Renuncia de derechos: Todo lo referido a Dark souls y Bloodborne le pertenece a Fromsoftware, Warcraft y World of Warcraft le pertenece a Blizzard Entertainment, sin embargo esta historia me pertenece.

En el capítulo anterior:-

Zareth: Gracias Uther, pero solo descansaremos un poco, con eso es más que suficiente.

Duncan: Yo digo lo mismo.

Uther el iluminado: Jajá están llenos de energía muchachos.

Pero en ese momento, Uther se dio cuenta de algo en los viajeros, sus miradas….ya no eran tan vacías como cuando los conoció, eso le saco una pequeña sonrisa, al menos, tenía la esperanza que no sucumbieran como Arthas, aunque ya fallo una vez y eso lo perseguiría inclusive en la misma muerte.

Pero en realidad...eso estaba cerca de ocurrir.

Comienzo del capítulo 7: -

Después de lo dicho por el veterano paladín, se dio la vuelta, dirigiéndose hacia sus compañeros para seguir planeando los sucesos para el futuro.

No sin olvidarse de empezar a anotar en un pergamino una guía para el cazador y el ser de cenizas, con sus fortalezas y debilidades.

Tenía que asegurarse de ser específico para explotar el potencial de ambos guerreros, eran jóvenes y aún tenían un largo camino que recorrer.

El mismo Uther sabía que podían superarlo y si ambos lo hacían, no solo habría uno, sino dos faros de esperanza, pero en el fondo de su corazón, temía que alguno de ambos y en el peor de los casos, cayeran en la oscuridad, igual que su antiguo aprendiz.

Sacudió levemente la cabeza y siguió con su tarea con gran determinación, después de que enviara la carava, tenía que escoltar un cortejo fúnebre del Rey Terenas.

Y esperaba con todo corazón, no encontrarse a cierta persona.

Mientras tanto, Duncan y Zareth, a pesar de que sus heridas fueron curadas por la luz de Uther, el cansancio no se iba.

Por lo que se dirigieron a una posada para descansar y comer algo, sin mencionar que eran observados por todos de vez en cuando, algunos se atrevieron a hablarles para darles gracias.

Los viajeros no sabían responder a los halagos, simplemente un gracias salía de su boca.

Y así pasaron tres días, En el cual Uther envió varias caravanas para reabastecer a la vez que el ejército aliado atacaba a los muertos vivientes de la capital.

Mientras tanto, El mismo junto a un pequeño destacamento escoltarían la corte funeraria, Uther tenía entre sus manos una urna especial que tenía las cenizas del rey Terenas.

Jaina y los viajeros se estaban dirigiendo hacia el puerto, junto con el paladín Duque corazón de León con una gran cantidad de civiles, soldados y suministros.

(Punto de vista de Uther)

El paladín sostenía con fuerza la urna, a pesar de su aspecto tranquilo y decidido, aún seguía dolido por todo lo que estaba pasando.

De repente un soldado se dirigió a él con gran preocupación en su rostro.

Uther el iluminado: ¿Qué sucede soldado? ¿Has traído noticias de los refuerzos y de las caravanas?

Soldado: Así es Lord Uther…-Respirando pesadamente-, pero no son buenas noticias…., La caravana llego sano y a salvo a los distintos puntos, pero los refuerzos fueron aniquilados….., eran demasiados muertos vivientes.

Uther el iluminado: Maldición, no podemos pelear contra ellos en una batalla directa.

El paladín fue interrumpido por el mismo soldado ya que no había terminado de contar todo.

Soldado: No solo eso mi Lord, se acerca un gran ejercito de muertos vivientes, llegaran prontos a las afueras de Andorhal.

Uther el iluminado: ¡Maldición! No esperaba que llegaran tan pronto, mantengan posición, tenemos que mantenerlos distraídos para que no vayan a por el grupo de la señorita Valiente.

Soldado: Así será Lord Uther.

El soldado se marchó rápidamente con gran determinación, aunque pareciera que esta iba a ser su última lucha.

Uther el iluminado: Que la luz nos proteja a todos

(Punto de vista de Arthas)

El caballero de la muerte, acompañado de un pequeño ejército de muertos vivientes, se estaban acercando al cementerio que estaba ubicado a las afueras de Andorhal.

Su objetivo era recuperar el cadáver del nigromante que había matado en el pasado, Kel'Thuzad.

No esperaba tener dificultades, pero jamás se lo ocurrió que podían encontrarse con soldados con armaduras muy distintivas, guerreros experimentados.

Los paladines, lo que hizo abrir los ojos un poco al príncipe caído, pero esa sorpresa se desvaneció al instante y se puso en marcha

Los Campeones de la paz junto con Gavinrad el Terrible estaban preparados para recibir al Traidor.

Cuando Arthas se encontró frente a frente con Gavinrad el Terrible, todo el ambiente se tornó pesado y el primero en hablar fue el paladín.

Gavinrad el Terrible: ¡Arthas! ¡Detén esta locura antes de que sea demasiado tarde!

Arthas: Cuanto tiempo…..Gavinrad.

Gavinrad el Terrible: No lo suficiente… ¿Dónde está el martillo que te obsequiamos? El arma de un paladín, un símbolo de Honor.

En la mente de Arthas, recordó claramente que el había sido el que le entrego su martillo en la ceremonia al entrar en la orden, esos recuerdos le traían felicidad y nostalgia, por lo que hizo algo que nunca espero.

Arthas: Ahora tengo una arma mucho mejor….apártate hermano, he venido a buscar unos viejos huesos y por la orden a que pertenecimos, te perdonare la vida, solo….apártate.

La humanidad restante del príncipe, intentaba con todas sus fuerzas no asesinar al paladín, a pesar de que las voces le susurraban locamente para que devoraran su alma.

