¡Sorpresa! Resulta que esta semana han ocurrido varias cosas, entre ellas que fue el cumpleaños de Sakura y, por casualidades de la vida, también el mío. Así que subo este mini omake por aquí.
Rumores
Es curiosa la naturaleza de los rumores. Lo que empieza como un chascarrillo irrelevante al principio de la mañana alcanza la magnitud de una mitología épica para el final de la tarde. A veces inofensivos y otras veces cargados de maldad, son la columna vertebral de comunidades aburridas que dedican sus horas muertas a adornar las vidas ajenas con elementos fantasiosos. Así, hacen que algo en apariencia inocuo como el encuentro fortuito entre dos antiguos amantes se transforme en un tórrido y pasional vis-á-vis; y que la discusión familiar de una pareja en torno a quien baja la basura pase a ser una descarnada historia de amor y traición que reverbera en el principio de los tiempos. Y las aldeas ninja, contrariamente a lo que cabría esperar de un lugar donde los secretos salvan vidas y provocan guerras, no se libran del mal de la rumorología. De civiles a ninjas, del Kage al último guardia, todo el mundo colabora de algún modo en el avance ligero de los chismorreos que se extiende como el fuego sobre las hierba seca. Raro es el día en que el fracaso de una misión no llegaba antes al dueño de la armería que al Hokage, y requería técnicas de camuflaje e infiltración de clase A evitar que tus vecinos no supieran en cuestión de horas el nombre, rango, filiación y antecedentes del ligue de una noche que habías llevado a tu casa. Al final y al cabo, era difícil escapar del murmullo social en un sitio lleno de ojos entrenados y expertos en espionaje, y, tarde o temprano cualquiera podría estar en el centro de los cuchicheos.
En esta ocasión, sin ir más lejos, le ha tocado a Sakura.
Primero, lo sospecha.
Ocurre cuando sale a correr a eso de las 7 de la mañana, el sol asomando por las montañas que rodean Suna. Va repasando mentalmente las tareas del día, el suave trote levantando polvo tras ella, cuando se da cuenta de que los guardias que vigilan la ciudad le lanzan miradas interesadas y se dan codazos cuando pasa. Una adorable anciana le sonríe con picardía al cruzarse con ella y dos tenderos que están levantando la persiana metálica la señalan sin disimulo: "¡Es esa!" "¿Esa?¿En serio? Hay hombres afortunados".
Suspira.
Luego, lo ignora.
Son las 8:23 cuando cruza la recepción del hospital y según mira en su entorno, observa que los celadores se mueven en corrillos que se separan a toda velocidad a su paso y nota las miradas dirigidas a su espalda a medida que recorre los pasillos. Hay risitas y comentarios que no alcanza oír y al entrar en la sala personal para dejar en la nevera su comida, se encuentra con la mirada asesina de un grupo de enfermeras que ni siquiera esperan a que abandone la sala para empezar con sus dardos envenenados.
- No me puedo creer que estén juntos.
- ¿Tú crees que es algo serio? Kankuro no es de esos.
- Les han visto besándose por la calle y ella suele cenar en casa del Kage.
- Quizá están juntos de que antes de ella llegara a Suna.
- Imposible, Kankuro-san estuvo con Matsuri poco después de que ella se hiciera cargo del hospital.
- Así también me hago yo directora del hospital, abriéndome de piernas.
- No seas mala, Haye.
- Solo digo que es mucha casualidad.
Se resigna.
Más tarde, lo confirma.
Son las 11 y se levanta de la mesa, masajeándose el cuello y dispuesta a prepararse un café antes de seguir con la montaña de papeleo que se le acumula tras una semana fuera. Baila mientras lo hace, una canción inventada en su cabeza. Aspira el olor conocido del café, y disfruta de la extraña y poco habitual sensación de felicidad que la llena. La luz dorada del fin de verano se desparrama por el despacho y disuelve su figura, desdibujando su rostro.
- Supongo que los has oído.
Sakura sonríe contra la taza antes de girarse.
- ¿Qué es lo que tengo que oír, exactamente?
Y ahí está, apoyado en el quicio de la puerta con las manos en los bolsillos. Hoy lleva la cara pintada y el pelo desordenado y la ropa negra marca de la casa y esa sonrisa enorme que tiene desde que volvieron de su viaje. No hace 6 horas que le daba los buenos días con besos en la cama y piensa que está tardando demasiado en hacerlo otra vez.
- Los rumores, claro.
Da un paso hacia él y parece que en lugar de andar, flota porque desde que se despertó a su lado por primera vez todo es etéreo y suave y el mundo físico un mero accesorio para ellos.
