las sábanas, mientras se tocaba la piel extra, sin dejar de mirarla. Una vez la mujer se acomodó, el niño se acercó a su pecho. El rey se quedó inmóvil al ver como la joven levantaba parte de su playera, intentando exhibir lo menos posible, pero él pudo verlo de todas formas. Tragó con disimulo, solo fueron unos segundos antes de que su hijo se acercara y echara el pezón rosado a la boca. Bulma lo acomodó de lado y le acarició el pelo lacio, mientras el bebé succionaba animado, la joven estiró el brazo hacia el buró derecho y sacó el frasco con la pomada, lo abrió rápidamente y levantó un poco las sábanas.
―Yo lo hago ―habló el rey. Bulma levantó la mirada hacia él y sin pensarlo demasiado, le entregó la pomada. Lo vio untar dos de sus dedos en el recipiente y acercarse al niño y con suavidad, digna de admirar en él, untó la crema en la zona hinchada. La joven no dejaba de sorprenderse con la actitud del rey, la culpa empezaba a dominarla en cada momento que presenciaba de él siendo un buen padre para Trunks, y ahora sabía que no solo lo sería para su hijo, también para el de Riander. Hace solo unos días que le había exigido que se cuidara delante de todos, no importándole si la estaba avergonzando. Observó como dejaba los restos de crema en el recipiente y lo cerraba, para dejarlo en el mueble cercano a él.
Se quedaron en silencio, Vegeta mirando de vez en cuando a su hijo, apartando la mirada a los segundos, evitando perderse en la piel de la joven. Bulma no dejaba de mirar al niño, que a esas alturas parecía dormido, con los ojitos cerrados, se acariciaba él mismo el pelo. La joven miró con disimulo al rey, lo vio tenso en su sitio, silencioso, sin esa postura orgullosa, más parecía un joven inexperto que por primera vez comparte la cama con una mujer ¿sería por Trunks? El presenciar otra faceta de la paternidad podía inquietarle, después de todo, nunca se dejaba de aprender a ser padres.
―Lo siento ―susurró después de unos minutos. El rey giró a verla, confundido, observó su perfil, parecía evitar su mirada. Se concentraba solo en el bebé, que poco a poco, succionaba más despacio―estos días… no he dejado de mirarte ―Vegeta se tensó en su sitio, sintió su corazón latirle deprisa ¿por qué se emocionaba de pronto? Era difícil controlar la ilusión que se despertó en su pecho cuando la oyó―eres muy buen padre. ―El rey contuvo el suspiro, aquello era una felicitación que no pidió, pero que tampoco era malo recibir, sin embargo, no pudo evitar sentirse idiota ¿qué seguía esperando de ella? ―Lamento haberte excluido de eso.
Intentó ver algo en su rostro que delatara algo más que una disculpa, necesitaba saber. Su pulso seguía acelerado, era primera vez que hablaban sobre el tema sin insultarse o discutir. Recordaba lo que le había hecho en Iuris, cuando intentó alejarse lo que más pudo de ella para no cometer una estupidez, que terminó haciendo de todos modos y evitaba pensar en ello, porque no quería sentir culpa por alguien que le había hecho tanto daño, si hubiera recibido esa disculpa, con esa sinceridad antes ¿las cosas habrían resultado diferente? No podía dejar de pensar en ello «pero no se puede cambiar lo que ya está hecho» pensó.
―¿Te arrepientes? ―preguntó sin pensar, nuevamente su lengua lo traicionaba. Bulma levantó la mirada hacia él, el silencio que se había instalado entre ambos era extraño, un poco tenso y cargado de emociones que ninguno asumía.
―De haberte alejado de Trunks, sí ―esa respuesta bastaba para el rey. Giró hacia el frente, evitando que ella viera la desilusión de sus ojos negros y la rabia consigo mismo ¿por qué seguía esperando de ella? Volvió a preguntarse ¡estaba haciéndolo tan bien! Centrándose solo en su hijo y el que estaba creciendo en el vientre de la reina, y bastaba unas horas a solas con ella para dudar, pensar una y otra vez en lo que pudo ser. No debía ser de ese modo, lo de ellos ya no tenía salvación, él no quería estar con ella, no la quería en su vida, no merecía tener a su lado a una mujer traidora y manipuladora, y aunque lo quisiera, ella tampoco lo quería a su lado y la rabia volvía, contra ella y contra él, a ella por rechazarlo y a él por seguir aferrado a eso, a migajas, a lo que ella quisiera darle. No era imbécil. Sabía que si la joven se disculpaba como lo había hecho recién, si le pedía un espacio en su vida, él se lo daría todo ¡y no se lo merecía! Se repetía todas las noches, ella no le había aportado nada bueno a su vida más que su hijo, solo eso y era en lo único que debía centrarse.
―¿Cómo fue? ―preguntó cambiando de tema. La joven lo miró confundida, el rey giró hacia ella y miró al niño―el embarazo. ―Bulma alzó ambas cejas al oírlo, recordó las palabras que le dio a Riander en el primer entrenamiento de Trunks, y la culpa se instaló en su pecho, otra vez. Con ella no habría sido así de frío, aunque no le gustara pensarlo, Vegeta la trataba bien cuando ella cumplía con sus expectativas.
