Reencuentros

Resumen: La boda de Naruto lleva, inevitablemente a que todos se junten en Konoha. SasuSaku en cantidad.

NA: Disclaimer de que no me pertenece nada. Lo pongo porque en esta parte del fic, que gira en torno a una boda (serán unos 4 capítulos) todos los subcapítulos van precedidos de una cita de una canción y son la banda sonora de esta historia. Que si os pica la curiosidad, lo podéis escuchar (mi gusto musical es... ecléctico) y si no, no: no pasa nada.

NA2 Perdón por las erratas. Mi ordenador tarda un montón en procesar los textos. Toca comprar uno nuevo :(


Sasuke Uchiha y la felicidad

Yesterday I thought I saw your shadow running round
It's funny how things never change in this old town

This Town, Niell Horan

La primavera en que Naruto Uzumaki se casó, la vida estaba tratando bien a Sasuke Uchiha. A sus casi 22 años, guapo como un sol, uno de los mejores shinobis de las 5 naciones, por fin había encontrado su lugar en el mundo. En el clan empezaban a tenerle en cuenta ; la relación con su padre había mejorado ostensiblemente; se iba a casar con una mujer dulce y hermosa; y tenía, además, un trabajo que, si bien peligroso y en ocasiones traumático, traía el prestigio y el honor que siempre había buscado. Así que podemos concluir que, teniendo en cuenta su tendencia natural a la melancolía y al pesimismo, Sasuke Uchiha era un hombre razonablemente feliz.

Son curiosas las vueltas que da la vida, ¿no?

Y es que hasta hacía menos de un año, había vivido angustiado; roto y en el límite de la cordura. Para un hombre acostumbrado a tener todos sus pasos previstos y adicto al control, la marcha in yoesperada de Sakura, el corazón machad que había dejado atrás, había desatado una espiral en su toma de decisiones que no sólo le habían llevado al borde de la muerte, sino que solo había podido frenar, irónicamente, dejando que Sakura se fuera del todo.

Borrarla de sus días. De sus noches. Pensar en ella como una amiga que ya fue. Dejarla ir.

La presencia de Akira había ayudado. A pesar de las quejas de Naruto, y de su propia reticencia inicial hacia la ex-kunoichi, había demostrado ser una fiel compañera y una buena candidata para formar parte dela familia principal de los Uchiha. Pasar tiempo con ella se había convertido en algo que Sasuke no sólo no evitaba sino que buscaba. Era dulce, atenta, alegre y cuando abandonaba su disposición a la sumisión - que Sasuke había encontrado primero cómoda y luego alarmante - mostraba opiniones inteligentes y divertidas que hacía que sus conversaciones fueran más interesantes que las que habían tenido en las primeros semanas de noviazgo. Sumado a ello, estaba el hecho de que las actividades íntimas entre la pareja por fin se habían consolidado. Tras un verano dedicado a la exploración oral, cumpliendo estrictamente con la norma 344 del clan, en último diciembre los encuentros habían pasado a un nueva fase. Tras beber un poco de más en la fiesta de Navidad que habia organizado el clan inuzuka, habían terminado por compartir juntos desnudez y cama y Sasuke había comprobado que, efectivamente, Akira no era ni virginal ni nada que se le pareciera y que, efectivamente también, había echado muchísimo de menos el sudor, los aromas mezclados y la placentera sensación qeu acompañaba a despertarse al lado de su amante.

Sí, aceptar que su destino era Akira había hecho que su existencia fuese mucho más soportable.

Esto no quería decir que Sasuke la amase. Tampoco es que le fuera indiferente. Ni mucho menos que la odiase. Sus sentimientos pivotan entre el cariño, el afecto y el deseo. Y nunca había sentido, como le había ocurrido con Sakura, el pálpito que le consumía; la desbordante sensación de querer pasar cada minuto del resto de su vida con ella. A cambio tenía confort y estabilidad y, como el hombre tirando a conservador que era, disfrutaba de la rutina de tener planeado a su lado el resto de su existencia. Akira podría no ser el mujer a la que quería, pero quizá era la esposa que necesitaba.

A Naruto, su relación le parecía un atentado contra los principios básicos emocionales por los que regía su mundo (¡Pero cómo puedes hacerlo esto a Sakura-chan, si ni siquiera quieres a Akira!) en donde las opciones pragmáticas simplemente no existían; y su hermano, más cabal pero aún frustrado, había insistito en numerosas ocasiones en que era un torpedo en la línea de flotación del sentido común (insisto, querido hermanito, que tu relación con Akira-san si bien te provee el falso espejismo de tener la vida ordenada en el corto plazo, terminará trayéndote infelicidad con el tiempo); e incluso Kakashi, cuya vida amorosa era un territorio plagado de escombros, le había comunicdado un día sin venir demasiado a cuento lo decepcionado que estaba por "no haber querido luchar por aquello que era evidente para todos". (Sasuke le había recordado, bastante elocuentemente, que hiciera el favor de meterse en sus asuntos y le dejase en paz) Frente a ellos, sin embargo, estaba el clan, y su madre y su padre, que parecían contentos por como se desarrollaban los acontecimientos y no paraban de insinuar lo contentos que estarían de tener de nuevo la casa llena de bebés Uchiha.

Y en cuanto al resto de la aldea, bueno: el escepticismo del verano había dejado paso al asombro del otoño y el asombro a la aceptación del invierno, y para la primavera ya nadie parpadea cuando se les veía juntos los días en que descansaba. Ya fuera haciendo recados o en citas; ya fuera solos o con sus amigos, tomando un té, o leyendo un libro a la orilla del río o, cada vez que podían, entrenando juntos porque Akira le había pedido a Sasuke que, por favor, le ayudara a mejorar su taijutusu y su sharingan. Y como entrenar era posiblemente la actividad favorita del Uchiha, solían verle en el campo 15 dándole consejos, explicándole con una inesperada paciencia cada movimiento y curándole con delicadez los múltiples moretones que tenía Akira repartidos por el cuerpo al final de cada sesión.

Las últimas semanas habían partido sus citas en entrenamiento, por un lado, y visitas a tiendas de interiorismo, por el otro. Sasuke se había visto a sí mismo envuelto en la decoración de la casa que les estaban construyendo en el distrito Uchiha, y ahora, por algún motivo extraño, sabía de tipos de madera y panelados, colores de pared (el blanco roto y blanco hueso, no, no existían por mucho que insistieran), tipos de muebles y hasta habían contratado a un paisajista para diseñar su jardín. La única condición que había puesto era que no quería cerezos en el entorno.

- Pero los cerezos son preciosos, Sasuke-kun.

- Es todo lo que pido.

No quiso desarrollar, y aunque Akira no insistió más, le seguía dando vueltas al asunto del jardín. Le arrastraba a ver jardineras y parterres por todo Konoha:

- ¿Hortensias? - le indicaba a la altura del complejo de los Hyugga - Cambian de color según el pH de la tierra. Pueden ser blancas, o azules o rosas

- ¿Rosas?

Otro día, frente a la floristería de Ino:

- ¿Lilos?

- ¿Siempre huelen así?

Era insoportable.

Esta vez, le hace dar un rodeo de camino al campo de entrenamiento:

- Mira: glicinas, - le dice y señala hacia arriba. Sasuke reconoce el entorno de la academia ninja - ¿No son preciosas? Son también de primavera y podemos hacer que se enreden en la pared. ¿Te gustan?

Sasuke asiente. Son unas flores muy bonitas: ramos lilas que caen en cascada y crean un arco que cubre todo el camino. El aroma es suave. Le dice que le parece bien y Akira "glicinas, entonces", con una sonrisa adorable. Retoman los dos el paseo bajo las flores, ella parloteando alegremente sobre un restaurante nuevo y él va asientiendo distraídamente, al tiempo que repasa mentalmente las coordenadas desde las que atacará en su próxima misión. Tan concentrado en sí mismo que tarda un rato en ver al final de una de las veredas que rodean la academia una figura conocida. Caminan hacia allí bajo la luz tamizada entre las hojas, el olor a rocío titilando entre las hojas y su novia grita: ¡hola sensei! y le responde ¡vaya parece que tenemos una reunión improvisada de alumnos! y Sasuke entonces se fija más en Iruka y ve que junto a él hay otra persona.

22 meses y 5 días desde la última vez que se vieron.

¿Dónde has estado todo este tiempo?

La boca pronuncia su nombre sin habérselo pedido.

Se olvida de que existe Akira, y las glicinas y hasta el cielo.

Se le cae el corazón al suelo.

Y es que Sakura Haruno está, delante de él, sonriendo.


Sinmigo

Qué morena vienes, de andar por ahí
Lo bien que te sienta estar lejos de mí

Sinmigo, Mr. Kilombo y Rozalén

La voz de Iruka-sensei conserva un timbre limpio y fresco. Siempre ha arrastrado un poco los pies, así que va levantando piedrecitas en el patio de la academia mientras camina, pero mantiene la postura jovial y la mirada pura. Su visitante admira los cambios que han ido apareciendo en los últimos tiempos en el recinto. "Hacía mucho tiempo que no venía", dice, "veo que habéis ampliado el salón de actos. ¿Y un aula de música?" Iruka le explica que es para los nuevos estudiantes de Oto.

- Y también - añade el profesor como si fuera el gran secreto - hemos empezado a poner un jardín de plantas medicinales para que las reconozcan desde pequeños, como sugeriste.

La primavera ha llegado tarde este año, y a cambio ha dejado que los magnolios y los cerezos coincidan en la floración y llenen todo de flores suaves y rosas. Los dos caminan bajo las ramas que bordean el interior del patio y el pelo de Sakura se confunde con el cielo.

- Aquí, Sakura-chan, tenemos plantada la melisa y manzanilla otras hierbas para hacer tisanas, y allí tenemos escaramujo, mostaza, aloe para hacer emplastos, ¿qué te parece?

