I'm findin' ways to articulate the feelin' I'm goin' through

I just can't say I don't love you

'Cause I love you, yeah

It's hard for me to communicate the thoughts that I hold

But tonight, I'm gon' let you know

Let me tell the truth

Baby, let me tell the truth, yeah

You know what I'm thinkin', see it in your eyes

You hate that you want me, hate it when you cry

You're scared to be lonely, 'specially in the night

I'm scared that I'll miss you, happens every time

I don't want this feelin', I can't afford love

I try to find a reason to pull us apart

It ain't workin', 'cause you're perfect, and I know that you're worth it

I can't walk away, oh

Even though we're goin' through it

And it makes you feel alone

Just know that I would die for you

Baby, I would die for you, yeah

The distance and the time between us

It'll never change my mind

'Cause baby, I would die for you

Baby, I would die for you, yeah

Die For You, The Weekend

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Capítulo 26

Verdad

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Sus ojos azules parecían estar fijos en las hebras de la alfombra, sin embargo, su mirada estaba perdida y no se enfocaba en nada en particular. Sentía una presión constante en el pecho, le costaba trabajo respirar y suspiraba seguido por el esfuerzo de aparentar calma. Pero no era necesario conocerla en profundidad para darse cuenta de que no estaba bien, ni física ni emocionalmente. Relamió su labio inferior, tragó saliva y cuando parpadeó, sintió que todo a su alrededor comenzó a girar. Su mano derecha se afirmó al soporte del sofá y se hundió en su asiento, como si pudiera esconderse. Por un momento quiso levantarse y salir de allí, ir al jardín para poder respirar un poco de aire libre, pero no lo hizo. Siguió en su sitio, inmóvil sin mirar a su prometido. Nate llevaba al menos una hora sentado en frente de ella, ya iba por la segunda tacita de té, mientras que el de ella seguía servido y frío en la mesita que los separaba.

Nadie se había aparecido por la sala de estar, ni siquiera para ofrecerles algo más. Bulma pensó que tal vez su madre o Tight habían dado la orden de que los dejaran a solas, hasta que saliera humo blanco al menos. Contuvo el suspiro, en parte porque necesitaba toda reserva de aire en ese momento, y no quería seguir mostrándose nerviosa, aunque estaba segura que estaba fallando terriblemente. Volvió a relamer sus labios, dio un vistazo rápido a Nate encontrándose con sus ojos verdes y desvió la mirada rápidamente.

— ¿Me vas a decir lo que te molesta? —su voz era suave, más que lo habitual y supo que él ya se había dado cuenta de que algo andaba mal, «quizás me conoce más de lo que pensaba», pensó.

—No estoy molesta —respondió sin mirarlo y evitó decir "estoy avergonzada", pues no se sentía lista para soltar aquello. No estaba resultando tan sencillo como lo había planeado por la noche, y no se trataba de su orgullo herido por reconocer que había cometido un error, era más bien angustia y culpa por hacerle eso a alguien que no lo merecía.

Se reencontró con Nate un año después de volver a la tierra. Sus primeras interacciones fueron netamente por política, hizo las conexiones para que pudiera tener una reunión con su hermana y así consolidar la alianza entre su planeta y el cuadrante 28X que representaba Nate-una serie de planetas pacifistas-, fue fácil volverse amigos. La comunicación era cada vez más seguida y un año y medio después le pidió una cita. Si bien, el ahora primer ministro del cuadrante era atractivo e intelectual, no le atraía lo suficiente, pero se dio una oportunidad. Pasó un tiempo antes de que oficializaran la relación, fue como si todo se hubiera coordinado para que pasara. Los intentos de Tight por quedar embarazada no habían funcionado y, por ende, el legado de su familia dependía de ella, el dejar nueva descendencia. Esa misma semana Nate le había pedido matrimonio, y aceptó.

No lo amaba, pero lo estimaba y creía que le tenía el suficiente respeto como para serle leal. Había comprendido después de su paso por Vegetasei, que no podía seguir actuando infantil y que debía apoyar a su familia antes que seguir sus decisiones egoístas. Por lo que la idea de encontrar a alguien que le provocara un amor apasionado y sano, ya no estaba en sus planes. Había encontrado a alguien que podía darle un compromiso sano y estable. Y ahora no dejaba de pensar que, a pesar de todo lo que había vivido, tenía una fijación insana por el deseo tormentoso y solo Vegeta podía satisfacerlo. Quizás tenía que ver con la costumbre, o en el fondo a ella le gustaba esa energía salvaje e intensa con la que él la tocaba. Aquel deseo que la había hecho caer a sus pies otra vez, que la había hecho olvidar que tenía un compromiso con Nate y con su planeta. Que recordó apenas lo vio la mañana siguiente a su encuentro con Vegeta, cuando aún sentía las huellas de sus dedos sobre su piel.

Se sentía miserable. Y lo que más le angustiaba era que si no hubiera quedado embarazada, habría continuado con su compromiso sonriendo con hipocresía cada vez que Nate la visitara hasta que se casaran. No se sentía digna de él, ni de nadie. Creía que todos en el castillo ya lo sabían y murmuraban a su espalda, y temía que la criticaran, pues se lo merecía. No tenía como ser indiferente a los comentarios de nadie, porque lo que había hecho estaba mal y lo sabía. Entendía que Tight siguiera molesta, no le había hablado en más de dos ocasiones desde que les había contado sobre su embarazo, y ahora estaba aterrada por escuchar lo que Nate le diría, pues era el más perjudicado con su adulterio.

«Adulterio… Una palabra elegante para un acto indecente», sintió sus ojos humedecerse y no sabía a ciencia cierta porque lloraría, si por enfrentar a Nate o por su condición, o ambas. La culpa le formó un nudo en la garganta y no se atrevía a mirarlo, el coraje que le había costado reunir para citarlo se había esfumado apenas lo vio.

— ¿Prefieres que me vaya? —le escuchó decir y negó rápido al punto de marearse. Sin mirarlo, susurró bajito.

—Tengo… mucho miedo de decirte —Nate frunció ligeramente el ceño, por su cabeza pasaron diversos motivos que podrían provocar aquella reacción, pero no quiso adelantarse demasiado, aun así, se encendió una alerta. Todas las suposiciones le llevaron al mismo resultado. Incomodo, pero no molesto, se puso de pie lentamente y se sentó a su lado. Ella no le miró, tomó un mechón que le cubría su ojo y lo acomodó detrás de su oreja, entonces notó que Bulma lloraba silenciosamente.

— ¿Quieres terminar con el compromiso? —murmuró calmado y ella asintió. El primer ministro tragó saliva, el trago le supo dolorosamente amargo y asintió otra vez, tratando de asimilar la información, buscando un motivo sin preguntar.

—N-no soy una buena opción para ti —susurró con la vista fija en la alfombra. Bulma sentía los latidos de su corazón chocarle en el pecho de lo rápido que andaba su pulso, los ojos le escocían y por un momento quiso apoyar su espalda en el respaldo y cerrar los ojos para dormir y olvidarse de todo, al menos un rato.

—Eso debería decidirlo yo ¿no lo crees? —la voz se Nate se oía calmada y gentil, si estaba molesto o triste por lo que hablaban, lo escondía muy bien.

—Hice algo malo —susurró y se obligó a mirarlo. Los ojos verdes de Nate se estrecharon por unos segundos, pero ella lo notó. Bulma supuso que él podía ya estar sospechando, después de todo, cuando se trataba del ego masculino ningún hombre se escapaba.

— ¿Tan malo como para romper nuestro compromiso? —preguntó serio, esta vez su tono de voz no se oyó gentil, Bulma pensó por unos segundos que era la primera vez que le oía con ese timbre.

—Sí —tragó con dificultad y se esforzó para no apartar la mirada—no soy la mujer con la que te gustaría casarte, créeme. —Sonrió sin ganas y suspiró desviando la mirada.

— ¿Tiene algo que ver con el rey Vegeta? —y Bulma se congeló en su silla. Giró lentamente hacia él, con el pánico dibujando sus rasgos y Nate sonrió sin ganas, asintiendo, respondiéndose su propia pregunta—creo que tengo el derecho de saberlo.

—Sí —repitió—yo… me embaracé de él —escupió en un susurro bajito sin apartar la mirada—lo siento ¡sé que no valen las disculpas! Que…. Que lo que hice estuvo mal, estoy muy avergonzada.

— ¿Estás embarazada… otra vez de él? —preguntó incrédulo y Bulma sollozó, cubrió su boca con su mano derecha y con la izquierda acunó su vientre, como si con ello pudiera esconder su pena al ser que crecía en su interior. — ¿Te forzó?

