Que no te entregaría yo, por tenerte a mi lado
Leyéndome de nuevo un verso más.
Como hiciste alguna vez,
Como ya no has vuelto a hacer
Y desde aquel mismo momento, quiero que sepas niña
Que vivo loco solo de pensar... que no te daría yo
Que no te daría yo, que fui capaz de amarte
Después de destrozarme, ya me ves.
Cuando dije... te daré
Libertad para crecer.
Aun sabiendo que contigo, se me iba la vida
Lo hice solamente por saber...
Ahora entiendes el por que
De locura hasta enferme.
Que no te daría yo, Alejandro Sanz.
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Capítulo 23
Comprensión
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Las palabras de su hijo habían sido bastante claras, aun así, en su cabeza se repetían una y otra vez intentando entenderlas, de entenderlo a él ¿realmente aquella petición había salido de la boca de su hijo de 10 años? Entreabrió sus labios para poder responderle, pero se quedó en blanco. Observó sus ojos celestes, sus espesas cejas lavanda y cabello limpio que recién había secado, y entendió ahí, en ese minuto, que el niño que tenía en frente era un desconocido para ella. Lo había parido, amamantado y cuidado por cuatro años prácticamente sola, y ahora era un niño completamente distinto al que había dejado de ver hace ya dos años. «También debo ser una extraña para él» pensó. Tragó lo que se había acumulado en su boca, un trago amargo lleno de culpa, casi al instante pensando en que no debió alejarse de su vida, reprochándose nuevamente. Y a pesar de ello, no podía creer del todo lo que estaba presenciando, que su hijo fuera un chiquillo tan sombrío y calculador, cuando nadie le había ido a contar aquello, ella misma lo había escuchado, aun así, no quería creerlo.
Su ceguera le hacía buscar culpables, no solo ella tenía que ver en el cambio radical de su hijo, y apenas lo pensó, notó un brillo en los ojos de su hijo que se le hizo malditamente familiar, que le hizo recordar épocas turbias de su vida, pero que no había vivido sola. Vegeta. Nuevamente el Vegeta que conoció le perseguía en la mirada y semblante de su único hijo, parecía una mala broma del destino ¿quizás era paranoia? Seguramente era la única que notaba el parecido y era el miedo quien le susurraba esas cosas, quizás la terapia no había sido tan efectiva como pensó.
—¿Fue Vegeta quién te pidió esto? —preguntó cuando se calmó. El ceño de su hijo se frunció al oírla, y cada segundo en que se demoraba en responderle se volvía una pesadilla difícil de aceptar como realidad. Sentía su corazón latirle deprisa, llena de ansias y miedo, intentaba respirar pausado, para no delatarse, pero si su hijo le estaba siguiendo los pasos a Vegeta, como creía, seguramente ya había notado su estado.
—No —respondió el príncipe—solo quiero asegurar mi posición como el legítimo rey —explicó con tranquilidad que dejó fría a su madre. Bulma, incrédula hasta el último minuto, como si su hijo estuviera apelando a una inocencia que no pidió, quiso insistir, pues en su cabeza no cabía la posibilidad de que Trunks fuera esa clase de niño.
—Dime la verdad —le pidió bajando el tono de voz, hablando entre dientes, luchando desesperadamente contra el deseo de gritarle y armar un escándalo—¿fue tu padre el que te pidió que me dijeras eso?
—¡Por supuesto que no! —exclamó extrañado y un poco indignado por la ocurrencia de su madre—mi padre jamás haría algo así —explicó, dejando entre ver el orgullo que sentía por tener un padre como el rey saiyajin—. Sí te pedí esto, es porque estoy seguro de que papá sigue interesado en ti, de otra forma no tendría sentido.
Sus ojos azules se estrecharon al oírlo, como si con eso pudiera detectar alguna mentira o descifrar el verdadero interés de su hijo al pedirle esa barbaridad-porque lo era-aun presa de la incredulidad, incapaz de creer lo que había escuchado y presenciado, pero no pudo detectar nada más que altivez y convicción en los rasgos del niño. Él estaba seguro de sus argumentos, del porqué le pedía lo que le pedía y no le veía nada malo, en otra situación, admiraría su tenacidad y se sentiría aliviada de que su hijo se esforzara por conseguir sus metas, sin embargo, ahora no le quedaba más que un amargo sabor en los labios. Le costaba creer-no quería hacerlo-que su hijo la viera de esa forma, que pensara en ella como una pieza de ajedrez a la que podía mover a su conveniencia para conseguir dar en el jaque «¿Cuánto valgo para él?» se preguntó, y sin tener una respuesta, ni atreverse a preguntar en voz alta, se puso de pie.
Cada movimiento suyo tenía la atención de su hijo, intentó no mostrarse esquiva o molesta, pero le costó. Por la reacción del menor, pensó que le estaba resultando mostrarse tranquila. Contuvo el suspiro, asintió de forma involuntaria, y no supo si lo hacía para sí misma, para darse ánimos y el impulso de salir de allí, o era una respuesta a las palabras del príncipe. Apenas lo pensó, supo que fue por lo primero, y se lamentó en seguida por hacerlo, pues era fácil de malinterpretar.
—Buenas noches, descansa —dijo y sin esperar una respuesta, le dio la espalda y caminó dando pasos largos para llegar rápidamente a la puerta.
Giró el picaporte con movimientos torpes, su mano temblaba ligeramente lo que hizo que el metal se sacudiera innecesariamente, y apenas logró abrir la puerta, salió abruptamente y cerró detrás de sí. Una vez en el pasillo, sintió que pudo respirar con más libertad, inhaló profundamente y exhaló bulliciosa, lo repitió un par de veces, buscando calmarse y ordenar sus ideas, pero no fue suficiente. Mordió su labio inferior y comenzó a caminar hacia la derecha, para poder llegar a la intersección de pasillos y así ir a sus aposentos, pero no alcanzó a avanzar demasiado. Sus pies se detuvieron entre la habitación de su hijo y la siguiente, se quedó viendo la madera oscura de la puerta que estaba a unos metros de distancia, su pecho subía y bajaba excesivamente al ritmo de su respiración y fue allí que notó que estaba haciendo demasiado ruido con su propio respirar.
Sin pensarlo demasiado, ni con las ideas ordenadas, caminó lentamente hacia la puerta que le saludaba. Se quedó de pie afuera de la habitación, observando el brillo del barniz, y sin dudar un segundo, posó la mano sobre el pomo y lo giró de un solo movimiento, impulsando hacia delante cuando sintió la cerradura ceder, atravesó el umbral en cuestión de segundos y cerró una vez que su cuerpo estuvo por completo en el interior del dormitorio de invitados. Exhaló fuerte, casi un suspiro de derrota cargado de rabia consigo misma, con la situación, y sobre todo decepción en su rol de madre. Volteó hacia el centro del dormitorio adivinando el lugar exacto en que lo encontraría, como si hubiera sentido la mirada de sorpresa del rey fija en ella, pero le restó importancia.
—Nuestro niño está mal —fue lo primero que logró decir y al ver su expresión de preocupación supo que comenzó mal su descargo. Porque a eso había ido a verlo, necesitaba contarle a alguien lo que estaba pasando y el mejor para escucharla era el padre de su hijo, pues el problema era de ambos, y, sobre todo, él podría darle alguna explicación a lo que acababa de pasar, y lo necesitaba con urgencia.
Sentía que en cualquier momento podía estallar en gritos o llanto, tenía un nudo en la garganta que le dificultaba la tarea, y no sabía si aquello era bueno o malo, le servía para mantener la calma, sí, pero contenerse tampoco era bueno, había un límite para todo, y llevaba demasiado tiempo suprimiendo sus sentimientos respecto a su hijo, y estaba cansada. Veía en Vegeta un soporte, sabía que él podía entenderla, después de todo lidiaban con la misma situación, tenían un hijo en común y era el deber de ambos de criar bien al menor, y sentía que había fallado. Necesitaba saber si él se sentía del mismo modo, o si podía entenderla, de lo que sí estaba segura era de que la podía escuchar.
