Feliz Navidad y Feliz año nuevo gente, espero que lo hayan celebrado a pesar de las dificultades, les mando un saludo y espero que se encuentren bien.

Sin más relleno, les dejo el capítulo que me gusto bastante escribir, considérenlo un pequeño regalo jajaja.

Renuncia de derechos: Todo lo referido a Dark souls y Bloodborne le pertenece a Fromsoftware, Warcraft y World of Warcraft le pertenece a Blizzard Entertainment, sin embargo esta historia me pertenece.

En el capítulo anterior:-

Uther el iluminado: Puede que tengas razón muchacho, por eso les pido que protejan a Arthas, el ahora mismo está cegado y puede cometer cualquier error, son mucho más fuerte de los aquí presentes, puede ser que en un par de años alcancen mi nivel.

El ser de cenizas se acercó al paladín y le dio una nota.

Zareth: Por favor lord Uther, lee esto y reflexiona bien, no hay tiempo para explicaciones, lo anote en caso de que no tuviéramos tiempo de hablar.

El ser de cenizas y el cazador, empezaron a correr para alcanzar a Arthas y a Jaina.

Mientras que Uther abría la nota que le habían dado y su título era ¡Kalimdor!

Comienzo del capítulo: -

En esa misma tarde, mientras iban de camino hacia Stratholme, Arthas se había adelantado más que los demás, ya que solo en su mente había una cosa, venganza en contra de los que amenazan a su pueblo.

Jaina lo seguía muy de cerca, pero estaba usando su magia para esconderse ya que estaba muy preocupada.

Duncan y Zareth estaban más atrás y a unos cuantos pasos estaban los soldados del príncipe.

Estos últimos susurraban de las sorprendentes habilidades de los viajeros y como tenían poderes increíbles.

Se preguntaban si eran provenientes de Dalaran, pero sus extrañabas vestimentas les hacía dudar de tal origen.

Al pasar un rato, ambos se detienen de golpe al ver a lo lejos a Arthas y al profeta dialogando, estos ya habían intercambiado unas cuantas palabras pero...

Punto de vista de Arthas:

Profeta: Escúchame chico, ¡Esta tierra está perdida! La sombra ya ha caído y nada de lo que hagas puede cambiarlo.

Por dentro, el príncipe estaba acumulando una gran ira debido a las fuertes palabras de esta persona.

Profeta: Si de verdad quieres salvar a tu pueblo, llévalos al otro lado del mar, hacia el oeste, a las tierras de Kalimdor.

Esa última frase se quedó en la mente del príncipe, lo último que faltaba para explotar.

Arthas: ¡¿Huir?! ¡Mi sitio está aquí y mi único cometido es defender a mi pueblo!

También en ese instante le llego un recuerdo a la cabeza, las palabras del profeta eran similares a la de sus nuevos guerreros, Duncan y Zareth.

Ahora tenía otro par más de personas con quien descargar su ira.

Arthas: ¡Seguramente tú fuiste el que envió a esos dos para que intentaran convencerme de abandonar mi causa, pero ahora que lo sé yo Jamás me rendiré!

El profeta no reacciono ante esas acusaciones, pero solo siguió hablando como si nunca hubiera dicho eso.

Profeta: Veo que ya has tomado tu decisión, solo recuerda que cuanto más te esfuerces por acabar con tus enemigos, más rápido podrás a tu gente en sus manos.

Este último procedió a transformarse y se marchó rápidamente del lugar, segundos después, Jaina decidió dejar de ocultarse y se paró en frente del príncipe.

Jaina: Perdóname por ocultarme Arthas, solo quería...

Arthas: ¡No lo digas!

Intento convencer al príncipe de que el profeta desbordaba un gran poder y que podía tener la razón.

Arthas: Nada de lo que diga me hará abandonar a mi patria Jaina, no me importa si ese loco ha visto el futuro y tenemos a dos más que han caído ante los relatos locos.

Jaina: ¿A qué te refieres?

En el momento en que la maga hizo esa pregunta, Duncan y Zareth los alcanzaron, escuchando un poco de lo que Arthas estaba diciendo, poniendo una cara seria, aunque no se notara por sus trajes.

El príncipe apunto con su martillo a los dos viajeros con una notable ira, Arthas se sentía de cierta forma traicionado, aunque lo que habían dicho no se podía considerar como tal, la ira acumulada del príncipe, rápidamente le hacía perder la cabeza ante una insignificante acción.

Arthas: ¡Recuerdas ambos nos contaron un sueño idéntico! ¡Eran mentiras, ese loco fue que los envió a ambos para que desistiera y dejara de proteger a mi gente!