―Breve ―murmuró desviando la mirada. El rey la miró fijamente, la joven tenía el cabello revuelto, pero no le quitaba ni un ápice de belleza―pasé dos meses en la nave, así que cuando llegué y me examinaron, ya había pasado casi la mitad del embarazo. ―Guardó silencio unos minutos, pensando en qué podía contarle y que no al rey, pensó omitir el detalle de que quiso abortar a Trunks, porque incluso a ella le era difícil de recordar ahora que conocía a su hijo―el tercer mes fue horrible. Muchas náuseas, casi no comía. Tuvieron que nutrirme con suero y vitaminas.
―¿Y eso por qué? ―Bulma lo miró unos segundos, el rey parecía tranquilo y atento a sus palabras ¿Cuándo fue la última vez que platicaron así? No lo recordaba, no tenían muchas ocasiones así, incluso cuando vivió con él. Quizá podían mantener una relación sana a partir de ahora, por Trunks al menos.
―Las náuseas me hacían vomitar todo ―explicó―en el tercer mes supe que sería niño, las compras no fueron divertidas… el cuarto mes me sentí mejor, comía mucha carne y helado. Trunks pateaba fuerte cuando escuchaba a Jaco ―sonrió al recordarlo―y el parto fue horrible. ―Murmuró seria, miró al rey que seguía atento a sus palabras, bajó la mirada al menor al verlo que ya había soltado su pecho y se había quedado profundamente dormido. Bajó su remera sin mirar al rey―tuve todas las contracciones, me dilaté lo que debía, pero no pude hacerlo por parto natural. Tuvieron que hacer una cesárea de emergencia, si lo hubiera programado en primera instancia, no habría pasado por todo ese maldito dolor ―bufó cansada―conocernos y entendernos, tampoco fue fácil.
―¿A qué te refieres? ―cuestionó interesado.
―Cuando era recién nacido, yo no sabía como lidiar con él. Y él no me tenía paciencia para cuidarlo, era un bebé al fin de cuentas. Mamá me ayudó bastante a entender algunas cosas y me enseñó lo básico. Pero aun así fue difícil, lloraba mucho, ambos ―sonrió sin ganas―ahora es un encanto… a veces. ―Frunció el ceño al recordar los berrinches del menor.
Vegeta no respondió. Miró al menor que dormía plácidamente, ajeno a la platica de sus padres o, por el contrario, el oír las voces de ambos lo calmaba. Se levantó con cuidado de no despertarlo. Bulma lo observó tomar sus guantes y ponérselos en silencio, luego sus botas. La miró unos segundos, mientras recogía la capa y los broches, no se despidieron, solo se miraron en silencio. El rey giró sobre su talón, aun sin poner su capa y caminó hacia la salida, cuando abrió la puerta, la joven alcanzó a ver a Alek reverenciarlo, y como no se perdió detalle del monarca a medio vestir. El saiyajin agachó la mirada y posó su mano en el pomo, la miró antes de cerrar, casi con reproche y Bulma agachó la mirada, pensando que esa situación no podía seguir aplazándola.
(…)
Miró el plato lleno de verduras y la porción de carne asada al lado, no tenía apetito, lo apartó y se sirvió un poco de agua. Desde hace unos días que no siempre cenaba con Trunks, empezaron a integrarlo a la mesa principal junto a la familia real, y para su sorpresa, el menor no hizo protesta alguna. Cada vez era más propenso a separarse de ella, a veces Vegeta lo llevaba a su estudio y se quedaban juntos una hora o dos, hasta que pedía por ella. Pero era un gran avance para el rey, el niño podía estar solo con él y no había escándalos, al contrario, se divertía y le gustaba pasar tiempo con su padre, por lo mismo, había días que quería comer con él, y otros con ella. Y cuando estaba sin él, empezaba a sentirse sola y sin rumbo. Desde que nació su hijo, que no tenía otra cosa en mente que cuidarlo, cuando estaba sin él, se sentía sin propósito y eso la dejaba peor, tenía 21 años, no podía aferrarse solo a la maternidad. Además, aunque odiara pensarlo, tarde o temprano tendría que irse y dejar a su hijo con Vegeta, empezaba a creer que aquello pasaría más temprano que tarde. Suspiró. Movió unos trozos de patatas con su tenedor, casi jugando con los alimentos ¿comería bien Trunks? Tarble le había contado que no hacía problemas en la mesa, que intentaba platicar con ellos al oírlos hablar, aunque no se entendía lo que decía.
Al menor lo habían ubicado al lado de Vegeta, para tranquilidad de la joven, Riander no se presentaba en las comidas, pasaba recluida en su habitación, cuidando de su embarazo. Por lo que Trunks no tenía que soportar miradas maliciosas ni comentarios desagradables, aunque no los entendiera. Había pasado casi una semana desde que su rabo creció, el niño ya se había acostumbrado a su peluda extensión, a menudo la abrazaba como si fuera un peluche y corría en círculos persiguiéndosela, como si de un perrito se tratara. Vegeta había fruncido el ceño cuando vio el color de la cola, igual a su cabello, pero no dijo nada. Después le preguntó a Tarble si sabía qué pensaba el rey sobre ello. Para su sorpresa, el príncipe le había confesado que su hermano solo estaba preocupado que discriminaran al niño, por eso trataba de pasar más tiempo con él, incluyéndolo en comidas y en su trabajo administrativo, vigilaba que no se le despreciara bajo ningún concepto, al menos hasta hora resultaba, pues nadie había hecho ningún comentario sobre la cola de Trunks, ni siquiera sus abuelos.
