Feliz cumpleaños Monstse!


"En el amor, uno comienza engañándose a sí mismo y termina engañando a otros. Eso es lo que el mundo llama romance"

Oscar Wilde

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17

Resignación

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Keel observaba a su hijo menor hablar, como movía sus manos para expresarse y las palabras que usaba, su voz no era firme ni fuerte, había aprendido desde niño a usar en exceso sus gestos no verbales para ser escuchado y considerado, y le había funcionado. Tarble se abrió paso entre la realeza saiyajin con otras herramientas, la fuerza se la había dejado a su hermano mayor, pero en inteligencia y elocuencia, nadie le ganaba. Nunca se había detenido a pensarlo, a sentirse orgullosa porque fuera su hijo, era extraño hacerlo ahora, pero no molesto. Ya empezaba a acostumbrarse a esos nuevos sentires, ya no se cuestionaba, tampoco los divulgaba, y no sufría por esos cambios. Sabía bien a qué se debía, desde que se había convertido en abuela, que un mundo nuevo se abrió ante sus ojos, ya no era la misma sádica de antes, ni siquiera la maternidad la cambió de ese modo. Por eso ahora estaba allí, participando de aquella reunión activamente, junto a la mano del rey, su hijo menor y la princesa Bulma, organizaban los últimos detalles del cumpleaños número 4 del heredero al trono. Miró de soslayo a la princesa, que observaba ausente el vaso de agua que tenía en frente, casi no había aportado a la plática, solo respondía cuando le preguntaban directamente.

—Quizá no sea buena idea —murmuró Kakarotto, mientras revisaba la lista de invitados—tenemos muchos enemigos hoy en día, y hacer un evento tan grande, nos podría exponer…—dijo inseguro y levantó la vista hacia el príncipe Tarble.

—¿Crees que alguien pueda ser una amenaza? —preguntó con incredulidad la reina madre—podemos tener muchos opositores, pero ninguno puede hacernos frente.

—Entiendo —dijo Tarble, ignorando el comentario de su madre. Miró los documentos sobre la mesa y mordió su mejilla interna unos segundos, levantó la vista hasta la saiyajin y explicó—en un evento masivo, es más difícil resguardarnos y los que corren riesgo, son los niños. Ya todo el universo sabe de los príncipes, si hay una forma de detener el imperio saiyajin, es con nuestra herencia.

—Sí, comprendo —respondió Keel, con el ceño fruncido—pero, aun así, no podrían en contra de nuestros soldados ¿por qué ser precavidos?

—Pueden espiar el mecanismo de seguridad, los turnos de guardia —habló Bulma, sin mirarlos, pendiente del vaso de agua que tenía en frente. Keel guardó silencio al oírla—incluso instalar una bomba en el piso subterráneo ¿las incubadoras lo resistirían? —preguntó y levantó la mirada hacia la reina madre. No se miraron con rencor o rivalidad, al contrario, era una plática real sin necesidad de convertirla en una disputa por el control de la situación—estoy de acuerdo con Goku, creo que estaríamos confiándonos demasiado, es mejor prevenir.

—Se lo plantearé al rey —dijo Tarble, e hizo anotaciones en su ficha—si está de acuerdo, debemos reducir la lista. Actualmente son 5.000 invitados ¿Cuántos sería prudente? —Bulma volvió a mirar el vaso de agua, y sin mirar a nadie, habló antes de que la mano del rey respondiera.

—¿Pueden… incluir a mi familia en la lista? —murmuró y relamió su labio inferior—no ven a Trunks, desde que nos fuimos de la tierra ¿es posible? —preguntó y miró a Tarble. El príncipe alzó ambas cejas y contuvo el suspiro, miró sus documentos unos segundos, buscando las palabras adecuadas, pero la mano del rey se le adelantó.

—Imposible —dijo Kakarotto, la princesa giró hacia él y le enfrentó con el ceño arrugado—el rey quiere que el príncipe Vegeta, tenga el mínimo contacto con humanos. —La joven contuvo el grito que se quedó en su garganta, por más que intentaran que su hijo no se relacionara con su familia materna, seguía siendo medio humano y eso no se lo quitarían jamás ¿qué sentido tenía? No podía dejar de pensar que era solo para fastidiarla, después de todo no era una invitada de honor en el castillo.

—¿Puedes al menos intentar preguntarle? —dijo la joven, sin apartar la mirada del saiyajin que una vez fue su amigo, al que ya no podía considerar como tal. Era como un saiyajin completamente diferente, fiel a las leyes de Vegetasei y, sobre todo, leal al rey, parecía sumamente agradecido por el cargo que tenía y se esforzaba en desempeñarlo con eficacia.

—Creo que —murmuró Keel—quien debería hacerlo, eres tú. Te escuchará —Bulma sabía que no se lo decía con malas intenciones, podía percibirlo en su tono de voz que normalmente era severo y hostil, y ahora se oía sereno.

—No quiero pedírselo —reconoció. Aunque no tenía confianza con la mano del rey, con Tarble era otro asunto, y a pesar de la historia que tenían en común con la reina madre, desde la llegada de Trunks que la mujer se había comportado diferente con ella, por lo que asumir su situación con ellos no le incomodó, y, es más, el grupo estaba al tanto de lo suyo con el rey, no tenía sentido fingir.

—¿Es todo por ahora? —preguntó Kakarotto, ignorando la plática de la joven. Bulma resopló y blanqueó los ojos al oírlo. Tarble asintió hacia el saiyajin, vieron en silencio como la mano del rey se ponía de pie tomando sus pertenencias, asintió a los saiyajin antes de salir.

Una vez que la puerta se cerró, y quedaron solo los tres, Bulma suspiró y tomó el vaso de agua que tanto observó durante la reunión, le dio un sorbo, dejó que el líquido frío le humedeciera los labios y lo dejó con suavidad sobre el mesón. Keel se puso de pie, y antes de salir se quedó viéndola, al punto que la joven notó su mirada. Se observaron en silencio, la abuela de su hijo abrió la boca unos segundos, como si pensara con cuidado sus palabras, algo nuevo en la mujer.

—Deberías aprovechar tu posición —dijo finalmente. La joven frunció levemente el entrecejo y sonrió sin ánimo. Keel asintió a su hijo y salió de la habitación con rapidez, como si tuviera algo muy importante por hacer, dejando a ambos jóvenes a solas.

Tarble la observó por el rabillo del ojo, lucía cansada. Tenía un tono violáceo suave debajo de sus ojos, seguramente no había descansado bien la noche anterior, el largo de su cabello sobrepasaba sus hombros, lo llevaba suelto. Podía notar que algo le preocupaba, tampoco era que lo intentaba esconder y estaba seguro que su hermano tenía algo que ver. Se puso de pie y caminó hasta el minibar, buscó una botella de vino, no tardó en encontrar una y se la mostró a la joven, Bulma lo miró pensativa unos segundos, para finalmente asentir con una sonrisa forzada.

La joven observó con atención como el príncipe servía el líquido espeso en dos copas, era una botella fina, el olor le golpeó las fosas nasales incluso desde la distancia, dejando toda la habitación con aroma a fruta procesada. Tarble tomó con cuidado ambos vasos y regresó a la mesa, dejó uno delante de la joven y le dio un sorbo al suyo, sin dejar de mirarla. La princesa tomó el fuste con cuidado de no esparramar el líquido y lo acercó a sus labios, lo probó y volvió a dejar sobre la mesa, no estaba acostumbrada a beber, pero a sus 23 años, no tenía mayores vicios aparte de su torcida relación, y necesitaba despejarse, aunque fuera por unos minutos.

—¿Están mal? —empezó preguntando Tarble. La joven giró a verlo confundida—quiero decir, mi hermano y tú ¿tienen problemas? —explicó.

Bulma tardó unos segundos en responder, en parte porque debía sacar de su mente la respuesta afirmativa a su pregunta "¿tienen problemas?" «por supuesto que los tenemos» pensó, pero no venía al caso. Tarble no se refería a eso, y no tenía sentido soltar sus pensamientos con quien no lo entendería. El hermano menor del rey se había convertido en un apoyo fundamental para enfrentar su día a día, después de lo que había pasado con Alek y que le había ayudado a resolver. Se sentía en confianza como para acudir al príncipe si tenía problemas con el rey, también con Laurel, pero con la saiyajin era más como un cotilleo por las tardes cuando bebían el té, sin embargo, sus pensamientos seguían bajo siete llaves, no podía compartirlos con nadie más ¿cómo hacerlo? no quería que la miraran con compasión, o supieran lo enferma que estaba. No le contaba a su familia lo que realmente sentía o por lo que pasaba, no quería preocuparlos más de lo que ya estaban con ella viviendo en esos dominios junto a su hijo. Pensar en sus padres y hermana le dolía, no los veía desde que empezó su pesadilla, cuando su mentira fue expuesta, hablaba con ellos regularmente, pero no era lo mismo hacerlo mediante comunicación espacial a tenerlos en frente. Volvió a tomar su copa y esta vez, dio un trago más largo a la bebida, sintió la acidez del vino en su paladar para después dejar el sabor a la fruta dulce.

—No quiero pedirle nada —reconoció y giró hacia el príncipe—sé cuál será su respuesta, no quiero escucharla.

—Pero ¿cómo lo sabes? Ni siquiera lo has intentado, creo que es imprudente que te adelantes tanto —dijo no muy convencido, bebió un sorbo de su copa y continuó—mi madre tiene razón, él te escuchará.

