Invierno I

Primera parte de Invierno. Ha salido tan largo que no queda más remedio que hacerlo en dos.

Sasusaku y Kankusaku, y sobre todo Ino poniéndose en modo conmiamiganotemetas en este capítulo y un poquito de angst con Sakura y Sasuke, juntos y por separado.

Este fic tiene una estructura narrativa de escenas que alternan eventos en Konoha y Suna, y siguen varios POV, aunque en general son los de Sakura y Sasuke.

Where I stood (Konoha, 1 año antes)
- Home is where your heart is set to stone (Suna)
- 13 de febrero o el día en que Ino Yamanaka dijo basta. (Konoha)
- El equipo 16 (Suna)
- Monstruos de papel (Konoha, 4 años antes)


Where I stood

Konoha, 1 año antes.

El instante en que renunció a su amor por Sasuke, Sakura se acuerda perfectamente, nevaba sobre Konoha y acababa de amanecer. Era 1 de enero y con las luces del alba casi todos los shinobis, algunos más borrachos que otros, abandonaban de la fiesta de fin de año que habían organizado jounin y ANBU de rangos superiores. Había sido un evento fantástico, con música rock, alcohol a raudales, camareros con pajaritas doradas y entremeses de hojaldre. El tipo de fiesta de la que se hablaría durante generaciones, exagerando eventos y construyendo una mitología propia (¿Eh, te acuerdas de la fiesta de Nochevieja que organizaron Shisui y Genma? ¡Fue épica y Kiba besó a una cabra !). Una fiesta que había empezado en algún momento de la tarde plomiza del día 31 y había terminado a la mañana siguiente, con el suelo de la ciudad cubierto por un manto blanco. Al salir, los más audaces se atrevían a tirarse bolas mientras intentaban mantener el equilibrio y los más prudentes les miraban rezando para que nadie se partiera un hueso.

- ¡¿Sakura chan, te acompaño a casa?!

Naruto entraría en el grupo de los valientes de estar menos ebrio, y Hinata le mira con cierto temor porque apenas puede tenerse en pie sin dar vueltas sobre sí mismo.

- Creo que esta vez, Naruto, eres tú el que necesita que le lleven hasta la puerta de casa. Incluso a la cama, diría yo. - Mira a Hinata, que le tiene sujeto por un brazo para que no caiga y se ha puesto escarlata. - Yo puedo ir caminando soo, ¡no te preocupes! ¡Feliz año a los dos!

- ¡Feliz año, Sakura! ¡Ten cuidado con el hielo!

-¡Feliz año, Sakura-chan!

Ese primer día, Konoha parece una ciudad en una bola de cristal, inmaculada y silenciosa, y contra las nubes preñadas de copos el humo de las calefacciones dibuja en el aire volutas y castillos. Sakura avanza pisando la nieve, envuelta en la lana roja de la bufanda, con las mejillas sonrosadas por el aire frío, y se pregunta si desde al monte de los Hokage tendrá una buena vista sobre la ciudad y si merece la pena la caminata hasta ahí a las 6 de la mañana sin apenas dormir. No tiene sueño y no quiere encerrarse en la soledad de su apartamento.

Tuerce a la derecha y se adentra en la ciudad, oyendo como poco a poco se abren los puestos y las tiendas. Se cruza con algún borracho que hace zigzags en la calle, y cuando se acerca a zona comercial, el olor de pan recién hecho la llena de una calidez que anida en sus huesos. La Konoha que se despierta es la favorita de Sakura porque le hace pensar en los desayunos con sus padres, en los entrenamientos con Tsunade, en los encuentros sobre el puente del equipo 7. Ama Konoha de una manera un poco infantil, como una fanática de un equipo de fútbol. La quiere incluso cuando se equivoca. Es más: la quiere precisamente porque se ha equivocado. La defendería ante cualquier peligro, lucharía por ella de cualquier forma. Se dejaría la piel, la sangre y la vida porque siguiera existiendo tal cual es.

Por eso no entiende toda la dinámica de los clanes. No entiende que haya algo más importante que la ciudad, nada más urgente que proteger esa forma de vida, la comunidad en la que todo el mundo, sin importar su origen, puede echar raíces y llamarlo hogar. Han sufrido tanto, han muerto tantos por poder tener eso que traicionarlo le parece una enorme falta de respeto y una soberana estupidez. El orgullo no es algo que le interese a Sakura, y por eso cualquier derivado la trae sin cuidado. Así que cuando pasa por delante de las puertas del distrito Uchiha, con los abanicos blancos y rojos orgullosamente pintados a los lados, los mira con cierto enfado. Ni siquiera ellos son tan importantes. Ni siquiera él es tan importante.

Y por cierto, ahora que lo piensa, ¿dónde está Sasuke? Le había visto al principio de la noche, poco antes de que dieran las 12; con su primo y con su hermano, con Naruto bebiendo sake, luego con un chuunin que Sakura no conocía. Hablando siempre en susurros y mirando alrededor como si esperara un ataque. Sasuke destacaba en el ambiente festivo con su ropa cara, su aspecto noble, injustamente sexy e involuntariamente seductor. Se había intentado acercar a él en varios momentos, pero había sido interrumpida una y otra vez. Y luego había desaparecido. No había podido desearle feliz año.

Tampoco es que a él le importase. Pero a ella le hacía ilusión y consideraba una de sus obligaciones morales poner todas sus esperanzas y energías en desear lo mejor a las personas a las que quería. Y Sasuke Uchiha, daba igual los años que pasasen, formaba parte de esa lista.

Y parece que lo ha invocado, porque está torciendo por las tapias que encierran a los Hyuggas cuando ve un golpe de color oscuro caminando hacia ella envuelto en la leve ventisca que se está levantando. No le hace falta sentir su chakra ni tener la visión de un halcón para reconocerlo. Su marca personal el andar altanero, los pasos firmes, la cabeza alta, el pelo oscuro de tonos azulados contrastando con la nieve. Tan atractivo que marea, tan elegante que ofende.

- ¡Sasuke-kun! - justo estaba pensando en ti . No lo dice.

- Sakura. - su voz suena levemente seria y mira hacia los lados, como buscando a alguien. Parece sorprendido de verla.

Se encuentran frente a frente, a menos de un metro de distancia intercambia una sonrisa que asoma por encima de la bufanda y por otra media bajo el flequillo largo. Sakura resiste al impulso de ponerle el mechón detrás de la oreja para verle bien la cara.

- ¿De dónde vienes? No te he visto en la fiesta desde el principio de la noche.

- He ido a la torre Hokage para ver los próximos turnos de misiones ANBU.

Por supuesto.

- ¿Hay algún momento en el que no trabajes? ¡Es uno de 1 enero, Sasuke-kun! ¿Te has planteado tomarte unas vacaciones? ¿Pasar el día con tu familia? ¿Leer un libro? ¡Pegarse con Naruto no cuenta como descanso!

- Hn. Me ayuda a estar preparado, Sakura. - es el tipo de cosas que hacen que no me maten . Tampoco lo verbaliza.

- Si tú lo dices… - se encoge de hombros y dirige su mirada al rostro del Tercer Hokage, las rocas que esculpen el pelo cubiertas de polvo blanco - Yo voy a subir a la montaña, a ver la nieve antes de ir a casa. - y aunque sabe la respuesta de antemano, no pierde la oportunidad- ¿Quieres venir?

- No, iré a dormir. No quiero preocupar a mi madre. - Sakura no entiende por qué está evitando su mirada - Va a haber una tormenta pronto. No deberías subir tampoco.

No hay preocupación en su voz, es tan solo una afirmación aséptica. Es una mera descripción de eventos. Un hecho. Sakura mira al cielo y ve cómo las nubes empiezan a arremolinarse oscuras y veloces sobre la ciudad. Sasuke tiene razón

- Eso parece… ¡Qué pena! Me hubiera encantado ver la ciudad desde allí. - Me hubiera encantado que me acompañaras - En fin, feliz año Sasuke-kun. No te lo había dicho. Felicita también de mi parte a tu familia.

- Hn. Feliz año, Sakura. Y - titubea, con cierta tensión en la voz - enhorabuena.

