Recordatorio de que esta historia es M. Y quien avisa no es traidor.
Verano II
En el que Sakura tiene una noche de verano entretenida, Kankuro y ella se van de viaje, Naruto se enfada con Sasuke y Sasuke, además, pone en marcha un plan.
- Sueño de una noche de verano
- Gyozas
- La ignorancia es una bendición
- Champagne supernova
- Artículo 344
- Let's fall in love for the night
- Cantar tu nombre al sol
Una última cosa: este capítulo me ha hecho mucha ilusión colgarlo. Muchísima. Estaba nerviosa y todo. Así que os agradecería cualquier comentario, feedback etc diciéndome qué os ha parecido.
Sueño de una noche de verano
A Sakura la despiertan en sueños. Nota que la sacuden por el hombro y ella se resiste a abandonar la imagen plácida de su mente, un campo verde lleno de amapolas un día de primavera. Se resiste al contacto porque por fin ha encontrado una postura en la que el calor no le molesta tanto y está cansada después de un día de cirugías y farfulla y se agarra a la almohada, hasta que una voz la desvela totalmente.
- Sakura, despierta. Es urgente
Ocurrió una vez que cuando era genin, cerca de Ame, unos bandidos les atacaron mientras dormían. Y aunque Kakashi los derrotó en cuestión de segundos, rápido y letal como era, Sakura aún guarda ese momento en que se despertó indefensa rodeada de enemigos como uno de los peores de su vida ninja. Aprendió de ello que era importante tener siempre un arma junto a la cama y no confiarse, estar siempre alerta. Mecanizó movimientos y entrenó para ser veloz, y es por ello que antes de que se de cuenta, abre los ojos y se encuentra que está dirigiendo el filo del kunai a la garganta del mismísimo Itachi Uchiha. Con el uniforme ANBU y el sharingan brillando en la oscuridad de la habitación. Ni se inmuta.
- Sakura, necesitamos tu ayuda.
Se sienta sobre la cama e Itachi aparta con un movimiento fluído el arma de su cuello y coge la mano de Sakura por la muñeca. Los ojos verdes se intentan adaptar a la oscuridad y tantea la pared hasta que da con el interruptor de la luz. ¿Cómo ha entrado en su apartamento?
- Por la ventana de la cocina. La tienes desprotegida. - Sakura le mira aún con el ceño fruncido y de pronto ve que en el chaleco gris hay grandes manchas de sangre frescas. Sale de la cama en su pijama de verano a toda velocidad. - Sakura - su voz sigue calmada pero hay un subtono en el fondo que se parece al pánico - es Shisui. Está sangrando mucho.
Una mierda veniáis a una boda.
- ¿Dónde está?
Itachi la dirige al recibidor del piso y Sakura averigua con horror que "sangrando mucho" era un eufemismo simpático. Hay sangre por todas partes: en el suelo, en las paredes, en la puerta y sobre todo, en el cuerpo de Shisui. Hay tanta sangre que cuando se acerca, los pies descalzos chapotean en un charco granate de profundidad espesa. Con todo su peso apoyado en la puerta de entrada, pálido bajo la luz de la entrada, la sangre gotea, chorrea, sobre las baldosas de colores. Se sorprende que el Uchiha no se haya desmayado aún y que le mande una sonrisa débil a modo de saludo. Se acerca corriendo a su lado y examina su cuerpo con criterio profesional antes de tocarle: tiene heridas profundas a ambos lados del costado, donde el chaleco protege menos.
- Itachi - saca su mejor voz de mando - ayúdame a llevarlo al sofá.
- Te lo voy a poner perdido. - Sakura levanta la mirada de las heridas y ve a Shisui intentando ser amable.
- No digas tonterías.
Pero tiene razón. El sofá es azul claro y Sakura sabe que lo va a tener que tirar al día siguiente, pero le preocupa mucho más la pérdida de sangre y todo ese chakra que ve que no tiene, los ojos cegados por abusar del sharingan. Pone una palma iluminada en verde sobre la frente para que al menos recupere la visión.
En las horas que siguen, Itachi verá lo que Tsunade había visto siempre: que Sakura había nacido para ser médico. Profesional, eficiente, centrada y cuidadosa, Sakura dispone la situación con una seguridad que el Uchiha nunca había sospechado de ella.
- Hay que desvestirle.
Juntos le quitan el chaleco y Sakura corta con unas tijeras la camiseta negra que lleva debajo, al tiempo que le pide que describa rápidamente qué tipo de arma le ha herido. A su lado, la voz profunda habla de una hoja afilada inserta en la roca que ha salido disparada hacia ellos. Shisui se había interpuesto entre Itachi y la trampa. ¿Estaba oxidada? Sí, mucho. ¿Cómo ha conseguido librarse y que no le partiera en dos? Ha usado el shunshin en el último momento. ¿Cuánto tiempo lleva así? Unas 2 horas. ¿Has conseguido detener la hemorragia de algún modo? Cierre básico de punción con chakra, no ha durado mucho. Sakura le escucha mientras analiza cómo el metal ha destrozado toda la piel desde las axilas hasta la cintura en ambos costados. Y aunque no parece que la herida toque órganos sensibles, le preocupa que el filo que le ha producido los cortes esté impregnado de veneno. Es el País del Viento, al fin y al cabo.
- Tengo que limpiar las heridas. Coge una toalla del baño - señala la dirección con la cabeza - y calienta agua en la cocina y llena la palangana que hay bajo el fregadero. - Le indica dónde está con el codo mientras el chakra verde revisa que no haya heridas internas.
Itachi obedece. Cuando vuelve se encuentra con Sakura hablándole a un Shisui semiinconsciente.
- Necesito que esté despierto por ahora. Luego ya podrá dormir. Habla con él.
Tarda en desinfectar los cortes un buen rato y en ese tiempo, manda a que Itachi cambie el agua tres veces y le traiga cuatro nuevas toallas. La mirada intensísima se desliza sobre ella cada vez que Shisui se queja, pero sigue hablándole sobre recuerdos de misiones de cuando eran niños. Sakura los oye en el fondo pero no los escucha, y cuando por fin puede estar segura de que las heridas no van a supurar y puede empezar a cerrarlas, le pide a Itachi que se marche.
- ¿Por qué?
Es la primera vez que la cuestiona y si Itachi Uchiha no fuera Itachi Uchiha, Sakura le habría respondido como a cualquier interno impertinente: porque lo digo yo. Pero en este caso, la verdad es casi más elocuente: porque le va a doler. Y mientras Itachi cierra la puerta tras él, hace un jutsu para silenciar la habitación y que los gritos de Shisui no despierten a los vecinos.
Cuando ha terminado y ha hecho que Shisui se beba una medicación para reponer chakra y le ha inducido una especie de sueño comatoso, Sakura sale a su pasillo, agotada y repasando mentalmente la intervención, y ahí se encuentra a Itachi iluminado por la luna con el mango de la katana de ANBU enredado con el pelo que cae por su espalda. Es una imagen intimidante y sensual, pero Sakura no está para pensar estas cosas ahora mismo y se acerca hacia él que la observa expectante. Hablan en susurros.
- Está bien. Afortunadamente las toxinas del metal eran muy antiguas y se habían oxidado hacía tiempo. He cerrado las laceraciones y reparado el tejido interno. Simplemente hay que dejarle descansar unas horas y estará como nuevo. - Itachi le agradece la ayuda- ¿Quieres darte una ducha? Pareces agotado.
- No. Gracias.
- ¿Un té al menos? La espera se puede hacer larga.
- ¿Puedo verle antes?
Sakura asiente y va a la cocina. Está de espaldas a la puerta cuando entra.
- ¿Qué té quieres? Tengo como 20 variedades
- El que tú tomes - el Uchiha se deja caer elegantemente en una de las sillas desparejadas de la mesa de la cocina. Se le ve exhausto.
- No te he preguntado - dice Sakura mientras pone el agua a hervir y saca dos tazas iguales - si tú estás bien. Debería hacerte una revisión.
- Estoy bien, Sakura. Gracias.
Sakura se vuelve hacia él, el ruido del agua burbujeando tras ella, y le escruta con la mirada como corroborando sus palabras. Parece satisfecha con lo que ve.
- No tienes que darme las gracias todo el rato, Itachi. - Sirve el té y lo lleva a la mesa. Se sienta frente a él con una sonrisa amable. - Lo hago porque es mi obligación, pero también porque sois mis amigos.
Itachi fija en ella sus ojos y Sakura suspira. Todavía arrastra la mirada disociada de los ANBU en misión. La conoce por Kakashi y, en menor medida, por Sasuke. Es la mirada de las personas que tienen que hacer cosas horribles y se ven obligados a dejar su personalidad atrás, convertidos en cáscaras de su deber. La mirada con la que matarían a un compañero que ha desertado sin pestañear, con la que escuchan los gritos de tortura sin remordimientos. Algunos se acostumbran tanto a esa manera de existir que nunca vuelven a la vida normal.
- Aunque - le dice para traerle de vuelta poco a poco, sacarle de ese exilio interior en que les entrenan y que a ella le parece tan inhumano - podría meterme en problemas ¿sabes? Dos ninjas de élite en plena misión en un país extranjero en la casa de la directora del hospital… - le da vueltas al té con cuidado y musita para sí - A ver cómo lo explico.
Eso parece clicar dentro de él y nace una chispa de calidez en el fondo de sus ojos. Sakura se alegra de que abandone poco a poco las zonas oscuras de su mente.
- El Kazekage lo sabe. - dice, su voz firme - Es una operación coordinada entre la Hoja y la Arena. No tienes que preocuparte. No vas a empezar un conflicto diplomático ni nada así.
Asiente, más relajada, sobre el té. El reloj de la pared hace tic tac y marca las 3:38 de la mañana.
- Y la boda - cuestiona con voz suave - ¿existió de verdad?
Sus ojos son como la medianoche líquida y Sakura siente que el corazón se le encoge ante el repentino parecido con Sasuke.
- Sí. - Sonríe débilmente, esta vez sumergido en la calidez de los recuerdos. ¿Disfruta Itachi con celebraciones como las bodas? ¿No es demasiado frívolo y banal para él? - La boda existió. Pero era una buena excusa para venir sin llamar la atención.
- Y yo que pensaba que era porque realmente los Uchiha creíais en el amor… - Sakura bromea mientras se reclina sobre la silla e inhala el aroma a jazmín de la infusión.
Itachi dibuja una risa suave y parece plenamente vuelto en sí. Así que Sakura no dice nada más, deja que su cabeza descanse sobre la pared y toma la bebida en silencio. No es un momento especialmente cómodo ni tampoco especialmente tenso. Son solo dos personas con escasos temas de conversación en común y un compañero casi muerto en el sofá, pero Itachi ha sido educado por Mikoto en el arte de la cortesía y decide que ya que la ha despertado en mitad de la noche, qué menos que intercambiar algunas palabras ligeras.
- El té - comenta y ella le observa, curiosa - ¿es de Konoha? Me parece que lo he tomado otras veces y…
- Sí. Seguro que lo has tomado. Me lo ha enviado mi padre. Mi familia lo vendía a casi todas las casas de té de la aldea.- Se queda de pronto con la mirada verde perdida en alguno de los azulejos de la pared - Era uno de los preferidos cuando estaba allí. Quizá lo sigue siendo.
Ah sí, Itachi saca la información de los archivos que guarda en su mente. Los Haruno eran unos genin retirados que tenían un negocio de importación de té y café que servía a casi toda la hostelería de Konoha y a los principales clanes. Recuerda con cierta amargura los comentarios que algunos miembros de su propia familia habían hecho al respecto cuando Sakura y Sasuke empezaron juntos en el equipo 7. Una chica civil y sin talento junto al hijo de Fugaku y Mikoto, decían indignados. En qué estará pensando el Sandaime. Al menos el otro es el Kyubii. Itachi se pregunta brevemente qué dirían ahora que la chica sin talento ha salvado a uno de los mejores Uchiha de la muerte. Los dedos largos recorren distraídamente el borde de la taza y siente una oleada de simpatía y afecto por esta kunoichi de corazón gigante.
- Le echas de menos.
No lo pregunta. Lo afirma. Sakura deja que salga un poco de aire de sus labios y su pelo rosa aún despeinado de dar vueltas en la cama le cae sobre las cejas.