—¿Qué es lo que le pasó? —preguntó el rey—¿qué es lo que te pasa? —agregó al ver la desesperación en su rostro. La miraba atento, intentando descifrar cada gesto, pero lo único que pudo percibir fue su preocupación, estaba alterada, y respiraba agitada, todo su cuerpo le gritaba que era un manojo de nervios y empezaba a contagiarle su temperamento, pues verla en ese estado era motivo suficiente para inquietarse.
Cuando la vio entrar a su dormitorio de repente, sin siquiera tocar, su imaginación le jugó una mala pasada. Comenzó a pensar en mil escenarios, y en todos terminaban en el mismo resultado, ambos envueltos entre las sábanas, con los cuerpos acalorados y suspirando. Pero apenas vio su rostro, supo que algo andaba mal y sus fantasías se esfumaron con rapidez, dejando nada más que la ansiedad por saber qué era lo que pasaba. Ella tardó en responderle, miraba la alfombra que pisaba y caminaba de un lado a otro, como si pensara el cómo decirle y se impacientó aún más. Bulma era una mujer lista, de lengua rápida, a la que difícilmente podías dejar callada con algún contraargumento, pero ahí estaba, mareándolo de tantas vueltas que se daba. Levantó las cobijas de un solo movimiento y se puso de pie, no alcanzó a caminar hacia ella, cuando la joven detuvo el paso y levantó la mirada hacia él.
Vegeta frunció el ceño al mirarla, las facciones de la joven princesa cambiaron de repente, de desesperación a sospecha y fue su turno de mirarle con desconfianza. Bulma puso sus manos en su cintura y levantó la barbilla, como si quisiera hacerle frente a una discusión que aún no comenzaba.
—¿Qué fue lo que le pediste a Trunks? —le preguntó en un intento de tono amenazante, pero no lo suficientemente grave como para conseguirlo. El rey alzó una ceja al oírla, pero le restó importancia y se concentró en su pregunta. Guardó silencio por unos segundos, pensando, acto seguido terminó por negar y encogerse de hombros, y habló en su tono habitual de seriedad.
—No sé a qué te refieres —reconoció, pero apenas soltó aquello, recordó los regaños del día—. Hoy le he dicho que sea amable y respetuoso contigo ¿por qué? ¿soltó alguna pesadez? —le preguntó acercándose. La joven no bajó la guardia, su postura a la defensiva le incomodó, por lo que prefirió no acercarse demasiado y se quedó a un par de metros de distancia.
—Me pidió que te sedujera —dijo entre dientes, controlándose para no gritar al mismo tiempo que sus mejillas se sonrojaban de la rabia y vergüenza. El rey alzó ambas cejas al oírla y entreabrió los labios para hablar, pero no dijo nada, por lo que siguió hablando—. Me dijo que, si te seducía, tú me harías reina y él no tendría que preocuparse por su título de heredero a la corona —el silencio se instaló entre ambos por un par de minutos, él asimilando lo que acababa de escuchar y ella esperando por una explicación. La impaciencia de la princesa le jugó una mala pasada a la presunta inocencia del rey, creyó que su silencio lo delataba y con seguridad, continuó hablando—¿qué mierda le estás pidiendo a nuestro hijo?
Vegeta frunció el ceño, confundido e indignado, meditó unos segundos antes de responderle. Muchas ideas pasaron por su cabeza, un conflicto entre lo racional y lo emocional se instaló en su mente; podía llegar a entender su desconfianza y dudas, pero a la vez, no le encontraba sentido ¿tan poco le conocía? La decepción empezaba a arrasar lentamente cada argumento o defensa hacia la joven, y si no lo atajaba, la situación se les escaparía de las manos y era lo que menos deseaba. Su relación cordial con la joven era lo único a lo que podía aspirar, no deseaba que eso cambiara a menos que mejorara, una discusión llena de reproches y malos entendidos solo le haría retroceder. Por lo que prefirió ignorar su despecho y le dio prioridad al raciocinio.
—Jamás le pediría algo así —dijo serio, observándole a los ojos, buscando convencerla, que pudiera ver a través de ellos y confiara en él. No tardó en conseguirlo, la vio suspirar, agachar la cabeza y exhalar profundamente, al mismo tiempo que bajaba su mano derecha de su cintura, desmoronando su defensa.
—¿De dónde sacó eso, entonces? —preguntó sin mirarle, parecía avergonzada, pero no estaba del todo seguro.
—¿Estás culpándome? —insistió, mirándola con reproche y ella levantó la mirada, encontrándose con sus ojos acusadores. Se observaron por un par de segundos, Bulma desvió la mirada primero.
—No sé qué pensar —reconoció. El silencio los envolvió una vez más, Vegeta avanzó hacia ella y se paró a medio metro de distancia, observó sus mejillas acaloradas, su cabello estaba suelto y el aroma de su champú le envolvió, tuvo que concentrarse para no pensar en tocarlo.
—Creí que me conocías —le dijo en tono acusador. Bulma relamió su labio inferior y volteó hacia él, haciendo una mueca a modo de disculpa. —Tengo los suficientes cojones para cortejarte por mi propia cuenta. —El rubor en sus mejillas se incendió casi abruptamente, supo que la avergonzó y celebró mentalmente por ello. Era una buena reacción, la conocía, si se hubiera sentido incómoda no se habría ruborizado y en cambio, le habría observado directamente, seria y distante. Ahora se le escondía, apenada, evitaba mirarlo como cuando eran unos recién casados y luchaban constantemente por el control de la relación. Sonrió nostálgico al pensarlo.
—Lo siento —dijo y negó, mirando hacia el suelo—me desconcertó demasiado lo que pasó…
—Jamás usaría a mi hijo para algo así —insistió—además, no puedes ser reina. Aunque Trunks lo exija, no podemos pasar por alto los protocolos de mi imperio —Bulma evitó mostrar algún gesto que delatara su incomodidad al escuchar eso último, pero no pudo controlar la punzada en su pecho. Era absurdo sentirse de ese modo, se dijo, después de todo era lo que ella misma se había encargado de conseguir después de sus mentiras, y en parte-aunque no había sido de la forma correcta-se había liberado de un rol que nunca quiso, pero escucharlo de Vegeta le provocaba sensaciones difíciles de entender.
Tal vez era su ego el que le jugaba malas pasadas, quien quería tener todo controlado, que el motivo por el que no era reina fuera porque no quería serlo y no porque no pudiera, seguramente no le dolería si fuese de ese modo. Suspiró profundamente, había perdido la cuenta de las veces que lo había hecho, pero la presión en su pecho la forzaba a hacerlo, pero no le estaba ayudando.
Vegeta la miró en silencio, pensó en decirle que él también quería hacerla su reina, sin embargo, lo encontró innecesario. No venía al caso, y lo importante por discutir era lo que pasaba con su hijo, no lo que quería que pasara entre ambos. Mordió su mejilla interna derecha cuando notó como el semblante de la princesa se volvió sombrío, y a la vez, sus ojos vidriosos, sabía que estaba conteniéndose y se preguntó cuánto más podría conseguirlo. Quiso decirle que soltara su pena, que él la cobijaría, que no le molestaba escuchar su llanto, que ya no era el mismo imbécil de joven que se molestaba con las muestras de afecto. Pero no pudo. Por una parte, quería respetar su esfuerzo por no derrumbarse, y a la vez, se sentía un poco inexperto en eso de consolar, creía que podía empeorar el estado de ánimo de la joven, por lo que prefirió guardar silencio.
Bulma no lo pensó demasiado y cansada, avanzó hasta la cama del rey y se sentó en el borde, cruzó una pierna sobre la otra, posó ambos codos sobre sus piernas y apoyó su cabeza en sus manos, se quedó mirando fijamente la alfombra, como si fuera lo más interesante que había en la habitación. Ni siquiera pasó por su cabeza que podía estar incomodando al rey, a pesar de que llevaban años sin verse en persona, seguía sintiéndose en confianza con él, después de todo, habían vivido muchas cosas juntos, se habían expuesto en tantos sentidos que no había espacio para timidez. Además, estaba segura que él le diría que se fuera si quisiera descansar, ni siquiera la había regañado por entrar sin pedir permiso, las cosas entre ellos parecían mejor que antes incluso ¿sería la madurez? O ¿Qué ya no había secretos entre ambos? Quizás ambos, pero lo importante era que eso ayudaba a llevarse bien, a poder mantener pláticas cordiales, decir lo que pensaban sin pensar en no enojar al otro.
