Para Leslye Potrero, muchas gracias por tu apoyo linda.


So pretend that you love me

Pretend you're not lying

When you say that you still dream about me

Like I still do, for you

Pretend that you want me

I know that you're lying

When you say that you still dream about me

Like I still do, for you

For You, Aidan Gallagher.

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Capítulo 22

Petición

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Sabía que su hijo menor no era tonto como lo llamaba Trunks y que lo que había visto lo podía malinterpretar fácilmente. No había hecho nada malo, pensó al instante, sin embargo, el haber disfrutado de ese abrazo-que había sido sin segundas intenciones-le hacía sentir culpable. No porque sintiera que sus sentimientos por Bulma fueran indebidos, era la situación la que le incomodaba. Que fuera específicamente su hijo el que los sorprendiera así le inquietaba. Debía darle explicaciones, se las merecía a pesar de su corta edad. Tragó saliva con disimulo, intentó aparentar tranquilidad para poder darle un buen sustento a su argumento.

—¿Qué pasó? —le preguntó con calma. El niño guardó silencio por un par de segundos, seguía observando hacia la salida.

—La habitación en que dormiremos es muy grande y tiene muchas cosas geniales —le dijo con una amplia sonrisa dibujada en su rostro—pero mi hermano no quiere dormir allí conmigo…

—Ah… —asintió, no le sorprendía viniendo de su hijo mayor—vamos a ver qué podemos hacer —dijo. Apoyó su mano sobre su pequeño hombro y lo acompañó hasta la salida.

Kyabe miró sus pies al avanzar, quería preguntar sobre lo que acababa de ver, pero también sabía que debía decírselo a su madre, aunque su padre no le explicara nada o le mintiera ¿sería capaz? Frunció sus cejas al pensarlo, su padre no era así, se respondió. Su padre era el saiyajin más honesto, fuerte y admirable, imposible que le dijera mentiras. Tragó saliva, un poco nervioso, pero se animó a hablar, a preguntarle.

—Papá —murmuró dubitativo, volvió a tragar y levantó la mirada, un poco temeroso de su reacción. El rey le observaba atento, y eso solo lo puso más nervioso, pero se animó a continuar—… ¿q-qué estaba haciendo con la mamá de mi hermano?

—La confortaba —le explicó, pensó por breves segundos si eso era suficiente, pero no se le ocurrió nada más. Se relamió el labio, un poco nervioso, miró a su hijo y se encontró con sus ojos negros fijos en él y se sintió expuesto.

—¿P-por qué? —preguntó en un susurro que el rey pudo escuchar a la perfección—parecían muy… ¿cariñosos? —murmuró desviando la mirada, apenado. —Eso… los saiyajin no lo hacen ¿verdad?

—N-no —titubeó—no lo hacen. Pero los terrícolas… —¿cómo se lo decía? De pronto las palabras eran difíciles de pronunciar y a su mente no le venía ninguna explicación coherente. Era absurdo, se dijo, y se repitió que no habían estado haciendo nada malo, tragó saliva con disimulo y volvió a hablar con más determinación, hasta oírse creíble para su hijo. —Los terrícolas son muy diferentes, muchas veces… las palabras no son suficientes ¿lo entiendes? —preguntó, mirando hacia Kyabe a medida que avanzaban por el pasillo.

El pequeño príncipe asintió sin mirarlo, y para el rey el tema fue zanjado. Kyabe por su parte, se quedó pensando en las palabras de su padre, comprendía a la perfección lo que le había dicho, pero el ambiente que había llegado a irrumpir significaba algo más, su mente infantil no lo comprendía en su totalidad, sin embargo, las palabras de su madre empezaban a hacerle sentido y al recordarlo, la duda le invadió ¿debía decirle a su madre lo que había visto? Su padre le había restado importancia, pero ¿y su madre lo haría también? No alcanzó a responderse, llegaron en pocos minutos a la habitación que les habían asignado, en su interior se encontraba su hermano mayor de pie, con los brazos cruzados y el ceño arrugado, sin dejar de mirar con desprecio los muebles y artículos tecnológicos que a él le habían encantado. Se aferró sutilmente a la capa de su padre y observó la escena.

—No pienso dormir aquí —ladró Trunks sin mirar a su padre—suficiente tengo con que me obligaras a venir, como para también tener que compartir mi espacio. Diles. —Dijo en un tono de orden, y volteó a mirarlo—diles que me asignen otro dormitorio.

Vegeta contuvo el suspiro, no pudo evitar inflar el pecho, pero no soltó el aire, que a esas alturas no sabía si se trataba de resignación o decepción. Cada sensación peor que la anterior. Evitaba pensar en su fracaso como padre, pero Trunks era el producto de su mal trabajo, y se lo recordaba a menudo, como ahora. Empezaba a pensar que estaba pagando por todo lo malo que había hecho, sobre todo las rabias que le había causado a su madre cuando era un crío.

—Sal —dijo después de unos minutos en silencio. Trunks lo miró de soslayo, no se veía intimidado, y tampoco planeaba cohibirlo, aunque estaba seguro que si lo intentaba, no lo conseguiría, no con su hijo mayor al menos.

El príncipe bufó ruidosamente, haciéndose notar, al mismo tiempo que le obedecía y caminaba hacia la salida del cuarto. Se hizo a un lado para dejarlo pasar y apenas salió su hijo mayor, el menor entró rápidamente, como si buscara pasar desapercibido. Vegeta frunció el ceño al presenciarlo, sus hijos eran como dos polos completamente opuestos. Mientras que uno tenía exceso de seguridad y egoísmo, el otro era tímido y amable, y todo extremo era malo. Esperó que Kyabe se alejara un poco de la entrada antes de hablar, volteó hacia Trunks y sin dejar de arrugarle el ceño, habló en un tono bajo, pero no menos grave.

—¿Hasta cuándo te comportarás tan infantil? —le preguntó. Los rasgos del príncipe mutaron lentamente de la calma a la ira contenida, le había dado un golpe indirecto en su ego. Trunks exhaló fuerte, el rostro se le fue encendiendo en cosa de segundos, y no pudo controlar como se erizaba los pelos de su cola. Él por su parte, fingió no notarlo y esperó por su explosiva reacción.

—¡No me trates como a un niño! —exclamó alzando la barbilla—. No me quedaré aquí en estas condiciones —dijo frunciendo el ceño—¡Me obligaste a venir! Lo mínimo que puedo esperar es que me traten como se debe.

—¿Estamos en Vegetasei? —preguntó. Su hijo lo miró extrañado, visiblemente confundido, pero no dijo nada—¿lo estamos? —insistió, ganándose un suspiro cargado de fastidio del menor, para finalmente negar meciendo la cabeza de lado a lado. —Estamos en la tierra… ¿soy el rey de la tierra? —preguntó y Trunks bufó molesto, blanqueando los ojos—. No vuelvas a hacer ese gesto, jovencito —le regañó.

—Entonces no me hables con sarcasmo —le respondió y Vegeta alzó una ceja al oírlo, el niño desvió la mirada, un poco nervioso al darse cuenta de su error.

—¿Se te olvidó que eres el hijo y yo el padre? —le preguntó, no esperó su respuesta y continuó su discurso—. Empieza a moderarte, conmigo y con tu madre, nos debes respeto. No eres un crío al que deba estar dándole estos discursos ¿entiendes? —el príncipe asintió sin mirarlo, un poco avergonzado por estar en esa situación con su padre. —Yo no estoy a cargo de este planeta, no soy el rey aquí. No es mi castillo y, por lo tanto, no tomo decisiones. Si no te parece esta habitación, díselo a tu madre —Trunks volvió a asentir, esta vez lo miró a la cara.

—Bien —dijo y le dio la espalda, no alcanzó a dar un paso cuando la mano de su padre lo detuvo posándose en su hombro derecho. El príncipe volteó hacia él expectante, el rey lucía serio, pero no molesto.

—Piensa muy bien qué y cómo se lo dirás —dijo en un tono severo—si me entero que fuiste irrespetuoso con ella, tendremos una larga e incómoda charla ¿queda claro? —Trunks mordió su mejilla interna y evitó demostrar su indignación, exhibiendo su mejor cara de póker le asintió sin apartar la mirada.

