Resumen:

Sasuke se recupera como puede y, para su desgracia, con Naruto al lado. Sakura sale de fiesta y se encuentra con dos invitados inesperados. Y Fugaku... bueno, Fugaku es Fugaku.

Escenas:

13 días (Konoha)

La Lista (Suna)

Los otros Uchiha (Konoha)

Someone to you (Suna)

Tanabata (Konoha)

Mirrorball (Suna)

Perseidas (Konoha)


13 días

En total, Sasuke pasa otros 13 días en el hospital y en esos 13 días le visitan bastantes personas a pesar de su sobradamente conocida fobia social. Fuera despierta el verano, con todas las flores mirando al sol y un cielo azul despejado cubierto de aves y cantos de pájaros, la periferia de la primavera meciendo todo en su en sus brazos, Sasuke ve a su madre más envejecida y encorvada, e infructuosamente le recuerda que no tiene que pasar allí cada mañana. Fugaku v veces a la semana, a la hora de comer, le saluda, le pregunta cómo está y a continuación abre su bento y firma papeles de la policía. No dicen nada más. Shisui cena con él cuando no está de misiones y al tiempo que le informa de sus últimas misiones, sigue metiéndose con él (Si querías morir, Sasuke, solo tenías que hacer enfadar a la Hokage y que te golpeara, parece que tienes un don para ello. - ¿Por qué no me dejas en paz? ¿no ves que está convaleciente? - Tengo que meterme contigo al menos una vez al día, o serás aún más insoportable. Es por el bien común.). A Kakashi no le ve apenas, pero siente su chakra en el tejado durante las últimas horas de la tarde, y a veces se encuentra con que mientras dormía alguien ha abierto la ventana y entra el ruido de la calle, la gente abandonando sus puestos de trabajo y dando un paseo. Los ANBU le han enviado una caja de tomates sin ninguna nota que Tsunade requisó inmediatamente, por si estaban envenenados. Dios, si ha ido hasta Shikamaru con un libro de estrategia militar, Ino con flores, Hinata con Kiba y Shino y unas empanadas; y Yamato con Sai a la zaga diciendo chorradas sobre el valor social de la cortesía y la preocupación por la salud como una manera de establecer lazos afectivos duraderos y relevantes (y Sasuke no es que tenga nada en contra de esa versión de teletienda de sí mismo que es Sai, simplemente piensa que es o tonto o qué le pasa).

Naruto, por su parte, está allí cada día. A veces dos veces. Por la mañana antes de entrenar, desayunando como si fuera un cerdo, todas y cada una de las tarde, después de comer y de darse una ducha. Se planta en la habitación con los libros que tiene que estudiar y las notas más borrosas que Sasuke ha visto en su vida y pasa las horas a su lado. Se pone allí porque quiere, a pesar de que Sasuke le echa unas cinco veces en cada visita y le dice "vete, no necesito que tú me hagas de enfermera" y Naruto le ignora, o le responde, o le pelea, pero no se va porque Naruto simplemente está ahí, como siempre ha estado. A su lado a pesar del bien, del mal, de todas las veces que han tomado caminos opuestos y separados. Naruto es la constante que le acompaña. Incluso ahora, cuando el rubio le confiesa que no le entiende.

El segundo día tras despertar, dolorido y con la dosis de morfina rebajada, Uzumaki apareció por allí con su energía gigante. Entró sin llamar, porque para qué iba a andarse con formalidades, y le dijo: hijo de puta, no vuelvas a darme esos sustos y le señaló con un dedo acusador, mientras Fugaku dejaba escapar un suspiro paciente y Mikoto le recordaba que estaban en un hospital, que bajara el tono. Les dejaron solos y Sasuke no dijo nada más que monosílabos (¿Cómo te encuentras? Bien ¿te duele? Sí ¿Cuando saldrás? No sé ¿Te acuerdas de lo que pasó? Sí.) hasta que Naruto se cansó, se levantó y caminó hacia la ventana, con el sol de junio haciendo que su pelo fuera aún más dorado. Se quedó callado mucho, mucho rato. Y Sasuke se sintió inquieto.

(Porque Naruto callado es un signo del apocalipsis, es una señal ominosa, una indicación de que el fin de los tiempos se acerca. Pero también es el momento en que Sasuke sabe que tiene que escuchar con atención lo que dirá a continuación, le guste o no, así que se endereza en la cama y espera a que hable.)

- Eh, Sasuke. - Sasuke, no imbécil, no cabrón, no bastardo, ni desgraciado, sólo Sasuke - La abuela Tsunade estaba gritando el otro día en su despacho que está harta de que te intentes matar en las misiones. Que parecía que te habías puesto en la trayectoria de cada shuriken que te lanzaban. - Un silencio, y Sasuke nota como sin querer traga saliva, y baja la mirada, de pronto interesado en la arruga que hace la sábana bajo sus manos - ¿Es verdad eso? Te he visto luchar muchas veces y eres jodidamente rápido, Sasuke. Me extraña que te hayan dado tanto. Y nunca me ha dado la impresión de que quisieras matarte.

Sasuke no responde inmediatamente. Eso también se lo había preguntado él, y se lo había preguntado su hermano y se lo había preguntado Kakashi aunque Kakashi no lo hubiera verbalizado así sino simplemente con un melancólico "matarte en vida no sirve de nada, solo hiere a quienes te aman" y luego había mirado la vista de la ciudad, perdido en sus propios fantasmas. Y después, en los escasos momentos en que había estado solo en la habitación no había podido encontrar más respuesta en sí a que no, morir no era algo que le interesara especialmente, pero reconocía que últimamente, desde hace dos años, desde que estaba en ANBU estaba tan, tan cansado y harto. Desencantado. Y herido dentro de una manera especial porque aunque entrenado para no cuestionar órdenes, había cosas, misiones, actividades que se hacían en las operaciones secretas que iban agujereando su conciencia. Y sumado a ello, desde que se había ido Sakura el mundo estaba apagado, una habitación en la penumbra. Y además, quería probarse. A él mismo. Al mundo. Ver hasta dónde llegaba su cuerpo y sus habilidades. Se lo intenta explicar a su mejor amigo:

- Tengo que hacerme más fuerte, Naruto.

- Yo creo que eres suficientemente fuerte. - Naruto se apoya en el cristal, y a contraluz parece una especie de semidiós, con toda esa vitalidad que irradia, rodeado de los rayos del sol - no tanto como yo, claro, pero bastan..

- Soy más fuerte que tú.

- No, ¿no te acuerdas de que la última vez te conseguí tirar al barro, y luego tú te levantaste, pero yo ya tenía preparado una patada y entonces con tres clones hice un rasengan que esquivaste pero…?

Sasuke desconecta y concede. Está demasiado reventado como para enfrentarse en esta discusión absurda. Cuando cree que Naruto ha terminado, habla:

- Quiero decir que tengo que ser más fuerte que Itachi.

Itachi el genio. Itachi el favorito. Itachi por el que se pelean clan y aldea por igual. Itachi el reflexivo. Itachi el que lo hace todo bien. Itachi con su perfecta novia Uchiha. Itachi el muro, Itachi el salto de altura, Itachi el estándar inalcanzable.

Naruto le mira con los ojos azules, sorprendentemente maduros y tranquilos. Como el agua del río Nakano un día de verano.

- Itachi y tú sois diferentes.

Sasuke cierra los párpados y las pestañas le hacen sombra en el principio de las mejillas. Mikoto le había dicho eso también, una vez, hace muchos años. Lástima que no la creyera entonces. Lástima que no lo crea ahora.

- Itachi y yo somos hermanos. No puedes entenderlo.

Y aunque sea un poco cruel, porque Naruto nunca ha tenido a nadie así, ni un hermano, ni un padre, ni nadie y está feo recordárselo, asiente.

- No, y tampoco tengo clan y todo eso… pero lo que pasa es que últimamente a quien no entiendo es a ti.

Mierda.

Eso.

Exactamente eso es un problema. Porque Naruto siempre le ha entendido. Mucho mejor que su hermano que era capaz de aceptarle, fuera como fuera, en sus aciertos y en sus errores, en sus innumerables flaquezas. Mucho mejor que Sakura, que le conocía como conocía la anatomía humana y los canales de chakra, que le conocía en lo callado y en lo dicho, y se sabía todas sus versiones, todas las capas, todas las manías y expresiones. Mejor que cualquiera de ellos, Naruto entendía sus sentimientos, la manera en la que pensaba, los fantasmas contra los que luchaba. Desde que se conocían, de una manera desordenada e intuitiva, Naruto era capaz de leer cada emoción, de adelantarse a sus pasos, de perdonarle y de reprocharle, de decirle las cosas a la cara, de enfadarse y seguir a su lado. Sin él, sin esa manera compartida de estar en el mundo, Sasuke estaría infinitamente más solo.

- Quiero decir que primero querías estar en ANBU para probar ante tu padre todo lo que valías, pero en ANBU te están matando y no creo que sirvas de nada muerto; luego me dices que no aguantas toda la política del clan, pero no paras de intentar que te aprueben; y luego me dices un día borracho que estás enamorado desde hace un montón de años de Sakura-chan, que siempre ha estado enamorada de ti, pero luego se va Suna y no le escribes ni una carta, y ahora resulta que me entero de que te vas a casar con una chica a la que apenas conoces. - Se rasca la cabeza - No tiene mucho sentido.

Puesto así, no lo tiene.

- Tch.

- Que por cierto, la chica esta… ¿cómo se llama? Esperaba conocerla algún día de estos ¿a qué hora va a venir? ¡Prometo comportarme!. Simplemente quiero saber cómo es.

- Se llama Akira. Ya la conocerás. - No quiere mirar a Naruto porque duele mirarlo por algún motivo que se parece mucho a la culpa - Algún día. Le dije a mi madre que la mantuviera fuera, que ya iría a verla cuando saliera de aquí.

- ¿Por qué? Si yo estuviera como tú me gustaría que Hinata viniera a estar conmigo todo el rato y me cuidara… ¿Ves? No tiene sentido. - Se lleva una mano a la barbilla, pensativo. Insiste en la idea. - No te entiendo.

- Naruto…

- Ya, ya, ya. Lo pillo. No son mis asuntos, blablablablablabla.