Sakura se acuclilla para mirarlas, levemente conmovida. Ni la Academia, ni Iruka, ni Konoha han cambiado en lo esencial. Hay algo fundamental e inamoviable que une esos tres elementos y que le transmiten calma. El conocimiento certero de que no importa lo lejos que se vaya: siempre tendrá un lugar al que llamar casa en donde la madera sigue crujiendo en las mismas partes, las malashierbas nacen en las mismas zonas, y los pájaros anidan en las mismas ramas. Se queda mirando cómo sube una mariquita por el tallo de un diente de león e Iruka continuando hablando detrás de ella sobre su papel en la boda de Naruto. Sonríe para sí misma, y durante unos segundos se queda absorta siguiendo con los ojos el recorrido que hace, pensando en si sería la descediente de alguna de las mariquitas con las que Ino y ella jugaban de pequeña en ese mismo jardín.

- Es una selección de plantas muy interesante, sensei. Yo añadiría también menta y ajo.

- ¿Menta y ajo? Me lo apunto. Quién sabe si hay también una pequeña medi-ninja como tú entre nuestras alumnas ¡oh! - alguien saluda a Iruka en la distancia - ¡Hola! ¡Parece que tenemos una improvisada reunión de alumnos!

Sakura eleva la vista con interés, justo por encima de las hojas gruesas del aloe vera. ¿Quién será?

Se levanta.

Esa misma mañana había comentado con su padre la noticia de un deslizamiento de tierra que había arrasado unas aldeas en el norte del País de Cascada. Pobre gente, habían dicho. Es imposible ver venir eso, habían coincido.

A veces las catástrofes llegan y no tienes ningún modo de protegerte de ellas.

La mirada agridulce de Sasuke está ante ella y es. Es. Es. Es.

Extraño.

¿Cómo era eso de respirar? ¿Qué es lo que tenía que hacer, exactamente?

Repasa lo que ya sabe, porque ya se lo ha estudiado durante años: tiene la misma voz que recordaba siempre. El pelo sigue siendo un desastre desordenado. Está más delgado. La mandíbula perfecta sobre el cuello alto de color azul marino. La ropa cara y hecha a mano. Los dedos salpicados de callos y quemaduras. La pequeña cicatriz junto a la comisura del ojo izquierdo, que le hizo una vez Itachi cuando eran pequeños. Le gustaba contar esa historia, recuerda. ¿Le seguirá gustando? Todo sigue igual en él. Pero sus ojos, sus ojos. Es como si le estuvieran reclamando algo.

¿Pero el qué?

- Sakura.

El nombre saliendo de sus labios es casi un susurro.

- Sasuke - le sorprende la firmeza de su voz y que sea capaz de componer una sonrisa - ¡cuánto tiempo!

Hacía 22 meses que no se veían.

Hay una breve curvatura de los labios hacia arriba. No deja de mirarla en ningún momento y a Sakura se le ponen los pelos de punta, como si hubiera tocado hielo.

Casi dos años.

- ¡Parece que la boda de Naruto vuelve a reunir al famoso equipo 7!

Es verdad, recuerda de pronto, que Iruka estaba a su lado enseñandole unas plantas. Se vuelve hacia él y le sonríe con amabilidad.

- El poder de convocotaria de Naruto nunca dejará de sorprendernos.

Palabras suaves, un comentario ligero que levanta risas pero no la mirada negra, todavía posada sobre ella. Se siente sometida a un examen. No tiene ni idea de si está aprobando, suspendiendo o qué pasa.

- La boda de Naruto y Hinata es el evento del año. ¡Toda la aldea está volcada!

Sakura tarda un rato en darse cuenta de que eso lo ha dicho una cuarta persona. La localiza. Mira a Sasuke con adoración y cuelga de su brazo como un accesorio. Un accesorio muy bonito, a decir verdad.

Las fotos del periódico no le hacían ningun tipo de justicia. En persona es preciosa. Elegante. Y adorable. Parece simpática.

Y Uchiha.

¿Por qué Sasuke no deja de mirarla? ¿Por qué no mira a su novia - no, no su novia, su prometida?

Akira.

Recuerda que no debería conocerla.

Nadie le había hablado de ella. Nadie había considerado que merecía la pena que ella supiera que… - bueno, da igual.

Mantiene la farsa.

- Eh…, ¡sí, claro! pero… perdona ¿quién eres?

No se lo está preguntando a ella. Se lo está diciendo a su excompañero de equipo. A su amigo. A quien creyó que era el hombre de su vida.

Di algo, Sasuke.

Akira le mira, expectante.

Parece que tarda un milenio en abrir la boca.

- Sakura, esta es Akira. Akira es… - que lo diga, quiero oírlo, quiero oir cómo me dices qué es esta mujer para ti.

Los ojos se apartan de ella, escondiéndose como un animalito asustado. Y como la vergüenza es el privilegio de los cobardes, no termina de completar la frase. Lo hace ella por él.

- Su prometida. Nos casamos el próximo verano. - Es todo sonrisa. Le acaricia suavemente el brazo a Sasuke y Sakura se ve obligada a apartar la mirada. - ¿Tú eres Haruno-san, no? Trataste a mi madre antes de irte.

Trata a muchos pacientes, explica Sakura, y es dificil recordar todas las caras. Akira acepta la disculpa con un comentario amable y su mano se entrelaza con la de él.

Una nube oculta durante un instante el sol. Un par de carboneros emprende el vuelo sobre ellos y se agitan las flores.

Haceis una bonita pareja, dice Iruka. Sakura no puede más que darle la razón. La mirada de Akira es de pura abengación y amor y reverencia y Sakura piensa que no debería estar ahí, viendo eso.

Viendo cómo alguien está en el mismo sitio en que ella habría matado por estar.

- ¡Sin duda los años no pasan en balde! Quién lo iba a pensar cuando aún no podíais levantar un kunai del suelo.

Suena la alarma que anuncia el fin de las clases y lo acompaña una brisa que mueve las ramas preñadas de bulbos lilas. Con una risilla, Akira retira un pétalo enganchado en el pelo de Sasuke y Sakura se concentra en mirar un pequeño agujero que hay en la tela de la camiseta de Sasuke, incapaz de contemplar la escena. Le sorprende oír, de pronto, su voz.

- Sakura. ¿Cuándo has llegado?

- Ayer a mediodía. - Se obliga a mirarle a la cara y hace un esfuerzo por sonar jovial - He estado solo con mi padre desde entonces, ¡este es mi primer paseo en Konoha, la verdad!

Y tengo que encontrarme contigo, Sasuke, de todas las personas del mundo.

Iruka dice en broma: me la he encontrado como perdida por aquí. Ya no se acuerda de las calles de Konoha, mientras por el rabillo del ojo vigila a los niños saliendo en tromba. Sakura eleva un poco la voz sobre el griterío.

- ¿Nos vemos mañana, no, Sasuke? Creo que Naruto ha reservado en Ichiraku's.

- ¿Se puede reservar en Ichirakus? - Iruka parece sorprendido - ¿o es que a Naruto le da trato especial?

Sakura y Akira se ríen al tiempo y el Uchiha frunce los labios ante lo ármonicas que suenan sus carcajadas. Se encoge de hombros y dice: no hay forma de escapar de él pero el mensaje se pierde entre las voces agudas de los niños que invaden la vereda. Un grupo se instala en el patio para practicar con sus shuriken de madera y algunos se acercan a ver cómo crecen las plantas.

Shino saluda desde la ventana abierta de un aula y la pelirrosa le saluda a su vez.

La conversación se va deshaciendo, poco a poco, en el aire. Iruka observa a sus antiguos alumnos con el rostro complacido del trabajo bien hecho y hace algunos comentarios sobre el clima, las flores y las bodas futuras.

- ¡A ver cuándo anuncias la tuya, Sakura-chan! No nos importaría ir a Suna, ¡la comida es deliciosa allí!

Sakura se le queda mirando, su cabeza en espirales y latidos galopantes. Nota como se le tensan los hombres y Sasuke frunce la cara, su mirada aún más intensa.

-Me temo que por ahora tendremos que conformarnos con la boda de Naruto, Iruka-sensei. - Sakura quiere sonar ligera, ignorar el torbellino que se forma entre el intestino y el hígado. Se niega a hablar de Kankuro y ella aquí y ahora, en este impass entre sus amores pasados y futuros - Por ahora mis planes más inmediatos implican visitar a Tsunade-shisou y hacer algunos recados

- ¡Ah! Pues no podemos hacer esperar a la Hokage.

– Eso me temo… - Sakura da gracias internamente porque haya una salida elegante a esa conversación - Me alegra haberte conocido, Akira-san. - Gira su cara con la sonrisa más grande y falsa que puede invocar - Sasuke, nos vemos. Saluda a tu familia de mi parte.

Se despiden y se separan. La pareja sigue por su camino, aún dados de la mano, bajo las glicinas.

Sakura fija la mirada en el símbolo Uchiha en las dos espaldas y siente el aguijón hiriente de la tristeza.


I didn't have it in myself to go grace

Porque me muero contigo
Me muero sin ti
Me muero si te vas y si te veo venir

La pared, Cupido

Solo cuando ha dejado a Akira en la puerta de su taller; cruzado todo el distrito Uchiha, entrado en su casa; saludado a su hermano que acababa de llegar de una misión de varias semanas; confirmado a su padre que sí, le ha pasado a Naruto los protocolos de seguridad para su boda; besado a su madre y sí, que ahora mismo baja a cenar; entrado en el baño que comparte con Itachi y abierto el agua de la ducha unos minutos antes para que estuviera a la temperatura adecuada; entonces y solo entonces Sasuke se permite a sí mismo lanzar el suspiro agónico que lleva aguantando horas y dar un puñetazo frustrado contra la pared.

Mierda.

El corazón le duele, la cabeza le ahoga y el estómago se ha tomado la libertad de hacer un salto al vacío sin consultarle previamente.

