Para Gorritz Yari y Francis, muchas gracias por su apoyo!
"No vuelvas a hablar así,
no rebajes estas relaciones,
si vivimos de cariño y besos,
no me digas odios y traiciones"
Estrechez de corazón, Los Prisioneros.
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18
Contradicción
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Oía su respiración chocarle en la oreja, sentía su piel vibrar debajo suyo, sus gemidos femeninos le sacudían, no solo su cuerpo, también en lo profundo de su pecho, su corazón latía por lo que le provocaba, por ella, por el mero hecho de estar junto a ella ¿cómo hacerle saber? ¿qué palabras eran las adecuadas? Sentía la necesidad de explicarse, de compartir lo que pensaba, lo que ella le hacía sentir, pero no había palabras suficientes para definir lo que sentía, y no tenía el coraje para exponerse. No quería caer nuevamente, no quería ceder a lo vulnerable que le hacía sentir, no hasta estar seguro de lo que ella sentía por él, hasta obtener todo de ella. Pero las dudas siempre salían a flote cuando estaban a solas, la necesidad de tenerla en todos los ámbitos le jugaba en contra. Hace mucho tiempo que sabía que tenía sentimientos por ella que no eran propios de su especie, le costó aceptarlos y quería estar listo para decírselo, y solo en esos momentos, en que sus cuerpos estaban fundidos como uno solo, las palabras lo ahogaban. Temía que entre cada jadeo lo dijera, que se le escapara entre besos, sentía la urgencia de abrirse con ella, sin embargo, aunque estaban tan cerca, respirando su olor, con los cuerpos sudados, la piel caliente, la sentía a océanos de distancia, y volvía una sensación familiar que ella le había hecho sentir desde que la conoció, y que no extrañaba: la inseguridad.
La tenía cerca, sentía su piel y a la vez, no era lo mismo. Sabía que no podían volver a lo de antes, que sus vidas habían cambiado en muchos niveles, pero anhelaba con todo su ser, que ella volviera a tener destellos de la mujer que conoció, que le regalara una mirada coqueta, que le sonriera como solía hacerlo, un berrinche o una discusión que solucionarían con sexo, lo que fuese que quisiera darle, lo recibiría. No estaba conforme con su cuerpo, pero no se atrevía a pedirle más ¿era lo único que obtendría? ¿qué más debía hacer para llegar a ella? para dejar de esconder lo que sentía, para hacerla completamente suya y entregarse del mismo modo. Sus sentimientos se desbordaban, no tenía como contenerlos y sentía que en cualquier momento abriría la boca, escupiría lo que sentía y ella solo le miraría seria, iría al baño a asearse y volvería a acostarse, dándole la espalda, apagando la luz. La Bulma con la que dormía no era la misma mujer que había conocido, ni la que le había mentido, ni la que había regresado con su hijo en brazos, la Bulma con la que compartía las sábanas era una mujer desconocida, impredecible y que le confundía.
Se besaban, gemían, refregaban sus cuerpos como antes, pero si abría los ojos y miraba los azules de ella, caía de golpe en la realidad. Su mirada carecía del brillo que le había enamorado y lo mantenía cautivo. A pesar de su cambio, no dejaba de anhelarla, sabía que la Bulma de la que él se había enamorado seguía allí. Había crecido, madurado, no podía ser exactamente la misma, pero al menos… al menos podía volver a verlo como antes, dejar de fingir. Evitaba pensar que aquello que ella le entregaba, era lo que merecía, pues a su percepción, no había hecho nada malo e incluso, había sido benevolente después de sus traiciones. Solía no pensar en los errores que había cometido, ni en los de ella, era como si borrara de su historia lo malo, no pensarlo, no hablarlo, no discutirlo y con ello, como si no hubiera pasado. Se convencía a diario que podía volver a tenerla, como antes, y con esa ilusión, la embestía con más fuerza, hundía su rostro entre la curva de su cuello y besaba la zona en la que antes sus caninos dejaron su marca. Tenía una lucha interna difícil de sobrellevar, como hombre, quería hundir sus dientes en su piel, marcarla como suya y pedirle que hiciera lo mismo en su cuello, pero su deber como rey se lo impedía. Su unión con la princesa había terminado el día que se había emparejado en público con Riander, en el templo saiyajin, ante el consejo y su pueblo. Su matrimonio terminó por su adulterio con la actual reina, su primogénito lo unía a su Bulma, nada más. Si ella no le hubiera engañado, y su separación solo se hubiera dado por un malentendido, no tendría problemas en volver a reclamarla como suya y hacerla su reina. Pero estaban los malditos protocolos, lo que debió hacer ante su traición, eliminarla a ella y su planeta, o al menos no estar revolcándose con ella. Era consciente de lo que se hablaba de él, y a esas alturas no le importaba, cedía a su necesidad por ella, pero no podía faltar a las normas de su pueblo, se convencía de no hacer una tontería, de no actuar impulsivamente, de no hacer caso a sus deseos egoístas.
Pero quería hacerlo, lo deseaba con todas sus fuerzas, deseaba que fuera Bulma quien se sentara a su lado, no esconderse más, no aparentar más, que no le juzgasen por estar embaucado por su reina. Gruñó molesto con sus propios pensamientos, que solo conseguían frustrarlo ¡era el rey y no podía elegir a su reina! Se movió con más intensidad, ganándose quejidos en protesta por parte de la joven, alejó su rostro de su peligroso cuello y le observó. Sus mejillas estaban sonrojadas y le miraba con el ceño fruncido, jadeaba con los labios entreabiertos, sus ojos le observaban fijamente, ninguno apartó la mirada del otro, el rey sintió su cuerpo estremecerse por solo ser objeto de su atención, se ilusionaba con pequeños gestos y se sentía idiota por ello, pero no podía controlarlo.
—No tan fuerte —pidió entre susurros ahogados por los gemidos que se le escapaban. El rey frunció el ceño, no por enojo, no con ella al menos, sino consigo mismo. Intentaba convencerse de que lo de ellos podía funcionar así como estaban, pero jamás fue un ser conformista y al momento en que se consolaba con ese pensamiento, su lado avaricioso le exigía no rendirse, pero su inseguridad le atacaba al ver su actitud distante—me estás lastimando —se quejó la princesa por sus embistes, iba a responderle, a decirle que ella también le hería con su indiferencia, pero su personalidad reservada le obligó a callar y la mano de ella posándose en su mejilla izquierda le distrajo.
Bulma tomó su rostro y lo acercó al suyo para besarlo, y él obediente, se acercó por sus labios. Movieron sus bocas lentamente, así la joven consiguió que el rey bajara la velocidad e intensidad de su vaivén, volviéndose placentero otra vez al sentir la fricción de sus intimidades. Movió sus caderas hacia delante, intentando captar el ritmo adecuado para que sus caderas no chocaran de forma dolorosa, su cuerpo debajo del saiyajin se meneaba con movimientos lentos, felinos y sugerentes para el deleite del rey, podía verlo en sus ojos negros, estaba en el límite y ella también. Hizo su cabeza hacia atrás y enterró sus uñas en los hombros del rey cuando su placer le tocó, gimió sin inhibición ¿qué importaba si la oía la reina? Eso era problema de Vegeta. Había decidido desde hace varios meses atrás que, si iba a ceder ante él, al menos lo disfrutaría. Vegeta conocía su cuerpo, ella el de él, se complementaban a un nivel que difícilmente lo conseguiría con alguien más-y estando en Vegetasei, no podría ni siquiera averiguarlo-era joven, debía aprovechar los placeres que podía conseguir con su cuerpo, por ello, se olvidaba de que estaba follando con un asesino cruel y despiadado. Respiró agitada sin mirarlo, él detuvo su embiste cuando la sintió estremecerse, reanudó sus movimientos una vez que la sintió relajarse, se movió rápido, vaivenes breves y concisos, ella solo podía fruncir el ceño ante su invasión, su intimidad sensible le recibía sin protesta alguna su miembro erecto, que pronto se sacudió esparramándose en su interior. Vegeta se inclinó hasta sus labios al mismo tiempo que llegaba a su clímax, ella aceptó su beso con movimientos perezosos, le sorprendió metiendo su lengua en la boca del rey, pero él no tardó en corresponder con la suya, sin dejar de mover sus caderas lentamente, amenguando sus últimos temblores con su intimidad húmeda.
Luego de su segundo encuentro esa noche-el primero en el cuarto de baño en los aposentos del príncipe-el rey se desplomó a su lado, suspirando satisfecho. Bulma miró el techo unos segundos, y aunque estaba cansada, prefirió levantarse a asearse. Su cuerpo seguía bajo los efectos del reciente placer, lo sentía lento y relajado, miró de soslayo al rey, que recuperaba el aliento recostado y por un momento le envidió, él no debía ir de una carrera a limpiarse. Entró al cuarto rápidamente, tardó unos minutos en darse una ducha breve, y se secó con una toalla que había en una repisa cerca de la bañera. Antes de salir, se miró en el espejo, las puntas de su cabello se habían humedecido, todavía tenía las mejillas sonrojadas y los labios hinchados de tantos besos, no lucía mal, al contrario, se veía mejor que en la mañana, como si el sexo con él le diera energía, y mientras dormía se la drenaba la culpa. Suspiró derrotada y salió del cuarto, creyó que encontraría a Vegeta dormido, o con intenciones de hacerlo, a veces tenía días con demasiadas reuniones, donde apenas se hacía un tiempo para ver el entrenamiento de su hijo, y por las noches, lo hacían una vez y se dormía, ser rey no era tan simple como creyó, a pesar de que tenía buenos consejeros, Vegeta cumplía bien con su papel de monarca y de padre. Pero esta vez, parecía esperarla sentado apoyado en la marquesa.
