Para Francis, felicidades por tu cumpleaños! Muchas gracias por tu apoyo! (insisto que te siento como mi Médici *insertecorazón*) Espero que te guste el cap :3!


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16

Error

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No podía dejar de sonreír, aunque intentaba concentrarse en el tablero que tenía en sus manos, sabía que él le observaba y no le prestaba atención. Siempre era así, Alek no dejaba de mirarla y admirarla, no necesitaba que le dijera lo mucho que la encontraba atractiva, ella podía notarlo porque él no se lo escondía, demostraba lo mucho que le provocaba y eso le encantaba. Se sentía deseada, había recuperado poco a poco su autoestima, ya no le importaba lo que el embarazo le había hecho a su cuerpo, se sentía segura cuando se miraba al espejo, y no solo tenía que ver con el saiyajin. Había entendido que fuese cual fuese la opinión de Alek, Vegeta o quien fuera, mientras ella se sintiera segura y cómoda, bastaba y se sentía así. Por lo mismo, cuando estaba con el guardia, no se inhibía. Él le había ayudado mucho a soltar esas inseguridades, pero no dependía de su atención para sentirse bien consigo misma.

Relamió su labio inferior mientras limpiaba el tablero de damas, carraspeó su garganta con suavidad y levantó la mirada hacia el saiyajin que estaba estirado en la cama, sin camisa, vistiendo solamente unos pantalones holgados, parecían deportivos.

—¿Te interesa o no? —insistió, sin dejar de sonreírle. El saiyajin miró hacia el techo unos segundos, simulando pensarlo, la joven soltó una carcajada y murmuró frunciendo el ceño—¡No te estoy obligando!

—¿En serio viniste a jugar eso? —preguntó alzando una ceja, mirándola con sospecha. La joven no dejó de sonreírle, pero su sonrisa acompañada de sus ojos coquetos le daban otra connotación a sus gestos.

—Creí que sería interesante —dijo volviendo su atención al tablero de cuadros blancos y negros—nos despejaríamos un poco —relamió sus labios y levantó la mirada hacia él—no tengo mucho tiempo, así que decídete.

Alek se puso de pie lentamente, la joven alzó su barbilla intentando mantener su mirada a pesar de la diferencia de altura. Por el tamaño de la sala, el saiyajin no tardó en llegar a su lado, se paró en frente de la joven, acortando la distancia y tocó el borde del tablero, pero sin mirarlo. Sus ojos negros estaban puestos en ella, miraba su ojos y labios y susurró con aparente seriedad.

—No tienes mucho tiempo y ¿realmente quieres desperdiciarlo en un juego de mesa? —preguntó y le sonrió sin dejar de admirarla. Bulma arrugó sus labios unos segundos y soltó el tablero, que cayó al suelo haciendo un ruido sordo, no se molestó en recogerlo, en cambio, le abrazó su ancha cintura y estiró su cuello poniéndose de puntillas para poder llegar a sus labios. Él no le ayudó inclinándose, esperó para comprobar si lo conseguiría. La princesa no alcanzó a llegar a su boca, le faltaron unos tres centímetros aproximadamente, el saiyajin se río en su intento y se acercó para poder concretar el beso.

Posó sus manos en su espalda y la acercó a su cuerpo duro, la joven dejó su cintura para rodear su cuello y así profundizar el beso, y fue turno del saiyajin en posar sus manos en la cintura de la princesa. No pasaron muchos minutos para que el guerrero la levantara de un movimiento y ella se agarrara a su cintura con sus piernas, rodeándolo, sin romper la unión de sus labios, que se separaban brevemente solo para respirar. El saiyajin caminó de regreso a la cama y la recostó con suavidad sobre las mantas.

No dijeron más, no hacía falta. Así eran los momentos en que ella decidía entregarse a él, era algo mecánico, recordaba que incluso con algunas saiyajin, los encuentros fueron más íntimos, sin embargo, con la princesa lo más cercano que tenía de ella eran sus besos, el resto del acto era conciso. Era como si su cuerpo estuviese dividido, sus labios le ayudaban a conectarse a lo que hacían, pero el resto de su piel no parecía estar concentrado en lo que forjaban. A menudo se sentía un poco utilizado por la princesa, ella llegaba, lo besaba, se desvestían, follaban y apenas terminaban, se levantaba al baño, se duchaba, vestía e iba. No había más relación que esa, a veces conversaban mientras se vestía y era porque él le preguntaba de su día o le contaba cosas de su vida, pero ella no parecía interesarle, era tal como le había dicho, no podía darle más que sexo. Al principio estaba bien con eso, pero cada vez que la veía y luego lo dejaba solo, pensaba en lo mucho que anhelaba que se quedara, aunque fuera una noche completa con él. Despertar junto a ella, comer juntos en la mañana y desearse un buen día. Pero eso no podía darse entre ellos, tenía más que presente que la princesa Bulma no era la mujer para él, que ella no podía ser su pareja, aunque lo deseara con todas sus fuerzas.

Por eso prefería disfrutar de lo que ella tenía para darle, sin protestar, sin insistir ni incomodarla. No quería que lo cambiara por otro hombre, porque sentía que en cualquier momento ella podía irse, ya fuese con el rey, o con alguien a su altura, después de todo era una princesa, y él un simple guardia de palacio. Los besos de la joven en su cuello le distrajeron de sus pesimistas pensamientos, buscó sus senos y los amasó con firmeza, ganándose suspiros femeninos. Bulma pasaba sus manos por su espalda, dejando marcas débiles con sus uñas, elevaba su cadera hacia la del saiyajin, intentando rozar su virilidad despierta y él entendió el mensaje, se hizo espacio entre sus piernas y descansó sobre su intimidad, meciéndose a los segundos en que entraron en contacto.

Cada vez que el saiyajin se mecía sobre ella, era fácil alcanzar el placer. Pero una vez que lo hacía, le bajaba un extraño sentimiento, ganas de alejarse de él y huir rápidamente. Sabía a qué se debía, una vez que las hormonas se calmaban, ya no sentía necesidad de seguir compartiendo con él y le bajaba la culpa. Por eso, se había dado cuenta que no era buena idea llegar al orgasmo antes que él, prefería detener los juegos previos e ir de lleno a lo que él quería, follar, así alcanzaba el placer en el mismo momento y la culpa no era tan molesta. Soltó sus labios para concentrarse en desvestir su hombría, Alek se alejó de su cuerpo unos centímetros para hacerlo él mismo, así ella se quitaba sus bragas y subía su falda. Volvió a sus labios mientras guiaba su miembro hacia su cavidad, y la joven rodeó su cuello con sus brazos, atrayéndolo hacia ella. El saiyajin entró lentamente, para ella era como si fuera con suavidad, cuando sabía que no lo era, solo que aún no se acostumbraba a esos tratos.

A medida que se movían buscando el ritmo adecuado para ambos, él metía sus manos debajo de su blusa buscando sus senos, intentaba correr la tela de su brasier para poder sentir su piel, pensó en detenerlo para que no dañara la elasticidad del sujetador, pero prefirió no interrumpirlo. Sentía su palma abrirse paso entre la tela, palpar con torpeza su pezón izquierdo, la joven rompió el beso para morder su labio inferior cuando cada estocada que él le daba se acercaba a su punto cúlmine, las paredes internas de su intimidad latían amenazante con liberar el placer, y no pudo seguir conteniendo sus gemidos. Enterró sus uñas en sus hombros y arqueó la espalda, la cola del saiyajin acariciaba su cadera mientras él se movía rápido sobre ella, no salía del todo, solo lo suficiente para hacer fricción y que a ambos le fuera agradable. Alek levantó la mirada hacia el techo cuando sintió su miembro estremecerse y ella se tensó debajo de él, abrazó su cadera con sus piernas pegándolo a su pelvis haciendo que el vaivén fuese más profundo y así, alcanzaron el orgasmo juntos. Era primera vez para la joven, que conseguía esa sincronización con el saiyajin, respiró agitada y sonrió conforme, entre jadeos y él se inclinó hacia ella para besarla, pero cuando su rostro se acercó, la princesa esquivó su beso y giró el rostro hacia el lado, sintiendo el bochorno culposo recorrerle el pecho.

—Es tarde —dijo recuperando el aliento. Alek la observó serio, intentando no mostrar la decepción, relamió sus labios y se bajó de la cadera femenina, dejándose caer a su lado—iré a darme una ducha —oyó decir a la princesa. La vio bajarse de la cama mientras se arreglaba la falda—¿tienes toallas limpias en el baño?

—Sí —dijo sonriéndole—están donde siempre.

La vio caminar hasta el cuarto de baño y suspiró una vez que la puerta se cerró con ella dentro. Se apoyó en la pared y miró las sábanas sucias y revueltas. Había sido tan breve el momento, ahora se arrepentía de no haberle dicho que sí a su juego de tablero, tal vez hubiera durado un poco más su encuentro y habrían platicado. Resopló cansado y miró el techo, escuchó el agua correr y cerró sus ojos ¿qué debía hacer para acercarse un poco más? había conseguido llegar a su cuerpo, pero a su mente no estaba ni cerca. Bulma salió a los diez minutos del baño, vestida y secando su cabello con la tela blanca, la vio estirar el cuello mirando la cama y el suelo. Alek le imitó y encontró lo que ella buscaba, tomó su ropa interior y se la entregó. La joven dejó caer la toalla al suelo y bajo su atenta mirada, se inclinó y puso sus bragas, subiéndolas suavemente por sus piernas blancas, un movimiento seductor según el saiyajin.

—Ya me iré —dijo y se agachó para tomar el tablero—no volveré a traerlo —dijo frunciendo el ceño.

