Geometrías

(Triángulos, cuadriláteros y otras formas de enfrentarse al amor)

- Notas importantes al final del capítulo. -


Go on, I dare you.

All I've ever had are love songs
Singing oh-oh-oh
Go on, I dare you
I dare you, The XX

Cuando Tsunade decidió construir el gimnasio en el cuartel ANBU, convencida de que así se reducirían las lesiones y mejoraría la forma física de sus mejores shinobis, se encontró con la oposición de algunos de los miembros más veteranos dentro del cuerpo de las fuerzas especiales. En concreto, Itachi y Kakashi habían declarado a todo aquel que quisiera escucharles que era absolutamente innecesario abrirlo, y se mostraron personalmente ofendidos por la mera idea de no hacer abdominales y dominadas al aire libre, usando las ramas de los árboles de barras y el suelo de tierra como esterilla. Les llevó discusiones, debates, listas de pros y contras hasta que al final se impuso la sensatez de los demás ANBU que, para consuelo de la Hokage, lo consideran un avance positivo. Sasuke, por ejemplo, solo veía cosas buena en el cambio, porque por mucho que su hermano insistiera, no había nada edificante en el hecho de tener que entrenar a la intemperie expuesto a las inclemencias meteorológicas, ya fuera bajo la lluvia, el viento, o el calor sofocante. Y Shisui, por su parte, y siguiendo su línea de comportamiento menos Uchiha, no sólo estaba más que satisfecho con la posibilidad de hacer ejercicio físico cómodamente sino que agradecía también la oportunidad de socializar con otros compañeros, y charlar mientras hacia series de ejercicios de espalda o retarse a ver cuánto peso levantaba con las piernas. Le gustaba, por un rato, ser un shinobi más y dejar a un lado a sus familiares sombríos y callados.

A veces podía tener hasta conversaciones normales que no tenían que ver con estrategias de ataque ni la última tendencia en jutsus del País del Silencio.

- Dime, Yugao - Shisui se pasa una toalla por la cara, quitando el sudor y con los ojos fijos en un grupo de ANBU que han dejado al lado entrenamiento y se han juntado en corrillo junto a las cintas de correr - ¿a qué se debe el alboroto?

A poco más de un metro de él y dejando una pesa en el suelo, la mujer convoca una mirada divertida bajo la cortina de pelo morado.

- Están apostando.

- Ah. - Shisui pone cara de desinterés, la boca mustia y un leve chasquido de lengua - Ya sabes que paso de eso.

De los tres vicios que debe evitar un buen shinobi: alcohol, sexo y juego, Shisui solo es terminantemente estricto con el último. Y no es porque, como le gusta señalar con cierta frecuencia a Itachi para picarle, sea un tacaño, un agarrado y una persona poco generosa cuando se trata de cuestiones monetarias sino que, tal y como explica cuando semejantes acusaciones se vierten sobre su persona, uno es simplemente cuidadoso con sus finanzas y no, de verdad tía MIkoto, estoy bien con que en mi apartamento solo haya dos sillas y una mesa y, no, no necesito que me regales ropa, muchas gracias. Sí, ahora mismo coso este agujero.

Y además, y tal y como muestra su querida Hokage, apostar suele traer mala suerte y mala suerte es lo último que necesita un shinobi, sea del rango y habilidades que sea. "Es una cuestión de supervivencia, en efecto", se defiende Shisui cuando sus compañeros le atacan por no participar en las más que frecuentes y numerosas apuestas que circulan por los rangos ninjas. "Sois vosotros los que os arriesgáis", les recrimina, pero a pesar de rechazarlo una y otra vez, suele quedar por el entorno con la oreja puesta en los corrillos intentando captar cuál es el objeto del reto ese día. Siempre está bien saber. Al fin y al cabo, recabar información es tan importante como saber gestionarla, ¿no? Eso le enseñaron en la academia, al menos.

- ¿Y por qué apuestan?

Una sonrisa a través del espejo, retoma los ejercicios de bíceps, y hace que la respuesta se retrase un poco. Shisui aprovecha para hacer estiramientos de hombro y darle un sorbo a esos asquerosos batidos de proteínas. Se hace la remolona "No sé si debería contártelo" y el Uchiha entorna los ojos y se acerca hasta ella, muy cerca de donde la espalda termina. Shisui intenta no pensar así en Yugao, aunque lleva años fracasando en el intento ¿Cuántos años? A saber. En algún momento en su tercer año en la academia, ella iba un par de cursos por delante, se dio cuenta de que su corazón bombea más deprisa cuando estaba cerca. Insiste un poco: "Venga, ¡después de conocernos tantos años no me puedes ocultar nada!", y medio suplica, hace pucheritos apoyando su pecho contra la espalda estrecha de la kunoichi, el sudor de ambos se mezcla en la cercanía y ella se vuelve para darle da un empujón suave en el hombro para que se aleje.

- Apestas, Shisui. Vade retro.

- ¡Hey! ¡Tú no hueles mucho mejor! - Los dos sonríen y arrugan un poco la nariz - Cuéntame: ¿qué evento es objeto de las apuestas de nuestro queridos compañeros?, ¿quiénes son las víctimas?

La burla: Así que sí que te interesa. La risa de Yugao resuena suave y algo dentro del Uchiha se tensa y se destensa, un acordeón de sentimientos mientras observa cómo termina de colocar las mancuernas en su sitio y colchoneta de espuma se hunde bajo su paso cuando se sienta. Apoyados en el espejo, las piernas de Yugao parecen eternas. Y otra vez Shisui intentando ser un buen chico, recordándose que si la muerte de Gekko no estuviera tan cercana y Shisui fuera un poco más valiente con las mujeres a parte de los rollos de una noche, le gustaría internario algo con ella. Algo serio, que implicase citas y hablar de la vida y cocinar juntos y todas esas cosas que envidiaba en la distancia y criticaba en la cercanía.

- No solo nuestros compañeros. Media aldea anda metida. - Y ante la ceja alzada del Uchiha, añade inclinando su cabeza hacia su oreja, habla en susurros desvelando el secreto - Uno de los implicados es tu primo Sasuke.

Hmpf. Por supuesto: Sasuke. Shisui cree que para ser una persona que hace esfuerzos por esquivar los encuentros sociales termina estando en el centro de un porcentaje nada desdeñable de los los chisme de la aldea. Itachi y él suelen reírse de ello, pero a Fugaku no le hace tanta gracia.

- ¿Sasuke, eh? ¿No será la enésima apuesta sobre un combate entre Naruto y él por alguna estupidez? Creo que dejo de ser divertido hace tres años.

A veces se lo pregunta a Kakashi, que cómo les soporta (Con paciencia e IchaIcha, suele responder), cómo aguanta en general al equipo 7 y sus eternas tensiones internas. Las primeras ocasiones en que se intentaban matar el uno al otro era entretenido, e incluso cuando volvieron de sus respectivos entrenamientos era un experiencia digna de observar. Pero años después, la historia simplemente era cansina. Yugao le da la razón y matiza.

- En este caso no tiene que ver con Naruto. - Los ojos oscursos se mueven sugerentemente, la ironía temblando en su rostro bonito - En este caso tiene que ver el hermano del Kazekage y Sakura.

Ah-ah.

Así que era eso. No necesita saber más y se mortifica un poco por no habérselo imaginado antes. Desde el momento en que volvió a Cruzar las puertas de Konoha, toda el mundo se puso a seguir y analizar los pasos de la aprendiz de Tsunade, cuestionando su lealtad a la aldea, mirando con sorpresa cómo agarraba la mano de Kankuro, murmurando a las espaldas cuando se besaban rápidamente en un bar, o escandalizando a los viejos del Consejo que habían asignado a unos ANBU a escoltar a los de Suna y revelaban que la habían visto entrar y salir por la ventana de la habitación del marionetista a altas horas de la noche.

- ¿Quieren que haya un duelo entre Sasuke y Kankuro? Una idea interesante, aunque no especialmente sensata. ¿Pretenden empezar una guerra nueva con el País del Viento? ¿O con el Clan Uchiha solo? No creo que a Fugaku le guste la idea de que finiquiten a su hijo menor, la verdad.

Una risa, y Shisui quiere hacerla reir otra vez.

- Más que un duelo es una apuesta sobre quién se llevará a Sakura. Por ahora está un 60%, a favor de tu Sasuke.

Un 60%, piensa Shisui, es cuanto menos una predicción optimista. Por un lado, los últimos días Sasuke ha stado honestamente insoportable, casi como en su adolescencia. Gruñón y malhumorado había habido rumores de que había perdido la concentración en un par de misiones y que había aprovechado las rondas nocturnas de vigilancia para echar un vistazo a su pelirrosa compañera. Por el otro lado, Shisui recuerda perfectamente la la tarde de ayer, cuando vio a Sakura y su nuevo novio tirados en la orilla del río, en un manta bajo las raíces de un castaño. Los dos leían un libro y comían fresas, a veces ella se las ponía en la boca y él a veces se las acercaba a ella antes de darle un beso rápido. Era una escena tan romántica, y cursi, y de enamorados que Shisui que se iba a acercar a saludar desistió. Hay cosas demasiado puras y poco frecuentes en ese mundo de sangre y muerte en el que vivían que no merecía la pena estropearlos.

- Me pregunto qué opinará Sakura de todo esto cuando se entere.
- Pegará a alguien.
- Entonces un motivo más para no involucrarme en estas cosas.

Yugao se gira hacia él, con la cabeza pegada al espejo y sus pestañas se multiplican por dos en el reflejo. Y por quién apostarías tú, le pregunta. Shisui le recuerda que él no apuesta y ella se inclina hacia él, los muslos rozándose y Shisui se dice a sí mismo que no, que no debe, que ella es intocable aunque la quiera tocar. Un año es poco tiempo para superar la muerte del amor de tu vida, Shisui, no seas capullo. Ella insiste, con un tono juguetón, "no se lo voy a contar a nadie, por alguien apostarás". Cuando se gira para respondería se encuentras con sus ojos castaño oscuro y el impulso de querer besarla se transforma en un suspiro con los labios cerrados.

- Si te dijera lo que pienso - da por toda respuesta, su mano izquierda escarbando en la mandíbula - me echarían del clan por traición.

La kunoichi asiente a su lado, entiende lo que no está dicho y adereza la respuesta con un poco de su propia experiencia:

- Yo también opino eso - musita, el vaho de la respiración caliente cubriendo el cristal - Los antiguos amores duran lo que duran, pero un día simplemente los superas y alguien te devuelve la ilusión. Supongo que a Sakura le ha pasado eso con Sasuke y Kankuro.

Tensado, de pronto, Shisui evalúa un rato el rostro de Yugao. No le gusta nada apostar, pero le encanta medir oportunidades, evaluar riesgos, esperar agazapado para ver cuándo es el mejor momento de atacar. ¿Desde cuándo tiene ese flechazo con ella? ¿Desde los 8 años? Esto no es una apuesta. Es una oportunidad, una puerta que se abre cada mil años y Shisui no puede dejarla escapar.