La maga queda en silencio unos segundos, ya que ella escucho toda la conversación de Arthas con el profeta, quedo sorprendida al escuchar lo de Kalimdor, esto le hizo conectar todos los puntos en su mente.

Lo que dijo su maestro, lo que dijo el cazador y ahora lo que dice el profeta, tenía una duda que resolver.

Sin contestar lo dicho por Arthas, pregunto lo siguiente.

Jaina: Duncan, Zareth... ¿Pueden revelar su rostro?

Ambos viajeros se miraron entre sí, no entendiendo para que serviría eso, pero su amiga se lo estaba pidiendo y no le haría daño a alguien

Al hacerlo, Jaina abrió la boca de la sorpresa, ya que las palabras de su maestro resonaron con mucha fuerza.

Antonidas: Dos sujetos con ojos del día y la noche, ¿no te parece increíble?

Los ojos del cazador Duncan tenían el tono de la noche, mientras que los ojos del ser de cenizas Zareth era una clara representación del sol.

La maga tartamudeo un poco, lo que sorprendió a todos ya que no entendían la causa de su asombro.

Jaina: Así...así que...ustedes...

Ella dejo de hablar para tomar una gran cantidad de aire para después largarlo, no podía contar lo que sabía a Arthas debido a su inestable condición, por lo que decidió guardar silencio, aunque eso no convenció del todo al príncipe.

Jaina: No es nada...Después solucionaremos esto Arthas, primero terminemos con esta plaga.

El príncipe acepto a regañadientes, ya que ella tenía una gran influencia sobre él.

Pasó el tiempo y ya era la madrugada, todos estaban a las afueras de Stratholme, esperando la llegada del paladín Uther con sus tropas, mientras que Arthas estaba más tranquilo, pero Zareth, Duncan y Jaina aún seguían en alerta.

La conversación fue igual que la historia original hasta el choque entre Uther y Arthas.

Uther: Acabas de sobrepasar un límite terrible Arthas.

El paladín veterano se subió a un caballo y llamo a Jaina ya que ella también estaba en desacuerdo con la idea de purgar la ciudad.

Al mismo tiempo, Arthas hizo lo mismo, pero ella ya había tomado su dedición, bajo la mirada y subió al caballo de Uther, este mismo dirigió una mirada hacia Zareth y Duncan.

Uther: Sé que ustedes también están en desacuerdo con esto, acompáñenme, tenemos que hablar.

Le ofreció a ambos un caballo y se subieron rápidamente, los viajeros se miraron al mismo tiempo y asintieron de igual manera.

El príncipe dio un fuerte grito, llamando a la mujer que él se había enamorado, le dio la espalda y por un segundo dudo en purgar la ciudad.

Pero esos pensamientos se esfumaron igual de rápido que cuando aparecieron, un grupo reducido de soldados junto al capitán Falric apoyaron en su decisión al príncipe.

Arthas miro a Stratholme y empezó a hablar.

Arthas: Lo que vamos a hacer aquí, no es motivo de celebración, los que se encuentran tras estos muros ya están muertos, esta batalla no será memorable ni gloria, pero sé que esto es lo que tenemos que hacer.

Agarrando su martillo con fuerza y ordeno a empezar la purga.

Punto de vista general:

En el camino por el que Zareth, Duncan y los demás estaban en una carretera para dirigirse a un campamento, pero los viajeros detuvieron sus caballos casi al mismo tiempo.

Uther al ver eso, imito la misma acción ya que no sabía que estaba pasando, Jaina pensaba lo mismo que el paladín.

Uther: ¿Que están haciendo? Tenemos que volver al campamento para informarle al rey Terenas sobre la situación.

El cazador saco su cuchilla dentada, al igual que el ser de cenizas su espada solar, Duncan tomo la primera palabra.

Duncan: Salvaremos a los civiles que podamos, si alguno se convierte en un muerto viviente, lo pondremos a descansar, como dijo Jaina, no todos pueden estar infectados con el grano.

El ser de cenizas dio las últimas palabras.

Zareth: Tenemos la esperanza que podamos salvar a algunos, los encontraremos al amanecer.

Ambos empezaron a correr hacia el pueblo que estaba empezando una masacre, usaron su máxima velocidad para llegar lo más rápido posible.

Tanto como Uther y Jaina, no tuvieron tiempo para responder esas palabras, por lo que se retiraron para volver pronto, deseándoles lo mejor a ambos guerreros.

(Flash back)

Después del encuentro con el profeta, Duncan y Zareth estaban hablando de lo que ocurriría con Stratholme.

Duncan: Arthas está perdiendo la cabeza y si estoy en lo correcto, esa ciudad está infectada, temo lo que quiera hacer el príncipe con él.

Ambos miraban el cielo que estaba oscureciendo, sin saber que esa noche sería una carnicería.

