Resumen:
En el que hay bastante Kanku/Saku; Shika/Tema y Sakura recibe un visita inesperada. Ah, sí, y Shisui y Sasuke hablan. Vaya jaleo.
- 28 de marzo (Suna)
- Shogi (Konoha)
- Dos shinobis en Suna (obra en tres actos) (Suna)
- Cirros, cúmulos, estratos (Konoha)
- Wishful thinking (Suna)
- Despedida (semi omake) (Suna)
28 de marzo
Sakura todavía se acuerda de sus cumpleaños de niña, hace ya muchos años. Sus memorias están ligadas al olor de chocolate y vainilla que subía de la cocina, el ruido de sus madre fregando los platos mientras la tarta subía en el horno. Mebuki llevaba un mandil amarillo con lilas estampadas y Kizashi inflabla globos con toda la capacidad de sus pulmones. A veces amanecía nublado y otras con un sol suave que atravesaba las nubes blandas de primavera, pero no importaba mucho porque Sakura ese día desayunaba tarta y recibía el cariño de sus padres, sus abuelos le enviaban una tarjeta para felicitarla y se sentía querida y cuidada. Por la tarde, cerraban la tienda y la iban a buscar a la academia, un globo en una mano y un regalo en la otra, y luego, los 3 comían dango hasta que Sakura no podía más y se ponía roja mientras sus padres recordaban escenas embarazosas de su infancia y se las contaban a todo el que las quisiera escuchar (y a veces aunque no quisiera).
La vida era tranquila entonces.
Luego, en fin, pasó lo que pasa siempre: que la existencia humana está más cerca de la tragedia que de la comedia, y que tarde o temprano llegan dolores de esos que vienen a engarzarse en las venas. Cuando su madre murió, Sakura tenía 14 años, sus compañeros de equipo estaban desperdigados por el mundo y sus cumpleaños dejaron de ser una celebración para pasar a ser un momento en que echar de menos a su madre con aún más intensidad. Desapareció el olor a chocolate y vainilla, y Kizashi, aunque lo intentaba, nunca volvió a tener fuerza suficiente como para inflar un globo.
Por eso los 28 de marzo, Sakura deja que la primavera pase por ella como un río, limpiándola y dejando el recuerdo helado de la añoranza de su familia. Se concentra en el trabajo entonces, más de lo normal. Se llena de sangre salvando pacientes, se vuelca en hablar con ellos, finge que olvida la fecha y cuando ve que van llegando regalos (su padre le envía una cajita con 105 tipos diferentes de té, Tsunade una botellita de sake aromatizado, Ino un ejemplar de " El lenguaje secreto de las flores " y hace como que no le duele que ningún miembro del equipo 7 se haya acordado) los deja a un lado de su mesa para no tener que enfrentarse a ello, sale del despacho y se mete en quirófano paciente tras paciente.
Cuando sale a comer a mediodía, casi se ha olvidado de qué día es.
– Gaara me envía para recordarte que esta noche cenamos en casa. - No ha llegado al ascensor cuando oye una voz conocida. Kankuro se apoya en el mostrador de la recepción con poca gracia. Manos sucias y risa baja, debe de venir de trabajar del taller donde hace las marionetas. - Voy a cocinar yo, así que no tienes que preocuparte de que Temari nos envenene.
Sakura se acerca hasta él con pasos cortos.
– ¡Sí! Me acuerdo. Lo tengo en la agenda - señala con la barbilla un cuaderno maltratado que aprieta contra su pecho - ¿A las 7, no?
– Exacto. No puedes escaquearte.
– ¿Ha habido alguna opción de que eso ocurra?
– No, la verdad. - se encoge de hombros, estableciendo un hecho que no se puede debatir. Como que el cielo es azul o que hay agua en el mar - Es en tu honor, así que es importante que estés ahí para celebrarlo.
Suspira y el moño rosa se deshace un poco.
– Lo sé. Lo que pasa es que no es mi día mi favorito del año.
Kankuro la observa con intensidad arrebatadora, intentando ver el calado de sus palabras, pero tiene la delicadeza de no preguntar más sobre el tema. Lo que sí que hace es inclinarse sobre ella, poner la nariz a un palmo de distancia, y bajo la atenta mirada de un grupo de celadoras cotillas, decirle:
– ¿Me dejas mejorarlo un poco?
Qué calor tiene Sakura de pronto.
– ¿Qué tienes planeado?
– Una sorpresa no es divertida si te la cuento de antemano. Ven .- Le indica la cabeza que le siga - Está en el taller.
Kankuro dirige en silencio, con la cabeza alta a pesar de la arena, la ropa negra cubriéndose de polvo arcilloso. A su zaga, Sakura se ajusta la bata mientras caminan, intentando evitar que el aire le levante la falda. Comparada con la esplendorosa primavera de Konoha, cuando todo se transforma y se llena de jacintos, almendros y cerezos en flor, Suna sigue exactamente igual que hace unos meses. El sol que arde, el viento inclemente, el mundo seco. Sobre la arena, los zapatos dejan una marca que dura apenas unos segundos antes de desaparecer en volutas.
Cuando le abre la puerta, Kankuro la deja pasar primero y se disculpa por el desorden. ( "No pasa nada", "es que no viene mucha gente") y se sacuden la ropa en la entrada. Huele a químicos, a madera, a barniz, a pino. A Kankuro. Con una sonrisa tímida, le indica que vaya hacia la luz al final del pasillo, un pequeño saloncito con un sofá de color ocre y una mesita de té de madera oscura. Le indica que se siente y le ofrece una bebida.
– Té con hielo está bien, gracias.
Kankuro desaparece un momento de su vista y Sakura deja la agenda sobre la mesa, y observa su entorno. Junto al sofá hay una butaca y una estantería llena de libros, y a través de la rendija que deja la puerta, Sakura ve mesas grandes con madera grabada, las sombras de las marionetas colgando del techo, creando un bosque tétrico. Kankuro no tarda en volver y Sakura arroja una mirada verde y observa con curiosidad que lleva en una mano el vaso con el té y en la otra una caja bastante grande. Le da ambas cosas, con cierto nerviosismo, y se sienta a su lado.
– Gracias. ¡Pero no tenías porqué regalarme nada!
– No me des las gracias antes de verlo.
– Insisto.
– No tienes por qué ser tan educada conmigo. - Kankuro se recuesta sobre los cojines y gira el torso para mirarla directamente a Sakura - Lo he hecho porque quiero.
Porque quiere. Agradece en su fuero interno que el vaso de té cubra su sonrojo.
– ¿Puedo abrirlo?
Lanza un bufido suave, y ladea la cabeza, divertido.
– Pues claro que sí. Estoy esperando.
Los mismos dedos que han trabajado hace unas horas los tejidos blandos de un paciente, recorre con los bordes de la caja. Madera de roble, goznes dorados, la marca de Suna carvada en la tapa. Parece hecha a medida y su curiosidad aumenta. Pasa las yemas buscando el cierre y cuando lo encuentra ve por el rabillo del ojo que Kankuro se está frotando las manos con ansiedad.
– ¿Estás nervioso, Kankuro?
– Estaría mintiendo si dijera que no. - habla en susurros, casi para sí mismo, y cuando se acerca más a ella para ayudarla a mover la madera, su estómago da tres vueltas de campanas - Ábrelo ya, por favor.
Separa la tapa con cuidado. De pronto su garganta se queda saca.
– ¿Es…? - le titila la voz y lo acaricia. Vuelve la cara hacia Kankuro, que asiente y la mira, y hay tanta esperanza en esos ojos que Sakura se podría bañar en ella.
– ¿Es lo que querías no? Para los niños. - qué lejos y qué cerca suena la voz, casi la arrulla - Pensé que te gustaría.
Sakura asiente emocionada y le tiemblan un poco los hombros a medida que los dedos se meten en la masa blanda y suave de la caja y tira de ella hasta que puede cogerlo con las dos manos y mirarlo de frente. Caen entonces cuatro patas largas y ve que es una especie de perro de patas largas y hocico suave. Todo cubierto de un pelo azul y aterciopelado, del mismo material que un osito de peluche. Es una marioneta como esas que usan los tiriteros ambulantes, con hilos que dan a una madera y que bailan al son de la música en las plazas de los pueblos y las fuentes del camino, con los niños aplaudiendo cada gesto. No se parecen en nada las grandes marionetas de Kankuro, rígidas y oscuras, sino al peluche que le regalarías a un niño le día que nace, o después de una estancia en el hospital para que no se sienta solo. Y le cuesta controlar las manos cuando lo acaricia, y Kankuro le explica casi en un susurro cómo funciona ( mira el material de estos pelitos no es simplemente tela, sino un material que conduce chakra ) y qué hace ( así que podrá directamente usarlo para curarlos ) e insiste ( creí que preferirías esto antes que algo para ti) . Y Sakura no puede decir nada, porque qué va a decir si está derretida por dentro, llena de una emoción tan llena que no sabe cómo se puede vivir así. Se queda fascinada con las facciones logradas, el realismo de los gestos, la dulzura de los movimientos.
