Yo te poseo sin tocar nada
Y sin hablar te anuncio
voy a desnudarte
voy a estrecharte
contra la pared
oleré tu cuerpo
mojaré tu pelo
con suavidad
Estoy entrando en tu cuerpo ¿sientes?
Hasta morder tu corazón.
"Con suavidad", Los prisioneros.
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Capítulo 21
Reencuentro
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Sabía que debía esperar a que Vegeta le confirmara el día en que su hijo viajaría, pero no podía evitar sentirse ansiosa e ilusionada, por lo que apenas se despertó esa mañana, comenzó a anotar todo lo que debía gestionar para que su bebé-seguía sintiéndolo como tal-se sintiera cómodo y disfrutara su estadía. Estaba aún acostada, con camisola y apenas se había lavado la cara, mientras escribía entusiasmada diferentes panoramas que, a su parecer, podían ser interesantes para su hijo de 10 años.
Evitaba pensar en lo quebrada que estaba la relación con su hijo, le hacía mal. Cada vez que intentaba hablarle y Trunks la ignoraba sin disimulo, su ánimo de toda la semana caía abruptamente y se encontraba a menudo llorando cuando estaba sola. No entendía qué había cambiado tanto, hace un par de años que la situación se había vuelto insostenible, su pequeño y único hijo había dejado de emocionarse por querer visitarla, y lo peor era que ni siquiera quería hablar con ella. Al principio pensaba que se debía a que efectivamente tenía una vida con responsabilidades incompatibles con su horario, sin embargo, si fuera de ese modo, perfectamente podían hablarlo y buscar soluciones, ella era capaz de hablarle a cualquier hora, hacerse el espacio de donde fuese en su agenda laboral para poder verlo y conversar, pero Trunks no tenía esa misma disposición. Y justamente ese era el problema, de disposición. Su hijo no la tenía, al menos no para ella.
Había platicado la situación con Tarble e incluso con Vegeta, buscando los motivos para aquel desplante, ninguno tenía una respuesta clara, y no sabía si se debía a que realmente no tenían idea de qué pasaba con su hijo o no querían ser honestos y lo que Trunks sentía por ella, o más bien lo que no sentía, era más complicado de lo que parecía. Tal vez lo hacían con buenas intenciones, para no preocuparla o herirla, sin embargo, la incertidumbre había durado demasiado tiempo y la indiferencia de Trunks le dolía, tuviera o no motivos.
Algo le pasaba, algo había cambiado profundamente a su cariñoso hijo y necesitaba saber qué era para poder corregirlo, pedir disculpas si era necesario y conseguir que nuevamente fueran cercanos. No sabía bien como comenzar, ni cómo tratar con su hijo para saber qué le pasaba, pero debía intentarlo, lo necesitaba, ambos. No era sano que Trunks la alejara de su vida, quizá no dependía de ella como cuando era un bebé, pero era su madre y debía estar presente en su mundo. No se sentía como la mejor madre del mundo, pero tampoco lo había hecho fatal a su parecer, por lo que no encontraba motivos como para que tuvieran que distanciarse, o para que su hijo la quisiera lejos de su vida.
Suspiró con pesadez, giró para ver la hora en su reloj de mesa, faltaba poco para desayunar, estiró sus brazos hacia el cielo artificial de su habitación y bostezó ruidosamente, pero su estiramiento se vio interrumpido cuando su comunicador personal sonó de forma reiterativa. Se puso de pie con rapidez, seguramente era Vegeta quien le confirmaría la hora y el día en que su hijo viajaría. Arreglo su cabello a medida que avanzaba, se refregó los dedos por los lagrimales intentando verse un poco más presentable, era su vanidad la que le hacía actuar de ese modo sin siquiera pensarlo detenidamente. Es que, aunque se conocían demasiado, no dejaría que él ni nadie la viera desaliñada.
Tomó el aparato con urgencia y presionó la tecla para contestar la videollamada, pasaron un par de segundos en que los pixeles de la pantalla en negro se fueron iluminando de a poco hasta definirse por completo, mostrando a su serio hijo. La joven madre alzó ambas cejas al verlo, la sorpresa dominó sus rasgos por un instante, una sonrisa automática se formó en sus labios, iba a saludarlo cuando pensó en el motivo de su llamada. El pánico le estremeció la espina dorsal, recorriendo todo su sistema hasta instalarse en su vientre, volviéndolo pesado, y solo por pensar en que su hijo la rechazaría, que la llamaba para deshacer lo que el rey había afirmado la noche anterior.
—Cariño… —saludó confundida, pero amorosa—no esperaba que me llamaras ¿está todo bien? —preguntó nerviosa. Su hijo desvió la mirada, lo vio serio y seguro de sí mismo, pero algo le inquietaba, podía notarlo incluso desde la remota y fría pantalla. A pesar de que sentía que no lo conocía como antes, aun podía reconocer ciertos destellos del niño adorable que compartía sus temores y alegrías, como madre lo veía.
—Sí —asintió y volvió a mirarla—lamento lo de ayer, tenía hambre y quería ir a comer pronto.
—Descuida —sonrió—sé que las horas de las comidas son sagradas para los saiyajin —soltó una carcajada, pero guardó silencio a los segundos después al ver que no consiguió sacarle una sonrisa a su hijo. Carraspeó la garganta, un poco nerviosa y murmuró insegura—¿pasó algo?... ¿no podrás venir? —se atrevió a preguntar, aunque temía la respuesta. Trunks soltó un suspiro breve y levantó la barbilla, aumentando la distancia entre ambos con ese simple gesto.
—De eso quería hablarte —Bulma tragó saliva y asintió, expectante a sus palabras. Por un momento pensó que estaba en una especie de entrevista o interrogatorio, que la cuestionaba un importante policía o juez, no su hijo de 10 años. Era tan profunda la zanja que había entre ellos, que no sentía confianza ni cercanía con el menor, y aquello la sumergía en una tristeza difícil de soportar. Borró ese pensamiento casi al instante, respiró profundamente y le observó atenta, intentando no distraerse en sus gestos no acordes para su tierna edad. —Papá me comentó que debo ir a la tierra, pero no quiero ir.
—Oh… —soltó con pocas fuerzas. Volvió a tragar, esta vez le fue difícil, como si su garganta se hubiera cerrado y secado de pronto, desvió la mirada hasta la superficie del mueble, sonrió nerviosa y sin mirarlo, respondió—¿estás molesto conmigo? —preguntó apenas audible, levantó la mirada e insistió—¿pasó algo la última vez que viniste, que ya no quieres volver?
—No —respondió rápidamente el menor, y Bulma no sabía que pregunta había contestado—no quiero postergar mis actividades de príncipe heredero, solo es eso. —Se encogió de hombros, como si su indiferencia no le hiriera—. Pero papá insiste en que viaje.
—Trunks… —debía decirlo, explicarle que no estaba obligándolo a verla, que no quería que fuese de ese modo, pero su egoísmo no la dejaba hablar, quería verlo, moría de ganas de abrazarlo y olfatear su cabello suave, y si Vegeta podía conseguir que viajara para poder darle, aunque fuera un abrazo y un beso, y luego marcharse, lo aceptaría.
—Pero… —comenzó diciendo el niño, captando su atención—si mi padre me acompañara, mis actividades no se verían tan entorpecidas, pues él podría seguir asesorándome, claro, en la tierra. —Dijo eso último de mala gana.
—¿Crees que Vegeta pueda viajar? —preguntó pensativa—siempre tiene mucho trabajo, rara vez puede salir de Vegetasei. —Trunks sonrió, no fue una sonrisa amable, tampoco cortés, pero fue agradable de ver para su madre.
—Sí —dijo—si es para verte, se hará un espacio. —Bulma alzó ambas cejas al oírlo y sin darse cuenta, su rostro enrojeció, el calor la abrumó por uno segundos y desvió la mirada incómoda.
—Bueno, sí puede hacerse el tiempo, no hay ningún problema en que venga, siempre será bienvenido —murmuró pensativa, entonces una idea que a su parecer era brillante, cruzó por su cabeza—. Podrían traer a Kyabe y a Ery —dijo entusiasmada—dile a Vegeta que los invité, por favor ¡mientras más seamos, mejor!