- No. Naruto. Yo tampoco me entiendo.

Lleva tanto tiempo con la cabeza hecha un lío que es un alivio confesarlo. Tanto tiempo con el corazón atravesado que agradece que Naruto le escuche esa tarde en el hospital. Solo para decirle que es verdad, que no sabe lo que está haciendo porque su estrategia siempre ha sido huir hacia delante. Parece fácil decirlo cuando tira la cabeza hacia atrás, y su pelo choca contra la pared. Le dice: no tengo ni idea de lo que estoy haciendo pero no me queda otro remedio. Con la mirada, le dice: he perdido el control de mi plan perfectamente medido. Hablan de sus padres, hablan del tema con Akira, hablan de encontrar soluciones, Sasuke dice que no hay ninguna, Naruto responde que imposible, porque Naruto no cree en lo imposible, y se insultan, como si uno no acabara de salir de las garras de la muerte y el otro no tuviera la madurez mental de un niño de 5 años.

- ¿Entonces?

- Ya lo pensaré cuando me den el alta. - Se recuesta en la almohada.

- No creo que ganes nada retrasándolo.

- Bueno, tampoco es que vaya a aceptar tus consejos idiotas.

- Mira que eres gilipollas.

- ¿Quieres pelea? - ni siquiera mueve la cabeza cuando le dice y es la primera sonrisa auténtica que le sale desde que se ha despertado. Le duele un poco.

- Tsunade me mataría si te hago algo mientras estás en el hospital.

- Tch. - Corrección: les mataría a los dos- Una cosa, Naruto.

- ¿Qué?

- No le digas nada a Sakura. Ni de esto ni de nada - le mira con esos ojos demasiado negros, el ceño fruncido. - Si se lo dices es capaz de venirse de Suna a curarme o algo así de estúpido.

Deja que viva su vida, había dicho Itachi. Deja que sea feliz, había dicho Ino

Naruto le contempla antes de volver la mirada hacia la ventana. Una pareja de mirlos ha anidado en un árbol cercano y sus cuerpecitos negros mueven el follaje, saltando de rama en rama.

- ¿Estás seguro?

Asiente. Está seguro. Porque al menos Sasuke puede darle esto. Puede sacrificarse por ella. Puede dejarla ir.

Aprenderá a vivir con ese hueco.

Aunque se pase los 13 días esperando que la puerta de la habitación se abra y entre por ella una figura pequeña, una bata blanca, unos ojos verdes, un pelo rosa.


La lista

La Lista sale todos los años, sospecha. Ocurre en todos los hospitales del mundo, intuye. Ella misma había participado en la redacción de alguna en sus tiempos de interna en el hospital de Konoha, por supuesto. Por tanto, no es que pudiera juzgar lo que significaba la Lista, que no era más un sano entretenimiento para comunidades de trabajo tan cerrados como el de un hospital. No era un entretenimiento muy ético, es verdad, pero en el mundo ninja la línea de el bien y el mal siempre había estado bastante poco definida.

Lo que ocurre es que ella, como directora del hospital, no debería tomar partido. Se suponía que es todo neutralidad y que debe estar por encima de estas trivialidades. Pero Sakura también es una veinteañera, hace un calor del demonio y se aburre un montón revisando que el invernadero esté bien climatizado y que que sus queridas plantas medicinales aguanten las insoportables temperaturas que augura el verano.

En primer lugar, piensa mientras se pone los guantes y corta unas flores de belladona, no está del todo de acuerdo con los nombres de La Lista. Sakura no conoce a todos los hombres de Suna, por supuesto. De hecho, cree que solo conoce a unos 20 en total, pero le parece muy injusto que los que conoce ocupen puestos tan altos. Es decir, no es que la exótica combinación de piel cetrina y ojos claros sea de su desagrado, pero un puesto número 1 le parece excesivo para el jefe de los ANBU de la ciudad. Tanto su antiguo sensei, como Itachi Uchiha ganarían la contienda sin duda.

Y es verdad, por otra parte, que un problema inherente de haber sido miembro del equipo 7 es que Sakura tiene unos estándares de belleza ridículamente altos cuando se trata de hombres. Ya no es solo Sasuke y su inalcanzable, absolutamente imbatible belleza; son también los ojos azules - tan azules - de Naruto y ese torso esculpido que provoca taquicardias y humedece la ropa interior de las chuunin más hormonales; por no hablar del carisma misterioso y relajado de Kakashi, con esos bíceps perfectamente definidos con los que la propia Sakura había fantaseado en alguna ocasión o el encanto del enigma de imaginar que se esconde tras su máscara. Incluso Sai, con su incapacidad para las relaciones sociales, era un hombre atractivo con sus facciones rectas y su mandíbula bien marcada. Así que sí, hay que asumirlo: su criterio está un poco mellado.

No obstante, eso no quiere decir, observa mientras revisa que la tierra de las azaleas tenga la humedad requerida, que está de acuerdo con el orden de los nombres de La Lista. ¿Gaara el 5 y Kankuro el 7? Tienes que estar de broma. Reconoce que el Kazekage es intimidante, pero tiene unos ojos preciosos y con el tiempo las facciones parecen más… humanas y no hace mucho tuvo la oportunidad de verle sin camiseta y realmente, bajo las túnicas largas que lleva el líder de Suna hay mucho, mucho por explorar. Pero lo que le parece ofensivo es lo de Kankuro. ¿7? No, de ninguna manera. Pudiera ser, admite, que no sea el que tiene las facciones más armónicas (la cara y la nariz ancha, los ojos pequeños) pero hay algo en él que destila lo que Sakura considera un sex appeal innegablemente masculino que supera a todos los otros candidatos, algo que hace que se quiera recoger en su pecho y dejarse caer en sus brazos. Y no es que Sakura tenga en cuenta su último encuentro en el taller (tan tan tan cerca), ni que se toque bajo las sábanas recordando el peso de las manos en su cuerpo, ni que el calor hace que anhele con un deseo vehemente otra vez los labios recorriendo cada trocito de piel expuesto. No. Es una opinión 100% objetiva, imparcial y contrastada. Porque ella misma se lo ha oído a otras compañeras en el hospital mujeres que también se pierden en la sombra oscura que nace en la cintura, que siente ese algo masculino que hace que rujan los pliegues entre las piernas. Y además, claro, se dice a sí misma mientras riega con cuidado las raíces de las ortigas, ninguno de los otros candidatos le despiertan esa calidez que le entra cuando le ve entrando en el despacho, preparando la mesa en su casa, o enseñando un nuevo jutsu a sus genins. No le hacen quedarse embelesada con la sonrisa dulce, ni evitar acompañarle en la sonrisa socarrona. Ningún otro número de la lista tiene ese sentido del humor que hace que todo el mundo quiera pararse a charlar con él, y desde luego ni un de ellos hace que cuando la mira a los ojos haya algo dentro de Sakura que se ilumina, como una habitación oscura a la que le corres las cortinas y entra, de pronto, el sol. Y vaaale, si nos ponemos específicos, están los hombros anchos, una espalda de músculos marcados y un culo increíble que le harían parecer que menos que el tercer puesto. Quizá el 2.

Para ella, musita mientras regula el termostato antes de salir del invernadero, es el 1.


Los otros Uchiha

Tirados al sol, una tarde tórrida, después de comer demasiado.

(- Mikoto-baachan, de verdad es ya demasiada comida.

- Madre, por favor, ya no estamos en edad de crecer por mucho que insistas.

- Naruto-kun, Sasuke-kun: que comáis he dicho.)

Tirados al sol, rodeados por el suave susurro de la fuente, Sasuke se tumba en su jardín y arranca la hierba que crece bajo su mano y los mechones negros se entreveran con las briznas verdes.

(- Sasuke-san, ¿quizás deberías cortarte el pelo?

- ¿Qué le pasa a mi pelo, Akira-san?

- Nada, nada.)

Tirados al sol, Naruto finge que no se está quedando dormido sobre un ejemplar de Secretos del Sharingan: Historia Autorizada de los Uchiha y cabecea sentado en la madera de la engawa, escondido en el único ángulo en el que hay un poco de sombra.

(-Naruto, a partir de ahora Kakashi solo te enseñará la teoría de jutsus y técnicas. El resto de la materia del examen jounin será trabajo de Sasuke hasta que se reincorpore como ANBU.

- ¿Ahora tengo que ser yo la niñera de Naruto, Hokage-sama?

- ¿Prefieres que ponga a tu cargo a unos genin, Uchiha? )

Tirados al sol, las cigarras cantando, no hay ni un alma en la calle. Naruto y Sasuke descubren que 24 horas sin quemar energía son 24 horas eternas. Hinata está de vacaciones con su familia en un resort junto al mar; Sasuke tiene terminantemente prohibida cualquier actividad física hasta nuevo aviso porque hay cicatrices en el costado que no terminan de cicatrizar y dejan rosetones oscuros de sangre en las mangas de la yukata.

- Me aburro.

Silencio.

- Ey, Sasuke, ¿me has oído? Me aburro.

Más silencio. Naruto no es especialmente famoso por su paciencia.

- ¡Sasuke!

Sasuke, tampoco. Un suspiro.

- ¿No deberías estar estudiando?

- Eres tú el que debería estar enseñándome. - refunfuña, su voz resuena en la calle vacía del distrito - No darme un libro y que me las apañe.

- Es un libro de historia, Naruto. Lo lees, tomas notas, y a la siguiente cosa. No hay nada que explicarte.

- No es verdad. - se retuerce en la madera y le mira inquisitorialmente - Hay cosas que no entiendo.

Sasuke le observa entonces, sin levantar la cabeza del suelo. Ojos negros, negros como escarabajos en la arena del desierto, que se clavan contra el naranja brillante de Naruto.

- ¿Qué no entiendes? - Sasuke ha elegido ese libro porque realmente es fácil de seguir: ameno y bien explicado. (Vale, el capítulo 8: Papel político del clan en la organización social de la aldea entre el primer y segundo Hokage en opinión Sasuke es un poco blando con Tobirama, pero eso no es algo que vaya a contarle a Naruto que siente verdadera adoración por cualquier Hokage habido o por haber.)