Volvió a la cama en silencio, ni siquiera hizo el intento de esconder su desnudez de él, entre ellos ya no había vergüenza. Se recostó en su lado de la cama, la que había adoptado desde que tenía 15 años, a veces se le hacía extraño estar allí, tantos recuerdos se le venían a la mente, recuerdos que le sacudían el pecho de cuando estaba enamorada, cuando ingenua esperaba cualquier señal para creer que él sentía lo mismo por ella. El pecho se le estrujaba al pensarlo, y lo único que le conseguía calmar era respirar profundamente, como si en el hálito que soltaba se fueran esos pensamientos, dejándola sola con su realidad. Fue el turno del rey de levantarse, miró sin reparo su cuerpo trabajado, su cola caía floja meciendo la punta, las cicatrices que decoraban su espalda siempre la dejaban pensando ¿Cuántos habían intentado matarlo? Seguramente ninguno había sobrevivido a los encuentros, no por nada el rey era el hombre más poderoso de la galaxia, o eso decían. Era curioso, cuando era su esposa omitía muchos detalles de la vida de él, es más, le ayudó en su entrenamiento creando la máquina de gravedad, siempre quiso que él consiguiera lo que buscaba, ser el mejor, y ahora que lo era, para la joven resultaba incómodo pensar en que había aportado mejorando su entrenamiento para que lo consiguiera. Resopló cansada y miró hacia el techo, si él seguía despierto significaba que todavía tenía energías, podía aprovechar el momento para hablarle sobre su familia y el cumpleaños de su hijo. Necesitaba el permiso del rey para poder insistirles en que la visitaran.
Vegeta salió del cuarto con el cuerpo húmedo, caminó hasta la mesa corredera llena de alimentos fríos y vinos, al llegar elevó un poco su poder hasta que el agua se evaporó por completo de su piel. Se sirvió una copa en silencio y giró hacia la joven, Bulma le devolvió la mirada y estiró su brazo hacia él, moviendo su mano y él entendió su gesto. Arrastró la mesa hasta dejarla al lado de la cama, sirvió una segunda copa y se la entregó a la joven. La princesa se sentó para poder recibir el vaso, él observó en silencio su piel desnuda, le gustaba verla así de desinhibida, creía que era una buena señal. Se sentó en su lado de la cama, dejó su copa en su buró y le entregó una bandeja de postres a la princesa.
Bulma recibió la dulcera en silencio, tragó con dificultad y lo miró de soslayo. Él sacó la bandeja con alimentos salados, carnes, quesos y panecillos y la dejó sobre sus piernas. Volvió a mirar el plato que le había entregado, una mueca ladina se formó en sus labios, quería evitar pensar en que él recordaba sus gustos culinarios, incluso había un platillo con fresas entre tantos dulces. Bebió un sorbo de su copa y la dejó sobre el velador cercano, tomó un pastel de cóctel y le dio un mordisco pequeño, miró las sábanas desordenadas que se acumulaban en sus pies y murmuró sin mirar al rey.
—El cumpleaños de Trunks es la próxima semana —dijo y le observó de soslayo. Lo vio echarse unos trozos de queso a la boca y asentir, mientras masticaba—tu mano decía que había que reducir la lista de invitados —Vegeta estrechó los ojos al escucharla y giró el rostro levemente, sin esconder su suspicacia—¿qué? —preguntó girando por completo a verlo, se echó todo el pastelito que le quedaba a la boca y esperó por su respuesta. El rey tardó un par de segundos en tragar y respondió sin dejar de estudiarla.
—¿Mi mano? ¿ya no es "Goku"? —preguntó curioso, sacó un trozo de carne y se lo echó a la boca, sin dejar de mirarla. La joven alzó una ceja y giró hasta el frente, tomó una fresa y murmuró.
—Es un idiota —respondió y giró hacia él, lo vio sonreírle burlesco y solo pudo blanquear los ojos en respuesta. —Sí, lo sabes desde hace tiempo.
—¿Por qué lo crees ahora? —preguntó serio, observó su postura tensa lo que llamó su atención, no entendía del todo que la relación con el saiyajin de cabello alborotado la incomodara a ese punto. La princesa, bajo la atenta mirada del rey, dejó el plato sobre el buró y bebió un sorbo de su copa antes de responderle.
—Me lo ha demostrado —murmuró sin verle, dejó el vaso sobre la superficie de su velador y giró a ver al saiyajin. Relamió su labio inferior, no se sentía nerviosa por pedirle que dejara que su familia los visitase, pero estaba alerta. No tenían mayores discusiones, pero estaba segura que si él se negaba, la tendrían, pues no se quedaría callada—pero…—tragó en seco y respiró lento, intentando calmarse—lo comentaba porque, dentro de la lista, podrían incluir a mi familia. —Contuvo por breves segundos la respiración al ver su semblante mutar de expectación, a seriedad, sus rasgos se vieron severos de repente y no necesitaba abrir la boca para saber qué le diría que no.
—No —negó tajante. Su hambre se esfumó en cosa de segundos, ella conseguía alterarle hasta ese punto, miró la bandeja sobre sus piernas y la tomó con desgano, la soltó sobre la mesa corredera antes de estar cerca de la superficie, haciendo que el metal chocase abruptamente, tanto con la mesa como con las otras bandejas, el ruido entre los platos y servicios fue más molesto que en otras ocasiones, el ambiente antes relajado después de follar se volvió tenso e incómodo para ambos.
—¿Por qué no? —preguntó sin dejar de mirarlo, con el ceño fruncido y sus labios curvados hacia abajo por su actitud, sabía que se encontraría con esa respuesta, y aun así le molestaba.
—No quiero que mi hijo se relacione con un pueblo traidor —respondió él en tono severo, giró hacia ella y le observó serio. Intentó concentrarse en su rostro y no en su piel desnuda, no era el momento de distraerse con su belleza que le abrumaba. Ella no escondió su enojo, sus ojos lo miraban con furia y sus labios encorvados hacia abajo, a pesar de que intentaba demostrarle su rabia, le pareció una mueca adorable—permito que te relaciones con él, porque eres su madre y te necesita, y por lo que tenemos.
«No tenemos nada» pensó en gritarle, pero se contuvo. Era una cruel ironía escucharlo ahora cuando no esperaba nada más del hombre que alguna vez le enamoró. Sus atenciones, detalles, tratos, todo lo que él venía haciendo con ella desde que habían vuelto a relacionarse sexualmente, no la convencían. Antes actúo mucho mejor con ella, y aun así le había dañado de muchas formas ¿cómo confiar? Ya no era una adolescente que no conocía nada, había aprendido que existían otras formas de relacionarse, sin manipulaciones de por medio, ni imposiciones, aun le quedaba mucho por aprender, pero superaba su ingenuidad de a poco.
—¡También tienen derecho a verlo! —dijo alzando la voz—también es el derecho de Trunks relacionarse con sus otros abuelos, es medio humano. No puedes borrar eso —respiró agitada, su pecho subía y bajaba, sentía sus mejillas acaloradas y era de pura rabia. Conocía lo suficiente a Vegeta para saber que por más que se quejara, o intentara argumentar su discurso, él no lo tomaría en cuenta, porque su voz era la única que escuchaba, pero no quiso callarse.
—Lo ven en tus videollamadas —le dijo calmado, intentando que la discusión no pasara a mayores, estaba convencido de que podía salir de ese problema, ella debía comprender y acatar su decisión.
—No es lo mismo —respondió con rapidez—hace casi dos años que no lo ven, no es justo. —Vegeta resopló cansado y frunció aún más el entrecejo, la joven lejos de verse intimidada, le respondió con el mismo semblante. Se miraron fijamente, sus voluntades enfrentándose en silencio, y supo en ese momento que, si ella continuaba con su postura, podía convencerlo y no lo permitiría. Tenía muchos motivos para no hacerlo, para no darle en el gusto—¿si tanto odias a los humanos, porque sigues buscándome? —el rey se tensó al escucharla, sus cejas negras por un momento se alzaron en sorpresa, para los segundos volver a su sitio, severas ¿y se lo preguntaba? ¿se atrevía a preguntárselo? ¿cómo no era capaz de entender lo que sentía por ella? la seguía buscando porque no podía dejarla ir, lo había aprendido tocando fondo, no se daba cuenta de lo que arriesgaba por tenerla allí entre sus sábanas.
—Basta —respondió entre dientes, controlándose para no alzarle la voz—quéjate todo lo que quieras. No voy a ceder —sentenció y la joven alzó la barbilla, sin dejar de mostrarse altanera y furiosa—hace mucho tiempo que perdiste el beneficio de pedirme algo, así que no insistas.
Bulma sonrió al oírlo, no por burla hacia él, sino que consigo misma. Soltó una risa sin ganas y negó meciendo su cabello, buscó con su mirada su ropa y sin decir una palabra, se puso de pie. No solo estaba molesta por el resultado de la plática-que ya sabía-lo que le indignaba eran sus respuestas y lo que podía inferir de ellas. Primero le decía que tenían algo, y ahora le refregaba en la cara que, aunque se acostaran, no podía recurrir a él bajo ningún concepto ¿era su castigo por follar con otro, o por mentirle o era por todo? ¿y ella? ¿por qué no podía hacer lo mismo con él? no tenía nada que ofrecerle, pero él recurría a ella para calentar sus sábanas, no se había atrevido antes a negarse-desde lo que ocurrió con Alek-no quería lidiar con su frustración o enojo, pero estaba cansada de su egoísmo. De tener que estar siempre disponible para él, y lo que tenían lo soportaba por Trunks, y porque no podía negar que lo pasaba bien cuando follaban, sin embargo, esas respuestas, actitudes y miradas, le recordaban su realidad: era su muñeca. Estaba para servirle, una concubina más.
Se puso de pie sin mirarlo, vio su remera a los pies de la cama y caminó para recogerla, prefería enfrentarse a su culpa nocturna a dormir con él esa noche. No alcanzó a avanzar más de tres pasos, cuando sintió la mano de Vegeta rodear su muñeca derecha, no con fuerza para dañarla, pero lo suficiente para detener su avance e imposible de zafarse. Sin voltearse, murmuró con el ceño arrugado y los labios amurrados de lo molesta que estaba.
—No quiero dormir contigo —tuvo que controlarse para no gritarle, en cambio, le salió la voz sin fuerzas. —Suéltame.