Estaba definitiva, indudable y grandísimamente jodido.

Apoyando la espalda desnuda contra los azulejos fríos, Sasuke cierra los ojos y lo que ve es verde y rosa, y más verde y más rosa y esa sonrisa moteada por la luz que entraba entre los flores.

2 años tendrían que haber sido suficientes para olvidarse de ella. Renunciar a quererla tendría que haber sido suficiente para olvidarse de ella. Akira tendría que haber sido suficiente para olvidarse ella.

Pero no.

Porque ha tenido que volver con su pelo largo como cuando eran genin, los ojos tan grandes como piscinas de heno, la piel morena, ligeramente más gordita en los sitios específicos, la misma voz dulce de siempre y su sonrisa inalterable por el tiempo y la distancia. Con esa alegría con la que gritaba "Sasuke-kun" en el puente en el que se reunía el equipo 7, y su corazón ha vuelto a hacer eso que hacía cuando tenía 13, 14, 18, 19, 20 años, lo de darse la vuelta sobre sí mismo cada vez que aparecía en su campo de visión.

Le da toda la presión que puede al agua y gruñe contra sus manos.

Porque, ¿qué ha hecho él? Quedarse mirándola como un idiota. Perderse en las pecas de su nariz. Hipnotizarse en sus pestañas. Intentar comunicarse con ella con la mirada, resolver el misterio de que no le hubiera escrito ni dado una explicación en los últimos 22 meses y 5 días - y no es que estuviera contando - y que él se hubiera pasado este tiempo intentando averiguar cosas de su vida a través de terceras personas.

Terceras personas que, sospecha, le están tapando secretos.

Exactamente igual que él había hecho con Akira: ocultarle a Sakura su existencia.

Tenía tantas cosas que decirle que no sabía por dónde empezar. Había quedado como un cobarde y un imbécil porque había sido incapaz de presentar a su prometida como tal, y se había encontrado metido en un intercambio de palabras entre las dos kunoichis que le habían puesto tan tenso que casi se infarta ahí mismo. A Sakura no parecía haberle importado que se fuera a casar con otra mujer. Mierda, si hasta se habían reído juntas, y su excompañera estaba tan normal haciendo bromas y siendo encantadora y guapa y tenía el pelo larguísimo porque parece ser que en Suna no hay peluqueros o qué.

Se aplica el champú con rabia mientras el agua le relaja los músculos entumecidos tras el entrenamiento con Akira. Repasa con el gel brazos, piernas, abdomen y recuerda que el propio entrenamiento había sido una tortura, comparando mentalmente cada movimiento de su novia con el de su excompañera de equipo, preguntándose si habría mejorado la velocidad, si habría aprendido algo nuevo en Suna, recorando lo endiabladamente seductora que le parecía cada vez que rompía el suelo. La mezcla de brutalidad y dulzura que había ocupado sus sueños más húmedos durante años. Sasuke se había pasado años admirando la determinación con la que Sakura había trabajado, cómo se había esforzado para ponerse a su altura. Y ahora, Akira, que apenas tenía un solo tomoe en su sharingan, cuya estamina dejaba tanto que desear y cuyos movimientos eran lentos y predecibles, era como entrenar con un niño.

El Sasuke que le devuelve el relfjeko espejo, con la toalla amarrada a la cintura y el pelo mojándole los hombros anchos, tiene unos círculos oscuros bajo los ojos que no tenía esta mañana. E intenta quitárselo echandose más agua fría, y restregándose la cara.

Tenía que habérselo imaginado.

No es que la visita le hubiera pillado por sorpresa, Naruto llevaba semanas hablando de que Sakura-chan iba a venir y haciendo que todo el mundo cuadrara sus días libres los días para planear cenas, entrenamientos y mil eventos más. Claro que esperaba pasar con ella tiempo, quizá no encontrársela de sopetón, pero desde luego entendía que era inevitable que sus caminos se cruzaran varias veces antes de la ceremonia.

El problema en sí no es que la hubiera visto, el problema es que se moría de ganas de volver a verla. De comer con ella en Ichirakus y volver a escuchar su parloteo alegre con Naruto. Preguntarle qué tal todo. Averiguar cómo era la vida en Suna. Si le gustaba su trabajo. Qué nueva cosa había aprendido esa semana. Qué planes tenía para estos días. Si podían hablar un rato a solas, porque tienen demasiadas cosas pendientes que decirse. Conocer qué iba a pasar en unos meses. Descubrir si iba a volver.

En el piso de abajo, oye que la cena ya casi está servida. Sasuke baja las escaleras poniendo la cara más impenetrable que tiene.

En la cocina le recibe una escena familiar: su hermano termina de poner los vasos en la mesa y Fugaku se inclina para besar a su madre en la mejilla antes de sentarse en la cabecera. Mikoto parlotea alegremente sobre los fogones y le da la bienvenida con una sonrisa.

El sonido del caldo burbujeante, el aroma del miso saliendo las cazuelas, el suave tintineo de la vajilla le relaja. Se imagina a sí mismo llegando de trabajar y encontrándose con el espírutu maternal de Akira, cocina casera, dos niños de pelo oscuro. No se amarían de la manera en la que hay amor en las novelas y las canciones: nada que les consuma hasta los huesos y les devore las entrañas, no habrá la pasión que sobreviva centurias, y de la que se escriban poemas, peor habrá cariño y será suficiente. Sasuke se sienta intentando entretenerse en esa idea, concentrado en echar a Sakura a un rincón de su mente. Se sumerge en la conversación de su entorno: Fugaku explicando qué esperan debatir en la próxima reunión del clan; Itachi comentando brevemente su día; Mikoto hablando satisfecha de los planes que tiene de cara a la semana.

- Me he encontrado con Sakura-chan - dice de pronto su madre y los palillos de Sasuke quedan colgando a mitad de bocado - a la salida de la torre Hokage. La he invitado a casa a tomar el té la semana que viene. El día que tengas libre, ¿qué te parece?

¿Que qué me parece? Una idea de mierda, madre, una plan peligroso, una ridiculez, un whatthefuck con todas las letras

Pero Mikoto le sonríe como si fuera lo más lógico del mundo y su padre le mira esperando una respuesta e Itachi, Itachi le contempla con los párpados caídos y un sincero bueno, aquí vamos otra vez.

- Está bien.

Espera poder librarse del encuentro.

Y al tiempo no puede esperar a que llegue.


Ley universal de la atracción

The devil's right there, right there in the details
And you don't wanna hurt yourself, hurt yourself
Looking too closely

Looking too closely, Fink

Hay una verdad universal que establece que hay hombres de tetas y hombres de culos. Es un división del mundo que se retrotrae al inicio de los tiempos, que atraviesa generaciones y que a veces se traduce en debates acalorados entre botellas de cervezas, en los onsen, o en las charlas entre shinobis a la luz de la hoguera después de completar una misión. Y aunque siempre hay gente más vocal que otra defendiendo su postura, es difícil mantenerse al margen de semejante discusión y terminas confensando tus intereses o aprendiendo sin querer, los de tus compañeros.

En Konoha, por ejemplo, todo el mundo sabe que Naruto, Kiba, y Shisui son de tetas, y en los tres casos, preferiblemente grandes y llenas; y por el contrario gente como Sai, Neji y, para sorpresa de la población en general, el mismísimo Itachi Uchiha, son de culos. Es en lo primero en que se fijan, aunque luego cado uno tenga sus preferiencias: grandes, pequeños, respingones, o caídos, prietos o blandos. Ahí no se meten, cada uno tiene sus gustos. Es una mera cuesitón de atracción inicial. Y a parte de ellos, claro, siempre están las excepciones. Los raritos, como dice Naruto. A Yamato le entusiasman las mujeres de pelo rizado y Kakashi, declaró un día desapasionadamente pero con firmeza, es de piernas. Piernas largas como una semana, torneadas y seductoras; piernas que puede recorrer con la mirada y luego con la mano y luego bajarse la máscara y besar con infinita paciencia.

Y luego, claro, luego está Sasuke. Que, como en casi todo lo que le afecta en la vida, se sale de lo estándar. Porque Sasuke es, curiosamente, un hombre de clavículas.

No sabe de dónde viene. Por qué le gustan. Qué motivo oscuro en su mente hace que le vuelva loco besarlas y acariciarlas con la nariz, pero no puede evitar que sea lo primero en que se fije en una mujer. La forma, la inclinación, cuánto sobresalen, si llegan hasta el final del hombro o se detiene, si marcan las líneas del cuello, si hacen un hueco ahí donde se juntan con el trapecio. Así, las clavículas de Akira no son nada de otro mundo. Las Ino están bastante bien. Pero las de Sakura. Oh, las de Sakura.

Sasuke se había olvidado de lo perfectas que eran.

No puede dejar de mirarlas. En el nuevo Ichiraku's, sentados en la barra, Sakura parlotea a su lado y el Uchiha tiene que hacer un verdadero esfuerzo porque sus ojos no se queden fijos en cómo se asoman entre el escote en pico de la blusa roja. Más doradas que nunca, salpicadas de lunares.

- ¿Todo bien, Sasuke? Te noto más callado de lo normal, si es posible.

En su tono habitual, Kakashi a su lado le pregunta sin mirarle.

- Tch. - Sale con una buena excusa - Hacen demasiado ruido.

Se ríe suavemente bajo la máscara. Entiende a lo que se refiere.

Y es que Sakura y Naruto han iniciado una competición de haber quién habla más y más rápido. Las preguntas salen disparadas a la velocidad de la luz, y las respuestas se superponen sin orden ni concierto, creando un caos que solo ellos pueden entender.

Ha empezado Sakura, dispuesta a aprender todo sobre la boda en cuestión de 3 minutos.