Claro que lo haría, tenía muchas oportunidades para hablar con él, pero no quería decirle ni pedirle nada. El rencor seguía allí, y no se iría nunca, además, que tuvieran una relación cordial para los demás, no significaba que entre ellos las cosas estuvieran resueltas, a pesar del tiempo que había pasado, casi ya dos años viviendo allí con su hijo, su relación con el rey era inestable, al menos para ella. La inseguridad siempre estaba allí, de la mano del miedo y desprecio, todo camuflado de falso respeto, y estaba segura que él lo sabía. Vegeta no era idiota, al contrario, era astuto y eso lo hacía más peligroso.

—Sí —asintió—pero sé qué respuesta me dará y no quiero escucharla —suspiró profundamente—supongo que, debo intentarlo.

Tarble la quedó viendo, entendía su situación, después de lo que su hermano le había hecho, no debía ser fácil lidiar con su atención ni requerimientos, pero ¿qué otra opción había? A veces sentía la necesidad de apelar por el rey, por el perdón que no había pedido y para excusarlo por sus acciones, sin embargo, una parte de él consideraba que no lo merecía y a la vez, Laurel tenía razón, no debía involucrarse más de la cuenta entre ellos. Después de ayudarla a enterrar a Alek, su hermano había sido categórico, no quería que volviera a apoyarla en ese tipo de cosas, Vegeta buscaba aislarla, que solo tuviera que recurrir a él, y eso no era sano. Por lo que no le había escuchado del todo, se mantenía al margen, pero cada vez que la joven recurría a ellos para platicar y compartir, no le cerraban las puertas, y su hermano tampoco lo impedía. Suponía que a lo que el rey se refería, era a que no la ayudara en el futuro si volvía a estar con otro hombre. Era confuso lo que su hermano sentía por la princesa, parecía querer que ella dependiera solo de él, y a la vez, intentaba hacerla feliz con sus imposiciones, pero de eso no se trataba tener una relación de pareja, y aunque muchas veces pensó en hablarlo con él, hacerle entender, no era el momento. Vegeta seguía inestable con el tema de Bulma, lo que ellos necesitaban era tiempo. Pero la joven no quería darle ese tiempo, y Vegeta no era paciente.

—Sí —concordó y bebió todo el contenido de su copa—el cumpleaños del príncipe, será algo grande ¿no? —dijo, esperando cambiar el humor de la princesa. Bulma alzó ambas cejas y sonrió, la vio beber un sorbo pequeño de su copa y giró hacia él, sin dejar de sonreír.

—Solo espero que esta vez me escuchen, y hagan un cumpleaños para un bebé y no una fiesta de alcohol y comida, y estupefacientes —dijo la joven y resopló, sonriendo sin ganas. Tarble en cambio, soltó una carcajada ruidosa, ahogándose con su propia saliva, tosió un par de veces sin dejar de reírse.

—Por algo estás participando en las reuniones —dijo sin dejar de sonreír—su cumpleaños número 4 será mucho mejor —Bulma sonrió y bebió un sorbo largo, hasta terminar el contenido, dejó la copa sobre la mesa y con el entrecejo arrugado, pero sin dejar de reír, giró hacia él.

—¿Por qué? ¿habrá orgías y matanzas en el salón principal? —y Tarble volvió a estallar en risas.

—¡Para su mayoría de edad, no suena mal! —Bulma le dio un manotazo en el brazo, y aunque la broma no le agradó, no pudo evitar contagiarse del humor del príncipe, y terminó riéndose con él.

Salieron de la sala sin dejar de reírse y haciendo comentarios triviales, la joven se despidió del príncipe al llegar a la escalera principal, donde Tarble bajó hacia el primer piso y ella siguió hasta su habitación, que ahora se ubicaba en la segunda planta. A pesar de bromear con los eventos del cumpleaños de su hijo, no dejaba de preocuparse. No permitiría que volvieran a arruinar su fiesta, como lo hicieron con su celebración de los tres años, donde hicieron más un banquete de adultos que un festejo para el niño, que Trunks no disfrutó y se la pasó llorando, y tuvo que llevárselo a dormir temprano ese día. Aunque Vegeta se sintió culpable después, para la joven no fue una excusa, si la hubieran escuchado y hecho partícipe de la organización, eso no habría pasado. No solo se molestó por lo mal que lo pasó su hijo, sino que también por arruinarle su día, iba a ser su primer cumpleaños en Vegetasei y siendo él ya más consciente de su entorno, donde podría disfrutar realmente de un evento así, y se lo arruinaron con alcohol y bailarinas vulgares. Tarble se había disculpado con ella, no consideraron que el niño al ser mitad humano su cultura, aunque no le gustase a Vegeta, influía en el menor. Esta vez la incluyeron en la organización sin siquiera preguntarle, por órdenes del rey. Si bien le molestaba que decidieran por ella, como se trataba de su hijo no había reclamado y a la vez, si Vegeta la estaba dejando participar era porque quería que la celebración de su primogénito saliera bien, pero, sobre todo, que el niño la disfrutara y eso lo valoraba.

Caminó por unos minutos más antes de llegar a su habitación, y aunque era más que consciente de que no era la misma de antes, se quedó de pie frente a la puerta, dudando si entrar o no. No se dio cuenta que su cuerpo empezó a temblar, sin embargo, se concentró en no parpadear, porque cada vez que lo hacía, a su mente venían las imágenes del piso ensangrentado, y con ello, el rostro maltrecho del saiyajin. Sudó frío de repente, tragó con dificultad y posó su mano sobre la manilla y respiró profundamente, contó mentalmente hasta tres y abrió la puerta de un movimiento brusco. La luz del día se colaba por las cortinas, por lo que fue fácil convencerse de que era otra habitación, que aquella siniestra escena estaba en el pasado. Se quedó de pie en el umbral, mirando el dormitorio que ahora sí parecía uno y no una caja de fósforos. Su nuevo cuarto había sido asignado al día siguiente de lo que había pasado con Alek, no había podido volver al dormitorio y como no la dejaban dormir con Trunks, se había ido a dormir con Laurel y Tarble, quienes la consolaron durante la noche. A la mañana siguiente, el príncipe se arregló con el rey para asignarle ese dormitorio, ya no se quedaba en el ala de la servidumbre, sino en una de invitados. El cuarto medía entre seis o cinco metros cuadrados, con un gran ventanal y un baño de tres metros cuadrados con bañera, era lo mejor que se pudo conseguir Tarble y estaba totalmente agradecida, claro que, si el rey no hubiera querido, seguiría en el cuchitril. No sería problema para ella si no le recordara lo sucedido. Tenía un pequeño trauma-así lo llamaba-le costaba dormir sola, no le gustaba estar a oscuras y recurría a diferentes métodos para conciliar el sueño, evitar pensar demasiado y recordar, pues apenas intentaba dormir, las escenas frente a la cabaña en llamas, la sangre y la sonrisa de sAlek, venían a su cabeza. La culpa se había convertido en un invitado nocturno, tuvo que pedir ayuda a Iris. Tenía unas pastillas maravillosas que usaba para poder descansar, no siempre debía recurrir a ellas, pero eran su salvavidas, la ayudaban a mantenerse cuerda.

Entró dando pasos suaves, cerró la puerta detrás de sí y dio una rápida mirada al lugar. El sol ya no calentaba como antes, el invierno estaba próximo a golpear el planeta y duraba al menos dos a tres años, por lo que la temperatura había bajado de forma gradual, sentir los rayos del sol en el dormitorio era agradable. Era como si fuera otro mundo, otro ambiente, como si sus problemas estuvieran puertas afuera y en ese acogedor cuarto, fuera otra vez una niña sin preocupaciones ni obligaciones. Sonrió al pensarlo y antes de siquiera darse cuenta, caminó hasta la cama y se lanzó, haciendo que su cuerpo saltara un par de veces en la comodidad de la colchoneta. Giró sobre su cuerpo y quedó boca arriba, observando el techo, respiró profundamente y exhaló ruidosa, se quedó unos segundos así, haciendo nada, aprovechando la calma, algo inusual en su vida.

Volvió a suspirar antes de que pasara un minuto y observó la hora en su reloj de muñeca, faltaba media hora para que tuviera que ir por Trunks, tenía tiempo de sobra. Se puso de pie y caminó hasta su tocador, sacó del primer cajón su ordenador junto al expansor de señal, el dispositivo que usaba para colgarse a las redes del aeropuerto espacial, y así poder comunicarse con su familia en la tierra. Instaló ambos en la mesa del mueble y encendió el computador, se observó en el espejo mientras esperaba que el aparato encendiera, giró su rostro de lado a lado, buscando imperfecciones, aparte de las notorias manchas debajo de sus ojos, no vio nada. Ingresó los códigos correspondientes en el programa después que este se estabilizara, y minutos después, logró establecer contacto con el enlace del castillo, donde o su hermana o padres podrían contestarle.

—¡Bulma! —la voz de su madre se oyó antes que la imagen se aclarara, la joven sonrió a la pantalla, hace un par de semanas que no conseguía hablar con la mujer.

—Hola mamá —saludó, y la imagen se definió por completo. La mujer rubia estaba sentada frente al monitor, su cabello estaba bien arreglado como de costumbre, pero no llevaba ni un gramo de maquillaje, lo que le sorprendió a la joven, pero no dijo nada—¿cómo estás?

—¡Bien! ¿y tú? ¿dónde está Trunks? —preguntó con entusiasmo propio de ella, pero Bulma la observó unos segundos, intentando estudiarla, su intuición le alertó que algo no andaba bien, pero no sabía por qué.

—Bien —respondió asintiendo—Trunks está en clases de idioma —se encogió de hombros y miró la hora nuevamente—terminará en unos 40 minutos.