- Más que a nadie. Más que a Naruto, o a Tsunade, o a Ino o a… - le regala una mirada tímida - Sasuke. Estar lejos de mi padre es lo peor que llevo. - Da un sorbo - Pero c'est la vie, ¿no? No es que tuviera la opción de decir que no a venir aquí- Resignada, se encoge de hombros y coge la tetera - ¿Quieres más?
Y hay algo en esa sonrisa que le lanza Sakura mientras le sirve - luminosa, cálida, maternal, vulnerable - envuelta en mechones que parecen algodón de azúcar, que hace que Itachi comprenda mejor a su hermano. Entiende al fin que la actitud deliberadamente distante de Sasuke, que el deseo de mantenerse alejado de Sakura por todos medios, de no tocarla, de fingir que no la quiere no es un acto egoísta ,sino generoso. Que detrás de esa motivación hosca e infantil, hay un afán de cuidarla, de no mancharla con la sangre del clan, ese agua estancada que ahoga todas las cosas puras. Mantenerla alejada como sea de las intrigas, de las ansias de poder, de las tradiciones absurdas y arcaicas. Itachi ve a Sakura como lo que es, alguien demasiado bueno para un mundo demasiado malo.
En la cocina iluminada por la luz clara de un halógeno esa noche ventosa de Suna, Itachi, genio entre los genios, se da cuenta al final que el sacrificio que hace Sasuke al renunciar a su propia felicidad es similar al que hace él mismo. Llevar la carga él solo para que las personas que quieran puedan ser felices sin problemas. Matar sus esperanzas para que los demás cumplan sus sueños. El ciclo repetido una y otra vez; el efecto secundario de la voluntad de fuego.
Estúpido hermano pequeño. Itachi le puede proteger de todo menos del daño que se inflija él mismo. Así que quizá por esa revelación, o quizá porque está cansado, muy cansado, le dice a Sakura algo que sabe que no debería decir, porque se ha jurado no intervenir, ni hacer nada, pero quién es él para negarle la felicidad a las personas. ¿Quién?
- Te extraña, ¿sabes? Sasuke. Te echa mucho de menos. - Sakura deja la taza en la mesa, los ojos verdes como la hierba de verano, y el rostro se ilumina con un resplandor ante la información. Aún queda esperanza, piensa Itachi - En realidad todos te echan de menos en Konoha. Naruto, Kakashi, Tsunade… El hospital entero. - Itachi curva los labios hacia arriba antes de comentar casi para sí mismo - Te has hecho un nombre imprescindible para la Hoja, Sakura. Todo el mundo te quiere allí.
Sakura oculta que se azora mirando hacia la ventana, las estrellas colgando entre las corrientes de viento, las luces de los bares cerrándose una a una, y cuando se vuelve asoma una sonrisa que mezcla melancolía y acritud a partes iguales. ¿Sasuke la echa de menos ahora?, ¿ahora que está lejos y con un plan y un futuro y mariposas en el estómago cada vez que cierto castaño aparece en su campo de visión?, ¿en serio? Parece una broma porque ella le echaba de menos incluso cuando estaba a su lado. Pero es tarde, supone. Y aunque a veces siga suspirando por lo que pudo haber sido, sabe que ahora Suna es su hogar y que mientras viva ahí tendrá, siempre, el corazón dividido en dos.
- Itach., - dice. Con fuerza, con firmeza. Y él se pregunta si es el tono con el que ha conseguido manejar a sus compañeros de equipo todos estos años. - Agradezco tus palabras. Yo también echo de menos… Konoha. Y a Sasuke, por supuesto. Espero que se encuentre bien. - Intenta sonar distante - Pero esta es mi casa ahora. Suna es mi casa. Yo… - Sakura baja la mirada - no podía crecer allí. Me ahogaba. Esta es mi casa ahora. - lo repite en un susurro.
- Lo sé.
- Y además - Sakura levanta la mirada, toda ella determinación y convencimiento - Sasuke debe concentrarse en ANBU. ¿No? Y tiene a Naruto a su lado, que a su manera le cuida. Llegarán lejos los dos. Es en eso en lo que tiene que poner su energía, no en andar echándome de menos o cosas así.
Itachi se maravilla del esfuerzo que pone Sakura por superar sus sentimientos hacia Sasuke y seguir adelante. Así que, aunque podría decir algo más, se calla. Ya ha hablado demasiado. No le dice a Sakura la verdad. No le dice: se va a matar, Sakura, se va a matar un día si sigue haciendo el suicida en las misiones. No le habla de Akira ni le comenta: se ha metido en un lío tremendo, Sakura. Una ridícula idea del matrimonio arreglado que solo le traerá miseria. No le dice: vuelve, Sakura, te necesita. Porque al fin y al cabo, ni tiene nada que decir al respecto, ni Itachi es cercano a la un poco más que un conocido, un mero observador que la ha visto crecer desde la barrera, primero dando saltitos vacuos sobre su Sasuke, después entregada durante años a entrenar con Tsunade, y ya más tarde como una mujer, una kunoichi en pleno derecho, como amiga de Kakashi, como médico personal de ANBU. Como la chica de la que su hermano estaba enamorado desde antes de que él empezara ni siquiera a plantearse que podía tener sentimientos hacia ella. Itachi no era quién para decirle cómo sentirse, ni empujarla movido por el egoísmo y la sobreprotección para asegurar el bienestar de su hermano. Y mucho menos ahora que estaba el asunto del Kankuro. La noche en que habían coincidido en la terraza las miradas celosas sobre Sakura, la manera en la que se rozaban habían servido para confirmar lo que Kakashi había visto en primavera: que entre ellos había una bomba a punto de explotar. Y Sakura merecía también tener una relación sin complicaciones. Y se merecía volar, alcanzar su extraordinario potencial, mostrarle al mundo lo fantástica ninja que es. Konoha, con todas sus raíces que penetraban en los profundo de la tierra absorbiendo todos los nutrientes, no es lugar para que crezcan nuevos tipos de flores como ella.
Itachi claudica finalmente esa noche, y asume en la cocina de Sakura Haruno rozando las 4 de la mañana que Sasuke se casará con Akira y que no podrá hacer nada para pararlo. Y como no está acostumbrado ni a la derrota ni al fracaso, le crece un pinchazo en la garganta que disuelve con un trago de té. Desea, desea, desea con todas sus fuerzas que se haya equivocado juzgando a Akira y que puedan llegar a ser felices.
Sale de su trance cuando oye de nuevo el agua rompiendo a hervir.
- Bueno, Sakura - opta por preguntar otra cosa - explícame esa técnica tuya para los niños.
Se iluminan los ojos verdes.
No para de hablar hasta que Shisui despierta.
Gyozas
En la memoria de Sakura habita la imagen de Mebuki y Kizashi cocinando mano a mano sus recetas favoritas. Tenían mandiles a conjunto y mientras Sakura hacía los deberes en la mesa de la cocina le iban llegando los olores de cada ingrediente que añadían, las discusiones en susurros (Kizashi, estás echando es demasiado harina), las bromas internas (si sigues así quedarán como aquella vez que pusiste sal en lugar de azúcar al pastel) y los besos que intercambiaban de vez en cuando (su padre le daba palmadas en el culo a su madre y ella le apartaba con un manotazo y una sonrisa pícara). En su cabeza están los dos dibujados a contraluz en la encimera de la cocina, la figura alta y estilizada de Mebuki se superpone con el pelo en forma de estrella de Kazashi y su presencia grande y rechoncha. Se daban a probar el uno al otro la comida entre risas.
En los escasos momentos en que Sakura ha tenido tiempo de preguntarse a sí misma qué es la felicidad, esta es la imagen que le viene a la cabeza. El lenguaje del amor en casa de los Haruno giraba en torno a esos chispazos de domesticidad ordinaria y Sakura replica esos gestos cuando quiere transmitir algo importante.
- Pruébalos, por favor.
- ¿Seguro que no me vas a envenenar?
- ¿Prefieres envenenarte o que te de un puñetazo?
- De lo primero sé que me vas a curar, de lo segundo no estoy tan seguro.
- Vamos, Kankuro, los he hecho siguiendo tu receta. No pueden estar tan mal.
Bromean. Es un sábado de inicios de agosto y están refugiados en el patio fresco del palacio del Kazekage. Sakura ha aparecido esta mañana por sorpresa y Kankuro la ha recibido con un nudo en el estómago y una sonrisa bobalicona en el rostro cuando le ha enseñado el plato de gyozas. Gaara está atendiendo a unos embajadores de la Aldea del Rayo y se han quedado los dos sentados solos en uno de los bancos del patio, disfrutando del sonido de las fuentes y de los pájaros que buscan refugios entre las ramas de los limoneros y naranjos. Sakura lleva puesta una túnica de lino rojo que le cubre hasta los pies y Kankuro una yukata de seda negra que deja ver parte de su pecho. Entre ellos descansa el plato de comida y una bandeja con dos vasos y una jarra con limonada fresca. Finalmente, como concediéndole un favor, se decide a probar la comida. Mastica.
- ¿Y bien? ¿Qué te parece mi primera receta típica de la Arena? - Sakura es todo expectación en sus ojos.
Kankuro opta por torturarla y se pasa con deliberada lentitud una servilleta por la comisura de los labios antes de responder.
- Están bien. Un poco chiclosos, pero bastante decentes. - Sonríe - Enhorabuena, ya eres una ciudadana de Suna.
Sakura alza los brazos en señal de victoria, golpeando sin querer el brazo de Kankuro.
- Ay, ¡Lo siento! - Sakura se acerca a él, ya con el chakra verde en las manos - No me digas que te he dado en el brazo malo.
Hace unas semanas, él y otros jounin tuvieron que ir en una misión urgente que terminó con dos miembros del escuadrón muertos y el brazo de Kankuro roto en 7 partes. Oculta su dolor en una mueca.
- No pasa nada.
Sakura le mira mordiéndose el labio y Kankuro se pregunta si es así de manera involuntaria, lo hace adrede o qué pasa porque es simplemente una injusticia universal que sea tan adorable.
- ¿Seguro? - se inclina sobre él, ceño fruncido y mirada clínica. Sus dedos rozan el brazo sin querer y a los dos se les acelera el pulso. - ¿Está bien curado?
- Yo creo que sí - traga saliva y la mira, y le da un vuelco el estómago cuando ve en los ojos de Sakura el mismo deseo y el mismo cariño y realmente a qué están jugando. Tiene que pararlo y tira de ironía. - Resulta que me trató una médico estupenda que tenemos aquí en el hospital. No sé si la conoces. Tiene el pelo rosa, así que parece una florecilla… pero no te fíes, es bastante temperamental.
Sakura se ríe desde el pecho y la risa llena cada rincón del patio. Mira que es bobo, piensa. Mira que es bobo y encantador y mira que la llena de alegría todo el rato.
- Me suena.
- Entonces sabrás que no tienes que preocuparte por mi salud. Y tampoco - Kankuro sirve limonada sin apartar los ojos de su cara - tienes que traer comida para asegurar mi pronta recuperación. Aunque lo agradezco de corazón.
- Oh, no. - Sakura niega y se moja los labios con la bebida fría - No es por eso. Lo he preparado para celebrar.
Sobre ellos pasa la sombra de un milano. Kankuro alza las cejas e inclina la cabeza hacia un lado.
- ¿Y qué celebramos?
- ¡Varias cosas! La primera es que el Consejo por fin reconoció nuestro trabajo.
Tu trabajo, matiza Kankuro al tiempo que asiente. Había sido un momento memorable ver cómo todos se tragaban el orgullo en la mesa redonda y le daban la enhorabuena a Sakura, escuchando con interés los progresos del hospital y la opción de hacer una producción a gran escala de juguetes terapéuticos con el consecuente aumento de la recaudación. Kankuro no cabía en sí de orgullo.
- La segunda es que dieron el visto bueno a nuestro nuevo proyecto.
No podían negarse. Era una idea que se le había ocurrido al marionetista una de sus noches de insomnio mientras arreglaba a Karasu. Por qué no, le había propuesto a Sakura la mañana siguiente, hacemos prótesis de madera, como si fueran los títeres. Brazos, manos, piernas de madera para aquellos que han sufrido algún tipo de mutilación, y que estuvieran vinculadas con chakra al resto de su cuerpo y… ¡Oh, por supuesto! ¡Qué buena idea, Kankuro! Sakura había brillado de verdad, brillado como el sol cuando se lo había dicho. Y en el Consejo nadie había puesto pegas porque no sólo era algo que ligaba con la tradición de marionetas del País del Viento, sino que era una oportunidad para iniciar una nueva industria. Y era barato. Y tenían a los expertos. Incluso Gaara y su rostro habitualmente severo se había iluminado con una sonrisa.