—Ah… —respondió desanimado al pensar en viajar con su prima y el molesto de Kyabe—le comentaré —dijo—bien, te dejo. Nos vemos —se despidió, Bulma no alcanzó a responder cuando la llamada se cortó.
Frunció el ceño ante la pantalla en negro, algo incómoda. No le gustaba esas actitudes de su hijo, debía hablarlo con él, pero lo haría cuando estuviera con ella en el palacio. Sonrió al pensarlo. Se levantó más animada, pensando que pronto el castillo se llenaría de risitas infantiles y la idea le gustaba. Que los niños compartieran en un ambiente relajado y divertido, lejos de sus quehaceres de príncipes, les haría bien, tanto para que se entretuvieran como para que sus relaciones mejoraran. Sabía que Trunks no se llevaba bien con ninguno, y creía que los tres tenían demasiada responsabilidad para ser tan pequeños, se merecían un descanso y días de entretención, se esmeraría para que así fuese.
Después de darse un baño y vestirse, bajó al primer piso. Caminó animada hasta el comedor, hace días que no se sentía de ese modo. El solo pensar que vería a su hijo le alegraba. Lo mejor era que estaban ya en verano, por lo que las actividades que le podía ofrecer a los niños eran mayores. Sonrió para sí misma, no podía dejar de hacerlo, quería que pasaran pronto los días para poder tener entre sus brazos a su pequeño.
—Te ves animada —oyó detrás de sí, volteó hacia atrás mirando hacia abajo, para poder ver al ex patrullero caminar con cansancio, demasiado para ser tan temprano—hace días que no te veías así.
—¡Trunks vendrá! —respondió en un chillido que le hizo arrugar el ceño al rey de la tierra—Vegeta me lo prometió anoche, y hoy en la mañana me lo confirmó Trunks, claro, aun no sé qué día específicamente, pero ¡vendrá!
—Oh —soltó, asimilando la información—eso es bueno, hace años que el enano no se digna a venir. Así que… el rey Vegeta te lo prometió ¿eh? —dijo sonriéndole con picardía, Bulma le frunció el ceño y continuó caminando, ignorando su insinuación—hablas seguido con él ¿pasó algo que debamos saber?
—Tenemos un hijo en común, es normal que hable seguido con él —respondió con rapidez—vendrá con Trunks.
—¡Viene el rey Vegeta! —exclamó en la entrada del comedor, llamando la atención de los guardias que no alcanzaron a reverenciarlos ni darles los buenos días. —¿P-por qué? no es necesario que venga…
—Trunks se siente cómodo con su padre —respondió sin mirarlo—quiere que lo acompañe, y no tengo ningún problema en que venga.
—¿Segura? —preguntó bajando la voz mientras caminaban hacia la mesa—después de todo lo que pasó entre ustedes, ¿estás bien con verlo en persona? Las videollamadas son muy distintas a enfrentarlo cara a cara. —Bulma guardó silencio unos segundos, que se hicieron bastante largos para el curioso rey morado.
—Estamos bien —respondió—todo está solucionado entre nosotros, lo único que nos importa es el bienestar de Trunks.
—Vaya… la terapia ha funcionado —murmuró asintiendo para sí mismo, Bulma frunció el ceño al oírlo hablar con tanta liviandad de algo que para ella había sido todo un desafío—no fue una pérdida de dinero, después de todo.
—¿De qué te preocupas? No era tu dinero —respondió mirándolo irritada—métete en tus asuntos, eres un rey chismoso.
—¡No le hables así a su alteza real! —exclamó Tight desde su asiento a la cabecera de la mesa, Bulma soltó una fuerte carcajada ante la burla de su hermana, Jaco frunció el ceño y sonrojado se fue refunfuñando hasta su silla.
Bulma le siguió sin dejar de sonreír, se sentó en su puesto habitual, al lado del asiento vacío más cercano a la cabecera y se sirvió un poco de jugo natural de fresas, miró hacia la entrada cuando oyó pisadas ruidosas, las suelas de los tacones de su madre chocaban constante contra el azulejo. La princesa observó su semblante, la vio alegre, pero no como antes. Su madre había cambiado mucho desde la muerte de su padre, temía que no solo eso había influido en su cambio de actitud. Su alegría chillona había desaparecido, ya no se entrometía ni en su vida ni en la de Tight. No tenía dudas que era por el resultado de la última vez que se había involucrado en la vida de sus hijas, la suya para ser específica, que terminó con un juicio en el planeta Iuris y sin la tutela de su hijo. Su madre seguía culpándose, los momentos difíciles por los que había pasado en los últimos años la habían forzado a actuar más precavida y dejar que sus hijas tomaran sus propias decisiones.
—Buenos días —saludó la exreina al llegar a la mesa, se sentó en su puesto habitual al lado de la joven y la miró curiosa—¿por qué estás de tan buen humor? —Bulma alzó ambas cejas y sonrió al mismo tiempo que sus mejillas se sonrojaban por ser descubierta tan rápido.
—¿Tanto se me nota? —preguntó sin esperar respuesta, esperó que les sirvieran el té, la criada tardó unos cuantos minutos en hacerlo, justo a tiempo para que Raditz llegara a unírseles. El saiyajin asintió sin mirar a ninguno en particular, y se ubicó al lado de Jaco. A pesar de que era la pareja de la reina, aquello no era algo legal, por lo que prefería respetar la burocracia y dejar que el ex patrullero se sentara junto a la reina Tight. Una vez que la criada terminó de servirles el líquido caliente, se alejó de la mesa para dejarles comer. —Trunks vendrá.
—¡¿En serio?! —exclamó Tight—¡Qué bien! ¿Cuándo viene? —su noticia contagió de felicidad a todos en la mesa, su madre aplaudió un par de veces sin dejar de sonreír.
—Me confirmarán dentro del día ¡estoy tan emocionada! —tomó la oreja de su taza y la llevó hasta su boca, sopló con suavidad y bebió un pequeño sorbo, para dejar nuevamente la taza sobre el platillo—es muy probable que vengan Kyabe y Ery.
—¿Y eso? —preguntó Raditz, con el ceño arrugado, visiblemente confundido.
—Le dije que los invitara, como vendrá Vegeta, no creo que no les den permiso —se encogió de hombros, restándole importancia a lo que acababa de decir. Levantó la vista cuando el silencio se prolongó por más de 20 segundos, los rostros de su hermana y madre lucían confundidos, mientras que el saiyajin parecía estar al borde del pánico—¿qué?
—¿Vendrá el rey Vegeta? ¿por qué? —habló Raditz, le pareció percibir espanto en su voz. Bulma les dio un vistazo rápido a todos en la mesa, comprendía sus reacciones y confusión. Miró a Jaco, ahora sus palabras no le resultaban tan disparatadas, e incluso aquella preocupación parecía normal, que a pesar de que no sabían todo lo que había ocurrido, tenían información suficiente como para entender que el pasado que compartía con el rey saiyajin era, por lo menos, tormentoso.
—Trunks quiere que lo acompañe —explicó, y se concentró en su desayuno, intentando no dar más detalles. —¿Hay algún problema con que vengan?
—N-no, creo que no —respondió Tight—pero ¿tú estás bien con eso? —Bulma resopló cansada al oír su pregunta, dejó caer la cucharita sobre el platillo, resonando en las paredes del amplio comedor, nadie abrió la boca en los próximos minutos. No le molestaba la preocupación excesiva de su familia, lo que le incomodaba era saber que si Vegeta no venía, Trunks tampoco lo haría. No quería pensar en ello, ni siquiera darle vueltas, porque hacerlo era reconocer ante todos que la relación con su hijo estaba de mal en peor. Nadie lo había insinuado, sabía que sus preguntas estaban enfocadas en otro ámbito, pero su mente trabajaba rápido, y el tema sensible para ella era Trunks, esa era la relación que le preocupaba.
—¡Estoy excelentemente bien! No hay nada de qué preocuparse, así que dejen de preguntar, por favor —dijo, y apenas lo hizo, sintió que había sonado terriblemente mal. Contuvo el suspiro, levantó la vista y vio a Jaco y Raditz mirar nerviosos sus tazas, giró para ver a su madre y se encontró de frente con sus ojos azules, curiosos y expresivos, lucía tranquila, pero atenta—de verdad, estoy bien.