¡Naruto! ¿Ya lo tenéis todo preparado? ¿Estáis nerviosos? Espero que no estéis muy nerviosos, he tenido varios pacientes que a veces on este tipo de eventos se olvidan de comer y dormir bien y terminan desmayándose el día de la boda. ¡No queremos que pase eso! ¿Y ya tienes le traje? ¿Va a ser tradicioal o moderno? Me parece genial que hagáis las dos cosas ¿Y Hinata? Bueno, claro el de Hinata no lo puedes saber porque es la novia, pero seguro que va guapísima. ¿Y al final cuánto invitados vamos a ser?¿Tantos? Te llevará un buen rato saludarlos a todos ¿Os vais de luna de miel al final? ¿Dónde? ¡Mis padres fueron a la Ola también cuando se casaron! Nunca he estado, pero he oído que es maravillosa. ¿Cuánto tiempo? ¡Fantástico! Suficiente para relajaros del estrés de esos días…

Y Naruto. Naruto quería averiguar todo de Sakura.

¡Saaaaaaaakura-chan! ¡Qué bieeeen verte! Por fin estamos todo el equipo 7, ¡hace dos años de esto! Hay que celebrar ¿has probado el nuevo tipo de ramen? Teichu-san, ponle el nuevo ramen a Sakura-chan, ¡yo invito! Ahora que soy jounin puedo invitar. ¿Qué tal en suna? ¿Sí? ¿Cómo terminó aquello de los muñecos? Ah, sí, eso, marionetas. ¿No me digas? ¿En Té? ¡Claro que lo hiciste genial, eres la mejor, Sakura-chan! ¿Y qué tal Gaara, y los demás? ¿cuándo llegan?, ¿el sábado?, ¿sabes si tienen el domingo libre? Supongo que durante la semana tendrán que hacer cosas de kages y política y esas cosas! ¿Cómo va el hospital! ¡Genial! ¿Has visitado a Tsunade ya? ¿Y tu padre? ¿Está bien, verdad? ¡Yo le vi hace dos semanas y parecía bien! Siempre me pregunta pro ti y luego me invita a dango aunque ya sabes que a mí no me gusta mucho el dango pero el hombre parece feliz cuando me lo ofrece y hace esos chistes horribles, menos mal que tú no has heredeado su humor y…

- Pero es como los viejos tiempos, ¿no?

Sasuke le tiene que dar la razón a su sonriente ex-sensei, que parece disfrutar de la escena. Yamato y Sai también están ahí, observando al par de amigos chismorreando con una sonrisa educada, probablemente preguntándose si pueden entenderse, si van a coger aire alguna vez, si Naruto puede gritar más o si Sakura siempre ha sonreído tan bonito.

Bueno, quizá eso solo se lo pregunta Sasuke, pero lo cierto es que él también se siente cómodo. Todo en Ichaiakus es cálido ese día de primavera y Sasuke se encuentra a sí mismo dilatando terminarse el plato de ramen y marcharse a prepararse para la misión de esta noche. Le gusta estar ahí, con su hombro casi rozando el de Sakura, su olor a lavanda mezclado con todos los otros aromas de konoha. Es una rutina conocida que le da esperanza y le reconforta. Es como volver a casa después de un misión mala y larga en algún lugar frío. naruto y Sakura irradian luz y ellos 4, acostumbrados a vivir en las sombras, no pueden evitar sentirse atraídos hacia ella.

Sakura aprovecha que Naruto está pidiendo un nuevo bol de ramen para involucrar a Sai en la conversación:

- Sai, ¿tú qué tal estás?, ¿te trata bien la Cerda?

Y Sai, en fin, siendo Sai, le responde con su extraña sonrisa que sus relaciones sentimentales van bien, Fea; y que el trabajo está bien, tiene muchas misiones pero no está cansado; que ayuda a Ino en la floristería desde que su madre se rompió el brazo y que cuándo va a pasar a verla.

- Hemos quedado mañana.

Sai parece satisfecho con la respuesta y le deja caer que Ino tiene muchas ganas de hablar con ella porque:

- Se pondrá contenta. Quiere que le cuentes todo sobre cómo es Kankuro-san durante el coito.

Uh-oh.

Naruto se gira hacia Sakura a la velocidad de la luz, los ojos abiertos como platos. Sasuke cree que no ha oído bien. No puede haber oído bien, ¿verdad? El zumbido amable, la burbuja de felicidad ha desaparecido y se hace el silencio, todas las miradas fijas esperando la reacción de Sakura. El rubio se encoge levemente y se retira de la barra, inclinando el cuerpo hacia atrás para ponerse a salvo. Sasuke se hace a un lado ligeramente, esquivando con antelación el movimiento que acompañe al puñetazo de Sakura. Hacen todos mentalmente apuestas de cómo será el golpe: si sacará directamente a Sai fuera del puesto de comida; si, por el contrario, le hundirá en el suelo; si irá al pecho, al abdomen o a la cara. Sea como sea, Sasuke cree que se lo merece, por ir esparciendo semejantes insidias de su pelirrosa favorita. Así aprenderá.

Lo que pasa es que el golpe no llega.

En cambio, lo que le llega es el frufrú del pelo de Sakura cuando agacha la cabeza, sus mejillas rojas haciendo juego con su ropa y dice muy bajito:

- Esas cosas son muy íntimas y no deberías comentarlas en voz alta, Sai.

Sasuke siente que el puñetazo se lo ha llevado él a la altura de la garganta. Dirige su mirada a su excompañera de equipo, que tiene en los labios una sonrisa tímida y ha bajado los dedos hasta el ribete de su falda, que toquitea nerviosa. Y Sai, siempre comprometido con su misión de generar pequeñas guerras civiles allí donde pisa, comenta alegremente:

- Entonces daré por supuesto que tus relaciones sexuales con él son plenamente satisfactorias. ¿Cuál es vuestra postura favorita?

Agua.

Un vaso de agua. Sasuke necesita agua para poder seguir respirando. O sake. Sí, mejor sake. Una fuente entera.

Juraría que oye a Kakashi respirar con cansacio a su lado. Yamato, por su parte, acude al rescate de Sakura con una sonrisa amable cargada de buenas intenciones y sana curiosidad:

- Sai, Sakura tiene razón: no preguntes esas cosas - y añade con tono ligero - ¿Así que lo que dicen los rumores es verdad, Sakura?, ¿estás saliendo con Kankuro-san?

Rumores. ¿Qué rumores? ¿Por qué Sauske no sabía nada de estos rumores?De repente una parte de su mente se ilumina, y recuerda una conversación que oyó una noche saliendo del cuartel ANBU, dos colegas teorizando sobre el color del pelo que cubría ciertas partes de la anatomía Sakura y el "bastardo afortunado" que podía saborearlas. Había ignorando la falta de respeto hacia su ex compañera de amigos como tantas otras veces, sin darle demasiadas vueltas a quién sería el perdedor con el que Sakura estaba durmiendo ahora. Porque Sakura, por supuesto, podía hacer lo que quisiera con su cuerpo, faltaría más. Siempre y cuando fueran peor que él, por supuesto. Lo que no era muy difícil, siendo Uchiha y ninja de élite. Pero, ¿perdón? ¿Kankuro? ¿El bastardo en cuestión era Kankuro y no un shinobi anónimo que podía amedrentar y vencer cuándo y cómo quisiera? ¿El jodido hermano del Kazekage? ¿Un tipo que había sido jounin con 16 años, jefe de espionaje de Suna con 19, consejero de estrategia militar de la Alianza Shinobi junto con Shikaku Nara a los 21? ¿Ese Kankuro era el novio de Sakura? ¿Cómo coño va a competir él con eso? Aprieta los palillos con una fuerza inusitada y desea con todas sus fuerzas tenerlo delante para clavárselos en los ojos.

- Sí. Llevamos ya varios meses juntos. - Lo dice con una sonrisa suave. Meses. Se vuelve alternativamente hacia Naruto y Sasuke, con los ojos verdes abiertos y parpadeando rápido. - ¡Siento mucho que os hayáis tenido que enterar así! Os lo iba a decir después de comer… quería contároslo en persona, aunque a lo mejor ya lo sabías…. - se ríe nerviosa - tengo la sensación de que lo sabía ya todo Konoha.

Naruto parece salir del trance que le ha provocado la nueva información sobre el estado sentimental de Sakura y se gira completamente hacia ella, boquiabierto. Hay pocas cosas que le hagan abandonar el ramen pero esto parece ser una de ellas.

- Pero, ¡Sakura-chan! Nunca habría pensando que… no sabía que vosotros... ¿Kankuro? ¿en serio? - se queda pensativo, con los ojos entrecerrados - ¿desde cuándo?, ¿cuándo fuimos estabais ya juntos? Se os veía con confianza pero no tanto…

De no haber estado sentado entre Kakashi y Sakura, Sasuke se harbía perdido la mirada significativa que han compartido. O sea, que Kakashi lo sabía. ¡El muy traidor! Lo sabía y no ha dicho nada. Siente el deseo irrefrenable de coger el bol de ramen y estampanarlo contra la pared con todas sus fuerzas. Por supuesto no dice nada cuando Naruto le llama ¡Sasuke, teme, di algo! Está en shock.

- No, no. ¡Pasó después! Unos meses después… cuando estabais era… estábamos conociéndonos.

"Conociéndonos" dice. Sasuke sabe lo que eso significa. Durante un instante piensa en los labios suaves y rellenos de Sakura juntándose con los de otro hombre, un hombre mejor que él y la rabia le ahoga como una enfermedad.

- Bueno… se te ve contenta, Sakura-chan - Naruto la observa con ojo clínico - ¿te trata bien? ¿te cuida? Si te hace algo malo me lo dirás, ¿verdad? Nosotros te protegeremos, ¿a que sí, sensei? ¿Sai? ¿Sasuke?