Yugao tiene razón los amores del pasado en el pasado están. Quizá es tiempo de empezar las cosas diferentes.

- Y si esta vez y dado que estamos tan seguro… me doy al vicio del juego y apuesto y con el dinero que saque te invito a cenar, ¿vendrías?


Que en tu guerra mato y muero

Como si llevara aquí una eternidad
No nos pedimos permiso para preguntar
No hay reglas no hay contratos, es todo ilegal, no sé
Solo se pone a mi lado, así tan normal, no sé

Para quedarte, El Kanka

Desde que era pequeña, a Sakura le acompañaba una vocecita en la cabeza que tenía por costumbre de recordarle cómo tenía que comportarse. La vocecita siempre le insistía en que tenía que ponerse recta cuando se sentara, en que juntara las piernas, en que no fuera especialmente gritona y que siempre diera las gracias y tratara a todos con amabilidad. Era un vocecita que era especialmente picajosa cuando se trataba de chicos. Qué decir, qué no hacer, cómo actuar, qué comer, qué vestir, qué gestos eran lisonjeros pero no babosos, cuánto era demasiado cuando te tocaban, cuando era demasiado poco, no vayas a ser una estrecha. La vocecita le recordaba que tenía que centrarse en su carrera, pero no demasiado (¿acaso quieres ser una solterona?) y había sido especialmente crítica con su primer beso (¡con Lee!) y había montado en cólera su primer encuentro sexual (con casi un desconocido, habrase visto) y le haba recordado que lo de las manifestaciones públicas de afecto eran algo que una chica fina y elegante no debería hacer, así que se había pasado media vida con las manos pegadas al cuerpo reprimiendo sus instintos más básicos.

Pero como en general, la vocecita decía cosas bastante sensatas, Sakura la escuchaba.

Jamás había intentado discutir con ella hasta que había llegado a Suna y había conocido a Kankuro. "Kankuro, le decía, es un creído. Ten cuidado de chicos como ellos"; recriminaba: "¿No ves las cosas que dice? ¡en público!", le criticaba "Kankuro jamás ha tenido que esforzarse por nada. Él no te entiende.". Y Sakura hacía lo que podía para convencerle de de lo contrario "Te equivocas. A él no le importa de dónde viene y trata a todos por igual" y "Kankuro me hace sentir cosas dentro cuando me sonríe", "Con Kankuro estar lejos de casa no importa tanto". Discutían. Y nació dentro de ella otra voz que se rebela con furia adolescente y que fue ganando peso a medida que los paseos con Kankuro se convierten en cenas y los besos en noches juntos, y las conversaciones en promesas de futuro.

En Konoha la voz quisquillosa parece haber recobrado energía, auspiciada por los coros de viejas y las miradas que arrastran murmullos a su paso. Pero la otra, la que se alimenta de las mariposas en el estómago y ruge cuando las manos de su novio reptan por debajo de sus bragas, se impone: "Kankuro mataría y moriría por ti, Sakura" "Kankuro haría lo que fuera por verte feliz" "Kankuro no se cansa de ti ahora que ya te tiene", "Kankuro te quiere como eres y jamás te pedirá que cambies".

(- No me has dicho nada de mi nuevo corte de pelo, deja caer Sakura un día, pasándose la mano por la melena corta, un poco por encima de los hombros - ¿No te gusta?

- Me gusta más largo - confiesa Kankuro y Sakura se desinfla un poco - pero - se acerca a su cuello desde detrás, peligroso y sensual, y le da un beso corto justo en la línea en la que empieza a crecer el pelo rosa - deja más piel al descubierto, así que no me puedo quejar.)

Esa mañana en que huele a rocío y petricor, Kankuro la besa como si el mundo se fuera acabar en mitad del puente que une el distrito civil con el shinobi. Al separarse Sakura intenta recuperar la compostura y la vocecita, que está a punto de recordarle que "cualquiera puede haberte visto", se calla cuando se miran a los ojos.

- ¿Qué tal has dormido? - lo dice en un soplo débil -¿has descansado bien?

Es una pregunta que se repite más o menos desde que los dos están en la Hoja: ¿qué tal el día?, ¿cómo has pasado la noche?, ¿qué planes tienes? Intentan aparentar normalidad aunque Kankuro duerme en un hotel y Sakura en casa de su padre y la piel les escuece de notarse lejos. Palían la distancia aprovechando cada minuto de los las ratos días libres que tiene Kankuro y pasean por la ciudad. Sitio tras sitio, Sakura le ha ido enseñando cada huequito de Konoha que tiene un significado para ella, y él la ha acompañado con una sonrisa, con su ingenio dulce, saludando educadamente a cada tendero y camarero que le iba presentando como si fuera un vecino más.

(- ¿En serio le has pedido la receta de la yakisoba a Hatori-San?

- Te encanta, ¿no? Alguien tiene que alimentarte. Hoy seis señoras te han comentado que estás muy flacucha. Y ayer otras tres.

- Bah. Estoy acostumbrada: me lo han dicho toda la vida. Parece que les cuesta entender que soy "flacucha" por naturaleza.

- No puedo arriesgarme a que unas mujeres de Konoha me acusen de no darte de comer, Sakura, mi orgullo y mi reputación como cocinero están en juego. Pensarán que en Suna te matamos de hambre.

- ¡Qué tontería! Claro que me das de comer. Esta mañana cuando he subido a buscarte a tu habitación he terminado con la boca bastante llena, si no recuerdo mal.

- Y luego soy yo el que tiene fama de pervertido, ¿te das cuenta de la ironía?)

Suena las campanas que dan las 10 a lo lejos cuando Sakura enrosca su brazo con el de Kankuro y balancea su cuerpo hacia la derecha, marcando el paso hacia una bocacalle. Kankuro aprovecha que un rayo de sol le da de pleno en la cara para esconder un poco el rostro, como si quiera tapar un sonrojo.

- Digamos que no he dormido del todo bien. Estoy un poco nervioso. - reconoce, ligeramente abrumado y aprieta con fuerza la bolsa elegante que lleva en la mano izquierda. Sakura le encuentra adorable.

- Es mi padre, no el domyo. ¿Lo sabes, no?

Kankuro se para antes de abandonar el puente y antes de girarse para responder, clava las pupilas en la luz que titila en ondas suaves sobre el río.

- Me da igual lo que opine el domyo de mí. -declara, así, con naturalidad y Sakura se derrite un poco por dentro - Pero es importante lo que piense tu padre.

La vocecita se ponía histérica cuando Kankuro hacía comentarios que sobrepasaban con creces los límites del decoro con sus bromas subidas de tono y cuando se le insinuaba sin complejos la vocecilla parecía honestamente escandalizada como un vieja mojigata. Pero con el paso del tiempo no le había quedado más remedio que ir enmudeciendo, atónita, incapaz de responder algo coherente cuando el chico hablaba con semejante despliegue de honestidad y pureza y corazón abierto en el pecho como si esa fuera la manera normal de querer y nunca tuviera miedo de exponerse demasiado.

(Aunque lo tenía)

(Especialmente si le amenazaban:

- Kankuro, quédate un momento.

El marionetista se volvió hacia la Hokage, consciente de que sus hermanos intercambiaban una mirada de sorpresa y salían por la puerta de la sala de reuniones acompañados de Shizune.

- ¿En qué puedo ayudar, Hokage-sama?

- Puedes llamarme Tsunade - se levantó y se sentó en el borde de la mesa de reuniones, y Kankuro dio un paso atrás, un poco amedrentado. Ni de coña iba a llamarle por su nombre de pila. - Quería hablar contigo sobre un asunto personal.

¿Personal? ¿Esto no va contra los tratados que han firmado?

- Eh… No sé qué...

- Sakura. - añadió al ver su confusión y los ojos ámbar reflejaron la luz de la lámpara sobre la mesa. Kankuro tragó saliva.

- Ah.

Jo-der.

- Entiendo que estáis en una relación formal ahora. - Tsunade frunció los labios, y se inclinó hacia él y aunque le sacaba tranquilamente 30 centímetros de altura, se sentía definitivamente pequeño - Solo quería recordarte que, aunque no combata con la misma frecuencia que antaño, sigo siendo una de las Sannin legendarias y que yo, a diferencia de cualquier otro ninja de esta aldea, no tengo que pedir permiso a nadie para luchar contra un shinobi de las naciones aliadas. Aunque sea el hermano del Kazekage.

Jo-der. Jo-der.

- No me gusta que las personas que quiero sufran y Sakura es como una hija para mí. ¿Ha quedado claro?

Asintió.

- Muy claro.

- ¿Vas a cuidarla? Es dura como una piedra, pero tiende a sobrexplotarse.

La respuesta era tan obvia que ofendía.

- Si me deja, lo haré todo el tiempo que esté a mi lado.

Tsunade sonrió de medio lado.

- Entonces no tengo nada más que discutir contigo. Puedes retirarte.

- Gracias, Hokage-sama.

- Ah, y ¿Kankuro?

- ¿Sí?

- Te lo habrán dicho mil veces, pero te pareces mucho a tu padre. - Kankuro bajó la mirada hasta que notó la mano de la rubia sobre su hombro, reconfortándole- Pero solo en las cosas buenas. Incluso un hombre como él las tenía.)

Sakura le lleva al barrio en que creció, rebosante de civiles que recorren las calles atareados, saludándoles distraídamente cuando se cruzan con ellos. Caminan mano a mano entre las casas apelotonadas a los lados, pisando los dibujos con tiza del pavimento y bajo el ondeo aromático de las sabanas tendidas al s en zigzag. La gente les mira de reojo, con más intriga que admiración, porque en esta ocasión Kankuro es sólo un chico que acompaña a una chica en un paseo matinal y todo su nombre y su ilustre linaje desaparece en la anonimia de lo cotidiano. Sakura aquí no es la aprendiz de la Quinta, la gran médico que dirige el hospital de Suna, sino Sakura, la chiquilla de los Haruno que arrastraba un osito de peluche por la calle y saltaba la comba cantando canciones desentonadas. Recorren callejuelas, sortean los carretilleros que llevan arena a los edificios en obras, y Sakura le va indicando con celeridad quién es quién y cuáles son las relaciones entre ellos (Kinomoto-sama, es el representaren del distrito, vive en ese ático de ahí. Unas vistas geniales pero los vecinos se quejan de que hace mucho ruido; Y esa es Kunoi-san, me cuidaba de pequeña cuando mis padres tenían que viajar; ¡Ay, vamos a saludar a Sora-chan, ¡vivíamos puerta con puerta de pequeñas! ¡Acaba de tener gemelos!) y Kankuro, fingidamente preocupado, le pone los labios sobre los labios, un beso casto y sorpresivo que hace que una mujer que contemplaba la cerámica expuesta en la tienda de la esquina se gire un poco avergonzada de haberlo visto. ("Sakura, eres médico: tienes que recordar que para el ser humano es fundamental respirar. Tienes que coger aire al tiempo que hablas o te morirás." "¿Te has levantado gracioso, eh?").