—Déjalo acá —respondió Alek, sonriéndole—quizás un día podríamos beber una copa y me enseñas a jugar —la joven asintió pensativa unos segundos y luego le sonrió.

—Sí —dijo y lo llevó hasta el mesón de la cocina—nos vemos mañana —murmuró y movió su mano despidiéndose.

—Ve con cuidado —respondió antes de verla salir, la joven no volteó hacia atrás en ningún momento.

La puerta se cerró y Alek se hundió en el colchón, mirando el techo. Suspiró ruidosamente y llevó su antebrazo hasta sus ojos, escondiéndolos. Sentía un dolor punzante en su sien, y solo por pensar en cómo llegar hasta la princesa. Sabía que no tenía sentido siquiera intentarlo, pero cada vez que compartía con ella, se quedaba pensando en ello, imaginando que ella renunciaba a su título y decidía vivir con él, o él renunciaba a su trabajo y se iba con ella cuando el príncipe ya no la necesitase. Cualquier opción estaba bien para él, pero su sentido común le hacía aterrizar, le recordaba que eso era imposible por infinitas razones. Volvió a resoplar, y cerró sus ojos, pasaron unos cinco minutos o diez, en que el saiyajin se quedó en la misma posición, hasta que la puerta volvió a abrirse.

—¿Qué fue lo que se te quedó? —preguntó bajando el brazo, sonriendo de inmediato cuando se trataba de ella, se reincorporó y miró hacia la entrada, pero su sonrisa se borró, y solo pudo abrir sus labios sin decir una palabra cuando vio al rey Vegeta en el umbral de la puerta. No consiguió sentir sus propios latidos, el tiempo se detuvo y solo pudo mirar estupefacto, como el saiyajin más fuerte del imperio, entraba a su humilde cabaña, cerraba la puerta detrás de sí y miraba todo a su alrededor con ojo crítico.

El rey observó la cama, se fijó en el desorden de las sábanas, olfateó el aire, el olor a acidez del sexo estaba por toda la pequeña sala. La casa era más pequeña que sus propios aposentos, y no podía dejar de preguntarse ¿en qué mierda estaba pesando Bulma, para involucrarse con un simple guardia de palacio? Contuvo el bufido, observó al saiyajin que estaba pegado a la pared sentado en la cama, estático sin mover un músculo, casi no respiraba, pero sudaba demasiado, podía oler su ansiedad y miedo.

—¿Tienes vino? —preguntó serio, con el ceño fruncido y tono de voz frío. Alek no reaccionó, solo se quedó viéndolo con los ojos desorbitados aun presos de asombro y luego miró hacia su despensa en la cocina. Vegeta resopló por la actitud del saiyajin ¿y tenía a ese imbécil cuidando a su hijo? No era capaz de moverse por su presencia, «patético» pensó. Miró con desprecio al saiyajin y caminó hacia la cocina, bajo la atenta mirada del guardia, buscó una botella de algún alcohol, encontró una que parecía ser vino, la tomó y revisó la etiqueta. Frunció el ceño, no conocía esa marca, pero era lo único que había, miró por encima de los muebles buscando una copa limpia, encontró una cerca del lavaplatos, revisó que no tuviera manchas y sacudió sacándole los excesos de agua, la dejó sobre la mesa y abrió la botella, se sirvió el líquido rojo oscuro con cuidado de no derramar, el olor a fruta le invadió la nariz, y aunque era de mala calidad-lo podía saber por su olor y consistencia-le serviría para distraerse del olor a sexo que había en la casa.

Sentía que, en cualquier momento, el rey se le lanzaba a cortar la garganta. Lo podía notar, todo en él emitía hostilidad e instinto asesino, pero no comprendía lo que pasaba del todo, pues lo que hacía era lo contrario a lo que desprendía. Se veía calmado sirviéndose vino, cuando su intuición le gritaba que no saldría vivo de ese encuentro. Era como si se esforzara por actuar con calma, se contenía y eso solo significaba una cosa, iba a darle una muerte lenta y dolorosa. Tragó con dificultad, sentía que sus manos temblaban, sabía que debía huir por su vida, pero no tenía sentido hacerlo teniendo al rey en frente, en menos de cinco minutos le daría caza. Lo vio alejarse del mesón y caminar de regreso a la sala, su capa ondeaba serpenteante, sus pasos eran firmes y se oían como una serenata mortífera para Alek. El rey se quedó del otro lado del mesón y tomó una silla alta, las que usaba cuando se sentaba a comer, la alejó de la mesa y se sentó sin esfuerzo alguno, cruzó su pierna derecha sobre la izquierda, dio un sorbo a la copa y la dejó sobre la superficie del mueble, al mismo tiempo que apoyaba su codo para dejar su rostro sobre el dorso de su mano y lo observó. Estaban a por lo menos cinco o cuatro metros de distancia, y, aun así, podía sentir su mirada llena de rencor. Se estremeció en su sitio y no apartó la mirada, no porque quisiera hacerse el valiente, simplemente su instinto le decía que no le quitara la vista de encima.

—¿Desde cuando tienes sexo con la princesa Bulma? —le fue extraño decir su título, pero quería hacer énfasis en la diferencia entre él, y su mujer. Apenas soltó su pregunta, sus dientes rechinaron intentando calmar la ira, sentía todos los pelos de su cola erizados, le costaba trabajo controlarse.

Alek no podía estar más congelado en su sitio, se apegó más a la pared, como si pudiera refugiarlo. Su presencia allí significaba una sola cosa y era que el rey sabía de su amorío con la princesa, pero que se lo confirmara en su pregunta lo pilló desprevenido. Era imposible negarlo, la habitación aun olía a la joven y a sexo, y que hubiera entrado a los minutos después en que ella se había ido, le hacía pensar que sabía desde antes lo que estaba pasando entre ellos. Abrió la boca para responder, pero tenía la garganta seca, el rey alzó una ceja y lo miró con desprecio, humillándolo sin siquiera insultarlo. Tragó con disimulo y trató de controlar sus temblores, respiró profundamente y se irguió en su sitio, para poder hacerle frente con honor, si iba a enfrentar la muerte a manos de su rey, lo haría con dignidad.

—Hace unos seis meses más o menos —dijo y se felicitó mentalmente por no titubear. El rey movió una ceja solamente al oírlo, pero pudo ver como la comisura de su labio se movía nerviosamente.

Seis meses. Hace seis meses que su mujer se revolcaba con un ser inferior y él ni cuenta se dio, estaba tan empecinado en ignorarla, en olvidarla y no caer en su red nuevamente, en no volver a ser el saiyajin manipulable que estuvo a su lado, que permitió que eso pasara a su espalda. Respiró profundamente, sin apartar sus ojos negros del saiyajin en la cama. Observó su rostro joven y amigable, seguramente ella no se sentía asustada cuando él la tocaba, tragó con dificultad al pensarlo.

—¿Qué hiciste con ella? —preguntó después de un tenso silencio, su voz seguía oyéndose hostil y fría. Alek frunció el ceño confundido, el rey tomó la copa y bebió otro sorbo, degusto el sabor de la bebida barata y la dejó sobre el mesón nuevamente—¿Qué cosas hicieron? —reformuló su pregunta.

El guardia tragó con disimulo ¿realmente le estaba preguntando lo que había hecho con ella? sentía como el sudor le recorría la espalda, volvió a tragar, pero había un nudo en su garganta que le dificultaba hacerlo, no dejaba de temblar, sin embargo, lo trataba de controlar. Los dedos de la mano derecha del rey se posaron sobre su muslo y golpeteó impaciente, él hablaba en serio. Le hubiese gustado decirle que eso era parte de su privacidad, pero era el rey quien le pedía hablar.

—… L-lo normal —murmuró, el rey alzó ambas cejas al oírlo. Alek respiró profundamente y siguió—tocarnos… follar. No se queda mucho tiempo aquí. —Vegeta mordió su mejilla interna derecha ¿lo normal? Lo normal era que un guardia de baja categoría ni siquiera osara con hablarle a su mujer, volvió a respirar profundamente, estaba haciendo uso de toda su fuerza de voluntad para no perder la aparente calma.

—¿Qué cosas hablaron? —continuó preguntando. Para ese momento, el saiyajin sobre la cama no paraba de sudar, era como si su interrogatorio lo pusiera más nervioso que el gritarle o golpearle.

—N-n mucho —ya no podía controlar el tartamudeo, cada vez que el rey abría su boca y hacía una pregunta, sentía que su corazón dejaba de latir, eran quizá sus últimos minutos con vida y estar así con él era más tortuoso que asumir su muerte de una vez—de su día, de cosas triviales.

—¿Dijo que te quería? —preguntó entre dientes, sintiendo como su pecho se oprimía al pensar en una respuesta afirmativa. Creyó que el tiempo se volvió lento de repente al esperar a que hablara, pero no era así, simplemente la ansiedad y miedo le estaba alterando, si ella sentía algo por él, su mundo se derrumbaría y no sabría cómo lidiar con esa información. Su respiración se agitó al pensarlo, sus ojos negros no perdían detalle del saiyajin que tenía en frente, que a esas alturas se había convertido en una presa débil fácil de eliminar.

—No —negó Alek, frunciendo el ceño—solo era sexo… —dijo con pesar, olvidando que tenía al rey frente a él por unos segundos al pensar en su relación con la princesa.

—¿Tienen planes a futuro? —preguntó, escondiendo el alivio que sintió al escuchar aquello, él mejor que nadie podía reconocer la diferencia entre tener sexo con alguien a tener sentimientos por esa persona e involucrarte en todos los aspectos. Y si Bulma había actuado por meros instintos, el panorama para él no era tan malo como pensó.

