NA: Bueno, esta es la segunda parte de Primavera. Espero que la disfrutéis.

En ella vemos bastante de Sasuke y también ciertos avances por parte de Kankuro y Sakura.

Paciencia, que todo se dirige a un punto.


With a little help from my friends

Itachi nunca llega tarde, pero, precisamente hoy, hoy entre todos los días, no se le ve por ninguna parte. Y es un problema, claro que lo es, porque Shisui está a punto de empezar a tirar las paredes del bar donde han quedado porque fuera, ah sí, ahí fuera, hace un día fantástico, un sol de primavera estupendo para pasear, ni muy frío ni mi cálido,y podría usarlo para, no sé, entrenar, ligar con las chicas despreocupadas que caminen por los parques, comer dango, ir de compras, podar los rosales o tirarse en el jardín de su casa a tomar el sol, cualquier cosa y no estar en este antro oscuro, refugio de shinobis alcohólicos y espías de las 5 naciones, bebida va y bebida viene, esperando para poder hablar con su - perfecto, genial, brillante, sabelotodo - primo. Que llega tarde. ¿Lo había dicho ya?

- Shisui-kun - la camarera flirtea cuando le habla, se inclina y deja que el más que generoso escote rebote sobre la madera pegajosa de la barra. Ha pasado ya mucho tiempo desde la última vez que se acostaron juntos. - ¿Otra cerveza?

- Sí, por favor. - Ignora los avances eróticos de la chica, porque realmente no está de humor y le da la botella vacía para que la retire. Ya es la cuarta.- Súmalo a mi cuenta, Ryoko.

- Marchando.

Se pasa la mano por el pelo y por la cara y por los ojos hasta que oye el toc que avisa que le han puesto la bebida enfrente. Se la lleva a los labios y frunce el ceño, preocupado. ¿Cómo coño ha llegado a esto? Es decir, qué puta pesadilla. ¿No tenía Itachi otro momento para irse a sus misiones? Que no es fuera su culpa, claro. Bueno, sí, un poco su culpa es por ser prácticamente el mejor en todo lo que hace, pero no que la Hokage le mande aquí y allá cada dos días. No es justo cargar a Itachi con eso también, demasiado tiene con lo suyo. La culpa de todo esto es, sin duda, de Fugaku. Shisui está convencido. Incapaz de enmascarar el favoritismo por el mayor, y con sus absurdos estándares de lo que debe de ser un Uchiha y toda esa cháchara absurda que arrastra a todo el mundo. Porque, joder, sí, también es culpa de Mikoto. Shisui adora a su tía como la segunda madre que es para él, pero realmente en este caso Mikoto debería haberse plantado ante la estúpida idea de su marido. Todo este tema del matrimonio concertado era anticuado, inviable, fuera de todo esquema de cómo las cosas debían de ser en tiempos de paz. Era simplemente absurdo, lo miraras por donde lo mirases, y especialmente si lo mirabas desde el punto de vista de Sasuke.

Quien, por cierto, víctima o no, tiene su buena parte de responsabilidad en todo este asunto.

Le da un sorbo al líquido ámbar y rebufa. Si su primo pequeño hubiera sido mucho más discreto en sus escapadas, si se hubiera cerrado la cremallera del pantalón más a menudo, o de haber aprendido a lidiar con el estrés de las misiones-al-borde-de-la-muerte de otra manera, de haberse declarado a su preciosa compañera de equipo hace años, no estarían en esta posición. Y no es que Shisui le juzgue porque, al fin y al cabo, él no es mucho mejor y disfruta como el que más retozando en camas ajenas, pero a su favor juega que él goza de una libertad que Sasuke no tiene. Porque él no es el hijo del líder del clan ni tiene ese masivo complejo de inferioridad que arrastra Sasuke desde, bueno, toda su vida. Un complejo que, honestamente, era una tontería. Porque Sasuke era un talentoso shinobi, un ninja dedicado a Konoha, un hombre hecho y derecho, hombros anchos, voz profunda, pelo en el pecho y todo los demás efectos de la testosterona. Un buen amigo de sus amigos, y un orgullo para el clan, y en general, alguien con quien contabas para transitar la vida y que de pronto, había decidido hacer el gilipollas y a apostar contra su propia felicidad. ¿Dónde había quedado ese niño que les perseguía a Itachi y a él a todas partes, todo él mofletes regordetes y ojos gigantes?

– Ryoko, ¿me pones otra cerveza, por favor?

– Es la quinta.

– La que sea.

– Ahora va.

No, ahora en serio, ¿dónde coño estaba Itachi? Jamás llegaba tan tarde y Shisui se estaba desesperando. En general no le importaba echar un ojo a su primo pequeño y hacer de hermano mayor en la sombra cuando Itachi no estaba, pero esos 16 días que habían pasado desde la conversación que había tenido con Sasuke sobre el tablero de shogi, le habían dejado exhausto. ¿Cómo arregla esto, eh? Hacía años que había sugerido a Itachi que lo mejor era encerrar a Sakura y a Sasuke en una habitación hasta que salieran de ahí con un bebé de pelo oscuro y ojos verdes porque realmente era una vergüenza para la raza humana en general y para los encantos Uchiha en particular que esos dos no tuvieran algo ya, pero su mejor amigo tenía un política de no intervención muy clara en lo que concernía a los sentimientos de su hermano pequeño así que…

– Shisui.

¡Por fin!

– ¡Itachi! Al fin te dignas a honrarme con tu presencia. ¿Sabes cuántas cervezas llevo ya? Ryoko estaba apunto de echarme del bar. Permíteme que te pida una para ti. - Se gira en el taburete y hace un gesto con dos dedos de la mano izquierda - ¿Te ha tenido muy entretenido la Hokage? Pareces agotado, ¿ha ido mal la misión?, ¿cuánto ha durado al final?, ¿3 semanas?

Itachi mira a su primo con una sonrisa medio divertida, medio exhausta. Qué ganas de llegar a casa. Camina juntos hasta una mesa en la parte más oscura del bar y se sientan.

– La misión bien. Un éxito. Estuve con la Mizukage, manda recuerdos. - Shisui alza las cejas recordando las curvas de la pelirroja líder de la Niebla que parecía tener un flechazo en el heredero Uchiha. Ryoko llega con un par de cervezas más y los dos musitan un gracias - Siento el retraso. La Hokage me ha entretenido después de hablar de la misión.

– ¿Qué le pasa ahora?

– Un asunto de familia.

Oh.

– ¿Familia?

– Mi hermano.

Shisui nota cómo la cerveza se amarga en su garganta y que el perfil aristocrático de Itachi parece compungido, envejecido y preocupado. Todo lo que antes era acogedor y cálido en el sitio de repente es frío como el interior de un glaciar. Shisui le mira desde el otro lado de la mesa, lívido. ¿Cómo era posible que Tsunade se hubiera enterado ya? Era un asunto interno del clan. Y por tanto, era él quien tenía que haberle explicado toda la situación a Itachi. Era su responsabilidad, como primo, como mejor amigo y como Uchiha al fin y al cabo.

- Tachi, te juro que he intentado hacer todo lo que he podido. Le he recomendado que intentara ganar tiempo, incluso le ha dado ideas para escapar de la situación pero tus padres parecen decididos y Sasuke por algún motivo, también.

- ¿Decididos?

- Sí. Totalmente. Lo tienen todo atado. Pero he investigado las candidatas. Podría ser peor, la verdad, todas muy guapas, y parece que simpáticas. No sé si tendrán la paciencia para aguantar a tu hermano pero… pero realmente no creo que sea buena idea, de hecho creo que es muy muy mala idea...

- Espera, Shisui - los hombros de Itachi se inclinan hacia delante con los dedos largos aún agarrando el cristal de la botella. Le mira directamente a los ojos, frunciendo el ceño. - ¿De qué estás hablando?

- ¿De qué estás hablando tú?

Itachi contempla a su amigo - la nariz levemente ancha, las pestañas larguísimas, el gesto inusualmente serio - intentando averiguar qué es lo que pasa exactamente, antes de hablar.