En esta parte de la ciudad, donde el presupuesto de los grandes clanes ni se asoman, los adoquines se saltan y tienen que rodear los charcos de lluvia que acaban de caer, y esquivar las gotas de los canalones mal colocados. Suben por un callejón empinado con escalones desiguales, ribiteada a ambos lados por ventanas abiertas de par en par. Alguien toca el piano y las notas se quedan enganchadas en las flores de los balcones. E incluso ahí, en la parte más pobre de la ciudad, es tanbdiferente a Suna, tan acogedor que a Kankuro le duele reconocer Konoha es más bonita que su ciudad, que allí es todo como Sakura, amable y luminoso. Podría quedarse tirado en estas calles solo pensando en cuánto se parece ella y se descubre a sí mismo admitiendo que es una crueldad intolerable separarla de este mundo blando y bueno, para llevarla a la dureza del desierto. Pero es un hombre egoísta en sus afectos, piensa el shinobi para sí, egoísta y malvado porque el mero pensamiento de dejarla ahí lejos de su lado le quema por dentro como aceite hirviendo.

Al acabar la escalera, un par de madres con bebés en brazos se ríen lanzándoles mirados y Sakura las ignorando, caminando con dignididad hacia un puesto pequeño con un toldo rojo y blanco entre dos casas amarillas.

- Primera parada - anuncia con un gesto teatral que intenta abarcar el minúsculo espacio y Kankuro tiene que hacer un esfuerzo por no echarse a reír cuando se da cuenta de dónde están.

- ¿Otra tienda de dango? Es la séptima que visitamos estos días.

- Porque en Suna no hay nada que se le compare. Y a mi padre le encanta, así que pensé que podríamos llevar un poco para acompañar ese vino. - Señala las bolsa que Kankuro carga en la mano y se dirige al mostrador a pedir - Por cierto, ¿cuál elegiste al final?

Kankuro resopla con cansancio antes de responder. El asunto del regalo para Kazashi había traído cola y dudas y preguntas hasta el punto de que se había planteado organizar un un referéndum entre la población de Suna para decidir qué demonios le llevaba un shinobi de la Arena a su potencial suegro en Konoha. Sus amigos no habían sido de ayuda, y los colegas ninja tampoco, ni el asistente de Sakura, ni Gaara, ni Baki y sólo Temari al final se había apiadado de él: "Shikamaru siempre lleva vino de aquí a sus padres. Es una delicatessen en el País del Fuego" Música para sus oídos, Kankuro había levantado la mirada de su marioneta y había recapacitado sobre lo que le estaba diciendo su hermana. Vino, de hecho, le parecía una buena idea, debería darle las gracias pero al tiempo era un oportunidad perfecta para hacerla rabiar. "¿Nara lo lleva? No sé si fiarme de su criterio. Su gusto con las mujeres deja bastante que desear…". Temari se había marchado indignada y mascullando algo de hermanos pequeños imbéciles y desagradecidos.

- Al final cogí una de cada. Tinto, blanco y uno de esos con burbujas que te gustan. - y añade, viendo las intenciones de su chica - ¡No te lo puedes beber tú! Es para tu padre.

Sakura paga el dango y se vuelve hacia él con un pucherito de niña pequeña pintado en la cara mientras le arrastra calle abajo ("¿Ni un poquito?" "No.") hasta que llegan a una cosa amarilla de tres pisos. En planta baja unos grandes ventanales abren un local sobre el que se lee un cartel descolorido "Importaciones Haruno". Si Sakura nota cómo a Kankuro le crece un bulto en la garganta, lo disimula muy bien.

- ¡Hemos llegado! - le comunica, una sonrisa increíblemente ancha y alegre - La ruta desde el puente es mucho más corta en realidad pero te quería hacer el recorrido turístico por la zona. ¡Vamos!

Kankuro asiente, distraído, mirando de reojo las escaleras. Allí, al final, estará la puerta de la casa de Sakura. Allí, estará su padre. Allí está todo el primer paso a formalizar su relación de manera oficial. Sakura tira de él, y está subiendo la escalera cuando nota que el chico se ha quedado dos pasos por detrás. Congelado en su sitio, la mira con cierto pánico.

- ¿Kankuro? ¿Estás bien?

Hay una familia de gorriones en los arbustos de la acera que llenan el aire de gorjeos y no es hasta que salen volando en bandada que Kankuro reacciona, y sube un escalón, quedando a la altura de los ojos de Sakura que frunce el ceño al ver a su novio inusualmente pálido. Expuesto, y pequeño y temeroso, habla como en un susurro y Sakura tiene que acercarse para escucharle.

- ¿Te enfadarás? ¿Si no le gusto a tu padre? ¿te vas a molestar?

¿Si descubre que soy un fraude?, ¿si considera que no te merezco?, ¿me dejarás?

Y si no estuviera tan tímido y dubitativo ahí, se reiría porque qué tontería más grande, ¿cómo se iba a molestar por eso? Le coge la cara entre las manos y nota en la palma de la mano la piel suave de la mandibula recién afeitada.

- Dudo mucho que no le gustes. Pero en el hipotético e improbable caso de que eso sea así, no: no me voy a enfadar. A quien tienes que gustarle es a mí y eso ya está más que conseguido.

Sakura le acaricia la cara, pasando lentamente los pulgares por los pómulos hasta que percibe que se le destensa el rostro, y se acerca hasta que sus labios se juntan. Es plenamente consciente de que un par de vecinas se han asomado para mirar por la ventana qué está haciendo la hija de Kizashi con un chico a la puerta de casa.

En un rato, supone, serán la comidilla del barrio.

Pero le da igual a estas alturas, piensa mientras su nariz roza la de Kankuro al separarse.

Que se escondan las viejas, que se callen las voces.

Entran en la casa.


El fin del mundo según Sasuke Uchiha

It's hard for me to say, I'm jealous of the way
You're happy without me
Jealous, Labrinth

Sasuke no se imaginaba así el fin del mundo. Había pensando siempre en que habría fuego, y fuerzas ancestrales y mitológicas, y dioses perdidos batallando por borrar la memoria de los hombres. Se imaginaba sangrando, desollado al lado de Naruto hasta el final, con Sakura rompiendo montañas y gritando su nombre en el fragor de la batalla.

Desde luego el fin del mundo no ocurría en un restaurante de barbacoa, cada uno de los los rookies y sus parejas haciendo ruido en su entorno, risas de amigos y cantos a los futuros novios. Hinata y Naruto ríen azorados y brindan todos en su nombre y el fin del mundo tiene los ojos verdes y charla alegremente frente a él, su mano cerrada sobre la otra de otro hombre.

El fin del mundo para Sasuke es quedarse sin oxígeno y conversaciones que no quiere escuchar pero escucha.

- Eh, Frentona - Ino habla bajito en un momento en que creen que están solas en la cola del baño. Tras la puerta de aseo de los hombres, Sasuke se lava las manos- ¿qué tal fue con tu padre?

Un silencio. Se abre y se cierra una puerta.

- Cerda… no sabes lo bien que fue. ¡Se adoran! Estuvieron haciendo chistes todo el rato y luego mi padre se intento poner serio, pero ya sabes cómo es: fracasó estrepitosamente y le dijo: qué intenciones tienes con mi hija. ¡Casi me da un ataque!

- ¿En serio dijo eso? ¿tu padre? ¡Pero si es el hombre más relajado que conozco!

- Espera, espera, que yo también me quiero enterar - Es Tenten la que se une - ¿y qué dijo?

- "Hacerla feliz"

- ¡Oh, por favor! Qué cursi.

- ¡Cerda!

- Es adorable, lo que pasa es que te da envidia que Sai no sea así.

- ¡Tenten, tú estas con Neji, y no es que sea el hombre más expresivo de la tierra!

- Calla, Ino, estás interrumpiendo. Sakura, sigue, ¿qué más?

- Y mi padre dijo: "bueno, me queda el consuelo de que nunca la podrás querer más que yo". Y luego va Kankuro asiente con una sonrisa y dice "si eso es un reto, lo acepto" y me coge de la mano, y mi padre se levanta y ¡le da un abrazo! No me lo podía creer.

- Sakura, de verdad, qué suerte tienes. Kankuro es todo un caballero. Y mira que tenía fama de gigoló.

- La fama no lo sé, pero las habilidades las tiene.

- ¡Sakura!

- ¡Mira la mosquita muerta qué rápido aprende!

- Cerda: simplemente admite que tienes envidia.

- Hmpf. Frentona, al menos mi novio no usa más maquillaje que yo.

- ¡Hey!

Las señales son apocalípticas y no puede evitar temblar ante ellas.

- ¿Y desde cuándo estáis juntos?

Sakura se pone un poco roja en torno a la nariz y contrastan las pecas. Antes de responder le lanza una sonrisa brillante a Kankuro, que levanta una ceja, el brazo izquierdo rodeando los hombros mientras intenta cazar un trozo de bistec que ha escapado del hambre voraz de Choji.

- Unos meses. Desde Té, en septiembre.

Sasuke cuenta. Eso son 8 meses. 8 meses son muchos meses. Kankuro la mira, y la sonríe con picardía y dice:

- Un poco antes, yo diría.

Es como arder en las llamas infierno cuando aparecen de pronto ese lenguaje íntimo y compartido. Hay chistes que solo conocen ellos, anécdotas que únicamente pueden entenderse dentro de la pareja y Sasuke odia no tener acceso a Sakura, siempre tan transparente ante él.

- Eso todavía está discutiéndose. Insisto en que un par de besos no cuentan como relación.

Casi 22 años, Sasuke siento por primera vez que el corazón se le rompe y Akira, 19, la oportunidad de su vida sentada a su lado amando a otra persona, finge que no se da cuenta.

- ¿Qué quieres de postre?

Sakura hace un gruñido y cierra el menú:

- No quiero postre, gracias.

- No,- dice Kankuro, y los amigos de Sakura le prestan atención queriendo saber más de él porque es la primera vez que ven a Sakura brillar, brillar así al lado de alguien que la contempla como si fuera un diosa perdida en la noche y Sasuke se hunde más y más e ignora cómo la mano de Akira busca la suya bajo la mesa - si es para mí.

Y Sai, confundido:

- Disculpa, Kankuro-san, no he entendido: ¿para qué quieres saber qué postre quiere Fra si te lo vas a pedir tú?, ¿es algún tipo de preliminar previo al encuentro erótico?

Y Kankuro parpadea descolocado porque en serio, ¿Sai? ¿de dónde han sacado a este tipo? y cuando recupera la compostura responde, aparentemente didáctico y Sakura le mira con una mezcla de cariño, veneración y burla que arde a través de la mesa y Sasuke aprieta los palillos, no son celos esto, no son celos, es otra cosa más intensa que se parece a que le extirpen las entrañas con un garfio oxidado.