Por primera vez desde que se han sentado a comer, Sasuke mira a Sakura. La mira de verdad, no a trozos (clavícula, nariz, boca) y tiene que admitir que Naruto tiene razón. Se la ve realmente contenta. Feliz. Brilla con su piel ligeramente morena, una sonrisa de diamante, y los ojos teñidos de un amor que le resultan dagas cuando dice:

- No creo que tengas que preocuparte. Me trata muy bien. Y me cuida mucho. Hace siempre el desayuno, y la cena… en general cocina él, dice que mejor yo me dedique a hacer venenos, ¿os lo podéis creer? Y me lleva la comida cuando he tenido una cirujía y me riñe si no duermo suficiente… - la voz de Sakura se sumerje en piscinas de recuerdos, ignorante de que a su lado las costillas de Sasuke colapsan en un vórtice vacío allí donde antes estaba el corazón. - De hecho va aprovechar la visita para conocer a mi padre. ¡Estoy un poco nerviosa!

Los desayunos. Eso significa que se despiertan juntos. A menudo. Casi como si fuera una costumbre. Lo que significa que duermen juntos. Y si duermen juntos, Sasuke no va a ser tan inocente de creer que lo hacen de manera casta y honesta porque nadie que duerma con Sakura puede hacerlo sin desearla, de ningún modo. Quiere vomitar. Le riñe si no duerme. Sakura no ha dejado que nadie que no fuera Tsunade le riña sin pelear desde que tienen 13 años, así que el grado de confianza es alto. La garganta está cada vez más seca. Conocer a su padre. Kazashi. Para Sakura es la persona más importante del mundo y no va a llevar a cualquier a conocerlo. O sea que es algo serio, o sea que Kankuro no es un ligue más, o sea que puede que haya sentimientos profundos y reales y durareros. Quiero morirse ahí mismo porque todo lo que ha dicho Sakura transpira intimidad y parece estable y definitivo, como si… Sasuke no quiere pensarlo. Los celos le reptan por la piel como una maldición. Le empiezan a temblar las manos y los hombros.

- Eso suena muy oficial, Sakura.

Kakashi lo dice con curiosidad, con cuidado y con cariño. Sakura se vuelve hacia él e intercambian una mirada bastante larga. Le está pidiendo su bendición y él se la da cuando su ojo se arquea en una sonrisa que se refleja en los labios de la médico.

- Me tomé en serio tu consejo, Kakashi.

Nadie sabe de que consejo hablan pero Kakashi parece entenderlo porque asiente. Naruto tartamudea ¿qué clase de consejo? Kakashi-sensei, ¿no le habrás contado uno de tus trucos de depravado a Sakura? y a continuación algo de pervertidos de las marionetas y respetar a Sakura-chan y Sai le da palmaditas de ánimo en la espalda con una de sus expresiones crípticas.

Yamato, aparentemente ajeno a todo esto, propone un brindis y sugiere que en cuanto Kankuro llegue a la ciudad, se vuelvan a reunir todos a cenar.

- ¡Podríais traer también a Hinata y Akira!

Lo que hacía falta. Sasuke no necesita oír más. Le quema respirar. Se pone de pie de golpe y desliza con brusquedad el dinero sobre la barra. Es más que suficiente para pagar la comida de todos los presentes.

- Tengo que prepararme para la misión de sesta noche.

Y se marcha como una tormenta sin decir más.

Le acompaña la desconocida y alienígena sensación de querer echarse a llorar.


Lenguaje Secreto entre las Flores

Ya no sé qué va a ser de mi
Pero sé que hoy me despido de ti

Yo invito, Amaia

- Sai me contó lo que pasó anoche.

Frente a ella, Sakura no quita la mirada del ramo que está atando y hace un lazo de cinta naranja con maña. Si levantara la cara, Ino vería los labios fruncidos y el mohín de hartazgo en los ojos verdes.

- Y Shino me dijo que te encontraste con la parejita feliz.

Sakura coge las tijeras de encima de la mesa y no dice nada. Ino rueda los ojos.

- ¡Venga ya, Frentona! No puedes seguir enfadada conmigo. Ya te expliqué que no te había dicho nada porque no queríamos entrometernos. La dinámica del equipo 7 es bastante rara, tienes que admitirlo.

Le responde un bufido de incredulidad. Algo es algo.

- La primera vez en tu vida en que no te entrometes en nada, Cerda, y tiene que ser esto.

Ino entiende que Sakura siga enfadada, o al menos que finja que sigue enfada - le delata ese Cerda que suelta -del mismo modo que entiende que no tenga ganas de hablar sobre el ataque de celos de Sasuke ayer (reaccionó de una manera muy violenta, le había dicho Sai al llegar a casa, cuando pregunté por la calidad y frecuencia de los coitos de Sakura) y que aún no tenga muy claro cómo reaccionar si te encuentras, de pronto y sin avisar, al que había sido hasta hace no mucho el amor de tu vida con su nueva prometida.

- Anda, desenfádate. Tu malhumor va a poner esas violetas mustias.

Están la trastienda de la floristería, adelantando trabajo para tener a tiempo 376 ramos que van a decorarar la boda de Hinata y Naruto. Ino ha reclutado a Sakura para echarle una mano "luego ya nos vamos a la peluquería a que te arreglen ese desastre que tienes en la cabeza, Frentona".

Acababa de entrar por la puerta y frunció el ceño.

- ¿Qué le pasa a mi pelo?

- Qué no le pasa a tu pelo, querrás decir. ¿Cuándo fue la última vez que te arreglaste las puntas? Y no me hagas hablar de tu manicura. - Sakura se dejó caer en la silla frente a ell diciendo algo como "si llego a saber que es para esto no vengo, Ino"· - Ahora ayúdame con esto o no terminaré en la vida.

Los Yamanaka siempre han creído que Sakura podría haber sido una buena florista, con sus manos pequeñas y delicadas, y sus fuerza bruta para luchar contra los tallos más endemoniados. Ino, sin embargo, siempre supo que esa fuerza bruta era solo el resultado de una determinación férrea y Sakura no ha nacido tanto como para componer ramos de flores como para hacer que crezcan en los lugares más insospechados.

- Porque igualmente - ahueca uno de los ramos que decorarán el altar - ¿qué más da si lo sabes o no? Es un matrimonio arreglado. Y se casan en más de un año. No van a durar. Y para cuando rompan tú ya estarás aquí de vuelta y Sasuke por fin verá todo lo que vales y los Uchiha no pondrán pegas siendo la mandamás del hospital y todo eso.

Sakura eleva la mirada hacia su amiga y ladea ligeramente la cabeza. Le gusta la canción que suena en la radio.

- ¿Qué quieres decir con eso?

La rubia se quita con la palma de la mano un poco de tierra que tiene en la cara.

- Que no tienes que preocuparte por eso, Frentona. Te conozco y seguro que le estás dando mil vueltas: Sasuke-kun arriba, Sasuke-kun para abajo; Akira tal, Akira cual… etc. Lo mejor es que disfrutes tu rollete con el hermano del Kage mientras dure y ya nos ocuparemos de que el idiota de tu compañero de equipo cuando vuelvas.

Sakura parpadea un rato antes de hablar, pas´ándose la lengua por los labios. Hace rato que se le pasó el enfado, pero ahora empieza a molestarle otra cosa.

- Ino.

- ¿Qué pasa? -agarra una flor que está un poco mellada y la descarta.

- Ino. No… no es así. Con Kankuro. No es un rollete. Es… algo más.

Algo mejor. Más fuerte. Más real.

Verde hoja y azul eléctrico, los pares de ojos más famosos de las kuonichis de Konoha se encuentran en el aire sobre una mesa llena de tulipanes blancos.

- Define "algo más"

La mira como si derramara algo líquido y agradable sobre su rostro. Una sonrisa crepita hasta la nariz y hace eso que hace de arrugarla cuando está un poco su respuesta con un suave un mmm.

- Le quiero - dice simple y llanamente, todos los secretos del universo recogidos en dos palabras. - Y él me quiere a mí, Cerda. Me quiere de verdad.

Con toda mi alma y con toda la suya.

A pesar de que todo el mundo que les ha visto juntos afirma que son adorables, a Ino le cuesta imaginarse a Sakura feliz con uno de esos shinobis de Suna, soberbios y antipáticos, pero es tal la honestidad y la pureza de sus palabras que no se atreve ni siquiera a cuestionarlas. Sakura se ha pasados la vida dando sonrisas a sus amigos, a su equipo, a su familia, pero ninguna sonrisa es como esta; una que brilla tanto que le da miedo que la pierda porque cuando la usa su cara parece que se va a partir en dos. E Ino solo reza que esta vez, por favor, su amiga haya puesto el corazón en un sitio donde no le vayan a hacer daño.

- ¿Y Sasuke? Le viste ayer y antes de ayer, ¿no? Con su super-prometida.

Intenta decirlo con retintín y empatía como si al decirlo así dijera: adelante, puedes insultarla delante de mí sin problemas. Pero Sakura en dos años ha crecido lo que a mucha gente le lleva una vida y se encoge de hombros, los dedos jugando con los tallos descartados de unas flores.

- Se va a casar con otra, Ino. Es hora de pasar página del todo.

Hubo un tiempo en que habría escalado montañas nubladas, cruzado glacieres descalza, atrevesado océanos violentos a nado para estar al lado de Sasuke. Hermoso y innecesible, convencida de que en la otra orilla recaía el paraíso y de que el amor por el que se sufría valía el doble que los demás. Pero ahora se conforma con observarlo desde la distancia, desde el lugar de seguro. Agarrada de la mano de Kankuro.

- ¿Hablarás con él?

- ¿Hablar? ¿Sobre qué?

- ¿Sobre qué va a ser? Sobre vosotros. - inclina la cabeza y estira una mano. Enlaza los dedos con los de Sakura y le da un apretón suave - Tenéis que tener un cierre para seguir adelante.