Zareth: Si Arthas quiere hacer una locura, intervendremos e intentaremos salvar a todos los que podamos, pero tenemos que hacerlo sin que se dé cuenta, o de lo contrario solo aumentara su locura.

Ambos se pusieron de acuerdo para intervenir en el momento adecuado, el reino de Lothric y la ciudad de Yharnam eran pruebas de que aunque era una ciudad perdida, había personas que mantenían la esperanza.

Sthatholme era el mismo caso y no lo dejarían pasar.

Cuando paso todo hasta que Uther les ofreció los caballos, sabían que ese era el momento para alejarse lo suficiente y que el príncipe no supiera que iban a intervenir.

(Fin flash back)

Ambos tardaron 5 minutos en llegar a las afueras de la ciudad, esta estaba en llamas y los gritos empezaron a escucharse, Stratholme estaba bajo ataque de dos fuerzas, los muertos vivientes con Mal'Ganis y un grupo de soldados con el príncipe Arthas.

Duncan: Separémonos para abarcar una mayor área, hay que evitar encontrarnos con Arthas y sus soldados.

Zareth asintió y rápidamente se separaron, entrando en la ciudad en llamas.

(Punto de vista de Zareth)

Se metió en la zona donde aún los muertos vivientes no habían atacado, pero si los soldados de Arthas estaban haciendo estragos.

Escabulléndose entre todo el caos, empezó a entrar las casas que aún no habían sido abiertas, En la primera casa, la pateo con toda su fuerza para abrirla.

Una familia compuesta de un hombre, una mujer y 3 niños lo miraban aterrorizados, el hombre tenía en mano una vieja espada y se usaba de escudo para su familia.

Zareth: ¡Síganme si quieren vivir, no hay tiempo para explicaciones!

El rápidamente se volvió hacia la entrada y miro una vez más a la familia que seguía temblando.

Zareth: ¡Vamos o todos morirán!

La familia por el miedo rápidamente siguió al ser de cenizas.

Este hizo lo mismo en varias casas, esto provoco que la gente le tuviera cierta confianza ya que solo los guiaba.

El ser de cenizas con paso firme, ya tenía a sus espaldas varias familias, hasta que freno de golpe debido a que frente a él estaban 4 soldados rasos con notable shock, sus espadas tenían sangre humana y temblaban notablemente.

Pero estos se sorprendieron al ver a uno de los dos guerreros que destrozaban las filas de los muertos vivientes con gran habilidad.

El ser de cenizas levanto su espada y amenazo a los soldados.

Zareth: Les recomiendo que se retiren o tendré que lastimarlos.

Pero los soldados dijeron algo que Zareth no esperaba.

Soldado 1: ¡Por favor! ¡Ayúdenos a escapar de este lugar!

La desesperación se notaba en su voz y en su cuerpo, Zareth rápidamente empezó a entender la situación.

Soldado 2: ¡Ya no queremos hacer esto! ¡Esto es horrible!

Soldado 3: ¡Mi nombre es James! ¡Solo quiero volver con mi familia!

Ellos ya no podían seguir matando personas como se les fue ordenado e intentaban escapar de la ciudad.

Lentamente, el ser de cenizas bajo su espada y hablo con un tono extrañamente tranquilo.

Zareth: Si quieren salir de esta ciudad con vida y poder redimirse, síganme, no les diré nada más.

Sin oponer resistencia, los soldados rasos aceptaron, poniéndose al lado del ser de cenizas y se prepararon en caso de tener que luchar.

Buscaron un grupo más de aldeanos y seguidamente se dirigieron a la entrada.

(Punto de vista de Duncan)

Duncan llego en la zona donde los muertos vivientes estaban atacando y asesinando a todos a su paso.

Empezó con salvar a los aldeanos que estaban intentando escapar de los muertos vivientes, sin pensarlo uso desplazamiento para llegar en segundos.

No le costó mucho destrozar a los necrófagos y rápidamente ordeno a los aldeanos que lo siguieran, estos sin dudarlo aceptaron, ya que él los estaba protegiendo.

Entrando en casas, en las calles, salvo a una cantidad de 40 aldeanos y ya puso en marcha para la salida.

Ambos sabían que había aldeanos infectados y tendrían que matarlos al frente de sus familias.

(Punto de vista general)

El primero en llegar a la puerta de forma sigilosa, fue Zareth, guio a todos los que lo seguían a las afueras de Stratholme hacia la carretera del campamento donde Uther y los demás estaban ubicados.

El ser de ceniza dijo que esperaran hasta que su otro compañero llegara con más civiles, pero en realidad, el motivo de espera era otro, estaba esperando que el grano contaminado actuara para eliminarlos.

Aunque esto no le agrada y le trae malos recuerdos, era la única opción que tenía.