- Porque siempre hace que lo pida yo - le pincha el puente de nariz y Sakura le aparta con una manotazo suave, Gaara tres sitios para allá sonríe levemente, sabiendo dónde va la historia y Naruto les escucha con interés - pero se lo va a comer ella. Ocurre cada vez que salimos a un restaurante.

Sakura infla los carrillos y cruza los brazos sobre el pecho, aparentemente indignada. Se gira hacia él y crean, de nuevo, esa burbuja en la que solo existen ellos dos.

- ¡Eso… no es verdad!

- Sí, Sakura. Y puedo demostrarlo con ejemplos y casuística. Siempre te comes mi postre.

Y se enzarzan en una falsa discusión que tiene a todo el mundo entre la sonrisa y la carcajada porque al final, Sakura, efectivamente empieza a devorar a cucharadas el daifuku de Kankuro mientras el murmura: "¿veis? lo que hay que aguantar"

Debería haber dragones en el fin del mundo. Monstruos de mil cabezas enfrentándose a los héroes, némesis que superan sus diferencias por el bien común, amores perdidos y recuperados. Desde luego no la familiaridad y buen ambiente que hay entre Akira y Sakura cuando, esperando entre plato y plato, esta última se inclina sobre su prometida y se ofrece a curarle los círculos morados que se asoman bajo las mangas de la blusa.

- No hace falta, Haruno-san, de verdad.

- No es molestia, Akira. - sonríe - Y llámame Sakura.

Y mientras la luz ilumina el espacio entre ellas sobre la mesa, él siente que sus órganos se convierten en plomo cuando los ojos verdesverdesverdes - la conoce desde hace más de 15 años y nunca dejan de sorprenderle - se quedan fijos en él y le echa en cara que:

- ¿Por qué no la curas tú después de los entrenamientos? Te enseñé hace años jutsus médicos básicos. Así no tendría estos moretones.

Y Sasuke no tiene el valor de replicarle que de hecho sí, lo hace siempre y que esos golpes ni idea de dónde vienen porque hoy no han ido a entrenar. Ofendido, no sabe por qué, acobardado sin motivo responde un Hm y Sakura se vuelve de nuevo a la figura estilizada de la Uchiha y bromea:

- Siempre tan hablador, ¿eh? Hasta que tuvimos 7 años ni siquiera sabíamos que tenía lengua.

Akira se ríe, ligera y sin mirarle.

Dios Santo, es agotador.

Sasuke piensa que ha pasado finalmente el genuino calvario de verles acariciándose bajo la mesa una vez que Sakura y Kankuro se han marchado dirección al hotel y se va separando el grupo, pero no contaba con Ino, que le mira muy intencionalmente y le suelta:

- Se les ve asquerosamente felices, ¿no crees?

Akira, a su lado, asiente. Sasuke, no sabe qué decir sin que le salga un gruñido así que se encoge de hombros. Tenten debe de tener intención de pedir trabajo también en el departamento de Tortura e Interrogación porque hace un poco más de presión:

- Vamos, Sasuke, incluso tú tienes que ver que Sakura resplandece. Ya era hora, ¿no?

Aprieta los puños y oye que su novia les dice adiós a Hinata y Naruto. Lee se une al grupo con su espantoso traje verde y su nueva y apocada novia civil.

- Apuesto que la próxima boda será de Sakura-san y Kankuro-san. ¡Se les ve llenos del espíritu de la primavera!

Sasuke se siente especialmente traicionado cuando Neji, con quien siempre ha compartido ciertos rasgos de carácter, parece estar decidido a tirar sus esperanzas por la borda:

- Nunca imaginé que Kankuro fuera tan agradable - dice con voz profunda y le acompaña un asentimiento general- Una vez más, las apariencias engañan.

Sai quiere ir más allá cuando declara con conocimiento de causa "hay estudios publicados que señalan una mejora en el carácter y apertura de actitud vital gracias a las endorfinas liberadas tras el acto sexual. Quizá estemos ante uno de estos casos" y el Uchiha considera que prefiere las torturas del genjutsu de su hermano antes que seguir ahí.

- Akira, creo que es mejor que nos vayamos. ¿No tengo que probarme el traje para el sábado?

- ¡Te has acordado! Tengo que aprovechar esta oportunidad. Nos vemos, chicos.

Brilla el sol en el horizonte.

Instinto animal

Don't blame me, love made me crazy
If it doesn't, you ain't doin' it right
Don't blame me, Taylor Swift

Ya casi al final de la comida alguien comete la temeridad de pedirle a Naruto que cuente, otra vez, cómo fue aquello de derrotar al líder de Akatsuki. Es una pregunta que nadie debería hacer porque implica que el Uzumaki se va a pasar los siguientes 25 minutos haciendo una descripción exagerada de los eventos y a veces, si surge, escenificando sus mejores movimientos y pidiendo a alguno de los presentes que haga el papel del malvado villano al que detuvo.

Como, según Sasuke, tiene vocación de payaso, lo hace con detalle y parsimonia. Se levanta, incluso, de la mesa, y varios de los otros comensales del restaurante se acercan a verlo y jalear. Teatral, dramático, pone voces y hace saltos y señala a Sasuke a Sakura cuando explica qué hizo cada uno de ellos e imita los movimientos de estos porque ambos se niegan a participar en la puesta en escena del rubio. Hace ruido de explosiones con la boca y replica algunos de sus mejores movimientos. Y es en ese momento, en que Naruto da un salto que casi rompe una lámpara y Hinata tira de su ropa para que vuelva a sentarse, en que Kankuro lo ve.

Se pregunta si alguien más se ha dado cuenta.

La mirada que intercambian Sakura y Sasuke ha durado cuestión de tres segundos, y en esos tres segundos construyen una conversación que termina con los dos sonriendo al mismo tiempo con una complicidad tal que Kankuro de pronto deja de divertirse con el espectáculo de Naruto. Es probable que eso sea porque le duele el estómago otra vez. Sí, claro, el estómago. Ese dolor que le invade por dentro de vez en cuando desde que ha llegado a Konoha y el nombre del Uchiha revolotea sobre la conversación.

Debe de hacer algo raro con la cara, porque Sakura se vuelve hacia él, preocupada. Si está bien, pregunta. Tienes mal aspecto, añade y Kankuro da un sorbo largo al vaso de agua y no, no, estoy perfectamente. Y es una pequeña mentira social, pero no tiene cuerpo para explicarle que perfectamente está lejos, muy lejos de explicar cómo se siente cada vez que Sasuke mira a Sakura así. Así como si le perteneciera, así como si quisiera desnudarla, besarla, pedirle matrimonio y asesinar a Kankuro, todo a la vez.

Sería divertido si no fuera doloroso, humillante e infantil sentirse amenazado por los celos mal tapados de un hombre que vive a 3 días de viaje de su novia. Sería divertido, por su puesto, si dicha novia no guardara cierto recelo para contarles más cosas de Sasuke, y haya tardado un par de días en comentarle que el miércoles por la tarde (no había otro día) irá a la residencia Uchiha (Mikoto insistió. No sabes cómo se pone) a tomar el té con ellos (Sasuke me dijo que ese día tenía la tarde libre).

Sería divertido, insiste, y él no estaría comportándose como un primate marcando territorio para que otros miembros de la manada no interrumpan su cortejo, pero una vez más, ¿quién es él para dar lecciones de nada si lleva 3 días paseándose orgulloso con la mejor kunoichi de Konoha?

Sabe que sus dudas son infundadas, porque Sakura y él se aman y jamás dudaría de eso. Es plenamente consicente sus temores tienen que ver con lo atractivo que es el Uchiha y con los secretos que comparten tras años en el mismo equipo y que le dejan fuera de muchas consersaciones. Intuye que es su problema relamente cuando Sakura mira de reojo a Sasuke para comprobar la reacción a algo que ha dicho, porque es su falta de autoestima la que se ve mellada más que los fundamentos de su relación y por eso Kankuro, que siempre ha odiado a esos hombres que confunden amor con posesión, no está especialmente orgulloso de lo que hace a continuación.

Y es que cuando Naruto termina su historia y todos aprovechan para pagar su parte y abandonar el local, es el turno de que Kankuro y Sasuke se sostengan miradas asesinas durante unos milisegundos antes de volver a sus asuntos. Un encuentro de hojas de acero en el aire, breve pero afilado, de dos espadachines que retornan en automático a la posición de ataque. Se mueven rápido, Sasuke clavando sus ojos negros en el rostro de la pelirrosa que escucha atenta a Hinata y Kankuro dejando caer su mano sobre el muslo de dicha pelirrosa, que aprieta suavemente bajo la mesa. Es casi inmediato que ella le da un golpecito suave para que se controle pero igualmente le sonríe, levemente turbada, y es todo lo que necesita para continuar.

(No, realmente no es algo de lo que presumir pero al fin y al cabo funciona y un shinobi de la Arena hace lo que sea para ganar una batalla.)

Así que consciente de que el Uchiha no ha dejado de analizar cada interacción entre ambos desde que empezó la cena, se recrea en el gesto y deja que sus dedos dibujen una caricia lenta y suave desde el interior de la rodilla hasta el principio de la falda de Sakura. La yema de los dedos apenas toca la piel blanca de los muslos pero Kankuro nota perfectamente cómo se eriza la epidermis a su roce, y como en un movimiento involuntario Sakura abre un poco las piernas, traga saliva y fija su mirada en el montoncito de dinero sobre el papel de la cuenta. Excitada, no quiere mirar a su novio para no dar pistas al resto de los comensales, pero la delata la respiración agitada que hace que el pecho suba y baje con rapidez y que bajo la camiseta roja se atisbe el fantasma de los pezones duros. Se tiene que morder los labios cuando la mano se aventura por encima de su ropa interior y el dedo de Kankuro recorre su raja por encima de la ropa sin llegar a profundizar hasta que la humedad empieza a traspasar la tela.

Hacen los dos como que no está ocurriendo nada bajo el mantel, pero frente a ellos, cierto Uchiha aprieta los carrillos como si estuviera guardando un grito y aparta, rápidamente, la vista. Kankuro curva los labios hacia arriba con altanería al sabarse ganador y retira la mano, que deposita encima de la mesa al tiempo que se incorpora a la conversación que Neji mantiene con Shino como si no hubiera pasado nada. Es incluso capaz de mantener un rostro impasible cuando Sakura le susurra en el oído (Eres odioso. ¿Ahora tengo que fingir ante todos que no estoy cachonda? Pienso torturarte de mil formas esta tarde.) y le toca a él lidiar con su propia excitación en silencio y discretamente.

Merecerá la pena si con ello Sasuke ha captado el mensaje.

Son solo dos palabras:

Mía, Uchiha.

(Mía mientras dure.

Mía mientras pueda.)