- La tercera es que por fin han aceptado que demos una conferencia en el congreso del País Té de septiembre ¡Lo vamos a presentar en la sesión plenaria!
Kankuro baja el vaso de sus labios y la mira, esta vez sí, sorprendido. ¿Ha entendido bien?
- ¿Vamos?
- Claro… - Sakura evalúa con la mirada la situación. Kankuro se está preguntando si eso es buena idea de la misma manera en la que ella se lo ha preguntado durante días. Llevan demasiado tiempo bailándose el agua el uno al otro. Es emocionante y es agotador y hay algo en ella que dice el chico te gusta, lánzate y otra que dice el chico te gusta y algo más, cuidado. - Contaba con ir contigo. Porque es tu trabajo también. Además ahora, con los nuevos prototipos que son más fáciles de manejar, podemos hacer una demostración en vivo.
- ¿En vivo?
- Sí, para dar más credibilidad. - Cuando Sakura se emociona, se embala - No llevará mucho tiempo, poco más de una semana. Son 2 días de viaje a Té en tren y luego medio en barco y 3 días de congreso y luego la vuelta.
- Pero…
Le interrumpe. Lo tiene todo pensando y tiene el pulso acelerado y no puede quitar los ojos de Kankuro cuando se lo explica. Se da cuenta que necesita que diga que sí a su propuesta mucho más de lo que pensaba:
- Ya sé que podría llevar uno de mis ayudantes, pero no quiero quitar un médico al hospital. Y además, creo que estaría bien que lo explicara alguien que no sea del gremio, para evitar toda la jerga y demás…
Sakura está tan emocionada que se ha levantado. Se le mueven los mechones rosas de un lado a otro y se le va desmontando el moño a medida que se lo cuenta. La pasión con la que habla es contagiosa y Kankuro no tiene que darle muchas vueltas a su decisión. Actúa contra la sensatez, el sentido común y, sobre todo, actúa sabiendo que o bien termina declarándose en Té o se arriesga a perder cualquier oportunidad con Sakura, si es que alguna vez hubo alguna.
- Vale.
La pelirrosa se para en seco y le mira.
- ¿En serio?
- Sí.
- Entonces, ¿vienes?
Mira al cielo azul y limpio, los rayos de sol inciden en la nariz ancha y en la barba de tres días.
- ¿Tengo otra opción?
- Puedes no venir y que me enfade contigo.
- No estoy tan loco como para arriesgarme a eso.
Kankuro sabe que está perdido porque no puede apartar los ojos de la sonrisa de Sakura y desea tener un poco menos de autocontrol para dejarse llevar y pegarse contra la pared y besarla hasta perder el sentido del tiempo.
- Tú y yo, entonces, ¡nos vamos al País del Té! ¡Voy a escribir ahora mismo a la organización a decirles que vienes también!
Y con un saltito, ella se acerca y le abraza y se le va el aire cuando nota sus labios en la mejilla, y se marcha rápido dejándole sin palabras.
Tú y yo, ha dicho ella.
En Té, ha añadido.
Solos, eso parece que se le ha olvidado.
Pero eso es lo único en lo que puede pensar Kankuro.
La ignorancia es una bendición
Cosas que Naruto Uzumaki no sabe. Naruto no sabe, por ejemplo, cómo va a llegar a ser Hokage. Hay un objetivo, hay un sueño, hay una clara voluntad de hacer pero carece de un plan específico. Si lo consigue será gracias a la ayuda de sus amigos, de Kakakashi a Tonton, desde Teichu a Gaara, de Sasuke a Lee, y de gente que le cuida, gente como Tsunade, como Sakura, gente como Hinata, que es el tipo de persona que vigila que coma todas las verduras y que no coja frío. Ah, Hinata, con su dulce devoción, que cree en su sueño más que él mismo, que es quien le organiza los días y le ayuda a mantenerse en la senda recta con detalles importantes como "acuérdate de que en una semana acaba el plazo de inscripción para los exámenes jounin" "Sí, Hinata-chan" y otros más triviales como el de hace unas horas, después de un entrenamiento de baja intensidad en el patio de los Hyugga:
- Mmmm, ¿Naruto-kun?, ¿no deberíamos empezar a prepararnos para el cumpleaños de Sasuke?
- ¿Ya? - frunce el ceño - ¿No es un poco temprano? Tenemos tiempo hasta las siete.
Hinata le responde con una risita.
- A las 17, Naruto-kun, ¡no a las siete!
Otras cosas que Naruto no sabe.
La cantidad de gente que hay ese día en casa de Sasuke ¿40? ¿60? ¿100? Están todos: los herederos de los clanes, todo el distrito Uchiha, algunos miembros del Consejo, jounin de alto rango, compañeros de academia y los senseis de su generación. Y hay camareros, y está la prensa, y hay tres mesas largas hasta arriba de comida y una fuente de chocolate y un señor con pajarita que va repartiendo programas según van llegando los invitados.
- Hinata-chan, ¡aquí dice que a las 8 habrá un grupo de música! - mira a su novia achicando los ojos azules - ¿No es muy exagerado todo esto para un cumpleaños?
Hinata se muerde el labio antes de responder con cierto tono lacónico mientras observa el entorno.
- Creo que esto es algo más que un cumpleaños.
Naruto no termina de entender qué quiere decir, pero los canapés tienen muy buen aspecto y tiene hambre así que no pregunta y se va a comer.
Más ejemplos.
¿Cómo aguanta todo esto Sasuke? Naruto ha intentado acercarse a él varias veces para felicitarle, pero lleva 25 minutos posando junto a Akira y la familia ante los fotógrafos. Solos, acompañados, bajo el peral, bajo el almendro, delante del rododendro, no, mejor junto al estanque. Y aunque Naruto puede ver que Sasuke frunce las cejas molesto, aguanta estoico incluso cuando Shisui le da unos golpecitos en los abdominales: ¿Has ganado peso? Tienes que cuidarte a partir de cierta edad. Y a Naruto le extraña esa mansedumbre impropia de él. Descubre que no es el único que está inquieto con la actitud de Sasuke cuando sus ojos se cruzan con los de Itachi y comparten una mirada preocupada durante un instante.
- Hinata-chan, ¿de qué va todo esto en realidad?, ¿tiene algo que ver con el clan?
La Hyugga hace como que no le oye y espera que su novio no monte un espectáculo cuando se de cuenta de qué está ocurriendo exactamente.
Un último caso.
Naruto no sabe si le gusta Akira. Y eso es raro, porque a Naruto le gusta casi todo el mundo del mismo modo que a Sasuke no le gusta casi nadie. Y Akira, además, por lo poco que la conoce, parece simpática, y tierna, y femenina y siempre es correcta en sus gestos y palabras, muy educada, sí; pero hay algo en ella, algo raro, algo en la manera en la que en cualquier momento está buscando a Sasuke para correr a su lado, algo en cómo se dirige a él siempre coincidiendo con sus opiniones y algo en la manera de quererle que se parece más a la servidumbre que a la compañía, que hace que desconfíe de manera instintiva y que provoca que Kurama rebufe dentro de su pecho cuando Mikoto y Fugaku suben al escenario de la banda y agradecen a todos "por venir a la fiesta a celebrar el cumpleaños de nuestro hijo menor". Los invitados se giran hacia ellos y solo se oye un tenedor que se cae contra una bandeja en la cocina. "Ver tantas caras conocidas - dice Mikoto con su vestido de flores, feliz y agradecida - nos llena casi tanto de alegría como anunciar el noviazgo oficial entre Sasuke y Akira, que ya ha recibido la aprobación de los ancianos. ¡Pronto os comunicaremos la fecha de la boda!"
Hay un murmullo entre la gente. ¡Los ancianos! susurra uno, y otra chica, entonces Sasuke-kun está totalmente fuera del mercado y hay llantos. Y Naruto tampoco sabe del todo qué ha pasado, qué significa el tema de la aprobación, se le escapa toda la dinámica rara de los clanes, pero Sasuke le había dicho que arreglaría todo el tema del matrimonio concertado al salir del hospital y esto no se parece en nada a su idea de arreglarlo.
Su mirada atraviesa el jardín con enfado hasta la figura de su amigo, que esquiva sus ojos, erguido junto a sus padres. La mano de Hinata se posa en su brazo, invitando a que se calme.
Pero no se calma porque, aunque a la gente le sorprenda, hay cosas que Naruto sí que sabe.
Sin ir más lejos, que en este instante Sasuke está siendo terriblemente miserable. El Uchiha es un experto en que las emociones no se reflejen en su cara, pero le delata la tensión en los hombros y ese paso pequeño que da a un lado para alejarse de Akira cada vez que se acerca demasiado. Lo ve en cómo en sus dedos buscan shuriken al que dar vueltas para dejar escapar sus nervios, un gesto que le acompaña desde niño. Y Naruto tampoco pasa por alto cómo cierra los ojos para coger aire antes de saludar a los invitados que se van acercando a felicitarle por su cumpleaños y por su futuro matrimonio. Naruto sabe lo suficiente como para decidir que no va a hablar con él en una temporada o le romperá todos los huesos con un rasengan. ¿Cómo le ha podido hacer esto a Sakura-chan?
- ¿Pero esto qué implica si eres de un clan? - se lo pregunta a Shikamaru, que apaga el cigarrillo contra un plato vacío antes de responder.
- Que Akira ya es como si fuera de la familia principal. Mismas responsabilidades y eso. Es como si estuvieran casados pero sin vivir juntos. En el caso de Izumi e Itachi, por ejemplo, ellos no han pedido la aprobación de los ancianos así que son novios pero nada más.
Naruto se queda pensando mientras mira las botellas de vino goteando al sol.
- ¿Yo tendré que hacer esto con Hinata?
El Nara le dedica una mirada perezosa y divertida.
- Probablemente. Pero no creo que los Hyugga te pongan muchas responsabilidades, Naruto.
Menos mal.
Otra cosa que Naruto sabe es que deberían contarle esto a Sakura. Contrariamente a lo que diga Ino, Tenten y todos los demás que se juntan en círculo bajo el pruno del jardín de la residencia Uchiha.
- ¿Entonces esto ya es como si fuera del todo oficial?, ¿son más que novios?
- Sí. Ya te lo hemos explicado.
- ¡Entonces hay que decirle a Sakura-chan que Sasuke se va a casar!
- Naruto: no. - Ino agita su pelo de un lado a otro y pone los brazos en jarras - Déjalo estar. Se lo tiene que contar él. Nosotros no tenemos nada que decir. Solo le haremos daño.
Detrás de ella Shikamaru suspira, Chouji y Kiba asienten, Neji y Shino apoyan la moción con un leve gesto de la cara. Lee murmura algo de que la primavera se escapa y Sai le pasa un brazo a Ino por la cintura para que se tranquilice. Naruto gira la cara hacia su novia buscando apoyo.
- ¿Hinata-chan?
- Me temo que tienen razón, Naruto-kun. No es apropiado intervenir.
Naruto gruñe porque Naruto sabe, esta vez sí sabe con absoluta certeza, que se equivocan. Sakura-chan se enterará tarde o temprano, y le dolerá descubrirlo. Naruto lo sabe porque les conoce exactamente igual que supo, hace ahora más de 2 años, que Sasuke veía a Sakura como algo más que una amiga:
- Hey, bastardo - Sasuke le había mirado mientras recogían los kunais y shuriken del suelo, después de un entrenamiento especialmente brutal con el antiguo equipo 7. Kakashi se había esfumado y Sakura se había tenido que ir corriendo al hospital. - ¿por qué has dejado ganar a Sakura-chan?
Podría haberse desplazado justo antes de recibir el puñetazo final y caer bajo la red-bomba de Sakura. Un shinobi como él, rápido y táctico, lo tendría que haber visto.
- No ha sido así.
Naruto había lanzado un bufido de incredulidad.
- Podrías haber esquivado perfectamente ese último golpe. ¿Estabas cansado?
Pudiera ser que Sasuke estuviera cansado, pudiera ser que incluso estuviera distraído, porque cuando se agachó a recoger el último shuriken había respondido sin pensar:
- Se pone muy guapa cuando gana.
Los dos se quedaron clavados en el sitio.
- ¿Guapa, eh? - el Uchiha le había lanzado una mirada mortificada - Vamos a tomar algo. Creo que tienes varias cosas que contarme.
