Gracias por vuestros comentarios y por seguir esta pequeña historia.

Avión

Había pasado una semana sin saber nada de Malfoy.

Suponía que la ausencia de noticias era, en sí misma, una buena noticia porque ellos no tenían nada de lo que hablar fuera de su petición de ayuda, o exigencia, más bien.

Entre ambos únicamente había un pasado escolar muy turbio y una noche de sexo que Hermione no podía recordar y por lo que no sabía si alegrarse o entristecerse ya que, si era sincera consigo misma, Malfoy en su madurez, era un hombre muy atractivo y ella, que tenía una vida sexual inexistente, apreciaría un recuerdo o dos con los que calentarse las noches más frías del invierno.

Soltó una risita y continuó firmando documentos.

Estaba sentada en su despacho, deseando que llegara el momento de volver a casa. Normalmente nunca tenía prisa por marcharse pero estaba cansada y mentalmente agotada con todo ese asunto que le preocupaba mucho más de lo que quería admitir.

Esperaba que lo que le había dicho sirviera de algo, aunque lo dudaba.

¿Qué haría ella en su situación?
Dejó la pluma a un lado y giró el sillón para mirar por la ventana intentando ponerse en la piel de Malfoy.

Ella amaba a Ron, puede que ya no de la forma en la que él había amado a Astoria, pero le quería, era una parte intrínseca del árbol de su vida, el padre de sus hijos, su primer amor, su mejor amigo. Puede que su vínculo romántico hubiera muerto muchos años atrás, pero eran familia y ese nexo estaría siempre, como uno de los pilares que sustentaban su misma existencia.

¿Usaría un giratiempo para salvarle si le hubiese perdido?

Sabía la respuesta antes de terminar de formular la pregunta.

No, no lo haría. Igual que sabía que ni Harry ni el mismo Ron lo usarían. Respetaban demasiado las reglas, respetaban demasiado la misma muerte.

¿Acaso no había sido Voldemort quien, por temor a morir había llegado a arrancar pedazos de su alma para mantenerse vivo?

¿Acaso no le había dicho Dumbledore a Harry que la muerte era la siguiente aventura?

Los riesgos eran demasiado grandes, incluso el Ministerio se había dado cuenta de lo peligroso que era jugar con el tiempo, si a eso le sumabas un maleficio de sangre ¿Qué variables había?

Nunca nadie había conseguido encontrar una cura para una maldición de ese tipo. No dudaba en la implicación de Malfoy ni en su dedicación, siempre supo que era un mago inteligente que que si conseguía aplicarse podría llegar muy lejos pero ¿Hasta ese punto? Le daba miedo que pudiera cegarse en su ansia por salvar a su esposa.

Ahogó un bostezo tras su mano y se levantó. Se iría a casa porque allí ya no estaba haciendo nada productivo.

Recogió su escritorio y comprobó que tenía todo en su bolso pero ni bien abrió la puerta de su despacho, un avión de papel entró muy deprisa, aterrizando sobre su mesa.

Con el ceño fruncido, ya que era demasiado tarde para recibir un memorandum, se acercó a recogerlo y lo desplegó.

Ha llegado el momento. Cuando recibas esto habré emprendido mi viaje Granger.

Recuerda tu promesa.

DM

Estremecida y sintiendo un repentino nudo de congoja en la boca del estómago, arrugó el papel en su mano y se mordió el labio inferior.

Finalmente lo había utilizado.

….

Había calculado todo. Lugar, hora, día. La cantidad de vueltas necesarias e incluso la conversación que tendría con Tori.

Estaba tan nervioso por volver a verla que le sudaban las manos y le costaba respirar.

Apareció en el punto exacto en el que estaba antes de utilizar el giratiempo, cerca de la habitación de costura que nadie había vuelto a usar desde que falleció su abuela.

Se puso la capucha de su túnica para tapar su pelo y se apareció en el Callejón Diagon. Ese día debían estar en Florean Fortesque pero él recibió un aviso de su madre y tuvo que marcharse. Sería el momento perfecto para encontrarse con su esposa y hablar con ella sin cruzarse con su yo del pasado. Pero cuando llegó allí y pasó por delante de Flourish & Blotts se quedó congelado.

La edición de El Profeta que había en el stand de la entrada tenía la fecha errónea. Cerró los ojos y gruñó desde lo más profundo de su garganta.

¿Había dado las vueltas correctamente? ¿Era posible que se hubiese equivocado?

Maldiciendo entre dientes se dio la vuelta, chocándose contra Hermione Granger.

—¿Malfoy? —Ella le contempló con ojos fríos y el ceño fruncido.

Se veía más joven y, por el número del diario que había leído, lo era, al menos trece años más joven que cuando la había visto por última vez.

Miró hacia su prominente tripa

Y más gorda.

Por el tamaño de su barriga no debía quedar demasiado tiempo para que Rose Weasley llegara al mundo.

—Granger —dijo con un ronco susurro.

Intentó esquivarla pero ella no se movió. Con cara asombro le agarró de la manga de la túnica mirando hacia el suelo, donde un enorme charco de agua empapaba sus pies.

—Oh Dios mío —dijo en un murmullo apretando con fuerza su antebrazo

—Mierda —masculló entre dientes mirando el agua con cara de abyecto horror. ¿De verdad había tenido que encontrarse con Granger a punto de parir en medio de una librería?

—El bebé —susurró ella volviendo a apretar su brazo y gimiendo de dolor cuando una contractura la atravesó —quedaba… una…. semana —dijo con la respiración entrecortada tratando de respirar.

—¿Y Weasley? —preguntó mirando a su alrededor.

—Hogsmeade

—¿Potter?

—Godric Hollow

—Esta bien —cogió en brazos a una sorprendida bruja y la miró a los ojos. Desde esa posición ella estaba demasiado cerca y le observaba con los ojos muy abiertos, sus bocas intercambiando alientos —Sujétate Granger

Hermione le agarró del cuello y cerró los ojos con fuerza apareciéndose en San Mungo.

Cuando llegaron la llevó hasta la recepción y la tumbó en la camilla que le indicó el medimago.

—Gracias —dijo ella sujetando su mano cuando él se giró para irse.

Draco miró aquellos dedos finos, de uñas cortas y sin pintar y recordó cómo esas manos le habían recorrido el torso y masajeado el miembro, la forma en la que esos pequeños dedos acariciaron su glande hasta hacerle gemir.

Un destello de aquella noche pasó por su cabeza y lo pateó fuera de sus recuerdos. ¿Acaso estaba enfermo recordando aquello cuando la bruja en cuestión estaba a punto de traer a la hija de Ronald Weasley al mundo?

Con un brusco asentimiento se soltó y, sin decir nada se marchó del hospital dejando a Granger allí sola con la labor de dar a luz a su primogénita.

Se apareció de nuevo en la mansión y con cuidado de no ser visto volvió a la habitación de costura y e hizo rodar de nuevo la ruedita del giratiempo en la dirección contraria.

Maldijo al regresar a su tiempo y, volvió al taller de pociones para buscar el diario en el que había escrito toda la investigación desde que años atrás supo de la mandición de Astoria.

El primer intento había sido un fracaso pero él era Draco Malfoy.

No se rendiría.