—No te preguntamos para molestarte —habló su madre, sonriéndole con dulzura—solo queremos que estés bien, y si lo estás, nosotros también.
—Sí, lo sé —asintió y tomó su taza, antes de darle un sorbo al té, habló—lo siento, pero estoy nerviosa. Y es por Trunks —aclaró.
—Todo saldrá bien —dijo Tight—. Ordenaré que traigan más provisiones, recibiremos a muchos saiyajin después de todo. —Bulma asintió y tomó una rebanada de pan, aún tenía mucho que organizar para que la visita de su hijo fuera un éxito.
(…)
Trunks caminó rápido por los pasillos del palacio, quería ver a su padre temprano, en lo posible antes que nadie, para contarle lo que había hablado con su madre. No tenía ánimos de viajar pronto a la tierra, pero estaba ansioso pues confiaba en que su plan saldría bien. Entonces, sería su último viaje a la tierra y se olvidaría de su familia humana, por lo que valdría la pena hacer ese esfuerzo. Ya lo había imaginado, tenía todo trazado en su mente, lo único que necesitaba confirmar era qué pensaba su mamá sobre su padre. Tenía bastante claro que el rey seguía sintiendo algo por su madre, pero ¿y ella? Su semblante se ensombreció al preguntárselo. A menudo sintió curiosidad sobre el porqué sus padres se habían separado, pero nadie le daba una respuesta clara y concisa, y siempre que lo preguntaba, cada historia se contradecía con la anterior, mentían. Prefirió dejar de hacerlo.
En su cabecita infantil, no había motivos para que su madre no quisiera estar con su padre, el rey era un hombre fuerte, el más poderoso del que se tenía conocimiento, era influyente en la alta sociedad intergaláctica, su patrimonio era sobre 20 cifras, lideraba un imperio consolidado, su papá no tenía defectos ¿Cómo no iba a querer ser su reina? A su parecer, lo que sus padres necesitaban era tiempo a solas, y se encargaría de que eso fuese así.
Ignoró a los soldados que le reverenciaban al pasar, ni siquiera le regaló una mirada a modo de saludo, siempre era así, no podía perder tiempo en seres inferiores después de todo. A su espalda podía oír los pasos sigilosos de sus escoltas, que le seguían de cerca, ya se había acostumbrado a ello, sin embargo, estaba ansioso por deshacerse de ellos. Creía que podía cuidarse solo, era mucho más fuerte que varios saiyajin adultos, y se lo había planteado a su padre en muchas ocasiones, pero siempre tenía la misma respuesta: es muy pronto. Intentaba no enojarse, pero era difícil. Conocía sus rostros desde niño, sin embargo, no sabía sus nombres o historias de vida, y no le importaban, era extraño si lo pensaba a fondo, pero no relevante.
Cuando llegó al final de la escalera que daba a la tercera planta, pudo ver el pasillo que se extendía hacia el fondo de la infraestructura, no pasaron más de dos segundos cuando la puerta de los aposentos de su padre se abrió. Sonrió victorioso al ver al solemne rey salir de su dormitorio, el adulto ya se había dado cuenta de su presencia, por lo que no se mostró sorprendido al verlo. Trunks no esperó que caminara hacia él, trotó suave hasta llegar a su lado, mientras que el rey caminaba lentamente para alcanzarlo.
—Buenos días, padre —le saludó sonriéndole. Vegeta alzó una ceja al ver su humor, la noche anterior no había quedado muy feliz después de la "orden" de visitar a su madre, era imposible no sentir curiosidad por su cambiante estado de ánimo.
—Buenos días —respondió—estás de buen humor… ¿pasó algo? —preguntó al mismo tiempo que lo rodeó con su brazo derecho hasta apoyar su mano en su hombro, apegándolo un poco a su cuerpo, sin importarle que los escoltas del príncipe presenciaran aquel gesto.
Trunks por su parte, tampoco le incomodó o avergonzó. Estaba acostumbrado a esa cercanía con su padre, y le gustaba que fuera de ese modo, solo con él y con el enano de Kyabe, se comportaba así, pero con él era incluso más afectuoso, al menos cuando estaban solos, la relación que tenían era mucho más especial. Nunca lo había preguntado, pero su teoría tenía que ver con su genialidad, era un hijo prodigo después de todo.
—Hablé con mamá —dijo sin dejar de sonreír, y a la vez, captando cualquier gesto de su padre que delatase lo que pensaba o sentía. Lo vio sorprendido por unos segundos, desvió su mirada hacia el frente, lo notó nervioso, pero buscaba esconderlo, su sonrisa se amplió aún más. —Está muy feliz porque irás a verla. —El rey volteó rápido a verlo, y el príncipe tuvo que hacer uso de sus mejores dotes actorales para no burlarse de su reacción. Sin embargo, la gracia quedó en segundo plano cuando notó el brillo ilusionado en sus ojos negros, por un momento, breve, se sintió culpable por manipular la información. Pero borró esos pensamientos, lo que estaba haciendo sería beneficioso para todos.
—¿F-feliz? ¿Te lo dijo? —murmuró sin esconder su asombro? —¿te dijo literalmente, que está feliz porque nos veremos?
—Sí —se apresuró en responder—muy ansiosa. Dijo que le avises pronto cuando nos marchamos.
—Ah… —su vientre se cargó de ilusiones, el retorcijo de sus tripas le alertó que estaba al borde de un colapso nervioso, y solo por pensar en que ella estaba feliz-al igual que él-porque por fin, después de tantos años, se verían las caras, emborracharse con su aroma y sentir el calor de su piel. Su corazón latió deprisa, el calor se fue apoderando de cada rincón de su cuerpo, y la voz de su hijo quedó en segundo plano.
—¡Papá! —levantó la voz, después de llamarlo un par de veces sin ser escuchado. El rey giró bruscamente hacia él, algo pensativo—¿estás bien? —preguntó, el saiyajin se apresuró en asentir y mirar hacia el frente a tiempo para bajar por la larga escalera—no escuchaste nada de lo que te dije ¿verdad?
—Lo siento —reconoció—me distraje ¿qué me decías?
—Mamá dijo que podíamos llevar a Kyabe y a Ery con nosotros, pero no creo que puedan ir —dijo restándole importancia—Ery es muy apegada a la tía Laurel y Kyabe… Riander no lo dejará ir.
—Le preguntaré a los padres de Ery —dijo pensativo—Kyabe irá —aseguró, perdiéndose el desagrado que pintó los gestos del príncipe—les hará bien un pequeño descanso.
Trunks no respondió, en parte porque no estaba de acuerdo en que fueran los mocosos y a la vez, no consideraba oportuno eso de los "descansos", no le veía lo provechoso. Pero lo que captó toda su atención fue imaginar qué diría Riander cuando su padre le informara que irían todos a la tierra, incluyéndolo. Sonrió malicioso al pensarlo, estaba seguro de que explotaría en cólera solo porque sus padres volverían a verse.
(…)
Las pisadas que daba la reina resonaban en todo el pasillo, Vegeta sabía que estaba furiosa, no era necesario que lo demostrara. Caminaba un par de metros delante de ella, estaban en un espacio público, un pasadizo de la primera planta donde transitaban desde príncipes hasta criados sin distinción, y ni así Riander se moderaba. Le parecía una estupidez de su parte por muchas razones, no era una reina primeriza, como prioridad, debía mantener la compostura ante toda situación sobre todo si tenían testigos. Años atrás habría entendido su reacción, pero no ahora después de todo el tiempo que llevaban juntos reinando. Intentó no resoplar, no demostrar lo irritado que se sentía por su culpa, contuvo las ganas de detenerse, voltearse y llamarle la atención.
Su comunicador sonó desviando su atención, lo tomó sin detener el paso y revisó rápidamente. Relamió su labio inferior al ver el remitente, leyó el mensaje de Bulma con atención, tal como le había dicho su hijo esa mañana, ella esperaba por la confirmación del viaje. Si hubiera estado solo, la habría llamado, pero como tenía a una rabiosa Riander siguiéndole de cerca, prefirió contestar su mensaje con una breve respuesta, indicándole la hora y el día en que irían.