Ordeno a los soldados rasos que permanecieran atentos ante cualquier amenaza y de esa manera, los minutos pasaron.

Mientras tanto, Duncan estaba costándole horrores salir de su zona, ya que las oleadas de muertos vivientes no paraban y proteger a los aldeanos al mismo tiempo era aún más difícil, logro rescatar a 130 en total.

Cuando llego a la salida, a lo lejos vio a Zareth que estaba asesinando a algunos aldeanos que se transformaron en zombis.

Duncan (En su mente): Ya empezaron a transformarse...esto es malo.

Rápidamente volteo la mirada y vio como algunos aldeanos estaban tosiendo fuertemente y lentamente empezaron a caer.

Duncan (En su mente): ¡Maldición!

Se preparó para matar a los que se estaban transformando.

Duncan: ¡Todos apártense de ellos!

El cazador obligo a los familiares de los infectados a apartarse de ellos, con mucho esfuerzo y lágrimas lo hicieron.

Sacando su pistola que tenía una pequeña aguja en la parte del cargador, se apuñalo en el pecho y recargando su arma.

Duncan: ¡Diríjanse a donde está mi compañero! -Señalando el lugar donde Zareth estaba matando a los últimos infectados-

Vio rápidamente que desde la entrada, más muertos vivientes se acercaban, no podría acabarlos si tuviera que defender a los aldeanos al mismo tiempo.

El primero en dirigirse a él, fue una abominación con intenciones asesinas notables.

Antes de que la criatura intentara cortarlo, Duncan uso la pistola y acertó una bala justo en la frente de la abominación, dejándolo aturdido.

Rápidamente uso su cuchilla dentada y decapito a la abominación, retrocediendo rápidamente para sacar el modificador.

Al hacerlo y sostener en sus hombros al espadón dentado, vio que los necrófagos, aldeanos zombis estaban muy cerca de él.

Con la fuerza de sus brazos y girando por completo su cuerpo, logro cortar en medio a todos los muertos vivientes que estaban rodeándolo, pero esos no eran los únicos muertos vivientes, por lo que sin pensarlo dos veces, empezó a descuartizarlos sin piedad.

Mientras tanto, Zareth ya había acabado con los infectados transformados, los familiares de ellos lloraban al ver a los que más querían muertos.

De los 70 que había salvado, solo quedaron 30 aldeanos, 33 contando a los soldados rasos.

Vio a lo lejos que 38 aldeanos se acercaban a él con una cara de terror total, se preguntaba cómo fue que llegaron aquí.

Sus dudas se vieron resueltas al ver a su compañero y su espada gigante, masacrando a los muertos vivientes que llegaban por oleadas.

Se dio cuenta que los infectados ya había sido eliminados por Duncan, así que con todos los infectados fuera, ordeno a los soldados rasos que llevaran a los supervivientes al campamento en dirección de Uther.

James: Pero ahora somos desertores... ¿Qué vamos a hacer?

Zareth: ¡Después solucionaremos eso...váyanse!

Sin esperar más, Zareth rápidamente acudió en la ayuda de Duncan y tras varios minutos de pelea, una gran cantidad de cadáveres de muertos vivientes estaban repartidos a un radio de 20 metros.

Ambos estaban cansados pero podrían seguir luchando un poco más, esta vez entraron juntos a Stratholme para asegurarse de no morir por la falta de energía.

Corriendo a través de las calles, vieron un lugar llamado orfanato de Meliana, vieron movimiento a través de las ventanas, sin pensarlo, entraron abruptamente.

Vieron a dos adultos, una mujer peli rubia y a un hombre con una gran barba, pero solo se escuchó un fuerte sonido.

El hombre le disparo con un rifle a Duncan, pero Zareth logro desviarla justo a tiempo, rozando el rostro del cazador.

Esta acción dejo desconcertado a los 2 adultos y a todos los niños que había, un soldado logro desviar la bala con una espada.

Duncan: ¡No formamos parte de las fuerzas de Arthas! ¡Tranquilos!

Zareth: ¡Es cierto! ¡Estamos evacuando a todos los que podamos!

La mujer que estaba al lado del hombre grito con notable ira en su voz.

Mujer: ¡¿Cómo sabremos que apenas salgamos no nos asesinaran!?

Ambos no eran buenos en dar palabras para calmar a la gente, eran solo guerreros que habían pasado por muchas cosas, por lo que respondieron de forma amenazante.

Zareth: ¡Si los quisiéramos muertos, esto hubiera terminado en segundos!

La supervisora junto al hombre, se mordieron los dientes al ver que no tenían otra opción, ordenaron a los niños que se mantuvieran a espaldas de ambos.

Antes de que se pusieran en marcha, el hombre hizo una pregunta importante.

