Hola!

Gracias por los comentarios chicas y por seguir la historia. Maria me alegro de que os pueda sorprender, porque ni yo misma sé qué pasará mañana. Me limito a sentarme delante del ordenador y dejarme llevar...

Cualquiera apreciearía esa clase de recuerdos Adri xD

Retrato

Cualquiera diría que había aprendido a gestionar la frustración de equivocarse. Si había alguien que había cometido errores en su vida era él.

Además, después de años de fórmulas equivocadas, de errores aritmánticos, de fallos en las pociones y de no ser capaz de curar a Astoria, debía saber lidiar con los reveses con facilidad.

Pero no lo hacía.

Estaba enfadado, completamente furioso por ese fallo tan atroz.

Nunca había usado un giratiempo y era posible que ese último cuarto de vuelta no hubiera sido necesario.

Con una maldición lanzó contra la chimenea la copa de whisky de fuego que tenía en la mano y disfrutó del sonido del cristal al estallar en cientos de pedazos y del chisporroteo de las llamas al entrar en contacto con el licor.

Se levantó, se acercó a la repisa de mármol y miró el retrato de Astoria que estaba allí, inmóvil y silencioso.

—Nunca debí hacerte caso, Tori —le dijo a la imagen de su difunta esposa que le observaba con una cariñosa sonrisa —verte así, tan quieta es antinatural ¿Sabes? Cómo esas fotografías muggles de gente inerte, en posturas estáticas, eternamente petrificadas —le dedicó un ceño fruncido y se cruzó de brazos —¿Por qué no quisiste dejarnos con un poco de tu magia? ¿Por qué no encantar tu retrato para que al menos te tuviera de algún modo? —con un suspiro se dejó caer de nuevo sobre el sillón, medio tumbado, con la cabeza apoyada en el respaldo y las piernas estiradas —casi puedo escucharte Tori —afinó la voz imitándola —querido, pasarías los días encerrado, hablando con un retrato, aferrándote a la idea de que soy yo… pero no soy yo. Tienes que vivir Draco, seguir adelante, formar una nueva familia —soltó una carcajada rota y sin humor —ya tengo una familia Tori, tú, Scorpius y mi madre. Es todo lo que necesito. Que vuelvas.

Se frotó las sienes con las yemas de los dedos y recordó las palabras de Granger cuando le preguntó qué querría Astoria. Maldita fuera por sembrar dudas en cabeza.

Por supuesto que Tori no querría que él regresara a por ella, no querría arriesgar la vida de nadie porque su esposa, era una serpiente, pero una serpiente llena de bondad.

Obviamente era caprichosa, manipuladora y sibilina como buena Slytherin, pero su alma era hermosa y el egoísmo no formaba parte de su naturaleza. A diferencia de él, que era egoísta hasta la médula.

Volvió a levantarse.

—Sí, lo reconozco ¿Es lo que quieres? —dijo mirando los ojos azules de Tori sin saber muy bien si le hablaba al retrato o realmente quería decirle aquello a la señora Ministra —Lo hago por mi. Punto. Ya está, lo he dicho. Lo hago por mi, porque te quiero de regreso. Lo hago porque soy un maldito egoísta que no ve justo que le hayan arrebatado a la única persona que lo veía tal y como es ¡Joder! —pasó la mano por la repisa de la chimenea arrasando todo lo que había a su paso.

Un candelabro, varios libros, un reloj de oro y un par de figuras que posiblemente valieran un par de miles de galeones se estrellaron contra el suelo.

—Tengo que conseguir utilizar el giratiempo correctamente. Pero no es como si pudiera ir a preguntar a nadie ¿Verdad? Tal vez a Granger pero —sonrió con esa sonrisa ladeada y burlona que ya rara vez utilizaba pero que parecía dibujarse en su rostro cuando veía o cuando pensaba en la castaña — no quiero un nuevo sermón de Santa Hermione.

—Amo Malfoy —una pequeña elfina ataviada con una falda negra, una blusa blanca y un pequeño sombrerito le hizo una reverencia.

Él suspiró.

—No soy tu amo —dijo cansado, sabiendo que seguiría llamándole así el resto de su vida.

—El amo tiene una visita —respondió la elfina como si ni siquiera le hubiera escuchado —la señora Hermione Granger. Typsi la ha llevado al salón de recepción de visitas.

—¿Dónde está mi madre? —preguntó consciente de que a Narcisa Malfoy le daría un ataque si supiera que la Ministra de Magia estaba en su casa sin ser debidamente atendida.

—En el invernadero.

—Bien. Iré a hablar con la señora Granger. Lleva un poco de té y pastas.

—Ahora mismo, amo Malfoy.

La elfina desapareció y Draco gruñó

—No soy tu condenado amo.