- No soy mucho de cotillear. Tendrás que concretar, Kankuro - le señala la taza - ¿Quieres café?
- ¿Puede ser con leche? - los brazos ahora los tiene cruzados en el pecho y pone cara de interesante. Sakura asiente por encima del hombro mientras rellena la cafetera- Verás, se comenta que cierta kunoichi de pelo rosa y habilidades médicas y cierto hermano del Kazekage, marionetista para más señalas, han… iniciado algún tipo de romance en los últimos días. Uno muy pasional, por lo que comentan.
- No me digas - se muerde el labio inferior, y finge estar pensativa - ¿Un romance? La gente llega siempre a conclusiones inesperadas.
Sakura llena la taza y se le acerca y él la coge con un suave gracias, y en el movimiento para alcanzarla, la ropa se abre sobre el cuello y en la clavícula se ve el círculo encarnado de un chupetón agresivo. Los mechones rosas enmarcan una sonrisa juguetona que hace que a Kankuro le tiemblen las piernas. Se aclara la garganta.
- Ajá. Al parecer, y todo esto según los rumores, llegaron hace un par de días después de un viaje muy acaramelados. Dicen que agarrados de la mano. Dicen, insisto en que esto es según los corrillos maliciosos, que incluso se besaron en los callejones de la ciudad vieja.
Sakura camina hacia su mesa y finge que no la mirada depredadora de Kankuro sobre su cuerpo no le hace sentir escalofrios.
- ¿Un beso? ¿En público? - Kankuro asiente efusivamente e incluso matiza "varios besos, te lo juro". Sigue sin moverse de la puerta y parece estar luchando muy fuerte por no reír. - Qué desvergüenza. Quién lo iba a pensar de esos dos.
Archiva unos documentos como si no le afectara su presencia, como si no quisiera sonreír hasta que se le rompiera la cara, estampar sus labios con los de él y hundir la nariz en su cuello hasta que el único olor que conociese fuese esa mezcla de madera, menta y barniz.
- Así fue. Y se oyeron vítores, Sakura. Cánticos. La gente salió a sus ventanas a aplaudir y tirar flores y los envidiosos tuvieron que esconderse en sus casas incapaces de contener el llanto. Algunos tomaron nota para aprender de lo bien que lo hacían.
- ¿Eso dicen?
- Eso dicen, Sakura.
- Desde luego, Suna está lleno de malas lenguas.
Espera que pique el anzuelo.
- No todas son malas, te lo aseguro.
Lo pica.
Y haciendo un verdadero esfuerzo para no pedirle que la coja entre las manos grandes y empiece a pasearlas por debajo de su falda, Sakura se sienta en el borde de la mesa de la oficina, le mira de frente y le recrimina.
- Asegurar algo tan tajamente es una actitud muy poco científica, Kankuro. No puedo aceptar la afirmación sin que aportes datos… empíricos. - El café se ha enfriado, pero bebe igualmente y el gesto de poner la porcelana entre sus labios hace que Kankuro pierda momentáneamente la concentración. Pero no cede y sigue contemplándola con una sonrisa insolente desde el dintel. Empíricos. Tomo nota, murmura - ¿Algo más que deba saber sobre dichas habladurías?
- Mmm… - Kankuro también aprovecha para beber y se moja los labios lentamente, lengua un poco fuera y el ruido de la saliva seca y Sakura solo puede pensar en lo bastardo que es porque el efecto que le produce entre sus piernas es parecido al de la lava ardiente - parece ser que él ha pasado un par de noches en casa de ella. Se han oído gemidos, incluso. Todo apunta a que hay algún tipo de… noviazgo.
- ¿Noviazgo? - Sakura pone su mejor tono de incredulidad - ¿Dormir juntos? Eso sí que no me lo creo. Deberías contrastar la información que te llega, Kankuro. No espero menos de un ninja de tu prestigio.
- Yo solo soy la correa de transmisión, Sakura. No mates al mensajero.
- Pero es que no tiene sentido - Inclina la cabeza y el verde de los ojos recuerda a un nenúfar. La luz entra tras ella y Kankuro piensa que parece un ángel. No del tipo: ah, parece un ángel si no del tipo, o wow, es un ángel y no puedo decir nada porque estoy delante de una presencia sobrenatural que me quita el aire. - La médico de la que hablas es una chica muy decente. Jamás dormiría con un hombre a menos que hubiera habido alguna cita previamente. Lo que no ha ocurrido. Y sin cita - razona - no hay noviazgo.