—No —oyó decir al rey, pero no pudo percibir hostilidad o enojo en su voz, curiosa, giró a verlo. Vegeta no lucía molesto, su ceño arrugado no estaba sincronizado con lo que sus ojos negros reflejaban, y por un momento se trasladó a la época en que lo amaba, cuando atesoraba cada gesto y mirada de él. —Quédate —Bulma desvió la mirada, incapaz de sostener la de él, tragó con dificultad ¿cómo era capaz de darle una orden, y a la vez, hacerla parecer una súplica? Su voz se oía como la de siempre, pero sus ojos le confundían. Su corazón latió deprisa, no quería aquello, no quería dudar ni caer en su juego ¿qué hacía ahora? «vete» se ordenó mentalmente, pero sus pies no se movieron «muévete, estúpida» se insistió y sus ojos se llenaron de lágrimas ¿por qué caía siempre? Él le había hecho tanto daño, y bastaba una mirada como las de antes para derrumbar el muro que había construido a su alrededor para protegerse de él, y ahora lo dejaba entrar por la puerta principal, sin vigilancia y podía volver a romperla en cualquier momento, «¿por qué permito esto?»
—Suéltame —repitió sin mirarle, si lo hacía, sería capaz de irse de allí, pero si él insistía, terminaría sentándose en sus piernas y no quería, no debía.
Él no respondió, en cambio, la jaló hacia él. La princesa no se quejó, Vegeta la recibió entre sus brazos y la rodeó con sus piernas, impidiendo su huida, o más bien, buscando convencerla. Porque lo notaba, podía ver la duda en sus movimientos, en su voz, todo en ella era un mar de confusiones y él quería remar en esas aguas. Respiró en su cuello, no la sentía tensa, pero evitaba mirarlo, se quedaron en silencio unos minutos, él hizo el primer movimiento y besó su hombro, la sintió suspirar y celebró mentalmente por su recibimiento. No quiso hablar más, temía que, si volvían a hablar, terminaran molestos y dolidos. Volvió a besar su hombro, luego subió hasta su cuello, ella le hizo espacio girando su cabeza hacia el lado opuesto, y él se dedicó a besarle, succionar su piel y mordisquearle despacio.
Sabía, por muchas razones, que quedarse estaba mal, que disfrutar de sus besos estaba mal, que seguir en su red le haría daño por más que intentara demostrar que nada importaba más que su hijo, Vegeta era un capítulo inconcluso en su vida, que le afectaba, que no superaba y temía no hacerlo nunca si seguía cediendo, si seguía viéndolo a diario y compartiendo esos momentos íntimos. No dijo nada cuando la mano de él bajó a su intimidad y se movió con maestría, arqueó su espalda dejándose llevar por lo que él le hacía sentir, quiso voltear su rostro y buscar sus besos, pero no se atrevió. Un dedo se coló en su interior, cerró sus ojos y soltó un leve gemido, su mano derecha buscó detrás de su espalda el miembro de él, que sabía encontraría despierto y no se equivocó, un poco incómoda por la posición, agarró con firmeza su erección y la acarició con suavidad, sintiendo las venas hinchadas y el calor de su carne dura.
Se quedaron así un rato, pero ambos necesitaron más del otro, más besos, más piel, más roce, mezclar sus alientos y fundirse en un solo ser por unos minutos, nunca era suficiente. Por ello, cuando Vegeta la arrastró de vuelta a la cama, ella no protestó y se recostó de espaldas, para recibirlo con los brazos abiertos y lo cobijó entre sus piernas. Apenas él se introdujo en su interior, ella gimió alto y buscó sus labios. Por un momento, quiso olvidar quién era y con quién estaba, su pasado con él, sus momentos felices y los amargos, quería que solo importara lo que estaba haciendo en ese instante, no pensar demás. Enredó sus piernas en la cintura masculina y rodeó su cuello con sus brazos, sus manos buscaron su espesa melena y enredó sus dedos en ella, tironeando cada vez que la embestía, pronto no pudo contener los gemidos y él, preso de su encanto, aceleró el ritmo para complacerla. La cama crujía por el esfuerzo, los pilares del dosel chocaban con la pared con cada embiste intenso que el rey protagonizaba. Estaban completamente entregados al momento, tan diferente a los últimos encuentros, ambos lo notaban y no entendían bien a qué se debía. Él ilusionado, pensaba que eran destellos de su Bulma, ella, confundida, no comprendía qué era lo que dominaba sus pensamientos ni sentires. Vegeta aceleró un poco más el ritmo, ganándose gemidos más altos de la joven, iba a besarla nuevamente, cuando un grito infantil resonó en el dormitorio del rey.
—¡No! —Bulma abrió los ojos de par en par al reconocer la voz de su hijo, y el rey detuvo sus movimientos en cosa de segundos—¡deja a mama! —el rey alcanzó a girar el rostro cuando vio al príncipe Vegeta correr a la cama, llorando y asustado se lanzó a golpearle la espalda—¡a mama no! —gimoteó, con las mejillas rojas por el esfuerzo. Se bajó rápido del cuerpo de la princesa, mudo, sin comprender cuándo el niño había llegado al dormitorio, nervioso miró a su alrededor y notó la puerta de abierta ¡había bajado por completo la guardia!
—¡T-Trunks! —exclamó sorprendida la joven, sentándose, aun presa del placer que no alcanzó del todo por la interrupción—¡estoy bien! —dijo al ver el llanto de su hijo y el niño dejó de gritar, pero continuó llorando y viéndola en silencio, como si la estudiara, buscando alguna herida. —Estábamos jugando a… las cosquillas con tu padre —balbuceó nerviosa, pero al ver que el semblante del menor se calmaba al escuchar su explicación, continuó—¡sí! estábamos jugando, pero tu padre siempre me gana —se carcajeó nerviosa—¿qué haces despierto a esta hora, cariño?
Vegeta, aun mudo, miró como la joven calmaba al menor. Sentía su pulso acelerado y no era por el esfuerzo reciente, normalmente no era pudoroso, pero ver el llanto y sufrimiento en los ojos de su hijo, lo paralizaron. Comprendió rápido sus palabras, creyó que estaba dañando a su madre, y a pesar de lo que sentía por él, no dudó en lanzarse a defenderla, en otro momento se sentiría orgulloso, pero no podía dejar de pensar en que, si realmente lo hubiera hecho, si realmente hubiera estado hiriéndola y su hijo lo hubiera visto ¿qué pensaría de él? ¿qué opinión tendría de él, si supiera que lo había hecho en el pasado? Y la revelación le congeló el cuerpo. Intentó no pensar en ello, un sudor frío le recorrió la espalda y observó en silencio como Bulma tranquilizaba a su hijo, le sonreía e inventaba una historia para no explicar algo que no entendería a esa edad. Giró hasta la entrada, su hijo se había movido o muy sigiloso, o él se había descuidado, y no sabía qué era peor.
—¿Y por qué jugaban sin ropa? —preguntó Trunks, sentado en las piernas de su madre, apoyando su rostro húmedo por las lágrimas recientes, en el pecho de la joven. Bulma miró al rey, buscando alguna ayuda, pero lo vio tenso y sombrío, frunció el ceño extrañada, pero se concentró en el niño.
—P-porque… —resopló—salimos de la ducha hace poco, a ti también te hago cosquillas mientras te visto ¿no? —el pequeño príncipe sonrió al escucharla y miró a su padre, aliviado, pues al verlo sobre su madre, creyó que le hacía daño por sus gritos, y el impacto fue demasiado grande para el niño. Su padre era su modelo a seguir, verle dañar a su madre lo había paralizado, pero su instinto protector lo hizo reaccionar, por suerte para él, sus padres solo jugaban y nada malo había pasado ¡que tonto había sido al pensarlo! Su padre era el mejor saiyajin, jamás le haría algo malo a su mamá.
Bulma giró hacia Vegeta, que seguía callado, seguramente pensaba en cómo el niño había llegado allí si tenía escoltas custodiándolo día y noche, por la puerta y ventanas, a ella también le preocupaba, pero el menor cada vez era más ágil, se le hacía comprensible que fuera capaz de burlar a unos guardias, pero por la mirada sombría del rey, temía que él no pensara lo mismo, suspiró y murmuró mirándolo cansada.
—Trunks es escurridizo —dijo—solo adviérteles. —Vegeta giró hacia ella al escucharla, miró al niño que había dejado de llorar, y que, al escuchar a su madre, borró la sonrisa cuando escuchó su nombre. La princesa volteó hasta el pequeño príncipe y dijo seria, pero no enojada, con un tono de voz comprensiva, maternal que al rey le encantaba escuchar. —Cariño, no debes salir sin mí o sin papá. Menos sin tus escoltas.
—No podía dormir —murmuró y miró al rey, temiendo ver decepción o enojo en sus rasgos, pero su padre asintió hacia su madre y luego le miró, no lucía molesto, pero se veía anormalmente serio para él.
—Tu madre tiene razón —dijo—no quiero que vuelvas a salir sin tus escoltas, solo cuando estés conmigo, puedes estar sin ellos, porque yo te protegeré. —Bulma contuvo el suspiro, cada vez que lo veía tratar con Trunks, hablarle, mirarlo, tomarlo en brazos o le demostraba lo importante que era para él, algo en su pecho se derretía. Vegeta como papá la tenía completamente embobada, lo veía protector y preocupado, no solo a un nivel de rey orgulloso con su heredero prodigio, sino que como un verdadero padre que amaba a su hijo, y que el único motor que tenía era su bienestar en todos los ámbitos de la palabra.
—No lo volveré a hacer —se disculpó agachando la mirada, apenado por el regaño de su padre. Vegeta asintió y miró a la joven, que abrazaba afectuosa al niño, mimaba su cabello y lo mecía despacio, ajena a su mirada. El rey guardó aquella postal en su memoria, y se concentró en el príncipe que disfrutaba el abrazo de su madre.
—Vamos, te llevaré a tu dormitorio —dijo, corroboró con disimulo que su erección hubiera bajado antes de levantarse, giró hacia ambos al ver que el niño no se movía y notó sus cejas encogidas—¿qué es lo que pasa?