- La Hokage está preocupada por la cantidad de misiones que hace Sasuke y los riesgos que está tomando. Sus palabras son exactamente "ese hermano tuyo está siendo suicida" y que "a la próxima le prohíbe estar en ANBU por 6 meses". Me ha hecho leer los informes de sus compañeros de las últimas 7 misiones. No pinta bien.

Ah. Era eso. En cierta medida, es un alivio.

- Ah, mmm. Ya veo. Sí. Eso es… eso es malo. Definitivamente.- Shisui le da otro trago a la cerveza y contempla el techo. Oh, Sasuke, oh Sasuke. - Siempre ha sido impulsivo tu hermano. Pero no suele ser descuidado. ¿Vas a hablar con él?

- Sí, claro. No quiero que le maten. - La coleta baja rebota contra la madera de la silla cuando se estira hacia atrás - Pero entiendo que hay asuntos más inminentes que tratar, ¿no? En tu mensaje pedías que nos encontraramos cuanto antes - insiste, los irises negros acumulan preguntas - ¿De qué querías hablar tú? Por el comentario anterior, entiendo que Sasuke está involucrado de algún modo.

- Bien - se aclara la voz - como te decía, he intentado hacer lo que he podido. De verdad. No ha sido fácil entre las misiones, la policía, y tal y además al final no ha servido para nada. Está todo el clan respaldando.

- ¿Pero el qué exactamente?

- Itachi - coge aire, se acerca a través de la mesa - tus padres le han organizado un matrimonio concertado a Sasuke.

Oh.

En casi 30 años de amistad y familia, Shisui jamás ha visto esa expresión en la cara de su primo. Con las cejas levantadas hasta la línea del pelo, la boca un poco abierta, repentinamente pálido, con la cerveza casi rozando los labios, el gran Itachi Uchiha está sin palabras. De ser otra la circunstancia, pediría que alguien le hiciera una foto, porque es una cara graciosísima y quizá sea una de las pocas oportunidades que tenga para meterse con él en el futuro, restregárselo en unos meses con un "¿te acuerdas de cuando…?"; pero Shisui es, ante todo, un buen amigo y simplemente le observa con esos ojos enormes suyos de color oscuro hasta que Itachi baja levemente la botella y habla con una voz que sale con un susurro ronco, como si le costara muchísimo encontrar el aire en los pulmones.

- ¿Qué?

- Lo que oyes. - Shisui se encoge de hombros - Todo el pack: una novia Uchiha, un periodo de cortejo respetable y a la vista de todos, una boda por todo lo alto, supongo que unos bebés al final del camino, más pronto que tarde. - Shisui habla mirando a Itachi a los ojos. Le da un poco de miedo que colapse.- Me lo contó un día el propio Sasuke jugando al shogi, tu padre le había dado una semana para responder y a los 4 días estaba todo cerrado. Intenté hablar con Sasuke, que pidiera una misión inminente, que se fuera a vivir con Naruto hasta que volvieras, yo qué sé, todo lo que se me ocurría. Con suerte volvías a tiempo para intentar mediar y poner un poco de sensatez a esta locura.

- Shisui, por favor. Más despacio. Vamos por partes.

Itachi deja con un golpe seco la cerveza sobre la mesa e ignora la espuma que salpica y que le mancha la mano. Necesita entender qué está ocurriendo. Habla como si analiza la estrategia de ataque, pero le traiciona el temblor en las pupilas. Es la idea más estúpida que han tenido en la vida. La más, más estúpida de lejos.

- ¿Sabes por qué mis padres han tomado esta decisión? ¿O - esto no lo cree, esto no lo puede creer nadie - ha sido Sasuke?

- Tus padres. - Shisui mira a los lados, comprobando que ningún desconocido les está escuchando. Los asuntos domésticos de los Uchiha son los asuntos de los Uchiha y punto. - Al parecer, durante el transcurso de una cita encantadora que tuvieron cerca del mercado oyeron una conversación entre un grupo de chicas sobre… la vida nocturna de tu hermano. Ya sabes, no siempre se ha limitado a… descargar el estrés únicamente entre las otras ANBU. La cuestión es que por lo que dejó transpirar la conversación, era bastante evidente que la chica en cuestión no era, ni había sido, ni sería, la única, y que había ciertos… rumores sobre su hombría por la aldea. - Shisui mira a su primo, que hace una mueca de disgusto.

- Ya veo. - Si lo racionaliza, Itachi cree que será mejor. Bebe la cerveza porque es lo único que le permite hacer la impotencia. - Me imagino que hubo algún tipo de conversación al respecto con mis padres. ¿Quizás un ultimátum?

- Oh, sí. Ya lo creo. - Shisui asiente, el pelo le sigue el movimiento y se funde con la oscuridad de la pared del fondo. Hay un cartel de neón a unos metros que le ilumina las facciones de color morado - Sasuke no quiso ahondar en este asunto, ya sabes cómo siempre es tan… retraído para hablar, pero por lo que entendí Fugaku básicamente le dijo que o aceptaba o le echaba del clan por "avergonzarlos", también le dijo que le pondría a ser cadete para la policía de Konoha como se negara. Y ya sabemos cómo terminó la historia la otra vez que tu padre y Sasuke trabajaron juntos…

Itachi recuerda. Itachi chasquea la lengua. Itachi piensa que cómo es posible que dos hombres adultos aparentemente funcionales sean incapaces de resolver conflictos sin la necesidad de ser crueles y arrogantes.

- ¿Y mi madre?

- No sé. Ya sabes que Sasuke es el ojito derecho de Mikoto. Su niño mimado. Pero ella parecía estar apoyando a tu padre. La oí el otro día hablar con la tía sobre lo decepcionada que está con Sasuke por todo este asunto. Por no hablar de que parece que no puede mirar a tu hermano a los ojos.

Perfectamente comprensible. Una madre no tiene que saber según qué cosas. Su hermano ha rozado la negligencia siendo tan descuidado.

- ¿Lo sabe más gente?

- Medio clan. Puede que a estas alturas, media aldea.

Santo dios. No se les puede dejar solos. Sitúa las manos en la sien, intentando frenar el inminente dolor de cabeza.

- Y has dicho que has investigado… ¿candidatas?

- Sí, 3. Tu hermano tiene que tener una cita con cada una de ellas y decidir en función de eso. - Itachi pone los ojos en blanco. Si se llega a enterar, se puede imaginar a la Hokage gritándoles cosas como "bárbaro", "denigrante", "las mujeres no somos piezas de carne para que elijáis como si fuerais al mercado" y tendría razón- Por lo que oí están encantadas con la idea de salir con Sasuke-kun - hace comillas en el aire con las manos y chasquea la lengua - ya ni te cuento con la perspectiva de entrar en línea directa con la familia principal.

Eso era otro asunto. Todo este tema de casarse entre Uchihas estaba reservado al herederos del líder clan por motivos de pervivencia del sharingan y aunque legalmente no era obligatorio, sí era lo aconsejado. Y era una de las razones por las que Itachi había elegido a Izumi frente a otras personas. Porque tradicionalmente, también había sido la manera en que las familias más alejadas de la rama principal podían ascender en la jerarquía del clan. Cuando Madara aún vivía, había habido un número nada desdeñable de asesinatos entre candidatas que aspiraban a casarse con él y posicionarse como matriarcas. Lástima que el tipo estuviera totalmente zumbado y - Itachi lo descubrió un día tras leer en los archivos varias cartas que habían intercambiado entre ellos - totalmente enamorado de Hashirama, como para preocuparse por las ambiciones e instintos homicidas de sus pretendientes.

- Supongo que tienes los nombres. - Shisui asiente - ¿Las conozco?

- No creo… Itachi, permíteme que te diga que no eres una persona especialmente social. - Los dos sonríen porque, bueno, porque es cierto - Pero las tres son, por supuesto, Uchiha. De ramas bastante alejadas, y todas ellas al menos son chuunin. Está por un lado Maru, lleva la guardería del distrito. Parece una buena chica, muy dulce, pero es un poco más… redondita de lo que Sasuke suele gustar. Aunque con esas cosas nunca se sabe. - Hablando de redondeces, Shisui eleva la cabeza buscando a la camarera con la mirada. Le pide otras dos cervezas. - Y está también Yuka, que es administrativa en el hospital. Muy buena con las cuentas, lo que al parecer le da puntos como matriarca o algo así. Yo creo que la has visto: tiene el pelo muy cortito, puede que a Sasuke le guste porque es especialmente callada, incluso para ser Uchiha.