—¿Qué pasa con nuestro hijo, Vegeta? —le preguntó, levantó la mirada de la alfombra para observarle. El rey lucía su bata, al igual que ella estaba listo para dormir.
—Me encantaría poder responderte —soltó con frustración. Iba a caminar hacia la cama para acompañarla, pero se desvío a último segundo y avanzó hacia el minibar que le habían instalado en el dormitorio. Acomodó un par de copas, miró las botellas disponibles y optó por una botella de vino tinto, descorchó la botella con facilidad y medió llenó ambas copas. Las tomó con cuidado y volvió hacia donde la joven, se sentó a su lado en el borde de la cama y le entregó una copa.
Bulma miró agradecida el vaso y susurró un "gracias" apresurado, bebió un sorbo de la copa con suma prisa como si recién notara que tenía la garganta seca, casi sin degustar el sabor de las uvas, el líquido le dejó un gustillo un poco ácido que le hizo fruncir el ceño, pero no importaba, bebió otro sorbo dejando la copa casi vacía. Miró al rey, él a ella y luego su vaso, se puso de pie y fue por la botella. La joven medio sonrió al verlo, su actitud servicial le recordó a cuando compartían el lecho, él siempre la atendía, pero el contexto de esos tiempos era mucho más íntimo y era consecuencia de ello que siempre pensó que él se abría con ella después de tener relaciones sexuales, pero al verlo tan paciente, atento y comprensivo solo porque le nacía serlo, le confundió ¿qué había pasado con el saiyajin déspota y cruel? Parecían ser recuerdos de otra persona, o quizás él había cambiado profundamente, mejorando como individuo y eso lo hacía ser un buen rey, buen padre y un buen saiyajin ¿cuándo lo habría imaginado? Ni en sus mejores sueños fantasiosos pensó que él podría llegar a cambiar a ese punto. Y es que, por lo mismo, cuando nació Trunks quiso esconderlo de él, ahora estaba arrepentida de ello.
Si no se hubiera escondido, quizás ese cambio lo habría conseguido apenas naciera su hijo y lo de ellos nunca hubiera terminado, frunció el ceño al pensarlo. Siempre que compartía un buen momento con Vegeta, se quedaba pensando en lo que no fue y en el cómo pudo ser. Se reprendió mentalmente, además, todo lo que había pasado había ayudado a que ambos mejorarán y se convirtieran en lo que eran ahora, quizás si no se hubiera ido él jamás le habría confesado sus sentimientos ni la habría dejado ir, y hasta la actualidad que seguía pensando que era el acto de amor más genuino que tuvo con ella.
—¿Por qué piensa así? —le preguntó cuando él volvió a su lado con la botella en la mano, levantó la copa y la inclinó levemente y observó atenta como la llenaba con vino, esta vez le sirvió un poco más de la mitad, casi llena—¿alguien le dijo algo?
—No he sabido de algo así —murmuró Vegeta, dejó la botella en el suelo y se sentó nuevamente junto a ella, bebió un sorbo de su copa con calma a diferencia de la joven que volvió a beber con prisa del líquido rojo oscuro.
—Algo debe haber pasado para que esté con esa mentalidad —relamió su labio inferior y volvió a beber—Trunks siempre ha querido ser rey, y sabe que lo será desde que tiene 3 años ¿por qué cree que su coronación está peligrando? —se preguntó a sí misma, sin esperar una respuesta—¿Riander le habrá dicho algo? —dijo sin pensar, y apenas lo hizo y pensó en su propia pregunta, frunció el ceño al imaginar que la saiyajin estuviera molestando a su hijo, y al imaginarlo, la cólera fue creciendo desde su vientre hasta su rostro, y el rubor en sus mejillas se intensificó, por el enojo o el vino, quizás ambas.
—No —negó Vegeta frunciendo el ceño—casi no comparten, y cuando lo hacen es en eventos públicos, me habría dado cuenta —dijo pensativo—y Trunks me habría dicho algo.
—No —le corrigió Bulma, el rey la observó expectante, el rostro de la princesa estaba serio, observaba el suelo con los ojos levemente estrechados, reconoció esa mirada astuta, por lo que esperó ansioso por su teoría—Trunks no te diría si alguien lo está molestando, él no es así… ¿tú qué piensas? Lo conoces mejor que yo —susurró frustrada, pero Vegeta pudo oírla de todos modos. El saiyajin resopló despacio, quería decirle que no era así, pero era una mentira burda e innecesaria, ella no era tonta y creía que adularla falsamente solo empeoraría la situación.
—Tienes razón —reconoció asintiendo, se tomó un par de segundos para beber otro sorbo y continuó—si alguien le dijo algo o lo está molestando, no me lo diría. Es demasiado orgulloso para pedirme que lo defienda.
—Debemos estar atentos —murmuró Bulma y se bebió todo el contenido de la copa. Buscó la botella, la tomó sin mucho esfuerzo y se sirvió con cuidado, sacudió el botellón hasta sacar la última gota, volteó hacia atrás para mirar el mueble con diversas botellas y vasos y dijo—perfecto, queda vino.
Vegeta no respondió, no de inmediato al menos, se quedó un poco sorprendido observándole. No recordaba haberla visto beber más de una copa desde que probó el vino por primera vez, quiso preguntarle si sus hábitos para beber habían cambiado, pero no fue necesario. Comprendió con rapidez lo que pasaba, Bulma necesitaba del alcohol en ese momento, era su escape de todo lo que le aquejaba, lo que le estaba ayudando a no desmoronarse, porque lo veía en sus ojos vidriosos, seguía conteniéndose, la plática le ayudaba a distraerse, pero el vino era quién la mantenía fuerte.
—Hace tiempo que Trunks tiene actitudes reprochables —reconoció resignado, casi confesándolo pues, de todas las pláticas que tuvieron, nunca se lo dijo. Era una culpa que cargaba en silencio, situación a la que no encontraba solución y de la que sabía era el culpable por no haber atajado a tiempo su comportamiento—. Es violento en los entrenamientos, sobre todo con su hermano. Es evidente que lo hace por un motivo, no sé si lo ve como una competencia por el título de rey o simplemente no le tiene estima… he conversado con él muchas veces, pero no consigo nada.
Bulma le miró de soslayo, notó durante el día que su hijo no se llevaba bien con su hermano ni prima, pero que fuera violento con el menor cambiaba el panorama. La preocupación le asaltó nuevamente ¿qué estaba pasando con su hijo? Y ¿por qué no sabía la respuesta? Se respondió casi al instante «si hubiera estado más presente en su vida, sabría qué le pasa o al menos lo conocería mejor», abrió los ojos lo que más pudo, evitando parpadear para así no soltar ninguna lágrima, reconoció ese ardor peculiar que le alertaba que en cualquier momento rompería en llanto, y no quería volver a derrumbarse. Necesitaba soluciones, buscar la mejor opción para ayudar a su hijo, no lamentarse por sus errores ni el pasado, llorar no le ayudaría en nada más que hacerla sentir peor, ni siquiera lo veía como un descargo emocional que necesitaba, de eso ya había tenido bastante.
—D-debemos organizarnos de alguna manera —le costó hablar, la angustia le recorría el pecho con fuerza, se sentía en el límite. Bebió el contenido de su copa casi sin pausas, cuando terminó, se le escapó un poco por la comisura de los labios y se secó con la manga de su bata, sonrió al pensar en la cara de espanto que le pondría su hermana por su comportamiento, pero no le importaba mantener protocolos inútiles, menos si quien la veía actuar así era Vegeta. Se puso de pie bruscamente, haciendo que todo el cuerpo se le balanceara por el mareo que le sacudió. Tardó un par de segundos en recuperar el equilibrio, y sin decir una palabra, caminó hacia el mueble en búsqueda de más vino.