Estaba en la habitación de su hijo, miraba la cama vacía y luego la hora, calculaba que ya habían terminado la cena. Se puso de pie con la bandeja y la dejó sobre la mesita. Caminó hacia la ventana y corrió la cortina, afuera se veía oscuro, las luces del jardín solo alumbraban un poco de boscaje, pero no todo el territorio. Desde la distancia, podía ver puntos aislados iluminados, sabía qué eran, las cabañas de los escoltas de Trunks, entre ellos, la de Alek. Desde que vio salir a Vegeta esa noche, que el saiyajin no la miraba y actuaba como los demás con ella, aquello debería dejarla tranquila, pues así olvidaba aquel desliz con el saiyajin, por el contrario, la joven no dejaba de imaginar volver a su cabaña y terminar aquello, sobre todo cuando se encontraba sola. Había entendido que no podía seguir dedicando su vida completa a la maternidad, aparte de madre era mujer y científica y no le estaba prestando atención a ninguna de esas facetas que la hacían feliz y plena.
Era tiempo de pensar en sí misma. Quizás Alek ya no quería involucrarse con ella, lo entendía y también lo creía razonable, pero se lo preguntaría directamente. Sabía que podía intentarlo con alguien más adecuado para ella, pero no buscaba nada serio, una relación fugaz con un soldado sonaba bien y era más atractivo para la princesa. Suspiró, se llenaba de ansiedad al pensarlo, no se atrevía a actuar sin esconderse a pesar de que con Vegeta las cosas estaban en calma, seguían actuando como dos adultos maduros que se preocupaban solo por la crianza del hijo que tenían en común, pero es que tampoco podía dejar que nadie supiera de su comportamiento, antes que nada, era una princesa y no podía seguir sumándole antecedentes a su ficha personal con los saiyajin. Debía ser cuidadosa en todos los sentidos.
Después de media hora, la puerta se abrió. La joven giró hacia la entrada a tiempo para ver al rey entrar con el niño en brazos, Vegeta parecía cansado y el menor no paraba de hablar. Bulma intentó no sonreír, era esos días en que el niño no paraba de balbucear que llegaba a marear. Se acercó a recibir al menor, el rey extendió los brazos para entregárselo, y la joven lo recibió sin decir una palabra, pero no pudo separarlos en su totalidad. La princesa abrió los ojos de par en par cuando notó la cola del niño enredada con la punta de la del rey. Marrón oscuro contra el tono lavanda, levantó la mirada hacia Vegeta, quien notó lo mismo que ella.
―Lo hace siempre ―explicó el rey, y con ambas manos, las desenredó con delicadeza de no tirar la del niño, pues aun era sensible para el bebé.
―¿Por qué lo hace? ¿es normal? ―cuestionó la joven, mirando al rey. Vegeta, sin mirarla asintió y caminó hacia la salida, posó su mano en el pomo y murmuró dándole la espalda.
―Sabe que soy su padre ―explicó―se siente en confianza y protegido, por eso lo hace. Para no apartarse de mí, al estar rodeado de otros saiyajin, sus instintos le alertan que es más débil, se siente en desventaja y busca que lo cuide. Me deja apartarlo solo cuando está contigo. Supongo que ambos le brindamos seguridad―y se encogió de hombros. La princesa giró hacia su hijo que se había abrazado a su cuello y le tomaba la punta de su pelo, echándoselo a la boca, no le quitó el mechón, se quedó pensando en lo mucho que desconocía de la especie que siempre consideró primitiva.
―A veces enreda su cola en mi muñeca ¿Eso que significa? ―Vegeta no respondió, abrió la puerta y salió de la habitación. No podía hacerlo cuando él hizo lo mismo con ella cuando estaban juntos, enredando su cola en su muslo o muñeca, demostrándole afecto que ella no supo identificar.
No le costó trabajo bañarlo, se metió junto a él a la bañera y después, al sacarlo, el bebé no hizo berrinches, pues estaba cansado y quería dormir. Su día había consistido en correr por el jardín persiguiendo bichos, tomar el té con Laurel, donde se comió la mayoría de los pasteles, luego pasó la tarde con su padre, recorriendo salas de reuniones, oficinas, y casi no fue en brazos, por lo que tuvo que caminar bastante. Bulma lo dejó sobre la cama, buscó un pañal y su pijama, junto al secador de pelo. Secó su cuerpo con cuidado, pasó la toalla por su cabello unos minutos, intentando sacar los restos de agua y luego por su rabo inquieto, que meneaba de lado a lado, y se le escapaba cada vez que lo envolvía en la tela. Una vez seco, le puso el pañal, con cuidado introdujo la cola por el agujero, siempre le ponía nerviosa esa parte, Iris le había explicado que, en sus primeros años de vida, su cola sería muy sensible y que, si se la pasaba a llevar, el niño sufriría mucho. Cuando consiguió pasar el rabo por el agujero, acomodó el pañal y lo abrochó. Encendió el secador y ajustó la temperatura, tardó unos minutos en su cabello delgado y luego, bajando un poco el calor, lo pasó por el rabo del niño. Trunks sujetaba su cola para que su madre la secara, ayudándole en su tarea, lo cierto era que el agua en exceso en los pelos del rabo le molestaba.