—¿Es ella? —escuchó. Rodó los ojos y asintió sin mirarla—. Sé que no puedo hacerte cambiar de opinión, pero mi hijo se queda aquí. —Dijo con el ceño fruncido, observando su perfil. El rey no respondió enseguida, continuó caminando y murmuró sin mirarla.
—La última palabra es mía —dijo en un tono severo—y mis dos hijos irán conmigo a la tierra, no te estoy preguntando. Solo te lo estoy informando ¿queda claro? —volteó por unos segundos para mirarla, y hacer énfasis en sus palabras con su fría expresión. El rostro de Riander enrojeció, por rabia o frustración, o ambas, estaba seguro de que comprendía que lo mejor era que guardara silencio, pero la tozudez de la saiyajin cuando se trataba de Bulma, la nublaba.
—¡No puedo sentirme segura con mi hijo en la tierra! —exclamó perdiendo la paciencia—. Ella podría estar planeando algo… —susurró con angustia. El rey detuvo su paso y volteó a verla de frente, ella le imitó, se quedaron observando unos segundos, él serio y ella con actitud defensiva. —Podría estar planeando algo en contra de Kyabe.
—Sí —asintió inexpresivo—está planeando algo —Riander alzó ambas cejas al oírlo, mirándolo con sorpresa y visiblemente confundida—. Planea que nuestros hijos compartan como hermanos que son, busca que se lleven bien, no como tú. Que lo único que hace es distanciarlos y entorpecer mi crianza.
—P-pero.
—Pero nada —le interrumpió levantando la mano para detenerla—no quiero escuchar tus tontas teorías conspirativas. Kyabe irá conmigo, te guste o no. No quiero oír nada más de ti. —La vio fruncir el ceño y los labios, a punto de estallar, lo sabía, sin embargo, consideró que era el momento para dejar todo claro. Se inclinó un poco más hacia ella, haciendo que la distancia fuera mínima y así, nadie escuchara lo que discutían—. Es la última vez, Riander, que te prestaré oído para estas estupideces, deja de armar polémica donde no la hay. Y no solo me refiero a esto.
No pudo responder, el rey le dio una mirada fría y continuó su camino. Contuvo el suspiro cargado de derrota, aunque le repitiera una y otra vez que no tenía que preocuparse por su título, no podía estar tranquila, menos sabiendo que vería a la princesa y encima, ni siquiera estaría allí para fiscalizar la situación para decidir si debía intervenir o no. Frunció el ceño, giró sobre su talón para regresar a su oficina cuando se topó de frente con el príncipe heredero, no alcanzó a pensar en algún comentario malintencionado, el niño le medio sonrió y continuó caminando, seguro de sí mismo, arrogante como su padre. Y ella se quedó allí, de pie, mordiéndose el labio inferior, conteniendo las ganas de alcanzar al crío y golpear su rostro y así borrar su sonrisa burlesca.
(…)
La emoción hacía que su pecho palpitara con fuerzas, como cuando entrenaba y temía por su vida al recibir los golpes violentos de su hermano, sin embargo, la ansiedad de ahora era por algo bueno. Evitaba sonreír mucho, el príncipe Vegeta le había dicho en más de una oportunidad que lucía estúpido cuando lo hacía, por lo que intentaba controlarlo. Miró de soslayo a Ery, quien lucía en calma como siempre, cerca de su madre, esperando que le dieran la orden para subir a la nave. Se acercó un par de pasos y en un susurro, le habló.
—Estoy muy emocionado por conocer la tierra ¿y tú? —preguntó sonriéndole. La princesa parpadeó lentamente sin mirarlo, pasaron unos segundos lentos hasta que obtuvo una respuesta de la saiyajin, que solo se encogió de hombros—ah…—asintió desviando la mirada, un poco nervioso. Era difícil sacarle las palabras a su prima, sin embargo, era la única compañía que tenía de su edad, y que tenía permitido de relacionarse. Su madre era estricta en muchos aspectos, su entorno social era uno de esos ámbitos. Pero con la inexpresividad de Ery, más el desprecio de su hermano mayor, a menudo se sentía solo. Y se aburría. La reina no tenía tiempo para él, su educación estaba a cargo de tutores, su entrenamiento de su hermano mayor y padre, sus pocos tiempos libres no eran muy agradables. Pero sería diferente esta vez, pensó con optimismo. Había oído de su padre que el viaje a la tierra para ver a la madre de su hermano sería un tiempo de descanso, algo así como vacaciones, nunca había tenido y estaba ansioso por distraerse y porque no, divertirse.
Suspiró, intentando contener la impaciencia. Oyó pasos firmes ingresar a la zona de despegue, giró curioso y sonrió ampliamente al ver a su padre caminar hacia la nave junto a su hermano mayor. Se fijó en las facciones del príncipe heredero, esperando verlo alegre porque por fin vería a su madre, sin embargo, parecía más irritado que de costumbre. Detrás de su padre, su madre caminaba a un par de metros de distancia y por un momento el pánico se apoderó de su pequeño cuerpecito al pensar que ella también iría. Si su madre los acompañaba, podía decirle adiós a su pequeño plan de vacaciones, la reina le prohibiría compartir con los humanos y divertirse. Miró angustiado a su madre, luego a su padre, ambos aparentaban seriedad, pero más de lo usual. Algo no andaba bien, pero no conseguía entender qué.
—¿Está todo listo? —preguntó el rey al llegar junto a su hijo menor, mirando a Laurel.
—Sí, alteza —asintió la madre de Ery—todo está dentro de la nave.
—Tarble me comentó que también quieres ir —dijo el monarca y la saiyajin se quedó callada, un poco avergonzada por ser descubierta—. No hay problemas en que vayas, estoy seguro de que Bulma estará feliz de verte. —Las cejas de la saiyajin se alzaron por la sorpresa ¿era el mismo rey que la había echado de la habitación de la princesa hace tantos años atrás? No, el saiyajin que tenía en frente había cambiado demasiado. Asintió entusiasta al oírlo.
—¡Qué bien Ery! —exclamó Kyabe mirando a su prima—. La tía Laurel podrá acompañarte. —La princesa saiyajin asintió una vez a sus palabras, iba a comentarle algo cuando la mano de la reina se posó en su pequeño hombro. Volteó curioso hacia su madre, ella no le observaba, parecía mirar la nave con aparente desinterés.
—Subamos —ordenó el rey. Kyabe iba a avanzar, pero la mano en su hombro se lo impidió, volvió a voltear para ver a su madre, ésta se agachó a su altura y con una máscara inexpresiva, murmuró seria.
—No pierdas de vista a tu padre —dijo mirándolo a los ojos, el niño frunció el entrecejo, confundido—no te despegues de su lado, todo lo que haga o diga, me lo dirás ¿entendiste? —el príncipe tragó saliva, incómodo con su actitud, miró de soslayo a su padre que ya estaba en la rampa camino a la nave—. Mírame —le ordenó, el pequeño príncipe volteó rápido hacia ella, encontrándose con sus ojos negros fijos en él—¿entendiste?
—S-sí —asintió, aun confundido—ya me debo ir…
—Atento a tu comunicador, te estaré hablando regularmente —Kyabe asintió y esperó a que se despidiera, alguna palabra amorosa o inspiradora de madre e hijo, sin embargo, la reina solo soltó su hombro y le dio la espalda, caminando hacia la salida de la zona de despegue. El príncipe mordió su mejilla interna ¿qué estaba esperando? Su madre no tenía actitudes cercanas o amorosas con él, ni con nadie, hasta su abuela era más afectuosa que ella. Volteó hacia la nave y corrió rápido para alcanzar a su padre, pero no fue necesario, pues el rey se quedó a mitad de la rampa para esperarlo. Una vez que llegó a su lado, sintió la mano de él posarse con suavidad, pero firme, sobre su espalda para guiarlo hacia el interior de la máquina, como si pudiera perderse en el trayecto. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, cada contacto con su progenitor lo llenaba de paz, suponía que a su hermano le pasaba igual, y por eso era tan posesivo con el rey. Pero él creía firmemente que el afecto de su padre era suficiente para ambos, que no había necesidad de competir. Deseaba en el fondo de su corazón que el príncipe Vegeta se diera cuenta en algún momento, y con el tiempo, podían llegar a actuar como hermanos, como lo hacían el tío Tarble y su papá.