Y entonces Kankuro, deja la taza vacía en una esquina en el suelo y se ríe. Va el tipo y se ríe con esa risa estruendosa suya que se expande en olas por el aire. Arquea una ceja rosa.
- Es curioso que lo comentes. Justamente de camino aquí he oído a un grupo de viejas cotillas diciendo que esta misma noche van a salir a cenar. A las 7, si a la médico le parece bien, claro.
Sakura lleva varios días considerando si se ha dado un golpe y tiene una contusión en la cabeza. Eso explicaría muchas cosas, como por ejemplo que antes fuera una persona normal, de carne y hueso, y sangre y músculos y capacidad de raciocinio, y ahora siente que es de agua, un agua que bulle en su estómago y le hace cosquillas desde la médula hasta la piel, como si fuera a evaporarse de un momento a otro dejándola sin voluntad y sin neuronas. Agua que hace que sea un charco emocional cuando Kankuro dice esas cosas y solo pueda disolverse en una sonrisa.
Va a responder que "así no es como se pide una cita" hasta que Kankuro cierra la puerta rápidamente. En dos pasos está frente a ella.
- ¿Por qué haces eso? - frunce el ceño, se exaspera un poco - Deberíamos dejar la puerta abierta o… ¿quieres que hablen aún más?
A escasos 50 centímetros, aún sentada en la mesa, puede olerle y ver su los poros de su piel y tiene que levantar la mirada hacia él. Espera que todo este estado de efervescencia se le pase pronto porque no puede vivir así eternamente.
- Porque… - coloca un mechón de pelo tras la oreja - No quiero que sepan de los planes de esta noche y que aparezcan por allí a cotillear. Y además - las manos en la cintura y estómago de Sakura se transforma en un tiovivo - quiero besarte tranquilamente.
- Pero aún no he dicho que sí a lo de la cita.
- ¿Vas a decirme que no? Tu crueldad es intolerable, Sakura. Yo pensé que te había convencido esta mañana. Y en el tren, y en el barco y en la habitación del hotel y…
- No me lo has pedido apropiadamente. - Le interrumpe y entrelaza las manos tras su nuca. Un dedo acaricia el final del crecimiento del pelo y Kankuro cierra los ojos un instante, la piel de gallina en el cuello- Y ni siquiera sé qué tengo que ponerme.
- Esta tarde, a las 7, - dice y no pregunta. Afirma con seguridad y con convicción y Sakura lo encuentra absurda, intolerablemente atractivo - voy a ir a buscarte a tu casa y te voy a llevar a una cita, porque te pongas como te pongas y digas lo que digas, eres mi novia y quiero que todo Suna lo sepa.
Un géiser. Un géiser es lo que tiene Sakura ahora mismo entre las costillas. Acostarse con un hombre algunas veces no le hace tu pareja, pero que te prepare el desayuno, que no le importe el aliento mañanero, que te cubra con una manta cuando tienes frío y ponga agua fresca en la frente si te mareas en un barco, da bastantes puntos para considerarlo tu novio.
Kankuro es su novio.
Sonríe como una idiota a pesar de sí misma y sacude la cabeza de un lado a otro.
- Entiendo que no servirá de nada que proteste… - claudica - Al menos, dime, ¿cómo tengo que vestir?
- Esta misma bata vale. No te molestes en llevar nada debajo.
Sakura chasquea la lengua y refunfuña.
- ¡Hablo en serio! No puedo ir de cualquier forma si vamos a ir a un sitio elegante.
- Lo importante es que no lleves tacones altos. Lo demás da un poco igual.
- ¿No tacones?
- No tacones. - confirma y se inclina hacia ella, y el sol entra con fuerza tal que las marcas violetas de pronto parecen azules - Y ahora, ¿vas a seguir torturándome o puedo besarte de una vez?
Esa misma tarde, lo confronta.
- Pensábamos que lo habían secuestrado.
Sakura da un respingo y se vuelve hacia la ventana. Temari la ha abierto desde fuera y se sienta en el pivote, las piernas colgando hacia el interior y el kimono negro manchado de arena. La contempla con los brazos cruzados, una mirada seria y el abanico sobre la espalda. Son las 3 y el sol es inclemente.
- ¿Perdón? - Sakura deja en la mesa unas radiografías que estaba consultando.
- A Kankuro. Llegó con un día de retraso de vuestro viaje y no ha pisado por casa hasta esta mañana.
Como un tomate, así está Sakura.
- ¡No! No estaba secuestrado. Estaba… conmigo. Pensaba que os había avisado.
La rubia suspira y niega.