Pero todo eso quedo aun lado por un comentario que soltó Gavinrad.

Gavinrad el Terrible: No puedo creer que antes te llamábamos hermano, sabía que era un error aceptar un príncipe mimado en nuestra orden, haz puesto en ridículo a La Mano De Plata.

El príncipe levanto su cara y en sus ojos brillo el odio, su humanidad otra vez desapareció, ahora estaba el caballero de la muerte del Rey Lich en su lugar.

(Al mismo tiempo)

Jaina, Zareth y Duncan junto con casi el 95% de toda la población de Andorhal estaban ya a mitad de camino.

Por fortuna, el camino estaba despejado, por lo que podían relajarse y llegar seguros

Los soldados rodeaban a los civiles por cualquier situación, mientras que Jaina se ubicaba al frente para guiar y los viajeros estaban detrás de todos para asegurarse de que nadie se quede atrás.

A la vez que dialogaban entre ellos, aunque no hacían nada más que compartir relatos de peleas y estrategias, cosas irreales, etc….

De vez en cuando eran interrumpidos por algunas personas para conocerlos un poco, pero ambos daban respuestas cortas y sencillas gracias a su poca habilidad social.

No sabían que pasaría de ahora en adelante, pero si el profeta decía que en Kalimdor se podrían salvar, algo tendría que haber ahí para ayudarlos.

Ellos esperaban que más supervivientes se dirigieran a ese lugar, ya que ellos no estarían para protegerlos… ¿o sí?

Mientras tanto, la corte funeraria de Uther seguía avanzando como se tenía previsto, cerca de un gran campo.

El paladín veterano llevaba entre sus brazos una urna especial donde estaban las cenizas del Rey Terenas, el cual tenía un sello mágico

Paso un rato y Uther vio con leve sorpresa a los que estaban al frente.

Arthas y con un pequeño ejército de muertos vivientes, los cuales rodearon la corte funeraria, con claras intenciones asesinas.

El veterano paladín respiro pesadamente y de forma inmediata puso una mirada seria.

Uther el iluminado: No sabes cuánto he rezado para que no te entrometieras en este acto muchacho.

Ambos se estaban mirando con emociones diferentes, en el paladín era tristeza, furia y decepción, en el caballero de la muerte, orgullo y combinado con un poco de furia.

Arthas: Veo que aun te consideras un paladín a pesar de que disolví tu orden.

El caballero de la muerte dio una risa seca con notable burla a su instructor.

Uther el iluminado: Como si pudieras disolverla por capricho, yo solo respondo ante la luz al igual que lo hiciste tú hace tiempo.

Arthas: La luz…

El caballero de la muerte recordó como ese poder lo había ayudado mucho en el pasado y por unos momentos, bajo su espada pero la voz enloquecedora de la misma, volvió a activarlo.

Uther el iluminado: Tu padre gobernó esta tierra durante 70 años y tú la has reducido a cenizas en unos pocos días.

El caballero de la muerte agarro con fuerza su espada y miro con una diminuta vergüenza a su antiguo maestro.

Uther el iluminado: No podía creérmelo….cuando eras más joven y egoísta, lo justifique que solo eras un niño, cuando creciste y aun mantenías esa actitud, lo volví a hacer, pero en Stratholme….que la luz me perdone, incluso rezaba para que pudieras ver el error que habías cometido, nunca tuve el valor para enfrentarme al hijo de mi señor.

Arthas: Pero ahora lo harás… ¿No?

Uther el iluminado: La última promesa que le hice a mi amigo, tu padre, fue que trataría sus restos con respeto, a pesar de que su propio hijo lo haya asesinado.

Arthas: Morirás por la culpa de esa promesa Uther.

Uther el iluminado: Es posible, pero prefiero morir honrando esa promesa que vivir bajo tu control, me alegro que tu padre este muerto, me alegra que no tenga que ver en que se ha convertido su hijo.

El caballero de la muerte quedo congelado antes esas palabras y su mente se le lleno de recuerdos dolorosos sobre todo lo que estaba pasando.

El paladín veterano no desaprovechó la oportunidad y se abalanzo en contra su antiguo estudiante.

Uther el iluminado: ¡Por la luz y por el rey Terenas!

Arthas preparo su arma y dio comienzo la batalla que decidiría el destino de Lordaeron.

(En otro lugar)

Un cuervo pasaba a gran altura, justo sobre la gran cantidad de personas que iban hacia el puerto para tomar los barcos.

Era obvio quien era, ya que en su pico lleva un pequeño pergamino con una cinta roja.

Cuando llego al final de esa expedición, vio a los viajeros dialogando entre ellos, era la hora de lanzar el pergamino.

El profeta transformado soltó el pedazo de papel para que cayera justo en la cabeza cualquiera de los dos, serviría de cualquier forma.

A pesar de que sabía lo que sucedería, el apostaba que incluso aunque los cambios fueran mínimos, al ser mucho de ellos, se transformaría en uno grande.

Mientras que eso sucedía, el cazador y el ser de cenizas dialogaban sobre como seria Kalimdor o que secretos contendrían en ese lugar.

Pero su charla fue interrumpida por un pergamino pequeño que cayó sobre la cabeza de Duncan, lo que freno el avance de ambos para averiguar que era esa cosa.

Duncan alzo el pedazo de papel y noto que tenía una cinta roja para mantener doblado, sin esperar más lo abrió para ver su contenido.

Era un aviso importante al parecer, aunque no decía el nombre del que envió el mensaje.

Están progresando jóvenes guerreros, aunque no hayan hecho cambios importantes para el futuro, han salvado a mucha gente y espero que siga así.

Hay una ciudad más que tienen que intentar proteger, el hogar de los altos elfos, Quel`Thalas.