Y aquella tarde, whisky va, whisky viene, Sasuke le contó a Naruto todo lo que Naruto siempre había sabido.
Champagne supernova
Los congresos de medicina son, por definición, un coñazo absoluto. Hace años que los ninjas han decidido de manera tácita que la medicina es una disciplina menor comparada con el genjutsu y el taijutsu, y los que la practican son, en términos de Naruto y de la población shinobi en general, unos frikis. Empollones. Cuatrojos. Sabelotodos.
No les falta razón.
Pero los frikis, los empollones y los cuatrojos también saben crear expectativas, montar fiestas y pasárselo bien así que en el hotel de lujo donde se produce el XXIII Encuentro de Médicos-Ninja, corre el alcohol, se reencuentran amigos, se hacen enemigos, hay sexo, hay risas y hay, también y por guardar las apariencias, un poquito de divulgación científica.
Tsunade atiende a la conferencia con su estilo habitual. Su aura de chakra ocupa dos filas enteras del auditorio y nadie a excepción de Shizune se atreve a sentarse a su lado. Las dos coletas rubias reposan sobre el terciopelo de la butaca y hay una sonrisa que atraviesa su rostro. Las lámparas de la sala se reflejan en los ojos castaños que hoy arden como las hojas de un roble en otoño.
Sakura está hablando y cada átomo de la Senju está borracho de orgullo.
Hacía muchos años que la Godaime había asumido que nunca tendría hijos. Muerto Dan, e incapaz de corresponder los sentimientos de Jiraiya, supo que su destino no sería restaurar su clan; si no canalizar su dolor para ayudar a los demás. Investigar, idear, pensar en dejar un mundo mejor. Cuidar de Shizune y dejarse cuidar por ella. Pensó que su legado era dejar deudas aquí y allá, limitarse a ser, en fin, una nota a pie de página en los libros de historia y desaparecer, sin más, como una kunoichi que intentó cambiar el sistema y falló. Tsunade Senju sería como tantos otros y su nombre se perdería en la memoria del tiempo.
Podría morir con eso.
No esperaba mucho más.
Pero entonces un día la nombraron Hokage de Konoha, un nombre grande para un corazón maltratado como el suyo, y se sumergió en la diligencia burocrática con más desgana que otra cosa, dejando que los días pasaran uno tras otro. Organizaba misiones, se pegaba con los clanes y los ancianos, pasaba más tiempo en el hospital de lo que le exigía el cargo y muchas más noches en los bares de lo que permitía el decoro. Su vida era una copa de sake medio vacía hasta que apareció Sakura por su despacho, el pelo mal cortado sobre la cara, agitada y llena de determinación.
"Entréname", dijo.
Terca y orgullosa, aquella criaja se ganó su corazón en el momento en que cruzó la puerta y se plantó delante de su mesa.
"Entréname, te lo suplico"
Tsunade nunca entendió que había llevado a que Sarutobi pensara que era buena idea juntar a Kakashi, a un maldito Uchiha, y al hijo de Minato y Kushina con una chica con poco chakra, ningún clan, y muchos pájaros en la cabeza. Era como si hubiera decidido de antemano que tenía que fracasar. Y a lo mejor fue por eso, porque siempre le gustó apostar por las causas perdidas, o a lo mejor fue por competir con Jiraiya y Orochimaru, pavoneándose por las 5 naciones con sus pupilos, pero acogió a Sakura bajo su ala y se tomó su tutelaje como un reto.
No habían pasado ni 2 meses cuando supo que había tomado la decisión acertada.
Y nunca se lo dirá, claro, porque Tsunade jamás cae en estos sentimentalismos, pero quiere de manera loca a esa cabeza rosa. Cuando murió Mebuki y Sakura tuvo que hacer frente a la orfandad sin sus compañeros de equipo (estúpidos, estúpidos ellos, demasiado ocupados en sus egos como para prestar atención a la única rueda del carro que no era capaz de seguir el ritmo de los caballos), Tsunade le puso trabajo y deberes como nunca. La obligó a quedarse a escuchar reuniones para que aprendiera las bajezas de la política; le enseñó a beber sake, y la cubrió con una manta cuando se caía agotada en el sofá del despacho. Le explicó cómo pelear física y mentalmente, y de la misma manera que ella había usado su dolor para curar, le dio las instrucciones a Sakura para que utilizara su amor para defenderse.
Le enseñó todo lo que sabía porque era la única manera que tenía de querer. Y cuando le dijo que se fuera a Suna (Vete, Sakura, o te arrepentirás toda tu vida), cayeron tres botellas de sake porque no supo si iba a volver. Fuera de Konoha, Sakura tenía todas las oportunidades del mundo para triunfar y ahora que la ve, tan segura de sí misma, construyendo su propio camino ninja sin la carga estúpida de Naruto y Sasuke en sus hombros, ve con satisfacción que la decisión del futuro de Haruno únicamente recae en ella. Ya no la podrá guiar en sus pasos porque Sakura ya es quien tiene que ser por su nombre. Cometerá errores, se caerá, se equivocará, sufrirá pero saldrá adelante sin su ayuda.
Sakura es su legado. Sakura es su casa. Sakura es su hija.
Esa noche, mientras Tsunade y Sakura cenan y se beben las reservas de alcohol del hotel, Tsunade la estrecha con toda la fuerza entre sus brazos. Hablan sobre todo de medicina, pero al llegar a los postres Tsunade confesará que está cansada. Que quiere retirarse. La pelirrosa le habla de sus dudas, pero también de sus médicos favoritos en Suna.
- Maru y Sayuko son fantásticos. Se quieren especializar en pediatría los dos, aunque creo que Sayuko tiene un talento especial para la traumatología y siempre vamos escasos de personal en ese área.
Tsunade y Sakura hablan, por primera vez desde que se conocen, de igual a igual. De cómo se esfuerzan por estar a la altura, por trabajar y ser mejores. Insultan al Consejo. Al de Suna y al de Konoha. Tsunade recuerda a Dan en un momento dado, y Sakura escucha como siempre la ha escuchado: atenta y con reverencia. Hablan del futuro, de lo difícil que es ser mujer y kunoichi, de cuántas han dejado este año su carrera por su maternidad, de la manera en la que tienen que elevar un poco la voz cada vez que intentan explicarse porque sus compañeros las ignoran deliberadamente y terminan quedando como unas histéricas.
- Al final termino gritando para que me escuchen. No puede ser nunca esa persona calmada y contenida que quiero ser, porque parece que entonces no hay nadie hablando en la habitación, como si fuera invisible. - Lanza un gruñido tras los dientes - Tengo 60 años, soy una Sannin, Konoha lleva años en paz durante mi gobierno, he creado más técnicas médicas que nadie desde mi abuelo y aún así no me creen digna de mi puesto y ¡me ignoran! - Deja el vaso de sake con un golpe en la mesa - Que les jodan a todos.
Hablan y hablan y hablan hasta que no queda nadie más en el restaurante, y Tsunade finalmente le comunica a Sakura que muy pronto estará preparada para ponerse al frente del hospital.
- Tu trabajo es estupendo. Los informes que envía Gaara son muy satisfactorios, y todas las ideas que has presentado en el congreso son avances punteros en el campo.
- Gracias, shishou.
Tsunade pone las dos manos en la mesa y se inclina amenazante sobre Sakura, que no se mueve del sitio.
- ¡¿No te he enseñado nada?! No me des las gracias por decirte la verdad. Te he dicho mil veces que esa falta de autoestima será tu perdición, Sakura.
Sakura caza con la yema del dedo una miga de pan que ha quedado en el mantel y se la come, levemente avergonzada.
- Sé que soy buena médico, pero no sabía que valía para llevar un hospital.
- Eso es una limitación que te has puesto a ti misma. Llevas desde que tienes 12 años manejando a tu equipo a tu antojo cuando has querido. Simplemente tenías que organizar un poco más esa capacidad de liderazgo. - Tsunade mueve un dedo delante de ella, acusatorio - ¿Seguro que no quieres ser tu Hokage en lugar de Naruto? Me quedaría más tranquila dejando la aldea en tus manos.
Sakura se ríe, incapaz de imaginarse a sí misma en esa posición. A estas alturas ya no sabe si su aldea es aún su aldea o es solo una nostalgia dentro de ella.
Al separarse, Tsunade le recuerda "siempre tendrás mi puerta abierta" y la ninja de pelo rosa entiende que se está despidiendo de su tutora y le queda delante una amiga, una segunda madre, una maestra. Recibe un último consejo.
Sakura, no dejes que otros opaquen quién eres.
Los ojos verdes la miran sin terminar de entender a qué se refiere. Tsunade piensa que es hermosa la inocencia de los jóvenes. Le pone las manos en los hombros.
- Eres una médico extraordinaria y tienes mucho talento - salen a la terraza del hotel, rodeadas de flores olorosas, y Sakura descubre que sus mentores saben de ella mucho más de ella de lo que intuye - Y ahora eres joven y es tu momento de correr por amor e intentar parar el tiempo y todo eso, pero en el mundo shinobi los hombres ponen el apellido y el prestigio y las mujeres aguantan la casa. Pueden ser todo lo príncipes de Suna que quieras o pertenecer a clanes con habilidades genéticas extraordinarias, pero nunca jamás; escúchame, nunca jamás dejes que te quiten ni tu trabajo ni tu esfuerzo. No dejes que sean el sol y tú orbites en torno a ellos. Quien brilla aquí eres tú.
Y le da un beso en la frente antes de irse.
Días después y de vuelta a Konoha, Tsunade rellenará los papeles para retirarse como jefa del hospital. Los firmará y los sellará y los guardará en un cajón esperando al regreso de Sakura.
Y quizá tarda años, piensa, y quizá no ocurra nunca, porque el riesgo de que tus hijos emprendan el vuelo solos es que no sabes dónde terminarán construyendo su nido. Y si no vuelve, discurre mientras la ciudad despierta y se toma el primer café del día, el matrimonio entre el hermano del Kazekage y la discípula de la Godaime es, sin duda, un movimiento político de primer orden que será muy útil a la Aldea de la Hoja. Y a lo mejor podrían ponerle su nombre a uno de sus bebés: "Tsunade de la Arena" es otro tipo de legado.
Artículo 344
En retrospectiva, no tendría que haberle sorprendido. Akira lo había estado insinuando con insistencia y con poca sutileza desde su cumpleaños, pero Sasuke había conseguido ignorarlo y esquivarlo con bastante éxito durante semanas.
De hecho, hasta ese día todo había ido como lo planeado.
Porque Sasuke tenía un plan.
A ver, no era un plan-plan
Era más una norma.
Una cosa.
O sea.
Un mantra.
Una frase.
Era muy sencilla.
Decía:
no pienses con la polla.
No podía ser muy difícil eso, ¿no? Siendo un prodigio y tal.
Era un poco crudo, sí, pero era claro y contenía suficientes palabras para recordarlo sin esfuerzo. Incluso Naruto podría haberlo entendido.
El objetivo era mantener una buena relación con Akira, olvidarse de Sakura, no empeorar su situación con el clan y no romper los débiles lazos que ahora mismo le unían a su padre.
¿A favor?
Que podía tener las cosas bajo control y no fastidiarla más.
¿En contra?
Bueno, que la ingente cantidad de duchas heladas habían llevado a que se cogiera un catarro bastante fuerte a mediados de agosto y que tenía que acordarse de pedir cita en el dermatólogo porque el agua fría le empezaba a hacerle cosas raras en la piel.
Por lo demás, los propósitos iban viento en popa. Los ancianos habían empezado a prestarle atención y le habían dado su bendición, su padre incluso le había consultado un par de asuntos sobre la política del clan, y el nombre de Sakura había empezado a desaparecer de su lista de fracasos y sueños frustrados. Y en cuanto a su relación con Akira, Mikoto estaba entusiasmada, él no estaba descontento y había conseguido mantenerse firme en su intención. Llevaban cuatro meses, y a parte de unos cuantos besos con lengua, la cosa no iba a más.
Cómo iba a ser capaz de aguantar 2 años en esta etapa de castidad era algo que debía debatir con su libido y sus hormonas en algún momento dado.
Pero no ahora.
Bueno, el asunto. ¿Qué había pasado?
Era principios de septiembre, el final del verano amarilleaba las cosechas y él estaba volviendo a casa después de un día ordenando archivos. Tsunade había decidido que rebajarle a jounin y ponerle a enseñar a Naruto hasta que se recuperara no era suficiente condena, así que le había encerrado en un sótano con los rollos más viejos y desordenados que había en toda la aldea y le había puesto la tarea de organizarlos por fecha aproximada, tema y orden alfabético.