Sakura valora por unos segundos que Sasuke vaya bebido y lo esté disimulando muy bien porque no tiene ni idea de qué habla. Repasa si últimamente ha tenido algún éxito relevante, si ha completado una misión muy difícil o ha subido de categoría profesional. No se le viene nada a la mente.

- ¿Enhorabuena? ¿Por qué?

- Haro-san y tú. Hacéis buena pareja.

Perdona, ¿qué?, ¿de qué coño habla?

- ¿Qué? ¿Haro y yo? Haro y yo no somos pareja - no quería sonar tan defensiva, pero tampoco es que se esperase este giro de la conversación.

- Os he visto en la fiesta besandoos.

- Ah.

Eso .

Haro Kawa. ANBU, Unidad de Táctica y Estrategia. Cuando no está haciendo trabajo de campo, está mano a mano con Shikamaru. Moreno, alto, pálido. A excepción de una nariz demasiado larga, es sorprendentemente parecido a Sasuke. Es encantador y probablemente un sinvergüenza. Siempre está con varias chicas al tiempo, y todas parecen estar de acuerdo con el trato. Es honesto, es divertido, es un casanova nato y como casi todos los ninjas de élite arrastra con él ciertos problemas emocionales no resueltos. Y lo de esta noche había sido un beso tonto, mucho más discreto de lo que compartían en la intimidad de sus casas. Él se había acercado a bailar con ella y en un momento de una canción especialmente explícita sus lenguas se habían encontrado. Besos húmedos y etílicos que no habían durado más de 2 minutos en una zona oscura de la zona de baile. Besos que no tenían importancia alguna porque Sakura le había dicho a Haro "creo que has bebido suficiente, ¿qué tal si te vas a dormir?", y él había preguntado "¿te vienes conmigo?", y ella había respondido: "esta noche, no. Quiero estar con mis amigos" y entonces, cada uno, se había ido por un lado sin ningún tipo de compromiso ni rencor.

Eso había sido todo.

Quiere explicárselo en estos términos a Sasuke. Sencillos, claros, adultos. Pero hace años que no hablan de su vida personal el uno con el otro y no sabría cómo. En el idioma que comparten hay bromas internas, hay cariño, hay trabajo, hay consejos de salud, hay incluso cuestiones de familia, pero nunca hay conversaciones sobre ellos mismos. Sobre lo que dicen, quieren o desean. Y por eso a Sakura se le hace una bola en su garganta cuando nota la mirada negra posada sobre ella, con la nieve cayendo inclinada sobre el rostro. Le conoce lo suficientemente bien para saber que está exigiendo algo. ¿Pero el qué? ¿Qué es lo quiere, una explicación, una disculpa? ¿Quiere que le diga: con Haro me acuesto de vez en cuando, porque está bueno, yo estoy sola, somos jóvenes y tenemos trabajos jodidamente estresantes? ¿Quiere que le diga que se llevan bien y cuando están juntos entre gemidos él no piensa que el amor de su vida se desangró en su brazos y ella que el suyo la ignora desde hace 10 años? ¿Que es reconfortante que alguien te desee por lo que eres y no por lo que puedes llegar a ser? ¿Que es relajante que no te juzguen y simplemente te abracen cuando sale mal una misión, cuando he perdido a un paciente, cuando las inseguridades escalan por mi mente y se vuelve a ver inútil? ¿Quieres esa clase de respuesta, Sasuke?

- Haro y yo no somos pareja, Sasuke. - Insiste. Se deja el - kun en algún lugar indefinido entre el corazón y la garganta. Le gustaría saber cuál es la expresión que tiene en ese momento, pero tiene la vista fija en los zapatos. - Solo ha sido beso.

Nada más.

- Le he visto a veces saliendo de tu casa. - 1 vez el mes pasado, 2 el anterior . No es que lleve la cuenta. - Es un buen shinobi. Inteligente y muy hábil en batalla.

Vale, esto sí que le sorprende. ¿Qué le está dando, su bendición? ¿Desde cuándo le importa a con quién duerme o con quién se levanta? Y más importante, ¿ahora Sasuke la espía en sus ratos libres o qué? Siente un chispazo de indignación y se quita de la cara los copos de nieve que se le van engarzando en las pestañas.

- ¿Qué eres, mi padre? No tengo que darte explicaciones ni necesito tu autorización.

- Tch.

- Eso no es una respuesta.

- Lo es si te enfadas como una chiquilla. Me da igual con quien te acuestes, Sakura. - Se encoge de hombros, con indiferencia calculada - Al menos este es mejor que los anteriores. - al menos a este le importas algo.

Sale un rayo de sol anaranjado entre las nubes oscuras y desaparece rápidamente. Un cuervo cruza el aire y entonces la ventisca deja copos enormes sobre ambos. " Los anteriore s", dice, como si hubiera una cola de amantes esperando a la puerta de su casa. "Los anteriores" se cuentan con los dedos de una mano. No me jodas.

- ¿Qué quieres decir con eso? ¿Me estás llamando puta?

Sabe que está sobrereaccionando. Lo ve en la cara de sorpresa de Sasuke que levanta una ceja porque claramente no es eso lo que quería decir. Pero Sakura no tiene interés en leer los gestos para entenderle. Es que ni siquiera tiene interés en seguir hablando con él. Porque está cansada. Porque hace demasiado años que estás esperándolo. Porque a lo mejor es que hay un límite de dolor que puede alcanzar un corazón humano y ella ya lo ha superado y no piensa consentirle este comentario. No a él, que ahoga su ansiedad y su complejo de inferioridad entre los muslos de chicas sin nombre. No a él, que finge que cuando rozan la piel en un entrenamiento o una revisión médica no hay una placentera sensación electrizante. No a él, que ha rechazado sus sentimientos de manera sistemática, a veces amablemente, otras no, siempre cavando un hueco oscuro en el estómago. No a él, que la ha dejado así, hecha polvo, reparando como puede los trozos de un afecto arrastrado y crucificado. No, Sasuke no tiene ningún derecho de exigirle ni lealtad, ni apoyo incondicional, ni muchísimo menos pureza virginal. Hay límites incluso para un amor con implicaciones de resiliencia épica como el suyo.

- Vete a la mierda, Sasuke.

(Le perdonará, unas semanas después. Él entrará en la consulta de urgencias con una herida en el hombro y esgrimirá una mirada intensa como disculpa. Sakura le indicará que se siente y el silencio con el que le castigue será suficiente para solucionar sus problemas. Incluso le sonreirá cuando se vaya, y le recomendará reposo, no forzar la vista y tomar la medicación a sus horas. Pero tendrá que ocultar el temblor rabioso de las manos y cuando se vaya por fin, se dejará caer en la silla, al borde las lágrimas. Para entonces el dolor habrá bloqueado las arterias que bombean sangre desde los ventrículos y por primera vez desde que le conoce, se encontrará incapaz de transformar el resentimiento en cariño.)


Home is where your heart is set to stone

Así que este es mi hogar ahora.

Se sorprende a sí misma pensándolo. Es una idea que ocurre, sin más, un frío sábado de enero en la residencia de la familia del Kazekage mientras terminan de comer y toda la casa huele a especias y a café y una mezcla de aceites que Sakura no identifica pero que le relajan cada músculo en cuanto cruza la puerta de la casa. Es una idea que nace cuando observa la mirada paciente de Gaara, el ruido lejano de los pájaros tras la ventana y los gritos que intercambian Temari y Kankuro, discutiendo sobre quién ha mezclado la ropa de la colada y ahora todas las sábanas son de color rosa.

- Disculpa a mis hermanos, no saben comportarse.

Ojos jade contra ojos aguamarina. Se sonríen sin que la sonrisa llegue a la boca.

- ¡No pasa nada! - se queda callada un momento y murmura casi tan bajito que nadie más que Gaara puede oírlo - Me recuerdan a Sasuke y Naruto. Aunque sin intentar matarse entre ellos.

Un día cualquiera, peleando sobre algún motivo absurdo, en los campos de entrenamiento o de camino a Ichiraku's. Sakura casi puede oler, palpar la escena. Gaara hace un ruido que parece una risa y Sakura se sorprende de lo mucho que ha evolucionado aquel chico que intentó matarles cuando tenía 13 años.