Esta es la última ayuda que puedo ofrecerles por el momento, pero nos volveremos a encontrar.

Al terminar el pergamino, ambos viajeros se miraron entre sí, no sabían nada de Quel`Thalas por lo que tendrían que consultarle eso a Jaina y al parecer aun no podían ir a Kalimdor, al menos por ahora.

A paso rápido, se dirigieron con la archimaga para sacar sus dudas sobre esa ciudad.

(Mientras tanto)

En el enfrentamiento de maestro y alumno, el combate tomo un giro inesperado.

Uther con mucho esfuerzo logro derribar a su estudiante y con su luz logro abrir una brecha entre los muertos vivientes para que algunos de sus soldados que lo acompañaban escaparan para avisarle a Jaina sobre lo sucedido.

Arthas estaba de rodilla y a su lado estaba la Frostmourne clavada en la tierra, la armadura que portaba estaba en la zona del pecho estaba hecho pedazos.

En cambio, el paladín veterano estaba solo a dos pasos de Arthas, con notables heridas pero estaba de pie con su martillo en manos.

Alzo su martillo lo más alto posible, listo para terminar esto de una vez por todas.

Uther el iluminado: Espero de todo corazón que en el infierno haya un lugar especial reservado para ti Arthas.

El paladín estaba por dar el golpe final, pero una voz muy familiar llego a sus oídos.

Arthas: Lord Uther….

Uther abrió los ojos, en vez de estar viendo al caballero de la muerte, al frente suyo estaba su estudiante con su armadura de paladín brillante.

Y al lado suyo en vez de estar la Frostmourne, estaba su martillo que lo hacía fácilmente reconocible ante todos como un guerrero de la luz.

Su cabello blanco hueso ya no estaba, solo era un color rubio vivo y cuando Arthas levanto los ojos y estos eran de color azul.

El paladín veterano empezó a temblar de gran manera, a la vez que las lágrimas escapaban de sus ojos.

Un recuerdo reciente le llego a la cabeza, el momento en donde estaban por invadir la base orca cerca de la montaña.

(Flashback)

Uther el iluminado: Recuerda Arthas que somos paladines, la venganza no puede formar parte de nuestros deberes, si dejamos que nuestras pasiones nos conviertan en seres sedientos de sangre, seremos tan viles como los orcos.

Arthas: Si...Uther.

(Fin Flashback)

Cuando el paladín volvió en sí, no logro reaccionar a tiempo y vio como una espada le atravesaba el pecho.

Arthas: Quizás nunca lo sepamos Uther…..planeo vivir eternamente.

Uther dio un fuerte grito desgarrador a la vez que su alma era arrancada de su cuerpo.

Una luz salió del paladín y esta se dividía en dos, una fue absorbida por la Frostmourne, la otra se dirigió a quien sabe dónde…

Arthas: ¡Con esto, Lordaeron es nuestro!

Con el pie, empujo el cuerpo sin vida de su antiguo maestro para sacar su espada, escuchándose un golpe seco en el lugar.

El caballero de la muerte se acercó al lugar donde Uther dejo la urna, la alzo y la contemplo con un poco de detenimiento, pasaron varios segundos como si estuviera congelado.

Pero reacciono, rompió el sello y tiro al aire las cenizas de su padre.

Ordeno a un acolito que pusiera los restos del nigromante dentro de la urna, los cuales que recuperaron tras haber asesinado a Gavinrad el Terrible.

Todo fue igual, Tichondrius le menciono a Arthas que ya estaba listo partir pero le dio una advertencia, que tenga cuidado con sus dos antiguos soldados, podrían causarles problemas en la búsqueda del pozo del sol.

Con eso dicho el Nathrezim se retiró, dejando solo a Arthas y al nigromante fantasma.

Arthas empezó a dialogar con Kel`Thuzad sobre los carceleros del rey Lich.

Si alguien veía al príncipe caído hablar solo, pensarían que estaba alucinando y le faltaban varios jugadores en la cabeza, pero la realidad, es que alguien lo estaba acompañando y solo él lo sabía.

Kel'Thuzad (Fantasma): Eso antiguos soldados tuyos fueron los que interfirieron en mis planes, aunque desconozco sus poderes ya que jamás los he vistos en mis años de estudio.

Arthas: ¿Les tienes miedo nigromante? Para que lo sepas yo puedo vencerlos

Kel'Thuzad (Fantasma): No, solo nos retrasaran, la llegada de la legión es inevitable…aunque podrían servirnos más adelante.

El príncipe caído asintió con la cabeza y se dispuso a prepararse para darle una pequeña visita al hogar de los altos elfos.

(En algún lugar del vacío abisal en la ciudadela del señor del terror)

Tichondrius convoco a dos señores del terror, Anetheron y Mephistroth para discutir el avance de la plaga.

Anetheron: ¿Va todo como estaba previsto Tichondrius? Lord Archimonde exige un informe sobre la plaga.

Tichondrius: El joven caballero de la muerte del Rey Lich lo está haciendo bien….casi demasiado, empiezo a preguntarme si Ner'zhul tiene planes ocultos para su nuevo…campeón.

Mephistroth: A la larga, el humano no importa, Ner'zhul no se atrevería a sabotear nuestros esfuerzos ahora.

Anetheron: Lo único que debería importarnos es que la Plaga cumpla el objetivo para el que se creó. ¡Archimonde nos cortará la cabeza si perdemos el control de la situación!

Tichondrius: Créeme hermano. ¡Ni el Rey Lich y sus lacayos muertos vivientes, pondrán en peligro el regreso de la legión! Pero capaz que tenga que intervenir en cierto momento.

Mephistroth: ¿A qué te refieres Tichondrius? ¿Acaso que hay algo que pueda intervenir en nuestros planes?