¿Cómo se podía acordar? Se lo había comentado a Kankuro de pasada, hacía ya varias semanas después de una de las reuniones en el despacho de Gaara. Tras hablar con Temari, Sakura le había dado vueltas a la idea de un juguete terapéutico y se había dicho que por qué no usarlo como un transmisor de chakra, como hacían con kunais, y cuchillos, y bisturís. Como un chupete para que a los bebés no les duelan los dientes, como una de esas vendas con sellos que iban liberando lentamente energía para cicatrizar heridas. Era una idea poco ortodoxa, le reconoció mientras se lo explicaba, y él había asentido a su lado mientras baja las escaleras del torre del Kazekage, pero quizá podría investigar y encontrar una manera de hacerlo, ¿no? En cuanto tuviera tiempo, había añadido, ahora estaba muy liada. Y él no había dicho más, la conversación muerta tras sus palabras y ahora resulta que lo había hecho, en algún momento entre ser consejero de Gaara, entrenar a sus niños, cuidar de Sakura, reparar sus propias marionetas, y terminar las misiones, Kankuro había sacado tiempo de montar esto. Y Sakura dirige los ojos verdes a él y boquea como un pez, y qué más da si parece tonta, qué más da si su cabeza es como una de esas masas pegajosas que se adherían al techo como con las que jugaba de pequeña, qué más da todo. Ojalá pudiera abrirse el pecho y enseñarle cómo le bombea el corazón.
– Me ayudó a elegir el color Temari. Dice que el azul relaja y que es mejor para los niños. - ¿Siempre han sido tan bonitos los ojos de Kankuro? Con la luz de la bombilla que chispea sobre ellos se le ven destellos verdes y azules en los ojos, pero cuesta centrarse en esto porque Sakura siente que le está temblando un poco cada órgano de la emoción. - Y lo del perro es, bueno, el mejor amigo del hombre. Ya sabes. - Habla mirando la marioneta y mirando a Sakura de reojo - Y a todos los niños les gustan los animales, ¿no? Bueno a mí me encantaban y… a ver, qué me voy por las ramas. - Se vuelve hacia ella. Le pone las manos en las rodillas. - Si quieres te puedo enseñar a manejarla. La he hecho muy sencilla para que cualquier médico pueda utiliza…
s.
No termina de explicarlo porque de pronto solo puede oler flores y flores y flores. Y se ve rodeado por los mechones rosas de Sakura. Y cuando el pelo deja paso a la piel del cuello es otra vez flores y algo que recuerda al desinfectante del hospital. Flores y entonces nota el murmullo de los labios contra sus mejillas y Kankuro siente que cada pelo de su cuerpo se eriza porque el abrazo de Sakura es suave, tan suave que apenas pesa en los hombros. Y si el mundo pudiera pararse en este instante lo habría hecho en el momento en que Kankuro estrecha sobre la cintura una mano grande y firme, y la agarra como se agarra un náufrago a una tabla para no ahogarse, para no dejarse llevar por ese remolino que crece dentro de él, el abismo que lleva demasiado tiempo intentando no mirar.
– Es fantástico - La voz de Sakura es un susurro que solo percibe en su oído y contiene un universo de emociones - muchas, muchas, muchas gracias, Kankuro.
Gracias , dice, y se le quedan cortas las palabras.
Y Sakura huele tan tan bien, que cómo no mover la cara de un lado a otro entre sus mechones, cómo no recorrer la frente acariciándola con la nariz, el flequillo rosa, el rombo morado del sello, cómo no va a beberla con la vista si de pronto se separa unos centímetros y le mira así .
Así , como si fuera el hombre más importante de la tierra.
Así , como si le viera por primera vez.
Así, con los ojos verdesverdesverdes como un bosque en verano.
Así.
Que cómo no besarla.
Y es un beso tan suave cuando inclina la cabeza para buscarla (la boca de Sakura se juntan con la suya y se abre y le invita), y resulta que sabe a fresa y no a cereza (el cacao se deshace a medida que mueven los labios) y no se imaginaba una lengua tan rápida y tan cálida (se enrolla con la suya como un caracol en su cáscara) que no tiene más remedio que apretar aún más la mano en la cintura y dejar que la otra siga siguiendo la curva de las caderas mientras los dedos de Sakura se pierden en su pelo. Es un beso que se va moviendo como una duna, en ondas que flexionan cada pelo de su ser y Sakura relaja cada músculo como si estuviera hecha de pétalos. Gimen dentro de sus bocas y se devoran, el sabor del té flotando entre los dientes. Se comen y se les ensancha el pecho a los dos, tienen avenidas saliendo de las arterias en todas direcciones. Se aprietan el uno al otro, a ver quién puede profundizar más y se van dejando caer sobre los cojines, él encima, ella debajo, la marioneta en medio.
Los besos de Kankuro, pensará Sakura unas horas después, se parecen a las tormentas de arena. Primero es una brisa suave que te abre los labios y luego te envuelven, te ataca con granos y partículas que van rizando tu piel y te envuelven y te atrapan y estás a la plena merced de la lengua y las manos de él. Los besos de Kankuro no se parece a nada que haya besado antes.
Pero maldita sea la necesidad de respirar del ser humano, porque en un momento dado, sin aire, tienen que romper el beso. Y mirarse a los ojos.
Qué verguënza,
aunque sonrían como dos adolescentes
pero con un deseo tan grande
que da miedo.
Y qué coño han hecho.
(Porque para él, Sakura es muchas cosas que se ha negado a sentir durante años, y porque para ella, Kankuro puede ser la caída de todo su trabajo y esfuerzo.)
– ¿Sakura?
Y otra vez esos ojos verdesdesverdes y el pelo rosa alborotado. Hubiera seguido besándola hasta el fin del mundo.
– Kankuro, yo…
Le suelta la cintura. Pero necesita agarrarse a algo porque se mueve el suelo.
– Está bien.
Ella baja la mano de su cuello. Y cierra los puños para que no le tiemblen las manos.
– Es solo un beso. Tanto tontear en broma y al final…
Un chiste. Un chiste es la estrategia más vieja del mundo para ocultar sentimientos.
– Exacto. No tiene por qué cambiar nada entre nosotros.
Y aunque ninguno se lo cree, ambos asienten.
– Ha sido la emoción del momento.
Qué mentira más grande. La emoción del momento no hace que quieras salir de tu propia piel para poseer otro cuerpo.
Se levantan los dos y ajustan la ropa. ¿Siempre ha hecho tanto calor ahí dentro? Se miran de lado, se miran las manos, los pies, las piernas, la barriga, la cintura, los hombros, ni una sola vez a la cara.
– Te acompaño. - dice él. Como si fuera lo más natural.
– Sí, claro. - Se agacha a coger sus cosas de la mesa. Kankuro la espera ya en la puerta.
El viento ha parado. El sol no tanto y dibuja sobre el camino arenoso las sombras alargadas uno al lado. Caminan rápido de vuelta al hospital en silencio, cargando con la marioneta y cuando se separan y se despiden hasta la noche con cordialidad, Sakura entra en su despacho con las piernas temblando. Se lleva una mano al pecho y otra a los labios.
Fuera, el tiempo es seco. Pero la primavera bulle dentro de ella, estirando los brazos perezosa, como las ramas de un cerezo en flor.
…
Esa noche, la casa del Kazekage, es una fiesta.
Sakura siente que su chakra vibra, bailando dentro de ella con entusiasmo. Nota los canales danzantes, chisporroteando como burbujas de champán, excitados y contentos, trabados en cada célula, en cada átomo de su cuerpo en una celebración gigantesca que hace que se sienta un poco borracha de alegría. Sakura se empapa de ese sentimiento que hacía meses ¿años? quizá que no sentía y lo atesora como el cristal frágil que es y no le hace falta tener un sharingan para guardar todos está viviendo el día que cumple 21 años.