- Dales tiempo.

Mordisquea una porción de baklava y se entretiene un rato con la idea de los dos hermanos retándose a un combate mortal como suelen hacer su compañeros. Aunque lo ve improbable, tiene la idea de que ganaría Temari.

- Sakura - la voz de Gaara surge a su lado levemente dubitativa - ¿puedo preguntarte algo?

- Claro.

- ¿Los echas de menos? Sé que venirte aquí no ha podido ser fácil.

Sakura asiente despacio y se queda un rato mirándose las manos.

Es difícil discernir qué es lo que echa de menos en concreto. Hace años que ya no son el equipo 7, pero al tiempo seguían siéndolo. Da igual cuánto tiempo pasara: el equipo 7 era en sí una unidad de fuerza con entidad y fuerza gravitacional propia. La relación que tenía con Naruto, Sasuke, Kakashi (y en menor medida Yamato y Sai) desbordaba los baremos tradicionales de amistad que existía, por ejemplo, entre los miembros del equipo 10 o el 8. Aún separados y cada uno con una ruta vital diferente, tenían un vínculo que superaba dimensiones, atravesaba el espacio y tiempo. Lo que ellos habían construído solo se podía medir en los términos emocionales de Naruto: exuberantes, imprecisos, abrumadores. Le resulta imposible distinguir si lo que echa de menos era su presencia individual (ruidosos, protectores, poco empáticos, cabezotas, suicidas) o la sensación que tenía al saber que estaban allí, con ella, incluso cuando no se hablaban, incluso cuando pasaban semanas sin verse. No estar cerca de ellos era como si le hubieran quitado uno de sus pulmones. Los añoraba tanto que a veces dolía.

- Pero estoy contenta, - eleva la voz y yergue la cabeza al tiempo que Temari y Kankuro vuelven a la conversación, dando por concluído su acalorado debate - la ciudad me va tratando mejor. Y… ya me voy haciendo con la gente. Y ahora que han aprobado toda la financiación, puedo sacar adelante todas las ideas y proyectos para poner el hospital a la vanguardia.

- No te confíes, - Kankuro parece extremadamente concentrado en abrir el precinto de una nueva botella de sake al tiempo habla - los del Consejo te tienen enfilada. Tarde o temprano irán a por ti.

- Kankuro, ¿alguna vez te han dicho que eres un aguafiestas?

- ¡Solo estoy diciendo la verdad! Los conocemos. No tiene porqué pasar nada, solo hay que estar preparado para cuando intenten hacer algo. - Se vuelve a su hermana, con una mueca burlona - Además, yo siempre soy el alma de la fiesta. Solo alguien sin corazón como tú podría soltar semejante falacia.

Sakura agradece que la broma relaje el ambiente y lanza una risita cuando Temari decide ignorar el comentario y poner los ojos en blanco.

- Igualmente, Sakura, me han dicho que trabajas muchas horas. - la rubia desliza cierto sentimiento maternal cuando habla - Deberías descansar más. No tienes que demostrarnos lo que vales, ya lo sabemos.

Aunque no es el tipo de persona que se regodea en su ego, Sakura agradece el cumplido.

- No. No te preocupes, Temari. Estoy acostumbrada. Va con el puesto y cuando acepté venir aquí de directora sabía a lo que me enfrentaba. Excepto a los idiotas del Consejo.- Tiene una cara de fastidio muy graciosa. Le sale una mueca en los labios que marca los hoyitos y hace que de pronto tenga el aspecto de una niña de 5 años - Han superado mis expectativas: no me imaginaba que nadie pudiera llegar a ser tan insufrible.

Los 3 hermanos asienten con solemnidad y entendimiento. No lo habrían explicado mejor.

- Pero igualmente podrías salir un poco más. Conocer a más gente fuera del hospital. Te ayudará a estar más a gusto. - La chica rubia se queda en silencio por no más de 2 segundos - ¿Por qué no vienes conmigo a cenar un día? ¡Noche de chicas!

La médico está a punto de decir que le parece un plan estupendo, pero Kankuro tiene otra idea en mente:

- Eso sería posible si fueras una chica, Temari. Por ahora solo eres un monstruo terrorífico.

- ¡¿Cómo que terrorífico?! Eres tú el que va asustando a la gente con tus marionetas.

- Yo no he tenido que ir a buscarme un novio a otra aldea porque los de aquí me tienen miedo.

- ¿DE QUÉ ESTÁS HABLANDO?

Gaara suspira y Sakura se ríe y deja que su cuerpo se acomode a la silla en la que está sentada al tiempo da vueltas despreocupadas con la cucharilla. Se pregunta si de haber seguido en Konoha su vida sería así. Quedando para comer con el equipo 7 en el viejo apartamento que alquilaba junto al hospital, con el baño enano y el el fregadero atascado cada dos por tres. ¿Se organizarían y se delegarían las tareas unos en otros como hacen los hermanos de la arena, mientras uno hace café, el otro recoge la mesa y Gaara seca los platos? ¿O quizá, como sus padres, se recordarían mutuamente las citas para el dentista, preguntándose por los eventos de la semana, cuestionando a Sakura por la hora a la que salía al día siguiente para poder tener la comida preparada a tiempo? No se imagina a Kakashi preocupándose por llegar a la hora a ningún lado, y tienes bastantes dudas de que de Sasuke tuviera la paciencia para escuchar los problemas de los otros. Sin duda Sai le ayudaría a recoger la mesa con disciplina militar, pero conseguiría sacarla de sus casillas y terminaría tirándole un plato a la cabeza. Al final lo haría todo ella, como siempre, porque todos ellos estaban rotos y desnortados, porque ella había preferido durante años ponerles tiritas antes que ayudarles a cerrar heridas.

Se alegra de haber venido a Suna.

Cuando se va, ajustándose un pañuelo sobre la cabeza para que el pelo no se llene de arena, Gaara se despide en la puerta.

- Muchas gracias por la comida. Ha sido genial. - Y lo dice de la manera más sincera y honesta que puede.

- Esta es tu casa. Puedes venir cuando quieras. - Sakura se alegra al ver una media sonrisa en el rostro de Gaara y se atreve a decir el sentimiento que lleva anidando en su corazón desde hace un rato.

- Ya lo sé, Gaara-sama. Sois mi familia aquí.

Esa tarde y siguiendo la costumbre, el mediano de los hermanos la acompaña hasta su apartamento. Kankuro es todo espalda y pecho ancho, y se da cuenta de lo alto que es mientras caminan refugiándose en la sombras de los edificios, disfrutando del ambiente festivo que ofrece el sábado en las zonas comerciales de la ciudad. Ella se tiene que escorar un poco cuando van juntos por las calles estrechas, para no chocar, y a veces están tan cerca que le viene ese olor suyo que es barniz, es pino, es menta y es madera. Va charlando alegremente, explicándole historias y leyendas urbanas de cada rinconcito de Suna y Sakura se deja llevar por él y por el amor a la ciudad que destilan su voz.

A la entrada del edificio de Sakura, Kankuro se recuesta sobre la pared de arcilla y la mira con una expresión tranquila. Sin las marcas en la cara, tiene unas facciones duras que suaviza cuando habla. No tiene la belleza aristocrática de Sasuke, pero su calidez y el atractivo de hombre rudo hace que algo feral dentro de ella se despierte y ronronee.

- ¿Hay alguna cosa más que podamos hacer por ti? - Se pasa una mano por el pelo desordenado, y los mechones se quedan tiesos como espigas - Para que te sientas en casa, quiero decir.

- No, - una sonrisa ilumina su cara de lado a lado - muchas gracias, Kankuro. Hacéis más que suficiente.

Kankuro se encoge de hombros y duda un poco antes de continuar hablando.

- ¿Sabes? Cuando llegaste, no creíamos que pudieras aguantar mucho. O sea, Gaara sí. Temari y yo era los que éramos más escépticos. - Levanta las cejas - No me mires así.

- ¿Así cómo?

- Como un gatito enfadado que me va a saltar a la yugular. Deja que termine.

Se separa del muro y se ponen frente a frente. Sakura queda a la altura de su pecho y tiene que inclinar la cabeza hacia arriba para mirarle.