Apenas su padre liberó su hombro, caminó a paso rápido hacia el fondo del pasillo, sus fuertes pisadas eran amortiguadas por la larga alfombra, al mismo tiempo que su rostro enrojecía por la rabia y vergüenza. No había cosa que detestara más que discutir con su padre, que lo regañara por cosas sin relevancias o peor aún, que no fuera su culpa. Estar en la tierra, en un lugar que no le gustaba y encima estar soportando esas condiciones absurdas a su parecer, lo ponían de peor humor ¿cómo podía evitar oírse irrespetuoso con su madre? No lo hacía a propósito, apenas la veía u oía, su irritabilidad subía de niveles y sus respuestas y gestos despectivos florecían de forma natural.

A medida que avanzaba por los pasillos, pensaba en lo injusto de su situación y solo podía bufar ruidosamente. No necesitó preguntar por su madre, ni pensar en dónde podía estar, sus pisadas lo guiaban hacia ella sin siquiera premeditarlo, podría culpar a su percepción de energía que su padre le había enseñado hace tanto, sin embargo, aquel "don" de saber siempre donde estaban sus padres lo tenía desde que era un crío que había aprendido a caminar. Sabía que no se debía a que podía leer sus energías, era algo más profundo que una técnica de combate que se podía utilizar en beneficio propio, sin embargo, no sabía con exactitud qué era, nunca se lo había comentado a nadie. Con los años, comprendía que aquel don se manifestara sin problemas con su padre, pero ahora que estaba en camino a buscar a su madre, notó que todo seguía igual, que, aunque no la hubiera visto por dos años, podía seguir sabiendo dónde estaba y con la misma facilidad de antes, como si continuara viviendo con ella. Frunció el ceño, un poco confundido ¿a qué se debía? No alcanzó a responderse cuando llegó al cuarto de cocina, se quedó en la entrada, observando a su madre. Parecía cabizbaja, estaba sentada frente a una mesa, tenía un vaso de agua a medio beber y miraba la superficie de la madera sin prestar atención a nada más.

—Madre —dijo alto, haciéndola brincar en su silla. La princesa giró en su dirección y su rostro se iluminó, sus ojos azules parecieron más brillantes, supuso que se debía a la luminaria. Carraspeó su garganta y se acercó, iba a hablar, pero el olor de la comida lo distrajo por unos segundos, miró hacia las cocineras que se movían con eficacia entre los sartenes, ollas y cucharones.

—¿Quieres unos panecillos rellenos? —le preguntó Bulma, al verlo concentrado en las cocineras. No esperó su respuesta, sonrió divertida y se puso de pie. Se acercó al mesón y tomó un platillo, colocó tres panes y volvió a la mesa en la que estaba, dejando el plato en frente del príncipe. —Siéntate, el almuerzo estará servido en unos veinte minutos, supongo que tendrás espacio de todas formas ¿no? —dijo sonriéndole. El niño no respondió, pero se sentó de todos modos.

Trunks tragó la saliva que se acumuló en su boca cuando el aroma a pan y carne con salsa le golpeó las fosas nasales, relamió su labio inferior, tomó el primer panecillo y le dio un mordisco, los jugos condimentados levemente se deslizaron por su paladar y tuvo que recordarse no sonreír complacido por el sabor. La comida terrícola era hasta el momento la mejor que había probado.

—¿Qué tal está? —le preguntó, se sentó a su lado y apoyó su barbilla en ambas manos. Lo vio asentir sin prestarle atención, concentrado en su comida, y a su mente vinieron decenas de imágenes de su hijo siendo un bebé en su silla de comer, untándose los dedos en sus papillas o pasándose la fruta por las mejillas. La nostalgia la invadió, movió su mano derecha hasta la cabeza de su hijo y ordenó su cabello con suavidad. Trunks dejó de masticar y levantó la mirada hacia ella, entonces sus facciones relajadas cambiaron, volviendo a ser al niño serio y distante.

—No pienso compartir habitación —dijo, recordando porqué había ido a buscarla en primer lugar. La vio alzar ambas cejas, sin dejar de sonreírle, sus mejillas pálidas se ruborizaron con un débil tono rosáceo.

—No vas a dormir con Kyabe —le respondió con rapidez—si es lo que te preocupaba —Trunks alzó una ceja en respuesta al mismo tiempo que terminaba de comer su segundo pan. Se tomó unos minutos en degustar los últimos trozos que tenía en la boca. Buscó por la mesa servilletas o algún paño para limpiarse, pero no encontró nada. Volteó hacia su madre asintiendo, miró el último pan que le quedaba y habló.

—¿Dónde dormiré? El castillo es bastante grande, debe haber algún cuarto cerca de papá ¿no? —la sonrisa de su madre titubeó, una mueca que le incomodó. Frunció sus espesas cejas y la miró con sospecha—. Quiero dormir cerca de papá. —Exigió.

—P-pensé que… —tragó saliva con dificultad, sabía lo que le respondería, pero aun así se lo dijo—pensé que podíamos dormir juntos, como cuando eras pequeñito —sonrió sin ganas. El príncipe alzó una ceja, su labio se curvó en una mueca de desagrado y ella sonrió en respuesta, evitó mirarlo con cansancio, respiró profundamente y se puso de pie, sin dejar de mirarlo—mi cama es grande.

—No soy un bebé —dijo, un poco indignado—deja de pensar en mi como un niño, soy el próximo heredero al trono de Vegetasei, no puedo dormir con mi madre a esta edad. —Soltó con desprecio, tomó el último pan y se lo llevó a la boca, dándole una gran mordida.

—Bien… ordenaré que te preparen un dormitorio —dijo asintiendo con resignación camuflada. —En 10 o 15 minutos estará servida la comida, no te llenes con pan ¿sí? —Trunks no alcanzó a responder, su madre salió rápidamente de la cocina, dejándolo solo con la servidumbre.

Le molestó un poco su actitud, él era un príncipe y lo dejaba con las cocineras como si fuera hijo de alguna de ellas ¿no debería estar atenta a él? Tragó el último bocado de su panecillo sin dejar de fruncir el ceño, mientras miraba fijamente la superficie de la mesa. Estaba seguro que no había sido irrespetuoso, había sido directo, pero no hiriente por lo que su padre no debería molestarse si su madre le comentaba algo sobre la breve plática que habían tenido, sin embargo, aun sabiéndolo se sentía extraño. No alcanzó a ver la cara de su madre, se retiró demasiado rápido después de darle en el gusto, suspiró con pesadez, lo mejor era no seguir dándole vueltas al asunto y si su madre tenía algo que decirle, lo haría ¿no? De todas formas, él también tenía mucho que decirle, medio sonrió al pensarlo. Se puso de pie sin mirar el plato vacío y caminó hacia la salida de la cocina, se detuvo antes de poner un pie en el pasillo, sus reflejos le alertaron, se hizo a un lado antes de siquiera ver a la persona que venía entrando.

—¡Pequeño Trunks! —saludó el patrullero apenas lo vio. El príncipe simuló una sonrisa cordial al verlo. El rey de la tierra seguía igual a como lo recordaba, él por su parte, había cambiado bastante. Era más alto que el esposo de su tía, una cabeza aproximadamente, no le molestaba mirarlo hacia abajo.

—Tío Jaco —respondió sin mucho ánimo—iba saliendo, nos vemos en la comida… —murmuró y quiso seguir su camino, pero la mano del rey sostuvo su brazo, volteó hacia él con cansancio, no lo suficiente para que el patrullero lo notara o quizá no le dio importancia.

—Ya no eres tan pequeño ¿eh? Creo que ya no te queda el apodo —rio—claro, que cuando eras bebé y te cuidaba, te llamaba Señor No —dijo orgulloso, Trunks lo miró confundido y el marido de su tía se apresuró en explicar, motivado por el interés que mostraba su sobrino—¡A todo decías "no"!

Trunks no respondió, se quedó pensativo por unos segundos, como si intentara recordar esa infancia de la que su tío Jaco hablaba. Por su tono de voz, parecía extrañar esos tiempos, y eso le hacía pensar que esos momentos habían sido felices, y estaba seguro que en la mayoría estaba su madre. Aunque no lo reconociera, una parte de él anheló recordar también.


(…)


Raditz llevaba inclinado en su reverencia un minuto y medio aproximadamente. Trunks bufó por lo bajo, algo incómodo, miró de soslayo hacia su padre buscando alguna señal de molestia, pero para su sorpresa-que ocultó muy bien-lucía normal. El príncipe frunció sus espesas cejas, hace tiempo que había notado que su padre actuaba diferente cuando se trataba de su madre, sin embargo, ahora que por primera vez lo veía interactuar en la tierra, notaba que su cambio era más profundo. Parecía más paciente, tranquilo a su manera y aquello le inquietaba ¿tendría que ver con su madre? ¿era el interés de él por ella, lo que apaciguaba su personalidad? Porque ni siquiera con ellos, que eran sus hijos, se portaba igual.