- Vamos, Sakura-chan, ¡SOPLA LAS VELAS! - es Naruto quien grita, por supuesto.
No se hace de rogar y sopla con toda sus fuerzas. Se apagan todas.
- Felicidades, Sakura. - A su lado, Kakashi sonríe como sonríe él. Máscara y todo, los dos ojos cerrados y le da unas palmaditas en la cabeza.
Sakura sigue vibrando. No se lo esperaba, claro. Esperaba una cena discreta, quizá un cumpleaños feliz mal entonado, quizá una tarta con una vela. Se esperaba la tensión con Kankuro, se esperaba miradas indiscretas, pero al abrir la puerta no se encuentra con nada eso sino con la algarabía. Con chillidos y con olores familiares y voces que vienen del salón y que le resultan conocidas. Camina hacía allí, hipnotizada, no puede ser, oye las voces más claras no puede ser no puede ser no puede ser. Pero es. Están allí. No se había olvidado de mandarle felicitaciones, piensa, porque han venido ellos directamente. Están aquí, conmigo.
En el salón, los hermanos le confiesan que se habían conjurado con Konoha para que un viaje político coincidiera con esta fecha, y el mejor regalo que recibe es el abrazo cálido - tan cálido - de Naruto (¿ha crecido? Sakura juraría que sí) y el apretón afectuoso en el hombro de Kakashi. Gaara sonríe y le repite que no tiene que dar las gracias y Temari le rellena cada poco una copa de vino que va vaciando sin apenas darse cuenta.
En una esquina, mucho más contenido que de costumbre, Kankuro la observa y levanta su vaso mirándola a los ojos, brindando por ella. Dice " Feliz cumpleaños " sin mover los labios. Y Sakura siente que el mundo se hace pequeño entre ellos dos. Nada ha cambiado, y sin embargo ha cambiado todo.
Tarda un buen rato en pensar en Sasuke.
Shogi
Este año la primavera se hace esperar en Konoha y las primeras semanas son una mera continuación del invierno. Las flores más atrevidas se abren por la mañana y mueren en cuanto caen las heladas de la noche, y los pájaros alternan los cortejos con baños en los charcos que dejan los chaparrones de la tarde. Hay barro en los caminos y los niños llevan chubasqueros de colores cuando caminan por la calle. Hoy el clima es tan miserable y llueve tanto y hace tanto viento que la Hokage ha obligado a cerrar todos los campos de entrenamiento y todos los shinobis que no estaban en misiones se han tenido que refugiar en sus casas.
Para desesperación de algunos de ellos.
Clac.
Rojo y blanco, los colores orgullosos de los Uchiha brillan en la espalda de los dos hombres de la sala de estar de la familia principal. Como si el mundo les perteneciera, ocupan una dimensión propia que se mueve por las normas de los herederos de Madara. El pelo negro se funde en las luces ambarinas y están sentados de rodillas como se han sentado antes los hijos de reyes, la espalda recta y la barbilla alta. Frente a un tablero, solo se oye el ruido de la madera de las piezas con cada movimiento y la tormenta del exterior moviendo las ramas de los árboles. Aunque hacen como que se lo toman con seriedad, a ninguno les gusta especialmente el juego, así que hacen movimientos absurdos y pierden la concentración rápidamente.
– Sasuke. - Shisui habla como habla siempre, con su tono despreocupado, con movimientos elegantes y relajados, con la arrogancia de saber poderoso, joven, guapo. - ¿Todo bien? Parece que estás un poco distraído. Te puedo ganar en 6 jugadas.
– Te puedo ganar yo en 2.
– Imposible, tengo una buena defensa.
– No será suficiente.
– Lo será.
Sasuke levanta la ceja e inclina levemente su cabeza sobre el tablero. Calculando movimientos, la luz proyectando su sombra sobre las piezas. Mierda.
– Tienes razón.
– Te lo dije, querido primo. - La sonrisa de superioridad es ancha y Sasuke se pregunta si es así de insoportable por naturaleza o es algo que ha ido entrenando con los años - Además, siempre tengo razón. Aunque debo decir que te noto más distraído que de costumbre. ¿Algo que te perturbe?
– No.
– ¿Trabajo?, ¿familia?, ¿alguna cuestión de política interna de oh nuestro querido y adorado clan?, ¿una nueva pelea con Naruto?, ¿un asunto de faldas? - Shisui mira con cierta diversión el leve sonrojo de Sasuke que no levanta la vista del tablero y simplemente emite el Hn multipropósito marca Uchiha. - Ajá. Faldas sea.
– Tch.
– ¿Y qué te aflige exactamente? No pensaba que fueras de los que sufre por amor, pero torres más altas han caído…¿Cómo se llama la afortunada? Porque te acuerdas del nombre, ¿no? ¡Espera, no me respondas! - Apoya las manos hacia atrás en el tatami, el cuerpo inclinado hacia atrás. Tiene pocas ganas de continuar con la partida. - No habrás dejado embarazada a alguna chica, ¿verdad? No es que a Mikoto le importase ser abuela, estaría entusiasmada pero dudo que un bastardo cayera bien dentro del clan y además Fugak…
– Shisui.
– Dime, Sasuke.
El menor levanta la vista del juego y mira a su primo y su sonrisita con ganas de pegarle un puñetazo. Qué ha hecho él para merecer esto, es algo que escapa a su comprensión.
– No he dejado… embarazada a nadie.
– Bueno, eso es un alivio. - Le mira y en su boca asoman todos los dientes, y Sasuke no puede más que estar de acuerdo con él - Es decir, me encantaría tener sobrinos segundos y tu hermano sería un tío fantástico, les consentiría todo, ¿te imaginas?… pero sería un verdadero caos. ¿No crees? En fin, si no es eso, pero es un asunto de mujeres, ¿qué es lo que te preocupa? Desconocía que tuvieras problemas en ese campo, precisamente.
Clac .
Dibuja una media sonrisa y se pasa la mano por el pelo. Sasuke le lanza una mirada oscura.
– Prefiero esperar para hablar con Itachi.
– ¿Itachi? Me temo que está en una misión, aún le queda semanas. ¿No te lo había dicho?
Sasuke se queda a medio camino cuando va a colocar la ficha y cierra los ojos, intentando mantener el control. 1 o 2 semanas es demasiado tiempo para su problema.
Clac.
– No.
– Mmm. - Shisui contempla el tablero de nuevo, y observa con cierta molestia que su tan bien planteada defensa acaba de romperse. Toca pensar en otra estrategia. - ¿Puedo ejercer como hermano mayor en su ausencia?
¿Podía? Sasuke no lo tiene claro. Itachi es quién habitualmente le escucha y da buenos consejos. Y Shisui, con su aspecto totalmente Uchiha, y una personalidad que en ocasiones rozaba lo Uzumaki, es un apuesta arriesgada para tratar un asunto tan sensible como el que ocupa sus pensamientos, pero lo cierto es que no tienes muchas más opciones si su Itachi estaba vete a saber dónde. De lo malo, su primo mayor era un fantástico estratega, y uno de los mejores ninjas de la aldea. Además, Sasuke contempla mientras finge que estudia la siguiente jugada, era miembro del clan, por lo que podría entender la implicación de todo lo que pasaba por su mente.
– Es un asunto… delicado. Necesito que seas discreto.
Pelo rizado contra la pared de papel de arroz, la cabeza de pronto levantaba, el comentario capta la atención del Shisui. Le mira fijamente, evaluando a su primo mientras se rasca la barbilla. Ah, tendrá que afeitarse pronto.
– Sasuke, por supuesto. Será un honor y un privilegio que me confíes tus preocupaciones- se lleva la mano al corazón con sorna e inclina la cabeza hacia el menor - ¿Cómo te puedo ayudar?
Clac.
Esa es una excelente cuestión. No tiene muy claro por dónde empezar. Tras la devastadora conversación - por llamarlo de algún modo - que había tenido con sus padres la tarde anterior, no tenía muy claro cómo proceder. La noche de insomnio que había seguido tampoco ayudaba a aclarar sus pensamientos y no haber podido ir a entrenar por el maldito clima, hacía que todas las ideas se apelotonaran en la cabeza en una amalgama confusa.
– Mis padres saben de mis líos.
– ¿Líos?
– Las chicas.
Clac.