— ¡N-no! —se apresuró en decir mientras meneaba la cabeza—cometí un error, yo… no sé por qué lo hice —reconoció mirando otra vez la alfombra, ignorando los gritos de su cabeza que le respondían su porqué.

—Puedo llegar a entenderlo por tu pasado torcido con él —dijo sonriendo sin ganas, la miró fijamente. Su cabello cubría gran parte de su rostro, pero podía vislumbrar su sonrojo y oía su llanto. Buscó su mano izquierda y la envolvió con suavidad—imagino que no ha sido fácil para ti tener que verlo otra vez.

—No, Nate —negó y le miró molesta—no hay excusas… te fui infiel y me embaracé, no tiene justificación alguna. Fui infantil, mi hermana está furiosa conmigo y ni siquiera sé qué pasará ahora… con nosotros —susurró, y por un momento Nate iba a responderle, pero guardó silencio por unos segundos cuando comprendió que con "nosotros", se refería a ella y su bebé.

—Entiendo que te sientas culpable y avergonzada —asintió serio—o creo entenderlo, mi especie no tiene mucha experiencia con las emociones humanas —mordió su mejilla interna y relamió su labio inferior, algo ansioso—pero… antes de que decidas algo ¿no crees que debemos discutir ambos si queremos seguir con el compromiso?

—P-pero… ¿qué hay que discutir? —preguntó extrañada.

—No tengo inconvenientes con tu situación y con lo que decidas hacer, si quieres tener ese hijo, me haré cargo. Podemos incluso adelantar la boda… si no quieres tenerlo, te apoyaré y seguimos con nuestros planes. —Bulma abrió la boca para contestar, pero no pudo coordinar una respuesta coherente. Nate apretó su mano con la suya y le sonrió—No sufras sola, estoy aquí para ti.

— ¿Por qué? —solo pudo decir, tenía la mente en blanco, no lograba concebir que Nate reaccionara así. Sabía que no era un hombre tonto, pero su actitud le hacía pensar que estaba siendo demasiado iluso y que, si aceptaba, se estaría aprovechando de él.

—Porque tengo puestas todas mis energías en este compromiso —sonrió—y no me iré por cualquier inconveniente… a menos que eso sea lo que tú quieres ¿es eso? —su sonrisa se borró, le pareció por un segundo que estaba escuchando a un desconocido—la verdad, no dejo de pensar que te embarazaste de él para tener un motivo…válido para anular nuestro compromiso ¿es paranoia mía o es así?

Bulma lo miró indignada, antes de siquiera pensar en una respuesta le quitó su mano y le frunció el ceño.

— ¿Realmente me crees capaz? —no esperó que respondiera y continuó—cometí un error, y me siento fatal por lo que te hice, pero no fue a propósito. Si quisiera romper el compromiso, no arruinaría mi estabilidad mental para eso —contestó ofendida, pero a los segundos agachó la mirada y negó—creo que… tienes motivos para pensarlo. Pareciera que me auto saboteo.

—También lo notaste —dijo serio. — ¿Crees que sea tu caso?

—No lo sé…—le hubiera gustado decir que no. Suspiró y agachó la mirada— ¿cómo puedes tomarte esto tan a la ligera?

—No es así —dijo sonriendo—simplemente, no te dejaré ir tan fácilmente. En mi cultura no le damos mucha importancia a las relaciones sociales, nos emparejamos con fines reproductivos solamente, priorizamos el desarrollo intelectual. Lo que en tu cultura es una infidelidad, en la mía no existe. Pero sobretodo… entiendo lo que sientes por él, lo bueno y lo malo.

Bulma no pudo centrarse en la suerte de haberse comprometido con un hombre que no viera con malos ojos su infidelidad, lo único que quedó dando vueltas en su cabeza fue la alusión a sus sentimientos buenos y malos por Vegeta, que por más que intentó descifrarlos, en ese momento al menos, no encontró ningún sentir negativo hacia él y aquella revelación la dejó pasmada.

Quiso llamar a su terapeuta y preguntarle si estaba mal, si seguía bajo los efectos de sus manipulaciones o era demente, pero el asombro la dejó quieta en su sitio, con un dolor fuerte en el pecho y un nudo en la garganta difícil de ignorar.


(…)


El aire frío de la noche se coló a través de una ventana en el aeropuerto espacial. Bulma volteó cuando la corriente le sacudió un mechón de cabello, alcanzó a ver el cielo oscuro y se abrazó, subiendo sus manos por sus brazos para darse un poco de calor. Volvió su atención hacia en frente cuando escuchó la puerta de la nave abrirse.

— ¿Cómo estás con eso? —le miró confundida cuando le escuchó, él apuntó con su barbilla hacia su vientre y Bulma frunció el ceño al comprender a qué se refería con "eso", incómoda, pues hubiera sido más ubicado preguntarle directamente por el bebé o su embarazo, pero prefirió no darle importancia. No estaba en posición alguna de quejarse después de que Nate ni siquiera la había juzgado por lo que había hecho.

—Eh… bien dentro de todo —murmuró—tengo casi un mes, está sano por el momento.

— ¿Aun no decides qué harás? —Bulma negó, soltó un profundo suspiro y le miró sonriendo sin ganas. Nate hizo una mueca al ver su semblante de falsa calma, estaba pálida y podía notar las ojeras bajo sus ojos—deberías ir a descansar, tardarán unos minutos en preparar el despegue.

—No, estoy bien —negó mirando como trabajaban los técnicos—no puedo decidir nada sin conversarlo con Vegeta.

—Ah… piensas decirle —asintió Nate, incómodo con la idea de que se volvieran a reunir y sonrió, quizás el pasar tiempo con los humanos estaba pasándole la cuenta.

—Sí, no quiero cometer los mismos errores —hizo una mueca—no sé qué pueda pasar.

—Quiero acompañarte cuando hables con él —dijo y posó su mano sobre su hombro con suavidad—no quiero que estés enfrentando eso sola… y la verdad, no me siento muy seguro con que estés a solas con él.

—Oh… —Bulma asintió pensativa ¿qué podía decir? Comprendía su temor y era lo que se había ganado por su deslealtad—entiendo… pero siento que debería hablar con él a solas. No creo que reaccione bien si me acompañas.

—Con mayor razón, no me siento tranquilo —dijo frunciendo el ceño al imaginar la escena. En su mente, el rey Vegeta se comportaba como cuando lo conoció en el cumpleaños de Trunks, territorial, altanero y despectivo con todos y ella no sería la excepción, un factor que daría como resultado un momento desagradable para la princesa y que podía tener consecuencias que implicaran a todos.

—Le llamaré —dijo agachando la mirada—quizás si me animo se lo digo por video llamada —hizo una mueca—no lo sé… no tengo cabeza ahora para pensar en algo. De todos modos, sé que la decisión que tome será un error —se encogió de hombros.

—No, no pienses así —le susurró mirándola con preocupación. —Sé que estás pasando por un momento confuso en tu vida, pero… lo peor que puedes hacer ahora es cargar con esas ideas negativas —Bulma sonrió sin ganas y asintió—es difícil, lo sé. Pero debes estar tranquila ahora.

—Tienes razón —murmuró y guardó silencio cuando el personal de la nave se acercó a Nate para informarle que la máquina estaba lista para partir. Bulma suspiró cansada y volteó hacia Nate—gracias por tu apoyo… pero no dejo de pensar que estás tomándote la situación muy a la ligera. Quizás deberías pensar un tiempo qué decisión quieres tomar.

—Quizás… si cambio de opinión te lo haré saber —sonrió—cuídate ¿sí? Te aviso cuando llegue —se inclinó hacia su rostro y besó su mejilla con suavidad. Bulma se tensó ante el contacto al pensar que la besaría en la boca, se relajó apenas notó que no sería así. Lo vio caminar hasta su nave, se quedó en su sitio sin apartar la mirada, pero en el fondo no le estaba prestando atención.

No lograba comprender sus propias reacciones, Nate era el hombre con el que se iba a casar-hasta el momento-si bien, al principio su acercamiento fue lento, nunca se había sentido de ese modo por un simple beso, temía que aquello tuviera que ver con el rey Vegeta. Por la culpa y porque seguía pensando en él de alguna forma que no quería reconocer, pero que su cuerpo ya le había adelantado. Pues a sus besos los correspondió y anheló. Quizás se estaba obligando a parecer confundida cuando en el fondo lo tenía claro, aunque fuera enfermizo.