Naruto pasa las páginas con concentración, sentado con las piernas cruzadas. Se para en una de las primeras. Y señala una línea con una fuerza inusual.

- Aquí dice que hay 234 Uchiha en total. ¡234! Son un montón - mira a Sasuke que está a punto de matizar que técnicamente son 233 ahora, tras la reciente muerte del anciano Eiji, que en paz descanse, pero se controla - ¡Tiene que haber alguno de nuestra edad! ¿Por qué no sales con ellos? Siempre estás con nosotros o con los de la academia o tu hermano y Shisui. - Naruto le contempla, ceño fruncido, la interrogación bailando entre sus cejas. - ¿Tampoco te caen bien?

Ah. Maldito Uzumaki. Da igual los años que pasen, porque siempre le sorprende. Y es que es muy curioso el caso de Naruto, las preguntas que hace: no son las obvias, ni las evidentes, ni las que te vas haciendo a medida que construyes un aprendizaje sobre otro. Naruto nunca será listo y habilidoso como lo es Sasuke, ni mucho menos inteligente y estudioso como Sakura o astuto y matemático como Shikamaru. Pero tiene esos momentos de extraordinaria claridad que hace que piense de una manera única y diferente, que vea rendijas de luz donde otros solo ven paredes oscuras de piedra sólida. Es un talento raro y escaso, que se une a su habilidad para hacer amigos incluso en las filas de la muerte, su inquebrantable voluntad, y su incuestionable lealtad. Un chico fuera de lo común, este Uzumaki. Y es que Sasuke se esperaba preguntas sobre qué normativa primaba en caso de los contratos entre la aldea y los Uchiha, si la de Konoha o las del clan; o que si hiciera un lío con los nombres, porque al fin y al cabo hubo dos Kagamis coetáneos que simultáneamente se opusieron a su abuelo cuando todavía era el líder del clan, aunque por motivos diferentes e incluso a él le cuesta seguir quién era quién. ¡Podría esperar incluso que le preguntaran por jutsus prohibidos y secretos que no desvelará en la vida! Pero en fin, no, Naruto siempre le deja sin palabras y va y pregunta eso. Sasuke tiene la opción de dar una respuesta larga y otra corta. No es difícil adivinar cuál elige.

- Hm. Hay algunos. - Hace una pausa y concluye sin dar demasiado pie a una discusión - Son idiotas.

Naruto pone los ojos en blancos y deja el libro a un lado. Sí, es su mejor amigo y todo eso pero no cree que le vaya a pasar nada si un día hiciera una frase de más de dos palabras.

- También me dices que yo soy idiota.

- No, estos son verdaderamente idiotas.

- ¿Aunque sean Uchihas?

Sasuke le da la respuesta corta porque la respuesta larga lleva a que piense en historias de pasado, en memorias perdidas en otros veranos tórridos, en tormentas de granizo y gritos de niños por las calles escondiéndose en las sombras y cazando luciérnagas que metían en botes de cristal. Sasuke fue una vez un niño que jugaba con otros Uchiha, Ari, Hinzo, Umino porque ser Uchiha era la gloria y el honor; ser Uchiha era el poder y el destino. A Sasuke le gustaba pasar tiempo con esos pequeños de pelo oscuro que, como él, admiraban a su hermano, que como él, soñaban con tener los ojos rojos, el sharingan más poderoso jamás visto. Se intentaban colar en las reuniones del clan, quería ser Uchihas de pleno derecho porque Sasuke pensaba entonces que ser Uchiha era lo mejor que te podía pasar, hasta que descubrió algo que tambaleó su mundo: que los Uchiha también podían ser malas personas.

Sí, eso lo cambió todo.

Debió de ser en algún momento de los 12 años. Le han metido en un equipo genin con una niña chillona y débil que saca mejor nota que nadie en cada examen, que bebe los vientos por él y con Uzumaki, el niño con el que pelea en el patio del colegio, que albergaba un demonio y cuya soledad le había traspasado siempre. Y en algún momento, la niña pasa a llamarse Sakura y su madre empieza a invitarles a que pasen tiempo en casa. Sasuke pasa de odiarles a disfrutar más y más de su compañía, y va dejando de lado la de aquellos con los que comparte apellido. Y es un día de verano (Itachi ha vuelto a negarse a entrenar juntos) que se pone a descansar en una rama junto a la laguna del distrito y oye a alguien - quizá Umino, o a Hinzo o a Ari o los tres - llamando a monstruo a Naruto, planeando pegarle un día cuando terminen los entrenamientos y a Uzumaki no le quede más energía, para "ponerle en su sitio", para "que se largue de la aldea de una vez". Y luego aquel día en que sale con ellos a dar un paseo, reconoce un pelo rosa a lo lejos, y susurran a su espalda, y la señalan cuando camina a su lado despreocupada y riñendo con Naruto, oye como le llaman la desesperada, le llaman mierdecilla inútil. Y le duele cuando oye a su padre comentar con su madre que ella será la que no llegue a nada en su equipo, un peso muerto, qué esperar de una chica sin clan y sin chakra, y sin ninguna habilidad específica. Y Sasuke resiente por primera vez a Fugaku y resiente a sus primos, porque qué saben ellos. Es más, cómo se atreven. Así que se lo cuenta a Itachi que se queda callado perdido en sus pensamientos, hasta que se moja los labios y le mira a los ojos con una sabiduría que pesa siglos y le responde que a veces, quiera o no, tendrá que elegir entre el clan y la aldea, entre la familia y la amistad y Sasuke se niega, se enfada con él porque le ofende la idea de tener que elegir. "Siempre seré un Uchiha", le grita Sasuke. "Nadie te pide que no lo seas" responde con voz calmada su hermano, pero no le convence.

Se pasó muchas noches sin dormir aquel verano. Pero a medida que pasaban los días, las semanas y los meses, los Uchihas le recordaban más a una oscuridad sin apenas estrellas, una noche que le acoge pero que recela y sólo cuandse abría con las luces del alba, el rosa y naranja asomándose entre las nubes del amanecer, se sentiría a salvo, lleno de energía y ganas de ir a entrenar, aunque Sakura le persiga a todas partes, aunque Naruto grite y grite, y Kakashi siempre llegue tarde.

Sasuke nunca tuvo muy claro si la elección le vino impuesta o si lo hizo de manera voluntaria.

- Sí, Naruto, incluso aunque sean Uchiha.


Someone to you

Cosmos, lavanda, petunias, narcisos, amapolas, peonías, caléndulas, claveles, jazmines.

Tienen 5 años y la amistad es pegar flores secas y aplastadas en cuadernos pesados y escribir con cuidado al lado sus propiedades. Cuando los niños la insultan, Sakura asoma su pelo rosa y sus enormes ojos verdes tras la espalda de Ino, y se siente protegida e Ino se transforma en la primera persona que le dice que es muy guapa y pacta con ella ser amigas para siempre bajo la sombra de un nogal en el bosque.

Tienen 6, 7, 9 años, juegan en el parque y se hacen manualidades para regalárselas por sus cumpleaños, y se hacen fotos que cuelgan en las paredes de las habitación e Ino siempre es un poco más alta que Sakura, pero Sakura siempre tiene la sonrisa más grande.

Sasuke-kun esto, Sasuke-kun aquello; yo soy mejor en historia, tú no sabes lanzar un shuriken; por qué siempre tienes que llamar la atención; es que no ves que mal te queda ese color; mi pelo es más bonito; pero el mío es más largo. Tienen 11 años y su amistad se desgrana en suspiros a un chico de pelo oscuro y mirada seria. Se insulta, se pelean, compiten sin motivo, vuelven a reñir y Shikamaru aguanta estoicamente los llantos de Ino cuando Sakura le cierra la puerta de su casa en la cara; y Sakura deja de comer y no sale de su habitación cuando descubre que Ino ha tirado sus regalos a la basura. Rompen las fotos en las que salían juntas y mete en una caja al fondo del armario los cuadernos con las flores. Tienen 11 años y la amistad es lo que menos les importa.

(Nace el equipo 7 y Sakura descubre de su maestro que quien no sigue las reglas es una basura, pero es mucho peor quien deja atrás a su compañero- Nace el equipo 7 y Naruto le enseña a no a abandonar y Sakura comprende a su lado que por los amigos se muere, se vive, se mata y que mientras exista Naruto, nunca estará sola. Nace el equipo 7, y de Sasuke aprende la lealtad hacia los tuyos llevada al extremo, la determinación para ser no solo mejor, sino excelente, aprende que el amor duele.)

Se cortan el pelo para luchar y resulta que con los mechones que pierden pueden remendar la relación que tenían. Superada la vanidad, desnudas de su máscara, se dan cuenta de que son mucho más que lo que opine o no un chico. Y les cuesta días, semanas. Muchos tés silenciosos, muchas miradas extraviadas, perdones que no llegan nunca, paseos sin destino fijo, y al final un día entran a un cine y ven una película juntas y al salir toman dango y un helado y hablan de lo divino y lo humano, como si nadie les hubiera interrumpido la conversación nunca. Tienen 13 años, han fracasado en todo lo que podrían fracasar, es un día de verano, y cuando se cruzan con Chouji, este les sonríe porque por fin está todo donde tiene que estar.

(El equipo 7 se rompe y Sakura no sabe qué hacer con las hilachas que le dejan en las manos, abandonada, prescindible, inútil y débil. A los 14 años se muere su madre y llora durante días sobre la falda morada de Ino. Aprende a cuidar de Kizashi y a que el duelo no le consuma. Son los años más tristes de la vida de Sakura, e Ino decide que le dejará parte de su luz hasta que pueda volver a brillar con la suya propia.)