Era un trabajo aburridísimo.
Y Naruto primero había estado una semana sin hablarle por todo el asunto del compromiso y luego se había ido de vacaciones a la Ola con Hinata y Neji y Tenten, que iban de carabinas, así que ni siquiera podía ir a entrenar.
Y en casa no había nadie.
Sus padres estaban visitando a no sé qué tío que vivía en un pueblo de las montañas retirado del mundanal ruido Uchiha y querían aprovechar el viaje para disfrutar de un merecido descanso en unas aguas termales de la zona.
Itachi a saber dónde estaba, pero creía que en la Hierba.
De Shisui mejor ni hablamos.
Así que no esperaba que hubiera nadie en casa, y por eso al abrir la puerta de su habitación para cambiarse de ropa se quedó de piedra. No se esperaba eso.
Es decir, eso es ella.
Akira.
Con una bata negra traslúcida y debajo, ya os lo podréis imaginar, totalmente desnuda.
Bueno, totalmente no. El pubis y los pezones lo cubrían las piezas de ropa interior más minúsculas que Sasuke había visto en su vida.
Y había visto unas cuantas.
De verdad que la situación en sí le pilló totalmente de sorpresa.
Como ANBU debía de sentirse un poco decepcionado por no haber sabido percibir su presencia antes de entrar en la vivienda.
Como hombre no era decepción lo que sentía precisamente.
Pero no, Sasuke, no.
Porque a parte de su mantra, su cosa, su norma, su plan… se había prometido a sí mismo y a su cordura que iba a respetar a Akira hasta el final.
Bueno, se lo había prometido a sí mismo y se lo había prometido a Itachi.
Tampoco es que tuviera otra opción.
Todo empezó con que, al poco de empezar su noviazgo con Akira, los dos herederos habían tenido la conversación más embarazosa hasta el momento (e Itachi había tenido suficientes charlas incómodas con su hermanito como para tres o cuatro vidas) y el mayor le había insinuado que tenía que empezar a encontrar otras maneras de "relajarse" para no poner en entredicho la honra de Akira "si es que vas a seguir con este sinsentido". Sasuke había levantado una ceja y había pensando ¿relajarse? y había fruncido el ceño ¿sinsentido? y luego había dicho: ¿honra? Porque no podía estar hablando en serio. E Itachi, maldito sea en su perfección y conocimiento enciclopédico, había sacado un rollo con el Manual de Comportamiento del Buen Uchiha (en realidad se llamaba: Código de Conducta del Clan Uchiha, pero la idea era la que era) y allí, norma 344, decía que "en el periodo de cortejo los futuros novios no debían yacer ni dormir juntos hasta la consumación del matrimonio, esto es, la noche de bodas". Sasuke había dicho qué y luego había dicho, ¿de verdad? E Itachi había tenido la desvergüenza de reírse y decir algo como "habértelo pensado mejor antes de esto".
(No sabía muy bien por qué su hermano estaba tan molesto con él y había dejado al lado su amabilidad habitual para tratarle con algo parecido a la crudeza).
Así que Sasuke ahí estaba, haciendo lo posible por ser El Mejor Uchiha de Todos los Tiempos.
Y eso implicaba, ironías de la vida, esperar al matrimonio para acostarse con su novia.
Si vemos el lado positivo de las cosas, algunos lo considerarían romántico.
Si vemos el negativo, Sasuke está seguro de que hay mucha gente que se reiría de él. Empezando por Shisui, pasando por todos sus compañeros ANBU y llegando hasta Kiba Inuzuka.
Era el colmo de la humillación.
Y es por eso que cuando Akira le miró, sentada en su cama, pestañas oscuras y largas batiéndose seductoras y su nombre sonando en sus labios, Sasuke tuvo que hacer uso de toda la fuerza de voluntad del universo para no flaquear.
No pensar con la polla, recordó. No saltar sobre ella, aunque sea muy guapa y tenga esas piernas larguísimas y sonría bonito y en general, le guste pasar tiempo a su lado porque todo lo que hace y dice le parece bien y nunca se queja ni le lleva la contraria. Y Sasuke supone que no podría pedir más de una novia, ¿no?
Así que respetarla y no mancillar su honra era lo menos que podía hacer.
Sí, eso era lo maduro y lo adulto.
Pero es que Akira estaba seductoramente desnuda delante de él.
Y el calor no ayudaba en absoluto.
No es que fuera una excusa.
Pero desde luego era un atenuante.
Toma aire y mira por la ventana en lugar de a la chica, y recuerda que es una persona con control sobre sí mismo:
- Akira-san, ¿qué haces? Deberías cubrirte.
Y Akira, no le puede ver la cara, le responde como si fuera lo más obvio del mundo y con la voz cantarina de alguien que ha aprendido seducción viendo pornografía:
- Pues, Sasuke-kun, darte tu regalo de cumpleaños.
¿Sasuke-kun? ¿Desde cuándo? ¿Y cómo había entrado en la casa?
- Akira-san, - Tras la ventana se mueven las hojas de los árboles. Sasuke intenta calmar el pulso acelerado pensando en cuándo fue la última vez que los podaron ¿Debería avisar al jardinero? - Ya … hemos hablado de esto. Es mejor esperar.
Oye un suspiro de exasperación.
- Llevamos juntos 4 meses, los ancianos han dado su aprobación y vamos a casarnos - nota que se pone a su lado y da un paso hacia atrás para alejarse del calor que emana el cuerpo desnudo - ¿no crees que podríamos dar este paso?
- Akira. -Y deja el honorífico para mirarla a los ojos. Sólo los ojos. - No es buena idea. Es… una mala idea. Nuestra situación es delicada.
Akira asiente. Delicada, repite, y los labios se fruncen.
- Pero, ¿acaso no me encuentras atractiva, Sasuke-kun? Yo te encuentro muy atractivo.
Le observa parpadeando rápido y los ojos oscuros combinan desilusión e impaciencia. Sasuke tiene que reconocer que Shikamaru fue un visionario cuando dijo eso de que las mujeres eran problemáticas.
- Akira - clava la vista esta vez en el suelo, consciente de que ella ahora se ha puesto frente a él. - No es eso. Eres una mujer muy atractiva, pero no deseo que nuestra relación se base en lo carnal.
Quizá es la mentira más grande que ha dicho en su vida.
- Sasuke-kun - se acerca hasta quedar bajo su nariz y Sasuke no tiene otra opción que mirarla, una mano pequeña sobre el chaleco verde - No entiendo, ¿por qué no es buena idea? Sé que no será tu primera vez… - ¿Pero por qué se sonroja, si está medio desnuda en su habitación con un picardías que cubre entre poco y nada y con bastante más habilidad para seducir de la que Sasuke nunca pensó que pudiera tener? Es un jodido misterio - Y es algo que yo también quiero. No va solo de ti.
Sí, algo tenía que haber visto venir. En su plan no había incluído que las chicas también podían ser las que iniciasen los avances.
Templanza, Sasuke, templanza.
Porque
No.
O sea, sí.
Pero no.
- Akira - la separa de su cuerpo unos centímetros y la agarra por los hombros y coge aire - no tengo interés en hacer esto mal. Es necesario que actuemos de acuerdo con las tradiciones.
- ¿Las tradiciones?
- Las tradiciones.
- ¿Del clan?
- Sí, - traga saliva - artículo 344 del Código de Conducta.
Se lo recita en voz alta.
Akira le escucha y le contempla, y sonríe como si esperaba esa respuesta y hay algo en ella, algo que grita sibilino, algo que le sorprende y hace que sus instintos se pongan en alerta un par de segundos antes de ser sustituidos por otro tipo de urgencia.
- Así que… las tradiciones dicen que los novios no deben dormir juntos antes de la boda pero no dice nada - y Sasuke siente cómo una mano baja la cremallera de su chaleco y al llegar al final empieza a jugar con la goma del pantalón. - de hacer otro tipo de cosas.
Ese es un interesante vacío legal, Sasuke no puede discutirlo.
- Dos años es mucho tiempo para solo agarrarnos de la mano, Sasuke-kun. - Y Sasuke no sabe ahora cuándo le ha cogido los dedos y en qué momento empezaron a acariciar la tela de encaje que cubre el pecho izquierdo. Se maldice cuando nota como se le pone dura. - ¿no crees?
Itachi va a tener que pedirle perdón, porque tiene la práctica certeza de que la supuesta honra de Akira es un barco que partió hace tiempo.
Porque ¿quién se iba a imaginar que Akira, con su aspecto dulce y su disposición y aparente timidez, se arrodillara ante él y le bajara el pantalón antes de que él pudiera decir nada?
Vale, esto se le está yendo totalmente fuera de las manos.
- Akira-san. Para. Podemos hablar sobre… eso que comentas. Pero no tienes que hacer esto. No tienes que sentirte forzada. No tienes…
No tienes que meterte en mi ropa interior y, oh dios mío, no tienes que poner los labios en la punta de…
- Akira…
- Solo con la boca y las manos, Sasuke-kun - los ojos oscuros miran desde abajo - No va contra las normas.
Le cuesta pensar y asiente mientras ella traga y él nota la boca caliente rodeando la base hasta el final. Succiona y succiona y hace un parón para respirar y ponerse a jugar con los testículos y decirle:
- Feliz cumpleaños atrasado, Sasuke-kun.
Sasuke cierra los ojos y deja que la chica siga chupando. Solo boca y manos. Solo por hoy. Solo esta vez. Sin dormir juntos. Sin tocar la honra de nadie.
Se agarra a ese tecnicismo egoísta. Quizás Naruto tiene razón cuando le llama bastardo.
Especialmente cuando aprieta la cabeza contra sí y empieza a empujar suavemente contra la garganta; Akira haciendo maravillas con la lengua, arriba y abajo.
Deja que un gemido salga de su boca. La casa está vacía, al fin y al cabo.
Let's fall in love for the night
El zumbido del congreso termina al anochecer del tercer día con una gran cena en la que todos se visten de gala y sirven langosta y champán. Hay una tarima que hace de escenario donde un médico ninja arrugado y pequeño, que Sakura cree tiene más años que el fuego, da el discurso más aburrido jamás enunciado. Dice muchas veces la palabra "chakra" y la expresión "apoyo logístico" cuando se refiere a su labor en combate. Sakura no puede estar más en desacuerdo y se lo refunfuña a Kankuro a su lado. No te preocupes, dice él en su oído y Sakura disfruta del escalofrío de tenerle cerca, la última vez que este tío fue a una batalla, Madara Uchiha iba en pañales.
Se aguantan las risas.
Están en el salón de eventos sentados en mesas redondas en una sala que se mueve entre lo elegante y lo hortera, y las lámparas de araña brillan con fulgor especial cuando por fin todos se levantan y se despiden amigablemente de sus colegas de gremio. Excepto Kankuro, claro, que ni es médico, ni cosa que se le parezca, ni tiene ni idea de qué hace ahí.
Tampoco es que le preocupe.
Ha pasado 3 días en un hotel de lujo en compañía de Sakura, flirteando, mirándose, rozándose imperceptiblemente cada vez que estaban juntos. La ha visto con esas faldas de tubo que lleva cuando tiene que presentar algo formal y que cree que han sido diseñadas específicamente para volverle loco. La ha visto emocionada exponiendo sus múltiples proyectos (¿pero en cuántas cosas trabaja esta mujer a la vez?), abrumada por las felicitaciones, satisfecha con su trabajo. La ha visto en su salsa admirada por sus iguales y ha sentido la punzada de los celos cuando cualquier médico ninja osaba acercarse a ella con intereses más allá de los extrictamente profesionales.
Kankuro constata en Té que está loco por Sakura. Colgadísimo. Enchochado.
También constata que tiene que hacer algo al respecto. Una cita, un beso, lo que sea.
Decirle lo que siente. Sacarse esa bola del pecho.
- ¿Tomamos una última copa? - es, quizá, su última oportunidad de hacer algo con ella está noche. O cualquier otra noche, si se pone fatalista. - ¿Para celebrar?
En el bar del hotel, sofisticado y elegante, con los camareros con chaleco y las bebidas en copas de cristal labrado, sentados juntos en la barra, Sakura y Kankuro brindan por el éxito de su programa y los que están por venir.
- Esto está buenísimo - da un sorbo largo y se termina la bebida - ¿Crees que podríamos contratar al barman para que hiciera estos cócteles en Suna?