—Descansa soldado —Raditz le obedeció apenas terminó de hablar su rey, sus ojos no le miraban directamente al rostro. Estaba nervioso, desde que su cuñada le avisó que el monarca acompañaría al príncipe Vegeta que no lograba mantener la calma. Escucharlo era extraño, nunca había sido cercano al rey, sin embargo, no necesitaba conocerlo en profundidad para darse cuenta que estaba diferente, empezaba a entender a su cuñada, por qué no se sentía incómoda con su presencia después de la tormentosa relación que tuvieron.

—Gracias, alteza —respondió, volteó hacia el sobrino de su mujer y le reverenció rápidamente—. Está muy alto para su edad —le elogió sonriendo ampliamente, pero el rostro serio y despectivo del menor lo intimidó. Tragó saliva con disimulo y miró al rey, luego al príncipe, y en ese momento rogó por alguna interrupción, alguien que lo salvara de la atención de padre e hijo.

—No se queden ahí de pie —habló la abuela del príncipe, aliviando al soldado—pasen a sentarse, que la comida se enfriará. —Raditz asintió, sin embargo, se alejó de la mesa sin decir una palabra, no compartiría la comida con el rey, no correspondía y prefería respirar tranquilo sin la presencia de ambos saiyajin de sangre real.

—¿A dónde vas, soldado? —la voz del monarca se oyó por encima de los cuchicheos de todos los presentes, Raditz volteó hacia él, luego les dio un vistazo rápido a todos en el comedor. Los invitados de su cuñada estaban ya ubicados en sus puestos, no les prestó demasiada atención, en ese momento lo único que quería era salir de esa habitación, alejarse de los ojos negros del rey.

—Yo… yo iba a dejarlos para que comieran —dijo incómodo. Vegeta negó una vez meciendo la cabeza de lado a lado, le dio la espalda y se sentó en el puesto asignado.

—Tú comes a diario en este comedor, junto a la reina y Bulma ¿no? —murmuró, mirándolo por el rabillo del ojo. Raditz agachó la mirada y asintió. —Entonces siéntate, por nuestra presencia eso no cambiará.

—Gracias, alteza —respondió sorprendido. Volteó hacia el asiento principal de la larga mesa, donde Tight lo miraba incrédula, pero al cruzar miradas, la joven reina le asintió en seguida. Volvió a asentir hacia el rey y caminó hacia su puesto habitual.

Trunks frunció el entrecejo, estaba acostumbrado a compartir mesa junto a su prima y medio hermano, y la tía Laurel. Recordaba también que cuando viajaba a visitar a su madre-hace dos años atrás-la pareja de su tía los acompañaba, sin embargo, al estar junto a su padre esperaba que al menos respetara la presencia del rey, pero que su mismo padre le autorizara a compartir con ellos le molestaba ¿tanto era el interés por su madre, que podía ignorar los protocolos y actuar tan diferente? No le gustaba, aunque fuera por su madre esos cambios, no le parecía consecuente ¿se daría cuenta su padre? Hace muchos años que no los veía hablar juntos, no sabía cómo era la relación que mantenían, y las dudas lo estaban irritando, necesitaba saber qué pasaba entre ellos para poder planear su siguiente movimiento, y, sobre todo, necesitaba entender, no le gustaba estar en la ignorancia.

—Siéntate junto a mi —le dijo su madre, Trunks observó la silla en medio de él y su padre, no lo pensó demasiado y se ubicó entre ambos—. Supongo que tienes espacio para el almuerzo a pesar de haber comido esos panecillos rellenos.

—Hace tiempo que nuestro comedor no estaba lleno —sonrió la exreina.

—¿No tiene hijos, reina Tight? —preguntó Kyabe, mirando a la joven. Todos en la habitación quedaron en silencio, pero el menor no comprendió la tensión en el ambiente. Trunks miró de soslayo a su tía, atento a sus expresiones, pero los pliegues de los guantes de su padre lo distrajeron. Giró levemente a observarlo, el rey tenía el ceño fruncido, estaba listo para intervenir, supuso que, para regañar al menor, sonrió al imaginar la escena.

—No. No puedo tener hijos, es algo complicado de explicar —respondió Tight, mostrándose amable con el pequeño—no hay niños en este castillo. Coincido con mi madre, es agradable llenar estos puestos normalmente vacíos. Deberían venir más seguido —sonrió cordial.

—¿Y quién es el heredero de la tierra? —preguntó el niño. Tight alzó ambas cejas y miró a su hermana, buscando socorro. Jaco carraspeó su garganta, la reina supuso que preparaba un discurso absurdo que solo conseguiría incomodar aún más a los presentes.

—¡Kyabe! —le habló su padre, en un tono ligeramente severo—. No es de tu incumbencia.

—Lo siento —asintió el pequeño, algo cabizbajo y avergonzado por el regaño, sin embargo, realmente sentía curiosidad y no lograba comprender qué pasaba con la monarquía terrícola.

—Tranquilo, Kyabe —habló Bulma—por ahora no tenemos heredero, Vegeta no quiere que Trunks sea rey de aquí y de Vegetasei —dijo de modo acusador, el rey iba a defenderse, pero al ver su sonrisa pícara comprendió su broma, y prefirió callar.

—Yo tampoco quiero ser rey de la tierra—se apresuró en decir. Trunks volvió a tensar el ambiente que su madre había relajado con su broma, pero no le interesó. Tomó su vaso con jugo y bebió un sorbo, restándole importancia a su comentario.

Vegeta frunció el entrecejo, todo lo que le había advertido a su hijo no había servido. Su actitud déspota con su madre y todos en la sala, era notoria y empezaba a molestarle su egoísmo. Sabía que era el principal culpable, que debió atajarlo apenas se había mostrado arrogante y caprichoso, pero se había cegado con su propio orgullo.

—Ya ves —respondió Bulma, fingiendo que todo estaba bien cuando quería salir corriendo de la sala, huir de su fracaso como madre, encerrarse en su habitación y no volver a salir. —Trunks tampoco quiere serlo. Aun no decidimos qué haremos, mi hermana todavía es joven.

—Usted también —habló Kyabe—podría tener otro hijo —Bulma se sonrojó al mismo tiempo que soltó una sonrisa nerviosa, a la que se sumó la mayoría en la mesa, a excepción de padre e hijo. Fruncieron el entrecejo casi al mismo tiempo, miraron recelosos la escena, controlando la furia silenciosa que amenazó con dominarlos.

—Tiene que tener más hijos —soltó entre risas la exreina—quiero muchos nietos —Trunks giró a ver a su abuela con el ceño más arrugado que nunca, la miró indignado, se le escapó un bufido que no pudo controlar, el espanto de pensar en su madre con otros hijos lo pilló desprevenido en tantos aspectos que no sabía a cuál darle prioridad. Su abuela lo miró justo cuando iba a hablar-soltar alguna pesadez-interrumpiéndolo con una simple sonrisa que no supo descifrar ¿era burla o amabilidad? —Tranquilo, cariño. Siempre serás el favorito de tu abuela.

—Al príncipe Vegeta no le importan esas cosas —habló Ery, llamando la atención de todos en la habitación. Los saiyajin quedaron mudos al oírla, la única princesa de Vegetasei era silenciosa todo el tiempo, incluso con sus padres, seguía luciendo inexpresiva, pero parecía más receptiva. —Solo quiere ser rey.

—Métete en tus asuntos —respondió Trunks, mirándola con rabia. Ery iba a responderle, pero Laurel negó una sola vez moviendo su cabeza y la niña entendió la señal. Pero no bastó para hacerlo sentir victorioso, si Kyabe era molesto por ser un crío llorón y débil, Ery lo era por ser desubicada y entrometida, no se medía nunca, parecía no entender las situaciones y aquello lo irritaba.

—¡Trunks! —exclamó su madre—no le hables así, es tu prima —le regañó. El príncipe giró hacia ella y Bulma guardó silencio por un par de segundos. La expresión de su hijo le recordó a Vegeta, al Vegeta que conoció, un saiyajin frío y cruel, verlo en su hijo de 10 años le congeló el cuerpo. Tragó saliva con disimulo, e intentó no mostrar nerviosismo—. Además, Ery no lo dijo con malas intenciones.