- Quiero decir, que sabemos cómo somos aquí y sabíamos que te lo iban a poner difícil, y que tenías tantos planes y tantas ideas que simplemente te los llevarías a otro lado, a otro hospital o que te volverías a Konoha. Pero no - hace un mohín con la nariz un poco avergonzado y a esa distancia Sakura vive la revelación inesperada de que tiene algunas pecas en las mejillas - te has quedado y sigues al pie del cañón.

- No soy de las que se echan atrás ante un reto.

- No, ya nos hemos dado cuenta. Eres… bastante especial. Testaruda. Pero del buen tipo de testaruda. Y estoy, bueno, estamos , muy contentos de que estés por aquí y que te vayas a quedar una temporada.

No suele quedarse sin palabras, Sakura, porque está acostumbrada a vivir entre shinobis y no sabe trabajar con la dulzura ajena, y puede que por eso deje que Kankuro, levemente avergonzado, le acaricie el hombro desnudo con una mano y le sonría.

- Así que si necesitas algo… lo que sea, - hay algo especial en sus palabras. La calidez se desliza por sus pupilas - dame un toque. Ya sabes dónde encontrarme.

- Lo haré. - Siente un leve escalofrío cuando separa los dedos de su piel y quiere decirle quédate, no pares pero en su lugar dice - Tú como compañía no estás nada mal.

Kankuro se marcha con una risa que parece un bufido y cuando Sakura gira la llave en la cerradura y cierra la puerta tras de sí, mota un cosquilleo en el pecho y la idea renace con fuerza.

Así que este es mi hogar ahora.


13 de febrero o el día en que Ino Yamanaka dijo basta.

Cimbreante. La palabra que Sai usó para describir a Ino poco después de que hicieran el amor por primera vez era, exactamente esa, cimbreante. Se refería a sus caderas, claro. A la manera en que tiene de moverlas cuando camina, poniendo el peso de un lado a otro, contoneándose al ritmo de sus pisadas. Incuestionablemente seductora, probablemente ilegal, Ino entró en la vida adulta batiendo su larga melena y dejando tras de sí a los hombres locos y a su padre al borde permanente del colapso. Algunos se quedaban sin habla, otros se chocaban con el muro, los tímidos soñaban con pedirle una cita y los valientes se atrevían a piropearla. Lo único que era constante es que todos la miraban.

Y vale que no era un jutsu, pero desde luego la hacía sentir poderosa.

Y es que incluso en este instante, envuelta en un abrigo de lana grueso, con dos enormes ramos de flores en los brazos, recorriendo el complejo Uchiha hacia la casa principal, podía notar cómo los - anormalmente serios, profundamente reprimidos, terriblemente pagados de sí mismos - poseedores del sharingan la repasaban de arriba abajo.

Que es algo bastante inquietante, si lo piensa, así que acelera el paso.

Afortunadamente no tarda en dar con la residencia que estaba buscando: es la más grande y está en el centro geométrico del distrito. Una casa tradicional con largos paneles forrados de cuadrículas de madera y un estanque cubierto de arces y cerezos. El tipo de vivienda que sale en las revistas de decoración y por las que siempre suspira, porque quién no querría vivir allí , aunque ahora que no encuentra la puerta de entrada, porque todas las paredes son exactamente iguales, no le hace tanta gracia. ¿Qué clase de mente perversa diseña algo así? Le da una vuelta, le da dos, y al final ve una pequeña plaquita sobre un botón y entiende que esa corredera perfectamente camuflada bajo el alerón de tejas oscuras debe de ser el punto de acceso. Para ser kunoichi no eres especialmente buena rastreando, Ino. Sube los escalones y hace verdaderos malabarismos para poder tocar el timbre sin que se le caigan las flores. Si su información es correcta y lo apuntó bien - reza porque así sea - Mikoto no estaría en casa y otra persona (Fugaku o Itachi, que al fin y al cabo han pagado los ramos) abriría la puerta. Servicio personalizado de la floristería Yamanaka, lo llaman.

Sin embargo, para su sorpresa, cuando se deslizan los panales quien aparece detrás no es otro que un adormilado Sasuke con unos pantalones negros y la omnipresente camiseta de cuello alto de los Uchiha. La mira con cara de confusión y frunce el ceño al ver las rosas, los tulipanes, y la paniculata. Ino le contempla brevemente, esperando a que reaccione. Pasados unos segundos, y como no es una persona especialmente paciente, empieza ella la conversación:

- ¡Sasuke-kun! ¡Qué sorpresa! No esperaba encontrarte aquí. Vengo a entregar esto. ¿Estás de descanso?

- Hn.

- ¿Te he pillado durmiendo?

- Ha.

- ¿No te han avisado de que iba a venir?

- Tch.

- Tan dicharachero como siempre, Sasuke-kun - le sonríe detrás de las hojas verdes de los tulipanes - ¿Puedo pasar? Tengo que dejar esto porque se me está resbalando.

- Hn. - se hace a un lado - Pasa.

Aunque superada su fijación infantil con el chico, Ino no puede ignorar que Sasuke es, ante todo y por encima de cualquier otra cosa, guapo. El tipo de guapo que compite con ella, que hace girar cabezas y levanta pasiones. Es tan tan tan guapo que si su mejor amiga no estuviera tan enamorada de él y ella no estuviera tan ennoviada con Sai, se plantearía comprobar si todos esos rumores sobre las dimensiones amatorias de Sasuke-kun eran verdad. Y no es que Ino preste atención a ese tipo de habladurías ( no, qué va ), pero al menor de los Uchiha no le faltan ni admiradoras, ni ligues, ni amantes, y es difícil no pescar información aquí y allá en un bar, en la peluquería o entre sus propias clientas. Y todas parecen coincidir en que, en cuestiones de cama, Sasuke-kun está a la altura de sus habilidades en batalla y que además, comentan, es tremendamente considerado en los momentos posteriores. Y eso es llamativo porque el don de gentes y la simpatía nunca se han encontrado entre sus principales cualidades y de hecho es por eso que Ino no se ofende demasiado cuando la observa con rostro inexpresivo y ella misma le tiene que poner directamente uno de los ramos en las manos para que pueda quitarse los zapatos y abrirse el abrigo sin tirarlos al suelo. Entra por el pasillo sin que la invite y debajo de los calcetines nota que la calefacción está al máximo.

- ¿Dónde las pongo?

Sasuke va tras ella y parece estar un poco confundido todavía, probablemente porque llegó de misión de semanas a eso de las 5 de la mañana y no ha recuperado el ritmo diario habitual y probablemente porque Ino es, en sí, una fuerza de la naturaleza y en el momento en el que te despistas termina arrastrándote con ella. Además, realmente no tiene ni idea de dónde debe poner las flores. No ha comprado flores en su vida. ¿En la cocina?, ¿en el distribuidor? Recorre las estancias de la casa con la mirada, dudando. Al final ve un aparador libre en el salón y lo señala: ahí mismo.

- ¿Aquí? - Las posa suavemente mientras revisa que todas las flores estén en su sitio y que ninguna hoja esté dañada. Se vuelve a Sasuke - Creo que son un regalo para mañana. Quizá deberías ponerlas en agua y guardarlas en algún sitio.

Sasuke arquea una ceja, como si no terminara de entender la petición.

¡Hombres! Hay que explicárselo todo.

- Un ramo es de tu padre para Mikoto-san y el otro de tu hermano para Izumi-san. Para mañana. Es San Valentín. Si tu madre o Izumi entran por esa puerta y las ven, se estropea la sorpresa. ¿Quieres que se estropee la sorpresa, Sasuke-kun?

Dejando a un lado el más que molesto tono de retintín en la voz de Ino, la respuesta es que no, no quería. No porque le importase algo San Valentín, o las flores en general, sino porque sabía que si su padre o su hermano se enteraban, iba a tener problemas y no le apetecía discutir con ellos también sobre este asunto.

- Hn.

- Si me das un jarrón las puedo poner yo ahí bien colocadas, y que te aguanten bien hasta mañana. Solo tienes que esconderlas por ahí y no se estropearán. Hace mucho calor en esta casa y se pueden poner pochas.

