DEBES SER UN WEASLEY
Disclaimer: Personajes de J.K. Rowling.
Créditos: Fan art de pembroke en Tumblr.
Esta va a ser una serie de viñetas de la familia Weasley, sin orden cronológico. Algunas escenas son mencionadas en los libros, otras no. Mi familia favorita se merece su propio fic.
Personajes: Bill, Charlie, Fred, George, Percy y Ron Weasley.
¡Odio a las arañas!
1985
El estridente chillido de Ron parece retumbar en las paredes de toda la casa.
—¡FRED, GEORGE! ¿QUÉ LE HICIERON A SU HERMANO? —grita Molly desde la cocina.
En los pisos superiores comienzan a abrirse varias puertas y las cabezas de los niños pelirrojos se asoman por los resquicios, intentando averiguar el origen de aquel escándalo.
—¡No hicimos nada! —se defiende Fred, frunciendo el ceño. Sale de su cuarto dando largas zancadas y se aproxima al borde de las escaleras para que su madre pueda oírlo mejor desde allí— ¿Por qué siempre nos culpan a nosotros?
Dado que ya han perturbado la poca tranquilidad que había en la casa, Percy también sale al pasillo, mientras se acomoda las gafas sobre el puente de la nariz.
—Porque siempre son ustedes —le dice a los gemelos, petulante. Sabe que en algunas ocasiones se pasan de la raya, como el año pasado, cuando intentaron que Ron hiciera un Juramento Inquebrantable. Su padre los había descubierto in fraganti y les dio la paliza de su vida. Y bien merecida, en su opinión.
Fred se voltea a verlo y esboza una sonrisa ladina.
—¿Esas gafas son nuevas, Percy? —le pregunta con fingido aire inocente, pero su hermano se anticipa enseguida a lo que ocurrirá. En el momento en que George se une a su gemelo para abalanzarse sobre él, se apresura a encerrarse en su habitación, apoyando todo su cuerpo contra la puerta para evitar que puedan abrirla.
—Cobarde. ¿Y así esperas ser seleccionado en Gryffindor? —bromea George, porque solo habían tenido la intención de quitarle las gafas. Pero su sonrisa y la de Fred se desvanecen en el acto, cuando Molly se asoma por la escalera con gesto adusto.
—¡Ustedes dos, déjenlo en paz! Bill, ¿puedes ir a ver qué le ocurre a Ronnie? Estoy ocupada con el almuerzo.
Bill, que ha observado de lejos y con un dejo de diversión la trifulca de sus hermanos, asiente con la cabeza y se dispone a subir las escaleras hasta el cuarto de Ron. Lo encuentra parado sobre la cama con expresión asustada y mirando frenéticamente de un lado al otro, como si estuviera buscando algo.
—¿Qué pasa? —le pregunta Bill, condescendiente.
Sin embargo, antes de que le responda logra adivinar cuál es el objeto de su miedo.
—¿Una araña? ¿Otra vez? —dice, inclinándose para asomarse debajo de la cama. Debe admitir que el bicho tiene un tamaño considerable, pero él no tiene la fobia de su hermano. Además, es el mayor: ya tiene quince años, y Ron apenas seis. Alguien tiene que ocuparse.
—¡Odio a las arañas! ¡Y esta era enorme y caminaba por mi brazo! ¡Mátala, Bill!
—Si hago eso quedará un enchastre.
—¡No importa!
Bill se encoge de hombros y trata de meter un pie bajo la cama para aplastarla, pero de pronto alguien más irrumpe abruptamente en el cuarto. Charlie, cuya habitación queda cerca y por lo tanto ha alcanzado a oír el intercambio que acaban de tener, interviene:
—¡Espera, no lo hagas!
Tanto Bill como Ron lo miran desconcertados.
—No la mates, la llevaré al jardín —exige Charlie, señalando a su hermano mayor con un dedo acusador. A Bill le da un poco de gracia que tenga esa manía de negarse a matar a cualquier animal, por más pequeño que éste sea, pero se lo permite. Ron también acepta, ya que le da igual lo que haga mientras la saquen de allí.
Charlie se pone de cuclillas y tras un momento de búsqueda saca a la araña, protegiéndola con sus manos como si se tratara de un objeto delicado.
—Es asquerosa —señala Bill, observándola con una sonrisa.
—¡Sácala, sácala! —reclama Ron. Solo cuando desaparece de su vista se atreve a bajarse de la cama, un poco abochornado por su exabrupto.
El asunto queda resuelto.
Unos días después, el atronador grito de Ron vuelve a escucharse en La Madriguera. Acaba de descubrir que Charlie adoptó a la araña como mascota y la tiene guardada en un frasco en su habitación.
Si piensan que Ron exagera, es porque no me vieron a mí el otro día gritando porque una abeja enorme entró a mi casa. Y se supone que soy adulta.
Por cierto, la historia de cómo Ron empezó a tenerle fobia a las arañas es conocida y ya debe haber sido escrita antes, así que opté por esto. Me imagino a Charlie así.