Shisui, no puede evitarlo, se ríe con una carcajada abierta y baja un poco el tono de la risa al ver que se enciende una luz en el pasillo. Vuelve a hablar cuando se apaga, ignorando la mirada homicida de su primo, y lo hace casi en susurros:
– Bueno, Sasuke, eso explica por qué Mikoto-baachan no ha podido mirarte a la cara a la hora de la comida. – Sacude la cabeza y mueve ficha sin prestar demasiada atención. Llegados a este punto, quien gane o quien pierda da un poco igual. Clac. - ¿Cómo se han enterado? Espero que no se te ocurriera traer a alguien aquí, estas paredes son de papel - estira un brazo y las golpea suavemente con el puño, con un repiqueteo bastante parecido al sonido de un colchón bajo el peso de dos cuerpos haciendo el amor. - No aislan nada, primo – Sasuke le mira con cara de espanto y Shisue tiene que morderse los labios para no estallar en carcajadas otra vez - Pero reconocerás que la discreción en este campo nunca ha sido tu fuerte. Sin ir más lejos, hace un par de semanas llegó a mis oídos cierto… encuentro simultáneo que al parecer tuvo lugar entre ti y dos de nuestras queridas compañeras ANBU tras una misión de extracción en Amekagure. Quedaron muy satisfechas, si no recuerdo mal. No es que prestara atención a los detalles, claro.
Sasuke intenta controlar el temblor de la mano y endereza la espalda, recordando todas las lecciones que Mikoto le ha dado de protocolo y toda la meditación que ha aprendido con los años. Mira a su primo. Esto no estaba yendo cómo debería ir. Era uno de los riesgos de hablar con Shisui y no con Itachi. Porque Itachi sabía por dónde iba siempre el pensamiento de su hermano, y Sasuke solo tenía que seguir las miguitas de pan que iba dejando en la conversación, esparcidas aquí y allá. Pero su primo era imprevisible, así que aquí se encontraba discutiendo también sobre el alcance de su vida sexual y aquella noche en que había accedido a hacer un trío. Dios santo.
Clac.
– Shisui. No es eso.
– Entonces, ¿qué es? La tía Mikoto y el propio Fugaku tendrán una visión un poco anticuada en este asunto, sin duda, pero no es como que te vayan a poner un cinturón de castidad, querido primo.
Ah, si él supiera.
Quiere explicarle que hay muchas cosas en juego y se recuerda que ser cauto porque Shisui tiende a llegar a conclusiones precipitadas, aunque no del todo erróneas. Presentar el asunto con cabeza. Argumentar. Reproducir la situación a Shisui con calma. Exponer los pros, los contras. Plantear una estrategia de antemano. Aclarar el asunto Sakura, el "la quiero, pero al tiempo tengo que dejarla ir" que sin duda, Shisui no entendería (porque Shisui es, ante todo, un romántico irredento con sus ideales y el noble sueño de que el amor lo puede todo ) y hacer evidente, sobre todo, que lo que era necesitaba tener autonomía dentro del clan y obtener el reconocimiento de su padre. Estar a la altura. No vivir a la sombra de su hermano. ¿Sería capaz de entenderlo?
Su primo le observa con una expresión curiosa y tranquila. Si no estaba Itachi, tendría que ser Shisui. Toma aire y coge una ficha y la mueve. Empezará por el principio:
- Mis padres me han concertado un matrimonio.
Clac.
Dos shinobis en Suna
(obra en tres actos)
I.
Kakashi y Naruto se quedan hasta mediados de abril. La misión que les lleva a Suna es, en teoría, para lograr un acuerdo sobre las nuevas estrategias conjuntas de gestión de los refugiados. Sakura está bastante segura de que Kakashi no necesita a Naruto para debatir sobre ese o, ya puesto, sobre cualquier otro asunto - las capacidades de Naruto para la diplomacia de alto nivel son, exactamente, 0 - pero no se queja de tenerlos cerca durante esos días. Intenta salir temprano del hospital y aprovecha para comer o cenar con ellos cada día. Evita a Kankuro. Les enseña su vida cotidiana con una alegría inusual. Quiere contarles todo: desde dónde le gusta desayunar a cómo varía el precio en la carne, con qué vecinos se lleva mejor, qué diferencias nota en el acento, cuántos café toma al día, si deberían también construir un campo de entrenamiento cubierto en Konoha, si hay una librería que le encanta donde hay textos rarísimos sobre venenos. Todo. Les muestra su apartamento con una muestra de vanidad y humildad que hace sonreír internamente a Kakashi y que Naruto acompaña con un "¡ está genial, Sakura-chan !" y " genial " aunque, poco preciso, es un adjetivo que Sakura no sabía que necesitaba oír sobre su casita decorada con muebles de segunda mano, con una cocina pequeña en color terracota y un saloncito acogedor en tonos blancos.
II.
Naruto, por su parte, le cuenta todo lo que pasa en Konoha con su estilo habitual. Habla a gritos, con grandes aspavientos, ocupando el espacio vital de 3 personas porque es incapaz de hablar sin saltar como una rana.
- Naruto, ¿puedes hablar más bajo?
- ¡Estoy hablando normal!
- Naruto: hay gente en La Ola que te ha oído. Me ha llamado un tío lejano del País de la Hierba, para suplicar que hagas menos ruido.
Refunfuñan. Se pelean. Se dan golpes cariñosos, como si no hubiera pasado el tiempo.
Naruto le habla de las nuevas obras que están haciendo en la ciudad, le cuenta cuánto y cómo entrena, si han abierto o no un nuevo restaurante al que ha ido con Choji (esta bien pero sigue prefiriendo el ramen), que Ino y Sai están juntos ("ya lo sé. Ino me escribe cada semana. Con detalles. Demasiados"). Naruto le confirma que ha visto a su padre un par de veces jugando con amigos al shogi y que parece que está bien (y Sakura respira aliviada, el sentimiento de culpa sobre sus hombros estrechos). Una tarde entera la dedica a alabar a Hinata (tan guapa, tan dulce, cocina tan bien, es tan paciente, es super fuerte, más fuerte que Hiashi, me ha tejido una bufanda, ¿te he dicho ya lo guapa que es? ) y otra a insultar a Jiraiya, que le ha abandonado en mitad de su entrenamiento a jounin. Apenas pregunta por Sasuke. Le valió la conversación que tuvo con Naruto en aquel primer momento que tuvieron a solas. No tuvo ni que decir nada.
– El bastardo no puede venir. - Tuerce el gesto, tuerce la cara, pone los ojos en blancos - con toda esa mierda de ANBU tiene que estar totalmente disponible para el Hokage y esas cosas. - Lanza un rebufo, enfadado con el aire como si el propio Uchiha estuviera aquí. Entrecierra los ojos antes de volver a mirar a Sakura. - Pero está bien, Sakura-chan. Sasuke está bien. Entrenamos juntos a veces y vamos a Ichiraku una vez al mes como antes, aunque hay que arrestrarle- Intenta pensar en algo más concreto, Sakura puede verle rebuscando en su memoria y ella espera esa gotita extra de información como un elixir -. ¡Ah, y me va a enseñar política de clanes! No hemos empezado las clases aún. Y… ¿qué más? Ah, sí, se rompió una costilla, pero se recuperó rápido. No es que hable mucho y ahora como las misiones son secretas, pues habla aún menos, así que no puedo decirte más, Sakura-chan. - Naruto se ríe y asiente, satisfecho con su propia descripción de los eventos.
Sakura no esperaba menos, pero quería saber mucho más. Porque Sakura no necesita conocer cómo son las tareas ANBU de Sasuke - lo hará bien. Sasuke es casi un perfecto técnicamente, tiene un clan poderosísimo detrás, es el heredero del precioso y letal chidori, es listo y es rápido y Sasuke, todos los saben, siempre fue el mejor ninja de los miembros originales del equipo 7 - sino de la vida que Sasuke no cuenta, la batallas que libra casi a diario y que solo ven unos cuantos. Sakura quiere que Naruto le hable de cómo lleva lidiar con las ridículas expectativas que pone el clan en él; de su relación tensa con Fugaku. Quiere saber si se está exponiendo demasiado para llevarse al límite, para demostrar a alguien (a su padre, a los ancianos, a la Hokage, a su hermano) que está a la altura de su nombre como si su nombre no fuera ya suficientemente grande y él hubiera sobrepasado las costuras de su apellido hace tiempo.
Pero Naruto nunca hace preguntas de esto, y Sakura se conforma con saber que Sasuke sigue vivo.
III.