Sasuke asiente. Parece un plan sencillo. Pero, ¿jarrones? Tiene que haberlos, claro. Su madre suele usarlos. Ahora bien, ¿dónde los guarda? Decide inspeccionar. Abre un armario. Otro. Todos los de la cocina. Parte de los del salón. Está descubriendo muchas cosas en esta búsqueda: ¿por qué tienen tres vajillas?, ¿desde cuándo coleccionan dedales?, ¿a partir de qué número podemos afirmar que muchas ollas son demasiadas? ¿5, 6, 17? y, honestamente, ¿cuántas mantelerías necesita una familia de cuatro miembros? Tendrá que ayudar más a Mikoto en casa, porque todo le parece un jodido misterio. Y por si fuera poco, no hay ni rastro de los jarrones.

- ¿Te valen unos vasos altos?

Ino parpadea. Y se ríe. De él . En su salón. Sasuke se plantea si sería muy descortés echarla de la casa.

- No es que sea ideal, pero valdrá.

Le trae dos vasos altos labrados, del tipo que usa su madre para servir la limonada cuando hay invitados y los que de pequeño no le dejaba tocar por si los rompía. La luz del sol de invierno los atraviesa y dibuja una sombra geométrica sobre los brazos de Ino que va flotando de un lado a otro a medida que va colocando y ahuecando las flores.

- ¿Y tú? ¿No envías nada?

- ¿Qué?

- Flores, Sasuke-kun. Ya te he dicho qué día es mañana. La gente regala flores a las personas a las que quiere. ¿No hay ninguna chica interesada?

Sasuke ni se molesta en responder. Tiene sueño y no tiene muy claro por qué tiene que hacerse cargo de los regalos románticos de su padre y de su hermano, cuando él ni siquiera tiene novia. Es realmente molesto, ahora que se lo plantea con detenimiento.

- ¿En serio que no? - Ino puede hablar po personas, así que sigue la conversación ella sola - Tengo entendido que hay muchas que han caído bajo el hechizo Uchiha. ¿Ninguna ha conquistado tu corazón? ¿Nadie que se merezca unas camelias, unos claveles? También tenemos cactus y otras suculentas... Aguantan muy bien las altas temperaturas, Sasuke-kun.

La insinuación tiene unas intenciones tan burdas y obvias que Sasuke casi resopla de indignación. Se encoge de hombros y deja que parte de su cuerpo se pose sobre las correderas de papel de arroz. Algo en su cabeza que suena sospechosamente como su madre le dice que debería ofrecerle algo de beber, pero quiere terminar esto cuanto antes y al fin y al cabo, ¿cuánto se puede tardar en colocar unas flores y unas ramitas?

- No estoy interesado en comprar ningún tipo de planta, Ino. No creo que sea el mejor cliente para tu negocio.

La rubia deja que un suspiro dramático salga de tus labios y un murmullo que suena a " este chico no tiene remedio". Y luego a " Sakura tendrá mucha frente y será listísima pero el gusto para los chicos lo tiene en el culo ", y mientras termina de colocar bien los ramos se queda callada, como debatiendo algo consigo misma. Son unos 3 minutos, y Sasuke empieza a observarla con una mezcla de hartazgo y curiosidad, preguntándose si está en medio de esa técnica suya de lectura de mente o si es que se ha vuelto loca definitivamente. Parece absorta.

- Ino.

- ¿Mm?

- ¿Has terminado?

- ¡No! ¡O sea, sí! Pero no. - Le mira raro. Como enfadada de pronto. - Estaba debatiendo si decirte algo o no.

¿Si decirme algo o no? ¡Pero si no se ha callado desde que ha cruzado la puerta!

- Mmmm… creo que sí. Creo que sí…. o sea, no es que sea mi vida y tenga algún derecho, ni nada. Pero alguien tiene que decírtelo, Uchiha.

Con las manos en sus proverbiales caderas y la mirada fiera, la rubia parece que mide 30 centímetros más y se asemeja mucho más a Tsunade de lo que habría imaginado, así que Sasuke se yergue de manera involuntaria, esperando una reprimenda. No va desencaminado, porque delante de él, Ino blande un dedo.

- Voy a decirte una cosa y escúchame atentamente porque solo lo voy a repetir una vez. Y te lo voy a decir porque soy su mejor amiga, y aunque creo que me va a matar por esto, es hora de que la cuidemos sus amigos porque, como espero que te hayas dado cuenta, Sakura es una auténtica santa y tiene ese corazón en el pecho enorme donde caben, qué sé yo, tres o cuatro civilizaciones enteras y ella jamás te dirá esto, no importa cuánto sufra, lo mal que le pase, o lo que llore así que te lo digo yo, Sasuke Uchiha. Te lo voy a decir en su nombre aunque ella no lo sepa. Escúchame bien: tienes que dejarla ir.

La voz de Ino es dos tonos más profundos que habitualmente, y sus ojos azul hielo, casi puede jurarlo, parecen las olas un día furioso de tormenta. Y es que al contrario que los hombres, que viven el compadreo siempre en el punto exacto de ebullición, la amistad femenina son unas aguas tranquilas en las que chapoteas hasta que por un motivo o otro llega el maremoto, el intenso flujo que lo anega todo. Y Sasuke en este momento está viendo cómo el mar se contrae y retrocede, cómo se forma la onda gigante, cómo se va a ahogar ante lo que viene; la ola que se abre ante él a punto de devorarle, de arrastrar los pocos cimientos de sí mismo que quedan. Siente la náusea, la taquicardia; siente que quiere salir corriendo pero las piernas no responden y no le queda más remedio que escuchar lo que viene a continuación.

- Y tienes que dejarla ir porque es una ninja increíble. Increíble . Es la mejor médico que he visto nunca, y he estado al lado de Tsunade. Es puro talento, y es trabajadora, y es lista, y es dulce, y es simpática, y es guapa y tiene tanto tanto que ofrecer que me revienta verla marchitándose esperando, no sé, que la quieras o que al menos seas un tío medio decente con ella, que no seas un gilipollas… porque con eso, con que la trates bien, le vale. ¿No ves lo injusto que es? Y ya sé, ya sé que tenéis esa especie de atracción sexual no resuelta, porque todo el mundo lo puede ver; por el amor de Dios, Sasuke-kun no me mires cómo si te pillara de sorpresa, ¡hay apuestas sobre vosotros que deben datar de los primeros exámenes chuunin! Pero siendo honestos, Sasuke, ninguno de los dos ha movido ficha desde que tenías ¿cuánto? ¿17 años? Os lanzáis miraditas y os ponéis locos de celos, y os vais acostando con unos y con otros en lugar de entre vosotros por algún motivo que ni yo, ni media aldea alcanzamos a comprender. ¡No me interrumpas! Y tú vas por ahí, y cuando parece que lo supera apareces por su casa con un brazo roto o algo así, en mitad de la noche, para que te cure y ella lo hace y tenéis unos de esos momentos íntimos de miradas y roces en la mano, y oooootra vez el círculo del desengaño. Y Sakura sufre, sufre lo indecible por ti. - Ino mueve la cabeza y se muerde el labio. Da un paso hacia él, envalentonada - Y soy su mejor amiga y odio verla así desde hace años. Por tu culpa. ¿Para qué?, ¿eh? ¿para qué? Si total, no la van a aceptar en el clan ni nada. Si a mí me está costando que acepten a Sai, no me quiero imaginar lo que te costaría a ti - coge aire y Sasuke siente que mil dagas se le están clavando en cada articulación, en cada músculo. Una cosa es decirte todo esto a ti mismo y otra muy distinta es oírlo en boca de otra persona. Se le está desenroscando el mundo y siente que la vida se va por el desagüe, pero sigue con su rostro impasible, la cabeza un poco gacha y el corazón en algún punto muy profundo de su estómago - Se ha tenido que ir al puñetero desierto para poder centrarse en ser feliz, ¡le ha costado 20 años! ¡20! Para no tener que estar pendiente de ti, o de Naruto, o de vuestros culos permanente heridos por algo estúpido, heroíco o suicida o todo eso junto. Así que deja que viva su vida. Que se enamore de otro hombre. O que se acueste con él, o que se eche una legión de amantes. Me da igual. Y mientras tanto, alimenta tu ego y tu cariño de otra manera, pero deja a mi amiga en paz de una vez. - Le analiza el rostro y rebaja la tensión que se había acumulado en los hombros estrechos, apenas medio metro alejada de Sasuke. - Deja que Sakura sea feliz. - toma aire - ¿Ha quedado claro?