(…)
Si hubiera tenido un espejo frente a ella, habría notado lo mucho que abrió los ojos cuando vio a su hijo asomarse por la puerta de la nave. Su corazón latió deprisa, su pulso estaba por desbordarse, sentía que su pecho no sería capaz de contener a su corazón tan lleno de dicha. Se alejó de su familia para apresurar el encuentro con el menor, sin darse cuenta comenzó a caminar cada vez más rápido. Recordó todo el tiempo que había pasado sin verlo, sin poder mimarlo y escuchar su voz, la necesidad de aprovechar cada segundo en que el niño estaría en la tierra se le hizo insoportable.
Cuando el príncipe llegó a suelo firme, su madre ya estaba a los pies de la rampa con los brazos abiertos para envolverlo en un cálido abrazo. No pudo escaparse de su atención, los delgados brazos de la princesa lo rodearon con ternura firme, ella se inclinó para poder llegar a su altura, sentía su aliento chocar en su oreja, la oía balbucear, pero no le entendía, parecía tartamudear. Se quedó congelado en su sitio, sus ojos celestes miraban hacia arriba por la posición en que lo tenía su madre, observó fijamente el cielo despejado, un celeste un poco más intenso que sus ojos, y de pronto, el abrazo de su mamá no le molestó tanto. No recordaba lo tranquilizante que podía ser, y no sabía si se sentía de ese modo por la vista del cielo o por el amor de ella. Seguidillas de pasos se hicieron oír en el metal de la rampa, y la desesperación recorrió su menudo cuerpo, intentó zafarse de sus brazos, sin aplicar fuerza para no dañarla en el intento, pero no fue suficiente, su madre simplemente no lo soltó.
—Mamá… están viéndonos —le reprochó, entonces la escuchó olfatear un par de veces y lo comprendió. Ella había escondido su perfil en su cuello, no tardó en sentir como humedecía la tela de su traje. Abrió la boca para decirle que se calmara, que no hiciera una escena, sin embargo, nada salió de sus labios. Se quedó mudo, sin saber qué decir o hacer. La fragilidad emocional de su madre lo consumió por completo.
—¡Estás tan alto! Y hermoso —escuchó Trunks, levantó la vista y vio a su abuela caminar hacia él—¡No sabes lo felices que estamos por tenerte aquí! —exclamó llegando a su lado— ¡Bulma, suéltalo! Nosotras también queremos abrazarlo —reprochó la antigua reina. La princesa se carcajeó al oírla y lo soltó lentamente, como si no quisiera alejarse de él. Trunks observó de soslayo como se limpiaba las mejillas y los ojos, intentando borrar su llanto. —¡Mi niño bello! Te extrañamos tanto… —dijo y fue el turno de su abuela para abrazarlo.
Bulma sonrió ante la escena, volteó hacia la rampa para ver al grupo de saiyajin silenciosos a unos metros de distancia, queriendo no interrumpir. La joven se acercó rápido a ellos, sin dejar de sonreírles, observó a cada uno y antes de poder sorprenderse por lo grande que estaban los niños, o por la presencia de Laurel, sus ojos zafiro se quedaron fijos en los ojos negros de Vegeta. Su pecho se encogió, y por un segundo olvidó respirar, pero rápidamente recuperó la compostura, calmándose, repitiéndose mentalmente que no actuara como una tonta adolescente. Al llegar junto al rey, iba directo a sus brazos para saludarlo, se reprendió rápido para no hacerlo y en cambio, estiró su mano derecha.
Él no tardó en corresponder a su saludo, sin embargo, alcanzó a vislumbrar la decepción en sus ojos. Ella también se sentía así, después de tantos años sin verse, aunque su relación había terminado, era difícil e incómodo actuar como si fueran un par de conocidos sin un pasado en común. Le costaba trabajo relacionarse como si fueran amigos, porque no lo eran, tampoco una pareja, y no se llevaban mal, estaba todo hablado entre ellos ¿entonces? ¿para él era igual de extraño? Contuvo el suspiro, le sonrió después de unos segundos, intentando mostrarse amigable como en las videollamadas.
—Muchas gracias —empezó diciendo, el rey la miró confundido—por venir. Por hacer que Trunks viniera, gracias —le explicó.
—Descuida —dijo y a ella le costó trabajo controlar el espasmo que recorrió su espinazo al oír su voz grave, no se oía igual por medio de las llamadas. Bulma soltó su mano y miró hacia abajo, viendo a un tímido Kyabe detrás de Vegeta.
—Hola Kyabe —habló la joven y se agachó para poder verlo a la misma altura—soy Bulma, la mamá de Trunks. Te conocí cuando eras un bebé.
—H-hola —respondió el menor, sonriéndole avergonzado. La princesa le devolvió la sonrisa y se reincorporó para ver a Laurel. La saiyajin no alcanzó a hablar cuando la joven la abrazó a modo de saludo. Kyabe observó atento la situación, pero no porque su madre se lo hubiera ordenado antes, aquello ya lo había olvidado, sino que le sorprendía lo diferente que eran los humanos a los saiyajin, y porque su hermano, siendo mitad humano, no se parecía a ellos. Se afirmó de la capa de su padre y la tironeó para llamar su atención. El rey lo observó atento y Kyabe sin dejar de mirar la interacción entre ambas mujeres, habló—. La madre de mi hermano es muy bonita.
—Sí, mucho —respondió el rey. Kyabe levantó la vista hacia él al oírlo y por su mente infantil pasaron muchas preguntas, desde porque no estaba con ella y sí con su madre, hasta si él no era realmente hijo de la princesa Bulma, pues creía que su personalidad iba más acorde con la suya.
—¿Por qué mi hermano es tan diferente? —preguntó en un susurro solo para su padre—. La familia de la princesa Bulma se ve agradable, pero mi hermano…
El rey no respondió. Se quedó viendo como la princesa saludaba a su sobrina, y la pequeña saiyajin correspondía a su saludo, lo que llamó su atención. Ery normalmente no hablaba con cualquiera, pero comprendió rápido por qué su reacción. Recordaba que la joven pasaba en la sala de incubadora con Laurel, seguramente de forma inconsciente, la pequeña lo recordaba o se le hacía familiar su voz. Volteó a ver a su hijo, que estaba rodeado por las mujeres rubias que no paraban de hablar, notó la punta de su cola crispada y prefirió ir a socorrerlo.
—No sabía que venías —dijo Bulma mientras caminaban para reunirse con el resto—. Imagino que Tarble se quedó a cargo en Vegetasei y por eso no pudo venir.
—Sí —asintió Laurel—el rey siempre le deja a cargo, aunque a ya sabes quién no le guste —susurró bajito, la princesa no pudo contener la sonrisa al escucharla—¿Tú cómo estás?
—Bien, con mucho trabajo, pero dejé todo pausado mientras estén aquí ¿sabes cuánto piensan quedarse…? Vegeta no me dijo nada —Laurel negó encogiéndose de hombros—ya veo ¿es primera vez que vienen, verdad?
—Sí —respondió Ery. Ambas mujeres miraron a la pequeña que estaba atenta a la conversación, pero miraba hacia el frente, donde el heredero era rodeado por su padre, hermano y un par de mujeres rubias—. El príncipe luce más molesto que lo habitual.
—Y tú estás parlanchina —dijo Laurel, acarició su cabello con suavidad revolviéndole el cabello y miró hacia Bulma, con una sonrisa diminuta murmuró—creo que le gustó venir.
—Al menos alguien lo disfruta —susurró para sí misma.