Llevó su mano a su vientre plano, hundió sus dedos en la tela de su ropa e inhaló profundamente. No quería seguir dándole vueltas a lo que posiblemente sentía por Vegeta, porque le hacía mal. No podía, sentía que era botar a la basura todos los años de terapia, se sentía más estúpida que antes. Podía entender que hubiera caído en la tentación de acostarse con él, después de todo él era atractivo, y verlo actuar como un hombre-saiyajin-respetable y buen padre, había despertado en ella un deseo difícil de resistir y ahora debía asumir las consecuencias de su error.

Volvió rápido al castillo cuando la nave despegó. No se presentó a cenar y fue directamente a su habitación. Cuando fueron a buscarla para comer, se excusó con que se sentía mal-lo que no era del todo mentira-y no aceptó que le llevaran nada para su habitación.

Se dio una larga ducha, y con el pelo aun húmedo se estiró en la cama a mirar el techo. No sabía si sus tripas estaban revueltas por nervios o por su condición, pero se sentía mal. Por lo que prefirió aplazar un poco más la llamada a Vegetasei. Sin darse cuenta, el cansancio mental y físico del día le sumó la cuenta, el enfrentarse a Nate le había dejado agotada y faltaba la peor parte. Sus ojos se cerraron a los minutos y cayó en un profundo sueño.

Abrió los ojos de golpe, la pesadilla que le visitó la dejó temblando. Se vio a sí misma en una sala de hospital, todo a oscuras y ella sentada en una camilla, con la entrepierna sangrándole sin parar, y por más que pedía ayuda, nadie la socorría. Respiró agitada y su mano, aun temblando, la llevó hasta su entrepierna para comprobar que estuviera seco, suspiró aliviada al no encontrar nada. Relamió sus labios, y tragó en seco, irritándole la garganta. Se puso de pie lentamente, como si el cuerpo le pesara y buscó un jarrón con agua. Mientras bebía, pensó en su reciente alivio al darse cuenta que solo había sido un mal sueño ¿no hubiera sido mejor haber perdido ese embarazo? Sacudió lentamente su cabeza, intentando no darle más vueltas al asunto.

Al beber un vaso completo de agua, sintió su estómago quejarse. No había comido en horas, pero tenía pereza de pedir algo, por lo que buscó entre sus cosas y encontró una caja de bombones. Ni siquiera lo pensó y sacó varios, mientras mascaba miró la hora, ya estaba de madrugada por lo que había dormido al menos unas tres horas. En Vegetasei aún no era hora de dormir, seguramente su hijo seguía despierto. Iba a sacar otro bombón, pero se detuvo y volvió a mirar la hora. En un impulso, sacó la caja y la llevó hasta la cama, mientras se acomodaba buscó con su mano libre el comunicador de alto alcance y marcó el contacto de Trunks. Se echó a la boca otro chocolate y se apoyó en el respaldo de la cama sin mirar la pantalla, entonces sintió su pelo húmedo tocarle el cuello. Frunció el ceño, y lo apartó para no tocarlo. Comió otro chocolate y cuando pensó en cortar, la imagen cambió y se vio el rostro de su hijo.

Trunks vestía su ropa para dormir, se secaba el cabello con una toalla y miraba la pantalla con el ceño fruncido, como el rey. Pero si se concentraba solo en sus ojos celestes, recordaba a su padre. Sonrió al verlo, y aun masticando asintió a modo de saludo. El ceño del niño se relajó por unos segundos y la miró preocupado.

Madre —saludó serio— ¿estás bien? —fue su turno de fruncir el ceño, extrañada y asintió, tragó y relamió su labio inferior.

—Sí, ¿tú como estas?

Bien, me preparaba para dormir —comentó desviando la mirada—es tarde allá ¿qué haces despierta? ¿trabajabas en el laboratorio? —Bulma negó con culpa y mordió su mejilla interna al pensar en su trabajo, lo tenía botado desde que supo que estaba embarazada, no tenía cabeza para concentrarse.

—Eh… no, es que me dormí muy temprano y desperté hace poco —vio su propia imagen en la esquina inferior y entendió la preocupación de Trunks. Tenía el cabello desordenado y las manchas violáceas se atenuaban más por la calidad de imagen. Pasó sus dedos por su pelo intentando ordenarlo—me dormí con el pelo mojado.

Te vas a enfermar —dijo el niño y Bulma sonrió, quiso pensar que su hijo estaba preocupado por ella—mamá, no es que no quiera hablarte, pero ¿podemos conversar mañana? Estoy algo cansado.

—Oh… entiendo —asintió y mordió su labio—eh… tu… el —titubeó un poco, de pronto el chocolate le supo amargo en la boca y tuvo que apartar la caja de sus piernas, el olor le mareó—eh… ¿el rey?

¿Qué tiene? —preguntó confundido.

—Eh… —los nervios le jugaron mala pasada, negó sin mirarlo y sonrió sin ganas, antes de que pudiera decirle que lo olvide, el niño habló.

¿Quieres hablar con él? —preguntó escondiendo la sonrisa—te transfiero, espera —no alcanzó a negarse, a inventar una excusa pobre, pues en el fondo si quería hablar con él, aunque no tuviera coraje en ese momento. Pensó en cortar cuando vio el mensaje en la pantalla "espere en línea", pero no podía seguir aplazando eso. Si iba a tomar una decisión, de seguir o no el embarazo, debía tomarla lo antes posible y Vegeta debía saberlo. Así que esperó.

Con un nudo en el estómago, conteniendo las ganas de vomitar y llorar, miró la pantalla en modo ausente ¿qué empezaría diciéndole? ¿podía bromear para relajar el ambiente? No era un buen momento, pensó. La pantalla se iluminó de pronto y ella pegó un brinco en su sitio, tragó saliva, sus tripas se revolvieron todavía más y tuvo que abrazar su vientre para darle confort, para contenerse al mismo tiempo que movía su pie de modo nervioso.

El rey estaba en su oficina, dio un vistazo hacia la pantalla y luego continuó escribiendo en su ordenador, parecía distante y ocupado. Bulma pensó en mejor dejarlo para otro día, pero se obligó a permanecer en línea, a enfrentarlo.

—H-hola —saludó tímida.

Es tarde —respondió él sin mirarla— ¿es urgente? Como nos contactas en la noche y de madrugada para ti.

—Eh… —sí, lo era. Pero no pudo decirle— ¿c-cómo han estado? —él frunció el ceño, Bulma notó un destello familiar en su expresión, estaba molesto o incómodo. Pensó en dejar la plática hasta ahí, pero nuevamente se obligó a seguir intentándolo, no podía huir para siempre.

Bien —soltó escueto y Bulma frunció el ceño, él no se estaba esforzando en aparentar buen humor, quizás estaba pasando por un mal momento. Esperó que le preguntara por ella, el intercambio típico de "¿cómo estás? Bien ¿y tú?", pero pasaron dos o tres minutos en el que ninguno habló y supuso que a él no le interesaba saberlo. Incómoda, lo volvió a intentar.

—Me alegro… eh ¿podemos hablar unos minutos? —quiso saber, mientras hacía una ligera mueca en sus labios que él se perdió por no prestarle atención.

Estoy ocupado —dijo mirándola por dos segundos y volviendo a concentrarse en su pantalla. Bulma frunció el ceño, y poco a poco los nervios se fueron dando paso a la molestia, pero lo disimuló.

—Seré breve —murmuró y frunció el ceño cuando lo vio observar la hora en el reloj de su escritorio.

Tienes cinco minutos —dejó de escribir y mirar el monitor, para prestarle atención a la cámara. Pero Bulma contuvo el aliento, se tensó y cortó la llamada, con las mejillas rojas de rabia y controlando la indignación, para segundos después estallar en llanto.

Él no le volvió a marcar y la rabia, mezclada con tristeza y frustración empeoró. Las lágrimas caían constantes por sus mejillas, sentía los ojos arderle por el esfuerzo y tuvo que controlar un poco la respiración porque sentía que le escaseaba. Llevó su mano hasta su pecho haciendo presión por unos segundos, luego se acarició, buscando calmarse. Pensó por un momento en ir a ver a su madre y llorar en sus brazos, pero era tarde.

Mientras lloraba, miró la caja de chocolates y las náuseas de hace segundos se habían ido, por lo que continuó comiendo, sin dejar de llorar. No entendía la actitud del rey, no creía que lo merecía ¿qué le había hecho? Es más, de Nate se lo había esperado, no de él. En el momento no pensó en la última plática que había tenido con él, menos en que al rey le había afectado sus sentimientos no correspondidos.

Se quedó dormida después de que se comió todos los bombones y el llanto cesó, así, sobre las mantas y echa un pequeño ovillo, abrazándose a sí misma, se durmió entre gimoteos débiles.