Shisui interrumpe el monólogo cuando Ryoko aparece con las dos botellas en una bandeja y las deja entre ellos, el escote aún más revelador que antes. En esta ocasión, no puede evitar que sus ojos se queden fijos unos segundos de más. Frente a él, Itachi ha recuperado un poco la compostura, pero las marcas en la cara resaltan y hay algo en los ojos negros que se ha convertido en algo duro, parecido al hormigón, similar a una losa sumida en las profundidades del mar.

- ¿Y la tercera?

- Akira. Si me preguntas, creo que será la ganadora. Aunque es muy joven. Pero es una chica guapísima, con unas piernas de infarto. Su hermano es Yahiko, es sargento en la Policía. Un tío bastante simpático y profesional. Ella es modista, le hace los kimonos a Mikoto, a los Hyuga… Si yo no estuviera tan en contra de todo este rollo del incesto del clan, hasta le habría dado una oportunidad.

Ah. Akira. Itachi cree que la conoce. La ha visto a veces en casa, tomando medidas a Mikoto. Siempre parece estar extasiada de estar cerca de ellos, como si fueran una especie de divinidad a la que tienen que adorar. Por lo demás, jamás ha intercambiado con ella más de dos palabras.

- ¿Y Sasuke?, ¿cómo está?

Delante de él, Shisui se encoge de hombros y hace una mueca triste. Itachi le conoce lo suficientemente bien como para saber que bajo las bromas, tapa la preocupación por Sasuke; y que bajo la lealtad a Konoha, lo poco que le gustan todas estas costumbres de los clanes. Es un buen amigo, Shisui. El mejor que podría pedir.

- Callado. Introspectivo. Más que de costumbre. No tiene mucho aspecto de dormir bien, aunque solo le he visto de lejos. No hemos podido hablar desde que me contó todo esto, pero entiendo que ha estado matándose a misiones, dada tu última conversación con Tsunade-sama.

Siempre ha sido así, piensa Itachi. Su hermano es un experto en tomar las peores decisiones creyendo que toma las correctas. Y aunque en general él intenta observar y no intervenir, es muy difícil que pueda salir de estar sin hablar con él seriamente. ¿Qué quiere hacer exactamente con su vida? Una cosa es jugarse el físico y la vida en misiones, porque es parte del trabajo y algo por el bien mayor y otra es simplemente decidir que quieres ser infeliz el resto de tu existencia pudiendo evitarlo.

- Gracias, Shisui… te agradezco que le hayas echado un ojo.

- Ojalá pudiera haber hecho más - pone una cara triste, de perrito apaleado - pero todo ha sido muy precipitado.

- No es tu obligación.

Tampoco debería ser la mía, piensa amargamente.

- ¿Lo ha hablado con alguien más? ¿Naruto, quizá?

Shisui niega y estira los brazos tras la cabeza.

- Naruto acaba de llegar, ha estado casi tres semanas en Suna con Kakashi.

- ¿Suna? ¿Alguna noticia de…?

- Tch. No parece que Sakura vaya a volver pronto, si eso es lo que estás pensando. - Sí, lo estaba pensando, a lo mejor si ella volvía... -Tu hermano tendrá que ir él a verla si espabila o... no sé, quizá llega tarde.

- ¿A qué te refieres?

- Kakashi-sempai me comentaba antes de ayer en esta misma mesa que parece que entre nuestra querida Sakura-chan y el hermano del Kazekage hay o puede llegar a haber algún tipo de relación más allá de lo profesional…. - Shisui tiene una sonrisa de perro, todo dientes y cierto brillo en la mirada. - Ya me entiendes.

Entiende. Y todo su cuerpo transmite, de pronto, cierto sentimiento de derrota. Ya había pronosticado que Sakura podría encontrar a alguien que no fuera Sasuke en Suna, pero que ese alguien fuese Kankuro, hermano y mano derecha del Kazekage, era una mala noticia. Le conocía bastante. Era, diplomáticamente hablando, una mosca cojonera. Nunca cedía cuando se trataba de Suna, defendía la posición de Gaara como un cancerbero y cuando sacaba las marionetas era un espectáculo digno de observar. Y aunque era un formidable shinobi y un magnífico estratega, cuando dejaba el trabajo a un lado, también era un hombre relajado y divertido. Mucho más cercano y cariñoso que su arrogante y malhumorado hermano pequeño. Alguien con quien definitivamente querrías pasar el rato. Alguien con quien la energía alegre y dicharachera de Sakura encajaba bien.

Mira la botella vacía en la mano. Podría pedirse otra más y hablar, simplemente hablar con Shisui sobre cualquier otra cosa, el trabajo, Izumi, los colegas, el clima, vaciar la cabeza de este zumbido que le está produciendo el asunto del matrimonio y esa sensación de impotencia que tiene al ver cómo su hermano, la persona que más quiere en el mundo, se dirige a darse contra un muro sin ni siquiera plantear cambiar la marcha. Pero Itachi jamás ha intentado evitar los conflictos, y entiende que cuanto antes se solucionen, mejor para todos; así que se levanta con un movimiento felino y le pone una mano en el hombro a Shisui antes de irse:

- Creo que no queda más remedio que pasar por casa cuanto antes.

Shisui le lanza una media sonrisa y le aprieta la mano, infundiendo ánimos.

- No te envidio, Itachi. No te envidio en absoluto.


Let it be

Una médico ninja debería saber cuándo parar. Cuándo decirle al cuerpo: mira, tienes que descansar. Debería saber, mejor que nadie, que no sirve de nada trabajar sin descanso porque tu cuerpo no va a recordar al final los movimientos y que las jornadas de 16 horas hacen que al día siguiente solo puedas trabajar 4. Lo debería saber pero, entre tú y yo, Sakura nunca ha sido especialmente buena siguiendo sus propios consejos.

Es pasada medianoche y no cabe una estrella más en el cielo de Suna cuando Sakura lanza un gemido de desesperación:

– ¡Aaagh! No pensaba que esto fuera tan difícil.

Se deja caer como en el suelo como una bailarina a la que se le ha ido la cuerda. Está agotada: le duelen las piernas, le duelen las manos, le duelen las uñas, le duelen cosas que no sabe que tenía y está francamente frustrada.

– Tensas demasiado los dedos. Tienes que relajarnos.

Kankuro está delante de ella, sentado con las piernas abiertas y un brazo reposado en el respaldo en el mismo sofá marrón en que se habían besado. Llevan juntos horas ahí, desde que acaba su turno en el hospital. Y Sakura pueden decir con orgullo con que se están comportando como adultos, especialmente si tienen en cuenta que es la primera vez que están los dos solos desde el día de su cumpleaños y que el espacio del taller de marionetas es bastante pequeño. Aunque, no puede negarlo, es verdad que ahora los juegos de palabras y los dobles sentidos tienen, de pronto, un peso concreto y específico en su vocabulario y hay un acuerdo tácito para desterrarlos de sus conversaciones, y, es verdad también que cada roce y gesto que han tenido mientras Kakashi y Naruto estaban en la ciudad ha sido el equivalente a una descarga eléctrica, a un código morse que compartían solo entre ellos. Y aunque por ahora, intentan que todo sea aséptico y profesional quizá, con tiempo y autocontrol, vuelvan a ser los amigos que fueron.

– ¿Crees que podré conseguirlo?

– Creo que estás cerca de hacerlo.

Se levanta y se pasa una mano por el pelo oscuro, con los antebrazos marcados baja la manga de la camiseta corta. En dos pasos reduce la distancia entre él y Sakura y se agacha hasta estar a su altura.

– Mira, coge el mando del títere - Kankuro sujeta en su mano rugosa la pequeña afilada de Sakura y la desplaza sobre la cruz de madera - con estos tres dedos por encima - los separa, uno por uno y Sakura siente que es una niña pequeña - y estos dos - coge el meñique y pulgar- por debajo. Prueba de nuevo: primero sin chakra y luego con él.