Sakura asiente, poco convencida. Ojalá fuera fácil hablar con Sasuke, pero no lo es. Nunca lo es. Tendrá que buscar el momento para que no salga corriendo y en el que ella no vuelque demasiado su rencor. En la radio suena una canción que habla de un corazón roto e Ino se niega a que permee en las emociones de su mejor amiga, así que cambia de tema. Se inclina sobre la mesa y mira para los lados antes de hablar, comprobando que están solas. Le acompaña un sonrisa pícara.

- Así que, Frentona… ¿tan bueno es en la cama para que te haya hecho olvidar a Sasuke oh-qué-guapo-es-Cerda-por-dios Uchiha?

E Ino ve algo en la cara de Sakura que no se parece a la vergüenza que espera encontrar y que hace que eleve las cejas casi hasta la línea del pelo, una sonrisa pícara dibujándose en su cara.

- ¿Tanto?

(Un susurro, casi: Ay, Ino, si tú supieras…)


Heavy words are hard to take

Heavy words are hard to take,
Under pressure, precious things can break

Please don't say you love me, Gabrielle Alpin

Kankuro se parece mucho a su padre, o eso le dicen. Desde que era pequeño y le paraban las viejas por la calle: ¿El hijo de Rasa-sama, no? Eres igualito que él. Señalaban los ojos, rasgados y pequeños. Le removían el pelo, diferente color pero mismo aspecto de erizo eléctrico. De su abuelo materno la nariz y la forma de la cara, eso decían. Del cuarto Kazekage heredó todo lo demás: la corpulencia, la altura, los hombros anchos. Incluso algo de la manera de caminar y el timbre, profundo, de voz. La pubertad había hecho más evidente el parecido y más difícil mirarse al espejo, así que sumadas a las capas de maquillaje, empezó a crear nuevas máscaras: a abandonar la pose regia en la que le habían insistido en caminar, a adquirir un tono de barrio bajo en lugar de la perfecta dicción en la que le habían educado institutrices y maestros. Era el esfuerzo consciente para dejar tras de sí a Rasa, el ninja formidable, la figura conflictiva que provocaba rebeliones y hacía temblar de miedo; el esposo que amó más a su aldea que a su mujer; el progenitor al que quiso al principio y odió al final. Un padre y un marido de mierda, se recuerda cada vez que alguien trae a colación el parecido, ¿quién querría ser como a él?

- Kankuro, llevas raro varios días, ¿qué te pasa? - Temari le pregunta desde el otro lado de la hoguera, el fuego hace que el rostro se le vea más anguloso - Le dedica una mirada socorrona antes de vacilarle - ¿Tanto echas de menos a tu novia?

Kankuro rueda los ojos antes de chasquear la lengua. Temari todavía tiene el espectro de una sonrisa en los labios cuando entorna los ojos, con seriedad. De su hermana comentan que tiene la cara y los ojos de una tía lejana que murió en una guerra con un niño en el vientre. Una referencia ominosa para una familia en la que el nacimiento y la muerte están integrados en el folklore de la genealogía. Nadie recuerda exactamente su nombre, pero todos hablan de lo guapa que era y de que tienen la misma postura voluptuosa, pechos y caderas llenas, aderezado todo con la arrogancia de su padre. Y la sonrisa, la sonrisa eso sí es exactamente igual de que la de su madre. Como si todas las luces del mundo se encendieran en ese momento y se expandiera por tus huesoss como una supernova. A Kankuro a veces le estremece el parecido y le parece una maldición que le lleva de nuevo a los días trubios de su infancia. No será hasta que, en poco más de un año y en ese día luminoso de finales de septiembre en que nacerá su sobrino, vea a Temari sostenerle en brazos, que se reconciliará con la idea de que no todos genes que les acompañan son malos.

- Pensaba en nuestro padre.

Es un silencio tenso el que sigue. La madera crepita bajo las llamas.

- ¿En nuestro padre?, ¿qué pasa con él?

La voz de Gaara suena profunda y deliberadamente lenta a su lado. Kankuro le mira de reojo recortado contra la entrada de la cueva donde pasan la noche en el camino a Konoha. Gaara se parece a todos y no se parece a nadie. Los ojos de una abuela que no conocieron, la marca de amor de una madre, el pelo del padre, el rostro del tío que murió para salvarle. El carácter roto en el que unos hermanos han volcado su cariño lo mejor que han podido.

Kankuro le da un mordisco al onigiri pensando en qué decir a continuación.

- Me pregunto si…. alguna vez quiso a mamá.

Temari le mira con el ceño y los labios fruncidos y Gaara se pone rígido momentáneamente, los nudillos apretando la tela de sus pantalones. Kankuro se recuesta sobre la pared de piedra, y juega distraídamente con la tierra sobre la que se sienta, cansado de sus propios pensamientos circulares.

- Supongo. Nunca les oí discutir y papá siempre estaba pendiente de mamá cuando estaba en casa. - Su hermana responde pragmática. - Quizá deberías preguntarle algún día a Baki, Kankuro. Él los conoció mejor.

Asiente distraídamente. Recorre los andenes fatigados de la memoria. Él jugando con prototipos de marionetas, viendo cómo podía desmontarlas y volver a montarlas. Temari aprendiendo a manejar el viento, revoloteando detrás de la falda de su madre. Su padre acariciando el vientre abultado que llevaba a Gaara, una sonrisa suave que se transformaba en una mueca amarga cuando giraba la cara.

Suspira y las llamas le calientan las mejillas.

- Es solo que cada vez me parezco más a él. No quiero parecerme a él. - tiene un bulto en la garganta y repite para aliviarlo - No quiero tener nada que ver con él.

Es solo que desde que Sakura comentó "si algún día nos casamos" no se le va de la cabeza. Es solo que con todo este lío de la boda no deja de pensar si eso es lo que quiere, si es algo apra lo que esté preparado. Es solo que de pronto recuerda que su novia está de vuelta a Konoha, y que en unos meses podría estar ahí para siempre, olvidándose de que una vez se quisieron y se prometieron el sol y la luna. Es solo que al tiempo va a ir a conocer al padre de Sakura, y a sus amigos, y todo se acelera y siente cierto nivel de pánico al que no está acostumbrado. Es solo que si algún día se arrodilla y saca un anillo y se casan y tienen niños no tiene ni idea de cómo hacer todo eso porque su único ejemplo es el de una madre muerta y un padre asesino.

Es solo que, Kankuro, que se ha pasado una vida entera huyendo del compromiso y cubriendo sus inseguridades con fanforronería, se encuentra asustado la velocidad que alcanzan las cosas con ella, la naturalidad con la que todo cae en su sitio.

A veces quiere huir lo más lejos posible y a veces quiere quedarse acurrucado en su hombro.

Temari y Gaara se comunican entre ellos sin pronunciar palabra, intercambian miradas y gestos discretos. Parece que ya habían hablado del tema.

- Kankuro - su hermana habla sin titubear, mirándole a los ojos directamente como la primera vez en que mató a alaugien y no sabía que hacer para quitárse la sangre - no eres como papá. De hecho, eres diametralmente opuesto a papá.

Como la noche y el día.

- No tengo un buen recuerdo de nuestro padre, Kankuro. Pero… - Gaara tiene el rostro girado hacia las sombras que dibuja el fuego, pero hay algo magnético en su voz profunda, Reconoce kankuro, algo que te atrapa y hace que le escuches, envuelto en sus manos de arena - siempre he tenido buenos recuedos contigo. Cuando éramos niños, incluso. Siempre es esforzarte porque fuera por el buen camino y formara parte de la familia. Has cuidado de mí y de Temari y de la aldea y nunca nos has pedido nada nada a cambio. No te pareces en nada a él. - Y luego añade con una sonrisa de disculpa - Más allá de lo físico.

Las fotos no engañan, el espejo no engaña, la pintura en la cara enmascara lo que puede enmascarar pero todo sigue, ahí debajo de las líneas moradas. "Te veo y veo a Rasa", le dijo un día el mismo Raikage. "Estaría orgulloso. Eres un buen shinobi." Le dieron escalofríos. ¿Tan difícil era huir de él? ¿Lo vería todo el mundo? ¿Lo vería, también, Sakura? ¿Se llegaría a dar cuenta de la carga que le acompaña?

- Ella se parece también a mamá - dice Temari, leyéndole la mente y ya recostada en el suelo para dormir. El nombre de Sakura flota sobre ellos - pero no estáis condenados a repetir la misma historia.

Los ninjas de la Arena no creen en supersticiones, pero Kankuro no puede negar que wn la sangre que recorre por sus venas nada la muerte, la condena, el egoísmo. Arrastra con él maldiciones y no tiene más compás moral que el de hacer lo contrario de lo que vio antes. Gaara le pone una mano en el hombro.

- No dejaremos que pase.

Kankuro mira a sus hermanos y siente cierta calma en el corazón, pero la tormenta sigue ahí incluso cuandos se duermen y él piensa que aún le quedan unas horas para besar el pelo suave de Sakura, sostenerla en los brazos y pasear a su lado.

¿Sería algún día el hombre que se merece? ¿le perdonaría sus errores?

Kankuro se parece mucho a su padre, dicen.

Y eso le aterra.


This is the murmur of the land

When you can't take it
You don't swallow your pain
Been around once
It'll be around again

Feel Real, Deptford Goth

Lo peor de Naruto es que siempre consigue lo que quiere. Nadie tiene claro cómo ni cuándo ni por qué, pero si se le mete algo entre ceja y decide que así es como tienen que ir las cosas, ya puede resucitar el mismo Madara Uchiha que el Uzumaki se transformará en un semidios para darle una paliza y que le deje en paz. Por eso cualquier persona medianamente sensata sabe que hay batallas que no merece la pena luchar contra él, y simplemente hay que dejarse llevar por cualquiera que sea su idea loca en ese momento.

Cualquier persona sensata no es, por supuesto, Sasuke Uchiha.

- Naruto, no seas gilipollas y déjeme en paz. Quiero dormir.

Ha entrado por la ventana de su habitación y está tirando de su tobillo para sacarle de la cama.