Fue precavida y tomó dos botellas, una con cada mano y volvió a la cama, dejó una a los pies en la alfombra y la otra se la entregó al rey. Vegeta no preguntó, simplemente la recibió y descorchó para ella, mientras la princesa se instalaba nuevamente en el borde de la cama, y le extendía la copa impaciente. El saiyajin le sirvió la tercera copa, y llenó la suya con un poco más, le volvió a poner el corcho a la botella y la dejó junto a su pierna, al otro extremo para que Bulma no pudiera alcanzarla con tanta facilidad. Dos copas de vino no le eran suficiente para marearse, ni siquiera con unas diez botellas lo conseguiría, pero para la joven era diferente. En sí los humanos tienen menor tolerancia a distintos tipos de alcohol, y supuso que Bulma soportaba menos, pues no tenía habito de beber, y ya la notaba afectada por el par de copas que bebió con prisa.
—Necesitamos tomar la misma postura para corregirlo —continuó diciendo la princesa—si ve indecisión en ti o en mí, o que yo le digo una cosa y tú otra, terminaremos contradiciéndonos, y no solo lo confundiremos, no conseguiremos ayudarlo.
—¿Crees que él quiere ayuda? —le respondió observándola fijamente, sus mejillas estaban sonrojadas y no sabía si era por el vino o se debía a algo más, era un rubor similar al que lucía después de que se acostaban, no era un buen momento para recordarlo, pensó.
Estando solos, bebiendo, sobre una cama, ambos preparados para dormir vestidos con sus batas, un conjunto de factores que propiciaban un ambiente íntimo y su imaginación le ilusionaba, le hacía crear y fantasear distintos escenarios en que terminaba con ella entre sus brazos, ya sea consolándola y luego una cosa llevaba a la otra y terminaban besándose y amándose, escenarios favorables para su deseo que no dejaba de arder por ella. Se encontraba soñando despierto, mendigando alguna atención extra, una mirada, alguna sonrisa, un roce accidental, cualquier cosa que le insinuara que era un buen momento para actuar, sí, una oportunidad. Estaba buscándola y se sintió miserable al notarlo. Era consciente del problema que conversaban, de la importancia que tenía, apoyaba a la joven y la escuchaba con genuino interés, pero al mismo tiempo su amor por ella le hacía caer en aquel juego retorcido, porque lo sentía de ese modo. Ella contaba con él para cuidar de su hijo, que en conjunto buscaran alternativas para que el menor cambiara de actitud, y ahí estaba él pensando en cómo follarla ¿no había aprendido nada? «claro que sí, si fuera el mismo de antes ya habría atacado… ahora solo me lamento en silencio, como un cobarde, pero un cobarde comprensivo ¿en eso me convertí?» sonrió sin ganas al preguntárselo.
Bulma entreabrió los labios para responderle, sin embargo, por más que pensó en una respuesta, no se atrevió a decirla. Lo normal habría sido "defender" de algún modo a su hijo, decir que él era un niño todavía y que se podía corregir, que quizá le faltaba más atención y amor, pero sabía que no era así. Vegeta era un excelente padre, por mucho trabajo y responsabilidades que tuviera en su cargo de rey, jamás dejó de lado a sus hijos, y como planteaba, Trunks se sentía conforme consigo mismo, él no quería ayuda. Eran ellos quienes clasificaban sus actitudes como negativas y que buscaban corregir, el menor estaba orgulloso de cómo era. Su mirada se ensombreció, quizá la que debió estar ahí para él fue ella, si Vegeta se estaba desempeñando bien como padre y aun así su hijo tenía esos problemas, lo que le faltaba era el afecto materno. Llamarlo seguido no bastaba, más si el niño casi nunca le atendía las llamadas, no era suficiente preocupación y ahora obtenía los resultados.
Bebió todo el contenido de su copa, al mismo tiempo que mantenía los ojos cerrados para evitar llorar, cuando los abrió, observó el fondo del vaso con un par de gotas que se adherían al vidrio y que no conseguía hacer caer. Relamió sus labios, degustando el sabor a la uva y a esa altura, ya no le sentía la acidez propia del licor. Olfateó un par de veces y agachó la mirada, se cruzó de piernas y movió el pie derecho de forma nerviosa, evitó darle la cara al rey, se apresuró en pasar la manga de su bata por su cara cuando sintió que un par de lágrimas se deslizaron por su mejilla.
—No dejo de pensar que es mi culpa —susurró—si hubiera estado más presente en su vida… —volvió a olfatear y negó moviendo la cabeza, agachó la mirada y apretó sus labios, para finalmente soltar un largo suspiro—no sé cómo ganarme su confianza o respeto.
—Haz lo que te pide —Bulma abrió los ojos de par en par, entre sorprendida y confundida volteó a verlo, no alcanzó a indignarse cuando vio la media sonrisa burlesca del rey, y con esa pequeña frase, la joven olvidó la tristeza que la acongojaba y soltó una risotada. Le causó gracia su comentario, pero a la vez escondía con su risa la timidez que le afloró de repente al pensar en seducirlo.
Era absurdo si lo pensaba con detenimiento ¿cómo podía avergonzarse después de todo lo que habían vivido? Es que con Vegeta no podía evitarlo. Era el hombre que había despertado tantos sentimientos y sensaciones en ella, una pincelada de infinitos sentires que no sabía cómo interpretar, o más bien, que no quería descifrar. Porque en el fondo lo sabía, sabía por qué sentía lo que sentía y porqué Vegeta bromeaba al respecto, y seguramente él también estaba al tanto. Hacían un trabajo estupendo al mantener su relación cordial y amistosa, al mismo tiempo que escondían lo que sentían el uno por el otro. Solo entre bromas se atrevían a insinuarlo, quizá ninguno tenía el coraje para actuar o decirse algo, pero era mejor así. Ambos tenían su vida resuelta, y lo de ellos no podía repetirse, debían seguir manteniendo la cordura y madurez, ya no eran unos príncipes inmaduros que actuaban sin pensar en las consecuencias.
No dejó de sonreírle mientras la escuchaba reír, había conseguido distraerla y con eso bastaba para él, no quiso pensar en lo humillante que podía sentirse por andar mendigando atención o buscando señales para lanzársele encima, al contrario, en ese momento en lo único que quería pensar era en subirle el ánimo. Bebió un sorbo de su copa sin dejar de mirarla, ella tosió un poco entre risas y buscó la botella que estaba abierta con el corcho sobrepuesto, iba a pedírsela para servirle, pero tuvo que ocultar su asombro cuando la vio quitarle la tapa ella misma y beber desde la boca de la botella un trago largo.
—Quizá no deberías beber tanto —se atrevió a decirle. Bulma alejó la botella de sus labios, se quedó más tiempo del necesario observando el rojo del vino sobre su boca, le pareció postal un poco sugerente, o quizás era el deseo que le nublaba el juicio.
—Descuida —dijo volteando a verlo—sé cuándo parar. —Vegeta frunció el ceño, pero no quiso contradecirla—¿Realmente… te preocupas por mí? —le preguntó bajando un poco la voz, borrando la sonrisa de su rostro.
Vegeta la observó serio, miró sus ojos fijamente, buscando sus verdaderas intenciones detrás de su pregunta, no temía exponer sus pensamientos o sentimientos, no ahora. Ella ya sabía lo que él sentía y no tenía motivos para hacerse el desinteresado ahora, al contrario, que ella estuviera al tanto de lo que sentía por ella era lo mejor para ambos. Pero su pregunta le pilló desprevenido, y a esas alturas quiso saber si es que no había planteado mal su pregunta, pues le parecía absurdo que le preguntara aquello después de todo lo que habían vivido, entonces le asaltaba una idea en la que no quería pensar. Era normal que ella dudara de su preocupación, quizá no la cuidó lo suficiente y entonces la culpa le hacía sentirse insuficiente, no merecedor de ella y la inseguridad empezaba a hacerle pensar estupideces. Se puso nervioso de repente, pensó en guardar silencio, pero su orgullo no se lo permitió y aunque temeroso de su respuesta, de lo que podía decirle si escarbaba un poco más en su pregunta, habló. Porque necesitaba aclararlo, le urgía que entre ellos no hubiera más malos entendidos, había aprendido de sus errores, y el factor principal que les jugó en contra fue la poca comunicación.