Se levantan los dos al tiempo y Sakura pone toda su energía en concentrarse en lo que está haciendo. Ignora el mareo que le provoca la combinación de cansancio, no haber cenado, el ambiente cargante del taller y la cercanía masculina de Kankuro. Quiere aprender a hacer esto de una vez. Porque el problema no es usar hilos de chakra, como hace él, para dominar la marioneta. Eso lo soluciona con su propio control sobre la energía. El problema reside en que es incapaz de hacer que la marioneta se mueve con cierta gracia, cierta soltura, y no parezca una mopa tirada en el suelo. Ese es el asunto que la trae de cabeza. Intenta poner los dedos como ha dicho Kankuro.

– Bien - la voz del titiritero suena ahora detrás de ella. Se tensa al darse cuenta que su espalda está chocando contra el pecho de él. - Ahora mueve la muñeca de izquierda a derecha, balanceando. Con cuidado - la voz cada vez está más cerca. Nota, de pronto, las manos de Kankuro pasando por debajo de su codo, rozando su antebrazo y agarrándola de las muñeca para dirigir sus movimientos. Es imposible que no haya percibido cómo se le acelera el pulso y le cuesta pensar con claridad.

Sakura, céntrate. Por los niños. Por la ciencia.

– Relaja las manos. Así - Sakura destensa los dedos. La voz masculina retumba tras ella. Están tan cerca, tan cerca, tan cerca que Sakura nota su cabeza pelirrosa contra el pecho ancho, la respiración de ambos prácticamente al mismo ritmo y las caderas (oh, las caderas) peligrosamente pegadas a su culo. - Mira cómo se mueve, ¿lo ves? - Asiente. - Ahora, con hilos de chakra.

Asiste maravillada a cómo la marioneta se empieza a desplazar grácilmente, primero una pata, luego otra, luego la cabeza, los pies. Está caminando. Le infunde más chakra y los pelitos azules se iluminan con su luz verde.

– Sakura, ya lo tienes.

Sonríe y se deja llevar cuando Kankuro le libera las manos y se entretiene haciendo que el perro se mueva un rato. Hace que salte, que se ponga a dos patas, que baile incluso. Quiere celebrarlo y decir algo como "¡ja!", y alzar un puño al alto victorioso, pero entonces se da cuenta de que las manos que hace un rato controloban sus manos, ahora sobre su cintura, atrayéndola hacia él. Se queda quieta y un escalofrío recorre su espalda cuando los dedos de Kankuro encuentra el espacio entre su falda y la camiseta y empieza a hacer circulos con los pulgares sobre la piel desnuda. Cierra los ojos y solo le lleva medio segundo estar sumergirse en el placer del hombre.

– Kankuro, qué…

Y cuando responde, su voz suena justo al lado de su lóbulo y parece que viene de las profundidades del mundo.

– Dime que pare, Sakura.

Deberían. Por profesionales. Por el autocontrol. Por su amistad. Por la carrera de ella. Por los sentimientos de él. Sakura debería decirle: para. Agradecerle la ayuda, recoger sus cosas, marcharse por la puerta y evitar tocarle como ha hecho estas últimas semanas. Y ya está. No debería, bajo ningún concepto, dejar caer los mandos de la marioneta al suelo y retirarse la melena a un lado para que un trozo del cuello quede al descubierto de tal modo que Kankuro pueda, ya sabes, bajar los labios y besarla en ese punto, ese punto exacto, entre la oreja y el nacimiento del pelo.

No debería en absoluto, y sin embargo, lo hace.

– No pares. - Bajo la camiseta roja, se endurecen los pezones. - Sigue.

No tiene muy claro cuándo fue la última vez que se acostó con un hombre. ¿8 meses? ¿1 año? Cree que un poco antes del inicio del verano pasado. Con Omoï, el guardaespaldas del Raikage. Era un chico simpático y guapo y era imposible resistirse a sus encantos. Recuerda que había sido suave al principio y fuerte al final. Recuerda que había sido silencioso, ella mordiendo la almohada, él jadeando suavemente en su oreja, las manos blancas hundidas en la piel oscura, envueltos en la penumbra de su apartamento. Recuerda que habían desayunado juntos al día siguiente, y que él había pagado todo a pesar de que ella se había negado ("Eres mi invitado", "Creo que he abusado más que suficiente de tu hospitalidad" y le guiña un ojo). Recuerda que se habían despedido con un beso rápido en un callejón y él le había dicho mientras jugaba con un mechón de pelo rosa, divertido: "ahora entiendo por qué Tsunade protege tanto a su discípula".

Recuerda levemente todo esto, ha pasado demasiado tiempo, ha llegado a pensar que se le iba a atrofiar la líbido; pero ve borroso y el ardor en el bajo vientre va creciendo mientras Kankuro le besa el cuello con mordisquitos que parecen nubes, los labios ardiendo y su piel en punto de ebullición, y mete las manos por debajo de la camiseta, acariciándola. Es casi instintivo lo de juntar las nalgas a la parte baja del cuerpo de él y se frota con un impulso animal. Nota cómo se le va poniendo dura bajo el pantalón. Hay algo especialmente erótico en no estar frente a frente, en no verse la cara y simplemente hacerlo a través del tacto. Ciegos, aprendiendo un lenguaje nuevo.

– Sakura…

– Mmm

– No puedes hacerme esto. - Sube una mano desde el ombligo hasta la base de sus pechos y coge uno entre los dedos, por encima del sujetador. Lo aprieta y Sakura da un respingo y jadea de placer. Se mueve en una nebulosa. - Me vuelves loco.

Es fuego y es hielo a la vez lo que siente Sakura en cada átomo del cuerpo cuando los besos y la lengua de Kankuro van recorriendo desde la oreja toda la línea de su mandíbula. Podría estallar tan solo con la manera en la que la mano derecha sube entre el escote y la izquierda baja hacia el borde las bragas. Quiere que siga y también quiere que pare esa tortura que hace que le tiemblen las piernas. Quiere atraerle hacia ella y dejarse llevar entre sus brazos. Quiere que sea él quien marque el ritmo pero también quiere cabalgarle. Lo quiere todo y lo quiere ya. Por eso, se gira, y busca los labios. Lo va a devorar.

Y entonces, lo nota.

Ah, joder. Así que era esto.

Y entonces, se cae.

¡Sakura!

Y entonces él la recoge antes de llegar al suelo, y ella se queda en sus brazos.

– A penas te queda chakra, ¿se puede saber por qué no me los ha dicho antes?

¿Está enfadado? Parece enfadado. No debería estarlo. Enseguida se le pasa.

– Estoy bien.

– Y una mierda estás bien.

Y ella que pensaba que la estaban mareando los besos.

Bajo su cabeza nota el tejido del sofá ocre. Kankuro la cubre con una manta.


Akira

No sabe quién empezó el rumor, pero nunca se había molestado en desmentirlo. En general porque le daba igual qué opinara la gente de él, en particular porque mantenerlo vivo había jugado a su favor hasta el momento.

(Quizá había sido uno de sus compañeros de ANBU. Hacían coñas en los vestuarios. Le decían: Sasuke, para ti ir a ligar es como pasearte por el buffet libre y elegir simplemente lo que más te gusta. U otra persona. En un bar, entre copas, un colega envidioso del País del Rayo: las misiones de seducción no te exigen más de lo que te exige ir al baño. Puede incluso que hubiera sido algo espontáneo, que simplemente se le hubiera ocurrido a alguien al verle - La líder de una banda de trata de blancas, desnuda, a su lado, con el kunai abriéndole el estómago: al menos me mata un hombre guapo y peligroso. Podría haber sido peor.)