Tichondrius: Si, dos humanos los cuales son un poco más débiles que el caballero de la muerte, si ambos se unieran en contra del campeón del Rey Lich, cabe la posibilidad que lo eliminen.

Anetheron: Entonces interviene, el humano no me interesa, pero lo necesitamos vivo hasta que la legión llegue a su mundo.

Tichondrius: Eso hare, al menos hasta que cumplan el objetivo que se les dio.

Anetheron: Encárgate de que así sea, si cabe la mínima posibilidad de que fracasemos, Lord Archimonde le encantara vernos reducidos a cenizas.

Los señores del terror se marcharon del lugar, no sin antes de que Tichondrius asesinara a un acolito y devorara su alma.

(Con los viajeros y la expedición)

Todos se detuvieron ya que vieron como sus líderes empezaron a hablar seriamente sobre un tema en específico, eso rápidamente se empezó a esparcir entre todos los presentes, junto con lo que lograban escuchar.

Duncan y Zareth ya habían discutido con Jaina sobre Quel'thalas, sabiendo cosas básicas, como la raza y ubicación, Ella acepto de inmediato ya que le dijeron que la carta era del profeta.

Prepararon dos bolsos grandes para cada uno, en los cuales estaban los modificadores de sus armas, junto con un mapa y lo demás eran suministros con un par de pociones.

Jaina dijo que prepararía a todos para partir en el puerto, por lo que dejaría unos cuantos barcos para ellos en caso de volver, ella marco en el mapa que tenía en los viajeros el punto donde se encontraba el puerto.

Ambos estaban por partir inmediatamente ya que tardarían varios días llegar en pie hasta las fronteras de le la ciudad capital.

Pero una voz detuvo a los viajeros y vieron a sus espaldas a 300 soldados de varias razas.

Humanos, enanos y altos elfos, los cuales habían formado parte de la primera legión que se dirigió a Kalimdor y algunos de los defensores de Lordaeron.

Un soldado raso dio paso delante de entre todos y elevo la voz para que todos escucharan.

Soldado: Si nos lo permiten héroes, muchos de nosotros les debemos la vida y algunos de nuestros familiares fueron salvados por ustedes, por favor, permítanos seguirlos hasta el final.

Duncan y Zareth se miraron entre sí, repitieron en voz baja la palabra "Héroes", voltearon nuevamente ante los 300 y vieron que ellos estaban muy decididos.

Por lo que, por primera vez en mucho tiempo, ambos viajeros elevan la voz para que sean escuchados, aunque a ellos les incomoda un poco.

Zareth: ¿Están seguros? Saben que a donde vamos pueden llegar a morir.

Todos asintieron y dijeron si al mismo tiempo con gran determinación.

Soldado: Entrenamos toda la vida para estos momentos, para proteger a la gente y estamos dispuestos a dar nuestras vidas por la de ellos.

Duncan: Esta bien, pueden seguirnos, pero….con todas sus fuerzas, intenten no morir.

Nuevamente dijeron si en perfecta sincronización y los viajeros no hablaron esta vez.

Los viajaron se voltearon y empezaron a caminar hacia el hogar de los Altos Elfos, pero a sus espaldas los 300 soldados los seguían y todos tenían bolsos con los suministros necesarios para varios días.

El tiempo paso, en total casi 6 días desde la muerte de Lord Uther y en el cual los viajeros con los 300 soldados partieron hacia Quel'thalas, de la misma manera que Arthas.

(En las fronteras arboladas de Quel'thalas)

Zareth y Duncan junto con sus hombres llegaron a las fronteras y vieron que era un paisaje hermoso, pero no sabían que desde que entraron al bosque eran vigilados con vista de águila.

Al avanzar un poco más, vieron a lo lejos un pequeño poblado y lo más destacado eran las arquitecturas de los edificios, los cuales eran muy diferentes a lo visto en Lordaeron.

Siguieron avanzando admirando el paisaje, pero una flecha cayo al frente de todos, deteniendo el avance de golpe.

Donde múltiples guardabosques salieron de los árboles y les rodearon, apuntándoles con sus arcos y flechas, mientras que algunos tenían espadas listas para saltar en contra de ellos.

Alta elfa arquera: ¡¿Cuáles son sus intenciones humanos?!

Los viajeros y sus tropas se detuvieron y miraron sin miedo a los elfos, segundos después, el cazador se dirigió a la elfa para contestar su pregunta.

Duncan: Venimos a apoyarlos y alertarlos sobre una amenaza que se dirige hacia aquí.

Los guardabosques se miraron entre si y una de ellas se retiró rápidamente del lugar.

No paso más de un minuto y todos bajaron las armas al ver compañeros altos elfos con ellos, Los guardabosques les dijeron a los viajeros que los siguieran.

Pasaron 30 minutos y llegaron cerca de la primera puerta, pasando varias aldeas y viendo muchos aldeanos con sus familias, soldados, edificios únicos, etc….

Ellos vieron a lo lejos a un gran número de guarda bosques, pero una de ellas destacaba más.

Alta elfa Arquera: Ellos son los sujetos Lady Sylvanas.

Los viajeros se acercaron ya que por lo visto, ella era jefa del lugar por su vestimenta y gran arco.

Sylvanas: Soy Sylvanas Brisaveloz, General forestal de Lunargenta. ¿Pueden repetir lo que le dijeron a mis guardabosques?

La voz de esta Elfa era de alguien que imponía respeto y denotaba una gran calma.

Duncan: Como dije, venimos a apoyarlos y a avisarles que una amenaza se aproxima a esta ciudad dentro de poco.

Sylvanas: Ya veo, escuche de la caída de Lordaeron y supongo que de ahí vienen, mi más sentido pésame, a pesar de no estar más en la alianza, en el pasado trabajamos juntos.