– Oye, Sakura-chan, ¿cuándo vas a volver a Konoha?
Están tirados en un campo de entrenamiento a primerísima hora de la mañana, antes del calor. El pelo rosa de Sakura está sudado y lleno de polvo y le dan sorbos pequeños a las botellas de agua. Intenta ser honesta:
– Depende… mmm… teóricamente Tsunade me dijo que 2 años serían suficientes. Pero hay mucho trabajo, y puede que me quede más. - Sakura no puede evitar romperse un poco al ver la cara de Naruto y le acaricia con la mano los nudillos apretados contra los pantalones. - Ya habíamos hablado de esto, Naruto…
Cuando se fue. Unas semanas antes de su partida, él frunciendo los labios en el despacho de Tsunade. Entonces, ante la Hokage, no le quedó más remedio que agachar la cabeza y callar. Ahora, Naruto asiente pero no se conforma. No se ha conformado en la vida, Naruto, y no va a empezar a hacerlo ahora.
– Pero, ¿por qué? ¡Eres la mejor médico ninja del mundo! ¡No necesitas más! Yo te pondría ya a dirigir el hospital de Konoha, nadie lo haría mejor que tú, Sakura-chan.
Sakura quiere rebatirle, pero hay tanta, tant a fe en las pupilas de Naruto que podrían construirse religiones enteras sobre ellas. Odia tener que ser la parte práctica en esta amistad:
– Porque tengo que aprender a administrar - explica calmadamente - y la política. Y a gestionar, hacer protocolos, delegar, y a decir que no - Sakura sonríe ante la mirada críptica de Naruto que claramente no entiende que haya que poner límites a cualquier cosa. - Y eso requiere tiempo, Naruto. Tú también te fuiste, ¿recuerdas? Con Jiraiya. Y Sasuke también se fue. Y tiene a su clan. Pero yo no tengo nada de eso. Yo tenía que irme para crecer, y Suna es un buen lugar y me tratan bien. Tengo amigos ahora en el hospital y está Temari. Está Gaara. Está Kankuro.
Lo último dice casi en un murmullo, porque todavía siente los labios recorriendo su boca y sus manos su cintura. Después de aquel momento, solo se han encontrado con gente y no han podido hablar. Si es que tuviera que hablar algo. Se quita los guantes y los sacude, como si así se despejara mejor los pensamientos. A su lado, Naruto se deja caer sobre la arena pedregosa mientras mira el cielo limpio y azul del país del Viento. El sol empieza a quemar.
– Voy a presentarme al examen jounin este otoño, en Kumo. Kakashi-sensei me está ayudando a prepararme, por eso he venido con él. - Hay un tono de la voz de Naruto especial (más ronca y menos estridente) para cuando habla de cosas serias. Lo usa de manera involuntaria, y es una voz que nace directamente del corazón de Naruto y arrastra un mar entero de emociones - y cuando lo apruebe, le voy a pedir a Hinata que nos casemos. Me gustaría que la boda fuera la próxima primavera. Con las flores. - Los ojos de Naruto se oscurecen un poco y adquieren una textura parecida al terciopelo - Y me gustaría que pudieras venir, Sakura-chan.
Sakura da gracias al que el flequillo esté demasiado largo y mechones rosas cubran sus ojos. Qué tonta es. Está a punto de llorar y teme que cuando empiece no pueda parar. Naruto, piensa, casándose. Naruto tendrá una familia. Naruto ya no estará roto. Le tiemblan un poco las manos y decide hacer una broma para ocultar su propio voz quebrada:
– Iré encantada… si Hinata dice que sí, claro.
Naruto se levanta como un resorte y mira a Sakura con una cara de incredulidad que hace que casi ( casi ) se arrepienta de haberle dicho eso.
– Pero… ¿tú crees que dirá que no? – está aterrado – llevamos 2 años juntos y yo… ¡A su padre le gusto! Es… ¡Yo la quiero muchísimo , Sakura-chan, no me digas eso!
Sakura se ríe ante el pavor de su amigo y se levanta también del suelo. Ojalá estuvieran ahí Kakashi, Sai, Yamato o Sasuke. Podrían reírse juntos. Todos. Como antes.
– ¡Es broma, es broma! Estoy convencida de que dirá que sí. - Le pone la mano en el pecho y se sorprende al notar que el corazón de Naruto va a mil por ahora por los nervios - Será una boda preciosa y seréis muy felices.
Estoy segura.
Naruto suspira aliviado.
Sakura sabe - no cree , lo sabe a ciencia cierta - que si el mundo colapsara, si cayera un meteorito, si la madre de todas las guerras surgiera y no quedara un ser humano viviente en la tierra y todo se envolviera en humo y fuego y horror, habría que preservar a Naruto y a su sonrisa en un frasco para que hubiera esperanza. Habría que guardarlo, como fuera, de todos los males y hacer esencia de él para repartir por cada rincón oscuro para llenarlo de luz y que volviera a haber vida.
Nadie en este mundo merece ser feliz tanto como él.
Cirros, cúmulos, estratos
La cabeza de Shikamaru funciona en ramificaciones. Primero nace una idea, una chispa, que se divide en diferentes resultados. Cada causa lleva a una consecuencia, y va introduciendo variables que le permiten calcular rápidamente posibilidades y adelantarse al adversario. A veces las opciones no están claras, y requieren de un esfuerzo mental extra, y es cuando entran en juego las nubes. Cuando observa esos trozos de algodón flotando, a veces blancos y a veces grises, a veces esponjosos y otras veces deshechos en el aire, su mente coloca todas las piezas y concreta las ideas. Le ayuda a tomar decisiones y a entender sentimientos.
Y, por todos los espíritus de los Nara, necesita hacer ambas cosas cuanto antes.
Durante la primavera, le gusta tirarse en lo alto de las puertas de Konoha y observar el cielo cuando va a caer la tarde, porque el aire para y sube el olor de los cerezos y los ciruelos. El parte meteorológico del día de anunciaba nubes altas por la mañana y bajas a partir del mediodía, así que le hubiera gustado ir, y pensar y pensar; pero Tsunade no aparece por su despacho ante una repentina indisposición que, Shikamaru está seguro, recibe el vulgar nombre de resaca . Así que se ha visto arrastrado a parapetarse en tareas administrativas y es solo en su parón de comida que se puede asomar a la terraza de su oficina y lanzar una mirada al cielo.
Pero el problema con las nubes de primavera es que se mueven mucho más rápido que las de otras estaciones. Empujadas por los vientos de las montañas y los cambios de presión bruscos, dejan hermosos rastros de cúmulos y estratos que desaparecen pronto y en el cielo azul de Konoha solo se ven cirros dispersos que parecen las pinceladas vagas de un pintor y que están lejos, demasiado lejos, como para Shikamaru puede concentrar su mente en una sola.
Intenta, como ha hecho tantas otras veces, aislar los elementos del problema que tiene entre manos. El elemento número 1 es que, da igual cuanto intente mirar hacia otro lado, le gusta Temari. Más de lo que sería aconsejable que le gustase, honestamente, porque eso lleva al elemento 2 y es que, cuando Temari está cerca, no puede razonar con claridad. Se pone nervioso, se aturulla, dice idioteces y comete errores tácticos. Lo que le lleva al elemento 2.1. que es la gigantesca, enorme, descomunal, profunda, metedura de pata que cometió en la última reunión de Kages que hubo en Iwa, hace un par de semanas cuando, después de la última reunión, Shikamaru y Temari habían caminado juntos hasta el hotel donde se alejaba ella. Algo normal y caballeroso, y elegante y que no implicaba nada raro, ¿verdad? Podría haberlo dejado ahí, pero no, porque no piensa cuando está cerca Temari y fue ese momento en que ella le comentaba que podían entrenar juntos si algún día le apetecía, que se quedó mirándole los labios y pensó que, ya que estaba, por qué no la besaba. Y eso hizo. Cómo habían terminado desnudos en la cama del hotel unos minutos después era un asunto que aún quedaba por resolver, pero que solo podía llevar a dos situaciones: la primera, (2.1.a) que se quedara felizmente enredado junto a ella, despertar a su lado y hablar como adultos de las consecuencias de sus actos y cómo iba a afectar a su relación, si es que afectaba de algún modo o la segunda (2.1.b) escabullirse en mitad de la noche e irse al día siguiente en cuanto despuntó el alba dirección Konoha dejando tras de sí una nota en la mesita de noche que decía "hasta la próxima".