Fuera como fuera, un día se encontró con que en las diferentes aldeas ocultas que pisaba, le acompañaba un zumbido de voces que le atribuían una cantidad ingente de conquistas (más de 200 mujeres, susurran; que había estado en una orgía con la mismísima Mizukage, afirman) y no es que él fuera un santo, ni que las hubiera contado, y estaba muy lejos ser un ejemplo de absolutamente nada, pero honestamente 200 era un número absurdo. Y dejando a un lado las misiones de seducción, en los 4 años que lleva de siendo sexualmente activo, había intentado en la medida de los posible que sus encuentros amorosos se limitaran a otras ANBU. Porque ellas entendían el concepto de echar un polvo para desfogarse después de ver a tu compañero empalado por el enemigo, lo que era la rabia que se acumulaba y que tenías que sacar de algún modo, algunos con pastillas, otros con alcohol, algunos simplemente dejando que les mataran para aliviar todo ese tensión, esa presión insufrible, el corazón de piedra, la extenuante disociación mental. Con ellas era fácil no exigir y no dar más de lo que exigían dos cuerpos sudados chocando el uno contra el otro. Sib bien tampoco iba a negar que a veces, por qué no, salía a un bar con sus compañeros, incluso con Naruto y los demás chicos de su edad en un par de ocasiones, y sí, se acostaba con algunas civiles cuando surgía la oportunidad y tenía ganas.

Pero por mucho que sumara, el número no se acercaba, ni por asomo, a la media centena.

En honor a la verdad, no era tanto su ego el más beneficiado de mantener los rumores circulando, sino sus sentimientos. Porque le alejaba de Sakura y se mantenían mutuamente a raya. Y eso era bueno, porque durante ese tiempo, no tenía que controlarse. No tenía que esforzarse en fingir que estar cerca de ella le volvía loco. Que le mataban los celos cuando le veía con todos esos shinobis que no sabían lo que tenían. Que solo verla, sonriendo a Naruto o a Kakashi o al idiota baboso de Kiba, o riendo con sus amigas mientras paseaba le hacía querer sacarles el estómago por la nariz, y toda esa máscara de ser frío y distante con ella le costaba un triunfo. Bajo la excusa de ser un seductor, podía ganar tiempo si fingía que en esta fase de su vida solo quería sexo, porque, dios mío, Sakura no era una chica de una noche ni de una aventura sexual. Malditos fueran todos los hombres que pensaban así de ella, porque se lo merecía todo: las citas, las flores, las joyas, el vino, las cenas, los besos a la puerta de casa, esperar a que estuvieran preparados para desnudarla, hacer de su primera noche especial, presentársela a sus padres, arrodillarse y pedir matrimonio. Todo eso quería Sasuke para vivir con su compañera de equipo. Y hasta entonces, lo había tenido controlado y todo este tinglado, había funcionado bien.

Bien hasta que sus padres se habían enterado y a ver cómo explicaba que no era para tanto, pero sí.

El honor del clan por los suelos, había gritado Fugaku.

No te eduqué para que trataras así a las mujeres, había dicho Mikoto con una furia silenciosa.

Esto se acaba aquí y ahora, no se había levantado de su asiento, con las piernas dobladas sobre el tatami, pero el chakra Fugaku parecía el susanoo. Encontrarás a una mujer. Mikoto asentía a su lado. Será Uchiha para que tu sharingan no se pierda, y pedirás que te quiten de todas las misiones no aptas para alguien con tu cargo en el clan. Tragó saliva. ¿Misiones? Había preguntado Sasuke. Seducción, había dicho su padre, con su madre levemente avergonzada a su lado.

Unos días después, durante el desayuno, había aparecido junto al cuenco de arroz una lista con tres nombres, tres fechas, tres lugares. Citas en público, para evitar confusiones. Para que las viera todo el mundo. Para dejar clara sus muy honestas intenciones.

Para espiarle.

Y ahí se encontraba hoy, con la última de ellas, Akira Uchiha, en la cafetería más concurrida de Konoha, rodeados por rosados cerezos en flor porque se ve que el universo tenía un sentido del humor bastante retorcido.

Y al verla, lo primero que pensó es que era guapa. Más que las otras dos. Tenía los ojos marrón oscuro y el pelo color chocolate. Alta, bastante alta. Le esperaba de pie, en la entrada del local, con el pelo recogido en una coleta alta, con un blusa cruzada con el símbolo Uchiha en la espalda y unos pantalones a media pierna. Tenía un cuerpo fantástico. Curvas perfectamente medidas, un culo estupendo, busto lleno pero no rebosante, hombros estrechitos, vientre plano. Una genética bendecida, sin duda.

Una lástima que a Sasuke no le gustara nada.

Porque, a ver, porque no era el tipo de hombres al que le gustaran las mujeres que le recordaban a su madre. Y Akira tenía bastante de Mikoto. En general, Akira era tan rematadamente Uchiha que era exasperante.

Pero también, como no tardó en descubrir, era una compañía agradable. Mientras sorbía su té se dio cuenta de que tenía un timbre bonito de voz (a Sasuke le estresaban las estridencias), que era chuunin en reserva porque prefería dedicarse a la costura, un pasión que había heredado de su madre (y le sorprendió la honestidad, porque casi todos los shinobis que renunciaban a su carrera solían inventarse excusas sobre misiones que les habían traumatizado o algo así), que había cumplido 18 años hacía un mes (descubrió entonces con cierto pavor pero sin sorpresa que los Uchihas se movían, realmente, en el límite de lo que era legal) y que siempre siempre siempre le había gustado Sasuke (te iba a a ver entrenar con tu hermano a escondidas, confesaba con un rubor que en otro contexto habrá sido encantador. (Otro contexto: uno en que esta perfecta desconocida no iba a ser su mujer el resto de su vida y la muy probable madre de sus hijos.))

Hay que joderse.

– ¿Y qué es de ti, Sasuke-sama?

Sama.

– Sasuke-san o Sasuke está bien.

– De acuerdo, Sasuke-san.

Esto es ridículo. Su posible futura esposa le trata con honoríficos.

– No tengo mucho que contar, Akira. - Cruza las piernas sobre la silla de metal y por el rabillo del ojo ve a un primo tercero suyo observándoles. Qué falta de profesionalidad. - Mi posición en ANBU me obliga a mantener la más estricta confidencialidad con respecto a mis misiones. Fuera del trabajo, no tengo demasiados intereses, aunque suelo leer libros de ninjutsu.

– ¿Y los animales?

– ¿Perdón?

– Una vez, en el distrito, te vi acariciando un gatito. Pensé que te gustaban.

– Ah… mmm.. sí. Me gustan, pero no como si fuera Inuzuka o algo así.

Se ríe y se tapa la boca para ocultarlo. Sasuke sabe que eso un indicio de buena educación, pero media vida al lado de mujeres como Sakura, pura transparencia en sus sentimientos y emociones, habían hecho que valorara mucho más la disposición de disfrutar de una buena carcajada como cualquier otro compañero masculino.

– ¿Entonces, no haces nada en tu tiempo libre Sasuke-san? - se pone un mechón tras la oreja, y le mira con interés. Hay que reconocer que está haciendo un verdadero esfuerzo por mantener la conversación viva, que es bastante más de lo que hicieron las otras dos. Una no paraba de hablar de niños (¡niños, en la primera cita!) y la otra, simplemente, no hablaba.

– No tengo mucho tiempo libre. Pero en general entreno. Con mi hermano, mi primo Shisui, mi equipo, o Naruto.

– Es verdad. Uzumaki-san estaba en tu equipo genin, ¿no? - hay algo en el tono de voz de Akira, como si estuviera midiendo bien sus palabras, que pone al ninja dentro de él alerta - También estaba Haruno-san, ¿no? ¿sigues teniendo relación con ellos? Por lo que sé Haruno-san no está ya en la ciudad.

Haruno-san. ¿A dónde quiere llegar?

Ha.

Y no dice más.

– Disculpa, Sasuke-san. No quería ser entrometida. Es solo que mi madre tiene una lesión en la rodilla y Haruno-san solía ser su médico. - Akira baja la mirada avergonzaba y retuerce entre sus dedos una servilleta - Nos sorprendió su marcha, era una profesional muy dedicada.

Sasuke quiere bufar. Si a ella le sorprendió su marcha, imaginate a él que aún no ha recibido una explicación.

– Hm. Suelo cenar con ellos una vez al mes. Kakashi. Naruto. A veces Sai y Yamato.