(…)


Sentía todos los ojos sobre ella, seguramente esperando que les contara como le había ido con Nate. Sonrió al imaginarlos curiosos durante la cena al no presentarse. Bebió un sorbo de su té con leche, más dulce que de costumbre, pero lo necesitaba en ese momento. Dejó la tacita sobre el platillo y tomó una tostada, le untó un poco de mermelada y mascó despacio, tanteando si le daba asco o no. Decidió seguir comiendo después de tragar y no sentir ninguna molestia.

— ¿Cómo te fue con Nate? —preguntó Tight, Bulma aun masticaba cuando volteó a verla. Su hermana lucía cansada, parecía que había pasado una mala noche y se preguntó si era su culpa, seguramente lo era. Se veía seria, pero no molesta.

—Creo que bien —dijo y se limpió los labios con la servilleta—no quiere suspender el matrimonio.

—El joven Nate es un buen hombre —habló su madre sonriendo.

—Y estúpido —comentó Tight y Bulma agachó la mirada. Vio su reflejo en su té y los ojos se le volvieron a humedecer— ¿qué piensas hacer? Él no quiere suspender el matrimonio, pero imagino que la última palabra la tienes tú.

—Sí —reconoció—pero… no sé qué debo hacer.

—Lo natural sería seguir con el matrimonio, los preparativos están avanzando. No humillarás a nadie en el proceso, si a Nate no le importa el embarazo… quizás puedan hasta ignorar ese detalle.

— ¿Ignorarlo? —frunció el ceño y la miró seria— ¿hacer como que no tengo el vientre abultado de 9 meses?

—No era a lo que me refería —contestó cortante—en fin, solo te pido que pienses bien lo que harás. No más imprudencias, Bulma.

La joven mordió su mejilla interna, debía asentir y decirle que no se preocupara. Pero las ganas de llorar fueron más grandes y no tenía ánimos de seguir hablando ni que la vieran en ese estado. Se puso de pie rápido y tiró la servilleta de tela a un lado, sin mirar a nadie salió del cuarto.

—Tight, sé un poco más considerada con su estado —pidió su madre, mirándola con preocupación.

—Ella debería serlo con nosotras —soltó mordaz—sé que lo está pasando mal, madre. Pero estamos todos metidos en esto, no solo ella. Y es lo que me enfurece que no entienda.

—Lo entiende, Tight —negó la reina madre—lo entiende más de lo que piensas. Con el embarazo de Trunks no lloraba tanto… está llena de culpa y vergüenza, hablarle así es empeorar la situación.

—No puede seguir actuando sin consecuencias —dijo entre dientes— ¡es una princesa, maldita sea!

—Creo que ya aprendió su lección con la consecuencia que crece en su vientre —Tight suspiró con pesadez y se acarició la sien, no había podido dormir bien desde que su hermana les había contado de su embarazo. Había entrado en pánico pensando que en cualquier momento volvían los saiyajin y se la llevaban, y ella no iba a poder impedirlo.

—Como sea —dijo poniéndose de pie—se me quitó el apetito.

Fue su turno de acariciar su sien, soltó un suspiro y tomó su taza, pero antes de beber, miró asombrada al novio de su hija mayor que la observaba boquiabierto.

— ¿Tight no te lo dijo? —preguntó confundida.

—N-no —susurró Raditz— ¿Por qué el canciller suspendería el matrimonio?

—Porque no es de él el bebé —soltó un suspiro—no se lo digas a nadie, pero es de tu rey. Bulma tiene que hablar con él.

— ¿Qué? ¿es del rey Vegeta? —dijo asombrado—p-pero… ¿cómo? Digo… ¿Cuándo?

— ¿Cómo? Creo que lo sabes bien —sonrió la reina— ¿Cuando? Me imagino que cuando vinieron de visita con mi nieto. No perdieron el tiempo…

—P-pero… ¿piensa decirle al rey? —ella asintió— ¿por qué Tight no me lo dijo? —se preguntó deprimido.

—Está afectada… cuando algo le preocupa se cierra y no lo habla con nadie —se encogió de hombros—si puedes, acompáñala. La situación es delicada y le afecta mucho pensar en lidiar con tu especie.

— ¿Qué? ¿Por qué? No iniciará una guerra o algo por esto… —el silencio de la madre de su pareja le dijo lo contrario— ¿realmente creen que el rey Vegeta va a reaccionar mal?

—La primera vez demandó a mi hija, esta vez no sé qué podría pasar… si bien, está cambiado, no podemos confiarnos.

Raditz guardó silencio. Entendía el temor de Tight y su madre, él mismo había notado que el rey estaba diferente, pero en el fondo, nunca se podía estar seguros cuando se trataba de él. Pensó en su pareja y en la poca confianza que le tenía, pero segundos después lo descartó, se sintió culpable por no notar su preocupación antes. Se puso de pie y asintió en dirección de la reina madre, fue a buscar a Tight, aunque no sabía qué decirle, pero sintió que lo mejor era acompañarla, como le había aconsejado la reina.


(…)


Llevaba una hora o dos mirando los planos, sacudiendo nerviosa el taladro eléctrico en una mano, sin decidirse a actuar. Suspiró derrotada y dejó con cuidado el aparato sobre la mesa. Refregó sus manos en sus ojos, para finalmente apoyar su cabeza en estas mientras dejó los ojos cerrados. Ya era hora de almuerzo, pero se excusó, no quería enfrentarse a su hermana, y no tenía apetito. Se sentía cansada, cuando no había hecho nada más que vestirse ese día.

Oyó la puerta abrirse de su laboratorio, pero no le prestó atención. Cuando los pasos se acercaron lo suficiente, abrió los ojos y evitó mostrarse sorprendida al ver a Raditz. Desvió la mirada, preparándose mentalmente para su discurso.

— ¿Cómo te sientes? —Bulma le miró curiosa, se encogió de hombros y volvió a mirar el plano, intentando ignorarlo. La relación con la pareja de su hermana no era muy buena desde que se había embarazado de Trunks y le había obligado a esconder el secreto. Entre ambos se había formado una especie de rencor que nunca habían intentado de aclarar.

— ¿Necesitas algo? —preguntó después de unos segundos, volteando a verlo.

—No —Raditz se acercó un poco más— ¿ya hablaste con el rey? —ella se tensó y negó—ya veo… quiere comunicarse contigo, pero dice que no le contestas. Bulma le miró sorprendida y buscó su comunicador, frunció el ceño al verlo apagado y se lo mostró al saiyajin, para que le creyera. —Ya veo.

—No estoy lista para hablar con él —reconoció mirando la pantalla negra—estoy asustada…

—No se lo tomará mal —dijo apoyándose en el borde de la mesa—mientras más numeroso es el legado de un rey, es mejor ¿no?

—Supongo —susurró sin mirarlo—pero, mi hijo sería un bastardo en Vegetasei.

—Pero sería de su estirpe de todas formas —se encogió de hombros—toma, llamará en diez minutos. —Bulma miró el comunicador del saiyajin y no se atrevió a recibirlo.

—N-no… no quiero hablar con él ahora —dijo e hizo una mueca de incomodidad, suspiró con pesadez y miró el plano, intentó concentrarse en los números, pero su vista se nubló a medida que sus ojos ardían por el esfuerzo de no derramar lágrimas—dile que estoy ocupada.

—Está bien —asintió Raditz. Bulma esperó a que saliera, pero el saiyajin se quedó en su sitio por unos minutos, volteó hacia él encontrándolo mirando el suelo, jugaba con su comunicador, algo inquieto—oye… sé que no hemos sido los mejores amigos últimamente, pero… te tengo estima y te respeto.

—Gracias, supongo —dijo ante el tono seco del saiyajin.

—La decisión que tomes, la respetaré y no te juzgaré. Tight tampoco, solo está preocupada por ti —Bulma asintió sin mirarlo.

—Sí… lo sé. También entiendo que esté molesta —él asintió y dejó el comunicador en la mesa. —Se te queda el…

—Cuelga tú cuando llame. O le contestas, lo que estimes conveniente —Bulma no alcanzó a responder, vio el cabello largo y espinoso del saiyajin menearse de lado a lado al ritmo de sus pasos.

Tragó saliva, nerviosa y miró el aparato. Suspiró y apoyó la mitad de su cuerpo sobre el mesón, dejó sus brazos como almohada y cerró sus ojos. Antes de darse cuenta, estuvo dormitando el resto del tiempo hasta que sonó el comunicador de Raditz. Abrió los ojos de golpe al mismo tiempo que se sobresaltaba, lo tomó rápido para colgar, pero sus dedos temblaban por el nerviosismo y sin notarlo, presionó el botón para aceptar la llamada. Abrió los ojos de golpe cuando la imagen en negro cambiaba al estudio del rey, con él mirando atento la pantalla, no como la noche anterior.