—¿Clases de idioma? ¡Pero si recién cumplirá 4 años! —exclamó angustiada—¿no estarán presionándolo mucho? —Bulma relamió sus labios, entendía su preocupación, ella había hecho los mismos cuestionamientos, pero el rey había sido claro, si el niño no podía-no se le daba-o no quería continuar con las clases, no lo haría. Grande fue la sorpresa de todos, al ver que el menor era además de un prodigio en su poder de pelea, inteligente y aprendía rápido, para la joven fue toda una revelación que le costó aceptar, siempre supo que era despierto para su edad, y al ser su hijo, naturalmente sería inteligente, pero era el interés que tenía el menor en saber de su genética saiyajin y en querer prepararse para ser rey a tan temprana edad, esas eran las motivaciones del pequeño para pasar un par de horas al día aprendiendo idioma y otro par de horas historia saiyajin. Su hijo ya no era el mismo niño que había llegado de la tierra, era un príncipe saiyajin, lo que la tenía preocupada y llena de miedo.

—Si —concordó—pensé lo mismo, pero Vegeta quería probar si podían enseñarle a temprana edad, así le sería más sencillo integrar otro idioma —suspiró y miró las botellas sobre el tocador, lociones y perfumes finos, que casi no usaba—no le obligaron, pero a Trunks le gustó la idea. Ahora puede mantener una conversación pauteada en Tsufurujin.

—¿Tsufurujin? —preguntó confundida—¿qué idioma es ese?

—Es una lengua muerta de Vegetasei —dijo, recordando las palabras del rey—pero que es importante sepa, por su herencia. Fue el primer idioma del planeta, antes de que lo nombraran Vegetasei.

—Oh —alzó ambas cejas la mujer—bueno, si al niño le gusta, no hay mucho que podamos hacer. —Murmuró con melancolía. La joven asintió pensativa, su madre seguía sintiéndose culpable por cómo habían resultado las cosas, y la entendía, pero sus vidas ya habían cambiado y por uno u otro motivo, había terminado nuevamente en esas tierras rojas.

—Le encanta —comentó cansada—ama todo lo que tenga que ver con Vegeta y los saiyajin —dijo haciendo una mueca de desagrado—cuando Vegeta le dijo que él sería el próximo rey… ¡hubieras visto su cara! Fue…—tragó con dificultad, sintiendo el nudo en su garganta ¿algún día se acostumbraría? Ya no tenía sentido seguir negándose a la vida que tendría su hijo, era el legítimo heredero a la corona y nada de lo que pensara o dijera, cambiaría eso. Trunks había sido consumado durante su matrimonio y unión con Vegeta, que su relación se hubiera terminado de forma legal, no hacía que su herencia cambiara, por mala suerte suya y de los opositores. —De verdad que ama esta vida, mamá.

—Entonces, deberíamos estar feliz por él —dijo, mientras forzaba una sonrisa para calmar la angustia de su hija menor—es un niño y ya sabe lo que quiere para su futuro, me recuerda a Tight…

—Sí —asintió la joven, sonriéndole—desde muy pequeña que se preparaba para ser reina, y le encantaba.

—Y tú, una aventurera —recordó la mujer rubia y Bulma sonrió al escucharla—corrías por todos los pasillos con una cantimplora que te habían dado en el zoológico del norte, una mochila más grande que tu espalda, llena de juguetes y con una pistola que habías hecho con la chatarra de tu padre, atormentabas a tu nana y al resto de la servidumbre —la joven soltó una risotada y agachó la mirada, buscando esconder sus ojos vidriosos al oírla, había olvidado aquel sueño infantil que tuvo que dejar en el olvido cuando se fue de la tierra.

—¡Qué sueño tengo! —mintió y se limpió los ojos con el dorso de la mano—Trunks estaba inquieto anoche —volvió a mentir—madre, ¿crees que puedan venir al cumpleaños de Trunks? —preguntó bajando la mano de su rostro, para poder observarla. La mujer se quedó en silencio, llamando aún más su atención, normalmente estaría gritando eufórica por la invitación o incluso, ya habría organizado el viaje, no se perdía las fiestas y menos si el protagonista era su nieto, en cambio, lucía pensativa, como si buscara las palabras correctas para decir.

—¿El rey lo autorizó? —preguntó la mujer rubia, Bulma mordió su mejilla interna derecha y negó, meciendo sus mechones delanteros—entonces ¿por qué lo preguntas?

—Quería saber si podían venir, antes de hablar con él —dijo y suspiró—no quiero pedirle nada, si no pueden, evito hablarlo, pero si tenían planeado venir…

—Deberías dejar de ser tan rencorosa, hija —dijo la mujer, Bulma blanqueó los ojos, pero no le discutió. Nadie en la tierra sabía de lo que había pasado hace casi un año y medio atrás, no se atrevió a contarles, por vergüenza y culpa. En el planeta rojo tampoco se sabía de forma oficial, solo los cercanos a la corona estaban al tanto.

—No lo entenderías —murmuró no muy convencida—en fin ¿pueden? —preguntó con ilusión, necesitaba verlos y no se atrevía a decirlo.

—Creo que Tight podría ir —respondió sonriéndole—ahora está en una reunión con unos cancilleres del cuadrante 28 X. —Bulma asintió silenciosa, ver a su hermana mayor era un avance, aunque quería estar con todos, suspiró y asintió nuevamente—¿estás bien? —la voz de su madre la sacó de sus pensamientos, levantó la mirada hacia la mujer y sonrió en respuesta—te ves cansada.

—Sí —dijo—Trunks no me dejó dormir muy bien —repitió—¿cómo está papá? Hace bastante que no hablo con él.

—Tu padre —dijo seria por unos micro segundos y luego sonrió como solía hacerlo—¡como siempre! Ahora que no es rey, se la pasa en el laboratorio o en el jardín con sus mascotas.

—Qué bueno —respondió, miró la hora en su reloj y frunció sus labios en una mueca de molestia—las clases de Trunks están por terminar ¿hablamos luego? —dijo mirando hacia la pantalla, su madre asintió sonriente—bien, saludos para todos. Estamos hablando, te amo —dijo y se despidió moviendo su mano.

—Cuídate —dijo su madre—te amo, dale besitos a Trunks de nuestra parte —la joven sonrió en respuesta y cortó la comunicación. Suspiró profundamente mientras se quedó viendo su reflejo en la pantalla negra, últimamente no paraba de suspirar y resoplar, la melancolía no se iba cuando estaba sola, la olvidaba a momentos cuando compartía con su hijo o Laurel y Tarble.

Se levantó y fue al sanitario, después de ir por su hijo, iría a ver a los niños, seguramente Laurel estaba allí, necesitaba hablar con alguien más que con sus pensamientos, distraerse de su realidad o al paso que iba, terminaría al borde de la locura, no era fácil mantener la calma cuando lo que quería era gritar y escapar de allí. A menudo se sentía malagradecida, tenía un techo con el que cubrirse, la comida no le faltaba, su hijo estaba sano y era feliz ¿por qué ella no? «esto no es lo que quiero para mí» se respondió.


(…)


Vegeta escuchaba atento a su padre, hablaba con entusiasmo de su nueva táctica de guerra, él ya le había encontrado varios fallos, pero los comentaría con Tarble para que lo corroborara, y así poder arreglarlos sin decirle al rey. No porque no quisiera pasarlo a llevar, simplemente porque le daba pereza lidiar con su ego herido y no tenía tiempo ni ganas para hacerle comprender que su plan tenía errores. Miró el mapa y observó los planetas de los que hablaba el saiyajin, hace meses que tenían problemas para retomar las purgas de planetas que ya habían conquistado, y solo debían limpiar para vender a mejor precio. Un grupo de delincuentes asaltaba a los batallones del OIC-saiyajin entre ellos-y se quedaban con las materias primas de los planetas. Tarble había sugerido denunciarlos en la patrulla galáctica, sin embargo, para él era innecesario, solo bastaba poner más soldados y estudiar el modo en que operaban los bandidos. Después de tanto tiempo, se habían vuelto confiados y descuidados a su parecer, y eso no se volvería a repetir.

—Con un poco de mano dura, esos miserables caerán por completo —dijo orgulloso el ex rey. Vegeta alzó ambas cejas, y miró a Riander, que estaba de pie observando el mapa.

—¿Tú qué piensas? —preguntó mirándola, la reina negó pensativa y se inclinó para observar los planetas cercanos a la sede. Su madre nunca fue muy participativa en los asuntos interestelares, pero si en las relaciones interiores del planeta, él en cambio, permitía que Riander participara activamente para mantenerla tranquila, si bien ya no se relacionaba con ella en el plano sexual ni de pareja, su hermano le había aconsejado que le diera otras labores para que no se impacientara ni hiciera escándalos al sentirse inútil, y con la presencia de la princesa, insegura. No le importaba lo que sintiera o pensara, pero en algo tenía razón, si se sentía amenazada, podía actuar en contra de la joven y eso no lo permitiría bajo ningún concepto, prefería prevenir. No había sido difícil darle proyectos y otras responsabilidades, pues la reina se manejaba bien en la diplomacia y era bastante estratégica cuando se requería.

—Centrar toda nuestra fuerza en la sede es arriesgado —Vegeta pensó lo mismo cuando escuchó a su padre—estos bandidos son más fuertes que el soldado promedio.

—¡Pero esos soldados no son saiyajin! —refutó su padre—si dejamos un grupo de soldados de élite saiyajin, no se atreverán a interponerse en nuestro camino.

—Ellos saben que el OIC está bajo nuestro mando ahora —habló el joven rey, mirando a su padre—¿qué te hace pensar que poniendo un grupo de soldados saiyajin, no nos robaran?