Ella sonríe y Sasuke nota que tiene un diente un poco torcido.Y el hecho de que no sea tan absolutamente perfecta, hace que se relaje y decida darle una oportunidad a la conversación. Intentará hablar sobre asuntos ninjas, sí. Eso es terreno conocido.

– Akira-san, ¿tú mantienes contacto con tu equipo genin?

Ella asiente y deja su té en la mesa. Se la ve más relajada también.

– No nos vemos tanto como vosotros, pero a veces comemos juntos. Yo fui la única que hice chuunin y ellos han pasado a ser civiles, ayudan con asuntos de la organización de la aldea igualmente. Asuntos de comercios de exportación y cosas así. - se sonroja un poco - no somos como tu equipo, Sasuke-san. No íbamos a salvar el mundo ni nada.

– Todos los equipos son importantes para el funcionamiento de la aldea. - Sasuke no cree eso realmente. Claro que hay gente más importante que otra. Pero tampoco quiere ser innecesariamente cruel. - Nos protegemos entre todos.

Y de repente los ojos de Akira se iluminan y asiente con modestia. Y a partir de ahí, hablan sobre misiones que hicieron de pequeños, hablan sobre el clima, hablan sobre quedar para practicar un día con los shuriken (Akira le dice: ¡era la mejor de mi clase! y él se oye a sí mismo retándola: entonces tendrás que demostrarlo un día y ella se sonroja) hablan y así pasará la tarde y Sasuke se sorprenderá a sí mismo pensando que ha estado bastante cómodo.

Por eso cuando, unas horas después, Sasuke la acompañe hasta su casa se despedirá con una leve inclinación de la cabeza y esperará a que abra la puerta y la verá cruzar el dintel sin quitar la vista del símbolo que comparten en la espalda. Y cuando entre en su propio salón, la mesa de la cena estará ya puesta y hará frente a las miradas ansiosas de sus padres, a la incógnita que baila en los gestos de Shisui, a la incorruptible cara seria de Itachi. Se dejará caer en el cojín donde se suele sentar a comer y anunciará:

– Akira-san será mi esposa, - ignorará el rostro ilusionado de su madre y mirará fijamente a Fugaku – bajo una condición: – y será esta vez Mikoto quien levante la mano para interrumpir a su marido, que iba a empezar a quejarse - esperaremos dos años para la boda. Akira-san es aún muy joven.

Horas después, en salón tradicional y espacioso de los Uchiha, donde la luz suele entrar con una fuerza especial y huele a años apelmazados en los muros, Fugaku aprobará las condiciones de Sasuke, y Mikoto le apretará la mano a su hijo menor con algo parecido al cariño. A su lado, su primo y su hermano, no levantarán la mirada del plato pero fruncirán el ceño y apretarán los labios.


Lavanda, limón y talco

El nuevo pabellón infantil está decorado con flores en las paredes y nubes en el techo. Cuando Temari lo vio por primera vez dijo que "era como entrar en un puñetero arcoiris" y Gaara comentó calladamente que "le recordaba a los días que pasaba en Konoha" y de algún modo con eso, Sakura, supo que le estaba dando su aprobación. Entonces, cuando se lo había enseñado, era diciembre, estaba vacío, aún olía a pintura fresca y no entraba la luz que entra ahora a mediados de mayo, puros raudales de sol que tamizan las cortinas de colores.

Ahora huele a lavanda, a limón y talco.

Pero lo primero que ha notado Kankuro al poner pie en la sala es que es como si Sakura se hubiera dado la vuelta a sí misma y hubiera sacado todo lo que lleva dentro. Todo eso que brilla en ella cuando sonríe, los colores que trepan por sus venas, el tornasol en sus bromas, el pumpum inocente del corazón y los engranajes precisos de su cerebro está en esa sala gigante con juguetes, y camas con sábanas con dibujitos de dinosaurios y unicornios, y una estantería con libros infantiles. Kankuro cree entonces que si en el desierto hubiera hadas del bosque, la directora del hospital sería una de ellas.

(Una hora más tarde, cuando observe cómo intenta llegar al niño agazapado en una esquina usando la marioneta que le regaló, se habrá convencido de que no hay ninguna criatura mitológica que pueda hacerle sombra a Sakura Haruno. )

A Sakura, por su parte, se la ve en su ambiente. En el transcurso de 5 minutos, todas las estaciones del año pasan por su cara. Bromea con el personal, habla por los codos, da órdenes, frunce el ceño, se ríe, se queda pensativa y le saluda cuando entra agitando una mano en el aire. Kankuro le devuelve el gesto y se congratula a sí mismo porque el temblor que siente dentro no se traslada a su brazo.

Todo esto sería mucho más fácil si su corazón no fuera a 150 millones de pulsaciones por hora.

Lo cierto es que no está seguro de que deba estar ahí, pero Sakura había insistido. Cuando se levantó en su taller después de 8 horas largas de sueño por haber agotado su chakra, fingieron ambos con una convicción envidiable que no había pasado nada entre ellos y le invitó a unirse a la primera demostración que haría usando la marioneta y él no pudo decir que no: - Vendrás tú, y algunos otros médicos y algún miembro tonto del Consejo y se quedarán con la boca abierta. - ¿Pero no crees que es muy pronto para ello? - No. - ¿Y si no sale bien? - Lo hará. - ¿Cómo estás tan segura? - Porque hacemos un buen equipo. Y, joder, Kankuro estaba convencido de que no se había sonrojado así desde que tenía 11 años.

Pero no es momento de pensar en lo que pasó aquella noche y se acomoda en unas sillas que hay preparadas junto a grupo de médicos entusiastas que toman notas y parlotean sobre terapias y medicamentos. Ve que en un rincón, como un planeta que atrae toda la energía negativa del universo, está sentada una de las más viejas, más quejicas, y más insoportables miembros del consejo de Suna. La señora - calcularon un día Temari y Kankuro - debe de rondar los 143 años o al menos los aparenta y todo en ella grita edad, todo en ella sugiere ranciedad y sobre todo, todo en ella implica malhumor. Cuando mira a Sakura lo hace con desconfianza y cuando observa a Kankuro lo hace con desaprobación. Que el Consejo haya respondido a la invitación de Sakura enviando al miembro con la mente más cerrada, dice mucho de lo que le costará a la pelirrosa sacar esto adelante.

Pero Kankuro cree en ella con un fervor que movería montañas y secaría mares, así que simplemente deja que la médico empiece su show.

Los primeros minutos de la sesión, Sakura los dedica a explicar tecnicismos. Los médicos que atienden preguntan cosas como qué vibración de chakra utilizará y por qué, preguntan sobre fuerzas, sobre canales y sobre partes del cuerpo que Kankuro recuerda lejanamente haber estudiado de pasada en la academia. Uno cita la opinión de un artículo científico y Sakura lo rebate desdeñosa citando otros cuatro más. Y cuando la parte médica se da por satisfecha, pregunta a la vieja del Consejo si tiene alguna cuestión, pero solo recibe como respuesta un "termina rápido. No tengo todo el día" que Sakura aguanta con una sonrisa porque ella cree que los embates se tienen que aguantar así y porque, Kankuro está convencido, en su cabecita rosa la está sometiendo a una tortura mental que dejarían el amateratsu de Sasuke en un romántico paseo en barca.

– Antes de empezar quisiera comentaros dos cosas: la primera que por favor, mantengáis a una distancia adecuada durante la demostración. Se trata de un niño al fin y al cabo, y puede sentirse intimidado. Os ruego que os quedéis en esa zona, desde donde podréis observar sin imponer vuestra presencia. La segunda - toma aire - es agradecer a Kankuro-san, aquí presente - y le señala con una mano, el leve tinte de sus mejillas se ilumina bajo la luz del sol - su colaboración y generosidad. Sin él no podríamos haber ideado esta solución.

Y Kankuro asiente y se lo agradece en silencio porque la garganta está seca y teme que si abre la boca suene algún tipo de graznido histérico. Porque se ve que ahora es el hermano del Kazekage, maestro titiritero, uno de los mejores shinobis de Suna y también una quinceañera hormonal.