El escorpión y la rana

Put it all behind you
Where you cannot see
And if you're growing older
Don't forget me
'Cause I will disappoint you
Just because I can

No one here, The 88

En la Academia, Iruka-sensei les leía cuentos. Sentados en abanico en el espacio que había entre los pupitres y la tarima del profesor, todos los niños atendían encandilados a la lectura que hacía los viernes por la tarde, justo antes de irse a casa para el fin de semana. Naruto solía quedarse dormido. Sakura escuchaba cautivada. Sasuke fingía desinterés aunque deseaba, por dentro, que esa semana contara su favorito.

- ¿Y cuál es? - su padre se lo había preguntando un día durante la cena. Itachi no estaba en casa y Sasuke no lo sabía, pero en su ausencia su hermano estaba salvando al clan y a la aldea.

- ¡La muerte en Samarkanda, padre!. - intentó sonar solemne y se frustró cuando Mikoto murmuró algo como "demasiado adorable" y se rió tras la mano.

La historia, contada a trompicones por Sasuke y su voz aguda de niño, iba de un visir que una mañana recibía la llegada de su criado favorito, alterado y suplicando por un caballo para huir de la ciudad y marchar, sin falta, para llegar a la lejana ciudad de Samarkanda esa noche. ¿Por qué? preguntó el visir. El criado le explicó que la muerta le había señalado en el mercado y que sabía que si se quedaba, iba a morir. Por supuesto, el visir accedió a las peticiones de su subordinado y poco más tarde salió en busca de la Muerte para exigirle explicaciones. La encontró, exactamente, en el mercado y se acercó a ella. ¿Por qué has asustado a mi amigo? Es un hombre sano y fuerte y aún no ha llegado su turno, le dijo y la Muerte respondió: ¡No! No quería asustarle. Simplemente estaba sorprendida de verle aquí. Tengo con él una cita esta noche en Samarkanda.

Le encantaba esa fábula. Tenía sorpresas, giro, misterios y una enseñanza que le iba a acompañar toda su vida, algo que se había implantado tanto en su memoria como en su corazón: la certeza de que no importa lo mucho que corras, las consecuencias de tus actos siempre terminarán encontrándote.

Uno, al final y al cabo, no puede escapar del destino que le ha sido marcado.

Quizá debería haber recordado eso aquel miércoles antes de entrar en el salón de invitados, su madre y Sakura charlando tranquilamente. Le recibió con una sonrisa, el agua caliente y las tacitas de cerámica ya dispuestas en la mesa: té verde para Sakura, negro para él, y unos dulces que Sasuke nunca llegó a probar.

Ah, ¡Sasuke-kun! Por fin has llegado. ¿Todo bien en el entrenamiento?

Sí, Madre. - una leve inclinación y otra vez otra vez otra vez el giro en el estómago y las ganas de besarla - Hola, Sakura. Gracias por venir.

Ese gracias, fue, por supuesto, una mentira. Nada le habría gustado más no estar ahí. Había intentado esquivar el encuentro. Había intentado ocupar todas las tardes con Akira, pero ella estaba atareadísima rematando los trajes para media aldea; había intentado trabajar ayudando en la policía, pero su padre le había dicho que todo estaba bajo control e incluso le había suplicado a Shisui que le dejara hacer su guardia esa noche, pero la Hokage había decidido darle vacaciones toda la semana para estar para la boda de Naruto (vigila a ese idiota amigo tuyo, no queremos que lo secuestren a dos días del enlace). Así que ahí estaba, sentándose frente a Sakura e intentando no pensar, por nada del mundo en que su nuevo corte de pelo enmarcaba su faccioens y le hacía, si era posible, los ojos aún más grandes.

Tenerla cerca es lo último que necesitaba pero Mikoto tan parecía entusiasma, realmente tan contenta de tener a Sakura de vuelta a Konoha "y que hayas podido sacar un ratito para venir a vernos" ; y Sakura a su vez parecía tan feliz, correcta y educada como siempre que estaba con la matriarca Uchiha; tan guapa con la sonrisa del dulce de un rayo de un primavera y tan pizpireta con el tintineo de las pulseras chocando con la cerámica cuando daba un sorbo pequeño al té que Sasuke solo pudo dar gracias de que esta vez su excompañera esté sola y no con ese hombre que le producía urticarias y que había venido desde Suna dispuesto a hacerle vivir el infierno en vida.

Como flores de primavera, los temas de la conversación brotaron aquí y allá terminando en risas y recuerdos. Mikoto y Sakura libaban en los estambres de la memoria, poniéndose al día como si no hubieran pasados años desde la última vez que el equipo 7 se reunió para cenar en la mansión de los Uchiha. Habían pasado muchas cosas desde que el clan acogía a los compañeros de equipo de su hijo en los eventos tradicionales, pero incluso así Mikoto tuvo a bien traer al presente anécdotas de los tres genin revoloteando por las calles empedradas del distrito y causando destrozos en el campo de entrenamiento. Sakura se reía y a veces exclamaba ¡es verdad, me había olvidado! y una vez más aprovecha para darle las gracias por todos los años de cuidados. Maternal y detallista como poca gente, Mikoto ejerció de madre de Naruto cuando Kushina no estuvo; y llevó cada semana tarteras de comida a la casa de los Haruno cuando Mebuki murió. Sasuke, posesivo y celoso como era, nunca le importó compartir el amor de Mikoto con el resto del equipo.

A veces, Sasuke intervenía. Su madre le preguntaba "¿te acuerdas?" y él decía: hm o simplemente asentía. Sakura hacía referencias a momentos compartidos (¿te acuerdas de cuando…?) y le preguntaba por los detalles más específicos, haciendo uso de su memoria (¿Fue en Tankuzu o en Okiwa aquello?) y en cada una de esas historias que trenzaban la identidad del equipo 7, Sasuke se daba cuenta de lo mucho, muchísimo, que la había echado de menos.

No sabe cuánto tiempo pasaron así, charlando sobre tazas y tazas de té en el relajado ambiente de su casa, pero horas después puede señalar exactamente en qué momento todo se volvió agrio. Qué instante marcó el principio del fin.

- Ah, Sakura-chan, ya que estás aquí ¿por qué no le haces una revisión a las cicatrices de Sasuke-kun? Sé que es una preocupación tonta de madre, pero siempre me quedo más tranquila si lo hace alguien de confianza. Y después de lo del verano pasado…

- ¿Qué ocurrió el verano pasado?

- ¿No te lo ha contado Sasuke-kun? ¡Estuvo casi un mes en coma!

Aquella tarde hubo miradas atónitas. Hubo un silencio profundo. Hubo una salida rápida de Mikoto, que ante la tensión que creció en el ambiente se escudó en una mentira sobre el horno encendido. Hubo unas pupilas oscurísimas esquivando unos los ojos verdes, pidiendo explicaciones. Hubo preguntas, muchas preguntas, y hubo, sobre todo, reproches.

- Sasuke, ¿por qué no me lo dijiste?
- ¿No es evidente? No quería preocuparte.
- ¡Habría venido de Suna para curarte!
- Precisamente por eso, Sakura.

Pareció ofendida con la respuesta. Boqueó, indignada. Alzó los brazos en un gesto que quería decir todo y nada y terminó cruzándolos sobre el pecho mientras las lágrimas se amontonaban en los ojos. Le miró con fiereza y disgusto, como no le había mirado en años.

- No me habría perdonado a mí misma si te pasara algo, ¿no lo entiendes?

No, no lo entendía, porque si era así, ¿entonces para qué demonios se había ido a Suna?

Se lo dice.

No debería haberlo hecho.

- ¡Para ser feliz! ¡Para olvidarte! ¡Para mejorar y estar de una puta vez a tu altura!

Tampoco debería haberle respondido lo que le respondió.

- Eso me decía todo el mundo y por eso te dejé en paz, ¿y ahora me echas en cara que lo hiciera?

Se levantaron de sus asientos de un salto, en un momento dado, y Sakura le empezó a rodear como un buitre, caminando en circulos en torno su fgigura, los pies descalzsos osbre la tarima. Sasuke recordó de pronto de que, a parte de Sakura, su Sakura, era también la heredera de Tsunade y la kunoichi más fuerte de las 5 naciones y tuvo, por un instante, miedo de su integridad física.

Incluso su voz se oscureció, se puso grave porque no gritó, solo le miró con los ojos de un verde oscuro que recordaba a las charcas estancandas.

- Los amigos no hacen eso, ¿sabes? Los amigos se escriben para contarse las cosas importantes como que están a punto de morir o que van a casarse.

Sasuke intentó buscar razones en su cabeza para lo último: lo racional "no sabía nada de ti desde hacía meses cuando me comprometi", lo empático "acababa de salir del hospital y todo fue muy rápido", e incluso lo pasivo-agresivo ¿en serio querías recibir una carta mia después de 1 años contándote eso?; pero, como siempre termina escogiendo la peor opción.

- Pensaba que ya te lo habría contado alguien.
- No. Nadie me lo contó: me enteré por el puñetero periódico, Sasuke. ¿A ti te parece normal?

¿Normal? ¿Ella quería hablar de normal?

- Y tú te fuiste y me enteré por la recepcionista del hospital, Sakura. Creo que estamos empatados.

Se encontró entonces con Sakura con la boca cerrada y los ojos muy abiertos, atrapada como un animalito. Caminó hasta su lado y le puso una mano sobre el hombro y con la otra le levantó la mirada. Si sonó rudo, no era su intención, pero estaba ardiendo por dentro para conocer la respuesta. Los mechones negros cayeron sobre su cara cuando se inclinó para preguntar a Sakura, analizando cada pequeño detalle de su rostro.

- ¿Por qué no me dijiste que te ibas?

Para cuando por fin lo dijo todo lo que en él estaba contenido se desató, su chakra transformado en los rápidos de un río tras el deshielo. Quería agitar a Sakura para que dejara el rostro pensativo y respondiera más rápido. Llevaba casi dos años haciéndose esa pregunta. Dos años formulándola de mil maneras: ¿no se merecía algo más? ¿no necesitaba él también respuestas?, ¿no eran, ante todo, amigos, compañeros, colegas? La información se colaba en él en espirales: ¿por qué te fuiste, por qué no avisaste, por qué me dejaste aquí echando de menos el hueco que ocupabas en mi vida?

Sakura primero bajó la mirada, fija en los nudos de la madera suelo, y luego la levantó y Sasuke supo que eso que sonaba eran los latidos de ambos saliéndose del cuerpo.

- Porque quería castigarte.

Sasuke había reproducido esta situación en su cabeza en numerosos ocasiones. En muchos escenarios, Sakura lloraba. En algunos él tenía el valor de decirle sus sentimientos. En muchos ella se disculpaba. En todos él fingía una entereza que no tenía y era la parte adulta y mangánima, su perdón se extendía a Sakura y restauraban los lazos que se habían roto.

Pero los lazos eran ahora hilachas.

En ninguno de esos escenarios pensó en que sería como si Sakura le abriera en canal con uno de sus bisturíes de chakra verde.

- Castigarme.