Y en otro momento, Sasuke, quizá, se habría enfadado. En otro momento le habría dicho a Ino que se marchase de una puta vez y no se metiese en su vida. Pero hoy está cansado. Está tan cansado. Agotado, drenado emocionalmente. Le gustaría, en esta ocasión, ser como Naruto. Saber articular sentimientos y emociones en algo más que monosílabos y frases cortantes. Saber decirle a Ino: "Sakura se merece algo mejor que yo, lo sé." "Nunca seré suficiente, pero realmente estoy haciendo todo lo que puedo para poder estar con ella", decirle "2, 3, 4 años y tendré la autonomía suficiente en el clan, el reconocimiento de mi padre con suerte y podré darle la vida que ella se merece tener, si eso es lo que quiere. Casarnos, comprar una casa fuera del distrito Uchiha, cerca del hospital. Una casa con dos plantas y un jardín con huerta para tomates y para que jueguen los niños, porque si te soy sincero siempre me ha hecho ilusión pensar que podíamos tener 2 o 3", decirle "pondré mi vida en que sea feliz después de todo el daño que he hecho" pero Sasuke Uchiha no es Naruto Uzumaki, así que solo puede decir lo que puede decir, y farfulla más que habla cuando se trata de cosas importantes:

- Es más complicado que eso, Ino.

Y parece tan decepcionada cuando cierra los párpados lentamente y baja la cabeza al tiempo que sube la cremallera de su abrigo púrpura; tan triste cuando va hacia el pasillo negando con la cabeza, que toda la energía que ha traído a la casa se evapora cuando se gira:

- ¿ Eso es todo lo que me puedes decir? Realmente confiaba en que podías hacerlo mejor. Se saca el pelo y se lo tira hacia atrás, la coleta balanceándose a su espalda - Simplemente céntrate en vivir tu vida y ella vivirá la suya. No tienes que hacer nada más. - ya en la puerta se da la vuelta y le sonríe con una sonrisa falsa calcada a las de Sai - Bueno, sí: por favor, no te olvides de esconder las flores. Si tu familia o tú necesitáis algo, ya sabes dónde encontrarme. La floristería Yamanaka también abre los domingos.

Sasuke no se despide y se queda mirando los dos ramos en el salón, como si no fuera capaz de entender su significado.


El equipo 16

Hubo un tiempo en que Sakura quiso ser la sensei de un grupo de genin. Maternal y protectora por naturaleza, creía que era un trabajo en el que se sentiría realizada. Quería tener la oportunidad de enseñarles sus trucos, transmitir conocimiento, guiarlos en sus errores y verlos crecer. Quizá reparar a través de ellos los fallos que Kakashi cometió con el equipo 7 y evitar así que ningún otro niño se sintiera como ella, pequeña y poco valorada: una especie de cura por transferencia. Se veía capaz, se veía con ganas, se veía preparada. Se imaginaba llevándolos de acampada, contándoles historias de su tiempo como genin, juntándose un día a la semana para comer. En algún momento llegó a pedírselo a Tsunade, que le prometió tener su nombre en cuenta para la siguiente promoción que saliera de la Academia; sin embargo las responsabilidades del hospital fueron en aumento y su tiempo fue menguando, hasta que no le quedó más remedio que asumir que no sería posible compaginar ambas tareas y Sakura siguió su carrera con la espina clavada de no poder ser nunca Sakura-sense i. Así que cuando esa mañana de mediados de febrero se cruza con Kankuro y su equipo a punto de salir en una misión, siente, para qué negarlo, un poquito de envidia.

Son, como cabe esperar, tres: dos niñas y un niño de unos 12 años y más o menos de la misma altura. Las chicas son unas gemelas de pelo oscuro y piel cetrina, y el tercero, enclenque y apocado, tiene el pelo de un color rojo intenso parecido al de Gaara. Van vestidas con camisetas de red y shorts, todos de un mismo color terracota, con las típicas sandalias ninja: y mientras ella saltan y gritan y se tiran de las coletas, el tercero, totalmente vestido de negro, más contenido, las observa en un segundo plano. Se queda mirándola fijamente cuando pasa a su lado y saluda a Kankuro.

- ¡Buenos días, sensei!

- Vaya, Sakura, sí que madrugas.

- He salido a correr - como si Kankuro no se hubiera dado cuenta de que los pantalones de deporte son extremadamente cortos, o de lo blanca y suave que se parecen la piel del abdomen - y os he visto. ¿Salís ahora de misión?

- Sí, nuestra primera acampada. Estábamos repasando la mochila para ver si llevábamos todo. Os presento - se hace a un lado con una zancada amplia y tres pares de ojos miran a Sakura, expectantes - esta es Sakura-san, la nueva directora del hospital. Estos son el equipo 16: Haru-chan, Haye-chan y Kiro.

Se oyen tres holas con diferentes grados de timidez y Sakura les devuelve el saludo con la sonrisa más dulce de su repertorio.

- ¿Estáis nerviosos, chicos? ¡Yo todavía recuerdo la primera noche que pasé fuera con mi equipo!

- ¡No, Sakura-san! - las dos niñas niegan al tiempo con la cabeza y miran con admiración a su maestro - Kankuro-sensei nos ha dado una lista con lo que tenemos que llevar y nos ha explicado todas las técnicas para estar alerta durante la noche.

- ¡Y además es solo una misión de rango C, así que no puede ser muy difícil!

Sakura se acuerda de su misión en el País de la Ola y cómo lo cambió todo, y aunque una sombra cruza la mirada no dice nada al respecto. Les comenta, sin embargo, que tienen mucha suerte de tener un sensei tan preocupado, que el que tenía ella era demasiado relajado y les recuerda que lo más importante es el trabajo en equipo. Les dice que tienen que cuidarse los unos a los otros, y no centrarse en perseguir caminos individuales. Les da consejos para hidratarse bien y les recuerda que no gasten chakra innecesariamente. Y los tres genin asienten, sometidos al encantamiento que ejerce ese tono de voz de Sakura con el que podría venderte un apartamento en el infierno. Y ella está a punto de derretirse de amor (¡ qué monos son! ) cuando una de las niñas, con los mofletes ligeramente rosados, titubeando un poco, se da codazos con su hermana, se murmuran algo en el oído y finalmente le pregunta:

- Sakura-san, ¿eres… eres la no…via de Kankuro-sensei?

¿Qué?

- ¿Qué?

- Os hemos visto pasear por la noche. - la niña habla deprisa y mueve los brazos de un lado para otro - ¡Juntos! Eso es lo que hacen los novios.

Sakura parpadea, los ojos verdes más claros que antes, y se ríe al tiempo que le lanza una mirada significativa a Kankuro que deja caer la cabeza hacia atrás y suspira ante la batería de preguntas de las gemelas:

- ¿Os dais la mano?

- ¿Os habéis besado?

- ¿Vivís juntos?

- ¿Os vais a casar?

- ¿Cómo os conocisteis?

- ¿Le regalas flores, Kankuro-sensei? Yo quiero un novio que me regale flores.

- Yo no quiero un novio. Yo quiero ser la mejor kunoichi de Suna.

- ¡Puedes ser las dos cosas, Haru!

- ¡No puedes!

- Soy su guía - Kankuro decide intervenir antes de que la conversación descarrile- Sakura-san está aquí desde hace solos unos meses y parte de mis obligaciones es ayudar a que se integre.

- ¿No habíamos dicho que más que por obligación era por gusto?

Las niñas exclaman algo parecido a aaaah y oooooh y Kankuro la observa con esa mirada que significa " gracias por nada" y hace una mueca de fastidio, rodeado por risitas.

- ¡Kankuro-sensei, Sakura-san que es tu novia!

- ¡Sí!

- Son los dos muy guapos. - Las niñas juntan sus cabezas, conspirando. No se molestan en bajar así que cualquier persona puede escucharlo - Van a tener unos bebés preciosos.

- ¡Bebés de pelo rosa!