—No entiendo tu pregunta —le dijo, desvió la mirada y bebió un sorbo de vino, bebiéndose todo el contenido. Observó su reflejo en el vidrio un par de segundos y dejó la copa sobre el suelo. Buscó la otra botella y la descorchó bajo la atenta mirada de la princesa—¿dudas de que me preocupe por ti o quieres saber por qué me preocupo?
Bulma abrió la boca para responder, pero su mente trabajó lenta, quizás él tenía razón y no debería seguir bebiendo, aun así bebió otro sorbo, degustó el vino entre su lengua y paladar y pensó unos segundos, volteó hacia él y le observó a los ojos. Vegeta le ponía atención, parecía impaciente por una respuesta, pero no la presionaba como lo hubiera hecho cuando eran jóvenes. No había rastros del príncipe arrogante y burlesco. Quiso acariciarle la mejilla, como si con su caricia pudiera agradecerle de alguna forma, o felicitarle por el hombre en que se había convertido, pero prefirió beber otro sorbo de la botella. Se le escapó una gota por la comisura de los labios y volvió a secarse con la manga de su bata.
—N-no lo sé —dijo finalmente, relamió su labio inferior y susurró apenada—ahora supongo… no es que dude, digo… —se le trababa un poco la lengua y le costaba expresar lo que en su cabeza tenía previamente ensayado—quiero decir… ¿estás preocupado ahora, de que me emborrache?
—Ahora y siempre —respondió y soltó un profundo suspiro, mirando hacia el frente, perdiéndose en la decoración de la pared—me preocupa todo de ti, siempre ha sido así. Lamento que no lo haya demostrado mejor en el pasado —reconoció apenado y bebió un sorbo pequeño.
—Está bien —dijo y miró hacia el frente al igual que él—siempre supe que te preocupabas, pero creía que era porque me controlabas.
Vegeta agachó la mirada, avergonzado, pero levantó la vista rápidamente, no podía seguir reprochándose por lo que había hecho, lo importante era que había mejorado, que ya no era el mismo saiyajin que antes, que había aprendido y que se había disculpado con ella. Hablarlo ahora como dos personas civilizadas era la prueba, antes le habría gritado o dejado hablando sola, ahora enfrentaba con la cabeza en alto sus errores, volvió a beber y habló con calma, casi con nostalgia al recordar esos tiempos en que lo único que añoraba era el estar con ella.
—En parte era por eso —reconoció—era una mezcla, supongo. Quería saber y controlar todo de ti, estar siempre al tanto de lo que hacías, con quién estabas y hablabas… que estuvieras cómoda y nada te faltara, es extraño como se manifiesta eso del amor ¿no? Te nubla el juicio.
Bulma no le miró, sentía que sus mejillas se habían incendiado de repente. Escucharlo nuevamente hablar de amor después de seis años le sacudió por completo. Podía escuchar los latidos de su corazón como si bombeara sin parar en su oreja, quizá se lo imaginaba, y su cuerpo empezaba a ceder al nerviosismo o al alcohol, o ambas, no era buena combinación. Su mente trabajaba pausada para una respuesta, y nada se le ocurría, nada coherente al menos. El amor… ¿Cuántas veces se preguntó si él la quería? No, no solo querer, eso siempre lo supo, más bien si él la estimaba de alguna manera, y cuando se lo confesó antes de irse, fue una revelación que le descompensó, evitó pensar en ello durante los años siguientes. No quiso seguir estancada mirando hacia el pasado, en lo que pudo ser, había optado por aprender de sus errores, y ahora que escuchaba a Vegeta hablarle de amor, comprendió que nunca se detuvo a pensarlo del todo. Siempre valoró y agradeció que él la dejara ir, sobre todo porque había sido el acto de amor más genuino para con ella, y ahora que lo pensaba, le tomó el peso de que lo de ellos siempre fue mutuo, pero que se lo confesaron tarde.
¿Realmente era tarde para ellos? Tragó al pensarlo. Le miró de soslayo, él parecía atento a la alfombra, no se veía nervioso o arrepentido por lo que le había dicho, lucía tranquilo, cómodo y abierto, no estaba a la defensiva. Ninguno lo estaba, el muro que habían construido con sus propias manos para protegerse del otro había sido derrumbado esa noche, hace seis años. Se habían expuesto en todos los sentidos, ya no había nada que ocultarle al otro y seguía siendo de ese modo. Sentía la necesidad de preguntarle por lo que sentía ahora, pero no debía. Hablar de lo que pasaba entre ellos era tentarse, porque con Vegeta era el deseo personificado, cualquier gesto, caricia, mirada podía desatar una horda de pasiones que no iba a poder controlar y terminaría cediendo a ellas. Era tiempo de que se comportara, que dejara de actuar como una princesa rebelde, se había comprometido con su familia, debía cumplir con sus deberes como princesa de la tierra, ya no podía seguir actuando sin pensar, y caer bajo los encantos del rey saiyajin, estar entre sus brazos y volver a besar sus labios sería un error egoísta que podía tener serias consecuencias.
Vegeta no podía hacerla reina, eso lo sabía y estaba bien con ello pues no quería serlo-aunque le incomodara saberlo-él era un saiyajin importante en su imperio y en la política intergaláctica, no podía simplemente traicionar a su pueblo y actuar impulsivamente, ella no era el mejor partido después de todo lo que había hecho, y el factor más importante: él ya tenía una reina. No siempre se puede tener el cuento de hadas que sueñas, intentas acercarte a uno, y en su caso, su cuento de hada se había convertido en una sátira algo turbia. Ya era tarde para ellos, no necesitaba preguntarle si sentía algo por ella, en el fondo sabía la respuesta y no por su vanidad innata, sino que bastaba con cruzar miradas para confirmar que él seguía sintiendo lo mismo. Lo mejor era guardar silencio, se forzó a hacerlo.
—Quizá la culpa no es del "amor" —dijo Vegeta, interrumpiendo sus pensamientos. Bulma volteó a verlo cuando le oyó, expectante y nerviosa, con el corazón latiéndole rápido y ruidoso, no despegó la mirada del rey. No quería perderse ningún segundo de lo que diría, no todos los días el saiyajin hablaba de sus sentimientos con esa soltura—me imagino que no todos tienen problemas para expresarlo. En la sociedad saiyajin los sentimientos no son comunes, cuando empecé a enamorarme de ti, todo en lo que había creído se desmoronó. Me costó entender qué me pasaba y como podía hacerte llegar lo que sentía por ti, lo hice fatal —se rio sin ganas y bebió un sorbo de vino. Bulma contuvo el suspiro y le imitó, pero ella bebió un sorbo largo—¿y cuál es tu excusa?
—¿Ah? —la joven tosió un par de veces cuando el líquido se le fue por otro espacio en la garganta, la pregunta del rey le pilló desprevenida y la torpeza producto del alcohol le jugaba malas pasadas.
—¿Por qué nunca me dijiste lo que sentías? —le preguntó serio. Ella tragó en seco, le observó fijamente y no supo qué responder. Sabía qué debía decir, tenía muy claro por qué nunca habló de lo que le hacía sentir, pero el vino se le había subido a la cabeza y no lograba hilar una oración coherente ¿él también estaba siendo víctima del vino? Quizá le estaba ayudando a soltar la lengua, pero no creía que estuviera bajo los efectos del alcohol, pues los saiyajin tenían mejor tolerancia a los químicos. —Porqué sentías algo por mí aparte de odio ¿verdad? —dijo al ver que ella no le respondía.
—N-no te odiaba —murmuró frunciendo levemente el ceño, pero al escucharse a sí misma diciendo aquello le hizo fruncir aún más las cejas y negó—bueno sí, te odiaba a ratos, pero n-no siempre —dijo asintiendo. Vegeta le sonrió en respuesta, su honestidad espontánea y movimientos lentos por el alcohol le hacían lucir tierna. El rey se encontró admirándola una vez más, y se sorprendió de sí mismo por no enfocarse en lo negativo, en otra etapa de su vida se habría desmoronado por escucharle decir que lo odiaba, ahora simplemente lo aceptaba y entendía.