—N-no, no hablamos mucho —murmuró agachando la mirada, empezaba a impacientarse. El rey no llevaba más de diez minutos allí en su casa y sentía que había estado horas respondiendo a sus incómodas preguntas.

—¿Te besó? —sabía la respuesta, los había visto y al recordarlo, su corazón latía con fuerza, había visto cada caricia, escuchado cada jadeo de ella, fue testigo de la impaciencia de la joven por ser follada y se le desorbitaban los ojos mirando la cama, donde hace minutos ella estuvo allí, debajo de otro hombre gimiendo y entregándose sin reservas. Alek asintió moviendo la cabeza, podía percibir que el rey estaba al borde del colapso—¿Quién comenzó esto? —preguntó frunciendo el ceño—¿La obligaste?

—¡No! —exclamó frunciendo el ceño, mirándolo con extrañeza, pero al ver su semblante severo, recuperó la compostura y agachó la cabeza, recordando su lugar—fue mutuo… solo se dieron las cosas. La encontré un día en el bosque, parecía alterada y platicamos —murmuró recordando cuando la escuchó gritar e insultar al rey en el lago, medio sonrió por unos segundos, pero borró su sonrisa enseguida al levantar la vista hacia el monarca.

—¿Cómo… pasó por tu cabeza que podías tomar algo mío, y que vivirías para contarlo? —Alek contuvo la respiración, el rey desprendía un instinto asesino difícil de ignorar desde que había entrado a su cabaña, pero cuando soltó aquella pregunta, dejó salir todo lo que tenía planeado hacerle. Era un guerrero, podía identificar esas situaciones en un combate, pero por primera vez en su vida, se sentía como un bicho frente a una bota.

—Sabía que no viviría para contarlo —reconoció sin tartamudear, el rey alzó ambas cejas y medio sonrió, provocándole un escalofrío difícil de disimular.

—Y aun así sabiéndolo, decidiste hacerlo —dijo hostil, frunciéndole el ceño, exhibiendo sus colmillos. Su cola se desanudó de su cintura y dio un fuerte azote en el aire, el saiyajin en la cama tragó con dificultad y sin apartar la mirada, respondió.

—Valió la pena —murmuró temblando, respiró profundamente, intentando controlar los temblores de su cuerpo y continuó hablando—por una mujer como la princesa Bulma, siempre valía la pena.

Vegeta se quedó viendo los rasgos del saiyajin, a pesar del miedo y nerviosismo que su cuerpo emanaba, no veía ningún rastro de arrepentimiento, y aunque le enfureció, también lo comprendía. Él mejor que nadie sabía lo que ella podía provocar, y si hubiera estando en la posición del guardia, habría hecho lo mismo.

—Lo sé —respondió, tomó la copa y bebió todo el contenido, la dejó con cuidado sobre el mesón y se bajó de la silla de un movimiento, poniéndose de pie y caminó hacia el saiyajin.


(…)


Había estado al menos una hora fuera del palacio, aun así, quiso pasar a ver a su hijo antes de ir a su cuchitril. Los tacones de sus botas resonaban en el azulejo sin alfombrar, el ruido se le hizo molesto a esa hora, terminó subiéndose a la alfombra para suavizar sus pasos. No es que quisiera pasar desapercibida, después de salir muchas noches a lo largo de los meses, comprobó que nadie estaba atenta a sus idas y venidas, no por ello no tomaba precauciones, pero al menos estaba más tranquila. Siempre que regresaba de la casa del saiyajin, pensaba en no volver, estar con alguien con quien no tenía un vínculo sentimental no se le daba bien, pero por las noches era cuando más sola se sentía, Laurel y Tarble tenían su vida de pareja, Chi-chi estaba con su hijo y Goku, y con la mano del rey la relación ya no era tan amena como antes. No podía quedarse con Trunks, pues las indicaciones a su estadía seguían siendo las mismas, se quedaría hasta que el menor la dejase de necesitar, y aunque su relación con el rey era cordial, no se atrevía a preguntarle si podía quedarse un tiempo más con su hijo. El menor estaba más independiente, pero seguía recurriendo a ella ante cualquier dificultad, sin embargo, era consciente de que eso tarde o temprano iba a cambiar.

Cuando llegó al pasillo donde se encontraba la habitación de Trunks, se fijó en los guardias que estaban en la puerta. Llegó hasta ellos y los miró sin prestarles demasiada atención y murmuró tranquila.

—Escuché un ruido en la radio —les avisó y puso su mano sobre la manilla, prefería evitarse discusiones con los soldados por estar regresando al dormitorio del niño, mejor era mentir, le era más fácil.

Entró rápidamente al dormitorio y cerró la puerta, antes de que alguno de los guardias protestara a su mentira. La luz de la lámpara sobre el buró era lo único que iluminaba el cuarto, caminó despacio hasta la cama del menor y corrió la cortina delicada del dosel, para observar al niño que dormía plácidamente en medio de la cama. Estaba chueco, tenía su cabeza debajo de la almohada y una de sus piernas estaba sobre la manta y la otra debajo. Sonrió con ternura y lo acomodó, tomó con cuidado su espalda y destapó para poder cobijarlo por completo y apoyar su cabeza sobre el cojín más cercano. Se sentó en el borde de la cama y lo miró dormir unos minutos, su respiración era pausada, seguía durmiendo profundamente sin siquiera notar que lo habían movido de su lugar. No tenía mucho caso acomodarlo una y otra vez, al día siguiente igual despertaría destapado y con la cabeza en cualquier sitio, menos su almohada.

Se quedó unos cinco minutos observándolo, había ganado peso en el tiempo que llevaban en Vegetasei, su ceño estaba fruncido, y movía la boquita como si amamantara, sonrió y se inclinó hasta su frente, la besó con suavidad y se puso de pie. Le dio una última mirada y se alejó caminando lento hasta la puerta. Al salir, no se despidió de los soldados, ya se había cansado de saludar y despedirse y que no le contestaran. Caminó hasta la escalera y bajó rápidamente, después de visitar al niño que el cansancio del día le golpeó, necesitaba dormir. Al llegar a su dormitorio, fue directo al sanitario, se desvistió y metió a la ducha otra vez, siempre hacía lo mismo, creía que el olor a productos higiénicos de otro sitio también podía delatarla, por lo que prefería usar los suyos apenas podía. El agua tibia caía con suavidad sobre su cuerpo, enjuagó con movimientos circulares sobre su piel, lo que más le gustaba de pasar tiempo con Alek era que después de que follaban, su cuerpo no conservaba evidencias, no había hematomas ni quedaba adolorida, el saiyajin la trataba con suavidad, así, nada le recordaba al día siguiente qué había hecho por la noche.

Se relajó bajo el agua, se quedó cinco minutos más una vez que terminó de lavar su pelo y cuerpo, sentía sus músculos relajarse debajo del chorro. Suspiró profundamente y cerró la llave, buscó una toalla grande para envolver su cuerpo y otra pequeña para sacar los excesos de agua de su cabello. Sin dejar de secar su pelo, salió del cuarto, no alcanzó a dar un pie fuera del cuarto de baño, cuando vio a Vegeta de pie cerca de la puerta. Sintió su pulso detenerse por unos segundos por la sorpresa, y luego acelerarse al saberse a solas con él, en la noche y ella sin ropa. Sintió sus mejillas sonrosarse débilmente ¿algún día dejaría de apenarse porque él la viera? Era absurdo después de todo lo que había vivido con él. Su pudor inicial se esfumó rápidamente cuando notó su semblante, lucía serio, pero sus ojos se veían intranquilos, lo conocía lo suficiente para notarlo. Contuvo el aliento por unos segundos, intentando descifrar sus intenciones ¿venía por sexo o estaba molesto por algo que había hecho? Se inclinaba por la segunda opción. Él no la buscaba desde que llegó a su cuarto borracho, la última vez fue cuando se presentaron en sus aposentos con Riander, y aunque follaron toda la noche, él no volvió ni le prestó atención otra vez.

—¿Qué es lo que pasa? —preguntó mirándolo extrañada al verlo de pie sin moverse, solo la miraba.

Vegeta observó su cabello desordenado, algunas hebras goteaban sobre sus hombros y las gotas seguían la curva de su piel hasta perderse debajo de la toalla. Su rostro lucía visiblemente confundido con su presencia ¿Cómo no estarlo? La ignoró por más de seis meses, le insultó vez que tuvo la oportunidad y solo cedió a ella cuando tuvo sus encantos femeninos debajo de su cuerpo ¿se sentía dolido con él? ¿molesta? ¿le odiaba? Ella había cometido muchos errores, pero él también. Lo veía ahora, sus mismos actos la habían empujado a los brazos de otro hombre, y aunque hubiera sido solo encuentros sexuales, le dolía profundamente ¿así se sintió cuando era apenas una adolescente y lo vio con otra? Recordaba lo mucho que le había afectado, después de eso no quiso estar con él por varios meses, pero él no cometería ese error. Estaba furioso con ella, por dejar que otro la tocara, por besar a otro y a él negarle ese privilegio, tenía ganas de gritarle e insultarla como tantas veces, pero no pudo. Su voz estaba atorada en su garganta, solo podía estudiarla, pensar en todas las veces que estuvo con otro, mientras él estaba en su habitación bebiendo alcohol, intentando no ir a su dormitorio a buscar su piel. Pero lo había comprendido, aunque ella le hubiera ofendido de la peor de las formas, en más de una ocasión, no volvería a alejarla. No dejaría que nadie más tuviera chance de acercarse a ella, estaría atento, se comería su orgullo, y la perseguiría hasta que no le quedara más opción que resignarse a estar solo con él. Borraría de su cuerpo la huella del otro, y dejaría sus marcas, volvería a besarla una y otra vez, no iba a dejarla ir nunca más, aunque tuviera que obligarla a quedarse junto a él. Su semblante se ensombreció al pensarlo, si ella le rechazaba, su ira crecería, pero no se rendiría, ella no iba a estar con otro que no fuera él.