—Creo que Trunks —murmuró Bulma, con un tono de voz juguetón que usaba para hacer reír al príncipe—quiere dormir con mamá y papá hoy —y besó la mejilla regordeta del niño, provocándole una carcajada cantarina que resonó en el silencio de la habitación. Vegeta frunció el ceño, antes, cuando era un saiyajin inmaduro, jamás pensó en presenciar una escena así de sentimental y no sentir asco, ahora, siendo padre y rey, no dejaba de asombrarle lo mucho que le gustaba verlos interactuar. No sabía si tenía que ver con la paternidad, o era por ella que lo había cambiado, que lo había vuelto un hombre capaz de sentir algo más que rabia y orgullo.
—¿Es así? —preguntó y el niño giró hacia él y le miró tímido, asintió y escondió su rostro en el pecho desnudo de su madre. Suspiró y miró la habitación, su noche había dado un cambio repentino, aunque debía negarse a lo que el niño quería, no pudo. Ver sus ojos ilusionados le convencieron, no necesitó más, levantó la vista hasta la joven y frunció el ceño al ver la misma ilusión en sus grandes ojos azules ¿sería así, entonces? El saiyajin más fuerte de la galaxia, dominado por la mujer que amaba y su hijo—creí que eras un niño grande. —Bulma frunció el ceño al oírlo, intentó no reír al verla.
—Aún tengo tres —protestó el príncipe, con el ceño fruncido, amurrando los labios en un puchero mientras movía sus dedos y su cola se enredaba en la muñeca de la joven.
—¿Ves? —dijo la princesa—sigue siendo un bebé —alzó sus cejas hacia Vegeta y continuó—los bebés necesitan a sus padres, ¿verdad cariño? —Trunks levantó la mirada hacia ella y luego giró hacia su padre y murmuró.
—Sí, cuando tenga 4 no dormiré más con mama ni con papa —comentó orgulloso—mama puede dormir en medio —murmuró y Vegeta lo miró con sospecha, y luego hacia la princesa, que parecía más concentrada en peinar el pelo del niño, volvió su atención al menor y el niño continuó—¿verdad, mama?
Bulma sonrió al menor y lo bajó de sus piernas, dejándolo en medio de la cama con las sábanas revueltas, pero Trunks apenas tocó el colchón, comenzó a estirar las cobijas, ordenándolas a su manera. La joven se levantó sin esconder sus curvas, y buscó su remera, que estaba en el suelo cerca de la cama, se agachó y vistió en silencio, caminó hacia la puerta del dormitorio para cerrarla y luego al sanitario, al mismo tiempo que giraba hacia el rey junto a su hijo, que la miraban desde la cama y habló con una sonrisa en sus labios.
—Decidan ustedes —dijo y se encerró en el baño. Vegeta suspiró y miró al príncipe, que había dejado de ordenar para escuchar a la princesa, observó su pijama y el dije en su pecho y medio sonrió, el niño insistía en portarla en todas sus ropas. Se levantó y buscó unos pantalones, no podía dormir desnudo si el niño iba a estar entre ellos, lo mejor era evitar. Sin darse cuenta, su cola caía perezosa por las energías que había gastado esa noche, tanto emocional como físicas, y aunque se había quedado con las ganas de terminar el último encuentro, podía hacer una excepción sin molestarse si era por su hijo. Giró hacia el niño una vez que se puso unos pantalones holgados, algo incómodos para él, y caminó de regreso a la cama. Se inclinó para ayudar al pequeño a estirar las cobijas y sábanas, y murmuró mirándolo a los ojitos.
—Dejemos a tu madre en medio —Trunks sonrió ampliamente y asintió entusiasmado, meciendo su flequillo—así, ambos podemos abrazarla —susurró bajito, solo para el niño.
—¡Sí! —asintió entusiasmado, ambos giraron hacia el sanitario cuando la puerta se abrió, Bulma se había vestido solo con una remera que le cubría hasta un poco más arriba de sus nalgas, al caminar se podía ver parte de su desnudez, pero no parecía preocuparle—mama, tú en medio —le informó el príncipe. Bulma alzó ambas cejas sin dejar de sonreír, se subió a la cama por los pies y gateó hasta donde el niño le había indicado/ordenado, apartó las cobijas que tanto esfuerzo le había costado al menor de casi 4 años ordenar, y se metió debajo.
Vegeta fue al sanitario a asearse y orinar, después de unos cinco minutos salió del cuarto y los vio conversando en susurros, ambos ya acostados, dejando libre su espacio para que se acostara. Tuvo que controlarse para no sonreír bobamente al ver la escena, era lo que había deseado desde que pudo acercarse a su hijo, lo que muchas veces pensó, era difícil no pensar en que aquello lo pudo tener desde antes, si ella no se hubiera ido, pero prefería no centrarse en eso, no le hacía bien. Caminó de regreso a la cama y apagó la luz, Trunks soltó un chillido juguetón al hacerlo y volvió a encenderla, estiró el cuello para verlo al pensar que le daba miedo, pero solo se reía mientras su madre le abrazaba.
—¿La apago? —preguntó y ambos, madre e hijo giraron hacia él y asintieron al mismo tiempo. Vegeta mordió su mejilla interna, evitando reír y volvió a apagar la luz de su lámpara. Se acomodó en su sitio, escuchaba susurros de parte del niño, pero no alcanzaba a oírlo con claridad—es hora de dormir —recordó y el niño chistó para callar a su madre con un ruido extraño al resoplar con la boca cerrada, la joven se sacudió ligeramente intentando contener la risa, y el rey medio sonrió a oscuras, después de todo nadie podía ver lo mucho que estaba disfrutando ese momento. Giró hacia la joven y la alcanzó hasta ponerse detrás de ella y rodeó su cintura con su mano derecha, y la izquierda la dejó debajo de la almohada, como muchas veces hizo antes. La princesa no se quejó, no sabía si era porque estaba el niño o si quería su cercanía, quiso pensar que era por la segunda opción. Sintió la manito del príncipe sobre su brazo y sonrió, tal como le había dicho, ahora ambos podían abrazar a la mujer más importante para ellos. Y aunque Bulma se sentía aprisionada entre su hijo y el rey, acalorada y con poco espacio, no se quejó y se durmió apenas sintió que el menor también dormía. El confort que sintió fue tal, que consiguió dormir sin pensar demás, sin culparse, sin odiarse y sin reproches.
(…)
Las luces del salón principal iluminaban cada centímetro de la enorme sala. No había mayor decoración, aparte de los candelabros caros, los servicios de platino, la porcelana fina y los manteles de 200 hilos. Los invitados se habían reducido a 2000, variaban desde presidentes de federaciones, hasta emperadores de imperios vecinos con los que tenían alianzas, todos estaban ahí para adular al rey más poderoso del imperio, e idolatrar al futuro rey que cumplía 4 años. La realeza saiyajin portaban sus armaduras oficiales, con el emblema de la familia en el pecho izquierdo, portaban sus capas y joyas ancestrales que indicaban su rol en el imperio. Desde una pequeña tarima, estaban los dos sitiales más grandes de la sala, donde se sentaba el rey junto a su reina, Riander, junto a ellos, rodeados por sillas más pequeñas, el resto de la familia. La sala se había convertido en un comedor grande, lleno de mesas largas cerca de cada muralla con bandejas repletas de alimentos, manjares culinarios de diferentes especies, botellas de alcohol y vino. A diferencia del cumpleaños número 3 del heredero, la celebración de sus 4 años tenía un toque más elegante y sobrio. Todos lucían ropas formales y de gala, el evento lo requería, no era una fiesta como solían brindar, la mayoría, incluyendo a los saiyajin, estaban sorprendidos por la celebración.
—Esto es aburrido —dijo Riander, mirando la escena. No había barriles de cervezas, ni esclavos bailando, peleas en cada rincón, era una fiesta distinguida que no le acomodaba por muchas razones. Miró de soslayo al rey, y un poco más allá, al lado derecho del monarca, la silla en la que se sentaba el príncipe heredero. El niño hablaba sin parar a su padre, y él paciente, le escuchaba y respondía sin mostrar ni un ápice de molestia.
—Sí —concordó el padre del rey—no sé en qué pensabas, al organizar esto —murmuró molesto mirando a Keel, la reina madre miraba seria a su alrededor, con una copa de vino en sus manos.
—En lo que el príncipe necesita —dijo sin mirarlo—no en lo que salvajes como ustedes quieren —Tarble sonrió al oír a su madre y se puso de pie, ya le habían dado la bienvenida a los invitados, por lo que podían transitar por el castillo sin problema, buscó a Laurel con la mirada, la joven evitaba sentarse con ellos en eventos, a pesar de que tenían un hijo en común, se negaba a ser parte de la realeza, comía con ellos durante el día, pero para momentos como ése, prefería apartarse, todavía no podía convencerla de hacerla su princesa.
Riander blanqueó los ojos y no respondió, su tía no era la misma mujer que antes, y no sabía si culpar al mocoso, o se le estaba escapando algún detalle. Según sus informantes, se le había visto en varias oportunidades platicar con la humana, no se lo había reprochado, prefería mantenerlas vigiladas. En la mente de la reina, cualquiera podía conspirar en su contra, en sacarla de la ecuación y hacerla a un lado, temía que pasara en cualquier momento, la humana conseguía poco a poco la confianza de la realeza, tenía embobado al príncipe Tarble, a su tía y lo más importante, al rey. Si pudo conseguir el favor de Keel, podía conseguir cualquier cosa y no encontraba la solución a su problema. Intentaba aparentar calma, no hacer enojar al rey con sus celos e inseguridades, pero le costaba, sobre todo porque la humana aparecía en todos lados. Incluso ahora, se les había informado que participaría de la fiesta y tuvo que morderse la lengua, no quería escuchar la misma excusa de siempre "el príncipe necesita a su madre", le parecía cínico, cuando quien dormía con ella por las noches era el rey y no el príncipe.
—¡Mamá! —exclamó el príncipe al ver entrar a la princesa, llamando la atención de la realeza saiyajin. Riander no pudo disimular su enojo al verla, el padre del rey resopló indignado y se puso de pie, para ir hasta la mesa más cercana a que le sirvieran algo de comer. Keel le siguió en silencio, quedando solamente el rey, el príncipe y la reina Riander en la tarima.