Cuando llegaron donde su hijo, el niño estaba visiblemente irritado por responder las preguntas de su tía y abuela. Las mujeres no paraban de hablar, ni siquiera porque había llegado su padre a su lado se detuvieron. Ahora estaban los tres, Kyabe, su padre y él, escuchándolas hablar de lo mucho que había crecido, y contando anécdotas vergonzosas de cuando era un bebé. No escuchó acercarse a su madre, solo sintió sus brazos rodearlo desde atrás, acercándolo a su cuerpo. No alcanzó a reaccionar, volteó para pedirle que lo soltara, pero antes de hablar, la mirada severa de su padre, lo detuvo. Resopló molesto y volteó hacia el frente, resignado.
—Entremos, deben estar cansados —dijo Bulma—les mostraré sus habitaciones y luego serviremos la comida ¿les parece?
—Por mí está bien —habló Vegeta, apoyó su mano en el hombro de Kyabe y lo animó a caminar, guiándolo por el camino que recordaba a la perfección. Bulma se separó de Trunks, pero no del todo, antes de que el niño pudiera escapársele y correr al lado de su padre, ella aprovechó de agarrar su mano, y llevarlo hasta el palacio sin soltarlo, como si fuera un pequeño que estaba recién dando sus primeros pasos.
(…)
Vegeta observó atento como Bulma apartó al príncipe del grupo y lo guío hasta otro sector del castillo, no alcanzaron a ingresar, la joven lo arrastró por el jardín sorprendiendo al menor. Pensó que era justo dejarlos a solas, que tal vez ella necesitaba hablarle de algo que no podía esperar, sin embargo, no pudo evitar sentirse curioso al respecto. Pensó por un par de segundos, si seguir al grupo liderado por la antigua reina, o ir tras su hijo. La decisión quedó clara cuando se percató que Kyabe corrió detrás de su hermano, y que sería la excusa perfecta el ir a buscarlo.
No tardó en alcanzar a su hijo menor, el niño se mostraba entusiasmado, mirando todo a su alrededor, donde el paisaje que los rodeaba estaba lleno de vegetación bien cuidada, uno que otro animal se asomaba a ver a los recién llegados, pero al no sentirse en peligro, continuaban con su rutina de acicalamiento y asoleando las plumas o el pelaje. Recorrieron una distancia de cinco o seis metros, aun cerca del castillo, cuando vieron a madre e hijo de pie frente a lo que parecía ser un santuario de mármol que estaba entre boscajes y flores de diversos colores. Desde la distancia, podía oler los inciensos que acababan de encender. No tardó en entender qué estaba pasando, a quién iba dirigido ese pequeño pero significativo templo, por lo que prefirió alejarse, algo incómodo. Sin embargo, su hijo continuó avanzando, quizá movido por la curiosidad, avanzó rápido al punto que no tuvo tiempo para atajarlo.
El ruido que hicieron sus pisadas sobre el césped llamó la atención de la joven y su hijo. Una brisa fresquilla sacudió la melena de la joven madre y del príncipe cuando voltearon a verlos. Para el rey fue una postal difícil de presenciar, desde el importante parecido entre dos de las personas que más amaba, y el quedarse embobado observando las facciones de Bulma que lo habían deslumbrado desde que la conoció. Cuando Kyabe se acercó a ambos, pudo reaccionar al ver a su hijo sumarse a la postal. Tragó saliva, incómodo, pensando en las palabras adecuadas para disculparse, sin embargo, cuando llegó junto a ellos, no se le ocurrió nada al ver la sonrisa de la princesa. Sus labios encorvados con dulzura lo hipnotizaron, se quedó mirándola tan fijamente que ella lo notó, alzando una ceja esperando por alguna explicación o comentario. Finalmente, fue su hijo menor quien rompió el silencio.
—¿Qué están haciendo? —preguntó sin timidez. Bulma volteó hacia la entrada del santuario de color blanco que tenía las puertas abiertas, donde lucían unos bellos y coloridos vitrales. En el interior, una mesa en el centro rodeada de flores en elegantes vasijas, en lo alto de la pared del fondo, un cuadro de unos 50x70 centímetros, se exhibía.
—Trunks saludaba a su abuelo —explicó la princesa—regresemos al castillo. —Bulma no soltó la mano de su hijo, a esas alturas el príncipe se mostraba irritado, el rey lo pudo reconocer al darle un vistazo rápido.
Vegeta no pudo abrir la boca, se quedó quieto a un par de metros viendo como madre e hijo daban una última mirada al cuadro en el interior del mausoleo y caminaron con calma para regresar al castillo. El rey iba a seguirlos, se detuvo al ver por el rabillo del ojo como el príncipe Kyabe se acercó un poco más al santuario, hasta dar unos cuantos pasos en el interior. Iba a llamar su atención, sin embargo, verlo anormalmente serio le llamó la atención. Se paró a su lado para entender qué había captado su interés, pero no encontró nada divertido o atrayente para un niño saiyajin de siete años y medio. Frunció el entrecejo, volteó a verlo y murmuró en un susurro, como si su voz pudiera molestar a las cenizas del exrey.
—Vámonos —murmuró con el ceño arrugado—no corresponde que estemos aquí.
—¿Ahí está el abuelo de mi hermano? —preguntó el niño, sin dejar de mirar el cuadro del padre de Bulma, vestía su traje azul oscuro, con su corona y medallones, se veía serio, no como lo recordaba. —Pero… está muerto ¿verdad? ¿Cómo es que lo saludaban?
—Es una expresión… —respondió no muy seguro—vinieron a darle sus respetos.
—El pelo de mi hermano, es igual al hombre de la foto —dijo y levantó la mirada hacia él—parecía un hombre agradable ¿lo era? —Vegeta guardó silencio, no se sentía cómodo hablando del abuelo de su hijo, se sentía culpable por todo lo que le había hecho a Bulma. Si la hubiera dejado ir antes y con Trunks, su abuelo al menos lo habría visto una última vez, así como le había explicado su madre cuando le ayudó a escapar, hace tantos años atrás. A la vez, el haber sido una completa bestia con la mujer que amaba le avergonzaba, sentía que estando allí en el mismo santuario, era faltarle el respeto a la memoria del hombre que le había confiado su hija. Porque ahora que era padre comprendía que, aunque debía hacer alianzas estratégicas y el matrimonio era una excelente manera de consolidarla, prefería que con quien sus hijos se comprometieran-en este caso Kyabe-fuera con personas que los hicieran felices. Él no había hecho feliz a Bulma, por el contrario, era una cruz que cargaba constantemente.
—Lo era —fue lo único que pudo decir.
En el camino regreso al castillo, ambos se fueron en silencio. Lo que era extraño en el niño, pues cuando se sentía en confianza, hablaba sin parar, y estaba seguro de que con él se sentía de ese modo. Pero tenía la mente tan ocupada que no indagó más. Cuando Trunks le dijo que su madre estaba emocionada por volver a verlo, se ilusionó, aunque trató muchas veces de calmarse, de no pensar demasiado o ver algo romántico donde no lo había. Al volver a verla, los nervios hicieron estragos en su interior, oír su voz, verla reír en primera fila, ver como su cabello se movía al compás de sus pasos, se permitió caer rendido ante sus pies una vez más, sin excusas patéticas. Pero no había visto interés de su parte, ella parecía haber superado lo de ellos, en todos los sentidos, no la vio nerviosa, solo atenta a su hijo.
Tenía claro que aquel viaje no era una instancia para buscarla, y aunque tuviera las oportunidades para hacerlo, no lo haría. Ella estaba bien sin él, y si Bulma se encontraba bien, se conformaba con verla a la distancia, sin embargo, no podía evitar imaginar un sinfín de escenarios, donde cada uno empezaba diferente, pero terminaba con ellos reconciliados y en la cama ¿qué estaba mal con él? Por mucho tiempo pensó que ya había superado su amor obsesivo, y ahora temía que no fuese así. Intentaba convencerse de que eran emociones diferentes, y así lo sentía en grandes aspectos, pero aquella ilusión que sentía le hacía mal. Cuando veía que solo él-como siempre-estaba interesado, que ella no lo veía de la misma forma, su decepción crecía.