Kankuro mira por encima de su copa al tiempo que come una aceituna. Eleva los ojos a las molduras del techo mientras lo considera.
- Creo que le pagan mejor en Té que lo que le pagaríamos nosotros.
- Sois unos tacaños.
- Somos pobres como una rata, Sakura.
- Ta-ca-ños. Yo pagaría lo que fuera por este… - echa un vistazo al menú para recordar qué ha pedido - ¿Amanecer nocturno? - se ríe - Vaya nombre ridículo para una bebida
- ¿Cómo lo llamarías tú entonces?
No tarda mucho en dar con el nombre.
- ¡Flor de cerezo!
Kankuro la mira y no puede evitar una risa corta y franca.
- No puedes ponerle tu nombre a un cóctel, Sa-ku-ra.
- Claro que puedo - tiene las mejillas iluminadas por el alcohol - es un buen nombre.
- Es un buen nombre para un cóctel rosa.
- ¿Algo en contra del rosa?
Los ojos verdes lanzan chispas, y su nariz se acerca peligrosamente a la cara del hombre.
- En absoluto - traga saliva - el rosa es un color que me encanta.
Sakura se sonroja levemente pero no se amedrenta. Ha llegado ya muy lejos en su sequía sentimental y sexual. Y con Kankuro todo es fácil y divertido y se siente burbujeante como nunca antes se había sentido.
- ¿Y qué más te encanta, Kan-ku-ro?
Tú. No lo dice. Lo piensa pero no lo dice. Tú. ¿Pero y si lo dijera? Son dos letras. Tú, me vuelves loco, me desvelas, me traes de cabeza. Tus ojos, tu boca, tu pelo, tus hombros, tu escote, tu cintura, tu culo, tus piernas. ¿Y si lo dijera ya? Si se acercaran un poco, piensa Kankuro, podrían rozar los labios y entonces, lo sabe, no sería capaz de contenerse, la besaría, la bebería ahí mismo delante de todos.
Pero tarda dos segundos de más en tomar la decisión.
- Enhorabuena, Doctora Haruno.
Se les ha acercado un médico-ninja de Tierra. Se vuelve también a Kankuro:
- Enhorabuena también a usted, Kankuro-san.
Se lo agradece con un gruñido malhumorado.
Pronto se unen más médicos que llenan de enhorabuenas el aire. Le preguntan por los proyectos, los planes, por la financiación para aplicarlo, por Tsunade, por si es difícil, le preguntan por si puede ir a su hospital (en Nieve, en Lluvia, en la aldea más remota del mundo, como si Sakura fuera un puñetero baúl, rumia Kankuro) y la pelirrosa intenta responder uno a uno educadamente, decididamente incómoda por la atención. Sobrepasada y abrumada, con ganas de retomar la conversación.
Kankuro aprovecha entonces para pedir un par de cócteles más (que luego se convierten en otro par, y luego en otro) y para cuando se marchan los médicos finalmente, están los dos suficientemente sobrios como para aguantar el tipo, pero lo bastante borrachos como para que el camarero les informe que no queda nadie más y que en media hora cierran el bar, que si quieren la última copa. Por supuesto que la quieren. Cuando se la sirven, brindan y Kankuro se dice que es ahora o nunca:
Eres increíble, Sakura.
Y lo dice de verdad, honesto y puro. Así que no entiende por qué los labios de Sakura se tensan de repente y le cuesta tragar la bebida. Los ojos verdes se cubren con un velo de pena y parecen esmeraldas húmedas. Kankuro frunce el ceño porque bueno, porque uno no hace un piropo y la persona de enfrente llora. Toda la atmósfera de juguetona seducción ha desaparecido, y lo único que ha dejado ha sido la atracción en carne viva y el peso de la mortificación que siente Sakura y que no verbaliza con casi nadie. Hasta esa noche.
(Añadirá esta Sakura triste en la parte alta de la lista "cosas que se niega a ver nunca más".)
- ¿Increíble? Mmm - da una vuelta a la sombrilla de papel que decora la bebida. La voz suena un poco rota, ahogada en rasguños - ¿Sabes, Kankuro? El 90% del tiempo me da la sensación de que soy un fracaso.
Kankuro parpadea. ¿Qué?
- Un fracaso.
- Sí.
- Tú.
- Sí.
Estás tonta o qué te pasa.
Sakura deja la copa a un lado y apoya los dos codos en la barra y se sujeta la cara, mirando al vacío. Él la observa. No le gusta nada lo que está ocurriendo, así que le pone una mano en la espalda y hace círculos para animarla. Le dice, suavemente, ¿qué te pasa? Y ella no responde, y es un injusto porque él no lo sabe. No puede saberlo. No puede entender qué es ser civil, y pequeña y enclenque, y tener que demostrar una y otra, y otra y otra vez que sí te mereces estar entre los ninjas de apellidos nobles y larga tradición, que tu puesto no es un regalo y que tus capacidades no son menores. No sabe lo que es dudar cada paso que da y no saber si un cumplido es tal, o es que se están riendo de ti o si debes creértelo o no. Sakura tiene la sensación de que todos esos médicos que han venido solo lo decían por quedar bien. Que ella no se merecía ninguno de esos aplausos.
- ¿Hemos estado en el mismo congreso? Eres la estrella de este - Kankuro mueve las manos de un lado, intentando abarcar el hotel entero, con sus asistentes y su terminología médica - show. Todo el mundo te adora.
Yo te adoro.
No lo dice.
Sakura se encoge de hombros, y suspira, observándole de reojo. No lo entiende, no puede entenderlo.
- Algunos médicos lo hacen. Pero los médicos somos shinobis de segunda categoría, - Kankuro va a decir algo que suena a "menuda idiotez" pero sigue hablando - Y además muchos simplemente quieren obtener el favor de Tsunade.
Está pensando en todos los que han intentando hablar con ella estos días. Se acercaban, le decían cuatro palabras bonitas y acto seguido, ¿la Dama Tsunade acepta nuevos aprendices? o ¿ha sido difícil para ti controlar sus técnicas? Y en ese para ti hay cierto desprecio. Cierto matiz de duda que no debería meterse bajo su piel, pero lo hace.
Kankuro puede identificarse con eso. Es el hermano de Gaara. La gente viene, literalmente, a pedirle favores a él para influir en el Kazekage. Por supuesto que le acompaña el temor de si la gente le admira por quién es él o por quién es su familia. Y aunque podría intentar empatizar con Sakura sobre ello, decirle que no es ajeno a este sentimiento, deja que sea ella la que cuente su historia esta vez. No era así como tenía planeada la noche, pero quiere darle consuelo y un lugar seguro para volcar sus penas.
- Nunca… nunca he estado a la altura de mi equipo. Tú les conoces - mira a Kankuro, que asiente y le indica que siga - ¿qué coño hago yo con ellos? Nada. Son inagotables. Naruto tiene una cantidad ridícula de chakra y nunca nunca nunca le falta energía para seguir y Sasuke… Dios, ver a Sasuke luchar es algo de otro mundo. Todas las técnicas que conoce, la velocidad, la precisión, el autocontrol, la determinación... y … yo… ¡ja!. Control perfecto de chakra. Kakashi-sensei jamás se molestó en explicarme qué podría hacer con ello…y o sea, sé que soy buena en mi trabajo, pero no... hago suficiente. No soy suficiente. Nunca seré Naruto, ni Sasuke, ni Kakashi.
Y Kankuro da gracias a Dios, porque aunque admira a los tres como shinobis, ninguno tiene la generosidad, ni la compasión ni la dulzura de Sakura y ninguno llega a ser la mitad, de la mitad, de la mitad de lo buena persona que es ella.
- No tienes que serlo. Eres Sakura Haruno, aprendiz de la Godaime, una médico extraordinaria, eres la direct…
- Y siempre seré "la compañera de", - corta - la chica del equipo 7. Débil, emocional y…molesta - pronuncia esta última palabra con amargura. Y se pone recta sobre el taburete y se da cuenta de que Kankuro la mira. Serio y preocupado. Le punza los pulmones un aguijón de culpabilidad. No quería cargar a Kankuro con su enésima crisis de autoestima. Suspira e intenta recuperar la compostura. - ¿Ves? A esto me refiero. Lo siento mucho, Kankuro. No quería… son… son mis tonterías. Lo siento. Creo que es mejor si… si me voy a dormir.
Se baja de la silla, se alisa la falda arrugada contra los muslos y antes de que se pueda dar la vuelta y marcharse a la habitación, Kankuro la ha cogido de la muñeca. Ya ha tenido bastante de esta estupidez.
- Siéntate.
Suena firme y mientras tira de ella para que se siente de nuevo le da un sorbo a la copa. Necesita alcohol y un valor que nunca pensó que le flaqueara.
- En serio, estoy cansada y…
- Siéntate, Sakura. Por favor.
Finalmente, obedece.
- Sakura. Joder. Mira, hay cosas que entiendo por qué lo dices pero… no. Simplemente, no. Eres generosa, y compasiva, y fuerte y…
- Kankuro…
- No. No me interrumpas. Escucha: te he visto curar a gente en masa. Te he visto destrozar montañas de un puñetazo y… - la mira con los ojos marrones, y Sakura le responde con los verdes. La tristeza está ahí y le frustra. ¿No lo ve? ¿No ve lo maravillosa que es? No puede ser tan difícil. - Te he visto luchar hasta la extenuación. Te juro que he pensado que estabas loca cuando casi te quedas sin chakra para tratar a tus pacientes. Y te he visto pegarte con los del Consejo y ganarles, ¿crees que podría hacer Naruto eso? Sé que le quieres mucho pero tiene la diplomacia de un fideo seco de ramen - Sakura sonríe y es el impulso que necesita para seguir sin frenos hasta el final de esta conversación - y te he visto… salvándome la vida - Sakura va a decir algo pero le pone los dedos en los labios y ella alza las cejas. ¿Es que no se da cuenta de que sin ella no estaría ahí, temblando de miedo y al tiempo empapado en temeridad? - y sé que odias que te lo diga pero nunca terminaré de darte las gracias por ello... Y si tu equipo no ve lo increíble que eres, pues que les den. Yo lo veo.
Retira el dedo de su boca y Sakura se siente levemente decepcionada, pero las palabras calan en ella como agua fresca, la renuevan, la reconfortan y la animan. Kankuro ha encendido un interruptor de luz que empieza a disipar la tristeza. Se queda mirando el rostro que tiene ante ella, valorando su discurso. Y lo que ve es un hombre de mirada fiera y corazón honesto, un algo más que amigo, un hombre guapo y la posibilidad de un beso. Como movida por un reflejo, eleva los dedos hacia su cara y le acaricia la mejilla unos segundos, recorriendo con cuidado la línea de los pómulos hasta las pestañas. Kankuro cierra los ojos al contacto.
- Tú lo ves porque me miras con buenos ojos y tienes el juicio nublado - susurra haciendo una broma, el corazón latiendo desbocado y la mano separándose lentamente.
Las siguientes palabras que dice Kankuro tienen el tono de las ocasiones solemnes y se quedarán grabadas en su memoria:
- Yo lo veo porque es así y también porque estoy un poco enamorado de ti.
La mira a los ojos, que de repente se ensanchan y se estrechan y se ensanchan otra vez y Sakura encuentra la copa que había dejado y se termina la bebida, incapaz de decir nada. Kankuro siente que todo en él se retuerce como un mago haciendo un truco de escapismo, pero sigue hablando, sin apartar los ojos de los suyos como diciéndole: mira, aquí, aquí está mi corazón en tus manos.
Continúa.
- No me digas que te pilla por sorpresa. Creo que llevamos ya un tiempo que… - se pasa la mano por el pelo oscuro. Tímido y vulnerable, Sakura lo encuentra demasiado encantador para sus sentimientos maltratados y su sangre empieza a arder, como si se hubiera transformado en pólvora - estaba claro, ¿no?
En algún lugar del bar el camarero grita estamos a punto de cerrar, pero el sonido suena amortiguado y Sakura abre la boca. La vuelve a cerrar y finalmente, e incapaz de construir una frase coherente, su cuerpo toma la iniciativa y le roza la mano con la punta de los dedos. Quiere tocarle más pero le da miedo no saber qué hacer cuando empiece. Por dentro palpita desde las cejas hasta los dedos del pie, y hace rato que no puede oír su cabeza, solo el martilleo de sus latidos. Y aunque se ha quedado sin palabras, nadie mejor que Sakura sabe lo que es declararse y no recibir respuesta. No será ella quien infrinja ese tipo de dolor por no ser capaz de juntar un par de sintagmas.