—Te tengo un obsequio —habló después de unos minutos, sus ojos negros no se perdieron detalle de sus rasgos. La vio sorprendida por segundos y luego mirarlo con sospecha.

—¿Un obsequio? —preguntó alzando una ceja, siguió secando su cabello y lo miró con suspicacia—¿Por qué? Siempre me regalabas cosas cuando querías algo o discutíamos fuerte y buscabas que se me pasara el enojo —le recordó, y el rey medio sonrió al oírla. Bulma miró a su alrededor, buscando opciones, su intuición le alertó apenas vio su sonrisa, él no estaba allí con buenas intenciones. Pudo reír o mirarla de otra forma cuando le recordó lo que pasaba entre ellos cuando vivían juntos, en cambio, sus ojos negros carecían de brillo y su semblante, aunque aparentaba estar calmado, la joven podía notar que se contenía, que había algo que le molestaba, y Vegeta impredecible siempre era un peligro. No entendía del todo su actitud, habían estado hablando de vez en cuando por Trunks, siempre con cordialidad de por medio, su relación parecía de dos adultos maduros, lo que decía demasiado de ellos después de todo lo que habían vivido. Tragó con disimulo, él no respondió, fue entonces cuando oyó una gota caer al suelo. Frunció el ceño y giró hacia atrás, verificando si había dejado mal cerrada la llave, pero el sonido no venía del cuarto de baño.

—Lo siento —Bulma giró rápidamente hacia el rey, Vegeta caminaba con calma hacia ella, aunque sus palabras le removieron internamente a pesar de no saber porqué se disculpaba, no pudo conmoverse. Había algo en sus rasgos que le alertaban que lo que decía no era lo que sentía realmente, y verlo acercarse le asustó, tragó con disimulo y se alejó un poco hasta llegar a su pequeño armario, pero el rey cambió de dirección y le siguió, entonces dio un paso hacia atrás y luego otro, hasta que su espalda chocó con el mueble. Sujetó fuerte la toalla en sus manos y lo miró intentando no demostrar que le temía, agachó la mirada cuando volvió a oír una gota de agua caer, entonces notó que eran los guantes del rey, pero por la distancia no pudo verificarlo, además la capa roja escondía sus manos mientras avanzaba. —No encontré nada con que envolverlo, fue todo muy improvisado. —Dijo y se detuvo en frente de ella, Bulma frunció el ceño sin dejar de mirarlo, no se perdía detalle de sus movimientos, estaba alerta. El rey levantó su brazo derecho que escondía debajo de su capa, fueron segundos en que él demoró en mostrarle su mano y su pulso se detuvo cuando sus ojos azules vieron sus guantes normalmente blancos, llenos de sangre fresca, sin embargo cuando bajó su mirada hasta lo que tenía entre sus manos y vio la cabeza de Alek que sujetaba del cabello, la joven gritó tan fuerte que su garganta quedó resentida, pero con las emociones del momento, no le prestó atención.

El llanto fue inmediato, llevó sus manos a su rostro de forma inconsciente, sentía su respiración entrecortada, y aunque su estómago se revolvió de solo ver los ojos vacíos sin vida del saiyajin que hace un rato estuvo con ella riendo y coqueteando, no apartó la mirada. No se convencía de lo que veía, no dejaba de sollozar y a la vez, en su mente se repetía una y otra vez que lo que estaba viendo no era real, era como si su cuerpo reaccionara a lo que veía, pero ella no. Su llanto era incesante, sentía sus mejillas sonrojadas por el esfuerzo, pero lo que más le afectaba era el pecho que se le apretujaba, dificultándole incluso respirar. Notó entonces que lo que oía antes era la sangre que caía de los guantes y del cuello cercenado del guardia, que ahora ensuciaba el piso a unos centímetros de sus pies. Llevó su mano derecha a su boca intentando contener el reflujo, todo su cuerpo tembló, fue perdiendo fuerzas y sentía que en cualquier momento caería desmayada. Pero no fue así, su cuerpo se congeló cuando Vegeta le acercó el perfil sin vida de Alek.

—Bésalo ahora —dijo entre dientes, sentía la ira recorrer cada célula de su cuerpo mientras veía como su mujer lloraba por el guardia. Nunca la había visto en ese estado, la joven no paraba de gritar y sollozar, su rostro estaba rojo de tanto esfuerzo y temblaba de forma intermitente ¿no podía siquiera disimular? Tenía el descaro de engañarlo con un simple saiyajin y encima, no era capaz de contenerse por respeto hacia él, eso le dejaba en claro un hecho: ella no le respetaba, solo le temía. Furioso, acercó aún más la cabeza al rostro de la princesa y le gritó desde el fondo de la garganta—¡Quiero ver como lo haces! —su voz se oía desgarrada, pero no le importó demostrarle lo mucho que le afectaba la situación—¡A él no le negabas tus labios! ¡Anda, bésalo ahora! —continuó gritando.

Ella gritó más fuerte cuando vio el rostro del saiyajin sin vida acercársele, cerró sus ojos con fuerza y giró hacia el costado, llevando sus manos hasta su cara, cubriendo sus ojos y mejillas y continuó gritando y llorando. Se desplomó en el suelo sin siquiera darse cuenta, su trasero amortiguó la caída, ni siquiera se preocupó cuando la tela que rodeaba su pecho se desanudó, acentuado su escote. Oyó como el rey se agachaba a su altura, reaccionó a tiempo apartando sus manos de su rostro, justo para ver cómo le lanzaba la cabeza del saiyajin hasta sus piernas. Gritó escandalosamente cuando cayó en sus muslos, y la empujó con rapidez, pero sin dejar de temblar, haciendo que rodara por el suelo. La toalla se humedeció con la sangre de Alek a pesar de haber estado solo unos segundos en su regazo.

—Quiero que entiendas una cosa —murmuró Vegeta, acercándose a su rostro, estaba con una rodilla apoyada en el suelo y la otra en ángulo recto para estar a su altura, pero aún así quedaba más alto que ella. Inclinó su rostro hacia el de ella y tomó su barbilla con firmeza, para acercarla a su perfil—tú provocaste esto. —La princesa observó sus ojos negros sin dejar de temblar, sollozaba un poco más bajo mientras les prestaba atención a sus palabras—está en tu espalda, el peso de esa muerte.

Bulma cerró sus ojos lentamente, sintiendo como las lágrimas caían al parpadear, miró el rostro serio del rey, sus rasgos lucían severos, sus ojos negros la miraban con rabia, pero no sintió miedo por su cercanía. Su cuerpo estaba como flotando, a su mente dispersa le costó trabajo concentrarse en sus palabras y cuando lo hizo, lo único que pudo hacer, sin dejar de sollozar, fue negar meciendo la cabeza, como Vegeta le tenía sujetada la barbilla, no pudo moverse con facilidad.

—Tú eres el asesino —susurró entre sollozos—no tenías porqué hacer esto… —cerró sus ojos y continuó llorando. Su cuerpo se estremeció al pensar que a solo unos centímetros estaba el rostro inerte de Alek, frunció el ceño y volvió a temblar.

Resopló mirando a la joven que evitaba sus ojos. Le parecía una broma de muy mal gusto ¿realmente le culpaba de lo que acababa de hacer? ¿es que no entendía la raíz del asunto? Respiró profundamente y frunció el ceño, sus dientes rechinaban y su cola se desanudó de su cintura furiosa, azotando la capa que la cubría. Observó su rostro enrojecido, sus dedos enguantados dejaron ensangrentada su delicada barbilla.

—¿No tenía que hacerlo? —le cuestionó con su voz ronca y marcada por la indignación, acercó un poco más su rostro al de ella, podía sentir el calor de su aliento y al pensar que, hasta hace unas horas, ese aliento lo probó el soldado que había matado, su ira le hizo temblar, apretó un poco sus dedos sobre la barbilla de la joven, ella abrió sus ojos brillosos por el llanto y con el ceño fruncido le miró—¡Fue tu culpa! —le gritó sorprendiéndola, haciéndola brincar en su sitio por el alto de su voz—si no me hubieras humillado, esto no habría pasado.

Bulma frunció sus delgadas cejas y detuvo su llanto al oírlo, recordó cuando Iris le dijo que no hiciera tonterías con otros hombres, por el rey, cuando Tarble le preguntó si creía que Vegeta la dejaría ir, a su memoria vinieron cada momento en donde le insinuaron que ella seguía con el rey, no, que ella le pertenecía al rey ¿era así después de todo? Las lagrimas volvieron a deslizarse por su mejilla, una tras otra, pero su sollozo había amainado «no soy suya» se dijo, sin apartar la mirada de sus siniestros ojos ónix que la miraban con intensidad «esto no es mi culpa» intentó convencerse.