La general forestal se dio la vuelta y ordeno a muchos de sus exploradores que estuvieran atentos ante cualquier anomalía en el lugar.

Nuevamente se dio la vuelta y se dirigió a los viajeros.

Sylvanas: Si ustedes están a cargo, necesito que me acompañen, sus tropas pueden descansar.

Ella llamo a una de arquera y le dijo que guiaran a los 300 a un lugar para que puedan descansar, mientras que Duncan y Zareth siguieron a la General forestal.

Empezando a caminar por los bosques del lugar, lo cual tenía una gran belleza.

Sylvanas: Me gustaría preguntarles…. ¿Cómo saben que este lugar será atacado en poco tiempo?

Zareth: Es complicado señorita Sylvanas….solo estamos seguro que eso pasara.

Duncan: Aunque sabemos que pueden llegar a ser los mismos que destruyeron Lordaeron, los muertos vivientes que dirige Arthas.

La general forestal se detuvo de golpe al escuchar eso, pero segundos después siguió avanzando como si nada.

Sylvanas: El príncipe caído….ellos no lograran nada, no solo tenemos a grandes guerreros, si no que si aunque logren pasar la primera puerta, es imposible que pasen la segunda gracias a los encantamientos que tiene.

Duncan: No hay que confiarse, Arthas es muy inteligente.

Sylvanas: Por cierto, ¿Cuáles son sus nombres?

Los viajeros se miraron y varios segundos después respondieron por esa pregunta.

Cazador: Mi nombre es Duncan.

Ser de cenizas: Y el mío es Zareth.

Pasaron 2 horas en las que los viajeros y Sylvanas intercambiaron información.

Ella les pregunto de dónde venían, ya que no reconocía las armas y armadura que ambos portaban, por lo que mintieron y dijeron que venían de un lugar muy lejano.

Sylvanas al ser una elfa muy experimentada, reconoció la mentira de ambos por muy poco, por lo que intento evadir el tema del pasado de ellos por lo incomodo que se ponían.

De paso les conto un poco de la cultura de los elfos ya que apenas sabía que eran elfos, como el pozo de sol, el arte de la caza y la magia, junto con el valor especial que significan los bosques para los Quel'dorei.

En la mente de Duncan, no tenía ni un poco de parecido a su "caza" por lo que se sorprendió más que Zareth.

Sylvanas se impresiono un poco al ver el escaso conocimiento que tienen sobre ellos, como si nunca en la vida hubieran escuchado sobre ellos, lo que le pareció sospechoso.

Ella tenía muchas cosas por hacer por lo que dejo a una de sus guardabosques a cargo de los viajeros.

La general sabía que algo raro estaba pasando, su raza abandono la alianza hace tiempo por lo que no esperaban ningún apoyo, los dos líderes parecían humanos de otra parte del mundo.

No tenían armaduras de la alianza y las armas tenían detalles únicos, pero los 300 soldados que los acompañaban si lo eran.

Saco una conclusión rápida y era que esos soldados los seguían a ambos por una razón que ella desconocía.

No sentía hostilidad en ellos, pero que vengan a darle una advertencia sobre los muertos vivientes era algo que no se tenía que tomar a la ligera.

Ella misma saldría a tomar cartas en el asunto.

Mientras que Duncan y Zareth estaban siendo guiados hasta una posada donde estaban sus tropas, pero algunos elfos los miraban con desconfianza, pero a ellos no les importo.

Cuando estuvieron cerca, casi todos los soldados levantaron las manos en forma de saludo a los viajeros, a lo que ellos respondieron de igual forma.

Paso un par de horas en donde el sol en un rato empezaría a bajar y los 300 soldados estaban organizando nuevamente sus cosas acompañados de los viajeros afuera de la posada.

Los viajeros estaban sentados dentro de la taberna con sus respectivos trajes con sus cascos en mano.

Mientras que los soldados tomaban bebidas ligeras para pasar el tiempo, pero los viajeros estaban concentrados en su mente, no tuvieron tiempo para revisar su avance desde que llegaron a Lordaeron.

(Zareth) (Portador del fuego)

Puntos de almas: 4321 P.A

Nivel de Llamas: 2 Siguiente nivel: 12000 P.A

Velocidad: 20+54 Resistencia: 24+58

Fuerza: 31+73 Magia: 21+56 Habilidad: 16+59

Técnicas:

Espada brillante de Farron de fuego (Nivel 1) + Vestigios de lecho del caos (Nivel 1)

= Cortes de fuego del caos (Nivel 1)

(Duncan) (Cazador Lunar)

Puntos de sangre: 3967 P.S

Nivel Lunar: 2 Siguiente nivel: 10000 P.S

Velocidad: 27+60 Resistencia: 21+54 Fuerza: 26+68

Habilidad: 14+64 Magia: 18+69

Técnicas:

Arma de rayos (Nivel 2)

Despliegue sanguinario (Nivel 2)

30 metros máximos, es capaz de atravesar objetos.

Extensión lunar (Nivel 1)

Ambos sabían que se estaban volviendo fuertes pero tenían que hacerlo más rápido, si se comparaban con Arthas ahora mismo, estaban igualados.

Pero una gran ventaja del caballero de la muerte, es que no se cansa, al igual que sus vasallos y al comenzar la pelea, no podrían pelear al máximo más de unos 3 minutos.

El descanso de todos termino de forma abrupta por un elfo que venía notablemente cansado, posiblemente por estar corriendo con todo lo que tenía.

Alta elfo guerrero: ¡Atención! ¡Sylvanas necesita de su presencia ahora mismo!

Los viajeros se quedaron levemente confusos, pero asintieron y miraron a sus tropas, viendo que ellos también estaban listos.

El cazador hizo un gesto con la mano y todos empezaron a seguir a los viajeros junto al elfo que los guiaba a paso rápido.