Contuvo el suspiro y dejó el comunicador acostado para no verle la cara ni que él la viera a ella.

¿Bulma? —cerró sus ojos, intentando calmarse.

—Dime —dijo sin asomarse a la cámara.

Quería disculparme por lo de anoche… ¿estás ocupada? —la princesa pensó en sus opciones, no quería hablar con él ahora, ni siquiera tenía ánimos de decirle sobre su embarazo, por lo que creía que el intercambio era inútil en ese momento.

—Sí —mintió—no quiero hablar contigo ahora —maldijo por lo bajo y cerró sus ojos frunciendo el ceño al oírse, debió decir "no puedo", no "no quiero". Su ímpetu la delató, como siempre.

Entiendo —su voz se oyó desilusionada, y por un momento Bulma se compadeció y quiso deshacerse en disculpas, pero prefirió mantener la distancia—de todas formas… lo siento, estaba algo molesto por lo que pasó la última vez… y eh… felicidades por tu compromiso —Bulma se tensó, sintió el corazón latirle deprisa al mismo tiempo que sus ojos se llenaron de lágrimas. Se limpió rápido y tomó el comunicador para verlo, él alzó ambas cejas cuando la vio, relamió su labio inferior y continuó hablando—no es sarcasmo, de verdad… me alegro por ti —pareció que le costó decirlo, o que lo hacía por cortesía. Bulma sonrió sin ganas y negó, meciendo su cabello con suavidad.

—S-sí, es de hace algunos meses —susurró desviando la mirada, tragó saliva con dificultad y volvió a mirarlo, pensó en decirle lo de su embarazo, pero entonces comprendió que no podría hacerlo por video llamada y que siempre estaría haciéndole el quite. Debía verlo. Se armó de valor y murmuró con más fuerza—necesito hablar contigo, pero en persona. —Vegeta alzó ambas cejas por la sorpresa, carraspeó su garganta y sonrió sin ganas.

De verdad estoy ocupado para viajar en los próximos días o semanas —dijo derrotado.

— ¿Puedo ir yo? —preguntó y mordió su mejilla interna. Él la admiró en silencio y asintió.

Claro, cuando quieras. Me avisas para preparar tus aposentos y programar al personal para que te reciba —su voz se oyó ronca, ella se estremeció al recordar sus susurros en el oído y desvió la mirada asintiendo.

—Mañana iré —dijo convencida— ¿es posible?

Oh… es pronto, claro. Avisaré —asintió, intentando esconder el asombro—bien. Nos vemos entonces. Adiós.

—Nos vemos —susurró y la pantalla se fue a negro.

Sus labios seguían haciendo una mueca, ella se quedó viendo su reflejo en la pantalla. Sentía su vientre pesado, como si hubiera comido demasiado, cuando no había probado más que unos jugos con un emparedado que vomitó a la media hora. Dejó el aparato sobre la mesa y se bajó de su silla, pero una ola de mareó la sacudió y tuvo que afirmarse del borde de la mesa para no caer. Respiró profundamente un par de veces y se alejó del mueble cuando creyó que ya se había pasado el malestar.

—Con Trunks no me sentí así —susurró.


(…)


Le envío un escueto mensaje a Nate para avisarle que iría a Vegetasei. Prefirió no llamarlo para que le pidiera no ir o peor, acompañarlo. No estaba lista para presentárselo a Trunks y encima, contarle que estaba embarazada a Vegeta y a su hijo. Frunció el ceño, todo el tiempo había pensado en cómo contarle al rey, pero había olvidado que también debía enfrentar al príncipe. Arrugó la nariz al imaginarlo, suspiró y encapsuló sus cosas faltantes. Guardó las capsulas en una pequeña cajita de metal y salió de su dormitorio. Apenas amanecía, pero había decidido viajar temprano para no perder tanto tiempo, gracias a los avances tecnológicos tardaría un par de días en llegar. Había pensado en ir en una nave personal, pero ni su madre ni hermana estuvieron de acuerdo, por lo que viajaría con toda una comitiva, doctores entre ellos que la cuidarían durante el viaje y en su estadía en Vegetasei.

Estaba inquieta, después de tantos años volvería al lugar en donde todo había empezado. Temía que, si le contaba al rey su situación peculiar, él la obligara a quedarse, pero se obligaba a descartar esos pensamientos y repetirse mentalmente «él cambió», intentaba calmarse con eso. Recordaba su actuar durante la estadía de los saiyajin en la tierra o incluso cada vez que hablaban por video llamada, y él estaba diferente, por mucho que temiera, él no reaccionaría de esa forma. Quería creer al menos. Incluso que la hubiera felicitado por su compromiso-aunque no lo aprobara-decía bastante de él.

Al llegar al aeropuerto, su hermana y madre, junto a Jaco y Raditz, la esperaban. Sonrió sin ganas al llegar junto a ellos. Su madre acarició su espalda y apoyó su cabeza sobre su hombro.

—Tienes que estar tranquila, por el bebé. Sé que tienes miedo, y estas nerviosa, pero trata de calmarte ¿sí? —susurró con dulzura.

—Aun no estoy segura de tenerlo… —murmuró insegura de compartir esa información ahora. Su madre asintió, y aunque estaba segura de que no compartía su opinión, le comprendió y aquello significaba mucho para la joven.

— ¿Segura no prefieres que alguno de nosotros te acompañe?

—Sí, es mejor así —sonrió sin ganas—los mantendré informados.

—El perro ya está en la nave —dijo Jaco—le dieron permiso a Kyabe, ¿verdad?

—Eso me dijo Trunks —respondió la joven—bien, debo irme. Nos vemos pronto —se despidió abrazando a su madre otra vez.

—Bulma —la voz de Tight se oyó seria, pero no molesta. Volteó a verla, pero no le sostuvo la mirada. Quizás porque su hermana era la única que le decía las verdades en la cara, y no quería enfrentarse a los errores que tenía presente a todo momento. —Si las cosas se ponen feas, dinos. No importa que estemos en desventaja, no dejaré que él se quede contigo en contra de tu voluntad ni con el bebé —y antes de poder responder, la reina la abrazó con fuerza. Sintió sus ojos escocer, empezaba a molestarle todas las veces que lloraba últimamente. Apoyó su rostro en el hombro de su hermana y cerró los ojos, intentando guardar en su memoria su calor y olor—no estás sola.

—Gracias… siento todo esto —susurró y se secó rápido la lágrima que rodó por su mejilla.

—Lo sé —el nudo en su garganta le dificultó tragar, se alejó cabizbaja de su hermana y se despidió de Jaco y Raditz. Desanimada, y nerviosa, caminó hacia la nave.

Preguntó por el estado de la nave, la proyección del camino y el tiempo que tardarían, una vez que se informó de los detalles, se fue a su cuarto. La nave no tardó en despegar, y una vez que la alerta se apagó, se acostó sobre la cama y decidió dormir un poco. Necesitaba fuerzas para afrontar lo que se venía y no tenía nada de energías en ese momento.


(…)


Kakarotto sonrió al ver como el príncipe Kyabe hablaba y hablaba sin parar sobre lo mucho que había disfrutado su estadía en la tierra y que quería guiar a la madre de Trunks en Vegetasei para que también lo disfrutara. No quiso interrumpirlo y decirle que Bulma ya conocía el planeta y que no le gustaba, prefirió prestarle atención ya que era el único de los presentes que lo escuchaba. Ery miraba los azulejos distraída, los niños se habían colado a la bienvenida de la princesa cuando escucharon que llegaba en unos minutos. Solo faltaba el hijo de la joven. Suspiró derrotado, estaba casi seguro que no iría.

—Padre —volteó hacia atrás al oír a Gohan caminar hacia él junto al heredero al trono. Suspiró aliviado al verlos, notó el ceño fruncido del niño al ver a su prima y medio hermano, evitó blanquear los ojos por su actitud, en parte porque el menor merecía su absoluto respeto, y porque estaba su propio hijo—quería saludar a la princesa, hace mucho tiempo que no la veo ¿puedo quedarme?

—Claro —sonrió la mano del rey—se sorprenderá mucho cuando vea lo alto que estás. —el adolescente rio tímido y se quedó junto a él.

— ¿Qué hacen acá? —cuestionó llegando al lado de los niños. Ery levantó la mirada cuando le oyó y se encogió de hombros, al mismo tiempo que desviaba la mirada evitándolo.

—Vinimos a recibir a la princesa —dijo alegre el menor—a lo mejor me trae mi perrito ¡sería genial!

—Sí… genial —sonrió con sarcasmo al recordar su pequeña travesura.