Caminando hacia el otro lado del pabellón, Sakura coge la marioneta y la pasea hasta una mesa. Le da una punzada de orgullo ver que lo está haciendo bien, con cierta gracia, aunque Kankuro piensa que la próxima vez tendrá que decirle que destense los hombros. Si es que hay una próxima vez, claro. Y si es que la próxima vez es capaz de no pensar con la punta del rabo porque a quién se le ocurre el espectáculo ese que montaron en el taller. A nadie, a nadie se le ocurre. No sabe qué le pasa con esta chica. Ni que fuera la primera, pero desde que entró en su vida las demás… ni fu ni fa. Son guapas, son sexies, puede verlo, tiene ojos, pero incluso sus colegas le miran preocupado cuando paga la cuenta y se va a casa temprano. Sin compañía.

Con Sakura - reflexiona, mientras la observa arrodillándose frente a la mesa bajo la que se esconde el niño, el títere bailando frente a ella - todo es borroso y blando. Su caráctet le recuerda al de su madre, y Kankuro en la vida se ha permitido pensar en su madre más de 10 minutos porque el dolor es tan denso y tan profundo que lacera cada zona de su cuerpo. Desde que recuperaron a Gaara, nunca ha entrado nadie en la vida de los hermanos de la Arena y la presencia de Sakura lo desbarataba todo. No porque se sienta amenazado por la alegre presencia en las comidas de los sábados, ni porque destruyera su dinámica familiar. Sino porque, por una vez, quería ser egoísta. La quería solo para él. Que la luz solo entrara en su corazón y le iluminara cada rinconcito, quitándole las telarañas de sus propios sentimientos.

Desde su posición, ve un poco cómo la pelirrosa intenta hablar con el niño pero sobre todo ve su espalda, la bata blanca tapando el círculo sobre su espalda. Entre mortificado y curioso por lo que está pasando, no puede dejar de pensar en cómo perdió el control cuando estaba tan cerca y olía tan bien, los labios rozando el cuello, su cuerpo acostado contra su pecho, sus manos rozando una teta, las nalgas haciendo delicias en la entrepierna. Coge aire al ver que ciertas zonas de su cuerpo también guardan un buen recuerdo y se fuerza a centrarse en el proceso que está teniendo lugar ante sus ojos. Sakura se merece más que sus pensamientos libinidosos.

A su lado, oye el papel bolígrafo rasgando el papel y los médicos no dejan de tomar notas. La señora de consejo observa a Sakura con ojo crítico y murmura cosas como "kunoichi inútil" y "pérdida de dinero" y Kankuro está a punto de decirle algo desagradable, cuando de pronto, sale una manita pequeña y pegajosa de debajo de la mesa. En silencio, todas las miradas ven como los dedos se acercan y juegan con el pelo de la marioneta. Es una mano curiosa, 5 dedos a los que de pronto acompañan otros 5 y asoma también la cabeza del niño. Sakura se sobrepone a los nervios y empieza infundir chakra verde hasta que brilla en suaves ondas sobre el títere. Y entonces, el niño, pelo pajizo y cuerpecito en una bata verde, sale del todo y lo abraza.

Todos los de la sala siente una especie de ola calidad dentor de ellos y observan emocionados. Porque la Doctora Haruno tenía razón: ha funcionado.

Sakura se vuelve un instante y busca con la mirada a Kankuro. En su sonrisa, está seguro, cabe un universo entero y a Kankuro le da un vuelco el estómago, el corazón y tiene que estar muerto porque no se nota el pulso.

El día en que se da cuenta de que está enamorado de Sakura, huele a lavanda, limón y talco y a través de los ventanales del pabellón infantil, entra el sol a raudales.


Las cosas que perdimos en la noche

Sasuke abre los ojos la mañana de un día de junio y lo primero que ve es la luz del sol entrando por la ventana y una pareja de herrerillos revoloteando tras el cristal. ¿Dónde está? Le duele la garganta y parece que siente una explosión en el costado cada vez que se mueve. Piensa y joder cómo duele la cabeza. Busca en sus recuerdos. Una misión, sí, de varios días. Le duelen los músculos de dormir entre las ramas de los árboles. Sí. Ah. Inhala. Identificada el olor a desinfectante, las sábanas ásperas. El hospital. Lo recuerda todo y es la primera vez en la que tiene la sensación de que no estar allí estaría, sin duda alguna, muerto. Le gustaría olvidar lo que pasó, pero no puede. Se queda dormido otra vez, oye los pasos de las enfermeras tras la puerta.

Y cuando abre los ojos de nuevo es de noche,

el corazón se le acelera

le falta el aire.

Sangre. Un estallido. Parecía que eran solo 1 pero resultaron ser 5. Tenía que limitarse a observar los movimientos de unos ninjas de la Aldea del Sonido, informar de todo a la Hokage, una misión sencilla. Pero tenía una corazonada y quería comprobarlo. Y ahora tenía que volver, rápido pero cómo hacerlo si de pronto tiene una katana impregnada en veneno en un costado. La rodilla no responde por la explosión. Le pitan los oídos del dolor.

Se sobrepone, con el chidori y con el katon y con el sharingan. No sabe de dónde saca las fuerzas pero se asegura de matarlos a todos. Y luego se pierde entre las copas de los árboles hasta el siguiente puesto de vigilancia de la frontera.

Se desploma en su propia sangre.

Y luego nada.

Consigue que se le calme la respiración y entonces nota otro chakra en su habitación. Mueve la cabeza en dirección a la butaca y ahí está, con el pelo largo recogido en la coleta, las marcas de la cara marcadas casi a fuego, apoyando la cabeza en un puño. Le llama.

– Itachi.

Se despierta de golpe, con los ojos rojos activados. No tarda ni dos segundo en estar al lado de su hermano y le mira como si intentara averiguar si cada órgano está funcionando como toca.

– Sasuke. Finalmente has despertado.

Y si Itachi no fuera ese hombre que lleva media vida escondiendo lo que realmente piensa, y Sasuke no notara aún el dolor quemándole las entrañas vería lo que delatan las ojeras, las arrugas en la ropa, el cansancio en cada músculo. Vería el pánico, vería la preocupación, vería que Itachi está al borde de la locura, muy cerca de romperse en mil pedacitos.

– Duele un poco.

Itachi asiente sin quitarle la vista y estira el brazo para pulsar el botón y llamar a la enfermera. Le acerca el agua con la pajita y Sasuke siente que al menos la garganta no está llena de llagas y úlceras como le parecía hacía unas horas.

– Es normal. Tienes heridas muy graves. - Itachi le mira tras las pestañas y hay tanta tanta preocupación en su gesto que por primera vez en su vida, Sasuke piensa que será él quien tendría que consolarle - No sabíamos si despertarías.

– ¿Cuánto?

– Casi un mes.

Hace 26 días, una noche cualquiera de primavera con las buganvillas en flor, recuerda Itachi, estaba con sus padres en casa cenando cuando aparecieron dos jounin diciéndoles que tenían que ir al hospital con urgencia. A donar sangre, les habían dicho a sus padres. A firmar estos papeles, les habían pedido a llegar al hospital. A despedirse, había interpretado él.

– Completé la misión.

Hice mi trabajo. Espero que padre esté orgulloso. Joder, cómo duele. Es como si la piel estuviera en permanente estado de ebullición, como si le quemaran con ácido y nota como la mano de Itachi se acerca a su frente, qué fresquita está y le dice algo pero está muy lejos y su rostros se desdibujo a medida que los párpados se cierran. No oyen sus palabras.

– Sí, Sasuke, pero a qué precio.

Se vuelve a despertar al mediodía del siguiente día, el sol está en lo alto y lo primero que ve es el pelo gris de Kakashi fuera de la ventana, leyendo. Lo segundo es su hermano, esta vez de pie a los pies de su cama. La butaca, tarda un poco en fijar la vista para reconocer la figura, la ocupa la Hokage. Es la primera en notar que ha abierto los ojos.

– Bienvenido al reino de los vivos, Sasuke. - Tsunade habla con esa voz potente suya, que hace que tiemblen catedrales y cedan castillos - Casi no contamos contigo.