—Pero… me amaste en algún momento ¿no? —quiso confirmar, pues recordaba bien sus palabras cuando ella se había marchado hace seis años, y su ego necesitaba un poco de consuelo, saber que ella lo había amado en algún momento le calmaba en cierta manera—creo haberte oído decirlo —susurró avergonzado a los segundos después para romper el silencio. Bulma le miraba fijamente, sus ojos estaban brillantes y parpadeaba lentamente, parecía somnolienta de repente. Tragó con disimulo y agachó la mirada, rindiéndose a obtener alguna respuesta.
—Por supuesto que te amé —dijo con naturalidad, se esforzó en decirlo sin tartamudear por lo que habló pausado. Vegeta levantó la vista rápido para prestarle atención, la princesa le miraba fijamente, se tomó una pausa para beber otro sorbo desde la botella y continuó diciendo en un tono más calmado que de lo habitual—si no te hubiera amado, me habría ido mucho antes… —murmuró pensativa.
—¿Por qué nunca me lo dijiste? —quiso saber, sentía el corazón latirle deprisa, ansioso por su respuesta, como si saberlo ahora pudiera reparar de alguna forma el resultado de su relación.
—N-no quería hacer el ridículo —sonrió avergonzada—actuabas siempre tan indiferente, solo me tomabas en cuenta cuando querías… cuando querías tener sexo —dijo desviando la mirada—nunca pensé que sintieras algo por mí, algo como lo que yo sentía. Aprendí a conformarme con lo que me entregabas cuando estábamos a solas, debajo de las sábanas y por un tiempo me bastó. —Vegeta frunció el ceño, lo que la joven le decía era muy parecido a lo que él sintió en el último tiempo que vivió con ella, aceptando cualquier migaja de atención y consolándose con las noches que le permitía estar a su lado, supuso que de alguna forma el destino le regresó lo que se había ganado.
—Pudiste enseñarme —le dijo, Bulma no alcanzó a posar la boca de la botella en sus labios cuando le escuchó, detuvo sus movimientos y le miró atenta—explicarme lo que sentías… lo habría entendido. Me enseñaste a ser más cuidadoso en la cama, entre otras cosas. Si pude aprender eso, hubiera podido aprender de ti a expresar lo que sentía —murmuró con resignación que no pudo contener.
—Tal vez —contestó y bebió otro sorbo de la botella, cuando la apartó de su boca la meneó para ver cuánto le quedaba, frunció el ceño al ver que ya se había bebido más de la mitad—pero ¿de qué nos sirve lamentarnos a estas alturas?
Vegeta no respondió, ella tenía razón, sin embargo, su faceta de hombre enamorado le empujaba a desmenuzar su pasado para aprender de sus errores, a tantear su presente para poder imaginar como sería su futuro con ella si volvía a insistirle, a él le servía saber esas cosas, necesitaba pensar en su situación actual. Si debía o no dejar que sus intereses personales le dominaran, sabía lo que estaba en riesgo, pero por ella podía sucumbir una y otra vez al infierno y no se quejaría. Quería hacérselo saber, él estaba dispuesto a todo con tal de tener una nueva oportunidad, se sentía ansioso al pensarlo. Ya no era el mismo patán que la dañó tantas veces y quería demostrárselo, estaba impaciente por hacérselo ver, que ella supiera que ahora era mejor y que se había esforzado para ser un mejor individuo por ella y sus hijos. Quería que lo intentaran ahora que era un saiyajin diferente, estaba dispuesto a someterse a prueba, lo que fuera con tal de ser un buen prospecto para ella. En el pasado se habría juzgado por rebajarse a insistirle, después de todo era un rey, lo que él quería lo obtenía, pero el Vegeta actual entendía que antes que rey, era hombre y ella un ser libre e independiente, no tenía autoridad para someterla a ningún capricho, ella debía decidir lo que quería y lo que fuera, él lo respetaría.
Por eso, si ella no quería volver a intentarlo, se lamería las heridas en silencio y lo aceptaría, no volvería a insistirle y respetaría su decisión, no dejaría de tratarla como lo hacía, se conformaría con la relación actual que tenían ¿era un buen momento para planteárselo? ¿cómo hacerlo? No podía simplemente decirle "ahora soy mejor que ayer, déjame demostrártelo", no le parecía una propuesta atractiva ¿debía declarársele otra vez? Bebió un sorbo pequeño al preguntárselo.
—Creo que no nos hace bien —le escuchó decir y volteó a verla, quiso preguntarle, pero prefirió no interrumpirla—es difícil de olvidar todo lo que vivimos, y dudo que alguna vez lo hagamos —Vegeta frunció el ceño ¿se refería a que no le perdonaba lo que le había hecho? La pregunta quedó atorada en su garganta, no se atrevió a decirlo en voz alta. —Solo podemos aprender de todo eso.
—¿Cómo lo averiguamos? —le preguntó. Bulma le miró un poco confundida, se quedó más tiempo de la cuenta observándole sus facciones varoniles, cuando él alzó ambas cejas para hacerle énfasis a su pregunta, pudo reaccionar. —¿Cómo sabemos que aprendimos de nuestros errores? —se explicó.
—E-es difícil de saber —dijo asintiendo para sí misma, sin dejar de mirarle. Sentía que, si giraba hacia el otro extremo o miraba hacia otro lugar, todo le daría vueltas y lo único que estaba inmóvil y que no se iba a ningún lado, era el rey, por lo que prefirió quedarse así un tiempo más.
—Lo único que se me ocurre —murmuró devolviéndole la mirada, al mismo tiempo su pulso se aceleró, era el momento para revelar sus intenciones—es ponernos en un escenario similar al de antes —ella frunció el ceño, podía ver la confusión en sus rasgos. Carraspeó su garganta con disimulo, no quería que nada entorpeciera lo que estaba a punto de decirle. —Volver a estar juntos… volver a intentarlo —el silencio los envolvió por unos segundos, y el rey empezó a dudar, la seguridad que antes le animó a hablar, ahora le reprendía por ser tan impaciente. Intentó no mostrarse ansioso ni desesperado por su respuesta, ella parecía analizar sus palabras como si lo considerara y pensarlo le ponía más nervioso. Desvió la mirada por unos segundos para ver la botella que sujetaba la joven, frunció el ceño y se lamentó mentalmente ¡que idiota había sido! Su impaciencia le jugó una mala broma y le hizo hablar en un momento inadecuado, ella no estaba consciente del todo, aunque le respondiera que sí, no podía tomárselo en serio si estaba con varias copas en el cuerpo.
—Es un riesgo bastante alto para probar una teoría —soltó sonriéndole—si fuéramos dos personas normales…
—¿Dos personas normales? —prefirió preguntar, en vez de decirle que él estaba dispuesto a tomar todos los riesgos posibles con tal de volver a estar con ella.
—Ya sabes… sin nuestros títulos —se encogió de hombros—siempre me imaginé conociéndote en otras circunstancias, sin que nos obligaran a estar juntos ni con tantos protocolos de por medio. Si no fueras rey… y yo no representara ningún reino ¿a quién le importaría si cometemos mil veces el mismo error? —susurró sin dejar de verle. De pronto, el silencio que le siguió a su pregunta los envolvió en un ambiente que ambos supieron reconocer. Ella tragó saliva, relamió su labio inferior y captó el momento justo en que él le miró la boca y, en consecuencia, ella la de él. Cuando levantó la mirada a sus ojos, notó que estaban bastante cerca, ninguno se percató que comenzaron a inclinarse hacia el otro de forma inconsciente—d-debo admitir que desde que llegaste… —bajó el tono de voz a un susurro aún más suave, que al rey se le hizo demasiado sugerente—pensé en mandar al diablo toda la basura que te acabo de decir. —Terminó diciendo en un hilillo de voz.