No continuaron hablando al oír el ruido del motor, y el punto rojo brillante pronto se vio entre las nubes. Trunks sonrió mirando la nave, cuando se enteró que su madre venía no pudo evitar sentirse aliviado, tendría más posibilidades para hacer que sus padres volvieran y la mejor parte, podría molestar a Riander. No dejaba de pensar que sus padres estaban hablando a solas y eso le alegraba, creía que el rey estaba empezando a hacer sus movidas, pues la primera vez su madre quería hablar con él y ahora ella estaba allí, estaba seguro no era casualidad.

Diez minutos después la nave aterrizó segura en la zona de despegue. La puerta se abrió rápido, su madre fue la primera en salir. Frunció el ceño al verla, se veía más menuda de lo que recordaba y cuando la vio de cerca, notó que lucía enferma.

—Madre —saludó solemne, como si fuera un evento importante. Pero el abrazo de la joven lo pilló desprevenido. Se quedó tenso en su sitio por unos segundos, volteó a ambos lados esperando que nadie los viera, pero todo el mundo en el aeropuerto estaba atento al intercambio, después de todo, la princesa volvía a Vegetasei tras largos años de ausencia. Iba a empujarla, pero su aroma le hizo dudar, de pronto su calor se le hizo reconfortante y estuvo a punto de rodear su cintura, pero no se atrevió. Sin embargo, le permitió que lo abrazara por unos minutos.

—Te extrañé —dijo alejándose un poco para verlo. Trunks iba a quejarse, a decirle que se habían visto hace poco y que habían estado hablando seguido, pero sus ojos al borde del llanto lo distrajeron— ¿Ese es Gohan? —dijo mirando al grupo que le daba la bienvenida.

—Sí —dijo orgulloso, inflando el pecho mientras le daba unas palmaditas suaves a su hijo—quería venir a verte.

—B-buenas tardes, princesa Bulma —dijo tímido y la joven sonrió al acercarse.

—Estás muy alto —sonrió—espero poder visitar a tu madre —el menor asintió mirándola apenado, Bulma miró entonces a los niños que estaban impacientes por su atención. Sonrió enternecida, quizás eran los únicos que la querían allí, se agachó a su altura y saludó a ambos—gracias por venir a recibirme.

— ¡Tengo todo planeado! —dijo entusiasmado Kyabe—después de comer, iremos a las islas negras y mañana, al volcán Ozaru y… —Bulma alzó ambas cejas, nunca había oído esos nombres, intentó no mostrar la incomodidad que sintió al darse cuenta que nunca se había tomado la molestia de conocer el planeta en el que vivió por tanto tiempo.

—Otro día, mi madre está cansada —respondió el príncipe interponiéndose entre la joven y los niños. Y por primera vez, no lo hizo por molestar a su medio hermano. Realmente estaba preocupado por su madre, quizás estaba enferma y aun así se había tomado la molestia de visitarlos.

—Tenemos que organizarnos bien —sonrió al menor mientras se apoyaba en su hijo. —Ery sigue tan linda como siempre —la menor se ruborizó al oírla y sonrió asintiéndole, Trunks alzó una ceja al ver aquella reacción, pero prefirió ignorarla.

—Eh… princesa Bulma… no trajo… ¿no trajo nada de la tierra? —preguntó Kyabe, intentando no sonar interesado.

—Ah, sí —recordó volteando hacia atrás— ¿pueden bajarlo? —apenas hizo esa petición, Kyabe comenzó a saltar impaciente en su sitio. Minutos después, bajaron un cachorro dálmata entre los brazos del técnico—es machito —dijo sonriendo al ver como el niño chillaba alegre al verlo. El menor se tiró al suelo junto al perrito que, a pesar de no tener suficiente fuerza, intentó jugar con el saiyajin.

— ¿Un perro? —preguntó angustiado la mano del rey— ¿le preguntaste al rey? —Bulma lo miró sorprendida y luego miró a su hijo.

—Trunks me dijo que le habían dado permiso —susurró angustiada mirando al príncipe, luego a su medio hermano. Ery se agachó a acariciar al can sin prestar atención a lo que hablaban los adultos.

— ¡Gracias hermano! —exclamó alegre Kyabe al escuchar que fue Trunks quien lo pidió, el príncipe sonrió disimulando su burla, pues había hecho aquello para que Riander se enojara y le quitara al perro, así los molestaría a ambos.

—Bien, entremos —dijo suspirando la mano del rey.


(…)


Riander miró el puesto extra en la mesa y frunció el ceño. Se había enterado la noche anterior que la princesa humana iría a visitarlos y la idea no le causaba ninguna gracia. Se le hacía sospechoso que los visitara después de tanto tiempo, coincidía en que el rey había ido hace un mes a la tierra, y empezaba a pensar que había algo detrás y no quería ser la mujer traicionada que tachaban de estúpida, aunque su relación con el rey fuera netamente protocolar, no dejaría que nadie opinara de ella. Porque estaba segura que la visita de la princesa desataría un caos mediático. Controló su suspiro, sentía la rabia recorrerle el cuerpo y trataba constantemente de no erizar los pelos de su rabo y se repetía una y otra vez «la reina eres tú, no ella», pero no le servía para calmarse.

Cuando la vio pasar por el umbral de la puerta, rodeada de los niños, sintió ganas de lanzarse a su cuello y quebrárselo. Verla era recordar cada humillación, encima su propio hijo le sonreía y hablaba, la ira fue creciendo de a poco, y cuando la joven la miró a los ojos y le sonrió, Riander estalló. Para la reina fue una sonrisa burlesca, casi como enrostrándole que, sin ella, Kyabe no hubiera podido engendrarse y la vergüenza se le subía al rostro.

—Hola, Riander —saludó cortés. El ambiente se volvió tenso de repente, pero solo las mujeres y Trunks lo notaron, éste último, en vez de alivianar el ambiente, sonrió altanero y habló.

—Mi madre le trajo un perro a Kyabe —Riander frunció el entrecejo y se puso de pie para ver como su hijo recogía del suelo un animal blanco con manchas negras, era pequeño incluso para los brazos del menor.

— ¿Quién autorizó eso? —preguntó entre dientes.

—Lo siento, creí que lo habían hablado —dijo apenada.

— ¡Yo lo quería! —exclamó eufórico el menor, no entendiendo la situación.

—Habrá que preguntarle a mi padre, para saber qué opina —dijo encogiéndose de hombros el menor, sembrando la semilla de la discordia y Riander lo supo ahí, en ese momento que, había sido Trunks el que había orquestado todo. Si bien, podía resultar ser algo completamente trivial, el tema de fondo sería que tanto él como la princesa podían hacer lo que quisieran porque el rey lo avalaría. Sintió su ojo temblar de pura ira, y sus dientes rechinaron.

—Bienvenida —la voz de Vegeta III los interrumpió. Bulma asintió en dirección del que fue alguna vez su suegro y sonrió a modo de saludo—siéntate. Hace años que no te vemos —la joven miró la mesa y notó el puesto dedicado a ella y su semblante se ensombreció.

Cuando estuvo ahí con Trunks no se le permitió comer con los miembros de la realeza, como un recordatorio permanente que no era bienvenida y que estaba allí solo porque el menor la necesitaba. Ahora era recibida por la puerta delantera y compartiría la mesa con los que en algún momento la despreciaron. Sintió sus tripas revolverse, contuvo el suspiro y asintió silenciosa, obedeciéndolo y se ubicó en su puesto designado, junto a su hijo.

—Estás igual —dijo el ex rey—tu pelo cambió un poco, pero sigues luciendo bastante joven. Como si tuvieras gen saiyajin —carcajeó sentándose.

—Me trajeron aquí siendo una adolescente —dijo sonriendo sin ganas, arrugando la nariz con su sarcasmo y el abuelo de su hijo carraspeó la garganta, intentando cambiar el tema de conversación.

— ¿Y ese animal? —prefirió preguntar al ver al menor de sus nietos con el can entre sus brazos.

— ¡Es mi cachorro! No sé cómo llamarlo aun… —dijo sonriendo, sin dejar de mirarlo. El animalito estaba durmiendo en sus brazos.

—Baja a esa bestia de la mesa y ve a lavarte tus manos —le ordenó impaciente la reina.

—Hola —saludó Keel al entrar, Bulma levantó la vista y le sonrió, quizás era a la única que realmente se alegraba de ver entre los presentes, sin contar a los niños—oh… —soltó al verla, concentrándose en las marcas violáceas debajo de sus ojos.

— ¿Cómo estás? —preguntó sonriéndole y Keel guardó silencio por unos segundos, estudiándola. Bulma agachó la mirada, y tragó saliva. Supuso que ya se había dado cuenta, así como lo supo antes cuando era más joven.

