Día dos del fictober
wendisnice: Jo! gracias por esas palabras! me alegro que vengas a ver dónde nos llevan estas historias conmigo!
Adrimazofeifa:jajaja bien! espero no decepcionarte! Muchas gracias por seguirlas, sé que al final, cuando se completan siempre pasas a leer! Muakss
Maracuyá
Seis días, veinte horas y quince minutos habían pasado desde que Hermione se había encontrado a Draco Malfoy en aquél bar muggle.
Casi una semana en la que se sintió completamente vulnerable, irascible, sensible y malhumorada.
Volvió al Ministerio porque quedarse en casa pensando en lo que había hecho no era una opción y trabajó hasta tarde cada uno de los días haciendo horas extra hasta que llegaba a casa tan cansada que caía medio muerta en la cama y dormía sin un solo sueño que recordar.
En segundo plano habían quedado las las lamentaciones por los reportajes de Rita, ni siquiera le importaban las miradas de la gente, ni los murmullos a su paso.
Por Dios bendito ¡Se había acostado con Draco Malfoy! ¿Acaso había algo más importante que eso?
Intentó recordar lo que había ocurrido, aún tenía la esperanza de que realmente, debido a su estado etílico, no hubieran podido llegar a consumar el acto y que todo hubiera acabado siendo más inocente de lo que parecía en un primer momento.
Todo engaños por supuesto, era más que consciente de que sí que había tenido sexo con él.
Y ahora estaba allí, en aquella fiesta a la que no podía no asistir ya que ella, como Ministra, había sido quien la había organizado.
Normalmente los actos benéficos le gustaban porque, siendo ella quien era, le parecía maravilloso poder recaudar fondos, sobre todo si, como en esa ocasión, los fondos iban a parar a la renovación de la Sala Janus Thickey de San Mungo.
Había llegado a la fiesta enfundada en un bonito y largo vestido beis palabra de honor, que dejaba al descubierto sus brazos y se ajustaba a sus curvas como una segunda piel. Llevaba el pelo recogido en un moño flojo y las únicas joyas que se permitió fueron unos pendientes con dos pequeños rubíes y una gargantilla a juego.
Dio el discurso de agradecimiento, bromeó con los invitados y les incitó a donar tanto de forma anónima como en la subasta de arte que tenía lugar en la sala adyacente.
Bailó con un par de magos pesados que siempre intentaban acercarse demasiado desde que se había divorciado y después se escabulló tan pronto como pudo, intentando pasar desapercibida y mantenerse al margen cuando las conversaciones empezaron a girar, una vez más, acerca de Ronald y su próxima paternidad.
Discretamente, teniendo mucho cuidado de que nadie la viera por allí, tomó otro de los cócteles de maracuyá que servían los camareros por la sala y se escondió tras unas enormes cortinas.
Dio un trago a la bebida y se vio transportada al pasado. De pronto se sintió de nuevo como la Hermione adolescente que se escondía de Cormac en uno de los bailes de Slughorn. Sonrió. Curiosamente uno de los magos pesados que intentaban arrimarse a ella desde que se separó de Ronald era Maclaggen. Era una pena que siendo tan guapo y teniendo un cuerpo tan estupendo que había conservado ya en sus cuarenta, fuera tan pulpo y tuviera el coeficiente intelectual de una almeja.
—Ultimamente nos encontramos en los lugares más insospechados
—Oh no —dijo sin pensar
—¿Sabes Granger? Es una suerte que no tenga problemas con mi autoestima
—¿Qué haces aquí Malfoy? —siseó comprobando que nadie más podía verlos
—¿Aquí en la fiesta o aquí detrás de las cortinas?
Ella resopló ¿Por qué había pensado que ya no era el mismo Malfoy? Al menos era igualmente insufrible.
—Aquí detrás de las cortinas.
Sabía que estaba en la fiesta porque ella misma había aprobado la lista de invitados, solo que esperaba que no hubiera asistido finalmente.
—Te vi entrar y te seguí —dijo sin ninguna vergüenza por admitir que la estaba espiando.
—Genial — Se preguntó si alguien más les habría visto y se impacientó —está bien Malfoy ¿Qué es lo que quieres?
—Te fuiste demasiado rápido la otra mañana —respondió a bocajarro
Ella se tensó visiblemente.
—Eso nunca ocurrió —espetó ella repitiendo las mismas palabras.
Él únicamente sonrió.
—Sí que ocurrió —dijo mirándola de la cabeza a los pies y apreciando aquel increíble cuerpo —me pregunto qué tan importante es para ti mantenerlo oculto.
Hermione abrió la boca y la volvió a cerrar, boqueando, incapaz de encontrar las palabras.
—¿Quieres chantajearme? —preguntó con ojos desorbitados
—Puedes llamarlo así, yo prefiero decir que tengo un intercambio que proponerte
—¿Un intercambio? —repitió empezando a sentirse estúpida.
—Sí —Malfoy volvió a sonreír con aquella mueca ladeada —mi silencio por un favor.
—No me lo puedo creer —masculló Hermione parpadeando profusamente —es que no me lo puedo creer.
—Venga Granger, eres la Ministra de Magia, estoy seguro de que sabes lo que es el tráfico de favores
—¡Por supuesto que no! —dijo enfadada —tal vez eso era antes —espetó furiosa —ya sabes, cuando tu padre y sus amigos estaban por aquí…
Él no acusó sus palabras y siguió sonriendo.
—¿Y bien? —preguntó dando un sorbo a su bebida.
—¿Qué quieres? —replicó entre dientes Hermione.
—Que el Ministerio mire hacia otro lado. Sobre todo tu amiguito Potter y sus aurores y el Departamento de Ministerios.
—¿Por qué ibas a necesitar algo así?
—No soy ningún idiota Granger. Primero el juramento, después el por qué ¿Qué dices?
—¿Me estás diciendo que si no hablarás de lo que pasó? ¿Acaso te acuerdas? ¿Y por qué iban a creerte de todos modos?
Draco se acercó hasta que su cálido aliento golpeó el lóbulo de la oreja de ella y susurró.
—Te fuiste de mi casa sin bragas, Hermione. Además, me temo que alguien nos vio salir juntos de ese bar muggle ¿Sabes?
¿Sería verdad? Se preguntó Hermione mordiéndose el labio inferior. ¿Se arriesgaría a que fuera verdad? ¿Le importaría que el mundo mágico supiera de ese affair que nunca debió haber existido?
Suspiró. Puede que no le importara si no fuera porque su hija Rose estaba enamorada de Scorpius Malfoy y, el hecho de que su madre hubiera perdido las bragas en casa del padre de ese chico, puede que no fuera la mejor estrategia de seducción para conseguir enamorarlo.
Mierda.
—No puedo jurar que el Ministerio mirará para otro lado a ciegas, Malfoy. Podrías pedirme cualquier cosa, algo ilegal, encubrir un asesinato, cometer un…
—No, no… nada tan dramático. Es algo que únicamente afectará a mi vida —dijo en un murmullo ronco.
Ella suspiró, sabiendo que iba a arrepentirse de aquello y asintió bebiéndose el resto del coctel de maracuyá de un solo trago.
—Creo que iré a conseguirme otro de estos —masculló apartándose de él.
—Mañana en Malfoy Manor —dijo Draco antes de escabullirse por el lado contrario.