Lo dijo lentamente y mirándola a los ojos, asegurándose de que lo pronunciaba bien. Cuatro sílabas que no penetraban en su cabeza, se resbalaban, incapaz de admitirlas. Castigarle. Imposible. Sasuke conocía los castigos de Sakura. Cuando él y Naruto se vapuleaban hasta que se rompían los huesos y ella se negaba a atenderles durante horas, dejándoles en el campo de entrenamiento cojeando entre dolores. Eso era un castigo. Cuando Kakashi llegaba dos horas tardes y ella tenía que perderse el entrenamiento porque empezaba en el hospital y estaba una semana sin hablarle. Eso era un castigo. Cuando él hacía un comentario cruel y ella le respondía con maldad, con la lengua rápida y afilada: eso era un castigo.

Irse en silencio y no comunicarse con él durante tanto tiempo más que un castigo, era una condena desproporcionado para los crímines cometidos.

- Sí. - Sakura dio un paso alejándose de él y repite, decidida - Castigarte.

- ¿Castigarme por qué?

Sakura hizo una ruido, una mezcla entre un bufido y una risa y negó con la cabeza: "no me lo puedo creer".

- ¿Cómo que por qué, Sasuke? - se llevó las manos a las sien y parpadeó rápido, dos veces, estupefacta - Te pasaste años tratándome como una mierda.

La ocusación le golpeó como uno de esos golpes cargados de chakra de Tsunade.

- ¡Yo no te he tratado como a una mierda!

Estaba legítimamente ofendido.

- No a mí. A mis sentimientos. A lo que sentía por ti.

La cabeza de Sasuke iba rápida y lenta al mismo tiempo, removiendo pensamientos empapados en melaza y aún así captó el verbo en pasado. Sentía.

- No todos somos como tú, Sasuke. No podemos hacer compartimentos aislados con nuestras emociones e ir por la vida como si no nos afectase lo que nos dicen los demás.

Lo dijo con una sonrisa triste y resignada.

Y luego dijo muchas cosas más.

Quería que pasara un poco del mismo dolor, le explicó. Ver cómo reaccionabas.

Quería ver hasta dónde podía llegar sin ti, aclaró. Probar mi capacidad.

Y al final - resumió - pasaron las semanas, tú no me escribías y yo simplemente no sabía qué decirte.

Sasuke escuchó tan callado que era imposible saber qué está pensando. Su mirada perdida en algún punto del los paneles de arroz ornanmentados con abanicos rojos y blancos.

- Siento mucho si hice que te sintieras despreciado.

Despreciado.

¿Así se había sentido Sakura todos estos años? ¿despreciada?

Realmente era una mierda de persona.

Reaccionó como pudo y vio a Sakura esperando su respuesta, ahí puesta en mitad del salón con el peso en un lado cadera y los brazos cruzados. Hermosa en su tristeza, le recordó a una flor seca por exceso de sol.

¿Pero qué habían hecho para llegar a esto?

Intentó recoger toda su honestidad en la garganta, intentó parecerse por una vez a Naruto e intentó ser transparente cuando se acercó a ella. Las dos manos en sus hombros la anclaron a la tierra. La apretaron y tembló ella bajo sus manos o tembló él, era dificíl de decir.

- Lo siento. - Se habría puesto de rodillas si hiciera falta. Podría empezar ahora y no terminar nunca, pensó, de encadenar disculpas. - Lo siento de verdad.

15 años después de conocerse, fue la primera vez en que Sasuke Uchiha pidió perdón a Sakura Haruno.

Bajó los ojos negros hasta ver el resto de Sakura. Se encontró con su frente, su sello morado, el ceño frucido, las cejas rosas, las pestañas espesas, la nariz recta, las pecas y el arco de cupido. Pensó, durante un instante en pedirle perdón con besos, pero ella agachó la cabeza y la agitó de un lado otro, sacándose demonios que habitaban entre mechones color cerezo.

Habló y su voz venía de lo profundo del bosque.

- No tienes que pedirme perdón. Es…- se apartó de él, otra vez, y Sasuke se quedó con el fantasma de los hombros estrechos dibujado en la palma de su mano - es siempre igual. Ya estoy acostumbrada.

- ¿Qué quieres decir con que estás?

Sakura se pasó la mano por la cara y aprovechó el gesto para quitarse las lágrimas que se acumulaban en la línea de las pestañas.

- Sí… Es siempre igual para ti y para mí - no miró a Sasuke a ningún momento y se concentró en contemplar el techo, como si entre las sombras que dibujaba la luz estuviera la respuesta - Es como… - un suspiro y un tictac en la lejanía - ¿Te acuerdas de que Iruka-sensei nos leía esos cuentos? ¿Los viernes a última hora? Había uno que me gustaba mucho, se llamaba El Escorpión y la Rana. Me lo aprendí de memoria y todo y lo recitaba.

Sasuke asintió, de pronto petrificado en su sitio. Nunca se había sentido tan profundamente triste como en ese momento.

- ¿Y te acuerdas de lo que pasaba? ¿Qué ocurría?

El Uchiha se acordaba. Perfectamente, además. Según la fábula, un día un escorpión se acercaba a la charca donde vivía una rana y le pedía ayuda para cruzar el agua. "De ningún modo, decía la rana, si te llevo en mi espalda me picarás con tu aguijón y moriré", y el escorpión replicaba "en absoluto. Si hago eso nos ahogaremos los dos. No tiene sentido. Confía en mí". La rana discutía un poco, más o menos según la versión del cuento, pero finalmente accedía a ayudar al escorpión, pero al llegar a la zona de las aguas más profundas, el escorpión picaba a la rana. "Por qué has hecho eso", preguntó la rana, "ahora moriremos los dos" y el escorpión replicó: "Lo siento, ranita, pero esta es mi naturaleza y no puedo cambiarla".

- Sí, me acuerdo.

Sasuke oyó las siguientes palabras como si las escuchara desde el futuro.

Un eco.

- Tú eres el escorpión y yo soy la rana.

Se escuchó a sí mismo pidiendo clemencia.

- No tiene por qué ser así siempre.

Y la sentencia.

- No podemos cambiar quiénes somos, Sasuke. Esa es la moraleja de nuestra historia.


Till forever falls apart

And if the sky falls from heaven above
Oh I know I had the best time falling into love
Till Forever Falls apart, Ashe & FINNEAS

Sakura se sube la cremallera del top y se termina de vestir cuando gira a toda velocidad la cabeza porque cree que no ha oído bien:

¿Qué acabas de decir?

Kankuro la observa sentado en la cama, sin camiseta ni pantalones y todavía intentado recuperar la respiración. Ha sido un polvo espectacular, aunque rápido y furtivo como todos lo que echan en Konoha. Tiene que darle gracias a la Hokage y al Nara por tener a sus hermanos alejados del hotel un par de horas.

- Decía: vámonos a vivir juntos.

El muy sinvergüenza lo dice como si nada.

- ¿Estás hablando en serio?

La luz del atardecer se cuela por las cuela por las rendijas de las persianas y el suelo respira con los olores de la primavera. Kankuro la mira con seriedad y ternura.

- Ven aquí.

Kankuro separa un poco las piernas y ella se sienta entre ellas, recostando la espalda en el pecho desnudo y un brazo rodeándole la cintura. Acurrucada contra él, la espina dorsal le hace un vibratto cuando habla.

- Vámonos a vivir juntos - repite, susurrando en su oreja - Estoy cansado de tener que... esto. De dar explicaciones, de no poder dormir juntos cuando queramos, de tener mis cosas repartidas entre mi casa y la tuya, de tener que ir corriendo de un lado otro. Quiero abrir la puerta después de una misión y encontrarte, hacerte la cena para cuando llegas cansada del hospital, reñir contigo por qué vemos en la tele y follarte en cualquier parte que me apetezca sin sellos de silencio - Sakura no tiene que verlo para saber que está sonriendo y ella sonríe a su vez, notando como el calor se instala en sus mejillas - Y además, podrás disfrutar de mis encantos las 24 horas del día, una oportunidad única, solo para clientes muy especiales. - le da un beso en el hombro - ¿Qué opinas?

Lo que Sakura opina es que tiene una suerte inmensa y que es injusto ser tan feliz y otros tan poco; pero no es algo que el ego de su novio necesite saber.

- Que eres insoportable. ¿Disfrutar de tus encantos 24 horas? Suena casi a una amenaza.

Siente la risa suave de Kankuro reverberando en su espalda.

Sakura mentiría si dijera que no era algo que la había pensando ya. El ajetreo de ir desplazando ropa, de tener que buscarse entre el hospital, la torre del Kazekage, el palacio, el taller, los campos de entrenamiento… la ruptura de sus momentos de cotidianidad porque ella tiene que acudir con urgencia a un lad otro, la espera impaciente de saber si la misión de Kankuro ha ido bien o mal y no poder saberlo hasta el día siguiente cuando parecía por su despacho y ella coorría a comprobar que no tenía nada roto. Le gustaba la idea de hacer el desayuno juntos y de tener una casa con sus muebles con un estantería gigante para poner todos sus libros y un pequeño jardín donde tomar un té tras un día duro de trabajo.

- Mi casa es un poco pequeña para los dos, Kankuro.

- Buscaremos otro sitio. Un apartamento entre el hospital y la torre del Kage, que nos guste a ambos. ¿Qué te parece? Lo pagaríamos a medias, claro. La mitad tú, la mitad yo. O con suerte una casa. Podríamos tener un jardín, a lo mejor. Siempre has querido tener un jardín, ¿no?

Hay días en que Sakura cree que aunque se secaran los mares, aunque desaparecieran las estrellas, aunque se parase el viento y el mundo se convirtiera en un paraje yermo y angosto, no podría querer más a Kankuro de lo que le quiere ya. Cuando hace esas cosas de absurda generosidad, pinceladas que muestran lo mucho que se preocupa por las personas a las que quiere y cómo de manera involuntaria les hace sentir por un momento que son el centro del universo.

- Lo tienes todo pensado, ¿no? ¿Cuánto tiempo llevas dándole vueltas a esto?

- Ha sido un impulso del momento.

No se lo cree ni él. Sakura está convencida de que tiene incluso una casa concreta en mente.

- Está feo decirle mentiras a tu novia.

- Si entendemos "el momento" por los últimos dos semanas y de manera constante, no he mentido en absoluto.

Es un idiota con demasiado encanto. Su corazón bombea a un ritmo imposible y un escalofrío le recorre el cuerpo cuando le hace a un lado unos mechones de pelo rosa y le empieza a besar tras la oreja.

- Pero Kankuro… aún no sé si me quedaré en Suna. Si finalmente me vuelvo aquí, a Konoha, serían solo 6 meses.

Suena triste y un poco decepcionada consigo misma por no haber tomado una decisión ya. Los ninjas están acostumbrados a vivir el momento, conscientes de que un paso en falso puede ser el último que den. Pero una pareja necesita proyectos, planes de futuro que compartir y Sakura no puede ofrecerle eso ahora mismo a Kankuro. Viven en un tiempo prestado y siente que, en el fondo, le está traicionando.