Después de ponerle el pijama, lo acostó e intentó leerle un cuento. Pero el príncipe no quería escucharla. Se abalanzó sobre ella sin dejar de tocar su pecho, Bulma entendió el mensaje y lo acomodó para amamantarlo, casi no producía leche, pero el menor insistía en lactar unos minutos para poder conciliar el sueño. Si hubiera estado en la tierra, se lo negaría e intentaría que el niño dejara el pecho lo antes posible, pero aun mantenía la esperanza de hacer que dependiera de ella un poco más. Sí, se divertía con su padre y le gustaba pasar tiempo con él, pero al final del día, era en los brazos de su madre que buscaba refugio. Tardó unos quince minutos en hacerlo dormir, esperó por media hora que el sueño del niño se profundizara y se levantó. Acomodó su ropa, sintonizó la radio y besó su frente con suavidad. Dejó una luz encendida, la de la lámpara más alejada de la cama y salió. Echó un vistazo rápido a los escoltas, Alek no estaba entre ellos.
Fue a su habitación con calma, aunque en su interior estaba ansiosa, no dejaría una noche más sin solucionar su asunto con el escolta. Al llegar a su dormitorio, buscó sus capsulas, sincronizó su reloj de pulsera con la radio de Trunks, dio un profundo suspiro y tomó un jersey delgado. Esta vez no quería ser vista cuando saliera, por lo que cuando puso un pie en el pasillo, avanzó a paso rápido sin mirar a nadie, evitando que recordaran haberla visto. Al salir del palacio, siguió su camino hasta adentrarse en el bosque, cuando la luz de los jardines ya no iluminaba su alrededor, sacó una capsula silenciosa y la presionó. De ella salió una bicicleta de montaña, había pensado que ir en aeronave era muy llamativo, al igual que en algún vehículo de cuatro ruedas, la bicicleta era perfecta.
Su corazón latía deprisa, la adrenalina hacía estragos en su menudo cuerpo, quizá lo de esconderse era lo que le seducía, o el buscar sexo casual con un hombre. Las dudas tampoco la dejaban tranquila, si Alek no quería volver a verla ¿qué seguía a continuación? Una mueca de molestia se formó en sus labios. Tardó media hora en encontrar la cabaña de Alek, había trazado un mapa mental desde la laguna, hasta donde el saiyajin la había guiado hace casi un mes atrás. Las luces en la casa estaban apagadas, quizás él no estaba en su hogar. Se bajó de la bicicleta estando a unos metros de distancia y la empujó hasta llegar a la puerta. Pensó unos segundos antes de golpear, su pulso a esas alturas estaba como loco, sentía sus oídos palpitar y el cuerpo caliente, aunque podía echarle la culpa al esfuerzo de pedalear. Levantó su brazo derecho y quedó en el aire, dudosa, finalmente decidió golpear tres veces, fuerte y firme, haciéndose oír. Esperó con el corazón en la garganta, su vientre se sentía revuelto. Relamió su labio inferior, ansiosa, giró hacia atrás, mirando los alrededores. Se veía todo a oscuras, solo las estrellas en el cielo iluminaban la noche. Se sintió insegura de repente, no solo por lo que hacía, sino por el lugar en el que estaba. Miró la bicicleta unos segundos y tomó el manubrio, se iba a subir cuando la puerta se abrió de golpe. La joven quedó con una pierna a mitad de camino y la bajó rápidamente cuando vio a Alek asomarse.
―Princesa ―susurró el saiyajin al verla. La joven no alcanzaba a ver sus rasgos, la luz en el interior de la cabaña seguía apagada―¿qué hace aquí?
―Hola ―saludó un poco desilusionada, la actitud cortante del saiyajin le bajó los ánimos―quería… hablar contigo.
―No es necesario ―habló el saiyajin. Bulma no apartó la mirada, aunque no pudiera distinguir sus ojos―sabía que tarde o temprano volvería a ser la mujer del rey.
―¿Qué? ―preguntó con sorpresa―¿De dónde sacaste eso? No es así ―negó meciendo su melena―¿Por eso estás actuando diferente?
―Creí que… ―murmuró confundido. Bulma lo vio entrar a la cabaña, segundos después encendió la luz de la sala, y volvió a asomarse a la puerta, para poder verla. Bulma le dio una mirada rápida, vestía solo unos pantalones holgados, dejando el pecho descubierto. Tenía algunas cicatrices en los brazos y una larga en el abdomen, pero no se veían mal―esa vez que se quedó con usted en la pieza del príncipe, pensé que había pasado algo…
―Dos cosas ―dijo la joven, levantando dos de sus dedos de su mano derecha―si fuera la mujer de Vegeta, no estaría aquí y, aunque no te debo explicaciones, te lo diré. Esa noche Trunks le pidió que se acostara con nosotros, se quedó unas horas y luego se fue.
―Ah ―asintió, y su semblante serio y esquivo cambió al saiyajin de siempre, le sonrió conforme con su explicación y murmuró―¿a qué vino su alteza?
―Sabes a qué ―respondió, sin dejar de mirar sus ojos negros―claro, si aun lo deseas.
―¿No se escapará antes de terminar? ―cuestionó, estrechando los ojos. Bulma sonrió un poco avergonzada, pero para el saiyajin fue una sonrisa coqueta―bueno, no le miento, si lo hace otra vez, no me enojaré. Puedo ser muy paciente.
―Es bueno saberlo ―dijo y suspiró―¿puedo pasar? ―el saiyajin en respuesta se hizo a un lado y se inclinó en una reverencia, dándole el paso.