—Suficiente —habló Vegeta, antes de que Trunks le respondiera a su madre, pues sabía que lo haría y estaba seguro que si lo escuchaba faltarle el respeto, no se contendría. Era recién el primer día en la tierra, con suerte llevaban un par de horas allí y la situación ya empezaba a hartarle. No creyó que estar con los tres niños sería tan agotador. —No vuelvas a hablarle así a tu prima, y ustedes dos —dijo mirando a Kyabe y Ery—coman en silencio.

Trunks no respondió, miró el líquido amberino de su vaso, escuchó la plata de los servicios chocar con suavidad, a los adultos reír y comentar trivialidades, restándole importancia al pequeño incidente que acababa de suceder, después de todo ¿qué importaba una breve discusión entre niños? Pero para él era diferente. Nunca le habían llamado la atención en público, su madre había cruzado una línea que ni siquiera su padre había hecho. El rencor hacia ella y los presentes crecía a medida que pasaban los minutos, oírlos reír era molesto. Sus presencias eran difíciles de soportar, quería salir de allí y no verlos nunca más, a nadie. No los necesitaba como su padre a menudo le repetía, para él era suficiente su mérito y odiaba que no lo entendiera. Miró su plato vacío, tenía apetito, pero su malhumor le carcomía por dentro y se había instalado en su vientre. Cerró sus ojos por un microsegundo y cuando los volvió a abrir, en su plato había una porción de puré de patatas. Frunció el ceño confundido, levantó la mirada justo a tiempo para ver a su madre sostener un trozo de carne con sus servicios y llevarlos a su plato, acompañando al puré. Iba a hablar, a quejarse, a decirle que él mismo podía servirse, que ya no era un niño, pero su voz le jugó una mala pasada y se apagó en ese momento. Solo quedó la añoranza, porque su subconsciente lo recordaba, aquel extraño sentir que se había colado en su pecho, el sentirse mimado por su madre, era una sensación que había escondido profundamente en su cerebro y que se había esmerado en olvidar, pero seguía allí, y cada acción de la mujer que tenía a su lado lo hacía aflorar.

No le gustaba.


(…)


No recordaba haber visto a su hijo tan alegre. No podía evitar medio sonreír al verlo así de feliz, correteando por el patio persiguiendo a un perro. En el palacio de Vegetasei no tenían mascotas, y el pequeño estaba fascinado con las diferentes especies que habitaban en el castillo de la tierra. Ya le había repetido una y otra vez que le dejara tener un perro, o un pato o caballo, y a todo le había dicho que lo pensaría. Definitivamente lo haría, si podía hacer que esa felicidad durara un poco más, podía hacer el esfuerzo. Pero no estaba seguro si un animal terrícola sobreviviría en su planeta, la gravedad sería un problema. Tendría que averiguarlo, se dijo, pues su hijo estaba fascinado con los animales de la tierra y no con los de Vegetasei. Suspiró y se apoyó en el pilar que sostenía el arco que daba hacia la salida. Sus ojos negros viraron casi inconsciente, hacia ella. Bulma estaba sentada en una banca junto a Laurel, platicaban sin parar, sonrió al ver a su cuñada. Solo Bulma podía conseguir que se volviera parlanchina. Ery miraba los peces que nadaban en la pileta, a veces metía las manos en el agua para tratar de pillarlos cuando nadie la miraba, pero él lo había notado.

Todos parecían a gustos, menos su hijo mayor. Sabía que Bulma también lo había notado y que se estaba esforzando para no demostrar lo mal que la ponía la situación, pero ¿cuánto más iba a soportar? Estaba seguro que no demasiado, Trunks no ayudaba tampoco. Se mostraba esquivo, nada le parecía bien, a todo decía que no, lucía desinteresado y aburrido, no hablaba a menos que le preguntaran directamente y no compartía con su medio hermano o prima. Ya le había llamado la atención tres veces después del almuerzo, pero lo único que había conseguido era su mutismo. Ahora estaba cruzado de brazos bajo la sombra de un árbol, sentado en una silla reclinable, aparentemente dormido, sin embargo, estaba seguro que fingía dormir cuando estaba alerta a todo lo que sucedía a su alrededor.

Volvió a suspirar ¿qué podía hacer para ayudar a Bulma? Sentía que, con cada llamado de atención, hacía que su hijo se volviera más hermético con su madre, solo conseguía empeorar la interacción entre ellos, no sabía cómo lidiar con la situación. Debía conversar con ella, planear una estrategia juntos, era importante para ambos que su hijo pudiera relacionarse bien con los dos. Una extraña idea pasó por su mente cuando lo pensó, quizá su hijo se portaba altanero no solo por su personalidad, quizá el problema con su madre tenía algo que ver. Frunció el ceño al pensarlo, sabía que en gran parte era su culpa por no ponerle atajos cuando debió, sin embargo, desde que su hijo dejó de visitar a Bulma, mostró el cambio real. Estaba seguro que en dos años no podía simplemente olvidar su cultura terrícola, él se estaba esforzando en dejarla a un lado, porque no la necesitaba o, por el contrario, porque la detestaba y con ello, quería apartar de su vida a todo lo relacionado con sus genes terrícolas, y eso incluía a su madre. Su semblante se ensombreció al pensarlo, miró a su hijo desde la distancia y al hacerlo, él lo notó y abrió los ojos a los segundos después. Se miraron por medio minuto quizá, Trunks cortó el cruce de miradas al cerrar sus ojos nuevamente, y para Vegeta, aquello simplemente era una muestra de su descontento.

—Luce más pensativo que lo habitual —la voz femenina lo pilló desprevenido, pero lo ocultó bastante bien. Volteó lentamente a ver a la abuela de su hijo mayor, la mujer le sonreía como de costumbre, pero su jovialidad de antaño se había esfumado, quizá con los años o con la muerte de su esposo, no podía saberlo.

—Tal vez —respondió, desviando la mirada. Se concentró en su tableta digital de trabajo, dando por finalizada la breve la plática, pero la exreina no se movió de su lado. Por el contrario, se apoyó en el pilar del otro extremo del arco y lo miró sin dejar de sonreír. Vegeta intentó esconder la incomodidad, no le gustaba fingir cordialidad en pláticas sin sentido, y si hubiera sido el saiyajin de hace 10 años atrás, le habría dejado sola e ignorado su presencia. Sin embargo, no se sentía cómodo con la idea ahora, en parte porque se le hacía maleducado y a la vez, con la mujer rubia tenía una deuda pendiente.

Suspiró silenciosamente y volteó hacia su hijo menor que jugaba con un par de cachorros, lanzándoles una pelota para que fueran a buscarla. El silencio entre ellos crecía al pasar los segundos, estaba seguro que la mujer no llevaba mucho tiempo allí, pero sentía que los minutos se hacían eternos y todo por lo embarazoso que era estar a solas con la madre de la mujer que amaba. Resopló con cansancio y volteó hacia la exreina, relamió su labio inferior y habló.

—¿Y bien? —no era un buen inicio de conversación, lo sabía, pero por más que pensó, no se le ocurrió nada más. Hablar del clima o de lo mucho que se divertían los niños le parecía cínico. La abuela de su hijo mayor amplió su sonrisa al oírlo, y sin dejar de mirar a los pequeños saiyajin, le contestó.

—No has cambiado mucho ¿eh? —y el rey se tensó. Quiso interrumpirla, decirle que no lo conocía o que estaba equivocada, que él ya no era el mismo patán que se casó con su hija y que le había hecho tanto daño, como si buscara su aprobación ahora, cuando en el tiempo en que se casó con Bulma le valió un comino lo que pensara la familia de la princesa. —Sigues igual de directo, aunque eso es bueno. No pierdes el tiempo en tonterías y se suele ser más genuino ¿no te parece?

—¿De qué sirve ser genuino? No es lo mismo que ser sincero —respondió desviando la mirada.

—En eso tienes razón —asintió la mujer—. Es poco común que un individuo tenga ambas cualidades ¿crees que posees alguna, rey Vegeta? —contuvo la respiración por microsegundos, mientras asimilaba la pregunta de la exreina. Se sintió expuesto de repente, como si estuviera en un confesionario cuando la mujer no le estaba reprochando nada, sin embargo, la culpa que sentía era tan grande que cualquier frase con o sin intenciones, le hacía sentirse arrepentido. Además, entre todas las personas que podían reprocharle algo, la familia de su mujer estaba dentro de las primeras en la lista.

—No —dijo con sinceridad—y usted lo sabe.