—P-porque… no se puede comparar la eficiencia de un soldado saiyajin, a uno del OIC —balbuceó el padre del rey—si dejamos un gran número de saiyajin, intimidaremos y si llegasen a atacar, podrán defender el territorio.

—No —negó el rey—no usaré saiyajin para defender un puñado de metal —murmuró severo—hay que usar otra estrategia. Lo veremos en el consejo de hoy, quiero escuchar la opinión de Tarble —reconoció pensativo.

—Le das demasiado crédito al príncipe —dijo la reina, pensando en voz alta. Tanto Vegeta padre como el rey, giraron a observarla y cuando notó su descuido, tuvo que fingir que no se arrepentía de lo que había dicho, se apresuró en explicar intentando no sonar nerviosa—no podemos dejar tanta responsabilidad en él, si el día de mañana llegase a faltar ¿cómo resolveremos los problemas? —Vegeta frunció el ceño, entendía su punto, pero era lo suficientemente astuto para notar las intenciones de su comentario, y no le gustó. Era bueno ser ambicioso, así no te conformabas con lo que tenías y siempre buscarías la grandeza, pero ella era reina ¿qué más quería para asegurar su posición?

—Dos cosas —respondió mirándola serio, su voz de oía áspera—dije que quería oír la opinión del príncipe, no que haría lo que él dijera, y no cuestiones mis decisiones. —Riander frunció el entrecejo, y olvidando que estaba el padre del rey, resopló y respondió indignada.

—¿Entonces que hago aquí? Si no puedo decir lo que opino —reclamó. El saiyajin mayor alzó ambas cejas y giró hacia su hijo, expectante por la respuesta. La reina era impetuosa en ocasiones, pero entendía bien el porqué, a diferencia de Keel, ella se sentía insegura y ¿cómo no estarlo? Con la princesa dando vueltas por todo el castillo, su presencia era molesta para todos los saiyajin, y para Riander aún más. Los rumores debían enloquecerla, y que su hijo le dejara responsabilidades no era suficiente para ella.

—Al igual que con Tarble —respondió—me das sugerencias ¿sabes lo que es una sugerencia? —preguntó con ironía, el rostro de la reina se enrojeció al escucharlo—tengo la opción de decidir lo que crea que es mejor. No haré lo que digas, solo porque tú lo dices —dijo cansado, contuvo el suspiro y miró la hora en la pantalla de su ordenador, su hijo había terminado su clase hace casi una hora—y agradece que estoy de humor para lidiar con tu estupidez.

—Claro —respondió sonriendo sin esconder la rabia—últimamente, siempre estás de buen humor —Vegeta estrechó los ojos al oírla, no alcanzó a responder cuando se oyeron dos golpes suaves en la puerta. Ninguno se movió, esperando que el rey autorizara el ingreso, pero la puerta se abrió a los segundos después. Los tres giraron hacia la entrada, curiosos por ver quién se había tomado ese atrevimiento, el rostro de la reina y el padre del rey se ensombrecieron cuando vieron a la princesa asomar su joven y bello rostro. Riander resopló sin dejar de sonreír con burla, pero no hacia el rey, sino contra ella misma ¿quién más osaría con burlar los protocolos que ella? no solo los protocolos, se burlaba de todos en el palacio, y nadie le decía nada ¿cómo hacerlo si tenía el favor del hombre más importante del imperio? La miró con recelo, sin esconder el odio que sentía hacia ella.

Bulma observó a los presentes, no se mostró asustada o arrepentida por haber interrumpido una reunión, al contrario, no le interesaba. Miró rápidamente al abuelo de su hijo, el hombre la miraba con reprobación, sabía lo que pensaba de ella, y no le afectaba en lo más mínimo. Hace mucho tiempo que dejó de importarle la opinión de los demás, menos la de personas que no tenían ninguna influencia en su vida, un hombre interesado y egoísta no tenía relevancia para ella. A Riander no le observó, no tenía necesidad de hacerlo para saber que lucía molesta por su presencia. Sus ojos azules fueron directo al hombre que estaba en el gran sitial, detrás del escritorio refinado, no se sorprendió de ver sus afilados ojos negros puestos en ella, no lucía molesto por su interrupción a diferencia de los otros saiyajin, parecía expectante.

—Necesito hablar contigo a solas —dijo, sin mirar a nadie más en la sala. Vegeta le observó unos segundos, se fijó en un mechón de su cabello que se asomaba por su hombro derecho y que en cualquier momento caería por su brazo, no tardó más de cinco segundos en asentir moviendo la cabeza, con ello, dando por terminada la breve plática con su padre y Riander.

El padre del rey se movió rápido ante la señal, asintió hacia su hijo, aunque no estuviera de acuerdo con la situación, se había cansado de intentar hablar con él. Tenía más de un motivo para desaprobar lo que pasaba con la princesa, lo principal, la terrible ofensa que había cometido en contra del reino y su hijo, si hubiera estado en sus manos la decisión a tomar, él habría exigido la cabeza de la joven. Pero lo que realmente le preocupaba, era la influencia de la princesa en su hijo. Si Vegeta no fue capaz de hacer lo que correspondía para restaurar su honor, se debía única y exclusivamente a lo que sentía por ella. Ahora entendía a su mujer cuando la joven vivía en el palacio, efectivamente su hijo había cambiado por la princesa, pero ya era tarde. Su primogénito estaba legalmente con una reina saiyajin, y aun así seguía mirando hacia la princesa, lo que fuera que la joven había despertado en su hijo, no se podía apagar. La humana podía hacer lo que quería con el rey, y era por ello que comprendía la inseguridad de Riander, era sabido-aunque nadie lo decía en voz alta-que, si Bulma hubiese querido ser la reina, Vegeta se hubiera inclinado ante ella, habría roto las normas por la joven, y a Riander la habría enviado a otro planeta o dado otro cargo. Su hijo tenía una debilidad por ella, y a esas alturas, no había forma de borrar aquello. Caminó a paso firme hasta llegar a la puerta, donde la joven sin siquiera mirarlo o saludar, se hizo a un lado para que pasara. Era lo que más le enfurecía, la actitud de la princesa. Sentía que les enrostraba su posición privilegiada, que se burlaba de ellos. Gruñó por lo bajo y se alejó con rapidez.

Riander observó a Vegeta con el ceño arrugado, sabía que no lo intimidaba, pero no podía controlarse. Giró hacia la joven en la puerta, que esperaba a que saliera para poder entrar, y la rabia le sacudió el pecho. De nada había servido decirle al rey que la mujercita que tanto anhelaba, le había engañado con un soldado corriente, al contrario, desde ese momento que, para su sorpresa, Vegeta parecía más atento y condescendiente con ella, y la relación entre ambos había subido a niveles insospechados, pero que podía comprobar casi todas las noches, cuando los oía desde sus aposentos. Se sentía más humillada que nunca, cada respiro de ella, era una ofensa que le era difícil de lidiar.

—Entre el rey y yo, su reina, no debe haber secretos —dijo mirándola con el ceño arrugado, al mismo tiempo que le sonreía triunfante por enrostrarle que, aunque ellos tuvieran ese tipo de relación, no era más que la segunda mujer para él, pues al final del día, quien se sentaba a su lado en el trono era ella.

Bulma la miró con cansancio, comprendía sus intenciones y no tenía interés en discutirlo, ni siquiera le importaba ¿es que no entendía? Si ella estaba allí, no era porque así lo quería, si pasaba las noches con Vegeta, era porque no tenía otra opción, si quisiera ser la mujer del rey, lo habría conseguido hace mucho, pero no le interesaba, nada realmente le interesaba aparte de su hijo. Desde que comprendió su situación real, y agachó la cabeza ante el poder y dominio del rey, que la abordó la apatía. No mostraba pasión por las cosas, lo único que la hacía reír o llorar era su hijo, el resto de sus problemas podían golpearle en cualquier momento, y no le preocupaba.

—¿Sí? —preguntó con ironía, mientras giraba un par de grados su rostro y posaba su mano derecha en su cintura—díselo a alguien que le interese.

Vegeta medio sonrió al oírla, le encantaba ver rastros de la mujer que había vivido con él, que había formado. El fuego en su mirada desafiante le llenaba el pecho de calor, sabía que debía intervenir, intentar que las cosas estuvieran en calma entre ambas mujeres, pero no lo hizo. No pudo, quería ver hasta donde llegaba la intrepidez de su mujer.

Riander sintió los pelos de su cola erizarse ante su respuesta, miró de soslayo al rey, esperando alguna intervención, pero solo vio su sonrisa burlesca y eso la enfureció aun más. Era consciente de que, entre ella y la joven, él siempre optaría por la humana, pero presenciarlo en algo tan mínimo era vergonzoso. Estaba harta de ella y su actitud desvergonzada, de que fuera la reina en las sombras, y lo peor era de que no encontraba solución a su problema, con o sin ella en el juego, Vegeta siempre optaba por su presencia, era una maldita obsesión que no conseguía romper.

—Que te acuestes con el rey, no te da ningún derecho a hablarme así, soy la reina del planeta en el que estás —dijo entre dientes. Bulma entró al estudio sin dejar de mirarla y cerró la puerta detrás de sí, caminó con calma hacia el escritorio, pasó por su lado y no apartó los ojos azules de los suyos, tembló de pura ira por su provocación.