Bulma no alcanzó a llegar al medio de la sala, cuando oyó la puerta cerrarse detrás de ella. Giró hacia el saiyajin a tiempo para verlo acercársele, sin sonreírle, solo la miraba, una mirada que sabía reconocer, casi depredadora. La joven esperó por él, segundos después el saiyajin se paró en frente y se inclinó hacia ella, al mismo tiempo que rodeaba su cintura con sus manos. La joven relamió su labio inferior y se puso de puntitas para poder alcanzar sus labios, él entendió rápidamente su idea. Aun no sabía qué era lo que ella hacía con su boca, o como se llamaba, pero le gustaba, hacía que la cercanía entre sus cuerpos fuera única, sentir la calidez de su lengua y saliva era excitante.
Se besaron con torpeza, la joven jadeó en su boca al sentir sus manos ansiosas recorrerle el cuerpo, colándose debajo de su falda, para posarse en su trasero y apegarla a la pelvis masculina. Su pecho chocó con el torso desnudo del escolta, por reacción involuntaria, estiró sus manos a su cuello y se sostuvo para hacer que el beso fuera más cómodo. Alek la levantó del suelo, dejando sus rostros de frente y la joven rápidamente rodeó su cintura con sus piernas. Sentía las manos del saiyajin recorrerle el trasero y luego los muslos, sin dejar de besarla y ella restregaba su pecho en el suyo, queriendo sentir sus músculos duros. No fue consciente de cuando el saiyajin la empujó sobre la colchoneta que estaba en el suelo, con una mano sujetó su espalda y la otra, movió algunos objetos que estaban en la cama.
―¿Está segura? ―preguntó, cuando la dejó de espaldas en el colchón. Bulma respiraba agitada, sentía sus mejillas sonrojarse y su corazón latirle deprisa, pero, sobre todo, la ansiedad en su intimidad estaba humedeciendo la tela de su ropa interior. Ella quería que eso pasara, necesitaba que sucediera. Su confianza y cuerpo lo necesitaban.
―¿Tú lo estás? ―respondió en un susurro femenino demasiado cautivador para el saiyajin. Él se acercó a ella y posó sus manos sobre los botones de su vestido, intentó desabrocharlos, pero sus dedos torpes no pudieron, entonces la princesa le ayudó, con movimientos lentos de sus dedos gráciles, desabotonó de uno en uno los botones, sin dejar de mirarlo. Sus ojos negros no se perdían detalle de sus movimientos, lo vio tragar ansioso cuando dejó ver parte de su pecho cubierto por el sujetador―necesito saber que lo estás, Alek.
―Hace mucho que lo estoy ―susurró varonil y se inclinó para lamer su cuello―no se imagina cuanto la deseo.
―No ―negó y se apartó para poder ver sus ojos, el saiyajin la observó un poco confundido―tuteame ―pidió―cuando esté aquí, contigo, no soy una princesa ―y acercó su perfil al suyo, besándolo.
No dijeron más palabras. El deseo nubló los pensamientos de la joven, se entregó al momento sin pensar en sus obligaciones o las consecuencias, lo único que necesitaba era ser una mujer, sentirse como tal y dejar de cuestionarse todo el tiempo. Olvidar la inseguridad, las dudas y temores por su futuro, solo quería sentir que todo era real, algo que la hiciera aterrizar. Y Alek quería ser parte de ello. El saiyajin lamía y mordisqueaba su cuello y hombros con movimientos medidos, intentando no dejar su huella en su piel lechosa. Sentía su erección estirar la tela de su pantalón, quería follarla sin más demoras, pero no se atrevía a dar ese paso.
Sus manos titubeaban entre tocar su cintura y costillas, queriendo subir un poco más, deteniéndose justo donde terminaba su pecho. El calor invadió a la princesa, que, sin pudor, quitó el broche delantero del sujetador, dejando libre sus senos, sorprendiendo al saiyajin. Bulma, bajo la atenta mirada del escolta, continuó desvistiéndose hasta quedar solo con sus bragas. Él la admiraba, como si fuera una pieza de arte que intentaba descifrar, pero que se le tenía prohibido tocar, podía verlo en sus ojos negros, que brillaban con hambre sobre su cuerpo. Se sintió bien, no estaba siendo vista con un único propósito, estaba siendo casi venerada por el saiyajin. Su corazón no dejaba de latir deprisa, sentía sus mejillas calientes y seguramente estaban sonrojadas, pero en esa circunstancia no importaba. Se recargó en el colchón cuando terminó de desvestirse, tomó la mano derecha del saiyajin y la posó en su cintura con suavidad, arrastrándola por su abdomen hasta hacerla subir a su seno izquierdo, donde su palma ahuecó el monte casi de forma inmediata, ahí estaba, el permiso que él necesitaba para tocarla con más confianza.
Bulma alcanzó a ver la tela de su pantalón tirante antes de que el saiyajin se subiera sobre su cuerpo, y pudiera sentir la erección de él sobre su pelvis. La ansiedad arrasó con su interior, de pronto no quería ser tocada con tanto preámbulo, necesitaba que la follara con fuerza, que cada embestida le recordara lo que estaba haciendo. La joven mordió su labio inferior, y bajó su mano libre hacia el borde del pantalón del saiyajin, introduciéndola debajo de la tela, sorprendiéndolo. El escolta no esperaba que una princesa fuera tan participativa, inmediatamente pasó por su cabeza la imagen del rey, pensando en que ahora más que nunca comprendía los rumores de él y su obsesión con la princesa, él también se obsesionaría con una mujer como ella.