(Espera que ni Ino, ni su madre se enteren nunca porque está muy seguro de que ni los servicios médicos combinados de las 5 nacionales le iban a salvar de una muerte lenta y dolorosa).
2 días después, entrando en la aldea, traía consigo el corazón partido y un enorme cargo de conciencia que le tenía desde entonces sumido en una tristeza impropia de él. Y eso hbaía llevado al elemento 3: preocupar a su familia y amigos con sus emociones funestas. Así, Shikaku miraba a su hijo con el ceño fruncido, Yoshino pensaba que había cogido una enfermedad grave e insistía en que fuera al hospital, y Asuma, conociéndole mejor que nadie, le había arrastrado a un bar y mientras le ofrecía un cigarrillo le había dicho: v amos a hablar como hombres. Y ahí, había confesado entre toses, su patoso movimiento, sus incipientes sentimientos y sus dudas al respecto. Y Asuma le había escuchado con una media sonrisa hasta que no quedó más tabaco y le preguntó: ¿bueno y qué vas a hacer? Problemática o no, me temo que estás ante la mujer de tu vida.
Y ahí estaba, en el punto 4: ¿qué hacía? Sin saber por dónde tirar, y sin poder mirar las nubes.
Wishful thinking
– … a continuación repasaremos la sección 79. con respecto a los criterios de adjudicación de plazas de…
La reunión es tan aburrida, tediosa y redundante que Kakashi se encuentra, no por primera vez en su vida, deseando haber elegido otra profesión. Algo tranquilo, quizá relacionado con perros. Algo que le pagara las facturas, le permitiera vivir cerca del campo y tener un jardín para plantar berenjenas y comprar merchandising de Icha Icha. Algo que no fuera ser shinobi.
Y eso que nadie puede decirle que no es bueno en su trabajo. Con una diligencia exquisita, una concentración extraordinaria, una dedicación fuera de cualquier parámetro conocido; irónico, solitario, un poco ensimismado, leal hasta la locura, Kakashi Hatake debe de ser el ninja que más misiones ha hecho de la historia de Konoha. Desde rescatar gatos a asesinar embajadores, se hace apuestas consigo mismo para ver si va a sobrevivir o no a este año. Se conoce el despacho del Hokage como la palma de su mano, y cuando dejó ANBU, Tenzo grabó su nombre en la puerta de madera de la que había sido su taquilla para que le recordaran como el mejor que había pasado por ahí. A Kakashi le pareció un poco exagerado, pero Tenzo era bastante vehemente cuando se empeñaba en algo, así que se quedó ahí.
A ojos de sus superiores lo cierto es que si Kakashi Hatake no fuera ninja, simplemente no podría haber sido. Tiene en su cuenta una ingente cantidad de huesos rotos en nombre del País del Fuego, las misiones bajo su nombre ocupan dos archivadores enteros, sus raikiris y chidoris han atravesado el tejido blando de innumerables hombres y mujeres, y muchas veces le cuesta distinguir las heridas de otros de las suyas propias. Su dolor del ajeno. Todo se superpone y crea una costra encima de otra costa sin que se llegue a cerrar nunca el corte.
(En su cabeza recuerda perfectamente su primera misión a Suna. Vivía Minato, la guerra con Iwa aún duraba, y la sangre de Rin no se iba de sus manos. Le mandaron a él, cuando apenas era un ANBU recién entrado, a espiar las idas y venidas del Kazekage. Pasó 4 días escondido frente al viento, esquivando a los soldados que protegían las murallas. Tenía 14 años y todo aquel desierto, aquella enorme cantidad de nada, arraigó en su corazón como una malahierba y le vació incluso más ese hueco enorme que ocupaba todas sus cavidades. Y aunque le temblaran las piernas, aunque quisiera estar muerto, aunque quisiera llorar y echar a correr hasta que el pánico desapreciera, se quedó y completó su cometido. Volvió a Konoha.)
A veces, cuando las noches se hacen largas y vuelven las pesadillas, Kakashi tiene el pensamiento de hiel de que, de no haber sido ninja, podría haber sido vagabundo. Para dejarse caer en cualquier lado, para ahogar en soledad los compañeros muertos, los camaradas de fatigas, excelentes luchadores, nombres que también habían sido compañeros de borracheras, también colegas del colegio, también primeros besos, también gente con la que había dormido a la intemperie, también gente a la que había visto cometer errores tontos, ser generosos y también ser mezquinos, hacer grandes aciertos, odiar y enamorarse, palpitar bajo la piel. Habría recorrido el mundo pensado en todos ellos, intentando salvarles en cada recodo del camino hasta morir de agotamiento en una roca frente al mar.
(Es un poliedro, Kakashi. Tan rasgado en su interior que cuesta encontrar un tejido que no esté remendado.)
Tsunade le dice que si Kakashi no hubiera sido ninja, tendría talento para ser político. Insiste en que será un buen Hokage cuando ella se retire. Le comenta " eres brillante y calculador y montas y desmontas argumentos tal y como haces y deshaces jutsus ". Y él responde : "no creo que mis habilidades en batalla cuenten como don de gentes " y entonces " tonterías, Hatake. " Por eso y para su auténtica y genuina desesperación interna, le lleva mandado todo el año esas insoportables misiones diplomáticas representando a la aldea (" para que aprendas el oficio", afirma ella; "para escapar vilmente de tus obligaciones" replica él).
(Cuando años después se vea a sí mismo tallado en la montaña del Hokage, máscara y todo pensará que la idea de Obito de hacerse con las gafas no estaba del todo mal, y le pedirá perdón una vez más.)
Un día, un ebrio Genma le dice entre vasos de whisky vacíos, que si Kakashi no hubiera sido ninja, sería un buen periodista de investigación porque siempre sabe llevar la conversación donde él quiere.
En serio.
Mirad:
Sakura le está robando una gyoza de su plato en el restaurante donde están comiendo. El viento hace remolinos detrás de la ventana y aprovechan para descansar, ahora que Gaara y Naruto están practicando con sus respectivos jinchuurikis y no hay ruido ambiental en forma de veinteañero rubio.
– Sakura-chan, si quieres gyozas, solo tienes que pedirlas para ti.
– Me gusta comer las tuyas, Kakashi-sensei.
– En algunas naciones eso es considerado robo. Te podrían cortar la mano como castigo.
– Es un riesgo que merece la pena correr. Están muy ricas.
– ¿Muy ricas? - Sakura asiente con la boca llena - ¿Mejor que las que puedan ser legítimamente tuyas? - Sakura vuelve a asentir - ¿Así que podemos afirmar que mi comida sabe mejor en tu boca?
(En otro tiempo, Kakashi jamás habría dicho eso. Pero Sakura-chan ahora tiene curvas aquí, y allá, y ocupa el número 1 de los mejores traseros de Konoha y dado que es más que capaz de romperte todos los huesos del cuerpo de un puñetazo, puede aguantar perfectamente este tipo de comentarios).
– Tsk. - pone los ojos en blanco mientras mastica y espera a tragar para responder - No te ofendas, sensei, pero prefiero la carne joven.
Ouch. Eso ha dolido. Pero…
– ¿Como la de Kankuro-san, quieres decir?
Sakura se atraganta y Kakashi sonríe con fingida inocencia tras la máscara.
Si Kakashi no hubiera sido ninja, piensa un día en que cambia sus novelas habituales por una de misterio, podría haber sido un detective de los que salen en la tele. A lo mejor llevaría gabardina, y un sombrero de ala corta sobre el pelo gris desparramado y tendría una frase que anunciaría su descubrimiento ( Elemental, querido Pakkun, podría decir mientras le rasca las orejitas al perro). Siempre observa, ve mejor que nadie, es un rastreador nato y tiene una intuición extraordinaria. Aunque, reconoce, tampoco hay que ser un genio para percibir ciertas cosas.
Un ejemplo: Sakura se levanta para estirar las piernas e ir al baño en el receso de una reunión larguísima sobre competencias e instituciones sanitarias, y Kakashi está a punto de mandar a Kankuro a la academia porque un ninja de su nivel debe de ser más sutil y al menos intentar disimular cuando mira a Sakura alejarse, y prácticamente agarra el culo con la intensidad mirada; le indigna como hombre y como ninja, que no intente esconder ni siquiera cómo suben y bajan los ojos de la cintura a las tobillos, de las pantorrillas a las caderas, cómo la devora y se pasa la lengua por las labios. Prácticamente babea, por el amor de dios, Kankuro-san, contrólate .