—No eres mi reina —dijo seria, se sentó en frente de Vegeta, sin mirarlo, que a esas alturas estaba inclinado hacia delante para presenciar el intercambio sin perderse detalles—nunca lo serás. Mi hijo será tu rey un día, inclinarás la cabeza ante él, pero yo no ante ti, nunca —dijo y giró a ver al rey, que la miraba sonriendo malicioso, casi burlesco, la joven le frunció el ceño ante su actitud ¿en qué pensaba? Aunque sentía curiosidad, no preguntaría—¿puedes dejarnos a solas? —preguntó y giró hacia ella, el rostro de la reina estaba desfigurado de rabia, la escuchaba respirar agitada y por un momento recordó cuando intentó atacarla en la sala de incubadoras, pero no tenía miedo, Vegeta estaba con ella, y la defendería.

Riander miró a Vegeta, aun en su situación, seguía esperanzada en que él la apoyaría, pero él solo la miró para señalarle la salida y con ello, hundiéndola más en su ira. La reina respiró profundamente y decidió dar un paso atrás, no seguir humillándose frente a ella, hubiera deseado salir a toda prisa, corriendo y rompiendo cosas, pero se contuvo, giró sobre su talón y salió dando pasos firmes, pero sin prisa, controlándose con todas las fuerzas que tenía, no miró atrás cuando abrió la puerta y salió, intentó no pensar en ellos solos entre esas paredes ¿a ella también la follaría en el escritorio? Seguramente, y la joven no tendría que seducirlo para conseguirlo.

Cuando se quedaron a solas, Bulma suspiró dejando ir todo el cansancio que le causaba lidiar con Riander. Levantó la mirada hacia el rey, Vegeta había apoyado su mejilla en el dorso de su mano derecha y la observaba fijamente, por un momento quiso apartar la mirada ante el negro intenso de sus ojos, sin embargo, se obligó a enfrentarle. Pasaron unos segundos en silencio, él admiraba sus rasgos mientras que la joven intentaba descifrarlo.

—Trunks golpeó la incubadora de Kyabe —finalmente habló la princesa. El semblante del rey cambió en segundos al oírla, pudo ver la preocupación pintar sus rasgos, por lo que se apresuró en continuar—está todo en orden, no le pasó nada. —le dijo, y vio el cuerpo del rey destensarse—no quise decirlo delante de Riander, diría que estamos planeando algo en su contra —blanqueó los ojos al pensar en su discurso sin sentido—y solo se trata de un hijo celoso.

—Sí —concordó el rey—aunque igual la hiciste enojar —le acusó con una sonrisa ladina. Bulma hizo una mueca con sus labios y desvió la mirada, intentando no reír. Le era extraño hablar así con él, como si nada hubiera pasado, como si no supiera que era un asesino cruel, contuvo la respiración unos segundos al pensarlo. Siempre lo supo, solo que lo omitía, ahora que lo había presenciado en primera fila, no podía olvidarlo. Él se había acercado al par de días después de lo que le había hecho a Alek, y tuvo que soportar su presencia. Aunque no le obligó a estar con él los primeros días-y semanas-terminó cediendo y no sabía bien porqué, o más bien, no quería pensar en la respuesta.

—Aunque no dijera nada, se enojaría —se encogió de hombros—pero te vine a buscar por otra razón —murmuró y le observó. Vegeta le miró con atención, demasiada para su gusto—regañé a Trunks por lo que hizo y ahora está sentado en el suelo, afuera de la sala sin querer moverse.

—Un berrinche —asumió y se puso de pie, conteniendo el suspiro. Había presenciado en primera fila, innumerables escándalos de su hijo, ya fuese porque no se hacía lo que quería, o porque le molestaba algo. El príncipe tenía un serio problema, se enojaba con facilidad y no se controlaba, era difícil pedírselo cuando aun era un niño, pero estaba trabajando en ello con cautela, no querían entorpecer en su desarrollo, tampoco convertirlo en un príncipe mimado, pero era difícil. Bulma le dejaba ese trabajo, lo habían conversado muchas veces y llegaron a la conclusión de que solo él podía contenerlo en esos momentos. Su hijo le veneraba, se esmeraba en imitarlo y enorgullecerlo incluso a tan corta edad, a su madre la amaba, pero era otra la relación. Bulma era su soporte, mientras que él era su modelo a seguir. Le gustaba que fuese así, su vínculo padre hijo era fuerte a pesar de no haber estado con él desde que nació, y con el paso de los días, se volvía irrompible.

Bulma le imitó y se levantó de su silla, antes de que el rey pudiera rodear el escritorio, ella se adelantó hacia la salida. No alcanzó a poner su mano en el picaporte, cuando la mano enguantada del rey se posó sobre la superficie de la puerta, impidiendo que la abriera. Tragó con disimulo, sentía su calor detrás de ella y si giraba un poco, se toparía con su rostro de frente, prefirió quedarse así, dándole la espalda. Podía oír su respiración acechar, la mano sobrante del rey movió su cabello hacia su hombro izquierdo, entonces la piel de su nuca sintió la calidez de su aliento, y se estremeció. Giró su rostro para poder verlo, él se acercó más, reduciendo al mínimo el espacio entre ambos.

—Trunks nos está esperando —susurró. Vegeta se inclinó para poder llegar a sus labios, no tenía espacio para evitar su beso y muy a su pesar, aunque lo tuviera, no lo habría evitado.

Estaba enferma. Sabía lo que sentía por él, y tenía claro su opinión al respecto, pero cuando él ponía un dedo sobre su piel, se rendía. Era un cúmulo de cosas, su relación no era la de dos amantes amorosos, tampoco la de ex parejas que se trataban con respeto ¿qué eran? «dos enfermos» se respondió, al mismo tiempo que movía sus labios con los de él. La mano derecha del rey se posó en su mejilla izquierda para ayudar la unión de sus bocas, sentía la humedad de su lengua invadir la suya, y no le molestaba, cerró sus ojos rindiéndose a la sensación abrumadora que le recorría cada vez que se besaban. No solían hacerlo durante el día, solo por las noches cuando iba a su dormitorio, pero ahí estaban, en el estudio a plena luz del día. Su relación era como una droga, sabían que estaba mal consumirla, pero la sensación que les dejaba cada vez que se tocaban, los hacía sucumbir ante ella una y otra vez. Bien sabía que él no la había perdonado, se lo había dejado claro, pero el deseo de poseerla era más fuerte que su orgullo. Ella tampoco lo perdonaba por lo que había hecho, aunque no se haya disculpado, el amor que alguna vez sintió por él había muerto ese día junto con Alek, pero lo deseaba, no podía ocultarlo más.

Su cuerpo recordaba sus caricias, sus ritmos, las sensaciones que le invadían cada vez que follaban, le había enseñado a disfrutar lo mismo que a él, aprendió a sus tratos, todo lo que sabía lo había experimentado con él. Vegeta la había moldeado a su preferencia, ni con todo el rencor del mundo podía borrar esas huellas sobre su cuerpo. Se separó de él antes que la situación se le escapara de las manos, no esperó a que volviera a atraparla y posó la mano sobre el picaporte girándolo, y salió con rapidez del estudio. Apenas puso un pie en el pasillo, su cuerpo se estremeció por la corriente de aire frío, dentro de la sala la temperatura había subido de tal modo que había olvidado lo helado que estaba el castillo.

Se apresuró en caminar, intentando que la distancia entre ellos creciera, para que no pareciera que caminaban juntos. Aunque había muchos rumores de su relación, prefería no alimentarlos, se limpió los labios con delicadeza, posando dos de sus dedos sobre ellos. Oyó los pasos del rey acercarse e intentó acelerar los suyos, como si le persiguiese y al pensarlo se inquietó. Era un pensamiento tonto, lo sabía, pero Vegeta provocaba eso, no tenerlo en el rango de visión era tentar a la suerte, era ese tipo de persona a la que no se le debía quitar la atención en ningún momento, sabiendo lo peligroso que era, lo mejor era mantenerlo cerca. Se detuvo al pensarlo y le esperó, si bien entre ellos la situación no era mala, no podía confiarse. Su opinión sobre el rey variaba de un extremo a otro, recurría a él cada vez que se trataba de Trunks, era un hombre en el que podía apoyarse si se trataba de criar a su hijo, y no dudaba de lo que él planeaba para el menor, Vegeta le había demostrado una y otra vez que había nacido para ser un excelente padre. Era "él" en sí, del que no se fiaba. No volvió a levantarle la voz, ni a insultarla o tratarla fríamente, ni con violencia, pero ese Vegeta existía y podía aparecer en cualquier momento.

El rey no tardó en llegar a su lado, una vez que la alcanzó, caminó junto a él en silencio. Intentó no mirarlo, tampoco a los guardias ni servidumbre con la que se toparon en el camino, podía suponer qué pensaban de ella y no tenía ánimos para preocuparse ni pensar en ello. Al subir al elevador, la joven se quedó de pie cerca de la puerta, si se iba al fondo, él le seguiría y muy probablemente le arrinconaría, exponiéndose a las cámaras y a cualquiera que parara el elevador.

Vegeta le observó en silencio, podía notar su postura distante, era algo recurrente en ella, pero no conseguía acostumbrarse, tampoco quería hacerlo. Había decidido que lo de ellos volviera a ser como antes, con algunas diferencias importantes, pero en esencia lo mismo. Sin embargo, no lo conseguía, ella podía aceptar su cercanía por las noches, ir a su habitación y dormir con él, disfrutar de su toque, pero no lograba llegar a ella. Podía suponer el porqué, desde que la visitó con su obsequio esa noche, que algo en la joven había cambiado. Notaba que le aceptaba porque no tenía más opción que eso, y la idea le molestaba, quería que deseara que la noche llegara para estar juntos sin reservas, tanto como él lo hacía. A veces deseaba saber lo que pensaba, si seguía pensando en el imbécil que había sacado de su camino, si había sentido algo por él, porque no dejaba de comparar a la Bulma que sonreía con el soldado, y a la Bulma apática que llegaba a dormitorio. Quizá pensaba más de la cuenta, después de todo, tampoco era como si la obligara a tener sexo con él y siempre participaba activamente, pero no era suficiente. No veía ese brillo en sus ojos cuando la observaba, como cuando era una adolescente. El timbre del elevador le sacó de sus pensamientos, ella salió antes de que las puertas se abrieran del todo.