Se metió la camisa de nuevo por sus pantalones y trató de arreglarse un poco la ropa. Se bajó las mangas para evitar que la Marca en su brazo pudiera incomodar a Granger, se colocó como pudo el revuelto cabello y salió hacia la sala de visitas con pasos fluidos.

Cuando llegó la vio allí, sentada rígidamente en un elegante sofá Luis XVI, con las manos reposadas sobre sus rodillas desnudas y la espalda recta, del modo en que solía sentarse en las clases de Hogwarts, lista para levantar la mano y responder las preguntas del profesor de turno.

—¿A qué debo el honor de su visita, señora Ministra? —se burló entrando con paso desenfadado.

Hermione le miró. Se veía como un antiguo lord inglés desenfadado, elegante en su desaliño, caminando con una ligera apatía con ese comportamiento ligeramente disoluto que recordaba de su noche en el bar.

—Recibí tu avioncito de papel —dijo ella a bocajarro.

Draco sonrió y Hermione casi pudo ver el ese hombre un leve rastro del adolescente que fue.

Era más alto, con hombros más anchos, mandíbula más marcada, ligeras arrugas en su frente y las comisuras de sus ojos, algunas entradas sutiles en sus sienes y rostro mucho menos alargado. Pero en esa fracción de segundo pudo ver al Malfoy de antes de la guerra.

—Maravilloso — respondió con algo de mofa sentándose en frente de ella —Oh —dijo cuando la elfina apareció con un servicio de té y pastas —gracias Typsi —¿Té? —le preguntó a la mujer con una ceja arqueada.

—Gracias

Draco sirvió dos tazas de forma concisa y elegante, poniendo en la suya cuatro cucharadas de azúcar.

—Merlín Malfoy —resopló la castaña mirándole con desaprobación — ¿Por qué no mejor echas el té en el azucarero?

Él reprimió la sonrisa que luchaba por tensar sus labios mientras Granger se ponía una cucharada en su propio té.

—Odio el té —dijo Draco

—¿Entonces por qué diantres lo bebes? —preguntó ella mirándole completamente atónita.

—Es lo que se debe hacer —frunció el ceño, como si no pudiera entender esa pregunta —a la hora del té se toma el té —añadió como si fuera algo que todo el mundo debería saber.

— Vaya chorrada — murmuró dando vueltas a su cucharilla —puedes tomar café o leche.

—Pero es la hora del té —repitió Draco más despacio, como si la mujer fuera demasiado lenta.

—Pero no te gusta —espetó ella con un tono algo más agudo —si no te gusta no lo bebes.

Él solo volvió a sonreír y dio un sorbo a su té.

—A qué debo el honor de tu visita Granger ¿Querías decirme que recibiste mi nota?

—Obviamente no —le miró por encima de su taza con la nariz ligeramente levantada y cara de fastidio —quiero saber si fuiste si tú… bien, si lo has hecho —le miró de arriba abajo —si tuviera que adivinar diría que no porque estás hecho un desastre y hueles a whisky —terminó de decir con cierto fastidio.

Eso le pinchó un poco en su ego y atacó como la serpiente que era.

—No parecía molestarte mucho que oliera a tequila la otra noche ¿Sigues sin recordar? —le regaló otra de sus libidinosas sonrisas ladinas — puedo prestarte uno o dos recuerdos de los míos si gustas.

Hermione se envaró y dejó la tacita sobre el plato con cierta brusquedad.

—No gracias —frunció el ceño y cogió su bolso — solo quería saber si estabas bien — se puso en pie sin ocultar su irritación.

—¿Preocupada por mi, Granger? —preguntó Draco con cierta burla.

Ella rió sin humor.

—Sí, divertido ¿Verdad? Supongo que siempre he sido una idiota —masculló saliendo de la sala rumbo a la puerta.

Él dejó también su taza y se puso en pie.

—Granger — Ella se paró pero no se dio la vuelta ni respondió — Gracias por preocuparte, creo —susurró. La vio encogerse de hombros y añadió —me equivoqué de fecha.

La castaña se dio la vuelta y volvió hacia él, sus tacones repiqueteando en el suelo y su rostro algo más pálido.

—¿Qué hiciste? ¿Cambiaste algo?

—No —se apresuró a decir. Ni bajo un imperius le contaría lo que había hecho.

—Bien —suspiró ella —bien —se mordió el labio, pensativa y después se cuadró de hombros, como si tomara una decisión —¿En qué te equivocaste?

Draco levantó la vista de golpe hacia sus ojos con algo que podía ser esperanza.

—Posiblemente giré un poco más la rueda.

Ella solo asintió.

—Bien, te explicaré cómo calcularlo correctamente.

Hermione se pasó las siguientes dos horas contando a Draco Malfoy todo lo que sabía sobre el giratiempo, que tampoco era demasiado. Esperando que la próxima vez que lo utilizara lo hiciera apropiadamente. Cuanto menos lo usara, menos posibilidades habría de que cometiera un error irreparable.