Tardaron varios minutos y vieron a lo lejos a Sylvanas junto con una gran cantidad de guardabosques, pero al frente de ellos había alguien herido y bastante asustado.

Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, la general forestal le pidió a su explorador que repitiera todo.

Sylvanas: Repite de nuevo Kelmarin pero intenta calmarte.

Kelmarin: ¡El azote se está acercando mi general! ¡Los muertos se levantan para seguir luchando! ¡Grandes abominaciones, arañas y máquinas de asedio se acercan!

Todos se miraron entre si y empezaron a susurrar, nuevamente la general intento tranquilizarlo y soltó las siguientes palabras.

Sylvanas: Somos los Quel'dorei, no entraran jamás, para eso tendrían que romper los encantamientos que protegen Quel'Thalas, enemigos más inteligentes ya han intentado derrotarnos y sin embargo fracasaron.

La general forestal ordeno que un grupo de guardabosques se prepararan para ir a la entrada del bosque donde estaban los muertos vivientes junto a Arthas.

Zareth y Duncan decidieron dividir las tropas que tenían a la mitad, el cazador iría con Sylvanas, mientras que Zareth se dirigiría a las aldeas más cercanas para preparar una posible evacuación.

Y como desconocían el lugar, un par de elfos se ofrecieron a guiarlos.

Mientras tanto, los carros de despojos del Azote empezaron a destrozar los arboles de paso que dejaba la tierra muerta por donde pasaban, su objetivo era el pozo de sol de los altos elfos.

El príncipe caído recién había terminado de interrogar a un elfo que había capturado, aunque no consiguió mucha información de este, por lo que fue rápidamente asesinado y levantado como un muerto viviente más.

Pero para fortuna de Arthas, alguien se dirigió a él, con la oferta de traicionar a su propia raza a cambio de algo, por lo que el príncipe caído acepto.

Rápidamente con su ejército empezó a asolar las primeras aldeas elficas, los defensores intentaron detenerlos pero fueron asesinados y posteriormente revividos, pero eso le dio tiempo a que el 70% de los civiles de ese lugar escaparan a una parte más interna del lugar.

Pasaron varios minutos y una arquera en la cual se notaba un terror absoluto, huía sin descanso de toda una gran oleada de muertos vivientes.

Un necrófago salto sobre la guarda bosques ya la derribo y estaba a nada de despedazarla, pero una flecha le impacto en la cabeza, dejando nuevamente sin vida al necrófago.

Una pequeña lluvia de flechas freno el avance de la oleada de muertos vivientes, a lo que Arthas hizo acto de presencia para ver lo ocurrido.

Montado sobre su corcel muerto viviente dio una sonrisa torcida, el caballero de la muerte vio a una mujer que ya se hacia la idea de quien era.

La general forestal ordeno a su grupo que se mezclaran entre los árboles y que se prepararan para disparar, mientras que los elfos cuerpo a cuerpo los cubrirían.

En cambio, ella salió de entre los árboles y se dirigió en voz alta al príncipe caído.

Sylvanas: No son bienvenidos aquí, soy Sylvanas Brisaveloz, general forestal de Lunargenta, les aconsejo que se den la vuelta y no pisen estas tierras nunca más.

El caballero de la muerte le apunto con su espada a la elfa y sin miedo contrataco esas palabras.

Arthas: Los que deben darse la vuelta son ustedes Sylvanas, la muerte ha venido a reclamar la casa de los Altos elfos.

Sylvanas: Inténtalo con todas tus fuerzas, la puerta elfa al reino interior está protegida por nuestros encantamientos más poderosos, no lograran pasar jamás.

Rápidamente dio la orden que todos atacaran y las flechas no se hicieron esperar y los guerreros elficos empezaron a cortar a diestra y siniestra a esqueletos, zombies y necrófagos.

Parecía que ese gran grupo de guardabosques podrían contener al Azote, pero Arthas tenía sus cartas de triunfos.

Desde la copa de los árboles, muchos demonios de la cripta que se escondían en ellas, saltaron y empezaron a destrozar a las arquera, disparándole telaraña para que no se pudieran mover, siendo presas fáciles.

Sylvanas vio horrorizada esto, pero rápidamente recupero el control y empezó disparar a los demonios de la cripta, apuntando a sus ojos con el objetivo de matarlos de una sola flecha.

Mientras que eso sucedía, a la vez se desplegaron múltiples abominaciones para combatir a los elfos cuerpo a cuerpo.

Estas con su gran tamaño, resistencia y el gancho, fácilmente mutilaban a los elfos y a pesar de recibir múltiples ataques, seguían peleando.

De forma rápida la balanza se inclinó a favor de los muertos vivientes, los elfos eran muy letales y agiles, pero había un principal problema, cada vez que mataban a un muerto viviente, uno de ellos era resucitado para el azote.

Sin contar a los demonios de la cripta y abominaciones, pero curiosamente ningún caballero de la muerte estaba en el lugar con excepción de Arthas.

Este solo miraba tranquilo toda la situación, de vez en cuando con su espada bloqueaba una flecha que se dirigía hacia él y esto solo lo hizo sonreír, ya que esos ataquen eran de pura desesperación.

De forma inesperada en unos de los costados de la batalla, empezaron a caer muertos vivientes de forma rápida, a lo que Arthas no entendía la razón.

Y para su sorpresa, eran guerreros humanos de Lordaeron mezclados con otras razas, como enanos y altos elfos.

Los fusileros empezaron a llegar de balas a los demonios de la cripta, dejándoles vía libre a las arqueras para disparar.

Algunas hechiceras ralentizaban a las abominaciones para que todos los soldados intentaran despedazarlas de forma rápida.

Arthas: ¿De dónde han salido? Pensé que huirían como cobardes después de lo sucedido.