—No tan bien como tú —prefirió decir—le trajiste el perro a mi nieto —sonrió al ver a Kyabe que le daba mimos al animal—no ha parado de hablar del viaje a la tierra, quizás debería ir más seguido. Le hizo bien.

—Feliz de recibirlos —sonrió.

—Absolutamente no —se metió Riander—debe entrenar.

— ¿Para qué va a seguir entrenando si no mejora? —preguntó Trunks, medio sonriéndole altivo—debería estudiar para ser veterinario.

—Trunks —le regañó su madre—no seas grosero.

—Sí, madre —dijo sin dejar de mirar a Riander, riéndose en su cara.

— ¡Bulma! —saludó Tarble al entrar junto a Laurel—me alegro que decidieras venir —la joven se puso de pie al verlos, alegre se acercó a ambos y los abrazó por unos minutos.

—Gracias, es bueno verte —murmuró alejándose para saludar a Laurel.

Trunks miró la escena con el semblante sombrío, no pudo evitar pensar que, si su madre no se hubiera marchado, su día a día habría sido muy diferente. Su madre era querida por su abuela y tío, incluso Gohan tenía recuerdos de ella y él no. Debió vivir tantas experiencias que no conocía, pero que habían profundizado en su relación con su familia, ella se llevaba bien con todos, no como Riander que solía discutirle a su tío Tarble e incluso se ignoraba con Laurel y la abuela. Contuvo el suspiro.

Su abrazo se vio interrumpido cuando los pasos del rey entraron en el comedor. El vientre se le volvió pesado de repente, volteó hacia atrás y sonrió nerviosa al verlo. Los latidos de su corazón se volvieron locos de repente al verlo caminar hacia ella, casi los sentía en su garganta, esperaba no estar ruborizada. No se tomaron de las manos en un saludo cortés, menos se besaron en la mejilla, simplemente se asintieron. Apenas la miró, pasó de largo a su sitio liderando la larga mesa y lo supo ahí, él estaba manteniendo las distancias. Tragó con dificultad y se sentó en su sitio.

— ¿Tuviste un buen viaje? —preguntó el rey sin mirarla, mientras cortaba un trozo de su carne. Trunks y todos en la mesa notaron su indiferencia, el menor intentó no mostrarse inquieto y quiso pensar que era lo mejor, pues delante de todos no podían ponerse a coquetear o hablar con confianza, quiso creer al menos.

—Sí, dormí la mayoría del tiempo —reconoció carcajeando sin ánimo.

—No te sirvió de mucho —dijo Riander, llamando la atención del grupo que comía concentrado—te ves muy enferma.

—Ah… sí —tragó nerviosa—me imagino —solo pudo decir. Keel miró el intercambio en silencio, el nerviosismo de la princesa lo entendió bien, pero prefirió callar. Tenía la ligera sospecha que por eso estaba en Vegetasei y se le tensó el estómago al pensarlo.

—Papá, ¿me podré quedar con mi perrito? —el rey frunció el ceño cuando le oyó y lo miró confundido, alzó ambas cejas cuando reparó en el invitado extra que estaba en las piernas de su hijo menor.

— ¿Y cómo es que sigue vivo? —preguntó relajado, Riander miró de soslayo al príncipe heredero y apretó sus manos en puños cuando lo vio sonreírle burlesco. No podía evitar tener esa lucha de poder con el menor, aun sabiendo que ella era la reina y el menor un simple crío al que no debía prestarle atención, el saber que tenía más presencia que ella en la corte le enfurecía.

—Le insertamos un chip en el cuello para que soporte la gravedad de aquí —dijo Bulma mirando al can—no le dolió, cariño. Estaba anestesiado —dijo sonriéndole a Kyabe cuando la miró preocupado.

La mayoría del grupo soltó una carcajada ante la escena, menos Riander. La reina miraba casi como una depredadora a la princesa, Bulma lo notó e intentó no prestarle atención. Miró con desagrado los platos servidos, recordaba lo difícil que le fue adaptarse a las comidas del planeta, pero apenas olió un filete grande y a medio coser, el apetito se le abrió. Comió su porción sin temor a vomitarlo, al contrario, parecía que su cuerpo le demandaba más, supuso que tenía que ver con los genes saiyajin. Por quizás primera vez, disfrutó de la comida en Vegetasei.


(…)


El hecho de que Vegeta la hubiera llevado a su despacho y no acompañado a sus aposentos o a los de él, le dejaba en claro que él quería marcar la distancia entre ambos, y le dolió notarlo. Tragó saliva, nerviosa y miró al rey que la observaba atento en su sitial, y ella del otro lado, como si fuera un empleado más. Dio un vistazo rápido al lugar, no había cambiado la decoración y recordaba cada rincón en ese cuarto en el que habían desatado las pasiones más de una vez. Ahora eran recuerdos que le incomodaban frente a la situación actual, en la que apenas podía mirarlo a la cara, y él parecía tan indiferente ¿ya no había amor en sus ojos? ¿Dónde se había ido aquel saiyajin atento y comprensivo que había visitado la tierra? ¿había sido una farsa para seducirla? Había funcionado bien.

—Llevamos casi una hora aquí, bebiendo el té y hablando del clima y de que el castillo no ha cambiado nada… ¿me dirás qué es lo que pasa? —no se oía enojado, y no lo parecía, pero su semblante serio y actitud distante le inquietaba más que verlo con el ceño fruncido.

—Sí… lo siento —dijo asintiendo—no sé bien cómo empezar…

—Bien ¿te parece que lo dejemos para mañana? Estoy cansado y me imagino que tú también. —Bulma lo miró decepcionada, pero él evitó sus ojos. Lo vio presionar unos botones en su comunicador y sin mirarla continuó hablando—el guardia que está en la entrada te llevará a tus aposentos.

Asintió y se puso de pie rápido, pero el movimiento le mareó un poco. Supo disimularlo bien y salió del salón. Sentía un nudo en la garganta, no por su cobardía, después de todo lo que debía decirle no era fácil de hablar, pero lo que le dolía era su actitud. Incluso en el pasado cuando no quería verla, era una demostración de lo que le afectaba su presencia, pero su indiferencia le decía algo más y creía que tenía que ver con que él ya quería dar vuelta la página, su embarazo bajo esa circunstancia no sería bien recibido. En sí no lo era, pero temía que para el rey fuera un problema serio. Su hijo bastardo no sería el primero ni el último en nacer en su imperio, pero si él no quería tener ningún vínculo más con ella, eso definitivamente sería complicado para ambos.

Suspiró derrotada cuando llegó a su dormitorio. Se puso la camisola y se estiró en su cama, pero no pudo dormir. Se levantó y puso la bata, salió de su cuarto y buscó los aposentos de su hijo. Golpeó suavecito y esperó por unos minutos. El niño salió rápido a recibirla, la miró confundido y antes de preguntarle, la joven entró a su cuarto.

—Ya no es el dormitorio de un bebé —sonrió mirando a su alrededor, extrañando los juguetes.

—Bueno, porque no lo soy… iba a dormir ahora ¿qué estás…? —no alcanzó a terminar cuando la vio subirse a su cama y meterse entre las cobijas—no pensarás dormir aquí ¿verdad?

—No, solo quiero estar un ratito contigo —sonrió. El niño de diez años suspiró derrotado, para la joven fue como ver a un adolescente avergonzado. De mala gana, la acompañó y se metió debajo de las mantas—cada vez que te ibas a dormir, intentabas leer un cuento en otro idioma… eras tan tierno. —Recordó con ensoñación.

— ¿Qué edad tenía? —preguntó no muy interesado.

—Como tres años… ya habías dejado de amamantar hace un año y medio más o menos —murmuró y Trunks frunció el ceño con asco— ¿Qué? No siempre fuiste independiente, cariño. Es más, cuando eras bebé no dejabas que nadie más se te acercara aparte de mí.

— ¿Cuándo cambió? —quiso saber. Bulma apoyó su cabeza en la marquesa y miró el techo, pensativa.

—Cuando conociste a tu padre —susurró—al principio peleabas con él —sonrió—pero no tardó en ganarse tu afecto. —Trunks frunció el ceño, sentía que había mucho que desconocía, pero en el momento solo una pregunta asaltaba su mente.

— ¿Por qué te fuiste? —susurró volteando a verla. La joven lo miró confundida y negó murmurando bajito.

—Por tu abuelo, estaba enfermo… eso ya lo sabes.

