Un capítulo más. A mi también me está generando distintos sentimientos esta historia. Además voy al día, simplemente dejándome llevar por el título por lo que no sé qué saldrá mañana.
Gracias por seguirla, por comentarla y por estar aquí.

AJ

Reflejo

Draco cerró las llaves de los chorros de la enorme ducha, caminó desnudo hasta la salida y cogió la toalla del gancho que había en la pared secándose la cara con ella para después ajustarla a sus caderas y salir hacia el lavabo. Limpió el espejo con la mano y contempló su reflejo en el cristal.

Era su rostro.

El mismo con el que había convivido durante treinta y ocho años, el mismo que había visto cada mañana desde que era niño. Había ido cambiado, poco a poco. Sin darse apenas se fue haciendo mayor. Sus ojos, esos ojos fríos, del color del mercurio líquido que nunca le habían gustado, tenían ligeras arrugas y los surcos de su frente eran cada vez más acentuados, las comisuras de sus labios tenían leves líneas de expresión, más marcadas desde que hacía un año enviudó y, con su hijo lejos, las sonrisas prácticamente habían desaparecido.

Su mandíbula era más cuadrada y menos afilada que en su juventud, su cabello un poco más largo y despeinado ahora se pegaba a su cabeza por la humedad de la ducha.

¿Quién era Draco Malfoy?

Se agarró al lavabo y se inclinó sobre él para ver su reflejo más de cerca.

—¿Quién eres? —dijo en voz alta — ¿Alguien lo sabe en realidad?

No.

Nadie sabía quién era él. Nadie.

Había sido un buen hijo, un niño obediente, sumiso y moldeable que dejó que su padre le formara y creara a su antojo y semejanza. Un niño adoctrinado que mamó las creencias de las familias de sus padres como si fueran la ley absoluta y suprema. Hizo todo cuanto le ordenaron hacer, estudió mucho, porque un Malfoy tenía que ser el mejor en todo, odió a los impuros, porque eran ladrones de la magia y no debían vivir entre los magos, odió a Potter, porque debía de odiar al Niño que vivió ya que por su culpa el Lord Tenebroso estaba muerto, odió a los Gryffindor porque los Slytherin tenían que odiar a los leones, tomo la Marca, arregló el armario evanescente, se convirtió en un mortífago… cuando gracias al trío de oro se libró de Azkaban, se dejó el alma sacando el apellido familiar del fango en el que su padre lo había rebozado, asistió a eventos con la cabeza en alto, se humilló, agachó las orejas y pidió disculpas cuando hubo de hacerlo, estudió más, manejó los negocios de la familia y mantuvo a flote su herencia a base de perseverancia.

Pero lo había hecho porque era lo que debía hacer. Destacó en pociones porque su profesor era el jefe de su casa y porque su padre decidió que era una asignatura muy necesaria para su futuro. Pero a Draco en realidad le gustaba Transfiguración, Aritmancia e Historia de la Magia. No le gustaba ser buscador en quidditch, siempre quiso jugar de cazador, pero su padre le dijo que debía competir con Potter, así que jugó cada partido en una posición en la que nunca se sintió realmente cómodo, tomó la Marca horrorizado, sintiéndose vendido y usado porque jamás quiso convertirse en un seguidor del Lord Tenebroso y terminó manejando los negocios de los Malfoy pese a que al terminar sus estudios le hubiera gustado dedicarse plenamente a la Alquimia o entrar a trabajar en el Departamento de Misterios.

¿Sabía alguien todas esas cosas? ¿Acaso las había contado alguna vez?

Nunca.

Había sido un buen marido. Cariñoso, amable, educado, consentidor. Cuidó a su esposa haciéndola el eje de su vida, agradeciéndole cada día que le hubiese dado la oportunidad de redimirse, que le hubiese dado la oportunidad de tener un futuro.

Pero nunca le había dicho que quería aprender a conducir un vehículo muggle, o que quería saber qué era el cine. Astoria adoraba Paris, así que habían ido allí cada aniversario pese a que Draco se moría de ganas de ir a Roma, España, Venecia y Atenas y nunca insistió porque Tori había preferido conocer Sofia, Berlín y Viena.

Pero Draco nunca dijo nada porque la quería.

Se miró fijamente a los ojos recordando las palabras de la Granger del pasado y sintió que su mundo se tambaleaba.

¿De qué forma había amado él a Astoria?

La admiraba. Sí, Draco admiraba su paciencia y su suave elegancia. Se sentía más que atraído por su belleza y su cuerpo, le encantaba su gracia al piano, su olor, su capacidad de escuchar y dar buenos consejos. Adoraba lo buena madre que era con Scorpius, la forma que tenía de educarle en la igualdad y el amor, alejada de los prejuicios raciales y económicos.

Además Tori jamás le había tratado como un mortífago, nunca le hizo sentirse diferente y jamás le habló del pasado. Para ella él era únicamente un hombre. Nunca discutieron, nunca se gritaron en uno al otro, nunca pelearon, vivían en completa paz y en absoluta armonía.

Eso era amor ¿Verdad?

Se apartó de su reflejo y se secó con movimientos bruscos, finalmente usó la varita para secar su cabello y salió a su habitación intentando volver a poner en orden sus pensamientos.

¿Quién era Draco Malfoy en realidad?

Estaba confundido y, lo peor era que empezaba a poner en duda todo por lo que había luchado.

Además, cuando apagó la luz y se metió entre las sábanas, no se sentía molesto por no haber podido llevar a cabo su misión y haber fracasado de nuevo, al contrario, sentía que había hecho algo correcto al hablar con Granger. Una completa locura porque si esa bruja supiera que había vuelto a usar el giratiempo e intercedido una vez más, no en su propio pasado si no en el de ella, posiblemente buscara a uno de los desterrados dementores únicamente para que le diera un beso, incluso si eso era ya una práctica arcaica y abolida por las leyes que ella misma había aprobado como Ministra de Magia.

Deseó, no por primera vez, haber mantenido la amistad con Blaise y Theo porque, aunque Nott era su cuñado, rara vez se veían más allá de las reuniones familiares y, desde la muerte de Astoria, Draco se había alejado de los Greengrass, con los que nunca tuvo un vínculo demasiado estrecho ya que, si bien Tori nunca le había tratado como un mortífago, no podía decir lo mismo de su familia política.

Por su parte, Blaise se había casado con Pansy y habían dejado Inglaterra años atrás, aunque no había perdido del todo el contacto con ellos, la amistad era fría y lejana. Y Goyle era un ermitaño recluido en algún monasterio budista en Asia.

Sí, tristemente estaba solo y no había sido consciente de esa soledad hasta que Astoria murió, porque ella fue su mejor amiga durante muchos años.

Él es tan bueno… y tan buen amigo…

Las palabras de Granger volvieron a pasar por sus recuerdos y frunció el ceño cerrando los ojos con fuerza.

No. Aquello no era igual, de ningún modo.