- ¡Sakura-san! ¿De dónde eres? - una de las gemelas parece fascinada - No conozco a nadie con el pelo así… . ¿Hay más gente como tú allí?

- Soy de Konoha, - se siente un poco abrumada, pero le recuerdan tanto a Ino y a ella misma que la enternecen- y mi padre tiene un color de pelo parecido, pero no es muy común.

- Jo, yo quiero tener el pelo rosa.

- ¡Yo también!

- ¡No! Siempre quieres ser como yo.

- ¡Somos gemelas, tonta!

Riñen un rato y Kankuro intenta poner paz (" chicas, comportaos. Estáis montando un espectáculo ") y entonces el chico de pelo rojizo habla por primera vez con una voz inusualmente grave para su tamaño:

- Mi padre dice que los de Konoha son el enemigo y que no deberíamos hablar con ellos. Dice que es un error olvidar el pasado.

Se quedan, de pronto, todos callados. Las dos niñas se llevan las manos a la boca, conscientes de que lo que ha dicho Kiro es una especie de tabú. Y Kankuro se gira y le mira con una dureza inusual, una mezcla de decepción y hastío. Y Sakura, en fin, Sakura piensa que es curioso, ¿no? Cómo se propaga el odio. Es una chispa que puede estar enterrada, y solo necesita un poco de paja seca para hacer que todo arda. Lo ve con sus compañeros, habitualmente cordiales, cuando hace un comentario sobre cómo se gestionan las cosas en Konoha. La tensión, el rechazo. Lo ve con su casera, que le recuerda cada vez que se ven todo el daño que el Colmillo Blanco hizo en Suna, décadas atrás. Sakura se muerde el labio, sin saber qué responder. No es la primera vez que lo oye, pero es la primera vez que se lo dice un niño y le parece aterrador, así que se queda ahí quieta, mirándole fijamente.

- Pues dile a tu padre que la próxima vez que vaya al hospital, que se busque otro médico que le trate. Sakura-san es una de las mejores médicos del mundo y tenemos la enorme suerte de contar con ella en Suna. - Kankuro habla con una severidad que nace de algún lugar de las costillas y de pronto tiene 15 años más - Y pídele disculpas inmediatamente, Kiro. Después hablaremos de todo eso que dices sobre nuestros aliados.

Nota que le falta un poco el aire, cuando el niño le dice: lo siento , hablando hacia el cuello de la camisa. El hermano del Kage lo observa y se le ve insatisfecho con ese perdón vergonzoso. Está segura de que en cuanto se vaya va a tener una charla bastante seria con su alumno, pero no quiere que sienta que le está humillando.

Kankuro es un maestro sorprendentemente bueno.

Un incómodo silencio vuela sobre las 5 personas y Sakura decide cambiar de tema antes de despedirse marcharse al hospital. No le gusta dejar mal sabor de boca en la primera impresión, aunque sea con unos chiquillos prepúberes:

- Entonces, ¿qué habéis aprendido? ¿Kankuro-san os ha enseñado ya los jutsus básicos y a concentrar chakra?

- ¡Síii! Podemos sostenernos en el viento y en el agua y caminar sobre paredes.

¿Sostenernos en el viento? ¿Caminar sobre paredes? Ah, claro. En el desierto no hay árboles ni balsas de agua.

- ¿Y marionetas? ¿habéis aprendido a manejarlas? Kankuro-san es el mejor en esto. - le quiere devolver el cumplido de antes.

- No. Kankuro-sensei no nos deja. Dice que es demasiado complicado.

- Os falta control en las manos y en los dedos. Es fundamental saber hacer eso.

- ¿Lo es, Kankuro?

Se da cuenta según lo dice. Que hay niños. Que no están solos y que c uando se pone nerviosa o está tensa, hace comentarios inapropiados y fuera de lugar como esos. Da las gracias de que los chicos afortunadamente aún no entiendan estas referencias; y se mortifica mentalmente porque si Kankuro no fuera Kankuro, cualquier otra persona dejaría pasar el tema pero por supuesto el titiritero tiene que seguir la corriente porque . .

- No sabes cuán importante es. Especialmente en las yemas - se las toca por encima de los guantes mientras sonríe y disfruta de la broma con una perversión absolutamente fuera de lugar - y falanges - hace círculos con los dedos en el aire, sin apartar la mirada de Sakura que sabe que la está castigando por su desliz. La verdad es que me lo merezco.

- ¿Ah sí? Veo tendrás que enseñarme algún día, Kankuro-sensei.

- Cuando quieras te doy clases privadas, Sakura-san.

Los tres genin deslizan la mirada de uno a otro sin comprender qué está pasando.

- ¿Kankuro-sensei? ¿No teníamos que ir de misión?

- Ah. Sí. - aparta la mirada de Sakura y empuja a los tres hacia el desfiladero de entrada - Despedíos de Sakura-san.

- ¡Adiós Sakura-san!

- ¡Adiós!

- ¡Adiós, equipo 16!

Al emprender marcha, Kankuro no tarda en acercarse a Kiro, lo coge del hombro y lo separa del grupo. Las niñas van unos metros por delante, parloteando. Sakura les ve desaparecer en el camino hacia el desfiladero de entrada. El sol va subiendo, el calor va aumentando y ella siente un calor en las mejillas que no tenía antes.


Monstruos de papel

Sasuke tiene varios recuerdos del día exacto en que volvió de su entrenamiento con Orochimaru, grabados a fuego en la mente, indelebles.

El primero tuvo lugar por la mañana, con su madre en la cocina sin haberse dado cuenta de que estaba entrando en casa. Con el mandil atado a la cintura y una coleta baja, canturreando la canción que sonaba en la radio en ese momento. Su madre girándose y dejando caer el plato del susto, lanzándose a sus brazos en menos de un segundo, colmándole de besos, abrazos y lágrimas. No había nadie más en la residencia Uchiha, temblaba como una hoja y fue Sasuke el que tuvo que preparar el té para que se calmara, y cuando por fin pudo hablar le dijo que estaba muy delgado, y muy guapo, y muy alto y le sentó en el sofá mientras iba trayendo comida de todo tipo, y cuando terminó se sentó a su lado y le acarició el pelo como cuando tenía 5 años y Sasuke se quedó dormido un buen rato en el regazo de Mikoto.

El segundo es al mediodía, con Itachi emergiendo entre la niebla que rodeaba el complejo Uchiha con el sempiterno chaleco ANBU. Por primera vez, Sasuke era más alto que él y por primera vez, Sasuke era un contendiente digno y a tener en cuenta. Su hermano no le dijo nada cuando le localizó en la engawa , y tan solo le indicó con un gesto de la mano que viniera a su lado. Caminaron en silencio, con el frío cortándoles la piel del rostro, hasta los campos de entrenamiento del clan y empezaron a luchar mientras los petirrojos iban y venían de las ramas. Sasuke dejó que entre puñetazos se fuera el miedo que había pasado con Orochimaru, y entre patadas Itachi sintió que el nudo de angustia que tenía desde hace dos años se iba deshaciendo. En silencio, los dos hermanos, cuerpo a cuerpo sin intercambiar palabra, bailando con el sonido de los golpes y el resuello del esfuerzo. En un momento dado, Itachi le lanzó un kunai explosivo y aprovechó para preguntar si Orochimaru le ha hecho algo . Y Sasuke entendió a lo que se refería, esquivó el kunai magistralmente, dijo "no" y se oyó tras él una detonación. Se pelearon y sacaron las katanas, se enfrentaron entre ellas y cuando chocaron en lo alto, Sasuke detuvo la trayectoria de la suya, y prácticamente rozando la nariz de su hermano, dijo en un susurro: a mí no me hizo nada, hermano. Pero vi lo que hacía. Me hubiera gustado matarle antes de irme. Y en la cara de Itachi hubo, por primera vez en 22 años de vida, pánico.