Tienen 15 años. Ascienden a chuunin, y juntas aprenden el nombre de jutsus médicos, y no se quejan aunque les huelen las manos a peces muertos y resucitados. Ino descubre pronto que Sakura será mucho mejor médico que ella, Sakura entiende que Ino se debe tanto a su clan como a la aldea. Las noches de los viernes se van a dormir a casa de una y de otra, hablan hasta las tantas, leen revistas de chicas y maquillaje, de lucha libre, y de medicina general. El equipo Asuma la incluye como una más. Hablan de chicos, no de lo que ven ellos sino de cómo les hacen sentir. Se les une Hinata y Tenten. Montan un club de lectura feminista. Van cumpliendo 16. El feminismo cala en la teoría, pero las inseguridades son difíciles de olvidar, así que Sakura se queja de que apenas le han crecido los pechos e Ino a veces de que le han crecido demasiado. Concluyen que lo importante es sentirse bien consigo misma. Se compran las primeras bragas de encaje juntas y sonrojadas y se las ponen los días en que se sienten tristes. Una noche, Tenten les explica cómo es besar con lengua. Se emborrachan las cuatro una tarde ociosa de agosto con una bebida que sabe a coco y Hiashi les echa la bronca de su vida, pero a Tsunade le encanta la historia y cuando el Hyugga no mira, les da dinero porque a la próxima ronda, invita ella.

Con 16 años, ya tiene permiso para trabajar en el hospital y Shizune y otras médicos y jounin más mayores le enseñan a Sakura las ventajas de lo que será ser mujer adulta. Shizune la lleva de viaje a balnearios los días de descanso, le regala masajes, y en el despacho que comparten, cansadas y con el chakra aun quemando en sus manos, le habla de eso que hace Genma con la lengua y con los dedos ahí abajo y Sakura se pone rojísima y Shizune se ríe, pero Sakura se propone imitarlo en la intimidad de su cama. Tiene 17 años y un día Ino aparece en su puerta muy temprano un sábado y le confiesa que bueno, que Kiba y ella, bueno, ya sabes, y luego que a lo mejor se arrepiente, que pasó todo muy rápido. Ino no sabe si le gusta el sexo que ha probado pero empieza a tontear con shinobis más mayores que ellas y con los clientes que van a la floristería como si fuera lo más natural del mundo. Tiene líos de una noche y gana una confianza en ella misma que asusta y preocupa a sus padres porque la hace ser temeraria. Entonces un día Sakura le presenta a Sai y entonces, Sakura lo ve con sus propios ojos, el mundo se les para a ambos e Ino se olvida de todos esos hombres sin nombre.

(Sasuke y Naruto vuelven ese mismo año. Invierno y primavera, respectivamente. La buscan para entrenar y comer ramen y fingen que nada ha pasado, gritan su nombre cuando la ven, la van a buscar al hospital cuando se aburren, no entienden que la abandonaron, que ahora tenga un trabajo, una vida y otros amigos. Hasta agosto no es capaz de perdonarlos.)

Tienen 18 años, es verano, Ino y Sakura pasan el día de descanso tiradas en el río. Han estado las dos en misiones y hace tiempo que no coinciden en la aldea: tienen mucho que contarse. Hablan de la política del clan, hablan de la política de la aldea, hablan de los colores de temporada, y hablan quién ha nacido, quién se ha casado y quién se ha muerto. La rubia lleva el bikini más pequeño y escandaloso que ha encontrado, Sakura un bañador de una pieza con lunares azules y blancos que cubre sus cicatrices. En algún momento de la tarde, comiendo sandía, con la voz más pequeña de todas las registradas, Sakura le confiesa a Ino algo de un estudiante de intercambio. Algo del sake especial de Tsunade para celebrar la apertura de un nuevo quirófano. Algo de que una cosa llevó a la otra, e Ino no dice nada, gafas de sol protegiendo los ojos azules, y al final, cuando Sakura se queda callada y ha terminado y le enseña los moretones que ha dejado la pasión en su cuerpo, Ino comenta con sorna: así que ya eres toda una mujercita y Sakura le tira el pareo a la cabeza. Bromean de vuelta a casa, e Ino se atreve a preguntar: "¿Y Sasuke?" Porque Sasuke iba a ser su primera vez, eso decía siempre, pero lo cierto es que a veces el corazón aguanta pero el cuerpo no. Sakura no responde y la rubia no insiste.

21 años, el julio más infernal que Sakura ha vivido nunca, y Temari aparece por su casa una mañana de domingo y le revela que entre los secretos mejor guardados de Suna está que la corona de tierra que rodea la ciudad por dentro está hueca. La recorren interminables pasillos conectados, cuevas llenas de estalagmitas y estalactitas y piscinas naturales que se llenan con el agua que viene de lo profundo, allá abajo en la tierra, lo que nutre los oasis y nace de las montañas del sur. La arrastra hasta la laguna que pertenece exclusivamente al Kazekage y antes de que Sakura pueda dibujar una o perfecta con los labios ante la maravilla que tiene delante, la rubia se ha desnudado y metido en el agua, las piernas moviéndose como serpientes mágicas. Sakura la sigue y su pelo rosa flotando en torno a sus hombros parece el de una ninfa.

Hasta ese momento la amistad con Temari es vino tinto por las noches, té por las tardes, conversaciones sobre política, devoción compartida por las películas de acción, entrenamientos y entrenamientos y entrenamientos, y recomendaciones de novelas históricas, y averiguar que colecciona cactus y que en su armario guarda hasta 40 kimonos, cada cual más bonito que el otro. Y aunque rubias ambas, su relación con Temari no tiene nada que ver con la de Ino, porque Temari rara vez habla de sentimientos, ni de amor, ni mucho menos de chicos, así que Sakura se sorprende cuando saca la cabeza del agua y ve unos ojos verde oscuros y una boca que suelta:

- Shikamaru es imbécil.

Parpadea y se quita los mechones mojados de la cara.

- ¿Qué?

- Nos acostamos en Iwa. Se marchó mientras dormía. Me dejó una nota. Y no ha vuelto a ponerse en contacto conmigo.

Sakura tiene que conceder que así, a priori, son cuatro simples y buenas razones para concluir que, en efecto, Shikamaru es imbécil. Pero Sakura tiene que asegurarse porque la amistad también es hacer preguntas difíciles y defender a los tuyos aunque sean, buenos, gilipollas. La lealtad y todo eso:

- ¿Shikamaru? ¿Shikamaru Nara? ¿Estamos hablando de la misma persona?

La expresión de Temari habla por sí sola cuando pone los ojos en blanco y se recuesta con los brazos cruzados contra la pared de piedra, el agua cubriendo hasta la mitad de los pechos:

- Cara de piña, tendencia a quedarse pensando en la nada, gilipollas profesional por lo que se ve. Ese.

Sakura frunce la boca porque no termina de relacionar una información con la otra. Es que es Shikamaru. De todas las personas del mundo, Shikamaru Nara. Le conocía desde que tenían 5 años, era un buen amigo. Y era vago, y evitaba la confrontación siempre que podía, y consideraba problemáticas cosas absolutamente triviales, y a veces era impertinente; pero también era educado, y cariñoso con las personas a las que quería, y considerado con los sentimientos de los demás. Y llevaba tanto tiempo, pero tanto, enamorado de Temari, que a Sakura le costaba entender la situación.

- ¿Has hablado con él?

Temari alza una ceja con incredulidad y Sakura nada hasta llegar a ella y se recuesta a su lado en la roca, las dos mirando los rombos que dibuja la luz en el agua.

- ¿Cuándo? ¿Cómo? Está en Konoha y honestamente, no pienso ser yo la que inicie la conversación. Es él quien me debe una explicación y una disculpa.

La médico asiente y no le da importancia al tono defensivo que ha utilizado. Temari nunca habla de chicos, recuerda Sakura. No le está contando esto para que se compadezca, ni para que le insulten juntas. No es ese tipo de amiga. Temari se lo está contando porque es una estratega, porque Sakura le conoce y quiere racionalizar ese dolor que siente y tener toda la información para tomar decisiones informadas y mitigar a través de la razón el dolor punzante de sus sentimientos.

- Simplemente es que me extraña de él. No suele ser así. - vuelve a fruncir el ceño. Se lo esperaba de Kiba. O de Sasuke. O de Sai. O de Kakashi. Incluso de Naruto. ¿Pero de Shikamaru? Jamás. Elige las palabras a continuación con mucho cuidado - No sé qué ha ocurrido realmente, pero vendrá a ti a disculparse. Más pronto que tarde.

Nota que los hombros de Temari se tensan levemente y luego se relajan, dándole vueltas a lo que acaba de oír. Sakura está bastante segura de que Shikamaru se disculpará y tendrá una explicación para ello. Aunque sea para evitar el problema de tener a una muy enfadada hermana del Kazekage guardándole rencor el resto de su vida.

- Y si no lo hace - añade. Medio en broma, medio no - se lo puedo contar a Ino, que se lo contará a su madre y entonces Shikamaru será hombre muerto y no tendrás que preocuparte nunca más.

Temari lanza una risa con un fondo amargo, como si ella misma no llevara semanas deseando matarle con sus propias manos.

- Lo estoy diciendo en serio. Son peligrosísimas. - Ino le castraría y luego le haría comer sus propios testículos si se enteraba, y Yoshino Nara probablemente le encerraría en una mazmorra y le dejaría morir de inanición. Puede que incluso metiera a su padre con él. - Igualmente, no quiero ser entrometida, pero tú siempre parecías reticente a tener algo con Shikamaru, ¿no? Quiero decir, que todo el mundo veía que pasaba algo, pero nunca dabais el paso y siempre poníais pegas.

Bajo el agua se mueven las dos piernas de las chicas, dos peces de piel blanca. Temari se muerde las mejillas, levemente sonrojada ante la idea de que todo el mundo veía que pasaba algo y se sumerge. Sakura piensa que no va a responder y que quizá su amistad no incluía esta parte de las emociones, pero entonces la rubia habla, el pelo cayendo lacio sobre las clavículas.

- No es eso. Nara y yo… - busca las palabras - me gusta. Mucho. - Sakura piensa que Temari está muy guapa así, vulnerable, y que debería dejar ver más esta parte - Simplemente es que es complicado. Yo soy parte de la familia del Kage, mi sitio está aquí. Y él es el futuro líder del clan. - Es un razonamiento fácil de seguir. Pieza a pieza le desgrana unos sentimientos perfectamente razonados, guardados en cajas compartimentadas, como saben hacer los buenos shinobis. - Me gusta estar con él. Cuando estamos juntos… las cosas son fáciles. Cenamos, hablamos, nos entendemos. Tenemos intereses en común, un sentido del humor parecido, no somos especialmente ambiciosos y, el sexo fue estupendo - Lanza un suspiro y niega con la cabeza, repitiendo una conversación que ha tenido consigo muchas veces. Se vuelve a Sakura, ojos esmeralda contra jade. - Lo que me preocupa es ¿qué hago si nos enamoramos? Me niego a ser la típica kunoichi de corazón roto.