Hombre: ¿Cómo evadiremos a los soldados del príncipe si nos los encontramos?

Duncan: Los distraeremos lo suficiente para que ustedes ganen tiempo, somos mucho más rápido que ustedes, así que no habría problemas.

Con eso dicho, todos salieron del edificio y se pusieron en marcha hacia la salida, estaban corriendo lo más rápido que podían, cruzaron un par de calles donde hubo muertos vivientes, pero fueron destrozados por los viajeros.

Vieron la salida de la ciudad a lo lejos, pero atrás de ellos se escuchó un fuerte grito humano, todos se dieron la vuelta para ver a 4 soldados rasos.

Soldado raso 1: ¡¿A dónde están llevando a esos infectados?!

Rápidamente Zareth y Duncan se posicionaron al frente de estos soldados.

Zareth les ordeno a los dos adultos que se fueran y siguieran la carretera que anteriormente cruzaron los aldeanos que rescataron.

Sabían que algunos de ellos podía estar infectados por eso tenían que distraer a los soldados lo suficiente y después escaparían sin problema alguno.

Soldado raso 4: ¡Malditos traidores! ¡Acabemos con ellos!

Los viajeros se pusieron en posición de combate, pero se sorprendieron al ver algo monstruoso a la espalda de los soldados.

Era un ser de gran tamaño con dos alas de murciélago, sus ojos brillaban en color verde y poseía dos cuernos en la cabeza.

Este con sus garras decapito a dos de los soldados soltando una gran cantidad de sangre, los restantes no tuvieron tiempo, solo se dieron la vuelta para ser atravesados con una gran garra.

Mal'Ganis: Es curioso...estos los llamaron traidores... ¿Quieren unirse a mí? Mi nombre es... Mal'Ganis.

La voz del demonio era sorprendentemente tranquila, como si esto fue algo planeado.

Mal'Ganis: Les puedo ofrecer un poder que escapa de su compresión...acepten y vivirán

Este lanzo los dos soldados rasos contra el piso, cayendo al frente de los viajeros.

Estos últimos no respondieron, solo hablaron en voz baja entre ellos, estableciendo que deberían mandar a volar a la criatura para que pudieran escapar, ya que el demonio daba una gran aura de terror y fuerza.

Sin sus energías al completo, posiblemente terminarían gravemente heridos y aún tenían que ver si había niños infectados o si los dos adultos lo están.

Pusieron en marcha su plan, lo cual Zareth empezó a correr hacia el demonio con intenciones de cortarlo.

Mal'Ganis: Supongo que eso es un no, es una lástima.

Este dio un fuerte salto y se mantuvo en el aire a una distancia segura.

Mal'Ganis: A esta altura...jamás me podrán alcanzar jaja.

El señor de terror dejo de sonreír al ver a Duncan arriba de él, el cazador uso su desplazamiento para alcanzar esa altura que era prácticamente su límite.

Duncan: ¡No estés tan seguro!

El cazador con su espadón, dio un corte vertical con toda su fuerza, pero el Nathrezim uso sus garras para bloquear el golpe, lo que lo mando rápidamente hacia el suelo.

El ser de cenizas lo esperaba en el suelo y uso su habilidad de la espada de farron de fuego, golpeando en el pecho del demonio y mandándolo a volar en contra de una casa, la cual se derrumbó sobre el señor del terror.

Sin esperar ni un segundo, ambos viajeros se retiraron del lugar con toda su velocidad y energía restante.

Mientras que ellos ya estaban en las afueras de la ciudad, el Nathrezim salió de los escombros volando a gran altura, este tenía una quemadura leve en el pecho.

Mal'Ganis: Vaya...ese golpe me dolió...a donde fueron esos dos...no importa, hay cosas más importantes que hacer.

Con los viajeros:

Ambos estaban bastante agotados, ambos se preguntaban sobre la criatura que había visto, también tenían claro que no lo habían matado

Escucharon un fuerte grito de los niños afueras de las puertas y se apuraron lo que más que podían.

Los viajeros vieron a la distancia que había un par de niños infectados, el hombre los estaba haciendo retroceder pero no podía dispararles, mientras que la mujer estaba llorando al ver a sus niños transformarse en muertos vivientes.

Zareth y Duncan sabían que tenían que hacer algo difícil, pero no había más opción, ambos atacaron rápidamente y terminaron con el sufrimiento de esos niños en cuestión de segundos.

Zareth: Vamos...uff...tenemos que ir nos ahora...uff...

El cazador y el ser de cenizas estaban respirando pesadamente y calmaron al resto, no estaban cansados del todo pero los ataques que le hicieron al anterior demonio fueron con toda la potencia que tenían, los que los mareo de golpe.