- No. No nos dijo nada. Hoy en el desayuno nos lo ha explicado todo… Pero ya que lo sabe todo el mundo era cuestión de tiempo que nos enterásemos. - y luego junta las cejas y dice con tono firme, como abroncándola - Para ser shinobis no sois nada discretos.
En el centro del estómago de Sakura hay un agujero negro con un letro iluminado que dice vergüenza. ¿Que lo comente un vendedor anónimo con una chuunin cualquiera para pasar el rato? Puede vivir con ello. ¿Que tu única amiga en la ciudad, para más datos la hermana del chico con el que has estado durante días saltando de orgasmo en orgasmo, sepa del asunto? Otra cosa totalmente diferente.
- Bueno, no hemos tenido oportunidad de comentarlo en persona… Ha sido todo muy rápido.
Temari pone cara de fastidio. "Rápido" no es la palabra que habría usado después de verles durante meses en un eterno cortejo.
- No es por eso que estoy aquí. - usa su tono más paciente- Es por una cuestión de seguridad. Si Kankuro va a pasar más tiempo en tu apartamento vamos a tener que poner a gente vigilando cada vez que esté allí. Quería avisarte para que no te asustes si ves a un ANBU mirando fijamente tu puerta.
Sakura asiente. Tiene sentido, dada la posición de Kankuro en la aldea.
- Y también porque Gaara insiste en que te diga que vayas a cenar a casa al menos dos veces por semana ahora que "somos familia", empezando este sábado. - A pesar de su natural fiereza, le nace una sonrisa dulce cuando mira a Sakura, que se sonroja de manera encantadora, desde el cuello hasta las cejas, y su piel se disuelve en el tono rosa del pelo. - No te preocupes, Gaara es un sentimental y ya le caes bien. - Se prepara para irse - En fin, creo esto sería todo. Nos vemos el fin de semana.
Se está girando para saltar al tejado cuando Sakura la llama con voz tímida.
- ¿Te parece bien?
¿Inseguridades, a estas alturas? ¿Después de que media ciudad les haya visto enrollándose y un hotel entero les haya oído…? Bueno, Temari prefiere no pensar en eso demasiado.
- Yo misma te animé a dar el paso, ¿no? - le dice y Sakura sabe que es verdad, que no tiene que luchar por ganarse su bendición ni nada así - Lo único… usad protección. ¿Un bebé fuera del matrimonio con una kunoichi de alto rango de Konoha? El Consejo colapsaría o habría una revolución y un montón de papeleo.
Se marcha, la ventana batiéndose tras ella y dejando tras ello una Sakura boquiabierta.
Suspira aliviada.
(Y finalmente, alucina.)
Son las 17.40, y le comunica a su asistente que se va a marchar a casa en cuanto termine de firmar el último permiso de vacaciones. Tiene mucho trabajo aún para recuperar, pero a quién va a engañar si no puede concentrarse y en las extremidades tiene un millón de hormigas tamborilean al ritmo de sus nervios ante la intriga de su primera cita oficial con Kankuro. Lleva medio día sonriendo como una idiota ante la idea, y está dándole vueltas al dónde y al cómo y al qué y a si le da tiempo a pasar por una tienda y hacerse con más ropa interior sexy, cuando ve un ave volando directamente hacia ella, un halcón elegante que identifica como uno de los mejores de Konoha, reservado únicamente para asuntos de máxima urgencia y mensajes entre Kages. Lo abre, preocupada, rápidamente. Reconoce inmediatamente la letra apretada y elegante de Ino.
Frentona,
eres la peor amiga del universo. He tenido que suplicar a Tsunade que me dejara este bicho y contactarte cuanto antes. ¡¿Cuándo pensabas contarme que estabas liada con el puñetero hermano del Kazekage?! ¡No escatimes en detalles!
Ino
Parpadea atónita y guarda en un cajón la carta doblada. Le sale una carcajada de estupefacción. En serio, ¿cómo coño se ha enterado?
¡Ja!
¿Os ha gustado? Cada día me gusta más escribir escenas entre estos dos T.T
No he tenido tiempo de responder a vuestros comentarios debidamente, ¡lo siento! Os lo responderé en las próximas semanas.
Muchísimas gracias por los reviews de la semana pasada, de verdad. Son en parte la razón por la que me propuse subir esto. Simplemente quería hacer una especie de puente entre las dos partes, como tomar jengibre entre trocitos de sushi, ya me entendéis. La próxima actualziación será un capítulo en condiciones.
Un abrazo enorme a todos y ya sabéis que todo feedback es bien agradecido.
Rojocereza