—No —dijo susurrante—no —repitió negando, meciendo sus mechones húmedos. Vegeta alzó una ceja y le miró con burla, y la joven reaccionó. Sintió el calor recorrerle desde el pecho hasta el rostro, continuó temblando, no podía controlarlo—¡Lo que yo haga o deje de hacer no es tu problema! —le gritó y volvió el llanto. Estaba harta de tener que estar todo el tiempo sujeta a la relación que tuvo con él, ella misma no podía dar un paso al lado de forma definitiva y que todos y todo se lo refregara en la cara no ayudaba ¿qué debía hacer para librarse de ese yugo? Creyó que decidir sobre su cuerpo era el primer paso para sentirse libre de cargos y roles, que por fin estaba actuando como se le antojara. Fue libre por unos meses ¿a que costo? Miró la cabeza de Alek que estaba a medio metro de distancia, cerca del buró. Sus labios temblaron y el llanto que antes había comenzado por desesperación al ver lo que había pasado con el guardia, cambió a tristeza, aceptando que todo eso era real, que Alek no volvería a recibirla con una sonrisa en su cabaña.

Vegeta contuvo la respiración unos segundos, sus manos temblaron preso de la rabia que le sacudía, soltó su barbilla para agarrar su melena húmeda, con su palma ahuecó casi toda la extensión de su cabello, ella gimió cuando lo hizo, pero no lo tironeó, solo lo sostuvo para acercarse más a su rostro y evitar que ella se alejara, aunque detrás de la princesa había un mueble, por lo que no podía seguir alejándose de su presencia. Respiró su aroma ahora libre de rastros del guardia, el pobre diablo seguía con el aroma de su mujer cuando le atacó, y fue un alivio no oler la esencia de otro en ella, ya no podía seguir soportando el hecho de que ella había estado manteniendo una relación sexual con otro sujeto, como para sumarle que su dulce aroma se había contaminado. Necesitaba olvidar que aquello había pasado, superarlo, y para ello, ella debía poner de su parte. Podía hacer un esfuerzo, después de todo prefería soportar los errores que ella había cometido antes de apartarla de su vida. Observó sus ojos, la esclerótica normalmente blanca estaba roja e irritada de tanto llorar, estaba seguro que nunca había llorado tanto por su culpa, y ahora estaba allí, descaradamente soltando lágrimas por otro, frunció su ceño y acercó su perfil al suyo, al punto que sus bocas casi podían tocarse.

—Estás equivocada —susurró, ella alejó lo que más pudo su rostro para que sus labios no rozaran mientras hablaba, él lo notó y la miró con recelo—¿Aun no te das cuenta? —le preguntó y sonrió exhibiendo sus caninos. Esperó que la joven respondiera, pero Bulma estaba mirándolo perpleja, más concentrada en llorar que en hablar—desde el momento en que puse mis ojos en ti —continuó diciendo, su voz se oía grave y viril—fuiste mía, y siempre lo serás. Nada cambiará eso.

Bulma pudo cuestionarlo, apelar a su integridad como un individuo pensante y con derechos, o reclamarle por todas las veces que le insultó y dijo que ella no significaba nada para él, pues ahora todo ese discurso se venía abajo con lo que acababa de decirle, pero no pudo responder nada. Sus palabras se calaron en su pecho y resonaron una y otra vez en su cabeza ¿sería así, entonces? Por una parte, su lado racional le debatía que no, que no se rindiera, que ella no le pertenecía a nadie, que podía decidir sobre sí misma, y, por otro lado, se respondía ¿qué más iba a perder si continuaba peleando? ¿a qué costo se ganaría su libertad? Miró lo que quedaba de Alek a medio metro de distancia, las lágrimas habían parado por unos segundos, pero al ver los ojos vacíos del saiyajin, volvió a llorar. Vegeta tenía razón en una cosa, si no se hubiera fijado en Alek, él seguiría vivo «no es así» pensó a los segundos después. Nada la ataba a Vegeta más que su hijo, ¿por qué debía seguir siendo fiel a un hombre que la insultaba y menospreciaba cada vez que tenía la oportunidad? Le había golpeado, intentado matar y muchas veces abusó de ella ¿y debía acatar lo que decía? «no» se repitió, pero sus ojos sobre el rostro de Alek le hacían dudar. Legalmente no tenían ningún vínculo ¿y seguía siendo de él? ¿por qué? ¿por qué él así lo quería? ¿y su opinión no importaba? Todo se basaba en fuerza y poder, él tenía eso y más.

—¡Deja de llorar por ese cadáver! —gritó Vegeta, la joven dio un brinco en su sitio y volvió a mirarlo, podía ver la furia en sus ojos y rasgos, pero no le obedeció. El llanto no cesó y, por el contrario, oírlo lo único que consiguió fue que la rabia le invadiera—escúchame bien —dijo bajando el tono de voz—no quiero saber que vuelves a engañarme, porque el destino de ese pobre diablo será peor que el de ese insecto —le advirtió sin dejar de mirar sus ojos azules brillosos, las lágrimas no se detenían, lo que le colmó la paciencia. —Última vez que te veo llorar por otro que no sea yo ¿entendiste?

Bulma frunció el entrecejo al oírlo, su cabello seguía sostenido por la mano del rey, su cuerpo se estremeció al sentir la corriente de aire entrar por la ranura de la puerta. Todo en él era imposición, no daba chance de consenso, solo su palabra era válida ¡estaba tan cansada de eso! Volvió a mirar los ojos sin vida de Alek, cerró los suyos sintiendo como nuevas lágrimas surcaban por sus mejillas donde tenía las huellas de otras que ya estaban secas. Aunque supiera lo que era Vegeta, y no estuviera de acuerdo con él, no había forma de hacerlo cambiar de opinión. Él se creía su dueño y nada le haría pensar lo contrario ¿qué opción le quedaba? ¿seguir peleando o se rendía? ¿qué pasaría si seguía peleando? Volvió a mirar los ojos de Alek, su cuello había dejado de sangrar, se fijó en sus labios entreabiertos que estaban reventados y una gruesa mancha de sangre se había pegado a su barbilla y mejilla. Miró al rey, que seguía cerca de ella, desafiándole con sus ojos negros llenos de vida, tan distintos a los de Alek, pero que estaban cargados de odio y rabia ¿si la odiaba porque estaba allí? ¿qué era lo que pretendía con ella? ¿iba a torturarla por las humillaciones-según él-que le había hecho pasar? Siempre supo que estaba rota, que él la había quebrado, y ella se encargaba de moler los trozos que quedaban cada vez que pensaba en él como un compañero de vida o una pareja, pero no era la única que estaba mal.

—Estás enfermo —dijo en un susurro, pensando en voz alta mientras miraba sus ojos negros.

Vegeta estrechó ligeramente sus ojos, miró su rostro desgastado por la tristeza, sus ojos azules parecían haberse rendido ante sus palabras y eso estaba bien, pero no se sintió conforme. Era como si aceptara sus declaraciones para no hacerlo enojar y no porque realmente estuviera de acuerdo con él, pero ya se encargaría de hacérselo entender, de que apoyara sus palabras y pensara como él, que no dudara en ningún minuto de que le pertenecía, y él a ella.

—¿Y de quién es la culpa? —preguntó sin esperar una respuesta. Bulma entreabrió sus labios por la sorpresa, no alcanzó a responder cuando sintió la mano de él en su cabello empujarla hacia delante, y él inclinarse más hacia ella, haciendo que sus labios chocaran. La joven intentó alejarse, pero él no se lo permitió, se hizo espacio entre su boca y le obligó a seguirle el beso. Su boca sobre la de ella se movía con intensidad, demasiada, la princesa no podía seguirle el ritmo del todo, él le consumía el aliento, metió su lengua y empujó la suya, incitándola a defenderse. Sentía como el contorno de sus labios era humedecido por sus salivas, él rompió el beso mordiendo su labio inferior, al mismo tiempo que soltaba su cabello y se alejó con rapidez, como si su piel le quemara. Bulma vio como el rey se puso de pie en segundos y caminaba hacia la salida.

Aun idiotizada por lo que acababa de pasar, giró hacia su derecha viendo a Alek, abrió sus ojos de par en par y giró hacia Vegeta, que posaba su mano sobre el pomo y lo giraba para salir. Afirmó el borde de su toalla y se inclinó hacia delante, llamándolo.

—V-Vegeta, espera —murmuró, el rey giró hacia ella unos segundos y la joven, angustiada, habló—llevátelo… por favor —pidió y volvió a sollozar. El rey desvió la mirada, como si no la hubiera escuchado hablar y salió de la habitación, la joven soltó un gemido desesperado y cuando oyó el seguro del otro lado de la puerta, la desesperación le sacudió el cuerpo—¡No! —exclamó asustada y se puso de pie con rapidez, corrió hacia la puerta, su rostro se desfiguró con asco cuando pisó algunas gotas de sangre que había en el piso. Llegó hasta el pomo e intentó moverlo, pero Vegeta la había encerrado en la habitación, junto a la cabeza de lo que alguna vez fue Alek. —No… por favor —sollozó y golpeó la puerta una y otra vez—por favor.