Sakura responde con una risa ahogada porque no quiere decirle que, tal y como habla, quizá es un poco tarde para hacerse esa pregunta. Tampoco quiere decirle que ella misma se ha pasado la vida enamorada del hijo de un líder de un clan, la relación imposible por muchos motivos, empezando porque él no la quiere y siguiendo porque ella está intentando con todas sus fuerzas pasar página y que, efectivamente, la cosa no ha acabado bien. Pero Sakura lleva muchos años siendo parte del equipo 7 como para sugerir a nadie que abandonar sea una opción:

- Intentarlo, supongo.

Temari sale del agua, las piernas llenas de perlitas transparentes, y Sakura la observa aún nadando.

- Intentarlo. - Repite, paladeando la palabra. No parece especialmente convencida. Se envuelve en una toalla. - Intentarlo.

Se queda un rato callada mientras mira a Sakura relajándose en el agua. Parece imposible que fuera están a más de 40 grados.

- ¿Y por qué no lo intentas tú con mi hermano? - suelta.

Sakura deja de nadar de pronto. ¿Cuánto sabe Temari exactamente? Va hacia la orilla.

- ¿Tu hermano? - Intenta sonar despreocupada, como si no supiera de que hablara. Siempre ha sido una mentirosa terrible.

- Sakura. - Temari se rehace las coletas al tiempo que habla - Todos lo vemos. Hay algo ahí. Kankuro hace 3 meses que dejó de ser oficialmente tu guía y ahí sigue. Y hace semanas que no se acuesta con nadie. Pasa tantas noches en casa que Gaara me ha preguntado si es que ha pillado una enfermedad sexual y está en cuarentena.

Eso es gracioso pero Sakura está demasiado nerviosa como para reírse. ¿Cómo de profunda es esta piscina?, ¿se puede ahogar en ella y dejar la conversación?

- Me está ayudando con lo de la…

- …marioneta, sí. Ya. Y ahora no sé qué os habéis sacado de la manga que vais a presentar al Consejo, ya me lo dijo. - Temari le lanza una sonrisa de superioridad, disfrutando maquiavelicamente de la situación en la que ha puesto a su amiga - Está colgadísimo de ti. Y no es porque sea mi hermano, y vale que es insufrible con sus bromitas y sus dobles sentido, pero es muy buen chico. Muy dulce y cariñoso cuando quiere, y harías buena pareja. - Se acerca a una bolsa que ha traído y saca un par de melocotones. Muerde uno y le ofrece otro a Sakura que sale del agua, buscando la toalla nerviosa y pensando rápidamente en cómo cambiar de tema - Dale una oportunidad. Inténtalo, ¿no era ese tu consejo?

Sakura piensa que en realidad no hay tanta diferencia con Ino.


Tanabata

En Konoha hay una leyenda urbana que dice que hubo un tiempo en que Fugaku Uchiha fue un hombre divertido. Al parecer, antes de las guerras, la muerte, el demonio de 9 colas, antes del poder, el intento de golpe de estado y el cargo que le pasaba en los hombros, Fugaku Uchiha se emborrachaba a base de sake con otros amigos, gastaba bromas a sus compañeros y solía pasear con Mikoto por los mismo festivales que ahora vigilaba robándole besos tras los puestos cuando nadie miraba. Hay incluso una historia que incluye que siendo Tobirama aún Hokage, le robó toda la ropa mientras se bañaba y tuvo que salir del onsen como dios le trajo al mundo y en pleno ataque de furia contra los Uchiha.

Y como en todas las leyendas urbanas, hay parte de verdad y hay parte de mentira, pero lo que cierto es que hubo un tiempo en que Fugaku Uchiha también fue joven, estúpido e inmortal.

Hace muchos años de eso.

Ya no quedan amigos apenas con los que celebrar, ocupan líneas talladas en la piedra de Konoha, y las flores que se pudren en sus tumbas se quedan allí durante semanas hasta que alguien recuerda que tiene que limpiarlas. Mikoto dice que ya no cabe en los kimonos que paseaba bajo la luz de los farolillos y los puestos de comida, algo sobre caderas anchas y pechos caídos. Y aunque cada vez que dice eso, Fugaku sonríe y la agarra por la cintura atrayéndola contra sí (conoce el hueco exacto en que cabe contra él, la barbilla apoyada en el pelo) sabe que es una manera indirecta de decirle que están viejos para estas cosas, que es mejor dejar que los jóvenes disfruten.

Una vez más, su mujer tiene razón, y él deja que lo hagan.

Así que Fugaku finge que no oye los gemidos ahogados tras los arbustos allí donde se acaban lo puestos, y le deja a los jounin la responsabilidad de sancionar a vendedores que quieren dar alcohol a menores, y él se limita a organizar las patrullas de la policía de tal manera que carteristas y otros ladrones de poca monta no vayan demasiado lejos.

Y también vigila, como quien no quiere la cosa, qué están haciendo exactamente Sasuke y Akira.

(Ahora mismo, por ejemplo, pasean en una doble cita con sendos trajes azul oscuro, acompañados por Hinata y Naruto. Ahora mismo, Akira intenta dar la mano a Sasuke que tarda en darse cuenta de lo que le están pidiendo. Ahora mismo, paran en un sitio donde hay una piscina con patitos de goma y juegan a pescarlos con la caña, y Sasuke lo mira con cierto aburrimiento hasta que parece que se acuerda, una revelación absolutamente inesperada, que de hecho va con su novia, que de hecho tiene que hacer algo para satisfacer esa mirada anhelante que le echa cuando Naruto se propone conseguir para Hinata todos y cada uno de los peluches de la feria. Una vez que se da cuenta, y sin demasiado esfuerzo, Sasuke le consigue a Akira un muñeco de un koala que ella aprieta feliz contra su pecho.)

Y no es que les esté espiando. Fugaku Uchiha está por encima de eso. Él sólo les está observando como a cualquier otro ciudadano de Konoha, velando por su seguridad. En absoluto tiene que ver con esa presión en el pecho que siente desde que Sasuke anunció que se casaría con Akira, el nudo en el pecho que le hace replantearse las cosas y dudar de sus propias decisiones. Una sensación que ni le gusta ni a la que está acostumbrado.

Porque Mikoto le dice que quizá se han equivocado. Un día comenta algo de Sakura, esa chica ruidosa y no especialmente hábil que solía venir a cenar en casa cuando eran genins, que ha terminado no se sabe cómo de aprendiz de la Hokage, y sí, Mikoto, la conozco. ¿Qué pasa con ella? No, tonterías, Sasuke jamás se fijaría en… ¿Itachi te lo ha dicho? Itachi no debería meterse en esto. El matrimonio está cerrado, Mikoto. Hemos dado nuestra palabra. ¿Qué quieres decir con que está triste? Tiene casi 21 años, a esa edad ya teníamos un hijo en camino… no, no. Se está comportando como un crío. Tiene que madurar de una vez, Mikoto. Mikoto, déjalo estar. Sí, llevo el almuerzo conmigo. Nos vemos esta noche.

Pero equivocarse no es algo que haga el líder de un clan.

Equivocarse no es algo que haga un padre.

(Ahora Sasuke compra un pequeño pasador para el pelo a Akira, y ella se recoge unos mechones a un lado como queriendo que se lo coloque él, pero su hijo simplemente se lo deja en las manos y guarda las suyas propias en las mangas del kimono. Ahora Naruto se gira hacia ellos y con la mano en la cintura una sonrojada Hinata, señala hacia lo alto de un edificio y saltan con habilidad para ver desde allí los fuegos artificiales y molestar, ya que están, a Kakashi que finge que está ahí escondido, leyendo un libro de tapas naranjas.)

Hay veces en que Fugaku echa de menos a los amigos de la juventud, fantasmas que pululan por el velo de los ojos de caleidoscopio de su sharingan, porque quizá con ellos podría comentar todas esas tribulaciones y dudas que le provocan sus hijos. No cree que ningún otro líder del clan se enfrente a estas cuestiones, ni siquiera Hiashi que ha terminado por asumir que será Neji quien lleve el peso de la siguiente generación. Los Yamanaka tienen a Ino que ha nacido para ser líder,y el Akimichi a su bonachón pero leal hijo, incluso Shukaku presume con orgullo el brillante vástago que ha criado. Ninguno podrá entender qué significa que tu hijo mayor recele del clan que tanto has luchado por mantener y que tu hijo menor sea incapaz de mostrarse cómo es realmente porque te tiene miedo.

Quizá Mikoto tiene razón.

Quizá han hecho algo mal.

(Ahora se sientan en una manta que Akira ha desdoblado con cuidado. Ahora Hinata sonríe con dulzura y le da un beso suave a Naruto en la mejilla. Ahora Sasuke recuerda de nuevo su papel y pasa el brazo por los hombros de su novia. Ahora esperan comiendo sushi, umeboshi y helado a que el cielo se ilumine sobre ellos).

Está viejo, quizá, para estar cosas. Para ser líder del clan, y para ser comandante de la policía. ¿Querría Sasuke algún día su puesto? Han pasado tantos años desde quelo cogió por primera vez en brazos. No vio en él solo el bebé que todo el mundo se paraba a alabar, sino que vio el potencial el futuro para él, limpio, brillante, digno de su apellido. Tener dos hijos varones era la situación perfecta para que el legado de los Uchiha perviviera, que uno fuera la cabeza política y la otra la militar. Itachi no podía negarse a su obligación por nacimiento, pero Sasuke había resultado ser un Uchiha extraño que vivía en permanente conflicto entre sus dos familias. Llevaba su nombre con orgullo, pero era leal de una manera irreflexiva e irracional a esa familia extraña que era el equipo 7. Fugaku sabía que su hijo menor poseía las cualidades para ser un excelente comandante de la policía, y como líder del clan le gustaría dejarle eso, pero como padre y desde que sale con Akira, se pregunta si sacrificar la felicidad de Sasuke era algo que estaba dispuesto a legarle.