—No —respondió y volteó hacia él, sin dejar de sonreírle con cortesía—no sé nada de usted. —Vegeta guardó silencio, alerta a sus palabras para pensar con cuidado en una respuesta válida. Sentía el corazón latirle deprisa por el enfrentamiento, sus emociones estaban inquietas, y no sabía cómo identificarlas, eran tantas que le costaba entenderlas—. Pero me hice una idea de qué clase de hombre es… hace tiempo.

—Y no se equivoca —respondió inexpresivo, cuando estaba demasiado avergonzado para hacerle frente, pero no apartó la mirada. La sonrisa de la exreina se esfumó, y estaba seguro que era la primera vez que la veía seria.

—Mi marido creía que todos podían cambiar… que el crecer y mejorar como individuos era una cualidad de todas las personas —murmuró sin mirarlo, parecía recordar al exrey—¿los saiyajin tendrán esa cualidad?

Sabía a qué se refería, y también la respuesta a su pregunta y estaba orgulloso de poder decirle que sí, que podían cambiar y que él era el ejemplo de ello, sin embargo, no tenía el valor suficiente para hacerlo. No se sentía con el derecho, menos después de que hablara de su marido, porque la culpa crecía y se sentía como una mochila pesada sobre su capa, que, a pesar de poseer un poder increíble, no podía levantarla y deshacerse de ella. Aquella plática era solo una pincelada de los reproches que merecía, y aún siendo consciente de ello, se sentía fatal. Pero estaba bien, se dijo, debía pagar en vida todos los errores que había cometido y aún así se estaba librando de varios.

—¿Está todo bien? —la voz de Bulma interrumpió la plática. Vegeta no se percató de su presencia hasta que habló. Estaba tan concentrado en el cruce de palabras con la madre de la princesa que bajó por completo la guardia, a pesar de que la energía de la joven le era familiar, la culpa y vergüenza le dominó en todos los aspectos.

—Por supuesto —respondió la exreina, sonriendo otra vez. El rey frunció el ceño, no recordaba haberse sentido así de incómodo antes—solo veíamos a los niños. Iré a ver cómo van los preparativos para la cena, permiso —dijo y con su calma natural, se alejó de ellos dando pasitos suaves.

—¿Qué te dijo? —preguntó cuando su madre se alejó lo suficiente. Vegeta negó restándole importancia—vine a rescatarte, parecía que necesitabas ayuda.

—¿De tu madre? —respondió medio sonriendo—claro, es demasiado peligrosa —murmuró con ironía.

—Es encantadora, pero puede ser molesta para algunos —dijo sonriéndole. Él no la contradijo, se quedaron en silencio por unos minutos, pero no era molesto para ninguno. Su compañía le sirvió al rey para calmar sus pensamientos, bastaba estar cerca de ella para apaciguarlo, era el poder que Bulma tenía en él, sonrió al pensarlo. —¿Crees que podamos hablar, luego de la cena? Hay un par de cosas que están molestándome…

—¿Qué hice? —preguntó confundido, pero solo se ganó una risotada de la princesa. Vegeta frunció el ceño por su burla, pero no dijo nada, miró hacia los niños, pero solo Trunks los observaba, parecía un animal de rapiña, atento a sus movimientos, lo que le llamó la atención.

—Nada —respondió Bulma—tiene que ver con Trunks, sobre su comportamiento. Pero luego lo hablamos ¿sí? —el rey apartó la mirada de su hijo y volteó hacia ella para contestarle, sin embargo, al hacerlo sus ojos se quedaron fijos en los de la joven y se desconcentró. Tenerla allí, justo en frente de él, poder admirar el azul zafiro de sus grandes ojos, parecía un sueño. Pero ni en sus sueños más vividos-que lo asaltaban cada noche-sus ojos lucían así de deslumbrantes. Tragó saliva, nervioso, estar así en silencio, sin discutir o tener algún conflicto que mediar le hacía latir su corazón con fuerza, se volvía un chiquillo inexperto, como si estuviera intentando conquistarla y no supiera como «¿a quién engaño? Eso es lo que intento, pero no sé cómo hacerlo», pensó —O… mañana, cuando estés desocupado… —dijo Bulma, al no escuchar su respuesta.

—¡N-no! —negó torpemente—no, quiero decir… sí, hoy. Hablemos hoy —sentía que su rostro se empezaba a calentar y rogaba que fuera solo una molesta sensación y no haberse ruborizado ¿sería un libro abierto para ella?

—Gracias —asintió Bulma, volteó para ver a su hijo que seguía durmiendo bajo la sombra de un árbol—¿te has sentido incómodo? —le preguntó apoyándose en el arco en que antes estuvo su madre.

—No —mintió—¿y tú? —le preguntó medio sonriéndole, cruzándose de brazos, sin dejar de mirarla.

Bulma sonrió en respuesta, una sonrisita coqueta que no planeó, pero que siempre afloraba cuando se trataba de él y no podía controlar. Estar así, como si fueran dos viejos amigos, era sorprendente incluso para ella. Su comunicación nunca se vio cortada, sin embargo, era como un pacto del que no habían hablado el tratar de no hablar tan seguido, cada uno por su propio motivo. Y ahora estar así, frente a frente, todo lo que sentían por el otro se dejaba ver con sonrisitas y miraditas cómplices. No era tonta, veía el interés de él, sabía que Vegeta seguía deseándola «¿seguirá amándome?» se preguntó, y con ello, los nervios se instalaron en su vientre, volviéndolo pesado y molesto.

—Es extraño —reconoció, sin dejar de sonreírle y mirarle coqueta—estar así, hablando civilizadamente ¿verdad? —lo vio soltar una risa sin ánimos, exhibiendo sus caninos y al verlos recordó la sensación que invadía su cuerpo cada vez que mordía la curva de su cuello, tuvo que apartar la mirada para distraerse, el calor se le subió al rostro ¿sería siempre de ese modo? Debía calmarse, pero era difícil teniéndolo cerca, su relación no solo había sido tormentosa, la pasión fue la protagonista durante mucho tiempo, no era fácil deshacerse de esos pensamientos ¿a él le pasaba también? Seguramente, y saberlo le causaba más gracia.

—Sí —respondió—era fácil por videollamadas, creí que sería igual —sus ojos negros no se apartaban de su rostro femenino. Los años le sentaban demasiado bien a la princesa, aunque sabía que lo que sentía por ella entorpecía su objetividad, pero no podía evitarlo. Cada faceta de Bulma le gustaba, y verla sonrojada y sonriéndole felinamente era una de sus favoritas ¿lo haría a propósito? De ella se lo esperaba, le gustaba ser la que dominaba la situación, era un roce constante entre ellos, en el que habían aprendido a ceder de a poco.

—Entonces estás incómodo —asumió ella, relamió su labio inferior y añadió—¿quieres marcharte? —preguntó, borrando su sonrisa, mirándolo atenta.

—No —respondió con rapidez—la que siempre se marcha eres tú. —Bulma lo miró perpleja, no solo por la verdad en sus palabras, le sorprendió que lo mencionara y que no fuera un reproche, o tal vez lo era, pero no había enojo en su voz y aquello decía más que sus palabras. —Jamás me apartaría de ti, a menos que me lo pidieras. —Le dijo en un tono grave, que le erizó los vellos de los brazos. —Así que tendrás que echarme.

—Trunks me odiaría si lo hiciera —respondió sonriéndole y Vegeta alzó ambas cejas en respuesta, bufó por lo bajo y asintió lentamente.

—Entonces me quieres echar —medio sonrió. Ella tenía razón, era extraño hablar civilizados, pero era tortuoso coquetearse con disimulo, encondiendo-sin mucho éxito por su parte-del otro las intenciones, aunque era divertido. La conquista siempre lo era, sobre todo si lo anhelaba desde hace tanto tiempo.

Bulma iba a contestar, pero los pasitos de Kyabe la interrumpieron. La princesa agachó la mirada, un poco con culpa, no había hecho nada malo, sin embargo, no era correcto. Lo de ellos había terminado, y se supone que lo había superado entonces ¿por qué se volvía una adolescente estúpida con las hormonas alborotadas cuando estaban solos? Nunca había pasado cuando hablaban por videollamadas, siempre hablaban de su hijo, no había espacio para algo más ¿ahora sí? Tampoco, se dijo y debía mantenerse de ese modo. Había sido una tontería que no volvería a repetir, intentó convencerse.

—¡Papá! —exclamó llegando junto a él—¿puedo tener un perrito con manchas negras? —preguntó con ilusión. Vegeta miró a Bulma y luego a su hijo, era segunda vez en ese día que los interrumpía, aunque ahora sí había un contexto diferente, solo esperaba que el niño no lo notara.