Vegeta respiró con disimulo, sintió su pecho oprimirse al verla, no podía despegarle los ojos de encima a la mujer que entraba indiferente al resto, ignorando a los presentes para acercarse directamente a la pareja de su hermano. Lucía hermosa, ella no necesitaba usar ropa elegante ni joyas, o maquillaje para serlo, pero hace muchos años que no la veía usar vestimenta que revelara su posición social. Su vestido de color vino le llegaba hasta los pies, la falda se apegaba a sus piernas y el pliegue que se formaba cada vez que caminaba lo tenía embobado. Su escote no era generoso, pero no lo necesitaba para llamar la atención, los tirantes pasaban burlescos por sus clavículas e incluso desde la distancia en su trono, podía ver como algunas hebras rebeldes de su cabello caían por su cuello. Su cabello lo había recogido en un moño alto, que decoraba con prendedores dorados, y en su cuello, una cadena dorada con un dije que no alcanzaba a reconocer. Tragó la saliva que se acumuló en su boca y posó su mejilla en el dorso de su mano derecha, observándola, no perdiéndose detalle de su movimientos y gestos.
—Disimula un poco —murmuró mordaz la reina. Vegeta la observó de soslayo, iba a responderle cuando notó al príncipe bajarse de su asiento, para ir donde su madre.
—Príncipe Vegeta —habló y el niño se detuvo antes de bajar por la pequeña escalinata de cinco eslabones—aun no. Debes esperar en tu asiento las reverencias y obsequios que te entregarán —el pequeño frunció el ceño incómodo y giró hacia el frente, por su corta estatura, no podía ver desde allí a su madre. Resopló derrotado y regresó a su sitial, al lado de su padre. Se sentó en silencio, como él le había enseñado, tomando su capa con la mano derecha y soltándola al costado una vez que estuviera instalado, apoyó sus manos enguantadas en los brazos del sitial y observó a los presentes—muy bien —le halagó el rey. —Así se comporta un príncipe.
Trunks sonrió al escucharlo y alzó la barbilla regordeta, mirando a todos desde su sitio. El rey lo miró con orgullo, su hijo, aunque no luciera como un saiyajin, era uno y se comportaba mejor que cualquier otro, era disciplinado en sus clases, prodigio en su entrenamiento al punto que no podía entrenar con saibaiman pues se aburría, y hace unas semanas que empezaron a llevarle al primogénito de Kakarotto, donde se mostró interesado en aprender del medio saiyajin. Su hijo, incluso a temprana edad, demostraba lo mucho que quería encajar y mejorar, podía verlo en sus ojos celestes, el pequeño quería ser el mejor porque su orgullo se lo gritaba, se veía reflejado en el menor, y le gustaba que no se conformara con su nivel, que siempre quisiera avanzar.
(…)
Sabía lo que estaban pensando, lo podía suponer con cada mirada furtiva que le daban: la bruja había conseguido doblegar al rey. Todos en el palacio ya sabían que Vegeta no dormía con Riander, pero sí con ella. Estar allí, en medio de una gran fiesta importante lo dejaba claro, el rey había pasado por alto sus traiciones, y ella estaba libre de culpas, porque se acostaba con él. Creían que lo manipulaba, que lo tenía en un embrujo que lo idiotizaba ¿cómo explicarles que lo de ellos solo era sexo y cordialidad falsa? Si fuera la bruja que todos creían, sus padres y hermana estarían allí con ella, pero como le había dicho Vegeta, había perdido el beneficio de pedirle algo después de todo lo que había hecho.
Bebió un sorbo de su copa y miró hacia el trono, donde se encontraba Vegeta acompañando a Trunks, que agradecía los obsequios que le daban desde su sitial. Tragó con disimulo y miró a Riander, que amargada observaba los presentes que le daban a su hijo «yo debería estar allí» pensó y se sorprendió a sí misma al pensarlo. Giró bruscamente hacia el frente, relamió su labio inferior con cuidado de no estropear el brillo labial ¿qué había sido eso? Su corazón latió deprisa, trabajó rápido buscando una explicación y la única que encontró coherente-intentó convencerse de ello-era que solo quería estar junto a su hijo, acompañarlo en ese momento importante y no estar viéndolo desde la distancia. Se le había permitido asistir al evento, pero Tarble había sido claro, no podía estar sentada con el príncipe. Entendía la situación, pero no por ello era fácil de soportar.
—¿Estás bien? —preguntó Laurel, mirándola beber. La princesa asintió sin mirarla, y murmuró cansada.
—Quiero acompañar a Trunks —suspiró y volteó hacia la saiyajin—no es agradable verlo desde acá.
—Estoy segura, de que el príncipe quiere lo mismo —respondió la saiyajin—está rodeado de atención y regalos, pero no deja de mirar hacia acá —Bulma abrió los ojos lo que más pudo para evitar llorar, en momentos así se sentía molesta consigo misma, por las decisiones que había tomado, solo por estar arruinando el momento de su hijo. Porque Trunks era el más afectado, y ahora lo entendía. Su hijo amaba su parte saiyajin, adoraba a Vegeta y si hubieran estado juntos desde que abrió los ojos al mundo, estaría mucho más cómodo con su entorno. Ella estaría acompañándolo, teniendo el apoyo de ambos cuando lo necesitase, veía desde la distancia como el rey le indicaba qué responder o cómo reaccionar ante los invitados, y el príncipe acataba asintiendo. Lo veía cansado, quería ir hasta allí y tomarlo en brazos, llevarlo a un lugar en el que se entretuviera, pero no podía. En parte, sabía que debía acostumbrarse a esos protocolos, era el próximo en sucesión al trono, tenía que prepararse y el niño quería eso, no podía intervenir, también, por más que insistió en que contrataran juegos acordes a la edad de Trunks, se lo negaron. Accedieron a cambiar las prostitutas por artistas circenses que lo entretuvieran, pero un príncipe saiyajin no podía estar saltando en juegos inflables o correteando payasos ni rompiendo piñatas.
Una orquesta en vivo de música que ella pudo reconocer como clásica, empezó a tocar una vez que terminaron de saludar al futuro rey de Vegetasei. Laurel suspiró y bebió todo el contenido de su copa, miró de soslayo a la princesa que seguía observando hacia su hijo, cuando un hombre desconocido se les acercó. La saiyajin lo contempló con sospecha, era un tipo alto, con túnicas finas de cabello platinado y largo, su piel era blanca como la de la princesa, sus ojos verdes eran afilados, tenía rasgos varoniles, su rostro cuadrado y nariz recta, pero sus orejas medias puntiagudas llamaron su atención.
—Qué gran velada —habló el recién llegado, su voz se oía serena y amistosa, como si las conociera desde hace tiempo. Laurel asintió hacia él, y la joven princesa giró hacia el frente al oír su voz. —Soy Nate, mucho gusto —dijo a ambas y estiró su mano hacia la saiyajin. Laurel frunció el ceño y aceptó su saludo, era más alto que ambas, tenía que mirarlo hacia arriba para no perderse sus reacciones y no le gustaba. Cuando soltó su mano, Bulma estiró la suya hacia él, pero el hombre la tomó con delicadeza y besó el dorso, sorprendiendo a la saiyajin, observó perpleja la reacción del desconocido y luego giró rápido hacia el trono, comprobando si los ojos del rey estaban puestos en aquella escena, y no se equivocaba. El monarca miraba todo desde la altura, con el ceño fruncido, atento a lo que pasaba.
—Bulma —respondió la joven, que, a diferencia de Laurel, estaba acostumbrada a ser saludada de ese modo por su rol en la realeza humana. —Mucho gusto, Nate.
—¿Me concede esta pieza de baile? —la princesa abrió la boca para responder, pero la duda le invadió. Lo primero que pensó fue en negarse para evitar problemas con Vegeta, aunque le molestara reconocerlo, después de lo que le había dicho al matar a Alek, que la joven evitaba el contacto con el género opuesto incluso para conversar. No porque estuviera de acuerdo con sus palabras, más bien para ahorrarse problemas—no quiero meterla en problemas, si no puede. Lo entiendo —dijo Nate, sin dejar de sonreírle ni soltar su mano. Bulma negó sonriéndole, evitando pensar en lo que diría Vegeta, queriendo actuar por su cuenta, la joven asintió hacia el recién llegado y murmuró sonriéndole cortés.
—Será un gusto —dijo y sus dedos rodearon la mano de Nate. Laurel miró tensa la situación, los vio alejarse hacia la pista de baile y giró hacia el trono, donde el rey seguía con la mirada a la joven princesa.
(…)
Dos piezas de baile, y ellos seguían en la pista. Vegeta resoplaba molesto observando la escena, por suerte para él, Riander se había levantado de su silla hace un buen rato, o estaría burlándose con indirectas por la situación. Miraba incrédulo como su mujer era guiada al ritmo de los violines por el desconocido de pelo platinado. Antes la había visto bailar, en su boda, lo recordaba bien, pero lo que sentía ahora era completamente diferente. Los celos le carcomían, no dejaba de observar las manos de ellos juntos, y su cabeza le jugaba malas pasadas, pensando cosas como "se ven bien juntos" o "ella luce tranquila con él", y su ira crecía ¿quién era ese imbécil que se había atrevido a tocarla? Todos en el planeta sabían que a su mujer se le podía observar, pero no interactuar con ella. Los veía hablar en todo momento, y no dejaba de imaginar que se decían cosas sugerentes, que acordaban verse después y terminarían en algún cuarto si no intervenía. Sus celos lo volvían paranoico, intentaba ver desde su trono, si él estaba tocando algo más que su espalda, si las sonrisas que ella le daba eran solo por amabilidad o le coqueteaba, pero no podía. Estaban en medio de la pista y él en su trono, junto a su hijo.
—No hagas un escándalo —oyó decir a Tarble, que subía por los eslabones con el ceño fruncido—es el cumpleaños de tu hijo, compórtate. —Trunks miró a su tío confundido, no lo había visto antes hablarle así a su padre, giró hacia el rey que seguía atento mirando a los invitados bailar.
—¿Quién es ese? —preguntó con el ceño arrugado, ignorando el comentario de su hermano. Tarble suspiró y giró hacia el frente, observando a Bulma bailar con Nate.