- Entonces dame ese medio año para convencerte de que te quedes conmigo.

Juraría que lo dice casi como una suplica pero es difícil pensar con claridad cuando mete la mano bajo la camiseta y empieza a acariciarle el abdomen, desde la cintura hasta arriba en movimientos lentos y suaves. Gira la cara hacia él para mirarle directamente a los ojos y se encuentra cara a cara con la devoción más absoluta. Le marea sentirse tan querida y profundiza un beso sin pensarlo.

- ¿Qué dices, pequeña? - susurra labio contra labio - ¿Te apuntas a la fascinante experiencia de vivir a mi lado? Prometo bajar la tapa del WC.

Seis meses, barrunta Sakura. Seis meses para estar juntos y ver qué pasa. ¿Serán capaces de aguantar y no hacerse daño?, ¿y si no se soportan y se dan cuenta de que no son compatibles?, ¿y si, por el contrario, descubren que estar juntos es justo lo que necesitan el resto de su vida? La idea de pasar al menos seis meses despertándose al lado de Kankuro, compartiendo con él los pequeñas victorias y miserias de la vida diaria le hace sonreír y despierta otra vez las mariposas en su estómago. Es un pensamiento que aparta, una vez más, la sombra helada que años de dedicación a amar a Sasuke en cuerpo y el alma han dejado en su corazón.

- ¿Un jardín? ¿Qué jardín vamos a tener un Suna? Se van a morir todas las plantas, Kankuro. Solo podremos poner cactus.

Se muerde el labio cuando nota en su nalgas el miembro reaccionando a su cercanía, duro y grueso en cuestión de segundos. No cree que pueda aguantar otra sesión de sexo salvaje, pero aún así retoza en el pensamiento de saberse tan deseada. La parte de ella que controlan las hormonas no puede esperar a irse a vivir con él.

- Los dos somos bastante listos, Sakura. Encontraremos la manera de tener un jardín tropical si eso es lo que quieres.

Encontraremos la manera de tener un jardín tropical, le dice. Encontraremos la manera de estar juntos como sea, entiende.

Los pulgares de Kankuro dibujan círculos justo ahí donde se acaba la curva de sus pechos y Sakura cierra los ojos. No sabes cómo lo hace para que todo suene fácil. Arriesgado, imposible y sin embargo, al alcance de la mano. Se rinde.

- Está bien. Pero tendremos que repartirnos las tareas de la casa. A ti te toca sacar la basura cuando hay tormenta de arena.

Detiene el juego con las manos. Y no sabe cómo, pero Sakura se encuentra de pronto tirada sobre el colchón con el pelo rosa esparcido sobre la almohada y Kankuro sentado sobre sus caderas.

- ¿Eso es que sí?

Y Kankuro no necesita que diga nada, porque ha visto ya la respuesta en su ojos y se apresura a llenarle la cara de besos.

- Te quiero - murmura - no sabes cuánto te quiero.

Sakura se ríe dulcemente bajo él. Recorre con los dedos la línea marcada de la mandíbula. Tan guapo.

- Y yo también te quiero a ti - sonríe clavando las pupilas verdes en las castaños - pero tengo que ir a darme una ducha y cambiarme de ropa o llegaré tarde a la despedida de soltera de Hinata.

Con un poco de esfuerzo y haciendo gala de sus mejores habilidades ninja, consigue salir debajo de él y ponerse de pie otra vez antes de que las manos de él terminen por atraparla entre las sábanas. Kankuro le dedica una mirada mohína y un gruñido frustrado.

- Cuando volvamos a Suna - le dice Sakura mientras se arregla el pelo - tendremos más tiempo de esto - se inclina para darle un beso corto y casto, la promesa de algo mucho más largo y pasional - en nuestra casa.

Y antes de que él pueda responder, cierra la puerta de la habitación tras ella. Se detiene cuando sale al pasillo del hotel y se apoya en la pared, tomando aire y tapándose el rostro con las dos manos en un gesto nervioso.

La sonrisa con la que sale a la calle no le cabe en la cara.


When the party's over

Quiet when I'm comin' home and I'm on my own
And I could lie, say I like it like that, like it like that
When the party's over, Billie Eilish

Es por cosas así que Sakura que piensa que estaría mejor quedarse en Suna y no volver a pisar Konoha. Es por cosas así que Sakura sabe que ha sido una tontería perdonar a Sasuke porque siempre es igual, siempre con él no hay diferencias en el modus operandi de su cabeza. No quiere flaquear, pero flaquea. No quiere pensar en él, pero ahí está entrando en la casa de su infancia un poco borracha y con el corazón desbocado, los ronquidos de su padre bajan desde su habitación.

Sasuke la ha mirado entre la multitud cuando bailaba y ha sido como si la tiraran al fuego.

La casa se ilumina por la luna, que brilla en un cielo de terciopelo negro.

Negro, negro y negro y más negro como los ojos de Sasuke.

Sakura avanza hacia el salón, los zapatos de tacón en su mano para no hacer ruido y enciende una luz para poder buscar bien la información que necesita. Su cabeza da vueltas y su sangre chapotea. Ha tenido que irse corriendo de la fiesta, incapaz de aguantar entre el calor que desprendía la gente. Tanta gente y Sasuke ahí, mirando.

¿Por qué ha tenido que encontrarlo? ¿No era que las respectivas despedidas no tendrían que cruzarse?

Latidos imposibles revientan en sus tímpanos y decide, por su cordura, por su bienestar, hacer algo.

(- Una cosa fantástica, el felétono - Teléfono, papá - Eso. Solo podemos llamar en Konoha ahora, pero ¡puedes hablar con cualquiera! ¿No es genial?, Yo tengo el mío en el salón. ¡Ojalá te pudiera llamar a Suna!)

Son 5 tonos antes de que le atienda una chica en la centralita. 5 más antes de llegar a recepción. 4 antes de que alguien responda.

Se apoya en la pared empapelada con flores y juega con el cable del auricular.

Los ojos negros se han engarzado a ella con lujuria mientras bailaba y en serio, en serio, en serio, ¿no puede dejarla en paz de una vez? ¿Qué es lo le pasa a Sasuke: tiene una alarma que dice "Sakura está siendo feliz y parece que me supera, voy a ver cómo le hago la vida imposible"?

Deja de mirarme, Sasuke. Deja de mirarme así. Has tenido años para mirarme así.

Alguien descuelga al otro lado de la línea.

- ¿Hola? ¿Quién es?

- Hey. - la calidad del sonido que llega es un poco mala pero espera que oiga su voz. Que la reconozca. Que la encuentre en mitad del torbellino y tire de ella hacia la orilla para ponerla a salvo.

- ¿Sakura? - Kankuro está confundido y con la voz ronca, y Sakura siente un pinchazo de culpa por haberle despertado. Hay una pequeña interrupción en la línea antes de que vuelva a escucharle con claridad - Son las 4 de la mañana. ¿Va todo bien? ¿Ha pasado algo en la despedida?

Sakura niega con la cabeza hasta que se da cuenta de que la otra persona no la puede ver y que es solo ella, hiperventilando en la semioscuridad del salón.

- No. Siento haberte despertado. Solo quería oír tu voz.

Solo quería ver que seguías aquí y no pensar en esos ojos recorriéndome entera.

Una pausa y Sakura oye el sonido del colchón crujiendo bajo un peso que cambia. Un clic y puede imaginar perfectamente la cara de Kankuro, medio dormida, el pelo revuelto en espirales y el torso desnudo iluminado por la luz de la mesita de noche. Casi puede olerlo y oír el roce de la mano que se pasa por la cabeza nada más despertarse.

- ¿Quieres venir aquí?, ¿quieres que vaya a buscarte?

Inhala oxígeno deseando que sea su aroma. Cierra los ojos y espera verle a él, pero solo ve dos círculos de color onyx que dan vueltas y vueltas y hace que su cabeza tambalee.

- No, no… Solo quería… - le cuesta termina la frase. Coge aire, ordena su discurso, se frota el pecho intentando quitarse la sensación de ardor. - Cuéntame algo, por favor.

- Mmm. ¿Algo? - se lo imagina restándose los ojos, pensando - He cenado con el Raikage y su hermano. Nada divertido, me temo. Quieren quitar dinero a los proyectos de los refugiados.

Los dos puntos negros siguen en su mente, pero la rabia aparece y trepa por el teléfono y al menos hay un distracción en su mente. Se sienta en una de las sillas tapizadas y deja que su cabeza repose en la pared.

- Imbéciles. Un día de estos voy a matarles, te lo juro. Siempre andan tirando atrás nuestros planes como si Kumo fuera el puñetero centro del universo.

A Kankuro le hace gracia el arrebato de rabia porque se ríe al otro lado de la línea, una risa grave y corta, y Sakura quiere arrebujarse en ella, quedarse dormida en cada nota. No puede dejar que esa risa se vaya de su vida bajo ningún concepto. Cierra los ojos y la pausa que hace para responder de ser demasiado larga, porque Kankuro suena preocupado.

- Sakura, ¿seguro que estás bien?

Y Sakura abre y cierra la boca, la mente aún en torbellinos de colores pero los ojos ya no parecen clavados dentro de ellas y el nombre de Sasuke no resuena en su cabeza, entre sus pechos, entre sus piernas. Se da cuenta de pronto de que ha estado llorando en silencio. Coge aire para que la limpie por dentro.

- Sí. - Dice y ve que su corazón vuelve a su ritmo poco a poco - Ahora sí.


A sus pies, Konoha

Let me ease your heavy heart and fill it up with gold
Let the stormy seas depart and let me guide you home
Pass around the bottle, and we'll share our troubles

Love will save the day, Boyzone

Borrachos. Como cubas. Absolutamente reventados. Naruto y Sasuke han bebido esa noche su peso en alcohol y han llegado a lo alto del monumento de los Hokages no se sabe muy bien cómo. Amanece.

- Oi, Sasuke, ¿crees que Tsunade se enfadará mucho si vomito sobre la cabeza de su abuelo?

A Naruto le dan vueltas las vueltas. Los colores rojizos del amanecer parecen el remolino que lleva en su espalda. Sasuke responde al tiempo que considera activar el sharingan y dejar de ver borroso.

- Yo no tentaría la suerte.

Sentados el uno junto al otro el chakra va limpiando poco a poco el exceso de alcohol pero les cuesta pensar, la mente pegajosa y densa como la masa de un pan húmedo. Hacía años que no estaban así.