Supone que en el gotero hay una buena cantidad de morfina, porque no siente casi nada, ni siquiera pena.

– Ha.

– Uchiha, tienes calmantes para tumbar un elefante, pero eso no te impide emitir una frase entera. No todos tenemos que ganarnos el privilegio de tu cortesía. - Se cruza de brazos sobre los pechos y el escote se pronuncia aún más - ¿Cómo te encuentras?

– Bien.

– ¿Bien y qué más? Tu historia clínica tiene 28 páginas y llevas casi un mes en coma. Bien parece un poco vago.

– Me duelen las costillas. Y me arde la piel. Es como si alguien me hubiera cortado.

– Te cortaron, Uchiha, con una explosión con shurikens de chakra que vibran según quiera el emisor. Una preciosa estrategia de tus amigos de la Aldea del Sonido. Tienes rasgado desde la costilla hasta la mitad de un pulmón.

Ah, eso explica por qué le cuesta respirar.

– ¿Y la cabeza? Al llegar al puesto de vigilancia te caíste desde una altura de 15 metros, tenías una contusión severa.

– No me duele. La base del cuello - se la toca y el gesto de mover el brazo en sí casi le hace aullar de dolor - un poco.

– Normal. Ninguno de tus músculos está en buen estado. Vas a estar recuperándote una temporada. Los análisis - pasa las páginas rápido, con la mirada ámbar revisando parámetros y Sasuke aprovecha la pausa para contemplar a su hermano, recién duchado con el pelo aún húmedo, los labios rectos y la mirada de onix ausente- parece que van bien. Cuando te recuperes de las heridas internas podrás salir de aquí. Hasta entonces, puedes emplear tu tiempo en darle las gracias a los que te han atendido, Sasuke, y también a Tenzo y a Sai que te trajeron a toda velocidad hasta aquí. Estarías muerto si no fuera por ellos.

– Lo haré.

– "Lo haré" - se mofa, repiquetea las uñas contra las barras de la cama - Casi mueres, Sasuke. Por negligente. Por empeñado. Por suicida. - Le mira con esos ojos otoñales que tiene y es la misma mirada intensa de Sakura cuando le riñe, así que se arruga un poco dentro de sí, como ese gusano que se hace una bola ante el peligro- Te advertí que estabas corriendo riesgos innecesarios y tu solución para ello, es enfrentarte no a 1, sino a 5 ninjas que te estaba tendiendo una emboscada. Te creía más inteligente, Sasuke.

– Tsunade-sama, quizá este no sea el mejor momento para interrogar a mi herm…

– Pude con ellos, Hokage-sama.

– ¡¿Pude con ellos?! PUDE CON ELLOS. - Tsunade ignora la petición de Itachi e intenta no levantar la voz, y es casi peor porque entonces su presencia roba más energía, su aura se multiplica y su chakra se tensa como un rayo en un día oscuro. - Me niego a crear que ese sea cómo entiendes esta profesión, Sasuke. No me vales de nada, si estás muerto. Ni a mí, ni a tu a clan, ni a la aldea. Por cosas que no merecen la pena morir. No estamos en guerra, no hay una amenaza inmediata para Konoha. ¡No sé qué te pasa en la cabeza, Uchiha! Pero vistas tus heridas tienes suerte de al menos poder a caminar. - Se mueve de un lado a otro y las cletas siguen cada paso con fuerza, rebotando sobre la yukata verde - ¿Sabes cuántas unidades de sangre tuvimos que usar? 26. ¿Sabes cuántos médicos necesitamos para al menos estabilizarte? Dos equipos de 7 personas. Yo me deje la mitad de mi chakra solo para poder cerrarte lo que sea que te hicieran en las costillas, por el amor de dios.

Tsunade es volcánica en general, pero hoy está especialmente violenta. No dejará que nada ni nada se escape de su furia y la escuche de una vez, a ver si alguien empieza a hacer caso. Se gira y pasa la mirada de Itachi a Kakashi, que lleva un rato sin pasar de página.

– Esto también es vuestra culpa. El complejo de héroes que arrastrais vosotros dos, parece también que se la habéis pasado a Naruto y a este niñato de aquí, - señala con desdén a Sasuke que aún en el estado glorioso de los narcóticos empieza a sentir que hay algo parecido a un dolor intenso a la altura de la garganta - como si sacrificarse por las causas más estúpidas fuera la solución a vuestros problemas. Tenéis que darle una vuelta seria a qué significa el sacrificio y qué podéis hacer para evitar que os maten. Con vosotros dos no puedo hacer nada y lo de Naruto ya lo doy por imposible, pero con Sasuke, al menos algo podré hacer. ¡Uchiha, no me interrumpas! Por ahora estarás un mínimo de 3 semanas de baja médica. Y 2 meses más sin misiones. Y después ya veremos si te incorporas directamente a ANBU o pasar a ser jounin durante unos meses. No acepto discusiones.

Se va con un portazo y es verdad que no se discute más.

Kakashi por fin deja su escondite tras el cristal y entra por la ventana. Itachi baja hacia su hermano la mirada oscura, cansado de mirar entre las volutas de aire tensionado. Lleva la misma cara que le ponía cuando le iba a dar un sermón serio, cuando discutía con su padre sobre el clan o cuando había tenido una misión especialmente dura. Kakashi le pone una mano en el hombro antes de que empiece a hablar.

– Itachi, creo que más o menos lo que íbamos a decir ya lo ha dicho Tsunade.

Sasuke les contempla entre las hojas porque la morfina le está llevando ahora por un bosque de árboles suaves y luz templada, pero no deja de percibir que entre entre los dos hay siempre algo más que amistad y confianza, un entendimiento entrelazado sin palabras, que él nunca tendrá con su hermano. Le intriga y se siente levemente celoso porque sabe que ese algo no lo podrá llegar a comprender en su integridad, da igual el tiempo que pase en ANBU. Supone que en ese espacio de pesadillas de haber dedicado tu infancia a ser un asesino, de ser un espía doble, de haber vivido las guerras, han construido algo arenoso que sobrepasa la amistad y tiene poco que ver con la camaradería.

Pero Itachi obvia a Kakashi. Está cansado. De su hermano, de esperar a que reaccione, de ir guiándole en el camino. Si no estuviera tan débil, le sacudiría, y le preguntaría: qué coño quieres en tu vida, Sasuke. Le gustaría odiarle y también estrecharle entre sus brazos hasta que se ahogue porque le quiere tanto que lleva 26 días sintiendo que le sobra la piel. Si Sasuke moría, pensaba Itachi en esa butaca incómoda del hospital, qué iba a hacer él, cómo iba a seguir caminando bajo el sol si su hermano pequeño no estaba a su lado. Le dice las dos únicas palabras que le salen:

- Nunca más.


N/A

¡Hola!

Hasta aquí lo que se daba por... una buena temporada, me temo. Estaré de vacaciones un par de semanas y aunque realmente me gustaría haber colgado Verano antes de marcharme , prefiero darle un poco de espacio y no hacerlo deprisa y corriendo. Así que voy a aprovechar para agradecer personalmente a quienes habéis id dejando comentarios y siguiendo la historia. A Jessica Ivonne, que me ha dejado un comentario cada vez y tambien Nath Mustaine, por lo mismo. A quienes usáis usuarios o escribís como invitados. Cada favorito, cada seguimiento, cada vez que pincháis hace que merezca la pena las horas de sueño que robo para avanzar en esta historia. Gracias.

Por otra parte, espero que os haya gustad este capítulo. Sé que no han pasado muchas cosas, pero las que han pasado son importantes. Incluso hay detalles que pueden pasar desapercibidos pero tienen su razón de ser.

A Akira, la pobre, la vermeos de refilón pero no mcuho. No tengo intención de hacer ningún OC. No soy muy fan de ellos.

Verano será el cierre de la primera parte de esta historia, que yo he llamado "Estaciones de Paso". Y en ello habrá bastante KankuSaku. Y un poco de Sasuke, aunque será menor. En los capítulos que seguirán aparecerá menos pero volverá con fuerza.

Un abrazo,

rojocereza