—Es canciller del cuadrante 28 X—respondió serio—su nombre es Nate. Él presentó la denuncia al OIC en el comité de relaciones interplanetarias, cuando se hizo en la tierra —los recuerdos del comité se presentaron uno tras otro, cuando vio a Bulma, conoció a su hijo, supo de su mentira y luego su huida, y entre tantos momentos, la presencia del canciller vino a sus recuerdos. Frunció el ceño ¿se conocían de antes? Resopló por la nariz al pensarlo, su mente trabajó una y mil ideas en dónde su mujer, se revolcaba con ese tipo alto y la idea le apretó el pecho. —Compórtate —repitió su hermano, el rey giró a verlo dispuesto a quejarse, pero el príncipe continuó hablando—hay muchos invitados para hacer una escena de celos ¿no crees? Y aunque no los hubiera, Bulma puede hacer lo que le plazca, no es tu mujer —dijo rápido, casi ahogado escupió lo que pensaba hace tiempo. Vegeta lo miró perplejo, no solo por su osadía en hablarle de ese modo, sino que por sus palabras. Estaba dispuesto a contradecirlo, decirle que se equivocaba, que la princesa era suya y él, de ella, pero no pudo. Su voz se quedó atorada en su garganta, solo pudo contemplar el semblante molesto de su hermano.
—Papá —la voz de su hijo interrumpió el momento tenso entre los hermanos, el rey giró hacia el príncipe que miraba aburrido la escena—¿puedo ir con mamá? —preguntó mirándolo con ilusión por su respuesta. El rey sonrió y asintió, era la mejor excusa para apartar a Bulma del tal Nate, giró hacia el frente y su sonrisa se borró, no vio por ningún lado a la joven y el pánico dominó su cuerpo. Se puso de pie abruptamente, la orquesta dejó de tocar y los invitados detuvieron su danza, observó a los músicos y les hizo un ademán para que continuasen, apenas volvieron a tocar, los invitados continuaron bailando.
—Quédate aquí un momento, iré por tu madre —dijo, y bajó la escalera. Alcanzó a escuchar a su hermano que le llamaba, pero le ignoró. No podía perder un minuto más, debía interrumpir lo que fuese que estuviera haciendo su mujer con el imbécil de pelo platinado. El miedo se instaló en su pecho al no encontrarla en la sala, pensaba que cuando la encontrara, volvería a ver la escena de la cabaña de hace un año y medio atrás, sudaba frío de solo imaginarlo y ya desesperado por no verla en ningún rincón, se concentró en sentir su presencia. No tardó en encontrarla, estaba en el jardín, caminó rápido hacia la salida, ignorando las reverencias que le hacían a medida que avanzaba entre los invitados.
Al salir de la sala principal del palacio, se encontró con varios invitados en los pasillos que, al verlo, le reverenciaban con torpeza por ver al mismísimo rey transitar por esos sitios. Continuó su camino hasta llegar a uno de los jardines principales, estaba iluminado y con atención de la servidumbre para los que quisieran quedarse afuera ajenos al ruido del salón donde la fiesta se llevaba a cabo. Sus ojos negros no tardaron en encontrarla, la joven estaba sentada en una banca conversando con Nate, sin esconderse, a vista y presencia de todos los que estaban allí. Aquello era bueno, podía inferir que no estaba haciendo nada indebido con el canciller, pero sus celos le hicieron indignarse de todos modos, por el mero hecho de estar platicando con otro hombre. Caminó dando pasos seguros, las suelas de sus botas resonaban en el caminito de azulejo que habían instalado para evitar que pisaran el césped. Todos los que estaban en ese momento en el jardín, se pusieron de pie al verlo y le reverenciaron, incluyendo Nate, que, al ponerse de pie, llamó la atención de la princesa y giró hacia donde estaba el rey. Bulma alzó ambas cejas al verlo acercarse, pero no se movió, ni para recibirlo ni reverenciarlo ¿cómo hacerlo si ella no lo respetaba como rey? Sabía que era así y no el incomodaba si era ella quien se saltaba esos protocolos, pero en el momento le molestó.
—¿Qué ocurre? —preguntó la joven, al verlo llegar hasta su banca—¿Trunks necesita algo?
—Te está buscando —respondió serio y Bulma se puso de pie enseguida y giró hacia Nate, la joven se inclinó y le extendió su mano a modo de despedida, y el canciller la tomó con ambas manos y la movió de arriba hacia abajo, despacio, como si se tomara su tiempo para tocarla y la idea le revolvió las tripas al rey.
—Envíame la información a mi ID —dijo la joven—¿tienes donde anotar? —preguntó Bulma, y Nate sacó su libreta electrónica y se la entregó, la joven tecleó rápido su número de contacto y se lo regresó, todo bajo la atenta mirada del rey, ajena a los celos que sus ojos expresaban—estamos en contacto, adiós.
Bulma se alejó sin mirar a ninguno de los dos hombres, el rey giró hacia Nate y frunció el ceño al ver su semblante sereno y sonriente. Recordaba que le había inquietado la primera vez que lo había visto, su personalidad amable y familiar le asqueaba, sin siquiera pensarlo, escupió su pregunta. Estaba ahogado con las dudas y la inseguridad que había despertado en él al pensar que ellos ya se conocían y había algo que no sabía.
—¿De dónde conoces a mi Bulma? —preguntó, pensó que dejar en claro que era suya era excesivo, pero su sed de posesión fue más grande. No le importaba exhibirse con él, prefería mil veces esclarecer que la princesa era suya a tener que lamentarse porque alguien más la había tocado.
Nate alzó ambas cejas al oírlo, era más alto que el monarca saiyajin y más delgado, la diferencia entre ambos era en muchos ámbitos y ambos lo sabían, pero el canciller no tenía la misma disposición del rey, sin dejar de sonreír, respondió con calma que impacientó al monarca.
—La princesa Bulma es conocida por varios cuadrantes —respondió, y el semblante del rey se ensombreció, pudo leer entre palabras y no le gustó lo que se encontró, el imbécil le enrostraba que la joven no era suya y tuvo que contenerse para no alzar la voz—pero es primera vez que hablo con ella. Necesitaba hacerle llegar una información, pero nunca me respondió su asistente ni su hermano, el príncipe Tarble, por lo que la princesa se ofreció amablemente para entregarle el documento ella misma al príncipe.
—Ah… —soltó sin dejar de estudiarlo. Lo que la joven despertaba en él en ese momento no le gustó, él era un saiyajin seguro de sí mismo, y ahora estaba ahí, de pie, comparándose con un ser inferior, pensando si ella había disfrutado más conversar con ese hombre que con él—comprendo. Sin embargo, no vuelvas a acercarte a ella. Si quieres contactarte con la administración de mi imperio, hazlo por el conductor regular —dijo y volteó para retirarse, su capa se movió brusca por su giro, no alcanzó a alejarse un paso cuando Nate respondió.
—La princesa Bulma es una mujer soltera —oyó decir al canciller y giró a verlo con el ceño fruncido y los labios temblándole de ira. —Puede hacer lo que se le plazca.
—Es mi mujer —respondió entre dientes, intentando controlar la rabia y las ganas que tenía de arrancarle la lengua. Tarble tenía razón en una cosa, no podía hacer un escándalo de celos en la fiesta de su hijo, debía contenerse, en otro momento no habría sido tan reprochable hacerlo, ahora debía preocuparse de no arruinar la celebración del príncipe heredero.
—Hasta donde sé —habló Nate, con la misma actitud relajada—su mujer, la reina Riander, está dentro del salón, hablando con miembros del consejo. —Vegeta lo miró estupefacto, supo allí en ese momento, que aquel hombre no era lo que aparentaba. Sus ojos verdes se veían oscuros por la noche estrellada, los pequeños destellos que se veían eran por las lámparas del jardín, y aun así él fue capaz de ver a través de ellos, de sus intenciones. No era confiable, no para sus intereses al menos. —Enviaré la información nuevamente, seguiré el conducto regular, para no establecer contacto con la princesa, y así usted pueda estar tranquilo. —Dijo y le reverenció, Vegeta observó mudo al canciller, lo vio caminar lentamente hacia la salida, sin prisa por la plática que acababan de tener, a pesar de que el hombre no le había insultado ni se había burlado de él, se sintió humillado. Su personalidad desagradable, junto a sus palabras elocuentes, que escondían su mordacidad, le habían irritado lo suficiente como para querer largarse a sus aposentos, pero no lo hizo. Caminó hacia el salón, con la cabeza hecha un remolino de pensamientos, y a la única conclusión que llegó fue a que debía asegurar a la princesa a su lado, que nadie más osara con cuestionar la relación entre ambos.
(…)
Bulma ordenó el joyero del príncipe y bostezó. Había recibido numerosos obsequios, demasiado caros para un pequeño de 4 años que se hubiera entretenido con un juguete o un pony. La mayoría de sus presentes estaban organizados en otra habitación, el niño solo se había llevado los pequeños a su cuarto para mostrárselos a ella, pues la joven no estuvo en primera fila para verlos. Dejó la segunda caja dorada sobre el mueble cercano al cuarto de baño y regresó a la cama, se sentó en el borde y observó al niño. Se había portado demasiado bien, siguió todos los protocolos y nadie hizo ningún comentario desagradable sobre él, al menos no lo notó. Al contrario, le pareció que el niño fue el centro de atención en la velada, todos estaban maravillados en ver un medio saiyajin con colores tan vivos en su cabello, ojos y cola, además, el menor se veía adorable en su armadura real, sentado en una enorme silla, actuando como un niño grande. Sonrió y le miró con ternura, se inclinó hasta su frente y la besó. Apenas lo había llevado al cuarto, el niño se apagó, mostró su rostro lleno de cansancio y el cuerpo decaído, por lo que prefirió ponerle el pijama y acostarlo, en vez de ducharlo antes, como solía hacerlo. Trunks no se quejó, en cambio, apenas se acostó y puso la cabeza en la almohada, se preparó para dormir y a los cinco minutos, cayó en un profundo sueño.