Todos estaban caminando por la carretera oscura para dirigirse hacia donde estaban con Uther, aunque los viajeros estaban muy disconformes, ya que salvaron muy pocas personas y terminaron agotados.

Duncan: Esto es una masacre...solo pudimos salvar a pocas personas...

El cazador agarro con gran fuerza su espadón y sus ojos brillaron notablemente.

Zareth: Si, aun no somos lo suficientemente fuertes para poder cubrir una ciudad entera...nos falta un largo camino por recorrer.

Ambos miraron a los que salvaron, tenían caras apagadas, sin emociones...sin esperanzas, de la misma manera que ellos en algún momento tenían.

Zareth: ¡No se pierdan en la desesperación! ¡A pesar de todo esto, no se rindan!

El cazador siguió las palabras del ser de cenizas.

Duncan: ¡Pelen por los que han caído! ¡Honren su memoria!

Ellos sabían que esas palabras solo funcionarían en los adulto, para los niños tendían que impresionarlos de otra manera.

El cazador activo los rayos en su arma y lo alzo al cielo en demostración de fuerza, mientras que Zareth activo el fuego en su espada e hizo lo mismo que Duncan.

Esto impresiono a los niños, aunque los malos recuerdos seguirían, al menos tendrían algo bueno que recordar.

Toda la madrugada paso, la purga había finalizado y Arthas de inmediato dio un llamado a la armas a Lordaeron para que todos fueran al puerto para partir hacia Rasganorte.

La noticia de lo que paso en Stratholme no se había difundido, eso explicaba por qué todos seguía a su príncipe ciegamente.

La fuerza que Arthas reunió, se llamó la Primera Legión, una gran expedición que se preparó en cuestión de horas para cazar al señor del terror.

Mientras tanto, Jaina estaba en la ciudad llameante, viendo la masacre y no creyendo que su amado hizo eso.

Jaina: Toda esta muerte...es una pesadilla...

Cadáveres y edificios destruidos era todo lo que se podía ver a los alrededores.

El paladín veterano a los lados de los viajeros, llegó junto a la archimaga que aun miraba desconcertada todo el lugar.

Uther: ¡Jaina! ¡Jaina Valiente!

Jaina: ¿Lord...Uther?

El veterano se compadeció de ella al ver la miraba perdida de la joven, no la culpaba de esta carnicería en la más mínimo.

Uther: Ah...Esperaba encontrarte aquí Jaina, ¿A dónde ha ido? ¿A dónde ha llevado Arthas a su flota?

Jaina: Vino a verme antes de partir, le rogué que no fuera, le dije que parecía una trampa.

Los viajeros suspiraban ya que sabían que Arthas cayó en las manos de los muertos vivientes, ahora...quizás el príncipe ya no tenga salvación.

Uther: ¡¿A dónde?!

Jaina: A Rasganorte...ha ido a Rasganorte para dar caza a Mal'Ganis.

Eso confirmo las sospechas de los viajeros, era una trampa, cuando sintieron a ese demonio, su aura era de oscuridad total.

Uther menciono que debía informar todo esto al rey Terenas, Incluido lo de la carta que el cazador y el ser de cenizas, aunque no estaba convencido del todo.

El paladín se subió a un caballo y se marchó hacia la capital.

Jaina se puso al lado de ambos y les hizo una pregunta importante para ella.

Jaina: ¿Creen...creen que Arthas tenga salvación?

La mirada de la maga era muy dolorosa, aun no sabiendo por que estaba sucediendo todo esto.

No sabiendo que responder, quedaron en total silencio para mala fortuna de ella, pero eso no duro mucho ya que fueron interrumpidos por un cuervo.

Este se transformó en su forma humana, revelando al profeta.

Profeta: Los muertos de esta tierra yacen inmóviles de momento, pero no te dejes engañar, tu joven príncipe y sus hombres solo encontraran la muerte en el frio norte.

Jaina: ¡Tu! ¡Arthas solo está haciendo lo que cree justo!

El profeta nuevamente le insistió que esta tierra estaba perdida y que debía llevar a su gente al oeste, a las tierras de Kalimdor.

Jaina aceptó a regañadientes y espero con todo su corazón de que Arthas pudiera salvarse, Ella les dijo a los viajeros de que Arthas llegaría dentro de un mes a Rasganorte, con un buen hechizo, ellos podrían viajar al instante.

Ellos aceptaron y decidieron mejorar en todo el tiempo que quedaran, necesitarían una gran fuerza para intentar salvar a Arthas y a sus hombres.

El profeta vio esto con una pequeña sonrisa y dijo lo último pero no menos importante.

Profeta: Cuando sus marcas brillen a la luz de la luna...toquen sus corazones y los cambios se presentaran.