Al mirar mejor esa parte de la batalla, noto una capa azul oscura que se movía con gran rapidez, al caballero de la muerte le costó unos segundos reconocerlo y cuando lo hizo dio una sonrisa falsa.

Arthas (En su mente): Vaya… vaya….Duncan, no pensé que estarías aquí, me pregunto donde estará Zareth, por lo general casi siempre están juntos en estas cosas.

Otra vez miro al cazador que estaba matando muertos vivientes con facilidad, lo que levantaba la moral enormemente, y tras pasar varios segundos este se detuvo abruptamente, lo que intrigo a Arthas.

Y noto como este lo miraba, ambos no estaban lejos lo que fue un martillazo en la cabeza del príncipe caído, al darse cuenta, de forma rápida levanto la Frostmourne en forma horizontal.

En ese instante bloqueo la cuchilla de Duncan que iba a cortar a Arthas de forma vertical, el cazador había usado su despliegue mejorado, apareciendo casi de forma instantánea arriba de Arthas.

Arthas: Ya me conozco tus trucos Duncan, eso ya no te servirá en mí contra jejeje…. -Sonriendo orgullosamente-

Intento contra atacar moviendo rápidamente la Frostmourne en forma de una estocada, pero para su sorpresa, el cazador lo esquivo en el aire usando su cuchilla como impulso apoyado en el caballo de Arthas.

Cayendo rodando al suelo y nuevamente abalanzándose para seguir combatiendo, Arthas hizo lo mismo, pero sabiendo las capacidades de sus antiguos soldados, rápidamente se bajó de su caballo y ataco con todo lo que tenía.

Los 150 soldados rápidamente con la ayuda de los guardabosques, empezaron a matar a los muertos vivientes con gran rapidez.

Uno de los soldados se acercó a Sylvanas, dándole un mensaje de su líder.

Soldado: Señorita Sylvanas, el jefe nos ordenó a atacar para que usted ordene la retirada, el no podrá contener a Arthas por mucho tiempo y muchos muertos vivientes más se acercan.

Ella pensó detenidamente y volteo a ver al cazador que estaba combatiendo contra el caballero de la muerte, lo que le sorprendió un poco la velocidad que ambos usaban al pelear.

Sylvanas: ¡Maldición, está bien!

Ella se paró firme y dio la orden de retirada, a lo que todos aceptaron sin rechistar.

(Mientras tanto)

Zareth junto con sus soldados y otro grupo de guardabosques, empezaron la evacuación de las aldeas más cercanas a donde se avistaron a los muertos vivientes.

Muchos de los elfos que habitaban en ese lugar no entendían por qué se causaba este alboroto, pero escucharon de todas formas, inclusive a los que les parecía extraños ya que venían con grupos de guardabosques.

Zareth con su espada desenfundaba, daba las órdenes con la voz más alta que podía, aunque seguramente después le costaría un poco su garganta.

Y la mitad de los soldados que lo acompañaban asentían con determinación, intentando realizar tarea lo mejor posible.

Faltaban varias aldeas, muchos dudaban de poder evacuar todas a tiempo.

(Con Duncan)

El cazador retrocedió un par de metros al bloquear un potente ataque de Arthas y si lo veías con detenimiento, su capa azul noche estaba levemente manchada con su sangre.

El sudor se le notaba en la cara y de las heridas que tenía en el cuerpo la sangre goteaba, todo parecía una clara derrota del cazador, pero….

Viendo al caballero de la muerte, este tenía su armadura en su lugar, pero estaba llena de cortes y en la mejilla de derecha tenía un noble corte desde el labio hasta su oreja.

Sin mencionar que tenía heridas en su espalda acompañada con una clara expresión de dolor.

Arthas: Te has hecho más fuerte…. Duncan, me sorprende que pudieras herirme, pero lastimosamente para ti, yo no me canso y tú en poco tiempo caerás si sigues luchando.

Duncan: Lose Arthas….pero matarte era mi segundo objetivo.

El príncipe quedo levemente confundido pero rápidamente volteo y vio que todos habían escapado, solo quedando sus muertos vivientes, él y el cazador.

Duncan: Nos veremos pronto….Arthas, algún día te liberaremos de tu tormento.

El cazador empezó a usar su despliegue múltiples veces, alejándose de todo ese desastre rápidamente y alcanzo a sus soldados junto con Sylvanas y su grupo diezmado.

Todos se sorprendieron levemente ante su repentina aparición y este cayó al suelo por el gasto de energía de golpe.

Pero rápidamente un par de sacerdotes elfos que pertenecían a su grupo se dirigieron a él con pócimas de salud y mana.

Muchos elfos fueron asesinados en este choque, pero por fortuna, la mitad había sobrevivido gracias a los soldados que acompañaban a Duncan.

El cazador después de recibir las pociones se levantó con un poco de dificulta, seguidamente se dirigió a Sylvanas que estaba notablemente enojada.

Duncan: No podremos matarlos de esta forma, son demasiado para una lucha frontal.

Sylvanas: Lo se humano, ya tengo una idea para hacerles frente.

(Con Arthas)

Estaba un poco molesto después de que su antiguo soldado escapara, pero no le dio importancia, hasta que escucho una voz susurrándole nuevamente.

Kel'Thuzad: Tienes que tener más cuidado caballero de la muerte, si te hubieras confiando solo un poco, podrías haber muerto.

Arthas: Admito que me sorprendió, no pensé que mejorarían en tan poco tiempo, aunque será un problema si los dos me atacan al mismo tiempo.

Kel'Thuzad: Recuerda que mientras enemigos mates, mas fuertes te harás y nuestro ejército crecerá.

El príncipe caído esta vez no contesto, mas solo dio una orden a sus muertos vivientes, los dividió en tres grupos que arrasarían hasta llegar a la primera puerta.