Cayó de rodillas al suelo y lloró por varios minutos, tenía la garganta irritada de tanto gritar y el pecho lo sentía pesado, a la vez le oprimía el corazón y le dificultaba la respiración, pero no se detuvo. Su cuerpo temblaba, no quería mirar hacia atrás y ver el rostro del saiyajin, no necesitaba enfrentarse nuevamente a su mirada vacía para recordarla, estaba grabada en su memoria y difícilmente la borraría alguna vez. No procesaba del todo lo que acababa de pasar, eran muchas cosas en su cabeza y lo único en lo que podía pensar era en que había una cabeza en su piso, y era su culpa que estuviese allí. Se debatía aquello, porque seguía pensando que podía hacer lo que quisiese, que debiese ser así, pero la amenaza y advertencia de Vegeta había sido clara, entonces la culpa le recorría, si solo hubiera actuado como lo que se esperaba de ella, como una princesa educada y recatada, ninguna muerte le pesaría sobre los hombros «pero no debió ser así» se dijo. Vegeta nunca le dijo que quería estar con ella, nunca se lo preguntó «porque mi opinión no le importa» pensó, un día podía amanecer deseándola y al siguiente queriéndola muerta. Ambos habían arrastrado a un tercero a su torcida relación, se rehusaba a pensar que la culpa era solo suya. En cualquier sociedad normal, si una pareja terminaba su relación, cualquiera de las partes tenía el derecho de iniciar una nueva relación y no tenía porque haber una muerte como resultado, pero vivía en una monarquía machista, y Vegeta era el rey más poderoso a nivel galáctico, si algo no le parecía, simplemente lo eliminaba. No era justo, él no la había buscado por meses ¿Cuándo iba a pensar que todo terminaría así? si él hubiera aparecido en su habitación, aunque fuera una noche, no habría seguido viendo a Alek, en parte porque no se iba a exponer ni a él, y porque no habría tenido problemas con recibirlo después de como se estaban dando las cosas entre ellos ¡Estaba tan enferma! Le bastaba con un poco de buen trato para ceder ante él, para pensar en estar con él ¿y ahora? ¿iba a aceptarlo después de lo que había hecho? Había matado a un hombre por los celos, la había amenazado nuevamente y lo peor, estaba imponiéndole estar con él «yo no le pertenezco» pensó.

Respiró profundamente, intentando calmarse. Debía salir de allí, debía limpiar el piso y… debía sepultar a Alek, no merecía ese trato deshonroso. Se reincorporó con torpeza, alcanzó a atrapar la toalla antes que se le cayera y la acomodó en su cuerpo nuevamente. Llenó sus pulmones con aire, y contó hasta diez, debía dar la vuelta y enfrentar la situación, debía actuar, pero su cuerpo no le obedeció al pensar en que debía caminar hacia la cabeza del saiyajin y tomarla, se estremeció de solo imaginarlo. Y solo pudo esconder su rostro entre sus manos y volver a llorar.

—N-no puedo —sollozó sin parar—no puedo hacerlo —se lamentó y gimió alto, posó su mano derecha sobre su boca, intentando apaciguar su llanto, pero solo consiguió oírse más bajo.

Por más que intentaba moverse, su cuerpo no reaccionaba, se vio estática mirando hacia la puerta, sin voltear a ver la sangre y los restos del saiyajin. Sentía un dolor punzante en el pecho, era la angustia que no dejaba de hacer estragos, le dolían los ojos de tanto llorar, pero no podía parar y ¿qué era soltar unas lágrimas en comparación a lo que Alek debió sufrir a manos de Vegeta? Se estremeció al preguntárselo «es un monstruo» pensó, ¿tendría que aceptar estar con ese monstruo? Ahora no veía lo mucho que creyó que él había cambiado. Pensó que la paternidad lo había convertido en un hombre más racional, que veía el panorama completo y no solo lo que a él le convenía o quería, que pensaba en alguien más que en él mismo, terminó siendo una farsa.

Limpió las lágrimas después de estar al menos 10 minutos de pie frente a la puerta, intentó abrirla una vez más, pero el pomo no cedió, suspiró profundamente ¿esa era la venganza de Vegeta? ¿torturarla con lo que quedaba de Alek? ¿qué tan podrido debía estar para hacerle algo así? «no… ambos lo estamos» se corrigió. No podía culpar de todo al rey, bien sabía que estaba igual o más enferma que él ¿a dónde los iba a llevar esa torcida relación? De una cosa estaba segura, no podía involucrar a nadie más. Aunque no quería obedecerlo, y sentía mucha rabia y frustración, no podía ignorar su amenaza, él hablaba en serio, la evidencia estaba a unos metros detrás de ella.

Cerró sus ojos unos segundos, inhaló profundamente y giró sobre su talón en un solo movimiento, no miró hacia el suelo, en cambio, caminó rápido hacia el sanitario, antes tomó su bolso con capsulas y comunicador, y se encerró en el cuarto de baño, casi corriendo. Como si en cualquier momento la cabeza de Alek se movería y la perseguiría por toda la habitación culpándola por lo que le había pasado. Secó sus lágrimas, pero siguieron cayendo más detrás de las que estaban secas. Tomó su comunicador con mucho esfuerzo, las manos le temblaban al igual que los dedos, y le costó trabajo poder teclear para pedir ayuda. No podía hacer eso sola, por muchos motivos, el principal, no era capaz de tomar su cuerpo sin dejar de llorar o temblar, también, necesitaba compañía, llorar con alguien, aunque fuera un hombro silencioso, solo necesitaba que le apoyaran en ese momento, y la única persona que le había ofrecido su ayuda antes, le vino a la cabeza. Tecleó lento buscando el ID de Tarble, el príncipe le había dicho que si tenía problemas con Vegeta, recurriera a él, que no volviera a tomar decisiones sola, esta vez, solo por esta vez, le tomaría la palabra.


(…)


Seguía trabajando a esa hora, estaba en la cama, desnudo, y sin dejar de teclear en su ordenador portátil. A momentos se distraía mirando a Laurel, que ejercitaba a unos metros de la cama usando apenas un top ajustado y ropa interior, haciendo abdominales, veía como el sudor se acumulaba en sus clavículas y oblicuos, y tardaba en recuperar la concentración. La joven aun no retomaba sus labores cotidianas, se pasaba casi todo el día con Ery en la sala de incubación, y por el momento no estaban escasos de personal, por lo que podía tomarse esos lujos.

—Deja de mirarme —murmuró Laurel, mirando hacia el frente, ignorando su presencia. Tarble sonrió y volvió a concentrarse en la pantalla de su ordenador. Siempre era así entre ellos, habían iniciado su relación hace un año y medio aproximadamente, no solían discutir, la guerrera tenía un temple serio y casi nunca se alteraba, y él intentaba siempre ser complaciente con ella. La había deseado por tantos años, que ahora que la tenía, evitaba cualquier disputa para que no se alejara. Tampoco dejaba de ser él mismo por estar con ella, habían aprendido a comunicarse y ceder mutuamente, ya eran adultos responsables, su relación no era una aventura y por eso dieron el siguiente paso de formar una familia. Aunque Laurel tuvo muchos reparos antes de estar con él, e insistió en que no era una mujer apta para un príncipe, Tarble no estaba dispuesto a dejarla ir, no le importaba su pasado que tanto le afligía, por el contrario, creía que si le hacía tanto daño era mejor superarlo y olvidar, y la ayudaría a eso.

No alcanzó a leer la primera línea del documento, cuando su comunicador sonó dos veces. Giró hacia el buró y se estiró para alcanzarlo, desvió la mirada unos segundos cuando Laurel se puso de pie para ver quién le hablaba a esas horas. Apartó el ordenador de sus piernas y lo dejó a un lado, tomó el aparato y presionó el lente para poder ver la notificación, frunció el ceño extrañado al ver el remitente.

—Es Bulma —murmuró y levantó la mirada hacia la saiyajin. Se apresuró en revisar el mensaje, abrió la ventana y leyó las dos oraciones que lo dejaron más confundido, pero curioso—dice que necesita de mi ayuda, quiere que vaya a su cuarto —dijo y volvió a mirar a Laurel.

—Iré contigo —dijo la saiyajin, pero el príncipe negó sin mirarla y levantó las cobijas—¿por qué no?

—Ery puede necesitarte —murmuró no muy seguro—es mejor que uno se quede aquí. Además, es extraño que me pida que vaya a esta hora. Algo me dice que está relacionado con Vegeta, y no quiero involucrarte en algo así. —Laurel alzó ambas cejas al oírlo, aunque le emocionó su declaración, intentó concentrarse en el significado real de sus palabras.

—¿Por qué te pediría ayuda? —preguntó confundida, mientras lo veía levantarse. Observó su cuerpo desnudo sin pudor, que él tampoco se esforzaba por esconder, el príncipe se acercó a su armario y buscó una ropa cómoda y fácil de poner a diferencia de su armadura. —Nunca nos ha dicho nada cuando tiene problemas con el rey.

—Por eso —asintió Tarble dándole la espalda, mientras tomaba un pantalón delgado y una camisa del mismo tono—que me busque a esta hora es lo que me hace suponerlo, debe ser grave. —Frunció el ceño y se vistió con rapidez, era incómodo usar pantalones holgados sin nada debajo, el pantalón del traje de su armadura era ajustado, por lo que sus genitales no se quedaban al aire. Pero tenía prisa—confía en mí ¿sí? —pidió mirándola unos segundos, la saiyajin asintió y Tarble se puso la remera con rapidez. Buscó unos zapatos simples y en tres minutos, ya estaba listo. Tomó el comunicador y murmuró caminando hacia la salida—cualquier cosa te informo por acá —dijo y levantó el aparato para mostrarle.

No esperó que la joven asintiera o le dijera algo, posó su mano en la manilla de la puerta y la giró, salió hacia el pasillo y cerró detrás de sí. Intentó aparentar calma, caminaba a paso rápido, aunque quería correr hacia el primer piso, no lo hizo. Debía mantener las apariencias, no quería que la atención se fuera hacia Bulma y él, y se malinterpretara. Estaba nervioso, sentía el pulso acelerado y, sobre todo, se sentía inquieto al pensar que la joven había sido maltratada por su hermano. A esas alturas, se podía esperar cualquier cosa del rey. Si la joven le había explicado-a su manera-que su relación con Vegeta no había sido tal como todos creían, era por algo. La joven no era mentirosa, y si hubiera querido hacerse la víctima o poner mal a su hermano, le habría dicho exactamente qué pasó entre ellos, en cambio, evitaba el tema y solo decía que su relación había sido muy complicada.