El rey tragó en seco, sabía a qué se refería y prefirió no decir que él lo venía considerando desde hace mucho antes, no era momento de aclarar ni decir nada más. Estaban a unos centímetros, tan cerca y a la vez, esa pequeña distancia se le hizo una tortura. Contuvo el suspiro a medida que se inclinaba hacia ella al mismo tiempo que la joven se le acercaba, le sudaron las palmas y agradeció no llevar puestos sus guantes en ese momento. Lo que soñó desde que ella le había dejado estaba a punto de concretarse, el corazón le latía tan deprisa que no conseguía poner atención a su alrededor, eran solo ellos dos y su intenso palpitar. Vio como sus labios se acercaban cada vez más, él por su parte se preparó a medida que la distancia se acortaba, estiró sus labios para poder alcanzar los suyos y así poder sentirla. Sus bocas estaban a solo milímetros, decidió cerrar sus ojos al igual que ella, se preparó para que sus bocas se acariciaran, cuando la cabeza de ella chocó con su hombro izquierdo. Abrió los ojos bruscamente, y aun con los labios estirados buscó una respuesta a su actuar, no tardó en comprender lo que había pasado.
Seguía en su sitio sentado, sus labios volvieron a su estado natural, en una escueta línea que no alertaba su estado de ánimo, en su hombro izquierdo tenía la cabeza de Bulma descansando, la oía respirar plácidamente mientras le usaba de almohada. Ella se había dormido antes de besarlo, y solo pudo reírse de su situación, burlarse de sí mismo y a la vez, divertirse gracias a ella. Resopló rendido, relamió su labio inferior e intentó recordar la sensación de probar sus labios, y a pesar de que sabía que no lo había olvidado, en ese momento pensó que debería repetirlo para poder asegurarse de que estaba en lo correcto, que sus labios siempre eran suaves al tacto y que el deleite que le recorría en todo el cuerpo no se lo había inventado, sino que era algo que ella y solo ella podía provocarle.
Volvió a suspirar, hizo hacia atrás su cabeza para poder observarle mejor, su cabello caía por sus hombros hacia delante, le había crecido bastante desde la última vez que la vio, estaba seguro que se lo había cortado hace poco, debería tenerlo más largo a su parecer. Pensó en abrazarla, pero antes de apoyar su mano en su espalda, recordó la botella que la joven afirmaba con fuerza a pesar de estar dormida. Dejó su propia botella en el suelo cerca de sus pies, y con su mano derecha le quitó con suavidad el otro botellón a la joven, ella refunfuñó algo indescifrable cuando la sacudió ligeramente al quitarle el vino y refregó su rostro un par de veces acomodándose en su pecho. El rey se quedó quieto cuando la sintió moverse, pero al no oírla emitir ningún sonido más ni moverse, continuó en su labor y logró dejar la botella junto a la suya en el suelo.
Un poco nervioso, con el vientre tenso como si fuera la primera vez que le tocaba, rodeó su cintura con su brazo izquierdo y con el derecho, apoyó su mano en su espalda, acercándola aún más a su cobijo. Cerró sus ojos, aliviado al sentir su calor y respirar su aroma que se había mezclado con el de las uvas, pero no le desagradó. Se quedó así un par de minutos, o quizá más, disfrutando de su cercanía, ella hacía un poco de ruido al respirar, la acomodó para que su nariz no chocara con su cuerpo, y así no se le dificultara respirar, ella no abrió los ojos en ningún momento. Movió su mano derecha por toda su espalda en movimientos circulares, confortándola de sus preocupaciones, abrazándola con confianza, el abrazo que no se atrevió a darle cuando la vio llegar confundida y con miedo.
Decidió recostarla en su cama cuando a él también le bajó el sueño. Se lamentó de su decisión apenas la alejó de su cuerpo, por lo que se apresuró para volver a estar cerca de ella. La sujetó con suavidad desde la cintura y la arrastró por la cama hasta dejar su cabeza sobre una almohada, la joven no abrió los ojos en ningún momento y esta vez no se quejó cuando la movió, supuso que su sueño ya estaba en otro nivel de profundidad y seguramente no despertaría, aunque le hablara. Prefirió dejarla de costado, para que no le costase respirar y cuando la vio segura y cómoda, se bajó de la cama. Caminó rápido hacia el sanitario, orinó, se lavó las manos y cepilló los dientes, cuando terminó salió haciendo movimientos lentos para no emitir tanto ruido, a pesar de que estaba seguro que ella no despertaría si oía la puerta rechinar.
Antes de acostarse, caminó hacia el borde de la cama en el que estuvieron sentados, buscó las botellas y las levantó del suelo, las regresó en el mueble junto a las demás botellas, volvió por las copas e hizo lo mismo que con lo que quedó de vino. Al regresar a la cama, se quitó la bata quedando desnudo, al instante miró hacia la princesa, sabía que ella debía tener su camisola debajo de su bata, la joven siempre iba vestida a la cama, aunque supiera que él le quitaría la ropa apenas se acostaran, pensó en quitarle la tela para que estuviera cómoda, pero desistió apenas lo pensó, prefirió no seguir molestándole el descanso que tanto necesitaba. Se metió entre las sábanas, segundos después las empujó hacia atrás para pasarlas por debajo del cuerpo de la princesa, cuando consiguió sacarlas por completo, las ordenó para taparlos a ambos.
Apagó la luz después de acomodarse, y cuando se quedó en las penumbras, se acercó a Bulma, casi acechándola. Su brazo derecho se instaló en su cintura como si fuese atraído al igual que un imán al metal. La acercó a su cuerpo al mismo tiempo que dejaba su brazo izquierdo debajo de su almohada y se dedicó a contemplarla. La poca iluminación que se colaba a través de las cortinas le daba justo en su rostro, lo que agradeció, su vista era buena, pero así pudo admirarla con mayor detalle. Sus pestañas se veían encorvadas desde esa distancia ¿las habría ondulado ella misma? Recordaba haberla visto hacerlo antes, cuando se arreglaba para alguna ocasión especial, lo que le hizo pensar si acaso ella se había maquillado y vestido ese día porque se iban a ver, tal vez era presuntuoso pensarlo, pero su ego masculino le quería hacer creer que sí. Su lado racional, el que conocía muy bien a Bulma, sabía que a la joven le gustaba verse bien siempre, pero tenía dudas, la frase "debo admitir que desde que llegaste, pensé en mandar al diablo toda la basura que te acabo de decir" le hizo eco en la cabeza. No lo podía confirmar, y no era algo de lo que pudiera preguntarle en algún momento, era innecesario, para lo único que servía saberlo era para ilusionarse.
Ella le había dicho que no debían seguir rebuscando en el pasado, que no les hacía bien y tenía razón, pero él quería mirar al futuro, y no había tenido tiempo para convencerla de que olvidaran que ella era una princesa que traicionó a su imperio y él el rey. Bulma tenía muy presente su deber, lo que él pensaba mandar al carajo si ella le decía que sí, la joven no lo veía del mismo modo, sin embargo, su última frase antes de dormirse le llenó de esperanza. La princesa seguía sintiéndose atraída hacia él en alguna medida, y con eso bastaba para él. Subió su mano derecha hasta el rostro de su Bulma, y antes de premeditarlo, acarició suavemente su mejilla sin dejar de observarle. Ella respiraba pausadamente, tenía los labios entreabiertos, una invitación a la que le fue imposible de negarse, tragó saliva, controlando sus nervios y la ansiedad que le recorrió al pensar en besarla. Su instinto le vitoreaba su decisión, no podía dormirse quedándose con las ganas de probar sus labios una vez más.
Se acercó despacio a su perfil, levantó un poco el cuello para que sus bocas pudieran encajar sin dificultades, el calor de su aliento le golpeó en el rostro con sutileza, volvió a tragar saliva, impaciente por estar tan cerca de obtener su beso, y cuando sus labios estaban por rozarse, se detuvo. Le miró de cerca, ella lucía calmada, ignorante de sus intenciones, ingenua en su descanso, entonces se decidió. No podía besarla en ese estado. Ella estaba ebria y dormida, aunque fuera un mero beso, si ella no estaba consciente para autorizarlo, lo mejor era desistir. Derrotado, pero con la consciencia tranquila, se alejó lentamente, estirando lo que más pudo el momento en que cruzó su espacio cuadrado, se quedó a unos cinco centímetros de distancia, y resignado, volvió a acercársele, pero esta vez subió hasta su frente y la besó con delicadeza. Abrió los ojos a medida que se alejaba, lentamente, postergando hasta el último segundo el distanciarse de ella, aunque fuera unos cuantos centímetros, pero es que extrañó tanto el estar así con ella, que ahora que conseguía abrazarla, alejarse era como estar sediento y botar el vaso de agua que le ofrecían.