No alcanzaron a llegar al pasillo donde se encontraba la sala de incubación de los príncipes, cuando vieron a Trunks sentado en el suelo a tres metros de distancia de la entrada. El niño levantó la vista hacia ellos cuando escuchó pasos, iba a ponerse de pie apenas vio a su padre, pero se detuvo y desvió la mirada apenado.

—Me adelantaré —le dijo, pero el rey le negó meciendo una vez la cabeza. Bulma le observó expectante, siguió avanzando junto con él, y a medida que se acercaban al menor, Trunks seguía sin mirarlos. Se pararon a medio metro de distancia, esperando alguna reacción del niño—¿entremos a ver a tu hermano y a Ery? —le preguntó y se inclinó hacia él, pero Trunks no le miró. La joven suspiró y se reincorporó, miró a los guardias que estaban custodiando la entrada y luego al rey, lo alcanzó a ver agacharse a la altura de su hijo y habló con tono calmado, pero firme.

—¿Qué fue lo que pasó? —le preguntó y el príncipe giró hacia él al oírlo. Bulma frunció el ceño, a ella la ignoró por completo, a menudo se sentía desplazada por la admiración que el menor sentía hacia su padre, pero sabía que eran cariños distintos y que el niño no lo prefería por sobre ella, sino que necesitaba de ambos en diferentes maneras.

—Nada —respondió su vocecita infantil y miró a su madre. Bulma le alzó una ceja al escucharlo, y el niño se ruborizó por su mentira. Miró a su padre y susurró apenado—no fue a propósito—volvió a mentir. La joven sonrió, su hijo hablaba fluido, su cuerpo pequeño parecía el de un niño de 4 años, pero se comunicaba sin problema con adultos. Ya no podía hablar cualquier cosa delante de él, todo lo preguntaba hasta entenderlo, debía tener cuidado, pero le gustaba que fuese así.

—Ah —asintió el rey—bien, entremos a ver a tu hermano y prima —le invitó y se reincorporó. Trunks frunció el ceño al oírlo y no se movió, el rey esperó unos minutos. Bulma se acercó y le susurró en el oído.

—No quiere ver a su hermano —el rey alcanzó a contener el temblor que recorrió su espinazo al oír su susurro golpear con delicadeza en su oreja derecha, giró hacia ella justo cuando la joven se alejó. La joven no esperó una respuesta y caminó hacia la sala, entró sin mirar a los guardias, dejándolos solos.

Vegeta volvió a agacharse a su altura, el príncipe le observó intentando no hacer un puchero, pues no había visto a ningún saiyajin hacer esos gestos. El pequeño heredero se esmeraba en ser como ellos, incluso a su corta edad podía notar lo diferente que era, y quería a toda costa parecerse a su padre. El rey estiró sus brazos hacia él, y Trunks sonrió entusiasta y se lanzó con rapidez hacia ellos, y sonrió ampliamente cuando su padre lo levantó del suelo. Se colgó de su cuello y rodeó su torso con sus piernas, si había un lugar que le gustaba estar en todo el mundo, era en los brazos de su padre. Era diferente ver todo desde la altura, los brazos de su padre eran fuertes y firmes, era un abrazo estable del que sabía, jamás caería.

El rey caminó con el niño en sus brazos hasta entrar en la sala, dentro, la pareja de su hermano junto a su mujer, platicaban con la jefa del departamento de salud, Iris. Iba a bajar al niño, pero los bracitos del príncipe se aferraron a su cuello, dándole la señal: no quería que lo bajara. Sabía que no le haría un berrinche por no darle en el gusto, hace meses que intentaba aparentar ser un niño grande, pero con él y su madre, se dejaba mimar. No quiso bajarlo, él también quería tenerlo entre sus brazos, aprovechar ese momento en que solo había gente cercana.

—Según las proyecciones —habló Iris, mirando la pantalla de su tableta digital—para un año y un par de meses más, podríamos sacarla de la incubadora —dijo asintiendo hacia Laurel. La saiyajin frunció el ceño al mismo tiempo que apretaba sus manos en puños. —El príncipe Kyabe tiene para un par de años más —Bulma miró a Laurel, que estaba cabizbaja observando el suelo.

—¿Se están desarrollando bien? —Preguntó el rey, acercándose. Las tres mujeres giraron hacia él, Vegeta sostenía con un brazo al príncipe, la capa del niño se arrugaba entre su pequeña espalda y el fuerte brazo de su padre, se sostenía de su cuello, y escondía su rostro.

—Alteza —reverenció la doctora y Laurel—ambos se encuentran en perfectas condiciones —el rey asintió hacia la mujer de piel amarilla y caminó hasta las incubadoras para observar a los niños. —Con su permiso —dijo mirando al monarca, le reverenció y se despidió de Bulma asintiendo hacia ella.

—Quería sacarla hoy —murmuró Laurel, cuando quedaron los cuatro en la sala. Suspiró y miró hacia su hija, que usaba casi la mitad del espacio en la incubadora. La princesa se le acercó y posó su mano en su hombro, intentando confortarla.

—Descuida, pronto podrás conocerla —dijo y miró a su hijo, que, al ver la espalda del rey, podía ver su rostro amurrado que intentaba esconder en la curva de su cuello. Era extraño verlos, eran tan parecidos y a la vez tan distintos, pero le gustaba. Trunks sacaba lo mejor de Vegeta.

El rey se detuvo cerca de la incubadora de su hijo menor, observó su cabello negro y su cola serena que se movía al compás de las ondas que se producían por el filtro de la máquina. Estiró un poco su cuello para poder ver al niño en sus brazos, lo sacudió ligeramente para llamar su atención, pero solo consiguió que sus ojos celestes viraran hacia él.

—Háblale a tu hermano —le dijo, pero el niño desvió la mirada al oírlo. Vegeta suspiró, no recordaba haberse sentido de ese modo cuando nació Tarble. Su hijo no se molestaba en esconder el rechazo que sentía hacia su medio hermano—príncipe Vegeta —le llamó, y el niño giró hacia él. El menor no se confundía cuando le llamaban Trunks o Vegeta, parecía entender ambas identidades sin siquiera preguntarlo—debes hablarles a tu prima y hermano, para que cuando salgan de allí, te reconozcan y sean leales —el príncipe arrugó el entrecejo al escucharlo, parecía confundido con sus palabras—serás el próximo rey ¿verdad? —el niño asintió con entusiasmo, moviendo su cabello lavanda como lo hacía el de su madre—es importante que un rey tenga súbditos leales. Tu hermano y prima te ayudarán a gobernar con sabiduría.

Bulma no podía ver la reacción de su hijo al escuchar a su padre, pero se quedó pensando en las palabras del rey. Le gustaba oírlo, como se expresaba con su hijo y como lo trataba, a veces se imaginaba que, si ese fuera el Vegeta real, no tendría problemas en vivir con él. El rey delante de Trunks era un hombre diferente, no intimidaba al resto, siempre paciente, no gritaba e incluso estando a solas con el niño, se mostraba como un hombre cariñoso a su manera. Si solo hubiera conocido esa faceta de él… sintió su pecho apretarse de repente, siempre que lo veía con su hijo se quedaba pensando más de la cuenta, anhelando un futuro que nunca tendría.


(…)


Bulma miraba expectante a su hijo, que, acostado en su cama, intentaba leer un libro de cuentos de la tierra. Su familia se lo había enviado en el último despacho, luego que les contara que el niño estaba aprendiendo a leer y escribir. Aun le costaba un poco, pero avanzaba bastante rápido con su idioma natal y con las otras lenguas que estaba aprendiendo en conjunto. Tight le había enviado muchos obsequios, desde libros hasta instrumentos de música y pintura, su padre y madre le mandaron juguetes acordes a su edad y Jaco, le mandó unos artefactos que no usaba de la patrulla galáctica, pero el niño se concentró en los libros, era lo que lo mantenía ocupado desde que había empezado con sus clases hace ya un mes.

—¿Quieres que te ayude? —preguntó sentándose junto a él, el menor levantó la mirada hacia ella y negó frunciendo sus espesas cejas—bien… como quieras —dijo y se encogió de hombros. Trunks era reacio a recibir ayuda, todo prefería hacerlo por su propia cuenta y desde que era un bebé que se comportaba de ese modo. Había aprendido a caminar casi sin ayuda, de repente empezó a hablar más fluido antes de cumplir tres años y ahora nadie lo callaba. Siempre quería opinar, sonrió al recordar cuando solo decía "no".

Se puso de pie y estiró sus brazos hacia el techo, haciendo que los huesos de su espalda sonaran en un débil crujido, pero que le hizo bien. Miró al menor que seguía en la misma página en silencio, leyó el título del libro y frunció el ceño, era un cuento algo avanzado a su parecer ¡ni siquiera tenía ilustraciones! Pero era lo que había elegido, a veces le preocupaba que creciera tan rápido, a menudo pensaba que tenía que ver el que estuvieran en Vegetasei, su rol de príncipe heredero lo estaba asumiendo desde un bebé y eso influía en él notoriamente. Se acercó y le revolvió el cabello con su mano izquierda, su hijo se rio al sentir su mano y levantó la mirada hacia ella, la joven se inclinó y besó su mejilla, luego la otra y después su frente.