A esas horas en el palacio no había actividad, algunos guardias custodiaban las salas importantes, como la de consejo, algunos estudios, los aposentos del príncipe heredero, y en el aula médica, la sala de incubación donde descansaban su hija y sobrino. Era fácil pasar inadvertido, pero había cámaras en los pasillos principales, intentó no pensar en ello, si su hermano le pedía explicaciones no le mentiría, no tenía nada que ocultar ni porque temer. Resopló nervioso al pensar en un interrogatorio de Vegeta, su hermano estaba más sereno que de costumbre desde que se había ganado el respeto y cariño de su primogénito, parecía actuar conforme lo que su hijo necesitaba y lo apoyaba completamente, pero eso no significaba que hubiera cambiado, seguía siendo un saiyajin frío y despiadado con quien le traicionara y, sobre todo, seguía herido por lo que le había hecho Bulma.

Lo conocía lo suficiente para darse cuenta de lo mucho que se esforzaba por mantener una relación cordial con la joven, se tensaba cuando oía su voz, evitaba mirarla cuando compartía con ellos y en lo posible, no dirigirle la palabra. No sabía si lo hacía por las apariencias, pues todo el reino desaprobaba la presencia de la princesa en el planeta, y con el príncipe revoloteando por todo el castillo, que quería ir siempre con su madre y compartir con ambos, no tenían muchas opciones de negárselo. Incluso su padre había intentado hablar con su hermano para que despacharan a la humana a su planeta, que estuviera entre ellos en la sala de consejo porque el menor así lo quería era una ofensa para los miembros vejestorios, que no comprendían las necesidades del príncipe. Aunque no se atrevían a enfrentarse a su rey, era un secreto a voces, creía que por lo mismo intentaba evitarla, fingir que no estaba interesado en ella.

Actuar todo el tiempo le podía jugar en contra. Tarde o temprano podía explotar, seguir soportando estar lejos de Bulma cuando en el fondo quería volver con ella le atormentaba, lo podía ver. Fue testigo en primera fila de lo mucho que había sufrido por su muerte, y a pesar de las mentiras de la joven y su traición, él seguía pensándola, sus sentimientos no se irían de la noche a la mañana y la evidencia más clara era que no había vuelto con Riander ni visitaba otras mujeres ¿qué podía esperarse de un saiyajin reprimido y dolido? Tragó en seco al pensarlo. Bajó las escaleras en diez segundos, y después de un minuto y medio, llegó al primer piso. Miró a su alrededor antes de doblar hacia el pasillo en donde se encontraba el dormitorio de Bulma. Dio zancadas largas, intentando reducir al mínimo el tiempo, cuando llegó al cuarto de la joven, golpeó un par de veces y esperó. Pasaron los segundos y no tuvo respuesta, frunció el ceño, la desesperación pronto dominó su menudo cuerpo, sudó frío pensando lo peor. Relamió sus labios y volvió a insistir, pero la princesa no respondió. Se desesperó, posó su mano en el picaporte e intentó girarlo, pero no cedió.

—¡¿Bulma?! —le llamó, pensando que tal vez la joven se había encerrado para evitar que seres indeseables-su hermano-entraran a molestarla. Esperó un par de minutos, pero no oyó respuesta. La imaginó herida en la cama, o sin pulso y el escalofrío que le recorrió el espinazo le hizo temblar. Ni siquiera lo pensó con detenimiento y le dio un fuerte empujón a la puerta, abriéndola sin mayor esfuerzo. La cerradura y el umbral se dañó en el proceso, pero el príncipe no le prestó atención, se quedó estático sin entrar, mirando la sangre en el piso. —Mierda.

Respiró profundamente, intentando llenarse de fuerzas que necesitaría si la encontraba sin pulso ¿su hermano sería capaz…? No quiso saber la respuesta. Entró sin dejar de mirar la sangre que ya estaba seca en el suelo, notó un camino de gotas escarlatas, sentía su corazón latir deprisa y sudaba frío, limpió sus palmas en la tela de su pantalón y siguió el recorrido de las manchas, rodeando la cama y entonces vio la cabeza de un saiyajin cerca del buró, pegó un brinco al notarlo. Hace tiempo que no veía un cadáver, frunció el ceño, no era algo que extrañara de su tiempo en purgar planetas, fueron segundos en que tardó en procesar ¿por qué había una cabeza en la habitación de la princesa?

—¿Bulma? —preguntó en voz alta, entonces oyó unos frascos caer desde el interior de una puerta pequeña, que parecía ser el cuarto de baño.

—E-estoy acá —le oyó murmurar, a pesar de estar en habitaciones diferentes, pudo notar su voz quebrada. Caminó un par de pasos para llegar hasta la puerta, con dos nudillos de su mano derecha golpeó con suavidad en la madera y esperó, pero la joven no volvió a hablar, miró hacia la cabeza del saiyajin, observó el corte en su cuello, era cercenado, no había limpieza, como si le hubieran arrebatado la cabeza a puros puños, desvió la mirada incómodo al pensarlo.

—Voy a pasar —dijo y giró el pomo lentamente, esperando una protesta de su parte. Abrió la puerta por completo y asomó su cabeza buscándola, el cuarto era excesivamente pequeño, frunció el ceño mirando el lugar con desprecio, le sorprendía que la joven hubiera durado allí más de seis meses y que no se quejara. La buscó unos segundos, la encontró en un rincón, sentada en el suelo abrazando sus piernas, escondiendo su rostro. Alzó ambas cejas al verla media desnuda—¿Estás bien? —preguntó confundido, entró dando pisadas con cautela, pero el cuarto era tan pequeño que con solo dar tres pasos llegó a su lado—¿Bulma?

—Hay mucha sangre, Tarble —susurró la joven, el príncipe pudo oírla gracias a sus sentidos agudos. Notó su toalla sucia con sangre seca, pero en el piso del cuarto no había nada más que delatara algún combate. Frunció el ceño, no entendía qué había pasado, la observó unos segundos buscando alguna herida, la vio bien a su parecer, más allá de su estado mental.

—¿Qué pasó? —preguntó y se agachó apoyando su rodilla derecha, con su mano intentó apartar su rostro de su escondite, la joven levantó la barbilla cuando sintió su mano acercarse y el príncipe le miró sorprendido. No recordaba haberla visto llorar antes, tenía los ojos hinchados y rojos de tanto sollozar, sus mejillas sonrojadas y había rastros de lágrimas secas, sus labios estaban rojos, seguramente de tanto morderlos, y en su barbilla había sangre seca—¿Qué pasó? —insistió al ver que la joven no respondía.

—F-fue Vegeta —murmuró y desvió la mirada—mató a Alek —Tarble iba a preguntar, tardó un par de segundos en hacer la conexión con el cadáver que había en la habitación.

—¿Por qué hizo eso? —preguntó con desconfianza, la joven tardó unos segundos en responder. Respiró profundamente y giró hacia él, las lágrimas volvieron a caer de sus ojos, la vio relamer su labio inferior al mismo tiempo que comenzaba a temblar—¿Bulma?

—Descubrió que me acostaba con él —susurró sin apartar la mirada—llegó acá con su cabeza, fue mi culpa —confesó y escondió su rostro apoyando su frente en sus rodillas. Tarble frunció el ceño, intentando procesar la información que le acababa de dar, respiró profundamente sin dejar de mirarla. Sus hombros se sacudían por los espasmos, su sollozo se oía angustiado y aunque muchas cosas pasaron por su cabeza en ese momento, como intentar consolarla, o pedirle más información para poder formar su postura frente a la situación, lo único que pudo hacer fue rodearla con sus brazos. La jaló desde sus hombros hasta su pecho, la joven se lo permitió y se apoyó en sus pectorales para seguir llorando.

Tarble no era del tipo de personas que juzgaba al resto, mucho menos sin saber lo que pensaba o por lo que había pasado la otra persona, no pensó en que la joven tenía la culpa de lo que había pasado. Recordaba con claridad la conversación que tuvieron cuando nació Kyabe, la joven de solo pensar en volver con Vegeta se alteraba, era esperable que buscara tener algo con otra persona, pero no dejaba de pensar que había sido descuidada, sin embargo ¿cómo iba a saber que su hermano se lo tomaría a mal? El rey no le hablaba ni la trataba como antes, comprendía que pensara que ya no estaba interesado en ella, aunque él sabía que no era así. Se quedó varios minutos acariciando su cabello, esperando que se calmara, cuando la sintió dejar de temblar, se alejó un poco para ver su rostro.

—¿Qué fue lo que te dijo? —quiso saber. La vio cerrar sus ojos unos segundos, y luego abrirlos y levantar la mirada hacia él.

—Q-que no podía estar con nadie que no fuera él —dijo recordando, pensó uno segundos y continuó hablando—que era mi culpa que… que hubiera matado a Alek —sollozó unos segundos, pero recuperó la calma, intentando contenerse—y me besó.

—¿Besó? —preguntó confundido, pensó unos segundos y recordó la boda de ambos en la tierra, cuando después de la ceremonia, unieron sus bocas delante de sus familiares y ellos, los saiyajin, quedaron completamente asombrados al verlos—ah…—soltó pensativo, suspiró profundamente y, tratando de no sonar frío, pero sí serio, habló—Bulma, vístete. Hay que sacarlo de tu habitación y limpiar.