- Es… o sea.. sí, pero… ¿no? O sea, quiero decir - Cubre la falta de elocuencia con movimientos torpes, Sakura mueve la cabeza y el pelo rosa cae de un lado a otro en bucles que brillan bajo las luces que se van apagando en el bar. Kankuro no quiere pensar en lo guapa que está, porque tiene la sensación de que lo está rechazando, pero sin embargo lo piensa. Qué guapa estás, joder, Sakura. Siente los círculos suaves en su mano y Kankuro entrelaza los dedos con ella. - Me gustas. Mucho. Me encantas. - Se pone roja. Le mira y le entra el impulso de besarle. Se aguanta. - Y bueno, creo que yo te gusto a ti, eso estaba claro, sí… Pero… ¿enamorado de mí?
Kankuro se encoge por dentro e ignora el hecho de que el camarero está subiendo las sillas sobre las mesas y fregando al final del local. Se van apagando las luces. Ahora que ha empezado no piensa marcharse, así les encierren con llave en esa sala, porque Sakura está ahí y él ahora mismo, tiene el pecho abierto en canal. Como antes de dar el golpe final en una batalla no piensa echarse atrás. No le educaron para amedrentarse.
- Puedo decirlo de otra forma, si prefieres. - Sakura siente que el suelo le tiembla con esa sonrisa tímida, y está tan concentrada en frenar sus impulsos que casi no se da cuenta de que suelta su mano y empieza a enumerar con ella - No puedo dejar de pensar en ti, en general. Ya sea en las misiones o cuando me levanto o cuando arreglo marionetas. Estás en mi cabeza todo el rato… Y…entro en una habitación y lo primero que hago es ver si estás ahí. Entonces te veo y todo pensamiento coherente se va por la borda y solo pienso en cómo poder hacerte reír. Me vuelve loco tu sonrisa… Y… ah sí… me muero de celos incluso con gente que sé que es inofensiva. Ese asistente tuyo, Aiko o como se llame, que todos sabemos que es gay, ¡tengo celos de él! - la mira y se encoge de hombros con una sonrisa torpe porque todo le parece absurdo y gracioso, la historia más vieja del libro es la de un hombre haciendo el ridículo por amor - Y luego… lo bien que hueles. Te quedaste dormida en mi sofá y los cojines olieron a ti durante días... Y me encantó, quería oler eso todo el rato. - Se mira las palmas, como intentando encontrar la respuesta a ese comportamiento entre sus falanges callosas. - Dios, finjo que me gusta todo lo que cocinas aunque sepa horrible; y alucino con lo brillante que eres porque jamás presumes de ello y nos das mil vueltas a todos. Y cuando te defiendes… te admiro muchísimo. Como mujer y como kunoichi. No es fácil aguantar según qué cosas sin pegar a los tipos del Consejo - Se calla y se inclina hacia ella, como si le fuera a revelar un gran secreto. Sakura ha echado raíces en la madera del suelo y se ve incapaz de moverse. - Hablando de eso: por favor te pido que dejes de ir a las reuniones con el pelo suelto porque no me puedo concentrar - se pone una mano en la barbilla y eleva la mirada, observando tras las pestañas oscuras la expresión de Sakura. Mataría por saber qué está pensando en ese momento. - ¿Sabes la de veces que tengo que re-redactar las notas que he tomado porque no tienen sentido? Es vergonzoso. Y, ¿en serio crees que tengo que hacerme apretarme las vendas de las manos tan a menudo? Tengo un dato nuevo para ti, Sakura: yo solía dar los cursillos de primeros auxilios a los jounin. Puedo hacerlo perfectamente sin tu ayuda. Si voy al hospital es porque cada minuto contigo me parece poco. Porque, es tan fácil ser feliz a tu lado… cuando estoy contigo no tengo que fingir que soy nada, ni nadie, ni… el hermano del Kage, ni sensei, ni consejero ni nada. Contigo puedo ser la mejor y la peor versión de mí mismo sin miedo. - Sonríe, caso concluído, que sea lo que dios quiera - Simplemente es que … haces que respirar sea sencillo. Y eso es lo mejor que me ha pasado nunca.
Kankuro termina las últimas gotas de la copa y coge aire y Sakura aprovecha esos segundos para pensar. No puede dejar de mirar a Kankuro. Su honestidad, su belleza, su arrojo, sus sentimientos desnudos la halagan y la expanden. Nunca nadie le había dicho esas cosas y ahora Sakura sabe que las palabras pueden hacer que te crezcan flores en el pecho. Va a decir algo pero entonces él retoma su discurso.
- Y tengo mil cursiladas mal, si quieres, - intenta rebajar la intensidad de la declaración y a la devoción de sus ojos la sustituye una mirada juguetona, seductora, primitiva, cuando añade - y otras cosas que si las digo en voz alta creo que te escandalizarían pero que supongo que sospechas. - Y Sakura se acuerda de cómo le notó duro aquel día en el taller, los besos en su cuello, la voz áspera; y al pulso nervioso se le suma el calor entre las piernas. - Pero bueno, en general todo esto viene a decir lo mismo. - Termina con una sonrisa tímida, poniendo todas las cartas sobre la mesa. El camarero ha retirado ya las copas vacías y las limpia en un fregadero cercano - Creo que pillas la idea.
Oh, sí.
La pilla. Sakura la pilla y el corazón le bombea tan rápido que no puede creer que su cuerpo no vaya a colapsar. La pilla, claro que la pilla. La pilla y la comparte, porque es también su piel la que se electriza a su paso, si es ella la que le buscaba entre el público de sus charla que ha dado y solo cuando encontraba su cara tenía fuerzas para empezar a hablar. Si ella misma le ha intentado llevar a su cama durante los últimos días. Si la vida en Suna es amarilla, amarilla y apagada hasta que aparece él por la puerta y de repente es como si abrieras las ventanas a un balcón lleno de flores. Si cuenta los días para verle, si se decepciona cuando no pasa por su despacho, si se muere de preocupación cuando una misión se alarga un par de días, si se ríe con sus chistes malos y seguiría riéndose con ellos solo por ver el gesto de satisfacción en su cara. Lo que pasa es que no tiene ningún tipo de sentido. Lo que pasa es que su carrera se vería afectada. Lo que pasa es que él es el hermano del Kage y ella una extranjera en Suna. Y no deberían. Sobre todo esto último.
- Kankuro… gracias. Es lo más bonito... no tengo palabras. De verdad, me gustas tanto. - se lame los labios, siente el picor en el ojos que antecede al llanto- Eres maravilloso. Me encantaría poder decirte que sí a todo pero… yo.. no puedo…. no podemos. ¿No lo ves?
Crack. El sonido de un corazón roto. Le mira mordiéndose las mejillas, incapaz de hacer frente a la tristeza que nace en sus facciones. Sakura ve cómo en la garganta de él se forma un nudo. En la suya parece que habitaba un pájaro que al abrir las alas ha caído como un peso muerto en el estómago.
- No. No lo veo. - Ha llegado hasta aquí. Tiene que intentarlo. - ¿Por qué?
- Porque… - Sakura echa un vistazo al camarero, que revisa el cierre de todas las ventanas - porque no debemos. El consejo nos podría acusar de tráfico de influencias. Y a mí podrían acusarme de espía y… apenas nos conocemos, Kankuro.
Qué enorme sarta de gilipolleces.
- Sakura, ¿qué estás diciendo? Nadie va a hacer nada de eso. Eres mucho más relevante para Suna de lo que piensas. Estratégica e intelectualmente. El Consejo puede pelearte, pero saben que tienen que retenerte. Y si dicen algo de eso, yo mismo renunciaría a mi puesto antes que ponerte en peligro y… Y ¿espía? Créeme, si Gaara pudiera y Tsunade quisiera te daríamos la nacionalidad mañana mismo. - Le pone una mano en el muslo y le aprieta suavemente, el pelo oscuro cae sobre las cejas y enmarca sus mirada. Le ve roto, honrado y valiente. Mucho más valiente que ella. - ¿Y qué es eso de que no nos conocemos?, ¿qué hemos hecho este último año más que conocernos?
Tontear, flirtear, darnos besos, superar el insomnio, hacernos reír, comer juntos, pasear. A Sakura casi le duelen los recuerdos. ¿Pero es suficiente?, ¿qué hay de los anhelos, y los sueños, y las frustraciones y los miedos?, ¿han hablado alguna vez de eso?
- Piénsalo, Kankuro, no me conoces realmente. Y yo tampoco te conozco a ti. ¿Qué sentido tiene enamorarnos?
Le mira a los ojos y le bebe. Ninguno, eso quiere que diga él. Ninguno, que lo diga por ella.
Porque en su interior sabe que es una pregunta estúpida porque el amor no va de que las cosas tengan sentido. Pero cuando Sakura ha ido a buscar afecto siempre le ha sido elusivo, así que racionalizar emociones, construir muros de defensa, buscar excusas ha sido la única manera que ha tenido de poner freno a ese temor. Evitar los riesgos para minimizar los daños. Esconderse en lugar de ir al combate.
Kankuro no debería enamorarse de alguien tan cobarde.
El camarero apaga las luces y solo les ilumina la que entra del hall, con su magnífica lámpara de cristal. Sus rostros en un claroscuro, como una película antigua. Kankuro finge que no le duelen sus palabras y mira a Sakura, sus ojos verdesverdesverdes, una vela brillando en un túnel oscuro. Se niega a renunciar a verla cada día. Se acerca hasta quedarse de pie, la cabeza rosa a la altura de su pecho, baja la vista y le levanta la barbilla con una mano hasta que le mira. Sakura no es capaz de decir nada, pero abre los labios cuando nota que Kankuro los recorre con una caricia suave del pulgar. Y suelta un suspiro cuando sigue con él la línea de la mandíbula hasta el pómulo y le coloca con dulzura que coloca un mechón de pelo rosa tras la oreja. Se juntan, lentamente, hasta que las dos narices se rozan. Se miran como si ardieran.
– Sakura, - la voz ronca, la respiración sobre la boca - si eso es lo que te preocupa, ¿por qué no nos conocemos más?
Cantar tu nombre al sol
Sakura culpa al alcohol. Sakura culpa al cansancio. Culpa a que estaba triste y a las palabras más bonitas que le han dicho nunca, que parece que ahora tiene una estrella explotando dentro del pecho. Y por supuesto culpa a esa sombra de pelo que nace en los abdominales de Kankuro y que no puede dejar de acariciar cuando le besa y la besa y se besan y se arrastran entre saliva al ascensor del hotel. Él la devora sin contenerse y ella se quiere disolver en sus labios, y ya no tiene a quién culpar cuando al llegar a su piso le coge del cuello de la camisa y le dirige a su habitación. Kankuro la empotra contra la pared según entran y las manos se meten por debajo de su falda, marcando el camino con las yemas de los dedos hasta el borde de sus bragas, tocando por encima de la tela sin llegar a aventurarse más. Jadean y jadean, y Sakura le quita la camisa, recorre los pectorales con las manos y los admira. Boca seca y garganta ardiendo, por qué, oh por qué, tiene que estar tan bueno y ser tan guapo y besar tan bien.
- Sakura - La voz de Kankuro suena tres tonos por debajo de lo normal a medida que le va abriendo la blusa de seda. Le besa la mejilla, la frente, los ojos, la boca. - Sakura, eres preciosa.
Y Sakura le mira acalorada y sonrosada, sus manos recorriendo los bíceps arriba a abajo y va a responder algo como tú tampoco estás mal pero de pronto él se abalanza sobre ella, todo lengua y manos abiertas recorriendo sus costados desde la cintura hasta los hombros.
- No tienes ni idea de cuánto he querido esto, - Sakura jadea ante los besos cubriendo su oreja, su cuello, su pecho, el principio del sujetador - cuánto he soñado esto, - vuelve a subir a la boca y ella se queda sin aliento - cuánto he pensado en esto… - y le ayuda a subir la falda a su cintura y Sakura se hunde en su boca con desesperación al tiempo que enrosca las piernas a su cadera, las uñas clavándose en los omoplatos de la espalda ancha. Nota la erección rozando sus bragas, la humedad calando en la tela y Kankuro empujándola por encima de la ropa.
Se palpan como si fueran plastilina. Kankuro encuentra que el culo de Sakura es algún tipo de pieza de museo porque lo aprieta y lo adora y no tiene reparos en decir es mejor que lo que pensaba y en decir no puedo esperar a ponerte a cuatro patas.