No tardaron en alcanzar al resto, pues el rey conocía el camino. Llegaron a tiempo para ver a Laurel y Ery ingresar a uno de los dormitorios. El rey medio sonrió al pensar en qué cuarto se quedaría él, la única vez que estuvo en un dormitorio de invitados fue la primera vez que visitó la tierra, luego de eso, se quedaba con Bulma. Era extraño pensarlo, caminar por los pasillos y tantos recuerdos venían a su memoria, se sentía nostálgico. Dejaron a las saiyajin descansar y continuaron con su trayecto, se detuvieron en una puerta doble, donde en su interior había una cama amplia, pero lo que llamó más la atención de los niños y de él, fue la enorme pantalla que estaba instalada en la pared, cerca, había unos cinco asientos amplios sin respaldo, que parecían demasiado suaves a la vista. Kyabe ingresó alegre al cuarto y recorrió cada centímetro preguntando qué era y saltando entretenido.
—Qué infantil —murmuró Trunks. Bulma volteó hacia él con el ceño arrugado, pero no molesta.
—Es un niño —dijo—es normal que actúe así —tocó suavemente su nariz con su dedo índice, sorprendiéndolo. El príncipe se alejó un poco al sentir el contacto al mismo tiempo que comprobaba que no le hubiera manchado o hecho algo en la punta de su nariz —tú igual eres un niño.
—Soy un príncipe —respondió serio—que será rey.
—Un niño príncipe —contestó risueña, y el menor blanqueó los ojos al oírla. Bulma guardó silencio al verlo, sentía que estaba caminando por una capa delgada de hielo, que Trunks cada vez se alejaba más y ella caminaba descalza sobre el piso frío. Contuvo el suspiro y siguió caminando para mostrarle la habitación al rey.
Vegeta, quien vio toda la interacción, detuvo al príncipe agarrándolo del brazo. Trunks volteó hacia él con gesto cansado pero atento a sus palabras. El rey le observó serio, con el ceño fruncido y le susurró lo suficientemente bajo para que solo el niño lo oyera.
—Cambia esa actitud —dijo en tono de advertencia—. No quiero escuchar que le contestes así a tu madre ¿quedó claro? —Trunks respiró profundamente, para no responderle a su padre lo que realmente sentía, tenía muy presente que su padre no lo aprobaría. Asintió de mala gana, el rey lo soltó lentamente sin dejar de mirarlo, estudiando sus gestos.
Continuaron caminando, pasaron por un par de cuartos vacíos hasta que Bulma se detuvo frente a una puerta de madera rojiza. La abuela del príncipe y su tía, la reina, habían vuelto a sus quehaceres, estaban a solas. Si olvidaba el contexto en el que se encontraban, Vegeta podía jurar que eran una familia como cualquier otra. Observó como la joven giraba el pomo y empujaba hacia dentro, Trunks se acercó primero al interior del dormitorio, era una habitación igual de amplia que la de Kyabe, sin embargo, era más simple, tenía todo lo que un dormitorio debía tener y de la mejor calidad, nada de pantallas ni accesorios innecesarios. Vegeta no tuvo que preguntar para entender que ése sería su cuarto. Miró con decepción la cama de tamaño King, casi al instante pensó en la cama de Bulma, que tenía las mismas dimensiones, pero que, bajo su situación, aunque la que estaba viendo ahora fuese nueva, estaba seguro de que la de la princesa sería mucho más cómoda.
—… ¿Cuánto tiempo se quedarán? —se atrevió a preguntar, volteó con disimulo para poder ver al rey, que observaba serio la habitación— ¿prefieres otro dormitorio?
—Este cuarto está bien —se obligó a responder, en vez de decir "prefiero el tuyo". Asintió para sí mismo, convenciéndose y volteó hacia la joven que le miraba con atención. —Yo me quedaré poco, quizás un par de días. Trunks un mes, o dos. —Los ojos de la joven se iluminaron ante su respuesta, y estaba seguro de que se debía por la larga estadía de su hijo, y no por su presencia. La sonrisa de Bulma lo encandiló, un gesto espontáneo que solo ella conseguía provocarle un remolino de sentires. Pero el momento no duró demasiado, su hijo se encargó de romper el encantamiento en cosa de segundos, cuando exclamó en alto llamando la atención de ambos.
—¡¿Qué?! —se quejó mirándolo—¡Yo no me voy a quedar tanto tiempo! —Vegeta le frunció el ceño, molesto, pero el príncipe no se dio por aludido. Levantó la mirada, nervioso, hacia la joven, que observaba muda la reacción del menor.
—Te quedarás el tiempo que te diga —respondió en un tono severo, esperando dar por terminado el berrinche del niño, sin embargo, Trunks tenía mucho que decir aun, sin importarle la mirada de advertencia de su padre. Si bien lo respetaba más que a nadie, se enfrentaría a quien fuera con tal de salirse con la suya, siempre era de ese modo, no había ocasión en la que no ganara, y no sería la excepción, sobre todo ahora que deseaba con todas sus fuerzas irse pronto de la tierra. Había accedido de mala gana a ese viaje porque tenía en mente el unir a sus padres, pero si su papá se iba en dos días ¿qué sentido tenía quedarse? No soportaría tanto tiempo allí, menos solo.
—¡No! —se quejó levantando un poco más la voz—. No me quedaré, menos solo. Me iré contigo a nuestro planeta —dijo, sin apartar la mirada, desafiando al rey.
—No estarás solo —susurró Bulma, seria, pero no porque la situación lo fuera, más bien intentaba controlar sus emociones que estaban al borde del colapso por presenciar aquel berrinche de Trunks. Era normal que los niños hicieran escenas así, que buscaran ganar siempre y que se hicieran las cosas como ellos querían, sin embargo, lo que quería su hijo era tan diferente a lo que ella anhelaba-pasar tiempo juntos-es más, parecía querer todo lo contrario, que le dolía, le dolía tanto. Sentía un nudo en la garganta difícil de soportar, relamió su labio inferior y sonrió nerviosa cuando el niño giró a verla. —Y este es tu planeta también.
—No uno que me guste —resopló—. Si no se queda, tampoco me quedaré —dijo mirando a su padre y se alejó rápido del umbral de la puerta. Vegeta iba a perseguirlo, pero la mano de la princesa atajó la suya, deteniéndolo.
Vegeta la giró a verla confundido, Bulma cabizbaja sin mirarlo, negó una vez meciendo su flequillo, y él entendió. Suspiró cansado, ella soltó su mano y entró al dormitorio, dando pasos lentos llegó hasta la cama y se sentó en el borde. El rey la observó en silencio, vio como la joven llevó ambas manos a su rostro y se refregaba los ojos, sabía que en cualquier momento lloraría, o que incluso ahora estaba limpiando sus lágrimas, pero estaba luchando para no hacerlo, para no derrumbarse. Molesto por verla así, habló un poco alto para que pudiera escucharlo, desde la entrada del cuarto.
—Iré a hablar con él —pero la princesa volvió a negar, sin mirarlo, con el rostro escondido entre sus manos. Mordió su mejilla interna, y sin saber qué decir o hacer, se acercó lentamente hacia ella, no sabía qué le diría, pero sí tenía claro que necesitaba un poco de consuelo.
Cuando llegó a su lado, la princesa apartó las manos de su cara, sus dedos habían desordenado su flequillo levantándolo, dejando ver su frente. Sus mejillas estaban sonrojadas, y el blanco de sus ojos lucía irritado, el azul zafiro se veía brilloso, estaba conteniéndose, podía verlo. Su respiración era pesada, la vio relamer su labio inferior y sonreír sin ánimos, para luego soltar un profundo suspiro.
—Es mi culpa —susurró mirándolo a los ojos—. No debí dejar que pasara tanto tiempo, s-si él no quería venir, debí ir yo —dijo eso último con la voz entrecortada.
—No —negó el rey, intentó que su voz grave se oyera un poco comprensiva—. No son excusas para su comportamiento. Hablaré seriamente con él.
—Creo que solo empeoraría la situación —respondió con la voz quebrada, inhaló al mismo tiempo que su cuerpo se estremeció, emitiendo un débil sollozo que se apresuró en calmar. —Si lo regañas terminará odiando más la tierra, y a mí.
—No —Vegeta se acercó un poco más y agachó a su altura, apoyándose en su rodilla derecha, quedando sus rostros frente a frente—Trunks no te odia.