El tercero es con su padre, después de comer. Caminando a su lado mientras cruzaban la aldea envueltos en una capa con el abanico bordado en la espalda. También es más alto que él ahora y eso le llena de un orgullo estúpido porque el respeto no se gana con centímetros. El termómetro de la plaza principal marcaba -2 grados y Sasuke notó la respiración agitada de su padre dejando vaho tras de sí, se vio incapaz de contener las emociones, lanzándole miradas todo el rato, como si temiera que se fuera a romper. Recuerda a su padre esperando a que Tsunade les de paso a su despacho, dando golpecitos con el pie sobre la madera. Recuerda a su padre y él sentados, mientras oía con cierta rabia que la Hokage le llamaba todavía niñato y que Naruto aún seguía con Jiraiya. Tsunade diciendo "Uchihas" con desprecio, Tsunade diciendo "deseos de grandeza que os llevan a hacer cosas estúpidas" con cansancio. En un momento dado le preguntó si estaba bien , y en ese instante Fugaku escuchó con especial atención porque quería saber, estaba temblando por dentro, qué había hecho esa serpiente con su hijo. Dejó que Tsunade hiciera las preguntas que él no se atrevía, porque no era capaz aún de explicarse a sí mismo por qué le habían dejado irse con él, por qué les pareció buena idea dejar a su hijo con semejante degenerado. Y como no creyó a Sasuke cuando musitó " " , tomó una decisión espontánea y en un arranque impulsivo absolutamente impropio de él, Fugaku solicitó el ingreso de Sasuke en el cuerpo de policía y los dos, su hijo y la Hokage, lo miraron con absoluta sorpresa. El primero porque pensó que jamás tendría esa oportunidad, y la segunda porque llevaba demasiado tiempo lidiando con los clanes como para no pensar que siempre hay una intención oculta detrás de lo que parece repentino. Pero en la mirada de Fugaku, no había ahí ningún plan, ninguna sospecha, más allá que la de un padre preocupado, la de un hombre que quiere observar, vigilar, controlar, y cuidar a su hijo, y eso es algo que la Quinta sólo podía aprobar.

El cuarto ocurrió unas horas después, ya cuando caía la tarde, esperando en la sala del hospital a que le hicieran la revisión que Tsunade había ordenado de forma urgente e inmediata. Estaba toda la familia en la sala de espera, su madre, su padre, su hermano; y Sasuke pensó que se habían vuelto locos, porque le miran como si se fuera de cristal, como si fuera a escapar, a él que tenía ya 17 años, que había estado entrenando con un Sannin que estaba profundamente perturbado; él que lo dejó todo por ser más fuerte y lo que se encuentra son sus caras escrutándole el cuerpo, como si esperaran que se abriera una herida mortal de un momento a otro. Y como Sasuke nunca había sido muy amigo de esperar ni de dar lástima, les dijo que se iba a por un té y que no, que no hacía falta que le acompañasen. Quería librarse de esas miradas de pena, compasión o lo que fuera que sintiesen. Así que cogió el camino hacia la cafetería sin pensar que el hospital había cambiado estos dos años, y la cafetería ya no estaba donde solía estar y terminó perdido por los corredores blancos. Cuando se dio cuenta y quiso volver sobre sus pasos oyó, de pronto, gritos. Se abrió de par en par una de las puertas al final del pasillo y vio varias manchas en batas verdes entrando y saliendo de una de las salas. Pasó por su lado una camilla con un shinobi herido y a su lado un pelo rosa que Sasuke conocía bien. Empapada en sangre, chorreando los mechones, las manos metidas en la herida, el vestido adornado con grandes manchas oscuras en el vientre, en las piernas y en el pecho. Tanta tanta sangre que no sabe dónde empieza y dónde acaba. Sasuke no entendía nada y se quedó quieto, helado, porque Sakura estaba herida. Claro que estaba herida, es lo primero que pensó, siempre tan débil y tan guapa, nunca había estado hecha para la batalla . Y esperó entonces que ella le encontrase con la mirada, como hacía siempre, porque ella siempre sabía dónde estaba, pero no, está vez no le miró, estaba muy atenta al otro shinobi, como si tuviera que atenderlo. ¿Ahora tienes complejo de heroína, Sakura? ¿Quieres ser Naruto? Y le enfadó ese pensamiento, y le enfadó que la muy tonta no se diera cuenta que era ella la que necesitaba ayuda, ¿no ve que se está desangrando? Se lo iba a decir, tenía que avisarla. Pero antes de que pudiera abrir la boca alguien la llamó antes "Haruno-sama, ya tenemos el quirófano listo" "Haruno-san, su bata" "Dra. Haruno, la unidad está esperando sus indicaciones" y vio que todo los médicos desaparecían en otra de las salas, bajo las órdenes precisas de su ex compañera de equipo y entendió entonces que es Sakura la que curaba, no la herida; que la sangre - toda esa sangre - no era suya y que en realidad estaba bien. Sana. Entera. Viva. Y cuando entró de nuevo a la sala de espera, su familia ansiosa por si no volvía, se dio cuenta de que había estado un buen rato aguantando la respiración, y que se le había olvidado el té. Pero cuando llegó allí nadie lo mencionó, y de pronto en las miradas de preocupación había algo más, sorpresa, dudas, un poco de miedo. Se acercó a ellos, que le observaban mudos. Finalmente Itachi habla, con esa voz sosegada suya: Sasuke, ¿estás bien? Tienes el sharingan activado.

El quinto y último evento ocurrió esa misma noche, en la comodidad de su cama. Relajado en los olores de su infancia y después de una deliciosa cena, por primera vez en dos años no estaba soñando con los pasillos en espiral de la guarida del Sannin de la Serpiente. No oía los gritos al final de las escaleras oscuras, no aparecían en sus pesadillas las manos frías y viscosas de Orochimaru cada vez que le rozaba un tramo de piel. No era la respiración de Kabuto contra su nuca, rozándole el cuello con la punta de jeringuilla para recordarle que seguía a su merced. Por primera vez en dos años sus sueños no lo poblaban culebras, ni muertos vivientes, ni niños mutantes. Esta noche era Sakura, de espaldas, sumergida en un líquido rojo y denso, el pelo rosa llenó de coágulos, las manos pequeñas cubiertas por trozos de órganos, caminando hacia un pozo oscuro que la va a atrapar, tiene fauces y Sasuke corre hacia ella, la llamaba, le decía que parase, que iba a morir si seguía pero no atendía a razones, y gritaba su nombre Sakura, Sakura, Sakura pero Sakura ni se giraba, ni le oía, ni le veía.


N/A

Aquí estoy :)

Vamos por partes:

1. GRACIAS. A los que habeis puesto me gusta, a los que habéis puesto comentarios, a los que os habéis suscripto. Saber que hay alguien por ahí que lo disfruta es SUBIDÓN. Y me pone muy contenta. ¡Así que GRACIAS GRACIAS GRACIAS!

2. Alguna aclaraciones que quizá son necesarias: en este fic, Sarutobi murió de causas naturales y Konoha mantiene un perfil bajo cuando se trata de Orochimaru. Saben que es un tío horrible, sospechan que todos sus experimentos son absolutemente amorales, pero les da información.

3, Sé que hay lectores que prefieren una versión más virginal de Sakura, esperando a Sasuke. Y me parece estupendo, de verdad. Esta es una zona libre de juzgar las preferencias de lectura y sobre todo, las preferencias vitales de cada uno. Y en cuanto a Sakura, aunque viendo el desarrollo en el manga y anime, parece la opción más plausible, también es de esperar que siendo jóvenes, siendo guapos, etc. tengan una vida afectiva bastante amplia. Además, no me gusta el doble rasero de que puedan usar a niños como armas y les manden a morir en la batalla pero luego no pueden acostarse juntos. O todo o nada, Kishimoto, o todo o nada.

5. Por otra parte, quería disculparme si la estructura narrativa os resulta un poco extraña. No soy muy fan de los fics en los que tienes que estar pensando en que tiempo/POV estás para entenderlo, porque rompen el ritmo de lectura, pero me gusta dar variedad e intentar tener una versión poliédrica de los hechos y de las emociones de los personajes.

6. Creo que por ahora, esto es todo.

7. Bueno: insisto en que si no os cuesta mucho, me deis feedback de algún modo (un corazóncito, un mensaje, un comentario, una recomendación, lo que os venga bien)

Un saludo,

rojocereza

PS. La segunda parte la colgaré la semana que viene. Es pura maldad, porque ya está escrita y revisada.