Pero en esos dos grupos aparte del suyo, estarían respaldados por caballeros de la muerte.

(Con Zareth)

Este último con su grupo y el de los altos elfos lograron ya evacuar una aldea entera, pero faltaban varias más y no sabían si llegarían a tiempo.

De forma rápida, una elfa le comunico que el grupo que salió a confrontar a Arthas había vuelto, por lo que el ser de cenizas se dirigió a su dirección de forma rápida con la ayuda de la alta elfa.

Por suerte no se encontraron con ningún muerto viviente, por lo que significa que el asedio a un no empezó.

(Punto de vista general)

Cuando Zareth llego con los demás, vio como la mitad de la tropa que los acompañaba estaban heridos (Los de combate cuerpo a cuerpo) y que todos los elfos que habían acompañado a Sylvanas fueron reducidos a la mitad.

Sylvanas: Al fin llegas, tengo un plan y necesito que me escuchen.

Los viajeros se acercaron y ella les señalo en un mapa las múltiples aldeas que estaban en las afueras de la primera puerta.

Sylvanas: Necesito que ustedes dos junto con sus tropas evacuen la mayor cantidad de civiles y los envíen al interior de la primera puerta, ese gran ejercito de muertos vivientes…no podremos ganar de forma rápida.

La general forestal le dijo que ella atacaría a los muertos vivientes en pequeñas escaramuzas para reducir su número, por lo que ira en pequeños batallones.

Duncan y Zareth se dirigieron a los soldados que lo seguían, avisándoles que sus nuevas órdenes eran de intentar de salvar y proteger a la mayor cantidad de Altos elfos que pudieran.

Todos asintieron energéticamente y nuevamente se prepararon, dos fuerzas colisionarían, el Azote de los muertos vivientes contra un pequeño grupo dirigido por dos guerreros poderosos y las fuerzas de Quel'Thalas.

Esta última tenía varias facciones, Los errantes, los defensores elficos, el ejército de Lunargenta y el cuerpo de guadabosques elficos.

La batalla empezó….

Rápidamente Sylvanas empezó las escaramuzas contra los muertos vivientes y mientras eso sucedía, Los viajeros y sus tropas se dividieron en dos grupos para ayudar a todas las aldeas que podían.

En las escaramuzas organizas por Sylvanas era muy efectivas, los muertos vivientes caían antes sus flechas y magia, pero había un problema.

El ejército del Azote parecía infinito y algunos muertos vivientes se escondían en la copa de los arboles como si fueran arañas y los arqueros altos elfos fueran insectos atrapados en su tela de araña.

Mas en otros lados, los Errantes igualmente contratacaban a los muertos vivientes, pero seguían con el mismo problema y para el colmo, los caballeros de la muerte no lo hacían nada fácil.

Un ejemplo claro, es que el caballero de la muerte Tassarian, uno de los más fuertes, masacro un gran número de Altos elfos y uno de ellos fue levantado como un caballero de la muerte, su nombre era KolTira.

También los viajeros se encontraban en las aldeas y evacuaban los más rápido que podían, ya que hay muchas aldeas en la lejanía y el mensaje de alerta no llegaría a tiempo.

Pero no estaban solos, ya que algunos guardabosques los acompañaban para que los civiles les creyeran porque eran de otra raza.

Todos los civiles se aseguraban de tomar las cosas más valiosas y rápidamente se dirigían al interior de la primera puerta.

(Con Sylvanas)

Estaba arriba de un árbol con muchas de sus guardabosques y disparaban sus flechas y alguna eran cubiertas de magia.

Los blancos más fáciles eran los necrófagos y esqueletos, pero los más difíciles eran las abominaciones junto con los demonios de la cripta, el primero por su resistencia y el segundo por la gran agilidad que poseían.

Sylvanas: ¡Sigan disparando!

Soltó la flecha y se incrusto en la cabeza de un necrófago, cayendo muerto por segunda vez.

Arquera: ¡Si mi seño…!

Un proyectil de gran tamaño impacto a la arquera, matándola al instante y derribando el árbol.

Eran los carros de despojos que lanzaban una bola de cadáveres y en algunos casos, los soltaban para ser reanimados para la pelea.

La general forestal ataco con una notable ira y esa ira se fue en segundos ya que vio como sus tropas estaban cayendo para posteriormente ser levantados como muertos vivientes.

Sylvanas: ¡Desgraciados!

Al terminar de decir eso, un demonio de la cripta la intercepto desde arriba e intento morderla con su gran boca, pero la general usos sus dos cuchillas y abrió el estómago de la criatura.

Se levantó toda cubierta de sangre y con una orden clara.

Sylvanas: ¡Retirada! -Levemente temblando debido a lo visto-

(Con Arthas)

El caballero de la muerte se encontraba en una colina a la vez que veía a su ejército avanzar y destruir todo a su paso!.

Arthas: En menos de 2 horas llegaremos a la primera puerta nigromante.

Kel'Thuzad: Si….falta poco para mi renacimiento y para después hablarte de los señores de terror.

El príncipe caído asintió y nuevamente se dirijo al frente de su ejército.

(Con los viajeros)

Ambos al mismo tiempo habían terminado de evacuar una aldea, pero un elfo se dirigía hacia ellos corriendo.

Como si compartieran una sola mente, recibieron el mensaje que…para mala fortuna eran malas noticias.

Ambos mensajeros dijeron al unísono.

Los muertos vivientes han llegado a las aldeas más lejanas, está siendo una masacre a pesar de los defensores y peor aún, están siendo reanimados como esclavos del Azote.

Zareth y Duncan apretaron sus armas con notable fuerza, pero ordenaron que había que actuar más rápido o más vidas se perderían este día.

Fin del capítulo 7: -