Era tarde, la fiesta continuaba para los que les gustaba trasnochar, pero casi todos los miembros de la familia real se habían retirado, a excepción del padre del rey, que se quedó bebiendo y platicando con generales. Bulma miró unos minutos más a su hijo, le costaba creer que estuviese tan grande, que hablara y se entendiera sin problemas con todos, cuando aún recordaba lo pequeñito que fue y el cómo se sentía cuando lo cargaba en sus brazos y podía pasar horas durmiendo apoyado en su pecho. Suspiró cansada y se bajó de la cama, encendió la radio nuevamente y la sintonizó en el canal correspondiente, desde que el niño los había sorprendido teniendo sexo, que había vuelto a usarlos, claro, ahora dejaba el otro radio en la habitación de Vegeta.
Salió de los aposentos del príncipe y caminó rápido por el pasillo, abrazándose a sí misma. A esa hora de la madrugada, el aire se sentía más helado que durante el día, y ella no llevaba ningún abrigo, apresuró el paso para llegar al dormitorio del rey, allí habría calefacción. Cuando llegó al pasillo en donde estaban sus aposentos, miró de soslayo la puerta de en frente, la que antes fue su cuarto ¿podría recuperarlo si se lo pedía a Vegeta? ¿sería capaz de quitarle sus aposentos a Riander para dárselos a ella? la respuesta le hizo sonreír, estaba segura de que no, pues, no tenía ningún derecho a pedirlo ni a recibirlo. No golpeó para entrar, abrió la puerta rápido y la cerró detrás de sí, sin dejar de frotarse los brazos helados.
—Trunks estaba cansadísimo, se durmió enseguida —dijo y caminó hacia la cama. Normalmente se daría un baño antes de acostarse, pero estaba igual que su hijo, agotada por el trasnoche. Miró hacia el rey, que estaba aún vestido con su armadura y mirándola serio—¿qué pasó? —preguntó frunciendo el ceño.
—No le mandarás ningún mensaje a ese imbécil —comenzó diciendo el rey, sin dejar de estudiarla. Bulma frunció el ceño confundida, y a la vez, le miró con indignación, pero no le importó, sus celos lo tenían vuelto loco y no se callaría, no permitiría que aquello avanzara—soy capaz de intervenir tu ID para saber lo que hables con él.
Bulma alzó ambas cejas al escucharlo y entonces comprendió: Nate. Suspiró cansada, con las mejillas rojas de rabia y se paró en frente de él, con los brazos cruzados le miró molesta y murmuró sin pensarlo.
—Estás enfermo —dijo, el rey abrió los ojos con sorpresa, pero la joven no le dejó responder—tus celos no son normales —aunque pensó en responderle de inmediato que no eran celos, no se atrevió a llegar a ese nivel de cinismo, en cambio, hizo lo que mejor sabía hacer, librarse de su responsabilidad y dar vuelta la situación a su favor.
—Es tu culpa —respondió medio sonriendo por unos segundos, respiro agitado por la rabia y continuó, frunciendo nuevamente el ceño y le apuntó molesto—no confío en ti —Bulma mordió su mejilla interna al escucharlo, comprendía sus palabras, pero no estaba de acuerdo ¿con qué moral le decía que no confiaba en ella? él insistía en pensar que lo que había pasado con Alek fue una traición a él, cuando ellos no tenían ninguna relación en ese momento, pero Vegeta no comprendía, no quería hacerlo, en su opinión, ella siempre debía mantenerse leal y dispuesta a él, y estaba harta de eso. Después de lo que sucedió con el guardia, que había evitado a toda costa darle más argumentos para pensar que estaba con otra persona, evitaba hablar con hombres, se había recluido a solamente conversar con Tarble y Laurel, Iris y Keel ¿y seguía desconfiando? De por sí ya era absurdo llegar a ese punto, y, aun así, nada era suficiente para Vegeta. Se quedaría tranquilo si la mantuviera encerrada día y noche, y estaba segura que ni así lo estaría, que desconfiaría de los criados que la atendieran. Él no estaba bien, ella tampoco y lo que tenían era retorcido.
—Entonces déjame tranquila —respondió en un tono distante y frío—déjame seguir con mi vida, y tú sigue con la tuya. Que nada bueno nos traerá tu desconfianza.
El rey frunció el ceño al escucharla ¿se estaba oyendo? ¿Qué la dejase en paz? ¿continuar sus vidas separados? ¿cómo conseguía eso? ¡no podía estar sin ella! ¿debía dibujárselo para que lo entendiera? Si se sentía desconfiado e inseguro, era por lo que le hacía sentir. Ella no le demostraba el mismo anhelo que él a ella, a veces pensaba que si regresaba cada noche era por miedo, y la idea lo dejaba peor. Quería que Bulma lo deseara tanto como él a ella, que lo amara y que no pudiera imaginarse una vida sin él ¿cómo lo conseguía? Se puso de pie de un brinco, sorprendiéndola, la joven dio un paso hacia atrás, pero él la apegó a su cuerpo posando su mano en su espalda baja, empujándola hacia él. Bulma apoyó sus manos en su armadura y le miró enojada, él también a ella, y, aun así, se besaron. Un beso violento, cargado de pasión y rabia, movieron sus bocas con desesperación, sus lenguas peleaban salvajes y los gemidos no tardaron en hacerse oír.
Bulma subió sus manos hasta su cuello y lo apretó con fuerza, apegando su pecho a la armadura, la mano que estaba en su espalda baja subió por su cintura y la otra, se pegó a su cadera y la arrastró hasta su trasero, sintió como la palma le dio un agarrón firme a su nalga derecha y ella subió su pierna para tener mejor acceso a su cadera, la mano que antes tocaba su trasero sostuvo su muslo y la palpó con urgencia, pero el largo de la falda impedía que sus intimidades se rozaran, y la urgencia era demasiada para seguir esperando. Bulma rompió el besó y alejó sus manos de su cuello para alcanzar el tirante de su vestido, pero el rey negó rápido, meciendo su cabeza y se inclinó hasta su oreja para susurrar.
—No te lo quites —la voz varonil cargada de deseo le estremeció desde su pecho hasta bajar a su intimidad, sintió como su ropa interior se humedecía por solo escuchar su voz, mordió su labio inferior y antes de preguntar, Vegeta la alejó de su cuerpo y la empujó con rudeza a la cama, cayendo boca abajo.
Iba a quejarse, a voltear para pedirle que no fuera tan bruto, pero el rey se subió encima mientras subía su falda, entonces supo sus intenciones. Algunos mechones de pelo se soltaron de su peinado, y no se molestó en arreglarlos. Giró hacia atrás para verlo sacarse los guantes, ella se apoyaba en sus rodillas y manos en el colchón y esperaba expectante lo que le haría. Seguía molesta, indignada e incluso frustrada, pero también era consciente de que su enojo no se iría, porque él no cambiaría y tampoco la dejaría ir, entonces ¿qué sentido tenía seguir atada a su rabia? Respiró agitada cuando él volvió al juego, lo sintió posarse detrás de su trasero, las manos del saiyajin subieron por sus pantorrillas lentamente hasta llegar a sus muslos y la sostuvo así, la meció sobre su erección, la joven podía sentir como su virilidad se metía entre sus nalgas, frotándose. Giró su rostro hacia atrás y buscó sus labios, pero el rey no se acercó a besarla.
No pudo soportar más, sin juegos previos, el rey bajó su ropa interior con impaciencia, segundos después, liberó su hombría y la guío hasta el núcleo húmedo de la princesa, ella protestó, pero la ignoró y entró de una sola vez, ganándose un chillido quejoso en respuesta. No se detuvo, agarró del cabello a la joven y lo tironeó con fuerza hacia atrás, levantándola de la colchoneta, sosteniéndola desde su pelo y comenzó a mover sus caderas. Veía su trasero descubierto chocar con su pelvis, las manos de la joven no lograban afirmarse a nada en su posición incómoda, pero no se detuvo. Tiraba de su peinado cada vez más fuerte, y ella gemía recibiendo sus embestidas, dominarla en ese momento le ayudó. La inseguridad que le invadió toda la noche le había arruinado la velada, pero estar así, sometiéndola a su voluntad, le hizo recuperar su ego masculino. Tenía el control absoluto de la situación, de su sexo, de su cuerpo, ella no podía escapar, no se podía alejar ahora ni nunca, con ese pensamiento en mente, aceleró sus embestidas y ella sus gemidos.
La posición no ayudaba a sentir su intimidad en su totalidad, por lo que recargó su pecho en la espalda menuda de la joven y la empujó de vuelta a la cama, se subió con las rodillas al borde del colchón y sin soltar su pelo, hundió su rostro en la cama. Su boca buscó su cuello y pensó en morderla, como tantas veces, pero se contuvo y atacó su hombro derecho. Ella se quejaba debajo de su cuerpo, él recargaba todo su peso en su cuerpo pequeño y se movió violento sobre ella, hasta soltar su semilla en su intimidad, jadeó en contra de la piel de su hombro y soltó su cabello. La joven giró el rostro y respiró agitada, se observaron en silencio. Ella con el ceño fruncido y las mejillas rojas, él con la sien sudada y el semblante serio.
—Me dolió —mintió, pues la rudeza con la que la había follado le había excitado más que de costumbre, pero su orgullo no estaba listo para reconocerlo. —Bájate —exigió, y Vegeta asintió, recuperando el aliento, se bajó de ella y se desplomó a su lado.
Apenas el miembro del rey salió de su cuerpo, la joven se volteó adolorida, antes de bajar su falda, miró el interior de la tela que se ensució con el semen del saiyajin, frunció el ceño y giró hacia él, que miraba el techo sin dejar de respirar agitado.
—Arruinaste mi vestido —se quejó—y me gustaba este vestido.
—Te veías hermosa —dijo él y Bulma se congeló en su sitio. Aun recordaba la vez que reconoció que era atractiva y lo feliz que le había hecho sentir, ahora lo sentía tan lejano, escucharlo nuevamente de su boca era confuso ¿qué sentía por él? ¿quería o no ser su mujer? ¿podía olvidar todo lo que él le había hecho? —deberías vestir así más seguido.