—Los dálmatas son lindos —habló Bulma, y recién en ese momento Kyabe notó su presencia. El niño la miró sorprendido, luego hacia su padre y volvió a verla, la princesa le sonrió en respuesta y murmuró mirando al niño—los perros en la tierra tienen diferentes razas, los blancos con manchas negras se llaman dálmatas.

—¿Todos tienen ese nombre? —preguntó el menor, pasando por alto que nuevamente encontraba a la madre de su medio hermano y padre solos envueltos en un ambiente peculiar.

—Es el nombre de la raza, con el que jugabas se llama Polar —Kyabe asintió y volteó hacia su padre, con una sonrisa amplia y sin dejar de brincar, volvió a pedirle un perro a Vegeta. Bulma sonrió al verlo, siempre pensó que su hijo sería así de alegre y dulce, jamás pasó por su cabeza que el hijo de Riander fuera un encanto.

—¡Quiero uno, papá! Pronto será mi cumpleaños ¡quiero uno! —pidió sin dejar de brincar—Vegeta suspiró y pensó sus opciones, antes de contestar, la madre de su hijo se le adelantó.

—Los perros de la tierra no sobrevivirían en tu planeta, cariño —dijo en un tono confortante y se agachó a su altura. Kyabe volteó hacia ella quedando sus rostros a unos centímetros de distancia. Bulma apoyó sus manos en sus piernas y le sonrió con ternura—la gravedad es muy pesada para ellos.

—¿Y cómo sobrevivió usted? —le preguntó entristecido—¿no podría ser igual con un perro?

—Es que los chips que regulan la gravedad no son compatibles… —dijo con una mueca en los labios—… trabajaré en un nuevo chip, pero debes pedirle permiso a tu madre para tener uno ¿no crees? —le sonrió al mismo tiempo que revolvía su cabello con suavidad. Kyabe la miró perplejo por unos segundos, recordar que su madre debía dar su aprobación le había desanimado, pero la caricia de la princesa le pilló desprevenido. Solo su padre lo trataba así, y ser mimado de alguna manera y de forma tan espontánea lo desconcertó, pero para bien. —Habla con ella, y me cuentas.

—Me dirá que no —murmuró cabizbajo—por eso le pregunto a papá —reconoció apenado. Bulma soltó una carcajada sorprendiendo a ambos saiyajin, miró hacia Vegeta desde su posición y habló entre risas.

—¡Que astuto! —dijo—sabes que Vegeta es el que manda y recurres enseguida a papá, que chico tan listo —le sonrió y volvió a revolverle el cabello mientras se reincorporaba.

—Trunks dice que soy tonto —respondió confundido, desconcertando a los adultos. Vegeta iba a hablar, a decirle que no era así y que hablaría con su hermano, cosa que sabía no tenía gran peso pues siempre lo hacía y no había cambios, pero la princesa se le adelantó.

—¿Y tú que crees? —le preguntó. Kyabe alzó ambas cejas al escucharla, miró a su padre por unos segundos, casi buscando ayuda para responder, pero el rey estaba igual de atento y curioso que él—te diré un secretito, Kyabe —el niño volvió a mirarla, expectante y un poco ansioso por sus palabras—no importa lo que piense Trunks, o quien sea. Esa es su opinión, lo que importa es lo que piensas tú sobre ti mismo, entonces… ¿qué piensas tú? —finalizó con una sonrisa dulce que encandiló a ambos saiyajin en distintas maneras.

—N-no lo sé —murmuró confundido, volteó hacia su padre, un poco apenado y susurró—no me va mal en las clases… no creo ser tonto ¿lo soy? —le preguntó al rey.

—Por supuesto que no —respondió su padre y apoyó su mano en su hombro—tu hermano considera a todos idiotas, ya sabes como es él. —Comentó intentando restarles importancia a los insultos de su hijo mayor. —Bulma tiene razón, lo que importa es lo que tú pienses, te lo he dicho antes.

—Siempre la tengo —dijo orgullosa. Vegeta iba a bromear al respecto, pero guardó silencio cuando su hijo mayor se acercó con sigilo, que él notó un poco tarde. Volteó hacia Trunks cuando estaba a un par de metros de ellos, y el resto lo imitó. —¡Cariño! ¿qué pasa? ¿ya tienes hambre?

—Sí —murmuró sin dejar de mirar a Kyabe. Bulma asintió y se acercó hacia él, tomó su manito y lo arrastró hacia el otro extremo del patio. Vegeta frunció el ceño, el último vistazo que su hijo le dio al menor, no le agradó.

Su mirada gélida escondía algo que reconoció muy bien. Estaba más que consciente de que su hijo mayor no estimaba a su medio hermano, sin embargo, jamás pensó que fuera una competencia, pues Trunks siempre se comportó como un saiyajin que no se podía comparar con sus pares, pues estaba en otro nivel-de lo que estaba de acuerdo, pero no se lo decía para no aumentar su ego-sin embargo, lo que había visto ahora eran celos y rencor, cosa que antes no había presenciado en el príncipe ¿por qué ahora? Y estaba seguro de lo que había visto, lo conocía por experiencia propia, y la expresión de su hijo había sido la misma que él hacía inconscientemente cuando se sentía de la misma manera, pero Trunks no tenía motivos para celar a Kyabe. Un poco confundido, guío a su hijo menor para seguir a Bulma y a su primogénito, en el camino se le sumó Laurel y Ery. Su sobrina le hablaba a su madre con entusiasmo, sobre lo agradable que era la tierra y el castillo, su hijo no tardó en sumarse a la plática con su prima.

—La mamá de mi hermano es simpática —murmuró entre risas el menor. Vegeta sonrió al escucharlo y volvió su mirada hacia el frente, justo a tiempo para ver como su hijo había volteado a ver a su hermano al escucharlo, y entonces lo entendió. Cuando Trunks se vio descubierto, volteó rápidamente hacia el frente, demasiado obvio para el rey. Su hijo no quería que Kyabe se acercara a Bulma, y no sabía si eso era bueno o malo. En parte mostraba interés por su madre, sin embargo, esa posesividad no auguraba nada provechoso para la relación entre hermanos, y temía que ese interés de Trunks se debiera solo a hacer daño a su medio hermano, y no por real aprecio hacia su madre. A veces sentía que no conocía a su hijo mayor, y temía encontrarse con su propio reflejo de antaño, pues las pinceladas que le mostraba le hacían recordarse a sí mismo, y necesitaba ponerle un alto.


(…)


No se acostumbraba a compartir la mesa con tantas personas que no le agradaban, bien, su familia en Vegetasei tampoco era de su total aprecio, pero solo por Riander y Kyabe, que no los consideraba parte de su familia, en cambio en la tierra, su tía, abuela, el tío Jaco y el "tío Raditz", lo eran y ninguno era de su agrado. Su tía y abuela era un caso aparte, las estimaba, sabía que era importante para ellas, y en alguna medida, para él también lo eran, pero las parejas de su tía eran otro cuento. Raditz era un saiyajin desertor, que en su opinión no debería tener un espacio en la mesa ni mucho menos un indulto para estar allí. El patrullero por otra parte, era irritante y que lo hubiera cuidado de bebé no era un motivo suficiente para tenerle paciencia. Estaba harto de sus historias inventadas, de las aventuras siendo patrullero en que atrapaba a peligrosos criminales, y que Kyabe y Ery escuchaban emocionados.

Suspiró con hastío y cuchareó el estofado, la mesa estaba repleta de diversos alimentos, cada uno con un aroma engatusador, pero su humor no mejoraba. Su madre carcajeó fuerte cuando su tía interrumpió al rey para burlarse de su cuento, y entre ambas se dedicaron a molestarlo. Trunks miró indiferente la escena, volvió a cucharear su platillo y masticó lentamente, casi aburrido.

—¿Era mentira? —preguntó Kyabe a la princesa Bulma, y Trunks miró atento el intercambio. —Si no atrapó al vaquero galáctico ¿sigue prófugo?

—Cariño, a Jaco hay que creerle la mitad de lo que dice —respondió Bulma, ganándose más risas por parte de los presentes, hasta de su tía Laurel.

—Menos de la mitad —murmuró Tight.

—¡Oye! —exclamó avergonzado el rey de la tierra—¡están calumniándome en frente de los niños!

—Te calumnias solo —susurró Raditz, lo suficientemente alto para los saiyajin.