- Sasuke, ¡ya es de día! ¡Es el mejor momento para entrenar!

De día: el reloj de la mesita marca las 06:46. Llegó hace exactamente 6 horas de una misión y está reventado.

- No.

- ¡Pero, Sasuke, me iré de luna de miel y no podremos entrenar durante semanas!

- Mejor para mí. Ahora, necesito dormir, o…o…

- ¿O qué?

Agh. Aún con los ojos cerrados puede ver que Naruto está sonriende con suficiencia. Está demasiado cansado como para er ocurrente.

- O haré que te pierdas tu despedida de soltero.

Le mria con verdero horror, como si no se creyera sus palabras.

- No serás capaz, cabrón. ¡En serio cómo podrías hacerm..!

Ploc.

Se giran los dos hacia el sondio de la puerta abriçéndose de pronto. Con un solo ojo abierto, Sasuke ve a su hermano sin camiseta y el pelo suelto y cara de sueño mirándoles desde el dintel.

- Sasuke, vete con Naruto o dejad de hacer escádnolo. - Gira hacia el rubio y suspira - Naruto, por favor, para futuras referencias ten en cuenta que en esta casa vive más gente que quiere dormir antes de entrar a horas intempestivas.

Entre las peores ideas que pueda tener uno en Konoha está llevarle la contraria a la Hokage, intentar lanzarle un palo a uno de los perros de los Inuzuka, y despertar a un especialista en genjutsu que podría hacerte arder en las llamas del infierno en 10 segundos. Los ojos de Naruto se achican con miedo antes de volverse con una sonrisa triunfal hacia Sasuke, que intenta taparse la cara con las sábanas.

- ¡Ya has oído a tu hermano! ¿Vamos?

Efectivamente, no hay manera de batallar con Naruto, pero Sasuke encuentra cierto consuelo cuando ve que no es el único que ha fracasado intentando hacerle cambiar de idea. Sakura les espera en el puente de siempre con los brazos cruzados sobre el pecho, el piez izquierdo repiqueteando inssitentemente el suelo, y cara de pocos amigos.

Es un consuelo efímero porque ¿quién querría interectar con una Haruno cabreada, recién despertada y a la que no tiene ningún interés en ver dado que la mera idea de que esté con otro hombre le produce auténtica urticaria? La mira y decide empezar una conversación antes de que, a saber, aparezca su novia o él se entero de que no solo está con Kankuro sino que además tienen un hijo secreto o algo así.

- ¿A ti también te ha despertado?

- A las 6:30 - bufa - Ha llamado a mi ventana como si tuviéramos 14 años y luego me ha dicho que iba a buscarte y que fuera cogiendo comida para llevar en algún sitio - Sakura enseña las dos bolsas de comida que lleva en las manos - ¿A ti te parece normal?

Es extraño, pero Sasuke echaba de menos sonreír. Sakura consigue que lo haga casi de inmediato.

- Venga no os quejéis - Naruto grita primero unos metros por delante de ellos y luego, tras un par de saltos atléticos, por detrás y les junta en un abrazo hasta que chocan los homrbos. Los dos tragan ante el conacto. - ¡Será divertido! ¡El equipo 7 entrenando de nuevo!

Lo peor de Naruto es, también, que suele tener razón. Y eso sí que es misterio. Para una persona permanentemente aturdida como él y profundamente obtusa en lo que se refería a cuestiones más o menos abstractas, era sorprendete su capacidad para predecir exactamente como iban a salir las cosas por pura cabezonería e intuición.

El entrenamiento estaba siendo, sin duda, divertido.

A pesar de que hace años que Sakura no entrena con ellos, tardan poco en recuperar la sincronía. Trae consigue técnicas de viento, y Sasuke observa con el sharingan cómo las aplica mezclándolas su propio control del chakra. Desde el punto de vista técnico es una combinación muy interesante que merece toda su atención y, desde el punto de vista emocional es lo más sexy que ha visto nunca y necesita mandarlo al fondo de su mente cuanto antes. Sakura tensa y destensa su cuerpo, recupera la posición de ataque, se mancha la cara y una gota de sudor cae desde el cuello hasta el la zona que se hunden entre las clavículas. Es hiptnotizante y frustrante y le lleva durante unos instantes al límite de la locura, pero en cuanto consigue concentrarse únicamente en el ejercicio, katano en mano y ojos granates, es reconfotante volver a estar con ellos. Los tres juntos: Sakura gritándole idiota a Naruto mientras esquivaba los golpes del moreno, Sasuke intentando luchar contra uno de los 40 clones de Naruto; Naruto intentando descifrar la estrategia de ataque había planeado la cabecita rosa de su compañera y quejándose, porque siempre, siempre se queja:

- ¡Eh, estáis siendo muy flojos conmigo hoy!

Comparten una mirada y ninguno de los dos menciona el acuerdo tácito al que llegan Uchiha y Haruno de no herir a Naruto porque "no podemos romperle ningún un hueso a una semana de la boda, Sasuke". La sonrisa con la que se lo ha dicho le ha pillado de sorpresa.

Es uno de esos días en que Sasuke cambiaría gratamente su apellido por ser un shinobi anónimo que disfruta de su equipo. Lo dejaría todo: ANBU por el equipo Kakashi, su familia por sujetar la mano de Sakura, el distrito Uchiha por acampar con ellos bajo las estrellas. Jamás reconocerá que Naruto tiene razón cuando dice que juntos están mucho mejor, pero todo su cuerpo se relaja cuando les ve a los dos, hablando a gritos y riéndose entre ellos bajo el cielo entreverado de nubes de primavera. Como si no hubiera pasado el tiempo y todavía tuvieran oportunidades de enmedar sus errores.

Parece que el mundo de repente se ha desanudado y la cuerda de los días cayera lacia sobre el campo de entrenamiento número 13.

Al mediodía se refugian a comer en una claro del bosque sobre la ladera, cubierto por el follaje de las ramas, aves piando sobre ellos. Sakura se recuesta en un árbol, y antes de darle la comida a Naruto le recuerda que no hable con la boca llena y Sasuke dice "eso, idiota, estoy harto de verte la campanilla". Y aunque el bijuu intenta quejarse y resarcir su honor, es tarde porque Sakura y él comparten una sonrisa divertida y todo está exactamente donde tiene que estar en ese instante.

- Y tú, Sasuke, no te metas con Naruto. - fija sus ojos en él, advertiéndole - Quiero tener la comida tranquila.

Cansados, sudados, rasguñados, los tres se sienten en paz como hacia tiempo que no ocurría. El equipo 7 es eso, ese momento de explosicón y calma; el tornado y la brisa. Sakura deja que su cabeza repose sobre la corteza rugosa y aspira el aroma de las flores silvestres del bosque. En Suna huele a barro y paja, a especias y aceites, a polvo y a veces a un jabón en pastilla que utilizan para que se vaya la arena pegada de la ropa, pero nunca huele a flores.

Naruto anuncia a gritos que se va a hacer pis por ahí "detrás de un árbol" y Sasuke pone los ojos en blanco y Sakura cara de asco: ¡Ni se te ocurra hablar así delante de Hinata! pero ya no la oye y los dos, se quedan, por primera vez, solos.

No se mueve el viento y no se miran a los ojos.

Ella quiere decir algo como: ey, Sasuke, ¿por qué no me dijiste que te casabas? pero solo le sale: tienes un rasgaño aquí, ¿te curo?

Y él quiere decir: ¿por qué no me dijsite que te ibas ? pero solo responde: sí, gracias.

El chakra de Sakura es suave, piensa Sasuke, le entra por la fibras como una nana y se le escapa un suspiro de alivio cuando va reconstruyendo ligamentos, tendones y músculos. Casi puede oír a Sakura sonreír a esa distancia y él también deja que se le relaje la boca, levantándola levemente hacia arriba, y cuando la punta de sus dedos le cierra una cicatriz con una moción circular, resiste el impulso de imitar el gesto en los muslos desnudos de Sakura.

La última vez que estuvieron así, en esa quietud, los dos estudiaban para los exámenes en el jardín de detrás de la torre Hokage. Ella tenía que pasar uno para obtener una certificación para trabajar en el laboratorio con ciertos químicos explosivos y él otro para acceder ANBU. Tenían 18 años y se quedaron los dos dormidos bajo la sombra de un roble, los libros encima de ellos como una mariposa muerta. Sasuke recuerda que se despertaron con los dedos entrelazados y algunos mechones de Sakura rozándole la cara. Olía a su colonia favorita, de flores y frutos rojos. Ella se disculpó inmediatamente y separó la mano: mil perdones, Sasuke-kun.

Ahora Sakura ha cambiado de fragancia, es de limón y lavanda, percibe con cierto enfado, y ya no le llama Sasuke-kun y eso le molesta aún más.

– ¡Terminé! Todas las heridas están cerradas y no te he dejado cicatrices. Ya estás listos para otra tanda de taijutsu, Sasuke.

- kun - lo dice para sí, sin pensar.

- ¿Qué has dicho? - Los ojos verdes le miran con curiosidad Sasuke traga saliva. - No te he oído bien.

- Nada. - dice mientras se baja la camiseta y se levanta. Se aleja rápido, enfadado consigo mismo. - Olvídalo.

Las ramas crujen bajo sus pies cuando sale del claro donde se han refugiado y les sorprende el ulular suave del viento. Se ven nubes rojas en el horizonte y cuando Sakura llega a su lado, lanza una sonrisa.

- Probablemente lo único que es mejor en Suna que en Konoha es el cielo, pero esto no está mal.

Lo único no: al parecer hay un tipo en Suna que es mejor que yo, Sakura. Suspira y caminan en silencio. Tienen una lista de mil cosas que decirse, pero Sasuke opta por ir a lo fácil.

- ¿Qué tal allí?

- ¿En Suna?

- Sí.

Avanzan sobre la hierba hacia el centro del campo de entrenamiento. Se cruzan un par de conejos despistados.