¿Sería capaz perdonarlo?

¿Sería capaz de no perder a su hijo?

(Ahora nacen palmeras y flores tropicales entre las estrellas, metales en combustión. Suena un aaaah extasiado. Alguien enciende un cigarrillo cerca de los arbustos. Los policías, no muy lejos, dejan que se escape un niño que acaba de robar una máscara decorativa. Ahora Naruto y Hinata se besan. Ahora Sasuke y Akira se agarran de la mano.)

Fugaku retira la mirada de las parejas y centra sus ojos en la multitud, iluminada por los fuegos artificiales.


Mirrorball

Lo que no sabía Sakura es que en verano Suna se convertía en la capital mundial de la fiesta. Llegaban caravanas y viajeros de todo el mundo para bailar en las terrazas hasta el amanecer, beber en sus bares, disfrutar de las noches cálidas y sin viento. La aldea tenía llenas todas las habitaciones de los hoteles hasta finales de agosto, y se oían los cantos de los borrachos por la noche. Sólo el hecho de que fuera con los hermanos de la arena le permitía acceder a sitios donde había listas de espera de días e incluso semanas, entrar en restaurantes con salas privadas y que la invitaran a copas sin demasiadas preguntas. Y, siendo la hija de civiles que era, mentiría si no dijera que le gusta esa sensación de exclusividad, la atención, el glamour, la deferencia. Se acostumbró rápido al trato cuando pasaba por la zona VIP junto a Temari, Kankuro y otros ninjas de élite de la aldea que finalmente la han incluído como una más en su grupo. Por eso, cada viernes desde que empezó el verano, salen a bailar. Se ponen ropa fresca y abandonan las calles estrechas de la ciudad para ver el desierto desde las alturas mientras toman cócteles. Sakura baila, Temari zapatea, Kankuro se ríe a carcajadas y se encuentran con amigos, se hacen bromas, beben hasta que las luces de las bombillas se desdibujan y en esos momentos la vida parece sencilla y se olvidan del mundo shinobi, de la sangre y de las ausencias. El tiempo parece que juega a su favor. Son jóvenes y guapos y se van a comer el mundo.

Esa noche, cuando sale del hospital después de una semana infernal, decide que la vida es corta y tras una cena rápida, se pone el vestido de verano más sugerente que tiene, se enmarca los ojos verdes en eyeliner y máscara de pestaña y se pone un perfume que huele a sándalo. Esa noche, Sakura quiere bailar y bailar y bailar y bailar hasta que le duelan los pies y quiere también, si puede, acercarse a Kankuro sin sentirse culpable, rozarse sin llegar a nada pero regodearse en el deseo (se inclinará un poco porque le vuelve loca la mezca de aftershave y sudor mezclándose en sus fosas nasales; él posará durante unos segundos su mano en el muslo de ella, justo donde termina el vestido y empieza la piel desnuda y recorrerá el borde de la falda con el pulgar, muy muy lentamente). Cuando llega al bar, Temari ya está allí, acompañada por un misterioso shinobi de Cascada. Kankuro está a un par de metros de ella, apoyado en el respaldo del sofá del chill-out, brazos cruzados, camisa de lino blanca y una copa en la mano. Parece entretenido. A Sakura le da un vuelco el estómago. Está guapísimo.

- Es posible. - la voz de Temari suena levemente alcohólica y le lanza una mirada de auxilio a Sakura cuando se acerca- Pero al tiempo no lo es. No sé si me explico.

La rubia, con el pelo suelto por una vez y una blusa que deja ver el generoso escote, está intentando rechazar con escaso éxito al joven que la acompaña- Él le ha preguntado si salían a bailar y Temari le ha dicho: no, tengo novio y a partir de ahí todo ha ido mal. Su hermano ha preguntado casi gritando: ¡¿qué?! y ha alzado una ceja, y Temari ha caído rápidamente en su propia trampa y ha intentado aclarar: o sea, lo tengo y no lo tengo. Y a partir de ahí todo ha ido perdiendo sentido a medida que bebía para tapar el sonrojo y el desliz inesperado. Kankuro ha decidido dejar a su hermana tranquila, y se ha levantado para saludar a unos conocidos, y a nadie se les escapa cómo roza los hombros de Sakura al pasar. El ninja de Cascada, sin embargo, no se daba por vencido.

- ¿Pero qué significa que es y al tiempo no lo es?

Sakura sonríe mientras busca la barra con la mirada para ir a por un daiquiri. Se da cuenta entonces de que quizás el vestido de tirantes es demasiado corto para la salud mental de muchos, y nota las miradas recorriendo sus piernas, el deseo de los hombres trepando por su cuerpo y Sakura en ese momento entiende a Ino y su obsesión por enseñar piel. Sonríe con confianza. Así que, mientras camina hacia la barra a por otra copa, Temari y el chico resolviendo sus asuntos en soledad, se convence a sí misma de que esa noche no habrá nada que la detenga.

Absolutamente nada.

Excepto.

Excepto dos conocidos que la contemplan desde la barra con una sonrisa y una cerveza en la mano y la saludan con entusiasmo.

O sea, pero qué…

Tiene que parpadear dos veces para corroborar lo que ven sus ojos. Ellos se dan cuenta y gritan su nombre. Le indican que se acerque y el más alto da palmaditas en un taburete para que siente junto a ellos.

¿Pero qué demonios hacen aquí?

Antes de llegar es plenamente consciente de que no tiene escapatoria.

Genial.

Sakura se acerca ellos, los tacones repican en el terrazo de la fiesta y la música parece un poco lejana cuando uno de ellos habla eufórico:

- ¡Pero mira a quién tenemos aquí!, ¡nuestra pequeña Sakura-chan!

No puede evitar dedicarles la sonrisa más ancha que tiene.

- Itachi, Shisui - su mirada se mueve de uno al otro - A estas alturas podéis llamarme Sakura a secas.

Es una de las primeras cosas que le enseñó Tsunade, hace ya varios años. "Sakura, esto te va costar pero tendrás que hacer un esfuerzo. Olvídate de los -kun y de los -chan. Olvídate de los -san. Limítate a los -sama cuando la jerarquía lo exija. Trata a todo el mundo a tu altura o ellos te harán de menos, Sakura. Eres mujer y con ese pelo rosa pareces una florecilla. Querrán ser condescendientes contigo, Sakura. No les dejes"

- Está bien: Sakura-a-secas.

Sakura pone los ojos en blanco.

- Qué gracioso.

Y él le responde con una falsa reverencia.

- Siempre al servicio de mi público.

Y a Sakura no le queda más remedio que reírse porque Shisui ha nacido con el don de relajar el ambiente y de llenar corazones con honestidad. Y aunque nunca han sido amigos como lo son Naruto o Kakashi, Shisui siempre ha estado en la periferia de su vida, viéndola crecer y cuidando de que fuera una buena ninja. Ya fuera como primo de Sasuke, como amigo de su sensei, como líder de escuadrón, como anfitrión de una fiesta. Siempre profesional pero también distendido. Sakura se sorprende al darse cuenta de lo mucho que echaba de menos la simpatía de la Hoja.

- Perdona la permanente inopia de mi primo, Sakura. - Itachi, con su voz de barítono y siempre tan correcto, se disculpa. Como si hubiera algo por lo que pedir perdón - No esperábamos verte en este contexto.

- Y con esta ropa.

- Shisui…

- ¡Está muy guapa!

- Discúlpale, Sakura. El calor le afecta.

El pelo rosa se mueve cuando niega con la cabeza y no puede evitar sonreír cuando va a recoger la bebida de la barra y Shisui se la acerca guiñándole un ojo. Sakura les observa mientras disfruta del líquido fresco cayendo por su garganta, un pie marcando el ritmo de la música. Es injusto lo guapísimos que son. En otra vida, quizá, y en caso de que llevara un par de cócteles de más, viéndoles así vestidos de civiles, sin ningún símbolo Uchiha a la vista, podría olvidar quiénes son realmente y flirtear con ellos co descaro. Pero ni Sakura es ese tipo de chica ni el hecho de que sean familia de Sasuke es algo que puede obviar fácilmente.

Un momento.

¿Por qué no llevan ningún abanico bordado? Sabe a ciencia cierta que llevan hasta la ropa interior el puñetero símbolo. Es decir: quieren pasar desapercibidos. Es decir: hay una segunda intención. De repente, sospecha. ¿Qué están haciendo estos dos aquí, exactamente?

- Bueno, lo justo sería decir que la sorprendida soy yo. Yo vivo aquí, vosotros no. - Cruza las piernas cuando se sienta y Shisui no puede evitar mirar exactamente el punto donde se superponen durante dos segundos- ¿Qué trae a Sunagakure a dos de nuestros mejores ninjas?

- Hemos venido - Sishui se recuesta en la barra, y su pelo rizado se mece con una corriente de aire, sonríe ampliamente. Unas chicas le miran con descaro desde el otro lado de la azotea y él se desabrocha el primer botón de la camisa como quién no quiera la cosa - a una boda - señala un grupo de gente que baila en un rincón - de un antiguo compañero ANBU con una kunoichi local.

- ¿Una boda, eh? Pensaba que los Uchiha no participaban en eventos sociales - Sakura deja que la broma cale mientras le da un sorbo a la pajita, y cuando levanta la mirada los dos Uchiha que la observan con sus ojos oscuros - ¿Así que nada más os trae por Suna?

Los dos niegan al tiempo y Sakura casi casi se ríe en su cara. No hay ninguna situación en la tierra en la que la Godaime fuera a dejar que sus dos mejores capitanes ANBU se marcharan de Konoha a una boda al mismo tiempo sin que hubiera detrás un motivo oculto. Pero esta vez, decide dejarlo pasar. No son sus asuntos. Como extranjera en Suna, saberlo le traerá más problemas que soluciones. Cambia de tema:

- ¿Y qué noticias me traéis de El País del Fuego?

- No mucho - Itachi habla deliberadamente con ambigüedad y omite todo el asunto de Akira. Mide bien las palabras y las luces de colores dibujan formas geométricas en su rostro. Sabe que Sakura le está preguntando indirectamente por Sasuke y no está seguro de que quiera intervenir en este asunto. - Todo sigue más o menos igual. El clima es más agradable que el de aquí, claro.