Trunks resopló molesto, pero su reacción pasó desapercibida por las risas, pero no para su madre. Bulma estaba participativa en la plática, sin embargo, no dejaba de prestarle atención a su único hijo y había notado desde hace horas que no estaba pasándolo muy bien. No sabía a ciencia cierta el porqué, a esas alturas todo la hacía dudar y creía que no estaba siendo buena anfitriona. Era el primer día de visita y ya se sentía estresada, pero no por su compañía, sino que los nervios le jugaban una mala pasada. Bebió un sorbo de su copa y la dejó con suavidad sobre la mesa, miró la mano de su hijo y notó que ya no parecía la de un niño, podía ver en sus dedos las asperezas por sus entrenamientos a diarios, y las había sentido en cada ocasión en que él le permitió tomarlas. Sentía la necesidad de hacerlo ahora, como si su mano quieta le estuviera pidiendo a gritos su protección, un poco de cercanía. Sonrió, sabía que no era de ese modo y que, por el contrario, era ella quien necesitaba el contacto de su hijo. Estaba tentando a su suerte, él estaba en una postura de "ya no soy un niño, no necesito nada de ti", y podía rechazarla en cualquier momento, pero lo intentó. Con Trunks era lo que hacía falta, intentar, insistir, agotar sus opciones y no podía rendirse con su hijo, no quería y no podía. Relamió su labio inferior y con determinación, posó su mano derecha sobre la izquierda de su hijo que descansaba al lado de su servilleta. Para su sorpresa, el niño no la apartó, pero tampoco la miró para darle aprobación, solo continuó comiendo como si esa caricia no existiera.

—¿Está todo bien? —le preguntó en un susurro, solo para él, mientras el resto seguía riéndose de Jaco. Trunks asintió sin mirarla, lo vio echarse una cucharada de verduras a la boca, parecía atento a su plato, pero era una actuación. Su hijo estaba alerta a cualquier movimiento suyo para detenerla, aun así, acarició hacia arriba y abajo su mano. —¿Quieres algún platillo en particular para mañana? —Trunks tragó y meditó unos segundos, volteó hacia ella y murmuró serio, casi sin entusiasmo.

—Pescado —dijo. Bulma asintió y tomó su mano, la besó con suavidad y el pequeño medio saiyajin de 10 años se congeló. Estaba seguro que todos lo habían visto, sin embargo, no tuvo el coraje para apartarla o quejarse, el beso de su madre fue delicado y recordaba bien como se sentía cuando lo mimaba, el cariño materno no se olvidaba en dos años.

—Pescado suena bien —respondió después de dejar su manito sobre la mesa—pediré que lo compren mañana en el puerto, así estará fresco.

—No me gusta el pescado —interrumpió Kyabe—¿qué comeré? —preguntó y mascó su patata asada. Trunks frunció el entrecejo, la ira fue ascendiendo desde su vientre, subiendo lentamente por su pecho y antes de expulsarla en un comentario ácido, su madre habló con dulzura a su medio hermano.

—Habrá otros platillos, cariño. No te preocupes —el niño asintió conforme y continuó comiendo.

Trunks miró con desprecio al saiyajin, sabía que haberlo traído resultaría en un dolor de cabeza, pero no pensó que con solo unas cuantas horas ya le estuviera estorbando. Tenía la ligera sospecha que con él rondando cerca, sería difícil crear instancias para dejar a sus padres a solas y aquello entorpecía sus planes y lo peor, podía ralentizar todo y con ello, su estadía en la tierra sería de más días y no podía permitirlo. Sin embargo, no era simple deshacerse del mocoso, seguía a su padre a todos lados y lo peor, empezaba a acercarse demasiado a su madre y no le gustaba en lo absoluto. Que estuviera cerca de su padre lo comprendía y hasta ya se le hacía una costumbre, pero su madre no tenía nada que ver con el crío y no permitiría que siguieran interactuando, si era necesario intimidar al hijo de Riander, lo haría, no tenía escrúpulos si era para conseguir lo que quería, además, quizá la misma reina estaba detrás de las intenciones aparentemente inocentes de Kyabe.

—¿Servimos el postre? —preguntó Tight, Bulma asintió y volteó hacia su hijo con una amplia sonrisa.

—Hay helado —le dijo a su hijo—y pastel ¿sigue gustándote la fresa? —Trunks frunció el ceño, un poco pensativo por unos segundos, finalmente se encogió de hombros y tomó su vaso, bebió un sorbo de jugo natural de frutas y habló sin mirarla.

—No como desde la última vez que vine —murmuró y dejó el vaso sobre la mesa.

—Ah… creí que había un huerto de fresas orgánicas cerca del palacio —frunció sus delgadas cejas al recordarlo, estaba segura que existía pues Vegeta lo había mandado a construir cuando estaban juntos, después que se quejó que las frutas de exportación no sabían frescas.

—Nadie las comía —respondió Vegeta, sin mirarla mientras cortaba un trozo de carne, los demás ya habían finalizado su cena, pero él prefirió repetir el plato de filete. —Se estaba perdiendo el terreno.

—Claro —asintió Bulma, un poco molesta—tiene sentido. —Era práctico, y si hacía memoria, no lo había visto en los años que estuvo con Trunks en Vegetasei, supuso que lo había quitado en el tiempo en que la creyó muerta.

—¿Qué es helado? —preguntó Kyabe—¿es un postre?

—¡¿No han probado el helado?! —exclamó indignada la princesa. Ery miró a su madre y luego a ella, negó meciendo su delicado cabello negro azulado y Kyabe se encogió de hombros—¿qué clase de infancia llevan?

—Una de saiyajin —respondió Trunks y Bulma guardó silencio. La joven madre relamió su labio inferior para hablar, pero ninguna idea coherente llegó a su rescate, solo comentarios despotricando en contra de la raza de guerreros y sabía que aquello era faltarle el respeto a todos los saiyajin presentes y se ganaría una cátedra y discusiones difíciles de controlar y que no venían al caso. Resopló cansada y negó, un poco cansada.

—Pues aquí no será así —dijo con entusiasmo—. En estos días descansarán de ser saiyajin y serán unos niños felices ¿están de acuerdo? —no esperó que respondieran y continuó hablando—comerán dulces, veremos películas y visitaremos parques de atracciones.

—No sé qué es todo eso, pero me gusta como suena —murmuró Ery hacia su madre, Laurel le sonrió en respuesta y bebió un poco de té.

—Imposible —Bulma volteó hacia Trunks cuando lo oyó, el niño en cambio miró a su padre y habló buscando su aprobación—no podemos saltarnos nuestros entrenamientos.

—No estás en Vegetasei, hijo —respondió el rey, después de tragar el trozo de carne—no tienes las condiciones necesarias para continuar con tu entrenamiento, y deberías divertirte, como sugiere tu madre —Bulma lo miró agradecida, por un momento pensó que estaría de acuerdo con Trunks, antes lo hubiera estado, sonrió hacia el saiyajin y volvió a acariciar la mano de su hijo, pero esta vez el príncipe la apartó con un movimiento rápido haciendo que se golpeara con la superficie de la mesa. Bulma lo observó perpleja, no alcanzó a cuestionarlo cuando Vegeta habló por ella—Trunks, ten más cuidado —le dijo en tono de advertencia.

—Claro —dijo entre dientes el niño—pero no estoy de acuerdo, no puedo saltarme mis entrenamientos ¿por qué no trajiste tu cámara de gravedad?

—Porque viniste a pasar tiempo con tu madre, no a entrenar ¿queda claro? —Trunks mordió su mejilla interna, buscaba controlarse y no hacer un escándalo en frente de su padre, su respiración no logró contenerla y se agitó ligeramente, exhalando con fuerza.

—Entiendo —dijo Bulma, llamando su atención. Volteó a verla con el ceño arrugado, pero al ver su expresión seria, alzó sus cejas y esperó por su comentario—. Entrena en la mañana y después de almuerzo, podemos pasar tiempo juntos ¿te parece? —Trunks no respondió, la miró fijamente, buscando algún engaño en sus palabras. Porque ya no era un niño, y no podían distraerlo con cosas que luego no cumplirían. Resopló cansado y asintió, al mismo tiempo la servidumbre llegó con los postres.

—¡Llegó el helado! —exclamó su abuela, sin embargo, a diferencia de su medio hermano y prima, no miró con entusiasmo los platillos llenos de postres dulces. Se desplomó en su asiento y apoyó su barbilla en su mano izquierda, para evitar que su madre volviera a tocarlo, y ella lo notó.