—¡Mama! —se quejó entre risas, y Bulma aprovechó para abrazarlo y seguir besándolo. La voz cantarina del menor resonó en la habitación, le gustaba cuando estaban solos, sentía que el niño se comportaba como lo que era, un bebé que estaba por cumplir 4 años y no un príncipe heredero de una raza fuerte e influyente. Estando juntos así, el menor se dejaba mimar y correspondía a sus atenciones. No alcanzó a hacerle cosquillas cuando la puerta se abrió, como las cortinas del dosel estaban amarradas, pudieron ver al rey entrar al dormitorio. Trunks, sin alejarse de su madre, exclamó alegre al ver a su padre, como si no lo hubiera visto en todo el día—¡Papa! —Bulma sonrió al oírlo, todavía les llamaba así cuando estaban solos, si tenían público, les decía correctamente "mamá y papá". Le inquietaba que desde tan pequeño se preocupara de esos detalles, no sabía si alguien había hablado con él o era algo que el pequeño había decidido.

—Creí que estarías dormido —habló Vegeta, cerrando la puerta detrás de sí. Bulma no rompió el abrazo, se quedó recostada junto al menor, mirándolo desde la distancia. El rey seguía usando su capa, seguramente venía de su estudio o de cenar. Ese día Trunks no los acompañó, se quedó con ella durante las tres comidas. Lo observó en silencio caminar hasta ellos, cruzaron miradas por unos segundos, pero ella la apartó y volvió a centrarse en el niño, al mismo tiempo que ordenaba sus cabellos que se habían revueltos cuando lo atacó con besos y abrazos.

—Estaba leyendo —dijo orgulloso, Vegeta alzó ambas cejas y miró el libro que tenía cerca de los pequeños pies. Se inclinó y lo tomó, frunció el ceño al leer el título que desconocía, pero que fue fácil suponer la procedencia—la tía Tight me lo regaló —dijo y Bulma evitó mirar al rey, si lo hubiera hecho, habría visto el destello de molestia en sus ojos negros.

—Que bien —dijo y miró a su hijo—cuentos de la tierra, deben ser aburridos —murmuró, el príncipe le observó unos segundos y luego asintió con efusividad—¿lo son?

—¡Sí! —dijo y Bulma frunció el ceño, iba a hablar para defender su cultura, pero el menor le robó la palabra—los de Vegetasei son mejores ¿me cuentas otra leyenda? —pidió con ilusión. La joven blanqueó los ojos y rompió el abrazo, pero Trunks no se percató, estaba más concentrado en su padre que seguía de pie al lado de la cama. La joven se bajó del colchón y caminó hacia el sanitario.

—Bien, pero debes dormir después —alcanzó a oír antes de cerrar la puerta. Suspiró profundamente y se sentó sobre la tapa del escusado, miró las baldosas que brillaban pulcras, podía ver su reflejo sombrío en ellas. Mordió su mejilla interna izquierda y esperó hasta oír que él se fuera del cuarto.

Esa contradicción nunca se iría. Intentaba por todos los medios mantenerse alejada, en lo posible no cruzar palabras ni miradas, cuando en la noche los límites se sobrepasaban en más de una oportunidad. Parecía que durante el día podía mantener su postura, era más sencillo si estaban lejos, pero si él se acercaba más de la cuenta, si rozaba su piel o la miraba con intensidad, rompía su muro de indiferencia y caía en sus brazos, aunque pensara pestes de él, siempre caía en su encanto ¿qué estaba mal? Suspiró nuevamente. No había intentado oponerse a su cercanía, no quería pasar por malos ratos otra vez, encontrarse con ese hombre cruel y caprichoso que obtenía lo que quería a costa del sentir del resto. Después de lo de Alek, él se apareció al par de días en su nueva habitación, ella no dijo nada, pero tampoco le permitió que la tocara ¿qué fue lo que hizo? Se quedó acostado a su lado hasta que el sol salió, para la joven no fue un acto de nobleza, menos romántico por "esperarla", lo sintió más bien como si la vigilara. Se sintió prisionera bajo sus ojos negros, y más temprano que tarde, terminó cediendo. Nunca hablaron de Alek, de lo que él le dijo, de porqué lo hizo, era como si ese episodio de sus vidas, ambos lo intentaran borrar.

Se puso de pie después de unos cuantos minutos, observó la ropa esparramada del niño, y se agachó para recogerla. Aun lo ayudaba a bañarse, y a vestirse en ocasiones, pero eran actos que lo consentían más que él lo necesitase. Su hijo ya no usaba pañales, comía solo, podía vestirse-con esfuerzo porque la tela de sus trajes era difícil de acomodar para un niño-se comunicaba con sus pares sin problemas, él ya no la necesitaba para resolver sus necesidades básicas. Tenía miedo, sabía que en cualquier momento Vegeta le diría "vete, no te necesitamos más aquí", y lo único que podía hacer para evitar que eso sucediera, era mantener a ambos felices, a su hijo y al rey. Trunks seguía pendiente de ella, le gustaba que lo acompañara casi todo el tiempo, a pesar de que adoraba a los saiyajin, a ella no la despreciaba por ser humana, es más, parecía omitir ese detalle. El rey por su parte, mientras siguiera obsesionado con poseerla y ella le diera en el gusto, podía complacerlo y con ello, la idea de alejarla de su hijo quizá la aplazara, pero ¿Cuánto duraría eso?

Estaba cansada, quería irse de Vegetasei. A veces se encontraba sola y llorando por soportar estar allí, conviviendo con seres que la odiaban, sentía el peligro en cada pasillo y no estaba tranquila nunca. Lo único que la mantenía cuerda era su hijo, lo que la forzaba a estar bien y levantarse cada día con una sonrisa para el niño, y, sobre todo, agradecer que podía seguir viéndolo. Odiaba vivir allí, pero no había pensado en irse por Trunks, por su hijo podía tolerar ser la amante de él, por su hijo podía aguantar las miradas despectivas que le daba la mayoría, por su hijo podía poner en segundo plano su estabilidad mental y emocional, por él todo valía la pena ¿de eso se trataba la maternidad? No lo sabía con exactitud, nunca vio a su madre sacrificarse a ese punto por ellas, y es que no tuvo la necesidad de hacerlo tampoco, pero era sabido que las madres hacían lo que fuese por su hijo, era casi un instinto. Se quedó ordenando el cuarto, con movimientos perezosos, la servidumbre podía hacerlo al día siguiente, pero estaba haciendo tiempo para evitar ver al rey.

No supo cuanto tiempo se quedó allí, moviendo las botellas y sacudiendo ropa, oyó el picaporte girar, y su pulso se detuvo. Siempre era un mar de emociones por culpa de Vegeta, lo inesperado le inquietaba y con él nunca sabía qué podía pasar. Giró brevemente al verlo entrar, y volteó hacia las botellas de la bañera para seguir ordenándolas.

—Ya se durmió —dijo el rey, observando su cintura desde la distancia. Podía leer su actitud, era fácil de hacerlo, todo en ella le gritaba que no lo quería cerca, pero sabía que, si llegaba a su lado, no lo rechazaría. Quizá por miedo, o cansancio, no era algo de lo que estaba orgulloso, sin embargo, su ego se calmaba cuando la tocaba, porque, así como podía saber cuando no quería que se le acercara, una vez que lo hacía y la tocaba, eso cambiaba. Ella cedía a sus caricias, a sus besos y se entregaba sin reservas, era cuando se entendían. No necesitaban palabras, no había quejas ni recriminaciones, él no era un rey ni ella una princesa traidora, solo dos amantes que disfrutaban de la piel del otro. No sabía qué pasaba por su cabeza, quería saberlo, pero no se atrevía a preguntarle, no quería escuchar que lo odiaba por todo lo que le había hecho, que si lo aceptaba era porque temía por su vida, o por interés, que fingía cada gemido. Se le apretaba el pecho de solo pensarlo.

Observó su espalda cubierta por un top ajustado de manga larga que terminaba justo en su cintura, le seguían unos pantalones que se pegaban a sus piernas y trasero como si una segunda piel se tratase, y tuvo suficiente. Durante el día no podía admirarla así, se permitía observar su rostro, sus expresiones de aburrimiento que cambiaban por completo cuando miraba al hijo que tenían, sus ojos brillaban con el más puro e inocente amor, sonreía genuinamente hacia el niño y aunque envidiaba que no pudiera sonreírle así, lo soportaba al ser su hijo el que lo provocaba ¿algún día lo miraría así? recordaba que una vez le observó con afecto, no al nivel que hacía con el príncipe, pero no había odio ni desprecio en su mirada, él había provocado que eso cambiara, y se convencía a diario de que podía volver a tener ese afecto, que si hacía las cosas bien, tendría todo de ella, no solo su cuerpo. No bastaba con tenerla debajo de él cada noche, quería que sus sentimientos fueran correspondidos y se esforzaba en conseguirlo, pero no lo conseguía del todo.

Se acercó dando pasos firmes, se quedó a unos centímetros de distancia donde podía admirar su bien formado trasero, ella se tensó al sentirlo cerca, eran las señales de siempre, como si tardara unos minutos en aceptarlo. Si ella dijese "no" ¿se detendría? Probablemente sí. Lo había decidido esa noche que la vio en los brazos de otro, debía conseguir que ella volviese a él y para ello, debía tratarla como merecía, no volvería a soltar a su bestia con ella, nunca más. Bulma era la mujer que amaba, y no quería volver a hacerle daño.