- Eso es bueno - Sakura sonríe aunque se siente, inexplicablemente, triste. La vida sigue, aunque ella no esté allí para verla. - Lo de que todo siga igual. Es bueno.

- En efecto. Lo aburrido es lo que sienta las bases de la prosperidad.

Shisui resopla a su lado.

- Tachi, no puedes hablar como si fueras un anciano antes de los 30. Te lo he dicho mil veces.

Itachi gira la cabeza hacia él.

- No todos nos podemos permitir el lujo de fingir que no tenemos 30 años ya cumplidos.

- ¿Hablas por mí? En absoluto. Yo me quedé en los 29 y de ahí no me voy a mover. Iré con bastón y seguiré teniendo esa edad.

- Pero - Sakura interviene, divertida - yo estuve en tu fiesta de 30 cumpleaños. ¡Fue fantástica!

Como si nunca le hubieran dicho algo tan ofensivo, Shisui se lleva la mano al pecho indignado y frunce todo el rostro.

- Me partes el corazón, Sakura-ch… a secas. ¡Con lo que yo te aprecio! En fin… ¿cómo era ese dicho? ¿Cría cuervos y te comerán los ojos? ¡Sin duda es adecuada para los Uchiha! - agita su cabeza rizada, con el coro de la risa de Sakura por detrás - Bueno, dejando a un lado tu traición y la flamante falta de respeto hacia sus mayores de aquí el gran Itachi Uchiha, - el susodicho curva los labios hacia arriba mientras se lleva la cerveza a los labios - seguro que tú tienes algo que contarnos de tu estancia aquí, ¿no? Dinos Sakura-a-secas, ¿merece la pena aguantar este calor?, ¿hay algo interesante en Suna?

Sakura mira a Shisui que da un sorbo a su botellín de cerveza, una sonrisa bailando en los ojos afilados. Uno de los problemas de hablar con ANBU, ya sea Shisui, o Yugao o Kakashi, es que siempre hay dos corrientes de pensamiento que ocurren de manera simultánea. Hay una actitud que se refleja en sus gestos externos, expresiones que puedes seguir y que puedes seguir perfectamente, y otra subterránea, oculta tras capas y capas de años de disimulo que solo comparten entre ellos y que apenas ve la superficie. Cuando Shisui le pregunta si merece la pena, no tiene muy clara a cuál de estas dos versiones está respondiendo.

- Está siendo una experiencia muy enriquecedora. - Intenta sonar profesional y centrada, aunque el daiquiri le pone un poco difícil encontrar determinadas palabras - El objetivo era que pudiera mejorar como médico y como gestora, y he avanzadomucho en cuestiones de política, resolución de conflictos y administración. Y ayudo a la Hoja a reforzar los vínculos con nuestros aliados. - Al ver que Itachi la escucha con verdadero interés, se envalentona. - Además he descubierto un tratamiento muy prometedor para tratar niños con traumas. Estoy pensando en presentarlo en el próximo congreso en el País del Té en sept…

- Sakura, - la voz de Shisui le corta y hay algo malicioso en cómo la mira e inclina su cuerpo hacia ella, bastantes centímetros más alto - todo eso está muy bien y es muy interesante pero quería detalles más… jugosos de lo que pasa aquí, en Arena. ¿Algún cotilleo?, ¿un romance, quizás?

Si Sakura se hubiera fijado mejor, habría visto la mirada de advertencia de Itachi a su amigo, pero estaba demasiado confundida como para darse cuenta de estas cosas. ¿A qué se refería Shisui? ¿Quizá al flirteo permanente entre Temari y Shikamaru? Pero eso no podía ser, ¿no? Quiere decir, eso lo sabía todo el mundo. ¡Era un secreto a voces! Lo sabían en Viento, Niebla, la Lluvia, el Rayo, el Sonido y a estas alturas el propio Orochimaru en el escondrijo en el que estuviera metido en ese momento.

- ¿Quieres decir lo de… Nara y Temari?

Itachi sacuda la cabeza como si no se lo pudiera creer, justo antes de que Shisui estalle en carcajadas. Sakura de pronto tiene un momento de lucidez y piensa en que va a matar a Kakashi. No le va a confiar un secreto nunca más.

- No, no, eso… no. Me refería más a… - Shisui mira por encima del hombro de Sakura e inclina su cabeza hacia un lado cuando baja la vista hacia ella, su primo otra vez lanzando una mirada de alerta - ese chico de allí que no te quita la vista de encima, Sakura.

Ver enrojecer a Sakura a esa velocidad es un espectáculo. Si su intuición es correcta, ya sabe a quién se refiere.

- ¿Qu-qué? Es… ¿quién?

- Ahí detrás - oh sí, Shusui está realmente disfrutando esto - juraría que es el hermano del Kazekage, ¿Kank..Kankara? ¿Kangara?

- Kankuro.

- Sí. Ese. Te mira. Todo el rato.

Sakura se gira con disimulo y ve, efectivamente, a Kankuro, que está, efectivamente, mirándola. Con intensidad. Como si fuera la única persona en esa terraza y la música no existiese y el calor agobiante no viniera de fuera sino de dentro, muy dentro de ella como un volcán que le comía la piel. Siente que se le acaba el aire pero consigue dar una explicación que nadie le ha pedido y que hace que los dos Uchiha estén, en fin, bastante entretenidos con la situación. Se coloca el pelo detrás de las orejas, nerviosa.

- Es que suelo salir de fiesta con él. Y con Temari. Temari, su hermana. Los tres - genial, Sakura, eres idiota y hablas como si fueras idiota. Intenta recuperar la compostura a continuación - Es con él con el que he estado trabajando en esta técnica de la que os hablaba.

- ¿Trabajo, mm? Interesante - Sakura realmente no sabe hacía dónde va a ir el mayor de los amigos pero quiere que se abra el desierto y se la lleve a lo más profundo de la tierra. - ¿Sabes, Sakura? Si a mí un compañero de trabajo me mirase… así. Bueno, en fin, me preocuparía. Pero quién soy yo para juzgar estas cosas, ¿no? Quizá forma parte de las costumbres locales dar la bienvenida a kunoichis extranjeras con miradas lascivas y a los shinobis que se le acercan con miradas territoriales. - Se acerca a ella en un paso, a penas unos centímetros separándolos y Sakura tiene que levantar el cuello para verle bien - ¿Seguro que no hay nada que nos quieras decir al respecto?

Lascivas. Ha dicho lascivas.

Sakura le da el último sorbo a la copa y traga rápidamente, incapaz de emitir palabra.

Por fortuna y viendo su apuro, Itachi se apiada y siempre caballeroso, se da cuenta de que ha dejado hablar demasiado a su primo y le pone una mano en el hombro:

- Bien, suficiente por hoy. Sakura, una vez más, disculpa la impertinencia de mi compañero. Parece que el alcohol y las altas temperaturas le afectan en demasía. Además, debemos unirnos a la comparsa de la boda.- Shisui pone los ojos en blanco, pero concede la retirada. - Ha sido un auténtico placer verte. Espero saber más de esas técnicas médicas en el futuro.

- Un placer veros, sí. - Sakura da gracias de haber recuperado el habla. - Disfrutad de la boda. - Añade - Mandad abrazos a todos.

Gira sobre sus tacones y sin mirar atrás camina hacia Kankuro, que la recibe con la sonrisa de ver a un ángel cayendo del cielo. Nerviosa como no lo había estado en años.


Perseidas

El País del Fuego, hace 3 años.

18 años, moretones como soles tatuados en la piel, y los puños impregnados en chakra, Sakura y el resto del equipo 7 terminan la última misión que hacen juntos.

Naruto ha luchado como lo hace siempre, con ruido y furia, tormentas solares que encadenan saltos apoteósicos, brillando como la primera y última estrella del firmamento mientras detienen a los enemigos de Konoha.

Sasuke ha luchado como la hace siempre, con silencio y precisión, el taijutsu perfecto, la estocada que se pierde en el momento en que miran los ojos brillando y el chidori rasgando el aire, el sonido de un pájaro muriendo en la luna. Letal y hermoso, digno y peligroso.

Y Sakura ha luchado como ha luchado siempre, rompiendo montañas, cambiando el curso de los ríos, curando las heridas que surgían, el rombo en la frente poniéndola más cerca que nadie adela inmortalidad. Satisfecha porque no tiene que guardar chakra y su única preocupación es ajustar los guantes bien para que la manicura le aguante.

La última misión del equipo 7 y Kakashi ha ido allí arrastrado más por la nostalgia que por la necesidad y simplemente les ha observado desde una rama, orgulloso como una supernova, satisfecho de que bajo su ala está el mejor equipo de Konoha. Ha sido una operación limpia y eficaz y cuando liberan a los rehenes y atrapan a Kabuto, Sasuke enterrando con furio una espada en el costado de quien una vez le ayudó a ser mejor a fuerza de cubrirle de espanto, les sobreviene a todos la pena.

Porque es la última misión del equipo 7, ahora equipo Kakashi, ahora equipo nada. Completado a veces con Yamato o con Sai que son medio-miembros, soldados de fortuna en el ejército que forman esos 4. Han sido los mejores. Imbatibles, queridos, admirados. Lo seguirán siendo, porque nada ni nadie podrá separarlos. Orbitan entre ellos, una galaxia con nombres y apellidos que siempre terminará juntándose, no importa lo mucho que se separen. Naruto se irá, de nuevo, el último gran viaje con Jiraiya antes de empezar su camino a ser Hokage. Sasuke se quedará, terminará su tiempo en la policía discutiendo con su padre, y entrará en ANBU (no lo sabe, Sasuke, pero Tsunade le preguntó a Kakashi si pensaba que podría ser un buen activo y Kakashi maldijo porque su honor y su deber le empujaban a decir que sí, que sería un shinobi excelente en ese campo, pero el cariño, la confianza, el cuidado que sentía por su alumno le decían que no, que ni de coña, que no le dejaría acercarse a esa máquina que aplasta almas y desmiembra espíritus que es ANBU). Y Sakura, Sakura-chan, la que había luchado, tanto, tanto para poder llegar hasta allí, había sorprendido a todos cuando anunció que se retiraba de ser shinobi de combate para concentrarse únicamente en el hospital. Naruto había gritado. Sasuke había fruncido el ceño. Kakashi le había preguntado por qué. Ella había cambiado de tema.

