Gracias! Gracias por seguir esta pequeña historia que es un poco "a ver que sale"
Accio Story
Cuando Hermione regresó a su casa esa misma noche no pudo dormir.
Tras varias horas ayudando a Malfoy para que aprendiera el uso correcto de los artefactos temporales actualmente prohibidos por el Ministerio, se había sentido completamente drenada.
Tenía que contener las ganas de ir hasta allí de nuevo y rogarle para que no cometiera ninguna locura, porque estaba asustada.
No solo porque el primer intento hubiera sido un fracaso, si no por todas las implicaciones que un revés como aquel podía tener ¿Qué pasaría si hacía o decía algo fuera de lugar en ese viaje al pasado que tuviera una repercusión en el futuro? Una palabra, un contacto, incluso tocar algo y cambiarlo de lugar podría tener un eco en la historia.
Draco Malfoy no pensaba coherentemente, estaba herido, asustado, obcecado y completamente sumido en su misión. No era locura, era algo mucho peor, era desesperación.
En la oscuridad de su dormitorio Hermione dio vueltas sobre la cama hasta que finalmente cogió la varita de la mesilla
— Lumus — prendió la luz apoyándose en las almohadas contra el cabecero.
Estaba intranquila.
No le solía molestar la soledad, tras casarse con Ron nunca había tenido mucho de eso, así que ahora era capaz de apreciarla, pero a veces, como en ese momento, le gustaría tener a alguien cerca. Sobre todo desde que Hugo se había ido también a Hogwarts.
Encogió las piernas y se abrazó las rodillas mirando a su alrededor.
Le encantaba su casa. Había hecho de ella su lugar en el mundo, un nido propio, un hogar en el que su toque estaba en cada rincón. Pero su dormitorio era su santo santorum.
Suelos de madera pulida en tonos grises, muebles lacados de color blanco, mullidas alfombras de pelo largo, estanterías llenas de libros, un par de cómodos sillones gris oscuro con esponjosos cojines de color hueso, velas, fotos de sus seres queridos sobre la cómoda del rincón, un precioso vestidor lleno de espejos, cortinas de un morado intenso… Adoraba ese dormitorio, se sentía segura, cómoda, feliz.
Pero no esa noche.
En ese momento estaba intranquila, preocupada y descontenta.
—Accio Story —susurró apuntando la varita hacia el pequeño buró de estilo francés en el que estaban sus pergaminos, plumas y el pequeño diario que voló a sus manos.
Lo miró, acariciando la tapa de cuero con la palma de la mano. The Story of Hermione, Beyond the wand.
Hacía mucho tiempo que escribía aquel diario. No sabía si algún día podría ayudar a sus memorias, al fin y al cabo había llegado a ser Ministra de Magia, sabía que aparecería en los libros de historia y que las generaciones futuras hablarían de ella de modo que decidió que, si alguien tenía que escribir sobre su vida sería ella misma. Así fue como comenzó a escribir aquella especie de diario el día en que terminó la guerra.
Las primeras páginas hablaban de sus años escolares, de su amistad con Harry y Ron, de todo lo que habían vivido en Hogwarts. Habló de la piedra filosofal, de la cámara de los secretos, del prisionero de Azkaban al que salvaron, del cáliz de fuego y el Torneo de los Tres Magos cuando Cedric murió y Voldemort regresó a la vida. Hablaba del quinto curso y Umbridge, del Ejército de Dumbledore y la Orden del Fénix, de la Brigada Inquisistorial, de la Batalla del Ministerio. Habló de Malfoy siendo un mortífago y arreglando el armario evanescente, de la muerte de Dumbledore y la búsqueda de los horrocruxes, de la batalla final y del nuevo comienzo.
Después escribió sobre la postguerra, sobre las dificultades de volver a reconstruir sus vidas desde los cimientos, habló de sus estudios, de sus amigos, de su relación con Ronald, de su boda, de su embarazo. Habló de Mafoy también, como ejemplo de superación y cambio, de como un mortífago podía también encontrar la redención, habló de cómo le había cambiado su esposa, de cómo le había ayudado cuando estaba embarazada de Rose, de cómo el odio no debía ser eterno.
Siguió pasando las páginas hasta llegar a la última y pensó si debería escribir allí sobre su noche con él, sobre el giratiempo y su desesperación.
Y finalmente cerró de nuevo el diario y lo dejó a un lado decidiendo que no, no escribiría sobre eso. Su noche era simplemente un error menor que nadie más que ellos tenía por qué saber jamás y el giratiempo… era una ilegalidad que no debía quedar registrada en ningún sitio.
Suspirando volvió a meterse bajo el edredón, apagó la luz y cerró los ojos, rezando porque Draco Malfoy encontrara también la redención en esto, en la culpa que cargaba por la muerte de Astoria.
Ojala supiera qué hacer para ayudarle porque, aunque nunca habían sido amigos, Hermione no era capaz de pasar por delante del sufrimiento ajeno sin tratar de mitigarlo.
Si hubiera sabido que mientras ella pensaba en él, Draco Malfoy se colocaba el giratiempo alrededor del cuello y giraba la ruedecilla, quizás no hubiera podido dormirse como finalmente hizo.
Por su parte, Draco había estado releyendo su propio diario desde que Granger se marchó, buscando de nuevo el día exacto.
Debía ir al Callejón Diagon, todos los miércoles iban con Scorpius a Florean Fortesque a tomar un helado. Él se pediría uno de chocolate con nueces picadas y sirope de pistacho y ella de vainilla y tarta de frambuesa, no compartirían porque a Draco no le gustaba la frambuesa, pero ella cogería chocolate de vez en cuando sonriendo cada vez que él frunciera el ceño y la empujara con su propia cucharita.
Pero el día en cuestión él recibió una lechuza de su madre y tuvo que regresar a casa para ayudarla porque Lucius había sufrido un accidente que les mantuvo a los tres en San Mungo el resto del día.
Astoria estaría sola y sabía el momento exacto en el que él la dejaría.
Se dio una ducha, se vistió prestando especial cuidado a su aspecto y decidió que no esperaría más.
Así que esa misma noche volvió a utilizar el giratiempo y regresó al pasado, dispuesto a no volver a equivocarse.