Otro ejemplo: cenando en la terraza cubierta del palacio del Kage, las nubes pasan veloces por encima de ellos y el perfil de los edificios se difuminan en corrientes de arena. Naruto y Gaara están muy ocupados hablando entre ellos sobre sellos, Temari está en una misión, y Kakashi se siente un intruso cuando contempla con resignación de profesor cómo Sakura da un respingo al coger la salsa y rozar, sin querer, la mano de Kankuro, y cómo tiembla como una hoja cuando Kankuro le limpia un poco de comida que le ha quedado en la mejilla, y qué decir de que cada vez que sus piernas y rodillas se rozan bajo la mesa, se separan electrizados como si tuvieran miedo y se observan de reojo cuando creen que el otro no está mirando. Es tan triste, que Kakashi se plantea cederles la habitación de su hotel y que terminen de una vez con este patético ritual de apareamiento.
Pero si le preguntas, de no haber sido ninja, a Kakashi le hubiera gustado ser camarero. De verdad. El tipo de camarero que lleva pajarita y chaleco, hace los mejores cócteles de kilómetros y kilómetros a la redonda, y escucha en silencio los problemas de los borrachos y de los corazones rotos y cuando se han acabado la botella les da un consejo y les manda a casa. Sí . Si no hubiera sido ninja, no podría ser muchas más cosas, pero le habría gustado eso.
Al final, la décima noche, se refugia en un rincón del bar donde les han llevado los hermanos del Kazekage para celebrar que por fin hay se ha firmado un acuerdo. Naruto no para de pedir rondas de chupitos e incluso a Gaara se le ve afectado por el sake. Y Kakashi decide que lo mejor es esconderse y marcharse sin hacer ruido, pero Sakura le localiza, se acerca a él, con una suave cadencia de pasos alcohólicos, se sitúa a su lado, los dos apoyados en la pared, pone su cabeza en su hombro y finalmente, confiesa:
– Nos besamos. El día de mi cumpleaños. - Suspira y aclara, por si no fuera evidente - Kankuro y yo.
Kakashi echa la cabeza hacia atrás y resopla. Cuando vuelve a su posición normal, su ojo despejado solo ve una mata de pelo rosa unos centímetros por debajo de su cabeza.
– ¿Por qué me estás contando esto a mí?
– Porque no tengo a nadie más a quien contárselo. - Enumera con las manos. Un dedo, otro dedo, otro más - Temari es su hermana, Gaara no creo que entienda muy bien qué es un beso, Naruto es Naruto y es raro escribir una carta para contarle estas cosas a Ino. Están las chicas del hospital, pero creo que se ha acostado con la mitad de ellas. - A Kakashi le hace cosquillas el pelo de Sakura cuando mueve un lado a otro la cabeza. - Solo me quedas tú, sensei.
– Quizás no deberías llamarme sensei cuando tratamos estas cosas.
– ¿ Senpai ?
– No sé por qué, pero es casi peor.
– Sama .
– Ni en broma.
– ¿Estás cambiando de tema para no hablar de mi lamentable vida amorosa?
– ¿Por qué lamentable? Acabas de decir que os besasteis.
– Sí.
– ¿Besa mal?
– ¿Qué? No. No, no, qué va. Al contrario. Besa estupendamente. - se le ponen las mejillas de un tono más intenso, y se superpone al sonrojo del alcohol.
– ¿Tiene novia?
– No que yo sepa.
– ¿Tienes novio?
– No. Que yo sepa.
– Sakura, entonces, no entiendo cuál es el problema. Si dos adultos se atraen y hay consentimi…
– El problema es que no debería besarle. Ni nada más. No debería gustarme.
– ¿Y eso por qué?
Sakura habla bajito, y con el ruido de fondo de la música las palabras se pierden un poco pero Kakashi cree captar todo:
– Porque tiraría mi carrera por la borda. Si fuera hombre no pasaría nada, pero soy mujer y dirán "ibas a aprender a dirigir un hospital y ahora te estás follando al hermano del Kazekage" o algo así.
– ¿Te lo estás follando ? - y Kakashi parpadea porque diosmío hace no tanto esta chiquilla de pelo rosa tenía 12 años y se sonrojaba si alguien decía "pene" y ahora están hablando de a quien se folla y a quien no.
– ¿Qué? ¡No! Solo un beso, sensei. - sensei, sensei, ¿tanto le cuesta llamarle por su nombre? - Ya sabes lo que quiero decir.
– Eso me temo.
– La cosa es que es super injusto , y todo eso, pero es un mal movimiento para mí. ¿Alguna vez te has visto en una de estas? Quiero decir, eligiendo entre tu carrera y tu vida personal.
Kakashi tarda un poco en responder y en este rato Sakura abandona su hombro y se pone frente a él. Y el ninja copia se sorprende porque había olvidado el aspecto de muñeca que tiene su exalumna . Es casi irreal, parece que la ha diseñado un niño de 5 años que vive dentro de una margarita. Al fondo suenan los gritos de Naruto que parece estar apostando con alguien cuántas volteretas se pueden dar sin vomitar.
– No sé si soy la persona más adecuada para hablar de esto. - Piensa en Rin. Piensa en Obito. Piensa en todas las personas a las que ha rechazado. Piensa en todos los ligues con los que ha ido durmiendo y por cuyas ventanas ha escapado sin decir adiós. Piensa que toda su vida ha elegido profesional porque lo personal dolía demasiado.
– Pero también…- Sakura ignora el comentario, perdida en sus propios pensamientos y de pronto esos enormes ojos verdes se ven arrebatados un sentimiento de pena inmensa y los baja, ahora parecen esmeralda, mirando hacia algún punto indeterminado del suelo - ¿no me toca ser feliz de una vez? Después de mi madre, de Sasuke y todo eso.
Quizá no sabe mucho de amor, pero Kakashi sabe mucho de ser infeliz y no cree que nadie en el mundo se merezca vivir así. La agarra por los hombros.
– Sakura, ¿tú crees que a Tsunade-sama le importa lo que la gente opine de ella y de su intenso romance con el sake?
– Ni lo más mínimo.
– ¿Y por qué crees que es eso?
– ¿Porque Tsunade está en ese punto de su vida en que ya le da igual todo?
– Eso - tiene que aguantar la sonrisa y se pone serio - y porque es lo que la ayuda a ser feliz o estar menos triste, al menos. Y con las cosas que te hacen feliz hay que ir tirando sin que te importe qué digan los demás.
– ¿Como tú y tus libros pornográficos?
Kakashi se da por derrotado y baja las manos. Perdido el agarre, Sakura trastabilla porque se ha olvidado de ponerse a metabolizar el alcohol y empieza a asentarse en su organismo.
– Algo así. Supongo. - Coge a la médico de la muñeca y tira de ella hacia la salida. - Y ahora voy a llevarte a casa. Creo que ya has bebido demasiado.
– Pero sensei…
– No hay peros que valgan. Y con Kakashi , sin sufijos, es suficiente.
Si Kakashi no fuera ninja, le dijo un día Shizune entre risas, sería un buen enfermero. Del tipo que cuida con mimo a sus pacientes preferidos, pero es severo con los rebeldes. Estaría permanente encima de ellos, viendo cómo se encuentran, revisando sus heridas, cambiando las gasas y los esparadrapos y alegrándose cuando dejan el hospital y vuelven a casa El enfermero que sabe qué decir cuando el paciente tiene miedo - de las agujas, de los olores, de las noches, del dolor, de la muerte - o se siente solo y solo necesita que alguien le escuche.
Un día consiguen que Sakura les haga un hueco a mediodía entre consultas y cirugías, y pasean después de comer por la ribera del oasis a la sombra de las palmeras. Naruto descubre que una bandada de flamencos se ha instalado en una zona del agua y se va corriendo a la orilla a observarlos. Ellos se quedan sentados en un banco, contemplándolo como dos padres que vigilan a los niños en el parque.
– Entonces, Sakura-chan, ¿te gusta Suna?
– Le he acabado cogiendo cariño.
– No hay nada que se te pueda resistir, Sakura. Gaara-sama me ha dicho que estás haciendo un excelente trabajo, y que está muy orgulloso de ti.
Sakura se sonroja levemente y musita con voz suave:
– Lo hago lo mejor que sé, sensei , no sé si será suficiente.
Hace intervenciones médicas como si fuera una cirujana con 40 años de experiencia, pero se toma los cumplidos como si fuera una preadolescente.