(Porque estoy cansada de controlar mis emocioens como si fueran una carga. Porque esa, no soy yo. Le había confesado a la tumba de su madre)

Esa noche, antes de entrar por las puertas de Konoha por última vez, duermen a la intemperie y se acercan a la hoguera las polillas y las luciérnagas. Comen y hablan y recuerdan batallas, la tristeza deslizándose entre cada uno de los miembros del equipo, Sakura revisando que nadie esté herido, la luz verde del chakra entrando en su cuerpo no porque lo necesiten sino porque es su manera de cercionarse de que tienen algo de ella cuando se separen.

Es el fin de una era.

Colocan sus sacos de dormir en círculo, 1 metro de distancia entre ellos. Naruto, Sasuke, Sakura. Kakashi hace la primera ronda de vigilancia.

Sakura, el pelo rosa esparcido sobre la tierra dura, tarda un rato en dormirse. Porque por última vez, entre su saco y el de Sasuke hay menos de un metro de distancia. Menos de un metro de distancia es, que si se pone en el borde y estira el brazo, puede tocarle. Menos de un metro de distancia es, que si los dos se levantan al mismo tiempo sería difícil no terminar el uno en brazos del otro. En ese metro de distancia, Sakura se ha pasado años construyendo sueños y depositado dudas; ha tendido puentes y ha tejido cuerdas con hilos de esperanza. En ese metro de distancia reside todo lo que Sakura echará de menos, ahora que nunca volverán a dormir así, junto a la hoguera, los ronquidos suaves de Naruto, el sueño ligero de Kakashi, la respiración suave que sube y baja del pecho de Sasuke.

A 1 metro de distancia, ella no lo sabe, Sasuke prácticamente puede oír su cabeza dando vueltas.

- Sakura.

- ¿Sasuke-kun? - susurra, gira la cabeza y la luz de las ascuas se refleja en los ojos negros que la miran - ¿Te he despertado?

- No, no te preocupes. - Hay un indicio de sonrisa en su labios cuando responde- Los ronquidos de Naruto no me dejan dormir.

- No se calla ni dormido, es increíble.

- Insufrible.

Sakura suelta una risilla y ve que Sasuke tiene una mueca de hartazgo en la cara. Qué raro verle así, relajado y mostrando emociones, como cuando tenían 12 años y el mundo era aún un lienzo blanco y puro.

- No es verdad - Musita.- En realidad te cae bien. - Sakura no espera una respuesta esto, porque sólo está constatando un hecho - Le vas a echar de menos.

Sasuke sabe que es verdad, pero no lo va a reconocer en la vida, y además hay cosas que no tiene que decir porque Sakura simplemente las sabe y siempre ha odiado ser redundante, así que para qué insistir en ellas. Se vuelve, con la cabeza hacia el cielo y Sakura se queda un rato admirando su perfil. Ya no se sonroja cuando le ve, pero le sigue sorprendiendo que la genética le haya dado tantos billetes premiados. Ella también se pone boca arriba y localiza Orión, localiza la Osa Mayor, localiza Venus, tal y como les enseñó a buscar Iruka-sensei cuando apenas llegaban a las rodillas de sus padres. Es la noche de las Perseidas y caen sobre ellos estrellas fugaces tan rápidas que es imposible pedir un deseo.

- Sakura.

A un metro de distancia, Sasuke quiere decirle algo pero no le sale. Da igual que ahora puedan llamarse amigos, comunicarse verbalmente es siempre un problema para él. Hablar mirando a los ojos a Sakura y montar una frase entera es simplemente una tarea heroica.

- ¿Mmh?

Pero Sakura tiene con él toda la paciencia que no usa con Naruto, así que se vuelve a girar y se encuentran, otra vez, las miradas. Ambos comparten un nudo en el estómago.

- No creo que debas dejar las misiones.

Sakura parpadea. Una brisa suave mueve los árboles, y cuando llega al rostro de Sakura, Sasuke sigue con los ojos cómo va moviéndole las pestañas hasta mecer suavemente un mechón de pelo sobre la frente. Ese metro de distancia se le hace un océano.

- No entiendo qué quieres decir.

- Exactamente eso. Que no debes retirarte de ser una kunoichi en activo.

Sakura siente que hay algo más detrás de esas palabras. Siempre ha sabido descifrar la periferia de su discurso, pero la intención detrás de esto se le escapa.

- ¿Por qué?

Sasuke tarda en responder, mirándola fijamente. Ojalá pudiera transmitirle con la mirada lo que piensa. Ojalá no tuviera que recurrir a las fórmulas más tensas que encuentra en el lenguaje.

- Eres un activo shinobi fundamental para la aldea - Sasuke la contempla con una intensidad inusual, como si la estuviera desnudando el alma y a Sakura de pronto le cuesta respirar - y sería una pena no contar contigo en sucesivas misiones y combates.

"Activo fundamental para la aldea" es, de lejos, lo más cerca que ha estado Sakura en su vida de un piropo por parte de Sasuke y casi le da la risa y también casi se echa a llorar porque sólo a él se le ocurriría decir algo así. Aprovecha que está dispuesto a hablar para tentar un poco más a la suerte:

- ¿Es tu manera de decir que me echarás de menos, Sasuke-kun?

No responde inmediatamente. Medita sus palabras. Claro que la echará de menos, vaya pregunta más tonta. Pero eso ella ya lo sabe, está seguro. ¿No?

- Es mi manera de decir que no serás feliz estando todo el día en la consulta.

Sakura tiene que reconocer la ironía de que Sasuke se preocupe ahora por su felicidad, pero aún así dentro de ella su corazón se pone de puntillas y se asoma a la garganta.

- ¿Por qué dices eso?

Sasuke tarda un rato en hablar y cuando lo hace se gira para clavar en ella sus ojos oscurososcurososcuros y cálidos. Nunca ha estado tan guapo, piensa Sakura, que cuando la mira así, labios entreabiertos y los músculos del cuello tensionados. 1 metro de distancia y el cuerpo de Sasuke sigue siendo su tormento, y la voz, cuando habla, su gloria.

- Porque te conozco.

Se fijan los ojos entre ambos y los dos reconocen en el otro que esto, este momento exacto, es la despedida. Porque, es verdad, se conocen. De toda la vida, a pesar del tiempo y la distancia. Se conocen. Sasuke desea seguir teniendo la posibilidad de entrenar con ella de vez en cuando, la opción de volver a verla más allá de los eventos sociales, de tener a Sakura solo para él un rato más. Sakura quiere más oportunidades para estar a su lado, como amiga, como compañera, como sea. Más oportunidades para compartir el aire con él. Y hay algo en los gestos de los que dicen que es ahora o nunca. Rodar un metro de distancia y besarse no es una locura, y no por primera vez notan ese algo magnético que los une. Sakura reconoce el deseo cuando los ojos negros recorren su cara y cómo durante unas milésimas de segundo se paran ahí en los labios entreabiertos. Él adivina la garganta seca e intuyen que comparten el ardor que nace desde el cuello hasta el principio de las piernas. Un metro de distancia no es nada. Y Naruto sigue roncando, y Kakashi no está. Podrían besarse, claro, nadie se enteraría, eso cree Sakura. Podrían besarse, claro, pero no podrían controlarse y conformarse solo con un beso, piensa Sasuke.

No lo hacen y el momento pasa.

- ¿Sasuke-kun? - Sakura rompe el silencio y se les acelera el pulso a los dos. 1 metro es ahora 1 kilómetro. - Ten cuidado en ANBU. No quiero encontrarte en el hospital. Te lo suplico.

Se lo suplica porque tiene la sensación de que esta será la última vez que hablen en mucho tiempo. Que esa noche será el principio del fin precipitado de una amistad, la separación que necesitan para construir su vida. Cuando vuelvan cada uno de sus caminos, serán otras personas, la misma esencia, pero distinta forma. Algunos saldrán indemnes, otros no tanto. Perseverarán en sus sueños y al hacerlo, perderán otros.

18 años, la luna en lo alto, y las hormonas por las nubes, Sasuke asiente y cierra los ojos. Ignora el ardor en las venas y se da la vuelta. A 1 metro de distancia, Sakura se acurruca contra el saco de dormir. Se traga las lágrimas.

Cuando llegue a Konoha, le pedirá a Tsunade que no le quite aún del tablero de misiones.

Tardarán casi un año en volver a hablar entre ellos.


NA:

¡Hola! ¡He vuelto! Más morena y tostada, rellenita de cócteles y con muchas ideas por la cabeza os dejo con el capítulo más largo hasta la fecha.

Espero que os haya gustado :) Muchas gracias, de nuevo, a cada like, cada recomendación, suscripción o comentario. Por cierto, ¡intento responder a todos los que me deja la plataforma! Mirad en mensajes privados porque a lo mejor mis respuesta os ha llegado allí :)

Verano I está dedicado a la amistad. Excepto en La Lista, el tema de la amistad es el el transfondo más importante porque Naruto al final, va de eso y quería explorar cómo influía en nuestros personajes. Ya sea con Ino-Sakura; Naruto-Sasuke; Shisui-Itachi o los fantasmas de Fugaku.

Me ha encantado escribir las escenas con Itachi y Shisui (porque me encantan Itachi y Shisui) y también la de Perseidas (que, por si no lo sabéis, son un par de noches al año al mediados de agosto en que caen estrellas fugaces. Vale, no encaja con la progresión temporal junio-julio-agosto-septiembre, pero permitidme la licencia). La cosa es que quería decir es que hay algo especial en escribir a Sakura y a Sasuke.

En el siguiente capítulo, Verano II, estará dedicado al... amor. En mayúsculas. Y habrá toneladas de Kanku/Saku. Será, de hecho, el capítulo más importante de este fic así que, ¡no os lo perdáis!

Ya sabéis que agradezco cada trocito de feedback que me deis. Bueno, malo o regular.

Ah, y disculpad por las erratas y dedazos en el teclado, ¡no tengo beta ni cosa que se la parezca!