- Muy bien - sonríe y le da una respuesta comodín, vaga y general-. Ha costado un poco y me he llevado un par de disgustos pero ahora ya está arreglado y realmente tengo un montón de planes para el hospital. Se paran y Sakura se hace sombra con las manos para ver en la lejanía - ¿Ves a Naruto por algún lado, Sasuke?

Sasuke-kun. Corrige, otra vez, en su mente.

- No, pero noto su chakra hacia el norte.

Cambian de rumbo. Sasuke finge que no odia el nombre que ha pornunciado Sakura.

- ¿Y tú, qué tal? ¿Sigues en ANBU, no? - la lanza una mirada de advertencia - Espero que no estés poniéndote en peligro de manera absurda.

Sakura, recuerda, no sabe que estuvo a punto de morir el verano pasado por un error de novato. Es mejor así.

- Estoy bien. No tienes que preocuparte. Sigo en ANBU. He ascendido.

Capitán de su propio escuadrón desde hace unos, meses, le explica. Ella le felicita y sonríe a contraluz, el vestido rojo y ls ojos achicados. A Sasuke le falla un poco el ritmo cardiaco.

- ¿Y la familia?, ¿el clan?

En las ocasiones en las que tenía que acudir a que Sakura le curara las heridas, a veces Sasuke confesaba. Con palabras cortas, con gestos de la cara, con la tensión en sus brazos le hablabla a Sakura de la imposible relación con los ancianos y con su padre. Sakura siempre había sido su constante, le había entendido y escuchado con paciencia durante años y era una de las muchas razones por las que siempre habá pensado que era ella y no otra la persona con la que pasaría el resto de su vida. Sería una pequeña traición no explicarle cuánto habían cambiado los cosas en los últimos meses.

- Mejor. Desde que Akira y yo… - la mira de reojo - estamos juntos la relación ha mejorado. No hay tanta presión y me dan más libertad. Tengo más peso en las reuniones.

Se quedan callados. Sakura parece que va a decir algo pero al final cierra la boca. El viento les mece el cabello cuando saltan sobre el tronco de un árbol caído.

P- arece una buena chica. Y es muy guapa.

Se refiere a Akira. No lo dice pero su nombre se queda colgando entre ellos como un liana y hay algo en la voz con la que lo dice, esa voz tan calmada, que hace que se enfade enormemente. Esta versión de Sakura que ha venido desde Suna, que controla sus emociones y parece tan profesional y segura de si misma le desconcierta. ¿Acaso no le molesta que hable de Akira como cuando ella habla de…. bueno, de ese? ¿No le hierve la sangre, no le pica la piel, no quiere arrastrarlo por un campo de minas y luego cuando ya no quede de él ni el polvo de sus huesos besarse hasta que cada parche de su cuerpo tengan marcado sus nombres y sus apellidos? ¿Acaso no había llorado por él con otras mujeres durante años? ¿Ahora simplemente le da igual? ¿Cuánto has cambiado, Sakura?

Sasuke hace una mueca que Sakura no ve y camina hacia las últimas líneas de árboles que delimitan los campos de entrenamiento. Tras ellos percibe el chakra vibrante y luminoso de Naruto y el de otras cuatro personas; genins, supone, uno de esos grupos de niños gritones que le siguen a todas partes. Acelera el paso, pero antes de entrar en la maleza y bajo la sombra de un cedro, la mano de Sakura le agarra del brazo y le obliga a detenerse.

El contacto es electrizante y va directamente a la parte baja de su vientre.

- Te mentí, antes. Sí que oí lo que dijiste. Dijiste - kun. - en su rostro hay seriedad y cierta angustia. Bajo esa luz las pestañas parecen más densas y hacen que el borde de los ojos de Sakura sea más oscurso que el interior. - Tienes que entender que… No puedo… no debo volver a llamarte Sasuke-kun. Es… - parece que le cuesta encontrar las palabras y a Sasuke el aire - Te vas a casar. No es apropiado. A Akira podría molestarle.

Las tres son unas razones buenísimas que no podrían importarle menos.

- Naruto te llama Sakura-chan.

Es una excusa de mierda y por ello piensa que se merece esa mirada cargada de especticismo. Sakura sigue siendo pequeña, pero ha ganado en aplomo lo suficiente como para hundir el suelo a su paso.

- Sabes que eso no es igual.

Preguntar por qué sería una tontería. No es igual, es evidente, porque Naruto y ella no tienen una historia de amor incompleta. Porque a pesar de la fijación infantil del rubio con la pelirrosa, siempre han sido y serán como hermanos: porque no está luchando, como él, con las ganas de besarla y abrazarla y no dejar que se vaya.

- Escucha, Sakura, puedes llamarme como quieras sin importar qué crean los dem-

Sasuke deja su frase a medias cuandooyen ruidos entre los árboles. Lo último que necesitan es a Naruto sacando conclusiones estúpidas de la escena, así que se separan un poco más y se vuelven los dos para encontrarse con la energía contagiosa del rubio.

Pero no es Naruto si no otra persona la que ven entre la vegetación y tan pronto se dan cuenta Sakura, se le ensanchan los ojos y se le ilumina la cara y chilla.

- ¡Pero ¿qué hacéis aquí?! ¡llegabais mañana!

Era la sonrisa que antes solo le dedicaba a él, pero ahora tiene el nombre del hombre que se acerca a zancadas hasta ellos. Muchos metros por detrás, ya en el borde del camino que lleva aldea, Sasuke ve a Gaara, Shikamaru, Naruto y Temari.

Kankuro se quita la capucha y profana con su presencia el sacrosanto espacio de entrenamiento.

La última barrera que les quedaba.

Es difícil, se da cuenta Sasuke cuando está a un par de metros de ellos, competir con semejante nivel de adoración en los ojos de alguien.

- Es que nos dijeron que había una damisela en apuros en Konoha y tuve que venir corriendo. Siempre comprometido con el bienestar ciudadano, ya sabes. - Kankuro no la mira: la venera, le está montando un templo con los ojos. Pasa de largo al lado del Uchiha - Es una de mis grandes virtudes.

Sasuke piensa que menudo gilipollas arrogante, pero Sakura se ríe y jura que nunca ha la oído reírse tan honestamente como en ese momento. Siente que sobra.

- ¿Una damisela en apuros?, ¿de pelo rosa, puede ser?

A Sakura siempre le han gustado ese tipo de conversaciones de toma y daca. Rápidas, irónicas, que le hagan gimnasia verbal y retar a su contrincante. Kankuro parece estar a la altura del combate.

- Encaja con la descripción.

- ¿Sabes que puede asesinarte de dos cientas maneras diferentes sin dejar rastro y partirte varios huesos de un golpe? - Sakura usa un tono juguetón y un poco seductor y otra vez, la envidia, los celos, el deseo brotan en la muy pura y aristócrata sangre de Sasuke - Así que… ¿seguro que la damisela en apuros no eras tú y venías buscando refugio?

La carcajada masculina rebota en los árboles y Kankuro la coge de un brazo, tirando hacia él hasta que quedan pecho contra pecho. "Cuánto te he echado de menos, pequeña" oye que dice y los ojos oscuros de Sasuke chocan contra el suelo, intrigadísimo de pronto con la punta de sus botas. Aprieta la empuñadora de uno de los kunais del bolsillo. El silencio le indica que es un beso largo y húmedo que se separa un poco y se convierte en otro. Así que hace esa cosa ridícula que hacen los padres y los guionistas en las películas de bajo presupuesto, lo de toser para recordar a la gente que está ahí. Que existe. Que ojalá se hubiera ido a algún lado.

Cuando nota que Sakura da dos pasos hacia atrás se atreve a levantar la mirada.

- Ay, ¡lo siento! - Sakura tiene una sonrisa bobalicona en el rostro y los labios un poco hinchados. En su cintura se enrosca la mano de Kankuro, posesiva - Bueno, creo que ya os conocéis pero os presento igualmente, por si acaso. Este es Sasuke Uchiha, mi… - tituteba - amigo y este es Kankuro de la Arena - y arrastra a la conversación una broma interna - mi ¿flamante? novio.

Sasuke siente que toda esa confianza entre los dos le está mareando. Kankuro frunce el ceño ante el comportamiento raro del Uchiha pero se le relaja el rostro al seguirle el juego a la pelirrosa:

- Por supuesto que soy flamante, Sakura.

Pronuncia Sakura como si ese nombre solo le perteneceria a él, como si fuera la única persona que lo ha pronunciado antes. Se recrea en la k y en la r, rueda por su boca y Sasuke lo odia y lo odia y lo odia aún más.

Extienden la mano. Se sostienen la mirada.

Sakura les lanza una sonrisa un poco tensa, animándoles.

Aprietan los dos con fuerza.

Sasuke a la izquierda, Kankuro a la derecha.

Sakura entre ellos.


NA/3

¡Hola! Muchas gracias de nuevo por vuestro apoyo. ¡Sois increíbles!

Este capítulo me tiene frustrada, ya no sólo por lo mal que va mi ordenador, sino porque n termina de enamorarme. Igualmente, he disfrutado muchísimo escribiendo el reencuentro entre Sakura y Sasuke así como la reunión en Ichirakus. También bastante el de Kankuro y sus hermanos.

Por cierto, ¿creeis que Kankuro se parece a su padre? Me he visto como 700 imágenes diferentes y a veces si y a veces no tanto, pero se echa un aire. Solo en la cuarta guerra shinobi el parecido de rasa es más cercano a Gaara, pero sigue recordando bastante a Kankuro.

Y Sakura, ¿realmente ha superado a Sasuke o no? Una cosa es decirlo y otra hacerlo.

En fin, ¡nos vemos en el próximo capítulo donde el triángulo amoroso va a estar más tenso que nunca!

Ya sabéis: likes, corazones, suscripciones, comentarios y recomendaciones son la gasolina de esta humilde escritora.

Un abrazo,

Rojocereza