– Seguro que sí, ¡no espero menos de mi estudiante favorita!
– ¿Un poco tarde ya para esa broma, no?
– ¿Quién ha dicho que es una broma?
– La experiencia, sensei , la experiencia.
Se gira hacia ella,e inclina la cabeza al tiempo que contempla las motas de luz bailando en su cara. La tez más tostada de lo que ha estado nunca.
– Siempre serás mi preferida, Sakura, pero no se lo digas ni a Naruto ni a Sasuje. Ya sabes cómo se ponen.
(Sakura no lo entiende porque Kakashi es experto en taparse en capas y capas de mentiras, pero sólo ella le ha llenado de auténtica alegría durante años. Como a sus compañeros de equipo, le ha dado luz donde sólo había tinieblas. Tan parecida a Rin y tan diferente. El amor que Rin ofrecía a puertas abiertas, en Sakura había que ganárselo. Donde Rin seguía, Sakura quería liderar. Donde Rin se habría parado, Sakura ha querido seguir adelante. De los 3, es la que más ha crecido y lo había hecho sin su ayuda. Apocada, civil, enclenque y descentrada, había dado un giro tal que costaba reconocerla. Nunca había tenido el talento natural que catapultaba a sus compañeros, pero siempre había sido inteligente y esforzada y él había sido un profesor negligente que no había sabido cuidarla como merecía. Sumará este pesar a todas sus otras condenas.)
- Kakashi. Exageras .
Pero no se lo discute más y le lanza una sonrisa al tiempo que se levanta. Se une a Naruto en la orilla y los flamencos echan a volar.
La clave de todo esto es que si Kakashi no hubiera sido ninja, no habría podido ser sensei , y si no hubiera sido sensei , probablemente estaría muerto.
Cuando Sarutobi le retiró del servicio de las operaciones secretas y le puso a cargo de un grupo de genin tan similar al que él mismo había pertenecido, estuvo a punto de preguntarle si aquello era una broma de mal gusto. Pero asumió la labor como había asumido torturar y asesinar antes, como un hecho del que se disoció mentalmente y cumplía con diligencia militar ( por el Hokage; por el País del Fuego; por Konoha. ). Les enseñó lo que pudo y cuando creyó que ya no podía enseñarles más, les cuidó torpemente y como mejor supo. A cambio ellos le dieron calidez, y cariño, y le dieron paciencia, y comprensión y empatía, y una gente a la que llamar familia y un motivo para volver a casa, pero sobre todo le dieron esperanza cuando ya la había perdido toda. Aprendió a su lado que la vida continuaba, y se juró que les seguiría al fin del mundo y allí, mano a mano, lucharía contra el mismísimo diablo por ellos. Porque ese y no otro, era su camino ninja.
(Aunque a veces, piensa, que su trabajo desde que los empezó a tutelarlos no es tanto el de un mentor, como el de una niñera de shinobis hiperactivos:
- ¡Por supuesto que he visto la cara de Kakashi-sensei! ¡Lleva siendo mi paciente años!
- ¡¿Por qué no nos ha dicho nada?! ¡Eso es traición! No me puedo creer que lo hicieras, Sakura, ¡cualquier persona menos tú!
- Naruto, ¡tengo que guardar el privilegio de confidencialidad del paciente! Y además, cuando estoy operando no me fijo en estas cosas.
- ¡Pero no es un paciente-paciente, es Kakashi-sensei ! Ya verás cuando se lo cuente a Sasuke. La próxima vez que le operes tendrás que dejarnos entrar en el quirófano.
- Estás borracho si realmente piensas que eso va a pasar, pedazo de idiota.
- ¡Pero por qué me pegas!
Suspira tras su libro. )
- … tal y como y se recoge en las disposiciones del anexo 8, los solicitantes deberán presentar una propuesta calificada por un panel de expertos externos acorde con los parámetros establecidos en el apartado 4 de la Ley…
En realidad, piensa mientras pasa las páginas del tratado, de no haber sido ninja, Kakashi se habría perdido la mejor parte de su vida.
Despedida.
(semi omake)
La última noche que pasan en Suna, Kakashi y Naruto cenan en casa de Sakura. Ha sido una comida copiosa y Sakura una vez más se disculpa por no poder ir a despedirse mañana de ellos "tengo una cirugía a primera hora, de verdad, chicos, sino… " Saca el postre: helado bien frío para todos. Lo agradecen. Tienen las ventanas abiertas de par en par, porque esa noche no hay viento y hace un calor del demonio, afuera se oyen los grillos y una lagartija con afán aventurero decide que quiere colarse en el salón. Naruto juega a que no pase poniendo el dedo en su camino y Kakashi se entretiene mirando las flores que Sakura ha plantado en el balcón.
– Has conseguido lo imposible, Sakura, - dice mientras Naruto ataca el helado como si no hubiera mañana - hacer crecer flores en el desierto.
La médico la mira desde el otro lado de la mesa relamiendo la cuchara de helado. Kakashi no lo ha probado aún, su postre derritiéndose en frente de él. Levanta la vista y se concentra en su ex alumna como si pudiera ver exactamente qué pasa por su cabeza, su corazón y sus entrañas. Porque Kakashi sabe , siempre sabe antes que nadie.
– Requieren mucho cuidado, tesón, fuerza y mucho amor pero luego no hay quien pueda con ellas.
Sakura no está tan segura de que estén hablando de flores.
– Así que ahora te interesa la botánica.
– ¡Ah, un shinobi siempre debe estar dispuesto a probar cosas nuevas!
Sakura tampoco está segura de que estén hablando de las necesidades educativas de los ninjas.
Se despiden un rato después, hartos de comida y con la pena engarzada en cada gesto. Sakura quiere pedirles que se queden y ellos no están seguros de querer irse. Pero el deber llama.
– Acuérdate de darle a mi padre la carta y el paquete que te doy, Naruto. Y manda saludos a Ino y a Tsunade-sama. - está casi balbuceando para evitar llorar, encadenando pedidos que ha repetido ya 18 veces - Y saluda a Tenzo y a Sai. Bueno a Sai, no. Ino me cuenta demasiado de él, quiero decir: demasiado de lo que quiero saber. - Naruto se ríe - Y a Sasuke, claro. Si le veis. - El rubio asiente con fuerza. - Y cuidaos mucho, ¿eh? Suerte con los exámenes Naruto, estoy segura de que pasaras sin problemas. Y nos vemos, ¿vale? Ya me dirás como va tu… plan. Ya sabes, el de primavera. - Sakura ignora la mirada curiosa de Kakashi y Naruto la mira contento de compartir el secreto de sus planes boda. - Tened buen viaje. Descansad. Recordad beber agua por el camino y comer fruta para evitar deshidrataros.
– ¡Sakura-chan, no tienes que preocuparte!
– ¿Si no os cuido yo, quién lo hará?
El abrazo que les da antes de que se pierdan en la oscuridad templada de Suna duele como dos mil aguijones.
N/A
¡Muchas gracias a los que seguís apoyando esta historia. Hacéis que luchar contra las teclas sea mucho más divertido!
Y aquí llegamos a la primera parte de Primavera que tiene en total la friolera de 50 páginas. Me ha costado la vida que saliera algo decente.
Por cierto, sí, aquí Asuma vive. ¿Por qué? Porque me apetece.
Por otra parte, en este capítulo está mi escena favorita de todas las que he escrito (junto a otra que saldrá más adelante), que es la de Naruto y Sakura tirados en la arena y hablando. Es corta, pero me gusta pensar que entre ellos hay ese tipo de amistad callada. De hecho, me encanta explorar la amistad del equipo 7. Creo que es el motor de la historia original y cuando escribo sobre ella es como volver a casa después de mucho tiempo fuera.
También me lo he pasado muy bien escribiendo sobre Kakashi. Es un personaje tan tan tan tan complejo que tenía que imaginármelo así por partes para poder llegar a captar al menos una mínima sección de ello.
Y en cuanto al beso, ¿qué os ha parecido? En la vida real y escribiendo suelo ser impulsiva con este tipo de escenas, así que me cuesta mucho darles espacio y lentitud, pero quería que fuera especial.
Nos vemos la semana que viene con la segunda parte, en la que habrá menos KankuSaku pero mucho más Sasuke, Itachi y Shisui.
Y ya sabéis si os gusta y os apetece, cualquier me gusta, comentario, recomendación, suscripción, etc, será recibida con entusiasmo y agradecimiento infinito.