—S-sí —dijo, agachó la mirada y murmuró—no puedo salir sabiendo que está allí ¿me traes ropa, por favor? —el príncipe soltó a la joven y se puso de pie, salió del cuarto de baño y buscó ropa en su armario, si es que podía considerarse como tal por su tamaño, tomó una remera rosada y un pantalón largo, y regresó al baño. Le entregó la ropa y salió del cuarto—Tarble —le llamó la joven, el príncipe giró hacia ella antes de cerrar y la observó, seguía sentada en el suelo en la misma posición—¿me traes unas bragas? Están en el mueble de cuatro cajones, en el primero.

El príncipe tardó un minuto en ir a buscar la pequeña prenda y volver. Salió del cuarto y la esperó en el dormitorio, sin dejar de mirar la cabeza del pobre iluso que había osado con tocar a la joven. Frunció el ceño ¿en qué estaba pensando? Tocar a la ex mujer del rey era una ofensa grave, aunque no estuviera estipulada en ningún decreto, era de sentido común. Suspiró profundamente, oyó su comunicador sonar y lo buscó entre su bolsillo, era Laurel. No tardó en responderle, decirle que se quedara tranquila, que nada grave había pasado. Porque después de todo, la princesa físicamente estaba bien, miró nuevamente la cabeza del saiyajin. Tragó con disimulo y caminó hasta la cama, la desarmó y sacó una cobija delgada, la lanzó a la cabeza cubriéndola, y la recogió con la tela, envolviéndola para evitar que la joven volviera a colapsar al salir.

—¿Tarble? —giró hacia atrás para verla asomarse en el umbral de la puerta del baño, pero miraba hacia el techo, evitando observar la escena sangrienta de su dormitorio—¿podrías… sacarlo?

—Ya lo cubrí —le dijo—¿qué quieres hacer? —preguntó mientras sujetaba los extremos de la cobija, era increíble a lo que podía reducirse una vida, pensó sombrío.

—Ir a su cabaña —dijo, ya sin llorar—buscar su cuerpo y sepultarlo —murmuró y giró hacia el príncipe —¿me ayudas? —Tarble asintió sin responder.


(…)


Dejó la cabeza cubierta con la manta en el césped, mientras observaba la cabaña a oscuras. A esa hora no se veía ninguna estrella en el cielo, había nubosidad cubriéndolas, él podía ver sin ningún problema, giró hacia la joven que no paraba de temblar. Estaba usando una chamarra negra, sabía que no se estremecía por frío específicamente. Habían llegado a la casa del saiyajin en una aeronave de la joven, no tardaron mucho en llegar. Tarble quiso saber detalles, como desde cuando que mantenía una relación con el difunto saiyajin, pero prefirió guardar silencio. La normalmente parlanchina princesa se fue muda y ausente piloteando la nave. Ahora estaba de pie, mirando la cabaña, con las manos en sus bolsillos, tiritando. La vio caminar hasta la casa, pero la atajó de la muñeca, la joven giró hacia él frunciéndole el ceño y Tarble negó meciendo su cabeza de lado a lado.

—No creo que debas verlo —murmuró no muy convencido, soltó su muñeca y la miró, la vio suspirar y volver a girar hacia la cabaña.

—Es lo mínimo que puedo hacer —respondió—Alek murió por lo que hicimos y yo sigo aquí. —Susurró pensativa. El príncipe frunció el ceño al oírla, no le gustó su tono de voz pesimista. Se acercó a la joven y se puso frente a ella, evitando que pasara y le habló serio.

—Sí —dijo con el ceño fruncido—es tu culpa que esto pasara —la princesa alzó ambas cejas y abrió la boca para hablar, pero nada salió de sus labios, vio como sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas otra vez, por lo que se apresuró en hablar—pero también de Alek y de Vegeta —terminó diciendo. Bulma frunció el ceño confundida—Alek sabía que tu fuiste la mujer de mi hermano, nadie en su sano juicio se involucraría contigo sabiéndolo, pero él lo hizo de todas formas. Pagó las consecuencias —dijo y miró la cobija con el bulto en el césped—mi hermano no entiende que no le perteneces y dudo que lo haga en algún momento. Comprendo que creas que eres libre de hacer lo que quieras y con quien quieras, y debería ser así, pero si mi hermano tiene los ojos puestos en ti, eso no pasará y es mejor que lo asumas.

—¿Debo aceptar lo que él decida? —preguntó sin esperar una respuesta—estar disponible cada vez que quiera, aceptar sus insultos y luego tenerlo en mi cama —murmuró para sí misma—en otras palabras, volver a ser su mujer. Claro, sin ser su esposa —Tarble abrió los ojos de par en par al oírla, entonces la comprendió. Entendió su huida, sus mentiras, incluso que hubiera buscado el calor en otra persona, agachó la mirada y se apartó, dejándola pasar.

Bulma caminó a paso rápido hasta la cabaña, se detuvo en el pórtico, sintiendo el corazón latirle a toda prisa ¿estaba segura de hacer aquello? si lo hacía, nunca más dormiría tranquila, le costaría recuperar la calma. Suspiró profundamente «es lo que merezco» se respondió. Vegeta tenía razón, sobre su espalda estaba el peso de una muerte, pero también sobre la suya, la diferencia era que para el rey una más o una menos, no hacía la diferencia, para la joven sí. Una vida se había tomado por sus actos, y debía responder ante ellos. Volvió a suspirar y abrió la puerta, encendió la luz y soltó un gemido lleno de angustia, cubrió su boca con ambas manos y se lanzó al suelo de rodillas, viendo lo que alguna vez fue la sala de estar, llena de sangre, vísceras y restos óseos. Tarble se asomó junto a ella y cerró sus ojos al ver la escena, no había cuerpo que recuperar, no había cómo diferenciar entre restos y objetos de la casa. No había espacio en la cabaña que no estuviera salpicado con sangre.

—… Bulma —habló Tarble. La princesa estaba desmoronada en el suelo, sollozando—no podemos darle sepultura así —murmuró. Esperó por una respuesta, pero la joven no paraba de llorar—enterremos la… manta, quemaré este lugar —dijo, no esperó a que estuviera de acuerdo, se agachó a su altura y la sostuvo de sus brazos para ponerla de pie. Una vez que lo consiguió, la tomó en brazos, pues las piernas de la joven no paraban de temblar y apenas podía mantenerse de pie. La llevó hasta la nave y volvió a la cabaña, estiró su brazo y de su palma desnuda, una esfera celeste se asomó, la liberó rápidamente y segundos después, la cabaña completa estalló estrepitosamente. Restos de madera se esparcieron por el lugar, con un dedo apuntó a cada parte de la casa que no alcanzó a quemarse por la explosión y los hizo desaparecer a los segundos.

La joven no apartó la mirada en ningún momento, veía como las llamas consumían su pecado. Tarble apuntó hasta el suelo y lanzó otra esfera de energía, haciendo un agujero bastante profundo, lo vio acercarse a la cobija y tomarla con cuidado, regresar al agujero y lanzarla dentro, para luego con sus piernas, empujar la tierra para cubrir el hoyo. La princesa se bajó de la nave y caminó hasta él, Tarble no preguntó, ella tampoco dijo algo, y entre ambos, se dedicaron a cubrir el pozo con la tierra suelta. Tardaron una hora o dos en cubrir por completo el agujero, el príncipe caminó hasta la nave, dándole unos minutos a solas. Bulma estaba de pie frente a la tierra floja, la casa al fondo había dejado de arder.

—Perdón —susurró.

Dejó que se le escaparan un par de lágrimas, no se reprimiría esa noche, dejaría ir toda su angustia, hasta que ya no le quedaran lamentos, sería la última vez que llorara por otro hombre que no fuera el rey.

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N/A: Esta escena la tenía en mi cabeza hace más de dos años, desde que inicié el fic. Siempre planeé que Vegeta se iba a alejar, y que le comerían la uva hahahaha y se daría cuenta, y le llevaría la cabeza del desdichado. Sé que algunas no estaban muy conformes con que Bulma se involucrara con otro, pero no me parece justo que Vegeta se haya metido con tantas mujeres y Bulma nada, aparte, ella no lo engañó, estaban separados xd Respecto a Vegeta, él aunque sienta odio y rencor por lo que hizo (sus mentiras) a su manera, la ama, la quiere solo para él y le es difícil lidiar con sus sentimientos, pero lo que pasó con Alek le sirvió para darse cuenta que si la quiere con él, debe asumirlo y correr el riesgo. La posición de Bulma es compleja, tal como le dice Tarble, no le queda mucha más opción que aceptar que es objeto de obsesión de Vegeta.

Después de este cap, el siguiente será un pequeño salto del tiempo de un año y cuatro meses, 4 cap en ese tiempo, y luego, por fin, la segunda parte del fic xDD y de ahí ya es la recta final :'d

Espero que se comprenda, dentro de todo, lo que sienten los personajes, es complejo salir de una relación tóxica, en dos años no se supera, menos si las partes aun sienten cosas. Porque aunque Bulma lo niegue, ella sigue amando al Vegeta que fue bueno con ella, y él, bueno, él solo tiene ojos para ella.

En fin, espero que les guste el cap, y cuéntenme qué les pareció :B muchas ya sabíamos que Alek no duraría si se involucraba con Bulma, pero al menos lo pasó bien hahahah xDDD

Nos leemos! espero estén todas muy bien! cuídense del virus y mucho ánimo para su día a día!

Disculpen las letras revueltas, faltantes, sobrantes, y faltas de ortografía :c

Nuevamente, gracias Francis!! este cap es para ti! y los que se vengan hahahaha

Nos leemos!

Los invito a leer Insano y Black Rabbit! :D!