Procedió a transformarse en un cuervo y se marchó del lugar.

Los viajeros se miraron entre ellos al escuchar lo dicho por el profeta, sin pensarlo, se sacaron el guante derecho cada uno y vieron sus palmas.

Las marcas seguían iguales solo que no brillaban tal como decía el profeta.

Duncan: ¿Qué sucederá cuando las marcas brillen?

Zareth: No lose...pero supongo que es algo bueno si nos lo recomienda el profeta.

La archimaga miraba esto con gran curiosidad, ya que no entendía de lo que estaban hablando, ¿Marcas? ¿A la luz de la luna?

Iba a preguntar pero el cazador la interrumpió.

Duncan: No tenemos mucho tiempo Jaina, tenemos que hacernos más fuertes para ir a RasgaNorte, volveremos a ti cuando se cumpla el mes para marcharnos.

Los viajeros se retiraron rápidamente y dejaron a una archimaga muy pensativa, pero sacudió la cabeza, ahora tenía 2 objetivos, preparar el hechizo de tele-transporte y reunir barcos para partir a Kalimdor.

Mientras tanto, Zareth y Duncan estaban estableciendo un régimen de entrenamiento para mejorar, se detuvieron en el campamento más cercano de Stratholme.

Enviaron un mensaje a Uther por medio de unos mensajeros, ellos se quedarían en ese campamento para prepararse para ir a Rasganorte, necesitaban que los mantuvieran por un tiempo ya que tenían oro para solo 2 semanas.

El entrenamiento comenzó, Zareth y Duncan empezaron a usar sus técnicas más veces de lo que podían aguantar, tenían que hacerlo para aumentar su resistencia.

El entrenamiento físico fue guiado por Uther que ya le comento al Rey Terenas lo sucedió, aunque aún no da ninguna respuesta por todo lo dicho, lo que dejo intranquilo al viejo paladín.

Este último, se dio cuenta de que el cazador y el ser de cenizas tenían mucho potencial, por lo que no dudo darles ejercicios pesados, tenían su propia forma de usar sus armas, así que no intervino en ese ámbito.

En uno de esos días, obligo a ambos a meditar para que su poder no se desperdiciara abruptamente, pero se dio cuenta que todo el tiempo estaban a la defensiva, como si no pudieran descansar ni un solo segundo.

Uther quería saber por qué les sucedía eso, pero dejo eso para más adelante, ya que tenía que entrenar de buena manera a los viajeros para asegurar la seguridad de su aprendiz Arthas y la de todos los demás guerreros que lo acompañan.

El tiempo paso rápidamente, algunas veces fueron enviados a misiones para eliminar a algunas criaturas que estaban causando problemas.

Ya había pasado el mes completo, sus cuerpos recibieron mejoras notables y sus estados aumentaron significativamente.

Uther les regalo a ambos una capa con el color de ojos de ambos, ya que el viejo paladín les menciono que ya no estarían formando parte del ejercito de Arthas, si no que ambos serian independientes.

Una capa naranja fuego a Zareth y una capa azul medianoche para Duncan.

También ordeno a reparar sus armas para que estén en óptimas condiciones.

(Zareth) (Portador del fuego)

Puntos de almas: 6113 P.A

Nivel de Llamas: 1 Siguiente nivel: 6000 P.A

Velocidad: 45 Resistencia: 51

Fuerza: 66 Magia: 42 Habilidad: 53

Técnicas:

Espada brillante de Farron de fuego (Nivel 1)

Vestigios de lecho del caos (Nivel 1)

(Duncan) (Cazador Lunar)

Puntos de sangre: 5231 P.S

Nivel Lunar: 1 Siguiente nivel: 5000 P.S

Velocidad: 50 Resistencia: 48 Fuerza: 62

Habilidad: 58 Magia: 61

Técnicas:

Arma de rayos (Nivel 1)

Despliegue sanguinario (Nivel 1)

30 metros máximos.

Esa misma noche, ambos se acostaron temprano para que en la mañana Jaina los teletransportara hacia Rasganorte.

Pero esa noche no iba a ser normal.

Ambos estaban en un "Sueño", se encontraban en el mismo lugar donde pelearon sus últimas batallas en su mundo.

Duncan, el cazador en contra de la Presencia lunar en el campo de flores de un cementerio.

Zareth, el ser de cenizas en contra del Alma de cenizas en un terreno rodeado de fuego.

Pero esta vez, ambos no podían moverse y solo podían mirar al frente sin ni siquiera cerrar los ojos.

Una extraña energía rodeaba a los dos oponentes, una luz azul oscuro cubría por completo el cuerpo completo de la presencia lunar, mientras que el Alma de cenizas el fuego lo cubría de igual manera.

