mariapotter2002: Un reto de fb, creo que son 31 capítulos, aunque los estoy haciendo cortos porque no me da para más la vida. Tía a mi me pasó igual jajajaja con lo de Tamara me acordé del multiverso xD
Adrimazofeifa: No recordar eso sería una faena pero gorda gorda jajajaja creo que me quedaría traumatizada
Ascensor
Ella no había ido.
La esperó en la mansión pero no apareció por allí. Bruja terca y traicionera.
Pensó que con todo eso de la valentía y la lealtad Gryffindor, la mujer no dudaría en cumplir con su parte del trato, pero se equivocó.
Maldita fuera.
Draco salió a la terraza de su habitación y dejó que su vista vagara por los extensos jardines. Vio a los pavos reales albinos pasear entre las fuentes y los parterres de flores, a su madre, cerca de un invernadero, arrodillada cerca de uno de los rosales, seguramente experimentando con los colores de las flores.
Desde que se quedó viuda y Scorpius se fue a Hogwarts, había encontrado en la jardinería una forma de mantenerse ocupada y pasaba muchas horas en los jardines, cultivando rosas y mezclando distintas variedades.
Ojalá él hubiera encontrado también algo que lo ayudara a seguir adelante.
Pero no podía.
Llevaba mucho tiempo dedicado en cuerpo y alma a buscar una cura para la enfermedad de Astoria. Más de once años buscando, estudiando, experimentando en el enorme taller que había construido en la mansión.
Sí, todo sabían que se había convertido en un buen alquimista, lo que nadie sabía es que lo había hecho por pura necesidad.
En su obsesivo afán por salvar a su esposa pasó años estudiando antiguos textos de Flamel, de Paracelso e incluso había traducido un manuscrito de Dzou Yen.
Finalmente Astoria había muerto antes de que él pudiera dar con la respuesta.
Pero aun sin ella, Draco había continuado buscando algo que pudiera ayudarle sabiendo que, si lo encontraba, aún le quedaba una última oportunidad.
Se llevó la mano al bolsillo de la túnica y sacó la pequeña esfera dorada que pendía de una larga cadena de oro.
El giratempo de su familia. El único que quedaba en Inglaterra, quizás uno de los pocos que había en el mundo.
Lo acarició con el dedo índice y suspiró guardándolo de nuevo.
Tenía que hacer las cosas bien, no podía actuar sin pensar, era muy importante y no podía dar un solo paso en falso.
Por fin, un mes atrás había dado con algo. No estaba seguro al cien por cien pero era mucho más de lo que jamás había encontrado y estaba seguro de que podría salvarla.
Lo único que tenía que hacer era regresar al pasado sin que el Ministerio cayera sobre él como hienas sobre un pedazo de carne abandonado.
Había pasado días pensando en cómo hacerlo hasta que el destino se lo había puesto en bandeja.
Obviamente él no había planeado terminar pasando la noche con la mismísima Ministra de Magia, mucho menos teniendo en cuenta que dicha Ministra no era otra que Hermione Granger, pero ¿Acaso no era un Malfoy? Siempre sería un Slytherin, la astucia era la marca de la casa y él, sacaría ventaja de la situación fuera como fuese.
Al principio se había sentido mal consigo mismo, como si de alguna forma hubiera traicionado a Astoria teniendo sexo con otra mujer. Sabía que era absurdo, que ella realmente ya no estaba y que al fin y al cabo era humano. Si bien era cierto que el abuso del alcohol era lo que le había llevado a terminar acostándose con una mujer, suponía que la abstinencia no había ayudado y que, en el momento en el que tuvo en sus manos a Granger todo se había descontrolado.
Porque ella parecía no recordar nada de aquella noche. Pero Draco sí lo hacía.
El cómo habían terminado metidos en su cama era un enigma, pero lo que había pasado en esa habitación… aún se empalmaba solo de pensarlo.
Ella había sido salvaje, descarada, generosa y completamente desinhibida. Suponía que todo producto del tequila pero el resultado fue algo explosivo.
Tenía un cuerpo que jamás habría imaginado, voluptuoso, con curvas en los lugares perfectos, de pechos bastante firmes para su edad, piernas torneadas, cintura pequeña y caderas anchas. Un cuerpo que le había recibido húmedo y dispuesto y se había entregado a él con una pasión desenfrenada.
Draco no había vuelto a tener sexo con una mujer que no fuera Astoria desde que se casaron y unos años antes de que ella falleciera habían tenido que dejar la relación íntima por culpa de la enfermedad. Aunque se sentía culpable por haber disfrutado con Granger no podía evitar sentirse plenamente satisfecho con la experiencia.
Podría haberlo dejado así, como un recuerdo de un momento de debilidad compartido, pero al darse cuenta de la posibilidad que tenía de llevar a cabo su proyecto, se dijo que no podía perder la oportunidad y atacó.
Quizás había sido demasiado directo.
Con fastidio miró la hora y se dijo que era un buen momento para ir al Ministerio. Si ella no iba a él, él iría a por ella.
Se apareció en el Atrio y fue hacia los ascensores dispuesto a entrar a su despacho fuera como fuese.
Pero la suerte parecía estar de su parte ultimamente porque ni bien pasaron por dos de las plantas el ascensor paró y todos sus ocupantes salieron menos él.
Su sonrisa podría haber asustado al mismo Voldemort si le hubiera visto, pero Hermione, que fue la inocente y despistada presa a la que él estaba deseando cazar, no lo había visto cuando entró en el pequeño cubículo móvil.
— ¿Tuviste problemas para encontrar mi casa Granger? —susurró.
Su sonrisa se hizo más amplia cuando vio el respingo de la mujer.
—¿Qué haces aquí? —dijo girándose para enfrentarle.
Valiente leona. Tuvo ganas de decir: Cinco puntos para Gryffindor.
—Buscándote, por supuesto. Teníamos un trato, Granger. No cumpliste tu parte y vine a ver por qué.
—Porque no lo haré. Estuve pensando y no voy a dejar que una serpiente como tú me manipule de ninguna de las maneras. ¿Quieres hablar? Habla. Me da igual lo que puedan decir llegados a este punto. No creo que nadie se crea que nos acostamos juntos, la verdad. Incluso con testigos.
Draco entrecerró los ojos y se acercó a ella arrinconándola contra una de las paredes del ascensor.
—Tienes que ayudarme —siseo con su rostro a centímetros del de ella.
—¿Por qué?
Draco se preguntó si quizás estaba enfocando todo aquello de la forma incorrecta. Aunque hacía años que no hablaba con Granger la había conocido bien. Quizás no de la forma en la que se conoce a un amigo, si no del modo en que se conoce a un enemigo. Pasó muchas horas en el colegio pendiente de ella, mirándola, observándola, intentando comprenderla. Granger era compasiva, leal, humilde… todas esas virtudes tan absolutamente Gryffindor que a él siempre le habían parecido fuera de lugar. Pero él ya no tenía veinte años, tenía treinta y ocho y su vida con Astoria le había enseñado muchas cosas que antes no comprendía, como que todos aquellos valores que siempre había creído que eran para débiles, eran algo que en realidad fortalecía a las personas. El amor, el valor, la fe, la confianza, la compasión. Astoria había sido una Slytherin pero tenía un alma intrínsecamente buena, como Granger.
Tal vez si le explicaba su historia, si le contaba la verdad… quizás ella querría ayudarle.