La mano de la joven rodeó sin dudas su miembro, caliente al tacto y duro, subió y bajó su mano con dificultad al estar dentro de su pantalón. El saiyajin gimió sin pudor al sentir su caricia, la miró un poco incrédulo, pensando si lo que estaba sucediendo era otra de sus fantasías. Se inclinó a probar sus labios, y ella lo recibió soltando su miembro, pero bajando sus pantalones, dejando libre su erección. Con sus muslos, intentó empujarlo a su centro, elevando sus caderas para poder recibir y cobijar su virilidad. El saiyajin frotó su miembro sobre la intimidad de ella, y la joven se sumó a su vaivén. Sus manos no dejaron de palpar sus senos, con fuerza, midiendo su textura, deleitándose con su calor.
―No puedo esperar más ―dijo el escolta en un grave susurro. Bulma lo observó unos segundos y lo empujó un poco, el saiyajin la miró confundido y entonces la vio bajar sus bragas, él le ayudó a deslizar la tela por sus pies, la dejó olvidada en alguna parte cerca de la colchoneta y ansioso, volvió a subirse sobre ella, buscando su apertura.
Bulma gimió alto cuando sintió la erección abrirse paso, no fue brusco, entró seguro, pero no de una sola estocada, como estaba acostumbrada. Frunció el entrecejo sintiendo al saiyajin moverse sobre ella, entendió dos cosas, que el sexo saiyajin no siempre era violento, y que Alek no era egoísta en la cama. Lo veía en cada movimiento y lo sentía, el saiyajin se esmeraba por hacerla sentir bien, parecía querer servirle en todo momento y no sabía con exactitud como sentirse al respecto. Sus gemidos pronto se hicieron oír, y los de Alek resonaban desde el minuto en que la penetró. El saiyajin no escondía lo que le hacía sentir, era como un libro abierto y le gustaba, estaba cansada de esconder emociones y pensamientos, con Alek eso no era necesario.
No duró demasiado el encuentro, unos cinco minutos quizá, la joven no alcanzó su clímax, sin embargo, algo dentro de ella sí. Se sintió conforme, había dado un paso esa noche, se había acostado con otro hombre y no se sentía culpable. Por primera vez desde que tenía 15 años, hizo algo realmente por voluntad propia, no pensó en consecuencias ni en nadie más que en ella, y se sintió bien, demasiado bien. El saiyajin no eyaculó en su interior, prefirió hacerlo en las sábanas, se desplomó a su lado, jadeando, su pecho subía y bajaba. Bulma en cambio, miraba el techo sin dejar de sonreír. Giró hacia el escolta que, respirando con dificultad, también sonreía al techo, la joven se contagió con su humor y se sentó sin dejar de mirarlo.
―¿De qué te ríes? ―preguntó curiosa, mientras ordenaba su cabello, pasando sus dedos entre sus mechones, desenredándolo.
―Siempre creí entender al rey ―dijo y Bulma se tensó cuando lo nombró―ahora lo comprendo completamente. Yo también me obsesionaría con us…―se detuvo―contigo―corrigió. La joven pensó en sus palabras unos segundos ¿obsesión? Si, a veces lo pensó, pero no lo creía del todo, si lo estuviera, se esmeraría por hacer que las cosas entre ellos mejoraran, no la seguiría insultando y dañando física y emocionalmente, para luego ignorarla y actuar como adultos que tienen todos sus asuntos solucionados, la única obsesión real del rey era su orgullo y estatus.
―¿No te asusta… que él se entere? ―preguntó estrechando sus ojos, estudiándolo. El saiyajin continuaba agitado, se tomó unos segundos para responder, sin dejar de sonreír, la miró triunfante, casi orgulloso de su logro.
―Sí ―murmuró―me asusta ¿cómo no tener miedo? Es el saiyajin más fuerte del que se tiene registro ―relamió su labio inferior y tragó saliva―pero, las ganas de estar contigo son más fuertes. ―Bulma alzó ambas cejas al oírlo, seguía desnuda, permitiendo que él viera su cuerpo, y no se sentía incómoda o con pudor.
―¿Estar conmigo? Supongo que te refieres a sexo―respondió―porque sexo casual es lo único que te puedo dar ―sonrió y se puso de pie con movimientos torpes.
Alek admiró su desnudez en silencio, se quedó mirando el movimiento de sus caderas, le gustó la soltura con la que se exhibía delante de él, no había vergüenza, aunque ¿cómo tenerlo con ese cuerpo tan bello? Había escuchado que otras especies eran más recatadas en el ámbito sexual, pero la joven no parecía serlo, tal vez convivir con el rey le había cambiado. Al pensarlo, su semblante se ensombreció. Cuando conoció a la princesa, lo primero que pasó por su mente fue en lo delicada y hermosa que era, pero cuando hablaba y te miraba, demostraba ser una chica fuerte, y debía serlo, para ser la mujer del rey y enemistarse con él, tenía que tener coraje, y Bulma lo tenía. Sabía que se había fijado en la mujer equivocada, pero como le había dicho, valía la pena el riesgo.