—Ah —soltó blanqueando los ojos—¿me veo mal con pantalones o faldas cortas? —preguntó con ironía—creí que me veía bien, ya que me miras todo el tiempo.
—Aunque uses una tela sin forma, te verías bien —murmuró y cerró sus ojos, cansado. Era más sencillo para él reconocer su atractivo, que decirle lo que sentía, no escuchó respuesta por varios minutos y abrió los ojos para verla, la joven observaba el vacío, inexpresiva. Frunció el ceño, sabía que no reaccionaría igual que cuando era una adolescente, pero esperaba al menos ver un poco de rubor en sus mejillas. Suspiró y murmuró sin mirarla—¿usas anticonceptivos?
—¿Por qué preguntas ahora? —preguntó ella en respuesta y giró hacia él—es un poco tarde para tu preocupación. —Vegeta la miró serio, se sentó sin dejar de mirarla y la joven le frunció el ceño, conocía esa faceta de él, estaba segura que le saldría con algún comentario que le haría enojar—¿qué estás pensando?
—Deja de usarlos —Bulma frunció el ceño al punto que sus cejas parecían casi tocarse y él se apresuró en explicar—necesito que te embaraces.
—¿Estás…tú…? ¿qué mierda? —terminó diciendo, no comprendía su petición absurda, tenía muchos motivos para negarse e incluso, él tenía muchos motivos para evitar que eso pasara—¿estás loco? ¿cómo se te ocurre esa estupidez? No podemos tener un hijo —dijo abriendo los ojos y alzando las cejas, intentando darles énfasis a sus palabras—no dejaré de usar anticonceptivos.
—Es lo único que se me ocurrió —dijo calmado, tratando de no centrarse en el rechazo de la princesa. Sabía que no estaría de acuerdo, pero no pensó que reaccionaría así—nuestro hijo ya tiene 4 años, hace meses que ya no te necesita. Ya no puedo seguir justificando tu presencia en el palacio o en Vegetasei —Bulma se congeló al oírlo, tragó con disimulo, comprendía sus palabras y a dónde quería llegar, y la idea de alejarse de su hijo le rompía el alma—no se me ocurre otra opción para que te quedes.
—Puedo trabajar en el laboratorio, mejorar su tecnología —se apresuró en decir, con el nudo en la garganta. No pensó en el momento en que el rey no quería que se fuera, que intentaba ayudarla de alguna manera-en la que él también salía ganando-lo único que se llevó su atención, fue la idea de separarse de Trunks. —Tenemos más opciones.
—No corresponde que trabajes en el castillo. Eres la madre del heredero al trono —dijo con el ceño fruncido—piénsalo, no te obligaré a parir un hijo mío.
—No puedo quedar embarazada de ti otra vez —respondió molesta y Vegeta frunció el ceño al escucharla, respiró profundamente, aun olía a sexo el dormitorio, pero no le molestaba si era por ellos—no soy tu mujer, nuestro hijo sería un bastardo ¿estás bien con eso? —Vegeta alzó ambas cejas al oírla, resopló y desvío la mirada. Se le había ocurrido esa opción al verla con Nate, pensó que, al embarazarla nuevamente, su relación sería incuestionable y tal como le había explicado, era la excusa perfecta para que no se marchara. No pensó en las consecuencias reales, los celos le dieron ideas tontas «todavía hay una manera» pensó, miró de soslayo a la joven que, seria observaba su rostro, podía someterse al escrutinio por ella, soportar comentarios de pasillos e incluso reproches del consejo, todo con tal de hacerla su reina y que ella no volviera a irse de su lado, pero ¿y ella? ¿ella estaba dispuesta a todo como él con tal de estar juntos? —No dejaré de usar anticonceptivos. No tengo problemas en trabajar para ti, piénsalo. —Dijo y se bajó de la cama, sin mirarlo—me debes un vestido.
Vegeta la siguió con la mirada hacia el sanitario, derrotado observó la puerta cerrarse. Ella no necesitaba decirle a la cara las cosas, sus actos hablaban por sí solos, él estaba dispuesto a todo por ella, y Bulma nunca le mostró señales de querer ser reina o al menos estar con él porque sentía lo mismo. Se sentía deprimido por su rechazo indirecto, tenía un nudo en la garganta difícil de tragar ¿qué más debía hacer para llegar a ella? a menudo pensaba en decirle que la amaba, pero su respuesta le había dicho demasiado, ella no quería tener ningún otro vínculo con él. Lo que no le decía lo lastimaba más que sus palabras.
(…)
Bulma no dejaba de reír mientras miraba a su hijo serio, con el ceño arrugado, imitando las posiciones que Gohan le explicaba. El hijo de Chi-chi estaba ayudando al príncipe hace un par de semanas en su entrenamiento, el medio saiyajin había crecido bastante desde la última vez que lo había visto, su cabello lo usaba un poco largo, parecía llevar una coleta baja, cuando esa era la forma natural de su pelo. El niño ya tenía 7 años, su carácter era calmado para ser medio saiyajin, sin embargo, tenía la mejor puntuación en su ficha de registro de su generación, y al ser hijo de la mano del rey, lo habían considerado para ayudar al príncipe heredero, además, ambos compartían la misma singularidad, eran mitad saiyajin y mitad humano.
Le gustaba presenciar los entrenamientos de su hijo, le distraían de sus pensamientos y problemas. Una semana y media había pasado desde la fiesta de cumpleaños de Trunks, una semana y media desde que Vegeta le había pedido que tuvieran otro hijo, para que no se fuera del planeta. No se lo había vuelto a mencionar, pero ella no dejaba de pensar en ello. Su postura estaba clara, no quería tener más hijos y menos con él, no quería seguir atada al rey, pero estaba Trunks y la posibilidad de verlo crecer, ser partícipe de su crianza y acompañarlo, entonces la idea se volvía tentadora ¿era capaz de sacrificar sus deseos por su hijo? Sí, lo era, pero no de esa forma, un hijo era un compromiso para toda la vida, no era algo fácil de decidir, y como le había dicho al rey, no estaba dispuesta a traer un niño al mundo a sufrir por ser un bastardo. Suspiró cansada y relamió su labio inferior, se sentía inquieta con tanto en la mente.
—Bulma —levantó la mirada hacia la entrada, encontrándose con la mano del rey observándola serio. La joven lo miró confundida, Kakarotto casi no le dirigía la palabra, incómoda iba a voltear hacia los niños, pero la voz del saiyajin le distrajo—llegó un mensaje para ti, porque dejaste tu comunicador en tu dormitorio, o en el del rey —Bulma mantuvo su máscara de indiferencia cuando le oyó, le pareció sentir su sarcasmo y no tenía ánimos de soportarlo tan temprano.
—¿Qué dice? —la mano del rey se acercó y le entregó la tableta digital, Bulma blanqueó los ojos por su actitud, claro, él no era su mensajero, no trabajaba para ella. Recibió el aparato sin agradecerle y leyó el contenido, pero su pulso se volvió lento a medida que avanzaba la lectura, su vientre se tensó y sus labios se entreabrieron al terminar de leer. Laurel, que la acompañaba desde que los niños habían iniciado el entrenamiento, se acercó al verla pálida.
—¿Qué ocurre? —preguntó con el ceño fruncido, levantó la mirada hasta la mano del rey, notando su semblante serio, pero compasivo, que miraba a la joven que no apartaba la mirada de la pantalla—¿qué pasó?
—E-es mi padre —susurró al borde del llanto—está muriéndose. —Levantó la mirada hacia Laurel y sin pensarlo, soltó la pantalla en sus manos, cayendo abruptamente al azulejo, quebrándose, pero ninguno dijo nada. Laurel tocó su brazo intentando calmarla, pero la joven se abrazó fuerte a ella, sorprendiéndola. Acarició su espalda, y la escuchó sollozar—necesito irme —dijo y se separó de ella a los segundos. Miró a su hijo y susurró—tenemos que irnos. —Dijo, y tragó con dificultad, sintiendo las lágrimas deslizarse con suavidad por sus mejillas—¿Dónde está Vegeta? —Kakarotto agachó la mirada y asintió hacia ella, dándose la vuelta para que le siguiera. Todos en la sala de entrenamiento sabían que el rey no dejaría que sacara al príncipe del planeta, pero la mano del rey sabía que tampoco la dejaría salir a ella.
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N/A: Me cuesta creer que ya llegué a estas instancias, porque el próximo cap es el último de la primera parte (la segunda parte será dentro del mismo fic, no se alarmen) el cap 19 es el decisivo x-x
Cuando Trunks hace callar a Bulma, lo que hizo fue el típico "sssshhhhh" xD la lechuza, la lechuza, hace sssh hace sshhh (8) xD debo reconocer, que lo de Trunks sorprendiéndolos teniendo sexo se me ocurrió después del resumen, y la escena de ellos durmiendo juntos también, me tenté a escribirlo y bueno, me pasé poh. Nate aparece en el cap 5, es el canciller que le habló y felicitó a Vegeta en el comité :B
Respecto a la relación tóxica de este par, es contradictoria por donde la miren. Ambos están cegados con sus errores, con los fantasmas del pasado, ven lo que quieren ver, y terminan manteniendo una "relación" que en cualquier momento estallará, ambos evitan las confrontaciones y con ello, decir lo que piensan y eso nunca trae nada bueno.
Y bueno, muchas sospecharon que algo pasaba en la tierra por como actuaba la mamá de Bulma y sí, no se equivocaban.
Espero que el cap, y el avance de la historia les guste, o al menos que se entienda. Amo mucho este fic, lo hago con amor u,u, cuéntenme qué les pareció :B sus teorías o no sé, lo que quieran, por ahora no puedo responder rw porque no tengo net en el note, pero apenas pueda, lo haré.
Muchas gracias por leer, y dejar rw, en serio lo aprecio y me motiva un montón. Las dejo invitadas a leer INSANO y BLACK RABBIT, ambos fic bastante opuestos xD pero si les gustó GTC y EDM, estos les gustarán. Que estén todas muy bien, física, emocional y mentalmente, que la situación global es delicada y es fácil desanimarse, mucho ánimo para todas!
Nos leemos!