Aun así, lo hizo. Solo su brazo derecho fue el afortunado de tocarle, rodeó su cintura en una caricia gentil, y así, distante, pero sin alejarse del todo, se obligó a dormir, a no ceder a sus instintos primales, después de una media hora aproximadamente lo consiguió.
(…)
La escasa iluminación que alertaba que la noche se había ido, se coló por las cortinas. Bulma frunció el ceño cuando la luz le tocó el rostro, sentía los párpados demasiado pesados como para abrir los ojos, pero la luminosidad le era molesta, parecía quemarle y tuvo que parpadear un par de veces, hasta obligarse a despertar, aunque fuera por unos segundos para poder amenguar la molestia en sus ojos. Fueron instantes en los que la princesa lo consiguió, pero bastó para que su subconsciente le alertara que algo no andaba bien. Frunció el ceño después de cerrar los ojos, no quería volver a abrirlos para corroborar que todo estuviera en orden, en especial porque sentía como si le hubieran golpeado con mucha fuerza en la frente. Además, todo el cuerpo lo sentía extraño, no le ayudaba a querer despertar, pero volvió a intentarlo. Esta vez, pudo mantener los ojos abiertos por más segundos, diez bastaron para observar el techo y su entorno sin moverse y comprender que se había dormido en un dormitorio que no era el suyo, entonces la señal de advertencia se encendió.
Iba a reincorporarse para poder recabar información, sin embargo, el cuerpo no le respondió. Frunció el ceño, intentando recordar qué había pasado la noche anterior como para despertar en ese estado, no alcanzó a ordenar sus ideas cuando miró hacia el lado, abrió los ojos de par en par al ver a Vegeta durmiendo plácidamente, entonces todas los momentos de la noche se le vinieron a la cabeza, uno tras otro, ella perturbada por lo que Trunks le había pedido, su visita al rey, su plática y su última interacción antes de que todo se volviera negro, cerró sus ojos lentamente cuando la plática nocturna se le repitió incesante en la cabeza «mierda, lo besé» pensó cuando el rostro del saiyajin se le vino a la memoria, acercándose al igual que ella, estirando sus labios para reunirse. Llevó su mano hasta su frente sin abrir los ojos, maldijo una y otra vez, relamió su labio inferior y se percató que tenía la boca seca. Volvió a abrir los ojos y volteó hacia el rey, las sábanas no le cubrían desde los pectorales hacia arriba, intentó no mirar demasiado sus músculos, en cambio, cerró nuevamente los ojos y refregó sus parpados con ambas manos.
«Mierda, nos acostamos» se lamentó. Mordió su labio inferior y bajó sus manos, contuvo el profundo suspiro cargado de decepción, debía salir de allí cuanto antes. Se reincorporó lentamente, en parte, para no despertar a Vegeta y no tener una incómoda charla tan temprano, y a la vez, porque el cuerpo lo tenía lánguido y pesado, definitivamente debió hacerle caso y no beber tanto. Volvió a maldecirse. El vino le había nublado el juicio, podía excusarse con eso si él después quería preguntarle cuál era el significado de lo que habían hecho, porque estaba segura que para el rey tendría importancia, recordaba bien lo que le había dicho antes de borrarse por completo. Entonces una idea le asaltó: él se había aprovechado de ella. Se quedó tensa en su sitio, sentada sin dejar de mirar hacia la cama, las tripas se le revolvieron al darse cuenta que Vegeta debió haber estado más consciente que ella, y que aun así la había tocado, frunció el ceño, avergonzada y llena de culpa, y también con mucha rabia. Volteó a ver al rey, pensó en despertarle para pedirle explicaciones, al mismo tiempo, acomodó el nudo de su bata que se había aflojado al dormir, entonces se dio cuenta que estaba vestida.
Sintió sus mejillas incendiarse, se había emborrachado tanto que ni siquiera recordaba qué había hecho. Se observó cuidadosamente, seguía vistiendo debajo de su bata de dormir su pantalón y remera de pijama, entonces, lo último que había hecho fue intentar besar al saiyajin ¿lo habría logrado? Hizo una mueca con los labios, le hubiera gustado recordarlo. Volteó hacia Vegeta, él seguía durmiendo, ajeno a sus pensamientos, lucía sereno y varonil, demasiado atractivo, tal cual recordaba. Sonrió al pensarlo, él no la había tocado y aquella revelación le hizo ruborizarse. Porque lo que no había hecho decía más de él que de lo que hubiera hecho, él la había respetado en su estado de vulnerabilidad, la había cuidado, la acostó debajo de las sábanas y no se había propasado. Perfectamente pudo pensar que la vistió luego de abusarla, pero en su cuerpo no había señales que le alertaran de haber pasado una noche con el saiyajin, y definitivamente tendría evidencias difíciles de borrar, Vegeta era como un huracán, siempre dejaba sus huellas cuando pasaba por su cuerpo.
La revelación le sacudió en distintos niveles, pero, sobre todo, le hizo recordar al Vegeta del que se había enamorado. El rey que dormía tranquilo a su lado no era el mismo saiyajin que le había dañado antes, era muy parecido al saiyajin que aparecía cuando estaban solos y tranquilos, es más, se atrevía a decir que era mejor que el hombre que la había hecho caer en su red. Pues, el Vegeta que la había arropado, era comunicativo, no se burlaba de ella ni ridiculizaba lo que pensaba o sentía, la escuchaba atento y le respetaba. Su corazón latió deprisa, cerró sus ojos lamentándose por notarlo. El rey de por sí era la tentación personificada para ella, que ahora fuera un hombre tan correcto e ideal, lo convertía en su perdición y debía alejarse lo antes posible.
Se bajó de la cama lentamente, intentando que sus movimientos no despertaran al rey. Acomodó su bata al mismo tiempo que caminaba hacia la salida, posó su mano sobre el pomo y la giró con suavidad, tiró de la puerta y salió rápidamente, una vez afuera, la cerró sin soltar el pomo, una vez que la cerradura encajó por completo, fue soltando el picaporte lentamente, reduciendo el ruido lo que más pudo. Una vez en el pasillo, cerró sus ojos y se cubrió la boca con ambas manos, intentando contener el grito que quería arrancar de su garganta. Se sentía en las nubes, y a la vez, la confusión le golpeaba la puerta. Necesitaba una ducha con urgencia, relamió su labio inferior y caminó hasta el extremo izquierdo del pasillo, donde debió seguir caminando en la noche, si lo hubiera hecho, no sería una maraña de nervios, deseos, confusión y culpa. No volteó hacia atrás, continuó caminando hasta llegar a la escalera lo antes posible para poder subir a su dormitorio, no se percató de los ojos celestes que la miraban con suspicacia, que no le perdieron detalle desde que la vieron salir del dormitorio del rey saiyajin.
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N/A: Sé que ha pasado mucho tiempo, pero bueno, ustedes saben los líos emocionales que me asaltan a momentos. De todas formas, lamento mucho la demora, este cap no me costó escribirlo, solo faltaba el ánimo. Contando este capítulo, nos quedan 9 cap de VAM, y espero de verdad, poder terminarlo este año.
Escribí hoy lo último del cap, no pensaba terminarlo ahora, pero fui agarrando vuelito y me dije: why not? y lo subí xd por lo mismo, tengo los ojos ardiendo, lamento mucho si hay palabras revueltas, sobrantes o errores de ortografía, si son muchos me dicen, ya?
Y bueno, espero que estén todas muy bien, que sus vidas estén yendo viento en popa, que tengan ánimo y fuerza para salir adelante y enfrentarse al mundo, de verdad que se los deseo con todo mi corazaun,
Muchas gracias a quienes dejan rw, en serio que es lo que motiva para continuar publicando :3 así que dejen review o los golpeo con mi guitarra!
Espero leernos pronto, se cuidan!
bye bye
SPOILERRRRRRRRR, si no te gustan no sigas leyendo:
Se viene lo sukistriuski xD