Ambos usaron sus brazos y atravesaron el estómago del cazador y el ser de cenizas.

Los viajeros sentían como se quemaban por dentro, querían gritar pero no podían, lentamente la presencia lunar estaba desapareciendo al igual que el Alma de cenizas.

Duncan y Zareth despertaron de golpe sudando a mares, vieron a su compañero que estaba de igual manera, pero una pequeña luz estaba iluminando su habitación.

Al mirar bien, eran sus marcas que brillaban con sus respectivos colores, pasaron 2 minutos y por fin se tranquilizaron un poco, aunque seguían agitados.

Duncan: Uff...uff...el profeta...dijo que esto pasaría.

Zareth:...Tenemos...uff...irnos lejos de aquí...si no causaremos un desastre.

Ambos estaban de acuerdo y sin esperar más, se dirigieron a una zona apartada, sin importarles que hubiera una fuerte tormenta.

Los truenos hacían temblar el cielo y el agua alcanzaba todos los rincones, esa noche, un cambio en el mundo de Azeroth se presentaría.

Los dos llegaron a un terreno plano donde los arboles estaban muy lejos, sus marcas brillaban con más fuerza, recordando las palabras del profeta.

Profeta: Cuando sus marcas brillen a la luz de la luna...toquen sus corazones y los cambios se presentaran.

Duncan: Si hacemos esto... ¿nos volveremos más fuertes?

Lentamente comenzaron a llevar sus palmas derechas a sus pechos.

Zareth: Solo hay una forma de averiguarlo.

Cuando hicieron contacto, una gran cantidad de energía fue liberada.

Un poderoso fuego salía de Zareth que se remarcaba en el cielo.

Y de Duncan salía una luz que se camuflaba con la noche.

Ambos no pudieron reaccionar a tiempo y esas energías empezaron a entrar en el pecho de ambos viajeros, provocándoles un gran dolor, esta vez sí pudieron gritar por lo que parecía una escena de miedo absoluto.

Cuando las energías fueron absorbidas por completo, Duncan y Zareth estaban al borde de la inconciencia, pero no sin antes caer un rayo al frente de ellos, proyectando sus sombras.

Pero no eran sus sombras específicamente, la de Duncan era la mismísima presencia lunar, mientras que la de Zareth era la del Alma de cenizas.

Estos no se dieron cuenta ya que cayeron inconscientes con una tormenta encima.

No se sabe específicamente cuanto tiempo paso, pero ambos se despertaron al escuchar un fuerte gritos de varios soldados rasos.

El sol estaba en su punto más alto y el cielo estaba más celeste que nunca.

Al abrir los ojos, vieron como varios soldados junto a Jaina se acercaban a ellos rápidamente, viéndolos con mucha impresión.

Jaina: ¡Rápido, denle las pociones están muy heridos!

Los soldados empezaron a echar las pociones rojas en las heridas de los viajeros, al mismo tiempo que le daban de beber una poción azul.

Estos al estar recuperados por completo, lograron pararse sin dificultad, pero no pudieron pensar nada más ya que Jaina los interrumpió.

Jaina: ¡¿Qué les ha pasado?! ¡Desaparecieron 3 días y los encontramos en ese... estado...!

Ambos viajeros quedaron sorprendidos por esas palabras, no podían creer que se quedaron todo ese tiempo inconscientes.

Duncan: ¡¿Qué?! ¡¿Nos quedamos dormidos durante 3 días!?

Jaina: ¡Si, los espere para transportarlos, pero desaparecieron y no los encontrábamos!

Zareth: ¡No podemos esperar más, tenemos que ir de inmediato!

Jaina los llevo a ambos al lugar donde residían, para que se pongan sus vestimentas completas y armas.

Se sentían extraños pero no le dieron importancia, más que todo porque tenían que apresurarse, con sus vestimentas puestas, armas afiladas, modificadores y pociones listas.

Jaina los esperaba en la salida de establecimiento para seguidamente ponerse en un lugar despejado, empezando a realizar el conjuro.

Un círculo mágico apareció en el piso en donde estaban parados los viajeros para lentamente empezar a desaparecer.

Jaina: Por favor...salven a mi príncipe, no dejen que caiga a la locura.

Duncan: Haremos lo posible Jaina, quiero que envíes dirigibles, es posible que necesitemos más trasporte para volver, mientras más rápido sea, mejor.

Desaparecieron en un destello azul.

Mientras tanto, un príncipe había dejado inconsciente a un enano de nombre Muradin, pensando que lo había matado.

Agarrando su nueva arma que brillaba de un tono escarlata y con una mirada sedienta de venganza.

Aunque seguía vivo, nadie sabía que el príncipe había muerto y solo quedo un cascaron vacío.

Fin del capítulo 4 :-