—Trunks puede despertar —dijo la joven sin voltear hacia atrás, leyendo sus intenciones. Pero el rey se acercó más, ella se estremeció cuando sintió el frío de la armadura traspasar la tela y chocar en su espalda, al mismo tiempo que él se apegó a su cuerpo, reduciendo la distancia en su totalidad. —No creo que sea buen momento —murmuró insegura al sentir la erección de él.

—Entonces no hagas ruido —respondió en un susurro varonil y mordisqueó su oreja derecha, la princesa volvió a estremecerse al sentir sus dientes sobre el hélix hasta llegar al lóbulo. El rey se quitó los guantes, pudo oír la tela chocar en el azulejo y lo siguiente que supo fue que ambas manos rodearon su cintura y la apegó hacia su pelvis masculina, para refregar su miembro despierto entre sus nalgas.

Suspiró con su calor, las manos del saiyajin no se quedaron quietas, una se coló debajo de su top y palpó su abdomen en movimientos seguros, subió por su costilla izquierda hasta llegar a su seno cubierto por su brasier, lo masajeó sobre la tela unos segundos, pero no era suficiente. Volvió a bajar y se coló por debajo de la prenda, subió su mano haciéndose espacio entre la tela y con ello, arrastrando el corpiño hacia arriba.

La joven suspiró cuando su palma ahuecó su monte, giró hacia atrás buscando sus labios, y el rey no tardó en complacerla. Vegeta inclinó su rostro hacia delante para llegar a su boca, al principio fue incómodo para la joven estirar el cuello, pero con la ayuda de él, que invadió su espacio personal lo suficiente para que el beso no fuera un problema, pudo disfrutar de su sabor. Movieron sus bocas en sincronía, la joven jadeó al sentir su mano derecha bajar por su cadera hasta posarse sobre su pelvis. Vegeta soltó su seno por unos segundos para ayudarse a desabotonar sus pantalones, tardó unos minutos luchando con el cierre, pero no fueron minutos perdidos, mientras él intentaba bajar su ropa, ella se meció sobre su erección y fue su turno de jadear en su oído al sentir la fricción cálida.

Le ayudó a bajar su pantalón, sabía lo que se venía a continuación, había pasado muchas veces y aun así estaba ansiosa, sentía su ropa interior humedecerse de solo imaginar sus manos sobre su piel. Él no tardó en darle en el gusto, una mano se apoyó en su cadera y la otra se coló debajo de sus bragas, ella abrió sus piernas para él e inclinó su espalda al mismo tiempo para la comodidad del rey. Él besó su cuello mientras que su mano derecha bajaba más allá hasta llegar a sus pétalos hinchados, festejó mentalmente al sentir la calidez y humedad que le recibió, pero no era suficiente. Con su dedo medio y anular, comenzó un movimiento lento pero firme, ella gimió impaciente y le contagió su ansiedad al menear su pelvis. Bulma giró hacia atrás nuevamente, buscando sus labios, él fue a su encuentro y la besó al mismo tiempo que hundió su dedo medio en su cavidad, la joven gimió en su boca al sentirlo, su dedo no salía de su interior, pero no detenía su movimiento repetitivo.

—No tan alto —le dijo entre besos, y Bulma recordó donde estaban. Contuvo la respiración unos segundos, intentando que sus gemidos no se oyeran y él aceleró el ritmo. Sentía sus senos apretarse por el empujón que le daba el brazo musculoso del rey mientras le tocaba su intimidad, ella se afirmó del borde de la bañera, sentía que en cualquier momento caería de rodillas al cerámico.

Sin dejar de mover sus dedos de su mano derecha, usó la izquierda para bajar sus bragas, ella no pudo ayudarlo y él no quiso detener su placer, por lo que la tarea se le hizo un poco compleja. La ropa de la joven se arrugó en sus rodillas, y bastaba para él. Desde su posición, tenía una panorámica perfecta de su trasero blanco y bien formado, ella soltó un gemido femenino que alcanzó a cubrir con su mano izquierda, y así, continuó moviendo su dedo hasta que la sintió tensarse y su intimidad vibrar. Después de unos segundos, liberó su boca y la escuchó jadear cansada por el reciente placer, retiró su dedo con suavidad y fue su turno de bajar su pantalón. Su miembro goteaba ansioso por atención, acomodó sus caderas lo suficiente para poder guiar su erección y ella le ayudó arqueando su espalda para levantar su trasero, relamió su labio inferior al ver su postal, posó su mano derecha en su cadera para afirmarla y con la otra mano, llevó su virilidad hasta su intimidad que aun húmeda y sensible lo recibió. Entró sin pausas y de un solo movimiento, ella mordió su labio inferior para no gritar, sintió ambas manos posarse en su cadera y en menos de dos segundos, comenzó un vaivén rápido e intenso.

Ella respiraba lento y profundo, intentando contener sus gemidos, en la otra habitación estaba su hijo y no quería despertarlo o peor, que los sorprendiera. De pronto le invadió la culpa, pudo detenerlo y se dejó embaucar por su voz varonil, cerró sus ojos sintiendo como era llenada por él. Acababa de tener un orgasmo gracias a sus dedos experimentados, y sentía que poco a poco, su intimidad volvía a entusiasmarse con su invasor que entraba con brusquedad e intensidad. Aferró sus dedos al borde de la bañera, su respiración se hizo más ruidosa, él no soltaba sus caderas y mientras movía su propia pelvis, guiaba los movimientos de la suya, haciendo que el ritmo fuera idóneo para ambos. Siempre era así, él sabía como tocarla y ella estaba acostumbrada a esas atenciones y desde hace tiempo que había aprendido a disfrutarlas como él.

Sintió los labios de él posarse en la curva derecha de su cuello, se lengua húmeda saboreó su piel y luego sus dientes daban mordiscos suaves en su carne. La joven frunció el ceño al sentirlo, parecía que sus caninos le amenazaban y no sabía si aquella amenaza era para ella o para él. Bulma contuvo el gemido cuando él devoró su cuello aplicando un poco más de presión, sintió su intimidad encenderse con ese simple acto, y antes de poder cubrir su boca, él lo hizo por ella. Su voz golpeaba la palma del rey, ella podía oír sus gruñidos que se le escapaban entre los dientes, aceleró el ritmo y la joven se soltó de la bañera y llevó sus manos hacia atrás, para afirmarse de él y hacer que la unión fuera más cercana. Alcanzó los extremos de su capa, y mientras se sostenía de éstos, él afirmaba su cadera con una mano y con la otra, tapaba su boca. Solo se oían sus jadeos reprimidos y el ruido que hacían sus pelvis al chocar, no tardaron en alcanzar el clímax, ella lo hizo primero y a los segundos después, sintió el miembro del rey sacudirse en su interior en una última embestida, su intimidad fue llenada por su líquido cálido y solo pudo cerrar sus ojos al sentirlo.

Vegeta cerró sus ojos permitiéndose sentir ese placer único que ella le ayudaba a conseguir, soltó su cadera y destapó su boca, para llevar ambos brazos a su cintura y rodearla con posesividad, se quedó así unos minutos, sin salir y sin soltarla. Respirando su aroma femenino, ella jadeaba con dificultad, él manejaba mejor su respiración por lo que no se oía tan ruidosa.

—Te espero en mi habitación —dijo y rompió el abrazo. Salió de su intimidad con cuidado y sin limpiarse, se subió los pantalones. Giró sobre su talón y caminó hacia la salida, se asomó despacio por la puerta y sin mirarla, murmuró—sigue dormido —le corroboró y salió del cuarto, necesitaba asearse, pero en su propio cuarto.

Bulma, con los pantalones y bragas en sus rodillas, sintiendo como la semilla real se escurría en su entrepierna, se sentó en el borde de la bañera y llevó sus manos a su rostro, intentando que sus palmas frías calmaran el calor de sus mejillas. La noche continuaba su curso, pero sería en otro escenario, el que la cobijaba desde hace un año y tres meses aproximadamente, donde podía dormir sin sus pastillas porque el calor de su cuerpo masculino la confortaba. Era curioso que, la misma persona que había provocado su mal emocional y mental, le diera seguridad. No, no lo era en su retorcida cabeza. Él estaba enfermo y ella también, pero ella lo sabía y no hacía nada por cambiarlo, entonces ¿quién lo estaba realmente? Sabía la respuesta.

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N/A: Muchas gracias por leer y seguir este fic! me sorprende mucho que con 17 cap haya pasado a JAT o GTC cuando llevaba esa cantidad de cap, me hace sentir extraña, pero debo reconocer que VAM es uno de mis fic favoritos, me conmueve que tenga esta recepción, muchas gracias!

Y bueno, 1 año y 4 meses después, estos son los cambios. Espero que se entiendan xD Trunks es un niño de 4 años, pero bastante "agrandado" para su edad, como le decimos acá en Shileh xD yo aprendí a leer a los 4, así que no encuentro raro su comportamiento xDD en fin, sé que hay algo más que debo decir pero no recuerdo xDD serán dos cap más creo en esta etapa, y luego, la segunda parte y un salto de tiempo grande :B estoy ansiosa por hacerlo! al paso que voy, este fic podría terminarlo este año y no sé como sentirme al respecto hahaha. Estaba un poco frustrada, porque quería escribir VAM pero no es justo no avanzar el resto, y bueno, no pude, por lo que volví a VAM... en fin, espero que les guste el cap, que lo hayan disfrutado tanto como yo y sobre todo que vayan entendiendo como se está dando la relación de este par de tóxicos.

Muchas gracias por leer, por dejar rw, intentaré responderlos esta semana si el pc me lo permite Dx

Lamento si hay una palabra revuelta, o falta de ortografía :C

Feliz día atrasado de las madres :B!

Gracias Francis por tu apoyo :'3!