―Me conformo con eso ―sonrió el saiyajin―encantado te recibiré en mi humilde morada. ―Bulma sonrió al oírlo y buscó sus bragas―quizá debería darse un baño primero. ―La joven detuvo sus movimientos y levantó la mirada hacia él, la vio fruncirle el ceño―Sé que prefiere su baño, pero el olor a sexo y a otro saiyajin, no pasará desapercibido.
La princesa alzó ambas cejas al oírlo, a su memoria vinieron cada escena del rey olfateándola, recordaba muy bien cuando la maltrató por oler a Raditz. Su semblante se ensombreció al pensarlo, acababa de tener sexo consensuado con un saiyajin considerado, y pensar en Vegeta era inevitablemente comparando los tratos. El rey podía ser el mejor amante, o el ser más despreciable. Sabía que, aunque se sentía libre como para estar con otros, no era lo suficiente como para hacerlo con demasiada libertad y lo mejor era mantener aquello en secreto, por lo que tomó la sugerencia del escolta, buscó su ropa y se dirigió a la única puerta que había en su casa.
(…)
Eran como las tres de la madrugada, era la primera vez que se quedaba hasta tan tarde con Alek. Ya llevaban un par de meses desde que iniciaron su peculiar relación. Y las cosas iban bastante bien, el saiyajin no la presionaba, permitía que ella llegara, lo sedujera y si tenía ánimos, conversaban. Aun no se abría del todo con él, no podía ni quería confiar tan rápido y, sobre todo, no quería iniciar ese tipo de contacto. No quería entregarle nada más que sexo al saiyajin. Pero estar con Alek le ayudaba en tantos sentidos, a veces se sentía agotada mentalmente, que ya no podía seguir soportando vivir en ese planeta, lo visitaba, se besaban, lo hacían y era como si se recargara de energías.
Se sentía ahogada. Veía como su hijo poco a poco se alejaba de ella, y no podía hacer nada. Solo presenciar en silencio como se lo arrebataban. Vegeta estaba más involucrado que nunca en su día a día, lo llevaba a consejos, donde los participantes tenían que aguantar en silencio las interrupciones del niño, pues Trunks no quería apartarse de su padre. Iba siempre de la mano con él o en brazos, y sus colas enredadas y si intentaban separarlo de él, gritaba fuerte y golpeaba a quien se le acercara. Ni ella era capaz de calmarlo, solo quería pasar tiempo con su padre, como si inconscientemente buscara recuperar el tiempo que no estuvieron juntos. Tampoco era como si el niño ya no la quisiera, pero se sentía sumamente aplazada y las noches con Alek le ayudaba a soportar esa situación.
Hace unas semanas habían confirmado el sexo del bebé de Riander, un niño. Había celebrado bajando a cenar con la familia, y ni a Trunks ni a la reina le pareció una buena idea compartir la mesa. La reina terminó regresando a su habitación, pues el niño no paraba de gritarle o lanzarle cosas y Vegeta no consiguió que se detuviera, era un bebé después de todo. Era curioso, empezaba a creer que el niño podía percibir cuando alguien lo estimaba, si podía o no confiar en quien se le acercaba, pues con pocas personas reaccionaba así. Había escuchado de Tarble, que su hermano estaba ansioso porque naciera su otro hijo, y no sabía como sentirse al respecto. El príncipe le había dicho los planes de su hermano mayor, buscaba que el hijo de Riander fuera el encargado de apoyar a Trunks cuando fuera rey, como él lo hacía con su hermano, pero lo que a la joven le inquietaba era el que le dieran ese rol al hijo de la reina, cuando sabían que Riander no quería que su hijo fuera un simple consejero, ella aspiraba a más y así habría sido si ella y Trunks no estuvieran. Las advertencias de Iris tomaban cada vez más fuerza, no se atrevía a hablar con el rey sobre eso, no se sentía en confianza, pensaba seriamente decírselo a Tarble. Había escuchado de Iris que el embarazo de la reina iba bien, que los meses más delicados ya habían pasado, pero que aun así lo mejor era mantener el reposo para asegurarse de que todo estuviera bien con el bebé. No veía a la mujer desde que Vegeta la había mandado a descansar, imaginaba que solo tenía inflado el abdomen, que sus piernas seguían sin un gramo de grasa extra. Suspiró.
Cuando llegó al palacio, pasó de largo por la entrada al mismo tiempo que se estrujaba el cabello, sacando restos de agua. A esa hora solo había unos cuantos guardias, llevaba noches seguidas en las que salía tarde y nadie la cuestionaba. Después de todo, lo que hacía o dejaba de hacer no era problema de ellos. Cuando subió la escalera, se sintió inquieta de repente, giró hacia atrás, pero no había nadie. Con un poco de cautela, subió hasta el piso en donde estaba su cuchitril. Al llegar, abrió la puerta y encendió la luz con rapidez, no alcanzó a sacarse el bolsito con las capsulas, cuando vio al rey de pie, mirando por la ventana.
Tragó saliva con disimulo, al instante, a su mente vino la idea de que él sabía de dónde venía y no sabía qué consecuencia podría traer para ella o Alek, si le traería o no problemas. Últimamente entre ellos las cosas estaban como agua en calma, casi no cruzaban palabras a no ser que fuera por Trunks, pero el agua era cambiante, de un momento a otro podía formarse una tormenta y, nunca se sabía que se alojaba en el fondo.