Sakura mentiría miserablemente si dijera que eso no le pone aún más cachonda.
Y no se da cuenta de cómo terminan en la cama pero sí se da cuenta de que cuando le ha quitado toda la ropa, él se pone a horcajadas sobre ella y se queda admirando el conjunto de lencería de encaje negro, los dedos dibujando la marca de los tirantes en los hombros.
- Dime que no has estado llevando esto todo el congreso.
Sakura le responde mientras le desabrocha el pantalón. Quiere ver eso que nota y quiere tenerlo entre sus manos, quiere saber cómo es, qué tamaño tiene lo que la va a llenar. Quiero acariciarlo y llevarlo a la locura y chuparlo hasta lo más profundo de su garganta y saborearlo hasta que se quede seco.
- Y en varios en colores.
Kankuro gruñe cuando le pasa el pulgar por encima de la tela y hace círculos sobre los pezones duros. A cada gesto le acompaña un roce más intenso en la entrepierna y los talones de Sakura se hunden en la cama.
- Sakura… hace dos días aquí… ¿querías acostarte conmigo?
(Ella le dijo que si pasaba a su habitación a "repasar unas notas para la charla" y a él le entró pánico escénico y "no, prefiero dormir".)
- Sí, Kankuro, sí.
Con habilidad, le quita el sujetador y libera los pechos. Hay algo furioso en sus movimientos y Sakura gime suavemente cuando los coge con ambas manos y los aprieta entre ellos. Los muerde, los come y finalmente succiona los pezones como un caramelo. Sakura consigue que los pantalones caigan a las rodillas y mete con urgencia la mano entre los calzoncillos. Kankuro aprieta los dientes y jadea de placer en su oreja.
- Y después de comer el segundo día cuando dijiste que te apetecía dormir la siesta…
Sakura suelta una risilla que se funde en un gemido cuando la lengua de Kankuro se mueve en círculos en las aureolas y luego sube a la garganta y aspira con besos venas y arterias y otras zonas erógenas que se transforman en suspiros húmedos.
- Sí, Kankuro. Quería que me follaras todos esos días pero no sabía que…
No sabía que estabas enamorado de mí, no termina la frase porque Kankuro ruge frustrado, creando vibraciones en los besos que bajan por su vientre
- ¿Me estás diciendo que podríamos haber follado hace días? - Sakura le acaricia el pelo mientras busca su boca, las manos bajando poco a poco las bragas. - ¿Semanas? - Le muerde el cuello y murmura su nombre en el momento en que los dedos acarician el clítoris. - No me jodas, ¿meses?
Y Sakura quiere carcajearse ante su desesperación porque qué idiotas han sido los dos, dejando pasar oportunidades así, fingiendo hacerse los duros y los dignos para terminar medio borrachos fornicando como animales en un hotel, pero no puede reírse porque el gusto es demasiado fuerte, demasiado puro, demasiado todo. Kankuro sabe dónde y cómo tocarla, qué pliegues hacer y deshacer. Se le nubla la mente ante la presión exacta que manda pulsaciones eléctricas a su espina dorsal y percibe su sonrisa contra su boca al gritar de placer cuando le mete un dedo, y lo curva hacia él, luego otro y él la mira a los ojos, buscando su permiso para seguir:
- Lo importante es que lo hagamos ahora - susurra.
Kankuro no necesita oír más para introducir el tercero y sonríe satisfecho cuando arquea la espalda y mueve las caderas buscando más contacto, y qué le va a hacer si no le queda más remedio que volver a mordisquear los pezones y los dedos entran y salen, y entran y salen, y entran y salen y Kankurokankuro más rápido. Y él cumple las órdenes porque no quiere que deje de repetir su nombre nunca.
El primer orgasmo es intenso y Sakura agarra las sábanas hasta que los nudillos se ponen blancos. Los gritos los ahoga con un beso profundo y Kankuro se deshace finalmente del incordio de la ropa que les quedaba, retira los dedos con cuidado y los chupa hasta que están limpios. "Eres un pervertido", "¿Y quién tiene la culpa de eso?" El calor no abandona el centro de Sakura, aunque entrecierra los ojos, adormilada tras los espasmos.
- Córrete lo que quieras, pero no te quedes dormida. - Kankuro posa los labios en la punta de la nariz y ella hace un mohín cuando se señala los genitales. - No puedes dejarme así.
Se lo toma como un reto.
Hace tanto, tanto calor como en Suna entre ellos dos y Sakura agradece el aire acondicionado y los años aumentando la estamina cuando se espabila, le da la vuelta y se sienta encima, la dureza contra su humedad y las manos aferradas a los hombros de Kankuro que la sujeta por la espalda. Se inclina y le besa, un beso húmedo y lento, dulce y depravado, un ritmo que arrastra cuando empieza a recorrer con sus labios el pecho, la clavícula, el abdomen, hasta que llega a la zona en la que se asoma la sombra oscura de la pelvis y Sakura, oh Sakura, tiene que decir algo al respecto:
- Esto - musita y no deja de darle besos suaves en torno al estómago - ha ocupado mis fantasías estos últimos meses.
Y Kankuro se ríe e intenta traerla hacia arriba para besarla pero no, Sakura dice que no con una mirada pervertida, y entonces baja con los dedos, manos y boca hasta que toca y lame y toca y lame y succiona, la lengua enroscada en el capullo y las manos jugando con sus testículos y entre jadeos Kankuro le pide que pare, por favor, o no podrá más y quiere aguantar porque:
- Te voy a follar hasta que todo el hotel te oiga gritar mi nombre.
La coge de la cintura y con un movimiento rápido vuelve a ponerse encima, su pene largo e hinchado rozando el ombligo de Sakura, que abre las piernas invitándole. La idea de notarle dentro, llenándola y empujándola contra el colchón la hace sonreír labio contra labio y mojarse aún más.
- No prometas cosas que no puedas cumplir.
Pero las cumple.
No será el mejor polvo que echen, pero tampoco importa. Es rápido, el sentimiento queda subyugado al deseo, y no hay muchos preliminares porque cuando Sakura suplica "fóllame" Kankuro no tiene ni tiempo ni ganas de tantear más. Entra en ella de una estocada fluida, la polla desapareciendo bajos los rizos rosas del pubis, y Sakura no recuerda haber estado tan estrecha en tiempo, porque la primera embestida le duele un poco allá donde no han llegado los dedos y nota cómo él se queda quieto y le besa el cuello suavemente hasta que sus paredes se destensan. Y se siente tan plena, ahí con el pene hinchado palpitando dentro. Y no pares cuando empieza a moverse lentamente y hasta el fondo. Y no pares mientras ella gime, aferrada a su cuello, cada golpe un recordatorio de todo el tiempo que han querido esto, las dos caderas chocando y Sakura haciendo algo con su chakra bajo la cérvix y Kankuro tiembla porque Sakura, si sigues así me voy a correr.
Y Sakura no puede responder porque pierde la cordura cuando él le eleva un poco la cadera, coge una pierna y la sube al hombro y ahí, ahí ha encontrado un punto exacto en el fondo, muy en el fondo de ella (Más, Kankuro, ¡más!). Y diosdiosdiosquébienseestádentro. Acelera el ritmo y le levanta las nalgas para meterla aún más dentro, la gira un poco para tener más espacio y hace círculos con la pelvis y es verdad que Sakura grita algunas palabras incomprensibles y Kankuro solo puede decirle eres perfecta como una plegaria atendida, y es muy probable que les estén oyendo hasta en la recepción y que los otros huéspedes se estén quejando. Pero qué más da si hay tanta tensión sexual acumulada (6 meses, 8 meses, un año casi de hacer como que no se deseaban) que cuando se corre de nuevo con los dedos de él haciendo presión en el clítoris, círculos perfectos acompañados por el ritmo indolente en su entrada (Córrete, Sakura; córrete conmigo dentro) siente un terremoto que hace que Kankuro apenas aguante 1, 2, 3 minutos más antes de llenarla, su nombre bailando de los labios en cada espasmo, el último suspiro en la Tierra. Cae a su lado y la atrae hacia él, cubriéndose mutuamente la cara de besos y sonrisas.
Sakura se acomoda en su pecho, los ojos inundados de cariño y él le pasa un brazo por la parte alta de la espalda, los dedos dibujandole garabatos en el hombro. En su cuerpo solo existe la palabra maravilloso y dentro de ellos algo parecido al color de la esperanza.
- ¿Kankuro?
¿Tiene voz la espuma? Sakura suena como la espuma.
- ¿Sí?
Los ojos verdes y los marrones se encuentran y todas las canciones de amor del mundo cobran sentido.
- Respirar a tu lado… - murmura y repite sus palabras muy bajito - tú también haces que sea sencillo.
Algo en el alma de Kankuro se ilumina como un neón, así que aprieta aún más a Sakura contra su pecho y le da un beso suave en el inicio del pelo. No pasa mucho hasta que se queda dormida ahí, aovillada contra su cuerpo como un gatito y él se siente tranquilo, tranquilo y luminoso como el desierto un día sin viento.
(Será a la mañana siguiente cuando puedan hacer el amor. Sakura se despertará con los besos de Kankuro construyendo nubes sobre los hombros desnudos y antes de darle los buenos días, estará devorándole la boca. Ella le dirá entre gemidos que tienen que coger un barco para volver a Suna y él le dirá que tomarán el siguiente y la convencerá con los besos que suben por el interior de los muslos, Sakura hundiendo los dedos en el pelo oscuro. No habrá prisa y se dejarán llevar por el ritmo lento de las caricias, por los orgasmos y las sábanas y se jurarán que van a aprender cómo encajar cada ángulo de su cuerpo. Perderán también el siguiente barco y llegarán a Suna con un día de retraso).
NA/
Bueno, ¡por fin!
He terminado de escribir este capítulo con una sonrisa. ¡Tenía ganas de juntarlos! ¿Cómo no querer a Kankuro, eh? Con su bufonería y su manera de ser, y lo mucho que adora a Sakura… Nada que ver con Sasuke, que es un pelmazo. Que, por cierto, pobrecito: le estoy poniendo como un tipo malvado en esta historia pero en realidad es que está confundido y se encuentra en ese momento vital en que cuanto más quiere salir del pozo, más profundo cavas el agujero. Hay que darle tiempo para que mejore y se aclare (tiempo: varios capítulos).
Personalmente he disfrutado un montón escribiendo la escena del bar y la de las gyozas ¡Son tan monos! Y también el capítulo de Sasuke encontrándose con Akira. Describir el ritmo de pensamiento de Sasuke, ácido y gruñón, suele ser muy divertido. En realidad, creo que todo este ha sido mi capítulo favorito hasta el momento.
Y con esto cerramos la primera parte, Estaciones de Paso. Esto era lo que tenía más o menos redactado al empezar a publicar el fic, y quería ver cómo era la recepción para ver si seguía. Y como veo que está gustando (gracias, gracias, gracias, gracias a todos los que empleáis un poco de vuestro tiempo en demostrarlo, a los que os gusta como escribo y a los que le dais una oportunidad a una pareja que es más que marginal en el fandom pero que en mi cabeza tiene todo el sentido) seguiré.
La idea es que cada arco de la narración sea autoconclusivo. Es decir: si por lo que sea no puedo avanzar en la siguiente parte, al menos quedará algo que pueda leerse como un cierre de la historia. No hay nada que odie más que un fic sin final.
Esto implica que me lo tomaré con más calma. ¡Publicar dos capítulos de 15000 palabras cada dos/tres semanas es un poco agotador! También que tendréis que esperar un poco: no publicaré más hasta que no tenga los dos próximo capítulos prácticamente escritos, para asegurar la continuidad de la historia. Pero tranquilidad: os puedo adelantar que en el próximo habrá mucho mucho mucho fluff SakuKanku o KankuSaku o como lo queráis llamar. No del fluff que empalaga, sino del fluff que te hace sentirte agustito como debajo de una manta suave. Ya veréis. Y luego, en el siguiente, desplazamos la trama a Konoha porque el cuerpo también necesita SasuSaku.
Y ya está. Lo único que os pido es que este capítulo ha sido muy importante para mí (porque nunca habia escrito algo tan explícito, porque espero que la declaración no haya quedado muy cursi, porque espero que la escena de Itachi y Sakura no sea demasiado forzada…) así que agradecería mucho mucho mucho un comentario, un like, algo de feedback.
Con amor,
rojocereza