(La primera borrachera que se cogieron juntos. Tenían 13 años y medio, acababan de inscribirse en el examen chuunin, y había habido una fiesta de graduación de la policía en el distrito Uchiha y quedaban por allí y por allá botellas con un poquito de vino en el fondo. Probaron por probar, empezaron a competir por ver quién aguantaba más y cuando horas después Itachi, Kakashi y Sakura les encontraron verdes en la rivera del río, tirados como dos lagartos al sol, tuvieron la desfachatez de decir que "estaban totalmente bien" hasta que se pusieron en pié y rodaron hasta el agua, cayeron sobre los cantos empapados y maldiciendo. Kakashi dijo que "se negaba a sacarles de ahí", Itachi les dijo que eran profundamente idiotas, y Sakura, aunque se apiadó de ellos y les ayudó a salir, estuvo gritándoles todo el tiempo que les duró la resaca.)

- Ha sido una fiesta increíble. - Naruto estira los brazos a los rayos de sol y pierde un poco el equilibro, estando sentado y todo. Se ríe un buen rato sin saber qué le está haciendo tanta gracia. - La mejor despedida de soltero de la historia.

Hay que reconocer que Shikamaru realmente había puesto lo mejor de su capacidad estratégica para montar el evento. Habían ido a los baños, habían tenido una barra libre de ramen en el campo de entrenamiendo, había habido una barbacoa gigante, había habido sake especialmente traído de Kumo, había habido una competición de tiro de lanzamiento de shuriken, habían termindo en un la sala privada de un bar, con todo el alcohol que quisiera, y en un momento habían jugado al yo nunca, habían terminado descubriendo que sí, que Ino y Kiba habían tenido algo en el pasado que no llegó a más, que sí, que sí, que Sasuke y Shisui había hecho un par de tríos (¡no entre ellos!, tuvieron que aclaran, porque al pobre Itachi se le estaba yendo el color), descubrieron que Kakashi al parecer había particiado en una sesión de BDSM. Habían ido los que importaban, pero por ahí había ido pasando más o menos brevemente gente como Genma, gente como Jiraiya, gente como Asuma, gente como Bee y Gaara, gente con la que Naruto había ido trabando amistad y querían compartir con él la alegría de la nueva etapa de su vida. Era realmente difícil no llegar a quererle.

- Hn. Sí.

No dicen nada mientras el azul del cielo gana espacio a la noche. Desde allí arriba se empiezan a ver los campos de teñidos de rosas por las flores de cerezo. Naruto se casará en 2 días y la ciudad se está vistiendo de gala para el evento.

- Eh, ¿puedo preguntarte algo?

- Lo vas a hacer igualmente.

- Ya.

Hay una leve inflexión en su voz, algo que dice que no es un pregunta estúpida, así que Sasuke concentra la parte de su mente que no vive el embotamiento etílico en ver qué dice.

- ¿Tú crees que… bueno, sabes si, a las chicas, en fin, les duele? La primera vez.

Una vez, hace muchos años, interrumpió un entrenamiento entre Itachi y Shisui y se vio atrapado durante unos segundos en su brutal batalla y estaba seguro de que prefería esa sensación a esta conversación..

- ¿Qué clase de pregunta es esa?

- Es… no.. es… - Naruto se pasa la mano por el pelo y observa de reojo a su amigo, que está totalmente concentrado en evitar mirarle a la cara. Musita las siguientes palabras - No quiero hacer daño a Hinata. Ya sabes.

A decir verdad, no, no sabía. Es decir: Sasuke pensaba que Hinata y él, bueno, que Hinata y él ya habían pasado por eso. Jamás se habría imaginado que iban a esperar hasta estar casados, aunque realmente, conociendo a los Hyuggas y dado su propia experiencia con Akira y la puñetera norma 344, era algo que tenía sentido. Pero habían estado 3 años juntos ya, ¿no? 3 años son muchas duchas de agua fría. Ahora entendía por qué se metían manos en callejones y campos de entrenamiento, desesperados y hambrientos por un poco de contacto físico. Sasuke se encuentra admirando la capacidad de contención de su amigo.

- Bueno, olvídalo. - Naruto suspira - simplemente es que el Icha Icha no creo que sea la mejor referencia. Pensé que un testimonio de primera mano sería más útil.

Sasuke tiene que darle la razón ahí. Pero hay otras fuentes de información, piensa, hay libros de anatomía, por frío que suene; hay, no sabe, películas; hay clases de educación sexual, se las daban en la academia; hay otras personas con las que puede hablar que no sean él, ¿no? Tiene que haberlas. Hace un recuento mental: Jiraiya queda descartado porque sería un peligro cualquier consejo que le dé; y Kakashi duda que sea una referencia real porque no cree que haya tenido una novia estable en la vida; y en cuanto a Iruka, bueno, Sauske está bastante convencido de que Iruka está mucho más interesado en los hombres que en las mujeres, así que no es que pueda aportar mucho en este campo. Y, ¿quién más? No se le ocurre otro nombre. ¿En serio no hay nadie? De los amigos de la academia, bueno, con ninguno tiene la confianza que tiene con él. Así que en realidad, eso es todo. Porque no es como si Naruto tuviera un Itachi o incluso un Shisui. Joder, por triste que suene, no es como si Naruto tuviera a alguien con quien hablar de esto que no fuera Sasuke.

- No he estado con muchas chicas que fueran, en fin, que no tuvieran cierta experiencia. - Sasuke pronuncian estas palabras mientras se jura a sí mismo no beber nunca nunca más en la vida porque se niega a repetir una conversación en esta línea con Naruto. Bueno, con nadie en general. - Con un par, quizá. - Pero él no lo sabía. No le gusta estar en la posición de ser la primera persona para alguien porque al final y al cabo, te mereces que en ese momento al menos se acuerden de tu cara, al menos se sepan tu nombre. - Les duele. - a su lado los hombros de Naruto se tensa. - pero solo un poco. Unos instantes. Simplemente no fuerces y… pregunta.

- ¿Preguntar?

La luz del sol empieza a lamerles los zapatos, pero siguen sin poder mirarse a la cara. Conversan mirando a la nada.

- Sí, idiota, preguntar. No pasa nada. Ella, bueno, Hinata también opinará en todo esto. Ya te darás cuenta.

Preguntar, murmura Naruto, claro, eso tiene sentido. En las páginas que ha hojeado del Icha Icha no se preguntan mucho. Simplemente parece que saben qué necesita el otro en cada momento, y Naruto esta realmente acojonado con la perspectiva de no saber qué hacer o malinterpretar las señas porque bueno, nunca ha sido muy listo.

- E, igualmente, tú la quieres, Naruto y ella te quiere a ti. Habla con ella cuando llegue el momento y no irá tan mal. - ¿Es así como se siente Itachi cuando le da consejos? ¿Como un capitán guiando un velero cabezota, dando indicaciones que saben que probablemente caerán en sano roto? - Tenéis toda la vida para aprender.

Toda la vida. Según lo dice le parece que para Naruto y Hinata toda la vida será poco tiempo. Para él, con Akira y sin Sakura, será una eternidad.

Los recuerdos de la pelirrosa bailando con sus amigas esa noche le asaltan de nuevo. Se había quedado mirándola como un puñetero pervertido. Su última conversación ha sido tan devastadora que cree, honestamente, que se ha vaciado de chakra para siempre. Se muerde el labio intentando aliviar la tristeza hasta que no puede aguantarlo más y las palabras se acumulan en su boca, salen de golpe como si abrieras una presa llena de agua.

- ¿Crees que Sakura volverá?

Naruto alza las cejas sorprendido. Sasuke tiene que estar o muy borracho o muy dolido para querer hablar de eso por propia voluntad. Le pone una mano sobre el hombro, intentando trasmitir simpatía.

- ¿No ha sido la mejor semana de tu vida, verdad? Viéndola tan encandilada de Kankuro y todo eso.

Sasuke no responde, pero Naruto interpreta perfectamente la tensión en la mandíbula y el cambio de respiración de su amigo como un "eso es decir poco".

- Creo que tendrás que hacer un gran gesto, así que le deje sin habla, porque sino Kankuro se la va llevar… Ah, y dejar de ser un imbécil, no puedes esperar que todo el mundo te lea la mente como yo.

Parecen dos buenos consejos, y Sasuke se queda unos minutos pensando en ellos. No hablan más, ni se dan las gracias, ni nada y solo cuando se levantan, ayudándose el uno al otro porque qué alto está todo cuando todavía no ers capaz de mantener el equilibrio como dios manda, rompen el silencio.

- Naruto.

- ¿Hm?

- ¿Puedo dormir en tu casa? Mis padres estarán desayunando.

El "paso de aguantar el sermón" está implícito.

- ¡Claro! - Naruto le sonríe y le da una palmada en la espalda - Está casi todo empaquetado para mudarme con Hinata, pero el sofá y la cama aún están.

- Hn.

Bajan dando saltos por el rostro del Tercero hasta los tejados de la ciudad.

A sus pies, Konoha; frente a ellos, el futuro.


N/A

¡Hola a todos!

Primero que todo y como viene siendo habitual, quería daros las gracias por vuestro increíble apoyo. El último capítulo os ha gustado muchísimo y ha recibido un montón de comentarios que han hecho, os lo juro, que me haya empeñado en terminar este capítulo en margen de tiempo sensato a pesar de las enormes dificultades creativas que he arrastrado (espero que no hayan afectado demasiado al capítulo). También me ha animado muchísimo leeros en lo que ha sido uno de los peores periodos de mi vida: hoy hace 3 semanas que mi padre falleció y el mundo es infinitamente peor, más triste y difícil, y eso, aunque no os lo creáis, tiene consecuencias en este fic.

Y esto es de lo que quería hablaros: esta historia iba a ser más larga. Para llevar la trama donde quería llevarla necesito meter una buena dosis de angst, pero como comprenderéis, ahora mismo mi vida ya tiene suficiente de eso como además escribir sobre ello. Por eso he decidido redirigirla a otro final y plantearme el resto del fin como una segunda parte autónoma o una colección de oneshots.

Esto también implica que el próximo capítulo llegará cuando tenga que llegar. La boda de Naruto (¡sí, esta vez por fin está aquí!) es un momento muy especial y no quiero que se vea arrastrado por mi bloqueo mental: quiero escribirla como se merece. Además, en este capítulo van a pasar muchas cosas y tengo que tener la cabeza despejada para llevarlas a buen puerto. Espero que lo entendáis.

Y bueno, dejando a un lado mis tragedias personales, confío en que hayáis disfrutado del capítulo. La última escena la escribí casi al tiempo que el primer capítulo y es uno de mis favoritos. Me imagino 100% a Naruto preocupado por no hacer daño a Hinata y atormentándose con ello. En cuanto a Kankuro haciendo maldades por debajo de la mesa… en fin, creo que me he enamorado un poco de él. Intentaré no decírselo a mi pareja.

Espero que todo os vaya bien y no olvides dejar likes, suscripciones, comentarios y todo tipo de feedback. Cada vez que leo que este fic os alegra el día o la semana os juro que me ilumino por dentro.

Gracias y un abrazo enorme.

PS. El cuento de la Muerte en Samarkanda es un cuento popular de origen persa y el del Escorpión y la Rana es una de las fábulas de Esopo. Ambas se pueden encontrar fácilmente en Internet.