―¿Qué haces aquí a esta hora? ―prefirió preguntarle. El saiyajin no miró en su dirección, seguía observando desde la pequeña ventana. La joven se quitó el bolso de su cadera, y lo dejó sobre un mesón pequeño que estaba cerca de la puerta. Sentía su pulso acelerado, el miedo fue esparciéndose lentamente por su cuerpo y los nervios le revolvieron el vino que había tomado hace unas horas con el escolta.
―¿De dónde vienes? ―preguntó el rey, y giró hacia ella. Su rostro parecía una estatua, si no le hubiera hablado creería que estaba muerto o algo así, no había expresiones claras que pudiera entender. Parecía sereno y a la vez no, sus ojos desprendían un brillo extraño que no conseguía comprender. La joven tragó nuevamente, y suspiró intentando calmarse.
―No es asunto tuyo a donde voy ―murmuró desviando la mirada. El rey estrechó sus ojos con sospecha, podía oler su miedo desde donde estaba, la veía nerviosa y eso solo significaba que le estaba ocultando algo. Hace mucho que dejó de estar pendiente de su energía, su autocontrol había ganado una batalla difícil y ya no se concentraba en nada que tuviera que tuviera relación con ella. Si no se hubiera quedado firmando decretos en su estudio, no habría sentido a la joven llegar al palacio a esa hora. Observó sus mejillas, tenían un tinte rosa suave, que reconocía con facilidad, su cabello estaba mojado, caían gotas en sus hombros y la alerta se encendió en el rey.
―Claro que lo es ―la joven giró a verlo, con el ceño fruncido, esperando su soliloquio, donde le insistía que ella no era nadie para hablarle así y que él era la máxima autoridad divina del planeta, en cambio, el rey dejó la ventana y se acercó a ella―si mi hijo despierta y necesita de su madre, y no estas, definitivamente es un problema que me concierne.
―Ah ―soltó la joven, casi sonriendo. De eso se trataba, o eso decía él, prefirió pensar que era lo que realmente le importaba, podía ser bastante sobreprotector con Trunks. Levantó su mano y le mostró su reloj de pulsera―está sincronizado con la radio que dejo con Trunks, si despierta, me daré cuenta. Descuida, tengo todo controlado ―y le sonrió con falsa cordialidad.
El rey la quedó viendo con sospecha, era cierto que le preocupaba su hijo, pero era consciente de que la joven podía hacer lo que le decía y más, por lo que, en el fondo, aquello era una excusa para cuestionarla. Ahí estaba otra vez, su insistente necesidad de saber sobre ella, como si quisiera controlar sus movimientos a pesar de haber decidido que no seguiría involucrándose con ella. No respondió a su información, arregló sus guantes y caminó hacia la salida. Bulma se hizo a un lado para dejarlo pasar, y el rey, sin meditarlo demasiado, casi por instinto, acercó su rostro al de ella e intentó olfatearla, pero la joven reaccionó a tiempo y se alejó tres pasos hacia atrás y lo quedó viendo con el ceño fruncido y la extrañeza pintando sus rasgos. Vegeta la observó fijamente, algo le escondía y no se atrevía a reconocer que quería saberlo. Aun así, por orgullo, siguió de largo, abrió la puerta y salió de la habitación, como si nunca hubiera sucedido esa conversación.
Cuando se vio sola, la joven soltó un largo suspiro. Corrió al baño y se quitó la ropa, ya se había duchado antes en la casa de Alek, pero nunca era suficiente para burlar el olfato de un saiyajin ¿se habría dado cuenta? Debía ser más cuidadosa en salir y esconderse, no podía dejar que él supiera de lo suyo con Alek, se repetía que no tenía porque esconderse de él, pero su instinto se lo advertía, no podía ser descuidada y dar todo por hecho cuando se trataba de Vegeta, lo había aprendido hace mucho tiempo, y nunca resultaba bien para ella.
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N/A: Holiiiii ;c aquí Ina muriendo. Espero que se encuentren muy bien, que estén tranquilos emocionalmente y que la situación sea un poco más amena para todas.
Respecto al cap, imaginé a Trunks como el "no lloren por mí, yo ya estoy muerto" cuando le está creciendo la cola hahaha, esa escena no estaba en mi resumen, pero se me ocurrió mientras escribía y me gustó, debo reconocerlo. Lo mismo que la plática que tienen Bulma y Vegeta. Espero que se entienda el porqué de cada personaje, que no hacen ni dicen ciertas cosas por nada. Bulma necesitaba un empujón, algo que le subiera el ánimo, llevaba muchos fracasos, a la larga, si te cuestionan todo el tiempo y te recalcan que eres insuficiente todo el tiempo, o que sirves solo para algunas cosas, afecta, incluso a la persona más fuere de carácter. Muchas veces las palabras duelen más que un golpe. En fin, muchas gracias por leer :D
Si se fijan, entre cada cambio de escena, hay períodos se diferencia de meses, así será con el siguiente cap igual. Son dos cap más así, y luego un salto importante de unos años.
No sé cuando pueda actualizar, las cosas están muy delicadas en muchos aspectos en el mundillo de Ina, espero que pronto, pero no depende del todo de mí x-x
Lamento si hay muchos errores ortográficos y de redacción, o letras faltantes o sobrantes, quería subir el cap pronto xD
Espero leernos pronto! muchas gracias a quienes dejan rw, no puedo responderlos del todo porque mi internet es móvil, y me cuesta manejar la app Dx perdón! pero en serio que me alegran mucho :'c muchas gracias por su apoyo y sus palabras!
Adiosin,