(…)


Su cabello caía pesado sobre sus orejas e incluso con lo húmedo que estaba, no dejaba de lucir lacio. Frunció el entrecejo a su reflejo borroso por el vapor que se impregnó en el cristal del espejo, con su mano izquierda lo limpió y suspiró cansado. Era irritante mirarse, y aún así no dejaba de hacerlo, como si la próxima vez su reflejo fuese a cambiar, pero lo hacía por su orgullo, porque se negaba a dejarse vencer por su inseguridad. Su apariencia era su punto débil, pero solo él lo sabía y no dejaría que nadie lo viera y para ello, debía acostumbrarse, aceptar que sus colores no cambiarían.

Tomó su cepillo y lavó sus dientes por un par de minutos, con movimientos rápidos de su muñeca derecha, sus ojos viraban hacia el espejo y el lavamanos, donde cayó una gota de pasta dental, entonces se fijó en el dorso de su mano izquierda, y recordó lo que había hecho en la cena. Un poco de vergüenza le invadió, no porque lo hubiera presenciado toda la familia, más bien por lo que había causado en su madre. Era fácil para él leer las expresiones en sus ojos azules, su madre era un libro abierto y cada vez que la veía desanimada, tenía que ver con él-no quería asumir que era el culpable, no del todo-pero no podía forzarse a hacer y decir cosas que no sentía, ella debía entender que ya no era un niño, e insistía en tratarlo como un crío de 5 años. Escupió molesto y enjuagó su boca, tomó una toalla de mano y secó sus labios, cuando terminó la dejó en el mismo lugar en que la encontró y salió del cuarto de baño. Se quedó de pie observando la habitación, era cómoda, mucho más pequeña que sus aposentos en Vegetasei, pero serviría para descansar y lo necesitaba. El viaje y soportar a todos lo había dejado muy cansado, por lo que un cuarto como ese no era mal recibido.

El dormitorio tenía una cama amplia en el centro, las mantas eran de color blanco grisáceo, se veían suaves e imaginó que eran finas. Las cortinas del ventanal eran de tonos beige, había una alfombra de pelo corto gris a los pies de la cama y otra en el costado. Los muebles eran blancos, no había mayor decoración y aún así se le hizo demasiado familiar. El cuarto de su madre era mucho más amplio, y estaba llenos de recuerdos, fotos, planos y desorden por doquier, pero él había preferido el frío y poco personal dormitorio de invitados, junto al de su padre. Volvió a suspirar y caminó hacia la cama, se sentó en el borde y pasó una segunda toalla por su cabello, secando la humedad. Su mirada se quedó fija en el suelo, tenía mucho en qué pensar, organizarse para reunir a sus padres, sin embargo, no dejaba de pensar en la mirada triste de su madre.

Dejó la tela sobre su cabeza y apoyó sus codos sobre sus muslos, sin dejar de mirar la alfombra, recordando lo que había pasado durante el día y en cada momento en que compartió con su madre, ella terminó sonriendo, pero sus ojos no reflejaban alegría. Quizás eran los únicos en el castillo que se sentían de ese modo, porque él tampoco estaba feliz de estar allí, sin embargo, no sabía qué tenía a su madre triste, entendía que se había sentido así porque no la había ido a ver y no hablaba seguido con ella, pero él ya estaba allí ¿por qué seguía mal? no le gustaba, le cargaba culpas que no merecía y por lo mismo, no podía comportarse como le nacía, debía medirse y fingir que estaba conforme, o su padre lo regañaría y eso lo dejaba más irritable.

Volvió a resoplar, lanzó la toalla al suelo y se puso de pie, buscó en el armario un pijama adecuado, no tardó en encontrar una remera y pantalón holgado de color gris. Debería secar su cabello con un secador, la tela no había absorbido en su totalidad la humedad, pero no tenía ánimos, no le gustaba secar su cabello elevando su energía, pues le quedaba esponjoso y dentro de todo, le importaba demasiado su apariencia. Decidió irse a dormir así, se metió rápido entre las sábanas, la cama era cómoda, pero se le hacía extraño dormir en un cuarto que no era el suyo. No alcanzó a recostarse ni apagar la luz de la lámpara en su velador, dos golpecitos suaves se oyeron tras la puerta. Frunció el ceño cansado y pensó en no responder, pero la puerta se abrió de todos modos, su madre se asomó y al verlo despierto, se animó a entrar sin preguntarle, su semblante se endureció al verla cerrar la puerta y caminar hacia su cama.

—¿Está todo bien? —le preguntó con una sonrisa, Trunks asintió. Iba a apartar la mirada cuando notó que llevaba su cabello suelto, lucía más joven, vestía su bata por lo que supuso que estaba lista para irse a la cama también, y que estuviera allí se le hizo sospechoso, no quería compartir cama, menos con ella, por lo que prefirió hacérselo entender con otras palabras.

—Sí, estoy cansado —su madre no comprendió su indirecta y se sentó en el borde derecho de la cama, se inclinó un poco y le acarició el cabello—de verdad, quiero dormir.

—No te dormirás con el pelo húmedo —dijo con el ceño fruncido—dame un momento, iré a buscar el secador.

Y así, un minuto después, su madre estaba sentada detrás de él secándole el cabello, el aire caliente mecía su cabello, pero no era molesto. La nostalgia volvió a invadirlo, su madre no cambiaba, en su última visita también lo trató de ese modo. Y era molesto, pero no dijo nada, se quedó en silencio aceptando aquel gesto cargado de amor y protección maternal. Cuando terminó, la vio volver al baño para dejar el aparato. Al regresar, volvió a sentarse en el borde de la cama y Trunks supo que, si no la echaba, ella se quedaría allí.

—Mamá —dijo, la princesa alzó ambas cejas en señal de atención, se relamió el labio inferior e intentó que su voz no se oyera irritada—estoy cansado, mañana hablamos.

—Sí —asintió Bulma. Se puso de pie apenas terminó de hablar el menor, lo vio acomodarse entre las cobijas y darle la espalda. Tragó saliva nerviosa y volvió a sentarse. Trunks suspiró y volteó hacia ella, expectante y sin pensarlo demasiado, habló—¿qué puedo hacer? —le preguntó. El príncipe frunció el ceño, un poco extrañado y confundido, pero ella no tardó en explicarse—para recuperarte… ¿qué puedo hacer por ti?

—¿De verdad harías algo por mí? —le preguntó con suspicacia que su madre no percibió. Ella asintió con entusiasmo, susurrando un "por supuesto". Trunks sonrió y habló sin una pizca de pudor—seduce a papá. —Bulma no respondió, se quedó congelada al escucharlo, el asombro pintó sus gestos, por lo que prefirió explicarse—. Si vuelves con papá, te hará reina y mi sucesión no se cuestionará.

Bulma parpadeó lentamente, su vientre se sentía pesado, como si tuviera una roca que le dificultaba moverse. Sus ojos azules no se despegaban de los celestes de su hijo, similares en el color a los de su abuelo, pero tan iguales a los de su padre, y supo allí, en ese momento, que el Trunks que había criado ya no existía.

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N/A: Holiiiii! siento la demora :c han sido días complejos, y no tuve mucho tiempo para escribir. Pero tenía que publicar pronto el cap para trabajar en los one-shot que me encargaron (sí, estoy recibiendo comisiones por one-shot y fic, no me juzguen zoy paaabreeh xDDD )

Espero que se vaya entendiendo la idea, y lo que siente cada personaje. Me gusta y emociona escribir estas escenas, y las que vienen sobre todo u3u. No odien a Trunks, es un niño dentro de todo y con mucho rencor, sé como puede ser un niño/adulto con pensamientos así, como el de creer que los padres lo abandonan. Aunque es un pequeño diablillo hahahah, debo reconocer que la cercanía de Bulma y Kyabe y los celos de Trunks no lo tenía planeado, pero me dejaron varios rw diciendo eso y me gustó la idea, muchas gracias!

Disculpen las palabras enredadas, letras sobrantes o faltantes, errores ortográficos, acabo de terminar el cap y editar :B

Quiero actualizar más seguido, para poder terminar el fic Dx! está próximo de superar en rw a GTC, y es difícil de creer hahaha, muchas gracias a quienes continúan leyendo y dejando rw, en serio lo aprecio, he continuado escribiendo por ese apoyo. Saluditos para todxs, mucho ánimo y deseo con toda mi alma, que estén bien y que puedan superar todo lo que les ponga la vida en el camino, mucha fuerza para todo el pueblo latinoamericano.

Así que dejen REVIEW o los golpeo con mi guitarra!

Criss, si lees esto, mucho ánimo para soportar tu dolor, te mando todo mi amor y buenas energías.