— ¿Por qué no volviste? —preguntó esta vez y sintió su corazón latirle deprisa, había tanto que decir y reprochar, pero el semblante triste de su madre le intimidó lo suficiente como para que guardara ese veneno. Ella no respondió, relamió sus labios y murmuró—papá dijo que te hizo daño, que por eso te fuiste y no quieres estar con él —Bulma alzó ambas cejas al oírlo al mismo tiempo que sus mejillas se sonrojaron abruptamente.

—S-son temas de adultos —dijo desviando la mirada, avergonzada. —Ambos ya tenemos nuestra vida hecha lejos del otro, ha pasado mucha agua bajo el puente —susurró sin mirarlo.

—Papá aun te ama, por eso quiero que estén juntos, pero necesito entender qué sientes tú y porqué —confesó serio, sintiendo como el corazón le latía a mil por hora al pensar en que por fin podría saber sobre la relación de sus padres. Pero la reacción de su madre lo dejó absorto.

La joven rompió en llanto de repente y antes de poder reaccionar, ella se lanzó a sus piernas a llorar. Trunks se tensó por unos segundos, pero al ver su cuerpo sacudirse por sus sollozos, sintió la necesidad de darle cobijo. Sin darse cuenta, su mano derecha fue hasta su cabeza y le acarició lentamente, mientras que, con su mano izquierda, sobó su espalda.

Bulma apenas podía hablar, pero aun así se reincorporó para mirarlo a la cara y poder confesarle lo que tenía atorado en la garganta, con la voz gangosa y apenas pudiendo verlo por el llanto que no cesaba, le susurró sin titubear.

—Estoy embarazada —su hijo alzó ambas cejas al oírla, los pelos de su cola se erizaron por completo y la indignación inicial que sintió pasó al olvido cuando ella volvió a sus piernas a llorar.

Trunks no sabía bien qué pensar, en parte porque aquello le arruinaba por completo sus planes, pero el verla en ese estado le descompensó. Su madre era una mujer alegre, cariñosa e inteligente, verla así de vulnerable le impactó demasiado, al punto de que ablandó su corazón resentido por el abandono. Volvió a acariciar su cabeza, enredando con delicadeza sus dedos en su cabello suave como el suyo, ella poco a poco disminuyó su llanto y media hora después, se había quedado dormida. Estuvo así un tiempo más, quizás otra media hora o menos, hasta que la acomodó a su lado con sumo cuidado para no despertarla. Tenía las mejillas sonrojadas y húmedas por el esfuerzo, algunas hebras de su cabello se habían adherido a su piel, las separó con sutileza y se bajó de la cama.

Sin tener un discurso en mente, salió de su habitación y fue a la sala de entrenar de su padre, quizás estaba ahí y podía entrenar un poco con él, o solo. Pero necesitaba distraerse, en su mente lo único que se repetía era la imagen de su madre llorando angustiada y le urgía pensar en algo más, porque le entristecía y no comprendía esa empatía.

Al llegar al subsuelo del castillo, escuchó el ruido desde la sala especial de su padre, apuró el paso y entró ingresando el código que solo unos pocos sabían. La puerta se abrió rápido y vio a su padre en medio de la sala, sin su remera usando solo sus pantalones. Parecía cansado, por lo que supuso que llevaba bastante tiempo allí.

— ¿Por qué estás despierto a esta hora? —preguntó entre jadeo al verlo. El niño no llevaba su equipo de entrenamiento.

—Quizás por lo mismo que tú —dijo con calma—porque estoy inquieto.

Vegeta frunció el ceño al verlo tan absorto, Trunks jamás parecía pensativo o calmado, sí calculador e indiferente. Había algo en sus ojos que le alertaron que su hijo estaba preocupado o pasándolo mal.

—Ponte un traje y entrena conmigo —normalmente el niño saltaría de emoción o sonreiría orgulloso, esta vez asintió y fue al camerino. Vegeta lo miró extrañado y bebió un poco de agua mientras lo esperaba.

Cuando salió con su traje azul, ninguno dijo nada y se lanzó sobre el otro para lanzar puños y patadas y esquivarlos con maestría. Trunks era más ágil que su padre, pero el rey era más fuerte y certero en sus golpes, por lo que lo único que podía hacer era agarrarse de su ventaja para huir de los impactos. Vegeta frunció el ceño ante su actitud poco competitiva, parecía que realmente lo único que quería era distraerse y aquello lo impacientó más que sus propios problemas.

Había ido a entrenar un poco porque no podía dormir sabiendo que Bulma estaba en el piso de abajo de sus aposentos, y necesitaba mantener las distancias con ella, pues lo único que conseguía era ilusionarse y sufrir al pensar que ahora ella estaría con alguien más. Pero era difícil, porque la amaba y deseaba más que nunca, y necesitaba mantenerse sereno para no cometer alguna estupidez. Los problemas de su hijo lo distrajeron por unos minutos, y tuvo que alejarse unos metros para poder hablarle antes de que le llegara un puño en el rostro. Trunks se quedó con una pierna arriba cuando se alejó y lo quedó viendo mientras respiraba agitado.

— ¿Qué ocurre? Estás muy inquieto —dijo repitiendo la palabra que usó el menor antes. Trunks negó por unos segundos y luego frunció el ceño, dio un profundo suspiro y apoyó sus manos en ambas rodillas.

—Es mamá —dijo en un susurro que su padre oyó a la perfección. Se reincorporó y limpió su frente con su muñeca—me contó que está embarazada.

Y el mundo de Vegeta se detuvo.

No supo cuánto tiempo estuvo mirando a su hijo sin moverse, de lo único que fue consciente fue de lo mucho que le dolía el pecho al imaginar a Bulma, su Bulma, con otro hombre y que encima, tendría hijos con otro. Era lo normal, se dijo, si estaba comprometida y se casaría en algún momento, naturalmente pariría sus hijos, pero no estaba listo para hacerse la idea. Hace poco se había enterado que sería de alguien más y ahora ¿sería nuevamente mamá? No era justo, pensó, que mientras él sufría por ella, la anhelaba y fantaseaba con estar con ella, la princesa hiciera su vida ignorando su sufrir.

«Es lo que te mereces» pensó. Después de todo, no podía esperar conseguir estar con ella luego de todo el daño que le había causado, ella tenía derecho a rehacer su vida, y él vivir las penas del infierno en vida al ver a la única mujer que había amado en los brazos de alguien más. Aun sabiéndolo, no dejó de repetirse que era injusto. Sonrió sin ganas al comprender porque ella había querido venir e intentó hablar con él tantas veces, pero su ceño se frunció rápido al entender que ella se había tomado la molestia de decírselo porque seguramente temía su reacción. Hacía bien en temer. Estaba furioso, pero no haría nada por lo que su hijo fuera a avergonzarse y jamás la volvería a herir, se lo había prometido a sí mismo. Tendría que soportarlo, tenía que dar vuelta la página pero ¿cómo hacerlo? Si la única que despertaba todo en él, era ella. Cerró sus ojos unos segundos, buscando la calma que no sentía y le sonrió a su hijo, tragó el nudo en su garganta y se lanzó hacia él para continuar el entrenamiento, necesitaba desconectarse. Y mientras lanzaba puños sin pensar demasiado en sus movimientos, pasó por su mente su sonrisa y frunció el entrecejo, detuvo sus movimientos y Trunks alcanzó a pegarle un puño fuerte en la barbilla que lo hizo caer. Sonrió agradecido, cerró sus ojos y deseó morir por unos minutos, quizás así podía darse el lujo de imaginar una vida junto a ella.

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N/A: DIOH MIOH. Tanto tiempo sin pasar por aquí, ya me da vergüenza actualizar. Las excusas son casi las mismas de siempre, mi vida-como la de la mayoría-ha estado algo caótica y complicada, siendo super sincera, me he sentido bien mal, incluso he pensado en cosas... no tengo ánimos de nada, creo que tengo algún grado de depre, que no puedo tratar por ahora, estoy sin trabajo y lo he pasado re mal, pero nah que hacer.

Pero sé que les debo esto, me han apoyado un montón, el fic ha recibido muchos rw pidiendo actualización más que cuando subo algo hahah

No puedo prometer que subiré algo rápido, me siento muy culpable cuando escribo porque siento que debería usar mi tiempo en algo productivo (si bien, me gusta, me refiero a algo que me sirva a nivel sobrevivencia, como trabajar o algo, pero como no me llaman de ningún lado, al final no hago nada)

Espero que estén bien, que el fic las distraiga un poco y les haya gustado.

Nos estamos leyendo, muchas gracias por todo.

Me decidí a terminar el cap por un comentario en la página, así que esta actualización va para ti, espero que encuentres un poco de distracción y ánimo para tu vida,

Dedicado a Kari Luna,