—Quiero creerte —dijo y le sonrió, para luego soltar un puchero tembloroso que no pudo controlar—pero sus actitudes me hacen pensarlo. —Y toda la angustia que había sentido desde hace meses salió a flote.
El ataque de llanto que dominó su cuerpo parecía salido del fondo de su alma, agarrándole el pecho fuerte e instalándose en su garganta, haciendo que ardiera con cada sollozo. El ritmo de su respiración se volvió intermitente, ahogándose cada medio minuto aproximadamente. Su cuerpo entero temblaba, se encogió en su asiento y escondió su rostro con ambas manos, mientras se apoyaba en sus propios muslos. Seguramente se veía patética, se sentía de ese modo, y por más que intentaba controlar su llanto no podía. Siempre que estaba con Vegeta, se sentía en confianza como para estallar. Lo había hecho hace unos días por videollamada, ahora había bastado cruzar un par de palabras para dejar salir toda la pena que acechaba su alma.
Vegeta se quedó inmóvil, dudando de qué paso dar. Si era o no oportuno tocarla, no con segundas intenciones, no, simplemente tratar de calmar su llanto, de reconfortarla. Veía su menudo cuerpo sacudirse entre sollozos, no recordaba haberla visto en ese estado antes, y estaba seguro de que la había hecho llorar en más de una ocasión. Tenía sentido que quién la dejara así fuera la persona más importante para ella. La miró angustiado, en parte contagiado por su tristeza y a la vez, por no poder decir o hacer algo para aliviarla, para borrar todo ese dolor. Se sentía impotente, culpable, sobre todo, creía fervientemente que si Trunks actuaba así ahora era porque no había sido firme con él antes, en primera instancia nunca debió permitir que él controlara sus tiempos, era cierto que su hijo era maduro para su edad y confiaba en él, pero a fin de cuentas seguía siendo un niño y actuando como le convenía. No entendía tampoco porque sentía tanto odio y desprecio hacia la tierra, se negaba a creer que sentía lo mismo hacia su madre.
—N-no sé qué hacer —reconoció la joven, en un débil sollozo.
—Lo solucionaremos —respondió convencido. La seguridad en su voz llamó la atención de la princesa, que al oírlo levantó lentamente la cabeza para verlo, tenía las pestañas mojadas, sus mejillas estaban de un rojo intenso, el azul de sus ojos resaltaba entre tantas tonalidades rosáceas. —No llores más —pidió en un susurro comprensivo, porque no soportaba verla sufrir, no quería que siguiera sintiéndose mal, no se lo merecía. Su Bulma había pasado por tanta miseria-y era el gran culpable-que lo que le quedaba por vivir debía ser solo momentos agradables, no era justo, pensó.
—S-sí, lo siento —dijo olfateando sus secreciones, se limpió las mejillas con las manos y secó sus palmas en su pantalón de jeans. Se reincorporó lentamente de la cama, la cabeza le palpitaba fuerte, sobre todo en la sien y entre los ojos después de tanto esfuerzo. Necesitaba una píldora con urgencia. Miró al rey quien negaba al mismo tiempo que se reincorporaba, sin dejar de observarla.
—No te disculpes —respondió, y se le llenaron los ojos de lágrimas otra vez. Agachó la mirada sintiéndose incapaz de mirarlo a los ojos, estaba apenada y a la vez, avergonzada por la escena deplorable que había tenido que ver, cuando los saiyajin no estaban acostumbrados a escenas como esa. —No quiero que sigas sufriendo, por eso te dije eso, no porque verte llorar me irrite o algo así —Bulma abrió la boca para responder, sin dejar de mirar la punta de sus zapatos, sintió como su corazón aletargaba sus latidos, y sus mejillas volvieron a incendiarse y no sabía bien porqué. Levantó lentamente la cabeza, para poder verlo, él no lucía inexpresivo o frío como cuando eran jóvenes, lo vio accesible, como la última noche que pasó en Vegetasei. Antes sus latidos se volvieron lentos, pero apenas recordó esos momentos y ver nuevamente su actitud tan abierta hizo que su pulso se acelerara. Sin embargo, en vez de ponerse nerviosa, el llanto volvió.
Esta vez Vegeta no se quedó inmóvil, y sin pensarlo demasiado, agarró sus hombros y la jaló hacia su pecho, antes de que ella pudiera decir algo o intentar alejarse, él la rodeó con sus brazos. Recordaba muy bien cómo se sentía su calor, su delicado aroma inundar sus sentidos y como cabía a la perfección entre sus brazos. Imaginó cada noche volver a tenerla así, pero la realidad superaba la ficción, y aunque la abrazó con la intención de consolarla, no pudo evitar sentirse dichoso por tenerla así una vez más.
Bulma cerró sus ojos con suavidad, su llanto continuó por unos cinco segundos más y se calmó. Soltó un profundo suspiro y apoyó su oreja izquierda en su pecho protegido por la armadura fría. Su abrazo hubiera sido mucho más agradable si no la tuviera puesta, pero bastaba tenerlo así, le apaciguaba. Segundos más tarde respondió su abrazo y rodeó su cintura hasta que sus manos se apoyaron en su espalda ancha. Una mano del rey estaba fija en su cintura, pero la otra subía y bajaba por su espalda, esa simple caricia bastó para olvidar por el momento el dolor que aquejaba su alma.
—¡Papá, tienes que ver esto! —exclamó Kyabe entrando a la habitación. Tanto Vegeta como Bulma, se habían entregado a tal punto a su abrazo, que ninguno oyó los pasos ruidosos del niño al acercarse, el saiyajin, quien tenía habilidades peculiares ni siquiera percibió la energía de su hijo menor, había bajado la guardia por completo y solo por tener entre sus brazos a la mujer que amaba.
Se separaron abruptamente, como si estuvieran haciendo algo malo, cometiendo un pecado. Como si sus cuerpos se repeliesen cuando la realidad era todo lo contrario. Bulma miró nerviosa al pequeñito, que los observaba visiblemente confundido, miraba a su padre y luego a ella, pero la joven no pudo sostener su mirada. Tampoco se atrevió a mirar a Vegeta, por la vergüenza. Tragó un poco de saliva sintiendo la garganta seca, volvió a olfatear sus secreciones y caminó rápido hacia la salida.
—Iré a ver si ya está lista la comida —murmuró sin mirarlos. Vegeta se quedó viendo su espalda salir de la alcoba y contuvo el suspiro cargado de resignación. Volteó hacia Kyabe, que lo miraba serio y se sintió igual de avergonzado.
El príncipe miró el resto de la habitación, había olvidado qué le iba a contar con tanto entusiasmo hasta que vio aquella escena. Conocía lo que estaban haciendo, aunque no era algo común en su especie, y por ese mismo motivo le sirvió para comprender por qué su madre le había ordenado que vigilara a su padre, y solo habían pasado unas horas desde que habían llegado ¿Qué le esperaba para el resto de los días?
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N/A: Holi! siento que ha pasado mucho tiempo desde que actualicé, pero he llegado a demorarme más hahaha, bueno, ahora no podía porque estaba sin pc, pero ya solucionado!
Me gusta mucho este Vegeta, y Bulma igual, me encantan que estén tan "terapiados" a su manera hahahah bueno, Bulma sí fue a terapia, Vegeta comprende mejor sus sentimientos y ya entiende que no es algo malo, por eso es más abierto, pero como resultado, es tan comprensivo con Bulma y bajo la situación de ella, es lo que necesita, biban los nobiooos! xD
Kyabe quiere ser hijo de Bulma hahaha xD Siento que me queda tan poco por terminar el fic, en teoría me quedan 10 cap, contando el epílogo. Pero estoy en la recta final jhahaha xD que loco...
Espero que les guste el cap, como avanza y se entienda las acciones y pensamientos y sentimientos de los personajes. Muchas gracias por su apoyo por face, por leer el fic y comentar.
Espero sus rw, es la única retroalimentación que tengo u,u si no llegan, wo a llorar 88
Nos leemos prontito! eso espero xD
Que estén muy bien, mucho ánimo y cuídense!
PD: si pueden escuchar la canción de los prisioneros, la recomiendo 100% el coro lo encuentro tan setsuaal y como que sentí que coincidía mucho hahaha
